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agosto 03, 2026

Violencia algorítmica: la maquinaria del escrache digital contra las feministas

Trolls, funcionarios, influencers, plataformas e imágenes generadas con IA producen nuevas formas de disciplinamiento político. Protagonistas de ataques, especialistas y periodistas analizan cómo defender la libertad de expresión frente a los asedios coordinados.

Ilustración de portada e interiores: Seelvana (@seelvana)

“Golpista”, “subversiva”, “ñoqui”, “ensobrada”, “ladrona”, “corrupta”, “feminazi”. Para Julia Mengolini esos insultos no son nuevos. Los reconoce a lo largo del tiempo, en cuentas anónimas, militancias digitales, funcionarios y usuarios que hacen de la degradación una forma de intervenir en redes. “Hay que ver hacia atrás: son diez años de hostigamiento constante”, sintetiza.

Sin embargo, la violencia recrudeció en 2025 con una difamación sincronizada en X que le atribuía una relación incestuosa con su hermano. El primer tuit de este tipo fue detectado el 19 de junio, desde una cuenta con identidad apócrifa y sin aparente vinculación política. Luego el rumor se propagó velozmente entre simpatizantes y militantes oficialistas.

Esa misma tarde, después de que la periodista restringiera la privacidad de su perfil, una cuenta verificada libertaria presentó esa acción como confirmación de la acusación falaz. En menos de veinticuatro horas, el posteo cosechó 1,7 millones de visualizaciones y superó los 24 mil likes.

Cinco días después, tras la viralización de una entrevista donde se la veía conmocionada, el presidente Javier Milei compartió tuits que la acusaban de no “bancarse el vuelto”. Horas más tarde, perfiles fantasma del mismo ecosistema generaron con IA un video sexualizado a partir de una foto familiar de su Instagram, que circuló por diversas plataformas.

Según una reconstrucción de la Fundación Heinrich Böll, el 28 de junio los legisladores Lilia Lemoine y Agustín Romo, junto al Director de Realización Audiovisual de la Presidencia Santiago Oria, difundieron textos burlándose del episodio. Para fin de mes, Milei acumulaba 93 publicaciones contra la periodista, a quien catalogó en una entrevista de “enemiga” y “zurda de mierda”.

Mengolini judicializó el asedio con una denuncia penal. Aunque el juzgado le otorgó custodia policial, terminó abandonándola por el agobio de la vigilancia cotidiana. Su denuncia no busca un resarcimiento inmediato, sino sentar un precedente sobre el uso político de las plataformas, la pornografía sintética y la persecución.

Más allá de las opacidades en el financiamiento o la coordinación vertical del Estado, el caso expone cómo una vejación contra una mujer pública viaja entre el anonimato, militancias digitales, funcionarios, influencers, sistemas de recomendación y una cuenta presidencial capaz de convertir una venganza personal en linchamiento virtual.

El relevamiento de FOPEA y DJV Bootcamp, “El insulto como estrategia”, cuantifica esta matriz. Tras analizar 113.649 posteos de Milei en X entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025, determinó que el 15,2% (16.806 mensajes) contenían insultos explícitos. Irene Benito, periodista líder del Bootcamp, define esto como una “amplificación sistemática”: el agravio facilita una viralización más rápida entre seguidores, trolls y militantes.

El informe detectó además que el 70% de los tuits dirigidos al campo mediático incluyó términos estigmatizantes, y que al menos 97 perfiles anónimos instalaban tendencias como #LosTrollsPagosSonLosPeriodistas y #NOLSALP (acrónimo de “no odiamos lo suficiente a los periodistas”).

Para FOPEA, el insulto no es un gesto aleatorio, sino una estrategia para maximizar alcance, fidelizar mediante la confrontación y silenciar las voces críticas. El estudio agrupó los tuits en tres patrones recurrentes: animalización, sexualización y repulsión. Así, no solo desacreditan ideas de las voces críticas, sino que se las reduce a la categoría de animales, “basura”, corruptas o blancos de sexualización.
De la filtración al cuerpo

A Ayelén Romano la habían doxeado —es decir, expuesto sus datos privados sin consentimiento— por primera vez en 2021. Pero en 2024, en la noche de su cumpleaños, la situación tomó otro tenor. Se difundieron imágenes de su casa, su DNI y fotos personales. “Ahí empecé a darme cuenta de que había una organización”, cuenta para esta nota.

Romano, astróloga, escritora, feminista y peronista, sufrió la irrupción en sus perfiles de usuarios con pornografía, comentarios nazis y provocaciones dirigidas sobre su físico. Al bloquearlos, la represalia escaló a la filtración de su teléfono, datos bancarios y un informe crediticio. En abril, el asunto se volvió físico: un hombre fue a su domicilio, amenazó a su madre y le nombró a todos sus familiares. Después llegaron pedidos de delivery de madrugada, camiones con materiales de construcción y un pasacalle.

Para Briony Anderson, criminóloga digital de Durham University, el doxing no se reduce a la filtración. La información personal “no solo representa” a una persona: contiene su identidad, su historia, su modo de expresarse y sus márgenes de libertad. Así, el daño deja la pantalla y entra en la vida cotidiana.

En mujeres con voz pública, advierte, funciona como una “técnica de intimidación y silenciamiento”: expone su reputación a juicios patriarcales sobre inteligencia, valor, estatus, corporalidad o vida privada. En el relato de Romano, la definición se vuelve carne. “Me fui cerrando mucho. Estuve muchísimo tiempo sin poder salir de mi casa. No confiaba en nadie”, relata.

Le llegaron videos de un hombre masturbándose con su voz de fondo y fotos sintéticas de ella desnuda. El silenciamiento se volvió —solo por unos días— literal: le costó hablar y escuchar su propio registro. “Me daba asco escucharme a mí misma por las cosas que estaban haciendo”. Las herramientas generativas no crean ese repertorio, pero amplían su circulación. Anderson describe estos contenidos como “falsificaciones sexuales digitales” donde una foto pública, una selfie o un rostro reconocible bastan para producir material sexual.

Ana Cristina Ruelas, de UNESCO, señala que las periodistas y comunicadoras son atacadas de manera desproporcionada con piezas sintéticas no consentidas para “silenciar, avergonzar y chantajear”, maniobras que suelen empujarlas a retirarse de los espacios online en lugar de proteger su derecho a participar.

En sintonía, Emily Harmer y Rosalynd Southern, investigadoras de la Universidad de Liverpool, muestran que esta violencia no se mide por un hecho aislado, sino por la acumulación de afrontas virtuales. Aunque no siempre empiezan como misoginia explícita, suelen recurrir a repertorios sexistas porque funcionan para castigar una voz política a través del cuerpo, la apariencia y la reputación.
El engranaje algorítmico

Un analista de X —que prefirió resguardar su nombre— describe tres roles frecuentes: iniciadores, validadores y amplificadores. El primer perfil puede ser marginal o descartable; su potencia depende de quién retoma el contenido para darle entidad ante una comunidad más amplia. El retuit valida la publicación y el “quote” la traslada de una cámara de eco a otra, incluso al denunciar.

En los casos de Mengolini y Romano, como en muchos otros, esa mecánica suma una capa nueva con la inteligencia artificial. Diego Fernández Slezak, investigador de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET, ubica el cambio en la escala. Antes había contenido falso guiado por humanos. Ahora hay “contenido fake creado por máquinas”. Las herramientas generativas permiten producir respuestas en serie, perfiles verosímiles, piezas visuales y relleno para emular interacciones humanas. “Con muy poca inversión en muy poca gente uno puede crear una gran cantidad de agentes”, asevera.

Esa masividad y las políticas de las plataformas complica —aunque no imposibilita— el rastreo del origen. Para el experto, no hace falta un dispositivo sofisticado para causar daño: alcanza un velo ligero de anonimato y la expectativa de que nadie investigue demasiado. Por eso, ante imágenes o videos manipulados, el límite no debería descansar solo en la detección técnica.

Hany Farid, analista forense digital de la UC Berkeley, llega a un punto parecido: en política, los deepfakes no necesitan ser perfectos. Su eficacia depende de saturar el sistema con montajes de distinta calidad para producir caos, sembrar dudas y obligar a víctimas o verificadores a correr detrás de la mentira.

El profesor sostiene que no hay limitaciones técnicas para que las plataformas etiqueten automáticamente los contenidos de sus propios sistemas e identifiquen materiales externos: “No hay duda de que podrían hacerlo mucho mejor de lo que lo hacen”.
La palabra presidencial y sus efectos

El sociólogo y catedrático de comunicación política Silvio Waisbord analiza este escenario desde la “desmediatización”: líderes que ya no necesitan atravesar el periodismo o la conferencia de prensa para marcar agenda, sino que acusan, señalan enemigos y se dirigen a sus públicos las 24 horas del día.

El embate, alerta, “legitima el insulto como una forma normalizada de discurso político”. Esta dinámica encierra además una paradoja para el campo mediático: informar sobre un deepfake puede ampliar su alcance, pero callar deja intacta la embestida pública.

Cuando la estigmatización proviene del Ejecutivo, el impacto en la sociedad civil cambia. Amnistía Internacional lo formuló ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al advertir que la descarga de odio presidencial “habilita y promueve el asedio, las amenazas y la violencia” sobre el discurso de otros. En 2026, la organización registró insultos directos como “basura”, “inmundicia humana”, “cavernícola” o “delincuente malparido”. Ya no se discute una nota: se intenta vaciar de credibilidad a su autor.

Agustina Del Campo —directora del Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información (CELE) y firmante de un amicus curiae en la causa que Milei luego iniciaría contra Mengolini, en la que la periodista fue sobreseida— traza una cautela jurídica necesaria: proteger a periodistas no habilita clausurar la crítica a la prensa. El punto cambia cuando la estigmatización proviene del Ejecutivo. “Que desde el poder se estigmatice con nombre y apellido a determinados periodistas es lamentable para la libertad de expresión”, desarrolla. Para ella, la respuesta no pasa por crear castigos penales inmediatos, sino por reforzar obligaciones ya existentes sobre funcionarios.

Un integrante del Gobierno puede otorgarle una enorme masividad a una ofensiva sin necesidad de haber creado la imagen falsa ni redactado la agresión. Retomar, comentar o celebrar un contenido desde un cargo público transforma la escena. Frente a esta mecánica, Slezak abre el debate sobre la responsabilidad de quien difunde y amplifica.
El laberinto judicial

Camila Palacin, integrante de Argentina Humana y abogada de Julia Mengolini, llevó junto a su equipo una causa por amenazas contra la ex legisladora Ofelia Fernández. En ese proceso, resuelto en mayo de 2026, una respuesta de X a un exhorto enviado a Estados Unidos permitió identificar al usuario detrás del mensaje.

El acuerdo incluyó una reparación económica destinada al Hospital Garrahan y Hogares de Cristo, además de disculpas públicas con nombre verdadero. Aquel expediente demostró que, cuando una plataforma entrega información, puede encontrarse a la persona real detrás de una cuenta.

En la denuncia de Mengolini, Palacin y su equipo intentaron mostrar un mapa más amplio de escarnios, inteligencia artificial, trolls, replicación de contenidos y participación de actores cercanos al Gobierno. Pero se toparon con un obstáculo: la circulación del deepfake, los retuits y la metodología de la campaña quedaron en una zona difícil de rastrear y traducir procesalmente. Las tecnologías generativas no encuentran todavía un encuadre claro en el derecho penal argentino, por lo que las causas deben traducirse a delitos ya existentes.

La experiencia de Romano agrega otra capa de desprotección. A X le denunció un perfil apócrifo que usaba como nombre de usuario la dirección de su casa, y cuya biografía exponía su foto, DNI y datos personales. La respuesta corporativa fue que la cuenta no violaba las reglas. También pidió declarar por Zoom porque el miedo le impedía salir de su hogar, pero se lo denegaron: “Nunca se avanzó, nunca se llegó a nada con esto. Ellos quedaron impunes y yo quedé sin justicia”.


La Ley Olimpia ayudó a nombrar la violencia en entornos digitales, pero nombrar no equivale a desarmar campañas coordinadas, imágenes simuladas, usuarios anónimos, doxing y corporaciones opacas.

Desde UNESCO suman que “los sistemas algorítmicos no son neutrales”, sino que jerarquizan contenidos, recomiendan, ocultan y empujan. En la misma línea, el profesor de Farid distingue la dificultad técnica de la falta de voluntad: las empresas podrían etiquetar mucho más, decidir qué queda disponible tras una denuncia y entregar datos decisivos a los juzgados.

Una publicación puede desaparecer demasiado tarde, cuando la imagen ya fue vista y el escrache se esparció. Por eso el organismo internacional precisa que la respuesta no puede recaer sobre las mujeres atacadas mediante alternativas como retirarse de las redes, cerrar perfiles, hablar menos o protegerse solas.

Si las plataformas callan y la justicia llega tarde, la responsabilidad se traslada por completo a las personas agredidas y la sociedad civil. Son ellas quienes terminan asumiendo el peritaje de los mensajes, el costo legal y el sostén emocional.
El precio de no callarse

La censura tradicional clausura un medio, prohíbe una publicación o encarcela. En redes opera por desgaste para forzar la autocensura previa. Con Romano, los métodos fueron extremos. Ella piensa que buscaban que se suicide. Sin embargo, no se calló. “Eso nunca lo van a conseguir”, afirma.

Mengolini no tuitea más, para “no seguir alimentando al monstruo”. Ese retiro, insiste, no la relega a un mero lugar de víctima: desde su medio, sigue expresando su pensamiento e invitando al debate. Mientras tanto, continúa la disputa en tribunales: a través de su denuncia y de la causa penal que el propio presidente inició en su contra, una acción que lee como una represalia directa.

Para ella, participar en redes como X vale la pena “siempre que sepas que estás en el territorio enemigo”. Si bien utiliza plataformas como YouTube, entiende que esto implica someterse a lógicas de recomendación y dependencias corporativas. Por eso, la apuesta de Futurock se desplaza hacia una aplicación propia, sostenida por el aporte de una comunidad activa.

La periodista evoca la caza de brujas de la Modernidad —salvando las grandes distancias— para recordar que incluso las persecuciones organizadas más atroces de la historia encontraron resistencia y un final. En esa misma clave, se podría pensar que el oscurantismo político adaptado a las plataformas tiene límites fijados por el recambio generacional y el giro de los ciclos políticos.

El daño a las personas, los colectivos y las ideas no termina cuando los trolls y los perfiles alineados con el oficialismo dedicados a impulsar campañas de odio abandonan una tendencia. Los ataques a las voces disidentes desde el poder y sus redes comunicacionales no son inéditos, pero la velocidad de su difusión y el secretismo de las compañías volvieron borrosa la trazabilidad de los hostigadores.

La violencia digital opera como un instrumento de anulación política cuyo costo obliga a las afectadas a recolectar pruebas, denunciar, cerrar cuentas o calcular los riesgos de cada exposición. Ante ese desgaste, la respuesta no puede ser el aislamiento: exige cooperación, intervención estatal efectiva, causas que avancen y reglas que obliguen a las corporaciones tecnológicas a rendir cuentas.

Por Jazmín Bazán
Fuente: Latfem
Este reportaje contó con el apoyo de una subvención del Tarbell Center for AI Journalism.

noviembre 03, 2025

El bostezo del secretario general


La semana pasada tuvimos en Viedma la histórica y esperada vistita de la antropóloga y activista, Rita Segato. La Universidad Nacional de Río Negro le otorgó el título de Doctora Honoris Causa por su excepcional trayectoria académica e intelectual con reconocimiento nacional, regional e internacional. 

Durante la clase magistral de la Dra. Segato, luego de la entrega de la distinción, un alto funcionario de la Universidad sentado en primera fila bostezó incesantemente. La profesora se lo hizo notar y este funcionario, con total impunidad, en vez de disculparse y/o mantenerse en silencio, interrumpió la clase respondiéndole a la distinguida. Más adelante en la exposición de la Dra. Segato volvió a interrumpir, respondiendo que no es que tiene sentido del humor sino paciencia ante las mujeres.


El bostezar obsceno no lo interpretamos como una falta casual sino como un acto político de desvalorización de los saberes y la palabra de la mujer que estaba enfrente, en este caso, ni más ni menos, que Rita Segato. Un hombre que se sienta en la primera fila y le bosteza a la persona más relevante del acto en la cara no tiene un problema hepático, como adujo, sino un problema patriarcal, que se reafirma con el chiste sexista con el que pretendió evadir la interpelación de Rita Segato. Le contestó con impunidad patriarcal. 

A partir de esta situación sintomática y su circulación viral, se ha roto el silencio y se han pronunciado trabajadoras, estudiantes y profesoras que han sido maltratadas, hostigadas y acosadas sexualmente por el secretario general de la Universidad, Luis Vivas, a lo largo de varios años, lo que ha producido en la universidad un gran malestarhasta ahora silenciado.

El botezo del secretario general no fue casualidad ni causado por su hígado, sino una expresión de su impunidad, su machismo y su misoginia.

Por ello, trabajadoras de la Universidad Nacional de Río Negro, legisladoras, concejalase integrantes de la Red Interinstitucional de Género y Diversidad de Viedma repudiamos la violencia ejercida por el señor Vivas a la Dra. Rita Segato y exigimos a las autoridades de la Universidad Nacional de Río Negro que activen los protocolos vigentes para prevenir, sancionar y reparar la violencia de género en la institución y tomen las medidas pertinentes para dar una respuesta contundente frente a la violencia ejercida.

abril 10, 2025

Italia y el machismo eterno

El goteo de feminicidios sigue asolando Italia. En 2023, el asesinato de la joven Giulia Cecchettin sacó por primera vez a la calle a la sociedad italiana. Parecía que algo iba a cambiar. Esta semana, las muertes de dos veinteañeras a manos de sus exnovios confirman que romper con el patriarcado continúa siendo una asignatura pendiente.


Una muestra de arte urbano dedicado a Giulia Cecchettin cerca de la Piazza del Duomo, en Milán. PAMELA ROVARIS / MONDADORI PORTFOLIO / REUTERS


En la película Siempre nos quedará mañana (2023) que sacudió Italia al llevar por primera vez la violencia machista al celuloide, hay una escena en la que un marido abofetea a su esposa a cámara lenta. El filme, de la directora italiana Paola Cortellesi, transcurre en 1946, año en que las mujeres italianas pudieron votar por primera vez. El patriarcado dominaba completamente aquella sociedad de posguerra, igual que las del resto de sociedades europeas.

Casi 80 años más tarde, y a pesar de que aún hay un 7% de europeos que piensan que abofetear a su pareja de vez en cuando es aceptable (lo dice el último Eurobarómetro 2024 sobre Estereotipos de Género de la UE), Europa ha progresado en igualdad de género. Sin embargo, para quienes vivimos en Italia, la percepción es que el machismo es aquí más evidente que en los países vecinos. Más de 100 asesinadas en 2024, micromachismos, hipersexualización de mujeres y niñas obsesionadas con su aspecto físico, titulares sobre feminicidios que se recrean en el aspecto culebronesco de historias de amor aún llamadas pasionales, mansplaining continuo, homofobia explícita, jefes que le preguntan a sus empleados «a cuál de tus compañeras de trabajo te follarías» y madres que aún le dicen a sus hijas «cásate con un hombre rico que te mantenga». Pueden parecer percepciones personales pero, más allá de la subjetividad, los datos lo confirman.

En el Global Gender Gap Report 2024 que el Foro Económico Mundial utiliza para medir la paridad de género entre 146 países, Italia ocupa el puesto 87º frente al 10º de España. A escala europea, mientras España figura en el puesto número 4 del Gender Equality Index 2024 del Instituto Europeo para la Igualdad de Género (tras Suecia, Holanda y Dinamarca), Italia está situada en el 14 y es el país con la tasa de empleo femenino más baja de toda la UE: solamente el 65,5% de las mujeres italianas tienen un trabajo remunerado, frente al 75,6% en España.

Hay otros datos reveladores: el 38% de los italianos cree que es aceptable controlar las finanzas de su pareja (frente al 26% de los españoles) y al 24% le parece apropiado controlar sus actividades o relaciones (frente al 13% de los españoles).

El patriarcado impenitente

El patriarcado es una tela de araña tupida, tejida a lo largo de muchos siglos, y cuya densidad, robustez y resistencia anuncian aún décadas de sudor y trabajo para deshacerla. «En Italia, además, tenemos el Vaticano, un Estado invisible dentro del Estado que lo permea y lo contamina todo con su cultura moralista: los partidos políticos, la educación –considera que la educación sexual no existe en las escuelas porque las familias católicas la rechazan– y hasta los movimientos feministas». Francesca Ceccarelli nos lo cuenta a primeros de diciembre sentada en el stand de la revista feminista Frisson, de la que es editora, en la feria del libro Más Libros Más Libres, en Roma. «Ni siquiera las mujeres que están en el poder asumen modos de liderazgo diferentes. Siguen los patrones masculinos. Hasta la primera ministra, Georgia Meloni, se hace llamar presidente en lugar de presidenta. Las palabras definen la realidad. Si ya en la palabra reniegas de tu género es imposible que veas el resto de la problemática», explica.

La revista Frisson estuvo a punto de renunciar a la cita con Más Libros Más Libres porque entre los invitados a la feria de este año había un filósofo, Leonardo Caffo, pendiente de una sentencia por agresiones machistas a su exmujer (después ha sido condenado a cuatro años de cárcel). Finalmente, él mismo renunció, pero su invitación, que llevó a la retirada de editoriales y escritores como forma de protesta, desató una gran polvareda, entre otras cosas, porque este año la feria estaba dedicada a la memoria de Giulia Cecchettin, la estudiante de 22 años que fue víctima en 2023 del primer feminicidio que sacó a la calle en masa a la sociedad italiana para protestar contra la violencia machista.

«Un delito de poder»

También fue el primer feminicidio que puso las expresiones «patriarcado» y «feminicidio de Estado» sobre la mesa de los italianos a la hora de la cena. Fue un plato que se sirvió frío durante el funeral de Giulia y que se le atragantó a muchos: con un país en lágrimas tras seguir con morbosidad su secuestro y la persecución del exnovio asesino durante una semana en titulares cargados de tópicos del género «crimen pasional», Elena Cecchettin, hermana de la víctima, hizo temblar los cimientos del patriarcado italiano en prime time durante una entrevista en directo: «A Turetta (el asesino de Giulia) se le suele definir como un monstruo, pero no es un monstruo. Un monstruo es una excepción, una persona externa a la sociedad, una persona de la que la sociedad no debe hacerse responsable. Y, sin embargo, hay responsabilidad. Los monstruos no están enfermos, son hijos sanos del patriarcado, de la cultura de la violación. La cultura de la violación es la que legitima cualquier comportamiento que dañe la figura de la mujer. […] El feminicidio es un homicidio de Estado, porque el Estado no nos protege. No es un delito pasional, es un delito de poder». Su entrevistadora, que en realidad buscaba un «¿y tú cómo te sientes?» al más puro estilo Nieves Herrero, se quedó sin palabras. El resto de Italia también.

Para Corinna de Cesare, periodista fundadora de la startup de información con perspectiva de género The Period, la familia Cecchettin «pronunció las palabras precisas en el momento más difícil para ellos y eso provocó una toma de conciencia colectiva en todo el país. Hay un antes y un después en la opinión pública, aunque la familia ha pagado un precio alto ya que Elena se ha convertido en el blanco de la política de derechas y de su prensa», explica De Cesare, también coautora del pódcast Una volta un uomo (‘Una vez un hombre’).

Justo un año después, la familia ha creado la Fundación Giulia Cecchettin, cuyo principal objetivo es promover un giro radical «para cambiar la dimensión estructural y cultural que alimenta la violencia de género». Busca llevar la educación sexual y afectiva a los colegios, trabajar con asociaciones de mujeres maltratadas y ofrecer becas a mujeres para estudiar carreras de ciencias ya que Giulia estaba a punto de licenciarse en ingeniería biomédica cuando la asesinaron.

Sveva Avveduto, presidenta emérita del Consejo Nacional de Investigación italiano y presidenta de la Asociación Mujeres y Ciencia, coincide en que la educación y los estímulos son clave para que las mujeres jóvenes rompan con los estereotipos. «Hacen falta más cuotas, más incentivos para favorecer la paridad de género y, sobre todo, hay que poner más recursos en educación a la igualdad. La política podría ayudar mucho, pero ahora en Italia ocurre lo contrario. En cambio, la sociedad parece vivir un momento muy activo a favor de los cambios», explica a La Marea. En el ámbito de la ciencia ella dice ser testigo de una transformación, aunque lenta. «Hoy ya vemos que en muchas carreras de ciencias entran un 50% de hombres y un 50% de mujeres. El problema es que muchas mujeres se quedan por el camino. Por eso hay que crear incentivos y hacerles ver que ellas también están a la altura. Los estereotipos de género han vinculado siempre la ciencia con el hombre y todos esos siglos pesan incluso en la perspectiva que la mujer tiene de sí misma y de sus capacidades».

Falta de sororidad

En ese sentido se expresa también la escritora y periodista Flaminia Festuccia, quien en declaraciones a La Marea echa de menos la sororidad que sí dice haber visto en otros países. «En Italia aún falta que las mujeres nos unamos y trabajemos juntas. El patriarcado está muy interiorizado. Aquí ser mujer aún se considera peor que ser hombre, y por eso las arquitectas y las ingenieras prefieren que las llamen arquitecto o ingeniero, porque temen que, al ser definidas en femenino, las consideren menos profesionales. Por suerte hay una nueva generación de jóvenes muy combativa. Ellas son la esperanza»

Gracias a esas nuevas generaciones, Gino Cecchettin es hoy un padre fuera de lo común que habla de patriarcado como una feminista más. «Todo me lo ha enseñado mi hija Elena tras perder a Giulia», ha dicho. De ella ha aprendido también que la educación es «el primer paso para cambiar la cultura machista de este país». Sin la colaboración de hombres como Gino, el camino será más arduo.

No obstante, también es esencial que los gobiernos se impliquen con medidas concretas, pero eso parece estar lejos del horizonte del gabinete de extrema derecha de Meloni, que aún asocia feminicidios con inmigración. El pasado 25-N, día escogido por la familia Cecchettin para presentar su fundación ante el Congreso italiano, el ministro de Educación, Giuseppe Valditara, pronunció un discurso en el que calificó el patriarcado de ideología y a los feminicidas de ser fundamentalmente de origen inmigrante.

La realidad de las cifras es otra: el 75% de los feminicidas son italianos en un país con un 9% de extranjeros. «Si en vez de hacer propaganda durante la presentación de una fundación que lleva el nombre de una mujer asesinada por un un hombre blanco, italiano y de buena familia se nos escuchara, no seguirían muriendo cientos de mujeres en Italia cada año», replicó Elena Cecchettin en redes sociales. El padre tampoco se mordió la lengua: «¿Qué ha propuesto durante este año el Gobierno? ¿Por qué siempre tienen que ser las familias de las víctimas las que unan fuerzas y creen cosas positivas para el futuro?».

Pese a que ya hay más de 100 feminicidios este año, el llamado «efecto Cecchettin» no deja dudas: durante el primer trimestre de 2024 las llamadas al 1522, el número para solicitar ayuda contra agresiones machistas, se dispararon un 83% y a lo largo de 2024 los centros de acogida a mujeres maltratadas también registraron un aumento del 14% respecto al año anterior.

La política ausente

Pero la falta de interés sobre estos temas por parte de todos los políticos italianos, incluido el Partido Democrático de Elly Schlein, también puede medirse: tras analizar 300.000 posts de políticos y políticas nacionales, regionales y locales, el estudio Más allá de las palabras. Narración política y percepción pública sobre la violencia machista, de la ONG Action Aid, concluyó que sólo el 1,5% de sus posts se ha centrado en denunciar este problema, casi siempre en relación con una fecha femenina (8 de marzo o 25 de noviembre), y cuando lo hacen a menudo sus mensajes son engañosos: confunden datos y términos, alimentan el sexismo benévolo, atribuyen las causas a cuestiones étnico-religiosas, lo mezclan con temas de seguridad pública o hablan de castración química para resolverlo.

El feminismo en Italia era muy activo en los años setenta, tanto que pese al Vaticano, fue uno de los primeros países de Europa que aprobó una ley del aborto (en 1978). Pero el feminismo fue marginado por el poderoso Partido Comunista de aquella época por miedo a que les restara votos y nunca ha regresado al primer plano de la política. «Hoy la izquierda ignora el feminismo y la derecha busca el retroceso en los derechos reproductivos sin que la izquierda realmente se oponga. Incluso hay candidatos de izquierda antiabortistas, lo que demuestra el peso del catolicismo en la política. En los últimos 30 años no se han afrontado los problemas estructurales y culturales creados por el patriarcado, sólo se han puesto parches, no se han creado instrumentos eficaces para enfrentarse a la brecha de género y romper el techo de cristal en cuestión de sueldos, empleos, igualdad de oportunidades… Lo peor es que no son temas de derechas o de izquierdas, es una cuestión de progreso y derechos que nos beneficiarían a todos, pero Italia aún se niega a ver la realidad», concluye Corinna de Cesare.


Fuente: LaMarea

febrero 06, 2025

Eliminación del feminicidio del Código Penal: Impacto en las políticas de género en Argentina





Reformas al CCódigo Penal y su impacto en las políticas de género en Argentina


El gobierno liderado por Javier Milei ha anunciado la eliminación de la figura del feminicidio del Código Penal argentino, una medida presentada como parte de un esfuerzo por garantizar la igualdad ante la ley. Según el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, esta decisión refleja el compromiso con la Constitución Nacional, que establece que todas las vidas tienen igual valor jurídico. La ley 26.791, introducida en 2012 durante la gestión de Cristina Fernández, imponía prisión perpetua a quienes asesinaran a una mujer en contextos de violencia de género, pero ahora será modificada.


Cúneo Libarona ha criticado el feminismo, calificándolo como una "distorsión del concepto de igualdad" y argumentando que fomenta divisiones sociales. Estas declaraciones se alinean con los planteamientos del presidente Milei, quien ha cuestionado públicamente la figura del feminicidio, considerándola una forma de desigualdad jurídica.
Ataque a políticas públicas de género


Desde la llegada de Milei al poder en diciembre de 2023, su administración ha emprendido acciones que afectan directamente a las políticas de protección de las mujeres. Entre las medidas adoptadas se encuentra la eliminación del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad, así como de otras áreas clave de atención y prevención de la violencia machista, como la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género. Además, la jerarquía de servicios como la Línea 144 ha sido degradada, limitando su alcance en la asistencia a víctimas.


El presidente también ha expresado su rechazo a la Agenda 2030 y su enfoque en la igualdad de género, calificándola como una imposición ideológica. Este contexto ha generado preocupación en sectores que abogan por los derechos de las mujeres y la continuidad de políticas públicas que protejan a las víctimas de violencia.
Cifras alarmantes de violencia de género


Las estadísticas de violencia machista reflejan una problemática persistente en Argentina. En 2024, organizaciones como Mumalá y el Observatorio de Violencias Mercedes Pagnutti documentaron entre 255 y 294 feminicidios, con un promedio de un caso cada 34 horas. Estas cifras contrastan con los datos oficiales, que reportan un descenso del 10 % en las muertes por esta causa.


De acuerdo con Mumalá, sólo el 12 % de las víctimas había denunciado previamente a su agresor, el porcentaje más bajo en casi una década. Estos datos evidencian no solo la gravedad de la violencia de género, sino también las barreras que enfrentan las mujeres para acceder a la justicia y protección.Fotografías: gentileza diferentes medios de la web.


En relación al Consenso de Montevideo


Los tres artículos más relevantes del Consenso de Montevideo aplicables al texto anterior son: Artículo 58, Artículo 65 y Artículo 50. La eliminación de la figura del feminicidio del Código Penal argentino y la reducción de políticas públicas de atención y protección a las mujeres representan un retroceso significativo en el compromiso de combatir la violencia de género y promover la igualdad de género, tal como se establece en el Consenso de Montevideo. El artículo 58 subraya la necesidad de eliminar todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres, incluyendo el feminicidio, y de sensibilizar a los aplicadores de justicia en la perspectiva de género. 

El artículo 65 destaca la importancia de implementar servicios y programas integrales y accesibles para las mujeres, que incluyan atención especializada en casos de violencia y promuevan su autonomía. Por último, el artículo 50 enfatiza la aplicación de la perspectiva de género en todas las políticas públicas, garantizando la igualdad de género y la participación activa de las organizaciones de mujeres en su implementación. Estas acciones del gobierno argentino contravienen los principios y compromisos establecidos en el Consenso de Montevideo, que busca avanzar en la protección de los derechos de las mujeres y la igualdad de género en la región.

#58 - Reafirmar el compromiso y la voluntad política de América Latina y el Caribe, al más alto nivel, de combatir y eliminar todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres, incluida la violencia intrafamiliar, el femicidio/feminicidio y promover activamente la sensibilización sobre la implementación de la perspectiva de género entre los aplicadores de justicia
#65 - Poner en marcha, con el apoyo de todas las tecnologías disponibles, servicios, programas y respuestas multisectoriales integrales e integrados, coordinados, interdisciplinarios, accesibles y sostenibles en todos los niveles, destinados a las mujeres, que incluyan la atención especializada y confidencial de los casos de violencia, que cuenten con recursos adecuados y que reúnan instancias tales como policía, sector justicia, atención en salud integral, incluida la salud sexual y la salud reproductiva, los servicios médicos y psicológicos y asesoramiento, así como opciones de formación y generación de ingresos, para promover la autonomía de las mujeres en todas sus dimensiones
#50 - Cumplir con el compromiso de promover y asegurar la aplicación de la perspectiva de género y su intersección con la raza, la etnia, la edad, la clase social y la condición de discapacidad en todas las políticas públicas, especialmente aquellas de orden económico y cultural, y la articulación entre los poderes del Estado y los actores sociales, 
organizaciones de mujeres afrodescendientes, indígenas y jóvenes para garantizala igualdad de género

Fuente: Efeminista.com 

enero 31, 2025

Rocío Mora: «La misoginia constituye la forma de discurso de odio más extendida, normalizada y persistente»




Rocío Mora, directora de APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), ha comparecido hoy ante la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados para abordar el impacto de los discursos de odio misóginos, destacando la urgencia de adoptar medidas coordinadas que combatan esta problemática de manera integral y efectiva.

La comparecencia de Rocío Mora forma parte de la consulta a profesionales y personas expertas en diferentes ámbitos convocados por la Comisión de Igualdad que busca avanzar en el conocimiento de los discursos de odio en España y abordar las herramientas para combatirlos de manera eficaz, así como las vías de defensa y atención a los grupos que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Durante su intervención, Mora señaló que la misoginia constituye el discurso de odio más extendido, normalizado y persistente, con consecuencias devastadoras para la dignidad y los derechos de las mujeres. “El discurso misógino no es solo un acto verbal. Es una práctica sistemática que suspende los derechos, niega y destruye la dignidad e igualdad de derechos de las mujeres y perpetúa una estructura social basada en la discriminación y la subordinación”, declaró.

“El discurso misógino no es solo un acto verbal. Es una práctica sistemática que suspende los derechos, niega y destruye la dignidad e igualdad de derechos de las mujeres y perpetúa una estructura social basada en la discriminación y la subordinación”,

Mora también destacó que, aunque la penalización de estos discursos es necesaria en muchos casos, no es suficiente; subrayando que la solución pasa por un cambio estructural y cultural que garantice que las futuras generaciones crezcan libres de misoginia y estereotipos sexistas. Asimismo, instó a los poderes públicos a establecer límites claros a estos discursos dañinos, respetando al mismo tiempo los pilares de la democracia.
En su comparecencia, la directora de APRAMP alertó sobre el incremento de los delitos de odio contra las mujeres. Según datos del Ministerio del Interior, estos delitos han aumentado un 192,52% entre 2021 y 2023. Mora reclamó la inclusión de una definición más precisa de la misoginia como delito de odio en los registros oficiales para reflejar adecuadamente su impacto social.

Además, subrayó el papel fundamental de los medios de comunicación en la lucha contra la misoginia e instó al cumplimiento del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, especialmente en lo relativo a promover un tratamiento de la imagen de las mujeres libre de estereotipos y denunció la proliferación de foros digitales que normalizan la violencia y la explotación sexual, describiéndolos como espacios de dominación y desigualdad.
Mora subrayó que cualquier iniciativa dirigida a que plataformas audiovisuales y redes sociales implementen políticas efectivas contra el discurso de odio debe incluir específicamente la misoginia; así como que, al establecer sistemas de medición sobre el impacto de los discursos de odio, se debe analizar cómo los discursos que normalizan la prostitución impactan en el aumento.

La directora de APRAMP resaltó que, en el marco de las estrategias para combatir los discursos y delitos de odio, debe incluirse la implantación de leyes enfocadas a frenar la práctica prostitucional, ya que esto es un factor clave en el sostenimiento de la misoginia. Además, recalcó la necesidad de que se reconozca que la prostitución, la pornificación de la cultura y los estereotipos cargados de odio alimentan la misoginia, constituyendo el caldo de cultivo para la explotación sexual y la trata de personas constituyendo al ser humano como una mercancía de desecho.

Por último, Mora pidió que se reconozca que ya no es posible mirar hacia otro lado frente a esta problemática, y que se adopten políticas públicas integrales para abordar estas formas de violencia, odio y vulneración de derechos humanos. Reclamó que los poderes públicos se comprometan con el propósito de APRAMP de construir una sociedad libre de violencia, odio y explotación, donde las personas recuperen la dignidad.

Con esta intervención, Rocío Mora ha reafirmado el compromiso de APRAMP en su lucha por erradicar la trata, la explotación sexual y todas las formas de violencia estructural que afectan a las mujeres.


Por Tribuna Feminista
Fuente: Tribuna Feminista

marzo 19, 2024

La IA se usa en Irán para controlar el uso del velo


"Es difícil imaginar que en el siglo XXI, el acceso de las mujeres a los servicios y oportunidades más básicos, como escuelas, universidades, hospitales y tribunales, o a oportunidades de empleo en el gobierno u otros sectores, deba estar sujeto al requisito arbitrario de llevar el hiyab".

El velo sigue siendo obligatorio en Irán.. Imagen: AFP

El aparato de Estado iraní está utilizando herramientas de inteligencia artificial, incluidas aplicaciones en teléfonos móviles, para vigilar que las niñas y mujeres cumplen las restrictivas normas de uso del velo islámico, reveló este lunes la Comisión Internacional Independiente de la ONU que investiga la situación de los derechos humanos en este país. 

"Es difícil imaginar que en el siglo XXI, el acceso de las mujeres a los servicios y oportunidades más básicos, como escuelas, universidades, hospitales y tribunales, o a oportunidades de empleo en el gobierno u otros sectores, deba estar sujeto al requisito arbitrario de llevar el hiyab (velo islámico)", declaró la presidenta de la Comisión, Sara Hossain. 

El equipo de investigación, compuesto por tres juristas de distintos países (Hossain de Bangladesh, Pakistán y Argentina) y que trabajan con un criterio de independencia, fue creado a raíz de la represión de las protestas que estallaron en septiembre de 2022 tras la muerte en custodia de la joven Masha Amini, detenida supuestamente por no llevar bien puesto el velo.

La Nobel de la Paz detenida

La Nobel de la Paz iraní Narges Mohammadi, encarcelada desde 2021 en Teherán, reclamó el lunes "una presión sistemática y global" contra Irán ante el endurecimiento de la "represión", denunciada ante la ONU por decenas de países y oenegés. "Me dirijo a ustedes con gran preocupación", afirmó Mohammadi en su declaración, leída por la ONG Ensemble contra la Peine de Mort (Juntos contra la Pena de Muerte) durante la sesión sobre Irán en el Consejo de Derechos Humanos (CDH).

Varios países denunciaron el calado de las violaciones de los derechos humanos en Irán, sobre todo el aumento de condenas a muerte y ejecuciones. "Con la reciente oleada de protestas y movimientos a favor de la vida y la libertad de las mujeres, la represión se intensificó", escribió Mohammadi, instando a la ONU y a las organizaciones de defensa de los derechos humanos a "ejercer una presión sistemática y global" sobre Irán.

Narges Mohammadi, en prisión desde noviembre de 2021, fue reiteradamente condenada y encarcelada en los últimos 25 años por su compromiso contra el velo obligatorio para las mujeres y la pena de muerte.

"Estoy muy preocupado por las ejecuciones en curso y el aumento de las condenas a la pena de muerte [...]. Al menos 834 personas fueron ejecutadas en 2023, es decir un aumento de 43 por ciento en comparación a 2022", dijo el relator especial Javaid Rehman, en el inicio de las sesiones sobre Irán.

El embajador francés ante la institución, Jérôme Bonnafont, precisó que "16 de las 24 mujeres ejecutadas en el mundo en 2022 lo fueron en Irán y al menos 22 mujeres fueron ejecutadas en Irán en 2023, el número más elevado desde 2013".

Informe oficial de la represión

Un informe oficial publicado en Irán aseguró que 281 personas murieron durante las manifestaciones desencadenadas tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, una cifra muy inferior a la que comunicaron expertos de la ONU. El informe fue publicado el domingo por una comisión especial que el presidente Ebrahim Raisi nombró para investigar los disturbios que sacudieron el país a finales de 2022. El documento de casi 300 páginas no coincide con el informe de expertos encargado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, publicado hace diez días y que afirma que, según "cifras verosímiles", "al menos 551 manifestantes murieron a manos de las fuerzas de seguridad, entre ellos al menos 49 mujeres y 68 niños".

Fuente: Página/12

marzo 11, 2024

Irlanda rechaza en dos referendos modernizar el concepto de familia y el rol de la mujer

Los irlandeses rechazaron modernizar el concepto de familia en su Constitución, para extenderlo más allá del basado en el matrimonio, en un referéndum constitucional celebrado el viernes cuyos resultados se conocieron este sábado 9 de marzo. El resultado de un plebiscito paralelo sobre el papel de la mujer en la sociedad aún no está confirmado, pero el Gobierno, que pedía el 'sí' en ambos, reconoció que también ganará el 'no'.

El recuento de votos para el referéndum gemelo para cambiar la Constitución sobre familia y cuidados continúa en la Royal Dublin Society (RDS), en Dublín, el sábado 9 de marzo de 2024. © AP / Damien Storan

El 67,7 % del electorado de Irlanda, formado por 3,3 millones de personas, votó en contra de introducir una enmienda a la carta magna que aspiraba a reescribir la idea de familia. Mientras que la consulta sobre los cuidados, que quería eliminar las referencias obsoletas hacia la mujer, obtuvo el 73,9 % de 'noes'.

El Gobierno había apoyado los cambios propuestos, que habrían ampliado la definición de familia y aclarado los 'deberes' de la mujer en la sociedad.

"Creo que a estas alturas está claro que la enmienda sobre la familia y la enmienda sobre los cuidados han sido derrotadas", dijo el primer ministro, Leo Varadkar, en una rueda de prensa en Dublín.

Las votaciones son el último intento de reflejar el rostro cambiante de Irlanda, miembro de la Unión Europea, y la menguante influencia de la Iglesia católica, antaño dominante.

Un 67% del electorado llamado a las encuestas marcó las boletas en contra de la propuesta de ampliar el concepto de familia en la carta magna irlandesa. El "Sí" recibió aproximadamente 32,3% del apoyo popular.

Casi 3,5 millones de personas tenían derecho a votar. Varadkar dijo que los referendos habían sido "derrotados ampliamente con una participación respetable".

"Era nuestra responsabilidad convencer a la mayoría de la gente de que votara sí", dijo.

"Creo que nos costó convencer a la gente de la necesidad del referéndum, por no hablar de detallar la redacción (...) Obviamente, es algo sobre lo que tendremos que reflexionar en las próximas semanas y meses".
¿Qué se votaba?

Las dos propuestas -denominadas enmienda sobre la familia y enmienda sobre los cuidados- pretendían cambiar el texto del artículo 41 de la Constitución irlandesa, redactado en 1937.

La primera pedía a los ciudadanos ampliar la definición de familia, de las fundadas en el matrimonio para incluir también las "relaciones duraderas", como las parejas que cohabitan y sus hijos.

FOTO DE ARCHIVO: El Taoiseach (primer ministro) de Irlanda, Leo Varadkar, camina para depositar su voto en un referéndum sobre los cambios en la Constitución irlandesa llamados Enmienda de la Familia y Enmienda del Cuidado, en Scoil Treasa Naofa en Dublín, Irlanda, 8 de marzo de 2024. © Reuters / Clodagh Kilcoyne

La segunda proponía sustituir el anticuado lenguaje sobre los "deberes de la madre en el hogar" por una cláusula que reconociera los cuidados que los miembros de la familia se prestan unos a otros.

A día de hoy, la Constitución irlandesa expone que, "por su papel dentro del hogar, la mujer aporta al Estado un apoyo sin el cual no se puede lograr el bien común". El texto actual agrega que las autoridades, "en consecuencia, deben esforzarse por asegurar que las madres no están obligadas por necesidad económica a trabajar (fuera de casa) y descuidar sus deberes en el hogar".

Hasta principios de la década de 1970, era habitual que las mujeres irlandesas dejasen sus puestos de trabajo tras casarse, sobre todo en el sector público, y aunque esa práctica desapareció hace tiempo, la citada cláusula entorpece el avance de la lucha por la igualdad, según el Gobierno.

La Constitución solo puede modificarse mediante referéndum nacional.

Este país de 5,3 millones de habitantes optó por poner fin a los límites constitucionales al matrimonio entre personas del mismo sexo en 2015 y al aborto en 2018.

Todos los principales partidos políticos habían apoyado el "Sí-Sí" y hasta hace poco las encuestas pronosticaban una aprobación sin problemas de ambos en el Día Internacional de la Mujer.

Pero los partidarios del "no" argumentaron que el concepto de "relación duradera" no estaba definido y era confuso, y que las mujeres y las madres estaban siendo "canceladas" de la Constitución.

Por su parte, las voces ultraconservadoras argumentaron que los cambios podrían proteger constitucionalmente las relaciones polígamas y aumentar la inmigración a través de las reagrupaciones familiares de inmigrantes, afirmaciones todas ellas negadas por el gobierno.

Los resultados definitivos de ambas votaciones se esperan para última hora del sábado.

Con AFP

Adaptado de su original en inglés

Fuente: France 24

noviembre 15, 2023

Miguel Lorente: “El machismo surge en el Neolítico, ya entonces se inicia la necesidad de controlar a las mujeres. Es cuando empieza a haber una cultura de acumular riquezas..."


Es una de las voces referentes de la lucha contra la violencia de género y presenta su último libro 'La refundación del machismo' en Toledo, junto a la edición de Castilla-La Mancha de elDiario.es 


Miguel Lorente Foto cedida por el autor

Machismo, poskultura y guerra cultural. Tres potentes conceptos que son la principal premisa del último libro de Miguel Lorente (Serón, 1962), 'La refundación del machismo' (Editorial Comares, 2023). 

Este doctor en Medicina y Cirugía es profesor titular de Medicina Legal en la Universidad de Granada y también una de las voces más respetadas en materia de violencia de género, no solo en España, sino a nivel internacional. De hecho, la entrevista que mantenemos con él debió aplazarse brevemente por su participación en el Primer Congreso Internacional de Servicios Periciales celebrado en Toluca, México, como experto forense. 

En su último trabajo, que el autor presenta este martes 14 de noviembre en el Círculo del Arte de Toledo junto a CCOO Castilla-La Mancha y elDiarioclm.es, Lorente realiza un análisis “evolutivo” de cómo la sociedad ha llegado hasta este momento en el que habla de “la refundación del machismo”. 

“El machismo está agotado”, decreta en su obra. Pero esto está lejos de significar el fin del machismo. Y para explicar la situación actual de poskultura en la que nos encontramos, Lorente se va muy atrás en el tiempo, hasta los años 50. Entonces, recalca, las personas que influían en la sociedad eran fundamentalmente hombres de letras, filósofos o artistas que funcionaban como una figura referente. 

Poco después llega la figura del hombre de ciencia, lo que coincide en el tiempo con el descubrimiento de la estructura del ADN o avances en la teoría de la relatividad. “Entonces los referentes se convierten en personas muy cercanas, científicos que rompen con la idea de hombre encerrado en el laboratorio”, recalca. Y entonces irrumpe la tercera cultura: aquella en la que se defendía hacer uso de elementos compartidos de hombres y ciencias. “Ahora, analizando nuestra realidad, llega lo que yo denomino la cuarta cultura, y que he asimilado a la poskultura que identificó al posmachismo en 2008. Es cuando empieza a trabajarse el impacto del relato y el papel de los medios de comunicación como elementos generador de realidad, no de análisis de la realidad”, reflexiona. 

¿Cómo se relacionan los conceptos de poskultura y guerra cultural a los que hace referencia en su libro?

A partir de esta poskultura, comienza a estructurarse un relato alternativo que introdujo Ronald Reagan y que ha dado lugar poco a poco al avance de las mentiras y los bulos, que en la guerra cultural son parte de una estrategia más dañina para defender posiciones o para desacreditar la posición contraria. Esto es lo que ocurre cuando se habla de 'feminazis' o de ideología de género cuando se proponen políticas de igualdad, por ejemplo.

En este proceso de guerra cultural también hemos pasado por varias fases. El machismo ha ido cediendo: si quieren [las mujeres] ir a la escuela, a la universidad, que voten, o que trabajen, vale. Son hitos muy aislados sin una concepción de lo que necesitaban [las mujeres]. Y se pensaba que era el final [de las demandas de las mujeres] y no el principio, y esto no ha sido así. La demanda continuó. Entonces hemos pasado a la fase de resistencia, donde no hay impedimentos pero sí más dificultades, incluso con críticas a las propuestas y ataques a las mujeres. Ahora estamos en una cuarta fase, donde hay un ataque directo y beligerante contra las propuestas que se hacen. Esta es la guerra cultural, en la que se dice que se busca la destrucción de la familia, del orden dado y todo esto se integra en la refundación del machismo. 

¿Exactamente qué es esta refundación del machismo a la que se refiere? 

Se trata de rescatar los elementos del orden tradicional histórico, nuestra identidad, nuestras costumbres y tradición, pero con argumentos distintos. Ya no se puede argumentar que los hombres son superiores, aunque hay casos que vemos como el diputado polaco [Janusz Korwin-Mikke] que defendía mantener la brecha salaria, porque las mujeres son más débiles que los hombres. Pero en general, la estrategia es diferente. 

Tenemos un caso muy gráfico cuando Isabel Díaz Ayuso presentó los candidatos a las elecciones municipales y dijo que no se trataba de gestionar, sino de defender un modo de vivir la vida. Un modelo en el que integra la defensa de sus valores desde todas las perspectivas. 

Ya no se puede argumentar que los hombres son superiores

Cuando habla de que el machismo está “agotado”. ¿Qué significa?

El machismo surge en el Neolítico, ya entonces se inicia la necesidad de controlar a las mujeres. Es cuando empieza a haber una cultura de acumular riquezas. Para proteger este poder, se debe ejercer un control para poder pasarlo a los hijos, fundamentalmente hombres. Entonces, se controla a las mujeres y los hombres empiezan a decidir. Se establece así un sistema jerarquizado, con el objetivo de generar y acumular más poder. Es como cuando ves los resultados de grandes empresas. Como cuando el BBVA dice que ha obtenido en los primeros meses del año un 20% más de beneficios que el año pasado.

No se trata solo de tener poder, sino de tener más poder. Ocurre lo mismo con los maltratadores, que ya tienen a la mujer sometida pero la siguen maltratando porque necesitan maltratarla y someterla cada vez más más. Esto es lo que ocurre en el plano ético y moral. Pero desde el punto de vista práctico, está agotado en cuanto a los recursos tradicionales porque ya no están en disposición de seguir con el régimen de explotación. 

Esto se corresponde con un modelo totalmente injusto y el sistema no se puede mantener así, porque ha sido descubierto, además de sufrir distintas limitaciones. Por eso debe replantearse, como con lo que Shoshana Zuboff llama el capitalismo de la vigilancia. Pero al mismo tiempo, se debe replantear el orden y la forma de organizar dentro del machismo. La refundación del machismo tiene dos elementos clave: mostrar que todos los avances que hemos tenido es gracias a nuestros valores y creencias y que se han conseguido desde una posición neutral y también colectiva. 

No quieren reconocer que todo el proceso que nos ha llevado a que hayamos conseguido lo conseguido es uno androcéntrico, basado en los hombres. No ha sido colectivo, ha sido protagonizado, inspirado y desarrollado por hombres. Esta es la trampa de la refundación del machismo, que tenemos lo que tenemos y todo es colectivo y neutral, pero no lo es. Las mujeres pudieron ir a la universidad siete siglos después y esto es un ejemplo muy gráfico.


El machismo no ha hecho otra cosa que cambiar para seguir igual en siglos

¿Qué papel ha tenido el feminismo en este análisis que realiza de la guerra cultural y la refundación del machismo?

Ha sido la clave, desde luego. El machismo tiene que refundarse, porque el feminismo lo ha dejado al descubierto. Ha mostrado que todas estas injusticias que han sufrido las mujeres no eran hechos aislados derivados de un hombre puntual en el poder, sino que era parte de la construcción androcéntrica que entendía que la condición de ser mujer tenía limitaciones y no tenía capacidad de desarrollar nada. El feminismo ha permitido plantear la transformación cultural y sin esta transformación de lo esencial de la cultura del machismo no habría hecho falta refundar nada. El machismo no ha hecho otra cosa que cambiar para seguir igual en siglos. No ha tenido cambios transformadores, sino adaptativos. 

Cuando el feminismo empezó a transformar la realidad es cuando las posturas machistas dicen: “Esto ya toca nuestra esencia, nuestra cultura”. Y ahí se plantea la refundación. El feminismo es esencia y clave para provocar esto. ¿Y qué ha hecho esto para la refundación del machismo? Que se presenta el feminismo como un ataque a los hombres, a la historia, a la tradición. Los hombres tenemos un doble papel, el de reproducir estos valores que nos han dicho que son válidos y también actuar como garantes de esta cultura machista y vigilar a los otros hombres y cuestionarlos cuando no se comportan. 

Quien dio un gran paso en este sentido fue Donald Trump. En 2016, yo hablaba de él y el machismo exhibicionista, porque por primera vez alguien con una posición institucional tan alta utiliza y convierte el machismo en un instrumento de acción política. 

¿Cómo se explica que los jóvenes que han nacido en esto que usted llama 'cuarta cultura' sigan mostrando comportamientos machistas?

Esto ocurre porque el machismo es cultura y no conducta. La clave está en que cuando socializas en una sociedad en la que se van incorporando determinadas posiciones, para romper con esta cultura no basta con decir esto no se hace o no se dice. Se encuentran razones para justificar el comportamiento. Lo podemos ver en los chats de La Rioja o en los chicos que desnudaban a sus amigas con inteligencia artificial

Hay dos razones principalmente para explicar esta situación que vivimos. Que no hemos trabajado tanto la educación. Hemos ido corrigiendo consecuencias de la desigualdad, pero no hemos trabajado la igualdad como un elemento que ha de abordarse directamente. Hemos tratado la urgencia de abordar la violencia de género, la discriminación de las mujeres, la brecha salarial, todo eso ha requerido y desarrollado muchas políticas que han ido dejando de lado la educación, porque ha habido muchas reticencias. 

Y fíjate tú que lo primero que reivindican desde la derecha o la extrema derecha es 'proteger la educación' cuando no quieren que se toquen los valores que consideran tradicionales. Esto es lo que ocurre con el pin parental. Y además, denominan como adoctrinamiento a quienes quieren difundir los valores de igualdad. 

El otro elemento que hemos identificado es que desde las posiciones del feminismo no se ha insistido tanto en dirigirse a los hombres, pero el machismo sí ha entendido que hay que dirigirse a ellos para reivindicar su masculinidad. Te dice: 'Oye, que no te engañen'. Hay una serie de mensajes que han interpelado directamente a los hombres más jóvenes y esto ha hecho que con el mensaje histórico de la cultura machista se potencie lo que es propio, nuestro. Lo de los hombres. Por eso vemos jóvenes en posiciones mucho más machistas que años atrás. 

Dice en su libro que el machismo no es un sistema sostenible. ¿Hasta cuándo puede durar? ¿Qué plazo le da? 

Un sistema sostenible solo lo sería a través de la justicia. El machismo es injusticia y lo ha sido siempre. Y se ha sostenido porque se ha normalizado. Y en el momento en el que esto se cuestiona desde el feminismo, dices pues necesito otro elemento como puede ser la violencia para intentar mantenerlo. De esta manera, el machismo se hace sostenible entre comillas a través de la injusticia y la violencia. Pero esto no lo admitimos ya. Por mucha fuerza y poder que tengan, ya sabemos qué pasa. Somos conscientes de esta situación tan injusta.

Yo siempre recuerdo que cuando era niño veía a mujeres de mi entorno, a lo mejor madres de mis amigos, que decían 'tú estudia, para no depender de ningún hombre'. Esto lo decían mujeres sin estudios que no habían leído nada. Esto también es feminismo. Esta es la esencia de la clave feminista. El ideal de justicia, de igualdad ya estaban presentes y la gente era consciente de que estaba sometida. Y ese ideal de igualdad también está acompañado de un ideal de libertad y ya no vamos a renunciar a eso. La cosa es ahora cuánta fuerza habrá para evitar que esta igualdad no sea real. Porque el sistema machista está agotado, pero sigue en el poder. 


Presentan una realidad como que no hay machismo, no hay limitaciones, sólo circunstancias. 

¿Qué opina de la presencia de partidos políticos como Vox o de aquellos que los han aceptado en las instituciones en este contexto de guerra cultural del que habla?

Por supuesto, con mucha preocupación. Presentan cada paso que consiguen como una demostración de que realmente no había ningún problema, y presumen. Ya lo hicieron cuando se nombró a Esperanza Aguirre como presidenta del Senado. Utilizan estos elementos para decir que no hay ningún problema. O lo hizo ahora también el presidente de la Junta de Andalucía, cuando nombró el mismo número de mujeres como consejeras que de hombres como consejeros. Y dijo: “Ahora sí había mujeres preparadas”. ¿Eso qué quiere decir? ¿Quizá que no había mujeres preparadas hace cuatro años para nombrar a ocho consejeras?

Presentan una realidad como que no hay machismo, no hay limitaciones, solo circunstancias. Muchas mujeres conservadoras dicen que no quieren ser mujer cuota, sino que quieren el mérito. Pero esto es parte de la manipulación, de la estrategia política conservadora enraizada en los valores machistas que defienden el orden existente y cuestionan los valores de la igualdad. Se unen a estos planteamientos para mantener el orden, a través de la refundación del machismo, pero actúan en contra de los derechos y los ideales que reclaman igualdad y convivencia. 

A mí se me acercan hombres y mujeres de manera constante y me dicen 'no quiero que mi hija sea maltratada'. Pero nadie dice 'no quiero que mi hijo sea un maltratador'. Nadie lo piensa porque se entiende que eso solo lo hacen determinados hombres. 

En el fondo, este apoyo de las políticas conservadoras a los valores del machismo demuestran la sintonía que hay entre la referencia cultural y el ejercicio de la política que va contra la realidad social y se construye sobre una falacia.

¿Qué podemos hacer los medios de comunicación para comunicar mejor sobre igualdad?


Trabajar con profesionalidad y responsabilidad. Y esto exige conocimiento, pericia y estudio. Esto se consigue con una visión crítica. Escriben 'han matado a una mujer' y dan a entender que ocurre porque existe violencia en el mundo. Y no, mire usted. Esto es una violencia distinta, pero hay una construcción cultural que nos ha llevado a normalizar la violencia contra las mujeres. 

Por eso, los medios de comunicación han de asumir su toma de conciencia de que la realidad es machista y de que la expresión de esa realidad va a venir condicionada por las causas machistas. Y esto se describe sin revisión crítica y es algo que no es una opción, porque el derecho a la información es el derecho a que la sociedad conozca la realidad tal y como es.

Por Francisca Brarvo
Fuente: El Diario.es

octubre 28, 2023

La guerra del patriarcado. Una guerra silencio



Vivimos tiempos oscuros, todos los días nos llegan noticias de guerra y de muerte que se van extendiendo por distintas partes del mundo. En medio de la desolación y la violencia de los conflictos armados, se devela una oscura realidad que no podemos ignorar: la agresión sexual sistemática hacia niñas y mujeres.

Aunque los horrores de la guerra pueden manifestarse de múltiples maneras, la agresión sexual se convierte en una constante inquietante en estos escenarios. Esta realidad es el triste resultado de un problema mucho más profundo y arraigado en nuestras estructuras sociales.

No todas las guerras se libran en campos de batalla bajo el retumbar de balas; algunas se desarrollan en el silencio de la esfera social y cultural. Existe una guerra que ha perdurado a lo largo de la historia y que ha dejado un sinnúmero de víctimas, muchas de las cuales han permanecido en las sombras de la historia: «La guerra del patriarcado». Una serie de innumerables batallas invisibles, en las cuales las mujeres siempre resultamos ser las más afectadas.

El patriarcado, un sistema de dominación y control en el cual los hombres ostentan un poder desmedido sobre las mujeres, se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida a lo largo de la historia de la humanidad. Aunque en las últimas décadas hemos avanzado considerablemente en la lucha por la igualdad de género, aún subsisten muchas formas de discriminación y opresión que afectan a mujeres y niñas en todo el mundo.

Uno de los aspectos más dañinos de la guerra del patriarcado es la violencia de género. Millones de mujeres y niñas sufren violencia física, sexual o psicológica a manos de hombres cada año.

En el ámbito laboral, las mujeres también experimentamos desigualdades y discriminación salarial. A pesar de que hemos demostrado sobradamente nuestra valía en todos los ámbitos, continuamos enfrentando obstáculos para acceder a posiciones de liderazgo y recibir un salario justo. Estas situaciones perpetúan la desigualdad económica entre los géneros.

La falta de acceso a la educación y a atención médica adecuada también nos afecta significativamente en esta guerra contra las mujeres. En muchas partes del mundo, las niñas son privadas de educación debido a normas culturales y sociales que perpetúan la desigualdad de género. Además, seguimos enfrentando dificultades para acceder a servicios de salud sexual y reproductiva, lo que limita nuestra autonomía y capacidad para tomar decisiones sobre nuestro propio cuerpo y salud.

La cosificación de mujeres en los medios de comunicación y la cultura popular se convierte en otra arma poderosa en esta guerra. Las imágenes estereotipadas y sexualizadas de mujeres contribuyen a la normalización de la violencia y la desigualdad de género, afectando nuestra salud física y mental y perpetuando una cultura que nos reduce a simples objetos de deseo.

Ahora bien, en el contexto de los conflictos armados, todas estas vulnerabilidades derivadas de la discriminación y desigualdad de género se acentúan. Las estructuras de poder y control que subyacen en la sociedad se explotan y exacerban. Mujeres y niñas enfrentamos un riesgo significativamente mayor de ser víctimas de agresiones sexuales, incluyendo violaciones, esclavitud sexual y violencia Intrafamiliar.

El abuso sexual en conflictos armados se convierte en una táctica utilizada por los perpetradores como un medio de control, humillación y degradación de las comunidades a las que se dirige. No se trata solo de una expresión de violencia física, sino también de un ataque a la dignidad de las mujeres y un intento de socavar nuestra posición en la sociedad. Esta forma de violencia perpetúa la noción de que las mujeres somos objetos desechables en medio de la guerra, y refuerza la supremacía masculina.

La conexión entre la agresión sexual en conflictos armados y la guerra eterna del patriarcado es innegable. La guerra es el escenario más crudo y desgarrador de una lucha de género que se extiende mucho más allá del campo de batalla. Las raíces profundas de la discriminación de género se entrelazan con la violencia en tiempos de guerra.

Para cambiar esta realidad debemos seguir combatiendo al patriarcado en todas sus expresiones. La igualdad de género debe ser promovida y defendida en tiempos de paz y conflicto.

Fuente: In Feminismo

septiembre 26, 2023

Clotilde Proveyer Cervantes: Tenemos que desmontar la familia patriarcal en Cuba

En Cuba se manifiestan todos los tipos de violencias machistas, desde las más sutiles hasta las más evidentes. Reconocerlas y poder identificarlas es imprescindible para prevenirlas y atenderlas, asegura la Doctora en Sociología e investigadora Clotilde Proveyer Cervantes, profesora de la Universidad de La Habana.

«Si no desmontamos las concepciones sexistas, las visibilizamos, deslegitimamos y reestructuramos en forma de valores y conciencia, de manera intencionada, es muy difícil que podamos desnaturalizar lo que no es natural», sostiene la también coordinadora del Grupo asesor de la Federación de Mujeres Cubanas para la atención y prevención de la violencia de género.


¿Cómo saber que estamos ante una situación de violencia por motivos de género? ¿Cómo identificarla?

La violencia de género expresa relaciones de poder históricamente desiguales, que se reflejan en la vida pública y privada. Tiene que ver con el contexto general de discriminación que, a lo largo de la historia, ha colocado a las mujeres en situación de subordinación y desvalorización, mientras ha puesto los hombres en el polo contrario, a detentar el poder y utilizarlo como mecanismo de dominación violento en sí mismo, para poder perpetuarlo y reproducirlo a lo largo de la historia.

Es la violencia de lo masculino sobre lo femenino, por lo que incluye a todas las identidades disidentes que trasgreden las normas; es la que le permite al patriarcado reproducirse, legitimarse y mantenerse históricamente para garantizar la dominación masculina. Es la violencia sexista, la violencia machista, la violencia patriarcal.

Está naturalizada e invisibilizada a nivel social, se incorpora por aprendizajes culturales y por eso no es sencillo identificarla. Muchas veces se hace cuando ya es inobjetable, en sus mayores gradientes: una bofetada o un golpe que genera lesiones; una ofensa demasiado evidente que excluye la condición de sujetos de las personas; o cuando causa la muerte.

Sus señales pueden estar a la vista, pero las dejamos pasar porque se han vuelto parte de nuestra vida diaria. Las hemos normalizado al punto de pensar que la violencia en las parejas es algo común. Puede expresarse en detalles sutiles como los chantajes emocionales, el control sobre la forma de vestirse, en cómo el hombre sustrae a la mujer de su entorno de relaciones y controla su tiempo. A veces lo que a ella le gusta va dejando de ser parte de su cotidianidad y ese espacio lo ocupan los intereses y relaciones de su pareja.

Más allá de lo evidente, cualquier acción que neutralice o impida la autonomía de una mujer o de una identidad disidente del binarismo y las normativas heteropatriarcales; que le limite la capacidad de comportarse como sujeto, por muy sutil e insignificante que parezca, es un signo evidente de violencia de género: el control, los celos, la posesividad; dejar poco espacio para vivir la vida responsablemente, con proyectos autónomos

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¿Por qué se asegura que la violencia de género es estructural?

Porque está relacionada con la injusticia social de las desigualdades de género y se realiza a través de mediaciones institucionales y estructurales. Tiene que ver con la forma en que están organizadas las relaciones sociales para colocar lo masculino como eje de referencia en el poder y quehacer social.

Es la violencia del patriarcado como sistema de dominación; todo un heterosistema que mantiene bajo control a más de la mitad de la población del mundo; la base ideológica y organizativa de las sociedades modernas. Es la principal herramienta para generar y perpetuar ese sistema basado en la desigualdad e injusticia social, que supone la inferioridad histórica de las mujeres.

Esa desigualdad jerárquica entre hombres y mujeres, construida culturalmente, es legitimada y reproducida por las propias estructuras sociales. Las mujeres también somos garantes del patriarcado, al aprender los papeles sociales del deber ser femenino como cuidadoras, tiernas, dóciles y subordinadas. Por tanto, también transmitimos en la educación de hijas e hijos ese patriarcado.

¿Cuáles son las principales formas en que se expresa la violencia machista en Cuba?

En Cuba se manifiestan todos los tipos de violencias, desde las más sutiles, como el chantaje emocional, el silencio anulador, las formas más simbólicas e invisibilizadas, el control y la posesividad –que cuestan más identificar por el proceso de legitimación cultural–, hasta la muerte o femicidio. En nuestro contexto, la violencia de género como problema de derecho, social y de salud se da en todos sus gradientes. Es un problema que no puede desestimarse, porque lejos de disminuir nos encontramos en un contexto de incremento de la violencia en todas sus manifestaciones.

¿A qué se le llama microviolencias? ¿Cómo identificarlas?

Fueron clasificadas por el español Luis Bonino como pequeños y casi imperceptibles controles y abusos de poder, cuasi normalizados, que ejercen los hombres de manera permanente como maniobras de dominio. Como no son notables, las mujeres no los identifican como violencia, aunque restringen su poder personal, autonomía, equilibrio psíquico y afectan la democratización de las relaciones.

Bonino dice que son modos larvados de dominación, difíciles de identificar, que generan efectos dañinos a más largo plazo. No son evidentes al comienzo de una relación, por eso son efectivos. Están invisibilizados por la aceptación cultural de la subordinación de las mujeres, por eso no se cuestionan. Tienen una gama muy amplia, se inscriben en la subjetividad, actúan impunemente y son percibidas por las mujeres como muestras de amor o parte de la relación. No son menos dañinas, pues generan traumas, enfermedades orgánicas a partir de la somatización del deterioro de la autoestima y la prolongación de la condición de subordinación que muchas veces las mujeres ven como destino o parte de los mandatos de género.

Ese actuar sostenido encuentra muy pocas resistencias y va adquiriendo gradientes cada vez mayores. Pasa de actos imperceptibles a violencia extrema, según el ciclo se va instalando en la cotidianidad de la relación. Tiene que ver con la descalificación, la desautorización, el sexo impuesto, el control de las acciones, con desentenderse de lo doméstico y con la carga que convierte a las mujeres en responsables y agentes de cuidado de personas enfermas, ancianas y discapacitadas de sus familias y también de las familias de sus parejas. Y así, un sinfín de estrategias abusivas que se valen de tácticas y del lenguaje verbal y extraverbal, como construcciones simbólicas que remiten al ejercicio de la violencia.

¿Cómo desnaturalizar y reconocer esas diversas expresiones de violencia?

Desnaturalizar lo que no es natural pasa por promover el cambio cultural. Podremos tener leyes y una transformación legislativa como la actual, que ha visibilizado y colocado la violencia de género en la normativa jurídica; pero si no desmontamos las concepciones sexistas, será muy difícil aplicarlas.
Debemos sensibilizar e implementar currículos con perspectiva de género para identificar las causas de discriminación y las inequidades. Tenemos que desmontar la familia patriarcal, las concepciones de ese tipo que predominan en ellas y la educación sexista. Trabajar con los medios de comunicación que son portadores de esos valores y los legitiman; capacitar a decisores, realizadores y autores de textos; modificar los imaginarios sexistas de quienes administran la justicia, policías y de todas las personas que tienen la obligación de prevenir y atender la violencia.

Por Sara Más masfarias5@gmail.com
Fuente: SemMéxico/SEMlac

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