junio 06, 2026

Laura Vivar: “El luto era un sistema de control sobre el cuerpo de las mujeres”

Laura Vivar (Guadalajara, 1986) es filóloga pero ha roto todas las reglas lingüísticas para recrear el lenguaje de las mujeres durante la posguerra en el libro 'Tocan a muerto' (Blatt & Ríos, 2026).

Laura Vivar, autora de 'Tocan a muerto'

Lo primero que hizo Laura Vivar (Guadalajara, 1986), filóloga especializada en sintaxis latina, para escribir Tocan a Muerto (Blatt & Ríos, 2026) es romper con todas las reglas gramaticales. Tras deshacerse de todos sus haberes académicos y enfundada en la rotunda oralidad, ese paisaje sonoro de los pueblos de España, escribe su primera novela con la que relata lo que era un luto, lo que era criar a decenas de criaturas o lo que era guardarse de las miradas por roja durante la posguerra en cualquier rincón del rural.

Y lo hace a bocajarro y en primera persona para lo que construye un personaje, la abuela Milagros. La escritora, con una elegida posición críptica que atrapa y sacude a la vez, suprime muchos detalles: el objetivo no es situar geográficamente lo que acontece, sino hacer un relato universal de los crímenes del franquismo contra las mujeres. Porque en muchas partes de este país fueron señaladas, torturadas, violadas. Sacaron adelante sus hogares solas, con maridos desaparecidos en cunetas, y luchando contra las acusaciones por las actividades políticas de su pareja.

Vivar dedica su libro “A todas las mujeres que no supieron escribir su nombre” porque tiene claro que para que las jóvenes de hoy hayan podido llegar a la universidad son esenciales los cimientos de toda una generación de abuelas que tragaron lágrimas mientras rebuscaban como llenar las ollas con algo de alimento.

La autora atiende a El Salto para comentar la obra, hasta el capítulo 16, al cuál aún no ha llegado la periodista y Vivar prefiere no hacer spoiler. Y menos mal, porque el final del libro es el lugar hasta donde se quería llegar en ese viaje que a ratos parece que no tiene destino, tal y como descubrirá la que escribe unas horas después. 

Laura, en primer lugar, estamos ante un libro narrado en primera persona, pero al mismo tiempo muy críptico. No sabemos bien quién está hablando ni desde dónde está hablando. ¿Por qué eliges este formato? 

Porque soy fiel creyente de que las historias pertenecen a los personajes. Y en este caso, esta historia la tenía que contar la abuela Milagros, una de esas mujeres que nunca han tenido voz. El reto fue darle su propia voz a este personaje tan difícil de crear, porque es un personaje que está lleno de silencios. 

¿Es un personaje que existe? 

No, no es un personaje que existe, es ficción muy documentada. No es mi abuela, no es mi tía abuela, no es autoficción.

Pero está construido a través de retazos personales. Entiendo.

Hay retazos personales. Hay entrevistas con mi abuela, con amigas de mi abuela, con la abuela de mi prima, la de mis amigas. Y mucho proceso de documentación.

Hay una cosa que también me llama la atención y es que no has querido darle importancia al lugar donde suceden estos hechos. ¿Por qué? 

Porque creo que la situación de estas mujeres en la posguerra era universal dentro de España. Daba igual que estuvieras en el sur, en el norte, a la izquierda o a la derecha en el mapa. La situación de las mujeres era bastante parecida en bastantes lugares y haberle dado una localización suponía algo así como menospreciar la situación de todas las mujeres en general. 

Es un relato en primera persona que aparentemente es un relato crudo, sin muchas capas, pero al mismo tiempo dices que has estado documentándote para crearlo. ¿Cuánto tiempo has invertido en esto y qué has hecho para ello?

Te puedo decir que, tranquilamente, he estado documentándome seis- siete meses y no ha sido una documentación exhaustiva con una hoja de ruta, sino que a partir de la creación del personaje y de la creación de la trama, poquito a poco iba necesitando documentarme sobre ciertas cosas, sobre el proceso de duelo en los pueblos, las supersticiones, los lutos y el tema central del libro que son los crímenes franquistas. A medida que iba avanzando la trama, iba creciendo la voz. A medida que la voz me iba pidiendo, yo iba documentándome. Ha sido muy errático. 

Para ello he tirado de las entrevistas que he podido y hasta donde me han querido contar, que no ha sido mucho. He tirado también de los poquitos libros que hay sobre el tema e incluso de autos judiciales. Para el capítulo cuatro, que es una, intenté recurrir todo lo posible a las cartas escritas en los pueblos en esta fase de la posguerra tan cruda. Y me encontré con una maravilla de libro en el que se transcribieron unas cartas que se encontraron en una saca en un consultorio médico. Y bueno, pues cada capítulo ha tenido lo suyo. No ha sido fácil.

LA HISTORIA DE ESTAS MUJERES NO ESTÁ ESCRITA PORQUE NO HAY NI CIFRAS OFICIALES DE ABSOLUTAMENTE NADA. LO ÚNICO QUE TENEMOS ES EL LEGADO ORAL. Y CREO QUE ES URGENTE DEJAR POR ESCRITO SU LEGADO ORAL.

Estás escribiendo una historia que no está escrita. ¿Qué herramientas tenemos para contar la historia de las mujeres? ¿En qué nos tenemos que apoyar? 

La historia de estas mujeres no está escrita porque no hay ni cifras oficiales de absolutamente nada. Lo único que tenemos es el legado oral. Y creo que es urgente dejar por escrito su legado oral. Entrevistarlas, grabarlas a las que van quedando, que no son muchas, y que nos vayan contando. Que hablen, que cuenten, que sanen y que sean capaces de cerrar heridas o contar su propia historia con sus propias palabras antes de que ellas no estén. Y que no lo cuente nadie que no sea ellas. 

¿Tú defiendes que el relato oral es una herramienta objetiva para los historiadores y las historiadoras?

Tanto como objetiva, no lo sé porque no soy historiadora y a tanto no llego. Pero sí que como lingüista te puedo decir que no hay mejor forma de dejar por escrito tu historia cuando no tienes otra herramienta, que tu propia oralidad, tu propio vocabulario. La forma en la que te expresas moldea la realidad en la que vives y moldea tu pasado. El primer relato con el que estuve trabajando fue el de mi abuela. Su realidad se expresa a través de su idioma, de su forma de utilizar el lenguaje. No creo que haya otra forma de llegar a ella porque no hay datos, no hay nada escrito.

Utilizas un lenguaje rescatado del baúl de las abuelas. ¿No estuviste tentada a poner acotaciones, comentarios sobre cada una de esas palabras que no conocemos?

Yo no, pero sí que me encontré con un corrector que quiso ponerme comillas, anotaciones… y dije que no, porque cuando yo he hablado con estas mujeres no he necesitado esas comillas, no necesitaba esas acotaciones. No hace falta que hagamos el proceso intelectual de pasar por el filtro del siglo XXI la forma que ellas tienen de hablar para entenderlas. El esfuerzo lo tenemos que hacer nosotros por llegar a su realidad. Yo me negué absolutamente, iba a luchar con todas las armas posibles por defender que el texto tenía que estar escrito así. 

EL PROCESO REAL HA SIDO ELIMINARME DEL TEXTO Y CUANDO ME HE DADO CUENTA DE QUE ESTABA UTILIZANDO PALABRAS QUE ERAN MÍAS QUITARME, TRADUCIRME.

A veces se intenta forzar la adaptación de su oralidad a nuestro lenguaje y queda realmente impostado. 

Claro. El proceso interesante ha sido eliminar mi voz de mujer universitaria del siglo XXI y filóloga. El proceso real ha sido eliminarme del texto y cuando me he dado cuenta de que estaba utilizando palabras que eran mías quitarme, traducirme. Y cada vez que veía algo así como “la escuchó llegar”, cambiarlo por “la sintió llegar”, quitar incluso las preposiciones. Ha sido un proceso muy bonito de escritura en ese sentido. 

CUANDO EN ALGUNA OTRA ENTREVISTA ME HAN PREGUNTADO CUÁLES HAN SIDO MIS REFERENTES LITERARIOS, DIGO: LA VIDA DE MI ABUELA. ¿DE QUÉ ME SIRVEN A MÍ TODAS LAS NOVELAS DE GALDÓS PARA ESCRIBIR ESTO?

Es como un proceso de deconstrucción de las normas

Olvídate de la gramática, de si va coma o no va coma aquí. De todas las lecturas posibles. Olvídate de los Galdós, los Clarines, los Cortázar, no te sirven para nada para escribir este libro. Cuando en alguna otra entrevista me han preguntado cuáles han sido mis referentes literarios, digo: la vida de mi abuela. ¿De qué me sirven a mí todas las novelas de Galdós para escribir esto?

Hace poco entrevistaba a Esther López Barceló, junto con otras dos investigadoras, Marta García Carbonell y María Palau, que han hecho un libro sobre el Patronato de Protección a la Mujer, Inmaculada (Libros del KO, 2026). Recrean uno de los casos que hubo dentro del Patronato. Y me decía que es muy interesante ver cómo hay una generación de mujeres que cuando pensamos en escribir lo primero que nos viene a la cabeza es escribir sobre nuestras abuelas. Y no sé si estás dentro de esa generación. 

En este caso en concreto, te puedo decir que sí, porque para mí era urgente y surge de una especie de conversación conmigo misma. Tengo muchos choques con la generación de mi abuela por la forma de entender el papel de la mujer en la sociedad. Pero si las dos somos mujeres, aunque en épocas tan diferentes, ¿que hay en común?. Y ahí fue cuando empecé a gestar a la abuela Milagros en esta conversación conmigo misma. 

Me preguntaba de dónde salían ciertas cosas mías, y cuando me puse vi que todo salía del mismo sitio, como por ejemplo la obsesión por la limpieza. Viene alguien a mi casa y lo primero que hago es mirar si el baño está limpio. De repente, te das cuenta de que mi madre ha servido, mi abuela ha servido y claro, pues eso deja un poso de herencia que aunque yo ya no haya servido, eso está. 

En cuanto a los temas que abordas, me ha sorprendido la figura de la curandera. Digamos que en torno a ella se hace una especie de proto feminismo. Las mujeres del pueblo acuden a ella y a las hierbas naturales para sanarse y para abordar otros temas como el aborto, por ejemplo. ¿Esto está documentado?
Este tema siempre ha sido espinoso, porque incluso cuando he hablado con estas mujeres de este tema no quieren decir nada. De hecho, son cosas que dan reparo.

Siempre había una curandera, porque la medicina oficial en ese momento llegaba hasta donde llegaba, y más si eres mujer y estás embarazada del quinto hijo.


La medicina oficial no les daba ningún tipo de importancia y además eran pobres y además eran mujeres. La curandera estaba a la orden del día, era su única salida. Ellas eran sus propias doctoras. Y documentarme para todo esto también ha sido complicado, porque el aborto en la posguerra no es algo que esté por escrito. Entonces me ha tocado tirar de mucho manual de etnología para ver qué remedios hacían con ciertas plantas. Y de repente aparece el perejil como planta abortiva. Pero esto no se dice aunque esto ha ocurrido siempre. Había embarazos no deseados, especialmente fruto de violaciones en la posguerra.

También se habla de temas como la violencia machista. De hecho, hay un capítulo dedicado a ello y supongo que ahí también habrás llegado a través de fuentes indirectas, porque de eso tampoco se hablaba. 
Eran cosas que pasaban en la cocina de tu casa y ya está. Para esto me he leído muchos procesos judiciales de la época que me han dejado tiritando. Todos se basaban en: “Esto lo arregla tu marido en tu casa y se acabó”. Hay un libro maravilloso sobre el consultorio de Elena Francis (Las cartas de Elena Francis, Ediciones Cátedra) hecho con un montón de cartas que aparecieron que habían mandado al consultorio y que no habían tenido respuesta. Y a partir de estas cartas también se reconstruye todo el tema de la violencia de género y las contestaciones que el consultorio de Elena Francis les daba: “A callar y a aguantar con tu cruz”.

Otra de las cosas que dices en el libro sobre la violencia de género, es que es un tema que era transversal e independiente a toda ideología. 

Estas son cosas que me las han contado amigas siempre, tercera generación o segunda generación, nunca directamente ellas. Me decían “a mi abuela la zurraba mi abuelo, que era comunista". Las zurras las daban, independientemente del signo político. Tú eras mujer y esa era la ideología que te había tocado. 

Hay una idea que atraviesa el libro, la idea de la desigualdad de género que se inicia con el título: Cuando las campanas tocaban a muerto lo hacían de manera diferente en función de si eras hombre o mujer.
En el libro se muestra el luto como sistema de control absoluto sobre el cuerpo de las mujeres. En esa época estaba todo perfectamente reglamentado y las víctimas vigilaban a las víctimas. Es decir, empezaban con el luto desde muy temprana edad, que era una forma absoluta de controlar su físico y su relación con el resto de personas, e iban empalmando lutos, en una época que está atravesada por la pérdida humana, especialmente en los pueblos. Si eres pobre, el luto no te lo va a quitar nadie. Vas a tener a las vecinas, que te echan una mano, que son también las que te vigilan para que no andes silbando, para que no bajes a la romería, para que no te levantes en el evangelio durante la misa. Esto es un sistema de control entre las víctimas. 

¿Y también las campanas redoblan diferente, no? Tres campanadas para hombre, dos para mujer. 

Ellos tenían su idioma perfectamente establecido y sabían cuándo había muerto una mujer y cuándo había muerto un hombre. Y de hecho, los hombres para el luto llevaban solo una banda negra en el brazo. Eso es todo. 

Laura, ¿le has enseñado el libro tu abuela?

No quiere saber mucho. No le ha hecho mucha gracia. Obviamente no lo ha leído. 

CUANDO SE HABLA DE LA GUERRA EN LA FAMILIA, SIEMPRE SON LAS BATALLITAS DEL ABUELO, PERO NUNCA SON LAS BATALLITAS DE LA ABUELA, DE LO QUE HA TENIDO QUE PASAR.

Hay una cosa que ha sobrevolado durante décadas a esta sociedad: el miedo, el miedo con el que muchas siguen cargando. No sé si es el caso de tu abuela, no sé si te costó que abriera sus recuerdos por ese miedo. 
Mi abuela no ha abierto recuerdos, ni ella ni ninguna con las que he hablado. Te van a contar la parte bonita, pero hay una parte que no.

Yo nací en el 86. He tenido que acceder a la guerra civil por el relato oficial a través de libros de texto, a través de documentales. Y cuando se habla de la guerra en la familia, siempre son las batallitas del abuelo, pero nunca son las batallitas de la abuela, de lo que ha tenido que pasar. 

Hablo con mi abuela y me doy cuenta de que todo lo bonito me lo cuenta, pero que llega un momento en el que te cambia de tema con una frialdad…. y se ha acabado el tema de conversación. Entonces es muy difícil ahondar en todo esto, porque llega un momento en que cuanto llegan las miserias se acaba la conversación. Hay una parte de la dignidad del perdedor, que creo que es algo que he intentado que atravesara todos los relatos, el “somos pobres, pero no somos miserables, somos dignos” o el “hemos perdido la guerra pero seguimos yendo a misa con la camisa limpia”.

Estamos hablando de pueblos donde se comparten muchos espacios públicos, tanto los que han perdido como los que han ganado. Y eso deja marca. 

¿Cuando vamos a empezar a aceptar que las mujeres también fueron víctimas de la guerra civil y del franquismo?

Cuando les demos su espacio para hablar de ello. No hay relato oficial, no hay víctimas oficiales, no participaron abiertamente en las batallas. Pero me pregunto si esto es algo también transversal al resto de guerras. Si cuando se han ido todos los hombres al frente en una Primera Guerra Mundial, en otra guerra, en cualquier otro país, se ha silenciado a las que se han quedado levantando el día a día, poniendo los platos en la mesa y lavando las sábanas en lugar de caer en depresión, porque no podían caer en depresión. Si esas mujeres caen en depresión, no se sostiene ni el conflicto. 

Son ellas las que se quedan en la retaguardia y son ellas por las que el día a día, por muy miserable que sea, sigue funcionando. Porque cuando falta el marido, son ellas las que se van a labrar, son ellas las que se encargan de cuidar a los niños y sacar la casa adelante. Siempre van a ser ellas. 

Y además sufren represalias ni siquiera por su actividad política, sino por la actividad política de su pareja. 
Aquí llega el capítulo 16, que no quiero comentarlo porque te voy a reventar el libro.

El libro está construido para llegar al capítulo 16. A algunas las acusaban de rojas y de estar en política pero ¿de qué iban a hablar estas mujeres de política si ni siquiera habían podido ir a la escuela? 

Este es otro tema. El tema de la educación. No podían acceder a una conciencia de género porque no tenían las herramientas culturales para llegar a ello. No podían ponerle nombre a las cosas. Si no eres dueña de tu propio lenguaje, no eres capaz de tener un mínimo de cultura, no puedes llegar a entender el conflicto que estás viviendo como mujer. 

LAS LECTORAS ME HAN DICHO QUE GRACIAS A MI LIBRO HAN EMPEZADO A HABLAR CON SUS ABUELA. ESTO ME PARECE PRECIOSÍSIMO

Para finalizar, cuando se estrena un libro que en el fondo toca algo de lo personal, te enfrentas a un poco de inquietud. ¿Tienes miedo a algo?

Al principio, cuando saqué el libro, pensaba que estaba hablando de revisionismo histórico, estaba hablando del feminismo en la posguerra y tenía un poco la sensación de que era un tema muy manido. Dije bueno, aquí lo primero que va a haber va a ser rechazo por el tema, porque hemos hablado mucho de la guerra civil. Pero cuando me pongo a escarbar resulta que del papel de la mujer en la posguerra apenas se ha hablado.

Y me he sorprendido por la recepción. En la cubierta hay una foto de mi familia, que es arquetipo de otras y me he encontrado con muchísima empatía por la historia. Mi libro es un acelerador de conversaciones. En todas las presentaciones que he hecho o por redes sociales, he recibido un alud de mensajes sobre las historias de cada familia. 

Las lectoras me han dicho que gracias a mi libro han empezado a hablar con sus abuela. Esto me parece preciosísimo. Lo que yo más temía en un principio se ha convertido en la parte más bonita de todo esto, que es recibir las historias de la gente.

Fuente: El Salto

junio 05, 2026

La importancia de Persépolis, el legado de Marjane Satrapi

La cineasta, historietista y pintora franco-iraní murió a los 56 años. Analizamos su obra más conocida.


Persépolis, el legado de Marjane Satrapi

Marjane Satrapi murió a los 56 años. La cineasta, historietista y pintora franco-iraní es conocida fundamentalmente por Persépolis —tanto la historieta como su adaptación al cine— y falleció de manera sorpresiva sin que se revelaran las causas, aunque podría estar relacionado con una depresión. "Marjane Satrapi falleció de tristeza poco más de un año después de la muerte de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida", fue el comunicado que emitió su círculo íntimo.
Persépolis, la obra cumbre de su carrera

Persépolis fue la obra cumbre de la carrera de la artista, dado que representa un relato autobiográfico, pero también de gran valor histórico y político. En esta historieta, que cobró gran notoriedad con su adaptación a la pantalla grande en 2007, Satrapi cuenta parte de su vida en Irán durante la década del 70, creciendo en plena Revolución Islámica para luego irse a Francia buscando una vida más libre y con posibilidades para las mujeres.

El film se volvió una pieza de culto del cine animado y, en clave de coming of age, propone una mirada feminista crítica en torno a la historia de Irán, lo cual le valió la censura en dicho país y en otros. La voz de Satrapi es la encargada de trenzar lo personal y lo coyuntural en esta narración que nos lleva en el viaje de autodescubrimiento de la protagonista en un contexto de prohibición, puritanismo, guerra civil y presencia policial incuestionable. Persépolis se volvió una obra educativa que logró comunicar al mundo occidental y católico parte de la historia de un país desde el punto de vista de una mujer adulta que bucea en su pasado.

Un punto central de esta película es la noción de patria, un concepto que la protagonista debe resignificar para poder construir una vida libre. A pesar de saber que su país de origen significa la prisión conceptual, este film también plasma el desarraigo, lo complejo que le resulta adaptarse en Francia en un mundo de esnobs y las contradicciones de dejar atrás a una familia y a un espacio que, en parte, también era un lugar seguro. Persépolis tiene una clara posición, pero es una película que logra desarrollar con profundidad la experiencia de la migración y la contraposición entre el islam y la cultura occidental que, para una mujer, se traduce en la anulación o en la posibilidad de desarrollo, respectivamente.

Fuente: Indie Hoy

junio 04, 2026

España. “Las mujeres no enferman más, están peor protegidas”: los riesgos laborales invisibilizados dañan la salud de las trabajadoras


CCOO denuncia que sectores feminizados como hotelería, comercio y contact centers arrastran condiciones que ponen en jaque el bienestar físico y mental de millones de empleadas, pese a las leyes de igualdad


Mujeres trabajando en una oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La salud laboral de las mujeres continúa siendo una asignatura pendiente en España. Con motivo del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, que se celebra este 28 de mayo, la Federación de Servicios de CCOO ha vuelto a poner el foco en una realidad que, según denuncia el sindicato, sigue sin abordarse con la suficiente profundidad: el sistema de prevención de riesgos laborales en España sigue sin incorporar de forma efectiva la perspectiva de género, lo que deja sin protección adecuada a millones de trabajadoras en sectores altamente feminizados.

Según el sindicato, aunque la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales reconoce formalmente la igualdad entre hombres y mujeres, su aplicación real es insuficiente. En la práctica, denuncian, los riesgos específicos que afectan a las mujeres siguen siendo “invisibles”, especialmente en ámbitos donde la plantilla femenina es mayoritaria.

“Las mujeres no enferman más, están peor protegidas”, es la idea central que lanza CCOO, que reclama un cambio profundo en la forma de evaluar y prevenir los riesgos laborales, integrando de forma real la variable de género en todas las políticas de empresa.

Brecha entre la ley y su aplicación real

Pese a que la normativa vigente contempla la igualdad de género en la prevención de riesgos, el sindicato asegura que existe una brecha importante entre la ley y su aplicación real. Según CCOO, muchas empresas no destinan los recursos necesarios para identificar riesgos físicos y psicosociales con perspectiva de género, lo que provoca una infradeclaración de problemas de salud laboral en sectores feminizados.

El problema, señalan, no es únicamente técnico, sino también organizativo y cultural. La falta de coordinación entre los planes de igualdad y los planes de prevención hace que muchos riesgos no se detecten o no se traten de manera adecuada.

Para CCOO, la solución pasa por integrar ambas herramientas dentro de las empresas, de forma que la protección de la salud de las trabajadoras sea “real y efectiva”, y no solo una obligación formal.

Mujeres alzan la voz durante la manifestación del 8M para denunciar las desigualdades que aún persisten. Desde la precariedad económica hasta la amenaza de discursos de ultraderecha, exponen por qué el feminismo es más necesario que nunca.
Hostelería: sobrecarga física y exposición química

Uno de los sectores más afectados es la hostelería, donde las camareras de piso representan un claro ejemplo de precariedad y riesgo laboral. Según los datos del sindicato, el 91% de estos puestos están ocupados por mujeres, muchas de ellas en situación de parcialidad o subcontratación.

Estas condiciones dificultan tanto la vigilancia de la salud como la formación preventiva. A ello se suman riesgos ergonómicos derivados de la repetición de movimientos y el sobreesfuerzo físico, así como riesgos biológicos y químicos asociados al uso constante de productos de limpieza.

Estas exposiciones pueden derivar en patologías respiratorias, alergias y lesiones musculoesqueléticas. CCOO recuerda que medidas como la instalación de camas elevables o carros motorizados ya han sido implementadas en algunas comunidades autónomas como Canarias y Baleares, y reclama su extensión al resto del país.
El comercio: conciliación imposible y acoso persistente

En el sector del comercio, donde las mujeres representan alrededor del 70% del empleo, los riesgos laborales también tienen una fuerte dimensión de género. El sindicato alerta de la dificultad de conciliación debido a horarios irregulares y a la organización del trabajo en un entorno de alta exigencia.

Además, las trabajadoras están expuestas a sustancias sensibilizantes derivadas del tratamiento del textil, así como a situaciones de cosificación relacionadas con estereotipos de género, especialmente vinculados a la imagen física.

CCOO también denuncia la persistencia del acoso sexual y del acoso por razón de sexo, muchas veces procedente de clientes, así como la exposición a cambios bruscos de temperatura, especialmente en sectores como la restauración o las tiendas.

Contact center: presión constante y riesgos psicosociales

Otro de los sectores analizados es el contact center, donde las mujeres también representan cerca del 70% de la plantilla. En este ámbito, los riesgos ergonómicos y psicosociales se combinan con una organización del trabajo altamente exigente.

La supervisión constante, los ritmos intensos, las pausas limitadas y el bajo margen de autonomía generan un entorno de presión continua que afecta directamente a la salud mental y física de las trabajadoras.


Además, el uso de mobiliario no adaptado a las características físicas de las mujeres contribuye a problemas musculares, especialmente en cuello, hombros y extremidades superiores.

A esto se suma la exposición a llamadas continuas y a comportamientos ofensivos o sexistas por parte de algunos clientes. Expresiones como “pásame con un hombre que se entere” o “tú no sabes de esto” siguen siendo habituales, según denuncia el sindicato.

Finanzas, tecnología de la información y seguros: el peso de los micromachismos

Aunque no son sectores tradicionalmente feminizados, las áreas de servicios financieros, tecnologías de la información y seguros también presentan riesgos psicosociales con perspectiva de género.

CCOO advierte de la presencia de micromachismos, desconfianza hacia el liderazgo femenino y actitudes condescendientes que afectan al desarrollo profesional de las mujeres. Frases como “seguro que necesita ayuda para tomar esa decisión” o “es demasiado emocional para dirigir un equipo” reflejan, según el sindicato, una cultura aún desigual.

También se señala que los objetivos de productividad y retribución variable no tienen en cuenta la carga mental asociada a los cuidados o la dificultad para compatibilizar la vida laboral con reuniones o formaciones fuera del horario de trabajo.

El techo de cristal y la salud mental

Uno de los problemas estructurales más señalados por CCOO es el llamado “techo de cristal”, que dificulta el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad y promoción profesional.

Esta barrera, explican, no solo limita el desarrollo laboral, sino que también tiene un impacto directo en la salud mental de las trabajadoras, generando frustración, estrés y desmotivación.

Una reivindicación urgente

Con motivo del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, CCOO insiste en que la prevención de riesgos laborales debe dejar de ser neutra en apariencia para convertirse en verdaderamente inclusiva. Reclama más recursos, evaluaciones de riesgos con enfoque de género y una coordinación real entre igualdad y prevención dentro de las empresas.

Fuente: Infobae

junio 03, 2026

A 11 de años de #NiUnaMenos nos siguen matando

Agostina Vega tenía 14 años cuando la mataron, hace una semana. Igual que Chiara Páez, asesinada en 2015. En ese momento fue un tuit enfurecido de la periodista Marcela Ojeda el que encendió la chispa para la organización del Ni Una Menos. Ese movimiento que trascendió fronteras y fue ejemplo de lucha en todo el mundo. Hoy, Marcela defiende su derecho a estar viva y a enojarse en un país donde se niegan los femicidios y la violencia machista.


Hace 11 años —cuando X era Twitter y no una red social tan hostil, expulsiva y aleccionadora como ahora— escribí desde las tripas: "No vamos a levantar la voz?. NOS ESTÁN MATANDO". Estaba envuelta en enojo, pena y furia. La violencia extrema hacia las mujeres, y en ese momento puntual contra las adolescentes, tuvo uno de sus picos máximos cuando Chiara Páez fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, en Rufino, Santa Fe. Chiara tenía 14 años y estaba embarazada de tres meses. Mansilla la mató a golpes y la enterró en la casa de sus abuelos. 

Este tuit está escrito. Sucedió. Pero fue azaroso que me haya interpelado a mi de esa forma. Cualquiera podría haber sido la autora de ese posteo: vos, aquella, la otra, la de más allá, la del otro lado. Fue una circunstancia. En menos de un mes, entre ese tuit del 11 de mayo y el miércoles 3 de junio de 2015, organizamos la primera marcha de Ni Una Menos. Ahora, once años después, nos enteramos del femicidio de otra adolescente de 14 años. Entre aquel Ni Una Menos inaugural y hoy contamos 3424 mujeres asesinadas, según La Casa del Encuentro. De esos asesinatos, 3073 fueron femicidios y femicidios vinculados (cuando un hombre mata a una o varias personas con el propósito de causarle sufrimiento, castigar o destruir psíquicamente a una mujer). En estos once años, una mujer fue asesinada cada 30 horas. 

Agostina Vega, cordobesa, estuvo desaparecida una semana. Su mamá hizo la denuncia policial horas después de la desaparición. Como suele suceder en estos casos, la fiscalía primero se centró en el círculo más cercano y en la hipótesis de que Agostina podría estar con un noviecito. Recién tres días después se activó la Alerta Sofía. Al cuerpo de Agostina lo encontró la Policía este domingo en un descampado cerca del barrio Ampliación Ferreyra. 

Claudio Barrelier, el hasta ahora único acusado por el femicidio, está detenido. El hombre de 33 años había sido denunciado el año pasado por privación ilegítima de la libertad por una mujer que salió corriendo de su casa desnuda y pidiendo ayuda. En mayo de 2025 estuvo detenido solamente 20 días. El fiscal Iván Rodríguez lo dejó libre, fianza de por medio. 


Cuando el impacto mediático trasciende los límites de la provincia, la voracidad por el “vivo y directo”, el vértigo, le gana a la información veraz. La audiencia muestra interés por el “caso”, se abren puñados de teorías, análisis, especialistas y opinólogos que desfilan sin parar.

Lo sabemos: casi todas esas teorías se centran en la víctima. Que para su corta edad esto o aquello, que sí hacía videos para TikTok, que las fotos que se tomaba. Hasta se escuchó con tono fuerte y certero a un cronista mencionar detalles de la intimidad de Agostina. 

También vale mencionar aquí a esos cronistas de exteriores que, valiéndose de lo que ven, escuchan, preguntan e investigan, valoran la información en off de record y comprenden, como pocos, la prudencia de lo que se informa y cómo. 

Pero la carroña mediática está a tiro cuando se trata de una mujer, adolescente, de apenas 14 años como Agostina. Lo mismo sucedió en 2017, por poner sólo un ejemplo, con la joven bonaerense Melina Romero. Melina, la “ fanática de los boliches que abandonó la secundaria”, titulaba el diario de mayor alcance del país, y ampliaba: “Hija de padres separados, dejó de estudiar hace dos años y desde entonces nunca trabajó. Según sus amigos, suele pasarse la mayoría del tiempo en la calle con chicas de su edad o yendo a bailar, tanto al turno matiné como a la noche, con amigos más grandes. En su casa nadie controló jamás sus horarios y más de una vez se peleó con su mamá y desapareció unos días”.


Dos años antes del femicidio de Melina, cuando escribí aquel tuit, las réplicas e intercambios fueron inmediatos. Colegas, compañeras, amigas y desconocidas sugerían ideas, adónde ir, qué hacer, a quiénes y cómo convocar para lograr, primero, el impacto mediático. Allí también se nos abrieron espacios amigables de colegas periodistas, compañeros de profesión y amigos del oficio. Después, hubo que profundizar en los contenidos, reclamos, exigencias, deudas y pendientes. Todo lo organizamos en menos de un mes.

Que vayamos al Puente de la Mujer en Puerto Madero, que estemos vestidas de violeta o de negro, que el horario tenía que ser después de las 17, pero no tan tarde por el frio de junio. Finalmente, lo decidimos: iba a ser en el kilómetro cero del país, frente al Congreso de la Nación. 

Desde el 11 de mayo a ese 3 de junio vivimos días frenéticos, intensos. Comenzó a tejerse una red potente, primero de periodistas y comunicadoras, que ya habían participado en un encuentro literario en el Museo de la Lengua, también bajo el lema “Ni Una Menos”, parte de un poema de Susana Chávez, activista mexicana asesinada en Ciudad Juárez. 

Todas, una veintena, de diferentes medios, de diversas militancias, formaciones académicas, algunas presentadoras de noticias, escritoras, ensayistas, licenciadas en letras, abogadas, cronistas de exteriores, comenzamos a intercambiar ideas para bajarlas, literalmente, a la calle. 

¿Qué íbamos hacer? ¿Qué teníamos para decir? ¿Cuáles eran nuestros reclamos? ¿Qué respuestas tenía el poder político de turno? ¿Qué era aquello que comenzaba a replicarse como #NiunaMenos, basta de femicidios? La respuesta se manifestó la tarde del 3 de junio de 2015 en cada rincón del país.

En todas las provincias, en cada ciudad, en pueblos que jamás habían salido a las calles, como Corral de Bustos, recuerdo; la implosión fue desde el Congreso hasta cada punto del país. O al revés. Lo siento por los porteños. 

No pretendo traer una foto sepia de aquella fecha, pero sí recordar que fue un mojón en la historia de los movimientos de mujeres aquí, en la región y en el planeta. Se miraba a la Argentina, este país del fin del mundo. “Vengo del país del #NiUnaMenos” dije una vez ante colegas de otros países de la región. La Argentina era validada, también, por esta nueva ola feminista. Las Tesis llevaron su performance. “Un violador en tu camino”, desde Chile a cada rincón donde los ataques sexuales fueron tema de discusión. El #MeToo, que en 2017 sacudió al mundo cuando dos periodistas revelaron que Harvey Weinstein era, aparte de un exitoso productor de Hollywood, un depredador sexual.

 

Tuvimos en Argentina aquel Paro Internacional de Mujeres, y después arrasó el #MiraCómoNosPonemos” cuando supimos que Thelma Fardìn, en su adolescencia, había sido abusada sexualmente por el popular actor Juan Darthes.

Y vinieron más marchas, otros paros, imposible recorrerlos todos en un sólo texto. 

Pero en los últimos años, la búsqueda de la equidad quiere instalarse como el principal enemigo a vencer. Resulta que para propios y ajenos ese enemigo somos las feministas. Que dónde estamos, por qué reaccionamos, por qué los silencios. 

Aquello de "no me siento representada por el feminismo del país" se cuela por la ventana, sin siquiera poder debatir cómo son los feminismos, cuál es el camino de los movimientos de mujeres en la Argentina. ¿Desde qué lugares se lanzan estas pretenciosas afirmaciones casi idénticas y de tan poca profundidad? Desde el poder político, claro. El mismo poder que hoy niega los femicidios y la violencia machista. Que se preocupa por las supuestas falsas denuncias y no dice nada cuando una piba como Agostina, como Chiara, como Melina, aparece asesinada. No hablo sólo del Gobierno. Hablo también de la Justicia. Para muestra, basta la conferencia de prensa que dio ayer el fiscal Raúl Garzón. ¿Nos piden explicaciones a las únicas que nos movilizamos y accionamos contra los femicidios, las violaciones y los abusos? ¿Nos tildan de exageradas? ¿Nos piden que nos calmemos? 

Voy a defender mi derecho a estar viva, pero también a enojarme. Y, para eso, tampoco pido permiso ni perdón. El enojo también es una lucha política. Nos vemos, otra vez, el 3 de junio en las calles.

Fuente: Revista Anfibia

Sí a la Diversidad Familiar!
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