abril 19, 2026

bell hooks reivindica el arte como arma de empoderamiento de la comunidad negr




"¿Por que no se ven a las y los artistas negros?", se pregunta en su libro Pensar el arte la activista y escritora negra bell hooks (Kentucky, EE.UU, 1952-2021), una de las grandes pensadoras feministas que mejor han analizado la intersección entre raza, clase y género.

Pensar en el arte es un volumen editado por Paidós, en el que la escritora propone otra nueva forma de ver el arte, una mirada que puede convertirse en una fuerza empoderadora dentro de la comunidad negra, una herramienta importante para la liberación política y la autoafirmación de dicha comunidad, según la autora.

"Cuando empecé a buscar y leer críticas de arte sobre artistas de grupos marginales, particularmente la obra de artistas afroamericanos, quedé asombrada por la escasez de materiales, por la falta de un compromiso crítico serio. Sentí al mismo tiempo una tristeza tremenda y una rabia intensa, Luchando constructivamente con estos sentimientos, y escribiendo sobre la obra de artistas afroamericanos/as, sobre el arte en la vida de las personas negras , comencé esta colección...", argumenta hooks, sobre estos ensayos reunidos en este libro.

El arte como empoderamiento de la comunidad negra

hooks cuyo nombre de origen era Gloria Jean Watkins eligió llamarse beel hooks en honor a su bisabuela materna y decidió escribirlo en minúscula para restarle grandilocuencia y alejarse del ego. Y en estas páginas deja claro que el arte tiene una función transformadora para las personas oprimidas, y considera que la capacidad de imaginar y crear es un acto de resistencia.

No se trata solo de "representación", sino de cómo el arte puede sanar el trauma histórico y desafiar la supremacía blanca, sostiene.

bell hooks reflexiona sobre la producción, la exposición y la crítica del arte y de la estética y comparte su propia experiencia con el poder transformador del arte a la vez que explora temas que van desde el arte en la educación hasta la política del espacio o la imaginación, como herramienta revolucionaria.

Y desde su constante preocupación por la lucha liberadora de las minorías analiza cómo el arte puede ser una fuerza empoderadora y revolucionaria dentro de la comunidad negra.
Reclama rigor para apreciar la obra de artistas negros 

Pensar el arte, que se publica ahora en español, tuvo una primera edición en 1995. Ahora esta edición tiene más vigencia, si cabe. El libro incluye ensayos, críticas y entrevistas donde hooks establece diálogos con artistas como Romare Bearden, Carrie Mae Weems y Alison Saar, o el estudio de la obra de Jean-Michel Basquiat y Félix González-Torres.

La autora de títulos como Todo sobre el amor, Comunión o Salvación propone que se mire la obra de artistas negros con el mismo rigor estético que la de los blancos, sin reducirla solo a un "documento social".

El arte y a la belleza, derecho político, no un lujo para unos pocos

hooks cita a la escritora afroamericana Audre Lorde al recordar que "el silencio no salvará a la comunidad negra" y pone de manifiesto la invisibilidad de artistas de grupos marginales y la escasa atención que le dedican los críticos, desmitifica los museos como el único lugar donde vive el arte, y también habla de la importancia de la estética en el hogar de las familias negras.

Además defiende que el acceso al arte y a la belleza es un derecho político, no un lujo para unos pocos.

"Cuando pienso en el lugar de lo visual en la vida de las personas negras, creo que la mayoría de ellas están más influenciadas por las imágenes de la televisión y las películas que por artes visuales como la pintura, la escultura, etc. Mi hermana G. me dijo: 'Nos podemos identificar con las películas, pero no parece que sepamos cómo identificarnos con el arte'. Es posible que las personas negras no se identifiquen con el arte debido a la falta de representación. Muchos de nosotros no sabemos que las personas negras crean un arte diverso, y es posible que no las veamos hacerlo. especialmente si vivimos en hogares de clase trabajadora o de clase baja".

La autora sostiene que si todos las niñas y niños negros crecieran diariamente en entornos donde aprendieran la importancia del arte y vieran a artistas negros, la experiencia colectiva negra del arte se transformaría, y recuerda que la identificación con el arte va más allá de la representación.

"A medida que los artistas negros se han liberado de las nociones imperialistas y supremacistas blancas sobre la forma en que el arte debería verse y funcionar en la sociedad, han abordado la representación como un lugar para la crítica", añade.
Las mujeres artistas

La ausencia de espacio y de tiempo para las mujeres artistas es otro de los temas que trata hooks. Soñar, pensar, crear y tener tranquilidad son algunos los elementos fundamentales para levantar un proyecto artístico, pero si eres mujer estas cosas se ponen más en contra, dice la autora, que cita a la escritora y activista estadounidense Adrienne Rich y su libro What Is Found There: Notebooks on Poetry and Politics (1993), donde habla de cómo las mujeres se sienten culpables al utilizar ese tiempo muerto que se necesita para reflexionar.

hooks advierte de que la mayoría de los grandes nombres de la poesía norteamericana son de personas que han tenido acceso al tiempo libre, un privilegio que no tiene la clase trabajadora y, en especial, las mujeres.


"La mayoría de las mujeres artistas, incluyéndome a mí son trabajadoras asalariadas en áreas no relacionadas con su arte". Todavía sueño con el día que pude dejar de dar clase y dedicar tiempo a escribir y a producir arte", subraya la autora.

Recuperar la memoria, olvidar el canon impuesto por Occidente

"El propósito del arte es iluminar, ayudar en la recuperación de la memoria, guiar la respuesta espiritual y facilitar la liberación política", escribe Hooks en este libro en el que habla del cuerpo, de la memoria, de la sangre, de lo rojo, de la representación de los cuerpos negros, de la trangresión, de la belleza de lo ordinario y cotidiano, de ser objeto de arte, de las mujeres negras y de la escritura negra, de la belleza subversiva o de rechazar el canon heredado de Occidente.
bell hooks, teórica feminista, crítica cultural y escritora

Con más de sesenta libros publicados, entre memorias, poesía, critica cultural, libros para niños y ensayos, los escritos de hooks giran en torno al feminismo, el racismo, la esclavitud clase, espiritualidad, el amor, o la importancia de los medios en la educación, y su figura está considerada como una de las escritoras y teóricas feministas más importantes de su generación.

Nacida el 25 de septiembre de 1952 en Hopkinsville (Kentucky) bajo el nombre de Gloria Jean Watkins se crio en una familia de siete hermanos y acudió a colegios segregados racialmente.

Más tarde estudió en las universidades de Wisconsin, Stanford (California) y la de California en Santa Cruz, donde cursó estudios de inglés y se doctoró en Literatura.

Publicó su primera obra, una colección de poemas titulada And There We Wept, bajo el nombre de Bell Hooks en 1978. En 1981, sacó Ain’t I a Woman? Black Women and Feminism, que examina la naturaleza del feminismo negro bajo la lupa del sexismo y la esclavitud; un tema que volvió analizar en libros como Feminist Theory: From Margin to Center y Feminism is for Everybody.

Escribió más de 40 obras

Escribió más de 40 obras que incluyen ensayos, libros para niños y poesía, además de tocar multitud de temas que van desde el feminismo al racismo, pasando por la cultura, la política, el amor y la espiritualidad.

En sus libros mezcla opiniones personales con políticas a la hora de abordar asuntos tan variados como la representación de los negros en las películas, la naturaleza del amor o el análisis de los vídeos musicales de Madonna.

Por Carmen Sigüenza
Fuente: Efeminista

abril 18, 2026

La brecha de poder en el Congreso colombiano: más mujeres, mismos límites

Aunque más mujeres compiten en la política colombiana, su llegada efectiva al poder se estanca —e incluso retrocede—, evidenciando que la paridad no se resuelve solo con cifras, sino con condiciones reales de acceso y agendas comprometidas con la igualdad.



Colombia enfrenta una paradoja persistente en su democracia, cada vez más mujeres participan en la contienda electoral, pero su presencia efectiva en los espacios de poder no crece al mismo ritmo y, en algunos casos, incluso retrocede. En materia de representación femenina, hay avances que vale la pena destacar: el 40,9 % de las candidaturas al Congreso corresponden a mujeres, lo que significa un incremento frente a procesos electorales anteriores.

Este dato no es menor, pues refleja, al menos en el plano formal, una mayor presencia de mujeres en la contienda electoral, impulsada en parte por mecanismos como las listas cerradas y de cremallera, a pesar de las críticas que han suscitado.

Se trata, además, del resultado de décadas de lucha del movimiento de mujeres y del movimiento feminista en Colombia, que han promovido reformas legales, acciones afirmativas y transformaciones culturales para abrir espacios en la política. La ley de cuotas, la incidencia en los partidos y la presión constante por la paridad han sido claves para que hoy más mujeres puedan aspirar a cargos de elección popular. En ese sentido, el aumento en las candidaturas es una conquista colectiva sostenida en el tiempo.

Sin embargo, al contrastar este avance con los resultados en términos de representación efectiva, es decir las curules obtenidas, la narrativa se complejiza. En medio del proceso de escrutinio y a la espera de la entrega de credenciales por parte de la Registraduría Nacional del Estado Civil, la Misión de Observación Electoral (MOE) advierte un estancamiento en la participación de mujeres en el Congreso para el periodo 2026–2030: la representación femenina alcanza el 29,98 %, lo que incluso supone una leve caída frente a las elecciones de 2022. Esto indica que, aunque formalmente se cumple la cuota del 30 %, el dato evidencia un problema estructural y es que persisten barreras en el acceso real de las mujeres a cargos electivos.

La distancia entre candidaturas y resultados pone en evidencia una tensión persistente en la democracia colombiana: no basta con que las mujeres estén en las listas, es necesario que estén en posiciones competitivas y de toma de decisión. La cuota, sin mecanismos efectivos de ubicación y alternancia, puede convertirse en un cumplimiento formal sin impacto sustantivo. En otras palabras, más mujeres compiten, pero no necesariamente más mujeres llegan a los cargos.

A esta tensión se suma una paradoja aún más compleja. Algunas de las mujeres que sí logran acceder al poder lo hacen desde agendas políticas abiertamente conservadoras o religiosas que, en muchos casos, se oponen a avances en materia de derechos sexuales y reproductivos, igualdad de género, la lucha contra las múltiples formas de violencias basadas en género e incluso la misma paridad. Incluso, en ocasiones, desconocen o minimizan el papel de los movimientos sociales y feministas en la apertura de estos espacios.

Esto plantea preguntas incómodas pero necesarias: ¿qué significa realmente avanzar en representación política? ¿Es suficiente contar cuántas mujeres hay en el Congreso o debemos preguntarnos también qué agendas impulsan y qué derechos están dispuestas a defender? ¿Existe el riesgo de retroceder en materia de igualdad? La presencia de mujeres no garantiza, por sí sola, una representación sustantiva ni la defensa de los derechos de las mujeres. Además, la política, e incluso la democracia misma, está atravesada por ideologías, proyectos de sociedad y disputas de poder. Que una mujer ocupe una curul no implica automáticamente un compromiso con la igualdad de género o con otro tipo de derechos. Sin embargo, sí resulta problemático que se desconozca que esas mismas curules son, en gran medida, producto de luchas colectivas que buscaron ampliar derechos para las mujeres, no restringirlos.

En este contexto, el 8M adquiere una carga simbólica particular. Una fecha históricamente asociada a la reivindicación de derechos, la memoria feminista y la exigencia de igualdad coincide con un escenario en el que aumenta la participación formal, pero se estanca (e incluso retrocede), la representación efectiva. A ello se suma la posibilidad de que lleguen al Congreso personas con agendas regresivas, lo que evidencia tensiones no resueltas en torno a la igualdad política y el avance de sectores conservadores.

Aun así, es necesario reconocer que el hecho de que el 40,9 % de las candidaturas esté compuesto por mujeres es un logro significativo, independientemente de la orilla política de la que haga parte. Pero también es un recordatorio de que la igualdad no se agota en los números y tampoco es una responsabilidad exclusiva de las mujeres. La democracia paritaria no solo implica abrir las puertas, sino garantizar que las mujeres puedan atravesarlas en condiciones reales de competencia y ejercer el poder en contextos que no reproduzcan las desigualdades que históricamente las han excluido.

El desafío, entonces, es doble. Por un lado, fortalecer los mecanismos que además de asegurar la inclusión, también sostengan la efectividad de la participación política de las mujeres: listas paritarias, alternancia real, garantías dentro de los partidos y eliminación de violencias basadas en género dentro de estos. Por otro lado, promover una representación que avance en la garantía de derechos para mujeres, niñas y otras poblaciones históricamente discriminadas.

Quizás, en medio de estas tensiones, el Congreso 2026–2030, aun con menos mujeres, termine debatiendo de fondo la paridad política y comprometiéndose con la protección de la autonomía reproductiva de las mujeres, como condición para el ejercicio de la ciudadanía plena en una sociedad democrática. Y eso, en sí mismo, no dejaría de ser una nueva paradoja.

Fuente: La Cadera de Eva

abril 17, 2026

Feminismo: entre avances legales y retrocesos políticos




El momento actual del feminismo en América Latina y en buena parte del mundo se caracteriza por una tensión cada vez más evidente entre avances normativos que reconocen derechos y un clima político que dificulta su implementación real. Esto refleja una especie de desajuste entre lo que se escribe en las leyes y lo que efectivamente ocurre en la vida cotidiana de las mujeres.

En los últimos años se han producido progresos jurídicos que, en otro contexto, podrían leerse como señales inequívocas de consolidación del movimiento feminista, como la recién anunciada intención del Estado mexicano de homologar el delito de feminicidio en todo el país con criterios claros y sanciones más severas. Se trata, sin duda, de una iniciativa que busca cerrar brechas históricas en la interpretación judicial de la violencia contra las mujeres y que refleja la presión sostenida de organizaciones feministas para que el sistema legal reconozca la especificidad de estos crímenes.

En Colombia, la aprobación de la Ley 2447 de 2025, que prohíbe de manera absoluta el matrimonio infantil y las uniones tempranas, representa un avance significativo en la protección de los derechos de niñas y adolescentes, al eliminar una excepción legal que, durante más de un siglo, permitió estas prácticas con autorización familiar, elevando de forma definitiva a 18 años la edad mínima para contraer matrimonio. Esta ley cierra una puerta histórica a la normalización de relaciones profundamente desiguales, una conquista que fue posible tras múltiples intentos fallidos en el Congreso y gracias a la presión sostenida de organizaciones feministas, sociedad civil y liderazgos políticos comprometidos.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, promulgó el 31 de marzo de 2026 una ley que amplía progresivamente la licencia por paternidad de 5 a 20 días para el año 2029. La medida incluye la creación del «salario-paternidad», financiado por la seguridad social para garantizar el sueldo completo y fomentar la corresponsabilidad en el cuidado.

Otro ejemplo es Panamá, donde el avance hacia la consolidación de un Sistema Nacional de Cuidados como política pública está marcando un hito en la forma en que el Estado reconoce y redistribuye el trabajo de cuidado, históricamente invisibilizado y feminizado, al asumirlo como una responsabilidad colectiva y no como una carga individual de las mujeres. Es una transformación que no solo amplía derechos en el papel, sino que redefine las bases sobre las que se organiza la vida social y económica, y que se inscribe en una conversación regional más amplia que busca colocar el cuidado en el centro del desarrollo.

Todos estos avances se inscriben en una tendencia más amplia en la que los Estados, al menos en el plano formal, incorporan marcos legales más robustos para abordar la desigualdad de género. Sin embargo, estos logros conviven con un contexto político en la Región que parece moverse en la dirección contraria, marcado por el fortalecimiento de discursos conservadores, la deslegitimación de agendas de igualdad y el cuestionamiento abierto a políticas públicas feministas, lo que genera un terreno hostil para que esos avances puedan traducirse en transformaciones concretas.

Igualdad sustantiva vs. igualdad formal

En América Latina, las recientes movilizaciones del 8 de marzo estuvieron atravesadas por consignas que reflejan esta preocupación, con miles de mujeres denunciando no solo la persistencia de la violencia, sino también el retroceso en garantías institucionales y la falta de voluntad política para sostener lo conquistado.

Esta contradicción revela una verdad incómoda que atraviesa el presente feminista: el reconocimiento legal de derechos no asegura por sí mismo su vigencia, especialmente cuando el entorno político y cultural no acompaña ese reconocimiento.

A escala global, la magnitud de la brecha resulta imposible de ignorar cuando se observa que las mujeres cuentan apenas con el 64% de los derechos legales reconocidos a los hombres, una cifra que no solo revela la persistencia de desigualdades estructurales, sino que también cuestiona la narrativa de progreso sostenido que a menudo acompaña los avances normativos, ya que incluso en aquellos contextos donde se celebran nuevas leyes o reformas, la base sobre la cual se construyen esos logros sigue siendo profundamente desigual.

Esto obliga a mirar más allá del entusiasmo institucional y reconocer que el problema no se limita a la ausencia de marcos legales en ciertos países, sino que atraviesa el sistema global en su conjunto, evidenciando que la igualdad jurídica plena sigue siendo una promesa lejana y que cualquier avance debe leerse siempre en relación con esa deuda estructural que continúa marcando la experiencia de millones de mujeres en el mundo.

Lo que está en juego entonces no es únicamente la aprobación de nuevas normativas, sino la posibilidad de sostenerlas en contextos donde crecen las resistencias, donde actores políticos construyen capital cuestionando la agenda de género y donde se reinstalan narrativas que buscan devolver a las mujeres a posiciones subordinadas bajo la apariencia de tradición, orden o estabilidad.

En ese escenario, el feminismo enfrenta un desafío complejo que implica defender lo conquistado al mismo tiempo que continuar impulsando cambios estructurales, una tarea que exige incidencia pública basada en demostrar capacidad de movilización social.

La tensión entre avance legal y retroceso político también pone en evidencia los límites de una estrategia centrada exclusivamente en la institucionalidad, ya que, si bien las leyes son herramientas fundamentales, su eficacia depende de condiciones más amplias que incluyen sistemas judiciales sensibles al género, políticas públicas sostenidas y, sobre todo, un entorno social que no tolere la violencia ni la discriminación. Cuando estos elementos fallan, las leyes corren el riesgo de convertirse en declaraciones simbólicas que conviven con prácticas que las contradicen.

Lectura optimista

En este contexto, el feminismo contemporáneo se encuentra en una etapa que podría describirse como de consolidación conflictiva, en la que tan innegables son sus logros como la reacción que han generado. Lejos de interpretarse como un signo de debilidad, esta reacción puede leerse como evidencia de la capacidad transformadora del movimiento, ya que los avances que no incomodan difícilmente alteran las estructuras de poder.

La resistencia que hoy se observa en distintos países se da en respuesta a décadas de organización, denuncia y propuesta que han logrado instalar la igualdad de género como un tema ineludible en la agenda pública.

Pensar este momento desde esa clave permite salir de una narrativa de retroceso lineal y reconocer la complejidad de un proceso en disputa, donde cada conquista abre nuevas tensiones y donde el camino hacia la igualdad está lejos de ser un trayecto ordenado o irreversible.

El desafío, entonces, no consiste únicamente en seguir ampliando derechos en el papel, sino en construir las condiciones políticas, culturales e institucionales que permitan que esos derechos se encarnen en la vida de los hombres y las mujeres, incluso en escenarios adversos donde el poder intenta replegar lo que ya parecía ganado.

Por Susana Reina/
Fuente: Latinoamérica21

abril 16, 2026

¿Importa que haya más mujeres en puestos de liderazgo?

La evidencia indica que sí: una mayor presencia de mujeres en cargos directivos dentro de una empresa se asocia con una reducción de la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Imagen: Freepik.

Esta es la principal conclusión de un estudio reciente de Rodrigo Ceni, Estefanía Galván, Cecilia Parada y Agustina Romero , titulado “Are female bosses a path to equality? Evidence of their incidence on gender gaps”, que analiza los efectos de la participación femenina en puestos de liderazgo en empresas de Uruguay.

Los datos utilizados en el artículo

El estudio se basa en la trayectoria laboral de todas las personas empleadas en el sector formal (es decir, en actividades económicas, empresas y empleos que están registrados, regulados y supervisados legalmente) en Uruguay, un total de 839 480 trabajadoras y trabajadores, a lo largo de 26 años. Este conjunto de datos, especialmente detallado, permite identificar tanto a los compañeros de trabajo como a los supervisores de cada persona dentro de sus respectivas empresas.

Durante el período analizado (1997–2022), la brecha salarial en Uruguay es considerable: el salario medio de los hombres supera en un 39 % al de las mujeres, aunque ellos trabajan solo un 5 % más de horas mensuales. Las mujeres representan el 41 % del empleo total, pero ocupan apenas el 31,5 % de los 35 612 puestos directivos.

A partir de esta información, el artículo analiza cómo la presencia de mujeres en los niveles más altos de la jerarquía empresarial incide en la brecha de género dentro de las propias empresas.
Los resultados

El principal hallazgo del estudio es que la presencia de mujeres en puestos de dirección reduce de forma significativa la brecha salarial entre hombres y mujeres, y que este efecto se intensifica a medida que aumenta la representación femenina en posiciones de poder. Además, el impacto de las directivas es especialmente notable entre las mujeres con salarios más bajos y en aquellos sectores o empresas donde la participación femenina ya es más elevada. En términos cuantitativos, un mayor número de mujeres en puestos de liderazgo incrementa los salarios femeninos y reduce la brecha salarial total en torno a un 15 %.

Asimismo, el estudio muestra que una mayor presencia de mujeres en cargos directivos se asocia con un aumento en la contratación de trabajadoras y con una menor tasa de salida de mujeres de las empresas.
Mecanismos que pueden explicar los resultados

Las autoras y el autor examinan tres posibles mecanismos que podrían explicar los resultados.

En primer lugar, analizan si la composición de género en la dirección influye tanto en los salarios de las nuevas contrataciones como en los de quienes ya forman parte de la plantilla. Encuentran que, en empresas con mujeres en puestos directivos, la brecha salarial de género entre las nuevas incorporaciones se reduce entre un 20 % y un 25 %, mientras que la disminución es más moderada, alrededor del 8 %, para las personas ya empleadas.

En segundo lugar, muestran que el impacto del liderazgo femenino es mayor entre quienes cambian de empleador que entre quienes permanecen en la misma empresa: en el primer caso, la brecha salarial de género se reduce aproximadamente en un 20 %.

Por último, analizan las diferencias en las tasas de promoción, que podrían reflejar posibles sesgos o discriminación por parte de directivos hombres. En este aspecto, no encuentran evidencia de que el género del jefe influya de manera significativa en la probabilidad de promoción de las mujeres dentro de la empresa.
Conclusión

A pesar de los avances en educación y en la participación femenina en el mercado laboral, las desigualdades de género persisten. Las mujeres continúan percibiendo salarios inferiores a los de los hombres y siguen estando infrarrepresentadas en los niveles más altos de la jerarquía empresarial. Buena parte de la literatura se ha centrado en identificar las causas de esta baja presencia femenina en puestos de liderazgo y en proponer medidas para corregirla.

Este trabajo muestra que una mayor representación de mujeres en posiciones de liderazgo no solo responde a una cuestión de equidad, sino que también puede contribuir de manera significativa a reducir las desigualdades existentes dentro de las organizaciones.
Referencia

Rodrigo Ceni, Estefanía Galván, Cecilia Parada & Agustina Romero. (2025). Are female bosses a path to equality? Evidence of their incidence on gender gaps. SERIEs 1-53
Sobre el autor

David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.

Fuente: Mujeres con Ciencia

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in