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septiembre 19, 2023

V Encuentro de «Sexualidad, Cuerpo y Género» y II Coloquio Internacional «Figuraciones del Sujeto y Horizontes de Subjetividad»

Del 19 al 21 de septiembre se llevará a cabo el V Encuentro de «Sexualidad, Cuerpo y Género» y II Coloquio Internacional «Figuraciones del Sujeto y Horizontes de Subjetividad», con el tema: Sexualidades: placer, erotismo y deseo.



El evento, que se llevará a cabo en el Centro de Estudios Avanzados de la Facultad de Ciencias Sociales (UNC), tendrá modalidad híbrida y se trasmitirá mediante la plataforma google meet.Fecha: 19 al 21 de septiembre de 2023

Lugar: Aula 1, Centro de Estudios Avanzados (FCS, UNC) – Vélez Sarsfield 153, Córdoba


Informes: pilar.anastasia.gonzalez@unc.edu.ar

Organizan: Doctorado en Antropología Social de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP); Programa de Estudios de Género, CEA, FCS, UNC y Área Feminismos, Género y Sexualidades, CIFFYH, FFYH, UNC


La primera actividad de estas jornadas será la presentación del libro colectivo «La Investigación del Sexo. Aportes analíticos, metodología y experiencias en trabajo de campo», coordinado por Mauricio List y Manuel Méndez.

Participan: Luciana Almada; Cam Roqué López; Mauricio List Reyes y Manuel Méndez TapiaFecha: 18 de septiembre de 2023, 18 hs.
Lugar: Aula 1, Centro de Estudios Avanzados (FCS, UNC) – Vélez Sarsfield 153, Córdoba



Fuente: CIFFYH

octubre 14, 2022

Eyaculación femenina y el disfrute de nuestra sexualidad


Fotografía: Pexels


¿Alguna vez, al tener relaciones sexuales, has sentido que de pronto un líquido abundante comienza a salir de tu cuerpo? Si es así, entonces es probable que hayas tenido una eyaculación femenina, también conocida como squirting.

La eyaculación femenina es un término que, hasta hace poco, estaba envuelto en cierta controversia . Esto se debe a que más allá del tema sexual (el cual siempre ha sido tabú al tratarse de nosotras), también ponía en duda la existencia de la próstata en el cuerpo de las mujeres.

Sin embargo, desde la década de los 80 —cuando se empezó a hablar de eyaculación femenina en artículos académicos— ha habido grandes avances que no sólo reconocen que las mujeres pueden eyacular: también se ha reafirmado que nosotras tenemos próstata y que ésta juega un papel importante en el disfrute de nuestra sexualidad.
La próstata femenina

De acuerdo con un artículo publicado por la Universidad de Guadalajara, fue en el año 1600 (como dice la canción) cuando empezó a sugerirse que las mujeres, como los hombres, también tenían una próstata y que ésta estaba relacionada con el libido y la sexualidad.

Más adelante, cerca de 1800, el ginecólogo Alexander J.C. Skene describió esta parte de nuestras cuerpas como dos ductos o glándulas para-uretrales que desembocaban a los lados del orificio uretral en nuestra vulva. Y después de eso no hubo más discusión. Además, Skene pasó a ocupar un espacio en nuestras cuerpas luego de que su «descubrimiento» fuera nombrado como «glándulas de Skene».

Sin embargo, en 2001, la Comisión Federativa Internacional de Terminología Anatómica (FICAT) finalmente reconoció que los ductos descritos por el ginecólogo escocés son, ni más ni menos, la próstata femenina. Con esto se prohibió el uso de «glándulas de Skene» o de «glándulas o ductos para-uretrales» para referirse a ella.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la eyaculación femenina? Bueno, pues precisamente, nuestra próstata es una zona erógena; o sea, una zona que produce excitación sexual, ayuda a la producción de serotonina y, por lo tanto, nos hace sentir placer. Pero, además de esto, es la zona en la que se almacena el líquido que expulsamos al eyacular.

Imagen: Universidad de Guadalajara

Ahora sí: hablemos de eyaculación femenina

Según la psicóloga y sexóloga mexicana Paulina Millán Álvarez, durante mucho tiempo se creyó que la eyaculación femenina no era más que simple orina. Sin embargo, al analizar el líquido resultado de dicha eyaculación, se llegó a la conclusión de que éste contiene fructuosa, antígeno prostático y la fosfatasa ácida (lo que reafirmó una vez más que es un líquido proveniente de la próstata, pues estos componentes también se encuentran en el semen almacenado en la próstata masculina).

Así pues, se concluyó que nuestra eyaculación no es orina sino un líquido exclusivamente relacionado con la actividad sexual y la estimulación indirecta de la próstata. En otras palabras, la expulsión de este líquido proviene de nuestro placer sexual.

No obstante, esto no quiere decir que eyacular para nosotras sea más placentero que tener un orgasmo por medio de la estimulación del clítoris, por ejemplo. Aun así, las páginas de pornografía se han encargado de difundir la falsa imagen de una mujer eyaculando una y otra vez para alcanzar el clímax sexual.

Al respecto, Millán Álvarez señala que el orgasmo no siempre acompaña a la eyaculación femenina. Además, el líquido expulsado aumenta en cantidad dependiendo de la excitación de la mujer y de la cantidad de orgasmos que experimente al momento de tener relaciones.

Eyaculaciones entre el tabú, la pena y la desinformación

La sexóloga mexicana apunta que, además de las ideas equívocas relacionadas con el orgasmo, todavía hay muchas ideas erróneas sobre la eyaculación femenina. Una de ellas es que nosotras «nos venimos» únicamente cuando se estimula la estructura interna de nuestro clítoris o nuestras paredes vaginales. Contrario a esto, la también psicóloga afirma que basta con estimular la parte externa del clítoris para que el líquido empiece a emanar.

Pero ni siquiera eso: según experiencias «de la amiga de una amiga», a veces basta con sentir una fuerte excitación sexual en los momentos previos a la penetración para conseguir una eyaculación. Aunque, como bien escribe Paulina Millán, esto no les pasa a todas: algunos estudios estiman que sólo entre el 40 y el 54 por ciento de la población femenina a nivel mundial ha experimentado la eyaculación femenina.

Por otro lado, también es relativamente normal que quienes tienen esta experiencia no sepan lo que está sucediendo a causa de la falta de información al respecto. La «amiga de mi amiga», por ejemplo, pensó que el condón de su compañero se había vaciado por error cuando sintió que algo se derramaba entre sus piernas luego de experimentar un orgasmo.

Además, de acuerdo con la educadora sexual Samantha Evans, aquellas que conocen sobre la eyaculación femenina no siempre disfrutan de experimentarla por el temor a mojarse o ensuciar la cama. Y es que, si bien algunas pueden expulsar sólo unas gotas al eyacular, hay otras mujeres que incluso pueden llenar una o dos tazas con un líquido que puede ser transparente o, a veces, levemente amarillento.

Pese a esto, es innegable que la eyaculación femenina constituye otra forma de vivir nuestra sexualidad. La excitación que proporciona a una misma y a la pareja es algo distinto de las experiencias más cotidianas. Además, de acuerdo con una investigación realizada por la BBC, incluso puede tener una función en nuestra salud, pues puede ayudarnos a orinar sin dolor tras tener relaciones sexuales y a expulsar bacterias que pudieron haberse alojado en nuestra uretra durante el coito.

Sea como sea, la eyaculación femenina forma parte de nuestra vida sexual. Pero no te preocupes si no la has experimentado: encuentra otras formas de disfrutarte, que nuestras cuerpas son para hacernos felices.

Fuente: Cimac

septiembre 18, 2022

Caitlin Moran: “Masturbarse es un acto político”

La escritora británica, de visita en México por el Hay Festival Querétaro, elogia el autoplacer, habla de la pornografía del futuro y defiende que pedir consentimiento puede “ser sexy”


Caitlin Moran en un retrato realizado en el Hay Festival 2022, en Querétaro (México).Daniel Mordzinki

La escritura de Caitlin Moran (Brighton, 47 años) se volvió una especie de Biblia para muchas mujeres en todo el mundo. En la última década, miles de ellas se acercaron para decirle que no supieron que eran feministas hasta después de haber leído su libro Cómo ser mujer (Anagrama). Esa obra, y la que vino después en la trayectoria de esta escritora británica, se volvió una especie de palabra santa para aquellas que necesitaban entender los desafíos del género en el siglo XXI. “Me ponía triste que a la gente no le gustara el feminismo y que pensara que se trataba solo de mujeres enojadas que odiaban a los hombres”, cuenta en entrevista telefónica con este periódico la autora, que visita México en el marco del Hay Festival Querétaro. “Y a veces sí son mujeres enfadadas que odian a los hombres, pero hay mucho más que eso”. Moran, que desde hace más de 10 años aboga por el aborto y critica los preceptos de belleza impuestos a las mujeres, bromea sobre la maternidad —“Los hijos arruinan todo”—, defiende que pedir consentimiento puede “ser sexy” y habla de la pornografía del futuro.

Pregunta. ¿Por qué estaba o está tan estigmatizado el feminismo?

Respuesta. Porque la gente no lo estaba usando. No era parte de la cultura popular. Se había convertido en una palabra académica que usaban las personas que habían leído todos los libros sobre feminismo. Hicieron que pareciera una ciencia que solo las inteligentes podían entender, que podías equivocarte si decías mal una palabra, llevabas la ropa equivocada o tenías sexo con el hombre incorrecto. Yo quería que el feminismo volviera a ser parte de la cultura pop. Que cualquiera pudiera entenderlo y no necesitara ningún libro. Que se diera cuenta de que no es un conjunto de reglas que puedes acertar o equivocarte. Sino un conjunto de herramientas para entender por qué estás triste, por qué tu vida es difícil y cómo puedes mejorarla con esas herramientas.

P. Anticipó de alguna forma el Me Too a través de sus libros, mucho antes de que pasara. ¿Cree que era obvio que algo así sucediera?

R. Cuando las redes sociales despegaron, las primeras personas que comenzaron a usar Twitter en Inglaterra fueron mujeres y eran feministas. Era la primera vez en la historia que las mujeres podían hablar entre ellas y difundir noticias en todo el mundo sin ser periodistas o famosas. Eso fue increíblemente poderoso. La gente estaba tan sorprendida cuando comenzaron a contar sus historias, todos los hombres que conozco estaban tan sorprendidos con la idea de que íbamos a nuestro trabajo y nuestros jefes nos agredían sexualmente o nos acosaban. “¿Por qué no nos dijiste?”, decían. Y las mujeres se dieron cuenta de que era algo que solo hablan entre ellas. Nunca se lo habíamos dicho a los hombres, nunca se lo habíamos dicho al mundo. Ahora las mujeres se han cansado de guardar secretos. No quejarse no ha cambiado el mundo. Y decir la verdad y quejarse sí está cambiando las cosas.

P. Cuando surgió el Me Too, y hasta hoy, muchos hombres dicen no entender el límite de lo que pueden o no hacer. ¿Es real o fingen?

R. Algunos fingen. Si hiciste llorar a una mujer, entonces lo que hiciste estuvo mal. Mi próximo libro es feminismo básico para hombres. En los últimos 100 años, muchas mujeres han tratado de ayudar a otras mujeres y niñas con consejos, libros, películas. Las mujeres se cuidan unas a las otras. Pero los hombres no tienen eso. Los mayores no le dicen a los más jóvenes que no agredan sexualmente, no violen, no hagan llorar a las mujeres, no les dicen que las traten con respeto. Esperé 10 años pensando que un hombre escribiría un libro diciéndoles esto a los hombres y no lo hicieron. Así que yo lo haré. Voy a contarles todos los secretos, todo lo que sus esposas, novias, hermanas, colegas quieren que sepan.

P. El consentimiento es parte de ese debate. Muchos, incluso mujeres, salieron a decir que pedir por permiso mataba el romanticismo, el erotismo

R. Es una habilidad que necesita ser enseñada. Y ahí es donde la cultura popular es tan útil. Muchas personas, si no se les ha enseñado a pedir consentimiento y tienen que tratar de resolverlo, lo dirán de una manera que no es sexy y que mata el estado de ánimo. Necesitamos ver a la gente en las películas pidiendo consentimiento de una manera realmente sexy y erótica. Tenemos que leerlo en libros. A los seres humanos les gusta copiar a otros seres humanos y en este momento no podemos ver en una película, un programa de televisión o un libro cómo pedir consentimiento de una manera divertida y sexy.

P. ¿Debería ser incluido en la pornografía en el futuro?

R. Sí. La película que estoy escribiendo ahora es sobre pornografía. Es un grupo de madres horrorizadas por el porno que miran sus hijos que decide hacer una buena película pornográfica, una en la que es sexy pedir el consentimiento. Y hacen una película terriblemente mala. Pero inician la conversación de cómo hablarles a nuestros hijos de estos temas.

P. ¿Qué es lo que necesitan aprender las mujeres jóvenes de las mayores?

R. Que es grandioso ser una mujer mayor. Muchas jóvenes no quieren convertirse en adulta. Cuántas chicas hay que sufren anorexia, depresión o ansiedad, porque no quieren crecer. Quieren seguir siendo niñas porque piensan que es horrible ser una mujer adulta. Hablamos muy a menudo sobre lo malo y aterrador de ser mujer. El trabajo más grande que tenemos es decirles que será asombroso, que será genial. Por supuesto que habrá problemas. Pero ser mujer es lo mejor del mundo. Ven y únete a nosotras que será increíble.

P. ¿Pero a qué le tienen tanto miedo?

R. Mi hermano una vez dijo algo muy sabio: cada vez que ves la palabra mujer en un periódico se trata de un problema, que han sido asesinadas, que han sido violadas, que no tienen el mismo salario que los hombres, que no pueden tener hijos porque no pueden permitírselo, que acaban de prohibir el aborto. Si lees los periódicos, pensarás que ser mujer es horrible. Y por supuesto, las mujeres tienen estos problemas. A eso se dirige el feminismo. Pero nunca vemos en los periódicos las cosas buenas que millones de mujeres están haciendo.

P. Has escrito en profundidad sobre los preceptos de belleza que se imponen al cuerpo de la mujer. ¿Ha cambiado algo en los últimos años?

R. En muchos sentidos, debido a las redes sociales. Las cuentas más populares ahora son cuentas de imagen corporal positiva, donde niñas, adolescentes y mujeres publican fotos que muestran traseros grandes o que tienen manchas y son normales. Esas cuentas son las que las mujeres quieren ver ahora. Algo real, hermoso y feliz. No teníamos redes sociales hace 20 años y las únicas mujeres que veíamos estaban en películas y programas de televisión y eran elegidas por hombres como Harvey Weinstein. Ahora podemos elegir a quién ver. Finalmente tenemos elección y poder. Y es increíble. Nunca antes habíamos tenido algo así en la historia.

P. En uno de sus libros, Cómo ser mujer, habla de qué implicó ser adolescente en tu época y ahora tienes hijos de esa edad. ¿Cómo ha cambiado la adolescencia?

R. Ahora crecen más rápido. La adolescencia comienza mucho antes, en parte por la biología. Hace 100 años las mujeres solían tener su primer período a los 16 años, y la edad promedio ahora en Inglaterra es 10. Las niñas se están convirtiendo en mujeres mucho antes, y eso las pone muy ansiosas porque tienen cuerpos de mujer, pero mentes de niñas. Pero las jóvenes de hoy han vivido toda su vida con Beyonce, Rihanna, Lizzo. Si yo hubiera tenido a Lizzo cuando era una adolescente deprimida, toda mi vida hubiera sido diferente.

P. Escribes sobre masturbación de niñas hace por lo menos 10 años, cuando no era común leer sobre el tema. ¿Por qué te parecía importante?

R. En primer lugar, es un gran pasatiempo, que no te hará engordar. No cuesta dinero. No tienes que salir de casa. Si empiezas a masturbarte en lugar de fumar cuando eres adolescente, te irá bien. En segundo lugar, existe esta narrativa de que eres una joven adolescente que no sabe nada sobre sexo. Y luego encuentras un amante mayor que te enseña qué es el sexo. Y eso no está bien y no funciona. Terminas teniendo sexo de mierda. Las mujeres necesitan saber qué les gusta sexualmente antes de tener relaciones. Y la única forma es si lo has hecho tú misma. Necesitamos cambiar el sexo para que no sea algo que los hombres te hagan como mujer, sino algo que tú hagas. Así que necesitas masturbarte. Es un acto político. El mayor acto de feminismo es ser una adolescente acostada en tu cama a altas horas de la noche y hacer que te corras.

P. Has dicho que ser mujer a veces se siente como una lista de problemas. ¿Qué cosas van a la cabeza de esa lista?

R. Las de siempre. Tenemos miedo y estamos cansadas. Todas sabemos lo que es caminar por la calle y pensar: qué son esos pasos detrás de mí, ¿es un violador? ¿es un asesino? Tenemos miedo y estamos cansadas porque tenemos que hacer muchos planes para mantenernos a salvo si queremos salir con nuestras amigas. Pensar cómo volvemos a casa, cómo nos mantenemos a salvo. Y ese es el privilegio de un hombre, que no tienen que pensar en eso. No sé cómo cambiaremos eso. Pero estoy segura de que en este momento en algún lugar hay una mujer inteligente que ha encontrado una solución y está trabajando en ello.

Fuente: El País, México

agosto 28, 2022

Menopausia: ¿el fin del deseo? Esta sexóloga opina lo contrario

En su nuevo libro, “Regreso a mí”, la sexóloga Sandra Magirena derriba los mitos de una etapa en la que “no se muere nada, y ¡mucho menos la sexualidad!”. Cómo prevenir enfermedades y mantener la vitalidad y el erotismo.


En "Regreso a mí", la sexóloga y ginecóloga argentina Sandra Magirena comparte sus cuatro décadas de experiencia para derribar los mitos de la menopausia. Dieta, ejercicio, medicina oriental y "mindfulness" para transitar esta etapa que ya no es un tabú.

Hasta hace algunos años, la menopausia seguía siendo uno de los tabús más grandes con respecto a la salud de las mujeres. Esa palabra tan temida solía vaticinar, además de la imposibilidad de tener hijos, el fin del deseo sexual, mientras que “menopáusica”, incluso, fue por mucho tiempo un adjetivo que se usaba de manera peyorativa. Sin embargo, últimamente el movimiento feminista permitió visibilizar la realidad de las mujeres después de su última menstruación.

“¿Qué es la menopausia? ¿Cuándo ocurre? ¿Qué cosas debo esperar? ¿Hay tratamiento? ¿Y los calores? ¿Es bueno tomar hormonas? ¿Se me va a ir el deseo sexual? ¿Existe la pastilla mágica que me quite todos estos síntomas? ¿Cuál es la dieta recomendable? ¿Qué hago con estos rollitos? ¿De qué cambios me tengo que ocupar? ¿Les suenan estas preguntas?”, escribe la sexóloga argentina Sandra Magirena al comienzo de su nuevo libro, Regreso a mí.

Magirena propone un abordaje de la menopausia desde la medicina integrativa, es decir, la que incluye saberes de Oriente y Occidente. Además de su fuerte base en la medicina moderna, la autora incluye en sus investigaciones otras ramas de lo que llama el “arte de curar”: como la ayurveda, la bioenergética, el chi kung, el yoga.

Después de casi cuatro décadas de atender a sus consultantes (que, según aclara, ya no llama “pacientes”) y transitar ella misma por la menopausia, la sexóloga y ginecóloga propone una guía para atravesar esta etapa que, insiste, no tiene por qué ser el fin del deseo, el erotismo y la vitalidad. Para Magirena no existen recetas universales para todas las mujeres, aunque al comienzo de Regreso a mí aclara: “Menos obligaciones y más disfrute: esa es la fórmula mágica”.

“Regreso a mí” (fragmento)

Seguramente hemos escuchado más de una vez alguno de estos comentarios: “Después de la menopausia, se nos van las ganas de tener sexo”, “La osteoporosis es lo peor que nos puede pasar”, “Nos jubilamos y se termina nuestra productividad”, “La vagina se nos seca”, “Todo se cae” o “Todo el mundo nos ve viejas”.

No sería raro que provinieran de mujeres que nos precedieron, madre, abuela o nuestro linaje femenino completo. Los medios de comunicación y algunos profesionales de la salud también vaticinan una etapa de deterioro y sufrimiento después de los 50 años.

¡Pues a no desesperar! Acá estoy para contarles, a lo largo de este libro, que todas las cosas feas que se dicen de esta etapa son... ¡¡falsas!! O al menos bastante diferentes de lo que escuchamos por ahí.

Recuerdo de una entrevista a una joven y bella periodista que me preguntó al aire cuánto duraba el climaterio. Ante mi respuesta de “Y más o menos diez años, como la adolescencia” su cara se transformó como si hubiese visto al mismísimo Freddy Krueger.

Pensemos que las mujeres somos cíclicas durante un período de nuestras vidas, pero antes y después, durante la premenarca y la postmenopausia, se vive de otra manera, sin la ciclicidad, y si lo pensamos un momento, nos daremos cuenta de que: ¡¡es más de la mitad de nuestra vida!!

Después de la menopausia se abre un capítulo nuevo. Es hora de que nos atrevamos a enfrentarlo con bienestar y sabiduría. Tomar conciencia de los cambios fisiológicos y de cómo prevenir enfermedades hará nuestra vida más plena y saludable.

No hace muchos años que la medicina se ocupa de la salud de la mujer después de los 50. Este fue un tabú más de los que venimos acarreando durante siglos.

En las últimas décadas, la apertura que acompañó al movimiento feminista permitió visibilizar a las mujeres después de su última menstruación, mujeres a las que antes se tildaba, sencillamente, de menopáusicas, viejas, deterioradas.

“Menopáusica” era un término que, más allá de definir una etapa, se usaba, claramente, de una manera peyorativa, negativa. No se hablaba del tema y las mujeres lo vivíamos con resignación.

La realidad es, sin embargo, que la única noticia que trae esta etapa en la mujer es que ya no podremos concebir y engendrar hijos e hijas de manera biológica, por la sencilla razón de que no tenemos óvulos disponibles. Si lo vemos en términos semánticos, menopausia es un par de días en la vida, el momento en que dejamos de menstruar para siempre.

Además, esta etapa de la vida es una etapa natural y que inexorablemente nos va a llegar a todas. Desde el sistema médico, hubo una “patologización” de la menopausia, cuando en realidad lo único que requiere es una toma de conciencia y una mirada preventiva y no de intervenciones médicas. La medicina moderna ofrece una amplia gama de tratamientos y fórmulas magistrales para vivir en una especie de juventud eterna: mantener el peso ideal; que no se nos apolillen los huesos; que el deseo sexual se mantenga activo y los rollitos del abdomen puedan ser controlados. Todo esto implica un trabajo excesivo, agotador e innecesario, sobre todo cuando vemos que somos nosotras mismas las principales actrices del cambio.

Entonces, ¿cómo atravesar esta crisis, que es vital e inevitable, y no morir en el intento? Después de casi 38 años de ejercicio de la profesión de médica ginecóloga y sexóloga, y de haber acompañado a cientos de mujeres desde la adolescencia hasta la menopausia, mi mirada y mi abordaje dentro del sistema médico se fue transformando.

Desde esta nueva perspectiva que me abrieron estas vivencias (y de la mía en particular), escucho con otros oídos a las mujeres que me consultan y dispongo de nuevas herramientas para dialogar con ellas. Y es un crecimiento mutuo, porque acompañarlas me enseña todos los días a escucharlas mejor, a atender las narrativas de cada una y así poder decodificar, en función de mis saberes, cuál es la modalidad más apropiada y saludable para cada consultante en particular. No hay recetas únicas. O debería decir: no hay recetas. Solo acompañamiento para poder descubrirnos. El secreto está dentro de cada una.

Vivir en armonía y equilibrio es el camino a seguir. Aunque suene trillado, la salud perfecta y la felicidad son momentos a lo largo de nuestra existencia. La búsqueda obsesiva de salud a través de estrictas reglas de alimentación, actividad física o fórmulas mágicas que algunos sistemas plantean no tendría que convertirse en un nuevo padecimiento. Como dice un amigo, Hugo: “La vida tiene riesgos y la muerte es el destino final”.

Es decir, vivamos a pleno cada día.

Magirena propone un abordaje de la menopausia desde la medicina integrativa, que incluye técnicas como el ayurveda y el yoga así como las prácticas tradicionales.

Siento que en este recorrido también aprendí a respetar tiempos, culturas, creencias, incluso inseguridades, sin perder de vista que buscamos un camino más enriquecedor, seguro, confiable y saludable que nos permita a las mujeres (re)conocernos y aventurarnos a cambios profundos. Pero esto no hubiese ocurrido sin mi propio camino interior, sin haberme encontrado primero a mí, a mi verdadero Ser, y lo escribo así, con mayúscula inicial, porque es lo que realmente nos representa en nuestra esencia más pura.

Todo lo que hice conmigo en cuerpo, mente y espíritu es lo que hoy hago en mis consultas y es lo que ahora quiero compartir con ustedes en este libro, Regreso a mí.

Hace mucho que vengo pensando y les digo a mis consultantes: “Tengo que escribir sus historias”. Porque es cierto que son personales, pero a la vez, son comunes a muchas otras mujeres; podemos empatizar todas, más en este tiempo de sororidad (de solidaridad entre mujeres) que estamos viviendo. La invitación está hecha: compartir en un gran círculo de amor.

Creo que me llegó el momento. Será que atravesar mi menopausia me dio esa seguridad que necesitaba para compartir los cambios que surgen en esta etapa y cómo atravesarlos; quizás la pandemia también hizo lo suyo: estar conmigo escuchándome más tiempo fue una conexión necesaria para esta aventura compartida. Tal vez, sea la necesidad de contarles que atravesar la menopausia no es la muerte de nadie y que es simplemente un proceso fisiológico y vital que nos abre una puerta para iniciar otro camino. Así que, dejen de lado todos los mensajes negativos que fueron repitiendo o escuchando o leyendo a lo largo de los años como mujeres fértiles, aceptemos el cambio, porque así funciona nuestro organismo, no se muere nada y ¡¡mucho menos la sexualidad!!

Haber transitado la niñez, la adolescencia, la maternidad y, ahora, la postmenopausia me da sustento para compartirlo, para hacerme preguntas y buscar algunas respuestas. ¿Qué es la menopausia? ¿Cuándo ocurre? ¿Qué cosas debo esperar? ¿Hay tratamiento? ¿Y los calores? ¿Es bueno tomar hormonas? ¿Se me va a ir el deseo sexual? ¿Existe la pastilla mágica que me quite todos estos síntomas? ¿Cuál es la dieta recomendable? ¿Qué hago con estos rollitos? ¿De qué cambios me tengo que ocupar? ¿Les suenan estas preguntas? Las iremos respondiendo a lo largo de este libro.

Elegí dividirlo en cuatro pilares centrales para abordar esta etapa:

— Alimentación

— Espiritualidad

— Actividad física

— Sexualidad

Juntas recorreremos esta etapa de cambios fisiológicos y emocionales y las iré guiando con ejemplos de la vida real, con relatos de consultantes –algunos consensuados reales y otros ficcionalizados, pero que semejan historias comunes–, con información acerca de cómo prevenir malestares y cómo estar atentas a esos cambios o factores que ponen en riesgo la salud, y todo esto sin temores, sin ansiedades.

Conocer es saber y eso da tranquilidad.

La importancia del autocuidado es tan grande como la de nuestros controles médicos habituales. Aprenderemos a reconocer: el significado de algunas patologías o dolencias frecuentes en esta etapa y cómo hacer un abordaje holístico; cuándo hacer tratamientos hormonales, y cuándo no; cómo cuidar nuestro aparato genital para llevar una sexualidad placentera y cuándo es necesario hacer intervenciones médicas desde la medicina integrativa.

En varios pasajes hablo de medicina integrativa. Con ella me refiero a un abordaje médico que integra otros sistemas además del conocido sistema médico tradicional de occidente, como la medicina china, la medicina ayurvédica, la medicina homeopática y, por qué no, saberes ancestrales de pueblos originarios que suman y aportan su sabiduría para una mejor curación. De esto se trata un abordaje integral de la salud.

Considero que estos son los aspectos en los que hay que enfocarnos para hacer una verdadera prevención. Desde ya, la toma de conciencia es el primer paso para ponernos en marcha: me refiero a estar conectadas con lo que realmente nos está pasando ahora, en este preciso instante. Podrían ejercitarlo en este momento en que están leyendo este texto, enfocadas en la página y las letras, percibiendo lo que los sentidos les devuelven en este instante.

Tomar conciencia las llevará a revisar el estilo de vida hoy, a informarse y a investigar sobre esta etapa de la vida. Tomar conciencia es desarmar el tabú de nombrarla: “menopausia”. Y así empezar a romper con esos viejos prejuicios que venimos arrastrando desde hace años.

El paso por esta etapa es inevitable. Cuanto mejor preparadas estemos, mejor afrontaremos los cambios, con plenitud y con calma. Tomar conciencia es observar los cambios del cuerpo, de la mente y del alma. Aprender a reconocer cuáles son esperables y cuáles pueden ser un problema que requiere una consulta.

Si aún no lo hicimos, este es un momento para incorporar herramientas que nos ayuden a manejar el estrés físico y emocional. Es tiempo de expresar y experimentar nuestras propias necesidades y avanzar para satisfacerlas, alimentar nuestras pasiones y hacer lo que realmente deseamos y amamos. Y también, para conectar la energía vital con la creatividad; conectarnos con el potencial erótico y aprender a dosificar esos momentos de puro placer.

Es un momento en el que se abren puertas de libertad que nos invitan a explorar nuevas sensaciones. ¡¡Es como entrar en un parque de diversiones!!

¿Pensaron cuánto tiempo están con ustedes mismas? Esa es otra de las asignaturas pendientes. El primer paso es la autorreflexión, el autoconocimiento, animarnos a estar con nosotras mismas más tiempo, dedicar al menos una hora por día para estar con nosotras escuchando nuestro pulso, nuestros ritmos. Meditar, conectar, confiar, divertirnos, reír, bailar y abrirnos a lo nuevo con seguridad, con valentía para recibir los cambios que ocurran y dejar aflorar la verdadera esencia libre de tensiones, de estrés y, sobre todo, de culpas.

Las invito a sumarse a esta nueva aventura de planear nuevas estrategias que van a decidir cómo vamos a vivir los próximos treinta años de la vida, sí... ¡tenemos casi una vida por delante!
Quién es Sandra Magirena

♦ Es médica egresada con diploma de honor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Completó su residencia en tocoginecología y es además especialista certificada en ginecología y ginecología infanto-juvenil.

♦ Estudió medicina ayurvédica, es sexóloga clínica, facilitadora del EMDR y especialista en terapia racional emotiva cognitiva conductual. También ha realizado un posgrado en psicoinmunoneuroendocrinología y estrés.

♦ En el 2010 fue elegida Embajadora de Paz, distinción otorgada por las fundaciones Mil Milenios de Paz y PEA (Paz, Ecología y Arte) por su labor en temáticas de violencia sexual en niñas y adolescentes.

♦ Es miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil y del Comité contra las Violencias del Hospital Teodoro Álvarez de la Ciudad de Buenos Aires.

Fuente: Infobae

agosto 26, 2022

La virginidad no existe, son los mitos patriarcales de una membrana: el himen

Fotografía: Pexels

La virginidad no existe, es el patriarcado. Cuando una mujer decide iniciar su vida sexual, es usual que pase por esta experiencia en medio de prejuicios, mitos y críticas que la llenan de culpa y temor. Sin embargo, hay algo que queremos recordarte: tu cuerpo no es un objeto que “se entrega” y tu sexualidad no inicia solo hasta después de una penetración.

Pensemos en cuántas veces hemos escuchado la frase “perdí mi virginidad”. En muchas ocasiones, no se dimensiona que detrás de esta idea hay una lógica religiosa y patriarcal según la cual, las mujeres perdemos valía como personas al iniciar nuestra vida sexual, “como si tener una experiencia erótica cambiase nuestra calidad humana”, retoma la psicóloga feminista Magaly Romo Pedroza. 

La sociedad también nos dice que “somos objeto del otro una vez que entregamos nuestra virginidad”, añade la especialista. Lo anterior es un reflejo de la discriminación de género que viven las mujeres en el mundo. 

En esto coincide la antropóloga e investigadora feminista Marcela Lagarde y de los Ríos, quien en su obra Los cautiverios de las mujeres (2007) expresa que una mujer “debe ser virgen, porque al serlo asegura que no es de otro”. 

La mujer sólo puede ser de alguien, no puede ser autónoma, su virginidad es signo de que no tiene dueño, su alma pertenece íntegra a la divinidad y la prueba de la pureza. su alma es su cuerpo intocado. Marcela Lagarde y De Los Ríos

En ese sentido, es frecuente que desde niñas escuchemos discursos donde no somos dueñas de nuestras corporalidades ni vidas; que no podemos encontrar placer desde y para nosotras: “Aun cuando la vagina es el espacio erótico destinado, las mujeres tampoco encuentran su placer en ella: las mujeres vírgenes no deben tocarla y cuando ya no lo son, han asimilado que esa parte de su cuerpo –y de su vida– no les pertenece: solo puede ser un espacio erótico si el otro, al tocarla, la desencanta”, afirma Lagarde y de los Ríos. 

Dicha ideología sigue extendiéndose debido a que a las mujeres no se nos habla comúnmente de placer, educación sexual integral ni tampoco emocional. 

“Está arraigada la creencia de que sexualidad es sinónimo de coito y se invisibilizan cuestiones de erotismo”, destaca la psicóloga Magaly Romo. Así, poco a poco se da prioridad a creencias sobre lo que las mujeres debemos ser, en lugar de lo que deseamos.

Fotografía: Pexels 

El mítico himen considerado “prueba de virginidad” en el cuerpo femenino

La Organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que el término “virginidad”, de hecho, no es médico ni científico, sino un concepto social, cultural y religioso. Por ello lo califica como “una noción dañina para mujeres y niñas en todo el mundo”. 

Es importante entender lo anterior ya que por siglos se ha relacionado estrechamente la “virginidad” con el himen, que es una membrana ubicada en el introito vaginal. En ese aspecto, una duda común proveniente de los preceptos machistas sobre la sexualidad es: ¿realmente el himen se “rompe” con la penetración?

“Todavía hay un porcentaje muy alto de la población de las mujeres que asocia la idea del himen a un tapón que se rompe durante la penetración. Ahora bien, entre sus diversas formas existe el himen elástico, que tiene la particularidad de que con la penetración o el coito no se rompe”, explica Virginia Barragán, integrante del departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Por su parte, Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl, autoras médicas de El libro de la Vagina (2018) desmintieron el mito del himen roto a través de una plática TED, donde destacaron que esta membrana se encuentra a la entrada de la vagina y es elástica, con forma de media luna o de aro y puede expandirse hasta dejar entrar un tampón sin sufrir daño alguno. Por ello, contrario a la creencia popular, muchas mujeres podrían mantener su himen intacto incluso luego de una penetración.

Imagen: UNAM

Al respecto, Marta Torrón, fisioterapetuta del suelo pélvico y experta en fisiosexología contó a BBC Mundo que: “El himen no es una membrana cerrada que se rompa y desaparezca (con la penetración). En la mayoría de los casos (99 por ciento) el himen está abierto y eso es lo normal”.

En conclusión, podemos notar que la relación himen-sexualidad en realidad no puede fundamentar la sexualidad de las mujeres, por lo que tampoco es posible aceptar la “virginidad”: hoy tenemos la oportunidad de analizarla desde su imposición como falsa muestra de pureza y una herramienta de control sobre los cuerpos de las mujeres.

Si decidiste comenzar tu vida sexual, no perdiste tu “virginidad”: nada en ti se ha perdido.

Fuente: Cimac

agosto 20, 2022

Ana Lombardía, sexóloga: "El vibrador se empezó a comercializar como un electrodoméstico"

Las mujeres heterosexuales son la combinación de género y orientación sexual que menos orgasmos tiene durante las relaciones. Lombardía, psicóloga y sexóloga, afirma que para cambiar esto hay que dar un vuelco a la educación sexual y poner el placer en el centro.

La sexóloga Ana Lombardía. — CEDIDA POR ANA LOMBARDÍA

En las prácticas sexuales permean creencias y mitos asociadas al predominio de la masculinidad que perduran a día de hoy en la sociedad. Es por esto que el 8 de agosto, el Día Internacional del Orgasmo Femenino, más que un día para celebrar el placer de las mujeres, parece todavía necesario para reivindicarlo. 


La psicóloga y sexóloga Ana Lombardía defiende que la educación sexual debe centrarse en el placer y desprender a la sociedad de prejuicios que alejan a las mujeres de tener prácticas sexuales satisfactorias. Hace divulgación a través de su cuenta de Instagram y ha escrito un libro en el que explica los factores que condicionan la sexualidad masculina inspirada en sus experiencias en consulta: Hablando con ellos. La sexualidad de los hombres hetero.


En materia de educación sexual y en las formas de tener sexo, ¿ve que haya cambios en las nuevas generaciones de mujeres?


Desde luego, en la educación sexual están habiendo bastantes cambios. Todavía queda mucho camino por hacer. Pero ahora sí que tenemos más acceso por lo menos a más información. A lo mejor no a tanta educación, porque la educación sigue teniendo muchas lagunas, pero sí tenemos acceso a más información y yo creo que eso es bueno. Ahora necesitamos que se enseñe a la gente a interpretar esa información y que se le eduque, ¿no? En valores, en actitudes… Y yo creo que eso está suponiendo un cambio muy importante en cómo estamos viviendo la sexualidad.


Los succionadores del clítoris han creado un debate acerca de la masturbación 


Estamos viendo también la visibilización de otra serie de fenómenos como la utilización de los juguetes succionadores del clítoris. Esto ha abierto todo un debate acerca de la masturbación femenina y sobre la visibilidad del placer de la mujer a través del clítoris, que yo creo que es muy importante. La independencia que podemos tener sobre nuestro placer está cambiando un montón.


Todo el tema de los succionadores de clítoris ha conseguido que esas diferencias de las que me preguntabas entre distintas generaciones de mujeres se acorten y se unifiquen ciertas prácticas. Al final este ha sido un tipo de juguetes que han comprado chicas muy jóvenes y mujeres muy mayores y que se han regalado incluso en las familias a tus hijas, a tus hermanas, a tu madre o a tu abuela. Se está tendiendo a unificar un poco eso, aunque hay muchas diferencias intergeneracionales todavía.


¿Cuáles son estas diferencias? ¿Cambia mucho la manera que tiene una mujer de vivir su sexualidad en las distintas etapas vitales?


Las mujeres de generaciones anteriores todavía cuentan con menos acceso a información, con menos conocimiento sobre su cuerpo, con más prejuicios, con una sexualidad que a lo mejor es un poco más conservadora. Pero luego también te sorprendes mucho. Al final hay cambios generacionales, por supuesto, pero muchas veces es más importante entender la historia particular de cada persona. Hay mujeres muy mayores que tienen una sexualidad súper trabajada, que además con la experiencia de los años han ganado mucho. Son mujeres que ahora con 60, 70, 80 años cuentan con un gran aprendizaje, muchas vivencias a sus espaldas, y disfrutan de una sexualidad magnífica. Y por otro lado, hay chicas de esta generación que con 18 o 20 añitos tienen todavía un montón de prejuicios, un montón de inseguridades y un montón de ideas erróneas acerca de la sexualidad. Y aún no les ha dado tiempo a debatirlas ni a cuestionárselas.


No sé si considera que la mirada y el deseo masculino que se dirige a las mujeres jóvenes ejerce una presión que no les permite liberarse tanto al respecto de la sexualidad.


Por supuesto, sobre todo en las mujeres heterosexuales en este caso, cuando conseguimos liberarnos un poco de esa mirada masculina sobre nuestra propia sexualidad o sobre nuestro propio deseo cambia muchísimo el cuento. Y también pesa la presión que tenemos las mujeres para despertar el deseo masculino, para estimular su deseo o fomentar su placer por encima del nuestro. Cuando conseguimos ser un poco independientes de la sexualidad masculina en general o de nuestras parejas en particular podemos centrarnos más en nuestro placer. Eso no significa desatender al placer de la pareja, ni muchísimo menos. Pero podemos centrarnos más en nosotras mismas y vivir una sexualidad más centrada en nosotras, ¿no? Porque en las relaciones heterosexuales, de forma general, el placer en el sexo suele girar en torno al placer del hombre: en cuanto a prácticas, en cuanto a ritmos, en cuanto a frecuencias… Solo gira en torno a ellos, y suele ser lamentablemente tarde cuando nos damos cuenta de que en realidad ese modelo a nosotras no nos sirve."Si la sexualidad se vive como nosotras queremos, somos igual de rápidas y tenemos tantas ganas o más que ellos"


Nos hemos adaptado a una forma de vivir la sexualidad muy masculina sin tener en cuenta nuestras propias necesidades. De hecho, se habla muy erróneamente de que las mujeres tardamos menos en llegar al orgasmo, o es que las mujeres tienen menos. Y no, olvídate de eso. O sea, si la sexualidad se vive como nosotras queremos, somos igual de rápidas y tenemos tantas ganas o más que ellos. Si tenemos un encuentro sexual basado en unos ritmos que no van acorde a nosotras, en unas prácticas que no nos estimulan el clítoris o que no nos resultan suficientes satisfactorias o en la que o las que no tenemos ni voz ni voto por supuesto que vamos a tener menos ganas. Cuántas veces hemos escuchado a una mujer decir "no, es que no llego al orgasmo". Claro, cómo vas a llegar, alma de cántaro, si al final es bastante difícil que llegues de esta forma.


Mira, hay una escena de la serie Dollface que me hizo mucha gracia. Es un grupo de amigas charlando, una de ellas estaba conociendo a un chico y sus amigas le preguntan qué tal le iba en la cama con él. Entonces una de ellas le dice: "Vale pero, entonces, ¿te corres con él o no te corres?". Es una conversación paradigmática, porque en una conversación similar entre chicos no existiría esta cuestión, y así lo comentan en el grupo de amigas. Ellas se preguntan: "¿Tú te imaginas a un grupo de hombres hablando de esto a la inversa, y preguntando al amigo si se ha corrido? Pues no, claro, es que se da por hecho que ellos se corren siempre". Sin embargo, que nosotras consigamos tener un orgasmo en esas circunstancias es casi anecdótico, en el caso de los hombres eso se da por hecho.


Y centrándonos en el orgasmo femenino, ¿cuál es su perspectiva sobre la información que tenemos del clítoris? ¿Entra también en este desconocimiento que comenta, o ya no es un gran desconocido para la sociedad?


Bueno, yo hay veces que pienso "no, no, esto ya está más que de sobra sabido", pero lamentablemente todavía hay mucha gente que no lo conoce. La verdad es que creo que en los últimos años, gracias a las redes sociales, se ha dado a conocer el clítoris: donde está, cómo funciona… Pero todavía hay mucha gente que no ha tenido acceso a esa información o que no le ha calado hondo.


Y ya no es solo conocer la existencia del clítoris y cómo funciona, es que lamentablemente todavía pesa mucho más la creencia de que el clítoris está muy bien pero en realidad lo que importa, lo que 'da más puntos', es que tú tengas un orgasmo únicamente con la penetración. Entonces, claro, por mucho que tu entiendas cómo funciona el clítoris, si por ejemplo un hombre cuyo ego le está traicionando quiere que su pareja solo tenga orgasmos cuando le introduce el pene porque a él 'le da más puntos' como hombre, como varón, para reforzar su propia masculinidad, al final va a seguir centrándose en que ella tenga orgasmos de esta forma. ¿Qué pasa? Que estas ideas se las transmiten a ellas también. Esto les genera a ellas la sensación de ser un bicho raro por no poder llegar al orgasmo solo con la penetración, que es lo que su novio les está pidiendo. Porque además sienten que le tienen que satisfacer porque él se lo va a pasar mejor de esa forma.


Justo ayer me llegó la consulta de una chica que me contaba por Instagram que cuando tenía sexo con su pareja ella se estimulaba el clítoris durante la penetración y así ella se corría y acababa tan contenta. Me comentaba que su novio le insiste mucho en que tenga orgasmos sin que se toque y que están intentando hacerlo así pero que ella no llega de esa manera y los dos acaban frustrados. Con todo esto me preguntaba cómo podía hacer para llegar al orgasmo sin estimularse el clítoris. Pero, ¿por qué va a dejar de hacerlo? ¿Por qué tienes que satisfacer su ego si lo único que se va a beneficiar? Es que no hay más, él no va a sentir un placer físico mayor porque tú te corras de determinada manera, no, lo único que va a pasar es que se va a alimentar su ego, su seguridad como hombre o lo que sea. No busques otra manera de llegar al orgasmo solo para satisfacer sus expectativas o sus ideas erróneas acerca de la sexualidad. Es que esto es una gilipollez tremenda que viene de Freud.


¿Tanta relevancia ha tenido Freud en nuestra sexualidad?La masturbación estimulando el clítoris fue un tratamiento para curar la histeria


Claro, sin duda. Freud hablaba de los orgasmos infantiles, que eran los que se conseguían con la estimulación del clítoris. Según él, los orgasmos maduros eran los que conseguían las mujeres con la estimulación del pene. Y esa idea, independientemente de que hayas leído a Freud o no, o que sepas siquiera quién era, nos sigue afectando. Es tremendamente visible en nuestra cultura, en nuestra sociedad, en la forma en la que vivimos las relaciones sexuales. Está imperante, porque se ha construido toda una ideología alrededor de eso.


En la película Hysteria se habla de un médico que existió en el siglo XIX y que se dedicaba a curar la llamada histeria femenina, que eran mujeres que sufrían de los nervios. Se decía que eran unas locas, que estaban desestabilizadas emocionalmente. Entonces lo que hacía este hombre era masturbar a sus pacientes con sus propias manos, estimulaba la zona genital, estimulaba la zona del clítoris hasta que ellas tenían un orgasmo y así se iban mucho más tranquilas de la consulta. Los maridos mandaban allí a sus esposas para que este médico les aplicase el tratamiento. Para ellos era una cosa médica, no una cuestión sexual. No se planteaba que las mujeres pudiesen disfrutar en la cama, que pudieran tener orgasmos. Este mismo médico, de hecho, es quien inventa el vibrador, que en su momento se empezó a comercializar como un electrodoméstico. Lo ponían al lado de las batidoras. No se planteaba que tuviera que ver con el placer algo que no involucraba si quiera la penetración.


¿Y hay ahora un consenso en cuanto a los orgasmos y la estimulación femenina en la sexología? ¿Existen diferentes tipos de orgasmo para las mujeres?


Hay un debate ahí entre los y las profesionales del campo. En realidad orgasmo solo hay uno y se origina en el cerebro. Luego lo que puede variar es qué lo desencadena. Puede ser una parte del cuerpo, puede ser el clítoris, puede ser el punto g, pueden ser los pies, las orejas, los pezones o cualquier cosa que a ti te resulte lo suficientemente estimulante. Por ejemplo, cuando tenemos orgasmos en sueños, ahí nadie te toca y nadie te estimula, es tu cerebro el que lo ocasiona. Hay situaciones que pueden ser para ti lo suficientemente excitantes y que tampoco necesites tocarte. A lo mejor viendo una película porno puedes tener un orgasmo o fantaseando puedes tener un orgasmo. Hay posturas que admiten que esto es así pero que, en realidad, desde la parte del cuerpo de la que se origina el orgasmo siempre es desde el clítoris. Bueno, hay todavía mucho debate y entre los profesionales muchas veces no nos ponemos de acuerdo sobre cómo funciona esto realmente.


La visión mayoritaria del sexo está puesta en las prácticas cisheterosexuales. ¿Está la educación sexual todavía muy centrada en este tipo de pareja de hombre y mujer cis?


Sí, lo más visible ahora mismo es la sexualidad heterosexual. Eso está clarísimo. Al final toda la educación sexual que hay, la poca que hay, gira en torno a ese tipo de relaciones. Entonces, claro, el resto de sexualidades se quedan fuera, y esto es tremendo. No se visibiliza. En muchos libros de texto de los que ven los chavales en el colegio no aparece el clítoris. ¿Cómo se explica la anatomía genital? Pues no se habla de placer, se habla muchas veces de la parte reproductiva y poco más."Cuando se enseña educación sexual se hace entorno a relaciones que se centran en el placer del hombre"


Y en cuanto a las diferentes sexualidades, hay un estudio muy interesante de hace un par de años en el que se analiza el porcentaje de orgasmos que se tienen en las relaciones sexuales dependiendo de la orientación sexual que se tenga. Este estudio señala que quienes más orgasmos tienen durante las relaciones son los hombres heterosexuales, que llegaban a él en un 95% de los casos, seguidos de los hombres homosexuales y estos a su vez seguidos de las mujeres lesbianas. Las mujeres heterosexuales eran las que menos orgasmos tenían, con una gran diferencia, solo alrededor de un 60% de las veces. Esto demuestra que nuestra capacidad para tener orgasmos tiene que ver con la dinámica que se establecen las relaciones sexuales, no con que seamos mujeres, porque las lesbianas tienen muchos más orgasmos que las heterosexuales. Es brutal al final que no se enseñe todo esto, porque cuando se enseña educación sexual se hace entorno a relaciones que se centran en el placer del hombre. El de la mujer, todavía en pleno siglo XXI, está todavía muy atrás.


¿Y cómo se cambia esto?¿Qué se puede hacer para tener una educación sexual más diversa y que le de la relevancia necesaria al placer femenino?


Pues justo eso, empezar a hablar del placer femenino y empezar a hablar del placer. Muchas veces cuando se hace educación sexual se habla de la prevención de riesgos, de contraer una infección de transmisión sexual o de tener un embarazo no planificado. Pero no se habla de placer. En el momento en el que se habla del placer ya prácticamente lo solucionas todo porque puedes incluir a todo tipo de géneros y de orientaciones sexuales. En el momento en el que hablas del placer hablas también de consentimiento, hablas de deseo, hablas de actitudes, hablas de cuidados.


El placer debería ser el centro de toda la educación sexual. Y a partir de ahí podemos construir. No puedes enseñar tampoco ni siquiera a unos chavales a que utilicen el preservativo sin ese enfoque, porque ellos ya saben que tienen que utilizar el preservativo. Si no lo usan no es porque no tengan la información. Si aceptan a no usar el condón, sobre todo las chicas en relaciones con chicos, es porque quieren ser aceptadas, porque quieren que su pareja las quiera, porque no quieren que las abandonen si no aceptan no tener un tipo de prácticas sexuales.


En el momento en el que hablas desde el placer, hablas desde el amor y desde el respeto. Y ahí entra todo el mundo. Y además, si esto se hace desde pequeñitos, los chavales entienden perfectamente. Somos más los adultos los que hacemos estas diferencias y tal. Ellos no, ellos lo aceptan como algo placentero y como algo bonito.


Fuente: Público.es

mayo 08, 2022

Masturbación y el placer


El placer es necesario para poder vivir, y una de las formas de poder entregarnos placer es a través de la masturbación.

Veamos la definición de masturbación:

“Estimulación o manipulación de los órganos genitales o de zonas erógenas para proporcionar goce sexual.”

Esta es la definición más simple que podemos encontrar, pero antes de tomar la masturbación como una técnica sexual, la cual es muy recomendada en las terapias sexuales, es un acto de lo más natural y que todas, todos y todes la hemos realizado. No hace falta tener expertiz, solamente la habilidad y la curiosidad para poder descubrirte y disfrutar de tu propio placer, abriéndote al sentir de tu cuerpo.

Como es una práctica muy simple y se tiene acceso a ello de manera fácil, los grandes eruditos de las historia antigua, sobre todo los que se respaldaron con las religiones donde las mujeres dejaron de ser protagonistas, decidieron que no podía ser que la facilidad de tener placer sea tan simple y para evitar “posibles” explosiones de libertad y descontrol de los cuerpos, tomaron la decisión de indicar que el tocarse las partes íntimas y sentir gusto por ello era “pecado” y que caerían en las “profundidades del infierno”.

Esto hizo que varias culturas perdieran la posibilidad de descubrir sus cuerpos durante siglos y con ello el poder de crearse placer ellas mismas. El placer es el motor de muchas las cosas que el ser humano/a necesita, a través del placer creamos, destruimos, caminamos y tomamos decisiones. Y el prohibir la manera más simple para obtener este placer, desde mi punto de vista, es romper con la propia evolución.

Pero volviendo a la definición que inicialmente colocó al inicio de este escrito, la masturbación no es solo la estimulación de los órganos sexuales externos, sino también de otras zonas erógenas que cada persona puede tener. Por ello la masturbación abre muchas posibilidades de la obtención del placer, no solo para una misma, sino también para otres, aportando en el descubrimiento de nuestros propios sentires y de nuestro cuerpo.

Los hombres, históricamente ha practicado la masturbación en conjunto, junto con otros hombres, sea observándose o compartiendo esta práctica con el otro. Esta forma de practicarla no conlleva que sea homosexuales, sino que es algo que la misma naturaleza lo llama. Se conocen clubs, sobre todo de cultura anglosajona (Gran Bretaña y Estados Unidos), que, pagando una mensualidad o una membresía anual, hombres de diversos niveles socioeconómicos, acuden a masturbarse en grupo, no habiendo una preferencia sexual en esta práctica, solamente el placer de realizar un acto que por siglos se ha hecho de manera grupal. Importante señalar aquí la visión cultural de estos países, donde la religión protestante abrió otros caminos de progreso intelectual para los hombres, ampliando espacios de pensamiento crítico. De igual forma, siempre con una mirada patriarcal y de control hacia las mujeres.

Finalmente, las mujeres han sido las más castigadas en prácticamente todas las culturas religiosas conservadoras, donde el control del cuerpo era esencial para la pureza del ser. Es por ello, el que las mujeres no podían tener placer sin el control del hombre, sino que, por ellas mismas, era muy mal visto o directamente imposible para los cánones morales. Solamente son los hombres que pudieran utilizar esta práctica para en último caso, calmarlas, si ella estuviera diagnosticada como de “histerica”. A finales del siglo XIX, se hizo muy presente este diagnóstico en mujeres que tenían algunos síntomas como desfallecimientos, retención de líquidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, insomnio, pérdida del apetito, nerviosismo, irritabilidad y agresividad. Uno de los tratamientos era el que el médico aplicara la masturbación a sus pacientes, pero esto conllevo a cansancio para ellos, y surgió la creación del vibrador (vieron que el placer finalmente ayuda a crear…).

Durante está época, Freud, padre del psicoanálisis, mira a la masturbación como una práctica que pervierte el carácter, creando adicción. En concreto:

“pervierte el carácter [de una persona] en más de un sentido… pues lo acostumbra a alcanzar fines importantes sin esfuerzo alguno, por caminos fáciles y no mediante un intenso desarrollo de energía, y en segundo lugar, eleva el objeto sexual, en sus fantasías concomitantes a la satisfacción, a perfecciones difíciles de hallar luego en la realidad.” Ensayo “La moral sexual y la nerviosidad moderna”, Freud.

Debemos mirar a Freud como hijo de su tiempo, es decir, eran los comienzos de las primeras teorías de la sexología. En parte podemos rescatar de esta definición que la masturbación como cualquier práctica mal realizada puede llevar a crear problemas en el comportamiento. Si la utilizamos para soltar ansiedad puede crear dependencia y con ello problemas en los hombres de eyaculación precoz y en mujeres anorgasmia (falta de obtención de orgasmo).

Finalmente, la masturbación es una práctica ancestral, y por ello no debemos perderla, al contrario, vivirla lo más sana posible para que no tengamos ningún problema en vivir nuestra sexualidad, teniendo una salud sexual maravillosa, disfrutando muestro cuerpo de manera libre.



Por Paloma de la Paz Montes Araya. 
Trabajadora Social. Sexologa – Terapeuta sexualidad sagrada. Acompañante de mujeres en diferentes ciclos de su vida sexual. Doula y estudiante de partería ancestral.
Fuente: Emancipa

abril 23, 2022

Reivindicar el derecho de las mujeres al placer: una de las estrategias feministas frente al discurso del “terror sexual”

Ilustración: Luciana Peinado

En los últimos años, movimientos impulsados por mujeres y grupos feministas de distintas partes del mundo rompieron el silencio en torno a la violencia sexual. Lo hicieron en las calles, en las redes sociales, en algunos medios, en talleres, en reuniones entre amigas y en cada lugar en el que se habilitó el espacio. Contra sentencias judiciales sin perspectiva de género, contra coberturas mediáticas revictimizantes, contra un sistema que no les cree a las mujeres. Sin embargo, este tipo de violencia no amaina, la naturalización de estas conductas persiste y las víctimas de delitos sexuales todavía son estigmatizadas, culpabilizadas y sus relatos cuestionados cada vez que se animan a denunciar.

El activismo feminista contra la violencia sexual en Uruguay tomó un nuevo impulso este año, en el que se mediatizaron tres casos de violación grupal en apenas tres meses. El primero fue el de Cordón, que activó la organización de las movilizaciones contra la cultura de la violación que se desplegaron el 28 de enero en todo el país. A fines de febrero se supo que tres policías de la Guardia Republicana fueron imputados por violar a dos mujeres en un patrullero. En tanto, a principios de este mes, una adolescente denunció haber sido violada por varios hombres durante una fiesta organizada por el Partido Nacional para celebrar la victoria del No en el referéndum de la ley de urgente consideración. Estos son sólo los casos que llegaron a los medios.

Las manifestaciones de enero fueron emblemáticas porque, por primera vez en Uruguay, mujeres de todo el país se organizaron para repudiar en las calles la cultura que naturaliza las distintas formas que adopta la violencia sexual y dejar claro que el silencio en torno a estas situaciones no va más. Fue una versión local de otros movimientos que en los últimos cinco años encendieron las alarmas contra la violencia sexual alrededor del mundo, desde el #MeToo en Estados Unidos, el “Hermana, yo sí te creo” en España o el “Mirá cómo nos ponemos” en Argentina, y que posiblemente tuvo un primer antecedente con la irrupción de las denuncias de #VaronesCarnaval en 2020.

Romper el silencio, manifestarse públicamente y reivindicar el derecho de las mujeres a vivir libres de toda forma de violencia basada en género es indispensable. Pero también lo es buscar alternativas para escapar al discurso del “terror sexual” –ese que desde niñas busca transmitirnos el miedo a ser violadas– y reivindicar el derecho al disfrute, al deseo, al placer y a una sexualidad que no esté vinculada al castigo, al temor y que ubique siempre a las mujeres en el lugar de víctimas.

Durante la movilización de enero en Montevideo, una mujer sostenía un cartel que decía: “Deseo sexual sin miedo”. Las cuatro palabras sintetizan bien lo que reivindican algunas autoras y especialistas feministas cuando ponen arriba de la mesa el derecho al goce sexual contra el mandato que se nos impone de no salir a la calle solas, no vestirnos de tal o cual manera, no consumir alcohol o no tener relaciones sexuales con desconocidos, entre otras estrategias para evitar un abuso.

“Los últimos años han sido los de la ruptura del silencio: en todo el mundo miles de mujeres han compartido sus experiencias de violencia y acoso sexual. Pero ese discurso, necesario, debe ir acompañado de otro: el del placer de las mujeres. Frente al terror sexual, el feminismo pone sobre la mesa el deseo, la autonomía, el derecho de las mujeres a ser sujetos del sexo y del placer y no sólo objetos”, asegura la periodista feminista española Ana Requena Aguilar en su libro Feminismo vibrante (2020). “El camino no es fácil: la sexualidad ha sido una de las armas del patriarcado para disciplinar a las mujeres. Por eso, ahora más que nunca, necesitamos afianzar un relato feminista que nos permita combatir los estereotipos que aún nos lastran, reconstruir el deseo y la forma en que nos relacionamos, y conquistar el derecho al placer”, plantea.

En el mismo sentido se pronuncia la periodista feminista argentina Luciana Peker cuando asegura que “la revolución es una revolución del deseo”. “Se opone al abuso, al acoso y a la violencia. Y está a favor de un deseo en donde las mujeres, las jóvenes, las lesbianas, trans, travas y otras identidades sexuales tengan voz, palabra, poder y piel”, afirma Peker en Putita golosa. Por un feminismo del goce (2018). Aclara que “el freno a la violencia no es puritanismo, sino, por el contrario, una pelea por el placer”. Pero, ¿por dónde empezar?

Terror sexual, disciplinamiento y reacción

Para cambiar la estrategia hay que entender dónde estamos paradas. Tal como dice Requena Aguilar, el sexo ha sido históricamente un mecanismo de control del patriarcado. En esa lógica, el discurso del terror sexual es sólo una de las múltiples ramas desplegadas. “El terror sexual aparece, por ejemplo, cuando agarramos una situación de violencia sexual y la usamos mediáticamente para instaurar miedo en otras mujeres”, explicó a la diaria Victoria Marichal, psicóloga feminista especializada en sexualidad y violencia sexual. “Eso después lleva a discursos no solamente desde los medios de comunicación, sino también desde los otros agentes socializadores, como pueden ser las instituciones educativas y la familia, cuando nos dicen ‘cuidate’ o ‘mirá lo que pasó, te puede pasar a vos también’”, señaló.

Para la psicóloga, esto no sólo genera que las mujeres crezcan “con el miedo de saber que eso nos puede pasar”, sino que además “se restringe la libertad, porque si nos pasa es porque fue culpa nuestra, que no nos cuidamos lo suficiente”. La restricción de la libertad, la culpa y el silencio “operan de una manera en la cual lo que terminamos haciendo es recluirnos al espacio privado. Es una forma que tiene el sistema de volvernos a llevar a lo privado”, aseguró Marichal.

El recrudecimiento de todas las violencias machistas, incluida la sexual, parece ser un nuevo intento de confinar a las mujeres a la casa y a los roles tradicionales estereotipados. “Estas violaciones masivas que surgieron son distintas formas de querer volver a poner a la mujer en su casa, recatada, sin derechos. Por distintas vías, se está tratando de cortar los derechos que fuimos ganando en estos últimos tiempos”, analizó la antropóloga feminista Susana Rostagnol en diálogo con la diaria.

Peker asegura que la reacción conservadora que ha surgido en los últimos años para oponerse, rechazar o intentar revertir los avances logrados por los feminismos tiene un capítulo específico contra las “mujeres deseantes”. Lo pone en términos de “represalia” y de “venganza”. Y afirma: “Lo que jode es el deseo”.

“Cuando las mujeres ponemos arriba de la mesa nuestro deseo, del otro lado hay una reacción porque implica un movimiento del rol histórico de pasividad que tiene que ver con aceptar y complacer”, opinó Marichal. “Hay una gran parte de la población masculina que tiene muchas resistencias y muy poca flexibilidad a la hora de aceptar cambios que, en realidad, son para beneficio de todas, todos y todes, como pensar que la sexualidad y la vida pasen a ser feministas”, agregó.

Por su parte, Sabrina Martínez, licenciada en Comunicación, educadora sexual y responsable del taller de sexualidad y erotismo feminista Affidamento, dijo a la diaria que hay problemas “jodidos de verdad”, como la pedofilia o la explotación sexual infantil, que no generan “tantos movimientos en el debate público” como cuando una mujer “se hace cargo de su deseo”, y eso “tiene que ver con que nuestros cuerpos y nuestro deseo son parte de lo público”.

Al igual que las demás expertas consultadas, Martínez consideró que “estas reacciones, que no son nuevas pero que estamos viendo cada vez más, como las violaciones grupales, son acciones fuertemente deliberadas de las masculinidades hegemónicas para generar un reordenamiento de la sexualidad”.

Pero, como dice Requena Aguilar en su manifiesto por un “feminismo vibrante”, “necesitamos que el discurso feminista y la conversación pública no gire sólo alrededor de la violencia sexual y el miedo”, sino que “vire y ponga su mirada y su palabra, su atención, en nuestra sexualidad, en nuestro placer, en nuestro deseo, en lo que queremos y deseamos, y no sólo en lo que no queremos, en lo que tememos, en lo que rechazamos”.
Por el derecho al goce

¿Cómo hacer para que el sexo y el deseo no sigan siendo una forma de control y de disciplinamiento? ¿Qué implica pensar la sexualidad, el placer, el goce y el deseo desde una perspectiva feminista? ¿Cómo lo ponemos en práctica? Según Marichal, implica primero “poder hablar de la sexualidad libre, sin prejuicios y donde nuestro placer esté en el centro, porque históricamente nuestra sexualidad ha estado puesta al servicio del deseo masculino”.

La profesional dijo que es importante “empezar a hablar de nuestros cuerpos, de que tenemos derecho a disfrutar y que la sexualidad no es solamente privilegio masculino”, y aseguró que la educación sexual integral juega un papel fundamental al poder brindar “herramientas de autoconocimiento” que, entre otras cosas, permiten “hacer algo en el momento en que nos violentan, pedir ayuda y saber que lo que nos pasó no fue por nuestra culpa”.

El primer paso para sacar la culpa de arriba de la mesa es, justamente, “cortar con el discurso del miedo”, apuntó Marichal. Un punto que para la psicóloga es crucial en este proceso es romper con el estigma que gira en torno a las sobrevivientes de violencia sexual y visibilizar que “pueden tener una vida llena de bienestar, placer, goce, deseo, y recuperarse de lo que vivieron, y que para eso se necesita un montón de apoyo, por lo que hay que seguir exigiendo [respuestas] al Estado y a las instituciones”. A su entender, es necesario incluir esta “otra cara” en el discurso porque “siempre se intenta transmitirnos que, si te pasa esto, tu vida va a estar arruinada, entonces no solamente tenemos miedo a lo que nos puede pasar, sino también a todas las consecuencias horribles que eso va a tener y de las que además aparentemente no nos vamos a recuperar”.

Otra estrategia es abrir el diálogo, antes que nada con nosotras mismas: “Poder preguntarme qué me gusta, qué disfruto, cuándo sí, cuándo no, de qué manera”. También es importante “erotizar la palabra” de forma que el “no” y el “sí” sean parte de los encuentros sexuales. “Erotizar la palabra en los encuentros sexuales tiene mucho que ver con vivir una sexualidad de manera feminista porque nos acercamos más a poder guiar la sexualidad por fuera de los patrones patriarcales establecidos, generar nuevos guiones que son individuales, subjetivos y que van a ir variando de pareja a pareja y de persona a persona”, explicó Marichal. Igual de importante es poder entender que “la sexualidad no es una sola” y que “el deseo es variable”.

Para Martínez, “cuesta mucho todavía pensar en dónde está el erotismo por fuera de los términos en los cuales el patriarcado lo ha construido”, e incluso “muchas veces hay discursos actuales en torno a la idea de la emancipación sexual, de la liberación o del contacto con el propio cuerpo que no dejan de ser más que reescrituras o reelaboraciones patriarcales neoliberales, fuertemente ancladas en esta idea del deseo como algo individual”.

“Para mí, el goce de mujer es que no me hagan lo que me hicieron históricamente. Después, cómo nos gozamos y qué es lo que queremos no lo sabemos todavía, y eso es parte de lo que estamos intentando poner en conversación ahora”. Sabrina Martínez

La educadora sexual consideró que “no se trata sólo de reivindicar el derecho al placer sexual”, sino también de preguntarnos si existe un goce específico de las feminidades. “El goce más genérico es aquel que nos cuida de prácticas opresivas”, puntualizó. “Para mí, el goce de mujer es que no me hagan lo que me hicieron históricamente. Después, cómo nos gozamos y qué es lo que queremos no lo sabemos todavía, y eso es parte de lo que estamos intentando poner en conversación ahora”.
¿Y los varones?

Peker define la “revolución del deseo” como “un sismo que genera fricciones, desencuentros, destemporalidades y dolores, pero también habilita nuevas formas de encuentro”. Para la autora, el desafío principal es que los varones “estén dispuestos a escuchar y ser parte del cambio”. “El feminismo del goce también es una revolución (que exige, a veces, dar un paso al costado y renunciar a algunos privilegios) y que da más libertad, placer y posibilidad de exploración a los muchachos”, asegura en Putita golosa.

Marichal, Martínez y Rostagnol coinciden en que, para que las mujeres puedan vivir una sexualidad gozosa y libre de violencia, los varones tienen que estar dispuestos a revisar sus prácticas, actitudes y maneras de vincularse. Una vez más, la educación sexual integral aparece como una herramienta fundamental.

“Necesitamos menos aliados y más desertores del patriarcado que digan ‘esta no es la forma en la que quiero vincularme, y el deseo de la otra persona es igual de válido que el mío’”. Victoria Marichal

“Necesitamos programas de educación sexual que incluyan a los varones en la comunicación, en la empatía, en leer el deseo de las otras personas”, señaló Marichal. La psicóloga feminista hizo un llamado a “repensar” las masculinidades, en principio abandonando la expresión “masculinidades tóxicas” cuando “lo que hay, en realidad, es una masculinidad patriarcal y violenta que es la predominante”. “Necesitamos menos aliados y más desertores del patriarcado y de la masculinidad hegemónica, que digan ‘esta no es la forma en la que quiero vincularme, y el deseo de la otra persona es igual de válido que el mío y tiene el mismo lugar en esto’”, señaló.

“Sólo vamos a poder tener relaciones más equitativas cuando todos los intervinientes estén de acuerdo”. Susana Rostagnol

Al mismo tiempo, insistió en el papel principal que tienen los varones para ponerle un freno a la violencia sexual, ya que son quienes la ejercen. En ese sentido, dijo que no se trata sólo de dejar de ejercer violencia, sino también de que “dejen de ser cómplices de sus amigos” cuando tienen conductas violentas. “El cambio va a empezar cuando ellos puedan tomar ese rol activo de hacer algo con quienes ejercen violencia, desde hablar, comunicar, repensar e intentar generar medidas reparatorias para quienes han sufrido estas violencias”, aseguró.

Por su parte, Rostagnol afirmó que “sólo vamos a poder tener relaciones más equitativas cuando todos los intervinientes estén de acuerdo”. Para eso, “es importante que poco a poco los hombres empiecen a entender que ellos no son los dueños de la sexualidad, del tener sexo, del deseo, o que su deseo se debe privilegiar”, y que las mujeres también “tenemos cuerpos deseantes”.

Para Martínez, pensar la socialización de la masculinidad implica que los varones “se atrevan a transitar procesos de revisión de su crianza, de sus procesos de socialización, de los modos en los que se vinculan, para poder pensar cómo esas dinámicas se relacionan cuando salen a la vida a estar con otras y con otros”. En esa línea, dijo que es necesario “generar espacios entre varones”, pero también “tienen que salir a conversar con las mujeres, hacer preguntas y hacerse cargo”.

“También me pregunto por qué yo, como mujer, tendría que tener la respuesta a qué tienen que hacer los varones. Yo no sé mucho y, además, ya de demasiadas cosas nos estamos ocupando nosotras”, cuestionó. “Me interesaría mucho más escuchar a los varones, y parte de esto tiene que ver con entender que sea posible que otros varones puedan expresarse en torno a eso”.

La educadora sexual apuntó además a la responsabilidad institucional, que tiene que ver con la “gran ausencia de educación sexual integral” y el “poco acceso que tienen los varones a un sistema de salud que les permita poder pensar estos procesos de socialización”. En ese sentido, consideró que las instituciones son “masculinizantes y restrictivas”, entonces “cuando un varón quiere pedir ayuda, los dispositivos que se activan son para que se quede en el molde de esa masculinidad rígida y no lo cuestione, porque un varón cuestionándose también cuestiona al patriarcado y lo desestabiliza”. Llamó a darles espacio a “aquellas masculinidades que ya se vienen pensando, que están intentando romper con el binomio de la hegemonía, que se construyen desde espacios de la disidencia, de la fisura, en tanto han transitado experiencias propias de violencia, para que puedan revalorizarse y tomar otros lugares en torno al debate”.

Fuente: La Diaria

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