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noviembre 30, 2025

Madres que quieren cuidar sin culpa: ¿cómo podemos conseguir la conciliación real

Madres que quieren cuidar sin culpa: ¿cómo podemos conseguir la conciliación  real?

La corresponsabilidad y la igualdad de género se han convertido en objetivos centrales de las políticas familiares. Sin embargo, la experiencia real de las madres sigue mostrando una tensión profunda entre el ideal de igualdad y el deseo de cuidado.

En nuestro estudio con más de quinientas mujeres i-materna (aún sin publicar, pero cuyo resumen puede ver aquí), el 98,2 % afirma que continúa asumiendo la carga mental del hogar (planificar, anticipar, recordar, organizar), especialmente en lo relativo a los hijos. Este trabajo invisible sigue recayendo, casi siempre, sobre los hombros de las madres.

Casi la totalidad de las participantes (98 %) expresó su deseo de pasar más tiempo con sus hijos durante los primeros años de vida. Lejos de responder a una falta de ambición profesional, esta preferencia está vinculada a una realidad biológica y emocional ampliamente respaldada por la ciencia.

Las teorías del apego, desarrolladas por el psiquiatra John Bowlby y ampliadas por Mary Ainsworth, muestran que el contacto continuado con la figura principal de cuidado (en la mayoría de los casos, la madre) es fundamental para el desarrollo emocional y la seguridad del bebé.

UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan mantener la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, un periodo que en España supera ampliamente las dieciséis semanas de permiso actual.
La paradoja de ejercer la maternidad plena

Esta distancia entre las recomendaciones científicas y las políticas públicas genera una paradoja: la maternidad se celebra simbólicamente, pero el tiempo para ejercerla plenamente se penaliza. Muchas madres acaban combinando vacaciones, días sueltos o reducciones de jornada para prolongar su presencia con el bebé, con el coste añadido de perder ingresos o estancarse profesionalmente.

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Al mismo tiempo, se enfrentan a un discurso social que insiste en la igualdad formal, pero no en la libertad real de elección.

El resultado es una crisis silenciosa de identidad. Tras años de formación y crecimiento profesional, muchas mujeres sienten que su valor social se desvanece si deciden priorizar el cuidado.

La maternidad, que debería vivirse como una etapa de conexión y crecimiento, se convierte para muchas en una fuente de culpa: por querer quedarse con su hijo, por reincorporarse pronto al trabajo o por no poder hacerlo todo a la vez.

Y mientras tanto, la carga mental persiste. Aunque los padres se involucren más que antes, la responsabilidad de pensar por la familia (recordar vacunas, citas médicas, horarios escolares, comidas, actividades…) sigue recayendo mayoritariamente en las madres.

Este esfuerzo invisible no se contabiliza ni en las estadísticas laborales ni en los indicadores de bienestar, pero tiene un coste emocional y cognitivo considerable. Un informe del Instituto de la Mujer (2023) de España señala que las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a la planificación doméstica y al acompañamiento emocional de los hijos.

Esta carga mental no solo agota, sino que limita el desarrollo personal y profesional, generando un malestar que no siempre se visibiliza. La psicología y sociología contemporánea, como describen Arlie Hochschild o Nancy Chodorow, han evidenciado cómo la gestión emocional y logística del hogar constituye un “segundo turno” que impide desconectar incluso fuera del trabajo.

Las madres viven en una atención constante, anticipando necesidades ajenas antes que las propias. Esta hiperresponsabilidad perpetúa una desigualdad menos visible, pero estructural.

La pregunta, entonces, no es si las madres deben trabajar o cuidar, sino por qué las políticas no permiten elegir sin culpa ni penalización. La igualdad no puede imponerse como un molde único. Debe reconocer la diversidad de deseos y circunstancias.

Para muchas mujeres, poder quedarse con su bebé unos meses más no es un retroceso, sino una decisión consciente, emocionalmente necesaria y socialmente valiosa. Sin embargo, el discurso público rara vez valida esa elección; la maternidad sigue asociándose a sacrificio, dependencia o falta de ambición.
3 cambios para conseguir la conciliación

La conciliación real exige tres cambios de enfoque fundamentales:

Reconocer la carga mental como parte del trabajo de cuidado, y repartirla de manera equitativa entre ambos progenitores, incluyendo su medición en indicadores de bienestar y políticas de salud mental.


Garantizar flexibilidad y libertad de elección, de modo que cada familia pueda decidir cómo organizar el tiempo de crianza sin sanciones económicas ni sociales. Esto incluye revisar los permisos parentales para que reflejen las recomendaciones científicas sobre desarrollo infantil y lactancia.


Revalorizar el cuidado como una contribución social esencial, no como una pausa en la productividad. Cuidar forma parte de la economía del bienestar y debería ser reconocido como tal por empresas y administraciones públicas.

Hablar de maternidad sin culpa es hablar de salud social. Si las políticas públicas no integran la dimensión afectiva del cuidado, seguirán midiendo la igualdad solo en términos de presencia laboral, ignorando la base emocional sobre la que se construye el bienestar infantil y familiar.

Como señala Bowlby, la calidad del vínculo temprano determina gran parte del desarrollo emocional posterior; y, sin tiempo ni apoyo, ese vínculo se resiente. Además, pensar en la maternidad desde la libertad beneficia también a los hombres.

La corresponsabilidad no consiste solo en que ellos “ayuden”, sino en redefinir el cuidado como un valor compartido y universal, que no reste identidad ni oportunidad a nadie. Solo cuando cuidar deje de ser un asunto femenino podremos hablar de igualdad real.

Cuidar no debería sentirse como una renuncia, sino como un derecho. Reconocerlo no resta igualdad, la fortalece, porque permite que hombres y mujeres elijan desde la libertad y no desde la culpa. Una sociedad que valora el cuidado no solo protege a las madres y a los bebés: se protege a sí misma.


Profesora Titular de Universidad del Area de Psicología Social, Universidad Rey Juan Carlos
Cláusula de Divulgación

Este artículo se deriva del proyecto I-MARTERNA, financiado por la Comunidad de Madrid y la Universidad Rey Juan Carlos en el marco del convenio para la promoción de la investigación y transferencia de tecnología 2023–2026 (Código: 2023/00423/017, Línea A: Doctores emergentes).

Fuente: The Conversation

mayo 13, 2025

La falta de conciliación perjudica seriamente la salud (sexual)

Tras el bulo (machista) que dice que los hombres siempre quieren sexo y las mujeres casi nunca, especialmente después de tener hijos, hay una razón que poco tiene que ver con genes, hormonas o rasgos 'naturales': la falta de corresponsabilidad y la tremenda saturación de las madres

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 Ilustración de Juárez Casanova

“A veces, cuando llega a la cama, me hago la dormida”. Elena confiesa su estrategia para evitar el sexo con su pareja (hombre) en un grupo de chat que comparte con otras madres más o menos recientes. Y Laura le responde: “Yo cuando veo que se pone cariñoso y yo estoy agotada tiro del típico 'me duele la cabeza' o algo parecido. ¡Ya sé que un tópico, pero es que no puedo entender que no sé dé cuenta de que las cosas no funcionan así!”. Que la vida sexual de una pareja no es igual el primer día que el cuarto año de relación es algo que suele costar aceptar. Que la vida sexual en pareja cambia cuando tienes hijos es algo que descubres... cuando tienes un hijo. Y que también cuesta aceptar. Tras el bulo (machista) que dice que los hombres siempre quieren sexo y las mujeres casi nunca, especialmente después de tener hijos, hay una razón que poco tiene que ver con genes, hormonas o rasgos 'naturales': la falta de conciliación y la tremenda saturación de las madres.

La sexóloga Sonia Encinas lo ha resumido con una frase que preside la contraportada de su último libro, El sexo de las madres (Roca): “No es que las mujeres deseen menos, es que están hasta el coño”. En el libro, Encinas subraya que en el sexo, el contexto lo es (casi) todo. “La vida sexual se da en un contexto concreto, para que el deseo se dé, para que haya disposición a tener un encuentro sexual, tiene que haber cierto excedente de energía y de bienestar. Si el contexto hace que las mujeres vayan agotadas, sobrecargadas y hasta arriba de estrés y de ansiedad eso es incompatible con que haya deseo. La sobrecarga que arrastran muchas madres influye directamente en su deseo”, explica.

Es algo que la sexóloga comprueba continuamente en la consulta: parejas heterosexuales en las que la falta de corresponsabilidad inhibe la libido, no solo por la escasa energía que queda para el sexo, sino porque ese reparto desigual hace que a ellas se les acumule la desazón, la rabia y la desconexión con su pareja, al que dejan de ver como un adulto con el que relacionarse de igual a igual.

"Cuando una carga con tareas de más, le queda menos energía disponible para dedicarla al placer en general, entre otras cosas, al sexo. También influye en cómo colocas a tu pareja, en que dejes de verle como un adulto funcional con el que tienes una relación horizontal para empezar a verle como una tarea más, porque parece que tienes que decirle lo que tiene que hacer. La corresponsabilidad marca si te ves como un equipo o no. Como dicen muchas: si soy tu madre, no me apetece follar contigo.

“Cuando una carga con tareas de más, le queda menos energía disponible para dedicarla al placer en general, entre otras cosas, al sexo. Asumimos más responsabilidades y eso nos hace vivir más rígidas”, afirma Sonia Encinas, que invita a que nos preguntemos cuánto tiempo dedican, de media, mujeres y hombres al ocio y el disfrute. Si una mujer dedica más tiempo, energía y esfuerzo las tareas de cuidado de todo tipo que un hombre con el que tiene una relación, se sobrecarga. “Y eso influye en cómo colocas a tu pareja, en que dejes de verle como un adulto funcional con el que tienes una relación horizontal para empezar a verle como una tarea más, porque parece que tienes que decirle lo que tiene que hacer. La corresponsabilidad marca cómo te relacionas, si te ves como un equipo o no. Como dicen muchas: si soy tu madre, no me apetece follar contigo”.

Ellos no lo entienden

Si en el chat de Laura y Elena las mujeres se desahogan, hombres como Javi o Luis lo hacen en una comida con amigos. No entienden qué pasa en sus relaciones ni qué hacer para que sus parejas quieran más sexo. “Me gustaría que ella me buscara alguna vez”, dice uno. “La mía nunca quiere”, se queja otro. En sus diagnósticos hay frustración, rabia, resignación –como en los de ellas–, pero no aparecen tanto los cuidados, la conciliación, la carga mental o la corresponsabilidad como factores a tener en cuenta.

El psicólogo Iñaki Lajud, que trabaja tanto en clínica como con grupos de hombres, constata que la carga de unos y otras sigue siendo muy desigual y que eso puede crear en ellas resentimiento, “aunque sea sutil o inconsciente”, algo que influye en las posibilidades de abrirse al sexo. “Hay que sumar las expectativas y los roles de género: las mujeres ya tienen mucha presión para cumplir, complacer y minimizar su deseo, para centrarse más en el deseo de los hombres y en que él esté contento, eso se ve mucho. En la maternidad termina por explotar todo”, diagnostica.

Si una pareja con hijos ya tiene de por sí falta de tiempo libre -“que es necesario para generar conexión, intimidad, risas, que es lo que puede permitir la apertura al sexo”-, la falta de corresponsabilidad agrava la situación de las mujeres. “Ellos no suelen tener conciencia de que esto influye, es algo que tengo que explicar mucho cuando trabajo con hombres”, apunta Lajud.

¿Un dulce o sexo?

Laura Baena es quien creó hace doce años Malasmadres, una de las comunidades alrededor de la maternidad que más influencia ha tenido en los últimos tiempos. Utiliza su perfil de Instagram para hablar con las 'malasmadres', como ellas las llama. A veces, cuenta, los fines de semana les lanza preguntas a través de sus stories: “Les pregunto: ¿qué preferirías ahora, un dulcecito o una noche de fuego? Y la respuesta es abrumadora: un porcentaje muy alto elige el dulcecito”.

Detectamos muchísimo que a muchas mujeres la falta de corresponsabilidad les lleva a separarse, porque para estar diciéndole al otro lo que tiene que hacer pues prefieren no estar en pareja, tener su espacio, custodia compartida y tiempo para ellas

El resultado le da que pensar pero no le sorprende. “En la asociación hemos detectado muchísimo que a muchas mujeres la falta de corresponsabilidad les lleva a separarse, porque para estar diciéndole al otro lo que tiene que hacer pues prefieren no estar en pareja, tener su espacio, custodia compartida y tiempo para ellas”, explica. Es en ese tiempo propio, prosigue, cuando priorizan el autocuidado, bien sea amigas, deporte, libros, paseos o sexo. El 29% de las mujeres a las que Malasmadres preguntó no esperaba que su relación de pareja empeorara después de tener hijos.

“La carga mental es una losa, impacta tremendamente en la salud de las madres. Es muy difícil que te nazca el deseo sexual si estás aplastada por esa losa”, prosigue Laura Baena. Ese trabajo mental son todas las tareas no tangibles pero que requieren de intención, planificación, y acción, desde darse cuenta de que hay algo que limpiar o arreglar, recordar citas médicas y cumpleaños, preparar listas de la compra, estar pendiente de las emociones de los demás, reconfortar, animar, consolar, pensar regalos o planear viajes.

En una cuesta elaborada por Malasmadres, el 73% de las mujeres que respondieron declararon estar agotadas por la carga mental. “Eso, unido a todas las demás tareas, hace que tengas la batería bajísima cuando llega la noche, que es cuando, siendo realistas, se generan los espacios más viables para tener sexo, al menos durante los primeros años de crianza. Es muy complicado tener una vida sexual satisfactoria si estás agotada, si no tienes tiempo, si tienes que estar pendiente del otro todo el rato”, afirma Baena, que cree muy importante que los hombres comprendan que la falta de corresponsabilidad impacta de manera directa en la salud de las mujeres y de las parejas. “Y que el sexo no solo va de un acto sexual, va de cuidarse, de quererse, de hacer equipo, de adelantarse a veces al otro, de cariño, de mimo...”.

Cómo entendemos el sexo

Ese factor, la manera en la que entendemos el sexo, está también en el meollo del problema. La sexóloga Sonia Encinas explica que, muchas veces, cuando se habla de cómo hacer que el deseo de las mujeres 'funcione' se está queriendo decir, en realidad, “cómo hacer para complacer a los hombres y que ellos se queden tranquilos”. Esa idea reproduce la premisa falsa de que el deseo de las mujeres parece estar siempre en entredicho y pone sobre ellas el mandato patriarcal de que el sexo es algo que se hace, sobre todo, para el otro.

“Lo veo cada día en consulta: no es que las mujeres tengan menos deseo, es que están hasta el coño. Las mujeres tienen mucho deseo, muchos deseos, muchas ilusiones, y cuando les preguntas por aquellas cosas que les dan placer y que les apetecen y necesitan, la mayoría lo tiene claro, pero no tienen espacio ni tiempo”, enfatiza la autora de El sexo de las madres.

"Lo veo cada día en consulta: no es que las mujeres tengan menos deseo, es que están hasta el coño. Las mujeres tienen mucho deseo, muchos deseos, muchas ilusiones, y cuando les preguntas por aquellas cosas que les dan placer y que les apetecen y necesitan, la mayoría lo tiene claro, pero no tienen espacio ni tiempo

El psicólogo Iñaki Lajud añade que el modelo lineal de la respuesta sexual humana que aún se considera 'la norma' ignora el contexto para dar por hecho que, primero, se sienten ganas y, después, se actúa: “Es un modelo muy coitocéntrico y que los hombres solemos reforzar cuando hablamos con otros, pero el deseo es también responsivo, funciona cuando te sientes vista, bien, cuidada, conectada... entonces, se activan las ganas”. Encinas subraya que, por otro lado, añade, los roles de género, prejuicios, y la distinta socialización hacen que el sexo suela ocupar distintas posiciones en la vida de mujeres y hombres.

“Nosotras hemos aprendido que es un lugar del que protegernos, del que nos cuesta disfrutar o en el que tenemos que tener cuidado, así que en lo último que pensamos para regularnos o cargar pilas es en lo sexual porque lo hemos integrado más como una tarea. En los hombres es al contrario: ellos han tenido permiso para integrar el sexo en su vida como algo que les nutre y potencia y al mismo tiempo no se les ha inhibido la gestión emocional, así que el sexo se convierte para ellos en una herramienta emocional muy potente, en un lugar en el que se sienten vistos, reconocidos, un lugar en el que ganan autoestima”, explica la sexóloga, que tiene claro que la falta de corresponsabilidad y sus consecuencias “es uno de los mayores inhibidores de libido que hay”. Al menos, para muchas mujeres.

Fuente: El Diario.es

marzo 25, 2025

Conciliación. La balanza de la equidad

Repartir el trabajo en los hogares beneficia no solo a las parejas o a las familias, sino que tiene un impacto a largo plazo positivo para la sociedad

Un padre plancha la ropa de sus hijos.ZELJKOSANTRAC (GETTY IMAGES)

Desde 2018, el 23 de marzo se conmemora en España el Día Nacional de la Conciliación y la Corresponsabilidad. Es este domingo. Usemos esta fecha para sensibilizar, tanto a las parejas que se inician en la convivencia como a las que ya llevan tiempo conviviendo, de la necesidad de que las parejas sean “equitativas, de que formen un verdadero equipo, no solo en beneficio propio sino también en el del conjunto de la sociedad.

Llevo años investigando y los resultados de los análisis permiten concluir que hasta que las parejas sean “equitativas” las mujeres no tendrán las mismas oportunidades en la vida que los hombres, por mucho que las leyes sean igualitarias y que las empresas tengan planes de igualdad. Y aunque todos los días deberían ser el Día de la Conciliación y la Corresponsabilidad, es importante darle visibilidad a esta fecha.

Porque afecta a demasiadas mujeres: según datos de mi última investigación, en España casi seis millones de mujeres viven agotadas mientras su pareja vive con más libertad. Estas mujeres están acarreando lo que hemos denominado la “losa de hormigón” porque ellas están soportando el 69% tanto de las tareas de la casa como de la crianza. En esta situación se encuentran casi dos de cada tres mujeres que viven con un hombre.

Porque tiene demasiados costes: las relaciones de pareja en las que uno de los dos miembros carga con la “losa de hormigón” conllevan muchos costes, no solo para la persona que soporta el desequilibrio, sino también para su relación de pareja, sus hijos o hijas, si los tienen, y para el conjunto de la sociedad (empresas, seguridad social, natalidad, divorcios…).

Y porque falta demasiado tiempo: al ritmo al que se están reduciendo las parejas desequilibradas, serán necesarias de dos a tres generaciones para lograr la plena equidad en los hogares. Entre el 2016 y el 2023 el número de mujeres que soportan el peso de la “losa de Hormigón” se ha reducido del 70% al 62%.

También, en este día, es importante entender qué es una pareja equitativa. Son aquellas en las que hay un reparto justo del tiempo que cada miembro de la pareja destina a las tareas que les afectan en su día a día: las de la casa, incluyendo tanto la realización como su organización, las de la crianza y el cuidado de personas adultas dependientes, incluyendo tanto la realización como su planificación y las del trabajo remunerado.

Consideramos que una pareja es equitativa cuando la suma del tiempo que un miembro de la pareja destina al conjunto de estos tres tipos de tareas, incluida la carga mental, es igual a la suma del tiempo dedicado por el otro.

Y al hablar de parejas equitativas hay tres consideraciones que estamos asumiendo. La primera, que no es necesario que el reparto de tiempos sea equitativo a diario, sino que ha de serlo en el cómputo global del horizonte temporal que cada pareja defina. La segunda, que no es necesario que sea siempre igual, sino que es lógico que se desequilibre según las exigencias profesionales y personales de cada miembro de la pareja.

La tercera, que en las etapas realmente complicadas de la vida en lo que a la gestión del tiempo respecta (algún familiar dependiente hospitalizado o un recién nacido en casa…) es muy posible que el tiempo del que ambos miembros de la pareja dispongan para su ocio sea muy reducido o incluso inexistente.

En esta ecuación no estamos considerando cómo contribuye cada miembro de la pareja al pago de las facturas porque creemos que este es un tema independiente. El tiempo es fijo para ambos, el día tiene siempre 24 horas. El hecho de que uno tenga ingresos superiores a los del otro no le exime de realizar la parte del trabajo que le corresponde.

Entender todo lo anterior reporta beneficios no solo para las parejas sino para la sociedad. En las relaciones mejorará la salud física y mental del miembro de la pareja que cargaba con la “losa”, porque tendrá más de tiempo para su ocio con lo que disminuirá su estrés y mejorará su estado de ánimo; mejorará el vínculo en la relación de pareja, incluido el ámbito sexoafectivo; también la relación de la madre con sus descendientes, porque estará menos agotada; la del padre con sus descendientes, porque estará más presente; y beneficiará la situación económica de la mujer, que no se verá obligada a poner frenos o a abandonar el mercado laboral por las dificultades que tiene para conciliar.

Para el conjunto de la sociedad porque habrá menos absentismo laboral de mujeres, por lo que disminuirán los costes para las empresas; disminuirán los costes para la seguridad social, porque las mujeres tendrán mejor salud física y mental; las nuevas generaciones tendrán menos sesgos y estereotipos de género por el ejemplo de equidad que habrán visto en casa; disminuirán las separaciones y divorcios; y puede ser un factor para el aumento de la natalidad.

Esta balanza solo estará equilibrada cuando los miembros de la pareja compartan de forma justa el peso de la “losa” de las cargas diarias que les atañen como pareja o como familia.

Por Laura Sagnier
Fuente: El País

julio 05, 2024

Mercedes de Pablos sobre la conciliación: «Es una de las mayores aportaciones del feminismo»


Mercedes de Pablos en la sede de la UPO en Carmona

La periodista y escritora Mercedes de Pablos Candón ha declarado que «la conciliación» ha sido una de las mayores aportaciones del feminismo «para la calidad de vida de todos», alegando que la propuesta de la jornada laboral de 35 horas es «casi una proclama feminista», y que «la organización del tiempo es fundamental para no «dejar de lado otros aspectos que nos hacen humanos», para empezar a «trabajar para vivir, y no vivir para trabajar».

Así lo ha manifestado con motivo de su participación en el curso ‘Mujeres y la Historia, la historia de las mujeres’, que dirige junto con la doctora en Derecho Amparo Rubiales Torrejón y que comenzó el pasado lunes en la sede de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona.

Dicho curso también está codirigido por la eurodiputada y catedrática de Historia Económica Lina Gálvez Muñoz; la catedrática de Química Inorgánica Adela Muñoz Páez y la profesora titular de Derecho Constitucional Blanca Rodríguez Ruiz, además de estar coordinado por la arquitecta y cofundadora de TerritoriAs Alicia Pérez García.

Ha definido el feminismo como un «movimiento político» y una «ideología», porque la igualdad es un «valor con el que uno puede sentirse o no identificado», pero ha resaltado que, además, también en un movimiento «que tiene que ver con las relaciones personales, con nuestra espiritualidad y con nuestra forma de amar». «Tiene que ver con la manera en que los hombres y las mujeres nos vemos en el mundo y nos beneficia a todos. Es antisexismo», ha asegurado.

También ha señalado que es «el movimiento emancipatorio más interesante que ha ocurrido en el siglo XX» y el «protagonista de los grandes cambios sociales del siglo XXI», por todo lo que significa en cuanto a revolución, «tanto en lo público como en lo privado». A raíz de esa «sacudida emancipatoria por la igualdad» se ha descubierto la «diversidad», de la que el feminismo «no es ajeno», y se extrapola a nivel internacional, ya que «tiene que ver con los derechos humanos, que engloban el derecho a la igualdad».

En opinión de la periodista, hay dos momentos de la historia de España de los que «deberíamos de sentirnos orgullosos» en este ámbito: Por un lado, las vanguardias de finales del siglo XIX y principios del XX –representadas por figuras como Clara Campoamor–, concretando el caso de Andalucía con la «Constitución non nata regionalista de Antequera», la cual recogía en su artículo cuatro «la igualdad entre hombres y mujeres» a pesar de que faltaban más de 30 años para que pudiera darse el «sufragio universal en Europa»; por otro lado, ha mencionado la «ley de igualdad integral», de 2004 y 2007, y una «ley de derechos del matrimonio igualitario», siendo España uno de los «primeros países» en tener este tipo de leyes.

Sin embargo, también ha advertido de que existen «muchas amenazas» al encontrarnos en un momento «muy complejo de las relaciones internacionales, las relaciones políticas y, sin duda, del sistema económico en el que vivimos –en el que se ha movido el neoliberalismo, la socialdemocracia o el Estado del Bienestar–«. «Para algunos, lo fácil sería que las mujeres volvieran a casa, se callaran y ocuparan ese puesto invisible del trabajo no remunerado en el hogar que los mantiene a flote», ha apuntado, y que «también se puede retroceder», como la mujer moderna de los años veinte y treinta en nuestro país, que desapareció al final de la Guerra Civil».

En cuanto al marco legal sobre este aspecto, De Pablos ha afirmado que «debe estar sustentado en políticas activas de promover la igualdad y luchar contra la desigualdad en todos los sentidos» y no aplicar leyes «que se acaben derogando por falta de presupuesto». «Todavía nos falta mucho por poner en marcha esas leyes y protocolos de políticas activas que garanticen, además de la presencia de las mujeres, la igualdad de condiciones», ha explicado.

Para terminar, ha apostado por «realizar un buen diágnostico de la sociedad» para comprender en qué situación se encuentra la mujer para acabar con la desiguladad de género, junto con la aplicación de las «políticas activas» ya mencionadas, y que no olvidemos que es «una conquista de derechos humanos que nos beneficia a todos». «No hay nada más importante como el derecho a decidir tu lugar en el mundo», ha concluido.

Fuente: Europa Press

febrero 21, 2024

España "Brecha de género: las madres siguen sufriendo más que los padres en la oficina"


La ampliación del permiso de paternidad tiene un efecto modesto en la reducción de la desigualdad laboral


Tanto las mujeres como los hombres han reducido sus posibilidades de estar empleados al año de ser padres.MAYTE TORRES (GETTY IMAGES)

España es pionera por sus permisos de paternidad. Desde que en 2021 se equiparasen con los de maternidad, las licencias intransferibles son de 16 semanas, las más largas del mundo, según Danislava Marinova, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), “y muy bien remuneradas”. Con la extensión de las bajas paternales, que en 2018 eran de solo cuatro semanas, los objetivos del Gobierno se centraban en eliminar la discriminación contra la maternidad y fomentar una mayor implicación de los hombres en los cuidados. Un reciente estudio de la Fundación Iseak aprecia un “efecto modesto” en la reducción de las brechas de género en el mercado laboral de la igualación de los permisos, que el Ejecutivo ha anunciado que llevará este año hasta las 20 semanas.

Las licencias han logrado que tras el periodo de baja los padres trabajen menos días y las madres reduzcan menos su jornada laboral que antes, pero la probabilidad de permanecer empleados un año después del nacimiento se reduce para ambos tras la reforma, según Lucía Gorjón, autora del trabajo.

A los seis meses de ser madres, un cuarto de las mujeres que antes trabajaban dejan de hacerlo, en tanto que 9 de cada 10 hombres se mantienen en su puesto. La brecha de género, que es de casi 12 puntos, se atenúa a los 12 meses del nacimiento, cuando casi el 79% de las féminas trabajan, por el 86% de los hombres, “pero no se cierra”, dice la investigadora de Iseak. Los hombres han reducido su probabilidad de estar empleados tanto a los 6 como a los 12 meses de ser padres, como resultado de la reforma (un 4,1% y un 3,3%, respectivamente), mientras que las madres solo al año (un 5,5%).

Lo que han conseguido ellas con la igualación de los permisos de paternidad y maternidad es que las que continúan trabajando después del parto recorten menos que antes su jornada laboral (un 5,3% menos en los 6 primeros meses y un 8,1% menos en los 12). Por lo que disminuye la brecha de género en horas trabajadas. Y, como los hombres interrumpen menos su carrera y trabajan menos días al año siguiente de tener descendencia (337 días en lugar de los 313 de las madres), esto también disminuye la brecha. De cualquier forma, las mujeres reducen su jornada tres veces más que los hombres (un 7,1% frente al 2,3% de ellos).

En las excedencias por cuidados del bebé (de hasta tres años) la brecha de género es enorme. Un 15% de las mujeres hacen uso de este derecho, al que solo se acoge un 1% de los varones. “La reforma no ha alterado esta desi­gualdad”, sostiene Gorjón.

A la vista de estos resultados, la investigadora cree que para corregir las diferencias de género las bajas han de ser idénticas. Se debe incentivar que ambos progenitores las usen de forma igualitaria, pero no simultáneamente, para fomentar la mayor implicación de los padres (pues en otros países hay evidencia de que utilizan estas licencias para formarse, hacer desarrollo personal o tener vacaciones). Iseak alerta de que una extensión de los permisos puede provocar una mayor desvinculación de la mujer con el empleo, por eso recomienda que se remuneren en proporción decreciente. Además, cree necesarias medidas adicionales, como la escolarización gratuita de los niños entre cero y dos años, de manera que los progenitores puedan retomar el empleo tras la licencia y una prestación universal por hijo que ya existe en muchos países.
Involucración

En los estudios de Danislava Marinova, que está trabajando para la Agencia Estatal de Investigación en el proyecto Fairleave, tampoco se aprecian efectos concluyentes respecto al cierre de la brecha de género a raíz de la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad. “No hay cambios claros ni en la probabilidad de que la madre vuelva al trabajo a tiempo completo tras la baja (45%), ni en las que cogen reducción de jornada (30%) o las que van al paro (10-15%)”, explica. “Sí vemos que los padres se involucran más en los cuidados. Sobre todo en los primeros seis meses de vida del niño, pero después volvemos a los patrones de género”, continúa.

La profesora de la UAB cree que la reforma necesita tiempo para arrojar resultados. “Cambiar las dinámicas sociales siempre lleva tiempo. No es socialmente justo que la responsabilidad y la carga del cuidado de los hijos recaiga de manera tan desproporcionada en las mujeres”, coincide Patricia Bezunartea, directora general de Diversidad Familiar y Servicios Sociales, quien cree que los pasos dados con la equiparación de los permisos van por el buen camino, “aunque aún hay que seguir avanzando en que más padres asuman en solitario el cuidado de sus hijos de forma no simultánea con las madres, más allá de las seis semanas obligatorias de permiso tras el nacimiento”, añade.

Bezumartea señala por correo electrónico que la ampliación del permiso a 20 semanas tiene entre otras motivaciones que la licencia de maternidad “lleve prácticamente 35 años estancada en 16 semanas, en concreto desde 1989. La mayoría de los países de la OCDE cuentan con permisos de maternidad de mayor duración, por lo que entendemos que ha llegado el momento de avanzar en su protección y extenderla”.

Mujeres con una segunda oportunidad

Es poco corriente, pero hay empresas preocupadas por la interrupción que suponen los cuidados en la vida profesional de las mujeres y hacen algo. Es el caso de Schindler Iberia, que ha lanzado el programa Women Back to Business para ofrecer una segunda oportunidad a aquellas profesionales que aparcaron su carrera por un periodo de entre tres y diez años y quieren recuperarla. Porque, como señala Gemma Baz, directora de recursos humanos de Schindler Iberia, una de las principales dificultades que encuentran estas mujeres es volver a reengancharse en el empleo. “Pensamos que podíamos poner un granito de arena para resolver el problema de las madres y cuidadoras y, al tiempo, cubrir nuestras necesidades de talento femenino, pues somos una compañía eminentemente masculina, con sólo un 10% de mujeres en plantilla y un 30% en el comité de dirección”, admite Baz.

En la primera edición del programa, nueve mujeres de entre 35 y 52 años ocuparon sendas posiciones como comerciales, en la red de operaciones o en atención al cliente de la compañía con contrato indefinido. Se presentaron nada menos que 617 solicitudes, que en la actual segunda convocatoria han llegado a 2.000. Han de estar en paro y tener experiencia profesional previa, así como buen manejo del inglés. 

Almudena Lara es una de ellas: “Dejé de trabajar hace 8 años y a los 7 decidí reincorporarme, pero con 46 años y con cargas familiares era complicadísimo que una empresa me cogiera. Tienen miedo a que hayas perdido tu fuerza y tus contactos”, aprecia esta jefa de zona comercial en Madrid norte de Schindler. Su último puesto antes de abandonar temporalmente la profesión para cuidar de su segundo hijo fue de directora del área internacional. “Viajaba todas las semanas y en uno de esos viajes decidí dejarlo”. Pero reincorporarse le ha dado la vida, dice. “He dejado de ser solo madre y esposa para ser una mujer independiente y con capacidad económica”. 

Schindler incorpora a estas mujeres paulatinamente con un programa de onboarding de seis meses que incluye formación en herramientas digitales, conocimiento de la compañía y del puesto de trabajo, así como el acompañamiento de un mentor. El primer semestre cuentan con reducción de jornada.

Fuente: El País

septiembre 06, 2021

Las promesas de conciliación y cocrianza se esfuman año y medio después de estallar la pandemia

La vuelta al trabajo de millones de mujeres tras el periodo vacacional y el inicio esta semana del curso escolar se hará sin red, justo cuando muchos empleadores comienzan a exigir la vuelta al trabajo con presencialidad plena.

Mujeres trabajando en la conserva. — (FOTO DE ARCHIVO)

La pandemia de la covid-19 trajo consigo mucho dolor. Pero también trajo un buen puñado de sueños: el sueño de poder conciliar vida personal y laboral, el de un reparto más equitativo en las tareas de cuidado de menores, mayores y personas dependientes; el sueño de poder cuidarse a una misma, de que se produjese un cambio cultural largamente esperado que convirtiese, por fin, la cocrianza y la corresponsabilidad en una realidad, aunque para ello hubiese sido necesaria una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes.

Año y medio después de que estallase la pandemia, todos los datos demuestran de manera tozuda, que todos esos sueños han quedado reducidos a cenizas. Ni ellos se han lanzado a cuidar más, como se esperaba, ni el teletrabajo forzoso fue la solución para millones de mujeres que sobre la enorme sobrecarga física, mental y emocional que ya sufrían, añadieron largas jornadas de trabajo desde casa. No hubo alivio, sino una suma de tareas, tal como pudo comprobar este diario hace unos meses al recabar decenas de historias de mujeres diversas de toda la geografía española que compartían su cansancio y su hartazgo.

Los datos oficiales corroboran que tras la pandemia las mujeres corren con la mayor carga de los cuidados. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el segundo trimestre de este año, el 94,4% de los trabajadores que pidieron reducciones de jornada por cuidado de hijos, incapacitados o mayores fueron mujeres. Esta misma fuente afirma que en ese mismo período ellas ocupaban el el 74,2% del empleo a tiempo parcial, mientras que el ministerio de Economía desvela que en 2020 el 89% de las excedencias por cuidado de hijos fueron solicitadas por mujeres. 

"La pandemia no parece haber cambiado el reparto de roles de género en las familias"

"El teletrabajo no era la solución, esto depende de otros factores. A priori, trabajar desde casa puede hacer pensar que se producirá el reparto, pero la pandemia no parece haber cambiado el reparto de roles de género en las familias, a tenor de los pocos datos o encuestas que vamos conociendo", afirma Alba González, experta en Igualdad del ministerio que dirige Irene Montero. 

Para esta experta, el reparto de tareas debe ir unido a un cambio cultural, así como una plena implicación de las administraciones públicas para ocuparse "de verdad y con todas las garantías", de los cuidados. "Es cierto que habrá personas a las que les irá bien la formula del teletrabajo y la posibilidad de organizarse a conveniencia, pero no es una opción para todas las personas y desde luego no lo es para todas las mujeres y sin otras medidas de sensibilización y de política pública para pelear contra esos roles y estereotipos no tiene por qué significar que los hombres se implican más", añade González.

¿Qué hay cuando no hay cole? ¿Qué hay si no hay red familiar?. Esa es la pregunta que hay que hacerse, afirma esta experta y abunda en que es responsabilidad del Estado y las distintas administraciones hacerse cargo y diseñar servicios y políticas publicas las administraciones 

Desde el ministerio de Trabajo se puso en marcha en los primeros compases de la pandemia el Plan Mecuida. Una serie de medidas encaminadas a flexibilizar la jornada laboral y para reducir la jornada laboral, que podía llegar al 100% de la jornada, pero iba aparejada con una reducción proporcional de los salarios. Esta medida va unida a los Ertes y tiene previsto acabar a finales de este mes de septiembre. En marzo pasado, el Ministerio de Igualdad puso en marcha el Plan Corresponsables un ambicioso proyecto de 200 millones proveniente de los fondos de europeos de Resiliencia y Reconstrucción. Propone crear, en colaboración con las comunidades autónomas, una bolsas de cuidado profesional que faciliten la conciliación de familias con hijas e hijos menores de 14 años. Sin embargo el plan no está en marcha aún en casi ninguna comunidad y mostrará su eficacia en el medio o largo plazo.
Un vuelta al trabajo sin red

La vuelta al trabajo de millones de mujeres tras el periodo vacacional y el inicio esta semana del curso escolar se hará sin red, justo cuando muchos empleadores comienzan a exigir la vuelta al trabajo con presencialidad plena.

Desde los principales sindicatos lamentan que la pandemia no haya servido para acometer cambios de más calado en materia de conciliación corresponsable y de reparto de en las tareas de los cuidados. Encuentran que la medidas puestas en marcha por el Gobierno han sido "tímidas e insuficientes" y piden una coordinación y transversalidad de los distintos ministerio y administraciones para crear unos servicios públicos y gratuitos de calidad que solucionen las brechas de cuidados y laborales. 

"Esto no es un problema nuevo ni que haya surgido con la covid. Parece que de repente todo el mundo ha abierto los ojos a este problema, peor ya existía. No hay servicios públicos suficientes y de calidad como para poder atender las grandes necesidades de conciliación que existen en la población española y desde luego con la pandemia se han agudizado más con el cierre de las escuelas, los centros de día", afirma Helena Blasco, Secretaria de Mujeres e Igualdad de CCOO.

Desde CCOO han sido muy críticas el Plan Mecuida, porque permite reducciones de jornadas de hasta el 100%, pero no deja de implicar una merma económica para las mujeres y lamentan que no haya sido acompañada de otras medidas, añade Blasco. 

"Cuando nos dijeron que los niños no iban al cole, todo el mundo se llevó las manos a la cabeza, pero en este año y medio no se ha hecho nada para solucionarlo y por lo tanto estamos exactamente igual que antes de la pandemia. Porque con medidas estrella y titulares no se soluciona. La conciliación, los cuidados la corresponsabilidad, es algo que hay que abordar de una forma transversal desde los distintos ministerios. No puede ser que cada ministerio trabaje por su cuenta. Trabajo, por ejemplo no tenía ni idea de que iba el plan Corrsesponsables de Igualdad. Que muchas empresas quieran volver ahora a la plena presencialidad es volver a al casilla de salida. Todo sigue igual", explica Cristina Antoñanzas, Vicesecretaria General de la UGT. 

"El Gobierno tiene que tener un posicionamiento y una apuesta muy clara y directa de lo que tienen que ser las políticas de conciliación corresponsables y abordarlas desde un plano social, desde la ecuación en igualdad y avanzar en una igualdad efectiva. Es decir, esto no es un tema solamente de hombres: es de las empresas, de la sociedad en su conjunto. Y es necesario hacer un esfuerzo en ese sistema de cuidados público que sea gratuito, que sea para todas las familias, especialmente a las de rentas más bajas. Y asegurar el cumplimiento de toda una normativa vigente a en igualdad en el que se avanzo mucho a nivel formal pero que desde luego a nivel real no sea aplica", añade Blasco. 

"Mientras las medidas de conciliación supongan una merma económica, los hombres no harán uso de ellas", concluye la dirigente de CCOO.

Fuente: Público.es

agosto 27, 2021

Conciliación, la asignatura pendiente lastrada por la pandemia

La idea de que el teletrabajo forzoso podía suponer un gran salto para avanzar en el reparto de tareas del hogar y cuidados entre hombres y mujeres no se ha hecho realidad. El sistema necesita medidas para regular horarios, fomentar la natalidad y la igualdad.

Una madre ayudando a sus hijos con los deberes, en octubre de 2020, mientras teletrabaja en su domicilio situado en la Comunidad de Madrid. Carlos Rosillo

La pandemia ni nos ha hecho mejores personas en general, como algunos pregonaron al principio del confinamiento, ni más conscientes de que la conciliación es un derecho fundamental y personal establecido por la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Estar obligatoriamente encerrados en casa durante meses se vio como una oportunidad para que los hombres ―que, como se empeñan en demostrar los datos, son los menos implicados en los cuidados familiares y en las labores domésticas― se enfrentaran a la realidad diaria de las tareas del hogar. Y parecía la ocasión para que el teletrabajo forzoso se convirtiera en un laboratorio en el que más empresas, en aquellos puestos donde es posible, comprendieran que el trabajo a distancia redunda en empleados más implicados que no tienen que calentar asientos en las oficinas para ser productivos. Pero un año y medio después, la conciliación sigue siendo una asignatura pendiente a la que, según los expertos, le queda un largo camino por recorrer pese a ser una imperiosa necesidad social que exige decisiones políticas y empresariales que la saquen de la esfera privada.

Los datos oficiales más recientes sobre conciliación son los publicados por el Ministerio de Igualdad y corresponden al último trimestre de 2020, ya después del confinamiento domiciliario. Muestran con contundencia quiénes soportaron las tareas del hogar y los cuidados: el 94% de los trabajadores que pidieron reducciones de jornada por cuidado de hijos o mayores fueron mujeres, porcentaje idéntico al del mismo trimestre de 2019, antes de la pandemia. Las mismas que también son mayoría ―un 74,37%― en el cómputo total de empleados a tiempo parcial, que incluye a los que no han logrado un empleo a tiempo completo. Entre quienes piden una excedencia por cuidado de hijos, el 89% son mujeres. A pesar de que el ministerio reconoce que aún deben profundizar en los estudios para ver qué ha pasado en 2021, Alba González, asesora de Igualdad, afirma: “Todo apunta a que la sobrecarga y roles han caído de nuevo del mismo lado. Las pocas encuestas que han salido retratan a mujeres haciendo malabares y trabajando con los ordenadores por la noche. Desmonta un poco el mito del teletrabajo como solución para todo. El diagnóstico es claro: se ha visto riesgo de retroceso en general y la sobrecarga para la mujer sigue. El confinamiento solo ha hecho estallar crisis previas que ya existían”.

Laura Baena, presidenta del Club de Malasmadres, se aferra a los datos de una encuesta promovida por su organización publicada en febrero de este año: “Una de cada cuatro mujeres ha renunciado a todo o parte de su empleo durante la pandemia para poder cuidar a los suyos”, asegura. Y añade cifras similares a las publicadas por Igualdad: “Según la encuesta, más del 90% de las reducciones de jornada siguen teniendo nombre de mujer, las excedencias las piden mayoritariamente mujeres y el teletrabajo, sin una regulación con perspectiva de género y flexibilidad, lo único que ha hecho es trasladar a esta modalidad los derechos y problemas de los trabajadores presenciales. Por eso hay que forzar leyes que actúen como palanca de cambio”.

Nuria Chinchilla, profesora del IESE y de la cátedra Mujer y Liderazgo, cree que la pandemia sí ha podido servir para cambiar algo las cosas: “Hemos realizado un avance importante en el tema de la conciliación porque el confinamiento, que ha sido muy duro, ha permitido a los hombres darse cuenta de lo que significa el trabajo del hogar y los cuidados de hijos y mayores. El teletrabajo no es válido para todos, pero las empresas que pueden aplicarlo y quieren volver al trabajo presencial 100%, es como si volvieran al siglo XX”.

Baena asegura que el enfoque de Chinchilla le parece válido, pero solo para una minoría, “un mundo de hombres directivos bastante alejado de la realidad social, que es lo mismo que les pasa a los políticos de este país”. Ella asegura: “A mí lo que me llega no es esa visión. Los estudios dicen que si invirtiéramos en conciliación y corresponsabilidad sería muy rentable en el futuro a nivel social. Pero no interesa porque para conseguirlo hay que mover estructuras de poder y sigue siendo más fácil invisibilizar a la mujer, que seamos nosotras las que renunciemos porque juegan con algo tan duro como es tener que elegir entre los hijos y la carrera profesional”, dice.

A Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba e integrante de la Red Feminista de Derecho Constitucional, observar las consecuencias del confinamiento le dio para un libro, La vida en común: los hombres que deberíamos ser después del coronavirus. Su principal conclusión es que el género masculino debería plantearse la conciliación, la corresponsabilidad y la igualdad como “una inversión en valores para sus vidas”. “En el paradigma masculino”, explica, “lo más importante es el trabajo, ser productivo, competitivo. Pero lo que realmente da sentido a la vida es todo eso a lo que los hombres no le damos valor, eso que desde el feminismo se llama sostenibilidad de la vida”.

Un padre acompañando a sus hijas a actividades extraescolares en un municipio de la Comunidad de Madrid, en octubre de 2020. Carlos Rosillo

José Luis Casero, presidente de ARHOE, Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, apostilla: “Hay un tiempo para trabajar, pero también debe haber un tiempo digno para hacer con él lo que te dé la gana”. Y añade: “Con eso todos los políticos están de acuerdo, aunque al final siempre hay una excusa, llámale Cataluña o la pandemia, que pone palos en las ruedas y te hace preguntarte cómo no son capaces de trabajar en varias líneas a la vez”. Casero vuelve a tirar de cifras: “Nuestra asociación ha hecho una encuesta con datos demoledores: el titular es que con el confinamiento los varones han entrado en casa y se ha puesto en valor su trabajo frente al de las mujeres. El 72% de los encuestados ha señalado la falta de corresponsabilidad y que las mujeres trabajan el doble para atender a menores y dependientes. El confinamiento estricto y flexible ha significado una visibilidad mayor de esa desigualdad dentro del reparto de tareas. Es evidente que algo se tiene que hacer desde el punto de vista político para sensibilizar y revertir esos hábitos sociales, porque cambiarlos cuesta, pero no es imposible”.
Riesgo de retroceso general

Alba González, asesora del Ministerio de Igualdad, confirma que el confinamiento ha dado un diagnóstico claro: la sobrecarga para la mujer sigue y se ha visto un riesgo de retroceso en general. “Esto va más allá de nuestro ministerio, es un engranaje complejo”, señala. Su departamento ha puesto en marcha el llamado Plan Corresponsables, con 190 millones de euros para crear una red pública de cuidados profesionales que atienda a menores de 14 años mientras sus madres trabajan. “Este es el primer año y la idea es fortalecerlo económicamente para garantizar una cobertura universal”, dice González, que añade que se están realizando campañas específicas dirigidas a los hombres. “Todavía no tenemos datos de que el cambio esté siendo profundísimo, hay que empujarlo”.

Empuje es precisamente lo que reclaman todas las voces preocupadas por el ya viejo tema de la conciliación. La de José Luis Casero es una de ellas: “En 2017, cuando era ministra de Trabajo Fátima Báñez, propuso un Pacto de Estado de Conciliación. Tuvieron dos años de mayoría absoluta y no avanzaron nada. Carmen Calvo ―que fue vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia hasta el pasado 12 de julio― también se refirió a lo mismo y a la regulación de los horarios en una inauguración a la que asistimos juntos, pero seguimos igual. Ese plan de Estado o nacional de conciliación y horarios racionales se debe hacer. Si logramos que mucha gente salga a las cinco de la tarde de trabajar, irán al comercio antes y lo mismo ocurrirá con la hostelería, las actividades de ocio, y los trabajadores de esos sectores se verán beneficiados indirectamente”.

“Estamos haciendo un mundo que no es sostenible”, resume Octavio Salazar. “Muchas mujeres quieren tener hijos, pero, ¿quieren hacerlo en las condiciones de un sistema tan exigente desde el punto de vista productivo? Estamos construyendo una sociedad de espaldas a las necesidades de la vida”, añade.

Una mujer pasea a su hija recién nacida en la plaza del ayuntamiento de Oviedo, en mayo de 2020. Alberto Morante/ EFE

Laura Baena pide: “Debe haber un cambio global del mercado laboral y la manera de trabajar”. Y continúa: “Es fundamental apostar por las jornadas intensivas con horario flexible, incentivar fiscalmente a las empresas que lo promuevan y que la conciliación sea un derecho por ley. Lo que hay que hacer es tomar medidas para incentivar y evitar que siga cayendo la tasa de natalidad. Y en este sentido te diré que confío más en lo que están haciendo algunas empresas que están dando pasos más allá de lo que marca el Gobierno y empujan a otras a seguir su ejemplo”.
Medidas en las empresas

Un ejemplo de avance en conciliación es la empresa Danone, que ya en el año 2000 institucionalizó a nivel mundial medidas específicas dentro de la compañía. En España, por ejemplo, su convenio reconoce dos semanas adicionales por permiso de maternidad/paternidad, horario flexible de entrada y salida, ayudas de guardería, ayudas para estudios y cuidados de hijos hasta los 18 años, entre otras. Patricia Oliva, directora general de su división de Nutrición Especializada, hace hincapié en sus beneficios: “El grado de compromiso del empleado está muy por encima de la media porque se sienten cuidados. Mantener el equilibrio entre trabajo y vida personal es muy importante, entre otras cosas porque alimentar la mente y tenerla abierta es bueno para la creatividad y revierte en el trabajo, pero también porque la gente está más fresca, con más ganas de trabajar y sin perder el tiempo”.

Entre sus directivos, el 61% son madres, lo que significa, como apunta Oliva, que si Danone fuera un país estaría un 30% por encima de la media de la tasa de natalidad. Nuria Chinchilla apunta: “Tenemos que mirar lo que ha conseguido Hungría en los últimos 10 años por sus políticas públicas de apoyo a la maternidad”, donde la tasa de fecundidad ha pasado de 1,23 a 1,55 hijos por mujer. “Cosas tan gordas como que si tienes tres hijos ya no pagas IRPF durante toda tu vida o que se pueden pedir excedencias hasta de dos años con el sueldo íntegro. Esto es invertir en futuro”, prosigue.

Pero también hay decisiones que tomar a nivel personal. Chinchilla aconseja a las mujeres delegar: “Hay que saber dejar espacio para los hombres y tiempo para que aprendan lo que tengan que aprender. Ver dónde eres imprescindible y delegar todo lo delegable. Es lo mismo que cuando hablamos de los clientes 80/20; el 20% de los clientes te dan el 80% del negocio, pues el 20% de tus acciones te dan el 80% de los resultados en todos los ámbitos de la vida. Entonces lo primero es mirar todos los roles que tienes, después valorar en cada uno de ellos el 20% de cosas que no puede hacer nadie más que tú, y todo el resto de cada área delegarlo”.

Octavio Salazar añade otro aspecto: “El discurso de la desubicación masculina es ya antiguo. Hay que partir de que la igualdad y la corresponsabilidad colocan a los hombres en una situación de pérdida de poder y dominio y ha habido y va a haber mucha resistencia a ese cambio. Los hombres debemos cuestionarnos a nosotros mismos y aceptar lo que se gana perdiendo poder y privilegios. Por eso son importantes las políticas dirigidas a varones más jóvenes, porque se ha avanzado mucho en empoderar a las chicas, pero no se ha trabajado lo suficiente en los modelos que se esperan de los hombres”.

Fuente: El País

abril 08, 2021

Estado de alarma de la conciliación durante el confinamiento






“La conciliación se llama Doris y cuesta 1.300 euros al mes”. Rocío se recorría Madrid cada día de los tres meses de confinamiento para recoger a Doris, la mujer que cuidaba de sus hijos. Gracias a su trabajo Rocío y su marido, los dos médicos, podían ir a trabajar al hospital.

La conciliación todavía depende de quién se la pueda permitir económicamente. Han sido siete meses sin colegios en los que la convivencia familiar y laboral ha sido un juego de malabares. EFE entrevista a mujeres que han dejado sus puestos de trabajo, se han reunido con gritos desde el pasillo o han tirado de abuelos o cuidadoras para poder “conciliar” durante el confinamiento.

Otras, como Mariana, directamente han renunciado a su empleo y, durante el tiempo que sus hijos, de 10 y 2 años, estuvieron sin colegio, dejó de trabajar. Como empleada doméstica, el teletrabajo no era una opción, así que entre marzo y septiembre del año pasado, con la reapertura de colegios, no le quedó otra que dejar de trabajar y de cobrar. Tan sólo recibió el subsidio que aprobó el Gobierno para este colectivo, que en su caso no llegó a 300 euros, ya que no estaba dada de alta en la Seguridad Social en todas las casas en las que trabajaba.


Marta, con tres niños: “incluso hubo algún día que se me olvidó darle el biberón al bebé… me cogí una excedencia porque no me quedó otra”

También Marta, madre de tres niños (uno de ellos de meses), se vio obligada a cogerse una excedencia. “Mi trabajo es muy intenso y mi marido no para, así que empezamos a teletrabajar los dos encerrados en la habitación mientras los niños gritaban, incluso hubo algún día que se me olvidó darle el biberón al bebé, así que duré 15 días, me cogí una excedencia porque no me quedó otra”.

Ahora tiene previsto volver a trabajar. “A ver qué pasa ahora cuando me reincorpore, después de casi un año, con un bebe… soy carne de cañón”. Marta, no obstante, considera que cogerse una excedencia fue un lujo. “Hay mucha gente que no se lo puede permitir”. “Si hubieran dado alguna ayuda a las familias, por poco que fuera… Pero las familias no se contemplan, en esta pandemia se ha pensado en otras cosas“, añade.
Abuelos que cuidan y noches de trabajo

Los abuelos han sido el recurso de muchas otras familias para afrontar esta situación. Patricia, divorciada, vive con su madre desde que se separó y, gracias a esto, ha podido trabajar con “normalidad” durante la pandemia. “Mi madre se ha encargado durante estos meses de ayudarme con mi hijo, gracias a ella podía encerrarme en una habitación a trabajar, mantener reuniones, etc”.

En su caso, destaca además las facilidades que ha encontrado en el trabajo, una conocida empresa de seguridad, que ha permitido a los padres modificar su jornada laboral y adaptarla a las necesidades familiares.

A los abuelos ha tenido que recurrir también Lucía, con un gran sentimiento de culpa, pero no le ha quedado más opción después de que tener que volver a la oficina. “Mis hijos tenían por entonces poco más de cuatro años y 16 meses, edades en las que no son autónomos casi ni para ir al baño, lo cual implica que requieren atención continua”. Durante los primeros meses de confinamiento las noches le permitieron sacar adelante su trabajo.

“Acostar a los niños y ponerme delante del ordenador hasta la 1 o las 2 de la mañana, sábados y domingos incluidos, se convirtió en algo habitual”, recuerda. “Echo la vista atrás y hay veces que me pregunto cómo logramos sobrevivir sin volvernos locos. Trabajaba fuera de las horas habituales precisamente para compensar lo mal que me sentía por no estar cumpliendo estrictamente con mi horario y terminé por sacrificar cualquier resquicio de tiempo libre. En cuanto tenía un rato, a cualquier hora, me enchufaba al ordenador a terminar lo que tuviera pendiente. Esa fue mi conciliación. Sin desconexión durante 24 horas al día y 7 días a la semana durante meses para demostrar que era capaz de llegar a todo“.

Para afrontar estos meses, María, periodista y directora de varias publicaciones, ha recurrido también a las horas de sueño para trabajar. “Me levanto a las 4 de la mañana cada día para poder sacar adelante el trabajo antes de que las niñas se despierten”. Por prudencia, no quisieron recurrir a terceras personas para cuidar de sus hijas, de 9 y 2 años y prefirieron asumir ellos -fundamentalmente ella- el trabajo de la casa y de los niños. “Consigo trabajar renunciando a horas de sueño”, lamenta.

Sin embargo, recuerda que “la máxima locura fueron las primeras semanas, con las niñas en casa y teniendo que darles clase porque no queríamos que perdieran el curso, todo ello manteniendo el ritmo de trabajo. Fueron meses de muchísima ansiedad y estrés porque veía que no llegaba a todo”.

Salvo excepciones, la conciliación ha estado ausente de la vida de las mujeres españolas también en este año marcado por el coronavirus y el teletrabajo.

El Consejo de Ministros tiene previsto aprobar el Plan Corresponsables, iniciativa dotada de 190 millones de euros para crear “bolsas de cuidado profesional” en las comunidades autónomas y ofrecer a familias con hijos menores de 14 años atención a domicilio por horas para favorecer la conciliación. El principal destino de los 190 millones destinados este año al plan será la creación de “bolsas de cuidado profesional”, que se prestarán a domicilio por un número determinados de horas semanales a menores de 14 años.

Por Marta Ostiz 
Fuente: Efeminista

marzo 29, 2021

El Club de Malasmadres reclama un Pacto de Estado por la conciliación con perspectiva de género

 


La presidenta de la asociación "Yo no renuncio" y del "Club de Malas Madres", Laura Baena, comparece ante la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados este martes. EFE/Kiko Huesca POOL

La Fundadora del Club de Malasmadres, Laura Baena, ha reclamado en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados un Pacto de Estado por la conciliación con perspectiva de género que proteja a las madres para que “la maternidad no sea un lastre para su carrera, para sus sueldos y para su calidad de vida”.

Así lo ha dicho durante su comparecencia, en la que ha lamentado que ser madre se ha convertido en un gran techo de cemento “imposible de superar”.

De esta forma, el Club Malasmadres exige un Pacto de Estado que revise las actuales medidas de conciliación para que no sean las mujeres las que se vean abocadas a cogerse excedencias o reducciones de jornada, con su consiguiente pérdida salarial.

Ha apostado por mejorar la gestión de los usos del tiempo, compactando las jornadas y facilitando la flexibilidad y el trabajo por objetivos, y premiar con incentivos fiscales a aquellas empresas que apuestan por políticas de conciliación y planes de igualdad.

Ser madre trabajadora, en cifras

Baena ha expuesto algunas cifras derivadas de encuestas realizadas por el Club de Malasmadres que señalan que una de cada tres madres (el 37 %) ha sufrido algún tipo de discriminación laboral derivada de su maternidad y 6 de cada 10 han renunciado a su trayectoria profesional al convertirse en madres (reduciendo su jornada, cogiendo excedencias o abandonando el mercado laboral).

Además, el 68 % de las mujeres hubiera tenido más hijos e hijas si contara con medidas de conciliación que no penalizaran su salario y el 45 % de las mujeres son las responsables principales de las tareas domésticas y de cuidado, frente al 9 % de sus parejas hombres, aunque aporten los mismos ingresos al hogar.

Un debate partidista

Ante la reclamación del Pacto de Estado, la diputada del PSOE Gracia Canales ha lamentado que vivimos en un reparto de las tareas “desequilibrado” en el que las mujeres asumen mayoritariamente el cuidado. “Y se trata de un trabajo precario y no remunerado, alejado de la corresponsabilidad, una inmensa carga se traduce en problemas de salud tan graves como depresión, ansiedad y estrés”.

Desde el PP, Margarita Prohens ha destacado cómo la pandemia ha puesto de manifiesto la carencia de nuestro sistema de cuidados y el teletrabajo se ha convertido en una trampa en la que han sido las mujeres las que han tenido que asumir mayores renuncias y se han encargado del trabajo de la casa.

La diputada de ERC Pilar Vallugera se ha referido también a las mujeres que se hacen cargo de las personas dependientes y de los mayores destacando que son necesarias las políticas que “hagan posible la vida”.

Mientras, la diputada de Unidas Podemos Sofía Fernández Castañon ha dicho que “la conciliación es un mito” y Rocío De Meer (Vox) que ser madre “esté denigrado” y ha acusado al feminismo de frustrar a las mujeres que quieren cuidar a sus hijos.

Por Marta Ostiz 
Fuente: Efeminista

enero 15, 2021

España. La normativa que equipara los permisos de paternidad y maternidad cede a las presiones de las empresas .

Desde el movimiento feminista, con distintos enfoques y posturas, se levantan voces críticas frente a la ley que el Gobierno aprobó el 1 de enero y cuya redacción es “farragosa”

El 1 de enero de 2021 se completó la equiparación de los permisos de nacimiento, acogida y adopción para madres y padres, al entrar en vigor la ampliación del de paternidad a 16 semanas. Así, en principio, los permisos serán de igual duración para ambos –o ambas- progenitores, intransferibles y pagados al 100 por cien. Se trata de una reivindicación que la Plataforma por los Permisos Iguales e Intransferibles por Nacimiento y Adopción –PPiiNA- ha defendido desde 2005. Además, la norma ha sido celebrada por el Ministerio de Igualdad, que rápidamente la ha catalogado de “hito feminista”. Pero no todo son alabanzas. Desde el movimiento feminista, con distintos enfoques y posturas, se levantan voces críticas frente a una normativa que cede a las presiones del tejido empresarial.


“Es una medida feminista porque avanza en la igualdad de derechos entre mujeres y hombres y ello apunta a acabar con la división sexual del trabajo”, asegura María Pazos, portavoz de la PPiiNA. Pero, seguidamente, critica que se haya elaborado una legislación “innecesariamente farragosa” que impide cumplir la propuesta por la que la plataforma ha peleado: permiso de dos semanas para ambos progenitores de manera conjunta y otras 14 semanas para disfrutar durante el primer año desde el nacimiento, según quiera organizarse la pareja; siempre permisos intransferibles y cobrados al 100 por cien.

Efectivamente, según explica, con las trampas del decreto que regula la ampliación, los padres no podrán utilizar su permiso para turnarse con las madres y quedarse al cargo de su bebé porque las seis primeras semanas tendrán que tomárselas forzosamente a partir del nacimiento, o sea simultáneamente con la madre, y las otras 10 semanas tendrán que tomárselas “cuando y como la empresa se lo permita”.

“Las empresas prefieren que los hombres estén de permiso a la vez que las madres o cuando tengan menos carga de trabajo, pues así seguirán disponiendo de ellos, aunque sea de manera parcial o informal”, explica Pazos, quien lamenta que el Gobierno haya cedido a la “presión empresarial”.

“Hemos ido advirtiendo de las trampas que las distintas normativas aprobadas en otros países podían suponer y hemos logrado parar algunos intentos de legislación que no apostaban por la igualdad, pero estas trampas se nos han presentado por parte del Gobierno como letra pequeña y detalles sin importancia, cuando no es así”. Incluso, el pasado 14 de diciembre la PPiiNA registró una petición firmada por 86 organizaciones de todo tipo, instando al gobierno a que corrigiese las trampas citadas antes del 1 de enero de 2021. Entre las organizaciones se encontraban las principales asociaciones feministas a nivel estatal, otras de diferentes ámbitos, sindicatos, asociaciones de trabajadoras, organizaciones políticas y ciudadanas, grupos de investigación de diversas universidades y los principales grupos de hombres igualitarios. No fueron escuchadas.


“Igual que las empresas son capaces de organizarse para poder prescindir de las mujeres cuando estas toman su permiso de maternidad, tendrán que aprender a prescindir de los hombres. Sabemos que les cuesta, no es igual prescindir de una cajera que de un encargado de tienda, pero eso forma parte de las desigualdades que queremos corregir. Es necesario para que haya igualdad en el empleo y también igualdad en los cuidados”, explica María Pazos.

Aunque con un enfoque diferente, otra organización que denuncia que sean las empresas quienes dicten las pautas que han de regir los cuidados de los y las pequeñas es la Asociación PETRA Maternidades Feministas. “Creemos que es un error ignorar la función primordial de los permisos parentales -dar protección en el momento de vulnerabilidad que supone el nacimiento de una criatura- y convertirlos en una herramienta de ingeniería social para transformar las prácticas androcéntricas en el mercado laboral. Hacer política feminista debería consistir en encontrar las fórmulas para que el mundo laboral se vea obligado a dar encaje a la crianza humana, no en forzar la maternidad para que se adapte a las exigencias del mercado”.

Esta asociación ha generado una petición en la que muestra su rechazo frontal a la legislación recientemente aprobada y muy específicamente al criterio de permisos intransferibles defendido históricamente por la PPiiNA.


Distintos modelos

La aprobación de la normativa el pasado 1 de enero generó un interesante debate dentro del feminismo que en algunos casos afloró a las redes sociales. Discusiones que pusieron de manifiesto cuestiones que no son fáciles de responder: ni las mujeres ni las madres son una unidad, ni un conjunto homogéneo ni vidas estáticas, hay distintos modelos de maternidad y crianza, hay diferentes concepciones y sobre todo experiencias de lo que significa cuidar, trabajar e incluso amamantar. Y de todo ello brotan procedimientos y hojas de ruta disparejas.

Parece que el tiempo y los recursos que una sociedad dedica al cuidado de las criaturas cobra cada vez más importancia y que la respuesta que hasta ahora ha venido propiciándose es insuficiente. Por tanto, y en eso coinciden las organizaciones, es imprescindible un debate social en profundidad.

Son frecuentes las voces que reclaman que los permisos de maternidad y paternidad deberían ampliarse. Ese criterio toma en cuenta los 6 meses de lactancia exclusiva que la Asociación Española de Pediatría y la OMS recomiendan, y que muchas mujeres –no todas- desean practicar. Pero para la Plataforma que ha impulsado la ley de permisos iguales e intransferibles, la ampliación exige, además de ese debate social previo, especialmente, un compromiso con que los permisos de ambos progenitores avancen en paralelo, de forma simultánea.

María Pazos explica que “en países donde el permiso de maternidad es extenso, de un año, por ejemplo, como sucede en los países nórdicos, la situación es difícil de revertir, no va a ser fácil que los hombres alcancen ese permiso”. En ese sentido, que España los haya equiparado a las 16 semanas abre la puerta a una ampliación simultánea, en un momento posterior.

Es cierto que España, con la implementación de unos Permisos Iguales e Intransferibles como los contemplados en la Ley que ha inaugurado el 2021, se ha convertido en el país con los permisos paternos intransferibles y remunerados al 100 por cien más largos de Europa: 4 meses frente a los 3 de Suecia e Islandia, y los 2 de Noruega, Finlandia y Alemania. Las madres españolas siguen siendo, junto con las maltesas, las madres europeas con menos tiempo disponible de permiso remunerado.
“La transferibilidad es una trampa para que nada cambie”

¿Por qué para la PPiiNA es tan importante que estos permisos sean intransferibles? “Porque la transferibilidad es una trampa para que nada cambie. Una trampa para que sean las mujeres quienes sigan pidiendo los permisos y encima, convertirlas en responsables porque lo hacen por propia voluntad. Estos permisos son un derecho social y no hay otro derecho social que sea transferible de una persona a otra. ¿Por qué este sí?”, argumenta Pazos. “Quienes afirman que con esta ley los hombres han conseguido mejoras en sus derechos gracias a las feministas y sin que hayan peleado por ello, les digo que llevan toda la razón: no lo han pedido –en la mayoría de los casos- porque es una medida feminista y va a tocar sus privilegios”.

Hasta el momento, las mujeres son las que recurren a las excedencias - en 2019 las madres solicitaron 42.857 y ellos solo 5.320- y a las reducciones de jornada para cuidar.

Desde PETRA abogan por “una sociedad más cuidadora en general, más sensible a las necesidades de las personas dependientes y en la que los cuidados sean puestos en valor y remunerados, pero nunca el cuidado de criaturas recién nacidas puede ser impuesto bajo el paradigma de la obligatoriedad”. No creen que “pagar a los hombres para que cuiden” sea la solución. Y apuestan porque los permisos sean transferibles y las familias se organicen como consideren.

Otra de las críticas que recibe la ley es que no incluye las reivindicaciones de las familias monomarentales y monoparentales. Las criaturas que tengan solo un padre o solo una madre no gozarán de las 32 semanas de cuidados de las que sí disfrutarán los y las bebés de familias biparentales.

“Son familias que tienen una situación y unas necesidades especiales y por tanto, requieren unas políticas públicas específicas”, afirma María Pazos, “pero en el contexto de esta ley, otorgar un doble permiso a una madre que está criando sola, por ejemplo, es exponerla, es poner en peligro su puesto de trabajo y no parece que sea la mejor respuesta”, matiza. Existen otras medidas más adecuadas: que puedan elegir con preferencia las escuelas infantiles, que cuenten con ayuda a domicilio de empleadas públicas, por ejemplo.

Evidentemente, los permisos iguales e intransferibles suponen un avance muy importante. Para seguir caminando hacia la corresponsabilidad es necesario contemplar medidas en distintos ámbitos -y no solo vinculadas al empleo- desde una mirada transformadora e inclusiva.

Fuente: AmecoPress
Pies de foto: 1) Imagen institucional; 2) Presentación de la petición en el Ministerio de Igualdad por parte de la PPiiNA; 3) Imagen de la campaña Tiempo para mama(r) de PETRA.

Sí a la Diversidad Familiar!
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