Mostrando las entradas con la etiqueta Mujeres Arquitecteando Ciudades. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mujeres Arquitecteando Ciudades. Mostrar todas las entradas

agosto 05, 2026

Diálogos en torno al territorio y los cuidados desde una mirada de género


Presentación SUR Corporación

La jornada reunirá a actores locales, organizaciones sociales y de cuidadoras y especialistas en dos conversaciones dedicadas a los sistemas de cuidado en los territorios desde una perspectiva de corresponsabilidad social y de género.

  • Diálogo 1: Experiencias, aprendizaje y desafíos para ciudades que cuiden

Este primer diálogo abordará los aprendizajes y desafíos para el fortalecimiento del derecho al cuidado y la autonomía de las mujeres, y para la consolidación de redes y sistemas locales de cuidado en los territorios. Luego de una intervención de Tamara Jeri (SUR Corporación), participarán las coordinadoras de dos proyectos ejecutados por organizaciones de la Red Mujer y Hábitat de América Latina y el Caribe en distintos países de la región: Maite Rodríguez (Fundación Guatemala), coordinadora del proyecto “Fortalecimiento de Liderazgo y Participación de Mujeres para Avanzar Hacia Ciudades Feministas y Territorios que Cuidan” (AECID Guatemala), y Ana Falú (CISCSA Ciudades Feministas), coordinadora del proyecto “Territorios, Género y Cuidados. Tejiendo redes de incidencia, conocimiento e intercambio en ciudades de América Latina” (AECID Cono Sur). Participarán también con sus reflexiones Karina Delfino, alcaldesa de Quinta Normal, otro alcalde de la Región Metropolitana y una lideresa cuidadora de la Mesa de Cuidado del Centro Comunitario de Lo Espejo.

  • Diálogo 2: Lanzamiento de la revista Proposiciones N°40

La segunda parte de la jornada estará dedicada al lanzamiento a la Revista Proposiciones Nº 40 de SUR “Construyendo territorios que cuiden. Vida cotidiana y corresponsabilidad social y de género”. Presentarán la Revista sus coeditoras Olga Segovia (SUR Corporación), Nieves Rico (consultora independiente) y Ana Falú (CISCSA Ciudades Feministas), junto con los comentarios de Pía Montealegre, académica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

  • Confirma tu asistencia: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdp5HdVKuJx4JWTC4u0IAW0EeuYIg7MeZZef9Rnx93H7QIhaw/viewform

Fecha: 10 de agosto de 2026
Hora: 9:30 a 12:00 

Centro Cultural de España. 
Ubicado en Av. Providencia 927, Providencia, Santiago.

Fuente: https://ccesantiago.aecid.es/

julio 17, 2026

Ciudad de las mujeres: la planificación ignora aspectos cruciales para ciudades equitativas

Foto de David Marcu, vía Unsplash

Al monitorear los resultados de la construcción de una plaza en Porto Alegre, un dato llama la atención: después de los niños y niñas que juegan, son las mujeres que cuidan a la infancia las principales usuarias del espacio. La historia ocurrió en una región vulnerable de la ciudad y evidencia una actividad muchas veces ignorada por la planificación urbana: el cuidado.

El objetivo del monitoreo en el Loteamento Santa Terezinha era verificar el perfil de las personas usuarias y su percepción sobre el espacio y su equipamiento, recientemente mejorados por una serie de organizaciones, así como de las rutas escolares en su entorno. Realizada por WRI Brasil en alianza con la Fundación Grupo Volkswagen, la investigación mostró que los niños y niñas representan el 89% de quienes frecuentan la plaza, y que la cantidad de mujeres adultas que asisten al lugar supera en 4,5 veces a la de los hombres, en su mayoría acompañando a los más pequeños. 

¿Y por qué es esto importante? Porque el cuidado es un aspecto de la vida urbana frecuentemente ignorado. Si bien resulta reduccionista y violento encasillar a las mujeres únicamente en el ámbito doméstico, es cierto que su vida cotidiana en las ciudades se topa con obstáculos que parecen fruto de una planificación que pasa por alto sus necesidades. En promedio, las mujeres dedican más tempo a las actividades de cuidado, una acumulación de tareas que genera sobrecarga y afecta en especial a las mujeres más desasistidas y vulnerables.
La movilidad del cuidado

En Madrid, la investigadora y profesora de planificación urbana Inés Sánchez de Madariaga demostrócómo las actividades de cuidado parecían irrelevantes y fragmentadas en las encuestas de origen y destino. Ir al mercado, a la farmacia, llevar a los hijos e hijas al médico, a la escuela o a la plaza: estas actividades no remuneradas, denominadas "reproductivas", representan el 40% de los motivos de viaje de las mujeres en Madrid, frente a solo el 8% de los de los hombres.




Las investigaciones en movilidad y género demuestran que una gran parte de las mujeres tiende a realizar viajes encadenados: salen de casa, llevan a sus hijos e hijas a la escuela, van al trabajo, pasan por el supermercado y finalmente regresan a casa. A este patrón de desplazamiento, invisible debido a su fragmentación, Madariaga lo denominó "movilidad del cuidado", un concepto que invita a reflexionar sobre cómo la planificación urbana y de movilidad —al privilegiar, por ejemplo, la infraestructura para automóviles o la oferta de autobuses en los horarios de trayecto casa-trabajo— deja al margen a una amplia porción de la población.

Resulta necesario, entonces, pensar las ciudades para las mujeres. Pero ¿para qué mujeres?

Los enfoques interseccionales sobre el tema muestran que las precariedades en la vida cotidiana se agudizan cuando se suman marcadores socioeconómicos como el género y la raza. Un estudio de la Secretaría Municipal de Desarrollo Urbano de São Paulo advierte sobre esta situación. A partir de los datos de la encuesta de origen y destino, el organismo mostró cómo los modos de transporte y el comportamiento de viaje varían entre mujeres y hombres, y según el nivel educativo, los ingresos y la presencia de hijos e hijas de 5 a 9 años. Cuanto menores son los ingresos, más se desplazan las mujeres por motivos de educación (llevando a sus hijos e hijas a la escuela) y más caminan o viajan en autobús.
Ciudades que privilegian a los hombres

Planificar las ciudades para las mujeres, en especial para aquellas que residem en zonas periféricas, significa mejorar la calidad del transporte público y de la movilidad activa, así como también de las calles, áreas verdes, parques y plazas. Al fin y al cabo, la movilidad urbana no se refiere únicamente al transporte, sino que está vinculada de manera directa al espacio público y a la experiencia de quienes se desplazan. Esto evidencia que problemáticas como el acoso y la seguridad pública deben tomarse en cuenta, por ejemplo mediante una iluminación pública adecuada, para que el entorno urbano actúe previniendo y frenando las violencias cotidianas a las que están expuestas las mujeres.


Sin embargo, esto no es lo que ocurre. Datos de la ANTP muestran que las inversiones y otros costos asociados a la infraestructura para automóviles, por ejemplo, superan en más de cinco veces la inversión en transporte público. En São Paulo, datos del Instituto Cordial revelan que el 40% de las aceras no cumplen con el ancho mínimo exigido por ley, una situación que se agrava en las zonas más alejadas del centro. Por regla general, los barrios periféricos también tienen menor acceso a áreas verdes, como parques y plazas, y peores condiciones de alumbrado. En todos estos casos, las mujeres resultan ser las más perjudicadas.

Por ciudades más equitativas y justas

El cuidado es una relación. Al centrarnos en las mujeres, miramos también a quienes ellas cuidan. Planificar la ciudad para las mujeres y el cuidado equivale a planificar para sus dependientes: niños, niñas, personas mayores y otras mujeres que se apoyan en redes comunitarias. Más allá de esto, se trata de una dimensión fundamental para el funcionamiento de las ciudades y de sus propias economías. ¿Alguna vez se ha preguntado cómo sería la economía si todo el trabajo reproductivo acumulado por las mujeres fuera remunerado?

La necesaria atención a las cuestiones de género requiere promover la equidad de representación en la planificación y la toma de decisiones en alcaldías y secretarías. Asimismo, exige formular propuestas y soluciones surgidas de debates colectivos que consideren los diversos usos que las personas hacen de la ciudad. Al fin y al cabo, si las ciudades pueden detenerse sin el trabajo de cuidado, esta es una responsabilidad colectiva —del Estado, la sociedad y las familias— y no solo de las mujeres.


Este artículo fue escrito por Andressa Ribeiro, Ariadne Samios e Paula Manoela dos Santos. La traducción fue realizada mediante IA.

Lee la versión original en portugués aquí.


Fuente: ArchDaily

noviembre 13, 2025

Ideofactura, cuarto Festival de Storytelling, reflexiones sobre arquitectura y territorio desde una perspectiva feminista

Ideofactura #06: 4to.Festival de Storytelling Una reflexión acerca de la  productividad del relato para las disciplinas de la arquitectura y el  territorio desde una perspectiva feminista. Mié.12 - Jue. 13- Vie.14 de
El encuentro gratuito se desarrolla a partir de este miércoles durante tres días en Fábrica, un estudio ubicado en Goes.

“El storytelling constituye la versión protocolizada de la aplicación del relato a una multiplicidad de disciplinas y campos”. Como una emergencia reciente, el paisaje y el ambiente han considerado ya, lateralmente, este acercamiento como alternativa de trabajo o, a lo sumo, de socialización del producto generado, señalan desde la organización de Ideofactura, el festival que se desplegará durante tres jornadas en el estudio de arquitectura Fábrica (Porongos 2623), poniendo como ejemplo las charlas conocidas como TED Talks y PechaKucha.

Cuarto episodio de una serie de eventos vinculados a esta estrategia oral de socialización, comunicación y creación de cultura y comunidad, en este caso, en torno a las disciplinas de la arquitectura, el urbanismo y el territorio desde una perspectiva feminista.

Se revisitarán experiencias, materializaciones proyectuales, investigaciones académicas o simples reflexiones introspectivas desde su incorporación a un hilo narrativo sostenido desde un máximo de 20 imágenes de soporte y con una duración tope de 25 minutos.

El programa contempla presentaciones de la curadora Jimena Abraham y de los colectivos y narradoras UZ:AA / Daniella Urrutia y Constance Zurmendi; Natalie Cordero y Magdalena Ponce de León; Inés Rovira, Noelia Botana, Johana Hernández y Victoria Steglich; Mola Kunst, a cargo de Lorena Castelli y María Lezica; slantis, por Noela Barreiro, Pierina Nervi y María Eugenia Puppo; Colectivo Habitadas; Carolina Algorta y Virginia Delgado; Fernanda Ríos; RCD Reciclaje, por Giannina Ceruti, Triana Domínguez y Alma Varela; Victoria Abreu y Agustina Sánchez.

Fábrica, Espacio Cultural y Factoría de Pensamiento (Porongos 2623, entre Guadalupe y Rivadavia) abre las puertas este miércoles a las 19.00. El evento comienza a las 19.15, con acceso gratuito, aunque hay un bono colaboración voluntario (precio sugerido $ 250 por sesión y $ 500 el pase libre los tres días). Ya que la capacidad se limita a 70 personas, reciben reservas por el correo electrónico info@fabricauy.net, Instagram (@fabricauy) y al Whatsapp 099 925 413.Apoyá nuestro periodismo.

La siesta de edificios icónicos

Inspirada en la célebre ilustración de Madelon Vriesendorp para Delirious New York (1978) –“donde el Empire State y el Chrysler aparecen como amantes sorprendidos por el Rockefeller Center, simbolizando la rivalidad entre rascacielos y aportando al libro una narrativa imaginativa de la modernidad–, surge Delirio en Montevideo”, la exposición que Federico Lagomarsino montó en la Alianza Francesa (Bulevar Artigas 1271), donde estará hasta el 28 de noviembre. Es una obra gráfica que toma una serie de arquitecturas emblemáticas de la ciudad y las recuesta. Advierte que no se propone su derribo, sino, más bien, acostarlas amablemente, con gratitud.

Lagomarsino (1985) fue curador del envío uruguayo a la 17ª Bienal de Arquitectura de Venecia y miembro del Núcleo de Investigación en Cultura Visual. Inició esta serie en 2024 con una pieza para Proyecto Casamario y continuó con otras producciones. Ahora se abre de la referencia original para explorar la idea del descanso y plantear qué sucede si los íconos urbanos desaparecen momentáneamente, invitando a reflexionar sobre lo que permanece y lo nuevo que puede emerger. Se puede visitar de lunes a viernes de 10.00 a 19.00.

Conversatorio sobre arte y clima

El jueves, desde las 18.00, se desarrollará el conversatorio “Cinta Consumo Cuidado: índice de preocupación climática cultural de Uruguay” en el Museo Gurvich (Sarandí 524). ¿Se ha ido configurando una estética sonora, narrativa y visual asociada al clima? ¿Cuál es el rol de los museos como constructores y amplificadores de narrativas visuales climáticas? ¿Cómo la cooperación internacional favorece la acción colectiva y multiactor? Esas son algunas de las cuestiones que plantearán Mathías Escotto Gadea, Valentina de Palleja, Andrea Ferreira, Alicia Cano Menoni, Darío Dornel, Viviana Mezzetta Pizzanelli, Leonardo Noguez, Joaquín González Vaillant, Teresa Puppo, Federico Baráibar y Alicia Sandoval Ruiz.
Viejo barrio en cuentos

Bajo la consigna “En mi barrio”, se invita a personas mayores de 60 años de todo Montevideo a participar en un concurso de cuentos cortos, en el marco del Día Internacional de las Bibliotecas.

Se propone que los participantes compartan recuerdos o anécdotas. Se invita a recuperar las voces de su barrio a través de experiencias propias o transmitidas por otras generaciones, ya sea de forma directa o indirecta. Los relatos podrán estar vinculados a la familia, amistades, personajes y espacios pintorescos del barrio, costumbres, formas de convivencia o redes construidas en comunidad. Los cuentos deberán ser inéditos y estar escritos en idioma español.

Podrán ser entregados de forma física en la sede del Municipio B (Eduardo Víctor Haedo 2141 esquina Joaquín Requena ) de lunes a viernes de 10.00 a 16.00 y en la Biblioteca Popular Morosoli (Eduardo Víctor Haedo esquina Martín C Martínez, sobre la plaza Seregni) de lunes a viernes de 14.00 a 18.00 y los sábados de 11.00 a 12.30. Las postulaciones se recibirán hasta el 12 de diciembre, también a través del correo electrónico concursoliterariob@gmail.com.

Los cuentos seleccionados serán premiados con su publicación en un libro que será editado por la Junta Departamental de Montevideo.

Ejemplo comunitario venezolano

Este jueves a las 19.00, en el Centro Cultural de España (Rincón 629), tendrá lugar el conversatorio “Real, plural y complejo: pensar la ciudad desde el barrio”. Elisa Silva compartirá su experiencia en la puesta en valor patrimonial y social del barrio La Palomera (Caracas, Venezuela), a partir de la transformación del Anexo Casa de Todos: un proyecto desarrollado mediante procesos de codiseño y participación colectiva de la comunidad, reconocido con el Premio Diseño y Acción Social de la IX Bienal Iberoamericana de Diseño.

Durante la presentación se abordarán otros proyectos vinculados a este territorio, como la creación del Bosque Común, un espacio público emergente con más de 4.000 árboles, y los intercambios y redes de colaboración que han surgido entre sus vecinos.

Fuente: La Diaria.es

agosto 31, 2025

'Hijas del hormigón': historias de mujeres que luchan desde la periferia

La politóloga Aida dos Santos escribe un ensayo en el que retrata la situación de las mujeres de la periferia, dando voz a cientos de víctimas del clasismo, sexismo y la violencia en las ciudades de España

'Hijas del hormigón', de Aida dos Santos Debate

Su historia importa. Y da una vuelta de tuerca a unas ideas feministas que acaban dejándolas de lado. Son las hijas del hormigón, de la periferia, madres, hijas y abuelas que sostienen el armazón del Estado de Bienestar, a las que el feminismo y la izquierda en general no deberían olvidar.

Aida dos Santos, la autora del ensayo Hijas del hormigón (Debate), es quien da voz a estas mujeres, en un esfuerzo titánico por huir de la mera teoría y mostrar a través de sus testimonios el clasismo, el sexismo y la violencia en las periferias españolas. Porque a menudo no nos damos cuenta, y nos lo recuerda aquí Dos Santos, que detrás de las cifras hay historias, palabras de sufrimiento, vivencias de mujeres reales.

Ella sabe de lo que habla. Es politóloga, y como dice en su biografía, lo consiguió gracias a la educación pública. Ahora trabaja escribiendo para varios medios digitales, elaborando encuestas y auditorías retributivas para empresas. Ella misma destaca que antes de graduarse ejerció como limpiadora, camarera y cajera. Es una mujer trabajadora de clase obrera, que da voz a nada menos que a otras cien mujeres como ella en Hijas del hormigón.

Feminismo y conciencia de clase

Una reflexión basada en datos, con una extensa bibliografía, pero compensada con una serie de anécdotas significativas con una gran carga emocional en más de un caso. Porque el peso con el que cargamos las mujeres es grande (y el de algunas, mucho más que el de otras). La discriminación se da de múltiples formas y ámbitos, y para demostrarlo, la autora recoge ejemplos de todo tipo: de la desigualdad de género, de la discriminación en el trabajo, de la brecha salarial, de los estereotipos de género y cómo afectan a la salud mental de las mujeres.

Es un estudio que ahonda en el pasado y en el presente, y de la comparación de ambos, la politóloga extrae una conclusión positiva: ha habido un cambio llamativo, por supuesto, a mejor. Fruto de las reformas sociales en favor del feminismo. Pero advierte: no hay que olvidar a las mujeres del hormigón, de la clase obrera, que viven en la periferia de las grandes urbes. No hay que olvidar que ellas tienen una carga más sobre las espaldas, la de ser marginalizadas por su condición social.

"Mientras que la literatura obrerista se ha encargado de romantizar el mono azul de trabajo y la academia feminista aboga por romper techos de cristal, las condiciones de quienes se encargan de lavar los primeros y barrer los segundos han quedado totalmente descuidadas y olvidadas", reflexiona Dos Santos acerca del gran error que a su juicio supone olvidar a las mujeres de las afueras, de clase trabajadora, que sostenían a la familia haciendo el trabajo más básico, oficios como coser o lavar la ropa, servir o cuidar. Tanto en el discurso de los movimientos de izquierdas, como del feminista (que "se olvida de las obreras", como dice una de las entrevistadas).

Para llegar a adquirir esta voz, y para aprender a usarla, las propias integrantes de este grupo social deben empezar a ser conscientes de su lugar en la sociedad. "Renegamos de nuestra identidad como clase trabajadora porque aspiramos a que nos traten como si fuésemos clase media", sentencia Dos Santos, que a su vez deja clara la realidad, sin medias tintas: "da igual lo que creamos que somos, cualquier prejuicio clasista nos recordará cómo nos ven aquellos que nos nombran".

Los peligros del discurso establecido

La llamada clase media aspiracional (y aquellos de clase obrera que se ven como tal) es un concepto en boga, ¿pero, a qué se refiere eso de 'aspiracional'? Dos Santos lo define como esa voluntad de imitar los hábitos y formas de consumo de las clases más dominantes, buscando asimilarse a ellas. Un síntoma, un ejemplo que todos hemos escuchado, incluso imitado alguna vez: "esperar un Uber en el portal para ir al aeropuerto de madrugada y volar con una compañía low cost".

La politóloga incide en que al creer que de esta manera estamos gozando de los mismos privilegios que el famoso 1% de la sociedad, es algo que nos mantiene distraídos de la realidad de nuestra posición en la estructura social. Así lo reflexiona Dos Santos y también las mujeres a quiénes entrevista, formadas y preparadas, sin un trabajo que les permita acceder a una vivienda digna. Es otro espejismo, la famosa meritocracia, ese "si tú quieres, puedes".

Es un gran logro que las mujeres de la sociedad actual podamos aspirar a una educación que antes estaba reservada para las más privilegiadas, pero el esfuerzo individual únicamente no nos va a abrir las puertas a la igualdad real de oportunidades: "cuanto peor sea la situación de partida, más difícil es ascender en sociedades con grandes brechas de clase", escribe Dos Santos.

La estrategia del feminismo liberal deja de lado esta realidad, e incita a las mujeres a competir para llegar a ser las mejores y romper el famoso techo de cristal. Y así lo critica la autora del ensayo: "empoderar a mujeres talentosas para que alcancen posiciones en igualdad con los hombres de su propia clase no tiene como objetivo la igualdad, sino la meritocracia". Es decir, las mujeres de origen privilegiado lo tienen mucho más fácil para competir con los hombres por las posiciones de poder.

Para las mujeres de origen social más humilde es enormemente más difícil. Por muy brillantes que sean, y por muchos méritos que tengan. En ese sentido, para ellas, la meritocracia es una trampa, un espejismo.
Mujeres trabajadoras

Bajo el ideal de la mujer empedrada, aquella que consigue ascender a la cúspide del entramado social (con o sin ayuda, con o sin suerte), siempre se quedan detrás o debajo otras que mantienen el sueño idílico del privilegio. En los hoteles, recuerda Dos Santos, hay madres que viven en el extrarradio" limpiando sábanas de camas en las que nunca podrán dormir".

"No se trata únicamente de romper el techo de cristal, sino de preocuparse de las condiciones de trabajo de quien barre esos cristales rotos", sentencia la autora.

En Hijas del hormigón, Dos Santos puntualiza una realidad que no está del todo de moda desde el enfoque del feminismo más mainstream (también desde las ideologías de izquierdas, dice ella). Imbuidos por el sueño consumista y capitalista, no nos queremos dar cuenta de que no somos entidades independientes, no somos islas, todo lo que tenemos lo hemos obtenido también gracias al esfuerzo de otros, tengamos más o menos recursos económicos y patrimonio: gracias a otras mujeres que nos precedieron, a nuestras madres y abuelas.

"Se lo debemos a quienes cargaron los hatillos y ahorraron labrando un desagradecido campo para ofrecer a las siguientes generaciones algo más allá que la vara de los olivos o el polvo en los zapatos", apunta Dos Santos.

Y lo mismo en realidad se les puede decir a los hombres que menosprecian a la mujer en el trabajo, en el hogar, en el deporte, en la educación: todos ellos han crecido y se han desarrollado como seres humanos gracias a la entrega y al esfuerzo de madres, de abuelas, de otras mujeres que les ayudaron en un momento determinado de sus vidas.

Fuente: Cronología global

abril 30, 2025

“Amiga, llegué bien”: el impacto del acoso sexual callejero, las estrategias naturalizadas y cómo puede aportar el urbanismo feminista

Foto: Natalia Ayala

El abordaje de una problemática que es cotidiana para las mujeres ha estado históricamente relegado a los gobiernos departamentales; en Montevideo, sólo el Frente Amplio plantea propuestas específicas en la materia de cara a las elecciones de mayo.

Caminar un tramo largo porque está mejor iluminado o hay más gente. Pedir que nos vayan a buscar a la parada. Optar por tomar un taxi. Compartir la ubicación en tiempo real. Dejar de habitar algunos espacios en la noche, como plazas o parques, a no ser que seamos multitud (y que, en esa multitud, si es posible, haya algún hombre). Mandar mensajes para avisar que llegamos bien a casa. Mandar mensajes para chequear si las demás llegaron bien a casa. No quedarnos tranquilas hasta que recibamos la respuesta. Acostarnos a dormir. Despertarnos al otro día, cruzar el umbral de la puerta y repetir.

Las prácticas que desplegamos mujeres y disidencias para sentirnos seguras cuando transitamos el espacio público son muchas, cotidianas, de distintos tipos, y conllevan diferentes grados de esfuerzo mental, emocional y físico. Pero, sobre todo, son estrategias que tenemos totalmente naturalizadas. Las pensamos y reproducimos de manera casi automática, sistemática, como operaciones que hacemos –nada más y nada menos– para mantenernos a salvo en la calle cada vez que vamos a trabajar, a estudiar, a hacer mandados, a estar con las personas que queremos, a divertirnos.

Esta misma naturalización hace que sean conductas poco reportadas –porque creemos que no son graves o que “hay cosas peores”– y, casi como un espejo, también muchas veces son invisibles en las políticas públicas. Sin embargo, el acoso sexual callejero tiene consecuencias y deja marcas en las personas que lo reciben, que somos mayoritariamente quienes nos identificamos como mujeres.

Los últimos datos oficiales que hay en Uruguay –pertenecientes a la segunda Encuesta Nacional de Violencia Basada en Género, de 2019– revelan que 54,4% de las mujeres vivió al menos una vez en su vida algún tipo de violencia en espacios públicos como la calle, el transporte, lugares de ocio, boliches, bares, parques, clubes deportivos, iglesias y servicios de salud. También señalan que la forma de violencia que prevalece en estos ámbitos es la sexual (50%), seguida por la psicológica (30,5%) y la física (10,4%). Es posible que la tercera encuesta, que está encaminada para 2026, revele cifras más altas, porque en estos años el tema se volvió más visible y, por lo tanto, las mujeres logran identificarlo mejor.

De hecho, un estudio más reciente, realizado el año pasado por la Usina de Percepción Ciudadana (UPC) y L’Oréal Groupe, que aborda específicamente el acoso sexual callejero, arrojó que siete de cada diez uruguayas (67%) experimentaron una situación de este tipo alguna vez en su vida y la misma proporción tuvo su primer episodio antes de cumplir 18 años.
Combatir el acoso callejero: la obligación estatal y el compromiso departamental

La Ley 19.580 contempla 18 formas de violencia de género y es un avance que una de ellas sea el acoso sexual callejero, al que define como “todo acto de naturaleza o connotación sexual ejercida en los espacios públicos por una persona en contra de una mujer sin su consentimiento, generando malestar, intimidación, hostilidad, degradación y humillación”. La redacción es importante porque no sólo define qué es el acoso sexual callejero, sino que reconoce que tiene consecuencias en las mujeres. Que aparezca en la ley también significa que es una de las formas de violencia de género que el Estado tiene la obligación de prevenir, atender y erradicar.

Si echamos un vistazo al abordaje que se hizo desde que se aprobó la ley, vemos que la tarea ha estado más relegada a los gobiernos departamentales que a los organismos o servicios de competencia nacional. En el último Plan Nacional contra la Violencia de Género (2022-2024), por ejemplo, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) relevó que, de todos los organismos del Estado que llevaron adelante acciones contra la violencia de género en ese período, sólo la Intendencia de Montevideo (IM) impulsó una iniciativa contra el acoso sexual callejero: la creación del Protocolo de Actuación sobre Acoso en el Transporte Público Colectivo. Por una cuestión de tiempos el plan no llegó a incluir la campaña “Boliches libres de acoso”, que la comuna capitalina lanzó en agosto de 2024 para concientizar sobre el acoso sexual en estos espacios de ocio y capacitar al personal para que pueda dar una primera respuesta ante eventuales situaciones.

Todo se enmarca en una política más amplia de la IM, impulsada en 2018, que es el plan “Montevideo libre de acoso”, que engloba otras medidas como el sistema para denunciar situaciones no sólo en el transporte, sino en la “vía pública” en general.

También la comuna canaria se comprometió con el tema y lanzó en 2023 la campaña “Por un Canelones sin acoso” para promover “el derecho a una vida libre de violencia de género, el derecho al ocio y al disfrute del espacio público de las mujeres y disidencias sexogenéricas –vulnerado y violentado por las prácticas instaladas de acoso sexual callejero–, fomentar el repudio comunitario y contribuir a disuadir este tipo de prácticas”, según se lee en la página web institucional.

Tanto la política de Montevideo como la de Canelones se enmarcan en el Programa Ciudades y Espacios Públicos Seguros para Mujeres y Niñas, que ONU Mujeres lanzó en 2008 como una respuesta para “prevenir y responder a las situaciones de violencia que viven las mujeres y las niñas en las ciudades, así como para generar conciencia, evidencia, campañas de comunicación y buenas prácticas en la prevención del acoso sexual en los espacios públicos”.

Por su parte, la Intendencia de Maldonado se sumó puntualmente el año pasado a la campaña mundial “Stand Up, contra el acoso callejero”, promovida por L’Oréal Groupe, mediante el apoyo a talleres gratuitos de sensibilización a la ciudadanía sobre cómo actuar frente a estas situaciones.Apoyá nuestro periodismo.

Entender el fenómeno: primer paso para una política efectiva

El estudio de la UPC y L’Oréal mostró que las calles y las veredas constituyen el lugar en donde las mujeres uruguayas experimentan más situaciones de acoso sexual: fue mencionado por 89% de las encuestadas. Le siguen el transporte público (43%), los lugares de concurrencia masiva como recitales, boliches o gimnasios (31%) y las plazas y los parques (29%).

Respecto de cuáles son las situaciones específicas que atraviesan las mujeres, 58% de las consultadas aseguró haber enfrentado “silbidos, comentarios inapropiados, chasquidos de labios, ruidos de animales”; 49% “mirada fija, obscena, gestos inapropiados y no deseados”; en 34% de los casos fueron seguidas por alguien; 33% sufrió tocamientos, abrazos o besos sin consentimiento; 23% vio cómo alguien les exhibía sus genitales o mostraba imágenes sexualmente explícitas; 20% sintió presión para ir a una cita, dar su número de teléfono u otra información personal, y 13% recibió solicitudes de favores o servicios sexuales.

A su vez, la encuesta ratificó que las mujeres efectivamente solemos trazar estrategias para sentirnos más seguras cuando estamos fuera de nuestras casas. Así, mostró que 62% evita lugares oscuros, alejados, aislados o con poca gente; 38% transita acompañada de un grupo o una persona; 29% cruza la calle o usa rutas alternativas; 16% lleva las llaves en la mano; 12% usa intencionalmente ropa que no llame la atención; 11% comparte su ubicación en tiempo real con otra persona; 10% lleva algún elemento de defensa personal, y 5% cambia su rutina diaria para evitar el lugar donde fue acosada.

No hay un estudio que evidencie a nivel país cuántas mujeres elaboran estrategias frente a este problema, pero la encuesta Habitar Urbano, realizada en 2019 por la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la Universidad de la República, mostró que 78,6% de las mujeres de entre 18 y 44 años que residen en Montevideo y respondieron haber vivido una situación de acoso implementaban al menos una medida de precaución.

La socióloga Sofía Cardozo, que integra el equipo de Sociología Urbana del Departamento de Sociología de la FCS y ha dedicado parte de su producción académica a los estudios sobre violencia de género en espacios públicos, trabajó en ese estudio. En diálogo con la diaria, la investigadora asegura que “las estrategias a veces parecen como si fueran un atajo, pero, en este caso, son una sobrecarga para las mujeres”. Primero, porque implican una “sobrecarga económica”, por ejemplo en los casos que nos vemos obligadas a usar taxis nocturnos.

Pero, además, conlleva una “sobrecarga mental”, dice Cardozo, porque “necesitamos sobrepensar cómo vamos a utilizar la ciudad a la hora de salir a la calle”. La socióloga señala que generalmente asociamos más la sobrecarga mental a los cuidados, pero “no la vemos en lo que implica el ejercicio de mapear el peligro en el espacio público”. “Las mujeres mapeamos constantemente el peligro, ya sea de día o de noche, y vamos generando mapas de riesgo. Una hace una evaluación de riesgo antes de salir a la calle y en las decisiones que toma. Pero la sobrecarga que implica ese mapeo de peligro, esa medición del riesgo, no está puesta en conversación”, profundiza.

A esto se suman los impactos emocionales, muchas veces también naturalizados, como el miedo a caminar solas por determinados lugares y en determinados horarios –por el contexto o porque son espacios donde ya fuimos violentadas–, el susto cuando se nos acerca alguien repentinamente, la ansiedad de querer llegar rápido, la angustia mientras esperamos ese mensaje que dice “amiga, llegué bien”.
Lo que aporta el urbanismo feminista

Cardozo, que también es magíster en Género y Políticas Públicas, piensa que “el problema en sí mismo no es el acoso en tanto el comentario puntual que te hicieron en la calle” –eso es “la punta del iceberg”, dice–, sino “todo lo que eso representa y las consecuencias que eso tiene”. En ese sentido, considera que “la política pública no ha terminado de dimensionar la repercusión que esto tiene en las trayectorias de las mujeres y en la forma en que las mujeres perciben y usan la ciudad”. “Hablar del derecho a la ciudad”, agrega, “tiene que ver con habilitar a que no sólo se use, sino que se disfrute, que se pueda significar, que se pueda construir, y para eso se necesitan políticas públicas abiertas a que eso suceda”.

Acá es donde entran en juego los aportes del urbanismo feminista, una perspectiva teórica que tiene como clave “reposicionar la vida cotidiana en el centro”. Eso significa, básicamente, “empezar a visibilizar las experiencias de las mujeres”. Y no se trata sólo de exponer “el número de mujeres que sufren acoso”, sino más bien de “poner en la discusión las consecuencias que esto tiene en la vida de las mujeres” y, en definitiva, “pensar cuáles son las modificaciones que tenemos que hacer para que la reproducción de esa vida cotidiana no sea tan a contracorriente de cómo se nos presentan las ciudades”.

Por ejemplo, cuando se piensa en las paradas de ómnibus, “no es solamente una cuestión de que estén iluminadas, sino de la visibilidad que tengan, de que vos puedas salir para alguna arteria sin tener que pasar por un lugar oscuro”, ejemplifica la académica, que aboga por “ver a la ciudad desde una perspectiva más integral”.

La investigadora reconoce que no tiene la fórmula para la política pública “ideal” en esta materia, pero sí cree que “la llave es la participación”. “Sólo vamos a poder dimensionar el efecto que tienen estas formas de violencia en las trayectorias de las mujeres y las distintas dimensiones que tenemos que abordar con la política pública si escuchamos las voces de esas mujeres que nos permitan ver cuáles son las necesidades emergentes”, puntualiza.

En esa línea, asegura que “hay una cuestión de pensar la política pública desde el territorio que es fundamental cuando hablamos del urbanismo feminista”. “Porque cuando vos abordás un barrio en el que ocurrió una situación de violencia a una gurisa de 13 años en la calle, no tenés forma de saber cómo afecta eso al resto de las niñas que están alrededor, que van a la escuela, que se paran en la misma parada, hasta que no las escuchás”, insiste la socióloga.

Cardozo coincide con la visión de que han sido los gobiernos departamentales los que “han tenido injerencia” en este tema –destaca particularmente el trabajo en Montevideo y Canelones– y entiende que esto se debe primero a una cuestión de “voluntades políticas”, pero también porque “hay algo de la escala en la que se puede intervenir hoy en día” que favorece la construcción de estrategias en este nivel.
Reapropiarse de las calles es una forma de resistir

Para muchas mujeres, niñas y adolescentes, el fantasma del acoso sexual callejero está presente todos los días del año menos, quizás, el 8 de marzo. Ese día nos apropiamos de la calle, un espacio que suele ser tan hostil con nosotras, y nos sentimos seguras.

“El movimiento feminista ocupa en los últimos años el espacio público como forma de lucha, pero también como mecanismo de reivindicación y reapropiación de la ciudad”, dicen Cardozo y su colega Valentina Torre en el artículo “¿El movimiento feminista crea espacio urbano y nuevas maneras de (re)generar la ciudad?: un acercamiento al caso de Montevideo, Uruguay”, publicado en 2023 en la revista académica Geograficando. Las sociólogas detallan que si bien las manifestaciones “más evidentes” de esto son las marchas del 8M y las alertas feministas que se convocan ante cada femicidio, “no son las únicas formas de apropiación y/o disputa de lo público que viene sosteniendo el movimiento en toda su diversidad”.

“Lo importante de esto es que, a pesar de estas violencias y de todas las dificultades que tienen para transitarla, las mujeres no dejan de usar la calle”, explica ahora Cardozo. Entonces, hay un ejercicio de reapropiación que puede ser individual –esas estrategias que craneamos cada vez que salimos de casa– y que puede ser colectivo. “Desde lo colectivo, el movimiento feminista ha decidido estar en la calle y, quizás sin hacerlo siempre explícito dentro de las proclamas, ha planteado esto de que, si la calle es un lugar hostil, yo, con mis compañeras, puedo hacer un ejercicio de reapropiación de ese espacio no sólo para que me vean, sino para que la calle también sea mía”.

Un tema poco presente en la campaña por la IM


Si la problemática del acoso sexual callejero ha sido históricamente gestionado por los gobiernos departamentales, con Montevideo como uno de sus principales estandartes, parece acertado analizar si quienes se postulan a liderar la comuna capitalina incluyen algo de esto en sus programas.

La lectura de los documentos lleva a la conclusión de que, si bien en todos se contemplan medidas para que la ciudad sea más segura, sólo el programa del Frente Amplio (que incluye las candidaturas de Mario Bergara, Verónica Piñeiro y Salvador Schelotto) menciona propuestas contra el acoso callejero. En concreto, incluye “priorizar inversiones en infraestructura para garantizar una movilidad segura y accesible, especialmente para mujeres”, y la promesa de “continuar con las políticas contra el acoso sexual en el transporte público”.

A su vez, promete “profundizar” y “continuar” con el compromiso asumido en la Estrategia para la igualdad de género de Montevideo 2021-2025, que entre sus objetivos tiene “incorporar el enfoque del urbanismo con perspectiva de igualdad de género a los sistemas territoriales y sus componentes (espacios públicos, equipamientos, calles, arbolado, iluminación)”.

Dentro de las candidaturas por la Coalición Republicana, la colorada Virginia Cáceres y el cabildante Roque García plantean propuestas para que la ciudad sea “segura” y no haya “violencia”, pero lo abordan a nivel de la ciudadanía en general. En tanto, el nacionalista Martín Lema se compromete a que la atención a situaciones de violencia de género será una “prioridad presupuestal” y propone la creación de una línea de trabajo específica sobre trata y explotación sexual, pero no menciona el acoso callejero en particular.

Fuente: La Diaria.es

abril 13, 2025

'Las hijas del hormigón', miserias, clasismo y resistencia de las mujeres en la periferia





Portada de 'Las hijas del hormigón; Historias de clasismo, sexismo y violencia en las periferias españolas', de la politóloga Aida dos Santos. Foto: Editorial Deba


En su ensayo Las hijas del hormigón; Historias de clasismo, sexismo y violencia en las periferias españolas, la politóloga Aida dos Santos se adentra en las vidas de un centenar de mujeres que habitan los barrios periféricos de las grandes ciudades españolas. Estas mujeres, que se enfrentan diariamente a la precariedad, al clasismo y el sexismo, constituyen una parte significativa de la clase trabajadora del país, pero su voz y sus luchas quedan, en demasiadas ocasiones, fuera del radar.

El título no deja lugar a dudas. El "hormigón" es el material que da forma a esos bloques de edificios que inundan los barrios obreros. Edificios muchas veces sin ascensor, con paredes finas y frías, que representan tanto la dureza de las condiciones de vida como la lucha por una vivienda digna. Sin embargo, para la autora, el hormigón no es solo lo físico; también es una metáfora de cómo esas mujeres quedan atrapadas en una estructura que las discrimina constantemente.

"La materia prima de este ensayo son las miserias de las mujeres del extrarradio", escribe dos Santos (Algarve, Portugal, 1992), dos veces ganadora del Premio CEDEJEM en ensayo Europeo, que denuncia la precariedad económica y la violencia estructural que atraviesa sus vidas.
La interseccionalidad: la doble opresión de las mujeres en la periferia

Dos Santos, nacida en Portugal y criada en un barrio de Madrid, no se limita a teorizar sobre el tema. Su trabajo es un ejercicio de "escucha y observación". A través de más de un centenar de entrevistas, presenta a mujeres como Bárbara, Fanya, Marta, Zelia, Pilar, Ainhoa, Yaiza, Trini, Lola, Roxana, Carmen, Ángela, Pino, Maca, y tantas otras, todas diferentes, pero con una lucha común: la de vivir en un mundo que las marginaliza por ser mujeres, por ser de clase trabajadora, por ser inmigrantes, por ser jóvenes, por ser LGTBIQ+...


"No hay dos mujeres iguales en este libro, ni en ninguno de nuestros barrios", señala la autora al principio de la obra.

A lo largo de las 400 páginas del ensayo que edita Debate, Aida dos Santos aborda temas fundamentales como el urbanismo, el trabajo, la educación, la sanidad, el activismo o el deporte. Sin embargo, lo que predomina es la reflexión sobre las interseccionalidades, es decir, cómo las mujeres experimentan distintas formas de opresión que no se pueden entender de forma aislada.

Las historias que recoge no son desconocidas. Habla, por ejemplo, de la precariedad laboral, de los recortes en educación, de trabajo doméstico, de cuidados, de cómo les afecta la violencia de género, de la violencia estructural o de la falta de recursos para salir de ella. O critica cómo la meritocracia, ese sistema que promete que "si te esfuerzas, llegarás lejos", no es más que un espejismo para las hijas de la clase trabajadora.
El espejismo de la meritocracia

"Nos dijeron que si estudiábamos y nos esforzábamos, podríamos ir a la universidad y conseguir un buen sueldo. Sin embargo, a las hijas de la clase trabajadora, los recortes en educación y la desaparición de las becas de manutención nos han obligado a compaginar trabajo y estudios", escribe.

Además, Las hijas del hormigón expone la profunda contradicción de las periferias: por un lado, las grandes ciudades concentran una parte considerable de los recursos y la riqueza del país; por otro, esas mismas ciudades son también el lugar donde la pobreza se hace más visible.

"En nuestras urbes convivimos en una heterogeneidad socioeconómica mayor que en cualquier otro territorio. Y es concretamente en el extrarradio donde se concentra el proletariado dedicado al sector servicios, minorías étnicas, migrantes, mujeres que encabezan hogares monomarentales, familias que no pueden asumir los precios de la vivienda, jóvenes que no pueden consumir en los barrios en los que trabajan, quienes sirven la carne kobe ecológica o el te matcha que nunca podrán pagar, quienes mantienen limpias las sabanas de los hoteles en los que nunca podrán dormir…", explica. 
Conciencia de clase

Pero el libro no es solo un ejercicio de memoria o de denuncia, es un intento de dotar a estas mujeres de herramientas para enfrentar las discriminaciones que sufren en su vida diaria "por ser mujeres trabajadoras de la periferia". Y por ello invita a hacer una toma de conciencia colectiva como clase trabajadora.

"Muchas veces da igual lo que opinemos de nosotras mismas, da igual lo que creamos que somos, cualquier prejuicio clasista nos recordara cómo nos ven aquellos que nos nombran. Si las clases no existiesen, no operaria el clasismo como una de las más férreas discriminaciones que padecemos las mujeres de la periferia", critica.

Y no solo a las mujeres, también les apela a ellos, en una de sus citas más directas, afirma: "Si los hombres quieren hacer algo útil después de leer este libro, que limpien en su casa, que cuiden de sus hijos y que les pregunten a sus amigas si esto que han leído también les pasa".

Por Laura de Grado
Fuente: Efeminista

marzo 02, 2025

Arquitectura y género: las primeras mujeres que construyeron su lugar en un mundo de hombre


¿Le suena el nombre de Matilde Ucelay? Fue la primera graduada en Arquitectura en España, una de las contadas mujeres que en los años treinta logró superar las barreras de género de una profesión considerada hasta entonces exclusivamente “de hombres”.

Las primeras arquitectas que estudiaron en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid lo hicieron siguiendo los planes de estudios de 1914, 1932 y 1957, cuyos cursos preparatorios eran muy exigentes. La gran mayoría se colegiaron en la capital, aunque ejercieran en diversas provincias españolas.

El ingreso de mujeres en la Escuela de Arquitectura en 1931 se produce 184 años después de la fundación de la institución universitaria, con cuatro primerísimas alumnas. La ya mencionada Ucelay fue la primera arquitecta que terminó los estudios en 1936, porque hizo dos cursos en un año, aunque por razones políticas pasaría una década hasta que se le expidió el título. Su compañera Cristina Gonzalo Pintor se graduó ya terminada la Guerra Civil, en 1940. Otras dos alumnas, Eulalia Urcola y Josefa Flores, finalmente no acabaron la carrera.

A estas les siguieron las que empezaron en el curso 1932-33: Rita Fernández Queimadelos, que hizo una carrera rápida y se graduó en 1940, y Juana de Ontañón, que retrasó sus estudios hasta 1949 por la depuración política que afectó a su familia.

Influencia en ellas de la ILE

Tuvo que pasar casi una década para que al menos cada año se titule una arquitecta en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, con Margarita Mendizábal, en 1956; Eugenia Pérez Clemente, en 1957 y en 1958, y en 1959 Elena Arregui y Milagros Rey (que fue catedrática en la Universidade da Coruña). Todas ellas siguieron ya el Plan de Estudios de la República, de 1932, imbuido por la filosofía de la Institución Libre de Enseñanza (ILE).

Diez pioneras, ocho tituladas en Arquitectura, y el testimonio de una emancipación de género que haría evolucionar las aulas politécnicas. Procedían de entornos acomodados y progresistas que dieron soporte, no siempre sencillo, a su inusitada decisión de ingresar en una profesión “de hombres”. Un talante adelantado para las mujeres de su tiempo, que requería férreas voluntades unidas a capacidades y aficiones propias del espíritu de la Residencia de Señoritas de Madrid, el centro de la intelectualidad femenina universitaria del primer tercio del siglo XX.

No consuma noticias, entiéndalas.Suscribirme al boletín

A principios de los años 60 se titulan Teresa Capdevilla, Encarnación Casas, Carmen Mostaza, María Aroca, Emilia Checa, Helena Iglesias, Pilar Ferichola y Pilar Ferrándiz, entre otras. Dos de ellas, Iglesias y Ferrándiz, fueron catedráticas de la Universidad Politécnica de Madrid.

Las graduadas en torno al 68 forman una minoría muy cohesionada. Nombres como María Pérez Sheriff, Adriana Bisquert, Concepción Fernández-Montesinos, Luisa Sotos, Gloria Alcázar, Pilar Amorós, Emma Ojea, Ángeles Coig-O´Donnell, Elvira Adiego, Raquel Martínez de Ubago, Teresa Domínguez y Concepción Maestro componen la relación de estas generaciones precursoras. Fueron arquitectas con largos, fructíferos y polifacéticos desempeños, a menudo en solitario, pero también en asociación. Una multiplicación de tareas que tiene relación con la supervivencia y la dificultad de acceder a los encargos de mayor relevancia, pero también con su propia cultura de conciliación y compromiso.

Las arquitectas de los primeros años 70 cierran las promociones del Plan 57, cuando la presencia femenina se va consolidando lenta, pero significativamente. Teresa Bonilla, Cecilia Bielsa, Margarita de Luxán (catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid), María Antonia González-Valcárcel y Teresa Arenillas son algunas tituladas en esas fechas. En sus primeros años de andadura profesional sus actitudes y logros dan fe de la igualdad que lucharon por defender a pesar de las brechas de género que el momento cultural español no permitía obviar.

Las doce arquitectas de la 122 promoción pertenecen a la última etapa de una carrera que aún requería pruebas de acceso, y son las últimas tituladas antes de la Transición. Fueron Carmen Bravo, Victoria Flórez, Maruja Gutiérrez, Amparo Berlinches, Ana Iglesias, Mª Jesús Zueco, Rita Iranzo (hija de la tercera mujer arquitecta), Ana María Fernández, Teresa Rodríguez (que trabajó con Pascuala Campos, la primera catedrática de Proyectos en España titulada en la Escuela de Barcelona), Isabel García Elorza, Teresa Rodríguez-Carrascal y María Fernández Puentes.

Líderes en un régimen jerarquizado

No llegaban al 6 % respecto a sus compañeros de promoción varones. Ellas son las que empiezan a trabajar en un régimen fuertemente jerarquizado y las que participan como profesionales en la transformación democrática. También fueron ellas quienes lograron mantener sus estudios profesionales en activo y optaron a ocupar posiciones de liderazgo en distintos estamentos en la Administración, la carrera docente o la gestión empresarial.

Las primeras arquitectas forman una red de mujeres profesionales visibles, con conciencia de grupo, que fomentan colaboraciones y complicidades entre ellas, aunque por propia formación no lo expliciten demasiado.

La secuencia temporal de la graduación del primer medio centenar de mujeres que se hacen arquitectas en Madrid permite considerarlas, por su trabajo, como referentes femeninos y protagonistas de la investigación en torno a arquitectura y género. Una aproximación pormenorizada para ponerlas en foco, con nombres propios unidos a desempeños profesionales, que forma parte de de una investigación aún por completar.

Arquitecta PhD, profesora en investigadora UDIT, UDIT - Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología
El texto que se resume es de dos autoras: Josenia Hervás y Heras (UAH) y Eva Hurtado Torán (UDIT). La investigación ha sido posible gracias al apoyo del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, a través del comisariado de Eva Hurtado en los ciclos ArquitectAs celebrados entre 2021 y 2024 en su sede, con la invitación de numerosas de sus protagonistas. Igualmente la investigación forma parte del trabajo de Eva Hurtado en el Grupo de Investigación en Diseño, Cultura Visual y Género, GENIUS de UDIT, Universidad de Diseño, Innovación y tecnología.
Fuente: The Conversation

diciembre 05, 2024

Ana Falú: la vivienda está vinculada a “dos vectores centrales” en la vida de las mujeres: “el tiempo y el espacio”

Ana Falú, durante la ceremonia donde fue declarada Ciudadana Ilustre de Montevideo, el 19 de marzo de 2024. Foto: Camilo dos Santos

La arquitecta destacó las estrategias colectivas entre mujeres en América Latina como las “mejores” para superar los numerosos obstáculos que enfrentan para acceder a la vivienda.

Ana Falú, arquitecta argentina, es pionera en la arquitectura y el urbanismo feminista a nivel internacional. En marzo de este año fue declarada visitante ilustre de la ciudad por la Intendencia de Montevideo. En sus décadas de trayectoria como activista y académica se ha dedicado a la defensa del derecho de las mujeres a la ciudad, la vivienda, los servicios urbanos y el territorio, así como su inclusión plena en la elaboración de las políticas habitacionales. Uno de los motivos de su lucha es que las mujeres no habitan los espacios públicos ni acceden a la vivienda de la misma forma que los varones porque la planificación urbana se ha desarrollado a partir de una perspectiva masculina. Falú conversó con Habitar sobre este punto y otros que hacen al vínculo entre la vivienda y el género.

¿Por qué es importante tener una perspectiva de género al pensar la vivienda?

Las explicaciones para la decisiva importancia de incorporar la perspectiva de género en las formas de pensar y resolver los temas de vivienda demandan distintas dimensiones de análisis. Una de ellas es la institucional, es decir, la del enfoque de las políticas de vivienda. Estas son en general viviendistas, y ya está largamente debatido y probado el negativo impacto que han tenido estas medidas sin ciudad. La evidencia empírica y la información estadística nos dicen que las mujeres trabajan en un alto porcentaje o son la mayoría de quienes buscan trabajo. Es singularmente importante por los roles [de género] asignados considerar las tareas cotidianas que realizan las mujeres en general para garantizar la vida –alimentos, higiene, provisiones, salud, educación, etcétera–, y en este sentido no podemos pensar la vivienda sin la ciudad, es decir, sin los servicios necesarios: abastecimiento, transporte, educación, salud, cuidados, espacios públicos. Entonces, la vivienda está vinculada a dos vectores centrales en la vida de las mujeres, las que asumen mayoritariamente el cuidado de personas, de las casas, de animales, del entorno y tanto más; estos son el tiempo y el espacio. El tiempo es crítico en la vida de las mujeres, en general es el bien más escaso en sus vidas, en particular para las mujeres que asumen el cuidado de personas dependientes, y el espacio da cuenta de los recorridos, el tiempo de los recorridos, las distancias.

Otra dimensión es el enfoque que adquieren las políticas de vivienda, las que se vienen desarrollando en clave de neutralidad, o sea, en clave de personas, hogares, familias, sin desagregar la diversidad, no sólo entre varones y mujeres y sus necesidades específicas, sino la diversidad de hogares, de condiciones, de orígenes, y tantas más. Se piensa en una población de familias homogéneas y es necesario que las políticas consideren los distintos tipos de personas y de arreglos familiares, no sólo los hogares nucleares, aunque son la mayoría. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe [Cepal], hay un promedio en la región de un 40% de hogares que están a cargo únicamente de mujeres. Este es un porcentaje muy alto para omitir a las mujeres, ya que la “neutralidad” de las políticas no es tal, sino una omisión de sujetos sociales, y no sólo de las mujeres.

¿Hay aspectos ajenos a las políticas que deban tenerse en cuenta?

El diseño de las viviendas no considera a las mujeres. Las mujeres están en todas partes y en ninguna. En un estudio que hizo una investigadora de la London School of Economics en parejas heterosexuales con hijos durante la pandemia, cuando el encierro era obligatorio, dio como resultado que las mujeres trabajaron un 30% menos en promedio que los varones. Los hombres ocuparon en las casas los lugares más aptos para trabajar, el escritorio o, cuando había, la habitación de trabajo. Las mujeres se movían a la mesa de la cocina o al dormitorio y además las interrumpían sus hijas e hijos. Esto es muy interesante, tener estudios que den cuenta de dónde y cómo habitan las mujeres los distintos espacios: la casa, la calle, el barrio, la ciudad.Apoyá nuestro periodismo.

Las mujeres con dependientes tienen gran temor a no tener un cobijo; la casa es un cobijo central para la infancia, los mayores dependientes, las personas discapacitadas o enfermas, y cuando falta el techo o está en riesgo, la inseguridad y el temor son enormes para ellas.

Otro aspecto importante a señalar es la diferencia del significado que la vivienda tiene entre mujeres y varones, quizás fundado en ese significante que es el hacerse más responsables de quienes dependen de ellas. Las mujeres con dependientes tienen gran temor a no tener un cobijo; la casa es un cobijo central para la infancia, los mayores dependientes, las personas discapacitadas o enfermas, y cuando falta el techo o está en riesgo, la inseguridad y el temor son enormes para ellas. En las ocupaciones de tierra se viene observando que las que están en situaciones más precarias y con infancias a cuestas son mujeres. No quieren estar en esas situaciones, no les gusta hacerlo, les genera más temor e inseguridades, más miedo a las violencias de todo tipo, pero a veces no les queda otra alternativa.

¿Cuáles creés que son los principales obstáculos que enfrentan las mujeres para acceder a una vivienda digna?

El mayor obstáculo es el económico. Las mujeres son la mayoría en el mercado informal de trabajo y la mayoría de trabajadoras en casas particulares. Y no sólo eso, a pesar de tener más formación que los varones, en todas las escalas de educación, tienen ingresos menores, aun cuando tienen trabajos formales. Entonces, tienen menos capacidad de respaldar una garantía de alquiler, ser sujetas de un crédito hipotecario o de un préstamo de cualquier naturaleza. Las mujeres están en mayor condición de vulnerabilidad, sin ser vulnerables por su naturaleza de ser mujeres. Aunque han demostrado sus fuerzas individuales y colectivas, tienen condiciones y circunstancias que las vulnerabilizan. El mercado precisa sujetos de crédito que puedan responder y no son las mujeres las que tienen esas condiciones para poder acceder a la vivienda en propiedad o en alquiler. En general, ante los procesos de gentrificación o del obsceno extractivismo urbano, las mujeres son las primeras en ser expulsadas hacia las periferias urbanas: familias y en particular las mujeres solas o únicas responsables de sus dependientes; mujeres mayores, en general solas o en malas condiciones físicas, y qué decir de las personas LGTBI+. 

¿Cómo impacta todo esto en la vida de las mujeres?

En mayor inseguridad, se fragilizan o pueden caer en situaciones muy críticas. Las mujeres por el rol asignado están siempre velando por la situación de quienes dependen de ellas, en particular niñas, niños, adolescentes y adultos mayores. Esto es a lo que nos referimos cuando decimos que es preciso analizar a las mujeres desde distintas intersecciones, como, por ejemplo, edades, etnias, origen migrante, educación, lugar donde viven; las discriminaciones y las situaciones que fragilizan a una persona pueden ser varias.
¿De qué manera la violencia de género afecta el acceso de las mujeres a una vivienda segura?

Las mujeres viven distintos tipos de violencias; física, psicológica, económica, en el ámbito privado y en el público. En general, viven más violencias puertas adentro, en sus casas. Sin embargo, ante el incremento de las violencias en la sociedad, en las ciudades, las mujeres tienen una mayor percepción de inseguridad. Esto en razón de las violencias sobre sus cuerpos, la violencia que viven las mujeres es aleatoria, le puede suceder a cualquiera, pobre o rica, joven o mayor, cuerpos que se avasallan, incluso asesinados. Este temor lleva a las mujeres a encerrarse en sus casas, como si fueran más seguras. ¿Por qué no se van de sus casas si sufren violencias? No es una respuesta sencilla; sin embargo, sí podría decir que, en gran parte, es porque no tienen las condiciones económicas para sostener la vida de sus dependientes y la propia. Al no poder resolver económicamente el tema de un techo, serán capaces de aguantar las violencias.

En las ocupaciones de tierra se viene observando que las que están en situaciones más precarias y con infancias a cuestas son mujeres. No quieren estar en esas situaciones, no les gusta hacerlo, les genera más temor e inseguridades, más miedo a las violencias de todo tipo, pero a veces no les queda otra alternativa.
¿Cuál es la situación de las mujeres al respecto en América Latina? ¿Tienen mecanismos de apoyo para acceder a la vivienda o no? ¿Hay más obstáculos que oportunidades?

Las mujeres, como en general sucede, frente a las dificultades, como es el acceso a la vivienda, encontrarán estrategias. Las mejores serán las colectivas, las que impulsan las cooperativas, las organizaciones no gubernamentales, las comunidades y los vecindarios organizados. Es en el espacio de lo grupal y colectivo donde las mujeres ahora encuentran sus voces, se empoderan y se apoyan.

Hay varias experiencias colectivas en América Latina para reconocer y lo interesante son las nuevas experiencias de coviviendas, como las que están impulsando mujeres mayores en Montevideo, con apoyo de la intendencia capitalina. Persisten los obstáculos, la omisión de las mujeres en las políticas, la dificultad de acceso al crédito, la dificultad de sostener alquileres si no hay leyes que los regulen. En fin, muchas dificultades, pero también hay propuestas que plantean líneas de acción colectivas y también políticas públicas posibles para los gobiernos.

¿Qué cambios creés que son necesarios en las políticas de vivienda para garantizar que las mujeres tengan un acceso igualitario a una vivienda digna?

Que se las considere, se las cuente, se las conozca y reconozca. Vengo trabajando en una herramienta que podría ser útil: el mapa de las mujeres en la ciudad. También con el equipo de la organización Ciscsa [fundada en 1985 y enfocada en el derecho a la ciudad desde una mirada de género] trabajamos en el índice de vulnerabilidad de género de los territorios, para conocer dónde habitan la mayoría de las mujeres y la mayoría de los hogares a cargo único bajo la sola responsabilidad de mujeres con respecto a sus dependientes. Las políticas deben actualizarse, ser más creativas, más variadas, no sólo vivienda en propiedad, no más viviendas individuales. Las viviendas colectivas con servicios, algunos al menos, son más vivibles para las mujeres a cargo único de sus hogares; siempre pueden tejer redes de solidaridad que hacen la vida cotidiana más vivible.

¿Son necesarias políticas específicas que atiendan situaciones específicas con mujeres jefas de hogar con personas a cargo, mujeres en situación de violencia, mujeres solteras, jóvenes, entre otras?

Sin dudas, esto es central en conocer quiénes son y dónde están las mujeres en la ciudad, cuáles son las condiciones de vida, el nivel de hacinamiento, de carencias y qué servicios demandan. Esto requiere procesos participativos, de escucha de las voces de las mujeres en cada barrio y cada territorio.

Fuente: La Diaria

agosto 14, 2024

Participá del VI Seminario taller Mujeres y Ciudades





¡ABRIMOS LAS INSCRIPCIONES!


El jueves 5, viernes 6 y sábado 7 de septiembre, volvemos a encontrarnos en el VI Seminario-Taller Mujeres y Ciudades: (in)justicias territoriales. Será en Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

Hoy más que nunca, es imprescindible encontrarnos, nutrir el debate, compartir experiencias y seguir construyendo ciudades y territorios feministas, con la solidaridad y la creatividad necesarias en estos tiempos que corren.

¡Registrate! El encuentro es libre y gratuito, con inscripción previa ingresando a www.bit.ly/seminario2024-inscripcion. Hay tiempo de inscribirse hasta el 30 de agosto. Algunas de las actividades serán transmitidas virtualmente para quienes no puedan participar físicamente.

En esta edición nos acompañarán Ana Falú, Maristella Svampa, Dora Barrancos, Blanca Valdivia, Valentina Saavedra, entre otras expertas, y más de diez compañeras de organizaciones y experiencias territoriales de Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y diversos puntos de Argentina. En los próximos días estaremos compartiendo el programa completo.

El Seminario es organizado por CISCSA Ciudades Feministas, en alianza con el Área de Feminismos, Género y Sexualidades y el Centro de Investigaciones María Saleme de Burnichon (Facultad de Filosofía y Humanidades) y con la Facultad de Ciencias Sociales, todas pertenecientes a la Universidad Nacional de Córdoba. La propuesta es habilitar un espacio de encuentro y construcción sobre mujeres y disidencias, hábitat, territorios y derecho a la ciudad, que reúne a activistas, académicas, responsables de políticas públicas, de movimientos sociales, trabajadoras populares, estudiantes y organizaciones de mujeres y feministas de Argentina y otros países de América Latina.

Novedades y más información en www.ciscsa.org.ar/seminario-2024

¡Te invitamos a acompañarnos en esta sexta edición!


Equipo CISCSA Ciudades Feministas







junio 21, 2024

Cómo sería la ‘casa feminista’ perfecta: los modelos domésticos se han trazado conforme a una cosmovisión patriarcal

Las mujeres ocupan tan solo el 10 % de los puestos más importantes en los principales estudios de arquitectura del mundo


Las ciudades modernas están diseñadas por los hombres y para los hombres. No lo digo yo ni nada, lo dice el Banco Mundial y lo constata en una interesante publicación de 2020, Handbook for Gender-Inclusive Urban Planning and Design (Manual para la planificación y el diseño urbanos con perspectiva de género). Esta suerte de guía —para un diseño urbano que incorpore de forma activa la voz de las mujeres, niñas, y minorías sexuales y de género— confirma un dato inquietante: que las mujeres ocupan tan solo el 10 % de los puestos más importantes en los principales estudios de arquitectura del mundo. Del mundo. Esto son muy pocas mujeres.

En los últimos años, como indica el informe de 2020 elaborado por la Unión Europea, Promoting Women in Architecture and Civil Engineering, la igualdad de género en estas profesiones está mejorando, pero no lo suficiente. Esto se demuestra de forma sencilla con solo mirar la lista de arquitectos premiados, en concreto, en España.

Sí, hay un porcentaje pequeño de voces femeninas en la elaboración del discurso urbano, decidiendo sobre el presente y futuro de las ciudades. Esta ausencia supone menos sensibilidades evaluando que la planificación urbana ha de tener en cuenta que la movilidad de las mujeres es restringida y que dependen en mayor medida del transporte público; el trabajo de cuidados y los desplazamientos que de él se derivan, que suponen gran parte de los desplazamientos diarios; que los peatones son mayoritariamente menores, mayores y mujeres… Así que, amiga, si al caminar por el espacio público de tu capital sientes extrañeza e inseguridad, recuerda que no te lo estás imaginando: solo es que el sesgo patriarcal está literalmente integrado en los espacios urbanos.

A lo largo de la historia del urbanismo han sido exclusivamente hombres como arquitectos, urbanistas, políticos, promotores, constructores, obreros, quienes han ideado, planificado y construido el trazado de las metrópolis. Las mujeres, con pocas excepciones, no se han integrado en este sector profesional hasta finales del siglo XX, en un frustrante proceso histórico sumamente desigual e insostenible donde nos hemos perdido la mitad de los conocimientos, de las visiones, del saber.

Resulta fácil entender así por qué, históricamente, las urbes en su configuración tienden a reflejar los roles de género tradicionales y la división del trabajo en función del género entre hombres (remunerado) y mujeres (no pagado o mal pagado); atendiendo a un sistema patriarcal de la organización social. Vamos, en general, las metrópolis actuales son espacios más eficientes, cómodos, adaptados y seguros para los señores. Con grandes y graves implicaciones. Porque muchas necesidades quedan desatendidas (las de niñas, ancianas, trabajadoras…) y se refuerzan todavía más las desigualdades de género.

En las últimas décadas, diferentes estudios de la mujer en el entorno construido llevados a cabo por arquitectas, urbanistas y sociólogas han ratificado que las mujeres no comparten las ciudades con los hombres de manera igualitaria. Y que las urbes no podrán ser amables ni podrán servir a todas las personas sin la presencia de la mujer en la elaboración e ideación de su planificación presente y futura, y sin incorporar la perspectiva de (igualdad de) género como categoría analítica imprescindible para concebir, crear y transformar para el bien el mundo en el que vivimos. “Saben que el espacio urbano realmente no les pertenece. Saben que la mayoría de las urbes son peligrosas, que solo pueden utilizar zonas concretas y a ciertas horas, y que incluso en esos espacios en que se les permite estar (como invitadas) han de comportarse de una determinada manera. Las mujeres están excluidas de muchos sitios y a otros a lo mejor se les permite el acceso, pero todo el entorno hace que no se sientan bien recibidas”, anota la profesora de Vivienda e Igualdad de Oportunidades en la Escuela de Planificación de la Universidad Brookes, Oxford, Jane Darke en el libro La vida de las mujeres en las ciudades. Necesitamos espacios merecedores para todas las vidas.

Diseñando una casa feminista

“Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro y el día menos pensado escribirá un libro mejor.”. La famosísima cita de la escritora británica Virginia Woolf reclamaba, sí, una independencia económica para sus conciudadanas, pero también exigía la necesidad de un espacio físico personal, una habitación donde cada mujer pudiera aislarse, ensimismarse, reflexionar y desarrollarse como ciudadana. Un espacio propio y digno, dentro de la casa, donde ser. Y donde escribir, por qué no, el mejor libro posible.

¿Cuántas viviendas convencionales, en la ciudad diseñada por hombres y para los hombres, tienen un cuarto propio para cada una de nosotras? ¿Son nuestras casas lugares donde establecer relaciones justas, completas y felices? ¿Lugares donde desarrollar convivencias igualitarias? ¿Ha de ser el hogar el espacio exclusivo de descanso del guerrero (hombre), donde se reproduzcan eternamente los roles de género o necesitamos viviendas inclusivas, no jerarquizadas, que contengan todos los posibles modos de habitar (la familia y la casa)?

Los espacios domésticos también se han trazado históricamente en base a modelos de uso masculinos, teniendo en cuenta una perspectiva androcéntrica y productivista. Sí. Las viviendas convencionales eran las encargadas de sostener un modelo unívoco de familia nuclear. Sin embargo, en la actualidad, existen distintas fórmulas familiares y han de existir diferentes formas de habitar que alberguen esas fórmulas, atendiendo a la diversidad social. Muchas personas viven solas, voluntaria o forzosamente, otras establecen relaciones personales o familiares diversas y flexibles, y otras lo harían si el mercado de la vivienda no fuera tan rígido. Las fases de la vida además reclaman opciones de habitar distintas. Incluso prever la dependencia.

Como afirma la arquitecta e investigadora María Novas, la vivienda es una realidad política que está en transformación. Novas explica como “diferentes arquitectas, ingenieras y urbanistas feministas han trabajado desde hace varias décadas para contrarrestar los estándares inflexibles y jerarquizados de las viviendas ‘unifamiliares’ diseñadas para familias nucleares (heteronormativas con descendencia) que han proliferado en masa desde las últimas décadas del siglo XX”. Describe que estas casas tradicionales “suelen situar en la parte más alta de la jerarquía espacial al salón y el dormitorio ‘principal’, aún hoy llamado ‘de matrimonio’ sin atender a la diversidad de vidas y formas familiares, y dejando en un lugar secundario (o menos privilegiado) los espacios de la vivienda asociados al trabajo de cuidados, que, cuando son tenidos en cuenta, siempre suelen ser espacios residuales, de menor tamaño, traseros y muestran alarmantes deficiencias de diseño”.

Entonces, ¿cómo sería la casa ideal, la vivienda igualitaria e inclusiva de nuestros sueños? ¿Tendríamos nuestro cuarto propio luminoso y aireado? Para la autora del ensayo Arquitectura y género —donde defiende la incorporación de la perspectiva de (igualdad de) género como una cuestión de justicia social ineludible por más tiempo— “la idea fundamental es un cambio de valores en la percepción de qué significa diseñar una vivienda. Durante décadas, se nos ha transmitido que la vivienda es principalmente un espacio de recogimiento y descanso después del trabajo asalariado fuera del hogar, pero esto es una gran falacia que parte de un sesgo patriarcal. La vivienda siempre ha sido un lugar de trabajo (trabajo pagado, no pagado o mal pagado) para infinidad de mujeres, y debería dejar de ser desvalorizada como tal. El trabajo en el hogar, o de mantenimiento de la vida, debe ser visible y valorado, y, en consecuencia, los espacios domésticos asociados también ganarán en dignidad”.

Si la arquitectura es, antes que nada, la ordenación del espacio, ¿qué organización tendría entonces esa nueva vivienda trazada y diseñada desde una óptica no heteronormativa? María Novas aporta una propuesta muy sugerente, nos habla de una vivienda con una distribución adaptable en función de las necesidades y los tiempos, que rompe con la configuración tradicional con “espacios dignos relacionados con el trabajo en el hogar, cuartos de similares tamaños y un diseño flexible, agrupando las instalaciones y posibilitando cambiar la distribución con obras mínimas, en los que la accesibilidad es un requisito importante, como principio básico de un diseño inclusivo. También se propone el rediseño de las cocinas como espacio social (no solo pensadas para que tan solo una persona trabaje en ellas), que permitan la flexibilidad de uso, de manera que al menos dos personas o más miembros de la familia puedan redistribuir el trabajo al mismo tiempo, y la distribución de baños y aseos, con accesos comunes, favoreciendo la máxima posibilidad de usos simultáneos”. La casa como espacio flexible, adaptable y social.

A nivel estatal, diferentes instituciones y organismos están trabajando también en defender una arquitectura feminista, centrada en las necesidades de las personas, los cuidados y la vida cotidiana de todos y todas. Integrando la perspectiva de género en el diseño de las ciudades, en la normativa urbanística y en las viviendas, pasando del discurso a la realidad. Hay ejemplos interesantísimos: por ejemplo, el del Departamento de Planificación Territorial, Vivienda y Transportes del Gobierno Vasco con esta Guía para la integración de la perspectiva de género en los proyectos de vivienda colectiva y el de la Generalitat Valenciana con la publicación de una serie de buenas prácticas en Proyectar los espacios de la vida cotidiana que están avanzando en este sentido.

El hogar, la casa como “el lugar de la memoria y del futuro, del eslabonamiento entre las generaciones idas y venideras”, tal y como defiende la socióloga María Ángeles Durán en su libro La ciudad compartida, ha de ser un espacio igualitario y digno para todas las maneras de vivir, para todas.


Por Adriana Herreros
Fuente: El País

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in