Mostrando las entradas con la etiqueta Micromachismos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Micromachismos. Mostrar todas las entradas

agosto 06, 2026

Micromachismos: la desigualdad que sigue escondida en lo cotidiano

“Quizá por eso resultan tan difíciles de combatir: porque se confunden con la costumbre y terminan pareciendo normales”


Oberholster Venita / Pixabay

Pequeños gestos cotidianos (frases, actitudes y automatismos que apenas se cuestionan) siguen colocando a muchas mujeres en un segundo plano. Aunque la sociedad ha cambiado y los avances hacia la igualdad son evidentes, estas dinámicas persisten de forma silenciosa en muchos ámbitos de la vida diaria.

Quizá por eso resultan tan difíciles de combatir: porque se confunden con la costumbre y terminan pareciendo normales.

Los micromachismos no suelen identificarse a primera vista. No hay gritos, insultos ni conflictos abiertos. Son gestos pequeños, frases cotidianas y reacciones automáticas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que, sumadas, contribuyen a mantener desigualdades que aún no han desaparecido por completo.

Conviene matizar algo importante: afortunadamente, estas dinámicas están cambiando. Hay hombres que no reproducen estos comportamientos, parejas que se reparten las responsabilidades de forma equitativa y nuevas generaciones cada vez más conscientes de la necesidad de construir relaciones basadas en el respeto y la corresponsabilidad. Sin embargo, el cambio social sigue siendo desigual y, en muchos ámbitos, todavía insuficiente.

¿Por qué siguen existiendo?

La mayoría de los micromachismos no nacen de una intención consciente de discriminar. Son, en gran medida, el resultado de una educación recibida durante generaciones y de modelos culturales profundamente arraigados. Durante mucho tiempo se educó a hombres y mujeres para desempeñar papeles diferentes: ellos como principales proveedores y ellas como responsables del cuidado de la casa y de la familia. Aunque la sociedad ha evolucionado de forma extraordinaria, muchas de esas inercias siguen reproduciéndose de manera casi automática, incluso entre personas que defienden sinceramente la igualdad.

En casa: cuando el trabajo se da por hecho

En muchos hogares sigue ocurriendo una escena fácilmente reconocible. Él está sentado viendo la televisión mientras ella recoge la cocina después de cenar. Entonces comenta:

—Si necesitas ayuda, me dices.

No es una frase agresiva, pero encierra una diferencia significativa: la responsabilidad principal parece recaer en ella, mientras él se ofrece a colaborar de forma puntual.

También es frecuente que alguien abra la nevera y diga:

—No hay nada para comer.

Detrás de esa afirmación suele haber una realidad invisible: alguien ha pensado en la compra, ha planificado los menús y ha organizado lo necesario para que la casa funcione día a día.

En reuniones familiares ocurre algo parecido. Servir el café, recoger los platos o atender a los niños suele recaer de forma casi automática sobre determinadas personas, generalmente mujeres, mientras el resto continúa la conversación.

A ello se suma lo que muchos estudios denominan carga mental: recordar citas médicas, cumpleaños, compras pendientes, reuniones escolares o gestiones administrativas. Son tareas poco visibles, pero esenciales para la organización cotidiana, y todavía hoy siguen recayendo con frecuencia sobre ellas.

Otro ejemplo muy habitual es hablar de que un hombre 'ayuda en casa'. En realidad, cuando ambos conviven y comparten un proyecto de vida, no se trata de ayudar, sino de asumir responsabilidades comunes. El propio lenguaje refleja, a veces sin pretenderlo, quién sigue considerándose el responsable principal de las tareas domésticas.
En pareja: cuando el control se disfraza de cuidado

Otra situación habitual aparece cuando una mujer va a salir y escucha preguntas como:

—¿Con quién vais exactamente?

—No vuelvas muy tarde, que es peligroso.

—Avísame cuando llegues.

Por supuesto, estas expresiones pueden nacer de una preocupación sincera. El problema surge cuando se convierten en algo constante, unilateral o condicionan la autonomía de la otra persona. En esos casos pueden transformarse en formas sutiles de control.

Algo parecido sucede con comentarios relacionados con la apariencia o las decisiones personales:

—¿Vas a salir así?

—No es que no puedas, pero luego te miran.

O cuando una mujer dedica tiempo a su trabajo, sus aficiones o sus amistades:

—Siempre estás ocupada últimamente.

No son prohibiciones directas, pero pueden generar presión y hacer que determinadas decisiones se tomen bajo la influencia de expectativas ajenas.
En la carretera: cuando conducir parece un examen

Muchas mujeres reconocen una situación parecida: van conduciendo y el acompañante masculino comenta continuamente:

—Frena antes.

—Ahí no entres.

—Vas muy pegada.

Aunque no exista un peligro real, la sensación puede ser la de estar siendo evaluada constantemente.

Sin embargo, cuando es el hombre quien conduce, ese nivel de supervisión suele ser menor. Esta diferencia refleja un estereotipo que todavía persiste en algunos sectores de la sociedad: la idea de que las mujeres conducen peor.

Los datos disponibles no respaldan esa creencia. Diversos estudios sobre siniestralidad vial muestran que los hombres están implicados con mayor frecuencia en conductas de riesgo al volante, como el exceso de velocidad o la conducción temeraria. Aun así, el prejuicio continúa presente en muchos comentarios cotidianos.
En el trabajo: cuando no se escucha igual

En el ámbito laboral también pueden aparecer situaciones sutiles de desigualdad.

Una mujer expone una idea durante una reunión y apenas obtiene respuesta. Minutos después, un compañero plantea una propuesta muy similar y recibe reconocimiento por ella.

También es habitual que determinadas tareas organizativas —tomar notas, coordinar detalles o preparar reuniones— recaigan automáticamente sobre mujeres, sin que exista un acuerdo previo ni una distribución consciente de responsabilidades.

A ello se suma otra situación frecuente: las interrupciones. Diversos estudios muestran que las mujeres son interrumpidas con mayor frecuencia durante reuniones o debates y que, en ocasiones, sus explicaciones se cuestionan más que las de sus compañeros.

La forma de valorar el liderazgo ofrece otro ejemplo frecuente. Cuando una mujer se expresa con firmeza, a veces se la percibe como demasiado exigente o autoritaria. Sin embargo, esa misma actitud en un hombre suele interpretarse como capacidad de liderazgo o seguridad.

Son diferencias sutiles, difíciles de detectar en ocasiones, pero que pueden influir en el reconocimiento profesional y en las oportunidades de desarrollo laboral.
Lo que está cambiando (aunque no al ritmo deseado)

Es importante insistir en que estas situaciones no representan a todos los hombres ni aparecen en todas las relaciones. Existen hogares donde las responsabilidades se comparten de manera equilibrada, empresas comprometidas con la igualdad y personas que cuestionan activamente estos comportamientos.

Los avances logrados durante los últimos años son reales y merecen ser reconocidos. Sin embargo, también es cierto que algunas inercias culturales continúan presentes y siguen manifestándose en pequeñas acciones cotidianas que rara vez se cuestionan.

Conviene recordar, además, que los micromachismos no perjudican únicamente a las mujeres. También pueden limitar a muchos hombres cuando se espera de ellos que no expresen sus emociones, que asuman siempre el papel de proveedores económicos o que no participen plenamente en el cuidado de sus hijos por considerarlo una tarea secundaria. Superar estos estereotipos beneficia a toda la sociedad.

Los micromachismos no siempre son conscientes ni intencionados. Precisamente por eso resultan tan difíciles de identificar y transformar. Su importancia no reside en cada gesto aislado, sino en el efecto acumulativo que generan cuando se repiten una y otra vez.

Son como el polvo que se acumula en una casa. Un solo grano parece insignificante, pero cuando se van sumando durante años terminan cubriendo toda la superficie. Cada gesto aislado puede parecer irrelevante; el problema aparece cuando todos ellos se convierten en una forma habitual de relacionarnos.

Detectar un micromachismo no significa convertir cualquier conversación en un enfrentamiento. Muchas veces basta con hacerlo visible mediante una pregunta serena, repartir las responsabilidades con mayor equilibrio o revisar costumbres que siempre se han considerado normales. La igualdad no se construye únicamente con leyes; también nace de esos pequeños gestos cotidianos que transforman la convivencia.


Nombrarlos no es acusar, sino observar. Y observar es siempre el primer paso para cambiar.


Porque la igualdad no se alcanza únicamente cuando desaparecen las grandes discriminaciones, sino también cuando dejamos de aceptar como normales esas pequeñas desigualdades que se cuelan, casi sin hacer ruido, en la vida de cada día.

Fuente: El Diario.es

junio 13, 2026

EEUU, México y Canadá lanzan campañas contra la violencia de género ante el Mundial de 2026


Imagen de archivo de un acto de protesta contra los feminicidios en México NOTIMEX / SUSANA GIL

Organizaciones de Estados Unidos, México y Canadá, los tres países que serán sede del Mundial de Fútbol de 2026, han activado diversas campañas contra la violencia de género coincidiendo con la celebración de los encuentros previstos entre el 11 de junio y el 19 de julio.

La propuesta, orientada a visibilizar y frenar la violencia sexual en el contexto de los grandes eventos deportivos, está liderada por tres entidades: la Red Nacional de Refugios de México, la organización Refugios para Mujeres de Canadá y la Red Nacional para Poner Fin a la Violencia Doméstica de Estados Unidos.

Las tres organizaciones se basan en registros previos que muestran que, durante competiciones deportivas internacionales de gran impacto, las llamadas a las líneas de atención contra la violencia machista se incrementan de forma notable. Según estos datos, el volumen de avisos puede aumentar hasta un 30 % en estos periodos e incluye denuncias de violación, abuso y acoso, además de episodios de violencia verbal.

Las nuevas campañas concentran ahora su atención en los Estados que albergarán los partidos del Mundial, donde las estadísticas históricas reflejan tasas especialmente altas de este tipo de violencia, sobre todo en zonas con un contexto previo de fuerte violencia contra las mujeres.

Con el lema “La violencia contra las mujeres no es parte del juego”, las organizaciones promotoras pretenden habilitar espacios seguros para la denuncia y la prevención, reforzar la sensibilización social y ofrecer apoyo y acompañamiento especializado a las víctimas.

Fuente: Demócrata

febrero 07, 2026

¿Qué son los micromachismos y por qué no deben considerarse «micros»?



En nuestra vida cotidiana, existen pequeños gestos, comentarios y actitudes que parecen inofensivos pero que esconden una realidad más compleja y preocupante. Estas conductas sutiles, que muchas veces pasan desapercibidas, son conocidas como micromachismos, y aunque su nombre incluya el prefijo «micro», su impacto en la vida de las mujeres es todo menos pequeño.

Definición y origen del término micromachismo

El término «micromachismo» fue acuñado en 1991 por Luis Bonino Méndez para describir lo que él llamó «pequeñas tiranías» o «violencia blanda» contra las mujeres. Estas conductas, actitudes y gestos sutiles son casi imperceptibles en el día a día, pero reflejan y perpetúan la dominación histórica masculina que ha caracterizado nuestras sociedades durante siglos.

Los micromachismos no son actos aislados ni inofensivos que ocurren por casualidad. Forman parte integral de un sistema patriarcal profundamente arraigado que limita sistemáticamente la libertad, la autonomía y la capacidad de decisión de las mujeres en todos los ámbitos de su vida.

La mayoría de estas conductas son inconscientes, producto de una socialización de género que hemos internalizado desde la infancia. Tanto hombres como mujeres las reproducen sin cuestionarlas, porque forman parte de lo que consideramos «normal» en nuestras interacciones sociales. Sin embargo, esta normalización es precisamente lo que las hace más peligrosas y difíciles de erradicar.

Por qué los micromachismos no son «micro»

El uso del prefijo «micro» puede ser engañoso y hasta contraproducente. Aunque estas conductas parezcan pequeñas o insignificantes de manera individual, su efecto acumulativo es profundo, sostenido en el tiempo y verdaderamente devastador para la vida de las mujeres. Es como las gotas de agua que caen constantemente sobre una piedra: cada gota parece inofensiva, pero con el tiempo pueden erosionar incluso la roca más dura.

Estos comportamientos refuerzan sistemáticamente los roles de género tradicionales, invisibilizan las contribuciones y capacidades de las mujeres, y perpetúan desigualdades estructurales en todos los niveles de la sociedad. Minimizar estos actos como «micro» es, en realidad, un eufemismo peligroso que oculta la violencia simbólica y real que generan día tras día.

Tipos de micromachismos y ejemplos cotidianos

Cada categoría de micromachismos tiene características específicas, pero todas comparten el objetivo común de mantener o reforzar la subordinación de las mujeres de manera sutil. Por eso es fundamental cómo se manifiestan en nuestra vida diaria.

Micromachismos utilitarios: consisten en asignar a las mujeres tareas de cuidado, administrativas o de servicio sin que sea su función, aprovechándose de la socialización femenina orientada al cuidado de otros.

Ejemplos: pedir sistemáticamente a una compañera que tome notas en reuniones, aunque no sea su rol, o esperar que las mujeres organicen eventos sociales de la oficina. En casa, asumir que la mujer es la responsable natural de la limpieza o la cocina, mientras el hombre solo «ayuda» cuando se le pide explícitamente, como si fuera un favor y no una responsabilidad compartida.

Micromachismos de invisibilización: estas conductas tienen como objetivo minimizar, ignorar o apropiarse del trabajo, las ideas y las contribuciones de las mujeres, manteniéndolas en un segundo plano invisible.

Ejemplos: interrumpir constantemente a las mujeres en conversaciones o reuniones (fenómeno conocido como «manterrupting«), ignorar o restar valor a las propuestas o logros de las mujeres mientras se atribuyen a colegas hombres, o simplemente no reconocer el trabajo doméstico o de cuidado como trabajo real que requiere tiempo, energía y habilidades específicas.

Micromachismos simbólicos: estos operan principalmente a través del lenguaje, las representaciones y los símbolos culturales que refuerzan estereotipos de género y perpetúan la desigualdad de manera casi invisible.

En el lenguaje: llamar «señorita» a una mujer adulta (cuando no existe el equivalente «señorito» para hombres), usar sistemáticamente el masculino genérico para referirse a grupos mixtos invisibilizando la presencia de mujeres, o hacer comentarios paternalistas como «eres muy valiente por hacer eso» ante acciones que serían consideradas normales en un hombre.

En los medios: las imágenes sexistas en publicidad que muestran a mujeres siempre en roles de cuidado o como objetos decorativos, mientras los hombres aparecen en posiciones de poder y toma de decisiones.

Micromachismos coercitivos: Estos son quizás los más dañinos psicológicamente, pues implican formas sutiles de manipulación emocional y control sobre las mujeres que pueden pasar completamente desapercibidas.

Manipulación emocional: Invalidar sistemáticamente los sentimientos de una mujer diciéndole que «está exagerando» o «es muy sensible», culparla por situaciones completamente fuera de su control, o hacerla dudar de su propia percepción de la realidad (gaslighting sutil, luz de gas).

Control sobre el cuerpo: comentarios como «si no quieres que te miren, no te pongas escote» que responsabilizan a las mujeres por las acciones de otros, o bromas sexistas que normalizan la desigualdad y el acoso haciéndolas pasar por humor inofensivo cuando en realidad perpetúan violencia simbólica.

Micromachismos en el entorno laboral

El ámbito laboral es un terreno especialmente fértil para los micromachismos, donde se manifiestan de múltiples formas que limitan el desarrollo profesional de las mujeres y perpetúan la desigualdad entre éstas y los hombres en las organizaciones.

Diferencias en el saludo: saludar con dos besos a la mujer mientras se da solo la mano al hombre marca una diferencia de trato que posiciona a las mujeres en un plano más informal o personal, mientras los hombres reciben un trato más profesional.

Códigos de vestimenta sexistas: exigir vestimenta distinta según el sexo, como pantalón largo obligatorio para hombres mientras las mujeres «pueden» usar falda, refuerza estereotipos y a menudo implica mayor vigilancia sobre el cuerpo de la mujer.

Mansplaining constante: explicar condescendientemente a una mujer algo que ella domina perfectamente, asumiendo que por ser mujer necesita que se le explique, es una forma de invalidación profesional muy común.

Asignación estereotipada de tareas: encargar sistemáticamente a mujeres tareas administrativas, de organización o cuidado en la oficina (preparar café, decorar espacios, coordinar eventos) limita su desarrollo en áreas estratégicas.

Ignorar propuestas de mujeres: desestimar las propuestas de mujeres en reuniones para luego valorar positivamente la misma idea cuando la presenta un hombre minutos después es una forma brutal de invisibilización.

Impacto real de los micromachismos en la vida y el trabajo

En el ámbito laboral, los micromachismos contribuyen significativamente a la persistente brecha salarial de género y a la menor presencia de mujeres en puestos de liderazgo y toma de decisiones, incluso cuando están igualmente o mejor cualificadas que sus colegas hombres.

El desgaste emocional y psicológico constante provoca frustración crónica, desmotivación profunda y, en muchos casos, el abandono laboral de mujeres talentosas que se cansan de luchar contra un sistema que las invalida constantemente. Es una pérdida enorme de talento y potencial humano que afecta no solo a las mujeres, sino a toda la sociedad.

Por qué es importante visibilizar y combatir los micromachismos

Detectar y nombrar los micromachismos es el primer paso fundamental para erradicarlos y avanzar hacia una verdadera igualdad entre los sexos. No reconocerlos perpetúa no solo la desigualdad material y económica, sino también la violencia simbólica que opera todos los días contra millones de mujeres. Este tipo de violencia es insidiosa porque se presenta disfrazada de costumbre, tradición o simple cortesía, cuando en realidad está limitando sistemáticamente las oportunidades y el bienestar de más de la mitad de la población.

Las empresas y la sociedad en general tienen la responsabilidad de crear espacios inclusivos que cuestionen activamente estas conductas, implementen políticas claras contra ellas y promuevan una cultura organizacional basada en el respeto y la igualdad real. La igualdad de género no es solo una cuestión de justicia social, sino que beneficia a todos: mejora el clima laboral, aumenta la productividad, fomenta la innovación y construye sociedades más justas y prósperas.

Una herramienta extremadamente efectiva para detectar micromachismos es el método de inversión de roles. Consiste en imaginar la misma situación con los géneros invertidos y observar si la conducta sigue pareciéndonos normal o aceptable. Este ejercicio mental puede revelar de manera sorprendente los sesgos de género que operan en nuestras interacciones cotidianas.

No basta con ser pasivamente «no machista»; debemos ser activamente antimachistas, cuestionando y desafiando estas conductas cuando las observamos, tanto en otros como en nosotros mismos. Cada vez que identificamos un micromachismo, cada vez que decidimos no reproducirlo, cada vez que educamos a otros sobre estas conductas, estamos contribuyendo a construir un mundo más justo.


Fuente: La Costilla Rota
Imagen generada para uso editorial por LCR

noviembre 03, 2025

El bostezo del secretario general


La semana pasada tuvimos en Viedma la histórica y esperada vistita de la antropóloga y activista, Rita Segato. La Universidad Nacional de Río Negro le otorgó el título de Doctora Honoris Causa por su excepcional trayectoria académica e intelectual con reconocimiento nacional, regional e internacional. 

Durante la clase magistral de la Dra. Segato, luego de la entrega de la distinción, un alto funcionario de la Universidad sentado en primera fila bostezó incesantemente. La profesora se lo hizo notar y este funcionario, con total impunidad, en vez de disculparse y/o mantenerse en silencio, interrumpió la clase respondiéndole a la distinguida. Más adelante en la exposición de la Dra. Segato volvió a interrumpir, respondiendo que no es que tiene sentido del humor sino paciencia ante las mujeres.


El bostezar obsceno no lo interpretamos como una falta casual sino como un acto político de desvalorización de los saberes y la palabra de la mujer que estaba enfrente, en este caso, ni más ni menos, que Rita Segato. Un hombre que se sienta en la primera fila y le bosteza a la persona más relevante del acto en la cara no tiene un problema hepático, como adujo, sino un problema patriarcal, que se reafirma con el chiste sexista con el que pretendió evadir la interpelación de Rita Segato. Le contestó con impunidad patriarcal. 

A partir de esta situación sintomática y su circulación viral, se ha roto el silencio y se han pronunciado trabajadoras, estudiantes y profesoras que han sido maltratadas, hostigadas y acosadas sexualmente por el secretario general de la Universidad, Luis Vivas, a lo largo de varios años, lo que ha producido en la universidad un gran malestarhasta ahora silenciado.

El botezo del secretario general no fue casualidad ni causado por su hígado, sino una expresión de su impunidad, su machismo y su misoginia.

Por ello, trabajadoras de la Universidad Nacional de Río Negro, legisladoras, concejalase integrantes de la Red Interinstitucional de Género y Diversidad de Viedma repudiamos la violencia ejercida por el señor Vivas a la Dra. Rita Segato y exigimos a las autoridades de la Universidad Nacional de Río Negro que activen los protocolos vigentes para prevenir, sancionar y reparar la violencia de género en la institución y tomen las medidas pertinentes para dar una respuesta contundente frente a la violencia ejercida.

septiembre 26, 2025

Es el machismo y su discurso coercitivo, la principal causa de la violencia de género


canva


Algunas personas que han fomentado en los medios a un condenado por hacer y difundir pornografía con menores están mintiendo para tratar de atacar las evidencias científicas en que se basan las actuaciones que superan la violencia que sufren menores de los más diversos ambientes sociales. 

La evidencia científica demuestra que el peor machismo, alimentado por el capital depredador, genera un discurso coercitivo que acosa a la adolescencia y juventud para que se sometan a relaciones sexuales con los malotes y también acosa si se niegan a decir que les gustan. Esas mismas evidencias científicas han creado actuaciones que logran el éxito en superar ese acoso y son ya millones de menores que se han logrado liberar de esas relaciones gracias a esas actuaciones. 

Las investigaciones de mayor impacto científico y social ponen el foco en el número creciente de menores que no se someten a ese discurso coercitivo y en las actuaciones que realizan para lograr extender a otros contextos esa libertad para poder elegir unas relaciones más igualitarias.

Las afirmaciones de estas personas dejan ver de forma clara otra aportación que la ciencia ya ha ido aclarando: con el peor machismo, creado por hombres, colaboran tanto hombres como mujeres extendiendo estas ideas. Una periodista publicaba el slogan “Nos gustan los malotes”. Hay periodistas hombres, pero también mujeres, que publican esta idea falsa de que a todas nos gustan los malotes y de que las evidencias científicas dicen eso. Otra periodista hace programas fomentando con alabanzas a personas como Torbe, condenado por hacer y difundir pornografía con menores. Lo que es más grave aún es que esta periodista para justificar sus actuaciones necesite ahora engañar a la ciudadanía acusando a las evidencias científicas.


Fuente: El Diario Feminista


Directora del grupo de investigación White Rose Research Center. Ha publicado su investigación sobre el club de valientes violencia cero con un gran impacto científico y social.

enero 31, 2025

Rocío Mora: «La misoginia constituye la forma de discurso de odio más extendida, normalizada y persistente»




Rocío Mora, directora de APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), ha comparecido hoy ante la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados para abordar el impacto de los discursos de odio misóginos, destacando la urgencia de adoptar medidas coordinadas que combatan esta problemática de manera integral y efectiva.

La comparecencia de Rocío Mora forma parte de la consulta a profesionales y personas expertas en diferentes ámbitos convocados por la Comisión de Igualdad que busca avanzar en el conocimiento de los discursos de odio en España y abordar las herramientas para combatirlos de manera eficaz, así como las vías de defensa y atención a los grupos que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Durante su intervención, Mora señaló que la misoginia constituye el discurso de odio más extendido, normalizado y persistente, con consecuencias devastadoras para la dignidad y los derechos de las mujeres. “El discurso misógino no es solo un acto verbal. Es una práctica sistemática que suspende los derechos, niega y destruye la dignidad e igualdad de derechos de las mujeres y perpetúa una estructura social basada en la discriminación y la subordinación”, declaró.

“El discurso misógino no es solo un acto verbal. Es una práctica sistemática que suspende los derechos, niega y destruye la dignidad e igualdad de derechos de las mujeres y perpetúa una estructura social basada en la discriminación y la subordinación”,

Mora también destacó que, aunque la penalización de estos discursos es necesaria en muchos casos, no es suficiente; subrayando que la solución pasa por un cambio estructural y cultural que garantice que las futuras generaciones crezcan libres de misoginia y estereotipos sexistas. Asimismo, instó a los poderes públicos a establecer límites claros a estos discursos dañinos, respetando al mismo tiempo los pilares de la democracia.
En su comparecencia, la directora de APRAMP alertó sobre el incremento de los delitos de odio contra las mujeres. Según datos del Ministerio del Interior, estos delitos han aumentado un 192,52% entre 2021 y 2023. Mora reclamó la inclusión de una definición más precisa de la misoginia como delito de odio en los registros oficiales para reflejar adecuadamente su impacto social.

Además, subrayó el papel fundamental de los medios de comunicación en la lucha contra la misoginia e instó al cumplimiento del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, especialmente en lo relativo a promover un tratamiento de la imagen de las mujeres libre de estereotipos y denunció la proliferación de foros digitales que normalizan la violencia y la explotación sexual, describiéndolos como espacios de dominación y desigualdad.
Mora subrayó que cualquier iniciativa dirigida a que plataformas audiovisuales y redes sociales implementen políticas efectivas contra el discurso de odio debe incluir específicamente la misoginia; así como que, al establecer sistemas de medición sobre el impacto de los discursos de odio, se debe analizar cómo los discursos que normalizan la prostitución impactan en el aumento.

La directora de APRAMP resaltó que, en el marco de las estrategias para combatir los discursos y delitos de odio, debe incluirse la implantación de leyes enfocadas a frenar la práctica prostitucional, ya que esto es un factor clave en el sostenimiento de la misoginia. Además, recalcó la necesidad de que se reconozca que la prostitución, la pornificación de la cultura y los estereotipos cargados de odio alimentan la misoginia, constituyendo el caldo de cultivo para la explotación sexual y la trata de personas constituyendo al ser humano como una mercancía de desecho.

Por último, Mora pidió que se reconozca que ya no es posible mirar hacia otro lado frente a esta problemática, y que se adopten políticas públicas integrales para abordar estas formas de violencia, odio y vulneración de derechos humanos. Reclamó que los poderes públicos se comprometan con el propósito de APRAMP de construir una sociedad libre de violencia, odio y explotación, donde las personas recuperen la dignidad.

Con esta intervención, Rocío Mora ha reafirmado el compromiso de APRAMP en su lucha por erradicar la trata, la explotación sexual y todas las formas de violencia estructural que afectan a las mujeres.


Por Tribuna Feminista
Fuente: Tribuna Feminista

diciembre 01, 2024

¿Es machista la Inteligencia Artificial?


Lucía Ortiz de Zárate Alcarazo es investigadora en Ética y Gobernanza de la Inteligencia Artificial en la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora asociada en el Círculo de Bellas Artes. Es miembro de la lista «35 under 35» de futuros líderes en gobernanza algorítmica e inteligencia artificial elaborada por el foro CIDOB-Santander. Durante el curso 2023/2024 fue Visiting Fellow del programa en Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad de Harvard.

Lucía Ortiz de Zarate Alcarazo. Imagen: Bidebarrieta Kulturgunea.

El pasado 7 de noviembre, Lucía Ortiz de Zárate Alcarazo impartió la conferencia ¿Es machista la Inteligencia Artificial?, primera ponencia del ciclo Emakumeek zientzia egiten dute / Ellas hacen ciencia organizado por el Ayuntamiento de Bilbao-Bilboko Udala en el año 2024.


Cuando oímos hablar de tecnología, probablemente, una de las ideas que más se repite es que ésta es neutral. Las tecnologías carecen de ideología, no son ni buenas ni malas, sino que depende de quién las use y para qué. En esta conferencia pretendemos desmontar este mito. Muchas tecnologías y, desde luego, las de Inteligencia Artificial son inherentemente políticas. La presencia de sesgos de género evidencia esta realidad que provoca que la IA genere, en diversas ocasiones, situaciones discriminatorias hacia las mujeres. Por tanto, en esta conferencia abordaremos algunas de las implicaciones éticas de la IA desde una mirada feminista con el fin, no sólo de poner de denunciar una situación de injusta, sino también dibujar nuevos horizontes que permitan alcanzar la igualdad de género.Resumen proporcionado por Lucía Ortiz de Zárate Alcarazo.

Fuente: Mujeres Con Ciencia

Debajo puede verse el video completo de esta conferencia.

Edición realizada por Marta Macho Stadler

agosto 09, 2024

Cómo reconocer y desactivar la manipulación masculina



No podemos desarmar aquello que no conocemos.

Solemos hacernos o escuchar la pregunta ¿Qué tipo de violencia es la manipulación? La manipulación es una conducta encubierta para inducir a que la otra persona piense, sienta o actúe, sin darse cuenta, de la forma en que el manipulador quiere que lo haga. No siempre es detectable para quien la padece.

La manipulación está presente en todas las situaciones de violencia. En algunas representa el primer eslabón de una larga cadena de distintas situaciones programadas para someter.

Desactivar la manipulación masculina implica reconocer las tácticas utilizadas.
En el grupo gabineti[1] -integrado por profesionales de las psicología- exponen 8 rasgos de las personas manipuladoras. Conocer los rasgos de los manipuladores emocionales es clave a la hora de identificarlos, enfrentarlos y, si fuese necesario, alejarse de ellos.

Es un experto en detectar las debilidades de los demásUna persona manipuladora no solo encuentra con facilidad las debilidades ajenas, también las utiliza en contra de la víctima. Por ejemplo, si tienes cualquier tipo de duda o hay algo que te da vergüenza y no quieres que se sepa, tratará de averiguarlo para presionarte y que cedas a sus deseos.

No se detiene hasta conseguir lo que deseaPara un manipulador emocional el fin justifica los medios, por lo que no tendrá escrúpulos en traicionar a quien sea con tal de lograr sus objetivos. Además, seguramente sea un gran actor, de ahí que la mayor parte de sus comportamientos pasen desapercibidos.

Muestra una gran seguridadSi algo caracteriza a las personas manipuladoras es la gran seguridad que proyectan. Esto lo utilizan en su favor para convencer a las víctimas de que hagan justo lo que quieren: renunciar a sus creencias, alejarse de su círculo cercano (familia, amigos…), dejar su trabajo…

Utiliza la mentiraUn manipulador emocional no es honesto. Así, utilizará la mentira, el chantaje o la exageración con tal de ejercer un control sobre la otra persona para salirse con la suya. Por supuesto, también puede convertirse en todo un seductor: si la víctima se siente halagada será más fácil que baje la guardia y acceda a cumplir sus deseos.

Siempre quiere ser el centro de atenciónLa persona manipuladora suele sentirse superior a los demás. De hecho, es común que tenga rasgos narcisistas y egocéntricos. Por ello, siempre buscará ser el centro de atención. Si es necesario, hará sentir mal a la víctima con el fin de seguir destacando.

Se hace la víctimaEsta es una estrategia muy utilizada por el manipulador, ya que de esta manera consigue que la víctima sienta empatía hacia él. Después lo usará en su contra con el único objetivo de hacer realidad sus deseos.

Tiene una ambición desmedidaSu habilidad manipuladora le puede permitir llegar a donde quiera, aunque para ello tenga que apropiarse de méritos ajenos. Su ambición es exagerada y sus ganas de poder, ilimitadas.

El abuso es una constanteEn cuanto consigue controlar a su víctima, ejerce su influencia sobre todo su entorno: familia, trabajo, amistades… Además, es posible que adopte una actitud comprensiva, lo que puede confundir a la otra persona sobre si está siendo manipulada o no.Cómo reconocer y desactivar la manipulación masculina

Los principales tipos de manipuladores emocionales

Existen distintos tipos de personas manipuladoras en función del rol adoptado o las estrategias seguidas.

El dulce y amoroso. Suelen mostrarse como personas muy sensibles, comprensivas, amorosas y muy inteligentes. Capaces de seguir cualquier conversación con acertada argumentación y conocimiento. Evitan discusiones, peleas o enfrentamientos —aunque son buenos provocándolos entre terceros—, fingiendo acceder a peticiones; Siempre correctos, con estudiada seriedad y vanidad. Si surgiera algún inconveniente, jamás se hacen cargo, ponen cara de nada y «el ‘problemita’ es de la otra».

El desprestigiador. Se posicionan en contra de todo lo que hacen sus víctimas. Siempre que tengan la oportunidad, mostrarán sus defectos y las ridiculizarán, tanto directamente como de manera muy sutil, generalmente comparándolas como al pasar con otras personas. También, según su momento o interés, desprestigiándola burlonamente ante entornos de su importancia para perjudicarlas.

La falsa víctima. Este tipo de manipuladores adoptan el rol de víctima para dar lástima. Así, se centran en su propio dolor para justificar sus conductas. Además, utilizan esta estrategia para conseguir que los demás se compadezcan de ellos y accedan a sus deseos.

El interpretador. Retorcidos y maquiavélicos, utilizan las afirmaciones, conocimiento y palabras de sus víctimas para su beneficio o en su contra, siempre según su interés o necesidad. Manteniéndose arteramente en el centro de todo.

El dependiente. Hacen sentir superiores a los demás, mientras que ellos se colocan en una posición débil para que les presten la ayuda que tanto necesitan, ya sean ventajas laborales, conocimientos, beneficios personales o para terceras personas, (También con un objetivo personal presente o futuro).

“¿Es entonces la mentira una forma de violencia? ¿Es lo mismo manipular que mentir? ¿Puede no haber intención de hacerlo?

La mentira es violenta porque se está aplicando un dominio por parte del agresor sobre la víctima, este piensa que tiene el poder sobre ella para mentirle guiándola por el camino que quiera hasta conseguir su objetivo. Ahora bien, el hecho de manipulación conlleva varias mentiras simultáneas o una sola mediante la cual se crea una situación por parte del manipulador en donde se toma el control del comportamiento de una persona o grupo.”[2]

Herramientas

Conociendo las formas de manipulación podemos establecer límites claros y mantener una comunicación asertiva. Compartimos algunas estrategias utilizables para desarmar y contrarrestar la manipulación

Reconocer las tácticas de manipulación es fundamental, entre ellas está el gaslighting[3]: hacer que la persona dude de su percepción o memoria. La culpa: hacer que la persona se sienta culpable por expresar sus necesidades o deseos. Como ya dijimos, otra forma es la victimización: hacer que el manipulador parezca la víctima para evadir la responsabilidad. Establecer el control: Intentar controlar las acciones, decisiones o emociones de la otra persona. La retirada de afecto, ley de hielo o de silencio: retirar el afecto, el apoyo, la comunicación o la aprobación como una forma de castigo.

Límites

Como herramienta de protección se sugiere establecer límites claros, -mencionados anteriormente-, mantener una comunicación directa expresar esos límites de manera clara y directa. Usa declaraciones como “No me siento cómoda cuando haces eso” o “Necesito que respetes mi decisión”. Que a su vez sean consistente. No permitiendo que se violen bajo ninguna circunstancia. Establecer de manera clara las consecuencias de cruzar esos límites y sigue con ellas si es necesario.

Fortalecimiento Personal

Todo este reconocimiento y acciones no ocurrirán mágicamente, es necesario tomar conciencia de aquello que sucede, sentir en el cuerpo lo que se está atravesando, conocerse, escucharse tomar en cuenta, sin temor, de nuestras vulnerabilidades. Identificar patrones de comportamiento (que pueden estar relacionados con la memoria emotiva) que puedan hacerte susceptible a la manipulación. Tomar muy en serio y practicar el autocuidado para fortalecer tu autoestima y bienestar emocional.

No avergonzarse en buscar apoyo, hablar con amigas, familiares o profesionales de confianza que puedan ofrecerte una perspectiva objetiva y apoyo emocional.

Desarmar al manipulador implica aprender a observar su comportamiento sin reaccionar emocionalmente. Otra buena estrategia es mantener la calma, evitar reaccionar de manera impulsiva. Siempre que sea posible, mantener la calma y responder de manera racional.

Estas estrategias no solo ayudan a desactivar la manipulación masculina, sino también a fortalecer tu autonomía y capacidad de mantener vínculos sanos, relaciones saludables, equilibradas e igualitarias.








Periodista feminista abolicionista, directora/editora de Diario Digital Femenino. Co coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género de Argentina RIPVGAr. Titular de la web de Asesoramiento y Capacitación https://lennycaceres.com.ar/ Autora del libro La transversalidad del género: espacios y disputas.(Ed. Sudestada)

Fuente: Diario Digital Femenino: @diariodigitalfemenino_
Lenny Cáceres: @lennycaceres69

agosto 06, 2024

‘Tradwives’: los peligros del antifeminismo camuflado de amor y cuidados que empieza a llegar a España

Este fenómeno que aquí es “aún incipiente” tiene raíces claramente conservadoras y antifeministas; vende a las mujeres la idea de que la felicidad pasa por volver a la división sexual del trabajo y crea una fantasía para los hombres que se sienten damnificados por las décadas de avances en igualdad



Son mujeres mayoritariamente blancas, de clase media-alta y normativas. Ponen una voz aguda al hablar y sonríen levemente mientras preparan una receta elaborada para un novio o un marido que volverá a casa a la noche. Van despampanantes; no parecen preocuparles los problemas de higiene si cocinan con anillos o con el pelo largo suelto, ni que la harina u otros ingredientes les manchen sus vestidos. Sus criaturas correteando por la casa no les restan un ápice de calma. Son las tradwives —mezcla de traditional y wife (tradicional y esposa)—, un fenómeno en las redes sociales estadounidenses que comienza a verse de forma incipiente en España.

Las tradwives son mujeres con una estética que evoca a mediados del siglo pasado, aunque a veces con un toque más moderno y ligeramente sensual. En sus vídeos cocinan o cuidan la casa mientras hablan de lo bien que les sienta ese estilo de vida. “Te venden una fantasía a ti, que estás cansada de tu trabajo, y te dicen que la felicidad real pasa por esa feminidad rígida y la vuelta a la división sexual del trabajo”, analiza Silvia Díaz, socióloga y coautora del informe Jóvenes en la manosfera. Este mensaje no siempre es explícito, sino que queda implícito a veces a través de la estética: “Una apariencia de los años 50 contextualizada hoy es ideología”, afirma Díaz.

La predisposición a llegar a formar parte de la “radicalización tradwife” depende de cada persona, dice Díaz, pero “es difícil no caer en esta fantasía de que la felicidad está tan cerca de ti, que solo tienes que abandonar el feminismo y dedicarte a tu vida 'natural' de cuidar” porque apela a “sentimientos muy primarios”.

El fenómeno 'tradwife' vende a las mujeres la autorrealización y felicidad que tal vez no encuentren en su trabajo, y a los hombres una reafirmación de su masculinidad ante los avances en igualdad de las últimas décadas

Para esta investigadora, el contenido tradwife no está solo dirigido a mujeres. Apela también a hombres que sienten que los avances del feminismo han menoscabado su hombría y reafirma su masculinidad mostrando a “una mujer con voz aniñada, sumisa, que nunca te va a decir que no y además tiene buen cuerpo”, explica la socióloga. En este caso, creer real la performance de este tipo de contenido depende mucho de la edad: “No es lo mismo consumir estos vídeos siendo un hombre de 35 que un preadolescente de 12”, declara Díaz.

Las creadoras de contenido tradwife idealizan una vuelta al siglo pasado y un abandono del mercado de trabajo por parte de las mujeres, que quedarían sin fuentes de ingresos propias. Esto choca con la realidad de la mayoría de estas influencers: son empresarias cuyo trabajo es crear contenido en redes sociales y monetizarlo. La contradicción de vender una realidad que no querrías para ti no es nueva: “Está pasando como con la Sección Femenina: se encargaba de crear la idea del 'ángel del hogar' para las mujeres, pero sus lideresas eran todo lo contrario; mujeres independientes y solteras que ocupaban espacios y labores públicas”, contextualiza Sara López, historiadora y cofundadora de Herstóricas.
Un fenómeno político

Los tres millones y medio de seguidores en TikTok de la influencer española RoRo están acostumbrados al guion de sus vídeos: su pareja le pide algo, ella le da salida a su petición, normalmente con una receta que lleva horas preparar, y su novio acaba contento. Esta empresaria es la única creadora de contenido tradwife con mucho seguimiento en España. Por lo menos de momento, pues Silvia Díaz ve este fenómeno como “aún incipiente”: “No sé si va a explotar como hizo la manosfera; habrá que monitorearlo”.

Este tipo de contenido llega a España desde Estados Unidos, donde ha ganado prominencia desde 2020. A diferencia de RoRo, allí tienen un discurso político explícito y claramente antifeminista y de derechas. Un estudio de la Universidad de Massey siguió durante diez meses a un total de 36 influencers de esta tendencia y encontró que “estas mujeres usan la radicalización ideológica y una comprensión sofisticada de las redes sociales para mercantilizar ideología de derechas”.

En Estados Unidos, las mujeres que se graban fingiendo ser una “esposa tradicional” no solo lo venden como deseable, sino que cargan de mensajes políticos sus vídeos. El estudio antes mencionado concluye que todas se encuadran de forma más o menos extrema en la derecha política, desde conservadoras a supremacistas blancas o fundamentalistas religiosas. La comunidad online The Tradwife Club tiene como lema “fe, feminidad, estilo de vida y matrimonio” y entre sus consejos culinarios se vislumbra la ideología detrás: frases como “lo que hoy aprendemos se lo enseñaremos a nuestras hijas” o alusiones a dejar el trabajo o a educar a la prole fuera del sistema educativo reglado.


En Estados Unidos, las 'tradwives' son abiertamente políticas en un rango que va desde el conservadurismo al fundamentalismo religioso o la supremacía blanca

El caso español no es tan extremo. En una entrevista en Espejo Público, RoRo aclaraba que su novio no le pide nada, sino que forma todo parte de un teatro: ella lleva las riendas. No se somete a su pareja y su vida tal y como la muestra en sus vídeos es parte del show, pero algunos de sus seguidores no son conscientes de que lo que ven no es real: cuando se viralizó en Twitter un vídeo de la influencer, fueron varios los hombres que salieron a decir “esto es todo lo que pedimos” y a asegurar que RoRo “es la novia perfecta”. Díaz ve “peligroso” que algunos hombres piensen que la performance es realidad y exijan ese modelo a sus parejas: “A estos hombres les atrae la fantasía de la mujer que está hecha para él; no quieren una compañera de vida que les aporte, sino que les dé: quieren consumir su mano de obra y su cuerpo. Las tradwives restauran el poder masculino patriarcal que se ha ido diluyendo en los últimos años”, opina.
Una vuelta a los años 50

Monica Ainley, periodista, probó a principios de este año a vivir durante una semana la vida de una tradwife. Dejó de trabajar para dedicarse en exclusiva a la crianza y al cuidado de sus hijos y pidió a su marido una paga diaria para no usar su propio dinero. Se sintió aburrida y “muerta por dentro”, cuenta en un artículo en la revista Vogue Britain: “Mi mundo es diminuto comparado con el suyo [el de su marido], es como si viviera vicariamente a través de lo que él me cuenta”. Esta sensación también la tenían las mujeres estadounidenses de los años 50, la época a la que remiten las tradwives: “Mujeres que han estudiado en las universidades y trabajado en el periodo de entreguerras se ven recluidas en casa al casarse y se preguntan al acostarse si eso es todo lo que les espera en la vida”, explica la historiadora Sara López.

A las mujeres de ese periodo histórico les habían vendido que la felicidad era tener la casa perfecta y un aspecto cuidado, pero “es imposible que te llene algo que te han metido a capón”, opina López, que señala que en ese momento aumentó el consumo de antidepresivos. Aun así, los mensajes sociales que impulsaban a las mujeres de entonces a dedicarse en exclusiva al hogar pueden tener sus ecos hoy: aunque Monica Ainley cerró su experimento concluyendo no quería ser una “esposa tradicional”, en algunos momentos se cuestionó si esa vida podía ser para ella: “Tal vez mi vocación sea servir a las tres personas que más quiero [su marido e hijos]”.


Para Silvia Díaz, el posible atractivo para las mujeres de la vida tradwife es que estas creadoras de contenido la plantean en términos de cambiar la ansiedad y el estrés del trabajo asalariado por los cuidados y el amor en el hogar. Prometen que la realización personal que tal vez no estés consiguiendo en el mundo laboral la conseguirás si abandonas la esfera pública. “Estoy en mi casa tranquila, en paz; no me realiza hacer informes, sino hacerle una papilla a mi niña o un salmón al horno a mi marido”, ejemplifica Díaz.

Las tradwives estadounidenses encuentran su vida ideal en los roles de género existentes en los años 50, pero no hace falta irse tan lejos en el caso español para encontrar esa sumisión a la pareja: el Código Civil franquista recogía la obligación de las esposas de obedecer a sus maridos. Además, la licencia marital vigente hasta 1975 les prohibía abrir una cuenta bancaria o firmar un contrato sin permiso de su esposo. Cumplir las normas legales no bastaba para que el régimen dejara tranquilas a las mujeres: para todas aquellas que consideraba “descarriadas” —desde ejercer la prostitución a llevar minifalda o militar en el antifranquismo— estaba el encierro y adoctrinamiento nacionalcatólico del Patronato de Protección de la Mujer.

Fuente: El Diario.es

junio 18, 2024

De Lilith a Afrodita: la cosificación femenina en la publicidad de perfume


La sociedad del siglo XXI es visual. A diario se crean y transmiten multitud de imágenes. Muchas de esas imágenes no son en absoluto inocentes: transmiten un mensaje muy concreto que la sociedad entiende, interpreta y acepta normalizándolas y difundiéndolas masivamente. Sin apenas reflexionar sobre sus implicaciones y sin un destacable cuestionamiento crítico.

Anuncio del perfume Hypnotic Poison de Dior con Monica Bellucy como protagonista. Dior.


Es lo que sucede con las imágenes usadas en la publicidad de perfumes femeninos. El reclamo suele ser el uso de imágenes de mujeres idealizadas (mujeres jóvenes de raza caucásica, que responden a un canon de belleza normativa e idealizada, mujeres bellas donde predominan las rubias de ojos claros, nariz pequeña, labios gruesos, con proporciones equilibradas en el rostro, a lo que hay que añadir un cuerpo alto y delgado). La intención es convertir al sujeto femenino en un objeto de deseo, al igual que el propio frasco. La mujer y el contenedor del perfume se mimetizan, a veces incluso guardando enorme parecido físico en sus formas y contornos. Al normalizar este recurso publicitario se produce una aceptación social de la cosificación femenina. La mujer convertida en frasco es, a la vez, objeto y sujeto de deseo.
Anuncio de un perfume de Givenchy donde el frasco se representa con el cuerpo de una mujer.

Esa imagen de las mujeres presente en la publicidad de perfumes guarda relación directa con antiguos arquetipos femeninos. Principalmente Lilith y Afrodita, diosa mitológica del Olimpo.
La diosa dorada y seductora

Afrodita (Venus) la diosa del amor y la belleza, es el mito pagano más representado, y ejemplifica el ideal de amor y belleza. Se recurre a ella, por ejemplo, en las campañas publicitarias del perfume J’adore, de Dior, protagonizadas por la actriz y modelo Charlize Theron, quien aparece convertida en una diosa inalcanzable y seductora con características asociadas a una belleza normativa e idealizada a través de una estética identificada con la raza caucásica. Se proyecta y difunde entonces una imagen irreal de cómo deben ser las mujeres, excluyendo a otras etnias.

Apoye la difusión del conocimiento.Done ahora

Además de las características iconográficas que se pueden observar, como cabellos dorados o ropajes semejantes a los que se usaban en el mundo clásico, resulta también interesante la referencia al episodio mitológico de El nacimiento de Venus, en el cual Afrodita (Venus) nace de las aguas, concretamente del mar.
Anuncio de un perfume de Christian Dior con la actriz Charlize Theron como protagonista.
La mujer rebelde

Frente a la imagen idealizada de Afrodita, en la que predominan los colores blanco y dorado, encontramos la personificación de otro arquetipo, con colores negro y morado, el de Lilith. Es la representación de la primera mujer de Adán, la rebelde, aquella que abandona el paraíso para convertirse en la madre de todos los demonios.

A Lilith la pecadora, la que se asocia a la lujuria, en la mayoría de ocasiones la encontramos representada en los anuncios de perfumes como una femme fatale. Las principales características de Lilith –y, por extensión, de la femme fatale– son su mirada perversa y su belleza combinada con maldad. Como elementos iconográficos puede aparecer acompañada de una serpiente o de un felino. Un claro ejemplo de este arquetipo lo vemos en el anuncio protagonizado por la actriz Mónica Bellucci para promocionar el perfume Hypnotic Poison de Dior.
Consumir publicidad sin cuestionarla

En el estudio “Representación iconográfica de las mujeres en la publicidad de perfumes” insistimos en que el ser humano vive inmerso en una sociedad visual en la que la mayoría de las mujeres no se cuestionan la imagen que se ofrece de ellas. Por el contrario, tienden a intentar reproducir estas imágenes estereotipadas.

Si las propias mujeres aceptan esa imagen e intentan reproducirla estaríamos ante una manipulación visual que las somete mediante imágenes irreales e inalcanzables. Por ello, es necesario una decodificación de las imágenes femeninas que permita su lectura desde una perspectiva crítica que cuestione ciertos arquetipos y estereotipos femeninos para contribuir a la igualdad de género, desterrando la cosificación de las mujeres.

IP del Grupo de Investigación UDIT Diseño, Cultura Visual y Género, UDIT - Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología
Fuente: The Conversation

junio 03, 2024

Qué es el ‘hepeating’: significado, origen y cómo reconocerlo



El término hepeating se usa para hacer referencia a la práctica que consiste en pasar por alto una idea o sugerencia de una mujer, pero que luego se acepta fácilmente cuando un hombre la repite o se apropia de ella.

No aparece en los diccionarios españoles y en los de habla inglesa todavía está en cuarentena, en fase de estudio. Solo lo reconocen cerca del 8% de los españoles, según un estudio del Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación, pero cada vez aparece más en internet. ¿Cuál es el significado de la palabra hepeating? ¿De dónde viene este término? ¿A quién puede ocurrirle?

El término hepeating se usa para hacer referencia a la práctica que consiste en pasar por alto una idea o sugerencia de una mujer, pero que luego se acepta fácilmente cuando un hombre la repite, apropiándose de ella.

Una innovación léxica que forma parte del lenguaje digital y, más concretamente, del grupo de neologismos que sirven para definir los machismos, “conjunto de comportamientos cotidianos con los que se ejerce el poder de dominio masculino y que atentan en diversos grados contra la autonomía de las mujeres”.

El significado de hepeating lo da la misma palabra, una acronimia formada por el pronombre he (él), más el verbo repeating (repetir). Este nuevo léxico creado por el ciberfeminismo contribuye “de forma incesante a enriquecer nuestra lengua, ya que se necesitan crear nuevas palabras para designar nuevas realidades sociales, políticas, culturales, legislativas, etc.”, añade el estudio Sextorsión y mansplaining: caracterización y percepción social del léxico de la violencia de género en los medios digitales, del Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación.

Su autora, la doctora Isabel Santamaría Pérez, profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Alicante, explica que aunque la palabra hepeating aparece por primera vez en 2017, no es hasta estos dos últimos años cuando está apareciendo en más publicaciones, especialmente en redes sociales.

El nicho de la expresión hepeating son redes sociales, que son grupos muy concretos que, lingüísticamente, aún no han traspasado la barrera social. “Mientras no se use en los medios, no llegará a la sociedad”, reconoce Santamaría a Newtral.es.

Aunque el uso del préstamo no esté extendido y aunque no exista, de momento, un equivalente en castellano, el hepeating es una situación que “forma parte de la vida de muchas mujeres”, afirma Marian Blanco Ruiz, doctora e investigadora de medios de comunicación y violencia de género en la Universidad Rey Juan Carlos.

“El hecho de que un varón repita lo mismo que acaba de decir una mujer es una cuestión que relatan muchas veces cuando describen situaciones de discriminación que les ocurren en el entorno personal”, explica Blanco a Newtral.es.

Los orígenes del hepeating y su significado

A golpe de tuit, así nació el término hepeating y su significado en 2017, cuando la usuaria y profesora de Física Nicole Gugliucci compartió una anécdota: “Mis amigas han acuñado una palabra: hepeated. Es para cuando una mujer sugiere una idea y es ignorada, pero luego un hombre dice lo mismo y a todos les encanta”.

Qué es el ‘hepeating’

Una palabra que ha acumulado más de 184.000 me gusta pero que describe una situación que viene de mucho antes. En 2016 la autora Jessica Bennett enumeró algunas situaciones de hepeating en su libro Feminist Fight Club: A Survival Manual for a Sexist Workplace, en el que denuncia situaciones de discriminación hacia las mujeres en entornos laborales y cuenta algunos casos históricos:La primera línea de código de programación fue escrita por la matemática Ada Lovelace, aunque en 1843 quien recibió inicialmente el reconocimiento fue su colaborador.
La fisión nuclear fue descubierta por la científica Lise Meitner, pero el premio de la Real Academia de Ciencias de Suecia se lo llevó su colega y colaborador, hombre, que al entregar el estudio omitió el nombre de ella.

“No creo que los hepeaters se den cuenta de que lo están haciendo. Este es un sesgo profundamente arraigado y años de cultura que han enseñado durante mucho tiempo a los hombres a hablar en voz alta y con autoridad y al resto de nosotras [las mujeres] a escuchar cuando lo hacen”, puntualiza Bennett en una entrevista para la CNBC.

Hay casos en los que el hepeating sí es consciente, como puede verse en el ejemplo paradigmático del matrimonio de artistas Margaret y Walter Keane. Artista en realidad solo era ella, pero quien se llevó la fama mundial firmando y vendiendo los cuadros -retratos tan característicos, oscuros y de ojos grandes- cuya mujer era la autora fue Walter. No fue hasta décadas más tarde cuando ella denunció la situación, como puede verse en la película de Tim Burton, Big Eyes (2014).

Qué es el ‘hepeating’

El hepeating ocurre en parte porque la palabra de la mujer en el espacio público no tiene la misma consideración que la del hombre. Consciente o inconscientemente, se valora más lo que ellos dicen, cuenta la investigadora en género, Blanco: “Va mucho más allá de la cultura empresarial, responde a cómo se valora a las mujeres en el espacio público, donde, como recién llegadas, todavía no se les da el mismo valor que al varón.”

Este fenómeno puede cobrar aún más significado al atender al efecto Jennifer y John, relata Blanco, un experimento en el que Jennifer y John entregaron el mismo currículum -exactamente el mismo- excepto que con el nombre cambiado. El resultado fue que el currículum con el nombre de Jennifer fue significativamente peor valorado que el que estaba encabezado por el nombre John por parte de las mismas empresas y entidades. Además, a Jennifer se le ofrecía una remuneración más baja.

Un megáfono en la Casa Blanca contra el hepeating

Cuando Barack Obama asumió la presidencia de Estados Unidos, solo un tercio de los altos cargos de su gabinete eran mujeres. Para que su voz fuera escuchada, tenían que abrirse paso a empujones en las reuniones. Una anécdota que describe el significado de hepeating contada por la periodista Juliet Eilperin en un artículo en The Washington Post, donde destapó la estrategia que desarrollaron algunas de estas profesionales de Washington para luchar contra esta realidad: la amplificación.

“Cuando una mujer expone un punto clave, las otras mujeres tienen que repetirlo, dando a su autora el mérito que merece. Esto forzará a los hombres que están en la sala a reconocer esa contribución y les negara la posibilidad de apropiarse de la idea”, describe Eilperin en su artículo.

Para frenar o hacer frente al hepeating, además de la técnica de la amplificación, la plataforma MPLS MadWomen recomienda contar a un compañero o compañera la experiencia y ponerle nombre a dicho micromachismo: “La razón por la que ahora mismo se está hablando del hepeating es que una mujer no tuvo miedo de contarlo en Twitter”. Ponerle un nombre y compartirlo empodera a la persona que lo está sufriendo, explican.

Desde MPLS advierten de que ser objeto de hepeating puede llevar a que la persona pierda la confianza en su propio trabajo. “Como otros comportamientos sexistas en el trabajo, no es un reflejo de ti misma. Es un reflejo de la persona que exhibe este comportamiento”, recuerdan.

Los problemas del hepeating

La gran mayoría de los castellanoparlantes no reconoce el término hepeating ni su significado. Además de ser un término en inglés, está abreviado. “Cuando hice la encuesta, la mayoría de las personas mayores de 40 años no entendían estos términos, les resultan extraños”, dice Santamaría. Son las mujeres y las personas más jóvenes, por su amplio uso de la lengua inglesa y de las redes sociales, quienes más fácilmente puede reconocer y utilizar esta palabra.

“Estamos ante un léxico especializado inaccesible para la gran mayoría de la población, muy poco banalizado a pesar de su difusión en los medios de comunicación y redes sociales, pero que la sociedad siente necesario para la consecución de la igualdad y el fin de roles y estereotipos sexistas que conducen a situaciones de violencia contra las mujeres”, apunta el estudio del Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación.

Los hombres adultos son los que menos reconocen el significado de la palabra hepeating. Esto puede deberse, explica Blanco, a que “quienes no reciben esta discriminación en el ámbito público tienen más dificultad para reconocerla y, además, reciben reconocimiento por haber expresado esa idea”. “Así es mucho más difícil hacer ese ejercicio de honestidad”, sentencia Blanco. (Newtral)

Fuentes




Santamaría Pérez, M.ª Isabel (2022). Sextorsión y mansplaining: caracterización y percepción social del léxico de la violencia de género en los medios digitales. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación


Seguinos en Instagram @diariodigitalfemenino_
Fuente: El Diario Femenino


octubre 05, 2023

Florencia Freijo: “La violencia tiene que dejar de ser el lugar en donde los varones construyen su identidad masculina”

Florencia Freijo
Foto: Alessandro Maradei

Antes de presentar su charla “Amar con condiciones” en Montevideo, la escritora argentina conversó con la diaria sobre las relaciones desiguales de poder en los vínculos sexoafectivos y qué preguntas tienen que replantearse los varones.

La politóloga y escritora argentina Florencia Freijo asumió desde hace algunos años la tarea de divulgar a través de sus redes sociales, charlas, talleres y libros distintas cuestiones que afectan de manera desigual a las mujeres. Algunos de los temas que ha puesto arriba de la mesa tienen que ver con la carga mental, las brechas económicas, la violencia patrimonial, la distribución de las tareas de cuidado y las diferencias entre la crianza de niñas y niños. Siempre con un mismo objetivo: hacer que la información y el conocimiento lleguen a la mayor cantidad de personas posible.

La autora de Solas (aun acompañadas) (2019), (Mal) educadas (2021) y Decididas: Amor, sexo y dinero (2022) también ha profundizado en las desigualdades que se generan en el marco de los vínculos sexoafectivos entre mujeres y varones. Y cómo eso, en muchos casos, sienta las bases para que ellos ejerzan violencia de género. Alrededor de estas cuestiones es que gira la charla “Amar con condiciones”, que Freijo presenta este miércoles en la Sala Movie del Montevideo Shopping. Unas horas antes conversó con la diaria.

Amar con condiciones es la contrapartida de pensar en el amor irracional. En general, cuando hablamos del amor desde la Antigüedad y de los mitos sobre qué significaba enamorarse en diferentes lugares del mundo, hablamos de un estado en el que uno pierde la cabeza. De alguna manera, hasta biológicamente, hay una etapa del enamoramiento en donde efectivamente la segregación de ciertas hormonas nos genera un estado de euforia que parece que no nos permite ver completamente la realidad. Ese estado de ilusión inicial está muy bien, pero en un determinado momento empieza a verse permeado por los mandatos de esta educación sobre cómo tiene que amar una mujer –y cómo tiene que amar un varón también–. En este cómo tiene que amar una mujer se da la idea de una abnegación en donde, si hay amor, no me miro a mí misma, porque, si me miro a mí misma, no estoy amando al otro. Esto trae aparejados muchos problemas, porque, en definitiva, ¿cuál es el fin del amor? El establecimiento de un vínculo afectivo. Entonces, pensar que en algo tan fuerte como el establecimiento de un vínculo no tiene que haber una puesta de condiciones es un error que las mujeres pagamos muy caro, porque cuando el amor se diluye, vemos que las mujeres no están en la misma situación en la que empezaron, sino que están más empobrecidas y más cansadas. ¿Por qué? Porque dieron mucho de sí mismas. Dieron tanto de sí mismas que incluso, muchas veces, acceden a “pruebas de amor”, un concepto que sigue muy latente, y que puede generar relaciones basadas en la violencia. En algún momento nos tenemos que hacer la pregunta: ¿cómo puede ser que la mayoría de las mujeres, en algún momento, estuvimos en una relación sexoafectiva con tintes de violencia o violenta? Y, si no lo estuvimos, conocemos a alguien muy cercana que sí. Si vemos los datos de femicidios, en general, se dan sobre todo dentro de parejas sub 45 años, por lo cual una variable que podríamos analizar es cómo se establecen las relaciones de pareja durante la juventud. Hay tanto para desandar.

¿Por qué hablar, revisar, cuestionar o hacer una charla sobre el amor?

Por suerte, el amor ha sido siempre un tema que se ha tratado de poner dentro de los estudios de género, para visibilizar cómo se generan relaciones desiguales de poder dentro de los vínculos sexoafectivos. Lo que yo veo con preocupación es que muchos de esos abordajes han sido sobre la idea de que la solución a esos problemas es una especie de comportamiento femenino que tiene que ver, por ejemplo, con la libertad sexual. Como que la contrapartida de amar demasiado es experimentar sexualmente con muchas personas. Y, si bien yo no hago una lectura en relación a que eso esté bien o esté mal, creo que nada que le dé la misma fórmula a un montón de personas es correcto, porque las personas somos todas diversas. Entonces, me parece que en realidad lo que hay que empezar a encontrar es un denominador común de respeto en las condiciones entre hombres y mujeres que deje de empobrecer a las mujeres y de ponerlas históricamente a cargo de las tareas de cuidado.

¿Cuáles son esas “condiciones” para amar?

A grandes rasgos: la economía, la distribución del tiempo, las relaciones sexuales. Sobre esto último, hay una situación que es que venimos educadas y educados del porno; las mujeres remiten no tener orgasmos con parejas heterosexuales, pero sí tenerlos mediante la masturbación, entonces no es un tema de anorgasmia, sino de brecha orgásmica de género. Por lo tanto, tenemos que empezar a hablar de cómo, dentro de las relaciones sexuales, en las parejas, las mujeres están educadas para comportarse como geishas y anular su placer. Incluso no son pocas las que remiten que sus parejas no les habilitan el sexo oral, por ejemplo, y ellas a ellos sí. Entonces, hay algo de la estimulación femenina que se borra, porque no hay tiempo.

La segunda condición es cómo se va a manejar la economía. Acá hay que entender que las economías son distintas en una pareja, entonces obviamente pagar 50/50 no es igualdad. Además, obviamente va a haber distintos niveles de compromiso con la realidad económica del otro a medida que la relación se va formalizando.

Por otro lado, el tema del uso del tiempo es clave en términos de cuánto tiempo se le va a dedicar a la pareja o al proyecto de vida. A veces cuando hablo me voy directamente a parejas más grandes, que ya están consolidadas como familia, pero veo la distribución desigual del uso del tiempo en chicas muy jóvenes. En 2019, por ejemplo, salió un estudio de Unicef en Argentina que contaba cómo las adolescentes de 15 años trabajaban el doble de tiempo dentro de sus hogares que sus hermanos varones. Entonces, ya hay una educación en la que el uso del tiempo es desigual entre hombres y mujeres. En las parejas sexoafectivas de temprana edad también se da una diferencia en la distribución del uso del tiempo, porque el mandato de cómo la mujer tiene que llegar preparada para amar y para ser amada es distinto que el del varón. Acá se cruzan varios mandatos: el de belleza, el de la “buena mujer”. Pensando en el mandato de la buena mujer, veamos la cantidad de mujeres que le terminan comprando el regalo del Día de la Madre a sus suegras, pero el regalo del Día del Padre para el suegro no se lo compra el varón. Otro mandato que se cruza es el de cuidadora, que incluye hasta pedir los turnos médicos, y que está en cualquier tipo de unión.

Las mujeres históricamente nos hemos hecho cargo de la gestión de las emociones nuestras y del otro: en las familias, en los vínculos con varones. Es lo que la periodista española Ana Requena Aguilar llama “trabajo emocional”, que define como esos “cuidados con los que cargamos las mujeres en nuestras relaciones en nombre del amor”.

El tiempo de la gestión emocional como variable –de hecho, en (Mal) educadas lo hablo– es fundamental porque es la gestión de la salud de la pareja. Entonces, propongo que vayamos a terapia, propongo decodificar tus emociones, propongo decodificar también lo que te pasa con tu familia. Y esto no lo veo como malo. Lo que veo como malo es que ese trabajo sea invisible y que no se valore. Mi frase es: no hay que ser pedagogas del amor. Uno quiere vincularse con alguien que quiera también aprender y no necesitar que alguien le enseñe, porque, si no, es un peso más. Pero sin duda la pedagogía del amor, que es de la que habla Ana, la resolución de la tensión, de la falta de palabras, de la falta de darles formalidad a las emociones de lo que está atravesando una pareja, está sobre nosotras. Porque nosotras estamos educadas para eso.

¿Qué tipo de amor queremos?

Cada persona va a generar su formato de qué es para sí misma sentirse amada y esto no es fijo, va cambiando a medida que esa pareja va avanzando, con los años. Para poder transitar ese cambio, tengo que saber cuáles van a ser mis condiciones, porque, en definitiva, cualquier vínculo se trata de negociar: espacios, condiciones, etcétera. El paraguas de todo esto es que, sin duda, para poner condiciones, necesito tener acceso a la información. Yo no puedo firmar un contrato si no conozco sus cláusulas. Para conocer las cláusulas, necesito dos cosas: conocer a la otra persona –por supuesto que eso se va a ir dando con el tiempo– y conocerme a mí misma, pero sobre todo conocer cuál es la matriz social en donde se sigue inscribiendo a la pareja y qué cosas va a exigir esa matriz social del hombre y de la mujer. Porque tengo que ver si voy a estar dispuesta a cambiarla o no. Porque después pasa que vienen las mujeres con un trabajo enorme de acceso a la información y dicen “pará, esto no me copa”, o “con razón estoy tan cansada”. Pasa en la pareja, en los lugares de trabajo. Ahí hay una estructura social. Pero cuando lo ponen sobre la mesa a la hora de negociar, desde la otra parte dicen: “no, yo esto no lo acepto”. “¿Cómo no vas a ser tan buena madre de relegar tu trabajo y mandar a nuestro hijo a que se enferme a una guardería, si nuestro hijo te necesita a vos?”: te lo dice tu pareja, te lo dice tu suegra, te lo dice tu madre; imposible salir de ahí. Por otro lado, las mujeres acceden a la información sobre lo que la sociedad les va a exigir cuando ya están dentro del problema. Ahí les es más fácil entender esto. Mientras no están ahí, piensan “esto es muy exagerado”, “esto no es así”, “esto ya cambió”. Y de repente se dan cuenta de que el mundo no cambió tanto, ya están adentro y no lo pueden decir porque el entorno no se los facilita.

¿Qué preguntas y cuestionamientos tienen que hacerse los varones?

Los varones se tienen que replantear que la violencia tiene que dejar de ser el lugar en donde ellos construyen su identidad masculina. La identidad masculina no puede estar supeditada a un mandato de la violencia, bajo ningún punto. Tienen que aprender que tener una mujer poderosa al lado no les saca poder, que el poder puede estar repartido entre hombres y mujeres. Que su masculinidad no se ve menguada por el poder de una otra. Tienen que aprender que las mujeres también somos voces de autoridad. Los varones se escuchan entre varones. El más deconstruido va a escuchar sobre amor deconstruido de un varón, no escucha charlas de amores deconstruidos de una mujer. Tienen que aprender que ellos son fundamentales en las tareas de cuidado y de responsabilidad hacia sus hijas e hijos. Que la ciencia, profundamente misógina, ha tratado de explicar la necesidad de la abnegación de la madre para el único fin de sacar a las mujeres de la vida pública y profesional.

A veces da la sensación de que las mujeres estamos revisando la forma de vincularnos sexoafectivamente con varones, pero a ellos no les llega el mensaje. ¿Lo ves así?

Lo que las mujeres expresan como sus problemáticas sociales sigue siendo entendido como los “problemas de las mujeres”, por fuera de los problemas universales, aunque tengas un movimiento feminista de millones y millones de mujeres. Esto tiene que ver, lamentablemente, con algo muy difícil todavía de cambiar, que es el universo de las representaciones sociales, a través de los sesgos cognitivos; acá hay algo que opera a nivel psicológico, y hasta que no cambie realmente a nivel social no va a haber un cambio. Cuando escribí Decididas me propuse tratar de explicar por qué, si había tanto cambio a nivel social, el mundo no cambiaba. ¿Qué estaba pasando? Porque incluso las mismas mujeres que ven la necesidad de cambio repiten patrones de conducta dentro de las parejas, ya sea por el hecho de ceder, porque no les queda otra, porque lo hacen inconscientemente, por un montón de razones. Lo que pasa es que no es tan fácil cambiar ni la actitud individual ni la actitud social. Entonces, para mí, es mucho más complejo que pensar que a los varones no les importa. Para mí es que no se sienten afectados y, peor, no se perciben como parte del problema. Siguen pensando que es algo que les pasa a las mujeres cuando de pronto son la caperucita roja que justo se equivocó de camino y se cruzó con un lobo extraordinario, cuando hay que entender que la violencia masculina no es extraordinaria, es ordinaria, porque la vivimos todas. Todo el mundo conoce mujeres violentadas en diferentes aspectos, pero nadie conoce varones que violentan, entonces las cuentas están raras. Tenemos que entender que, como dice Rita Segato, aunque nos cueste, por momentos estamos en una guerra hacia las mujeres.

Fuente: La Diaria.es

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in