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agosto 17, 2026

Rosa Cobo, académica, afirma: “La mercantilización de los cuerpos de las mujeres no puede ser considerada nunca como feminismo”

Rosa Cobo, académica: "La conversión de los cuerpos de mujeres en mercancías no puede entenderse como feminismo nunca"
Archivo - La investigadora Rosa Cobo, en una foto de archivo.- Gustavo Valiente - Europa Press - Archivo

La investigadora y presidenta de la Red Académica de Estudios sobre Prostitución y Pornografía (RAIEPP), Rosa Cobo, ha defendido este viernes que “la conversión de los cuerpos de las mujeres en mercancías no puede entenderse como feminismo nunca”.

“Hay una operación en curso para crear un relato hegemónico en el que se está intentando que se coloque la idea de que en la cuarta ola (del feminismo) hay dos voces, hay dos posiciones políticas sobre la prostitución, una abolicionista y otra regulacionista. Sin embargo,”, ha asegurado.

Así lo ha puesto de manifiesto durante la inauguración del I Encuentro Abolicionista, que se celebra en Madrid este viernes y sábado. En este sentido, ha indicado que, aunque algunas mujeres se definan simultáneamente como feministas y regulacionistas, ello no convierte al regulacionismo en una posición feminista. Frente a quienes consideran la prostitución como trabajo sexual, ha señalado que se trata de una forma de “explotación sexual y económica”.

También ha advertido de que no es posible apelar a la libertad sin garantizar condiciones materiales de igualdad, especialmente en el caso de colectivos vulnerables. “Solo cuando se tienen ciertos niveles de igualdad se puede hablar de libertad”, ha recalcado.

De la misma manera, ha destacado el papel del abolicionismo en España, al que definido como uno de los movimientos “más fuertes” de Europa y del mundo. Destacó su carácter diverso, su implantación territorial y su arraigo dentro del feminismo.

Asimismo, ha subrayado la importancia de la incorporación en los últimos años de las mujeres supervivientes de prostitución, cuya “poderosa” voz, según ha informado, ha “ensanchado” el movimiento.

El encuentro, según ha explicado, tiene como objetivo fomentar el diálogo interno del abolicionismo, reforzar estrategias comunes y avanzar hacia consensos. En este contexto, Cobo ha apelado a no desaprovechar el “momento histórico”, al asegurar que una mayoría social considera la prostitución una forma de “violencia contra las mujeres”.

“TENEMOS QUE SOÑAR CON ACCIONES GRANDES”

“Tenemos que soñar con acciones grandes, creo que tenemos que sacar nuestra voz de este espacio de confort que quizá es el feminismo y tenemos que esa voz llevarla fuera, sacarla de nuestros espacios y llevarla a otros espacios que no son feministas, pero que sin embargo podrían suscribir muchas tesis abolicionistas”, ha apuntado.

Finalmente, ha avisado de la prostitución no solo afecta a las mujeres que la ejercen, sino al conjunto de las mujeres, “potencialmente prostituibles” y “objeto de violencia sexual”. “No vamos a permitir que ni la situación ni fuerzas, que muchas veces son ocultas, nos roben este sueño de acabar con una de las formas más extremas, más brutales, pero también más criminales de violencia contra las mujeres. Primero contra las mujeres prostituidas y después contra todas las mujeres”, ha concluido.

Fuente: EUROPA PRESS

noviembre 11, 2025

La Fiscalía de España elimina por primera vez anuncios sobre gestación subrogada en internet




Imagen de archivo de una mujer embarazada. EFE/Juan Ignacio Roncoroni


La Fiscalía ha acabado con varias campañas de empresas dedicadas a gestionar vientres de alquiler que se anunciaban a través de páginas web o redes sociales, tras abrir por primera vez en España unas diligencias por publicidad ilícita sobre gestación subrogada.

Esta cruzada contra anuncios de empresas de gestación subrogada, que proliferan en internet y en la mayoría de casos en páginas webs internacionales, fue impulsada desde la Fiscalía de Barcelona por Paloma Pelegrín, responsable de la nueva área de defensa de los consumidores y usuarios, que inició su andadura hace año y medio.

El origen de las diligencias es una denuncia presentada por una asociación feminista de Vigo que pedía que se investigara, por la vía penal, a entre 20 y 30 empresas de gestación subrogada que se anunciaban por internet, lo que está expresamente prohibido por la ley de salud reproductiva de 2023. Otra norma de 2016 establece la nulidad de los contratos de ese tipo de reproducción asistida.

Publicidad ilícita

Una vez descartada una investigación penal, al no haber constancia de esas prácticas de gestación subrogada que se anunciaban, la Fiscalía abrió diligencias preprocesales, por la vía civil, para determinar si las páginas web y el contenido difundido por redes sociales podían constituir publicidad ilícita.

En el marco de esas diligencias, la fiscal remitió requerimientos a dos de las empresas que gestionaban esas webs localizadas en Barcelona, que, de esa forma, optaron por retirar sus campañas publicitarias de internet, cierre que se materializó entre finales de 2024 y este año.

Los casos de anuncios gestionados por empresas de otras provincias españolas se remitieron a las Fiscalías respectivas, lo que también ha dado sus frutos.

El pasado mes de abril, el ministerio público logró que el Juzgado de lo mercantil número 12 de Madrid dictara unas medidas cautelares para obligar a una empresa de gestación subrogada a cerrar su página web y los anuncios que difundía por Facebook, Instagram o X.

Un mes después, el juzgado estimaba la demanda de la Fiscalía y condenaba a la empresa por "realizar publicidad ilícita", al tiempo que le obligaba a difundir su sentencia en las mismas redes sociales donde había anunciado los vientres de alquiler.

Cosificación de mujeres y niños

Según la Fiscalía, las campañas de las empresas analizadas, muchas de las cuales ofrecían vientres de alquiler en Ucrania, no solo incumplían la legalidad por publicitar la gestación subrogada, sino que además incluían un contenido que "cosificaba" a las mujeres y a los embriones, tratando a ambos como meras mercancías y con un llamativo sesgo racial, en el que se resaltaban su piel blanca.

Las actuaciones de la Fiscalía resultan, sin embargo, insuficientes, dado que las páginas webs sobre gestación subrogada se multiplican constantemente en internet, en la mayoría de casos amparadas en páginas internacionales cuyo cierre entraña mayor complejidad.

Por ese motivo, la Fiscalía se plantea acudir a la Audiencia Nacional para que, a través de la vía contencioso-administrativa, sean los tribunales los que fuercen el cierre de esas páginas web por vulneración de la legislación española en materia publicitaria.
Webs que promueven la anorexia

Otro de los caballos de batalla de la Fiscalía de Consumo de Barcelona es poner coto a las publicaciones en internet que promueven los trastornos alimentarios, un fenómeno cada vez más frecuente en redes sociales.

La Fiscalía de Barcelona presentó una denuncia contra una de esas webs que promueven la bulimia o la anorexia, pero el juzgado acabó archivando la investigación por la imposibilidad de determinar quién estaba detrás de esas publicaciones, dado que las comisiones rogatorias expedidas en busca de colaboración internacional resultaron infructuosas.


Fuente: EFE | Barcelona 

octubre 23, 2025

Gestación subrogada en Colombia: un mercado en auge que sortea la ley

Clínicas, fundaciones, agencias intermediarias, reclutadoras de mujeres para gestar… El mercado de los vientres de alquiler incluye a múltiples actores en un país que no cuenta con una ley específica. El Ministerio de Salud confirma que carece de mecanismos para supervisar que los procedimientos, que siempre deben ser ‘altruistas’, se ajusten a las directrices establecidas por la Corte Constitucional en el año 2009.
Interior de las oficinas de una agencia, ubicada dentro de un hotel en el norte de Bogotá. Marina Sardiña
“Si eres mujer y buscas trabajo esta es tu oportunidad. ¡Trabaja como gestante subrogada alquilando tu vientre!”.

Muchas mujeres colombianas descubren la posibilidad de ser gestantes subrogadas a través de las redes sociales. A diario, clínicas, agencias, reclutadoras y padres de intención publican sus ofertas, y decenas de mujeres responden atraídas por la promesa de una ganancia significativa. Aunque estos procesos suelen presentarse como altruistas, las compensaciones pueden doblar el salario mínimo anual. La falta de regulación y las profundas desigualdades socioeconómicas impulsan la expansión de este lucrativo mercado.


Para comprender este negocio en Colombia, La Marea ha seguido durante varios meses la actividad de grupos de gestación subrogada en redes sociales; ha visitado clínicas y agencias de intermediación; ha analizado documentos; ha entrevistado a decenas de mujeres –subrogantes, reclutadoras de gestantes, abogadas, legisladoras, profesionales y exprofesionales de las clínicas–. El resultado revela un panorama complejo y a menudo opaco, donde numerosos actores se benefician de los vacíos legales existentes y en el que las mujeres gestantes son la parte más vulnerable del proceso.

Collage con diversos anuncios y mensajes en redes sociales para fomentar la gestación subrogada y atraer a mujeres gestantes.

Parte I: Sin rastro de altruismo

En el país andino operan 45 clínicas especializadas en reproducción asistida, según el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos. Varias de ellas han expandido sus servicios para incluir la gestación subrogada en su oferta, pese a la ausencia de una ley específica.

Desde el año 2009, la Corte Constitucional ha exhortado hasta seis veces al Congreso para legislar y ha emitido una serie de lineamientos para la realización de los procedimientos de gestación por subrogación, entre ellos que la práctica debe realizarse de forma altruista, es decir, sin ánimo de lucro. También se fijaron requisitos como haber tenido al menos un embarazo y no más de dos cesáreas, que la mujer no tenga un fin lucrativo y no encontrarse en situación de vulnerabilidad psicológica o económica. Sin embargo, no existe una autoridad encargada de supervisar el cumplimiento de estas directrices y, ante la creciente demanda de gestantes, resulta imposible garantizar que las clínicas las respeten.

“Eso es un tema de responsabilidad social de la clínica, de quien evalúa todo esto”, explica Natalia Afanador, abogada especializada en derecho comercial y familiar, quien trabaja desde hace más de una década asesorando a clínicas y padres de intención. “Hay quien lo maneja con ética, responsabilidad y seguridad, dándole valor al proceso, y otros que solo buscan lucrarse”. El Ministerio de Salud confirmó a través de un portavoz que no tiene mecanismos para supervisar casos individuales ni realizar seguimientos específicos de estos procedimientos.

La mayoría de las gestantes entrevistadas para esta investigación proceden de contextos de precariedad y reconocieron estar motivadas principalmente por razones económicas. Las retribuciones por completar el proceso rondan el equivalente a 10.000 euros –casi el triple del salario mínimo anual colombiano–. Esta cantidad representa alrededor del 17% de los 60.000 euros que de media suelen abonar los padres de intención, también llamados comitentes en los contratos.

“He trabajado como en diez países. Colombia es el mejor país del mundo”, comentó en una entrevista telefónica Bleu Jean Luc Olivier Joel, director de la agencia de intermediación entre padres de intención y gestantes Dreamstork y cofundador en España de World Medical Healthcare SL (anteriormente conocida como Baby Is Life Consulting SL). Joel dice apreciar el hecho de que las mujeres colombianas no suelen pedir dinero extra ni chantajean a los padres de intención a través del bebé: “Las chicas son una maravilla”.

Joel también considera que las mujeres realizan estos procesos por dinero, algo que defiende, ya que en su opinión la subrogación altruista no es justa: ”Le pagan a la clínica, al abogado, todo el mundo recibe algo y la gestante no recibe nada. No es lógico”.

Según José Pablo Saffon, director y asesor científico de la clínica Babynova By Novafem, las cantidades que se pagan a las gestantes se realizan con el dinero que abonan las familias de intención y “siempre están definidas en el marco de la subrogación altruista”.

La ausencia de una definición clara sobre qué constituye altruismo deja amplios márgenes a la interpretación. “Las clínicas se amparan en que son compensaciones, no pagos”, dice la abogada penalista Margarita Useche. Por ello, la Corte Constitucional ha instado al Congreso a legislar para subsanar los vacíos normativos.
Parte II: Acuerdos privados, contratos «opacos»

Una vez aceptadas como candidatas idóneas, las mujeres proceden a la firma de contratos. Analizar los convenios que regulan estos procesos no es tarea sencilla, las clínicas y abogados consultados por La Marea fueron reacios a facilitar sus modelos de contrato de gestación subrogada. Finalmente, periodistas de este equipo accedieron a diez contratos de distintas gestantes y empresas con el fin de revisar sus cláusulas.

Ejemplos del tipo de cláusulas incluidas en los contratos.

Por lo general, las gestantes firman los contratos de subrogación con los padres de intención en las oficinas de las clínicas, mientras que sus contrapartes lo hacen a distancia. En algunos de estos documentos se detallan numerosas cláusulas que, según varias expertas en derecho civil y penal consultadas, podrían estar vulnerando derechos de las mismas mujeres. Por ejemplo, en aquellos casos en que las gestantes se comprometen a no salir de Colombia durante el embarazo y durante los 120 días posteriores al parto. También hay restricciones relacionadas con la interrupción voluntaria del embarazo, que riñen con la última sentencia de la Corte Constitucional: C-055 de 2022, que despenalizó el aborto hasta la semana 24 de gestación. 

El hecho de que las clínicas no aparezcan en estos contratos, pese a ser las prestadoras del servicio médico, resulta problemático según algunas investigadoras y abogadas consultadas. Por el contrario, el presidente ejecutivo de la Asociación Colombiana de Clínicas de Gestación por Sustitución y asesor legal de Novafem, Simón Hernández, opina que el hecho de que las clínicas no aparezcan en los contratos no implica ausencia de responsabilidad extracontractual. Si la gestante sufre un daño no previsto, puede acudir a los tribunales para exigir responsabilidad extracontractual de la clínica y obtener una indemnización. Hernández enfatiza que “no hay opacidad” en estos acuerdos.

Pero contratar asistencia legal para demandar a una clínica es algo que se antoja imposible para las mujeres entrevistadas, debido a que no cuentan con los recursos económicos para costear los gastos ni pueden emplear el dinero obtenido realizando estos procesos puesto que, por lo general, son un ingreso para sostener a sus propias familias.
Consentimiento médico

Además del contrato privado con los padres de intención, las gestantes firman un consentimiento médico informado en el que el especialista sanitario responsable explica todos los riesgos que conlleva el procedimiento al que se someterán. Ese es el único documento que firman conjuntamente mujeres y personal de las clínicas. 

Ninguna de las entrevistadas durante esta investigación dijo entender realmente cuáles eran los riesgos para su salud de seguir un proceso de gestación subrogada, aunque sí confirmaron que les hacían firmar numerosos documentos en cada consulta médica. Algunas mujeres que ya habían completado el proceso señalan que, pese a haber sentido en ocasiones que se vulneraron sus derechos —por ejemplo, mediante cesáreas que evaluaron como innecesarias—, no se sentían seguras para reclamar por temor a perder todas las compensaciones comprometidas. 

Marcela Gómez Molina, jueza 38 de familia de Bogotá y docente de la Universidad Nacional, remarca el desinterés por parte de la Fiscalía General de la Nación y de la Corte Suprema de Justicia para estudiar la legalidad de estos contratos. “Si una mujer gestante llega a tener algún problema, va a tener que demandar al médico que puso el embrión en su cuerpo, porque es la persona que tenía que darle el consentimiento informado de lo que fuera a pasar”, señala.

Parte III: El papel de las fundaciones de ‘acompañamiento’

“Un mejor futuro es posible con un Plan, nosotros te brindamos las herramientas para hacer realidad tus Metas”. Es el mensaje que se lee en la página web de la Fundación Deseo de Vida, donde se promociona la posibilidad de “lograr tus sueños” gracias a la subrogación. 

Usualmente, los pagos a las gestantes que las clínicas denominan “compensaciones” no proceden de forma directa de los centros de fertilidad, sino que suelen ser transmitidos por entidades sin fines de lucro creadas con el propósito de apoyar a las gestantes en los temas burocráticos y canalizar el dinero que los padres de intención pagan por estos procesos. En ocasiones, sus directores tienen o han tenido estrechas relaciones con las clínicas. “Se han encargado de dar acompañamiento para evitar abusos”, argumenta la abogada Afanador, que asegura que hacen “realmente un seguimiento humanitario».

Este medio ha podido confirmar -a través de comprobantes de pagos, transferencias bancarias y otra documentación- cómo algunas clínicas recurren a las fundaciones para transferir pagos a las gestantes. En ocasiones, también pagan a reclutadoras, mujeres que ya participaron en procesos de gestación subrogada y que se dedican a localizar a otras para estos procedimientos.

Hacer pagos de cantidades tan elevadas a las mujeres gestantes no es fácil, ya que los procedimientos de subrogación en Colombia deben ser altruistas. Ante una eventual denuncia contra una clínica, “lo primero que preguntaría un juez es: ‘Si no estás en el contrato, ¿por qué pagas?’”, argumenta Natalia Rueda. Por ello, esta investigadora ve una correlación en el hecho de que las clínicas no suelen ser mencionadas en los contratos y que algunos pagos se realicen a través de fundaciones.

Los recibos a los que ha tenido acceso La Marea detallan las cantidades y los conceptos de los pagos, desglosándolos en categorías relacionadas con el apoyo (ingresos mensuales durante el embarazo), los anticipos, las medicinas o, literalmente, la “conducta” de la mujer gestante.

La premisa de que las fundaciones se utilizan para enviar montos de dinero a las mujeres fue negada por el director de la clínica Celagem, Pedro Martínez, quien aseguró a este medio en una primera entrevista que son directamente los padres de intención quienes se comprometen con la gestante asignada para su manutención durante el embarazo. 

Sin embargo, este medio ha podido conocer el intercambio de información entre una gestante de la clínica Celagem y empleadas de la Fundación Grandes Corazones, con sede principal en Panamá y presidida por la esposa del director de Celagem, en el que se menciona tanto los desembolsos de pagos y mensualidades como los trámites burocráticos para afiliar a la gestante al sistema de seguridad social, pensiones y seguro de vida que los padres comitentes están obligados a financiarle durante el embarazo. 

Martínez se negó a hacer comentarios a las preguntas formuladas por La Marea por correo electrónico después de la primera entrevista y una visita autorizada a su clínica. Tampoco respondieron representantes de la Fundación Grandes Corazones.

Por otro lado, la directora de la Fundación Deseo de Vida, exempleada de la clínica Babynova By Novafem, aparece en un documento informativo para gestantes emitido en la primera mitad de 2024, donde se la menciona como responsable de coordinar las compensaciones mensuales. Saffon, director de Babynova By Novafem, aseguró por correo electrónico que en julio de 2024 dejó de colaborar con la fundación y que ahora el acompañamiento se realiza directamente desde la clínica. “Las gestantes reciben compensaciones altruistas, gestionadas de manera transparente por medio de transferencia bancaria dentro del programa, con recursos aportados por las familias de intención, destinadas únicamente a cubrir los gastos y necesidades derivados del proceso de gestación”, recalca Saffon. 
Parte IV: El oficio de reclutar para las clínicas

Los mensajes que abundan en Facebook y WhatsApp buscando gestantes para subrogación en la mayoría de los casos son redactados por mujeres que fueron subrogantes en el pasado y que ahora se dedican a buscar nuevas candidatas para las clínicas, conocidas como reclutadoras.

“Tengo agencias y clínicas que me contactan para reclutar chicas, pero no hago acompañamiento, solamente envío a la chica”, explica Eslendy Rodríguez, una reclutadora que trabaja de manera autónoma buscando mujeres y actuando como intermediaria en la relación tripartita: “Las busco en la calle, a las puertas de los colegios, en centros comerciales, en parques… Les cuento de mi trabajo y experiencia como gestante subrogada”.

Las más experimentadas tienen incluso sus propias agencias o emprendimientos para asesorar y acompañar a las gestantes y a los padres de intención durante todo el embarazo. “[A los padres comitentes] les estoy cobrando 12 millones de pesos (2.600 euros), con un anticipo de 6 millones cuando empiezo a conseguir a las gestantes”, explica.

Lina Garzón, una de las reclutadoras más veteranas y que se autodefine como “asesora”, confirmó que “los pagos los realizan directamente las clínicas” para las que afirma trabajar. En este momento, “hay muchas clínicas que le han dado la oportunidad a las mismas gestantes no solamente de hacer un proceso de gestación subrogada, sino de recomendar a otras chicas que quieran hacer el proceso y poder ganar algo”, explica a través de mensajes de audio.

Distintos testimonios coinciden en que existen reclutadoras que, además, cobran un porcentaje a las futuras gestantes por referirlas a las clínicas. Este medio fue informado sobre las conversaciones entre una mujer y una “agencia de asesoramiento” en las que se fijaba el coste de sus servicios de acompañamiento en un 3% del total que percibiría la gestante por el proceso. A cambio, le aseguraban que encontrarían la opción que le permitiera ganar más de lo prometido en el anuncio.Mensaje de una referidora en un grupo de WhatsApp y anuncio en Facebook.

Para leer la investigación íntegra:https://www.lamarea.com/2025/10/21/colombia-vacios-legales/

enero 29, 2025

Las mujeres gestantes en el entramado de la industria de los vientres de alquiler

Esto es un adelanto de un trabajo transnacional sobre el negocio de los vientres de alquiler en España, Grecia, Ucrania y Georgia, desarrollado con la financiación de Journalismfund Europe.

INVESTIGACIÓN] Las mujeres gestantes en el entramado de la industria de los  vientres de alquiler | lamarea.com

Esta fotografía forma parte de un ensayo sobre la maternidad subrogada de la fotógrafa ucraniana María Volkova, creado en el marco de esta investigación apoyada por la Journalismfund European.

En España, la gestación subrogada es considerada una forma de violencia contra las mujeres gestantes y los bebés gestados. En Grecia, únicamente está permitida –y para parejas heterosexuales que obtengan aprobación médica y legal– la subrogación llamada altruista. Ucrania, por su parte, es uno de los epicentros de la maternidad subrogada no sólo para las parejas heterosexuales europeas, sino cada vez más, chinas y árabes. Y la vecina Georgia ha comenzado a beneficiarse de este negocio sobre todo a raíz de la invasión rusa, debido a la falta de mujeres para poder suplir la demanda.

La industria de los vientres de alquiler ha pasado de facturar más de 14.000 millones de dólares en 2022 a 17.900 en 2023, según datos de The Economist, que prevé que supere los 139.000 millones de dólares en 2032. Se trata de uno de los negocios transnacionales más pujantes en todo el mundo, pese a no estar regulado en la mayoría de los países. 

En este contexto, y desde septiembre de 2024, las periodistas Patricia Simón, Queralt Castillo Cerezuela, Liza Torosyan y María Volkova, con el apoyo de la Journalismfund Europe, han investigado cómo trabajan, coordinadamente, las agencias, las clínicas, los bufetes de abogacía, los lobbies y algunos partidos políticos de estos cuatro países europeos con legislaciones muy diferentes al respecto, pero muy conectados entre sí. 

En Grecia, por ejemplo, sólo se permite cubrir los gastos ocasionados a la gestante, pero dos de cada tres mujeres que acceden a quedarse embarazadas por encargo son extranjeras procedentes de países más pobres que la República helena. En un estudio con los perfiles de las mujeres que se someten a estos procedimientos hay un dato revelador: el 24% de estas mujeres tiene una relación laboral preexistente con la pareja contratante. Esto, y la falta de controles y fiscalización, arroja sospechas sobre posibles pagos por vías no oficiales.

En Ucrania, varias investigaciones judiciales han encontrado indicios de supuesto tráfico de personas, falsedad documental y evasión fiscal, entre otros delitos, en empresas como Biotexcom, con la que colaboró durante años la agencia fundada en España Subrogalia. Una empresa vinculada con la clínica radicada en Kiev Interfiv, cerrada por una investigación judicial ucraniana, y en cuya sede se abriría posteriormente Intereco, que permanecía con la persiana echada en el momento de realizar esta investigación. Algunas de estas causas han sido archivadas y algunos fiscales que las llevaron a cabo apartados de sus cargos.

La invasión rusa de 2022 ralentizó inicialmente este negocio –que ya vuelve a aproximarse a las cifras de los años previos a la pandemia de COVID-19–, lo que favoreció su florecimiento en países como Georgia. Allí, las clínicas trabajan con agencias internacionales que proporcionan estas mujeres, muchas de ellas procedentes de Uzbekistán y Kazajistán. 

Como adelanto de esta investigación, y a la espera de que el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España aclare las medidas que adoptará para prohibir el trabajo de las agencias mediadoras en este país, publicamos dos entrevistas con mujeres que han sido madres gestantes por subrogación en Ucrania y en Georgia. Pese a ser quienes asumen mayores riesgos y quienes tienen menor capacidad de negociación, comparten su convencimiento de que ser vientres de alquiler es su mejor estrategia de supervivencia para mejorar las vidas de sus familias. 

El resultado completo de la investigación será publicado en una serie de reportajes en diferentes medios europeos, entre ellos La Marea.

Para seguir leyendo: https://www.lamarea.com/2025/01/24/investigacion-las-mujeres-gestantes-en-el-entramado-de-la-industria-de-los-vientres-de-alquiler/ 

Fuente: La Marea

julio 23, 2024

La necesaria abolición mundial de la gestación subrogada



Me entero con preocupación del avance regulatorio en Europa de la gestación por sustitución, conocida también como vientres de alquiler o como gestación subrogada. La “preciosa y glamurosa” gestación subrogada es, en realidad, un sucio negocio que interfiere en la vida de mujeres que necesitan el dinero, manipuladas por un sistema que les ha convencido de que vender su fertilidad es generosidad (donación de óvulos) o que, mediante la feminización de la pobreza generada por el propio sistema patriarcal, obliga a mujeres pobres a alquilarse a gente rica para sobrevivir o para que sobrevivan sus hijas o hijos nacidos previamente.

Por eso es imprescindible que se conceptualice bien qué es la gestación por sustitución. Y desde luego, lo que no es: Para empezar, dejando bien claro que LA GESTACIÓN SUBROGADA NO ES UNA TÉCNICA DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA. Ya que, aunque se precisan técnicas de reproducción asistida para inducirla, LA GESTACIÓN ES UN PROCESO BIOLÓGICO que suele realizarse, además, troceando la maternidad mediante una mujer “donante” y una madre «gestante».

Hay que dejar claro también que la mujer, salvo excepciones muy tasadas, no “dona” sus óvulos -como se hace creer con la obscena manipulación del lenguaje a la que nos tiene acostumbrado el patriarcado- sino que LOS VENDE A CAMBIO DE UN DINERO QUE NECESITA. Y consiste en un tratamiento invasivo de estimulación ovárica e intervención quirúrgica para extirparlos. Como es lógico, con riesgos para su salud, desde leves, a graves o muy graves tales como moratones, cansancio o pesadez general, sequedad vaginal, infecciones bacterianas o fúngicas, síndrome de hiperestimulación ovárica, torsión ovárica, depresión, ansiedad, etc.

En cuanto a la mujer gestante (otra distorsión del lenguaje para no decir “madre”) a quien se insemina para inducir la gestación, se la utiliza a ella y no solo a su cuerpo (como si además este pudiera disociarse de la persona). Y esa mujer actuará, bajo contrato, absolutamente cosificada, es decir, como una incubadora humana; en un altísimo porcentaje, se trata de mujeres pobres y/o vulnerables, a las que se alquila e hipoteca la vida (y, si tienen progenie, la de sus criaturas) – vulnerando en este proceso algunos de sus DDHH básicos a los que se ve obligada a renunciar según el clausulado contractual. Quiero recordar, al respecto, que los derechos humanos son derechos sociales ejercitables -PERO NO RENUNCIABLES- individualmente.

Por otra parte, el márquetin de la GS vende el proceso de gestación por sustitución como algo altruista, maravilloso, lleno de glamour y fotos de parejas embelesadas con la criatura nacida, ocultando sistemáticamente qué les ocurre a las madres durante o con posterioridad al parto. Porque, como se trata de mujeres pobres y, además, en países también pobres, durante la gestación o, culminada esta, nadie se preocupa de realizar estudios independientes y rigurosos sobre las repercusiones físicas y psíquicas de estos embarazos en las mujeres que los llevan a cabo, obligadas por la estricta necesidad. A pesar de que se intenta edulcorar, las mujeres son, en realidad, inmediatamente desechadas… salvo que se presten a un nuevo proceso de embarazo.

Pero en fin, ateniéndonos a los riesgos generales de la -en estos casos, obligada- Fertilización in Vitro (FIV) y a los riesgos que también supone cualquier gestación inducida mediante esta técnica, sabemos:

1) Que, dada la escasa probabilidad de éxito de una FIV a la primera, la mujer obligada por las circunstancias a prestarse a un contrato de gestación subrogada, deberá someterse habitualmente a varios procesos de fertilización hasta conseguir una gestación exitosa.

2) Que la inseminación de óvulos de donante implica, como poco, la preparación del endometrio para optimizar su receptividad.

3) Que el riesgo de aborto es mayor en el caso de FIV que en el embarazo natural por lo que es probable que tenga diversos abortos hasta conseguir un embarazo a término. Y solo cobrará cuando se produzca la entrega del o de la bebé.

4) Que debe recibir ayuda psicológica para conseguir disociarse del bebé gestado. Porque a esa mujer, todo su cuerpo le dice que es su madre, mientras que los proxenetas reproductivos (personal médico, de psicología, juristas, etc.) le van a intentar convencer de que no hay tal vínculo, de que es una mera incubadora; ya que saben que, de lo contrario, hay riesgo de que se arrepienta de vender a su bebé. Se produce, pues, una grave interferencia psicológica en la vida de esa mujer. Porque, aunque esas madres intentan colaborar en ese tipo de intervenciones para evitar el dolor de la pérdida, no siempre se logra. Pero como no hay seguimiento, desconocemos cuántas de ellas se han arrepentido, o tienen procesos de ansiedad o depresivos, etc. vinculados a esta terrible pérdida: No data, no problem, no policy, no action[1].

5) Que cualquier embarazo por gestación subrogada comporta eventuales agravamientos de los riesgos para la salud que ya supone cualquier embarazo, a saber: Anemia, depresión, embarazo ectópico, problemas fetales, diabetes gestacional, hipertensión, hiperémesis gravídica, placenta previa, desprendimiento prematuro de placenta, preeclampsia, infecciones bacterianas y víricas, toxoplasmosis, hongos, etc.

6) Que a estas mujeres se les puede obligar a abortar fetos o, en algunos casos, se las puede mantener en muerte cerebral para que el bebé llegue a término. Todo ello por voluntad de los compradores, prescindiendo de la dignidad y la voluntad de la mujer que se ha visto obligada a hipotecar sus derechos mediante un contrato mercantil.

7) Que se las someterá a cesáreas programadas aunque no resulten necesarias. Porque la salud de la madre no importa para preservar un parto seguro del o de la bebé por quien se paga.

8) Que en determinados períodos se les impedirá su derecho a la libre circulación, incluyendo la reclusión en entornos controlados, incluyendo su alimentación.

9) Que se les suele arrancar al hijo o la hija recién nacida para evitar el apego. Perjudicando a la madre, pero también a la criatura a quien se separa de la única persona con la que tenía un estrecho e insustituible vínculo.

Al respecto, me pregunto ¿Por qué si una mujer hace uso de un óvulo de otra para gestar a su hija o hijo es madre, pero no lo es la mujer pobre que ha hecho lo mismo en un lejano país llevada a esa decisión por la miseria? ¿Por qué un donante de semen no se considera padre de ninguna de las criaturas que nazcan a partir de él, pero si media un cheque entonces es padre a todos los efectos? Es el patriarcal-capitalismo, amigos.

O lo que es lo mismo, la jerarquía masculina y el dinero que hacen que todos los riesgos del deseo de ser padres de los varones para perpetuar sus genes, los asuman exclusivamente dos mujeres que necesitan el dinero y a quienes se ha convencido de explotar su propio cuerpo como salida económica legítima… porque se trata de generosidad o altruismo. De forma que se presten a esa explotación y puedan justificarse, a sí mismas, lo que están haciendo.

Lo bien cierto es que la gestación subrogada no es bonita y no existe tal generosidad o altruismo, sino -muy al contrario- un negocio basado en explotar el estado de necesidad de mujeres pobres. Que la felicidad que se vende es solo la de quienes pagan y quienes cobran sin riesgo, porque todos los riesgos y el sufrimiento van a cargo de las mujeres utilizadas. No es bonito ocultar todo el entramado que se enriquece impúdicamente, que está constituido, mayoritariamente, por hombres. No es bonito ni glamuroso que las criaturas así nacidas vean troceado su derecho a conocer a su madre. No es bonito que la ética quede suspendida a cuenta de este sucio negocio. Es obsceno y una burla a las mujeres, que salgan varones «hospitalizados» o saliendo del hospital en silla de ruedas, tras arrancar al bebé de su madre recién parida.

Hablaba antes de la perversión del lenguaje que nos separa de una correcta conceptualización de la gestación por sustitución. Y vamos a conceptualizar bien para politizar bien: La gestación subrogada es explotación reproductiva de mujeres pobres, constituyendo una nueva forma de control reproductivo y de perpetuación de los genes de los varones prescindiendo de la voluntad de las mujeres o comprándola. Como vemos, de esa conceptualización no puede derivarse otra política que la de inmediata abolición de esa práctica.

Porqueen un mundo que se mueve por el deseo individual -siempre que pueda pagarse- es más imprescindible que nunca recuperar un principio básico de la ética: No todo lo que se quiere o se puede hacer, debe hacerse.

Fuente: Tribuna Feminista

[1] Sin datos, sin problemas, sin políticas, sin acciones.

octubre 25, 2022

Adelanto de "Ir más allá de la piel: repensar, rehacer y reivindicar el cuerpo en el capitalismo contemporáneo" ¿Regalar vida o negar la maternidad? La gestación subrogada

Mujer en el noveno mes de embarazo.R.A

Acusar al capitalismo de haber convertido el cuerpo de la mujer en una máquina de producción de fuerza de trabajo ha sido un tema central en la literatura feminista desde los años setenta. Pero en tanto concibe la gestación como un proceso puramente mecánico, un trabajo alienado en el que la mujer contratada no debe implicarse a nivel emocional, el surgimiento de la maternidad subrogada ha supuesto un punto de inflexión en este proceso. La subrogación es también otra vuelta de tuerca desde el punto de vista de la mercantilización de la vida humana, pues implica la organización y legitimación de un mercado de niños y niñas y la definición del niño como una propiedad que se puede transferir, vender y comprar. Esta es, en realidad, la esencia de la “gestación subrogada”, una práctica que se ha popularizado en varios países, empezando por Estados Unidos, pero que sigue estando envuelta en una nube de mistificación.

En Contract Children [Hijos por contrato] (2015), la socióloga feminista italiana Daniela Danna señala que el propio concepto de “subrogación” es engañoso al sugerir que la “madre gestante” no es la madre real, sino solo “una ayuda, una asistente” que gesta en nombre de “la madre real” –la proveedora del óvulo que el vientre subrogado convierte en bebé–. Esta terminología está justificada por las nuevas tecnologías reproductivas (la fecundación in vitro y la transferencia de embriones), que producen la ilusión de que los propietarios del óvulo implantado tienen los derechos de propiedad sobre el niño, en tanto la madre gestacional no tiene relación genética con él. Como comenta Danna, este argumento es falaz y solo se puede sostener a través de una concepción abstracta de la propiedad en la que se ignora que la “madre gestante” es quien crea y nutre materialmente al niño, un proceso que no implica solo los nueve meses de embarazo, ya que también hay una transferencia de material genético: realmente el niño está hecho de su carne y de sus huesos (p. 68).

Gracias a esta mistificación y al desarrollo de una máquina comercial e institucional de apoyo, compuesta de compañías aseguradoras, médicos y abogados, la subrogación se ha extendido de forma extraordinaria durante las tres últimas décadas. Cada año nacen miles de bebés por este procedimiento y en algunos países se han abierto “granjas de bebés” donde se insemina a las madres, que residen allí mientras dura el embarazo. En la India, por ejemplo, antes de que se prohibiera la subrogación trasnacional en 2015, existían tres mil clínicas de esta clase (Vora, 2019) que constituían la infraestructura de una industria reproductiva en la que prácticamente se había culminado la conversión del cuerpo de la mujer en una máquina procreadora.

Sin embargo, sigue habiendo problemas. En la mayoría de los países de la Unión Europea la gestación subrogada está prohibida o sujeta a límites y regulaciones. Es el caso de Países Bajos, donde se da a la madre subrogada un plazo de varias semanas después del parto para que decida si quiere separarse del bebé. Pero, como indican Danna y otros autores, se están eliminando progresivamente las restricciones y, en lugar de limitar la práctica, la regulación se está convirtiendo en el camino más rápido hacia su reconocimiento legal.

Para sortear las prohibiciones en los casos que llegan a la justicia o facilitar el reconocimiento legal de los niños adquiridos en el extranjero mediante la subrogación, se recurre, entre otros, al principio de que hay que considerar el “interés superior del niño” a la hora de dictar un veredicto. Pero en realidad este es un recurso para esquivar la ley y una legitimación de las implicaciones racistas y clasistas de esta práctica. A la hora de asignar al niño, siempre se prioriza el interés de las parejas blancas con recursos económicos.

También se apela al forzoso cumplimiento del “contrato” que obliga a las madres subrogadas a entregar al bebé una vez nacido. De hecho, la gestación subrogada es un ejemplo destacado del papel crucial que desempeña la ley como sostén de la reforma neoliberal, en tanto se confiere al contrato un estatus sagrado que no admite cuestionamiento de las condiciones en las que se llevó a cabo. Pero, como puso en evidencia el famoso caso de “Baby M” 1, para las mujeres es difícil saber de antemano, cuando firman el contrato, cómo se van a sentir después de haber experimentado un día tras otro, durante nueve meses, cómo se desarrolla una nueva vida en su vientre. En los términos del contrato tampoco se tiene en consideración el efecto que pueda tener separarse del bebé. Los propios contratos se han ido volviendo más complejos y restrictivos; no solo obligan a la madre subrogada a renunciar al bebé después de su nacimiento, sino que también establecen un control estricto de su vida cotidiana durante el embarazo en lo que respecta a tratamientos médicos, vida sexual o ingesta de alimentos, entre otras cuestiones. En el desarrollo de argumentos legitimadores también tiene peso la teorización legal del derecho a ser padres, para el que la gestación subrogada se convierte en una condición indispensable. Este argumento ya se está utilizando, sorprendentemente incluso en círculos radicales, a favor de las parejas de hombres homosexuales, quienes tendrían que contratar un vientre de alquiler precisamente para cumplir su derecho, en teoría absoluto, a la paternidad.

En resumen, todo apunta a que la gestación subrogada va a terminar por imponerse. No obstante, conforme esta práctica se normaliza, se hace cada vez más necesario apuntar a las premisas racistas y clasistas que la fundamentan, las consecuencias destructivas para los bebés producidos de este modo, así como los efectos negativos en las mujeres. Una consecuencia preocupante es la existencia de bebés “en el limbo” que son rechazados tanto por la madre subrogada como por la pareja contratante cuando los padres “intencionales”, por distintas razones, no consiguen que esos bebés sean reconocidos como sus hijos en su país de residencia; también se puede dar el caso cuando nacen con algún tipo de discapacidad. Un reportaje de investigación de la agencia Reuters reveló además que, al menos en Estados Unidos, los padres adoptivos pueden deshacerse sin dificultad a través de internet de los niños que hayan adoptado en el extranjero, mediante una práctica llamada “private rehoming” [realojo privado] que no cuenta con ninguna clase de regulación.2 Aún más preocupantes son los indicios que apuntan a que algunos niños terminan en el mercado de órganos, ya que una vez se realiza la transacción no existe un sistema institucional de supervisión que compruebe qué ocurre con los niños vendidos, que en muchos casos son enviados a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento.

(…)

Las mujeres que firman un contrato para alquilar su vientre son la encarnación de una larga serie de figuras proletarias que han visto a sus hijos como un medio de supervivencia. Pero lo que pone a la gestación subrogada a otro nivel es que se vende el bebé a otra persona de por vida. Este aspecto también la distingue de la prostitución, con la que se compara a menudo. Mientras la prostituta vende un servicio y el uso provisional de su cuerpo, la madre subrogada otorga a otras personas, a cambio de dinero, el control total sobre la vida de un niño.

Al hacer hincapié en este punto no pretendo hacer una crítica moralista a las mujeres que se convierten en madres subrogadas, quienes, en muchos casos, son empujadas a hacerlo por sus familiares o tienen un acceso tan restringido a recursos propios que se plantean alquilar su vientre como una alternativa a una vida en batalla constante por la supervivencia, del mismo modo que otras personas se plantean vender sus riñones, su pelo o su sangre. Cuando se entrevista a algunas de estas mujeres y describen los meses de gestación como unas vacaciones, las primeras de su vida, están mostrando de manera elocuente la pobreza en la que viven muchas de ellas. Pero tenemos que desenmascarar la tremenda hipocresía de la retórica que envuelve esta práctica, que afirma que es producto del amor, una expresión pura del altruismo, “regalar vida”, mientras omite el hecho de que quienes la ejercen son algunas de las mujeres más pobres del planeta y que quienes se benefician son las familias acomodadas que, una vez han adquirido el bebé, no desean tener relación alguna con la madre subrogada.

En lugar de ser hipócritas y celebrar el supuesto altruismo de las madres subrogadas, deberíamos reflexionar sobre el nivel abismal de pobreza que lleva a una mujer a aceptar gestar durante nueve meses a un bebé al que nunca se le permitirá cuidar y cuyo destino tiene prohibido conocer. También nos debería preocupar, como ha preocupado a muchas feministas, que la subdivisión y especialización de la maternidad en sus aspectos gestacional, social y biológico representa una devaluación del proceso, que una vez fue considerado un poder de la mujer, y la restauración de una concepción sexista, patriarcal y verdaderamente aristotélica del cuerpo de la mujer y de la mujer en sí, que en la retórica de la subrogación se presenta como la portadora pasiva de una vida a la que no contribuye más que en “materia bruta”.

¿Debería no legalizarse la gestación subrogada? Es un tema que habría de generar más debate que el que ha tenido lugar hasta el momento. La pregunta plantea la cuestión de hasta qué punto podemos recurrir al Estado para garantizar que no se vulnere nuestra vida. Uno de los argumentos a los que se suele acudir es que la legalización supondría cierta protección para la madre subrogada. Al mismo tiempo, si se criminaliza la práctica, la madre se expone a un mayor riesgo, ya que sin lugar a dudas la subrogación se seguirá practicando. También es peligroso pedir al Estado cualquier clase de legislación o intervención punitiva. La historia nos demuestra que esas medidas suelen volverse en contra de quienes ya están siendo victimizadas. Así pues, ¿cómo vamos a proteger a los bebés que nazcan como consecuencia de las transacciones de la gestación subrogada? ¿Qué iniciativas deberíamos emprender para impedir que se generalice la compra y venta de la vida de las personas?


Notas:

1 “Baby M” fue el nombre que se dio en el juzgado y en los medios de comunicación a la hija de Mary Beth Whitehead, una madre subrogada de New Jersey que, tras dar a luz el 27 de marzo de 1986, decidió que no quería entregar al bebé a la pareja contratante. El consiguiente juicio, que se prolongó durante más de un año y terminó por otorgar la custodia de la niña a la pareja, generó un intenso debate en un momento en el que no existía ninguna clase de regulación para esta práctica en Estados Unidos.

2 El reportaje de Reuters, elaborado con información recabada durante meses de investigación (Twohey, 2013), reveló la existencia de un grupo en el portal de internet Yahoo en el que, de media, cada semana se publicaba un anuncio para “realojar” a un niño mediante una transferencia de tutela para la que solo era necesario un poder de representación y cumplimentar un formulario que se descargaba en la red; hubo incluso personas con antecedentes delictivos que pudieron obtener niños con este procedimiento. Según cálculos del gobierno de Estados Unidos, desde finales de la década de 1990 más de veinte mil niños adoptados habrían sido abandonados por sus padres.


junio 15, 2022

Los vientres de alquiler y la «necesidad» de reglamentar actividades ilícitas en México


Hace unos meses en el Senado de la República, la Senadora Sánchez Cordero y la Presidenta de la Comisión de Salud, Margarita Valdez, organizaron un foro que se tituló “Hacia la Reglamentación de la Maternidad Subrogada”, con sólo dos ponentes abolicionistas, Ana Elena Contreras y Julia Aparisi.

Y aunque la Senadora Margarita Valdez, dice y repite que “no hay nada planchado”, pero desde el título nos dejan ver sus intenciones.

En el Senado hay presentadas dos iniciativas para reglamentar los vientres de alquiler, una de la Senadora Sánchez Cordero y el 4 de abril se presentó otra de la Senadora Sylvana Beltrones. Yo estoy segura de que en ambos casos las Senadoras tienen una agenda oculta.

En un país con los niveles tremendos de violencia contra las mujeres y la niñez, con los niveles tan altos de impunidad y con muchas regiones del país controlados por la delincuencia organizada, a quién se le puede ocurrir que reglamentando se va a acabar con el mercado negro en este negocio ilícito y en otras actividades muy lucrativas como la explotación de mujeres y niñas en la prostitución.

Siguen insistiendo en una interpretación muy particular del Artículo 4º. de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, que a la letra dice:

ARTICULO 4 – El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia. Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos. Toda persona tiene derecho a la protección de la salud.

Y aquí qué la Suprema Corte de Justicia de la Nación o cualquier entendido o entendida en la interpretación de las leyes me diga, por favor, aquí dónde dice que para fundar una familia se tiene el derecho de tener hijos, o que me diga que las parejas de gays puede contratar úteros de mujeres para que gesten a sus hijos. Aquí lo que dice es que la ley protegerá la organización y el desarrollo de la familia. Y dice que toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de sus hijos. No dice que toda persona tiene por cualquier medio el derecho a tener hijos…

Y no por qué neguemos que las personas de la diversidad sexual tienen derechos, pero las mujeres y la niñez también tienen derechos. Y que no me digan que los deseos son derechos. Por que no, eso no es cierto, es producto de un delirio acientífico y de ciertos fetiches, algunos muy desviados.


Qué porque estoy esencializando la maternidad, pues yo les digo que todas las personas que están promoviendo la reglamentación la están mercantilizando. Que aquí en México donde la imagen de la madre está tan idealizada, y que igualmente se usa para homenajearla o para insultar, tenemos la certeza que esta propuesta de reglamentar los vientres de alquiler, una propuesta profundamente patriarcal, machista y neoliberal si la bajan a discusión de toda la población, no pasaría.

Y yo la verdad no entiendo si las o los legisladores son representantes populares, con el respaldo de quién se les ha ocurrido reglamentar este cúmulo de actividades ilícitas. Más aún, justo esta legislatura cuando ya contamos con paridad en todos los puestos, incluyendo aquellos a los que se accede por votación, como los de las y los legisladores federales y locales, justo ahora, dos Senadoras de la República están intentando legalizar la explotación reproductiva de las mujeres. Que nos expliquen las legisladoras dónde están las multitudes de mujeres que están exigiendo que se reglamenten y legalicen los vientres de alquiler, aunque le pongan nombres eufemísticos como maternidad subrogada, úteros sustitutos o maternidad sustituta, aunque usen los argumentos como que son actividades altruistas, porque las mujeres buenas quieren ayudar a quienes no pueden concebir y gestar, o que esta actividad va a resolverles la salud y la vida, para quienes tienen mayor necesidad.

Puras mentiras, ninguno de estos peregrinos argumentos son verdad. Son mentiras del tamaño del patriarcado violento que nos envuelve en México, del valor a la dignidad de las mujeres.

En días pasados en que discutía un caso con una fiscal me alegó que no le habían quitado el útero a la víctima, y claro que no le quitaron el útero, pero usaron, alquilaron, comerciaron y ganaron mucho dinero con la función de gestar de ella.

Ojalá que no tengamos que esperar a que lleguen los trasplantes de úteros a México, que ya no tardan, para que se incluyan en la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para Proteger y Asistir a las Víctimas, para que las autoridades mexicanas machistas y patriarcales entiendan que deben perseguir estos delitos, incluso, el tráfico de bebés.

Fue por todo lo anterior que mañana, 16 de agosto, organizamos con el apoyo del Vicepresidente de la Mesa Directiva del Senado de la República un Foro “Gestación Subrogada – Vientres de Alquiler: Las Otras Voces”. Un foro que fue concebido como la respuesta al Foro que intentaba reglamentar la Gestación Subrogada, sobre todo para que en el Senado se oyeran las otras voces, especialmente las voces abolicionistas.

En este Foro contaremos con la Conferencia Magistral a cargo de la Dra. Alicia Miyares, de manera virtual. Y está organizado con dos paneles, el Primero se titula La realidad y evolución de los vientres de alquiler, en el que van a participar especialistas como Berta O García, Nuria González, las dos de manera virtual, y la Maestra Eleane Proo, Yan María Yaólotl, la Mtra. Carolina Pacheco Luna, en donde se abordarán: los perfiles de las mujeres que son reclutadas para esta práctica; el avance de la industria de la explotación reproductiva de las mujeres en México y el Mundo; las lesbianas y los vientres de alquiler; el papel de los medios de comunicación en la promoción de la explotación reproductiva; los derechos humanos de las mujeres violados por esta práctica.

El Panel 2 se titula La Violencia contra las Mujeres y los Vientres de Alquiler, en donde contaremos como ponentes a: la Dra. Alicia Elena Pérez Duarte y Noroña, la Dra. María Sierra Pacheco, el Mtro. Juan Martín Pérez García, la Dra. Eugenia Flores y una servidora, en donde se abordarán: desde el derecho civil y el derecho a la filiación; desde el derecho penal; los derechos violados a las niñas y niños; violencia obstétrica y el desapego fracasado; práctica o técnica, leyes violadas por esta práctica y la falsa interpretación del art. 4º. Constitucional.

Y finalmente, la Diputada Federal Beatriz Rojas hará entrega de la iniciativa que presentó en la Cámara de Diputadas y Diputados Federal para incluir los vientres de alquiler y la donación comercial de óvulos en el tráfico de órganos de la Ley General contra los Delitos en Materia de Trata de Personas y en la Ley General de Salud.

Este foro se organizó con la esperanza de que se escuche a las otras voces, porque exigimos Paridad que sirva, de las mujeres para el bien de las mujeres y no para que se nos trate como incubadoras.


Directora de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, A.C. (CATWLAC por sus siglas en inglés).
Fuente: Tribuna Feminista

mayo 14, 2022

En las entrañas de la gestación subrogada Secrets and lies


The trouble with lying and deceiving is
that their efficiency depends entirely upon
a clear notion of the truth
that the liar and deceiver wishes to hide. 

Hannah Arendt

La mal llamada gestación subrogada es un relato de ficción construido con las mentiras más burdas y los oxímoron más delirantes. Pero las mentiras, aun repetidas mil veces, no se convierten en verdades, por mucho que Goebbels en su día hiciera de ello un principio de propaganda nazi, y la sarta de embustes en torno a la gestación subrogada, aunque fáciles de digerir para los interesados, no resisten un análisis riguroso a la luz de la razón, la dignidad humana y los derechos humanos, la honestidad y la transparencia.

Para empezar, el nombre de la práctica es en sí mismo una ficción, porque subrogar es sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa, y ni la gestación ni la digestión ni la respiración ni ninguna función fisiológica se pueden subrogar. Afirmar una y mil veces que la mujer dona o cede su capacidad de gestar a otra u otras personas que se la subrogan, convirtiéndose ella en «gestante subrogada», siendo tal cosa imposible, no puede ocultar la realidad de esta práctica, que consiste en inducir a una mujer al abandono del hijo o a la hija que ha gestado y traído al mundo y su cesión a terceros, mediante acuerdo o contrato, más el traspaso de su derecho de filiación, que es la clave de esta práctica, puesto que no existiría de no darse ese traspaso jurídico de la criatura a quienes la han encargado. El traspaso jurídico es, ni más ni menos, la legalización de varios delitos: delito de abandono de un menor, delito de venta y compra de menores y delito de alteración de la filiación. Ésta es la verdad oculta en la mentira mil veces repetida de esa supuesta cesión o donación de la capacidad de gestar y lo único que se dona en esta práctica, como veremos más adelante, se niega como donación.

Otro de los embustes que repiten las agencias y clínicas de subrogación es llamar «pacientes» a sus clientes. Cualquier cosa menos llamarlos por su nombre, porque donde hay clientes hay mercado y esas agencias y clínicas que se hacen pasar por respetables dejarían en evidencia a qué se dedican. Paciente es, según la definición que encontramos en nuestra ley de autonomía del paciente[1], «toda persona que requiere asistencia sanitaria y está sometida a cuidados profesionales para el mantenimiento o recuperación de su salud». Pero en el contexto de la mal llamada gestación subrogada el paciente es el cliente; las clínicas de gestación subrogada no pretenden mantener ni recuperar su salud, y el «tratamiento» no es otro que el uso de una mujer sana a la que convertirán en paciente funcional a sus clientes operando encarnizadamente sobre ella prácticas médicas y psicológicas agresivas sin ninguna necesidad, ya que esa mujer es fértil y goza de buena salud física y psíquica, siendo éste el primer y principal requisito, además, para que una mujer sea seleccionada como apta para ser lo que la industria llama «gestante subrogada». La máxima «primum non nocere» se pervierte, máxime cuando ni ella ni el hijo o la hija que traiga al mundo revertirán la infertilidad de los clientes.


las clínicas de gestación subrogada no pretenden mantener ni recuperar su salud, y el «tratamiento» no es otro que el uso de una mujer sana a la que convertirán en paciente funcional a sus clientes operando encarnizadamente sobre ella prácticas médicas y psicológicas agresivas

Antes de comenzar el «tratamiento», los clientes deberán proporcionar gametos masculinos y femeninos propios –cosa poco frecuente– o conseguir ovocitos y espermatozoides de personas que los proporcionan de manera anónima, la inmensa mayoría de las veces a cambio de una compensación o una retribución. Los clientes pueden elegir a sus proveedores de gametos siguiendo criterios fenotípicos –muchas veces racistas– y otras características, como la edad y determinadas capacidades físicas o intelectuales. El Vademécum médico se sustituye por sendos catálogos de proveedores y proveedoras de células germinales y de mujeres candidatas a «gestante», con el fin de proporcionar ese peculiar «tratamiento» que las clínicas de subrogación ofrecen a sus clientes. Es preciso señalar que la obtención de ovocitos es una práctica no exenta de riesgos, ya que requiere hiperhormonación ovárica y punción folicular quirúrgica, y sus consecuencias a medio y largo plazo no han sido estudiadas. Cuando los ovocitos no son los sobrantes de los extraídos a una mujer que se ha sometido a una fecundación in vitro, sino que se han obtenido mediante donación compensada o retribuida, nos encontramos también ante una práctica agresiva de explotación reproductiva.

Esos clientes denominados «pacientes» obtienen por fecundación in vitro de gametos propios o ajenos uno o varios embriones o cigotos que, afirman, son de su exclusiva propiedad y, aunque serán implantados en el útero de la mujer «gestante», sostienen que es ajeno a ella, que no se lo donan, y que el bebé que ella gestará y traerá al mundo les debe ser entregado, ya que ellos son sus padres y el bebé es hijo suyo. Afirman, además, que esa mujer no puede ser de ninguna manera madre de la criatura, ya que no tiene ninguna relación genética con ella. Y esto lo afirman aunque uno o ambos clientes tampoco tengan ninguna relación genética con la persona nacida, puesto que los gametos utilizados no son propios y los obtuvieron de otra u otras personas anónimas.

En resumen: afirman neciamente que la hija o el hijo nacido de la mujer a la que se ha implantado el embrión y lo ha gestado y parido no es de esa mujer, es hija o hijo suyo, de los clientes, ya que ese embrión constituido en una placa de laboratorio es de su exclusiva propiedad y no lo han donado.

¿Pero realmente no lo donan? Sigamos desentrañando mentiras.

Ninguna mujer fértil acude a una clínica, roba un embrión y hace que se lo implanten en su útero con el fin de devolverlo a sus poseedores convertido en bebé al cabo de 38 semanas de gestación. La transferencia embrionaria no se lleva a cabo sin el consentimiento de los donantes. Sí, de los donantes, porque lo quieran o no, necesitan una mujer a la que transferir el embrión y que éste se desarrolle, ya que no puede desarrollarse en una maceta. ¿Nadie les ha dicho que toda persona receptora de células, tejidos, fluidos y órganos de otro cuerpo implica que existan donantes que se los hayan proporcionado?

Esa mujer es la receptora y ellos son donantes del embrión, por mucho que lo nieguen, que la industria lo niegue, que las legislaciones sobre gestación subrogada lo nieguen, porque el mero hecho de implantar un conjunto de células –en este caso, el embrión– en un cuerpo ajeno, llamado receptor, supone tanto el consentimiento y la aceptación de la persona receptora como el consentimiento y la renuncia del o de los donantes. Y esa renuncia tiene que ser informada, voluntaria, altruista, gratuita y anónima, no pudiendo percibir remuneración alguna ni beneficio ni ventaja de la donación –cuando eso ocurre, se llama tráfico[2]– ni contraprestación alguna por el embrión donado[3] ni, mucho menos, su restitución convertido en bebé al cabo de nueve meses de gestación y un parto. Donar un embrión de forma no anónima y pretender ser restituidos con un bebé por parte de la receptora –reducida a «gestante» para privarla de todo derecho como madre y de la conciencia de serlo–, supone, cuando menos, pervertir todos los principios bioéticos que caracterizan el modelo mundial de trasplantes. ¿Se imaginan que un invidente donante de sangre exigiera, a cambio de su sangre, las córneas sanas del receptor?

Sólo hay un país en el mundo, Irán, donde es legal el tráfico de órganos, pero hay un buen puñado de países –entre los que también se incluye Irán– donde es legal esta peculiar anomalía bioética que se da en la mal llamada gestación subrogada, en la que, inexplicablemente, aparecen cuatro aspectos inauditos:Se excluye del concepto de donación la transferencia embrionaria realizada en la mujer «gestante», cuando donación es el hecho de donar órganos, fluidos, tejidos y células humanos destinados a ser aplicados en otro ser humano, y la transferencia embrionaria cumple estas premisas.
La donación, por principio, se realiza en interés terapéutico de la persona receptora, pero en el caso de la gestación subrogada la receptora es una mujer sana y fértil que no requiere ningún tipo de tratamiento para reproducirse y a la que, paradójicamente, se la someterá a prácticas médicas que pondrán en riesgo su salud y su integridad física y psíquica en el embarazo, el parto y el posparto.
Se permite que la donación no sea anónima y, de este hecho, poder reclamar la filiación de la persona una vez nacida o incluso antes de nacida.
Se permite a los donantes obtener beneficio o aprovechamiento de la donación del embrión. Un gran beneficio además, ya que, aunque incuantificable, se trata de un ser humano que será arrebatado a su madre en el momento de nacer.

Estas cuatro excepciones arbitrarias y fuera de toda lógica que se dan en el embuste legal de la subrogación permiten y legitiman a los poseedores del embrión reclamar el bebé nacido a la madre que lo trae al mundo con el pretexto de que, aun habiéndolo parido, no lleva su carga genética, cuando, con toda probabilidad, esa criatura tampoco lleva la carga genética de al menos uno de los clientes o de ninguno.

El Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y la Dignidad del Ser Humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina, conocido como Convenio de Oviedo[4], dice claramente que el cuerpo humano y sus partes, como tales, no deberán ser fuente de aprovechamiento o de lucro y dice también que, con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina, el ser humano debe ser protegido en su dignidad y su identidad, y que toda persona, sin discriminación alguna, deberá tener garantizado el respeto a su integridad y a sus demás derechos y libertades fundamentales.


el cuerpo humano y sus partes, como tales, no deberán ser fuente de aprovechamiento o de lucro

En la práctica de la mal llamada gestación subrogada todos estos principios se corrompen, se tergiversan, se anulan. En primer lugar, porque aun con consentimiento, usar a una mujer como instrumento y reducirla a «gestante subrogada» atenta contra su dignidad y contra la de todos los seres humanos. En segundo lugar, porque tanto madre como hijo son privados del derecho bidireccional a la filiación y el derecho del hijo a la identidad se usurpa, no lo recuperará jamás, ya que la madre queda borrada de su biografía, y se discrimina a esa persona recién nacida con respecto al resto de personas en función de su nacimiento con el visto bueno del Estado. En tercer lugar, porque el derecho fundamental a la integridad física y psíquica de la madre queda arrasado. Y en cuarto lugar, por las peculiares excepciones arriba mencionadas respecto a los principios básicos que rigen la donación –como acto individual ejemplar, solidario, anónimo y altruista que redunda en beneficio de la salud colectiva– pervirtiendo dicho acto y convirtiéndolo en paradigma del egoísmo, la violencia, la iniquidad y la mentira.


Docente
Fuente: Tribuna Feminista

[1] Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.

[2] Trafficking in organs, tissues and cells and trafficking in human beings for the purpose of the removal of organs. Joint Council of Europe/United Nations study, 2009.

[3] Artículos 3.1 y 3.4 del Real Decreto 1301/2006, de 10 de noviembre, por el que se establecen las normas de calidad y seguridad para la donación, la obtención, la evaluación, el procesamiento, la preservación, el almacenamiento y la distribución de células y tejidos humanos y se aprueban las normas de coordinación y funcionamiento para su uso en humanos.

[4] Ratificación del Convenio para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina (Convenio relativo a los derechos humanos y la biomedicina), hecho en Oviedo el 4 de abril de 1997. BOE 251 de 20/10/1999 Sec 1 Pag 36825 a 36830

Reproducción asistida. Donación de óvulos: mercantilización disfrazada de altruismo


España es país líder en donación de óvulos. Las expertas lo achacan a las considerables compensaciones económicas que proporcionan las clínicas a las donantes, generalmente jóvenes que encuentran en esta práctica unos recursos económicos que sus trabajos precarios o inexistentes no les proporcionan. La privatización, el tabú alrededor de la práctica y la falta de información amparada en el anonimato son algunos de los puntos que donantes e investigadoras piden abordar.

Hace unos años, cuando Marina Martín se mudó desde Asturias a Madrid para estudiar la carrera de periodismo, se dio de bruces con la realidad: la vida en la capital era carísima y necesitaba dinero para su plan de futuro. Ante un mercado de trabajo con un alto índice de desempleo juvenil, la voluntad de enfocarse en sus estudios y la urgencia por hacer frente a los gastos, Marina optó por la donación de óvulos. “Lo hice cien por cien por el dinero”, dice de manera natural y honesta. “Me pareció que dentro de las formas de conseguir dinero fácil y rápido era algo con lo que encima podía ayudar a personas, en vez de vender drogas o hacer algo ilegal; pero mi motivación fue puramente económica porque pagaban bien”. Marisa Sidi trabajaba sin contrato en una pizzería, su salario no llegaba a los 300 euros y se le estaban acabando los ahorros de la beca. Anabel Mateu había empezado un negocio en la hostelería y estalló una pandemia que frustró su proyecto. Necesitaban dinero urgente. Marina recibió mil euros a cambio de aquella primera extracción de óvulos. Marisa y Anabel 900. 

Por lo que ha podido investigar María Isabel Jociles Rubio, doctora en Sociología y profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el perfil y las motivaciones de Marina, Anabel y Marisa responden a lo que ha identificado en sus estudios como perfil mayoritario de donantes de óvulos: mujeres jóvenes —en edad fértil— con salarios bajos o inexistentes que encuentran en esta práctica una vía para hacer frente a sus gastos. Según los últimos datos de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología, España es el país líder en donación de óvulos, seguido —de lejos— por República Checa. Recientemente la Fundación Ciudadana Civio revelaba que la compensación económica por una donación de óvulos equivale, en el caso español, a tres semanas y media de trabajo remunerado con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), una estimación temporal que se incrementa teniendo en cuenta los trabajos feminizados de la economía sumergida y las medias jornadas, asumidas en su mayor parte por mujeres.

La compensación económica por una donación de óvulos equivale, en el caso español, a tres semanas y media de trabajo remunerado con el SMI, una estimación que se incrementaría teniendo en cuenta los sueldos de trabajos feminizados de la economía sumergida o las medias jornadas, asumidas en su mayor parte por mujeres

Pero el de la donación de óvulos es un mundo complejo. Para empezar, la compraventa de material biológico es ilegal en España, y por eso las clínicas hablan de “compensación económica”. Un centro de fertilidad no compra tus óvulos: te compensa por los gastos derivados de “las molestias físicas y los gastos de desplazamiento y laborales” que la donante ha debido asumir por donar óvulos, pues así lo permite la regulación. La cantidad máxima de las citadas “compensaciones” son 900 euros, pero en algunas clínicas la cifra puede elevarse hasta 1.200 euros con el fin de afianzar a las donantes. 

¿Quién dona?

“La mayoría eran estudiantes que no tenían becas o no eran de cuantía suficiente, de hecho era muy frecuente que dijeran que la donación era para ellas como una ayuda que les permitía mantener sus estudios”, expresa Jociles sobre el alrededor de medio centenar de ovodonantes entrevistadas para sus investigaciones. “Algunas tenían trabajo, pero trabajos precarios, como teleoperadoras o profesoras particulares”, continúa. En casi todas ellas, salvo un pequeño número y con independencia de que se sintieran bien ayudando a otras mujeres —que sucedía— “estaba presente la motivación económica, y es algo que las clínicas niegan sistemáticamente. Y es muy curioso, porque las pocas que sí tenían una motivación puramente altruista eran las más frustradas ya que veían que la clínica no respondía a esa motivación”, asevera la socióloga.

En Francia, Austria, Países Bajos, Polonia e Irlanda los centros solo se hacen cargo de los gastos justificados derivados del proceso; Italia y Rumanía prohíben cualquier tipo de compensación económica y en países como Alemania está prohibida la ovodonación. Daniela es embrióloga y ha trabajado en dos centros privados españoles. Reconoce que, como la legislación impide la compraventa de material biológico, tanto el personal de los centros como las ovodonantes se mueven siempre en el eje discursivo del altruismo, pero admite que “si no hubiera compensación económica, muchas no pasarían por un proceso quirúrgico que además puede ser doloroso”. Aunque asegura que ha conocido casos puramente altruistas, “la compensación económica está ahí y es un hecho”.

“La mayoría eran estudiantes que no tenían becas o no eran de cuantía suficiente, de hecho era muy frecuente que dijeran que la donación era para ellas como una ayuda que les permitía mantener sus estudios”, expresa Jociles. “Algunas tenían trabajo, pero trabajos precarios, como teleoperadoras o profesoras particulares”

Durante el proceso, las donantes se someten, entre otras pruebas, a una entrevista psicológica: “Querían asegurarse de que no lo hacía coaccionada, y debía decir en todo momento que mi motivación era altruista. No sé qué hubiera pasado si hubiera dicho la verdad, pero no se me ocurrió hacerlo”, cuenta Marina. Anabel describe el proceso como una entrevista de trabajo, aunque le chocó que le preguntaran quién le había recomendado el centro ya ofrecían 200 euros más a las donantes que atraían a otras donantes —un plus que se eliminó el año pasado—: “Pensé ‘madre mía, esto es un programa piramidal con puntos de fidelización o algo así’”. Los ovocitos son un bien preciado: “Si una donante funciona bien se la vuelve a llamar, porque no es fácil conseguir donantes”, reconoce Daniela. “Conocí el caso de una chica con rasgos ajustados a los estándares nórdicos que era constantemente llamada por la clínica y presionada para donar”, comparte Jociles. Cuando Marina completó el proceso de donación por segunda vez, en lugar de los 1.000 euros que recibió en la primera ocasión, la misma clínica le desembolsó 1.200 euros. “Simplemente me dijeron que había subido el importe”, cuenta.

El sistema actual impuesto por el Ministerio de Sanidad permite un máximo de seis estimulaciones por donante que han de estar separadas entre ellas por al menos medio año. No obstante, no existe un registro público de la ovodonación en España, con lo que son datos que manejan las clínicas privadas, lo que dificulta saber que no se está superando el límite, sobre todo cuando el perfil de la donante es muy demandado. La Sociedad Española de Fertilidad (SEF), consultada por este medio, cifra en 14.521 el total de mujeres que donaron ovocitos en 2019. Unas cifras que, según matiza su director, Luis Martínez Navarro, no resultan suficientes “para todos los ciclos de ovodonación que se necesitan en nuestro país, que cada vez son más”. La SEF cuantifica que el 9,5% de los nacimientos producidos en España en 2019 fueron por reproducción asistida. 

Pero los óvulos donados en España no siempre se quedan en el país; muy al contrario, al envío de ovocitos congelados a otros países se suma que la península es meca del denominado “turismo reproductivo”. “Vienen prácticamente desde toda Europa porque en sus países hay poca donación y existen listas de espera de cinco o seis años”, explica Jociles. En España, según el Informe estadístico de técnicas de reproducción asistida del Ministerio de Sanidad de 2019, se realizaron casi 18.500 ciclos de tratamiento a personas procedentes del extranjero, la mayoría de Francia e Italia —países en los que las donantes no reciben compensación económica—. “Me consta que algunas clínicas ofrecen pack de avión y hotel, lo organizan todo”, revela Daniela. Otro aspecto característico de la legislación española en materia de ovodonación es el anonimato obligatorio. “A la mayoría de ellas al principio les facilita el proceso de donación, pero con el tiempo cambian de idea y afirman que lo harían aunque no fuera anónimo”. En ello coinciden Marisa, Marina y Anabel. “El argumento de que si no fuera anónimo el número de donantes disminuiría cae por su propio peso, pero sí cambiaría el perfil de donantes”, apunta Jociles.

Según el Informe estadístico de técnicas de reproducción asistida del Ministerio de Sanidad de 2019, se realizaron casi 18.500 ciclos de tratamiento a personas procedentes del extranjero, la mayoría de Francia e Italia, países en los que las donantes no reciben compensación económica

Pese a que hace dos años el Comité Español de Bioética recomendó el fin del anonimato en donantes de esperma y óvulos, se sigue avalando. De hecho, la cuestión del anonimato, a juicio de la socióloga, tiene que ver con otra cuestión: “Permite aumentar por diez o por veinte el poder que tienen las clínicas. Desde mi punto de vista, hay cantidad de información que no se está dando a las donantes escudándose en el tema del anonimato”. Lo ejemplifica con un caso: la mayoría de ovodonantes no saben cuántos ovocitos se les extraen durante la punción. Según Martínez Navarro, “una estimulación normal y adecuada es aquella en la que se obtienen entre 10 a 15 ovocitos”. El problema es que a más medicación, más óvulos, y a más óvulos, más posibilidades de éxito… Y de negocio.
Dinero y salud

“Dona vida”, “ser solidaria es imparable”, “donar te compensa”, “tienes la capacidad de hacer increíblemente feliz a otras mujeres”... Son algunos de los eslóganes que emplean estos centros. Las dudas más recurrentes de quienes se plantean donar óvulos tienen que ver con los efectos en la salud y en la fertilidad futura: “No es un proceso peligroso, no hay ningún problema relacionado con la donación de óvulos más allá de los posibles efectos secundarios que tengas durante o después del tratamiento, o algún sangrado por la punción, pero son todos a corto plazo”, explica Daniela. Tampoco se acorta, asegura, el tiempo de fertilidad de la paciente, “porque lo que se hace no es quitarle óvulos, sino producir más de los que produciría de forma normal”. La embrióloga explica que, durante los ciclos ovulatorios, las mujeres producen entre 10 a 15 folículos —que resultarán en óvulos— pero la cantidad de hormonas segregadas naturalmente solo permiten que madure uno de ellos, dos como mucho. “Lo que hace la medicación es que todos esos folículos centrales que están preparando un óvulo lo preparen hasta el final”.

Muchas de las ovodonantes con las que habló Jociles comparaban los efectos de la estimulación ovárica con la menstruación, algo que le resultaba sorprendente porque durante el proceso “tienen que pincharse durante una semana a una hora determinada y bajo unas condiciones concretas en las clínicas, no practicar deporte, no tener relaciones sexuales” y seguir todo este proceso bajo una carga hormonal importante, en definitiva, llevar a cabo “una domesticación de los cuerpos”. Hace un tiempo se permitía que el tratamiento se autorrealizara en casa, pero se estableció el protocolo presencial porque si no se sigue de forma muy estricta hay un riesgo de que se generen menos ovocitos de los deseados: “En cuestión de horas, el resultado puede variar muchísimo”, explica Daniela. En este sentido, para Jociles, existe una tendencia “a minimizar la importancia para la salud mental y física de la donante en ese proceso”.

Mientras en la primera clínica en la que trabajó Daniela se extraía una media de entre 15 a 19 ovocitos en cada intervención, en la segunda eran entre 7 a 10. Más ovocitos extraídos, por norma general, significa mayor medicación de la paciente y, a su juicio, la primera clínica daba dosis muy altas

Si en algo coinciden Marisa, Anabel y Marina es en que se sintieron bien tratadas por el personal de las clínicas y consideran que estaban muy informadas de los riesgos. “La mayoría de las donantes de las que preguntábamos no eran conscientes de la falta de información que tenían hasta que les preguntábamos”, puntualiza Jociles. Efectivamente, Marisa y Anabel no saben cuántos óvulos les extrajeron en el proceso ni si eran para congelar o se usarían en fresco, aunque Marina sí cree recordar que en al menos una de las dos intervenciones concluidas le informaron del número aproximado que le extraerían.

El uso del término “concluidas” no es casual: la joven intentó donar óvulos por tercera vez pero interrumpió el proceso por salud. Frente a los efectos de hinchazón y cansancio de las anteriores veces, desde el tercer día de tratamiento de aquella última estimulación sintió acusadas molestias. Creía que estaba produciendo un montón de óvulos y en la revisión le dijeron que no, que de hecho no estaba yendo lo rápido que debía ir. Esas palabras de la ginecóloga, narra, le hicieron tener “un breakdown porque me encontraba bastante mal y obviamente el tema de las hormonas te desestabiliza, además me daba mucha cosa echarme para atrás porque tú firmas que si luego te arrepientes tienes que asumir los costes del tratamiento”, continúa. Su suerte fue que la ginecóloga “era encantadora”, puso en el informe que no se continuaba porque no estaba dando resultados para que no tuviera que asumir ningún coste “y me dijo que volviera cuando me viera preparada”. Jociles, sin embargo, admite haber escuchado “testimonios kafkianos” relativos a la cuestión monetaria en las clínicas, que se mueven bajo la máxima de que “si no hay punción, no hay dinero.

Los recelos sobre el proceso de estimulación van más allá de lo económico. Daniela reconoce que ciertas prácticas de la primera clínica para la que trabajó le generaban incomodidad, mientras que en la segunda percibía “un enfoque más humano”. La primera de las clínicas invitaba a las solicitantes de asistencia en reproducción asistida a recurrir a la ovodonación “sin hacer estudio previo de la fertilidad de la paciente, que a lo mejor podría haber tenido un embarazo de forma natural”, por ser la ovodonación el proceso que mejores resultados da, pero también el que mejor se paga. En la segunda clínica, la práctica era sustancialmente diferente “y buscaban las maneras de exprimir al máximo la fertilidad de la paciente”. Mientras en la primera clínica se extraía una media de entre 15 a 19 ovocitos, en la segunda eran entre 7 a 10. Más ovocitos extraídos, por norma general, significa mayor medicación de la paciente y, a su juicio, la primera clínica daba dosis muy altas, aunque hace alusión al juramento hipocrático y la profesionalidad del personal médico. Mientras el director de la SEF matiza que los problemas médicos que se pueden dar por el proceso quirúrgico afectan a menos del 0,001% de los casos, Jociles apunta necesario que las clínicas, que son las que manejan la información de las donantes, investiguen sobre la cuestión de la salud: “No se conocen los problemas derivados de la ovodonación a largo plazo porque no se han estudiado, no porque no existan”.

“No se conocen los problemas derivados de la ovodonación a largo plazo porque no se han estudiado, no porque no existan”, defiende Jociles

Mientras la experiencia de Marina le lleva a “no recomendar, pero tampoco demonizar” la donación de óvulos, Anabel y Marisa —quien alega malestares derivados de la anestesia— sí la recomendarían, aunque para Anabel la peor parte del proceso tiene que ver con la salud mental: recuerda la donación de ovocitos como algo “duro por las connotaciones sociales que tiene, porque no es algo que haga una persona que no esté en una situación de precariedad”. Era, explica, como mirarse al espejo y reconocerse pobre por haberse sometido a un proceso hormonal en el que se vio rodeada, expresa, de un negocio donde se movían importantes sumas de dinero y en el que ella, como donante, era el eslabón más débil de la cadena.

Un tabú social

Jociles se percibe crítica en muchos aspectos con la sociedad norteamericana, pero valora positivamente el hecho de que “no sea hipócrita con la dinámica mercantilista que hay detrás de la donación de óvulos” en el momento en el no se habla de consentimientos informados, sino de contratos. “Hay perfiles por los que se paga un montón, y mujeres que ganan mucho dinero con esto, y es muy fuerte, pero esas mujeres están informadas, están asociadas y defienden sus derechos”. Durante un tiempo, la donación de óvulos era asumida por hospitales públicos, pero pasó al ámbito privado “por una cuestión de recursos”, según afirma Martínez Navarro. “La sanidad pública no tiene capacidad económica para cubrir todos esos tratamientos”, expone. “Hay hospitales públicos que tienen bancos de ovocitos, y otros que adquieren ovocitos de bancos privados para prestar asistencia en el hospital público”, apunta el portavoz de la SEF, que añade que se estima que solo uno de cada diez tratamiento con ovocitos donados se prestan en el sistema público. 

A Jociles le resulta difícil establecer en qué momento la donación de óvulos se convirtió en una práctica mercantilizada. “Supongo que cuando se comenzó en los años 80 y 90 en la sanidad pública, se percibió un nicho importante y crearon centros privados; cada vez se sumaron más al carro y se hicieron más competencia porque se vio que en este país esto generaba dinero”. Durante un tiempo, las ovogestaciones para parejas homosexuales y madres solteras estaban prohibidas en países europeos vecinos mientras en España eran legales, motivo que, sumado a las importantes cuantías económicas ofrecidas a las donantes, convertían a España en el edén de este tipo de tratamientos, que sin embargo mantienen a una su pieza clave invisibilizada: “Había una donante que me contaba, además con mucho dolor, que veía que las familias estaban súper agradecidas a los equipos médicos de las clínicas y que le daba la sensación de que ellas, en cambio, no tenían papel en todo ese montaje”. Lo ilustraba con las instalaciones de la clínica a la que acudió a donar: “Veía que la pareja que se iba a someter al tratamiento acudía a la sala por unos pasillos súper iluminados, maravillosos, mientras ellas pasaban por detrás, por un callejón donde había fábricas y almacenes”. Por eso, Jociles aboga por un mayor debate público que se traduzca en mayor protección hacia las donantes y que las empodere.

El testimonio de una ovodonante recoge cómo “veía que la pareja que se iba a someter al tratamiento acudía a la sala por unos pasillos súper iluminados, maravillosos, mientras ellas pasaban por detrás, por un callejón donde había fábricas y almacenes”

En general, las donantes no comparten, salvo a sus círculos muy cercanos —y a veces porque no les queda otra opción— que han donado óvulos. “Si tú haces esto por tu prima o por tu hermana es bonito, pero si lo haces por dinero se hace difícil hablar de ello”, sostiene Anabel. Desde que salió de la clínica, ella quiso alzar la voz, politizar su experiencia, presentar la decisión en términos de clase: “Ni soy la única persona que tiene curros de mierda, ni soy la única que ha donado óvulos, ni soy la única que puede hablar de ello y hacer ese ruido. Aparentar que todos estamos siempre súper bien, somos súper fuertes y súper solventes sí me genera malestar”. En la misma dirección, Marina admite “que en los últimos años su mentalidad ha cambiado mucho” y ahora se enfrenta a cuestionamientos alrededor de su decisión de donar óvulos “por ese factor de aprovecharse de chicas jóvenes sin recursos”. Considera, en este aspecto, que “si realmente se quiere potenciar la donación de óvulos desde una perspectiva altruista, habría que hablar de ello, dar más protagonismo al sistema público y enfocar el discurso de otra manera que no fuera la compraventa de óvulos”. 

¿Y el futuro?

La tasa de fertilidad en España en 2019 fue de 1,23, la más baja de la UE solo por detrás de Malta. Que la edad media a la que se tiene el primer hijo ha aumentado es un hecho, y que tiene consecuencias en términos de fertilidad también. Sin embargo, Daniela considera “un error” la práctica repetida de descargar la culpa sobre la mujer por inercia. Se refiere a que los acompañantes de las mujeres que recurren a esta técnica “se niegan a no aportar el material biólogico” en el proceso, porque entienden que la mujer “ya tendrá el vínculo de la gestación y el parto” y emplear otro semen es una opción descartada: “He llegado a ver incluso hombres que no tenían casi esperma en su eyaculado y que han preferido hacerse una biopsia testicular para obtener espermatozoides de ahí antes que recurrir a donantes. Igual que he escuchado que ‘no quiero ver en mi casa un hijo que no sea mío’”, comparte Daniela. “Es como si la mujer pudiera prescindir de la conexión genética con su descendencia porque se considera que se establece a través del embarazo”, apoya Jociles, que también considera que a nivel de investigación científica “se trabajaba más sobre el semen” por ese ímpetu en el vínculo genético. Desde la SEF indican, al contrario, que las principales líneas de investigación actuales “se basan en resolver los problemas relacionados con la falta y envejecimiento de ovocitos”. 

“He llegado a ver incluso hombres que no tenían casi esperma en su eyaculado y que han preferido hacerse una biopsia testicular para obtener espermatozoides de ahí antes que recurrir a donantes. Igual que he escuchado que ‘no quiero ver en mi casa un hijo que no sea mío’”, comparte Daniela

Fuera de las cuestiones vinculadas al concepto de maternidad, existe una preocupación acerca del futuro de la natalidad. Daniela vaticina, en este sentido, que las técnicas de reproducción asistida se van a abaratar: “No creo que se extienda en la sanidad pública, pero sí que a nuestra generación y las venideras nos van a ofrecer la congelación de óvulos como una opción, porque por desgracia las mujeres todavía tenemos que decidir entre ser madres o triunfar en el mundo laboral”. Aunque también considera importante no cargar la responsabilidad de la baja natalidad a las mujeres, ni siquiera por decisión: “Se habla de los efectos de la inserción laboral, pero no de que la calidad del semen ha disminuido drásticamente en los últimos años por los hábitos de vida”.

Tampoco se expone que con mejores salarios, menor brecha de género, alquileres asequibles o mejores políticas familiares y de conciliación, sería más fácil apostar por la crianza. Y qué deparará el futuro si se quiere modelar la lanza de flecha que es ahora la representación gráfica de la pirámide poblacional española es una incógnita, pero las urgencias son bastante claras: cambiar el enfoque de la reproducción asistida para que deje de ser un ejemplo más de las desigualdades del sistema y dotar de mayores derechos, seguridades y espacios a aquellas que, pese a su invisibilización, son parte imprescindible de este proceso.

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in