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junio 24, 2023

Ser mujer en la italia del renacimiento

El Renacimiento italiano fue una época de tímido progreso para la condición de las mujeres de clase media y alta. Por el contrario, para la gran mayoría la vida era muy difícil y ofrecía pocas oportunidades de mejora.

Retrato de Caterina Sforza, Duquesa de Forlì e Imola. Pinacoteca Civica di Forlì

“la excelencia o la inferioridad de las gentes no reside en su cuerpo ni depende de su sexo, sino en la perfección de sus costumbres y virtudes”. La escritora Christine de Pizan se avanzaba así, en su famosa obra La ciudad de las damas, a una corriente de pensamiento llamada Humanismo, cuyos ideales confluyeron en el Renacimiento y que supondría para las mujeres -o como mínimo, para una parte de ellas- una mejora de sus perspectivas vitales.

A finales de la Edad Media, la figura femenina se encontraba en una posición de clara subordinación al hombre, ya fuera este su padre, su marido, un hermano u otro familiar. Por norma general, la sociedad consideraba a las mujeres como personas incapaces de valerse por sí mismas, por lo que siempre debían estar sujetas a un hombre que no solo las alimentara, sino que también las mantuviera alejadas del camino del pecado que irremediablemente emprenderían si se las dejaba a su libre albedrío.

Realmente era difícil que una mujer de aquella época pudiera valerse por sí misma, aunque ciertamente no por su culpa: debido al crecimiento de los gremios durante los últimos siglos del Medievo, se implantaron una serie de restricciones en el acceso a los oficios que jugaron especialmente en contra de las mujeres. Estas vieron drásticamente reducidas sus posibilidades de acceder a un empleo más o menos cualificado y fueron desplazadas cada vez más a unos pocos trabajos específicos que se consideraban adecuados a la “naturaleza femenina”: cocineras, costureras, nodrizas, etc.

Las restricciones para acceder a los oficios provocaron una fuerte masculinización de muchos trabajos y la pérdida de posibilidades laborales para las mujeres.

La fuerte masculinización de los oficios reforzó las convicciones, ya arraigadas, de que el mundo laboral era cosa de hombres. Quienes aspiraban a ganarse la vida con un oficio debían inscribirse para ejercer legalmente y, en medio de un clima misógino, los gremios difícilmente aceptaban a una mujer. Los oficios eran prácticamente la única manera que tenían las mujeres corrientes para ganarse la vida, dado que la inmensa mayoría de la población era analfabeta. Las hijas de familias nobles sí recibían una educación, por lo que habrían tenido mejores perspectivas, si no fuera porque el papel de una dama de buena familia era forjar alianzas familiares por medio del matrimonio.

para saber más


Un hecho está claro: las posibilidades vitales de una mujer estaban muy condicionadas por su nacimiento, en función del escalafón social al que perteneciera. Pero contrariamente a lo que se podría pensar, estar en lo más alto no era necesariamente mejor; lo ideal era nacer en un cómodo pero discreto plano medio.

El Renacimiento supuso una mejora especialmente para las mujeres de clase media-alta; es decir, aquellas lo bastante bienestantes como para haber recibido una educación, pero no lo suficientemente importantes socialmente para ser “piezas valiosas” en el juego de la diplomacia matrimonial. Una mujer con educación podía acceder a trabajos mejores al servicio de la clase alta, especialmente el de preceptora, ya fuese en letras, ciencias o, especialmente, artes.

Autorretrato en el estudio, por Lavinia Fontana. Esta pintora nació a finales del Renacimiento, cuando los prejuicios hacia las mujeres artistas ya no eran tan fuertes, y llegó a pintar para la corte papal.
Foto: Galleria degli Uffizi

Las corrientes humanistas que empezaron a abrirse paso en Italia a finales de la Edad Media trajeron un mayor interés por la educación de las hijas, que en muchos casos no era inferior a la de sus hermanos varones; se les enseñaba literatura y música y, a menudo, también ciencias y filosofía. En el caso de las chicas se favorecía especialmente la formación artística y no era raro que dedicaran su tiempo libro a componer poesía, a pintar o a tocar un instumento. Esa formación las convertía en buenas candidatas para ocuparse, a su vez, de la educación de las hijas de la nobleza.

También las mujeres de más alta posición social tuvieron un cierto atisbo de reconocimiento social, aunque no profesional. En las grandes ciudades como Florencia y Venecia se difundieron los círculos sociales, algunos de ellos dirigidos por mujeres de grandes familias, donde se cultivaba la poesía, la filosofía y las discusiones científicas. Un ejemplo de este tipo de damas fue Lucrezia Tornabuoni, madre de Lorenzo de Medici, una mujer muy culta y respetada que hizo crecer a su hijo entre artistas y pensadores.

LA DOTE, LA GRAN PREOCUPACIÓN

Pero con independencia de la clase social o la formación, había un problema transversal que, para muchas mujeres, era uno de los mayores escollos en su vida: la dote, es decir, el dinero y bienes que debía aportar su familia para poder casarla. Lo cierto es que, sin importar cual fuese su formación, la sociedad veía con muy malos ojos a las mujeres solteras y se esperaba que todas se casaran, a ser posible cuando todavía eran jóvenes y podían dar muchos hijos: una mujer que pasase de los veinticinco años ya era considerada “mayor” para el matrimonio.

Se esperaba que una mujer tuviera muchos hijos -hay registros de algunas que llegaron a tener más de treinta- porque muchos de ellos morían durante la infancia. Cada parto era potencialmente mortal para la madre, que podía contraer una infección o sufrir una hemorragia.
Ritratto di famiglia, Bernardino Licinio. Royal Collection

La dote era una dotación económica que la familia de la mujer entregaba al marido en concepto de “manutención” de su esposa; debía ser aportada por su padre o, si este había muerto, por sus hermanos. Su naturaleza era ambigua ya que, aunque pasaba directamente al marido y era este quien la administraba, se suponía que no era para su uso sino para proveer a su esposa de lo que necesitase. Si él moría, la viuda tenía -al menos en teoría- derecho a reclamar que el nuevo cabeza de familia le entregase la parte que restase de la dote, algo que en la práctica era complicado por la imposibilidad de demostrar exactamente qué cantidad se había consumido.

La sociedad veía con muy malos ojos a las mujeres solteras. Si no podían afrontar el coste de la dote, las familias a menudo optaban por enviar a sus hijas a un convento.

Aportar una dote era casi imprescindible para el matrimonio y muy raramente una mujer sin ella podía casarse: el motivo era precisamente que para la mayoría resultaba difícil encontrar un trabajo con el que ganasen lo suficiente para mantenerse por sí mismas, por lo que al menos en parte dependerían económicamente de su marido. Pero esto, a la vez, servía de excusa para que los salarios de las mujeres fuesen más bajos que los de los hombres, ya que se suponía que o bien su dote o el salario del marido cubrirían el desequilibrio.

Las familias que no podían costear la dote, especialmente si habían tenido varias hijas, a menudo optaban por mandarlas a un convento, ya que la institución les proporcionaba alimento y un techo. La alternativa era que las hijas empezasen a trabajar desde muy jóvenes para procurarse su propia dote, especialmente en el servicio doméstico de las familias adineradas: la gente con pocos recursos enviaba a sus hijas apenas adolescentes a servir como camareras, cocineras, damas de compañía o compañeras de juegos de las niñas nobles. Las dificultades se acentuaban en la campiña, provocando una auténtica migración femenina hacia las ciudades.

Las niñas de la nobleza a menudo pasaban sus primeros años de vida al cargo de nodrizas, creciendo con ellas y sus familias en villas de campo. Las nodrizas estaban entre las mujeres mejor pagadas del servicio doméstico.
Foto: Visite à la nourrice, Etienne Aubry

MUJERES INDEPENDIENTES

A lo largo de todo el Renacimiento hubo mujeres que lucharon para abrirse paso por sus propios medios en una sociedad que las trataba, en el mejor de los casos, con una paternal condescendencia. Las mujeres artistas, en particular, tenían mejores perspectivas al poder ganarse la vida con su trabajo y hacia el siglo XVI empezaron a ser mejor aceptadas, si bien seguían siendo una minoría. También las cortesanas podían ser económicamente independientes, aunque mal vistas: generalmente han sido descritas como prostitutas de alta clase, pero lo cierto es que eran mujeres con una gran educación que se rodeaban de artistas, intelectuales y científicos.

Si no se puede decir que el Renacimiento fuera una época de esplendor para todos, menos aún lo fue para todas. El humanismo no echó por tierra siglos de prejuicios contra las mujeres: eran pocas las que podían vivir una vida independiente o tan siquiera ejercer un cierto grado de autoridad en su propia casa. E incluso cuando lo hacían, mucha gente las veía como mujeres extrañas que no se comportaban como se suponía que correspondía a su sexo.

Retrato de la marquesa Vittoria Colonna, por Girolamo Muziano. La maquesa de Pescara cultivó la poesía y se rodeó de los mejores artistas e intelectuales de su época.
Foto: Palazzo Colonna

Tal vez el mejor ejemplo de esto sea Vittoria Colonna, marquesa de Pescara y poetisa; una mujer de gran cultura que cultivó su pasión por las artes y se rodeó de los mejores artistas e intelectuales de su tiempo, entre otros Miguel Ángel. El Buonarroti -quien por otra parte no era famoso por su tacto- dijo de ella que era “un hombre en una mujer, o más bien un dios” y a su muerte escribió: “La muerte me ha arrebatado a un gran amigo”.

Fuente: National Geographic

octubre 28, 2022

Mujer de 33 años hizo más de 1600 biografías en Wikipedia para científicas desconocidas

Jessica Wade comenzó a escribir biografías en Wikipedia sobre científicas mujeres y pertenecientes a minorías 



Jessica Wade fue invitada al Palacio de Buckingham para recibir la prestigiosa Medalla del Imperio Británico, se destacó por ser una joven homenajeada por sus aportes a la ciencia.Irónicamente, estaba siendo honrada por intentar cambiar eso.

Wade, de 33 años, física radicada en Londres, se ha convertido en todo un fenómeno en su campaña muy personal para atraer a más niñas a estudiar y trabajar en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Biografías en Wikipedia

Wade ha escrito más de 1600 entradas en Wikipedia sobre científicas ignoradas durante mucho tiempo, y tiene creencias firmes sobre cómo apoyar a las niñas interesadas en el campo.

Wade ganó notoriedad cuando tenía 20 años cuando comenzó a escribir biografías en Wikipedia sobre científicas mujeres y pertenecientes a minorías que nunca recibieron lo que se les merecía: de los empleadores, de otros científicos, del público.
Reconocimientos

A medida que sus entradas en Wikipedia ascendían a docenas y luego a cientos, habló y escribió más sobre la igualdad de género en la ciencia. Ganó premios y medallas y fue citada por Jimmy Wales, el fundador de Wikipedia.

Sin embargo, no todo Wiki-world estaba contento con ella. Varias de sus entradas fueron eliminadas por otros wikimedianos, como se llama a los colaboradores y editores más influyentes. Ella le dijo a TODAY.com que dijeron que un puñado de mujeres que escribió no eran tan conocidas.

Wade dice que ese es el problema.
Clarice Phelps

Un ejemplo fue Clarice Phelps. Wade escuchó sobre la joven química nuclear afroamericana y escribió una biografía en Wikipedia describiendo su trabajo en un equipo que descubrió un nuevo elemento de la tabla periódica en el Laboratorio Nacional Oak Ridge en Tennessee.

La entrada de Phelps rebotó dentro y fuera de Wikipedia cuando los críticos la borraron y Wade la defendió. Wade ganó al final, y la entrada de Phelps está de vuelta en Wikipedia para siempre.

Fuente: Sagrosso

octubre 13, 2022

España. Pocas autoras en los catálogos de las bibliotecas

Los títulos de autores triplican a los de autoras en el Catálogo Colectivo de Bibliotecas Públicas españolas. La brecha tiende a disminuir con el tiempo y lo hace de forma más significativa en las últimas décadas. Además, todas las comunidades autónomas muestran análisis similares.

Un análisis exhaustivo de recursos violetas

La Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria solicitó un procedimiento que permitiera tener indicadores de la presencia de autores y autoras en los catálogos de bibliotecas públicas españolas recogidos en el catálogo colectivo de las bibliotecas públicas españolas (CCBIP). La empresa Baratz, autora de Absys, uno de los sistemas de gestión bibliotecaria más empleados en España, desarrolló un proyecto basado en un riguroso tratamiento de datos. Además de los registros del CCBIP se emplearon los de la Biblioteca Nacional de España (BNE) y los de REBECA, un registro bibliográfico cooperativo realizado por las Bibliotecas Públicas del Estado, Bibliotecas Centrales de Comunidades Autónomas y redes de bibliotecas públicas que sirve de fuente de recursos bibliográficos para la catalogación automatizada.

Imagen: Pixabay.

Para el tratamiento de esa cantidad ingente de datos, primero se analizaron los registros de autoridad de personas de la BNE; en segundo lugar se utilizaron esos registros para enriquecer los datos de autoridades de REBECA. Por último, se revisó el catálogo del CCBIP incorporando los datos anteriores y añadiendo un campo de uso local con el contenido de género del autor principal. A partir de esa información se realizó el estudio estadístico solicitado.

Los números del proceso son los siguientes: con respecto a la BNE, del total de registros de autoridades de persona (1 417 017), había 927 715 con el género registrado (65,46 %). De ellos, 669 218 eran de género masculino (72,62 %) y 258 398 de género femenino (27,85 %). En REBECA, el total de registros con género tras el proceso fue de 240 159 (38,56 % del total de registros de autoridades frente al 1,22 % inicial). De ellos, 169 660 fueron de género masculino (70,64 %) y 70 477 de género femenino (29,34 %).

Como paso final, se utilizaron las autoridades «enriquecidas» en el proceso anterior sobre los registros bibliográficos del CCBIP para marcarlos por género. El total de registros con género tras el proceso es de 2 047 124 (42,08 % del total de registros de autores del CCBIP). De ellos, 1 570 195 son de género masculino (76,70 %) y 476 929 de género femenino (23,30 %).

Resultados por comunidades autónomas y su evolución en el tiempo

El análisis de la evolución en el tiempo se basó en la fecha de publicación de las obras. Eso quiere decir que no es tanto la evolución temporal de la política de adquisiciones de las bibliotecas como la evolución de la producción de autoras. El reparto de género por comunidades seguía también la misma tendencia nacional, sin diferencias llamativas. Es decir, que son muchos más los títulos de autores que de escritoras, compositoras, ilustradoras, etc. Ni siquiera políticas más activas en la decisión de adquirir obras de mujeres para sus bibliotecas consiguieron diferenciar las curvas por comunidades.

Sin embargo, en la distribución de género a lo largo del tiempo, representado en décadas, se observa una evolución muy positiva hacia la igualdad, pasando del 3 % de obras con autoría femenina fechadas antes de 1900 al 36 % en la década de 2020. Esta evolución es especialmente fuerte en las últimas décadas. Por ejemplo, mientras que para obras publicadas en la década de 1970, la relación es 90,97 % (obras de autor masculino) / 9,02 % (obras de autoras), en la de 2010 a 2020 parece estar en 63,62 % / 36,37 %. En cualquier caso, sería interesante comprobar si la falta de adquisición de títulos de autoría femenina para las colecciones de las bibliotecas públicas es un reflejo de la ausencia de producción de obras de mujeres.

¿Se reconocieron las aportaciones de mujeres en el pasado?, ¿las editoriales prestaban atención a los títulos de mujeres?, ¿lo hacen en la actualidad?

El proceso técnico

En cuanto al tratamiento de datos realizado para el análisis se ha constatado que queda mucho trabajo por hacer para que las autoridades del proyecto REBECA cuenten con una asignación mayoritaria de género a los autores personales; es un campo que no suele rellenarse. Como ya hemos dicho, después del proceso masivo realizado dentro del marco de este proyecto, aumentó del 1,22 % al 38,56 %, pero todavía falta mucho para acercarse al porcentaje del 65 % de autores personales con indicación de género que tiene en la actualidad la BNE y que previsiblemente irá en aumento.

La combinación de ambas tareas (manual y masiva) sobre las autoridades de REBECA, debe quedar reflejada en la colección bibliográfica de CCBIP, de modo que vaya aumentando progresivamente el 42 % obtenido tras este proceso. Es decir, que sería bueno incluir siempre el género en la autoría de una creación literaria, artística o de cualquier tipo, es una manera de tomar conciencia.

Propuestas para la igualdad

En 2019 el Consejo de Cooperación Bibliotecaria (CCB) organizó su reunión anual con la participación de todas las administraciones con competencia en materia de bibliotecas. Se aprobó el III Plan Estratégico de Bibliotecas, que incluía la creación de una Comisión de Igualdad con un objetivo claro de alto impacto en cuestiones de género. Además, se concretó la promoción de la lectura de obras, en distintas lenguas, que fomenten la equidad. En esta línea se plantearon formaciones profesionales muy centradas en una perspectiva inclusiva. La idea era incitar a una toma de conciencia en usuarios, profesionales y servicios.

Fuente: CCB.

Este tercer plan está dirigido por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria y contó con la aportación de todas las administraciones. Se desarrollaron actuaciones para la igualdad de género marcadas de forma quinquenal (2019-2023). Las metas propuestas se están llevando a cabo en cuatro líneas de actuación en las bibliotecas: Usuarios, Profesionales, Visibilidad de las bibliotecas y Ciudadanía digital. Diversas asociaciones y muchas organizaciones representativas del sector que comparten el criterio de igualdad, inclusión y accesibilidad se comprometieron a colaborar en la constitución de esta comisión.

Para visibilizar la obra femenina en las redes de bibliotecas se propuso intervenir a través de la formación de profesionales, la adquisición de fondos bibliográficos de diferente temática inclusiva y la creación de mapas de autoras en cada red de bibliotecas que visibilice las aportaciones de tantas mujeres olvidadas. Además, se fomentará el uso de lenguaje inclusivo. Se dedicará especial atención a los servicios bibliotecarios ubicados en entornos rurales, ya que la despoblación y el envejecimiento afectan al acceso a la lectura y a los servicios bibliotecarios.

Para las bibliotecarias y los bibliotecarios se pretende implantar la perspectiva de género en sus funciones y en el trabajo en equipo. Fue una gran oportunidad para crear alianzas con el mundo académico y asociaciones profesionales y se llevaron a cabo acciones para facilitar la internacionalización de profesionales. En el ámbito de la visibilidad de las bibliotecas, una de las medidas destacadas fue resaltar la autocrítica sobre espacios públicos inclusivos y accesibles. Por último, se contemplaron acciones para fomentar la creación de colecciones digitales con obras del patrimonio bibliográfico español realizadas por mujeres (autoras, impresoras, editoras, etc.) con el doble objetivo de ser reconocidas por la sociedad y de alentar nuevas investigaciones sobre el papel de la mujer a lo largo de la historia.

Lo que ya hacen las bibliotecas

Las bibliotecas públicas son espacios inclusivos, entornos de acogida y de tolerancia. Por este motivo deberían abrirse a todas las personas, sin que importe su género, etnia, clase socioeconómica, creencia, orientación sexual, o cualquier otro tipo de rasgo susceptible de opresión social. Todos los usuarios y todas las usuarias tienen en estos entornos culturales un espacio que amplía la mirada a un abanico interseccional de no discriminación. Sería bueno que las personas que trabajan en las bibliotecas tuvieran una formación en igualdad que no se ciñera a una perspectiva de género tomada como reto por superar, sino que abarcara orientaciones sexuales de sus usuarios, creencias, discapacidades de cualquier tipo, nivel social, origen, etc., sin que estos rasgos influyeran en su labor pública. Es interesante promover en las bibliotecas públicas una inclusión real a través de actividades culturales cuidadas y acogedoras, a través de la adquisición de recursos abiertos y accesibles, de la oferta de servicios para todas las personas que entren en estos espacios ricos y amables. Son muchos detalles los que hacen inclusiva una biblioteca: el lenguaje que no discrimina, la ausencia de barreras físicas y mentales, la calidad de sus recursos, los títulos de sus estanterías, las presentaciones de libros con autores y autoras sensibles en temas de igualdad, la disponibilidad de una orientación crítica de lecturas a petición del futuro lector, los ambientes para los más pequeños con sus álbumes preciosos, violetas, con colores o en braille sin ellos…

En las bibliotecas públicas se crea un motivador tejido social a través de clubes de lectura, de colaboraciones con colectivos que se enriquecen con la diversidad y, en definitiva, con la formación de un equipo de profesionales que comparte la ilusión de la acogida, la pasión por la cultura para cubrir necesidades de la mente y del alma. Los recursos son insuperables: libros, saberes de hombres y de mujeres que comparten sus pensamientos con letras sin preocuparse del lector o de la lectora que los disfruta. Sin embargo, muchas aportaciones culturales de mujeres no han sido reconocidas y lo que no se nombra, no existe, y entonces no puede formar parte de la colección de fondos de una biblioteca. Nos faltan muchas por sacar a la luz y ocupar su lugar en estantes que les corresponden por calidad y derecho, por un criterio y un canon propio, con una perspectiva diferente a la inercia patriarcal, ¿diferente, más adecuada, más justa, más amplia?

ReferenciasConsejo de Cooperación Bibliotecaria (2019). III Plan Estratégico.
Ministerio de Cultura y Deporte (2021). Estudio de la presencia de autoras en el CCBIP.

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

Fuente: Mujeres con Ciencia

septiembre 30, 2022

Mujeres que viajan sola

Clara Adams (1884-1971) fue una de las primeras viajeras que voló en avión con frecuencia, un papel tan importante en la historia de la aviación como el de los primeros pilotos o el de las primeras aviadoras.
La dama de los vuelos de ocio

A las 3:12 de la tarde del miércoles 28 de junio de 1939, Clara despegó de Long Island para iniciar el primer trayecto de su vuelo alrededor del mundo. No seguiría el desafortunado itinerario de su amiga Amelia Earhart, quien, dos años antes, había intentado convertirse en la primera mujer piloto en dar la vuelta al mundo. Earhart había trazado un curso hacia el este desde Oakland, California, a lo largo del ecuador hasta que desapareció en algún lugar del Pacífico Sur. La ruta de vuelo de Adams la llevaría por un recorrido más al norte, a través de Europa, Oriente Medio y el Sudeste Asiático antes de ir de isla en isla por el Pacífico, con una distancia total que calculó en unos 39 600 km.

Itinerario alrededor del mundo de Clara Adams, 1939. Fuente: Airships.

Dieciséis días, 19 horas y cuatro minutos más tarde, Adams aterrizó a salvo en el aeropuerto de Newark y se convirtió así en la primera persona en dar la vuelta a la tierra mediante vuelos comerciales. Pero Clara Adams no era piloto. Era una pasajera. Los periódicos la llamaban «la primera viajera», «la dama de los primeros vuelos», la mujer que tenía siempre billete para todos los trayectos de avión inaugurales importantes durante los albores de los viajes aéreos. Como los pioneros y las pioneras de la aviación, no sólo perseguía récords, sino que reivindicaba el avión como un medio de transporte habitual, como una forma de viajar que en un futuro llegara normalizarse.

«El concepto de avión para transportar pasajeros no estaba instaurado», dice la historiadora Barbara Ganson sobre los primeros días de la aviación. «Incluso los militares no estaban convencidos de que fuera una buena idea usar este medio para ello». Pasajeros de prueba como Adams, que se convirtieron en celebridades por derecho propio, animaron al público a volar, a subir a esos pájaros de acero y relajarse durante el trayecto.

«Ella era Wally Funk», dice Ganson, comparando a Adams con esta viajera más moderna, que habría sido la primera mujer astronauta si la NASA no la hubiera descartado en la década de 1960, y que finalmente fue pasajera en uno de los primeros vuelos espaciales comerciales en 2021. «Clara Adams despertó el interés por los viajes aéreos. Ahora Wally Funk está haciendo lo mismo con los viajes espaciales».
Una influencer de otro siglo

En 1939, a Clara le propusieron otro viaje histórico: la Feria Mundial en Queens, Nueva York. Allí, 1500 personas se reunieron en un gran pabellón diseñado para evocar un bullicioso aeropuerto y escuchar lo que ella contaba ilusionada sobre sus viajes.

Adams voló por primera vez 25 años antes, en 1914, el año del primer vuelo comercial, y con 30 años pagó 10 dólares para ser la única pasajera en un hidroavión Benoist XIV a una altura récord de unos 200 m sobre el lago Eustis, en Florida. Estaba aterrorizada. «Mi corazón iba tan rápido como el motor». Algunos años más tarde, voló junto a Marjorie Stinson, una de las primeras mujeres piloto de Estados Unidos y la única admitida en el Cuerpo de Reserva de Aviación de este país, en un Wright Flyer sobre el centro de Texas.

Clara Adams. Fuente: Airships.

Adams se hizo amiga de muchas de las primeras aviadoras, pero nunca tuvo ningún interés en sentarse en la cabina. Se consideraba una aficionada a la aviación sin curiosidad por la mecánica del vuelo; sus intereses eran vivenciales, estéticos, algo así como desafíos personales… viajar en avión era sobre todo una experiencia; se sentía una exploradora como aquellos que arriesgan sus vidas para escalar picos cada vez más altos y ver el mundo desde otro ángulo. Adams coleccionó recuerdos, dibujó las escenas que veía desde allá arriba, capturó su asombro en una prosa vívida y lo hizo desde uno de los primeros vuelos de prueba de un dirigible sobre los Alpes, como la primera pasajera en un vuelo transatlántico en zepelín o como privilegiada en el primer vuelo comercial en avión transpacífico (algunos de sus álbumes de recortes se encuentran ahora en los archivos de la Colección de Historia de la Aviación de la Universidad de Texas).

Clara era consciente del poder que tenía para moldear la opinión pública sobre los viajes aéreos. En mayo de 1937, el dirigible alemán Hindenburg explotó cuando intentaba tomar tierra en el aeródromo de Lakehurst, cerca de Nueva York, tras un viaje transoceánico desde Frankfurt. El desastre, que tuvo como consecuencia el declive de la era dorada de los dirigibles, se cobró las vidas de 35 tripulantes y pasajeros y de una persona del público. El día después del accidente, Adams envió un depósito de 100 dólares para el vuelo inaugural de un nuevo dirigible alemán. «Lo hice para demostrar que seguía confiando en la tecnología aeronáutica».

Viajar en avión o viajar en bus, igual de habitual

Después de su circunnavegación comercial en avión, Clara dio una charla frente a un público que quería escuchar sus opiniones sobre los viajes en el futuro que presentaba la Feria Mundial de Nueva York de 1939. Trató de transmitir la magia del vuelo y las maravillas que proporcionaría esta nueva forma de transporte comercial. Había viajado alrededor del mundo, incluso tenía un competidor en un hombre llamado Norman L. Lee, un corredor de bolsa de Nueva York, que estaba dando la vuelta al mundo en un vuelo comercial en la dirección opuesta, siguiendo la ruta Marsella-Basora-Hong Kong-Guam.

Clara Adams (1938).

Clara contó a su audiencia la emoción que sintió al ver la luz del sol que se reflejaba en la cúpula dorada de un templo budista en Rangún. Celebró el 4 de julio en la India, con Lee y Umaid Singh, el marajá de Jodhpur, también un pionero de la aviación, y paseó entre los miles de charranes, piqueros y fragatas que poblaban la isla de Wake en el Pacífico central. «Es como un sueño. Ha sido como ir en la alfombra voladora que leíamos de niños ». Agregó: «Ojalá todos pudieran tener la oportunidad de disfrutar esa misma experiencia».

Su billete para dar la vuelta al mundo había costado 1935 dólares (alrededor de 40 000 dólares de hoy), nada asequible para muchos, pero Adams soñaba con el día en que especialmente las mujeres, tuvieran la oportunidad de sentir un planeta más interconectado cada día. En pleno vuelo, más de una década antes, había escrito: «Es una lástima que la gran mayoría de las mujeres estén tan limitadas por su contexto familiar o socioeconómico, sus responsabilidades o sus ataduras, y que un viaje por el aire les resulte un sueño tan salvaje como un viaje a la Luna».

Clara había volado, según sus propias estimaciones, más de 300 000 kilómetros en vuelos inaugurales durante las décadas de 1920 y 1930. Se había convertido en una garantía un tanto supersticiosa para pilotos y pasajeros en esos primeros vuelos. Pero la Segunda Guerra Mundial la dejó en tierra y, para la década de 1960, la era de la aventura de la aviación ya había pasado. El mundo había entrado en la «edad de oro» de los viajes aéreos, cuando un viaje en avión era ya lo suficientemente común como para ser una posibilidad viable para muchos estadounidenses, aunque todavía estaba imbuido de la sensación de lujo y glamour que Adams conoció a bordo de los dirigibles de la década de 1930. Muy pronto, los viajes aéreos perderían ese brillo a medida que se volvieron más y más baratos (y ocasionalmente desagradables).

Adams ayudó a que la aviación se convirtiera exactamente en lo que había imaginado en 1928. «Es solo cuestión de tiempo», escribió, «el que el servicio regular de transporte aéreo sea tan común como un viaje en autobús.». Desafortunadamente la premonición de Clara se cumplió y hoy la huella de contaminación de los vuelos comerciales es altísima, tanto que muchos viajeros y muchas viajeras se planteen alternativas más sostenibles.

Viajar en solitario

El tópico de que los hombres son más aventureros y atrevidos que las mujeres es eso, un tópico. Análisis de datos realizados por plataformas de viajes muestran que los hombres dedican más tiempo que las mujeres a actividades intensas que provoquen sensaciones fuertes. Pero hay un ámbito en el que esta regla se invierte: según un estudio de Booking.com, si al 55 % de hombres les gusta viajar solos, este porcentaje aumenta en el caso de las mujeres hasta el 72 %. Agencias que organizan viajes individuales en Estados Unidos afirman que entre el 70 y el 75 % de todos sus clientes son mujeres, cifras parecidas a las de Reino Unido y con una tendencia al alza. En una encuesta realizada por Tripadvisor, en España viajan en solitario un 14 % más de hombres que de mujeres, pero esto se debe al porcentaje de viajes laborales, que en el caso de los hombres son la mitad de sus trayectos en solitario y duplica el número de viajes de trabajo que realizan las mujeres.

Un dato llamativo es que la media de edad de las viajeras solitarias es de entre 35 y 55 años, mientras que la de los viajeros es de 30 a 45. Además, para las mujeres la condición principal es la seguridad (la tercera condición en el caso de los hombres), y le sigue la atracción por la cultura local y el turismo tradicional, mientras que ellos hablan más de las posibilidades de aventura. Por otra parte, las mujeres se sienten atraídas por viajes que ayuden a dar un cambio de perspectiva de sus vidas, es decir, el viaje como experiencia reveladora, como oportunidad para reflexionar, cuidarse y pensar en una misma.

Según la psicóloga Lisa Marie Bobby, el número tan bajo de hombres que viajan solos puede deberse a la forma de relacionarse entre ellos; tienen más asociada la construcción de relaciones interpersonales a través de actividades. Muchas mujeres disfrutan con la excusa de un café para hablar, sin la necesidad de organizar un partido de pádel o cualquier evento planificado. Por su forma de socializar, los hombres asocian los viajes más como actividad en grupo donde mejorar la camaradería que como una actividad grata por sí misma.

Quizá las mujeres viajen solas porque no encuentran inconveniente en estar solas, en la gestión de los sentimientos y las experiencias que pueda provocar un viaje grato, como hacía Clara Adams.
Referencias

White A (2022). The Woman Who Taught the World How to Fly. Atlas Oscura

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

Fuente: Mujeres con Ciencia

agosto 23, 2022

A las mujeres se las sigue publicando menos, pese a leer y escribir más


Las mujeres leen más y se dedican más a la escritura, pero del total de obras registradas en España en 2021 solo el 37,8 % era de una autora, lo que expertos del sector consultados por Efe explican en la falta de igualdad de condiciones para la creación y la propia responsabilidad de los editores para tener un catálogo paritario.

Según la última edición del estudio "Hábitos de lectura y compra de libros en España", editado por el Ministerio de Cultura, el porcentaje de mujeres lectoras de libros en su tiempo libre es significativamente superior en España al de los hombres: un 69,6 % de mujeres frente a un 59 % de hombres.

Ellas leen más

Sin embargo, a pesar de que ellas leen más, ellos son los principales productores de literatura: los datos de obras registradas en el ISBN en 2021 dicen que, de 66.371 títulos inscritos en el España, el 61,8 % son de hombres y el 37,8 % son de mujeres (el resto son de publicación colectiva o registrados como obras de instituciones o entidades).

"Durante mucho de tiempo nos hemos centrado en decir que las mujeres han sido invisibilizadas y que, por lo tanto, su obra creativa, literaria o del tipo que sea no se ha tenido en cuenta. Y esto es verdad. Pero hay otro aspecto que es muy interesante y que hay que tener en cuenta, y es que, a lo largo del tiempo, las mujeres no han podido crear valor", señala la profesora colaboradora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC Montserrat Gatell.

"Esto hace unos años costaba mucho decirlo, pero la función de las mujeres en el mundo durante siglos ha sido otra y no han tenido las mismas oportunidades para acceder al mundo del conocimiento. Desde la antigüedad más clásica, las mujeres no tenían acceso a la alfabetización", comenta.
¿Una mujer Shakesperare?

Y contesta así a uno de los argumentos que a menudo se han esgrimido desde el denominado "patriarcado": "Si no ha habido ninguna mujer Cervantes o Shakespeare, como se acostumbra a decir, es porque no se les ha dado la posibilidad".


En su célebre ensayo "Una habitación propia", Virginia Woolf exigía para las mujeres escritoras una renta mensual para poder sostenerse y un espacio propio para poder crear.

Esa habitación "no es sino una metáfora para reclamar la necesidad de contar con unas condiciones físicas y mentales adecuadas para la creación", dice Gatell, que reflexiona que "el sistema dice a las mujeres que su tarea no es otra que cuidar".
"Somos la mitad"

La editora y fundadora de Raig Verd Editorial, Laura Huerga, también explica a Efe que la desigualdad en la publicación "preocupa mucho y desde hace tiempo" a las mujeres del sector.

"Somos la mitad de la población pero eso no se refleja en reconocimientos ni en número de publicaciones", apunta la editora, quien señala que cada firma debe asumir también su parte de responsabilidad y qué hacer por ofrecer un catálogo paritario.

Huerga señala que se ha venido considerando la literatura escrita por una mujer y las historias y puntos de vista femeninos como "temas y libros menores".

"Se habla de tema de mujeres, como si fueran menos importantes, como si no fuéramos personas todos y al final nos enfrentaremos a los mismos retos y desafíos y dificultades. Existen muchos prejuicios", añade.

La editora también destaca las "mentiras" que se han escampado en los últimos años sobre la mayor posibilidad de publicación siendo mujer porque las lectoras, precisamente, quieren leer más historias desde su perspectiva.

"Lo vimos en el caso del pseudónimo Carmen Mola, bajo el que había tres hombres usando el argumentario basado en una mentira de que se publica a más mujeres", denuncia.

"En la literatura como en los medios o en las tertulias, se da el espejismo de que si hay alguna mujer entre muchos hombres eso ya es paridad", lamenta.Noticias relacionadas

También el espejismo de la igualdad se ve reflejado de forma muy clara, recuerda, en los premios literarios: solo 16 mujeres han ganado el Premio Nobel de Literatura, que desde su creación, en 1901, han conseguido 112 hombres.

En España, el Premio Cervantes ha galardonado solo a 4 mujeres frente a 41 hombres desde 1976, y el Premio Planeta ha sido otorgado a 17 mujeres desde 1952 y a 53 hombres.

Lara Malvesí | Efe

junio 13, 2022

Tiziana Plebani. Reconstruir el trazo de las escritoras

En El canon ignorado, la historiadora italiana rastrea desde la Edad Media el protagonismo olvidado de las mujeres en la escritura y los mecanismos de invisibilización de ese legado.

Christine de Pisan, imagen de "De Histoire de la langue et de la littérature française des origines à 1900", por L. Petit de Julleville, 1896.

“Escribían mucho, escribían acerca de todo, escribían en cualquier diario que les abriese las puertas y corrían el riesgo de que se las considerase escritorzuelas. ¿Qué podían hacer? Solo tener paciencia. No bajaban los brazos”. Aunque la historia de la escritura (que puede ser lo mismo que la historia de la literatura, pero en este caso no lo es) sea canónicamente sobre todo masculina, hay un trazo de tinta empuñado por manos femeninas que puede rastrearse dificultosamente hasta la Edad Media y esa tarea, monumental, es la que emprendió hace años la investigadora italiana Tiziana Plebani.

Christine de Pisan, en la British Library.

En archivos europeos, en reservorios de documentación económica o judicial, entre correspondencias de don nadies y doñas nadie y en proto-medios de comunicación fue descubriendo que la actividad de la escritura también fue una actividad en la que las mujeres tuvieron protagonismo. Aunque la historia no las haya narrado con justicia.

“La escritura femenina es testimonio de la continua toma de la palabra, de involucramiento, de propuestas y de rebeliones, de voluntad y de tenacidad”, anota en El canon ignorado, una verdadera reconstrucción de aquel compromiso y de la lucha contra del olvido de las mujeres que escribieron.

Primero, a partir del siglo XIII, los escritos comunes de las mujeres eran anotaciones en documentos contables, recetas, rimas, testamentos y, al mismo tiempo, textos espirituales y literarios. Luego, ellas fueron aprendiendo a escribir por los canales menos formales y sencillamente solas.

”Se aprendía sin gramática, imitando los ejemplos de las escrituras, aprendiendo a dibujar las letras. Las mujeres, esto es una constante a lo largo de la historia, siempre han querido aprender y "robar con los ojos" lo que podían”, indica.

En esa búsqueda, a contramano de lo que pasó con tantos trabajos paralizados a causa de la pandemia, a la investigadora italiana el encierro la favoreció: “Por suerte, las bibliotecas venecianas durante el encierro estaban abiertas con reservas obligatorias y restricciones, pero esto me permitió salir de casa y estar con otros para estudiar y escribir con seguridad. Sin las bibliotecas y los archivos y sus extraordinarias colecciones para explorar, no podría haber escrito este libro”, asegura.

De manera que este intercambio con Ñ no podría haber sido de otro modo que por escrito: dos mujeres con el mar por medio, anotando con los choznos electrónicos de las primeras plumas, imbricándose en una tradición que comienza en la Edad Media.

Aunque cuenta con un escritorio en su casa veneciana, Plebani comienza a responder las preguntas en la cocina de su casa: “Hay una gran mesa y mucha luz. Necesito mucho espacio para mi portátil, mis apuntes, muchos de ellos todavía escritos a mano (me encanta escribir en hojas grandes y con pluma estilográfica), notas y diagramas manuscritos, impresiones de mis borradores de texto, libros de estudio, estuche, lápices y algunos aceites esenciales para oler (menta y naranja amarga)”, comparte.

–¿Por qué comienza por establecer una diferencia entre el acto de escribir y la obra literaria, y cuál es el vínculo, entonces, entre estas actividades en su investigación?

–El aprendizaje de la escritura en el pasado estaba desvinculado del de la lectura, sobre todo para las mujeres, a las que se les enseñaba el "trabajo femenino", la lectura para poder acercarse a los libros piadosos y la costura y el bordado. Sin embargo, cuando las lenguas vernáculas se generalizaron, fue más fácil adquirir cierta confianza con la pluma, quizá sólo para llevar la cuenta de los negocios familiares, sobre todo en las ciudades mercantiles. Pero aprender a tener un bolígrafo en la mano puede despertar el deseo no solo de anotar una cuenta, sino también de expresar sus pensamientos. No quería establecer una distancia entre la escritura literaria y la escritura cotidiana –piensen en las cartas que las mujeres escribían para llegar a los parientes lejanos, que son muchas– sino situarlas en la misma dimensión, que es la de la escritura, la de la creación de conexiones. Cuanto más crecía la alfabetización y más peso tenían las mujeres en la sociedad de la época, más aspiraban a la escritura literaria, a tener un público y quizás incluso a ganar dinero. He descrito las dinámicas en diferentes momentos de la historia respecto a lo que he llamado "vasos comunicantes", la escritura comunal por un lado y la escritura literaria por otro. No hay una ruptura sino un diálogo y a menudo un contagio.

Hildegard_von_Bingen Protestificatio de Scivias, Fol. 1, Facsímil de Eibingen del códice de Ruperstberg.

–¿Por qué la idea de la alfabetización no le parece relevante para analizar el papel social y creativo de las mujeres antes de la Edad Media?

–El comienzo de esta historia está necesariamente ligado a lo que permitió que las mujeres empezaran a tener voz en la literatura y la escritura: el nacimiento y la legitimidad literaria que obtuvieron las lenguas romances. Anteriormente, aunque tenemos algunos escritos de abadesas y otras mujeres de la aristocracia, el conocimiento del latín estaba vedado a las mujeres como a la mayoría de la gente. Solo la salida de la hegemonía latina volvió a dar voz a las mujeres. Ya había escrito sobre esto en mi trabajo El género de los libros.

–Explica usted que el desarrollo de las ciudades y la expansión del comercio crearon la necesidad de instrumentos escritos. Tendemos a imaginar a las mujeres alejadas de estas actividades: ¿fue este el caso?

–Nuevas investigaciones sobre la historia del trabajo femenino han revelado la presencia de mujeres prestamistas, empresarias, activas en muchas manufacturas: el mundo de las ciudades era un mundo de negocios y, por tanto, de contabilidad, de registros, de contratos y de cupones. Los negocios tenían una estructura de tipo familiar, y aunque los registros notariales solo muestran los nombres de los cabezas de familia, al ir a estudiar, como se ha hecho, otras fuentes, como los testamentos, se revelan las actividades de las mujeres y sus escritos.

–“Las mujeres escribieron sobre todo y utilizaron todos los géneros literarios”, asegura. Algunos de ellos fueron incluso famosos y muy leídos en su época. ¿Quiénes eran estas mujeres y qué textos se conservan de ellas?

–Hay muchas mujeres que fueron muy conocidas en su época y que a veces ganaron dinero, lo que es muy relevante. En el libro he puesto muchos ejemplos, empezando por Christine de Pizan, poeta del Renacimiento italiano y francés; la española Beatriz Bernal, que escribió una novela de caballerías, Il Cristalián de España, que tuvo mucho éxito y fue traducida también al italiano; Maddalena Casulana, que escribió varios libros de madrigales muy conocidos; y la prolífica Aphra Behn, que escribió novelas y obras de teatro. Pero hay muchas mujeres que escribieron libros relevantes sobre ciencia y estaban bien establecidas en los círculos intelectuales. Un ejemplo, creo, es significativo del olvido culpable con el que se reprimió a las mujeres escritoras: la inglesa Harriet Martineau, con sus dossieres de economía política traducidos en relatos diarios, vendió mucho más que Dickens: 10.000 ejemplares por número, a menudo reimpresos. Una obra interesantísima y, en mi opinión, brillante: una extraordinaria y eficaz divulgadora de temas difíciles.

–¿Por qué no sabemos nada de ellas y de cómo ha funcionado la memoria con estas autoras?

–Su memoria no fue preservada, no fueron mencionadas en los repertorios, antologías, historias literarias por una voluntad deliberada o inconsciente, por la mentalidad misógina. Y así fueron olvidadas. Fueron las mujeres, especialmente a partir del siglo XVII, las que intentaron reconstruir una genealogía femenina.

–¿Cómo influyó el Renacimiento en el acceso de las mujeres a la cultura y la escritura?

–Hay varios factores y están entrelazados: el humanismo había promovido una cultura que creía en la dignidad humana y no excluía a nadie; el Renacimiento cultivó la idea del amor como elevación espiritual y encuentro entre los dos sexos; pero sobre todo, fue el nacimiento de la imprenta de tipos móviles y su difusión lo que impulsó la alfabetización, con una producción de folletos para quienes querían aprender a leer y escribir por sí mismos y muchos otros textos prácticos.

Tiziana Plebani es doctora en Historia Social Europea y profesora de Historia Moderna.

–Usted explica que, antes de la alfabetización masiva de mediados del siglo XIX, un fuerte impulso a la lectura y escritura de las mujeres provino, paradójicamente, de las campañas de "aculturación" de la Contrarreforma. ¿Cómo ha funcionado este proceso?

–Los debates suscitados por la Reforma empujaron a la Contrarreforma a querer difundir la creencia ortodoxa, pero para ello, la gente, y especialmente las mujeres en su papel crucial de madres y primeras educadoras, debían saber leer los folletos de la doctrina y las instrucciones de la fe: así es que se crearon escuelas dominicales para todos, mujeres y hombres, y nació la orden de las Ursulinas para la educación femenina. Así que la alfabetización dio un paso adelante, la lectura estaba controlada, pero cuando se sabe leer y escribir, no todo puede estar bajo control.

–¿Han desempeñado los medios de comunicación un papel especial en la visibilización de las escritoras en los dos últimos siglos?

–Hay que señalar que el periodismo era un campo en el que las mujeres se proyectaban y se presentaban inmediatamente. Y los jefes de los periódicos sabían que el público femenino era ahora una parte importante del público y había que dirigirse a las lectoras también con escritoras. El mercado favoreció el desarrollo de periódicos y revistas femeninas y de carreras para mujeres.

–¿Por qué su libro (y toda su investigación) no se centra en la calidad de la escritura femenina y qué papel juega Virginia Woolf en esta decisión?

–“Dialogué” con Virginia Woolf a lo largo de mi investigación, teniéndola siempre a mi lado: a veces, discrepaba con ella porque era una mujer de élite con gustos propios de su contexto cultural y social, y a menudo admiraba su lucidez e intuición. Pero yo soy historiadora y utilicé en mi análisis principalmente categorías históricas porque era lo que quería hacer y dejé de lado las de la crítica literaria, que me interesaban menos y en todo caso no formaban parte de mi formación. Virginia muestra, por ejemplo, un juicio poco generoso para una figura que considero extraordinaria que es Margaret Cavendish, una gran experimentadora de géneros, desde la ciencia hasta la novela utópica, valiente y con ideas materialistas.

–Como lectora que ha pasado muchos años entre textos de autoras, ¿tiene la impresión de que hay diferencias sustanciales entre los textos femeninos y los masculinos en términos de calidad?

–La escritura de las mujeres, al igual que la de los hombres, se ve afectada por el clima de su tiempo, responde a los debates contemporáneos y, en especial, a la condición de los dos sexos. Muchas mujeres tomaron la palabra para defenderse de las acusaciones de insensatez e irresponsabilidad y exigieron cada vez más el acceso a la educación, incluida la superior. Este tema era muy relevante para las mujeres mientras que, por supuesto, no era tan crucial para los escritores. Hay lugares comunes en la escritura de las mujeres como en la de los hombres, pero las mujeres tuvieron que luchar mucho por sus ambiciones literarias y esta diferencia es una lente a través de la cual verlas, sería injusto aislarlas. Ningún escrito, después de todo, está fuera de su contexto.

Christine de Pisan, imagen de "De Histoire de la langue et de la littérature française des origines à 1900", por L. Petit de Julleville, 1896.

–La traducción al español de su libro refiere a la idea del canon: ¿cree que, en el futuro, será posible reformular el canon de la literatura a partir de aportaciones como las de su libro?

–Eso espero. He trabajado para ofrecer claves interpretativas y análisis que creo que pueden constituir realmente una reescritura de la historia de la escritura femenina.

Tiziana Plebani ha sido docente de la materia Conservación de Libros y Materiales Documentales en la Universidad Ca' Foscari de Venecia.

Tiziana Plebani
Italia, 1954. Historiadora.

​Es doctora en Historia Social Europea y profesora de Historia Moderna. Ha sido docente de la materia Conservación de Libros y Materiales Documentales en la Universidad Ca' Foscari de Venecia y directora del Departamento de Historia y Didáctica de la Biblioteca Nacional Marciana. Se especializa en la historia del libro, de los géneros y de las relaciones sociales, y ha escrito, entre otros, Storia di Venezia città delle donne. Guida ai tempi, luoghi e presenze femminili y Un secolo di sentimenti. Amori e conflitti generazionali nella Venezia del Settecento.

Fuente: Clarín

junio 01, 2022

Necesario seguir nombrando a las mujeres en marco jurídico: Angélica de la Peña


CIMACFoto: María Esparza Quintana

A lo largo de la historia el feminismo ha deconstruido y reformado conceptos que visibilicen a las mujeres, incluso en el lenguaje, por lo que quitar la palabra mujer de las leyes podría ser un retroceso, la discriminación y exclusión contra nosotras es vigente y necesitamos ser nombradas para que las políticas públicas atiendan las desigualdades que vivimos, explicó la política feminista Angélica de la Peña Gómez.

Ésta es la cuarta de una serie de entrevistas a expertas en los derechos de las mujeres, feministas abolicionistas, quienes desde sus distintos ámbitos de trabajo (la academia, la investigación, el periodismo, la defensa de Derechos Humanos) explicarán las implicaciones que tiene cambiar conceptos en las leyes o en las instituciones y desdibujar a las mujeres como sujetas de derechos.

En esta cuarta entrega, Cimacnoticias conversó conla política y feminista Angélica de la Peña Gómez, quien fue diputada, integrante de la Comisión Bicameral del Parlamento de Mujeres de México y secretaria del Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres.

De la Peña también fue senadora de la República, presidenta de la comisión de Derechos Humanos de esta Cámara alta y fundadora de la Asociación Civil “Mujeres en Lucha por la Democracia” y una de las principales impulsoras de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Tuvimos que nombrarnos en las leyes para actuar contra la discriminación

–Angélica Jocelyn Soto Espinosa (AJSE): ¿Qué es el “borrado de las mujeres”?

–Angélica de la Peña Gómez (APG): Primero hay que hacer historia de cómo hemos ido logrando en todo el mundo reconocer a las mujeres como tales.

Lo que prevalecía en el lenguaje era la utilización de categorías como el “hombre” y “el ser humano”. Las propias leyes han venido poco a poco fomentando esa actitud androcéntrica de los hombres. Hoy, todos eso conceptos los hemos deconstruido, los hemos reformado, los hemos ido derogando de la legislación porque hemos hecho un diagnóstico desde el feminismo de que ese comportamiento, esa forma de educar, esas actitudes androcéntricas, lo único que siguen provocando en la sociedad es que los hombres tengan una actitud de superioridad, menosprecio y de dominación contra las mujeres solo por serlo.

Para trabajar en las distintas esferas de la discriminación contra las mujeres fue necesario nombrarnos. “Si no las nombras, no existen”, era un precepto que desde el feminismo empezamos a construir.

Después de hacer un análisis en todo el mundo de cómo las mujeres y las niñas quedaban fuera de la atención de los gobiernos y de las políticas públicas, se hizo necesario insistir en que las mujeres fueran tomadas en cuenta en esas políticas.

Por ejemplo, si bien se reconocía en las leyes el derecho al voto, las mujeres no votaban. Por ello, cuando se exigió el derecho al voto se hizo necesario especificar que tanto los hombres como las mujeres tenían derecho al voto. Nombrarlas fue importante para reconocerles ese derecho. Igual pasó con los derechos laborales, un ámbito en el que los hombres empezaron a lograr el reconocimiento de sus derechos pero las mujeres, al no ser nombradas, no tenían esos derechos y eran doblemente explotadas, de tal manera que fue necesario además de identificar que las mujeres tienen derechos laborales, destacar la particularidad de que las mujeres que trabajan además siguen atendiendo las responsabilidades de su familia, de su hogar.

El nombrarlas e identificar las características que distinguen a las mujeres respecto de los hombres ha sido un proceso muy importante que gradualmente se ha ido logrando en las leyes de todo el mundo.

En la educación, por ejemplo, es exactamente lo mismo: las niñas tienen derecho a la educación, igual que los niños, pero no es lo mismo que un niño camine por varios kilómetros para llegar a su escuela a que lo haga una niña. Habría que hacer un análisis diagnóstico de los riesgos diferenciadas de las niñas en estas circunstancias, donde además te vas a encontrar con que las niñas, cuando regresan a su casa, tienen que hacer tareas del hogar, a diferencia de los niños; eso te hace hacer una política pública que considere que ser niña conlleva una discrimación.

Estos son, en síntesis, sólo algunos ejemplos del proceso que en el Derecho, en todo el mundo, se ha ido construyendo para evidenciar la discriminación por el hecho de ser niña o mujer.

Hoy, frente a esos derechos que hemos ido ganando en las distintas leyes, tenemos que destacar dos principios fundamentales además del de no discriminación: la igualdad sustantiva y la paridad.

Estamos hablando de que las mujeres poco a poco hemos ido logrando ser reconocidas en este nuevo Estado de Derecho que se ha ido construyendo también a nivel internacional y que ha ido avanzando en reformas sustantivas desde las constituciones y en las leyes secundarias para tener todo un marco jurídico de protección de las mujeres, de las niñas, pero a partir de reconocer las características particulares que distinguen a estas personas por su condición de nacimiento.

La visibilización de las mujeres y las niñas es fundamental para que no se trastoque la política pública que deriva de esa visibilización legal.

–AJSE: ¿Qué implicaciones tendría cambiar el concepto mujer en las leyes?

-APG: Trastoca la política pública de manera esencial. Hoy estamos batallando porque ese precepto (de reconocer la discriminación que viven las mujeres a partir de primero nombrarnos) se aplique a toda la política pública, y con esto también me refiero al comportamiento de las personas, de las humanas y humanos.

Esto no va a cambiar si tú no lo pones en una ley, si tú no garantizas que esa ley se conozca y que vaya fomentando los cambios en el comportamiento de las personas. Ese es el gran mérito del Derecho, de las leyes, que en una sociedad se concretan después de que se escriben y se fundamenten para lograr el trabajo político que tienen que hacer los gobiernos, la sociedad, la comunidad, las familias, toda la sociedad en general, para que la discriminación de las mujeres vaya resolviéndose.

La discriminación no se va a cambiar ciertamente por decreto pero el que tú lo tengas en la Constitución… Si vuelves al diario de debates y revisas cuáles fueron los fundamentos para escribir hombre y mujer, encontrarás que ese precepto tiene un sentido de visibilizar la discriminación de las mujeres respecto de los hombres; no habla de las personas en general, habla de cómo las mujeres han sufrido discriminación porque no han sido nombradas en las leyes.

El (artículo) 4to constitucional es el precepto fundamental, desde la Carta Magna de nuestro país, para que de ahí deriven todos los preceptos legales de la administración pública, del ámbito jurídico, de la familia, de la sociedad, de la comunidad. Si tú quitas los conceptos, lo que vas a provocar es que no haya una obligatoriedad para seguir trabajando en la resolución de los siguientes montajes de todo el sistema contra la discriminación de las mujeres, que es un sistema que tiene siglos a trás, no es nuevo, tiene que ver precisamente con la división de las personas, de mujeres y hombres, que ellos tienen unas tareas y ellas tienen otras.

Esa condición determinante de su sexo ha sido el fundamento del sistema en el que el hombre es preponderante, el fuerte, el que sabe, tiene todas las condiciones para dedicarse al ámbito público en la conducción de la sociedad. Es lo que nosotras identificamos como el sistema patriarcal, el patriarca, el jefe que tiene bajo su dominio a las familias, a la sociedad. Hay un origen que tiene que ver con la antropología social, con la economía, el Derecho, con la forma con la que se han estado construyendo las sociedades.

Todas las sociedades tienen la misma caracterización porque el ser humano, como mamífero, se desarrolla de manera binaria: o naces niño o niña, y eso deriva en determinados comportamientos descritos de manera sistémica. Eso hay que deconstruirlo a través de la ley porque entonces no hay una igualdad a partir del reconocimiento de la individualidad de cada quien. Sí necesitamos trabajar en el reconocimiento de las mujeres en la Constitución, que es documento fundamental, para que exija en la política pública, políticas que estén inscritas en la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres por serlo.

–AJSE: ¿Considera que nombrar a mujeres y hombres, en lugar de personas, discrimina?

.APG: A finales del siglo pasado, la categoría género se definió de acuerdo con el análisis de las condiciones sociales que determinan diversos comportamientos entre mujeres y hombres. En 1997, el Consejo Económico Social, cuando se empezó a hablar de la perspectiva de género, la define como el predominio de un sexo sobre el otro.

Cuando la Plataforma de Acción de Beiging, de 1995, habla de discriminación por razones de género, sabemos que habla de discriminación de las mujeres por ser mujeres, independientemente de su edad, de su condicón. Cuando empezamos a hablar en plural de las mujeres empezamos a integrar a las mujeres en toda su diversidad.

Cuando hablamos del borrado de las mujeres estamos hablando de que en las leyes ya no exista la categoría mujer o niña para sustituirlas por persona, un afán que puede tener buena fe de integrar a las personas independientemente de su características.

Sin embargo, en el marco jurídico que es necesario seguir construyendo y deconstruyendo, es necesario seguir nombrando a las mujeres. Yo no puedo anticipar hasta cuándo va a tener que ser necesario nombrar a las mujeres, puesto que la discriminación no se ha resuelto, la discriminación contra las mujeres no se ha resuelto, la exclusión de las mujeres no se ha resuelto, la emancipación y la opresión es un grave problema que todas las mujeres en todo el mundo se sigue sufriendo, y eso no se puede negar.

No hay que confundir. La orientación sexual es otra cosa. Las lesbianas son mujeres y son discriminadas, además de ser mujeres, por su orientación sexual. El mundo ha avanzado para ubicar con toda precisión las distintas discriminaciones. Si una vuelve a leer la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aún cuando fue escrita en el 48, dice que una humana o humano sea discriminado atenta contra su derecho a existir.

Este enfoque de interseccionalidad que se ha llamado desde la sociología, desde este enfoque de pluralidad y diversidad, parte del ejercicio del derecho fundamental como humana o humano, de ser lo que quieres ser. Lo que está detrás, y eso no está a discusión, es que las niñs y los niños desde que nacen tienen derecho a desarrollar su propio proyecto de vida y el Estado, donde nacen, donde ellos crecen y empiezan a tener su desarrollo, tiene que garantizar que pueda a ser lo que quiera ser. Si quiere amar a una persona y relacionarse con una persona de su mismo sexo, lo puede hacer; las personas trans tienen derecho a transitar a ser lo que se denomina una identidad de género distinta al sexo con lo que nacieron, claro que no hay que discriminarlas, es muy claro el principio de no discriminación.

Lo que tenemos que trabajar aquí es que ningún derecho pueda estar sobre ningún otro. El reconocimiento de los DH tiene que ver con que todas las personas tienen derecho a ser lo que quieran ser, lo que no puedes hacer es imponer tu derecho por encima de otro y mucho menos cuando esos derechos ya están ganados.

No debemos entrar en una confrontación sino actuar con mucha inteligencia para no violentar tampoco los procesos de cada quien. El único límite que tienes es que no se trastoque la ley.

Fuente: Cimac

Sí a la Diversidad Familiar!
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