Mostrando las entradas con la etiqueta Género y Arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Género y Arte. Mostrar todas las entradas

octubre 01, 2022

El mejor jazz está en manos de mujeres: 4ª edición del festival extraordinario Feminajazz


Carmen Vela, una de las protagonistas de la cuarta edición del Feminajazz

El panorama musical alcanza una cumbre en el jazz. Sí, porque llega una nueva edición de FEMINAJAZZ, con máximo protagonismo de las mujeres, ya que en él se dan cita una pléyade de grandes artistas, y lo que nació con la idea de llegar a ser algo muy importante está más que alcanzado, al haberse convertido en uno de los festivales pioneros en Europa dedicados a la mujer en el jazz.

Cargadísima de novedades se presenta esta cuarta edición: con Andrea Motis presentando Loopholes su último trabajo, la madrileña Carmen Vela (en la foto) con un viaje musical que llega al Festival después de una gira nacional; Lucía Fumero presentando su primer trabajo Universo Normal o Alba Careta inspirada en sus vivencias en Holanda, que presentará algunas de sus nuevas composiciones aún sin publicar en primicia para el Festiva, y Patricia Kraus (codirectora), que actuará en Logroño.

Se cuenta también con la ganadora del Concurso de Jóvenes Talentos 2021 -que, por supuesto, se repite en esta edición de 2022- ,Blanca Ferrer,y un estreno absoluto, la presentación The Spanish Real Book en colaboración con Superior Creativa Quintet, un quinteto de mujeres creado especialmente para la ocasión. 

Igualmente, como en otras ediciones, no se olvida la programación para los más pequeños: esta vez a cargo de Jazz for Kids, un proyecto musical dedicado a la difusión del Jazz y la música moderna, compuesto por chicas y chicos de 10 a 18 años dirigidos por el contrabajista Dani Escolano y la tercera edición del Concurso de Jóvenes Talentos. También se cuenta con propuestas internacionales, esta vez a cargo del Festival Queenta de Israel, workshops y mucho más.

Lo dicho/escrito: cita con el mejor jazz.


Por Emilio Martínez
Fuente: Madrid Diario

septiembre 25, 2022

La filósofa e historietista Liv Strömquist denuncia la tiranía de la imagen



La historietista sueca Liv Strömquist regresa con otro ensayo gráfico para abordar cómo la dictadura de la belleza siempre ha estado ahí, pero sobre todo cómo en la actualidad las redes sociales creadas por empresas de Sillicon Valley la han convertido en una "obsesión". EFE/Penguin Random House

La historietista y filósofa sueca Liv Strömquist regresa con otro ensayo gráfico en el que hace un repaso histórico de la mano de filósofos como Zygmunt Bauman o Naomi Wolf, para abordar cómo la dictadura de la belleza siempre ha estado ahí, pero sobre todo cómo en la actualidad las redes sociales creadas por empresas de Sillicon Valley la han convertido en una «obsesión».

Así lo expone la autora sueca (Lund, 1978) en «La sala de los espejos», este nuevo cómic (Penguin Random House y Editorial Finestres en catalán) en el que esta referente del ensayo gráfico aborda cómo la «era Instagram» ha traído una «dictadura de la imagen». 

Un ensayo gráfico que llega tras el éxito de «No siento nada», el libro con el que consiguió 10.000 lectores en España.

«Hay muchas situaciones donde uno puede olvidarse de su cara, sin embargo, de repente estamos en un momento en el que nuestro rostro se refleja en todas partes, como en una sala de espejos. Incluso cuando nos reunimos con amigos pensamos en hacer una foto, hacer un contenido para redes, es como si tuviéramos un ojo que nos mira siempre y nuestra apariencia nos preocupa todo el tiempo», ha dicho en una rueda de prensa celebrada en la embajada de Suecia en Madrid.

Con unas primeras páginas que arrancan con una crítica visión de lo que «influencers» como Kylie Jenner provocan en muchas personas, la mayoría mujeres, Strömquist viaja rápido al pasado de la mano de reflexiones de filósofos como René Girard o Zygmund Bauman para explicar cómo la dictadura de la imagen siempre ha estado presente en la historia de la mujer.

Liv Strömquist denuncia la tiranía de la imagen

Así, la autora repasa la obsesión por la belleza de Nefertiti, la emperatriz Sisí, Marilyn Monroe o la madrastra de Blancanieves, para exponer teorías como la de la escritora estadounidense Naomi Wolf, quien afirma que la invención de la cámara de fotos hizo que la belleza femenina «se convirtiera en una imposición». Algo que se popularizó con la llegada de los móviles y las redes sociales.

«Creo que esta obsesión por la belleza está relacionada con el paso del tiempo y el dolor que nos produce que vayamos a morir, y esto es una condición humana, pero en este tiempo que vivimos no se nos está dando nada bien aceptar esto porque solo valoramos la belleza, pero la superficial, y está relacionado con la sociedad de consumo en la que vivimos», ha afirmado.

Aunque reconoce que en la actualidad la mujer ha experimentado un avance y está «empoderada», la sueca ha alertado que los creadores que hay detrás de las redes sociales «son empresas de Sillicom Valley», por lo que detrás de toda esta «tiranía absoluta» por alcanzar la belleza lo que hay es «vender productos».

A lo largo de estas páginas la también activista feminista aborda cómo el negocio de generar «deseos», teoría de Girard, le ha hecho «para y analizar» cómo ha aumentado la necesidad de vestir lo que viste el prescriptor de turno en su cuenta de Instagram.

«Se dice que esto siempre ha estado presente, pero ahora vivimos en una sociedad que todo está dirigido a aumentar el consumo y la actividad económica, por lo que hay que estimular más y más deseos», ha lamentado.

Pese a no encontrar explicación al por qué esta dictadura de la belleza es casi al 100% femenina, sí que ha dicho que una solución sería el crear redes sociales en las que los propietarios no fueran grandes empresas, sino organizaciones no lucrativas «con una visión colectiva» en las que estaría «eliminada» la publicidad.

Fuente: Efeminista

septiembre 17, 2022

Kusama Infinity, un documental que explora el mundo creativo de Yayoi Kusama


A lo largo de los años que llevó la producción de este filme, Heather Lenz tuvo la oportunidad de entrevistar en varias ocasiones a Kusama y a varios de sus allegados para plasmar en su filme la historia de la artista pero también su lado más humano, al revelarnos cómo lidio con sus demonios personales y los plasmó en su arte.


Yayoi Kusama es una de esas artistas que lo mismo causa furor como curiosidad. Desde que ingresó a la escena artística neoyorkina de finales de la década de los 60, Kusama se ha convertido en un misterio para quienes la rodean y en años recientes, en un icono del arte contemporáneo.

Con la fama llegó el escrutinio público y muchos mitos han surgido alrededor de su persona. Durante los 90 Heather Lenz -directora del documental- se dio cuenta del poco reconocimiento hacia la obra de kusama que empezó a trabajar en el guión del largometraje. Desde ese punto hasta la premiere del filme Kusama: Infinity, Lenz ha invertido 17 años en este proyecto.

A lo largo de los años que llevó la producción de este filme, Heather Lenz tuvo la oportunidad de entrevistar en varias ocasiones a Kusama y a varios de sus allegados para plasmar en su filme la historia de la artista pero también su lado más humano, al revelarnos cómo lidio con sus demonios personales y los plasmó en su arte.

La artista japonesa Yayoi Kusama en su juventud.
Facebook / Yayoi Kusama

En la narrativa del filme Yayoi Kusama repasa sus 60 años de carrera artística, desde sus primeras inquietudes artísticas cuando niña en su natal Japón, su época de juventud en Nueva York hasta su regreso a Japón y posterior ingreso a una institución de cuidados mentales. El filme arroja luz sobre cada aspecto de la conocida artista japonesa.

El filme se presentó en el marco del Design Film Festival 2019 que se llevó a cabo en Singapur.


Mariela Martínez
Fuente: Mural de Género

septiembre 16, 2022

"La yakuza se convirtió en mi familia": la artista que se adentró en el inframundo de la mafia japonesa para retratar a sus mujeres


FUENTE DE LA IMAGEN,CHLOÉ JAFÉ


Todo comenzó una noche de borrachera hace 15 años en un bar de París.

"Mi amiga y yo estábamos desoladas porque habíamos roto con nuestras parejas. Bebimos mucho vino y dijimos, 'vámonos lejos, a Japón', aunque podría haber sido cualquier otro sitio", explica a BBC Mundo la fotógrafa Chloé Jafé (Lyon, 1984).

FUENTE DE LA IMAGEN,JULIE COUSTAROT
Pie de foto, Chloé Jafé.


El viaje de un mes la llevó de la indiferencia total a la fascinación por la cultura japonesa.

Decidió repetir: "en mi segundo viaje pensé, 'la próxima vez me quedo. Sentía que tenía algo que hacer aquí, aunque no sabía qué".

Al impregnarse de contenidos nipones, desde antiguas películas de samuráis hasta series, novelas y cómics, comenzó a sentir atracción por el inframundo del crimen organizado que en Japón encarna la yakuza.

"De algún modo, es sexy", afirma.

Mujeres en un mundo de hombres

Dividida en grupos o sindicatos como la mafia italiana, la yakuza opera todo tipo de negocios delictivos, desde apuestas, drogas y prostitución hasta usura, redes de extorsión y crímenes de guante blanco.

Su nombre procede de los números 8, 9, 3 (pronunciados en japonés ya, ku, sa), que componen la peor jugada de cartas posible, por lo que sus miembros lo consideran despectivo y prefieren las denominaciones gokudo ("el camino extremo") o ninkyo dantai ("organización honorable o caballerosa").

Aunque su origen se remonta al siglo XVII, la yakuza vivió su esplendor en la segunda mitad del XX, cuando el hampa floreció al calor del vertiginoso desarrollo económico del país tras la II Guerra Mundial.


FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES
Pie de foto, Un grupo de mafiosos en Tokio en 1960, la época dorada de la yakuza.


Sin embargo, la modernización de la sociedad japonesa y la persecución policial han diezmado a la yakuza, cuyos más de 200.000 miembros a principios de la década de 1960 quedaron en poco más de 12.000 el año pasado, según estimaciones de las fuerzas de seguridad.

Y todos ellos tienen algo en común: son hombres.

"Vi que no había mujeres y me preguntaba por qué. 'Seguro que debe haber mujeres', pensé, solo que no se habla de ello".

Chloé Jafé descubrió "Yakuza Moon", la novela autobiográfica de Shoko Tendo que relata su difícil adolescencia como hija de un gánster japonés.

"Me sentí muy cercana a esa realidad y me dije: 'este es mi trabajo, tengo que encontrarme con esas mujeres y hacer algo visual juntas'".

Al acabar el libro decidió comprar otro billete a Japón, esta vez para quedarse y retratar a las mujeres de la yakuza.

Un encuentro decisivo

A principios de 2013 se instaló en Tokio sin contactos ni conocimientos de japonés, un idioma de aprendizaje difícil, entre otras cosas porque su redacción combina tres alfabetos completamente distintos.

"Era mi proyecto y yo soy muy testaruda. No sabía cómo, pero tenía que hacerlo. Sabía que no iba a ocurrir pronto, pero era feliz de dedicarme a ello sin contar los días".

Pasaron dos años hasta que, ya con un nivel aceptable de japonés, consiguió un empleo de anfitriona.

Las anfitrionas o kyabajo ("chicas de cabaret") entretienen a clientes de clubs nocturnos, por lo general hombres de mediana edad o mayores, a los que dan conversación, cantan temas de karaoke, sirven bebidas y encienden cigarrillos.

Los clubs de anfitrionas y anfitriones movían unos US$1.740 millones anuales en los años previos a la pandemia.

Chloé las define como "una especie de geishas modernas".

"Me involucré por completo con esas mujeres. Algunas tenían un novio o un padre en la yakuza, y además esos clubs suelen estar dirigidos por esa mafia. Fue un buen punto de partida para meterme en ese mundo", recuerda.

Sin embargo, su oportunidad definitiva llegó de día, en plena calle y por casualidad durante el festival sintoísta Sanja Matsuri del tradicional barrio tokiota de Asakusa.

El festival Sanja Matsuri es uno de los escasos eventos públicos donde los miembros de la yakuza exhiben en público sus tatuajes en Japón.

"Sin saber cómo, acabé en la calle de un jefe de la yakuza. Estaba sentada y él apareció vestido con un kimono y dos guardaespaldas. Yo no sabía quién era, aunque parecía importante".

Era un oyabun o capo de la mafia japonesa.

Él la invitó a su mesa y ella guardó su número de teléfono con la excusa de enviarle las fotos del festival.

"Le envié las fotos y lo invité a cenar unos días después. Para él fue una sorpresa y yo, sinceramente, estaba aterrada".

Dentro de la yakuza

Rompiendo con la tradición japonesa que reserva toda iniciativa al varón, ella eligió el restaurante ("cerca de una estación de policía y una boca de metro, por si tocaba correr") y allí lo encontró con sus guardaespaldas.

Aunque ya hablaba un japonés decente, prefirió confesarle sus intenciones en una nota de papel: "Soy una fotógrafa francesa y quiero tomar imágenes de mujeres en la mafia de su país, de forma respetuosa y tomando el tiempo necesario, para lo cual necesito su ayuda".

La respuesta fue positiva: "Me dijo, 'mira, puedo presentarte a gente desde Hokkaido hasta Okinawa'".

Es decir, de norte a sur en la alargada geografía de Japón.

Aunque la artista primero tuvo que ganarse la confianza del jefe y su entorno.


FUENTE DE LA IMAGEN,CHLOÉ JAFÉ
Pie de foto,Yumi, una de las guardaespaldas del jefe, ayudó a Chloé a ganarse la confianza de la familia y la organización. Se hicieron amigas y la artista la retrató en varias ocasiones.


"Él jugó conmigo por un tiempo. Vio que era joven y bonita, y pensaba si podría usarme para algo o no, comprobar cuáles eran mis intenciones… en definitiva, ponerme a prueba".

Poco a poco, comenzaron a invitarla a eventos y reuniones de la yakuza.

"Me recogían sus guardaespaldas y no sabía dónde nos íbamos a encontrar, era como una película. Por un tiempo le preguntaba cosas pero no me respondía. Había momentos tensos".

La esposa del oyabun, que al principio desconfiaba de ella, acabó acogiéndola y la invitó a pasar la festividad de año nuevo con su familia.


FUENTE DE LA IMAGEN,CHLOÉ JAFÉ
Pie de foto,Un allegado presenta sus respetos al oyabun y su esposa en el día de Año Nuevo.


Conoció a la esposa de otro jefe, a la que tomó las primeras fotos del proyecto, y expandió sus contactos en la yakuza con nuevas mujeres a las que retratar.

"Esto es horrible, pero… sospecho que algunas personas que quizá no hubieran querido ser fotografiadas tuvieron que posar para mí, porque yo era amiga del jefe", confiesa.

A las primeras sesiones en Tokio siguieron muchas otras en diversos lugares de Japón, como Osaka y el archipiélago subtropical de Okinawa.

Precisamente en Okinawa, donde el inframundo criminal prosperó en el siglo XX en torno a la mayor base aérea de EE.UU. en la región, se desarrolla una de las series de la trilogía de Chloé Jafé, "Okinawa mon amour", que muestra el lado más lúgubre y marginal de las islas.

Los tatuajes

La lente de la artista concede especial protagonismo a los tatuajes de las mujeres de la yakuza.

"La mafia japonesa es interesante porque está muy vinculada a la cultura tradicional japonesa, como en el caso de los tatuajes, que están relacionados con la mitología. Es casi una mafia cultural", afirma.


FUENTE DE LA IMAGEN,CHLOÉ JAFÉ
Pie de foto, Jun, de Osaka, posa de espaldas sobre su kimono.

Y, pese a que hoy no es raro ver a gente con un dragón o una serpiente sobre la piel en cualquier lugar del mundo, en Japón la cultura de los tatuajes y su percepción es completamente diferente.

"Allí los tatuajes no están hechos para mostrarlos", explica Chloé.

FUENTE DE LA IMAGEN,CHLOÉ JAFÉ
Pie de foto,Anna, otra de las mujeres de la yakuza retratadas por Chloé, en un baño tradicional japonés en Takamatsu, al sureste de Tokio.


La sociedad japonesa repudia los tatuajes al relacionarlos con el crimen y la marginalidad, hasta el punto de que está prohibido exhibirlos en piscinas y ciertos lugares públicos.

Para la yakuza simbolizan la lealtad al grupo y también la resistencia al dolor, ya que se suelen hacer con el método tradicional de palo de madera y agujas, más lento y punzante.

La devoción como modo de vida

La primera serie de la trilogía se llama "Te doy mi vida", en referencia a la devoción que las mujeres de la yakuza profesan hacia los hombres.

"Saben que esos hombres no son las personas correctas y que si se juntan con ellos quedan apartadas de la sociedad para siempre, porque nadie quiere tener nada que ver con la mafia en Japón. Aun así, se involucran con ellos porque se enamoran".


FUENTE DE LA IMAGEN,CHLOÉ JAFÉ
Pie de foto,"Cuando hice esta foto en 2016 pensé que era la imagen que estaba buscando, que había llegado al punto de intimidad que buscaba y quizá el proyecto ya estaba completo" - Chloé Jafé.


Y, si bien no son oficialmente miembros, las mujeres tienen sus propios roles, especialmente en los niveles altos de la yakuza.

"Cuando te casas con un capo debes cuidar de los miembros de la mafia, conocer sus datos personales, sus historias y estar al tanto de todo, porque si le pasa algo a tu marido tienes que asumir su papel hasta que venga el siguiente jefe".

Según su experiencia, la esposa de un oyabun "es la primera ministra de la mafia pero haciéndolo todo en la sombra, siempre por detrás".

Además, la yakuza es un camino de difícil vuelta atrás, especialmente para ellas.

"Las mujeres que se divorcian de los yakuza están en una posición difícil, porque nunca pueden salir de verdad. Dejan de tener el apoyo de la mafia pero al mismo tiempo es casi imposible reconstruir su vida y reinsertarse en la sociedad japonesa. Nunca pueden dejar el inframundo", asegura la fotógrafa.

Muchas de ellas también se ocupan de administrar los clubs de anfitrionas, las cuentas y otros negocios legales e ilegales operados por la mafia nipona.

Completado su proyecto, Chloé Jafé regresó a Francia a finales de 2019.

Y siente que, tras casi siete años inmersa en los sótanos de la sociedad japonesa, ya no es la misma de antes.

"Pasé mucho tiempo con ellos y ya nunca podría ser una extranjera más en Japón. Me siento parte de ellos. Me sentía parte del grupo, quería honrar al jefe y su esposa. Me acogieron como si fuera su propia hija, así que se convirtieron en mi familia en Japón".

Atahualpa Amerise @atareports
Fuente: BBC News Mundo

julio 30, 2022

Solamente 5% de obras en museos son creadas por mujeres; artistas buscan romper estigmas y exclusión

Fotografía: Pexels

Nos quieren como musas, porque nos temen como artistas. – GES Mujer

De Frida Kahlo se ha dicho que “sin Diego Rivera, ella no hubiera sido nada”. Por años, la obra de la artista ha sido estrechamente relacionada con la de su ex pareja, más allá de su propio talento y profundidad. Esto, aun cuando uno de sus óleos se convirtió en el cuadro latinoamericano más caro que ha sido vendido en una subasta.

Por siglos, las mujeres han sido excluidas del arte. La brecha de género las ha colocado como “musas”, pero no como protagonistas. De acuerdo con el Grupo de Estudios sobre la Mujer “Rosario Castellanos” (GESMujer), solo el 5 por ciento de las obras en los museos son de autoría femenina; pero al hablar de desnudos, 85 por ciento de ellos son esteralizados por mujeres.

En el arte y la historia, las mujeres son relegadas

Uno de los hechos que revelan la desigualdad en este ámbito son las críticas artísticas: por cada 10 escritas sobre pintores, únicamente se realiza una para opinar sobre el arte de una mujer.

“Durante siglos la desigualdad del arte ha sido visible, la cual va desde las presentaciones artísticas que denigran la imagen de la mujer, hasta la exclusión, acoso y precarización laboral que significa para las mujeres desarrollar su profesión”, señaló GESMujer durante la charla virtula Las mujeres en el arte, discriminación y violencia.

Para la artista plástica Fátima López Peña, desde niñas a las mujeres “se nos amarra un hilo en el tobillo”, el cual conduce a un hombre. “¿Quieres ser pintora como Pablo Picasso? ¿Quieres ser poeta como Pablo Neruda? ¿Te quieres dedicar a la música como Beethoven?”, son algunas de las comparaciones y estigmas que posicionan a los hombres como únicos referentes en las artes y otros ámbitos.

Fotografía: Pixabay

Romper barreras en la fotografía

Poco a poco en la música, pintura, danza o fotografía, las mujeres han conquistado espacios. Tal es el caso de Amber Bracken, quien se convirtió en ganadora de la categoría a “Mejor fotografía del año” por el World Press Photo 2022, un certamen que no ha sido precisamente inclusivo.

Amber Bracken, fotoperiodista de The New York Times, destacó entre 4 mil fotógrafos y fotógrafas de 130 países. Su obra muestra vestidos sujetados a cruces a lo largo de una carretera, con los que se rinde homenaje a niñas y niños que murieron en la escuela residencial indígena de Kamloops, en Canadá.

Cabe recordar que a finales de junio de 2021, fueron localizadas más de 200 tumbas con cuerpos pertenecientes a niños y niñas de hasta tres años de edad, los cuales nunca fueron registrados formalmente por las personas que dirigían los establecimientos.

“Esa es mi labor, que la gente no se quede atorada en los sentimientos del malestar, que escuche a la comunidad y continúe adelante, a pesar de sentirse incómoda. Me gusta ver mi trabajo como que yo sirvo a las historias, y creo que ese es nuestro trabajo como periodistas, que todo lo que hemos aprendido es para estar al servicio de lo que encontramos, porque validamos y reconocemos que hay algo importante en el mundo que necesita más atención”, refirió Amber Bracken en entrevista con Reporte Índigo.

El reconocimiento a Bracken es una puerta que permitirá que la labor de más fotógrafas en el mundo sea reconocida, pues el World Press Photo 2022 se ha caracterizado en años anteriores por contar con hombres como protagonistas.

La fotoperiodista francesa Françoise Demulder fue la primera mujer en la historia acreedora al premio World Press Photo en 1977. Desde entonces, este galardón ha sido entregado a únicamente otras tres mujeres, además de Amber Bracken: Dayna Smith, 1999; Lara Jo Regan, 2001; Jodi Bieber, 2011.
Vivir sin miedo a partir del arte

GESMujer recordó que en el mundo son necesarias acciones con enfoque de género que cambien los contextos de discriminación dentro del arte, lo cual permitirá crear espacios inclusivos y libres de violencia.

Por su parte, Fátima López Peña resalta que además de romper barreras, es importante que las artistas trabajen en su interior y confíen en sí mismas: “Debemos creer en nosotras; sí hay mucho por qué pelear, pero el arte es la única forma de expresarnos que no puede ser callada”, sentenció la artista.

 Fuente: Cimac

julio 24, 2022

Frances Morris, la primera Directora de la Tate Modern "Estudié Historia del Arte en Cambridge y en todos mis años allí nadie habló de una sola mujer artista en clase"


Frances Morris, directora de la Tate Modern. Hugo Gledinning 

En 2016 Frances Morris (Londres, 1958) se convirtió en la directora de la Tate Modern, el museo de arte contemporáneo más visitado del mundo. Es la primera mujer que dirige el emblemático centro de arte londinense que ocupa una antigua central eléctrica a orillas del Támesis, convertida en museo por los arquitectos Herzog & de Meuron. Morris estudió en la Universidad de Cambridge en una época en la que ninguna mujer aparecía en los planes de estudio de Historia del Arte. Un dato que merece la pena recordar porque entre los mayores logros de Morris, una declarada feminista, está el haber comisariado las grandes exposiciones que consagraron a escala global a Louise Bourgeois en 2007 y a Yayoi Kusama en 2012. Morris también fue la primera en romper el orden cronológico en la colección, una idea revolucionaria que luego muchos otros museos han replicado.

¿Se considera una personalidad "disruptiva"?

Sí, siempre me ha gustado ser disruptiva en un sentido positivo, no negativo, y por eso me gusta tener a personas disruptivas que me cuestionen en mi equipo. Cuando trabajas dentro de un museo te das cuenta de lo encerradas que están en sí mismas la instituciones y lo atadas que están a su propia agenda, a la política, a la historia. Fue algo muy evidente para mi cuando empecé a trabajar como comisaria en la Tate. Mi rol es seguir siéndolo como directora.

¿Cómo fueron sus inicios en el mundo del arte?

Estudié Historia del Arte en Cambridge y en todos mis años allí nadie habló de una sola mujer artista en clase, era un sistema terriblemente conservador. Yo llegué a la universidad como una joven feminista y además iba al King's College, que también lo era. Recuerdo lo contradictorio que me parecía lo que estudiaba en clase en comparación con los artistas que admiraba en la vida real. Leer a Linda Nochlin, la primera historiadora que se preguntó por qué no ha habido grandes artistas mujeres en la historia, fue revelador. También me abrió la mente leer a John Berger y sus Modos de ver. Nuestra mirada afecta a cómo interpretamos lo que vemos. El mundo en el que vivimos ha sido enteramente construido desde lo patriarcal y es importante ser consciente de ello, de que todos estamos influidos por esa visión.

¿Recuerda su primer día como directora?

Llegué en una bicicleta tándem, pedaleando con mi marido, que siempre me ha apoyado mucho en mi carrera. Recibí muchas flores y felicitaciones. Recuerdo que era un 1 de abril, April Fool's Day (el equivalente inglés al Día de los Santos Inocentes), y que pensé: ¿habrá sido todo una broma? [Risas]

¿Ha cambiado mucho el mundo del arte desde que empezó a trabajar como comisaria en los 80?

Las Guerrilla Girls fueron muy importantes porque consiguieron llevar su mensaje a las masas. Recuerdo que las invitamos a la Tate años después y compramos obra suya. Ellas criticaron que sólo un 16% de los artistas de la colección eran mujeres, una cifra que era un poco mejor que la que denunciaban del Met, un 5%, pero igualmente vergonzosa. Un periodista me preguntó por ello después y no supe que contestar. Fue un momento embarazoso para mí, de esos que te hacen reaccionar y replanteártelo todo.

El Louvre nombró el año pasado a su primera directora en más de 200 años, ¿se está avanzando o queda mucho por hacer?

Tiene que haber más cambios, no son suficientes. Es genial tener a mujeres dirigiendo el Louvre o el Macba, pero cuando estás dentro del sistema te das cuenta de lo increíblemente masculinizadas que están todas las instituciones. Creo que Europa estamos avanzando y que los próximos cinco años van a ser determinantes en Estados Unidos, donde va a haber muchos relevos en puestos importantes. El cambio es progresivo, pero es lento porque la mayoría de estos cargos son ocupados durante mucho tiempo por las mismas personas. Esto está sucediendo en el sector público, el sector privado del arte sigue muy lejos de la igualdad. Y por las experiencias que he tenido, diría que el feminismo en el mundo del arte es una burbuja comparado con el entorno corporativo o el mundo de la política, que siguen siendo mundos de hombres.

¿Cómo se feminiza un museo?

Creo que uno de los cambios que ya se nota es que las mujeres colaboramos más. Hasta hace poco, los museos competían entre sí por todo: por el público, por conseguir los mejores patrocinios o préstamos de obras, etc. Y eso no tiene sentido en un mundo como el actual porque todos formamos parte de un mismo ecosistema. Cuando yo llegué a la Tate Modern, el arte estaba en el centro de todo, y creo que ahora hemos incluido al público en esa ecuación. Los cambios son muy lentos. Desde que se producen en las personas a nivel personal o intelectual hasta que llegan al sistema pasa mucho tiempo. Pero avanzamos. Hace unos años programábamos a "grandes mujeres artistas" que habían sido ignoradas por la historia como Dora Maar o Anni Albers. Hoy ya no las llamamos así, nos referimos a ellas como "artistas". En el próximo curso tendemos a Magdalena Abakanowicz, Barbara Hepworth y Cézanne.

¿Estamos en el inicio de una gran contraofensiva feminista?

A las olas feministas las llaman oleadas por algo, porque van y vienen. Creo que 2022 marcará un antes y un después y que ahora estamos viendo el reflejo de algo que llevaba mucho tiempo cocinándose, espero que lo que venga ahora sea un tsunami. Sólo hace falta ver el trabajo de artistas como Barbara Kruger o Jenny Holzer de los 80 para darse cuenta de que la lucha por los derechos de la mujer siempre ha existido. En Estados Unidos el arte depende mucho de la filantropía, muchos museos viven de sus donantes. Y lo que estamos viendo es que muy pocos han mostrado su rechazo a la decisión del Tribunal Supremo de derogar Roe vs Wade en comparación con lo que ocurrió tras el asesinato de George Floyd, cuando muchos sí que se posicionaron.

¿Cómo ha afectado la guerra de Ucrania al museo que dirige?

Estamos con Ucrania y estamos apoyando a artistas ucranianos. La directriz ahora es no programar a artistas rusos, lo cual es trágico para ellos y para todos mis colegas rusos. Lo que está sucediendo con Rusia, una de las grandes potencias culturales del mundo, no tiene precedentes y marcará a las próximas generaciones de artistas del país. Es una pena. Recuerdo ser joven y quedar absolutamente deslumbrada por las vanguardias rusas y artistas como Malévich, que en realidad es ucraniano. Todo lo que está sucediendo es muy triste. Por suerte, la Tate Modern no tenía demasiados vínculos con oligarcas.

Leticia Blanco
Fuente: El Mundo.es

julio 23, 2022

«Ni musas ni sumisas», la historia del arte bajo la mirada feminista

Portada del libro "Ni musas ni sumisas", de Helena Sotoca. Foto: Bruguera.

«¿Dónde están las mujeres en el mundo del arte? ¿Qué papel tienen? ¿Cómo se ha trasmitido su historia?», esos son algunos de los interrogantes que la española Helena Sotoca, conocida como Femme Sapiens, despeja en su libro «Ni musas ni sumisas», en el que hace una revisión de la historia del arte occidental con perspectiva feminista.

Por medio de explicaciones y comparaciones muy gráficas, Sotoca demuestra en el libro (Bruguera, 2022) que el machismo en las obras de arte no es una cuestión del pasado, sino que es «el inicio de una tradición que todavía continúa».

«Me ha sorprendido mucho ver cómo cosas que estaban absolutamente normalizadas en el siglo 17 siguen normalizadas hoy. Por ejemplo, las violaciones en los cuadros es el placer de la violencia sexual. Los reyes disfrutaban viendo estos cuadros. Pues hoy tenemos Pornhub con millones de videos de violaciones que hombres disfrutan viendo por el mismo motivo que hacían los reyes, que es para sentir el poder. Al final han cambiado las formas pero no los fondos», asegura en una entrevista con Efeminista.

Además, con ironía y sátira, la autora reflexiona sobre la mujer y su papel en la cultura, los cánones de belleza o la sexualidad femenina, y demuestra que, efectivamente, las mujeres no fueron «ni musas ni sumisas». «Vamos a empezar a ver el arte como una cosa mucho más extensa que la pintura y vamos a empezar a luchar para crear espacios en los que las mujeres tengan cabida dentro del arte», agrega.

«Ni musas ni sumisas», de Helena Sotoca

Pregunta: ¿De dónde sale la idea de escribir este libro?

Respuesta: Yo creo que hacía falta recopilar en un libro toda esta información del arte con perspectiva feminista en castellano y a nivel divulgativo, porque existe muchísima bibliografía de nivel académico, pero a nivel divulgativo creo que faltaba esta foto general que he intentado hacer.

P: Y ¿cómo fue el proceso recopilatorio? ¿Cuánto tiempo le tomó?

R: Tardé seis meses. Fue un proceso complicado, sobre todo por la bibliografía. También fue en una época de muchas restricciones. Entonces para ir a las bibliotecas, etcétera, no me fue sencillo. Y luego hay muchas fuentes que están en francés, alemán, inglés y que es muy difícil encontrar.

Además, el tema se ha escrito tan poco que cuesta mucho encontrar esta bibliografía. Igual necesitas un libro que es un catálogo de una exposición que se dedicó a un artista en el año 60 en un museo en Estados Unidos. A ver cómo consigues este catálogo, pero tú sabes que ahí está tu respuesta.

Las mujeres en el mundo del arte

P: Después de hacer toda esta investigación, ¿cuál diría que es el lugar que ocupa la mujer en el mundo del arte?

R: Yo creo que hay dos maneras de mirarlo. Por un lado tenemos las creadas, que es de hecho como está estructurado el libro, y las creadoras. En las creadas están las mujeres que aparecen en los cuadros, tenemos millones y millones de ejemplos de mujeres que están en los cuadros. Ahí, en general, en la historia del arte, son objetos que están ahí para ser mirados por su belleza.

Y si no, ocupan, o bien un espacio de perfección moral, como parecería ser la Virgen María, o un espacio de señalamiento moral como Eva, todas las femme fatales, prostitutas, etcétera. Hay estos tres sitios.

Y luego en el otro lado están las creadoras, algo que evidentemente depende del momento histórico. Por lo general hubo una prohibición para ser artista. No ha habido tantas mujeres artistas como hombres artistas. Y esto es importante señalarlo porque a veces tendemos a decir: “Oye, ¿cómo que no ha habido mujeres artistas?». Bueno, ha habido, pero ha habido muchas menos porque no se nos ha dejado. Y las pocas que han conseguido saltarse todos los obstáculos (tenían) invisibilización absoluta.

P: Y ¿cómo ha sido el cambio? ¿Ha sido poco a poco o se estancó hasta estos los últimos años?

R: Evidentemente en los últimos años hay una mejora, un mayor interés por parte de museos, instituciones, editoriales, de empezar a hablar y a rescatar a estas artistas invisibilizadas.

Pero para mí nos encontramos con un problema muy grande que es el enfoque. Es decir, si se dedica una exposición a Artemisia Gentileschi, por ejemplo, al final su obra parece que es lo de menos y todo se centra en el drama que tuvo en su vida personal. Y esto pasa muchísimo. Todo el rato nos encontramos que cuando se rescatan artistas, al final parece que interesa más su drama personal, que además gira en torno a un hombre, en torno a las relaciones con una pareja, con un amante, etcétera, que su propia obra.

Bajo la mirada feminista

P: ¿Y qué es lo que deberían tomar en cuenta los museos para rescatar a las artistas?

R: Se han hecho cosas bien y otras regular. Yo creo que me sirve de ejemplo muy evidente la exposición «Invitadas» del Museo del Prado, que también se dividió un poco en creadas y creadoras. Una primera parte de cuadros de hombres en las que aparecían mujeres y luego de artistas mujeres. Evidentemente la parte de artistas mujeres fue mucho más pequeña, pero hubo muchísimos errores.

Un error garrafal fue el cuadro que abría la exposición, que estaba absolutamente destrozado. El nivel de conservación era mínimo y el Museo del Prado dijo que estaba hecho por una artista y era una manera de simbolizar el descuido que se había tenido desde las instituciones con las obras de las mujeres. ¿Qué pasa? Que fíjate si había descuido, que no se molestaron en comprobar que esa obra no era de una mujer, sino de un hombre. Y esto lo destapó una historiadora de arte que tiene un blog.

Otro ejemplo es el del Museo Thyssen, que dedicó una exposición a Georgia O’Keeffe el año pasado y fue absolutamente espectacular. Sin sesgos, intentando realmente comprender su obra más allá de sus relaciones personales, más allá de la repetidísima iconografía de las flores que parecen vulvas. Cómo llegar un poco más allá de lo de siempre. Yo creo que se están haciendo cosas bien y hay todavía mucho camino.

P: Hay unas partes en el libro en el que desmenuza los mensajes o los iconos que hay en los cuadros. ¿Cómo fue ese trabajo de interpretar qué dice cada parte del cuadro?

R: Esto es como reeducar la mirada. Por lo general, nos han enseñado a mirar los cuadros desde la mirada androcéntrica, que es una mirada patriarcal. Pero hoy todo se puede rastrear, toda una línea de cuadros desde el Renacimiento hasta la actualidad, de mujeres tumbadas, desnudas en un diván, que están mirando al espectador.

Esta iconografía va evolucionando, pero tú llegas al museo y lo único que te resuena es la palabra belleza. Y de repente te pones a investigar y empiezas a ver que esas mujeres en realidad no tienen nada que hacer en ese cuadro, solo deben estar bellas y estar ahí para que las miren. Son mujeres objeto, tal cual. No tienen nada más que responder a unos cánones de belleza que se ve perfectamente cómo va evolucionando.

Por ejemplo, cuántas veces me he plantado yo ante La maja desnuda, de Goya, en el Museo del Prado y he dicho: «Qué cuadro más interesante, qué bien hecho», pero ahora ya sé que esa es una mujer objeto y punto. Hay algunas claves muy sencillas, como las que analizo en el libro. Hay que ponerse en frente de los cuadros y ver dónde pongo mi mirada, tener una perspectiva feminista.
Niñas sexualizadas y violaciones en los cuadros

P: Y ¿le ha sorprendido algo al realizar este libro?

R: Hay muchísimas cosas que me han tomado por sorpresa. Especialmente lo de las niñas sexualizadas. No me podía imaginar que había tantísimos ejemplos. No sabía la historia de Lewis Carroll con Alicia, que él se había dedicado a hacer fotos a niñas en posiciones y con trajes cuestionables.

También he descubierto a muchas artistas. Y me ha sorprendido mucho ver cómo cosas que estaban absolutamente normalizadas, por ejemplo, en el siglo 17 siguen normalizadas hoy. Hablábamos de las violaciones en los cuadros, que al final, suena muy fuerte decirlo, pero es el placer de la violencia sexual.

Los reyes disfrutaban viendo estos cuadros. Pues es que hoy tenemos Pornhub con millones de videos de violaciones que hombres disfrutan viendo por el mismo motivo que hacían los reyes, para sentir el poder. El poder sobre los súbditos hoy es el poder de un pringado que está en su casa para sentir el poder sobre una mujer.

P: ¿A quiénes espera llegar con su libro?

R: Este libro está escrito intentando buscar el equilibrio entre la divulgación y la profundización. No quiero que sea un libro que se quede solo en la superficie, sino que realmente pueda llegar a los ámbitos educativos a todos los niveles, desde la primaria, adaptándolo al contexto de primaria, hasta la universidad. Y luego, por supuesto, es un libro que apela al sentido crítico, a que tengamos nuestra propia mirada.

Cristina Bazán
Fuente: Efeminista

julio 10, 2022

Una exposición en Londres aborda un motivo pictórico perdurable en la historia del arte: mujeres en la ventana

Tres mil años resumidos en unas 50 obras, que invitan a reflexionar sobre un tropo tan polisémico como inoxidable. El motivo entrelaza cuestiones de género, de identidad y de visibilidad con cuestiones políticas y morales.

Dadi’s Love, 2020, de Simran Janjua

“¿Por qué razón representar a mujeres junto a la ventana ha interesado al arte durante siglos y siglos, desde la Antigüedad hasta nuestros días?”, se interrogan desde las filas de la Dulwich Picture Gallery, al sur de Londres, donde han montado una gran exposición a los fines de despejar la incógnita. En Reframed: The Woman in the Window, muestra en curso hasta septiembre, se explora este tropo clásico, recurrente en la historia del arte; demasiado frecuente para resultar una mera casualidad, según destaca la historiadora Jennifer Sliwka, curadora de una exposición que propone una recorrida por más de 50 obras de los últimos 3 mil años.

Consistentemente elogiada por la crítica especializada, la exhibición enmarca un tema que se revela apasionante, y que habla sobre la experiencia de ser y ser vista. También bebe del enigma: ¿qué observan estas figuras femeninas? ¿Es el público testigo o voyeur?, ¿está involucrado en la narrativa cuando la mujer sostiene la mirada? Y siguen las intrigas: ¿están protegidas las mujeres por permanecer adentro, aisladas de un afuera potencialmente hostil?, ¿o están enclaustradas en contra de su voluntad? El tropo, acorde a Sliwka, “entrelaza cuestiones de género, de identidad y de visibilidad”, variando las interpretaciones según las épocas y según las geografías, porque a decir de Jessica “la mujer se convierte aquí en un lienzo sobre el que proyectar unos ideales y una moral que dicen mucho sobre las preocupaciones de cada sociedad en particular”.

Da un ejemplo ilustrativo, a partir de notable contraste; a saber… En Muchacha leyendo una carta (1657-1659), el maestro holandés Vermeer retrata a una joven que repasa absorta las líneas de una epístola amorosa frente a la ventana de su cuarto, iluminada por los rayos del sol. Woman Reading Possession Order, fotografía laureada del inglés Tom Hunter, de 1997, emula esta composición pero le da un giro: la mujer que aquí lee, una joven madre llamada Filipa, tiene en sus manos… una orden de desalojo.

Woman Reading Possession Order, de Tom Hunter

Un marco dentro de un marco

“La idea es ofrecer algunos elementos para que la gente note que artistas han tomado el dispositivo ‘ventana’ como una especie de portal entre dos reinos: el real y el imaginario, el sagrado y el profano, el de esta vida y el más allá, el público y el privado”, aclara Sliwka, que si bien abona a la multiplicidad de lecturas, sugiere algunos escenarios históricos que saltan a la vista. Entre ellos, el de la mujer confinada y controlada que anhela un afuera que no le está permitido; el de la mujer que es condenada cuando se muestra “impúdicamente” en este espacio ambiguo, semipúblico; el de la mujer cosificada que, cual objeto sexual recatado, de belleza idealizada, es mostrada exclusivamente para disfrute de la platea masculina.

Así lo advierte la crítica española Isabel Gómez Melenchón que, un comentario para el rotativo La Vanguardia, anota que “la posibilidad de que la ventana en lugar de contener dentro de unos límites proporcionara una apertura al exterior, dando pie a la ‘lujuria de los ojos’, se convirtió en una obsesión para las autoridades eclesiásticas de la Edad Media”. Suma además esta especialista que “la mujer debía permanecer en el espacio doméstico, como ‘un clavo en la pared’, pero no solo eso: debía dedicarse a los trabajos del hogar y dejarse de distracciones; las pinturas flamencas, neerlandesas o alemanas se ajustan a ese ideario a partir de mediados del siglo XVI”.

Y es que, durante mucho tiempo, mirar por estas aperturas -que dejaban pasar luz y aire fresco- fue una actividad asociada al ocio; también a la ostentación de belleza y de opulencia. Y por tanto, sufrió -como no- la condena, entendido como gesto exhibicionista y de holgazanería femenina. Pese a las admoniciones moralistas, recalca I.G.M., la mujer en la ventana se consolidó como un motivo en el arte, generando además una simbología propia, pletórica de jaulas, pájaros, peceras, cortinados…
El puntapié inicial

Revela la curadora Sliwka -experta en pintura barroca- que la piedra angular de la exposición es Muchacha en la ventana, de 1645, obra maestra de Rembrandt, “a quien suele endilgársele la invención o -más no fuera- la innovación del motivo ‘mujer en la ventana’. Una afirmación errónea porque, mucho antes del Siglo de Oro neerlandés, ya había artistas que exploraban este tópico, como deja en evidencia esta muestra”. En la citada pieza, siguiendo la tradición del trampantojo, la joven apoyada en el alféizar parece salirse del marco y mira al espectador mientras juguetea tímidamente con un cordón dorado. Una imagen que ha encandilado durante siglos y que asimismo ha frustrado a críticos que -en vano- han tratado de dilucidar la identidad de la chica: ¿la amante de Rembrandt?, ¿una cortesana?, ¿su sirvienta?, ¿una figura alegórica, bíblica…?

Muchacha en la ventana, 1645, de Rembrandt

Poco interesa en Reframed, que prefiere detenerse en qué hay detrás del motivo y por qué ha sido tan perdurable. De hecho, la muestra viaja tan lejos hacia atrás como le es posible; por caso, exponiendo una talla fenicia en mármol del 900 a.C. de una ¿esclava sexual?, ¿diosa de la fertilidad? que observa de frente desde su -ajá- ventana. También se presenta una vasija otrora utilizada para mezclar vino y agua en simposios griegos, que data del año 360 a.C., pintada con una escena “cómica”: la de un varón que escala una fachada tratando de llegar al cuarto de una hetaira, que desde su ventana se asoma.

Vasija griega, 360 a.C.

Una de las piezas más conmovedoras, acorde a la crítica en tema, es un busto medieval del siglo XV, que un empático artista anónimo francés tallara en piedra caliza. Saint Avia (The Jailed Woman) representa a esta santa y mártir cristiana del siglo III tras las rejas, apresada por negarle su mano a un pretendiente. Decidida esta virginal muchacha a consagrar su vida a Dios, la bella y afligida Avoye -como le llaman en tierras galas- apoya la cabeza en los barrotes de su fría y solitaria celda con expresión de palpable congoja, acaso a la espera de un milagro (que acaece al tiempo, según la leyenda: privada de su libertad y de alimentos, la dama recibiría visitas semanales de la Virgen María que, en sus apariciones, le arrimaba manjares divinos, amasados por los mismos ángeles).
Un símbolo atrayente

“Una ventana es un símbolo bastante irresistible: refiere a la luz y a la oscuridad; a la apertura, al cerramiento; a la libertad, a la prisión; a nuevos horizontes, a confinamiento. Puede significar marco, prisión, seguridad, oportunidades. Y a veces, una ventana es solo una ventana, por más tentadas que estemos a sobreanalizarla”, señala Tracy Chevalier, exitosa autora de novelas históricas, que visitó Reframed y salió encantada por una recorrida por el tropo pictórico a partir de: cerámica mediterránea del siglo IV a.C., obras de Botticelli, Raphael y el citado Rembrandt, de Sickert y Picasso, de Howard Hodgkin y David Hockney, etcétera.

Women in a red hat, 1915, de Vanessa Bell

Por supuesto, también hay artistas femeninas que trabajaron el tema. Entre ellas, la pintora inglesa Vanessa Bell, hermana de Virginia Woolf e integrante del Círculo de Bloomsbury, que se hace presente en Reframed con el cuadro Woman in a Red Hat, de 1915, “donde una mujer nos mira con la boca fruncida; en apariencia, molesta porque la interrumpamos”. Otras lecturas apuntan a que el gesto adusto de la dama responde a una preocupación un cachito más grave: que la paz en su casa de la campiña, donde permanece a resguardo, se vea interrumpida por los horríficos avances de la Primera Guerra Mundial.

The Kitchen, 1927, de Isabel Codrington

Asimismo, hay tocantes piezas de la artista británica Isabel Codrington (en The Kitchen, de 1927, pinta a una muchacha de espaldas que pausa sus labores domésticas para mirar, con nostalgia y anhelo, el afuera); y más cerca en el calendario, de la díscola Cindy Sherman; de Rachel Whiteread (quien, por cierto, fuera la primera mujer en ganar el premio Turner, en los 90s)... Se exhibe también My Blue Sky, de la gran Louise Bourgeois, una acuarela donde el paisaje son formas insinuantes, carnosas, femeninas; y que, encantadoramente, tiene atípico marco: la ventana real del hogar de Manhattan de Louise, del apartamento donde pasó sus últimos años de vida.

My Blue Sky, 1989-2003, de Louise Bourgeois

Además, Reframed expone un trabajo de Marina Abramović, Role Exchange: díptico fotográfico que documenta su homónima performance de 1975, donde intercambia roles con una trabajadora sexual de la Zona Roja de Ámsterdam por varias horas, y cada cual es retratada en su nuevo papel (la prostituta, a través de la vitrina de la galería; Abramović, del burdel). Y de este último par de años, fotografías que refieren a la pandemia, donde las ventanas preservaron de la peste y fueron una de las pocas conexiones con el exterior durante el confinamiento, mientras pesaba el peligro incierto.

Fuente: Página/12

GAM "Jumper. 50 años de historias"

Fotografías, audiovisual, archivo y obras indagan en el uniforme emblema de la presencia femenina en la educación chilena. Un recorrido por su origen, su vinculación con el contexto sociopolítico y su uso en las artes visuales.


El jumper escolar, emblema de la presencia femenina en la educación chilena, es el tema de la exhibición “JUMPER. 50 años de historias” curada por Pía Montalva (Thinking Fashion) y Colectivo Malvestidas (Loreto Martínez y Tamara Poblete).

La exposición indaga en los orígenes del jumper y su instalación como uniforme oficial, para vincularlo a las condiciones políticas, sociales, económicas y culturales que avalan su alta visibilidad en un periodo y su casi extinción en la actualidad. Además, releva su uso político en diversos contextos de movimientos sociales, principalmente por la educación, y su uso simbólico en distintas obras de artistas visuales chilenas.

Mediante fotografías, material de archivo, registros audiovisuales, recopilación gráfica, etc., el jumper demuestra la naturaleza compleja de la indumentaria, siendo esta prenda de vestir la que quizás ha tenido un mayor impacto que cualquier otra en nuestra sociedad. Su extraordinaria capacidad para producir significados manifiesta que no hay nada uniforme en usar uniforme.

Iniciado en 2018, el proyecto antecede y se adelanta en captar el rol protagónico de las estudiantes secundarias dentro del movimiento social que un año después quedaría evidenciado con el “salto al torniquete” que detonó el cambio de la Constitución chilena.

Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes FONDART - Convocatoria 2019









Pía Montalva
Curadora

Diseñadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Magíster en Historia de Chile por la Universidad de Santiago de Chile y Doctora en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile. Es autora de numerosos artículos y libros sobre indumentaria y moda en Chile, entre los que destacan Morir un poco. Moda y sociedad en Chile 1960-1976 (Sudamericana, 2004 y Catalonia, 2015); Tejidos Blandos. Indumentaria y violencia política en Chile 1973-1990 (Fondo de Cultura Económica, 2013); y Apuntes para un diccionario de la moda (Hueders, 2017). Ha colaborado como columnista y panelista en distintos medios de comunicación chilenos (La Nación Domingo, Mujer de La Tercera, Paula y Radio Cooperativa). Y curado distintas exhibiciones y pasarelas de moda Historias de Género.100 años de moda femenina en Chile (2000), Museo Abierto de la Moda (2012), Mercedes Benz Fashion Week Santiago (2017 y 2018), entre otras. En la actualidad es docente del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la carrera de Diseño de Vestuario en la Universidad Andrés Bello.

Tamara Poblete
Curadora. Colectivo Malvestidas

Artista-investigadora en historia y cultura material de la vestimenta y gestora cultural. Sus estudios de pregrado los realizó en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, luego completó un magíster en Industrias Creativas y Culturales con mención en Diseño en Goldsmiths, University of London, y actualmente realiza un doctorado en Historia del Diseño en el Royal College of Art, Londres. Sus intereses incluyen las prendas de vestir como objetos políticos, feminismos latinoamericanos y performance política activista. También examina la decolonialidad como práctica colectiva.

Colectivo Malvestidas son organizadoras de los encuentros internacionales Moda Desobediente (Museo de Arte Contemporáneo-MAC, desde 2017), co-curadoras de la exhibición Ropa Americana de Paz Errazuriz (MAC, 2018) y co-editoras del libro Moda y Poder (2021), entre la gestión de otros proyectos y colaboraciones para publicaciones académicas. Actualmente, co-editan Prendas Fronterizas. Moda, Feminismos y Desobediencia para Fashion Studies Journal y preparan su participación en la exhibición Modus, que tendrá lugar en la Fashion Space Gallery del London College of Fashion (Octubre 2022).

Loreto Martínez
Curadora. Colectivo Malvestidas

Artista, diseñadora escénica y gestora cultural. Posee una licenciatura en Artes con mención en Diseño Teatral de la Universidad de Chile y un magíster en Diseño de Vestuario de Teatro, Cine, Ópera y Audiovisuales del Instituto Europeo di Design, Barcelona. Su trabajo se centra en la producción y difusión de material cultural crítico que problematice género, clase, identidad y territorio desde metodologías transdisciplinares y colaborativas aplicadas a lo corporal, lo vestible, lo instalativo, lo escénico y la performance.

Colectivo Malvestidas son organizadoras de los encuentros internacionales Moda Desobediente (Museo de Arte Contemporáneo-MAC, desde 2017), co-curadoras de la exhibición Ropa Americana de Paz Errazuriz (MAC, 2018) y co-editoras del libro Moda y Poder (2021), entre la gestión de otros proyectos y colaboraciones para publicaciones académicas. Actualmente, co-editan Prendas Fronterizas. Moda, Feminismos y Desobediencia para Fashion Studies Journal y preparan su participación en la exhibición Modus, que tendrá lugar en la Fashion Space Gallery del London College of Fashion (Octubre 2022).

17 Jun al 31 Jul, 2022

Sala de Artes Visuales (Edificio B, piso -1)

Gratis, por orden de llegada.

Ma a Ju – 10 a 22 h
Vi – 10 a 17 h.
Cierre entre 14 y 15 h para sanitización.

Sá, Do y festivos , 10 a 22 h.

Lu cerrado.

Prepara tu visita

- El ingreso a la sala no requiere Pase de movilidad.
- El uso de mascarilla es obligatorio en todo momento.

Fuente: GAM

junio 19, 2022

Mujeres muralistas latinoamericanas: arte y talento en grandes dimensiones

Desarrollan su obra en el espacio público, con “resistencia y hermandad”, en un ámbito tradicionalmente ocupado por varones.

Mural de la artista Gleo con rostros de mujeres.

Son mujeres, son muralistas y son latinoamericanas: pintan en grandes dimensiones haciendo suyo el espacio urbano, con colores, formas y texturas.

Y pisan fuerte en un ámbito tradicionalmente ocupado por varones.

"La figura de la mujer en la intervención mural, como en otras disciplinas, siempre ha sido eclipsada a lo largo de la historia”, afirma la artista colombiana Gleo en diálogo con DW.

"Las mujeresque hoy pintan en las calles tienen un compromiso de reclamar, habitar y transgredir el espacio público que nos violenta y excluye”, sostiene la muralista nacida en Cali, y una de las más reconocidas del continente.

"En lo personal, me he dedicado a demostrar que mi trabajo no es una cuestión de género. sino de habilidad, no es una cuestión de origen. sino de universalidad, y no es cuestión de edad. sino de disciplina”, sienta postura.

Gleo, artista plástica colombiana de reconocida trayectoria internacional.

"Es un trabajo que involucra esferas muy del mundo masculino, como grandes máquinas, la fuerza física, la monumentalidad y el espacio público”, apunta, en el mismo sentido, la muralista argentina Mariela Ajras.

Y sobre su experiencia, cuenta: "En general, puedo decir que, siendo mujer, ya entro en desventaja en algunas escenas. Se da por sentado que, probablemente, un mural tan grande lo debe estar pintando un varón, y que yo soy su asistente o su pareja”, relata.

"Como mujer, tenemos que demostrar el doble que 'estamos a la altura', analiza Ajras, cofundadora de la "Agrupación de Mujeres Muralistas de Argentina”.

Mural de la artista Mariela Ajras "What it feels like" ubicado en la capital argentina.

Asimismo, se reconoce en una larga tradición de mujeres muralistas en el continente "que alzaron su voz para nombrar aquello que las segregaba”.

"Todas se han visto en la necesidad de hacerse un lugar en la escena con cierta lucha”, agrega la artista nacida en Buenos Aires.

"Hay resistencia y hermandad”, sostiene, por su parte, la reconocida ilustradora mexicana Eva Bracamontes, organizadora del Festival Internacional de Artistas e Investigadoras de Arte Urbano, sobre la relación con sus colegas en el continente.

Mariela Ajras, muralista argentina, en plena tarea.

Talento sin distinción de género

Con todo, una característica del mundo equitativo y justo al que aspiran tiene que ver con ser reconocidas en primer lugar como artistas, más allá del género al que adscriban.

"Me gustaría poder ser apreciada no solo por mi capacidad de dar cuenta del mundo femenino, en un universo tan dominado por los hombres, sino por el compromiso con la búsqueda artística”, asegura Ajras a DW.

Mural "The sea and her" realizado por Mariela Ajras en Tierra del Fuego, Argentina.

"Mi trabajo es siempre un ejercicio de autoexploración, una búsqueda incesante hacia el autoconocimiento, utilizando la expresión artística como herramienta para alcanzar alguna respuesta, que inmediatamente se convierte en una nueva pregunta”, cuenta sobre su tarea, pasión y profesión a la vez.

"Algunas veces, esa empresa de confeccionar una metáfora visual para dar cuenta de lo que me sucede, resuena con un estado emocional colectivo, y ahí se produce algo del orden de lo mágico que tiene el arte”, plantea la artista porteña.

"Procuro transmitir amor, alegría, ternura y también sensualidad”, indica, por su parte, sobre su obra Bracamontes.

Arte a la vista de todas y todos

Y destaca: "En la calle se genera un diálogo entre el mural, el espectador y el artista”. "Y eso es lo que me resulta interesante”, confía a DW.

"Puedo crear un vínculo con el espacio adonde llego, y con las personas que terminan cuidando y resignificando los espacios que antes no tenían esa lectura, o eran poco visibles”, explica la artista plástica oriunda de Veracruz.

Mural de la artista mexicana Eva Bracamontes en Ciudad de México.

Y agrega: "Siento una especie de responsabilidad frente al mundo, en términos sociales, políticos, culturales y humanos, de ser consciente del momento en que me encuentro y de lo que viven los demás”.

Efectivamente, el muralismo no puede pensarse en soledad, ni por fuera de las coordenadas de tiempo y espacio que lo ven nacer.

"Hoy, en Latinoamérica el arte callejero o muralse entiende como un trabajo de y para la comunidad, donde se construyen diálogos y soluciones a través de talleres, mingas y murales colectivos”, explica la artista caleña.

"Donde el ego del artista es sacrificado por un fin más grande: un fin colectivo”, asegura.

"El arte es una herramienta para imaginar el futuro”, condensa, por su parte, Ajras. Y confía en que allí estarán ellas, fortalecidas.

(cp)

MURALISTAS LATINOAMERICANAS: PINCELADAS DE IDENTIDAD
Sororidad

“Sorority" lleva por título este mural realizado por la artista plástica argentina Mariela Ajras con ocasión de la lucha por la despenalización del aborto en el país sudamericano.

Fuente: https://www.dw.com/es

junio 11, 2022

Murió Paula Rego, la pintora portuguesa que redefinió el cuerpo femenino en el arte

La gran artista falleció a los 87 años en Londres. En su obra desafió los cánones de la belleza, abriendo la mirada a toda una nueva generación sobre el feminismo y poniendo en obras temas tabú como el aborto
8 de Junio de 2022

Paula Rego en Madrid, año 2015 (foto de Alberto Di Liolli)

La pintora portuguesa Paula Rego, que se hizo conocida por desafiar los cánones estéticos de corporalidad femenina y en especial por una impactante serie donde denunciaba el dolor y la humillación que aún sufren muchas mujeres al tener que recurrir al aborto clandestino, falleció a los 87 años este miércoles en Londres, donde trabajaba y residía, según confirmó una fuente de la familia.

La artista, que formó parte del círculo creativo que rodeaba a Francis Bacon y a Lucian Freud, residía en Reino Unido desde que contrajo matrimonio con el también pintor Victor Willing, quien murió de esclerosis múltiple 34 años atrás.

“Con inmensa tristeza anunciamos el fallecimiento de la artista Paula Rego. Murió en paz esta mañana, después de una breve enfermedad, en su casa en el norte de Londres, rodeada de su familia. Nuestros pensamientos más sinceros están con ellos”, señaló la galería de arte contemporáneo Victoria Miro, con sede en Londres.

FILE PHOTO: Visitor looks at paintings by Portuguese artist Paula Rego at the artist's new gallery Casa das Historias (Stories House) in Cascais September 18, 2009. REUTERS/Jose Manuel Ribeiro/File Photo

Rego llevaba cinco décadas radicada en la capital portuguesa, tras marcharse de Lisboa para escapar de la dictadura de Salazar. Sus padres, de tendencias antifascistas y anglófilas, quisieron que viviera en un país liberal. A los dieciséis años fue matriculada en una escuela de señoritas en Kent (Inglaterra). De allí pasó a estudiar pintura en la Slade School of Fine Art de Londres (1952–1956), donde fue alumna de William Coldstream y conoció al artista Victor Willing, con quien se casó.

En territorio inglés, pudo desarrollar mejor su visión feminista y sus desafiantes modelos de representación: mujeres retratadas con sus piernas abiertas, las rodillas pronunciadas y rasgos de una cierta animalidad no exenta de violencia.

Rego formó parte del London Group, junto a artistas como David Hockney y R. B. Kitaj, pero recién a los cincuenta años logró salir del anonimato y recorrer los mejores museos del mundo. Fue a partir de 1999, cuando inauguró una exposición en la que denunciaba la humillación y el sufrimiento que padecían muchas mujeres portuguesas que recurrían al aborto clandestino.

El aborto, según Paula Rego

Integrada por once pinturas y seis grabados, el conjunto surgió como respuesta al fracaso de la ampliación del referéndum sobre el aborto en Portugal. En estos lienzo, las mujeres están a punto de someterse a la intervención: sus gestos denotan vergüenza y miedo, así como pequeños detalles dan ideas de sus edades y pertenencias sociales, desde una joven estudiante o una mujer trabajadora. Junto a ellas, un cubo de plástico que luego estará lleno de sangre.

PUBLICIDAD


La serie asume hoy una vigencia incuestionable, no solo por la coyuntura histórica actual en la que algunos países comienzan a cuestionarse derechos que estaban consolidados sino también porque instala la reflexión sobre un acto que apenas ha sido representado en el mundo del arte.

“Pinto a las mujeres que conozco. Pinto lo que veo. Hago a las mujeres protagonistas porque yo soy una”, dijo Rego al diario The Guardian en una entrevista en 2021.

"El naufragio, según el Matrimonio a la moda de Hogarth" (1999), de Paula Rego

Toda la obra de Rego ha estado siempre enfocada en las mujeres, sus placeres, sus dolores y sus triunfos. Y aunque Frida Kahlo pintó un aborto espontáneo que tuvo en 1932, y Tracey Emin lo hizo en 1997 y 1998, la fallecida artista portuguesa fue la primera que representó el deseo de las mujeres de abortar, en una dimensión completamente nueva a la que le añade el compromiso político y de denuncia.

En 2007, la artista expuso una retrospectiva en el Reina Sofía de Madrid. El crítico de arte Robert Hughes fue el encargado de escribir un largo ensayo sobre su obra de 300 páginas que se publicó por la editorial del museo. Allí dice, entre otras cosas, que es “la mejor retratista viva de las experiencias de las mujeres”.

En 2010, fue nombrada Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico, pero nunca perdió su conexión íntima con la cultura portuguesa. Los fantasmas también siguieron siendo elementos fijos en un cuerpo de trabajo que, si bien reflejaba su pasión por los mundos imaginarios, desde el folclore y los cuentos de hadas hasta los sueños, seguía siendo profundamente honesto y profundamente humano.

Falleció Paula Rego, sin dudas, una de las artistas más importantes de estos tiempos.

Fuente: Infobae

junio 05, 2022

El ecofeminismo de Cecilia Vicuña, en el Guggenheim de Nueva York

La artista Cecilia Vicuña habla con los reporteros durante la rueda de prensa previa de su exposición 'Cecilia Vicuna: Spin Spin Triangulene' en el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, Nueva York,EFE/EPA/Justin Lane


Tras cuatro décadas residiendo en Nueva York, la artista chilena Cecilia Vicuña ha logrado un hito al exponer, por primera vez en solitario, sus creaciones en torno a la sabiduría indígena, la ecología y el feminismo en el mítico museo de la ciudad, el Guggenheim: «La historia está dando un salto, si eres como yo podemos estar aquí», relata la propia Vicuña a Efe.

Vicuña, de 74 años, ha sido recientemente premiada con el León de Oro a la Trayectoria en la Bienal de Venecia, y estrena una exposición llamada «Spin Spin Triangulene», que ocupa tres pisos en la «rotonda» del Guggenheim, la monumental estructura en espiral del museo, y está presente, con una mezcla de contención y orgullo, en un pase para los medios antes de su apertura.
Una historia mestiza

«Lo primero es que una mujer latinoamericana está ocupando la rotonda (del museo); me siento increíblemente agradecida de que esté sucediendo este cambio paradigmático en el mundo del arte y el pensamiento, que permite que una mujer indígena mestiza como yo entre en diálogo con este museo», señala a Efe.

Vicuña, además, afirma que es como «completar un círculo» el hecho de que la estructura de espiral de la pinacoteca diseñada por Frank Lloyd Wright esté basada en el arte maya -el observatorio El Caracol, de Chichén Itzá (México)- y que el museo acoja a la vez una muestra del pintor abstracto ruso Vasily Kandinsky, con quien dijo compartir una «línea ancestral».

«Es mestizo, como yo, y ambos tenemos raíz en el lago Baikal» al sur de Rusia, cerca de Mongolia, comenta, de nuevo apuntando a la «estructura circular» de los acontecimientos.

La pieza central, que ha elaborado expresamente para esta exposición, es «Quipu del exterminio», una instalación textil en la que cuelgan desde un techo elevado tres grupos de «quipus», nudos de colores que utilizaban los indígenas andinos como ábacos y que son una parte central de la carrera de Vicuña desde la década de los sesenta.

Los quipus se presentan en rojo, que representa la sangre y la vida; negro, la muerte; y blanco, la resurrección y el lamento; y están entretejidos con objetos como piedras, amuletos y ramas con los que la artista anticipa lo que quedará tras la extinción de las especies, una de sus preocupaciones.

La obra «quiere traer a presencia el hecho de que la civilización humana no va a ser posible en el planeta muchos años más. Muchas zonas ya no son habitables por la violencia del clima, del calentamiento global, y esta realidad está siendo ocultada por los medios, los gobiernos y las corporaciones», sostiene.
Poemas visuales

Según una de las organizadoras de la muestra, la comisaria Geaninne Gutiérrez-Guimarães, Vicuña entiende los «quipus» como «poemas visuales» y puede ser considerada una «quipucamayoc (contables que descifraban los nudos en el imperio inca) moderna».

«Hay un deseo y una voluntad exterminante de todas las compañías que están extrayendo la vida de este planeta, provocando la destrucción total y absoluta del medioambiente y las culturas antiguas, ancestrales y tradicionales que tienen memoria y han sobrevivido miles de años», clama la artista, que reivindica tomar esa sabiduría para que «reoriente la cultura humana total».

A partir del «quipu», que será objeto de una «performance» en agosto, la exposición está compuesta de cuadros que ahondan en la historia personal y el imaginario de Vicuña, incluyendo un «ángel de la menstruación»; un retrato irónico de Karl Marx; un homenaje a activistas indígenas como la asesinada Berta Cáceres, y carteles llamados «palabrarmas», realizados tras su exilio de la dictadura de Pinochet.


Nora Quintanilla 
Fuente: Efeminista

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in