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agosto 10, 2026

Economía feminista visibiliza trabajos de cuidado, destaca experta de la UNAM; analizan impacto de las desigualdades

Especialistas inauguraron el II Coloquio de Economía Feminista "Crisis de la reproducción social"

Mujeres trabajando (08/08/2026). Foto: Especial


Los trabajos de cuidado, alimentación, afecto y educación que sostienen la vida cotidiana continúan siendo desvalorizados y distribuidos de manera desigual, advirtió la directora de la Facultad de Economía de la UNAM, Lorena Rodríguez León, al inaugurar el II Coloquio de Economía Feminista “Crisis de la reproducción social”, donde especialistas analizaron el impacto de las desigualdades estructurales sobre mujeres y grupos históricamente subordinados.

Durante el encuentro, organizado por la Facultad de Economía en colaboración con la International Development Economics Associates (IDEAs) y la Red de Economía Feminista en México (REFEM), la académica afirmó que la economía feminista ha sido fundamental para colocar la sostenibilidad de la vida en el centro del análisis económico.

Explicó que el concepto de reproducción social permite visibilizar actividades indispensables para el funcionamiento de las sociedades, como el cuidado, la alimentación y la educación, que históricamente han permanecido fuera de las mediciones económicas tradicionales.


Rodríguez León señaló que el coloquio partió de preguntas clave para entender el presente: cómo se manifiesta la crisis de la reproducción social en el capitalismo contemporáneo y qué herramientas ofrece la economía feminista para comprenderla y construir alternativas.

Añadió que estas reflexiones y cobran relevancia ante el agravamiento de desigualdades que afectan de manera diferenciada a mujeres, personas racializadas y otros grupos en condición de vulnerabilidad.

Por su parte, Antonio Ibarra Romero, jefe de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía, destacó que la Especialización El Género en la Economía cumple 20 años dentro del Programa Único de Especializaciones en Economía (PUEE), consolidándose como una de las principales opciones de formación en este campo en México.

Asimismo, subrayó el creciente interés de nuevas generaciones de investigadoras e investigadores por los estudios de economía feminista.

El coloquio reunió a 43 participantes de licenciatura, maestría y doctorado provenientes de 15 instituciones de México y Brasil, entre ellas la UNAM, El Colegio de México, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad de São Paulo.

Las actividades se desarrollaron en 12 mesas temáticas agrupadas en cuatro ejes: cuerpo, territorio y extractivismo; deuda, financiarización y seguridad social; división internacional del trabajo; y alternativas frente a la crisis de la reproducción social.

El encuentro fue coordinado por María del Rosario Aparicio López, responsable de la Especialización El Género en la Economía, con financiamiento de IDEAs y respaldo de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía.

Por María Cabadas
Fuente: El Universal

julio 24, 2026

Entrevista a Lourdes Beneria, catedrática de Economía y feminista. Recorrer el mundo para hacer visible lo que la economía ignoraba

Fuentes: El diario [Imagen: Lourdes Beneria, fotografiada tras realizar esta entrevista. Xavi Miralles]


La catedrática emérita y pionera de la economía feminista repasa en esta entrevista los inicios y su trayectoria en un mundo en el que tanto la universidad como las estadísticas eran cosa de hombres


Lourdes Beneria (Vall de Boí, 1937) lleva toda la vida siendo una pionera sin proponérselo. Nació en un valle del Pirineo leridano y estudió en una época en que muy poca gente lo hacía y menos las mujeres. Escogió Economía cuando se acababa de estrenar una nueva facultad en Barcelona y solo ella y otra alumna acabaron la carrera. El resto de los licenciados eran hombres, algo que en esos tiempos era habitual. Ellos eran mayoría entre el alumnado y aún más entre el profesorado.

Pasó por Francia e Inglaterra antes de obtener la beca Fulbright que le permitió trasladarse a Estados Unidos. Más tarde es ahí donde se hizo un nombre como docente. Pronto descubrió que, como en tantas disciplinas, las mujeres éramos invisibles en estudios y estadísticas. “El trabajo doméstico, los cuidados o el empleo informal de muchas mujeres existían, pero quedaban fuera del relato económico dominante”, explica.

Beneria rememora su trayectoria sin querer darle importancia, pero sus trabajos, recogidos en decenas de artículos y libros, la han convertido en un referente de la economía feminista. Hablaba de desigualdad de género cuando prácticamente nadie sabía qué era o de la importancia de que el sector público invierta en políticas de cuidados cuando los debates iban por otro lado. Tuvo conciencia ecologista también muy pronto. En eso también fue una pionera.

Usted nace en el Valle de Boí y acaba siendo catedrática en Cornell, en Estados Unidos. Dicho así, parece casi una vida de película.

No sé si de película, pero sí que ha sido una vida de mucho trabajo, muchos pasos y también de quebraderos de cabeza.

¿Cómo fue salir del Pirineo para empezar a estudiar?

Los tres primeros cursos de bachillerato los hice por libre: me preparaba con una maestra y acudía a examinarme al Instituto de Lleida. Después ingresé como interna en el colegio de la Sagrada Família de Lleida. Cuando llegó el preuniversitario, como allí todavía no se podía cursar, tuve que venir a Barcelona.

En aquella época estudiaban pocas chicas, especialmente en el Pirineo. Dependía mucho de si la familia podía pagar el viaje y la pensión.

¿Siempre tuvo claro que quería estudiar?

A partir de un cierto momento del bachillerato, sí. Mi familia no se opuso. Éramos seis hermanos y yo era la pequeña, con trece años de diferencia respecto al hermano anterior. Dos de mis hermanas también habían estudiado: una era farmacéutica y la otra, maestra.

¿Cómo decidió estudiar Economía?

Cuando llegué a Barcelona todavía dudaba entre ciencias y letras. Un día leí en La Vanguardia que se creaba una nueva facultad de Económicas y pensé que podía estar a medio camino entre ambas ramas. También tenía mucha curiosidad por entender la diferencia entre capitalismo y socialismo.

El primer curso éramos unas sesenta y cinco personas y solo tres mujeres. Al final, terminamos solo dos.

¿Cuándo descubrió qué ámbito de la economía le interesaba más?

La carrera duraba cinco años. Poco a poco vi que no quería dedicarme ni a la teoría económica ni a la historia económica. El último año tuve un profesor de comercio internacional y aquel campo me interesó mucho.

¿Cómo llegó a Estados Unidos?

Antes pasé temporadas en Francia e Inglaterra para aprender idiomas. Después obtuve una beca para estudiar el Mercado Común. Cuando quise volver a Inglaterra, me explicaron que las becas Fulbright facilitaban el acceso a Estados Unidos. Presenté la solicitud sin demasiada confianza, pero me la concedieron.

Allí hice un máster de un año y después volví a Barcelona. Me casé con un estadounidense y, una vez cumplidos los dos años de residencia obligatoria en el país de origen que exigía la beca, regresamos a Estados Unidos.

¿Cómo fue hacer el doctorado con dos hijos pequeños?

Muy difícil, pero salí adelante. Primero empecé en Columbia, pero me quedé embarazada y pedí una excedencia. Durante un tiempo vivimos cerca de Filadelfia porque mi marido había encontrado trabajo allí. Cuando volvimos a Nueva York, me matriculé de nuevo en el doctorado, ya con dos hijos.

¿Cuándo empezó a interesarse por la desigualdad de género?

El feminismo no ocupó un lugar central en mi pensamiento hasta finales de los años sesenta. Mi tesis doctoral estudiaba el sistema educativo español, pero incluía un capítulo sobre la educación de las mujeres. Aquella parte, que al principio parecía secundaria, acabó siendo la que más me interesó.

De aquel capítulo surgió mi primera publicación. Anagrama publicó el texto porque prácticamente no había trabajos en castellano sobre esta cuestión. Yo no era demasiado consciente de ser pionera; simplemente era un tema que me interesaba.

¿Cómo fueron sus primeros años como profesora en Estados Unidos?

Después del doctorado trabajé en la Universidad de Rutgers, cerca de Nueva York, y más adelante también enseñé en Columbia. Impartía asignaturas de economía, como macroeconomía o comercio internacional, pero al poco tiempo también empecé a ofrecer un curso sobre mujeres. En aquel momento había muy poca bibliografía y hacíamos lo que podíamos.

Yo no era demasiado consciente de ser pionera; la desigualdad de género simplemente era un tema que me interesaba.

En 1979 trabajó en la Organización Internacional del Trabajo. ¿Qué descubrió allí?

En un viaje a Marruecos observé una contradicción muy clara. Las estadísticas decían que la participación laboral de las mujeres era muy baja y la de los hombres, muy alta. Pero en un pueblo de montaña vi a mujeres realizando todo tipo de trabajos duros —transportando productos, lavando ropa, cuidando criaturas— mientras muchos hombres estaban en las tiendas sin actividad porque no era temporada turística.

Aquello me hizo ver que las estadísticas no contabilizaban buena parte del trabajo femenino. No era un problema exclusivo de Marruecos; también ocurría en España y en muchos otros países. De ahí nació un artículo sobre producción, reproducción y división sexual del trabajo.

¿Le hicieron caso?

No demasiado. Cuando propuse revisar las estadísticas laborales, algunos se rieron. Pero, con el tiempo, la cuestión se fue incorporando a los debates de la OIT y se empezó a contabilizar mejor el trabajo de las mujeres.

También investigó el trabajo precario de las mujeres en México.

Sí. Cuando volví a Estados Unidos hice trabajo de campo en México sobre la maquila doméstica: mujeres que trabajaban desde casa en tareas industriales muy mal pagadas y en barrios muy pobres. Realicé el estudio con una socióloga argentina y de él salió un libro. La Fundación Ford financió la investigación, que nos ocupó dos veranos.

En cierto modo, su investigación ha consistido en hacer visibles realidades ocultas.

Sí, sobre todo realidades que no aparecían en las estadísticas ni en las publicaciones académicas. El trabajo doméstico, los cuidados o el empleo informal de muchas mujeres existían, pero quedaban fuera del relato económico dominante.

¿Cómo valora hoy la evolución de las mujeres en el mundo laboral?

No se puede generalizar, porque depende mucho del país, del sector y del contexto. Pero se ha avanzado enormemente. Las Naciones Unidas han tenido un papel importante, especialmente con la Conferencia de Pekín, que marcó un antes y un después. Hoy la desigualdad de género es mucho más conocida y preocupa a mucha más gente.

¿Qué queda todavía por hacer?

Queda mucho, sobre todo para las mujeres migrantes, que a menudo ocupan los empleos más precarios y tienen menos opciones laborales. El ámbito de los cuidados sigue siendo central. Ahora se habla mucho más de ello que antes, pero los presupuestos públicos todavía son insuficientes, tanto a escala estatal como local.

¿Cree que existe el riesgo de retroceder en derechos?

Sí. En Estados Unidos y en otros lugares han aparecido movimientos que defienden un retorno a modelos tradicionales. Aun así, pienso que no volveremos exactamente al punto de partida, porque cuando las mujeres han conquistado espacios y derechos es difícil que los abandonen por completo.

La economía no es solo una cuestión de cifras, sino también de derechos y de poder.

¿Cómo ve el trumpismo?

Como un desastre. Me cuesta reconocer aquel país. Cada día es más reaccionario y autoritario. Una parte del movimiento MAGA procede del conservadurismo de siempre, pero también hay personas castigadas por las crisis económicas y por la pérdida de empleo industrial. Trump ha sabido convertirse en el líder de ese malestar y de sectores que antes no estaban tan organizados.

¿Qué piensa del discurso de la “prioridad nacional” respecto a la inmigración?

Es un discurso insolidario y alejado de la realidad. Nuestras economías dependen en buena parte de la mano de obra migrante. Es cierto que su incorporación puede generar desequilibrios temporales, pero no se puede ignorar que muchas actividades económicas necesitan a estas personas.

¿Puede la educación combatir estos discursos?

La educación es importante, pero no basta. También hacen falta conversaciones, debates y capacidad para convencer. Yo siempre he sido más bien tímida —soy del Pirineo—, pero me ha gustado argumentar e intentar convencer sin ser agresiva.

También ha defendido alternativas económicas vinculadas al ecologismo. ¿Le preocupa que el cambio climático haya perdido centralidad?

Mucho. La lucha contra el cambio climático no es una bandera ideológica, sino una necesidad. Me preocupa el avance del negacionismo y los intereses económicos que hay detrás.

En Cornell participé en una protesta para evitar que destruyeran una pequeña zona arbolada del campus. Al final llegaron las excavadoras y talaron los árboles. Aquel día lloré, como muchos estudiantes y profesores. Desde entonces entendí de otra manera qué representan los árboles y cómo todo está relacionado.

La lucha contra el cambio climático no es una bandera ideológica, sino una necesidad.

¿La economía influye más en la vida de lo que solemos pensar?

Sí. La economía tiene muchas ramificaciones y no se puede separar de la naturaleza, la sociedad o la política. La industria moderna y el modelo económico pueden provocar un daño enorme si no se tienen en cuenta estas relaciones.

¿Qué recomendaría hoy a un estudiante de Economía?

Que entienda que la economía no es solo una cuestión de cifras, sino también de derechos y de poder. Y, sobre todo, les diría a las chicas que sus derechos valen tanto como los de los chicos, que deben luchar por la igualdad y que no deben permitir que regresen las leyes ni las prácticas del pasado.

¿Por qué decidió regresar definitivamente a Catalunya?

Cuando me jubilé me planteé quedarme en Ithaca, donde está Cornell, porque estaba muy bien allí, tenía muchos amigos y era una ciudad agradable. Pero ninguno de mis hijos vivía en Estados Unidos y mi familia estaba aquí. Finalmente, el peso de la familia y el vínculo Catalunya y el Valle de Boí me hicieron volver.

Se marchó del valle con trece años. ¿Volver es una forma de cerrar el círculo?

Sí. Es un poco aquello de recorrer el mundo y volver a casa. Me gusta regresar. Hace poco una prima encontró una fotografía mía de pequeña, con una ternera, y durante días no sabía quién era aquella niña. Cuando me la enseñó, me reconocí enseguida. Fue como reencontrar una parte muy antigua de mí misma.


Fuente: El Diario.es

septiembre 03, 2025

Economía feminista en América Latina: desde las teorías de la reproducción social al rol del endeudamiento en los hogares


Economía feminista en América Latina: desde las teorías de la reproducción  social al rol del endeudamiento en los hogares | la diaria | Uruguay
Escuela de Invierno. Foto: Hernán Colazo.


Académicas de toda la región participaron en un primer encuentro sobre economía política feminista en Brasil, donde debatieron en torno al marco teórico y a la construcción de un pensamiento crítico desde el Sur Global.

Un grupo de 50 mujeres y disidencias se encontraron en Río de Janeiro a fines de julio para reflexionar y discutir sobre economía política y feminista. Viajaron desde Argentina, Ecuador, Colombia, Chile, México, Paraguay, Uruguay y diferentes puntos de Brasil. La mayoría son economistas, pero también las hay comunicadoras, trabajadoras sociales, sociólogas, antropólogas y politólogas.

Durante cinco días tomaron clases sobre economía feminista, teorías de la reproducción social, decolonialidad, mercado de trabajo, financiarización y deuda. En este recorrido teórico pasaron de lo macro a lo micro, y se cuestionaron en grande: ¿qué es la economía feminista?; ¿cómo la gente se provee para la vida?; ¿por qué se perpetúa este sistema capitalista que nos daña?

La Escuela de Invierno: Debates Contemporáneos de la Economía Política Feminista fue una iniciativa de la International Development Economics Associates (IDEAs), junto con el Núcleo de Estudos e Pesquisas de Economia e Feminismos (Nuefem), del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). También contó con el apoyo del Instituto Eqüit. Fue el primer encuentro de este tipo en Brasil y se organizó con el objetivo de propiciar una masa de pensamiento crítico en torno a la economía política y feminista en América Latina. la diaria estuvo presente.
Cada vez más (y peor) endeudadas

“La deuda es un mecanismo disciplinador de los hogares y los países”, sentenció la economista argentina Corina Rodríguez, que junto con la socióloga argentina Florencia Partenio dirigió la clase “Financiarización, deuda y políticas de austeridad”. Para Rodríguez, cuando “la deuda es la forma de organización de un hogar o un país, el futuro está hipotecado”. Y no sólo eso; agregó que la deuda profundiza el carácter extractivista de los países latinoamericanos: “La deuda [externa] se paga en dólares a través de la exportación de recursos naturales como la soja y los minerales”.

Pero cuando se habla de la economía en los hogares y de la ruta del dinero a nivel microeconómico, según Partenio, es fundamental observar el mercado de créditos, que ha tenido una gran expansión en el último tiempo debido al despegue de la economía financiera sobre la economía real. Es decir, han crecido la especulación, los créditos y la deuda, por sobre la producción y el salario, lo que afecta a los sectores más populares que dependen cada vez más de los créditos y las tarjetas para (sobre)vivir.

Lo que Partenio observa en el trabajo de campo en Argentina es que “los hogares no pueden afrontar los gastos cotidianos. El endeudamiento les ofrece un alivio económico en el corto plazo, pero les produce más desigualdad en el largo plazo”. Ahora el endeudamiento de los hogares populares tiene como objetivo el consumo cotidiano, principalmente en salud, educación y alimentación. Hay que endeudarse para llenar la olla, comprar los útiles para la escuela y las consultas en la mutualista. Es en este contexto que la socióloga advirtió que “los hogares monomarentales con más cargas de cuidados y menos ingresos son los más endeudados”. No sólo eso, sino que, en general, las mujeres se endeudan para el cuidado de los y las otras, sin tener en cuenta el cuidado propio, como puede ser el control ginecológico.

Claro que Uruguay no escapa al problema de la deuda. El grupo de trabajo Endeudamiento ¡Uy! llevó adelante recientemente un estudio sobre las percepciones de los hogares con respecto al endeudamiento. Allí destacaron que más de un tercio de quienes tienen relación con el crédito presentan dificultades para pagarlo. Y la situación de las mujeres adultas consultadas para el estudio tiene varios puntos en común con lo que describió Partenio en el encuentro de economía política feminista.

En el informe, titulado Interés por intereses: análisis del endeudamiento de los hogares y reglamentación del crédito en Uruguay, se detallan los resultados de un grupo de discusión con 12 mujeres adultas que se realizó en mayo de 2025. Las integrantes de este grupo residen en Montevideo, son de clase media-baja, trabajadoras dependientes y con personas a cargo. Para ellas, “el endeudamiento no se presenta como una elección, sino como una posibilidad para sostener la vida cotidiana y los proyectos familiares”. Endeudarse se convirtió en una necesidad para llegar a fin de mes; como dijo una de las participantes: “En mi casa se está comiendo a crédito desde hace dos años”.

Las razones que podrían explicar la situación de estas mujeres, según el informe, tienen que ver con la precariedad laboral, la sobrecarga de tareas y la imposibilidad de alcanzar una estabilidad económica. Y ¿quién gestiona la deuda en los hogares? Las mujeres. En el grupo “se observa un reconocimiento explícito del mandato de resolver, cuidar y evitar el colapso económico familiar, incluso asumiendo deudas por otros o sirviendo de garantía. Este rol, aunque asumido con compromiso, es también fuente de tensión y carga mental”, se explica en el informe.Apoyá nuestro periodismo.

A su vez, una de las mujeres consultadas dijo: “Yo estoy en el crédito desde hace muchos años. Y digo: nunca salís. Mentira que salís”. Así se forma la calesita, se paga un crédito con otro crédito, se hipoteca el futuro, y se disciplinan los hogares y los cuerpos de las mujeres.
Cuando la economía es atravesada por los feminismos

“La economía es una de las áreas más masculinizadas. Más que la matemática. Yo recién descubrí la economía feminista en tercer año del doctorado”, dijo la economista brasileña Luiza Nassif Pires, encargada de impartir la clase “Fundamentos feministas para entender la economía”. A pesar de las barreras que transitan, las académicas economistas están haciendo dialogar dos mundos que parecen muy distantes, pero que tienen mucho que aportar el uno al otro.

“El sistema económico reproduce y profundiza la opresión contra las mujeres”, aseguró Nassif. Para ella, cualquier análisis feminista tiene que partir de este punto, y tener presente que “todas nuestras visiones son parciales y están situadas”. Es decir, toda producción está influenciada por el lugar social, histórico y cultural del que forma parte. Para Nassif, una pregunta orientadora en la economía feminista debe ser: “¿Cómo se provee la gente para la vida?”.

Más tarde, la economista y doctora en Sociología Natalia Flores Garrido (una de las organizadoras del encuentro como integrante de IDEAs) se cuestionará qué es la economía feminista en su clase “Teorías de la reproducción social: contribuciones y debates”: “¿La economía feminista es incorporar la categoría de género a la categoría de economía que ya existe, o podemos construir una teoría propia?”.

“Las mujeres no existimos aisladas de la realidad social. El género es algo que se produce, que se hace todo el tiempo, no es estático. No podemos hablar de las mujeres, eso existe sólo de manera ficticia, porque esos cuerpos tienen raza y clase, un montón de características que nos hacen diferentes”, agregó Flores.

Por eso, la economista mexicana reflexionó sobre la situación de los extensos vertederos de basura que existen en Ghana: “No diría que más mujeres se ven afectadas por los vertederos en Ghana, o que los hombres son los que se benefician más de la recolección de basura; ese es un análisis muy mezquino. En tanto feministas economistas con el horizonte en la justicia social, nuestro objetivo no es que las mujeres puedan ir a sacar basura a ese vertedero, sino que ese vertedero no exista. Hay que ver cuáles son los procesos y la estructura que permite que este tipo de fenómenos ocurran”.

Las teorías de la reproducción social o los cuerpos mercancía

Si hay un elemento central en los debates feministas de los últimos años es el de los cuidados. Y no se puede hablar de cuidados sin hablar de las teorías de la reproducción social, una corriente teórica muy activa en los feminismos desde hace al menos 20 años. “Todas las teorías de la reproducción social son marxistas. Es imposible que no lo sean”, apuntó Flores.

Los estudios de Karl Marx se basan en cómo surge y se reproduce el sistema capitalista, y cómo los modos de producción de todas las sociedades tienen mecanismos que perpetúan las relaciones de poder en el tiempo. La clase capitalista depende de la clase trabajadora para acumular capital, y la clase trabajadora depende de la capitalista para sobrevivir. Ahora, para Flores, en el marxismo “hay poca o nula teorización sobre la reproducción de la mercancía fuerza de trabajo, sobre qué pasa para que esa mercancía se reproduzca”.

Para acercarse a estas teorías, Flores explicó: “El capitalismo depende totalmente de la reproducción social. El capitalismo es reproducción social. No sólo se produce mercancía en espacios como el trabajo, las escuelas, las calles o los hospitales. Una gran parte se produce en la casa a través del trabajo doméstico y de cuidados. Ese trabajo doméstico y de cuidados, ¿qué mercancía de trabajo reproduce? Reproduce la clase a la que pertenecemos”.

“El capitalismo convierte nuestros cuerpos en mercancía” –dirá Flores más tarde–, “y eso es imperdonable”.

Mãe preta, doméstica y mulata

Parece casi impensable que en un encuentro feminista en Brasil no se mencione a Lélia González (1935-1994), una de las más importantes activistas e intelectuales del país, y pionera en las teorías del feminismo negro en América Latina. En la clase “Economía feminista y decolonialidad: debates analíticos y cuestiones metodológicas”, la profesora y economista argentina Margarita Olivera (otra de las organizadoras del encuentro por la UFRJ) explicó algunas ideas fundamentales de la teoría de esta intelectual brasileña.

González profundizó en la interseccionalidad entre racismo y sexismo en Brasil, un país donde fueron llevadas forzosamente desde África más de cinco millones de personas esclavizadas durante la época de la colonia (siglos XVI al XIX). A través de este proceso se colonizaron los cuerpos y el territorio, se “apagaron los saberes de las mujeres” y se inició “un proceso de violencia sexual muy profunda”. Desde “allí se fundó el nuevo modelo económico”, dijo Olivera.

Las consecuencias de ese proceso colonizador siguen presentes en la sociedad brasileña (y latinoamericana) actual. Olivera lo explicó a través de uno de los aportes fundamentales de González, el del mito de la “democracia racial”. Este cuestiona la idea arraigada de un Brasil sin racismo que se evidenciaría en su amor por el samba o en la ausencia de una política de segregación racial como la del apartheid en la Sudáfrica de la segunda mitad del siglo XX. En este sentido, problematizó la triada mãe preta (nodriza en la época de la esclavitud), doméstica y mulata (en el samba), las tres encarnaciones históricas y simbólicas de la mujer negra en la sociedad brasileña, sobre las que se sostiene el sistema capitalista, desigual y racista.

Fuente: La Diaria.es

marzo 09, 2025

Renta básica y feminismos: un paso adelante radical para caminar juntas+

En diciembre de 2019, se lanzaba la iniciativa ‘Un manifiesto feminista para la renta básica’, en un contexto de hermoso auge feminista. A medida que ha avanzado el lustro, el clamor por alternativas a este régimen del capital contra la vida ha tenido que enfrentarse al gran ruido reaccionario.





Hace ya más de cinco años, en diciembre de 2019, se lanzaba la iniciativa “Recursos y autonomía para todas: un manifiesto feminista para la renta básica”. En el documento, se abordaba una serie de potentes razones para apoyar la renta básica desde una perspectiva feminista, pero también se recordaba que para que esta medida pueda contribuir a un horizonte feminista, en ningún caso debería sustituir a los servicios públicos.

Se trataba, sobre todo, de situar de manera estratégica esta demanda en el centro de nuestra agenda como feministas que luchamos por la emancipación y la igualdad, pues una renta básica universal supondría una base material para romper dependencias que sustentan situaciones de opresión y de violencia, en relación a parejas, pero también jefes, o al propio Estado. “Es inaplazable empujar con la fuerza del movimiento feminista apuestas que apunten a garantizar lo necesario para el sostenimiento de la vida”, se afirmaba en el escrito un lustro atrás. Un lustro que tanto para los feminismos como para el movimiento por la renta básica, ha sido largo e intenso. 

Nunca se viene de la nada

Por recapitular brevemente, el manifiesto se divulga después de un ciclo muy activo en la defensa de la renta básica universal. En una muy breve genealogía, podríamos marcar algunos antecedentes importantes, como la ILP que aglutinó a diversas organizaciones y colectivos para llevar el debate sobre la renta básica al Congreso en 2014, la creación del círculo de renta básica de Podemos, partido que incluyó la propuesta en su debut electoral, con el programa participativo para las Europeas de ese mismo año, o la Marcha Básica de 2018, heredera de las marchas de la dignidad, que reivindicaba como demanda fundamental una renta suficiente, incondicional, individual y universal. Desde la veterana Red Renta Básica gran divulgadora de la propuesta en el Estado, a la Marea Básica, de la que forman parte organizaciones de base en todo el territorio, pasando por la coordinadora de colectivos Baladre, la renta básica ha contado y cuenta, con numerosos actores que en ciclos más o menos intensos siguen manteniendo el debate vivo.

Los años previos al “manifiesto feminista por la renta básica” también fueron hermosos años de auge feminista. El mismo 2014, el movimiento feminista fue firme en su pulso contra la reforma reaccionaria de la Ley del Aborto de Gallardón tomando las calles y provocando la dimisión del ministro de justicia de su cargo. Un año después, el movimiento Ni Una Menos en Argentina, hacía llegar sus ondas expansivas por todo el mundo, adelantando una época de internacionalización de las luchas. Paralelamente, la economía feminista venía reclamando su lugar con fuerza, y la conversación sobre los cuidados cobraba protagonismo. Las huelgas feministas de 2017 o 2018 marcaban otros hitos, en un contexto en el que las movilizaciones de los 25 de noviembre y los 8 de marzo devenían masivas.

En 2014 se daba una interesante conversación entre la renta básica y los feminismos, como prueban la iniciativa de las iguales propuesta por Baladre en 2014 o las críticas de economistas feministas

En este marco, se daba una interesante conversación entre la renta básica y los feminismos. Prueba de ello fue la iniciativa de la renta básica de las iguales propuesta por Baladre en 2014, pero también las críticas por parte de muchas economistas feministas. Y es que, desde posturas feministas, se señalaba de que la propuesta de la renta básica dejaba fuera la cuestión de los cuidados, por lo tanto no era transformadora desde una mirada de género, y a su vez, alertaban, podía profundizar la división sexual del trabajo, contribuyendo a que las mujeres prefirieran abrazar el trabajo reproductivo, sin ganar independencia, en un marco de precariedad laboral.

Frente a las críticas, tampoco faltaban las feministas que argumentaban a favor de la renta básica. Cabe destacar el movimiento feminista italiano que en 2017 defendía el reditto di autodeterminazione, un renta básica universal que permitiría acabar con las relaciones de dependencia económica que mantienen a tantas mujeres al alcance de parejas violentas. 

Un largo lustro de aceleración fascista

En una era de doctrina del shock cotidiana, en la que se nos obliga a vivir en la reacción continua y se niegan los espacios y los tiempos para pensar colectivamente escaramuzas, cualquier ejercicio de recapitulación se vuelve casi subversivo. Es 2025 y la renta básica universal se halla muy poco presente en el debate público, las fuerzas políticas del cambio hace tiempo que no tienen la renta básica en su agenda, y los feminismos luchan por no verse fagocitados por disputas, grietas y decepciones, cuando son más necesarios, en un movimiento de reacción virulento. Mirar hacia atrás nos puede ayudar también a recordar que este no es más que otro ciclo, un ciclo de mierda, pero no otro “fin de la historia” en su versión distópica. 

Hace cinco años, por estas fechas, mientras se preparaba un 8M habitado de tensiones, la pandemia estaba a punto de precipitarse sobre nosotras e interrumpirlo todo. Y en esa primera gran pausa, zancadilla a la aceleración, justamente afloró con más fuerza que nunca el debate sobre la renta básica universal: la vida no podía depender del trabajo, cada vez más colectivos lo veían claro, la demanda de un ingreso incondicional volvió a figurar en primera línea entre los reclamos de los movimientos sociales y los colectivos. A nivel europeo se iba gestando la Iniciativa Ciudadana Europea por la Renta Básica, un año después en el País Vasco una nueva ILP situaba en el centro la necesidad de una renta universal, y en Catalunya se ponía en marcha la Oficina del Plan Piloto de la RBU.

A medida que ha avanzado el lustro, el clamor por alternativas a este régimen del capital contra la vida ha tenido que enfrentarse al gran ruido reaccionario. Oímos hablar menos tanto de economía feminista, como de la lucha por la renta básica, mientras que la versión fascista 2.0 del neoliberalismo pone en disputa lo más básico: el derecho a la vida. El genocidio en Palestina, el brutalismo para deshacerse de quienes se consideran sobrantes, como las personas que migran, el asalto contra los derechos de las mujeres y las diversidades sexuales, achican el espacio respirable mientras buscamos respuestas.

El Ingreso Mínimo Vital o iniciativas como la que en el País Vasco pretendía fomentar la vigilancia de los perceptores de la Renta Garantizada avanzan en el camino contrario a una Renta Básica Universal

Por otro lado, la insistencia en la aporofobia con prestaciones que abanderan sufrimientos como los generados por el Ingreso Mínimo Vital, o iniciativas como la que en el País Vasco pretendía fomentar la vigilancia de los perceptores de la Renta de Garantía de Ingresos, promoviendo la delación, avanzan en el camino contrario a una Renta Básica Universal. Mientras, gobiernos como el nuestro, asumen sin vergüenza ni debate dedicar la riqueza común a alimentar la industria de las armas aún más, en un panorama bélico que queda en el lado opuesto de cualquier aspiración feminista.
Estructura y urgencia 

Los feminismos parten de una amplia mirada estructural que complejiza las relaciones de poder y desborda la categoría de género. Hace ya más de una década que algunas autoras como Kaori Katada o Caitlin MacLean recordaban cómo centrarse solo en la división sexual del trabajo, es algo que viene haciendo un feminismo heredero de la mirada de Betty Friedan, que si bien pone de relieve el dolor y la falta de autonomía de las mujeres excluidas del trabajo remunerado y del espacio público, obligadas a depender económicamente de sus parejas masculinas, deja fuera otras realidades, como las mujeres racializadas o las obreras, que sí que se veían obligadas a trabajar en el mercado laboral además de soportar la carga de cuidados. Es justamente de estos colectivos, y en particular de las madres solas afroamericanas, estigmatizadas en los años 70, conocidas como las Welfare mothers, donde surgió la demanda por el derecho a recursos más allá de su situación laboral, pues criar a sus hijos, defendían, también era trabajo. 

Son claras las limitaciones del feminismo liberal: durante décadas, para que las mujeres pudieran luchar contra el techo de cristal, liberando tiempo para competir con los hombres (con ese trabajador champiñón del que tanto ha hablado la economía feminista), han sido otras mujeres, alicatadas al suelo pegajoso, las obligadas a resolver en falso la división sexual del trabajo. Por último, cuando se alerta de que una renta básica empujaría a las mujeres a quedarse en sus casas, planteando la división sexual del trabajo a partir de una realidad unívoca de familia compuesta por una pareja heterosexual con hijos, se dejan de lado una miríada de circunstancias otras, como las familias monomarentales, una realidad muy común entre mujeres migrantes, pero no solo.


Saliendo de este debate se pueden vislumbrar posibilidades mucho más amplias, como hace la autora Louise Haagh, en su texto “El papel radical de la renta básica”. Para empezar, considerar que el derecho a una renta, como el derecho a la sanidad o a la educación, también puede ser universal, algo que no debería de ser tan difícil de entender en un sistema en el que el acceso a lo necesario para vivir se rige por el dinero, y en el que son muchos quienes viven de las rentas extraídas de quienes menos tienen sin ser criticados por ello, baste con observar el mercado inmobiliario. La renta básica universal no sustituiría así al trabajo, si no que se trata de partir de una posición de mayor igualdad, otorgando seguridad a las personas, y evitando el sufrimiento generado por la pobreza o la dependencia de subsidios condicionados, con la violencia institucional que conllevan. Desde ese suelo común, defiende la autora, las personas podrían escaparle al cortoplacismo, pensar la vida a largo plazo, no solo a nivel individual sino colectivo, salirse de la urgencia para abordar el bien común, contar con un sustento material para permitirse formas colectivas de trabajar, organizarse o compartir riesgos.

Coaliciones radicales

El texto de Haagh apunta a un factor más que parece contrahegemónico en estos tiempos: saber que el Estado te da una seguridad y no te juzga y fiscaliza, y que lo hace de manera universal, a todos por igual, genera un sentimiento de igualdad y comunidad, sugiere la autora. Un efecto que podría neutralizar el mandato de la competencia encarnizada por recursos del que se nutre la extrema derecha, y que subyace al discurso de las paguitas que tan alegremente puso en boga Vox durante el debate por el Ingreso Mínimo Vital, el mismo discurso que sustenta aberraciones como Milei en Argentina, o que hace que personas que sufren pobreza abracen la causa contra las “ayudas a los vagos”. 
Desligar la supervivencia del empleo, conecta con la impugnación del trabajo asalariado como única forma de acceder a recursos.


Pero además, desligar la supervivencia del empleo, conecta con la impugnación del trabajo asalariado como única forma de acceder a recursos. Una mirada que bebe del feminismo autónomo de los años 70 con su propuesta de Salario para el trabajo doméstico. Estas feministas recordaban que el empleo como forma de redistribución de la riqueza, dejaba fuera a demasiados sujetos, como para ser considerado un sistema funcional. Así lo señala Kathi Weeks en su artículo “La renta básica desde una perspectiva feminista postrabajo”, publicado en 2022, en el que la autora relaciona esta genealogía feminista de cuestionamiento del trabajo, con un contexto actual en el que se habla de Gran renuncia y cada vez más personas confrontan el mandato laboral. En la misma línea que Weeks, la también estadounidense Sarah Jaffe en su reciente libro Trabajo, un amor no correspondido, aborda esta subjetividad antitrabajista en expansión, recordando que las luchas por mejores condiciones laborales también son luchas por trabajar menos. 

Weeks remarca asimismo que la renta básica universal permitiría asentar los cimientos materiales para concretar una variedad más amplia de modelos de familia. La renta básica permitiría, siguiendo este razonamiento, la abolición de la familia en la perspectiva de autoras como Sophie Lewis, relaciones más libres e iguales, basadas en la elección y no en la obligación tan ligada a lo económico. 

Pero si algo reivindica Weeks es la capacidad de la renta básica para construir coaliciones, para generar alianzas que apunten a horizontes comunes. Prueba de ello es la diversidad de actores que la vienen defendiendo —feministas, colectivos de artistas, de activistas por la salud mental, de artistas, organizaciones contra la pobreza, teóricos contra la desigualdad o incluso sindicatos— una demanda que se puede extender a todas las personas a quienes las instituciones del trabajo o la familia han fallado. Coaliciones posibles para defender lo que, como recuerda Weeks, no es una reforma ni una revolución, pero sí un paso adelante radical para caminar juntas, revertir este régimen de la asfixia, posibilitar un cambio urgente en la realidad cotidiana de tanta gente, pero también habilitar tiempo y seguridad material para que podamos luchar mejor cada una de nuestras luchas.

febrero 14, 2024

Diálogo con Mercedes D'Alessandro, docente y ex directora de Economía y Género "Feminismo es redistribuir la riqueza"

Acaba de lanzar un seminario de posgrado sobre el tema en la UNAV, debate con los "conservadores libertarios" y explica cómo la economía feminista busca la igualdad.

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Imagen: Télam

En momentos de crisis no solo preocupan las políticas públicas sino las políticas del saber. Si existe una brecha de ingresos totales entre varones y mujeres del 27, 7 por ciento en el segundo trimestre del 2023 según un informe de Ecofeminista, ¿es posible reducir la brecha sin tener información sobre ello? De este panorama surge la propuesta de la Universidad de Avellaneda, bajo el nombre de Economía y género, y cuenta con un equipo docente estrella: Mercedes D´Alessandro y Luci Cavallero.

La propuesta se basa en cuatro seminarios dictados de manera virtual para que puedan estudiar personas de todas las provincias. El paradigma de la economía en clave feminista es relativamente nuevo, ya que la materia más antigua es de la UBA y tiene aproximadamente diez años. “Es un campo bastante reciente en el saber económico, así que estamos contentos de contribuir a eso. Tenemos un equipo docente que va a estar buenísimo, con Luci Cavallero, Sol Prieto, Celina Santellan, yo y seguramente invitemos a economistas de otros países; es una materia con muy buen nivel”, D'Alessandro.

La información 

D´Alessandro, quien fue pionera en asumir un cargo que no existía dentro del Ministerio de Economía de la Nación hasta 2019, la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género en el Ministerio de Economía nacional, comparte la necesidad de brindar ofertas académicas ante una coyuntura acechante. “Es una necesidad dar un debate cultural hoy. El feminismo está siendo ultra atacado por estos grupos de derecha conservadora y libertaria. Lo vimos el otro día cuando hicieron el amague de presentar un proyecto para volver atrás con el aborto legal seguro y gratuito. En dos segundos todos los pañuelos verdes estaban encendidos nuevamente y anudados entre sí, por eso yo creo que va a ser muy difícil avanzar sobre las conquistas que hemos tenido”.

“La conquista del debate económico es uno de los mayores logros que tenemos hoy: una gran parte de la sociedad entiende lo que es el trabajo de cuidados, sabe el impacto que tiene sobre las mujeres, reconoce que existe el ‘techo de cristal’. Hay un montón de fenómenos que antes no teníamos ni idea y que hoy están sobre la mesa y que las mujeres se han dado cuenta de que no tienen las mismas posibilidades que los varones en el mundo del trabajo -por poner un ejemplo- y que se necesitan políticas para favorecer el desarrollo”.

La economía feminista no solo es un abordaje teórico, sino una discusión política concreta, en palabras de Mercedes: “Cuando hablamos de la economía feminista aplicada, uno de los ejemplos que puedo ponerte es el de la Dirección de Economía de Igualdad y Género. Nosotros trabajamos en la construcción de un presupuesto en perspectiva de género, eso significó reorientar partidas presupuestarias para cerrar la brecha de desigualdad, ¿qué significa esto? Por ejemplo, generamos un compromiso con el Ministerio Obras Públicas de un piso de 8,5 por ciento del presupuesto orientado a la creación de espacios de cuidado. Entendemos que al tener las mujeres una carga asimétrica en las tareas de cuidado, eso en general les impide poder salir a trabajar, buscar empleo o tener una jornada de trabajo de seis horas u ocho horas, contar con mayor provisión y espacio de cuidado las beneficia. Ese es un ejemplo, también el programa Registrar que contribuía a la formalización de las trabajadoras de casas particulares, el sector en donde más de un millón doscientas mil mujeres se emplea y tiene los salarios peor pagos y las condiciones de trabajo más precarias de toda la economía”.

Un grupo de estudiantes de economía feminista a lo largo del mundo reunió las ofertas de materias dentro de este campo de estudios en Airtable, una plataforma para recopilar datos con inteligencia artificial. Argentina está primera en la cantidad de materias que se ofrecen al respecto en todo Latinoamérica. No solo se encuentra en el podio universitario, sino en el económico, para sorpresa de muchos. “Con la pandemia, las que más retrocedieron el mercado laboral fueron las mujeres y Argentina fue uno de los tres países en toda Latinoamérica que para 2022 había recuperado los niveles previos a la pandemia en términos de empleo. Para 2023 estábamos batiendo récord de participación económica de las mujeres”, comenta. 

¿Las causas? “Es producto de casi todas las políticas que pudimos implementar: cuando generamos incentivos fiscales para empresas que contrataban mujeres en sectores masculinizados –como la economía del conocimiento, la industria, la minería y todos los sectores de la energía- digamos fortalecer la participación de las mujeres en sectores masculinizados que suelen tener buenos salarios y que suelen tener buenas condiciones de empleo. Que no se hayan podido capitalizar esos logros tiene que ver con la crisis económica que atravesó al país”, analiza D'Alessandro.

El presidente

El discurso del Presidente en el Foro Económico Mundial en Davos marcó una agenda de una lucha anunciada. El feminismo se convirtió en un nuevo enemigo del plan económico actual. En palabras de Javier Milei: “En lo único que devino esta agenda del feminismo radical es en mayor intervención del Estado para darle trabajo a burócratas que no le aportan nada a la sociedad, sea en formato de ministerios de la mujer u organismos internacionales”. ¿Significa que el feminismo perdió peso o que se constituye con la fuerza del enfrentamiento? Para D'Alessandro es un factor clave para construir una oposición: “Creo que quienes echan la culpa al feminismo, se equivocan rotundamente y además no comprenden que tanto el feminismo como el ambientalismo son dos agendas muy potentes de transformación social que rompen con el estatus quo. Además son un camino propositivo para recrear un nuevo programa económico”.

En cuanto a la población del voto, las mujeres, sobre todo las mujeres jóvenes, son las que más votan a los sectores progresistas y los varones jóvenes son más conservadores, según los gráficos de la Encuesta Nacional Electoral. 

“Creo que también el feminismo tiene que reaprender o apropiarse de los debates para mejorar un poco sus interlocuciones. A veces hay un discurso cancelatorio o punitivista que está generando ruido con algunos varones., Eso nunca fue el espíritu del feminismo, sino más bien consolidar una transformación. Yo soy una economista feminista entonces para mí lo fundamental es dar un debate en la redistribución de la riqueza, ese es mi objetivo”, concluye la autora de Economía Feminista: cómo construir una sociedad igualitaria.

La palabra economía proviene del griego oikos “casa” y némein “distribuir”. Quizás las mujeres no solo eran amas de casa, sino aquellas para administrarla, para generar una mejor distribución de las riquezas.

Por Inés Menéndez Hopenhayn
Fuente: Página/12

enero 26, 2024

Entrevista a la economista Mercedes D’Alessandro Mercedes D’Alessandro: “No hay desarrollo económico sin igualdad”

Crítica de las medidas de Milei, reflexionó sobre la brecha de género, la desigualdad social y de su trabajo dentro del Ministerio de Economía de Nación. “Si no hay actualización de los salarios vamos hacia niveles de pobreza muy altos”, advirtió



A lo largo del tiempo se sucedieron conquistas que fueron empoderando a la mujer como sujeto de derechos y dándoles el lugar que siempre debieron tener dentro de una sociedad. Sin embargo, la brecha de género todavía existe y esto se ve en las estadísticas. Recientemente el Observatorio Argentinos por la Educación difundió su informe Brechas de género: desde la escuela al mercado laboral y da cuenta de que “las mujeres tienen salarios, en promedio, entre 22 y 27% menos que los varones. Además, en trece de las quince disciplinas analizadas, ellas reciben salarios inferiores”.

Ya en 2016 se publicó el libro Economía feminista: Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), que cuestiona estereotipos y postula una reflexión profunda sobre las relaciones sociales.

Mercedes D’Alessandro, su autora, es misionera, nacida y criada en Posadas. Es doctora en Economía, docente universitaria, referente internacional sobre economía feminista y fue la primera Directora Nacional de Economía, Igualdad y Género en el Ministerio de Economía nacional entre 2020 y 2022.

Crítica y reflexiva sobre la actualidad política del país y consciente de los desaciertos del gobierno del que formó parte, D’Alessando charló con El Territorio sobre la economía feminista, las medidas del inicio del gobierno de Javier Milei, las desigualdades y del por qué eligió al feminismo como guía de su camino.

¿Qué es la economía feminista?

La economía feminista es un campo de estudio dentro de la economía que lo que busca es resolver las brechas de desigualdad entre varones y mujeres. Una de las de las más importantes o que para mí es la central dentro de ese campo de estudio es la redistribución asimétrica en las tareas de cuidado. Esto significa que en toda familia, en toda comunidad, en todo grupo que comparte un espacio de donde habita, hay tareas que hacer que son lavar, cocinar, planchar, hacer compras, ordenar la casa, la ropa, etcétera y además también cuidar personas, cuidar a los niños, cuidar a los bebés, cuidar a alguna persona adulta mayor, a alguien que tiene una discapacidad o que se enfermó.

Y estas tareas en los hogares mayoritariamente las llevan adelante las mujeres, no tiene una remuneración pero eso no significa ser gratis, en el sentido de que a muchas mujeres esto les lleva un montón de horas diarias. Esa cantidad de horas compiten con las horas de educación, de formación, de trabajo, de búsqueda de trabajo y entonces esto que sucede casi de manera natural al interior de un hogar tiene un impacto en todo lo que vemos en economía en el mercado laboral.

Vemos que a las mujeres les cuesta más salir a trabajar, les cuesta más una vez que trabajan hacerlo por ocho horas o tener una jornada completa, les cuesta también crecer en sus trabajos porque quizás tienen que salir corriendo del trabajo para ir a cuidar a alguien y no pueden quedarse a la reunión del networking o viajar, no pueden hacer una maestría, una formación o un taller.

También tienen menos tiempo libre, que tiene que ver con la salud mental y la salud física.

Para mí ese es uno de los temas centrales de la economía feminista, hay muchos otros, pero esto nos muestra que si podemos abordar eso con más espacios de cuidado, guardería geriátricos, espacios de contención, una mayor oferta de servicios hospitalarios, infraestructura de cuidados, licencias de maternidad y de paternidad más extendidas, podríamos mejorar muchos fenómenos que vemos en el mercado laboral y que hacen que las mujeres trabajen en peores condiciones y además ganen menos.

Dentro del Ministerio de Economía estuviste en el área de género ¿cuáles considerás que fueron las conquistas desde ese espacio?

Ese espacio se crea en el 2020 para que las políticas económicas tengan perspectiva de género. Esto es, que entiendan lo que hablábamos antes, que las mujeres tienen una carga simétrica en las tareas de cuidado, que el Estado tiene cosas con las que contribuir a esto, que además como ganan menos y trabajan en peores condiciones, entonces hay mucho para hacer desde ese plano y se crea con ese objetivo.

Uno de los objetivos era poder hacer visible todo esto, es decir, generar un sistema que muestre, porque entendemos que hay que tomar decisiones en base a la evidencia. De hecho cuando lo pudimos mostrar, había mucha gente que no tomaba dimensión de estos problemas o que no los podían leer asociados. Quizás para una mujer es fácil de entender que si tenés ocho horas de trabajo doméstico en tu casa, después te cuesta salir a buscar un trabajo o si tenés tres hijos te va a costar tener un trabajo de ocho horas de corrido y si sos madre soltera ni hablar. Pero muchas veces se toman decisiones que las afectan sin ningún tipo de entendimiento del problema.

El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) fue una medida que se hizo durante la pandemia, que estaba orientada al sector de trabajadores informales donde nosotros mostramos desde el principio que eran mayoritariamente mujeres los trabajadores informales y además había muchos trabajadores que tenían cierta formalidad, entre comillas, pero que iban a quedarse sin empleo en la pandemia como era el sector de las trabajadoras de casas particulares, las empleadas domésticas.

Luego, en conjunto con el Ministerio de las Mujeres, el Ministerio de Trabajo y la Afip, creamos un programa que se llama Registradas, que también apuntaba a contribuir a que vuelvan a trabajar estas mujeres pero que además lo hagan en condiciones de formalidad, es decir, que tengan obra social, tengan ART, tengan aportes patronales para su jubilación, etcétera.

Otra cosa que, a partir de esta visibilización de datos que te decía, logramos conseguir fue mostrar primero que la mayor parte de las personas que se jubilan con la con la mínima son mujeres y tiene que ver con esto de los cuidados. Conseguimos, por ejemplo, primero sostener las moratorias, un proyecto de ley de pago de deuda previsional que favorece que se puedan seguir jubilando quienes adeudan aportes, obviamente pagando. También se hizo una jubilación por cuidado.

Estuvimos participando de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional para incluir a las mujeres como un sector que había que cuidar dentro de los sectores económicos, así como de las personas travestis y trans.

Esta área dentro del Ministerio de Economía no existe más…

No existe más, de hecho la última semana de la gestión anterior estuvimos hablando con Sol, que fue quien me sucedió en el cargo, resolviendo qué hacer y gran parte de lo que veníamos trabajando ahí se va a continuar en las provincias y las otras estaremos esperando para cuando nos toque volver porque seguro vamos a volver a estar en ese lugar.

Este laburo te valió ser considerada una de las personas más influyentes según la revista Time ¿qué valor le das a los reconocimientos en tu vida?

La verdad que estos reconocimientos me gustan porque, si bien son personales, a mí lo que me gustó es que lo que reconocen es un espacio pionero, no sólo en el país sino en América Latina; un espacio así que se animó a trabajar políticas económicas con perspectiva de género, eso no es muy común y me gustó que Argentina quede expuesta de esa manera.

Ver reflejado el trabajo que viene haciendo no sólo mi equipo, sino también el debate feminista en Argentina posicionado y visto por el resto del mundo, eso es un motivo de orgullo. Esto de que las feministas argentinas somos realmente una referencia a nivel internacional por la lucha por el aborto legal, por el Ni una menos, pero también por los debates económicos que pudimos dar.

Me han llamado de muchos otros países, equipos de gobierno para intercambiar esta experiencia que tuve. Estoy hablando con gente de Brasil, el año pasado estuve trabajando con el Ministerio de Hacienda de Chile, ahora me estoy yendo a Colombia y ya venimos hablando hace tiempo con muchas diputadas y senadoras colombianas para ver cómo reproducir alguna de las políticas que nos hicieron bien.

La suba de los servicios, del gas, de los alimentos, de la salud ¿cómo impactan en las desigualdades ya existentes?

Hay tres hitos desde la asunción de Milei, los diez anuncios de Caputo de la primera semana, luego la presentación del mega DNU y la discusión de la ley ómnibus en el Congreso. Es difícil priorizar cuál de todas es peor, yo tengo una visión muy negativa, pero no por una cuestión ideológica nada más -que obviamente estoy en una vereda muy opuesta a la de Javier Milei, sino también por el impacto que está teniendo y si tuviera que elegir una, sería la megadevaluación que se hizo ni bien asumió este gobierno. Devaluación hemos tenido un montón a lo largo de la historia de la Argentina, pero fue una devaluación muy fuerte, pisando el acelerador y sin ningún tipo de contención para los sectores que ya venían muy empobrecidos, no llegando a fin de mes, peleándola para surfear la ola.

El gran problema es que tenemos una devaluación muy grande, con un gran traslado a precios y que se siente mucho ya en la caída del consumo. Eso creo que lo vamos a empezar a ver con más fuerza en febrero porque ahora quizás todavía quien tenía algún colchoncito de ahorros lo puede usar, el que recibió el aguinaldo se cubrió un poquito. Lo cierto es que si no hay ningún tipo de actualización en los salarios de los trabajadores formales, en los de los trabajadores informales, en los ingresos de los jubilados, de la Asignación Universal por Hijo etcétera, vamos hacia unos niveles de pobreza muy altos.

Y la pobreza no es un número nada más -a mí eso hay veces que me atraviesa- la pobreza es tener que comer peor, comer menos veces, estamos hablando de un país que ya venía mal, pasamos una pandemia, una guerra, una sequía con todos los defectos que tuvo eso y la verdad que la Argentina empeoró mucho sus indicadores de pobreza durante el gobierno del que yo formé parte. Pero esto lo va a empeorar mucho más radicalmente y no tenemos tanto margen para seguir empeorando esta situación.

¿Qué implica esto?

Además estamos poniendo en riesgo toda una generación, a los pibitos que no están comiendo bien les va a ir mal después en la secundaria, no van a poder quizás mucho de ellos terminar sus estudios, van a ser una fuerza de trabajo mal alimentada, más precarizada, más pobre, con menos herramientas intelectuales y de oficios para poder llevarse adelante, con menos estímulos también en lo creativo, en lo deportivo, porque seguro van a tener que ayudar en sus casas de diversas maneras, ya sea cuidando a los hermanitos o teniendo que salir a buscar trabajo.

Ese tipo de cosas me preocupa como una dimensión social que tiene lo económico y que creo que es de gran crueldad no haber tirado un salvavidas a ese sector de la población y sobre todo es de mucha crueldad cuando el propio Milei siempre se mostró como alguien que tenía sensibilidad, de hecho gran parte de sus votantes son de sectores populares y de ingresos bajos que han confiado en él esperando que les dé una solución a su falta de expectativas de futuro, de poder tener una vida mejor. Entonces él está traicionando a la base que lo votó y además también prometió agarrárselas con la casta entendida como la casta política, también con las elites que viven a costa de estos pobres. Hoy por hoy no vemos ninguna de las medidas que ha tomado que vayan a recortarle salarios a los políticos.

¿Sigue existiendo la clase media en la Argentina?

La clase media se ha achicado, es cada vez más pequeña, se está dando un proceso de amplificación de la desigualdad que nos pone más en relación con países latinoamericanos clásicos, es decir, si uno mira Latinoamérica en profundidad, México o Brasil son países en los que hay gente muy rica y gente muy pobre y donde la clase media es una franja muy pequeña. Ese un peligro, que vayamos a una amplificación de esa brecha desigualdad donde hay algunos sectores que pueden comprar propiedades, viajar, tener estos autos de lujo, mientras hay otros que apenas llegan a fin de mes.

Después hay una pequeña franja que hoy no tiene capacidad de ahorro o no tiene motivación ahorrar y que es la que uno mira que llena los restaurantes, que se va de shopping, mucha juventud que quema la plata y vive el día sin capacidad de proyección hacia adelante, que también es un problema porque vas arrastrando ese vivir al día y si sos monotributista y mañana te enfermaste, te quiero ver.

Últimamente se está acrecentando esta distancia entre los más ricos y los más pobres. Con los salarios planchados sin ninguna actualización, la clase media pierde todos los ahorros porque los tiene que salir a gastar para poder mantener su nivel de vida y el pobre se queda sin cobertura.

¿Qué orientación política tenés? ¿Por qué?

Soy una feminista que lucha por la justicia social. Daba clases en la universidad y estos temas siempre estuvieron fuera de agenda, con el tiempo el movimiento feminista lo fue poniendo cada vez más en el debate público y eso tiene una visión económica, una visión política y una visión conceptual.

Yo daba clases de epistemología de la economía en la Universidad de Buenos Aires hace mucho tiempo y Milei se autodenomina de la Escuela Austríaca, que está en las antípodas del feminismo, ya que demanda que el Estado intervenga para contribuir a cerrar las brechas de desigualdad que son múltiples en nuestra sociedad. Es decir, si nos hubiésemos conocido con Milei hace veintipico de años hubiésemos estado tirándonos tizas en algún aula.

En Davos, Milei dijo que el feminismo es un obstáculo para el desarrollo económico. Las feministas pensamos que no hay desarrollo económico sin igualdad y para lograr la igualdad necesitamos del Estado. Esto, por supuesto, es 100% contrario a su agenda.

¿Qué es lo que necesita la Argentina para salir de esta situación? ¿Cuál sería el camino?

Creo que una cosa que quedó muy clara de este último período, de estos últimos cuatro años es que no se puede gobernar sin un proyecto y un programa económico claro, creo que hubo un gobierno en el cual había ciertos lineamientos pero mucho de trabajar en el día a día con lo que estaba pasando y ese es un problema porque realmente cuando hablamos de cuestiones productivas, de tomar decisiones, de planificar, se necesita un horizonte y hay que trabajar para hacer ese horizonte.

Creo que un programa político y un proyecto económico son fundamentales, Milei lo tuvo en la campaña, no es el que a mí me gusta, pero lo tuvo, lo expuso y logró conquistar a la población con que eso era viable y posible. Yo particularmente no lo creo, creo que además es un mal programa económico que nos va a llevar a una situación peor, pero bueno, él tenía algo y del otro lado estuvo muy desdibujado.

Considero que no hay una sola opción, Milei lo plantea de esa manera, dice “si no me dejan hacer lo que quiero hacer vamos a una hiper (inflación), vamos a una pobreza del 90%, etcétera”, creo que con todo lo que él quiere hacer puede suceder eso también y si él realmente quisiera atacar a la casta podría implementar un impuesto a las grandes fortunas -como se hizo ya en la Argentina y como está haciendo ahora Lula en Brasil-, se podría poner un impuesto a la herencia, aumentar las alícuotas de bienes personales, hacer un revalúo de las propiedades, seguir poniendo los impuestos a los bienes de lujo; hay muchas cosas que se podrían hacer que realmente irían contra la casta y no lo que él está haciendo, que está atacando a las personas que básicamente usan el gas, la electricidad o un colectivo.

¿En qué andás ahora?

Estoy en un montón de grupos de debate en foros latinoamericanos sobre todo, pero también en internacionales, trabajo haciendo consultoría económica, algunas cosas las hago por trabajo y otras cosas las hago porque son parte de mi red de referencia política e intelectual.

Ahora me voy a Colombia a un encuentro de líderes latinoamericanos en donde va a haber gente del equipo de Boric, pero también del equipo de Petro, del equipo de Lula, de Bolivia. Nos juntamos a intercambiar cuáles son las experiencias y también pensar cuáles son los desafíos que tenemos como región y cuáles son las herramientas que podemos impulsar entre todos y todas. Estoy dando clases también en la universidad, de todo un poco.

Perfil

Mercedes D’Alessandro
Economista
Doctora en Economía por la Universidad de Buenos Aires. Economista reconocida internacionalmente. Primera directora nacional de Economía, Igualdad y Género en el Ministerio de Economía de Argentina (2020-2022). En 2015, fundó la ONG Economía feminista; en 2016 publicó el best-seller ‘Economía Feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)’.

Actualmente dirige la Carrera de Economía de la Universidad Metropolitana de la Educación y el Trabajo (Umet). Está incluida en la lista de Líderes Emergentes 2021 Time100-Next de la revista Time.


enero 08, 2024

Conceptos y criterios para una macroeconomía feminista




En este documento se resumen las aportaciones de las economistas a la macroeconomía, en su interlocución con otras escuelas de pensamiento económico. Las construcciones teórico-conceptuales de estas pensadoras les han valido el reconocimiento como integrantes de la escuela de pensamiento económico feminista, que visibiliza las necesidades e intereses de la mitad de la población. Con su inclusión en esta escuela se reconocen sus saberes, lo que potencia su incidencia en el ámbito económico desde una perspectiva transdisciplinaria y holística. 

Aquí se describen el ámbito productivo, las relaciones asimétricas del poder económico, la invisibilidad del aporte de los hogares al buen vivir, las políticas macroeconómicas, —gasto, ingreso, deuda pública— y sus efectos en la generación y distribución de la riqueza con impactos diferenciados en mujeres y hombres, y se bosquejan los principios de la macroeconomía feminista que coloca en el centro el sostenimiento de la vida humana y del planeta, alimentándose de las aportaciones de economistas feministas desde el análisis crítico sobre el modelo económico neoliberal, con énfasis en aportaciones de economistas latinoamericanas. 

Asimismo, se analizan las aportaciones de las economistas que buscan visibilizar, para erradicar, las desigualdades sociales y entre hombres y mujeres. Para el desarrollo de este estudio se realizó una búsqueda bibliográfica exhaustiva sobre la economía y la macroeconomía feminista, y se compiló información a través de repositorios bibliográficos y sistemas estadísticos de diversas instituciones internacionales dedicadas al tema.


Índice


Resumen .-- Introducción .-- I. Los principios de la macroeconomía feminista .-- II. Los temas de la macroeconomía feminista .-- III. Ámbitos de las políticas macroeconómicas .-- IV. Breves referencias a las escuelas de pensamiento económico .-- V. Reflexiones finales.




Por Magdalena García Hernández
Fuente: Publicaciones Cepal

agosto 30, 2023

Email Economíaeconomía feministaFiscalidad feministaImpuestos “Las ‘planeras’ aportan mucho más para mantener los hospitales, las calles y las jubilaciones que los ricos”

¿Qué tiene que ver la forma en que recauda, deja de recaudar, o gasta el Estado con los feminismos? Como dice Maria Julia Eliosoff, economista feminista y coordinadora de proyectos de FES Argentina, “garantizar derechos sale plata. Esa plata de algún lado tiene que salir, el Estado tiene que recaudar”. Desde el punto de vista de la justicia fiscal, la regresividad del sistema y la evasión y elusión impositiva son obstáculos para que se puedan garantizar los derechos humanos de las mayorías.

Fotos: GENTILEZA OXFAM

No es ninguna novedad que cada día que pasa los ricos son más ricos y los pobres más pobres y que si nos acercamos a esta premisa con una lupa de género veremos que cada vez más mujeres engrosan las filas de los sectores empobrecidos. Lo que no se dice mucho es que quienes menos tienen aportan más que los ricos al desarrollo del país. Un grupo de feministas se propuso pensar este problema desde la óptica de las políticas tributarias. ¿Qué tiene que ver la forma en que recauda, deja de recaudar, o gasta el Estado con los feminismos? Como dice Maria Julia Eliosoff, economista feminista y coordinadora de proyectos de FES Argentina, “garantizar derechos sale plata. Esa plata de algún lado tiene que salir, el Estado tiene que recaudar”. Desde el punto de vista de la justicia fiscal, la regresividad del sistema y la evasión y elusión impositiva son obstáculos para que se puedan garantizar los derechos humanos de las mayorías. 

En Cartagena, Colombia, se llevó adelante a fines de julio la primera cumbre por una “Tributación global incluyente, sostenible y equitativa”, donde se reunieron altos funcionarixs de ministerios de Economía de 15 países de Latinoamérica y el Caribe (entre los que no está Argentina), enfocados en la problemática de la distribución de la riqueza y la recaudación de impuestos. Esta cumbre respondió a un llamado del ex ministro de Hacienda de Gustavo Petro, José Antonio Ocampo, que propuso a los gobiernos de la región empezar a discutir coordinadamente una agenda de tributación global. En las reuniones de la sociedad civil que se hicieron en paralelo a la cumbre se desarrollaron una serie de encuentros feministas, ahí estuvo María Julia Eliosoff. 

—A veces estas discusiones parecen muy alejadas de nuestros problemas cotidianos, ¿en qué afecta a las mayorías tomar decisiones de política fiscal? ¿un punto más o un punto menos de recaudación en qué nos modifica la vida? 

—Uno de los diagnósticos más fuertes que hay en la región, y eso es lo que tiene un vínculo muy fuerte con los feminismos, es que los sistemas tributarios en la región, y en Argentina principalmente, son regresivos. ¿Eso qué quiere decir? Que proporcionalmente pagan más las personas más pobres. ¿Por qué? Porque las estructuras tributarias recaudan mucho más a través de impuestos indirectos, y los impuestos indirectos no gravan directamente la capacidad de pago de las personas, sino una “manifestación” de eso, a través de por ejemplo, el consumo. El impuesto a través del cual más se recauda en Argentina y en otros países de la región, el IVA, es un ejemplo claro. El IVA grava el consumo, de eso no hay forma de zafar porque viene incluido en el precio y lo pagan todos los consumidores. Una persona que gana 50 mil pesos por mes, por poner un número, paga el 21% de lo que consume. Eso implica que proporcionalmente paga una parte muchísimo mayor de sus ingresos que una persona del decil de ingresos más altos, que si bien paga 21% del IVA como la persona que está en el decil de ingresos más bajos, tiene un montón de dinero que escapa a ese consumo, porque no todos sus ingresos van al consumo. Los impuestos que menos recaudan en la región y que son los menos regresivos, son los que buscan cobrar directamente de la capacidad de pago, es decir, los ingresos, la riqueza, las herencias. Esos impuestos ocupan una parte muchísimo más chica en la recaudación total y son los más fáciles de evadir. En realidad, no sé si son fáciles, pero quienes son alcanzados por este tipo de impuestos tienen capacidad para desarrollar más estrategias para evadir y eludir. Entonces, quienes más deberían poder pagar son los que más posibilidades tienen de eludirlos. También hay un montón de artilugios que se hacen para no pagar más. Todo es cuestión de hacer nuestros sistemas tributarios más progresivos. 

—¿Hay un sesgo de género en esta inequidad en relación a quiénes pagan impuestos?

—En los deciles de más bajos ingresos, es decir, las personas que se ven más afectadas por este tipo de sistema, son mayoritariamente mujeres. En todos los ejercicios que estuvimos haciendo con otras colegas, tratando de discutir narrativa sobre lo fiscal, hablamos mucho de lo que en Argentina se llama los planeros o planeras. Bueno, las planeras aportan proporcionalmente mucho más a mantener los hospitales, las calles, la infraestructura, las jubilaciones que los ricos. 


Las planeras aportan proporcionalmente mucho más a mantener los hospitales, las calles, la infraestructura, las jubilaciones que los ricos. 

—Hubo una discusión mediática hace poco en la Argentina, en la que el precandidato presidencial de Juntos por el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta, decía quejosamente que las mujeres de los barrios populares que compran leche con IVA están bancando los viajes de Aerolíneas Argentinas a Europa. No sé si te acordás. ¿Estás señalando lo mismo?

—Podemos llegar a pensar que es una crítica a un sistema impositivo regresivo pero el ejemplo es muy desacertado. Un buen ejemplo es que el sistema previsional en Argentina, o sea, jubilaciones y pensiones, se sostiene en un 40% por impuestos, entre ellos el IVA. No es que tu jubilación se arma con tus aportes, los sistemas de pensiones están tendiendo a financiarse más por otras fuentes que por las contribuciones que realiza cada trabajador. En todo el mundo las transformaciones del mundo laboral están tendiendo a que la seguridad social se financie más de otras fuentes (como las tributarias). Entonces, ahí también hay una hermosa discusión desde los feminismos para dar. Las compañeras, las mujeres que compran, que pagan el IVA en los en los barrios más pobres a través del consumo de la canasta básica de alimentos, están aportando más a sostener jubilaciones de privilegio. Y Aerolíneas nos da la oportunidad de cubrir viajes entre provincias que de otra manera no serían cubiertos.

—¿Hay una forma práctica de que esos impuestos que están cayendo sobre esas mayorías empobrecidas sean distribuidos de otra manera? ¿Cómo se hace para determinar qué persona paga menos impuestos sobre un bien de consumo? ¿cómo se puede hacer para que, ponele, no todes paguen lo mismo de IVA?

— El IVA para el consumo de los bienes de la canasta básica está en permanente discusión, y en particular para los feminismos. Una posibilidad es implementar IVA diferenciales. De hecho, nosotros en Argentina los tenemos diferenciados, por ejemplo, algunos servicios públicos pagan IVA diferenciado. También hay países que a los productos de la gestión menstrual le han sacado el IVA. Otra opción en discusión es lo que se conoce como cash back, esto se ha implementado en no muchos países, y Argentina es uno de los que sí lo implementó después de la pandemia, es la devolución de IVA por el consumo de determinados bienes. Sin embargo, esto también tiene muchas limitaciones u obstáculos, por empezar, es súper difícil de implementar. En Argentina se pudo hacer bastante fácil a través de la tarjeta Alimentar. Todas las personas que tienen tarjeta Alimentar, que son personas de los niveles de ingreso más bajos del país, reciben la devolución de una parte.

—¿Y cómo se devuelve? 

—En Argentina tenemos más del 90% de la población bancarizada, muchas personas tienen acceso a tarjeta de Banco Nación o de Bancos provinciales. Entonces se hace muy rápido, muy automáticamente. Y funciona muy bien. Sin embargo, esto también tiene muchas críticas: primero, por todo lo que tiene que ver con la bancarización que no viene de la mano de educación bancaria puede venir con grandes problemas en términos de endeudamiento de los hogares. Segundo, la tarjeta Alimentar es muy restrictiva sobre los productos que puede comprar. Básicamente, el Estado está pautando qué es lo que podés o no consumir. Y, tercero, hoy no es sencillo acceder a ese Programa. En Brasil, por ejemplo, están en el medio de una reforma tributaria que busca implementar una devolución de IVA del consumo de bienes de la canasta básica, pero aún tienen grandes dudas sobre cómo podrían implementarlo. Verónica Grondona, una referentes sobre estos temas, dice que está re estudiado en Argentina que no funciona quitar el IVA a los bienes de la canasta básica. Que lo único que hace es disminuir la recaudación, pero después a la gente no le funciona. Por eso, teniendo en cuenta la estructura tributaria de nuestro país, la progresividad podemos ganarla concentrándonos más en mejorar los impuestos directos. 


La bancarización que no viene de la mano de educación bancaria puede venir con grandes problemas en términos de endeudamiento de los hogares.

—En algunos países se reclama o ya existe un salario básico universal, pero todo el mundo se pregunta de dónde se saca ese dinero, ¿de los impuestos a las grandes fortunas, a la extracción y exportación de litio, a las grandes corporaciones extractivas, se suben retenciones? ¿Cuál es la mirada feminista sobre esta discusión?

—Las consignas vinculadas a las discusiones fiscales tienen que ver con que garantizar derechos sale plata. Esa plata de algún lado tiene que salir, el Estado tiene que recaudar. En plena pandemia había un movimiento de ricos que decían “Tax us now” (Cóbrennos impuestos ahora), un grupo de multimillonarios que decía la verdad que con todos los problemas que hay estamos pagando bastante poco. Eso fue el récord del nivel de baja discusión de los Estados. Bueno, otra discusión muy importante, en términos de gravar a las grandes riquezas, es cómo se gravan a las economías digitales, digamos, las plataformas. O sea, no hay coordinación global entre los Estados sobre cómo gravar las ganancias que están haciendo estas empresas “deslocalizadas” en cada país donde brindan sus servicios. Algunos países han tomado iniciativas de manera individual, pero la realidad es que los Estados se mueven mucho más lento que el capital. Para sistematizar, las discusiones desde la perspectiva feminista, tienen que ver con la progresividad tributaria.


Garantizar derechos sale plata. Esa plata de algún lado tiene que salir, el Estado tiene que recaudar.

—Es decir que los feminismos intentan presionar a los organismos y los Estados para que elaboren políticas tributarias menos regresivas, para que recauden más pero no a costa de las que menos tienen. ¿Qué otras herramientas hay?

—Claro. Después, hay muchas discusiones sobre los gastos tributarios, que son las exenciones impositivas que da el Estado a algunos sectores para beneficiarlos y desarrollarlos. La discusión fiscal y tributaria también podemos analizarla desde los feminismos en relación a qué sectores de actividad económica se están promoviendo a través de exenciones o beneficios fiscales (los gastos tributarios). No es lo mismo permitir que una minera extranjera goce un privilegio fiscal, que una cooperativa de cuidados. Hay cálculos de todo lo que se pierde el Estado de recaudar por los gastos tributarios. El ejemplo típico de esto es que los jueces no pagan ganancias. Las empresas mineras, el litio, los hidrocarburos, la mayoría de las extractivas tienen exenciones impositivas muy grandes. Con esta excusa de desarrollar ciertos sectores, el Estado deja de percibir (y, encima, además de eso les da subsidios). Entonces, no es que yo esté de acuerdo pero, por lo menos, ¿por qué este tipo de empresas, con estas perspectivas, con estos modelos productivos, ya que es tan difícil conseguir litio y nosotros lo vendemos muy barato, no dejan el 40 o el 50% de sus ganancias? Estas discusiones no están, son mala palabra. 

—Pero en algunos países, en países como Chile, por ejemplo, que tiene el proyecto de nacionalización del litio, esa discusión tiene que estar un poco más saldada.

—En varios sentidos se evalúa que Chile es el país que está trabajando “bastante bien” la producción de litio. Desde el exterior se analiza que Argentina es uno de los mejores países para invertir en litio, porque de los tres países del Triángulo del Litio es el que menos exigencias fiscales requiere. Por eso lo que se trabaja en esta cumbre es necesario para la región, porque debemos coordinar estrategias tributarias que nos permitan a todos los países evitar una competencia absurda que nos lleve a una carrera por desfinanciar los estados. La cuestión es que los gastos tributarios hay que mirarlos con atención, porque exenciones impositivas también tienen las cooperativas. Las cooperativas pagan de IVA muchísimo menos que una empresa. Y bueno, está bien que ciertas actividades económicas vinculadas a la lógica de la economía social y solidaria paguen menos IVA, porque es una forma justamente de incentivar estos sectores. Hay que evaluar cada caso.

—Una cosa es no gravar a los libros y otra cosa la extracción de petróleo… 

—Los gastos tributarios sin dudas son un punto de la agenda tributaria a revisar. No se trata de disminuirlos simplemente (cuestión que ya había pedido el FMI en el acuerdo que firmó el exministro Guzmán en 2022), sino de analizarlos con criterios de equidad y de transparencia. Digo transparencia porque la otra discusión que hay acá es que no hay información consolidada sobre los gastos tributarios. Cada exención impositiva se otorga por una resolución específica. La discusión tributaria y de transparencia también está muy vinculada a los flujos financieros ilícitos. Estamos hablando de que a través de algunas estrategias de evasión y elusión se puede mover plata que proviene del narcotráfico o de la trata de personas. Y esto nos interpela en las discusiones feministas. Las feministas nos tomamos en serio la discusión en torno a evasión y elusión justamente porque es muy importante la cantidad de plata que se pierde que podría usarse para garantizar derechos. Pero, además, el dinero que se pierde es plata que proviene de recaudación de impuestos directos, o sea, los que más podrían ayudar a transformar la regresividad del sistema tributario. Si las grandes empresas, que son las que más deberían pagar impuestos directos —principalmente ganancias—, desarrollan grandes estructuras para eludir, como las empresas offshore, las feministas tenemos un problema con los flujos financieros ilícitos. Con Uruguay, por ejemplo, en Argentina tenemos una tensión de intereses. Uruguay tiene un régimen de promoción especial para zonas francas en donde las empresas que no producen allí pagan un 0,75% sobre sus ganancias, mientras que en Argentina un 35%, esto favorece a que empresas argentinas triangulen operaciones manipulando sus precios de transferencia para tributar menos. Pronto desde la FES vamos a sacar un informe que analiza esto, cuyos autores son Alejandro Gaggero y Gustavo Garcia Zanotti. 


Las feministas nos tomamos en serio la discusión en torno a evasión y elusión justamente porque es muy importante la cantidad de plata que se pierde que podría usarse para garantizar derechos.

—Otra cosa es cómo encontrás a la persona que se le va a cobrar el impuesto, pienso en una analogía con los deudores alimentarios, primero hay que encontrarlos y luego lograr cobrarles, ¿cómo funciona a estos niveles?

—Una discusión internacional, de la cuál las feministas nos estamos haciendo eco, es la de los registros globales de beneficiarios finales. Se trata de poder identificar quiénes son los beneficiarios finales de las ganancias de las empresas para poder cobrar impuestos a esas personas. Porque hay estructuras jurídicas tremendamente grandes y diseñadas para que nunca encuentres quién es la persona detrás de esa empresa. Entonces, hay muchas iniciativas a nivel global para poder generar estos registros únicos de beneficiarios finales, lo cual implica importantes acuerdos de intercambio de información entre países, fomento de la transparencia, entre otros. Estas discusiones se están planteando desde el marco de los derechos humanos. En Colombia presentaron un estudio que muestra que, por ejemplo, en Brasil (obviamente) las personas más ricas son varones. Tienen un sistema tributario regresivo donde las mujeres pagan más impuestos, como acá. Pero, además, entre los varones más ricos, los varones negros pagan mucho más impuestos que los hombres ricos blancos. Esto es así porque en Brasil se grava más sobre los ingresos —es decir, lo que perciben por salario—, que sobre la riqueza, los autos, las propiedades inmobiliarias, etcétera. Y resulta que la riqueza de los negros viene por tener salarios altos y como se grava más eso, los negros ricos pagan mucho más que los ricos blancos, cuya riqueza viene de activos que ya tienen, especialmente de la herencia.

—Me quedé pensando eso que decías “garantizar derechos sale plata”. Creo que la mayoría de la gente que tiene la guita te diría bueno, entonces no garanticemos derechos. O sea, si para garantizar derechos necesitás de mi plata, bueno, entonces no paguemos servicios públicos, programas de desarrollo social, etc. Eso es una cuestión política, los Estados tienen que dirimir también con con esa gente rica adentro, ¿no? 

—Sí, sí, totalmente. Esto podemos pensarlo desde una cuestión ética, pero también tiene que ver con mejores condiciones de vida para todos. Disminuir las desigualdades mejora las condiciones de vida de todes. Pero por otro lado, pensar en una sociedad sin Estado es ridículo, este debate volvió con los planteos “libertarios”, pero porque no somos muy conscientes del rol que tiene el Estado en nuestra vida cotidiana. Lo que garantiza el Estado con los impuestos no son solamente la salud y la educación públicas, que incluso un rico te puede decir que no los usa. No es solamente eso. Hay un montón de cosas que garantiza el Estado a través de los impuestos, por ejemplo las autopistas para llegar a los barrios privados. Incluso, hay estudios que muestran que si esos servicios provistos por el Estado funcionaran muy bien y no como funcionan hoy en día, porque están desfinanciados, serían mucho más baratos para los ricos, es decir que les saldría mucho menos pagar los impuestos para financiar la salud y la educación pública —que usarían— que lo que pagan por salud y educación privada ahora. 

—En relación a la Cumbre en Cartagena, ¿cuál es el objetivo, qué panorama encontraron?¿En qué cosas nos podríamos poner de acuerdo los países de la región en relación a la agenda tributaria? 

—Primero, es fundamental llevar una voz regional a las discusiones que se están teniendo sobre estos temas a nivel global. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), principalmente, hace muchos años comenzó a discutir algunos principios de tributación global, y desde nuestra región se observa que no favorecen o no son tan buenos como podrían ser para todos nosotros. Por ejemplo, el 15% que se establece a nivel global sobre los impuestos mínimos en la mayoría de los países de la región es un número muy bajo, nuestras alícuotas están por encima, ceñirnos a ese acuerdo global se sospecha que en realidad lo que haría es establecer un techo a nuestra recaudación y a la progresividad de los sistemas tributarios regionales. África ya lleva una voz regional a estos debates, nosotros también debemos hacerlo. Por otro lado, se pueden pensar algunas discusiones internas de nuestra región, de coordinación tributaria. Pero es relevante señalar que desde Argentina no participó nadie en la cumbre regional, (no estaba la bandera de Argentina en la cumbre). Considero que no es menor que nuestro país no participe en un espacio así, impulsado por gobiernos progresistas e importantes de la región. Es un error no aprovechar esta oportunidad de participar en una plataforma de diálogo regional sobre temas tributarios, que están tomando la agenda global.

Fuente: Latfem

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