Mostrando las entradas con la etiqueta Novedades literarias. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Novedades literarias. Mostrar todas las entradas

mayo 24, 2026

Las Hijas de Felipe: “Las monjas del Barroco eran absolutas maníacas de la escritura”

Lo mismo te hablan de un MeToo conventual que de monjas menstruando o de nuevas masculinidades barrocas: Ana Garriga y Carmen Urbita acaban de publicar ‘Instrucción de novicias’. Hablamos con ellas de feminismo, ‘nunwashing’ y mujeres que escriben.

Carmen Urbita y Ana Garriga, autoras de ‘Instrucción de novicias’. David F. Sabadell

La grabadora está ya en ON cuando me levanto a buscar en la impresora la copia de las preguntas de esta entrevista y, apenas empiezo a editar, escucho a Ana Garriga y Carmen Urbita hablar de mascarillas de ácido oligohialurónico y biocolágeno. Lo cuento como anécdota para que sigas leyendo pero también porque la luminosidad de la cara no es un tema ajeno a las monjas de los siglos XVI y XVII. Ningún tema es extraño a las mujeres de los conventos del Barroco para Las Hijas de Felipe, las filólogas que lo mismo te hablan de un MeToo conventual que de monjas menstruando o de nuevas masculinidades barrocas.

Instrucción de novicias, el libro que ha salido en febrero con Blackie Books, pero que desde noviembre de 2025 tiene edición en inglés (Convent Wisdom, se titula), es la excusa para hablar con ellas. Unidas por un doctorado en 2016, hoy ya doctoras, creadoras del podcast Las Hijas de Felipe que lleva seis temporadas recuperando y reinterpretando a las monjas del Barroco y, con ello, el papel de las mujeres en esa época histórica, Ana y Carmen pasaron por El Salto para hablar de monjas, nunwashing, feminismo y escritura. Sobre todo, de escritura.

Habéis escrito el libro a cuatro manos. ¿Realmente se puede escribir entre dos? ¿Cuáles son vuestras instrucciones para hacerlo?

Carmen Urbita: No valen unas instrucciones para todo el mundo.

Ana Garriga: Debe de ser muy difícil escribir a cuatro manos si no tienes muchísima cercanía afectiva e intelectual con la persona con la que escribes. Carmen y yo nos conocimos en 2016 y empezamos una especie de itinerario casi militar de formación en el doctorado en Estados Unidos. Cursábamos todas las clases juntas, hemos compartido mucho de procesos intelectuales, muchísima batería de lecturas, nos hemos leído la una a la otra… Creo que también el libro llega en un momento en el que el podcast ya tenía mucho recorrido y, aunque el podcast es muy diferente porque es dialógico, a medida que iba avanzando nos acostumbramos, lentamente, a usurparnos la voz. 

C. U.: El episodio está dividido en tres partes y cada una guioniza diferentes partes, pero el diálogo lo hace la misma pensando en qué diría la otra. Es verdad que una de las cosas que más costó de Instrucción de novicias fue narrarnos en primera persona del plural, que no era algo que nos hubieran sugerido los editores. Es un libro atípico, medio ensayo, medio memoir de nuestra experiencia del doctorado, y optamos por esa primera persona del plural. Fue mucho ensayo-error también. En un libro de monjas donde Dios es el ausente, lo único místico místico del libro es eso, la manera en la que fuimos capaces de encontrar esta primera persona del plural que ni es enteramente Ana ni soy enteramente yo. Cada una sacrificó sus propios vicios de escritura para encontrar esa voz que no nos pertenece a ninguna pero servía para dar voz a todo lo que queríamos contar. Funcionó muy bien, porque yo estaba todavía en Nueva York y Ana en Madrid. Entonces, cuando ella despertaba, yo ya había escrito una parte y al revés. 

A. G.: El milagro que quiere cualquier persona que escribe: levantarse por la mañana y que mágicamente dos páginas más se hayan escrito. 

MUCHO MÁS QUE LAS MONJAS, QUE LA CULTURA CONVENTUAL O QUE CASI TODO LO QUE MÁS NOS OBSESIONA, NUESTRA OBSESIÓN COMPARTIDA ES EL LENGUAJE

Vamos a hablar de monjas, pero de monjas que escribían. ¿Qué escribían las monjas y por qué os interesa su escritura?

A. G.: Mucho más que las monjas, que la cultura conventual o que casi todo lo que más nos obsesiona, nuestra obsesión compartida es el lenguaje y, de hecho, nuestras tesis son muy diferentes, pero las dos están muy atravesadas por cómo textualizar la realidad, por el lenguaje. ¿Qué escribían las monjas? Siempre se ha dicho que el único género disponible para las monjas era la autobiografía por mandato. La situación típica era una monja con visiones o con ciertos dones místicos, o con ciertas visiones diabólicas, a la que el confesor le pedía que pusiera por escrito una autobiografía espiritual. Y hay muchas autobiografías espirituales. Pero también se empieza a diversificar mucho en la escritura conventual. 

C. U.: Por ejemplo, las carmelitas descalzas escribían no solo cartas, sino cosas para ellas. El Instrucción de novicias original, que es de la carmelita María de San José, está pensado para las monjas que están por venir, las que están por aprender. Escribió también el Libro de recreaciones, que es un diálogo humanista, una especie de biografía de Santa Teresa, pero convertida en diálogo. Son los ratitos de recreación que tenían las carmelitas descalzas, convertidos en texto de alguna manera, hablando de la vida de la santa. 

A. G.: También escribían tratados espirituales, crónicas... Algunas de ellas tienen mucha obsesión con que no las narren, ellas parten de que también tienen derecho a contar la historia de su orden y la fundación de sus conventos. Entonces escriben crónicas, escriben vidas de otras, que eso es precioso…

C. U.: Hace muy poquito fuimos a un antiguo convento de Mallorca, porque hicimos un episodio en directo. Y, antes del directo, nos dejaron estar libres —que fue un poco inconsciencia por su parte— por las antiguas celdas de las novicias. Cotilleamos un poco porque cómo no lo íbamos a hacer, y encontramos en un cajoncito un cuaderno que yo creo que sería de principios del siglo XX de una monja con una caligrafía perfectísima hablando sobre la enfermedad y la muerte de otra de las monjas. Hay una práctica de escritura conventual transhistórica que ha continuado. Nosotras nos centramos en esa época, pero es muy increíble cómo se aferraban a cualquier tipo de discurso para textualizar su experiencia y encontrar su subjetividad. 

¿Por qué podían escribir? ¿Qué les da acceso a la escritura? 

A. G.: Muchas veces, el mandato. El caso más paradigmático que quizás sea el Libro de la vida de Santa Teresa, que es este género de autobiografías por mandato, pero enseguida se da un fenómeno, sobre todo en un contexto como postridentino…

¿Pos… qué?

A. G.: Me refiero a después del Concilio de Trento, que es cuando más se refuerza la clausura. Tener una monja en la carrera del estrellato era muy lucrativo para los conventos y una manera de los confesores para para avalarse espiritual y políticamente también. Entonces, cada vez hay más autobiografías por mandato, es muy difícil encontrarte un convento del siglo XVI o XVII en el que no haya habido monjas a las que se les ha obligado a escribir una biografía. Pero sería muy erróneo pensar que solo escriben autobiografías. Escriben muchísimos poemas, poemas místicos. 

C. U.: Villancicos, canciones para recrearse, sencillamente. 

A. G.: Y creo que también es porque en el convento no están sometidas a las lógicas reproductivas. Para una mujer en el siglo XVII, su vida doméstica dentro de un matrimonio heterosexual era... Si yo cada mañana me levanto y pienso cómo lo hace la gente con hijos porque malamente me da tiempo a poner mis lavadoras, ¡no me quiero imaginar en el siglo XVII! Entonces creo que también el convento se convierte en un refugio intelectual. 

Habláis en algún momento de cómo estos textos están plagados de “sutilezas lingüísticas”. ¿Me podéis poner algún ejemplo?

C. U.: Hablamos del convento como refugio intelectual y, sin duda, muchas veces lo era. Pero, también, muchas veces destacar las ponía precisamente en el punto de mira de la persecución y en que las leyeran con lupa. Y también estaba siempre respirando ahí detrás, en la nuca, la Inquisición. Ellas eran muy conscientes de eso y por eso desarrollaron un estilo retórico que nos encanta, porque es muy sutil, muy polisémico, de manera que están diciendo ciertas cosas, pero a la vez perfectamente se puede entender que están diciendo otras. Ellas buscan una manera de salirse con la suya sin dejar de tener el cuidado suficiente como para que no las persiguieran demasiado. 

C. U.: Supongo que uno de los casos más emblemáticos es el de Sor Juana Inés de la Cruz, que además es probablemente junto a Santa Teresa de las monjas más icónicas de las que hablamos, aunque hemos intentado que haya mucha variedad precisamente por eso, para huir del relato de la excepción. No eran monjas que escribían a pesar del convento, sino que precisamente escribían porque estaban en el convento y tenían esta práctica de escritura y este mandato. En el caso de Sor Juana, está la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, de la que hablamos en el libro, que es un ejercicio de malabarismo retórico en el que tiene que salirse con la suya, que es decirle a su confesor: yo voy a seguir escribiendo textos no solo textos sagrados, sino también profanos. Y reivindica su derecho como mujer y como monja a escribir de una manera tan exquisita y con un argumento tan fino que no se le pueda echar nada en cara. Nos encantan esos momentos, pero también nos encanta cuando hay puntos de fuga de la rabia, que también ella tiene, que es el ejemplo de otras cartas que escribió muchos años después en la que no hay ninguna retórica, nada está medido, es simplemente pura rabia. Eso se lo escribe al que había sido su confesor toda la vida, Núñez de Miranda, que era un señor odioso que la envidiaba muchísimo. Y ella básicamente cortó con él como confesor. Le dijo: “Ya no puedo más”. Recuerdo que nuestra editora nos dijo que eso no era tan llamativo, tan fuerte. ¡Es una monja del siglo XVII diciendo voy a hacer lo que me dé la gana!

Sor Juana Inés es un ejemplo claro, ella escribe como contáis en el libro textos románticos, por ejemplo. Pero, ¿de qué formas se salen de esos límites de la escritura por mandato?

C. U.: No solo ella, ¡todas! Muchas de las monjas que recogemos en el libro eran auténticas grafómanas. Que te digan “escribe tu autobiografía espiritual”, como en el caso de María de San José, la Agustina Recoleta de Puebla, y tú escribas nueve cuadernos... Es que están obsesionadas…

A. G.: Son absolutas maníacas de la escritura. Nosotras venimos de los estudios literarios y cuando las lees notas que en muchas de ellas hay un disfrute en el acto de escribir. 

ELLAS DESARROLLAN UNA RELACIÓN DE MUCHÍSIMA INTENSIDAD CON LA ESCRITURA; MUCHAS TIENEN UNA FIRME VOLUNTAD DE DEJAR HUELLA, DE TRASCENDENCIA

A. G.: Y creo que también desarrollan todas una afectividad muy intensa con la materialidad de la escritura. Imagínate cómo era escribir manualmente, en la penumbra, con el cuerpo encogido. Entonces desarrollan una relación de muchísima intensidad con la escritura. Muchas tienen una firme voluntad de dejar huella, de trascendencia y una firme voluntad didáctica. María de San José, la otra, la carmelita descalza, dice muchas veces que ella escribe para sus compañeras y para las que están por venir, que es una cosa superbonita, genealógica. Y Santa Teresa está muy obsesionada con hacerle entender a sus monjas compañeras cuando hay un tema de oración muy complicado. Esto no lo contamos en el libro, pero hablando de sutilezas es alucinante cómo ella sabe que la mayoría de sus monjas vienen de familias que no son aristócratas, pero sí de una incipiente burguesía mercantil castellana y que han crecido como viendo en sus casas mucho manejo económico… Y cuando ella tiene que explicar algo complejo de movimientos espirituales, lo hace con metáforas económicas. Eso es alucinante, ¡qué noción de la escritura y de la comunicación tienes que tener para llegar a eso! Se fugan todo el rato de la autobiografía. 
C. U.: Se fugan todo el rato y consiguen cosas literariamente muy experimentales. 

En un momento habláis literalmente de “literatura de vanguardia”, en concreto en referencia a Catalina de Siena...

A. G.: Es que es muy escritura de vanguardia. Una visión mística es el desafío de escritura más vanguardista.

C. U.: Catalina de Siena tiene unas visiones místicas increíbles y eso le da una oportunidad de textualizar, de trasladar lo pictórico al lenguaje, de una manera increíble. También llamamos muchas veces vanguardista a la ursulina Juana de los Ángeles, la francesa. Y esto es otro ejemplo de cómo una monja que tiene el mandato de escritura lo lleva por su camino. En su convento se desata una posesión demoníaca colectiva y ella es la priora del convento de ursulinas y tiene que escribir. El confesor nuevo que le adjudican le pide que escriba sobre ella una autobiografía espiritual en la que cuente su experiencia de los demonios. Lo que esperan es que ella produzca un texto que confirme la doctrina y que dé una descripción o una teoría demonológica que tenga que ver con una simple posesión muy física del cuerpo, una cosa muy espectacular para hacer delante de los protestantes unos exorcismos muy teatrales que demuestren la superioridad del catolicismo. Ella se lo lleva a su terreno y hace suyos los demonios y los pone en diálogo con su propia personalidad. Les pone sus nombres, como Pokémons, pero aparte de ponerles sus nombres, se los apropia de una manera en la que está haciendo un análisis de conciencia de su propia psicología y está afirmando su propia subjetividad de una manera que nadie le pide ni nadie esperaba. 

A. G.: Hay pocas cosas más vanguardistas que textualizar una visión mística. A nosotras nos falta el elemento de la fe, pero entendemos el reto que es intentar convencer a un auditorio totalmente disciplinante: son tus confesores, es la Inquisición, hay una relación muy jerárquica y tienes que ser capaz de llevar de manera ortodoxa, pero también seductora al papel, una supuesta relación muy unívoca con Dios. Y lo hace cada una a su manera, porque Santa Catalina de Siena hace estos diálogos increíbles donde usurpa la voz de Dios, Dios le pregunta y ella contesta. Luego, Santa Teresa tiene visiones superostentosas, muy arquitectónicas. Pienso en Julia Armfield, una escritora británica, que dice que no puede empezar a escribir una novela hasta que no se ha imaginado perfectamente cómo es la casa en la que viven los personajes. Santa Teresa describe: arriba, a la derecha, apareció la Virgen, que iba vestida con esto y su blanco era de esta manera…. Es una cosa muy vanguardista a nuestros ojos. 

C. U.: Y luego hablamos de María Jesús de Ágreda también, que ella escribió sobre cosmografía. ¡Nadie le pedía a una monja que escribiera sobre cosmografía! Pero ella hace una especie de hibridez entre un texto místico y un texto cosmográfico para conseguir replicar cosas que había leído en tratados cosmográficos, probablemente un poco anticuados, pero que le habían llegado a su convento perdido en Ágreda. No hay cosa sobre la que no puedas encontrar al final una monja barroca que escribiera sobre ello siempre. Obviamente una novelita como las de María de Zayas, de desengaños amorosos, no. Pero lo de Sor Juana se acerca bastante.

Os conocisteis en 2016, pero ahí ya teníais esta filia. ¿Cuál sería el momento fundacional de lo vuestro con las monjas del Barroco?

A. G.: El primer texto que yo leo de una monja fue el segundo de carrera y fue Camino de perfección de Santa Teresa. Yo estudiaba filología. Imagínate el canon medieval y temprano moderno, era eminentemente masculino. Pregunté si había alguna mujer que pudiera leer y me dijeron que Santa Teresa, porque esto era del siglo XVI y todavía no estaba María de Zayas. Leí Camino de perfección, que es una especie de tratado que escribe Santa Teresa para las monjas de su primer convento de San José en Ávila. Tiene una voluntad muy didáctica y está muy pensado para una audiencia femenina. Tiene dos redacciones, porque la primera se la censuraron, pero se conservan los párrafos censurados. Y yo, con 19 años, aluciné, porque es una voz muy feminista... No para su tiempo, que es una coletilla a la que me he acostumbrado, sino que creo que es feminista por sí misma, y aluciné. Entonces ahí caí, rendida a sus pies. 
C. U.: A mí me vino más tarde, yo estaba ya haciendo el máster de literatura de vanguardia, o sea, nada, absolutamente nada que ver con el Barroco. Tenía esta idea de esos siglos de un canon muy masculino. Políticamente, cuando yo estaba estudiando, tal y como se reivindicaba, era algo que me hacía rechazarlo mucho. Entonces yo estaba en mi siglo XX, vanguardias, haciendo un máster de literatura comparada, y parte de las asignaturas eran en francés. Y entonces supongo que di con Juana de los Ángeles, la monja endemoniada. Me impresionó muchísimo, dije: la vanguardia que yo buscaba, igual está aquí. Me impresionó mucho esta sensación casi de enfado por no haber descubierto eso antes. Porque esta mujer estaba publicando y vendiendo una barbaridad… ¿Por qué no había sabido nada de eso hasta ese momento? Ella ya había leído Santa Teresa, se sabe perfectamente parte de una genealogía de escritura y de vida conventual que va más allá de los muros del convento, de cómo hacerse presente fuera. Me pareció, me parece, increíble. Había algo de la escritura conventual en sí, de ese ingeniar colectivamente maneras para saltarse los límites de lo que estaba permitido, que me atraía mucho.

NOSOTRAS HACEMOS ALGO QUE ES APROPIARNOS DE UNA PARCELA HISTÓRICA QUE A UN SECTOR ENORME DE LA POBLACIÓN NO NOS HABÍA PERTENECIDO

La palabra “nicho” le va muy bien a hablar de monjas de dos siglos en concreto. ¿Cómo un tema tan de nicho puede haber acabado en un libro traducido a varios idiomas y seis temporadas de un podcast?

C. U.: A veces hacemos trampas, por ejemplo con Catalina de Siena o Hildegarda. 

A. G.: Nosotras esto lo empezamos porque estábamos muy cansadas de la escritura académica, que es una escritura muy aséptica, muy difícil de difundir. Estás con estos artículos a los que es carísimo acceder, superobtusos, nadie los lee. Y, mientras, íbamos descubriendo cosas increíbles en nuestras investigaciones. Carmen, que es muy buena oyente de podcast, me dijo que si hacíamos uno. Ha sido todo muy progresivo, una curva muy lenta. ¿Por qué ha llegado? Cualquier explicación que le demos a por qué esto ha podido funcionar viene después. Nosotras, reflexionando el otro día, pensábamos —porque se nos ha preguntado muchas veces por el aparente resurgimiento de la imagen de la monja— que nosotras hacemos algo que es apropiarnos de una parcela histórica que a un sector enorme de la población no nos había pertenecido. A nosotras mismas, a las mujeres, por no hablar de cualquier categoría identitaria disidente… Estamos huérfanas históricamente, porque mirar al pasado y no tener una genealogía en la que reconocerte es horrible y genera mucha sensación de desposesión en el presente. Creo que tener una genealogía histórica te da autoestima, cosa que ayuda a entender por qué los hombres son como son: tienes un amparo histórico, todas las voces te hablan a ti. De alguna manera, descubrir una historia de esos siglos que en España además se han recuperado siempre de manera muy tendenciosa, muy imperialista, muy colonialista, muy masculina... de pronto descubrir un poco el revés de todo eso me da la sensación que es algo de lo que la gente tenía ganas. 

¿No se agotan los temas?

C. U.: Igual que no se agota el presente, no se agota el Barroco. Realmente no. Es verdad que lo que sí que se agota es el tiempo. Es decir, cada vez hay menos tiempo, porque al final este es un podcast y un libro que nacen de muchísimos años previos en los que estábamos completamente dedicadas a seminarios, a lecturas, en los que nuestro trabajo era estar leyendo y escribiendo sin parar, descubriendo muchísima bibliografía. Y ahora el ritmo de producción es otro, hacemos un episodio cada dos semanas. Pero no, no se acaban y además seguimos aprendiendo muchísimo. El último episodio que se ha publicado se llama “En el estrado, una ética barroca de la inclinación” y es sobre esta parte de la casa barroca, de los interiores domésticos barrocos, que pertenecía a las mujeres. Básicamente era un lugar acolchado lleno de tapices, de texturas, de textiles. Y era donde las mujeres se recostaban. Estaban siempre inclinadas y hablando. Y entonces lo poníamos en diálogo con la filósofa Adriana Cavarero, que tiene un libro sobre... 
A. G.: … sobre estar tumbadita… 



noviembre 05, 2022

Gabriela Mistral en su paso por México: la poeta, gestora cultural, intelectual y maestra

A cien años de ese viaje, se revelan detalles de los meses que la chilena vivió en ese país. La historiadora Carla Ulloa, autora de un reciente libro sobre el tema, afirma que "todavía nos falta conocer mucho más su pensamiento político"



“Es una verdadera celebración mistraliana, poder abrir un baúl cerrado como se encontraban los manuscritos en California” destacó Soledad Falabella, académica de la Universidad de Chile, quien participó el pasado martes 25 de octubre del lanzamiento de “Gabriela Mistral en México. La construcción de una intelectual (1922-1924)”. “¿Qué era de Mistral en México? Eso no era algo que se hubiera estudiado en profundidad y este libro es un gran aporte porque nos brinda un espacio muy bien documentado” agregó la especialista en la obra de la poeta chilena.

A cien años de ese viaje, la Universidad de Chile y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) conmemoran este hito de la historia cultural con la coedición de esta importante investigación.


*************************************************

Gabriela Mistral y sus acompañantes chilenas arribaron al puerto de Veracruz el día miércoles 19 de julio de 1922, ciudad que se vistió de gala para recibirlas. La poeta guardó memoria de su primera impresión del paisaje mexicano:

“Mi fiesta cotidiana es la de la luz de la meseta. En los primeros días fue para mí una especie de éxtasis ardiente que sucedía al éxtasis del mar. Aunque entrecerraba mis ojos la luz por su crudeza, yo la recibía como debieron hacerlo los aztecas, místicamente. Era la compañera de mi infancia, perdida tantos años y que vuelve a jugar conmigo…”

Ensayo “El paisaje mexicano”, en Zegers, Pedro (sel. y pról.), Gabriela y México, Santiago: RIL Editores, 2007

Con tres semanas de estadía en México, Gabriela Mistral inició el recorrido por el interior del país. En la mañana del día martes 8 de agosto de 1922 se dirigió a Puebla, estado que la había convocado para efectuar una visita oficial. Estos datos han sido recopilados por Carla Ulloa Inostroza, autora del libro “Gabriela Mistral en México. La construcción de una intelectual (1922-1924)”. La historiadora chilena buscó conocer la perspectiva de la poeta cuando viaja a esta nación norteamericana con 33 años.

“Desde el punto de vista de una intelectual latinoamericanista que se involucra activamente en un proyecto para lograr la solidaridad y la unión de los países latinoamericanos. Frente a un objetivo más grande y superior que es el desarrollo continental” explica Carla Ulloa, quien vive en el país azteca desde 2014. La investigadora reconoce que esta iniciativa se construyó desde el latinoamericanismo y desde la historiografía feminista del siglo XIX. “Gracias a la estadía en México y gracias a las becas de México, este es un proyecto financiado por la UNAM y por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en México (Conacyt). Con ello ha sido posible conocer la vida de una chilena” reflexiona.

  • Para leer la entrevista integra: Aquí

Diana Porras
Fuente: Radio Universidad de Chile

enero 06, 2021

“De mujer a mujer”, las cartas de Gabriela Mistral con las exiliadas españolas



Retrato de la poetisa chilena y premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral. EFE/nr/Archivo

El libro “De mujer a mujer. Cartas desde el exilio a Gabriela Mistral (1942-1956)” reúne la correspondencia inédita de intelectuales españolas como Maruja Mallo o Victoria Kent con la escritora y poeta chilena Gabriela Mistral, una de las grandes figuras del siglo XX y un apoyo fundamental para los exiliados españoles.

La obra bucea en el universo femenino del exilio español y muestra la inmensa red de apoyo internacional que la Premio Nobel de Literatura generó con intelectuales españoles en el exilio, a los que estaba estrechamente vinculada tras su estancia en Madrid como cónsul de Chile (1933-35).

El volumen reúne cartas entre Mistral y Zenobia Camprubí, Maruja Mallo, Teresa Díez Canedo, María de Unamuno, María Zambrano o Victoria Kent. En ellas, las españolas le escriben para pedirle apoyo para encontrar trabajo, establecer relaciones en sus nuevos países, escuchar unas palabras de aliento o simplemente hablar de sus preocupaciones.

“En realidad, la intranquilidad reina por toda la Tierra, época mala, la que nos toca a los viejos, y la que toca a los jóvenes y a las criaturitas, que solo alegría dan con su inocencia sabia”, le escribe Teresa Díez Canedo, mujer de Enrique Díez Canedo, impulsor del Colegio de México.
Cartas de sororidad y amistad

Casi todas las cartas incluidas en “De mujer a mujer”, firmado por Francisca Montiel Rayo y editado en Cuadernos de Obra Fundamental de la Fundación Banco Santander, son en su mayoría inéditas y abarca desde 1942 a 1956.

Para Francisco Javier Expósito, responsable literario de Fundación Banco Santander, el libro cobra una relevancia en momentos de pandemia, su “espíritu filantrópico” es un ejemplo para la pandemia, porque habla de la esperanza en momentos de dificultad.

En su conjunto muestran “la sororidad, amistad y solidaridad” que reinaba en las relaciones entre la escritora chilena y las intelectuales españolas y que guardó meticulosamente en su archivo, que actualmente se encuentra en la Biblioteca Nacional de Chile, señala Montiel.

Todas le expresan su “admiración” y en ocasiones, devoción, relata Montiel: “Mistral era un bálsamo emocional que les proporcionó, en ocasiones, el alivio anímico que les hacía falta”.

María Zambrano le cuenta como durante una estancia en Chile un grupo mujeres le regaló un ramo de espigas que guardó hasta que se marchó de España y luego lo enterró cerca de la frontera antes de irse a Francia.

Gabriela Mistral, figura clave en el exilio español

“!Quizá haya germinado y algún grano de trigo de su tierra brotara en la mía, tan dolorida!…”/ “Quisiera decirle que Dios la guarde. Pero Él la ha guardado desde siempre. (…) Téngame por alguien que ha de quererla siempre, aunque no la vea.”

Mistral ayudó con su influencia, dinero y relaciones a todos los exiliados que se lo pidieron y fue clave en la salida de varios de ellos, como la artista Maruja Mallo. Se puede ver en una serie de cartas de la propia Mistral que también incluye el volumen.

“Semana a semana me ocupo de la gente que está de este lado de los Pirineos. Mi libro ha dado hasta hoy unos treinta mil francos, que Victoria Kent ha distribuido entre los niños salidos a última hora, y entre algunos maestros”, escribió la Nobel a Teresa Díez-Canedo.

O en su carta a María Zambrano: “Hoy, que veo yo Europa más dañada que nunca, más desgarrada en sus vísceras vitales, se me agrandan enormemente la virtud y las virtudes criollas”.

Además de las misivas, “De mujer a mujer” el libro incluye dos semblanzas de la escritora, de María Enciso y de Victoria Kent. La de esta última dice: “Amaba España con conocimiento y amor de criatura española, le dolía la miseria del pueblo español y protestaba de ella y de tantas cosas españolas”.

Fuente: Efeminista

enero 26, 2020

Entrevista a Silvia López: “Quiero fomentar el feminismo para la acción”


Silvia López

De la teoría a la práctica, pasando por la pluma de Silvia López. Así nace la colección ‘Las Imprescindibles’ en la que esta investigadora, doctorada en Ciencia Política y Derecho, recopila las teorías feministas de distintas autoras difundiéndolas para ser accesibles a todos los públicos.

“Quiero impulsar el pensamiento horizontal, no jerárquico”, explica la escritora en declaraciones a este diario con motivo de su visita a Toledo donde este sábado presenta la última de las obras lanzadas en su colección: ‘El devenir mujer de Simone de Beauvoir’.

‘Las Imprescindibles’ es una colección basada en el principio claro de unidad y dependencia entre academia y activismo. López se encarga de desgranar las teorías de autoras feministas extrayendo las herramientas, conocimientos y argumentos necesarios en la lucha feminista actual cuyos frentes van desde el auge de la extrema derecha, hasta los feminicidios, pasado por el sistema patriarcal en su conjunto.

Además de Beauvoir, López ha recuperado los trabajos de Judith Butler y Kate Millett y adelanta que seguirá publicando títulos para la colección persiguiendo un objetivo claro: “nutrir el pensamiento para la acción”.



¿Quiénes son “las imprescindibles” a las que haces referencia con tu colección?

Me gusta decir que la colección aborda autoras imprescindibles pero habrá muchas imprescindibles que no abordemos. Teniendo esto en cuenta, la colección muestra autoras muy relevantes en el feminismo porque nos han dejado un legado de palabra y acción que vale la pena reflejar.

Mi objetivo es que la colección sea lo más plural posible, es decir, que alcance muchas fuentes. Al fin y al cabo el feminismo es un conjunto de pensamientos y activismos muy plurales y queremos que ‘Las imprescindibles’ alcance esa pluralidad en la medida de lo posible.


Hablaremos más allá del paradigma occidental recuperando el feminismo desde los márgenes, como el feminismo negro o el árabe.
¿Para qué son imprescindibles?

Con sus obras nos dan herramientas para la vida cotidiana porque hablan de situaciones que seguimos viviendo a día de hoy. Exponen, por ejemplo, dificultades que pueden darse en las relaciones madre-hija. Hablan de nuestras vidas pero con sus propias palabras y eso es muy relevante.

¿Y para quién son imprescindibles estas autoras?

Los libros están pensados con el objetivo de fomentar el pensamiento para la acción y eso quiere decir pensamiento en compañía. La colección recopila mecanismos para el pensamiento colectivo, tanto para las aulas como para espacios fuera de la academia como pueden ser los grupos activistas o los clubs de lectura.

Mientras veamos que la colección tiene acogida queremos seguir con esta propuesta porque nos parece necesaria para los debates que estamos viviendo, tanto en el pensamiento como en la militancia feminista.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el vicepresidente, Pablo Iglesias. / Europa Press
Desde tu perspectiva de analista política, ¿qué opinas acerca del nuevo gobierno de coalición? ¿Las políticas estatales sobre violencia de género se verán afectadas por la extrema derecha?

Confío en que en la estructura que está consolidándose con este nuevo gobierno pueda sacar adelante políticas públicas de las que estamos muy necesitadas.

Llevamos años sin legislar en materia de políticas de igualdad, ni en derechos laborales ni en conciliación por lo que el nuevo gobierno debería legislar en este sentido y cubrir este vacío. Además, es fundamental que haya una comunicación fluida entre feminismo institucional y los colectivos feministas, con espacios de investigación y pensamiento.


Nos encontramos ante un triángulo virtuoso con aprendizajes que se refuerzan unos a otros a pesar de partir de lugares distintos.

En este contexto, parece que el nuevo Gobierno tiene una apuesta clara contra la violencia de género y por el feminismo con, por ejemplo, la recuperación del Ministerio de Igualdad.
¿Afectará el auge de la extrema derecha a las políticas de igualdad o a cambios sociales como el aborto?

Creo que hay valores muy consolidados en nuestra sociedad. Por ejemplo, el de la igualdad de derechos, el de poder elegir nuestras identidades o el de elegir cómo deseamos vivir nuestras vidas y nuestros cuerpos.

Esto no quiere decir que no haya que poner el foco en muchas violencias que se siguen produciendo, contra las mujeres u homófobas. El discurso de la ultraderecha cumple un valor: reforzar un modelo de familia violento y un modelo de feminidad tradicional.

A día de hoy se consolida cada vez más en el imaginario colectivo esa idea de que nuestras identidades son diversas y plurales. Ahora bien, hay violencias estructurales y sistémicas que siguen haciendo muchísimo daño y sobre las que tenemos que seguir poniendo el foco. Por ejemplo, el número de asesinatos machistas.

Concentración en repulsa del asesinato machista cometido en la Puebla de Almoradiel / Fotografía: JCCM

¿Qué se puede hacer con las diferencias entre las políticas en materia de violencia de género y, concretamente, con el hecho de que haya diferencias entre comunidades a la hora de contabilizar el número de asesinatos machistas?

Es una característica de nuestro estado descentralizado con la que es difícil convivir ya que tiene un impacto en la vida cotidiana de las personas.

Me gusta repetir que al final la acción política es aquello que determina tu vida cotidiana. Si en el estado descentralizado hay distintos modelos legislativos las vidas cotidianas de la gente se ven condicionadas por políticas distintas. La misma situación da lugar a distintos resultados y eso genera vivir tu vida de una manera distinta.

Desde la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en 2004, una de las grandes críticas fue que no abarcaba muchas situaciones de violencia contra las mujeres. Dejaba fuera de la violencia machista aquella que no era ejercida por la pareja sentimental y situaciones como el acoso sexual.

La violencia de género incluye muchísimas manifestaciones y la Ley de 2004 sólo contempla una de ellas. Creo que un gobierno que se define como feminista tiene que ir en el camino del cambio.

Las políticas públicas son acciones de gobierno que sustentan valores y tendremos que ver qué valores quiere impulsar este Gobierno en materia feminista. Me interesa que el liderazgo se lleve en ese sentido impulsando la igualdad, la pluralidad o la corresponsabilidad en las políticas públicas que fomenten.

Fuente: Toledodiario.es

diciembre 19, 2018

Y colorín colorado, este cuento NO ha acabado.

La editorial Contraseña reúne en ‘El encaje roto’ una antología de cuentos de violencia contra las mujeres escritos por Emilia Pardo Bazán.

Portada de 'El encaje roto'.

El miedo, los estereotipos, la violencia psicológica, la violencia física, la sexual, la patrimonial, la social, la simbólica. La que se ve y la que no se ve. Es el siglo XIX, es el siglo XXI. Es El encaje roto, una antología de cuentos de violencia contra las mujeres (Contraseña), escritos por Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851-Madrid, 1921). Nada, o muy poco, parece que hubiera cambiado. Mujeres sometidas, humilladas, vejadas, mercantilizadas. La obra ha sido editada y prologada por Cristina Patiño Eirín, profesora de la Universidad de Santiago de Compostela. “Esta antología reúne 35 magníficos relatos entre un largo centenar de los que podrían atarse con el hilo rojo de las violencias ejercidas contra las mujeres. Nadie escribió ni ha escrito tanto ni tan bien, después de haber observado, leído y vivido tanto, en torno a ese tema crucial en su planteamiento feminista y en su ética y estética literarias”, explica Patiño, que prosigue su reflexión en esta entrevista.

Emilia Pardo Bazán.

¿Por qué esta selección?

La idea de esta antología me llegó a través de Alfonso Castán, de la editorial Contraseña, radicada en Zaragoza. Me pareció una excelente idea desde el principio. Es evidente que la actualidad que nos apabulla con sus noticias diarias de asesinatos machistas pone encima de la mesa un problema social que nos sigue provocando rechazo y rabia. Pero no es de ahora, viene de muy atrás. Acerca de cómo erradicarlo, cómo juzgarlo y cómo corregir su incidencia en vidas futuras se vienen formulando opciones, barajando medidas, implementando leyes, se han escrito manifiestos y arrancado proclamas y gritos de indignación. No siempre se respondió con esa firmeza, con esa unidad, con esa conciencia colectiva. Las mujeres sometidas a vejámenes, violentadas, asesinadas vilmente a manos de sus parejas o exparejas engrosaban estadísticas que no se registraban, protagonizaban sin quererlo y pasivamente sucesos truculentos y crímenes de los llamados –y es palabra que la autora de El indulto quiso proscribir de ese contexto– “pasionales”, que ilustraban páginas de sucesos y conversaciones cotidianas que ahí se quedaban. Contra esa violencia manifestada de tantas recurrentes maneras y en grados tan diversos pero siempre denigrantes se erigió en el siglo XIX la voz y la palabra de Emilia Pardo Bazán, una escritora que dio la voz de alarma cuando nadie lo hacía, que no se cansó de utilizar la prensa como lugar primordial de sus crónicas y de sus cuentos, de hacer de su narrativa noticiera y ficcional un instrumento, por vía interpuesta, de denuncia y de reflexión, también de disfrute estético, sin escamotearle nunca ni un ápice de su calidad literaria.

¿El cuento El encaje roto representa esa violencia que no se ve?

Una metáfora poderosísima. El cuento que cierra y abre la antología apareció por vez primera en 1897 y parte de una noción que está presente como imagen, como tropo, en la novela que funda la entrada de pleno derecho de la escritora coruñesa en la República de las Letras: La Tribuna, donde también se rasgan los encajes de un vestido en el atrio de una iglesia. Es un espacio particularmente performativo, una escenificación de cómo se expone el cuerpo de la mujer a la veladura de los otros. Lo roto no es lo semánticamente negativo en el sintagma que da título a este cuento extraordinario; es el encaje lo que queda comprometido, lo que definitivamente abre un tiempo nuevo gracias a la fisura, como en El papel pintado amarillo, una de esas obras firmadas por autoras norteamericanas con las que Pardo Bazán habría podido entenderse muy bien. En ellas experimentamos una violencia que no ve nadie, una violencia soterrada pero no menos cargada de una amenaza de desdicha. Cuántas mujeres la habrán desatendido intuyéndola, cuántas la seguirán negando cuando ya es plena…

Leyendo estos cuentos da la sensación de que, en el fondo, no ha cambiado prácticamente nada.

A veces, leyendo La dentadura, por ejemplo, y adentrándonos en la manera de interiorizar los cánones de belleza que rigen para las mujeres de manera muy específica, tenemos la impresión de que los patrones de domesticación de la niña, de la adolescente y de la joven siguen siendo, mutatis mutandis, de una rigidez cruel, aniquilante. El miedo al rechazo, a no entrar en la horma impuesta, en el grupo, en lo que se espera de una, disuelve todo afán de ser única, toda legítima aspiración al cultivo de la individualidad. El gregarismo es un intento de sofocar derechos inalienables y está muy vigente aunque nos parezca lo contrario. Cada mujer que sufre lo hace a su manera.

En estos cuentos podemos ver a mujeres sometidas, pero también a mujeres fuertes, que eligen, por ejemplo, estar solas, que optan por no casarse en aquella época…

La antología, que no existió como voluntad de la autora de Los Pazos de Ulloa (aunque habría podido pensarla en estos o parecidos términos), despliega un variado y plural conjunto de casos, una “mesa de trucos”, como escribió Cervantes de sus Novelas Ejemplares, y que también proponen no tanto soluciones como preguntas bien decantadas, que quedan en el aire, situaciones que reconocemos como posibles, y de las que el lector y la lectora cabales pueden sacar algún provecho; aunque transcurran en años distantes y hasta en lugares remotos, como Rusia o los llamados tiempos de la creación, nos interpelan. Tienen que ver con nuestras propias expectativas en las relaciones entre los sexos, las construidas y las heredadas, con nuestro grado de acatamiento o de desacato con los roles tradicionalmente asignados a niños y niñas, a chicos y chicas, a hombres y mujeres. Puede sorprendernos la distinta capacidad de reacción que experimentan mujeres adiestradas en la sumisión más absoluta pero cabe pensar que no eran infrecuentes ciertas formas de rebelión silenciosa o diferida, producto de una meditada forma de actuar en los límites exiguos en que se las confinaba. La hipocresía o la doblez eran moneda corriente en el mundo femenino burgués. Son piedra de toque en la vida y en la obra de Emilia Pardo Bazán, que nunca se doblegó a ese mandato de fingir lo que no sentía o lo que no quería o lo que no pensaba, de ahí su reproche constante a la burguesía. Nunca fue el suyo un feminismo burgués ni ella una intelectual adscrita al statu quo. En privado y en público, sin herir a nadie, fue una mujer de una coherencia admirable. Pocos resisten el escrutinio del tiempo ulterior, y el nuestro es inmisericorde. Pardo Bazán fue fiel a esa coherencia siempre. Tal fidelidad, su compromiso con la realidad, la del trabajo, la de la mujer trabajadora, a la que siempre respetó, la llevaron a huir de maniqueísmos fáciles. Sabía que la casuística era compleja, tan unitaria como variopinta, llena de matices, que todo está en los detalles. El matrimonio es jaula atosigante, no es visto en sus aspectos positivos, puede ser el lugar del terror doméstico. Mejor sola que mal acompañada, piensa Micaela, ya dueña de su destino. La soledad como elección, no como castigo que deciden los otros, es un territorio que Pardo Bazán enseña a descubrir. Los versos de Francisca Aguirre en Ya nada podréis también habitan esa soledad “con la delicadeza de lo mínimo / con la tierna disposición de lo posible”.

El acoso y la violencia psicológica tienen también un papel importante en estos cuentos, cuando acabamos prácticamente de empezar a hablar del acoso con el #MeToo.

Es impresionante la violencia física, el maltrato en Las medias rojas, la condición sanguinaria del victimario que se ceba con una chiquilla que es su propia hija marcándola para siempre, pero no menos doloroso es el castigo que a sí mismas se infligen la novia fiel y otras jóvenes que aceptan la culpa y asumen el desvío social, el ostracismo, que somatizan incluso el sentimiento de la “caída”, como en El Oficio de difuntos. El concepto de acoso, no tipificado hasta hace muy poco en el ámbito judicial, ni penalizado, exhibe múltiples formas, a veces muy sibilinas y sutiles. Siempre implica abuso de poder, dominio que se ejerce sobre el más débil o el que es tenido por más débil. El control del padre o del marido frena el impulso liberador de la joven que se lanza a la calle. Las que se atreven a ocupar el espacio público son duramente castigadas. Las desnudan los ojos ajenos. No hay que hacer un gran esfuerzo de imaginación para saber lo que esto representaba en el traspaso del siglo XIX al XX. Un siglo después han cambiado muchas cosas gracias a la lucha feminista iniciada entonces. No ha avanzado el mundo sin que hubiera que reivindicar derechos y libertades, una igualdad siempre en trance de conseguirse y que aún se resiste, incluso en el mundo occidental, ya no digamos fuera de él, a consolidarse. Los feminismos de los que hablamos hoy, que seguirán imparables ya, siguen vigilantes. Son una palanca de cambios, los más decisivos, los más solidarios.

¿Se puede decir que fue una mujer de nuestro tiempo?

Es incuestionable y explícito el feminismo militante de Emilia Pardo Bazán, su mirada propia, pero también lo es, a la luz de investigaciones recientes, que no se encastilló en él, que tendió puentes con muchas congéneres estableciendo redes de sororidad que se han ocultado. Aún se tiende a un estereotipo de la autora como mujer aislada en un mundo de hombres, como mujer varonil que puede con todo, que impone una presencia abrumadora que solo es explicable por su masculina actitud (otra trampa esencialista que ella trata de desmontar). Es obvio que despojarla de su condición de mujer de letras es desnaturalizarla y que eso entraña una intelección de su obra restringida a su capacidad de equipararse a sus colegas varones, la vara de medir. Su literatura excede esos límites, rebasa el cliché. Su inteligencia y su sensibilidad son otras, las de nuestro tiempo.

¿Qué cuento le impacta más de esta selección?

Aire. Ocupa un espacio breve, es de los cuentos más lacónicos. Quise que actuase como eje de la colección, que estuviese en su centro de gravedad. Contiene, a mi modo de ver, la quintaesencia de la percepción profunda del sufrimiento de la víctima y, al mismo tiempo, la sublimación de su liberación, una sublimación poética donde las haya, de un lirismo lacerante. “Nada conseguiréis / abandonándome, porque el vacío no / era vuestra ausencia / sino mi necesidad de compañía”, podría decir, como la autora de Los trescientos escalones. No hace falta más, es la muestra inequívoca de un talento literario insuperable. Cecilia sigue con nosotros, como las mujeres que encarnan vidas insatisfechas, truncadas, heridas. Siguen con nosotros y sus voces resuenan en nuestros oídos, también su dolor, su impotencia y su fuerza, una fuerza que no estaba en los otros (otra vez Francisca Aguirre), que estaba en su debilidad.

Por Olivia Caballar
Fuente: La Marea

agosto 29, 2018

Los libros de feminismo salen del "gueto" tras años de oscuridad.

Ensayos, novelas, tebeos y teorías han encontrado su espacio en las estanterías para arrojar luz sobre el movimiento feminista, que comenzó su primera ola en el siglo XVIII y sigue en plena lucha hoy en día.

En el 8-M se unieron mujeres de todas las edades, también las feministas veteranas. EFE

Los libros de feminismo, hasta hace poco relegados en librerías especializadas, han salido del "gueto" y ahora irrumpen con fuerza en el espacio público con títulos como "Morder la manzana", "Feminismo para principiantes", "Leonas y zorras" o reediciones de "Teoría King Kong" o "Mujeres que corren con los lobos".

Ensayos, novelas, tebeos y teorías han encontrado su espacio en las estanterías para arrojar luz sobre el movimiento feminista, que comenzó su primera ola en el siglo XVIII, y que en el XXI lucha, todavía, por la igualdad plena de derechos entre mujeres y hombres.

"Yo diría que, claramente, el feminismo ha conseguido ser central en muchos aspectos de la vida pública, de la política, la cultura y el arte, y también de la industria del libro. Eso tiene que ver con el avance y la hegemonía del feminismo, que es el resultado de una conquista de las mujeres", explica Clara Serra, filósofa, política y autora de "Leonas y zorras"."El feminismo ha conseguido ser central en muchos aspectos de la vida pública, de la política, la cultura y el arte, y también de la industria del libro"

Ese título, editado por Catarata, no ha sido el único que ha irrumpido en la industria. "Morder la manzana", de Leticia Dolera; "Todos deberíamos ser feministas", de Chimamanda Ngozi Adichie o "Microfísica sexista del poder", de Nerea Barjola, también se agrupan en los estantes de pequeñas librerías o grandes cadenas.

Se unen a ellos los clásicos para leer con las "gafas moradas", que vuelven a reeditarse ahora que el feminismo ha conquistado el debate público.

"Hay nuevas ediciones de libros clásicos del feminismo, de Simone de Beauvoir, Kate Millett, Virginie o Despentes y sus libros de cabecera de las feministas, que ahora pueden ser libros accesibles para más gente", apunta Serra.

"Que los libros de feminismo salgan de los guetos donde estaban es bueno, siempre, porque queremos que todo el mundo lea un libro de feminismo. Creo que es una cosa a celebrar y a aprovechar, como una gran oportunidad para contar un montón de cosas que ahora sabemos que un montón de gente va a leer", añade.
De todo tipo y para todos

Aunque, en este "boom" del feminismo, también "puede haber libros malos o regulares", reconoce Serra, y otros "más superficiales" que cumplan la "interesante función" de "contar por primera vez el feminismo a los lectores".

"Pero también tiene que haber más libros escritos por mujeres, no sólo de feminismo", apunta Serra, al tiempo que añade que el "matiz" de este auge es la "capitalización" y que "hay gente que se sube al carro" para sacar beneficios, pero "no hay que dejar de verlo como un éxito del feminismo".

"Morder la Manzana", de Leticia Dolera.

Coincide con ella Nerea Pérez, periodista y promotora de los vídeos virales "Feminismo para torpes", que también pone énfasis en la "capitalización" del movimiento feminista, no solo en la industria editorial, sino en otras como la textil.

"Volverse mainstream tiene dos caras. Hay cosas igual de muy poca calidad, de pasarlo por encima o comercial, pero por otro lado es fantástico porque del millón de chavales que se han enterado de que Beyoncé es feminista o que han leído un 'panfletillo ilustrado', igual rascan más en el tema y conocen por lo que se está luchando de verdad", explica.

No deja de ser una "buena noticia", porque "se están recuperando muy buenos textos y muy didácticos", apostilla Pérez, que menciona "Feminismo para principiantes", de Nuria Varela, o "Historia ilustrada del feminismo", de Marta de la Rocha.
En la calle

Libros que salen del "gueto", pero también, literalmente, a la calle. La Acampada Feminista Sol, que desde el pasado 22 de junio ocupa parte de la Puerta del Sol, organizó el 19 de agosto un intercambio de libros gracias a la colaboración de entidades como Librería Mujeres, Ciento Volando y Biblioteca de Mujeres.

"Feminismo para principiantes", de Nuria Varela y Antonia Santolaya.

"Morder la manzana"; "Teoría King Kong", de Virginie Despentes; títulos de Simone de Beauvoir, y otros en inglés de Virginia Woolf, se dieron cita en esta iniciativa que espera convertirse en un evento "periódico".

"La iniciativa tenía dos objetivos: el patriarcado no se esperaba que las mujeres se iban a juntar a hablar, y el capitalismo no se esperaba que íbamos a dejar de consumir. Esto —intercambiar— ya es otra forma de economía", explica Anna, una de las portavozas de la Acampada.

"Hace diez años no te ibas a encontrar una estantería con libros feministas, o en el 'prime time' de un telediario no iban salir feministas a hablar. Ahora la palabra feminista ya está casi en la boca de todo el mundo, y eso es muy interesante", concluye esta activista sobre una lucha que "no es un sprint, es una maratón".

Por Pepi Cardenete (EFE)
Fuente: Público.es

octubre 17, 2015

Tuits y selfies del siglo XX. Querido diario: Estoy tan harta...

Los diarios recopilados por Xiana Gómez-Díaz se muestran en Barcelona.
Un bolígrafo y papeles. Una caja con llave para evitar las miradas indiscretas sobre unos relatos en los que se nombra repetidamente a esa compañera de clase que tanto nos gusta o a ese otro que es insoportable, se cuenta lo lento que pasa el tiempo en el instituto o se declara amor eterno por un grupo de música, aunque el mes que viene ese objeto de deseo pueda ser otro.

Páginas y páginas encerradas en el cajón de los secretos esperando a que el tiempo las borre definitivamente, olvidando el autorretrato que sus dueñas estamparon en ellas durante ese periodo en el que ya no se es niña pero tampoco mayor. Sea lo que sea ser mayor.

Frases, dibujos, recortes y fotografías revelan la potencia de la creación íntimadesplegada en los diarios, esa expresión cultural juvenil de carácter reservado que ahora parece totalmente sustituida por su opuesta, la exhibición en redes sociales, y por la también antagónica construcción de personajes en público. ¿Escriben aún diarios las chicas en 2015?

De todo esto trata el trabajo de investigación que conduce Xiana Gómez-Díaz y que ha dado como frutos la exposición Cultura de dormitorio: narraciones de adolescencia femenina, visible hasta el 1 de noviembre en La Capella (Barcelona), y el documental Proyecto D, que se encuentra en fase de producción.

La idea surgió cuando su amiga Carla Calleja encontró su diario de adolescencia y lo releyó. Ella también hizo lo mismo. "El tema nos entusiasmó, en parte porque encontramos enseguida puntos en común entre nuestras ex­­perien­­cias, pero sobre todo por esa sensación de salida del armario, de hablar de algo que nos habían enseñado que debíamos guardar en secreto. Fue un subidón", rememora Gómez-Díaz.

De ese reencuentro creció un proyecto de archivo que explora las narrativas femeninas recogidas en unos 70 diarios de distintas épocas para encontrar sus conexiones, como la contradicción latente entre el deseo ocultado y la libre expresión en ese rincón inviolable de cada habitación propia.

¿Cuál es el objetivo de este trabajo?

Vehicular el relato de la experiencia adolescente femenina contada en primera persona. Es un fenómeno que se ha narrado otras veces, pero generalmente desde miradas externas. En mi opinión, se ha construido una imagen de las niñas y chicas excesivamente luminosa y quiero arrojar oscuridad sobre ella. Lo que, en realidad, es añadirle profundidad.

¿Cómo se aborda el estudio de un objeto destinado a lo íntimo, al secreto?

Este estudio es cualitativo. Lo íntimo no puede ser cuantificado, a pesar de que la acumulación proporcione peso a ciertos hallazgos. Lo más difícil es conseguir la documentación original. Nosotras por ahora hemos reunido unos 70 diarios íntimos, todos de personas vivas y previamente inéditos, una recopilación lenta y desigual. Construir un relato nuevo a partir de secretos, como en el caso del guión de la película que tenemos en producción, se ha de hacer con delicadeza. Evidenciar el secretismo no es lo mismo que desvelarlo todo. Tratamos de difundir manteniendo un cierto misterio. Al fin y al cabo, el diario no es más que la punta del iceberg.

¿En qué punto se encuentra ahora?

La primera idea era hacer una película, pero tras meses de recopilación y análisis documental vimos la conveniencia de montar una muestra, centrándonos en fenómenos gráficos y materiales de la literatura íntima y cultura de dormitorio. Ha sido muy importante la complicidad de la sala, y especialmente de Mery Cuesta, comisaria que me ha acompañado en el desarrollo de esta exposición, para poder dar salida a una parte muy gráfica de esta investigación. En la exposición se muestran dos temas fundamentales, el secretismo y las negociaciones del yo, de forma bastante analítica.

Por otro lado tenemos una película documental que contiene la parte más visceral de este relato íntimo, Proyecto D. Nos falta ya poquito para terminar la producción. Pero el proyecto sigue abierto y seguimos recogiendo documentación (cualquier persona interesada puede participar: info@walkietalkiefilms.com o facebook.com/elproyectod).

Mi intención es difundir parte del conocimiento que he acumulado al poder examinar estos textos tan puros, un conjunto de libros escritos de espaldas a toda la cultura del exhibicionismo y la audiencia. Trataré de hacer alguna publicación en 2016, entre otras ideas excitantes que todavía están en preámbulos.

¿Qué revelan los diarios de mujeres adolescentes que habéis estudiado?

Una infinidad de temas. La escritura manual, especialmente cuando se reitera en un ritual literario, psicológico, cultural, es muy reveladora. Estos libros están llenos de señales que a menudo contradicen al relato escrito. Tachones, mutilaciones de las páginas, recortes, pegatinas, dibujos… Y me gusta especialmente que estén muy mal escritos, transgrediendo, riéndose de la literatura ortodoxa. Son relatos caóticos, llenos de redundancias y con una ortografía terrorífica, pero poseen una fuerza literaria arrebatadora.

¿Hay cuestiones comunes en ellos, aunque sean de épocas distintas?

Efectivamente. En muchos diarios no se explica en detalle hechos acontecidos, sino que se habla de las emociones surgidas de esas vivencias y ahí hay importantes coincidencias. La anécdota varía, cada vida es distinta, pero el modo en que los hechos impactan a estas jóvenes narradoras es similar. Esto matiza esa percepción adolescente, repetida como un mantra en los pasajes más oscuros de los diarios, de sentirse sola, aislada y única.

¿Se puede decir que hay una serie de códigos compartidos en ellos?

Aparecen modismos para tratar según qué temas. El asunto que más páginas ocupa, explícitamente, es el amor romántico. Su relato está plagado de lugares comunes, desde el típico grafiti de amor (AxB), hasta los roles y valores otorgados a la enamorada y el ser amado. Cuando se habla de las amistades, de la vida social, el rol de la autora cambia, es menos sumiso y más activo. Y en los escritos compartidos (literatura epistolar, diarios compartidos, notitas de clase), se realiza un cambio de tono radical: pasamos de la voz melodramática borderline a la competición por ver quién es más bruta escribiendo. A nivel gráfico y sígnico, también hay tratamientos similares de los temas más delicados, los momentos más sensibles… En realidad, el propio formato del diario que se suele vender –candado, hojas olorosas, dibujos cursis por aquí y allá– tiende a condicionar la escritura, por lo que estos códigos compartidos de los que hablas son muy frecuentes.

¿Los diarios adolescentes son un refugio o un espacio de creación?

Creo que una cosa lleva a la otra. La escritura íntima no sólo cumple la función obvia del desahogo inmediato, sino que se trata de una intelectualización a través de la que se intenta comprender o controlar la propia experiencia. En este espacio, precisamente por ser un dispositivo privado, se pueden ensayar muchas prácticas relevantes, como los juegos con la propia identidad. A menudo, estas pruebas se realizan a través de métodos creativos: poesía, diseño e ilus­tración, collage, canciones o una prosa con intención.

¿En 2015 las adolescentes siguen escribiendo o dibujando en sus diarios?

Por lo que he podido comprobar en algunos talleres, sí, se sigue escribiendo. Es difícil saber si se hace mucho menos que antes, porque es un tema del que no se suele hablar, aunque es probable. En un taller pregunté a un grupo de chicas si se autorrepresentaban gráficamente y parece que no: los autorretratos dibujados en la intimidad están siendo sustituidos por los selfies publicables. Las reflexiones de estas chicas están recogidas en una obra de la exposición, un vídeo que hicimos en colaboración con el taller de MACBA/CCCB Habi­ta­ció 1418.

¿Hasta qué punto diríais que han sido sustituidos por las redes sociales, que operan en los términos opuestos (visibilidad, imagen pública, etc.)?

Durante un taller con varios cursos de Educación Secun­daria Obligatoria y Bachi­lle­rato para Adultos a Distancia pregunté a los y las estudiantes si tenían diario. Uno echado para adelante levantó la voz y dijo “bueno, tenemos Fac­ebook: es lo mismo”. Como dices, una entrada en el diario íntimo y un post escrito exclusivamente para que sea leído por otros son completamente opuestos, pero pueden cohabitar. Creo que lo importante es que se entienda la diferencia, que cada una entienda lo que está haciendo, con quién está hablando y para qué, haya o no haya clic.

Por José Durán Rodríguez
Fuente: Periodico Diagonal

marzo 29, 2015

Las otras Letras. Librería de Mujeres en Buenos Aires.

Imagen: Constanza Niscovolos

Hay cerca de sesenta librerías de mujeres en el mundo, y la única que existe en Latinoamérica está en Buenos Aires. La Librería de Mujeres es, desde 1995, un espacio donde se respira feminismo, gracias a sus textos, traducciones, revistas y actividades, que van desde la militancia pura y dura a los encuentros y amistades. Hoy, en su local de Pasaje Rivarola, combinan una editorial, una sala de charlas, debates y exposiciones, y un centro de documentación, y levantan la copa para seguir defendiendo las letras de y para mujeres.

La librería de Mujeres, que hoy aloja casi veinte mil volúmenes, nació de una amistad: la de Piera Oria y Carola Caride. Amigas y socias fundadoras en 1988 de la Asociación Civil Taller Permanente de la Mujer, fueron quienes pensaron este espacio. “Eramos una dupla inseparable. Piera fue una mujer muy lúcida. Crecimos juntas. Cuando murió se llevó un pedazo mío y yo me quedé con un pedazo de ella”, recuerda Carola. Piera escribió De la casa a la Plaza, junto con Alicia Moscardi, el primer libro sobre Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. “A los once años –cuenta su amiga Magui Belloti– vino a Argentina como inmigrante con su madre y su hermano. Su padre ya estaba aquí. Ese fue su primer exilio, el exilio económico de su familia, con todas las marcas en la identidad que eso significa: otro país, otras costumbres, otra lengua.” Luego se recibió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en 1974, enseñó en la Universidad del Nordeste en Chaco, fue militante de izquierda y la represión y la dictadura le impusieron su segundo exilio, esta vez político. “Tuvo un breve paso por Brasil y luego Venezuela y México, donde se quedó hasta su vuelta a Argentina –retoma Belloti–. Ese exilio supuso un cambio más radical: su identidad. Cambió su nombre para poder sobrevivir, y pasó a llamarse Emilia Soares. Al regresar a Argentina en el año 1984 recuperó su nombre, pero perdió parte de aquella identidad con la que había vivido, estudiado y trabajado en México.” Las tres –Carola, Magui y Piera– se conocieron en alguna reunión y empezaron una relación que se construyó a los largo de los años. “Piera murió en mayo del 2008 y fue velada en la sede de la Librería de la calle Hipólito Yrigoyen –rememora Magui–. Ahí estuvieron amigas, muchas feministas y lesbianas feministas y hubo conversaciones, música y cantos, ubicadas en ronda como solemos hacer las feministas nuestras reuniones. Tuvimos e hicimos muchas cosas en común en el feminismo; también nos separaron algunas diferencias, pero no por mucho tiempo.”

Todo un legado para seguir adelante, Librería de Mujeres cumple veinte años y el número redondo trae consigo el deseo de “seguir estando presente en el movimiento de mujeres”, revela Carola. En estos veinte años, atravesaron siete mudanzas y dos veces estuvieron a punto de cerrar sus puertas. Sin embargo, lograron reinventarse. La Librería tuvo su rincón de gatos, llamado La gatería, en el que se vendían libros de gatos y artesanías gatunas. Piera era una apasionada de gatas y gatos, tenía entre ocho y diez en su casa, que entraban y salían. (Algo así sucedía también en la Librería entre quienes preferían reunirse en festejos callejeros y aullidos para desbaratar estructuras patriarcales con la certeza de las siete vidas). La vida de la Librería se fue transformando como todo proyecto que quiere seguir vivo. Por eso, desde siempre, van con una mesa a los Encuentros de Mujeres, mantienen el club de lectoras más nutrido del país y crearon Librería de Mujeres Editoras que, entre otras publicaciones, tiene la colección infantil Mi sexualidad (de Liliana Pauluzzi) para niños y niñas de nueve a doce años, literatura no sexista como Yo soy igual, a partir de siete años, y No quiero ser princesa, quiero ser..., cuentos de María Victoria Pereyra Rozas –una de las hijas de Carola– orientados a la defensa de la diversidad y a la reivindicación del rol de las mujeres en la sociedad.

Un espacio militante

Los grupos de estudio y reflexión, los talleres, los debates y la producción intelectual colaboraron con la formación de feministas cuyo espíritu militante venía de los ‘70. Pero, ¿cómo era la militancia cuando no existía Internet? ¿Cómo se conseguían apuntes o textos feministas? “Como no había material impreso, tomábamos a autoras latinoamericanas, españolas, francesas, norteamericanas o inglesas, las traducíamos si hacía falta y preparábamos cuadernillos”, cuenta Marta. Por ejemplo, Josefina Quesada tradujo textos como El racismo en la pornografía y el movimiento de mujeres, de Tracy Gardner, La teoría lesbiana feminista, de Charlotte Bunch y Pornografía infantil, de Florence Rush. Para esas publicaciones, una tipeaba, otra armaba los cuadernillos, otra abrochaba las tapas, otra hacía las fotocopias. La que volvía del exilio o la que viajaba traía autoras, artículos y libros como los de Celia Amorós y Katherine Barry (La política de dominación sexual). Se formaban grupos de estudio con esos materiales y se hacían traducciones para que pudieran ser leídos por todas. Piera y Carola también editaban unos cuadernillos que se llamaban Prensa Mujer. Tenían suscriptoras y ofrecían el servicio de enviar por correo los artículos recopilados relacionados con noticias de mujeres. “La Librería nace de esas vertientes. No es hongo que aparece solito”, ilustra Carola. Mientras vivió en Jujuy, donde fue a trabajar junto a su marido a la Quebrada de Humahuaca, parió nueve veces. Tiene cinco hijas mujeres y cuatro varones. A su regreso, conoció a Piera y juntas organizaron un Centro de Salud para Mujeres que funcionó en la calle Luis Saénz Peña 1089, entre 1991 y 1995. Daban atención y trabajaban temas de anticoncepción y violencia. Luego fundaron la Librería, una idea que ambas tenían en la cabeza y que se inauguró el 8 de marzo de 1995 en un local del Paseo La Plaza.

¿Qué se puede encontrar en el centro de documentación?

Carola: –Tenemos más de setecientos libros que están agotados. Por ejemplo, Trilogía de la trata de blancas, de Julio Alsogaray, Ciencia y feminismo, de Sandra Harding, Nacemos de mujer, de Adrienne Rich, Reflexiones sobre género y ciencia, de Evelyn Fox Keller, Alicia ya no, de Teresa de Lauretis, y la colección completa de la revista Brujas.
¿Qué desafíos se vienen?

Carola: –Un proyecto que no crece y se transforma, se muere. Estamos estudiando la posibilidad del e-book para incorporarlo el año que viene. Sería muy interesante poder digitalizar todo el material invalorable del fondo documental que hoy está en cajas y armarios. También queremos conseguir licencias para obtener los derechos y poder editar algunos libros acá.
¿Te emocionan estos veinte si pensás en retrospectiva?

Carola: –Lamento que Piera no pueda ver hoy la Librería estabilizada, porque fue un proyecto muy querido y donde pusimos mucho esfuerzo. Me emociona que podamos pensar en proyectos nuevos, no estamos detenidas, esto es algo dinámico, viene mucha gente joven que empieza a entender el feminismo desde la academia y se va incorporando, y eso es nuevo.

Se agranda el círculo, ¿no?

Carola: –Encontré muy fuerte la corriente del feminismo comunitario en Perú, con Julieta Paredes, que propone un feminismo que reconozca a los pueblos originarios. Las categorías que se van incorporando son feminismo y teoría queer, transfeminismos, prostitución y trata, educación sexual, descolonización, teoría del cuidado y nuevos feminismos. Sí, se van abriendo nuevos escenarios.

De las librerías de mujeres que hay repartidas en el mundo, algunas siguen abiertas y otras no, como la Toronto Womens Bookstore. una cooperativa que nació en 1973, convivió con una editorial feminista y cerró sus puertas en 2012. Era la única librería feminista de Toronto atendida por mujeres negras, que vendía ficción y narrativa, y se especializaba en movimientos sociales, feministas y teoría poscolonial. Entre las que continúan abiertas está la Librería delle Donne en Milán –desde 1975–, la Librerie des Femmes, en París, la Librería Relatoras, de Sevilla. Hay una única librería en el continente australiano, The Feminist Bookstore, en Sydney, y varias en Estados Unidos como Queer Division en Nueva York, People Called Women, en Ohio, y Women & Children First, en Chicago.

Llegaron los primeros veinte años de la Librería de Mujeres, y sin duda el deseo de seguir adelante queda anudado a tantos otros por los que militan los movimientos de mujeres. Pero hay algo compartido en esa experiencia de buscar y encontrar libros: sentir que ese espacio nos pertenece.

Voces amigas

Nora Domínguez, directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, Facultad de Filosofía y Letras: “Si en las sociedades de mercado en las que vivimos los libros son bienes de consumo y mercancías, ir en busca de uno de ellos a la Librería de Mujeres del Pasaje Rivarola implica algo más. Porque al recorrer esa característica única cuadra con cierto abolengo intelectual sabemos que vamos a ser protagonistas de una transacción especial. Allí el acto de comprar adquiere un valor afectivo, hay descuentos, modos de colaborar con sus dueñas mientras una se va haciendo un ahorrito propio, a veces regalitos, historias de viajes, relatos y anécdotas familiares y de amigas. Carola se ocupa siempre de que el acto frío y anónimo de compra y venta desborde hacia zonas más personales. Tengo la suerte de poder hacer casi una vez al año compras más grandes gracias a los recursos que como institución universitaria recibimos del Estado y que nos ocupamos de traducir en ideas, en investigaciones. La mayor parte de las compras del Instituto de Género provienen de la Librería. Nuestro Instituto está atado a su historia. Cuando me voy con las bolsas llenas de libros, de kilos que vencen la corrección de mis posturas, siento que me llevo un tesoro inmenso para las futuras lectoras y becarias que se van formando en las redes del saber feminista con esos libros que ofrecen Carola y su equipo. Son momentos de felicidad para ella y para mí; para ellas y para nosotras. Pasar por la Librería de Mujeres significa abandonar el momento individual de ese intercambio para convertirlo en un encuentro colectivo siempre presente y en sintonía con el futuro.”

María Lourdes Molina, licenciada en Psicología, doctora en Ciencias Penales y coautora del libro Explotación Sexual. Evaluación y Tratamiento, editado por segunda vez en el 2010 por Librería de Mujeres: “Me acerqué a la Librería allá por el 2005, en la búsqueda de esos materiales que aparecen citados en algún libro y que no se encuentran en muchas bibliotecas. Materiales que en las facultades de Psicología y Derecho de Argentina no se citan mucho, porque los temas de prostitución y explotación no eran por esos años ni nombrados. Y lo que el cruce de ese encuentro abrió no lo hubiera imaginado nunca. A partir del camino por la restitución de los derechos de las mujeres en situación de explotación sexual, el conocer la lucha de un grupo de mujeres en el marco del movimiento feminista y la Campaña Abolicionista ‘Ni una mujer más victima de las redes de prostitución’, la Librería se me presentó como un lugar de encuentro y crecimiento personal. Año tras año, el privilegio de asistir a debates con mujeres comprometidas y estudiosas y la actualización de materiales para iluminar el camino ha sido un regalo en mi vida. Es un lugar abierto al debate, crecimiento y cuidado de las personas que se animan a confrontar sus creencias y representaciones. Por muchos años más y que quienes las queremos, sepamos cuidarlas.”

Mónica Tarducci, colectiva de Antropólogas Feministas: “La Librería de Mujeres es parte del movimiento feminista y como tal evoca muchos recuerdos: es la Peatonal Feminista que armábamos los 8 de marzo en las dos sedes de la calle Montevideo; es Piera y los gatos que tanto amaba... Son también las reuniones y las ásperas discusiones para lograr un documento consensuado; la espera ansiosa de las novedades bibliográficas y la alegría de presentar algún libro. A propósito de las peatonales, es decir cuando cortábamos la calle Montevideo y armábamos un escenario desde donde hablar, cantar y bailar para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, recuerdo que se daba también el reparto gratis de champagne, porque un hijo de Carola trabajaba en una famosa bodega que nos lo proporcionaba gratis. Siempre fue un espacio abierto y acogedor para todas las mujeres que lo necesitaran. El tiempo pasa y todo se transforma, algunas mujeres indispensables ya no están. Pero la Librería perdura como lugar de encuentro. Mas ahora, que María Moreno me ha nombrado ‘salonera’ del lugar y yo organizo actividades creyéndome una Mariquita Sánchez...”

Por Laura Rosso
Fuente: Página/12

noviembre 28, 2013

Elena Poniatowska. La princesa que ha querido ser una simple ‘pinche’ periodista

Después de una hora larga de atasco infernal, enredada en la grandiosa y caótica ciudad de México, de repente, aparece como un remanso de paz, una fila de casitas antiguas adosadas. En una de ellas vive la escritoraElena Poniatowska.

Un jardincito con parterres nos introduce a través de una fila de ladrillos rojos a una sala recogidita pero umbría, en donde todo, hasta los muebles, son blancos. Sólo el blanco es molestado por las altas estanterías empapeladas de libros, algún espejo que los multiplica y algunas fotos familiares.

La llaman insistentemente de distintos medios para pedirle opinión sobre la escritora Doris Lessing, a la que le acaban de dar el Premio Novel de Literatura. Su voz se oye en el piso de arriba y se demora en bajar. Aparece una mujer menuda, tan blanca como la decoración y de piel y ojos transparentes, que lo primero que hace es fijarse en mis zapatos - Yo tengo unos zapatos parecidos a los de usted, muy cómodos. Son muy buenos -¿Quieren un café? Marta, ponles lo que quieran tomar.


- Quiero hacerle una entrevista al personaje. ¿Por qué usted es un personaje?

- Estupendo.

He de decirle que yo no se si es adecuado que la persona que entrevista tenga una admiración especial por el personaje. Yo como periodista me considero una entrevistadora totalmente entregada. Usted que ha entrevistado a tantas personalidades y que sus entrevistas se estudian como modelo a seguir.

- ¿Cree que esto es bueno o es malo?

Suelta una sonrisa-carcajada sorda.

- No lo sé. Yo siempre he entrevistado a la gente que he querido.

- ¿Pero usted admiraba a todos sus entrevistados?

- Pues sí, pero algunas veces el personaje te decepciona. Pero como yo no me considero un personaje sino una “pinche” periodista, una periodista de toda la vida, ni me preocupo ni tiene usted que preocuparse.

Leyenda-realidad de la princesa heredera

Vamos a adentrarnos un poco en la leyenda-realidad de sus orígenes. Su familia salió de Polonia en tiempos de Catalina la Grande porque Stanislao Augusto Poniatowski fue el último rey de Polonia. Hija del príncipe heredero Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski y de María de los Dolores Amor Escandón, ciudadana mexicana de ascendencia francesa. Usted, por tanto, sería la princesa heredera del trono de Polonia, Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor. Salieron todos de Polonia y se exilaron en Francia. Incluso creo que intentaron casarla con un príncipe heredero de una corona europea. Todo este entramado tan excepcional indiscutiblemente ha tenido que influir en la conformación de su personalidad.

- ¿Como se lleva todo eso después de los años y en un país tan republicano como México?

- Lo que mas influyó fue la educación de niña que fue muy severa desde el punto de vista emocional. Yo no recuerdo a mi madre antes de los 9 años. Solo la veía en ráfagas. Entre mi madre y yo siempre hubo intermediarios (nunca habla de su padre). En la guerra fuimos, mi hermana y yo, a vivir con mis abuelos al sur de Francia. Yo tengo recuerdos e imágenes de mi madre muy difusos, sin presencia, con una gran distancia. Siempre viajábamos e íbamos de vacaciones con las nanas e institutrices y separados del resto de la familia Yo creo que esta situación provocó un enamoramiento tremendo de una niña hacia su madre. Todavía, ahora a los 76 años tengo una fijación bárbara con mi madre. Le hablo, pienso en ella todos los días, creo que por el periodismo la tuve muy abandonada. En fin, mi madre es para mí un gran personaje que crece dentro de mí, año tras año. Murió en 2001 y como me dieron el premio Alfaguara de novela me pillo de aquí para allá y no pude hacerle el duelo. Fue un momento muy terrible en mi vida.

- Por tanto, ¿Su educación iba dirigida a ser Princesa heredera?

- Mi educación iba dirigida al matrimonio y a ser madre de familia.

- Pero usted se me va por la tangente y aunque no he venido a hablar de princesas, ¿usted fue educada para ello?

- Francia era una República aunque existía un culto a los personajes principescos. Mi familia se movía en esos círculos, si: el mundo de la ilusión, del glamour, de las revistas de sociedad.

La Reina Sofía me cae bien

- Y aprovechando el contexto, ¿Usted que es una mujer tan progresista, que piensa de una institución tan conservadora como la monarquía?

- Ya no hay monarquías en casi ningún país, excepto en alguno europeo y africano. En tiempos hubo reyes muy buenos y muy notables, pero en este momento yo no tengo nada que ver con la monarquía.
- ¿Y la monarquía española?

- La Reina Sofía me cae bien (se queda pensativa un momento y suelta frases a borbotones) –Son un adorno pero si son muy costosos no me parece bien. Pero creo que en su país tengo entendido que gustan a la gente, que se mantienen por que les hace ilusión, porque llenan las páginas de las revistas del corazón. Su valor se lo dan en estos momentos las revistas, pero yo no se que papel cumplen ahora mismo. Se que ahora tienen ustedes un problema bárbaro por el que han procesados a unos colegas suyos por unos dibujos de humor, esto pues no me parece bien.

El periodismo me hizo persona y me acercó a la dura realidad de este país tan convulso

Pero no hemos venido solamente a hablar de princesas y monarquías. Usted es una escritora y periodista universal indiscutible. Lleva más de 50 años en este oficio tan complicado, tiene una extensísima obra narrativa que abarca todos los géneros, ensayo, novela, relato corto, la crónica periodística; está traducida a multitud de idiomas y no solo eso sino que muchas de sus obras son reeditadas por que el público las demanda… Indiscutiblemente esto es un reconocimiento a su labor profesional.

- ¿Empieza usted a trabajar como periodista en el Excelsior en 1953?

- Fue mi primera experiencia y me destinaron a una sección de mujeres y para las mujeres, la crónica social de fiestas, bodas, bailes... Había una exhibición de las ricas casaderas como en escaparate. Fui multitud de veces a una iglesia bellísima que se llama la Profesa, donde se hacían las bodas más elegantes, cubría exposiciones. Yo para cambiar un poco lo que se hacía, al final de mis crónicas introducía una listita en la que calificaba a la más antipática, la más recatada, la más bonita, la del precioso vestido de siempre, la del sombrero mas estrafalario, la de mas mal humor… Eso me creo alguna enemistas.

- ¿Firmaba como Helene?

- Si con mi nombre de nacimiento en francés. Era más chic, más glamuroso.

Del Excelsior me pasé al Novedades y allí me quede hasta el año 1985, toda una vida. Me fui a La Jornada por una simple razón. Hacía las crónicas del terrible terremoto y en el Excelsior me rechazaron una de ellas. Yo veía muchas injusticias, pero había que seguir las directrices del Presidente Miguel de la Madrid, de volver a la normalidad. Como la Jornada estaba en la contraesquina me cruce para que me la publicaran en la competencia. Estaban reclutando gente para trabajar y fue el momento del cambio. Esa fue la razón.

- Usted ha manifestado que se siente ante todo periodista. “Tengo el sello, la marca de fuego del periodista como un tatuaje que supongo que nunca va a desaparecer. Y me enorgullece mucho serlo porque el periodismo me ha dado todo lo que soy, todo lo que he aprendido y toda la gente a la que he conocido”.

- Es totalmente cierto. Tuve una educación de convento de monjas en Estados Unidos. Sabía idiomas, rezar, poner la mesa, convivir con distintas personas, con distintos intereses…Esa realidad no te sirven para enfrentarse a la vida. El periodismo me acerco a la brutal realidad cotidiana de este controvertido país. Me hizo persona y yo se lo agradezco. Aunque hay una frase del poeta Eliot que dice que el ser humano no aguanta mucha realidad y a veces esta te lleva al suicidio.

Las periodistas somos más honestas y menos corruptas que los hombres

- ¿Cómo definiría su periodismo: transformador, militante….?

- Corresponde al que han hecho las mujeres en los últimos años en México. Ha habido muchísimas compañeras en las que me he sustentado para hacer mi trabajo. Estupendas corresponsales de guerra, directoras de periódicos, como La Jornada y El Día, grandes entrevistadoras.

- ¿Hay un periodismo de mujeres, con identidad común?

- Yo creo que sí. Hay muchas mujeres en toda la profesión y creo que todas tenemos un gran coraje. Tienen el ejemplo de Lydia Cacho, que se ha enfrentado a los pederastas, o las que han investigado sobre el feminicidio en Ciudad Juárez. En el norte, las compañeras que han cubierto la droga, muchas han sido perseguidas y asesinadas y han corrido mayores riesgos que los hombres. Ahora las mujeres se han ganado el respeto y han demostrado que son más honestas y menos corruptas que los hombres. En general no aceptamos el challote (sobre con dinero que se da a los periodistas como soborno); no hemos caído en eso, ni nos interesa, ni vamos a caer. En definitiva, somos menos corruptas. Pero cuando yo comencé era tremendamente difícil.

- ¿Y hay una literatura de mujeres?

- Las mujeres somos las que más leemos y las que más promovemos las artes y las letras. En Monterrey la mayoría de las galeristas y directoras de editoriales son mujeres.

- Y de escritoras españolas ¿Cuáles le interesan?

- Me gusta mucho Ana María Matute, Carmen Martín Gaite (a la que deberían haber dado el Premio Cervantes) y sobre todo me conmueve mucho Mercé Rodoreda, la que escribió La Plaza del Diamante.

La literatura es una gran aventura solitaria

- ¿Cómo resuelve la dualidad de periodista y escritora?

- Muchos de mis libros de ficción están basados en mi labor periodística.

- ¿Aplica el mismo registro para la ficción que para el periodismo?

- Hago lo que puedo y lo que mejor me sale. La literatura es una gran aventura solitaria frente a la mesa de trabajo y nunca se sabe que es lo que va a salir. El periodismo es otra cosa, tienes que contar con los demás, con sus palabras y sus acciones.

- ¿En su obra de ficción está constantemente haciendo ejercicios de estilo?

- Intento que la forma este acorde con las sensaciones que pretendo provocar.

- ¿La historia contemporánea de México se ve reflejada en sus libros?

- Hay libros sobre diversos momentos de la historia de mi país, la matanza del 2 de octubre de 1978, La noche de Tlatelolco, una masacre que todavía no se ha resuelto; la huelga minera de 1959, El tren pasa primero, en donde las mujeres, las cuchitecas y las teguanas, tuvieron una papel decisivo, se tiraron sobre los rieles para impedir que sus compañeros pusieran en marcha los trenes; y mi último libro Amanecer en el Zócalo, que es la crónica de los 50 días del plantón, entre otros muchos.

México esta tremendamente dividido

Usted apoyó al candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador y también participo activamente en el platón. Los sectores conservadores arremetieron contra usted de forma virulenta. Ha sido y es todavía amenazada.

- ¿Ha sentido miedo?

- Con la edad sí. Con la juventud te mueves en una burbuja de inconsciencia. Yo antes me sentía como resultado de mi condición social muy querida pero a partir de 2006 he sentido mucho el odio de la gente. Salía a comprar al supermercado y todo el mundo me saludaba con simpatía, ahora se me acercan y me dicen que he hecho mucho daño al país. Yo me dirigía con mucha confianza a la gente y ahora la he perdido.


- ¿Se arrepiente de haber apoyado al PRD?

- No. De ninguna manera. No tiene sentido arrepentirse de lo que una hace por que cree que lo debe de hacer.

- ¿Cómo va este país tan extraordinario, México?

- Estamos viviendo una época muy triste. Me siento desolada por el fraude. Somos muchos los que todavía apoyamos a López Obrador. México está tremendamente dividido, lo cual es muy tremendo para la gente que tiene necesidades horribles. Existe una gran pobreza y grandísimas fortunas, las mas grandes del mundo. Fox es un vanidoso superficial, que dejó un país destrozado, dolido, no hay trabajo y así estamos.

- ¿Usted ha dicho que ahora lo que más felicidad le aporta es estar con sus hijos y sus nueve nietos?

- Me complace mucho, pero también estar con la gente que quiero y que siento que hay un interés común, con la que comparto ideales. Me complace estar con niños, no sólo los míos, todos los niños. Yo antes me detenía poco, pasaba como chiflanazo por la vida. Ahora disfruto de los placeres de una buena comida, una buena conversación, y con la edad (tengo ya 75 años) he cambiado de ritmo. Ahora disfruto mucho por donde pongo los pies.


Fuente: Ameco Press

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in