agosto 08, 2026

Desde el territorio-cuerpo: por qué la liberación palestina es una cuestión feminista

Desde el territorio-cuerpo: por qué la liberación palestina es una cuestión feminista

Tras el 7 de octubre de 2023, el proceso de colonización y el intento de exterminio del pueblo palestino por parte de Israel han entrado en una nueva fase de intensificación. Si bien dos semanas antes Benjamin Netanyahu exhibió, en la sede de la ONU, un mapa titulado “El Nuevo Oriente Medio”, del que Gaza y Cisjordania habían sido borradas, el 30 de octubre de 2023 apeló, como acostumbra el sionismo, a textos bíblicos y, citando a Yahvé, afirmó: “darás muerte a hombres y mujeres, niños y recién nacidos, bueyes y ovejas, camellos y asnos; no dejarás con vida nada que respire” (Aranguren, 2025, p. 120).

Ante el actual genocidio, que no hace sino dar continuidad a la colonización sionista iniciada a finales del s. XIX con el apoyo del Imperio británico primero y del estadounidense después, al servicio de los intereses del capital occidental, Rita Segato (2025) se declara “ex-humana”, pues ya no quiere “pertenecer a esta especie siniestra, genocida”. El genocidio palestino nos interpela de manera directa a todas aquellas que nos consideramos feministas y luchamos por la profunda transformación de las condiciones materiales, de los regímenes de poder y de los afectos, vínculos y cuidados que sostienen la vida. En palabras del Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama (2025a), quien nos insta a asumir nuestra responsabilidad moral, política e histórica: “No hay feminismo revolucionario sin una postura clara a favor de la liberación de Palestina. Toda Palestina. Desde el río hasta el mar”.

Desde las tradiciones históricas de los feminismos anticoloniales, antiimperialistas y marxistas, en las que se inscribe también una parte significativa del movimiento feminista de Euskal Herria, junto a numerosas voces y colectivos feministas palestinos y aliados, este texto expone por qué la lucha por la liberación del pueblo palestino es una cuestión feminista central. Se erige, así, como denuncia del silencio, de la complicidad y del apoyo del feminismo blanco hegemónico al proyecto colonial sionista y al imperialismo occidental. Subraya que, junto a la vital tarea de denunciar y luchar contra el genocidio palestino, una postura feminista conocedora del carácter histórico milenario del pueblo palestino implica la denuncia de la colonización y el apoyo a la liberación de Palestina, de toda Palestina, desde el río hasta el mar. Hoy más que nunca, sostener una posición feminista exige afirmar alto y claro que no hay emancipación posible sin la liberación de Palestina.

¿De qué liberación habla el feminismo blanco hegemónico?
Ante la historia milenaria de Palestina 1 y los procesos de colonización, despojo y genocidio que la atraviesan, no debería ser necesario explicar por qué la liberación palestina es una cuestión feminista. Sin embargo, junto al apoyo sostenido por amplios sectores de los feminismos anticoloniales y populares en Abya Yala, Irak, Irán, Sudáfrica, el mundo árabe, Estados Unidos y múltiples naciones y territorios europeos, la falta de apoyo y solidaridad de determinados posicionamientos feministas con la lucha palestina remite a profundos y nada nuevos problemas en el terreno de los feminismos. Desde nuestras diversas configuraciones y posicionamientos en las redes y sistemas de poder y de dominación, ciertos privilegios se traducen de forma obscena en la defensa del derecho de Israel a defenderse. A esta obscenidad se suman las posturas equidistantes de quienes comparan la violencia de ambos lados, como si el terrorismo de Estado, la colonización y la limpieza étnica fueran lo mismo que el derecho de un pueblo a resistir y defenderse. Como señala Alkarama, el silencio de numerosas voces feministas globales no solo produce dolor, sino que reproduce desigualdades coloniales: “Cuando el sufrimiento de una mujer palestina se vuelve complicado, controvertido o no prioritario, lo que se está diciendo –sin decirlo– es que su vida vale menos” (Alkarama, 2025b). 

El feminismo se ha caracterizado históricamente como un movimiento de liberación de las mujeres. El debate en torno a quién cuenta como mujeres y qué significa liberación ha llenado páginas de crítica y de literatura feminista. Precisamente, lo que las múltiples críticas articuladas por los feminismos del Tercer Mundo, chicanos, negros, árabes, decoloniales, anticapitalistas y anti-imperialistas, así como sus entrelazamientos con los feminismos queer y transfeminismos, han puesto de manifiesto es que, más allá del ámbito teórico, se trata de cuerpos y de vidas que están literalmente en juego. Ahora que las feministas liberales, no exentas de problematicidad en sus alianzas con el fascismo y la ultraderecha, defienden también los derechos LGTBIQ+, la no solidaridad con nuestras hermanas, mujeres, bolleras, personas trans, no binaries, oprimidas en cualquier parte del mundo, constituye una renuncia a los principios feministas básicos. Pretender la propia liberación sin pretender al mismo tiempo la liberación de todas recae en un feminismo excluyente, opresor, imperialista, que contradice los principios que, en teoría, justifican el reclamo de la categoría de feminista. Afaf Jabiri es clara en este sentido, cuando afirma:


Durante demasiado tiempo, el término «feminismo» se ha utilizado de forma imprecisa, lo que ha permitido que cualquiera pueda atribuirse esa etiqueta sin comprometerse realmente con sus principios (...) [P]ero deben seguir existiendo ciertos elementos clave (...): la igualdad y la justicia. Si estos principios clave ya no están presentes o no se aplican por igual a todxs, entonces ya no puede considerarse feminismo (Pratt et al., 2025, 228–229, trad. propia).

Territorio-cuerpo: El nexo inextricable entre liberación nacional
y emancipación feminista

Una de las reivindicaciones históricas y actuales del feminismo liberal blanco, en la que este converge con otros feminismos, es el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, su soberanía corporal, sexual y reproductiva. Este principio, sin embargo, no puede sostenerse de manera coherente si no se aplica a todos los cuerpos, es decir, si no abarca en su seno el derecho a la autodeterminación sexo-genérica. Pues bien, el cuerpo no es una entidad aislada, cerrada en sí misma; es relacional, interdependiente, abierta, situada, vive en un territorio, está unida a un territorio. Incluso en estos tiempos de capitalismo híper-acelerado, en los que determinados cuerpos (adivínese cuáles) hacen un uso de la movilidad que podría denominarse intergaláctica, junto con Zygmunt Bauman ([2000] 2003) “líquida”, propia casi solo del capital, estos cuerpos pisan territorios. Un cuerpo no puede no habitar un territorio.

Esta relación de entrelazamiento entre cuerpo y territorio, en la que el segundo opera como condición de posibilidad del primero, pone de manifiesto el profundo nexo entre la soberanía corporal, sexual y reproductiva, y la soberanía territorial, entre el derecho a la autodeterminación sexo-genérica y la autodeterminación de los pueblos. Quienes habitan cuerpos tienen derecho a decidir sobre ellos: tienen derecho a la soberanía corporal. Quienes habitan territorios tienen derecho a decidir sobre ellos: tienen derecho a la soberanía territorial. En este sentido, las posiciones adoptadas por amplios sectores del feminismo liberal antes y después del 7 de octubre de 2023 entran en contradicción con el propio marco normativo que dicen defender, pues el derecho de autodeterminación de los pueblos está recogido en la Carta de Naciones Unidas de 1945, un marco jurídico-político inscrito en la tradición liberal que ese mismo feminismo reivindica.

La idea del nexo inextricable entre el cuerpo y el territorio es formulada por la feminista comunitaria maya k’iche y la defensora de la vida, los territorios y la autodeterminación de los pueblos, Lolita Chávez, a través del concepto territorio-cuerpo. Chávez entiende los territorios, no solo como espacios físicos, sino como entramados históricos, culturales y cosmológicos, donde se inscriben la memoria, el arte, la herencia y las formas de vida comunitaria en relación con los elementos que sostienen la existencia: la tierra, el agua, el aire, las montañas y el sol. Asimismo, añade: “Cuando hablamos de territorio nos referimos además a nuestros cuerpos, que han sufrido mucha violencia, a través de los poderes que se imponen a través de los hombres, de los patriarcados, del capitalismo, de la gente blanca, del racismo” (Korol, 2016), por lo que insta a la liberación de los territorios cuerpos de las múltiples opresiones.

En sintonía con Segato (2016), quien sostiene que la colonialidad capitalista moderna reconfigura el cuerpo de las mujeres, desplazándolo de ser parte del territorio conquistado a constituirse en un territorio autónomo y central de conquista y dominación, Chávez muestra, a través del concepto territorio-cuerpo, la trabazón profunda entre violencia patriarcal, despojo territorial y acumulación capitalista. En esta línea, Silvia Federici ([2004] 2010) analiza cómo el colonialismo capitalista supuso simultáneamente un proceso de privatización de las tierras comunales en Europa, de intensificación de la apropiación, control y regulación de los cuerpos de las mujeres y de expropiación de tierras y destrucción de formas comunales de organización territorial en Abya Yala. No por casualidad, hasta mediados del siglo XIX, gran parte de la tierra cultivada en Palestina era comunal (Aranguren, 2025: 19-20). Desde esta perspectiva, la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres aparece indisolublemente ligada a la defensa del territorio y de los bienes comunes. 

La consecuencia de la indisociabilidad de cuerpo y territorio emerge así de manera clara: sostener el principio de soberanía sexual, reproductiva y corporal, implica abrazar el principio de soberanía nacional y territorial; y esto incluye Palestina. Desde la década de 1950, los feminismos del Mundo Mayoritario consideran la liberación nacional un eje central dentro de la lucha feminista, subrayando la necesidad de articularla con la abolición de la opresión de clase (Pratt et al., 2024: 241, 244). Inscritas en una tradición centenaria de organización feminista palestina, las mujeres palestinas siguen defendiendo el derecho innegociable a habitar su tierra (Alkarama, 2025b; Palestinian Feminist Collective, 2025b: 409). 

El carácter colonial de la violencia sexo-genérica, 
el carácter generizado de la violencia colonial

Esta articulación se vuelve aún más evidente en los múltiples entrelazamientos entre la violencia colonial y sexo-genérica, que revelan tanto el carácter inherentemente generizado de la violencia colonial como el carácter colonial de la violencia sexual y patriarcal. Desde la Nakba, la violencia colonial se dirige específicamente contra las mujeres palestinas, consideradas pilares sociales y culturales de la sociedad palestina (Pratt et al., 2024: 232). Como ha ocurrido también en Argelia, la India, Sudáfrica o Irlanda, entre otros muchos procesos coloniales, la violencia sexual se convierte en un modo de gobernar: “Los cuerpos de las mujeres colonizadas son tratados como territorios conquistables (…) La violencia sexual reafirma jerarquías raciales, nacionales y militares. Es un mensaje político: ‘Tu cuerpo no te pertenece; tu pueblo, tampoco’” (Alkarama, 2025b). 

La violencia sexual ejercida por las fuerzas de seguridad israelíes y colonos israelíes contra mujeres, niñas, jóvenes y personas detenidas y encarceladas, incluidas violaciones (también mediante la inserción de objetos y sondas eléctricas por vagina, ano y recto), acoso sexual, amenazas de violación, tocamientos, violencia genital, insultos sexuales, torturas, cacheos al desnudo y desnudos forzados, ha sido ampliamente documentada (Alkarama, 2025b; Martone et al., 2025: 21-30; ONU, 2025: 19-30) 2; Palestinian Feminist Collective, 2025a; Pratt et al., 2024: 238). Un reciente informe de Naciones Unidas señala que la violencia y el genocidio recaen de manera desproporcionada sobre mujeres y niñas, y que la violencia sexual, reproductiva y de género ha sido sistemáticamente empleada por el Ejército y el Estado israelí desde el 7 de octubre de 2023, como parte de la ocupación ilegal, para “mantener el sistema de opresión israelí y negar a las palestinas su derecho a la autodeterminación” (ONU, 2025: 47, trad. propia). 

El informe de la ONU (2025: 46-47) subraya, además, que esta violencia no tiene únicamente como objetivos la humillación, la degradación, el castigo y la generación de terror, sino la expulsión de la comunidad palestina y la destrucción física de las palestinas y palestinos como grupo. Particularmente instrumental en este sentido es el reprocidio o genocidio reproductivo, otra de las formas generizadas de la violencia colonial, que evidencia cómo la violencia de género se inscribe en los procesos de colonización y limpieza étnica. El control y la vigilancia bio- y necropolíticas, las múltiples separaciones espaciales y el estado de excepción (incluidos los toques de queda y los puestos de control), afectan de manera directa a la salud sexual y reproductiva de las mujeres palestinas y producen una violencia severa sobre las mujeres embarazadas (Pratt et al., 2024: 235). Asimismo, el bloqueo absoluto de la franja de Gaza, la falta de acceso a agua potable, comida y atención sanitaria han recaído notablemente sobre las mujeres palestinas, deteriorando gravemente sus condiciones de salud sexual y reproductiva (Palestinian Feminist Collective, 2025a; Pratt et al., 2024: 232, 237). A ello se suman la hambruna, la masiva exposición a residuos tóxicos, incluidos los derivados de armamento químico ilegal, y la destrucción sistemática de hospitales y medios e infraestructuras sanitarias, violando el derecho humanitario internacional. Entre otros efectos, estas condiciones han dado lugar a partos y cesáreas sin anestesia ni medicamentos, esterilización postparto, graves consecuencias del estrés extremo para mujeres embarazadas y neonatos, incluida la muerte, así como a un aumento del 300 % de la tasa de abortos espontáneos durante el genocidio israelí tras el 7 de octubre de 2023 (Axelson y Venkatraman, 2024; ONU, 2025: 37, 45). El asesinato sistemático de mujeres y niñas y niños, así como la destrucción de embriones, óvulos y esperma, como ocurrió en el ataque aéreo israelí contra el mayor centro de fertilidad de Gaza, el Centro de FIV Albasma (ONU, 2025: 12), constituyen un intento de eliminar no solo el tejido social palestino, sino las generaciones futuras, la posibilidad misma del pueblo palestino (Alkarama, 2025b; Palestinian Feminist Collective, 2025a; 2025b: 409; Pratt et al., 2024: 235). Todas estas violencias constitutivas del colonialismo sionista y del imperialismo occidental, resultan incompatibles con los principios básicos del feminismo: no existe posición feminista alguna que pueda apoyarlas ni convenir con ellas sin incurrir en una contradicción estructural. 

Pinkwashing e instrumentalización sionista de las demandas feministas,
al servicio de la aniquilación y la acumulación de capital

En este contexto, resulta obscena la alineación de sectores del feminismo blanco liberal con el pinkwashing colonialista y genocida de Israel. En no pocos casos, feministas occidentales han reproducido la propaganda sionista de supuestas violaciones de mujeres israelíes atribuidas a Hamas, a fin de justificar el genocidio y dar continuidad al proyecto de exterminio del pueblo palestino, mientras han ignorado la violencia sexual, reproductiva y la tortura sistemática ejercidas por Israel contra mujeres y hombres palestinos, como parte de su estrategia genocida (Pratt et al., 2024: 227). Imágenes como las de un soldado israelí alzando la bandera LGTBIQ+ con el lema “in the name of love” en noviembre de 2023, con la destrucción militar de la franja de Gaza de fondo, ilustran de la forma más cruda el pinkwashingsionista. A ello se suma la utilización sionista de la violencia contra las mujeres mediante fabricadas declaraciones de “violaciones en masa” (Martone et al., 2025: 16). 

Esta estrategia se inscribe en lo que Martone et al. (2025) denominan la táctica SORVO (Systemic Oppression Reverse Victim and Offender), un mecanismo propio de sistemas de opresión que invierte las posiciones de agredida y agresor mediante el empleo de la violencia sexual y de las acusaciones de esta para justificar la opresión. En el caso palestino, esta táctica incluye tanto la difusión de afirmaciones falsas sobre altos niveles de violencia sexual cometida por Hamás, como el ejercicio por parte del Ejército israelí de una violencia sexual generalizada a nivel individual, institucional y sistémico (Martone et al., 2025: 8, 11). Apoyándose en el estereotipo racista e islamófobo que dibuja a los hombres árabes como misóginos y sexualmente violentos, el Estado de Israel, con la complicidad de líderes políticos y medios de comunicación occidentales, ha construido una ecuación entre Hamás y violadores, también denominada Hamas rapist machine, presentada como una amenaza no solo para las mujeres israelíes, sino para Israel y para la humanidad en su conjunto (Alqaisiya, 2024: 33-35).

Más allá de posibles actos individuales de violencia sexual 3, un artículo de Los Angeles Times se hacía eco de los supuestos “crímenes sexuales generalizados cometidos por Hamas” y recogía el llamamiento de Netanyahu a las organizaciones por los derechos de las mujeres ante su indiferencia: “¿Habéis oído hablar de las violaciones de mujeres israelíes, de las horribles atrocidades, de las mutilaciones sexuales? ¿Dónde demonios estáis?” (Mednick, 2023, trad. propia). Este llamamiento fue respaldado públicamente por la ex-secretaria de estado Hillary Clinton, la senadora Kirsten Gillibrand y la ejecutiva tecnológica Sheryl Sandberg, quienes denunciaron el supuesto fallo global en el apoyo a las mujeres sexualmente agredidas el 7 de octubre de 2023 (Mednick, 2023). El falso relato de violaciones en masa atribuidas a Hamás ha sido explícitamente utilizado para justificar el genocidio, como muestran las declaraciones del asesor jurídico israelí Tal Becker ante la Corte Internacional de Justicia en enero de 2024, en el marco de la demanda presentada por Sudáfrica contra Israel por genocidio. Dirigentes como Joe Biden y Kamala Harris también han movilizado y explotado la violencia sexual contra las mujeres con fines coloniales y genocidas, para justificar el derecho de Israel a defenderse y el apoyo militar de Estados Unidos a este (Martone et al., 2025: 17). 

El pinkwashing llevado a cabo por Israel, condensado en la bandera del orgullo con el lema “in the name of love”, vende al Estado sionista de Israel como libertador de las palestinas LGTBIQ+, como si estas no estuvieran organizadas, también en contra del sionismo y a favor de la liberación de Palestina. Así, junto a la exclusión de las mujeres palestinas de la categoría mujeres y de les palestines queer y trans del colectivo LGTBIQ+, hallamos la expulsión del conjunto de la población palestina del campo de lo humano. Esta expulsión sucede como consecuencia del entrelazamiento de dos procesos; por un lado, la instrumentalización de las demandas feministas y queer para justificar la eliminación no solo de la resistencia palestina, sino del pueblo palestino en su conjunto; y, por otro, la reactualización, en el colonialismo de asentamiento contemporáneo, de la lógica racial del capitalismo colonial moderno, que conceptualiza a poblaciones racializadas, como los pueblos originarios de Abya Yala y las personas negras africanas esclavizadas, como salvajes,bestias y animales (no humanos) (Davis, [1981] 2005: 16, 183; Segato, 2016: 20; Wynter, 2003). De este modo, la catalogación de quienes participaron en el ataque del 7 de octubre de 2023 como violadores, barbarie o salvajes por parte de los oficiales israelíes y los medios de comunicación (Alqaisiya, 2024: 34-35; Martone et al., 2025: 13; ONU, 2025: 43) tiene como objeto despojar al conjunto de la población palestina de su humanidad, a fin de hacer de las palestinas y palestinos una población prescindible.

Lejos de posicionamientos antropocéntricos o de lecturas que contraponen humanidad y animalidad, lo que denunciamos aquí es el uso político de la animalización como tecnología de poder: la conceptualización de la población palestina como vida sacrificable, eliminable. Alqaisiya (2024: 36) va más allá al señalar, en relación con un vídeo en el que un soldado israelí aparece con cabras detrás, afirmando que “los animales son los únicos civiles en Gaza”, no solo la bestialidad proyectada por el Ejército israelí que documenta sus paseos civilizadores, sino la elevación de la animalidad no humana por encima de las personas indígenas palestinas. En una resonancia perfecta con las palabras de Theodor Herzl en El Estado Judío, acerca del Estado de Israel como defensa contra la barbarie ([1896] 1960: 118), Netanyahu insta a luchar sin concesiones contra “la barbarie que amenaza con arrollar al mundo” (Alqaisiya, 2024: 33, trad. propia).

Así, más allá de la priorización de unas vidas sobre otras (Pratt et al., 2024: 227), o de la idea de que la vida de una mujer palestina vale menos que la de otras mujeres (Alkarama, 2025b), lo que se pone en juego es una desvalorización radical: las vidas de las mujeres palestinas, y de la población palestina en su conjunto, son construidas como prescindibles e irrelevantes en el marco del orden político y moral occidental, incluidos amplios sectores del feminismo blanco liberal. Pero esa desvalorización política y moral no implica ausencia de valor. Siguiendo a Ali Kadri (2023) y Alqaisiya (2024), no se trata solo de vidas que no valen nada, sino de vidas que valen muertas: vidas cuya destrucción, desperdicio y aniquilación forman parte estructural de los procesos de acumulación capitalista. La destrucción de las vidas de las mujeres palestinas, y de la población palestina en general, es parte de la esfera de la producción capitalista; es constitutiva de la valorización y se materializa como mercancía en el mercado global del capital.

Por la liberación de Palestina, desde el río hasta el mar

Desde las tradiciones y alianzas históricas de los feminismos anticoloniales, antiimperialistas y marxistas, junto a numerosas voces feministas palestinas, sostenemos que la lucha por la liberación palestina constituye una cuestión feminista central. De este modo, pretender la propia liberación sin pretender al mismo tiempo la liberación de todas recae en un feminismo excluyente y opresor, que contradice los principios que, en teoría, justifican el reclamo de la categoría feminista. Condensado en el concepto territorio-cuerpo, el profundo entrelazamiento entre cuerpo y territorio evidencia asimismo el nexo inextricable entre soberanía corporal, sexo-genérica y reproductiva, y soberanía territorial y nacional, de manera que la defensa del derecho de los pueblos a decidir aparece como consecuencia lógica de la defensa de los derechos sexuales, reproductivos y sexo-genéricos de mujeres y personas trans. 

Este entrelazamiento se pone más de manifiesto, si cabe, en los múltiples modos en que la violencia colonial se imbrica con la violencia sexual, reproductiva y de género, desvelando el carácter inherentemente generizado de la violencia colonial, así como el carácter colonial de la violencia patriarcal. Junto a la exclusión de las mujeres palestinas de la categoría mujeres y de las palestinas queer y trans del colectivo LGTBIQ+, el despojo de la población palestina de su humanidad tiene como fin conferirle una naturaleza sacrificable. La instrumentalización de las demandas queer y de la violencia contra las mujeres, cristalizada en la fabricación de Hamas rapist machine, entretejida con la lógica colonial capitalista que construye las poblaciones colonizadas como salvajes, bestias y bárbaras, se dirige así a legitimar el genocidio palestino. Todo ello revela no solo la desvalorización radical de las vidas de las mujeres palestinas y de la población palestina en su conjunto, sino su valor en tanto que vidas muertas, en tanto que parte estructural de los procesos de producción y acumulación capitalista. 

Frente a ello, una posición feminista responsable exige defender sin ambages el derecho del pueblo palestino a la defensa y a la resistencia en todas sus formas, incluida la lucha armada 4, en la que también las mujeres palestinas han estado al frente. Una posición feminista responsable exige el fin del régimen colonial en todo el territorio palestino, el desmantelamiento de las estructuras e instituciones opresivas, la devolución de la tierra expropiada y el retorno a tierras palestinas de todas las refugiadas y exiliadas palestinas y palestinos; a saber: la liberación de toda Palestina, desde el río hasta el mar.


Por Maite Arraiza es profesora de filosofía de la Universidad del País Vasco
y activista feminista. 


Referencias:
Al Jazeera (2024) “UN experts say grounds to believe rape occurred in Hamas attack on Israel”. Al Jazeera. https://www.aljazeera.com/news/2024/3/4/reasonable-grounds-to-believe-hamas-committed-sexual-violence-un (4 de marzo)

Alkarama. Movimiento de Mujeres Palestinas (26 de julio de 2025a) Comunicado de la “Movimiento Mujeres de Palestina – Alkarama A los movimientos feministas del mundo. https://alkarama.eu/comunicado-de-la-movimiento-mujeres-de-palestina-alkarama-a-los-movimientos-feministas-del-mundo/ 

(2 de diciembre de 2025b) Manifiesto Feminista de Alkarama ante la violencia colonial contra las mujeres palestinas. https://alkarama.eu/nuestros-cuerpos-no-son-territorio-de-conquista-alkarama-denuncia-la-violencia-colonial/(2 de diciembre).

Alqaisiya, Walaa (2024) “The urgency of anti-imperialist feminism. Lessons from Palestine.” vol. 2.16 (ISSN 0300-211X), 33-46

Aranguren, Teresa (2025) Palestina. La existencia negada. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. 

Axelson, RubyMae y Venkatraman, Prachiti (2024) Reproductive Violence in Palestine: The Need for a Feminist Approach to Justice. Opinio Juris https://opiniojuris.org/2024/02/01/reproductive-violence-in-palestine-the-need-for-a-feminist-approach-to-justice/ (1 de febrero)

Bauman, Zygmunt ([2000] 2003) Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica. 

Davis, Angela Y. ([1981] 2005) Mujeres, raza y clase. Akal 

Federici, Silvia ([2004] 2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños. 

Goldenberg, Tia y Frankel, Julia (2024) “How 2 debunked accounts of sexual violence on Oct. 7 fueled a global dispute over Israel-Hamas war”. AP. https://apnews.com/article/israel-hamas-war-sexual-violence-zaka-ca7905bf9520b1e646f86d72cdf03244 (22 de mayo

Herzl, Theodor([1896] 1960) El Estado Judío y Otros Escritos. Editorial Israel. 

Herzog, Ze’ev (2001) “Deconstructing the walls of Jericho. Biblical myth and archeological reality.” Prometheus, 4: 72-93. https://dn790002.ca.archive.org/0/items/herzog-2001-deconstructing-the-walls-of-jericho/Herzog-2001-Deconstructing_the_walls_of_Jericho_biblical_myth_and_archaeological_reality-Promethus_v4_pp72-93_ISSN_1464-3901.pdf 

Kadri, Ali (2023) The Accumulation of Waste: A Political Economy of Systemic Destruction. Brill.s

Korol, Claudia (2016) “Yo soy Lolita.” Página 12. https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10856-2016-09-09.html (9 de septiembre)

Martone, Omny M., Knick, Katie, Meteer, L. M., & Reilly, Michelle (2025) SORVO: Systemic Oppression Reverse Victim and Offender. Sexual Violence Prevention Association (SVPA). https://s-v-p-a.org/sorvo-palestine/ 

Masalha, Nur (2018) Palestine: A Four Thousand Year History. Zed Books

Mednick, Sam (2023) “New evidence indicates ‘widespread’ sexual crimes by Hamas, as Netanyahu alleges global indifference”. Los Angeles Times. https://www.latimes.com/world-nation/story/2023-12-06/new-signs-emerge-of-widespread-sexual-crimes-by-hamas-as-netanyahu-alleges-global-indifference (6 de diciembre)

Organización de Naciones Unidas (ONU) (1945) Carta de las Naciones Unidas. https://www.un.org/es/about-us/un-charter 

(1974) Resolución 3236 (XXIX) Cuestión de Palestina. https://documents.un.org/doc/resolution/gen/nr0/743/15/pdf/nr074315.pdf 

(1982) Resolución 37/43. Importancia de la realización universal del derecho de los pueblos a la libre determinación y de la rápida concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales para la garantía y la observancia efectivas de los derechos humanos. https://docs.un.org/es/a/res/37/43 

(2025) “More than a human can bear”: Israel’s systematic use of sexual, reproductive and other forms of gender-based violence since 7 October 2023. Independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, and Israel (A/HRC/58/CRP.6). https://www.ohchr.org/sites/default/files/documents/hrbodies/hrcouncil/sessions-regular/session58/a-hrc-58-crp-6.pdf 

Palestinian Feminist Collective (2025a) The Palestinian Feminist Collective Condemns Reproductive Genocide in Gaza. https://palestinianfeministcollective.org/the-pfc-condemns-reproductive-genocide-in-gaza/ 

(2025b) Reviving Third World Feminism: A Struggle for a Liberated Future. Women’s Studies in Communication, 48(3): 403-411. https://doi.org/10.1080/07491409.2025.2544500 

Pratt, Nicola, Jabiri, Afaf, Ajour, Ashjan., Shoman, Hala, Aldossari, Maryam y Ababneh, Sara (2025) “Why Palestine is a feminist issue: a reckoning with Western feminism in a time of genocide”. International Feminist Journal of Politics, 27(1): 226-250. doi: https://doi.org/10.1080/14616742.2025.2455477

Segato, Rita Laura (2016) La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños. 

(2025). Diálogos por la democracia con Rita Segato [Archivo de Vídeo]. TV UNAM. https://www.youtube.com/watch?v=FBjIHYEhfhg 

Thompson, Thomas L. (1992) Early history of the Israelite people: from the written and archaeological sources (Vol. 4). Brill. 

Wynter, Sylviu (2003) “Unsettling the coloniality of being/power/truth/freedom: Towards the human, after man, its overrepresentation – An argument”. CR: The New Centennial Review, 3(3): 257–337. https://doi.org/10.1353/ncr.2004.0015 1
 Diversos desarrollos en historia y arqueología han cuestionado la narrativa bíblico-sionista de continuidad histórica entre el antiguo Israel y el moderno Estado de Israel, al tiempo que han reafirmado la historicidad de Palestina como territorio y realidad histórica de larga duración. Véase, en este sentido, Herzog (2001); Masalha (2018); Thompson (1992). ↩︎
2
La violencia sexual, característica de las detenciones israelíes y parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas de seguridad israelíes hacia lxs palestinxs, se ha incrementado de manera significativa en severidad y frecuencia tras el 7 de octubre de 2023, y se infringe en un clima de total impunidad (ONU, 2025: 33-34, 46-47) ↩︎
3
Según un informe de la ONU, que también desmiente ciertos relatos sobre violencia sexual cometida por Hamas el 7 de octubre de 2023, hay motivos para creer que hubo actos individuales de violencia sexual (véase, Al Jazeera, 2024; Goldenberg y Frankel, 2014). ↩︎
4
La Carta de las Naciones Unidas, diversas resoluciones y normas relevantes del derecho internacional reconocen la legitimidad de la lucha de los pueblos sometidos a ocupación o dominación colonial por la independencia y la integridad territorial por todos los medios, incluida la lucha armada (véase ONU, 1974; 1982). ↩︎

agosto 07, 2026

Rebecca Solnit: «La desesperanza es un lujo»



Rebecca Solnit, escritora, historiadora y una de las pensadoras feministas más influyentes de la actualidad, es la autora de Los hombres me explican cosas, un ensayo que dio voz y nombre a una experiencia compartida por millones de mujeres en todo el mundo. En esta conversación, Solnit reflexiona sobre los feminismos hoy en día, los relatos que perpetúan desigualdades y sobre la necesidad de repensar nuestra relación con la naturaleza, la cultura y las otras personas desde una mirada colectiva y transformadora. Una entrevista de la escritora Marina Espasa.



Autores/asMarina Espasa
ParticipantesRebecca Solnit 
Fuente: CCCB

agosto 06, 2026

Micromachismos: la desigualdad que sigue escondida en lo cotidiano

“Quizá por eso resultan tan difíciles de combatir: porque se confunden con la costumbre y terminan pareciendo normales”


Oberholster Venita / Pixabay

Pequeños gestos cotidianos (frases, actitudes y automatismos que apenas se cuestionan) siguen colocando a muchas mujeres en un segundo plano. Aunque la sociedad ha cambiado y los avances hacia la igualdad son evidentes, estas dinámicas persisten de forma silenciosa en muchos ámbitos de la vida diaria.

Quizá por eso resultan tan difíciles de combatir: porque se confunden con la costumbre y terminan pareciendo normales.

Los micromachismos no suelen identificarse a primera vista. No hay gritos, insultos ni conflictos abiertos. Son gestos pequeños, frases cotidianas y reacciones automáticas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que, sumadas, contribuyen a mantener desigualdades que aún no han desaparecido por completo.

Conviene matizar algo importante: afortunadamente, estas dinámicas están cambiando. Hay hombres que no reproducen estos comportamientos, parejas que se reparten las responsabilidades de forma equitativa y nuevas generaciones cada vez más conscientes de la necesidad de construir relaciones basadas en el respeto y la corresponsabilidad. Sin embargo, el cambio social sigue siendo desigual y, en muchos ámbitos, todavía insuficiente.

¿Por qué siguen existiendo?

La mayoría de los micromachismos no nacen de una intención consciente de discriminar. Son, en gran medida, el resultado de una educación recibida durante generaciones y de modelos culturales profundamente arraigados. Durante mucho tiempo se educó a hombres y mujeres para desempeñar papeles diferentes: ellos como principales proveedores y ellas como responsables del cuidado de la casa y de la familia. Aunque la sociedad ha evolucionado de forma extraordinaria, muchas de esas inercias siguen reproduciéndose de manera casi automática, incluso entre personas que defienden sinceramente la igualdad.

En casa: cuando el trabajo se da por hecho

En muchos hogares sigue ocurriendo una escena fácilmente reconocible. Él está sentado viendo la televisión mientras ella recoge la cocina después de cenar. Entonces comenta:

—Si necesitas ayuda, me dices.

No es una frase agresiva, pero encierra una diferencia significativa: la responsabilidad principal parece recaer en ella, mientras él se ofrece a colaborar de forma puntual.

También es frecuente que alguien abra la nevera y diga:

—No hay nada para comer.

Detrás de esa afirmación suele haber una realidad invisible: alguien ha pensado en la compra, ha planificado los menús y ha organizado lo necesario para que la casa funcione día a día.

En reuniones familiares ocurre algo parecido. Servir el café, recoger los platos o atender a los niños suele recaer de forma casi automática sobre determinadas personas, generalmente mujeres, mientras el resto continúa la conversación.

A ello se suma lo que muchos estudios denominan carga mental: recordar citas médicas, cumpleaños, compras pendientes, reuniones escolares o gestiones administrativas. Son tareas poco visibles, pero esenciales para la organización cotidiana, y todavía hoy siguen recayendo con frecuencia sobre ellas.

Otro ejemplo muy habitual es hablar de que un hombre 'ayuda en casa'. En realidad, cuando ambos conviven y comparten un proyecto de vida, no se trata de ayudar, sino de asumir responsabilidades comunes. El propio lenguaje refleja, a veces sin pretenderlo, quién sigue considerándose el responsable principal de las tareas domésticas.
En pareja: cuando el control se disfraza de cuidado

Otra situación habitual aparece cuando una mujer va a salir y escucha preguntas como:

—¿Con quién vais exactamente?

—No vuelvas muy tarde, que es peligroso.

—Avísame cuando llegues.

Por supuesto, estas expresiones pueden nacer de una preocupación sincera. El problema surge cuando se convierten en algo constante, unilateral o condicionan la autonomía de la otra persona. En esos casos pueden transformarse en formas sutiles de control.

Algo parecido sucede con comentarios relacionados con la apariencia o las decisiones personales:

—¿Vas a salir así?

—No es que no puedas, pero luego te miran.

O cuando una mujer dedica tiempo a su trabajo, sus aficiones o sus amistades:

—Siempre estás ocupada últimamente.

No son prohibiciones directas, pero pueden generar presión y hacer que determinadas decisiones se tomen bajo la influencia de expectativas ajenas.
En la carretera: cuando conducir parece un examen

Muchas mujeres reconocen una situación parecida: van conduciendo y el acompañante masculino comenta continuamente:

—Frena antes.

—Ahí no entres.

—Vas muy pegada.

Aunque no exista un peligro real, la sensación puede ser la de estar siendo evaluada constantemente.

Sin embargo, cuando es el hombre quien conduce, ese nivel de supervisión suele ser menor. Esta diferencia refleja un estereotipo que todavía persiste en algunos sectores de la sociedad: la idea de que las mujeres conducen peor.

Los datos disponibles no respaldan esa creencia. Diversos estudios sobre siniestralidad vial muestran que los hombres están implicados con mayor frecuencia en conductas de riesgo al volante, como el exceso de velocidad o la conducción temeraria. Aun así, el prejuicio continúa presente en muchos comentarios cotidianos.
En el trabajo: cuando no se escucha igual

En el ámbito laboral también pueden aparecer situaciones sutiles de desigualdad.

Una mujer expone una idea durante una reunión y apenas obtiene respuesta. Minutos después, un compañero plantea una propuesta muy similar y recibe reconocimiento por ella.

También es habitual que determinadas tareas organizativas —tomar notas, coordinar detalles o preparar reuniones— recaigan automáticamente sobre mujeres, sin que exista un acuerdo previo ni una distribución consciente de responsabilidades.

A ello se suma otra situación frecuente: las interrupciones. Diversos estudios muestran que las mujeres son interrumpidas con mayor frecuencia durante reuniones o debates y que, en ocasiones, sus explicaciones se cuestionan más que las de sus compañeros.

La forma de valorar el liderazgo ofrece otro ejemplo frecuente. Cuando una mujer se expresa con firmeza, a veces se la percibe como demasiado exigente o autoritaria. Sin embargo, esa misma actitud en un hombre suele interpretarse como capacidad de liderazgo o seguridad.

Son diferencias sutiles, difíciles de detectar en ocasiones, pero que pueden influir en el reconocimiento profesional y en las oportunidades de desarrollo laboral.
Lo que está cambiando (aunque no al ritmo deseado)

Es importante insistir en que estas situaciones no representan a todos los hombres ni aparecen en todas las relaciones. Existen hogares donde las responsabilidades se comparten de manera equilibrada, empresas comprometidas con la igualdad y personas que cuestionan activamente estos comportamientos.

Los avances logrados durante los últimos años son reales y merecen ser reconocidos. Sin embargo, también es cierto que algunas inercias culturales continúan presentes y siguen manifestándose en pequeñas acciones cotidianas que rara vez se cuestionan.

Conviene recordar, además, que los micromachismos no perjudican únicamente a las mujeres. También pueden limitar a muchos hombres cuando se espera de ellos que no expresen sus emociones, que asuman siempre el papel de proveedores económicos o que no participen plenamente en el cuidado de sus hijos por considerarlo una tarea secundaria. Superar estos estereotipos beneficia a toda la sociedad.

Los micromachismos no siempre son conscientes ni intencionados. Precisamente por eso resultan tan difíciles de identificar y transformar. Su importancia no reside en cada gesto aislado, sino en el efecto acumulativo que generan cuando se repiten una y otra vez.

Son como el polvo que se acumula en una casa. Un solo grano parece insignificante, pero cuando se van sumando durante años terminan cubriendo toda la superficie. Cada gesto aislado puede parecer irrelevante; el problema aparece cuando todos ellos se convierten en una forma habitual de relacionarnos.

Detectar un micromachismo no significa convertir cualquier conversación en un enfrentamiento. Muchas veces basta con hacerlo visible mediante una pregunta serena, repartir las responsabilidades con mayor equilibrio o revisar costumbres que siempre se han considerado normales. La igualdad no se construye únicamente con leyes; también nace de esos pequeños gestos cotidianos que transforman la convivencia.


Nombrarlos no es acusar, sino observar. Y observar es siempre el primer paso para cambiar.


Porque la igualdad no se alcanza únicamente cuando desaparecen las grandes discriminaciones, sino también cuando dejamos de aceptar como normales esas pequeñas desigualdades que se cuelan, casi sin hacer ruido, en la vida de cada día.

Fuente: El Diario.es

agosto 05, 2026

Diálogos en torno al territorio y los cuidados desde una mirada de género


Presentación SUR Corporación

La jornada reunirá a actores locales, organizaciones sociales y de cuidadoras y especialistas en dos conversaciones dedicadas a los sistemas de cuidado en los territorios desde una perspectiva de corresponsabilidad social y de género.

  • Diálogo 1: Experiencias, aprendizaje y desafíos para ciudades que cuiden

Este primer diálogo abordará los aprendizajes y desafíos para el fortalecimiento del derecho al cuidado y la autonomía de las mujeres, y para la consolidación de redes y sistemas locales de cuidado en los territorios. Luego de una intervención de Tamara Jeri (SUR Corporación), participarán las coordinadoras de dos proyectos ejecutados por organizaciones de la Red Mujer y Hábitat de América Latina y el Caribe en distintos países de la región: Maite Rodríguez (Fundación Guatemala), coordinadora del proyecto “Fortalecimiento de Liderazgo y Participación de Mujeres para Avanzar Hacia Ciudades Feministas y Territorios que Cuidan” (AECID Guatemala), y Ana Falú (CISCSA Ciudades Feministas), coordinadora del proyecto “Territorios, Género y Cuidados. Tejiendo redes de incidencia, conocimiento e intercambio en ciudades de América Latina” (AECID Cono Sur). Participarán también con sus reflexiones Karina Delfino, alcaldesa de Quinta Normal, otro alcalde de la Región Metropolitana y una lideresa cuidadora de la Mesa de Cuidado del Centro Comunitario de Lo Espejo.

  • Diálogo 2: Lanzamiento de la revista Proposiciones N°40

La segunda parte de la jornada estará dedicada al lanzamiento a la Revista Proposiciones Nº 40 de SUR “Construyendo territorios que cuiden. Vida cotidiana y corresponsabilidad social y de género”. Presentarán la Revista sus coeditoras Olga Segovia (SUR Corporación), Nieves Rico (consultora independiente) y Ana Falú (CISCSA Ciudades Feministas), junto con los comentarios de Pía Montealegre, académica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

  • Confirma tu asistencia: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdp5HdVKuJx4JWTC4u0IAW0EeuYIg7MeZZef9Rnx93H7QIhaw/viewform

Fecha: 10 de agosto de 2026
Hora: 9:30 a 12:00 

Centro Cultural de España. 
Ubicado en Av. Providencia 927, Providencia, Santiago.

Fuente: https://ccesantiago.aecid.es/

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in