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julio 18, 2023

España. El Ministerio de Igualdad que puso al feminismo en guerra: Ley Trans, "borrado" de mujeres y prostitución

La Ley Trans de Podemos generó tensiones en el Gobierno, pero sobre todo dentro del movimiento feminista, donde se temió que pusiera en riesgo décadas de lucha por la mujer

Silvia Carrasco (izq.) y María Ángeles Cabré, en la librería Laie de Barcelona.
GORKA LOINAZARABA PRESS


El feminismo está en guerra. Pero no sólo contra el patriarcado. También dentro de sí mismo. Si la sociedad española ha seguido con atención las vicisitudes del Ministerio de Igualdad en los últimos años de Gobierno de coalición PSOE-Podemos, en las diversas sensibilidades que integran el feminismo este tiempo ha sido (y sigue siendo) de verdadera convulsión, y mucho más allá de la política.

Dos corrientes se enfrentan a cara de perro. Se trata del feminismo radical, o clásico, y el feminismo queer, más moderno. Este segundo promueve la liberación y la autodeterminación trans a todo trance, y pivota en torno al concepto del género. El primero ve en todo ello un «borrado» de la condición de mujer -si se puede autodeclarar como tal cualquiera que así se sienta-, aboga por el sexo biológico como guía para pelear por la igualdad y culpa de todo al «neoliberalismo».

Además, otros dos temas son claramente divisorios, aunque con posiciones no tan definidas: se trata de la prostitución -donde se oscila entre el clásico abolicionismo y la regulación, que por ejemplo defiende Sumar- y la gestación subrogada, con una minoría pidiendo derechos para que por ejemplo gays y lesbianas puedan ser padres, lo que inevitablemente lía más la ya de por sí liosa madeja LGTBIQ+.

Silvia Carrasco (1959), feminista radical (o radfem), es presidenta de Feministes de Catalunya y profesora de Antropología de la Autònoma de Barcelona. María Ángeles Cabré (1968), más en la teoría queer, es escritora, activista y fundó hace años el Observatorio Cultural de Género. EL MUNDO les reúne -y no ha sido sencillo encontrar dos voces dispuestas a contraponer ideas- en la Librería Laie, en Barcelona.

Pregunta. ¿Por dónde empezar?

Silvia Carrasco. La prostitución siempre ha sido el gran caballo de batalla, porque el posmodernismo lo considera no explotación sino trabajo, pero la Ley Trans va mucho más allá: borra los contornos de qué es una mujer. Borra a la mujer, porque cualquiera que se sienta mujer puede serlo. Es un retroceso enorme.

Mª Ángeles Cabré. Que 4.000 personas cambien su identidad sexual por la que ellos y ellas sienten pero nosotros no vemos hace que las mujeres que se creen propietarias del feminismo se crean cuestionadas. Yo quiero un feminismo de todo el mundo. El feminismo no es patrimonio de nadie, incluye a todos y todas.

S.C. Es que las leyes no pueden estar basadas en sentimientos. Con el borrado de lo que es mujer se comprometen siglos de avances por la igualdad.

M.Á.C. Si el mundo fuera binario, Silvia tendría razón. Pero no sólo hay morenos y rubios: también hay pelirrojos. ¿Dónde los metemos? Tengo una amiga que tiene una hija trans: desde que nació vio que su hija no era un niño, aunque lo pareciera por sus genitales de niño. Vamos contra la realidad cuando no queremos verlo. Una sociedad moderna debe acoger todas las orientaciones sexuales.

S.C. La biología dice que somos binarios para reproducirnos: ¿es la biología transfóbica? Lo otro, lo referido a sentimientos y orientaciones sexuales, no se puede negar y en muchos casos son síndromes de gente que sufre mucho por sus atributos sexuales desde la más tierna infancia. Esos tienen que ser comprendidos y acompañados. Pero gracias a leyes como esta se está interviniendo en cuerpos de menores sanos, sobre todo niñas adolescentes, que supuestamente solo pueden ejercer su identidad mutilándose genitalmente. De hecho, Mª Ángeles dice que no hay binarismo, pero entonces, ¿de qué a qué se transiciona?

M.Á.C. Lo que dices demuestra que no conoces a personas trans. Si no, verías que no son hombres ni mujeres: son otra cosa, son personas trans, y muchos no tienen problemas con sus genitales. Por cierto, ¿y con los intersexuales qué hacemos?

S.C. Son el cero coma cero, cero...

M.Á.C. Aunque fuera sólo uno. Además, el problema aquí es quién es el sujeto del feminismo. Si sólo lo somos las mujeres, el 52%, no vamos a conseguir nada. Y sin encima quitamos a las que votan a Vox, a muchas del PP, a mi madre, que piensa que somos unas exageradas... Hay muchas mujeres como Silvia, que quieren ser ellas solas protagonistas del feminismo. Pues hay muchos hombres que han abandonado el pacto patriarcal y han dicho: «Voy a empezar a practicar a la corresponsabilidad, voy a dejarle de mirar el culo a una niña de 15 años». Podemos construir un mundo feminista en el que no haya un solo menor que se tire por una ventana porque le han prohibido ponerse una falda...

Pregunta. Una duda: parece que la propia ciencia no se pone de acuerdo en qué es la transexualidad, ¿no?

S.C. El sexo es biológico, está en todas las células, lo demás es artificial y es género, contra lo que llevamos luchando siglos. El feminismo no se podrá defender si se reduce a un sentimiento y a los estereotipos contra los que siempre hemos luchado: peluca, maquillaje, falda, todo para complacer al hombre.

M.Á.C. Cuando escuchas esto piensas: qué hacen señores con pelucas y bótox prostituyéndose por las calles. Pero es que también hay un montón de mujeres cis que van así por la calle, aputarradas. El problema es que nos preocupe eso y no que haya profesoras universitarias lesbianas que se cortan el pelo y se ponen traje y son hombres trans. A este feminismo sólo le importa lo que invade su espacio. Yo prefiero abrir mi mente, preguntarle a una mujer trans, por ejemplo, qué sentía cuando vivía como un hombre y aprender de ella...

S.C. Una mujer trans no puede saber qué es ser mujer: tener la regla, la socialización...

M.Á.C. Ahora sabrá mucho: llevará minifalda, la violarán igual. ¿Estamos juzgando a unas personas porque usurpan nuestra identidad de género? Eso es fascismo o racismo. Yo no soy quién para decirle a la gente cómo tiene que vivir.

S.C. Esto es una burla contra las mujeres. Lo que me preocupa son las ideas, no las personas. Y si las personas sufren, tienen todo el derecho del mundo a que se las trate, como en cualquier otro desorden mental...

M.Á.C. ¿Desorden mental? Por favor...

S.C. Es un síndrome. Desde la propaganda transgenerista es como si no existiera en la clasificación de enfermedades de la OMS una alteración de la percepción que hace sufrir [se refiere a la disforia de género]. Pero mira: por un lado están los transactivistas, que suelen ser hombres, autoginefílicos, incluso ahora la portavocía de feminismos en Sumar [encarnada en Elizabeth Duval], y por otro las personas que sufren, que muchas son chicas. Tres de cada cuatro casos en adolescentes son niñas que rechazan su cuerpo sexuado. Las feministas radicales vamos contra las ideas que dañan a la infancia y que han entrado en los colegios.

M.Á.C. Pero si las personas trans están contentas con la ley.

S.C. ¿Todas?

M.Á.C. Bastantes. Y la mayoría dice que la ley es insuficiente, que debe ir más allá. En las redes, en las tertulias, en la prensa... Que por cierto no es sólo una ley trans.

S.C. También es una ley mordaza.

M.Á.C. Es sobre todo una ley que prohíbe las terapias de conversión.

S.C. Que ya no existen.

M.Á.C. Claro que existen, además de que en muchos países de África violan y capan a la gente por su opción sexual...

S.C. Aquí sí que se capa.

M.Á.C. Vaya, no es lo mismo que te asalten en tu casa y te violen a que te traten en una unidad de género médicos y psicólogos, ¿no? Eso os preocupa, pero que en Madrid no haya protocolos de violencia de género en los colegios, no. La teoría queer amplía los horizontes y no se va a empujar a ser trans a nadie que no tenga esa inquietud.

S.C. Pero si en Trànsit [servicio de acompañamiento a trans de la Generalitat] salen con la receta para las hormonas a la primera visita...

M.Á.C. Van allí quienes tienen un problema de género, no todos los adolescentes de los colegios.

S.C. Ha aumentado un 5.700% la demanda de este servicio entre los 10 a 14 años: casi todo niñas que rechazan su cuerpo sexuado.

M.Á.C. Lógico, salen del armario igual que salían con la ley del matrimonio homosexual, y además millones de personas se enteran de lo que es ser trans, y algunas descubren que quizás lo son.

S.C. Pero si son datos previos a la ley. Lo que pasa es que se ha introducido en la escuela el transactivismo, una élite que induce a menores a creer que son trans y luego los deja desprotegidos. Y un psicólogo que quiera explorar qué pasa ahí se arriesga a la inhabilitación. Lo que yo estoy diciendo puede ser objeto de sanción.

M.Á.C. ¿En serio? ¿Y otra charla sobre lesbianismo fabrica lesbianas? Por favor...

P. Vamos con la prostitución.

S.C. Soy abolicionista. Es la peor forma de institucionalizar la violencia sexual contra mujeres y niñas. Es difícil hablar de ciudadanos libres e iguales si se aprueba el acceso carnal y por dinero a otros ciudadanos. Además, el 90% son traficadas.

M.Á.C. Soy abolicionista también. Y si alguna mujer quiere ser puta por voluntad propia, primero habrá que ver si preferiría ser médico, porque igual lo preferiría. Y si aún así quiere, pues que se dé de alta como autónoma, como masajista sexual. Puede pasar y hay que contemplarlo. Pero el consumo de prostitución hay que prohibirlo y multar a los clientes.

S.C. La postura regulatoria de la prostitución es puro capitalismo. Vivimos en una sociedad pornificada. El porno se empieza a consumir a los ocho años, desde ahí se erotiza la violencia sexual contra las mujeres...

M.Á.C. La prostitución se sirve del sexo, pero podría ser a hostias: es puro sometimiento. En Cataluña es escandaloso el viaje en grupo a los puticlubes de La Junquera.

P. Íñigo Errejón por ejemplo aboga por la regulación.

S.C. Más Madrid siempre ha estado ahí, en la explotación neoliberal. Y Sumar también: supuestamente es de izquierdas, pero hay una compra total del pack mercantilización de cuerpos de mujeres. Yo soy de izquierdas, pero ahora parece que la izquierda se ha movido.

M.Á.C. Y con la gestación subrogada, otro tanto. No somos vasijas es uno de los lemas feministas. Conozco lesbianas que han comprado niños, presentadores de TV gais que también. ¿Es que todo el mundo tiene derecho a ser padre o madre?

S.C. Es mercantilismo puro.

M.Á.C. ¿Tiene derecho un minusválido a subir al Everest? ¿O yo a ser bailarina del Bolshói? No. Prostitución y vientres de alquiler van juntos.

S.C. Estoy de acuerdo. Pero ojo, nos oponemos a las condiciones, no a las mujeres que lo hacen.

M.Á.C. Eso es.

S.C. Bueno, al final sí estábamos de acuerdo en alguna cosa, ¿no?
LOS PROGRAMAS

PSOE
DESARROLLAR LAS LEYES QUE YA SE HAN APROBADO


1. APLICACIÓN. El PSOE está satisfecho con las leyes aprobadas y explica que ahora toca ponerlas en marcha de forma efectiva.

2. PACTO DE ESTADO. Buscar un gran acuerdo «contra la LGTBIfobia».

3. TURISMO. Habrá «promoción de experiencias de turismo especializadas» en LGTBI.

4. UE. Se buscará «una estrategia de igualdad de género de la Unión Europea».

PP
OBJETIVOS Y PLAZOS CONCRETOS


1. PRECISIÓN. Propone que los planes de igualdad hombre-mujer tengan plazos y objetivos que sean concretos.

2. CLAVES. Foco en la brecha salarial femenina, el desempleo y el mundo rural.

3. MATERNIDAD. Hhabrá bonificaciones en la Seguridad Social y beneficios al contrarar..

4. OTRA LEY. Se aprobará una ley trans, distinta a la que hoy está vigente.

VOX
DEROGAR Y VOLVER A DEROGAR


1. PRIORIDAD. «Derogar la Ley de Violencia de Género, «que consagra la asimetría penal y la desigualdad entre hombres y mujeres».

2. SIN MINISTERO. El Ministerio de Igualdad desaparecerá por «injusto e ideológico».

3. FUERA LEYES. Derogar leyes ideológicas «que colectivizan al individuo».

4. SIN CUOTAS. Ninguna cuota o preferencia laboral a mujeres. Eso también se deroga.

SUMAR
FEMINISMO Y LGTBI, DE LA MANO


1. PACIFICAR. Evitar un choque innecesario: «Las conquistas feministas son también conquistas para el movimiento LGTBI+».

2. PERMISOS. Permiso parental de 10 semanas remunerado y hasta los 12 años.

3. MADRES SOLAS. Se apoyará a las familias monoparentales, que casi siempre están formadas por mujeres.

4. FRENO. Campañas para frenar los «discursos contrarios a los derechos de las mujeres» lanzados desde la «extrema derecha».



Por Quico leso @QuicoAlsedo
Fuente: Mundo.es

enero 16, 2022

Un diccionario para nombrar lo que nunca tuvo nombre

El colectivo de mujeres poetas Genialogías presenta su ‘Diccionaria Una’, un glosario que, de forma lúdica y lírica, crea y recoge palabras que designan realidades obviadas por la cultura patriarcal.

“Lolamento”, una de las entradas de Diccionaria Una. MARIA FARRÉ

La frase cayó como una piedra en el agua y salpicó a todas las presentes en aquella reunión de la asociación de mujeres poetas Genialogías en 2017. Una de ellas dijo lo que muchas sentían en carne propia: “Mi mundo está lleno de cosas que no tienen nombre”. Cuatro años después, el colectivo ha publicado un libro-herramienta que quiere satisfacer esa necesidad de inventar palabras para designar realidades que afectan a las mujeres pero que, hasta ahora, han carecido de definición, de un término que las nombre. Y lo que no se nombra no existe, sabido es.

Diccionaria Una (Genialogías/Ediciones Tigres de Papel, 2021) supone el resultado de un esfuerzo colectivo, también un juego con el lenguaje y una semilla para sembrar el camino. En su elaboración han discutido mucho cada detalle, cada palabra, cada acepción, pero también han disfrutado y se nota. Huyendo del carácter normativo que caracteriza a los diccionarios, este glosario propone una creación lúdica de significantes y significados y abre la puerta a que existan continuaciones de esta partida para llegar a otras pantallas y nombrar nuevas realidades. La propia Diccionaria aparece, con una definición que dice que se trata de la “recolección y siembra de palabras con que las mujeres nombran sentimientos, experiencias y saberes silenciados o no expresados antes de forma satisfactoria para ellas”. Otras entradas explican el “cuidadicio”, el vicio de cuidar en exceso del que convendría cuidarse. Describen lo que es “amueblarse”: “Tomarse el tiempo y el espacio vital para ordenar ciertos sentimientos dentro de una, especialmente los de pena o fracaso, hasta que no puedas hacerte daño con ninguna de sus esquinas”. Hablan de la “ojaza” como la “mirada cómplice entre amigas cargada de información, que nadie más que ellas capta pero crece como un pan”, y establecen que el Satisfayer es un “cacharro capitalista que la publicidad intenta vender a las mujeres como panacea orgásmica para que acaben pronto y sigan trabajando”.
“Con lo que estamos dialogando, lo que estamos cuestionando, es la cultura patriarcal, que va más allá de las instituciones que confieren autoridad cultural, va más allá de la crítica y el canon”, dice la poeta Diana García Bujarrabal


En la introducción aseguran que han intentado “nombrar con libertad, soltura y gracia, con placer y con sentido, sin esperar la aprobación de las infinitas jerarquías que pretenden regular las palabras como si fueran suyas, siendo como son las palabras pájaros, propiedad de nadie”. Una de esas jerarquías que constriñen el lenguaje la constituye la Real Academia Española (RAE), aunque la poeta Diana García Bujarrabal, participante en la elaboración de Diccionaria Una, entiende que la responsabilidad trasciende la institución fundada en 1713 por el marqués de Villena y dirigida en la actualidad por Santiago Muñoz Machado. Ella afirma que “con lo que estamos dialogando, lo que estamos cuestionando, es la cultura patriarcal, que va más allá de las instituciones que confieren autoridad cultural, va más allá de la crítica y el canon”.

La discriminación de las mujeres en la cultura, ese sesgo al que combaten desde Genialogías, es histórica y, para García Bujarrabal, “tiene que ver con el silenciamiento de las voces femeninas que empieza en los textos clásicos con Telémaco mandando callar a su madre Penélope, que se prorroga durante siglos en nuestra tradición literaria. Hay un ensayo maravilloso de Clara Janés, Guardar la casa y cerrar la boca, que se abre con una cita de Fray Luis de León: ‘Porque así como la naturaleza [...] hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca’. Es algo inserto durante siglos en nuestra cultura occidental, en la Biblia con la expulsión de Eva del paraíso, también en la idea de las mujeres como fuente de todo mal en Pandora. Hablaría de cultura patriarcal, entonces, que va más allá de la RAE y del Gobierno de España”.
Patriascazo

Existen números que corroboran la desigualdad estructural que aún siguen padeciendo las mujeres en la cultura. Por ejemplo, según datos recogidos por el Ministerio de Cultura y Deporte, en 2020 se inscribió en el ISBN un total de 78.422 libros. De los 54.509 que corresponden a una firma única, el 61,1% eran hombres, el 38,5% mujeres y el 0,4% no consta. Sin embargo, la tasa de empleo registrada ese mismo año en la ocupación de escritores, periodistas y lingüistas alcanzó un 55,4% de mujeres, superior a la observada en el total del ámbito cultural y en el conjunto nacional. Algo huele a macho en la industria editorial española. En la página 91 de la Diccionaria se lee la definición de “patriascazo”: muestra de violencia judicial, institucional y simbólica del sistema patriarcal. Palabra escuchada en las calles como un clamor.

García Bujarrabal, que en sus poemas enhebra los conceptos de verdad, utilidad y belleza, una cierta preocupación ecológica y el enojo que, precisamente, le provoca el ninguneo a las mujeres en la literatura, remarca las diferencias de enfoque entre la Diccionaria y otros glosarios: “No es un diccionario en el sentido tradicional, incluso ni siquiera en el sentido del diccionario de recoger los usos del lenguaje que hizo María Moliner en su día, sino que trata de cuestionarnos la potencialidad liberadora del lenguaje y lo que estamos haciendo cuando nombramos”. Así, en su texto colectivo “no hay un trabajo lexicográfico, no tenemos la capacidad ni nos planteamos hacer un trabajo de campo para recoger cómo se habla, aunque algo de esto hay. La RAE fija, pule y da esplendor pero también parte de esa idea de recoger las maneras de hablar. No es nuestro punto de partida. Nosotras estamos partiendo de esos huecos innombrados y tratamos de darles nombre, adquirimos un papel más activo. No pretendemos en ningún caso hacer el mismo tipo de trabajo”.

Sobre la mencionada María Moliner y su excepcional Diccionario de uso del español, que escribió durante 15 años, ella explica que no empezaron “pensando en hacer algo como lo que hizo, que fue un ejemplo espectacular. Inevitablemente esa referencia la hemos tenido mientras trabajábamos sobre las palabras, pero su trabajo es muy diferente. Para nosotras es un ejemplo de constancia y libertad, también por lo de ignorar el argumento de autoridad. Su trabajo es científico, no es nuestro caso”.
¿Cuáles son sus labores?


Una de las entradas de la Diccionaria que mejor ilustra todos los nudos que sus autoras han atado y desatado para poder terminar este volumen colaborativo es la que se refiere al término “suslabores”. En la tercera acepción que proponen especifican que se trata del “trabajo a veces silencioso pero siempre constante para socavar los cimientos del patriarcado”. ¿No es justo al revés, el espacio en el que el patriarcado recluye a las mujeres para perpetuarse? La poeta responde que esa definición tiene una cierta intencionalidad. “Por una parte, está esa realidad de la relegación de las mujeres al espacio doméstico, que es un mandato patriarcal, pero por otra parte está la necesidad de valorar todo ese trabajo. Todas las acepciones de esta palabra quieren trabajar en esa doble vía. Hay una desvalorización de todo lo que tradicionalmente se ha identificado como femenino, que para nosotras no tiene sentido. De ahí esa acepción en positivo. Ese trabajo para socavar los cimientos del patriarcado no se refiere exclusivamente al ámbito doméstico, remite también a lo manual, lo pequeñito, lo cotidiano, pero pueden ser los trabajos de una mujer en su centro de trabajo, no solo en casa”. En la página 32 encontramos la definición de “cuerpeo”: evaluación constante que hace una mujer del lugar y la situación en que se encuentra para evitar riesgos y protegerse.
“Genialogías es una asociación de 70 mujeres poetas de todo el Estado pero la mayoría somos blancas, no somos mujeres migradas… Somos muy conscientes de que ha quedado muchísimo fuera”, reconoce García Bujarrabal


La confección de este proyecto se enfrentó a dilemas importantes, que las participantes en Genialogías fueron resolviendo en comisiones y con paciencia. Uno de ellos alude a la exclusión que comporta toda definición y lo que no encaja en ella. “Teníamos mucho miedo —reconoce García Bujarrabal— de pretender erigirnos en voz de las mujeres porque las mujeres somos la mitad de la población y, como tales, diversas y atravesadas por todo tipo de realidades diferentes. Genialogías es una asociación de 70 mujeres poetas de todo el Estado pero la mayoría somos blancas, no somos mujeres migradas… Somos muy conscientes de que ha quedado muchísimo fuera”. Por eso, ella espera que la Diccionaria, que no se apellida Una por casualidad, tenga continuidad, quizá mediante herramientas más abiertas que permitan la participación de más autoras. “Lo que no podemos es presentarlo como universales en los que todas podamos encajar, porque quizá uno de los problemas que hemos tenido las mujeres han sido esos trajes tan encorsetados en los que se nos ha querido introducir desde esa tradición patriarcal”, valora la poeta.

Otros debates que han acompañado la creación de la Diccionaria giraron en torno al canon, a la autoridad, a la pregunta de hasta qué punto las mujeres necesitan ser reconocidas por unas jerarquías que son “totalmente patriarcales, como puede ser la RAE”, a la idea de lograr un acuerdo entre todas las participantes, y a la identificación, o el rechazo, con lo que sugerían algunas de las palabras creadas. “Los términos están revisados varias veces —recuerda García Bujarrabal—, hemos tenido esa preocupación por cómo serán interpretados. Pero eso es un riesgo que asumes desde que escribes. Es inevitable que, en un momento dado, a alguien no le guste algo. La alternativa es no hacer nada. Poniendo este libro encima de la mesa estamos aportando y suscitando debates, por eso lo lanzamos como una propuesta para seguir trabajando”.

Y otro gran quebradero de cabeza fue la autoría, cómo reconocer el trabajo conjunto realizado hasta tener el libro en las manos. Respetar los textos presentados o modificarlos —“hay términos en los que han intervenido muchas personas, otros se quedaron tal cual llegaron”—, incluir nombres y apellidos o recurrir al anonimato que tantas veces veló nombres de mujeres, como señaló Virginia Woolf. “Queríamos hacer un libro colectivo, que no se firmara a título personal, pero eso también nos hacía pensar si no estábamos cayendo otra vez en el ocultamiento y silenciamiento de las mujeres”, concluye García Bujarrabal.

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in