septiembre 24, 2022

Riot Grrrl: el movimiento que cambió el feminismo a través de la música punk



Bikini Kill en un concierto de 1991 en el Sylvester Park de Olympia (Washington). jonathancharlesWikimedia Commons

A principios de los años 90, bandas como Bikini Kill, L7 o Bratmobile se apropiaron de los códigos del punk para iniciar una nueva ola feminista. 

A mediados de los 70, se fraguó una de las mayores revoluciones de la historia de la música moderna: la revolución punk. Sus protagonistas fueron bandas neoyorquinas como The Velvet Underground, New York Dolls, The Stooges y Television, quienes con su música y su actitud contribuyeron a un cambio de paradigma en la industria musical. 

Hasta entonces, las bandas más reconocidas tanto por el público como por la crítica habían sido Pink Floyd, The Who, Led Zeppelin o Queen, todas ellas conocidas por sus producciones depuradas y por el virtuosismo de sus integrantes. Era la época de las largas sinfonías rock y los grandes álbumes conceptuales, que la gente escuchaba bajo los efectos de drogas aletargantes. 


La irrupción en escena de las bandas neoyorquinas no supuso la extinción de esta corriente, aunque sí la apertura de una nueva, en la que el virtuosismo y la pompa quedaban en muy segundo plano. En el punk importaban más otras cosas, como la actitud, la performance y el ruido. No hacía falta ser un virtuoso con el instrumento, tan solo ganas de hacer ruido, pasarlo bien y gritar lemas destructivos. 

Pero el punk era mucho más que música. Ser punk suponía adoptar una determinada actitud ante la vida, de subversión y de rebelión contra el orden establecido. Un orden que, en los 70, no tenía en cuenta las inquietudes de las generaciones más jóvenes, y esto es precisamente lo que el punk quiso remediar, no a través de pancartas, sino a golpe de guitarras. 

Sin embargo, hubo aspectos del sistema que los punks no se molestaron en desafiar. Casi todas las formaciones del género estaban formadas por hombres, y las mujeres seguían siendo, como siempre, meras observadoras. En un fanzine punk de Londres, llamado Sniffin Glue, llegó a publicarse esta sentencia: “Punk are not girls”. Las mujeres debían mantenerse al margen de una revolución que, sin duda, era incompleta. 

“Nosotras somos la banda”

La deuda que el punk tenía con el género femenino se saldó mucho más tarde, a comienzos ya de los 90. Es en esa época donde se sitúa el nacimiento del movimiento Riot Grrrl.

Todo empezó de manera informal. Varias chicas feministas de la ciudad de Olympia, una ciudad universitaria al oeste del estado de Washington, empezaron a escribir fanzines y a montar sus propias bandas de punk, a pesar de que en aquel momento la música seguía siendo un mundo de hombres.

Los fanzines habían desempeñado un papel fundamental en el surgimiento del punk, y lo mismo ocurrió con el movimiento Riot Grrrl. De hecho, fue en uno de estos fanzines, llamado Bikini Kill, donde se publicó el que se conoce como manifiesto del movimiento.

Su autora era Kathleen Hanna, aunque sus ideas, plasmadas en el manifiesto, eran probablemente compartidas por muchas más. “PORQUE las chicas morimos por libros, y discos, y fanzines que nos hablen a NOSOTRAS y NOS incluyan y que podamos entender a nuestra manera”, empezaba el manifiesto.

Hanna fue también la líder de Bikini Kill, una de las muchas bandas que surgieron entonces y que disparaban contra un mismo objetivo: el patriarcado. En las letras de todos estos grupos estaba muy presente la conciencia feminista y los problemas a los que las mujeres tenían que hacer frente en el Estados Unidos de los 90. Temas como el abuso, el aborto o el maltrato fueron la fuente de inspiración de muchas canciones escritas por aquellas mujeres rebeldes. 

La banda de Kathleen Hanna no fue la única abanderada de estas ideas. Otras bandas como Bratmobile, Kicking Giant, L7 o Heavens to Betsy se sumaron también a la causa. Su objetivo era hacer caer las barreras que impedían a las mujeres formar sus propios grupos y hacer de los conciertos espacios más seguros para las chicas. 
La banda Bratmobile en un concierto de 1994 Greg Neate Wikimedia Commons

Por eso, los conciertos de Bikini Kill solían empezar con un “¡Mujeres al frente!”, con el que animaban a las chicas a acercarse al escenario y, figuradamente, a conquistar más espacios en la lucha contra el régimen patriarcal. También era habitual que, durante estos momentos de comunión musical, se pasara un micrófono por el público para que las chicas compartieran sus experiencias de discriminación. 

Otro de los lemas más famosos del movimiento era: “No hemos venido a tener sexo con la banda, nosotras somos la banda”. El papel de las mujeres no sería ya el de la groupie, o el de la chica que pretende al cantante, sino el de protagonistas encima del escenario, cuyo ejemplo además inspiraría a otras hacer lo mismo. 

Nueva ola feminista

El movimiento Riot Grrrl fue un movimiento cultural que aglutinó a una pléyade de artistas multidisciplinares, que expresaban sus ideas a través de distintas manifestaciones artísticas como los fanzines, el cine, las artes plásticas y, por supuesto, la música. 

Lo que tenían en común estas artistas era su empeño por difundir las ideas feministas. Pero este feminismo no era el mismo de la primera ola feminista, ni tampoco el de la segunda. De hecho, el movimiento Riot Grrrl supuso, por encima de cualquier otra cosa, una nueva reformulación del feminismo. 

Lo mismo que hizo el punk con la música lo hizo el movimiento Riot grrrl con el feminismo. A partir de los 90, este dejó de pertenecer exclusivamente a las clases educadas y de la élite, abriéndose a cualquiera que quisiera participar de él. En este sentido, el movimiento Riot Grrrl supuso una popularización del movimiento feminista.

Tampoco las reivindicaciones eran las mismas que las de las anteriores olas feministas. A lo largo de casi un siglo, el movimiento de liberación de la mujer había logrado ya muchas conquistas, pero también iban surgiendo nuevos frentes, que nunca antes habían sido tratados. 

El de la música era uno de ellos, pero había muchos más. Por ejemplo, la libertad sexual, la reivindicación del placer sexual femenino o los derechos de las personas transgénero. Además, las integrantes del movimiento Riot grrrl contestaron los roles de género y los cánones de belleza femenina, que estaban detrás de muchos trastornos alimenticios graves como la anorexia.

La estela iniciada por Bikini Kill, Bratmobile y compañía fue seguida por muchas bandas que llegaron después. Dentro de la misma década de los 90, surgieron otras formaciones cuyo espíritu era muy cercano al de las pioneras. 

De hecho, algunos de esos grupos se formaron a partir de miembros de aquellas. En el caso de Sleater Kinney, por ejemplo, sus dos líderes, Carrie Brownstein y Corin Tucker, se conocieron a lo largo de varias giras conjuntas de sus respectivos grupos, Excuse 17 y Heavens to Betsy. 

El grupo Sleater Kinney, en 2020. Raph_PH Wikimedia Commons

En la actualidad, el ideario de las Riot Grrrl sigue vivo a través de la música y el arte de creadoras jóvenes que, aún en 2022, reconocen la importancia de seguir conquistando derechos y de mantenerse unidas en la lucha por la igualdad, tal y como proclamaron Bikini Kill en su himno Rebel Girl.

Fuente: El Español

Ana Falú: “En un mundo hecho para hombres blancos es preciso feminizar la arquitectura”

La arquitecta y activista argentina, de visita en México, recibe el Premio Iberoamericano de Arquitectura y Urbanismo 2022 por su trayectoria y sus aportaciones al urbanismo feminista

Ana Falú da un discurso al recibir el Premio Iberoamericano de Arquitectura y Urbanismo 2022 por su trayectoria el jueves en el Teatro Metropolitan de Ciudad de México.JASSO (MEXTROPOLI)

Ana Falú (San Miguel de Tucumán, Argentina, 1947) es pionera en la arquitectura y el urbanismo feminista a nivel internacional. La arquitecta ha dedicado su carrera a la búsqueda de la inclusión e integración plena de las mujeres y niñas en la vida de las urbes, quienes “suelen vivir al margen en las ciudades de América Latina, diseñadas para los hombres blancos, jóvenes y heterosexuales, donde el automóvil es protagonista”, dice la también activista feminista, referente en el campo de la planificación urbana y las políticas habitacionales desde una perspectiva de género.

“Hay que priorizar la mirada a quienes habitan los márgenes. La arquitectura fantástica e icónica es necesaria, pero urge hacer una arquitectura de lo cotidiano, que mejore la calidad de vida del día a día. Un urbanismo que piense en el barrio; en dotarlo de servicios, en acercar todas las cosas que son necesarias para hacer la vida más sencilla, con el fin de regalarle tiempo a las mujeres. Porque el tiempo es el bien más escaso en la vida las mujeres”, afirma Ana Falú, en entrevista con EL PAÍS. La investigadora y profesora de la Universidad Nacional de Córdoba acaba de recibir el Premio Iberoamericano a la Trayectoria de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo — un premio que reconoce a profesionales comprometidos con el desarrollo de proyectos arquitectónicos y su la contribución a la búsqueda de hábitats alternativos para un futuro urbano más optimista, sostenible y justo —. Es la segunda mujer en recibir este reconocimiento, después de la paisajista brasileña Rosa Grena Kliass, quien jugó un papel fundamental en el reconocimiento y la expansión de la arquitectura en Brasil.

“Los complejos urbanos se planifican para familias, aunque en América Latina entre un 30 y 40% de hogares están a cargo de únicamente una mujer”, argumenta Falú, quien fuera directora regional de ONU Mujeres. Además, recuerda que la pobreza es predominantemente femenina. Las que viven en condiciones de precariedad son mayoría en el mercado laboral y muchas son cabeza del hogar. Tienen más del doble de hijos que las ricas y viven en la periferia de ciudades fragmentadas, segregadas y complejas. “Pensemos en urbes como Buenos Aires, Sao Paulo o México, en donde los traslados les toman entre dos y cuatro horas al día a las más pobres que residen en la periferia. Y en condiciones pésimas, en un transporte que no es seguro, que las expone al acoso sexual”, dice en la conferencia inaugural de Mextrópoli, un ciclo de charlas con las voces más relevantes de la arquitectura contemporánea bajo el lema ‘Habitar al margen’. Mientras habla en el Teatro Metropolitan, en Ciudad de México, pasan imágenes de arquitectas destacadas e imágenes de su trayectoria profesional. La clave es descentralizar, resume. “Y tener en cuenta la vida cotidiana en esos barrios, la calidad de los servicios, de la calle, de las aceras. Así como privilegiar a las personas sobre los vehículos. Las mujeres son las que más usan el espacio público, casi siempre con otros: niños, personas con discapacidad, mayores… Ese espacio público tiene que estar pensado en clave feminista”, reclama.

Pregunta. ¿Qué es exactamente el urbanismo feminista?

Respuesta. Claro, ¿qué quiere decir esta cosa tan rara? El urbanismo feminista es pensar en las personas. Poner a las personas al centro del pensamiento arquitectónico, del pensamiento sobre la ciudad. Poner las personas al centro quiere decir mirar la diversidad social. No omitir a nadie. Sobre todo, no omitir a las mujeres. Las mujeres que somos distintas de los varones, que no queremos ser iguales a los varones, queremos ser distintas, pero queremos tener igualdad de derechos. Queremos movernos en la ciudad. No tener miedo y poder usar el espacio público, la calle... que la trabajadora que sale de noche de un hospital pueda cruzar tranquila la plaza para acortar distancias y tomar el transporte público para volver a su casa después de la larga jornada de trabajo. Entonces, tenemos que pensar la ciudad desde ese lugar de la diferencia de sujetos que la habitan y de las diferencias de necesidades que tenemos las mujeres que todavía estamos atravesadas por la división sexual del trabajo.

P. Las mujeres estamos atravesadas por varias otras cosas en la ciudades de Latinoamérica, además de la división sexual del trabajo. Usted lo ha señalado en muchas ocasiones.

R. Sí. Las mujeres somos, todavía, para el conjunto de la humanidad, las responsables de la reproducción social. Las responsables del cuidado. Somos las que, en la empatía social que hemos desarrollado desde tiempos inmemoriales —si no, esta humanidad no sería—, llevamos a los niños bajo la nieve, la lluvia o el calor. Los amamantamos y los hacemos crecer, desde esa empatía que hemos construido. Hay una huella empática de las mujeres que ha permitido que la humanidad se reproduzca. A pesar de la beligerancia masculina, de las guerras y de las muertes. Hemos seguido teniendo hijos, cuidando la humanidad. Pero no solo queremos eso, queremos que esto sea compartido. No queremos que nos encierren en las casas para ser las cuidadoras y las reproductoras de la humanidad. No. Queremos igualdad de derechos y oportunidades, queremos trabajar de periodistas, de arquitectas, de profesoras.

Ana Falú (izquierda) durante un debate en la Cumbre Mundial de Líderes Locales y Regionales en Durban, Sudáfrica, este noviembre.CGLU

P. ¿De qué más se ocupa la arquitectura feminista? ¿Qué hay del trasporte público en ciudades pensadas para el tránsito de los automóviles?

R. Repiensa los espacios; la ciudad, sus equipamientos, sus servicios. Los medios de transporte deben estar pensados en clave de colectivos. No individual. No el coche que va.... Si vos te parás en cualquier ciudad nuestra, vas a ver un mar de coches y quien lo conduce, mayormente, es un señor. Mayoría hombres y mayoría una sola persona. Las mujeres van en el transporte público porque las mujeres, esa mayoría de mujeres pobres de nuestra América Latina, cuando hay en la casa una bicicleta o una moto o lo que fuera, la usan los hombres, no las mujeres. Entonces, pensar la ciudad desde ahí. Pensar en las vidas de las personas. Poner las personas al centro de la planificación del urbanismo. Pensar en sus necesidades, en sus demandas.

P. Durante la pandemia se cuestionó la proximidad de las personas, hecho que provocaba un contagio más rápido del virus. ¿Qué opina de ese argumento?

R. Hablamos de compactar la ciudad, que no tiene nada que ver con lo que cuestiona la pandemia. No es la densidad lo que ha provocado más muertes: es el hacinamiento, es la pobreza. Hay que distinguir. Tenemos que pensar en clave de proximidad, porque a una mujer que tiene niños o que tiene viejos a su cargo, porque no les hace falta ser madre a las mujeres para cuidar, siempre cuidamos a alguien: la tía, el tío, el vecino, el papá, la verdad. Somos mujeres cuidadoras, seguimos siéndolo. La pandemia lo ha puesto en evidencia. Entonces, cómo hacemos más amigable la ciudad, el barrio. Hay que trabajar el barrio, la cercanía del lugar de cuidado, de abastecimiento, la parada del transporte público, la plaza equipada en función de niñas y niños, de viejos y jóvenes. Iluminada. El trabajo colectivo. El vecindario activo. Cuando vos tenés un vecindario activo, vitalidad en el espacio público y viene un rapero y la gente se junta, hay seguridad. Ahora, cuando el espacio está con maleza, oscuro, nadie va porque tiene miedo. Es el círculo vicioso de mayor miedo, mayor encierro, mayor degradación del espacio público.

¿Cómo se puede cambiar desde los márgenes? @ana_falu es referente en el campo de la planificación urbana y las políticas habitacionales desde una perspectiva de género y pionera en estos ámbitos a nivel internacional.

⏯ Estas son algunas reflexiones: pic.twitter.com/cVpUoqO2w8— Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (@bienal_biau) September 21, 2022

P. ¿Qué pasó con en los espacios privados durante la pandemia? Sobre todo el de las mujeres de América Latina.

R. La vivienda, ese refugio, no existió para la mayoría de los habitantes de nuestra América Latina, que durante la pandemia fueron lugares de hacinamiento, con escasez o falta de agua. Si hubo un grupo afectado por la mala política habitacional de los Estados en nuestra región fueron las mujeres, porque las llevaron a los confines o más allá de los confines. Distancias que les robaron el tiempo, ese bien que es tan escaso en la vida de las mujeres, que restringieron sus capacidades para trabajar, para generar ingresos, para estudiar, y que las redujeron a la esencialismo biológico del patriarcado: a las tareas de reproducción y de cuidado. El extractivismo urbano que empuja a la mayoría de las pobrezas afuera y que son a esas mujeres que tienen más del doble de hijos que las más ricas que están a cargo como únicas responsables de sus descendientes. Las que no llegan a los créditos. Las que sufren violencia. Las que carecieron de conectividad durante la pandemia. Entonces mucho hemos avanzado, pero hay una gran deuda social con las mujeres. Hay que repensar en la vivienda como el lugar del cuidado, de cobijo, del trabajo. Allí donde la mujer escasamente tiene un rincón propio. Dar valor a las acciones que parecen menores, pero que son importantes para esa calidad de vida cotidiana.

P. La gentrificación es otro gran problema, que desplaza a las personas a la periferia. Cada vez más y más. Para llegar a la Ciudad de México, por ejemplo, hay gente se tiene que desplazar dos horas o más para llegar a sus actividades diarias.

R. Santa Fe es un gran problema en Ciudad de México. Yo creo que hubo una política del Estado de sembrar viviendas en las afueras de la ciudad. Extender la ciudad y construir viviendas individuales. No pensaron en colectivo. Pensaron en casitas sembradas, lo que afectó a la vida de las mujeres. Fijate vos que la escuela, no sé aquí, pero en Argentina, son cuatro horas. ¿Qué puede hacer una mujer en cuatro horas que está el niño o la niña en la escuela? Si tiene dos horas para desplazarse a los lugares de trabajo, a los lugares de estudio, a los lugares de recreación. ¿Qué pueden hacer? Quedan encerradas, encerradas en la lejanía. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Le ponemos una bomba a esos barrios? O repensamos esos barrios, los densificamos, creamos nuevas centralidades, llevamos polos de trabajo, generamos servicios, los revitalizamos. Yo creo que tenemos que pensar juntos, todos. Y, quizá, a algunos va a haber que implosionarlos. O darles otro sentido. Hacerlos colonias de vacaciones. Porque digo, ¿por qué razón esta perversión del urbanismo, de la política habitacional que lleva a la gente a las lejanías habiendo tanto vacío urbano? ¿Saben por qué? Por el extractivismo que levanta el valor del suelo urbano. El suelo urbano es central para cualquier política de inclusión. Hay tanto vacío urbano donde se podrían hacer edificios colectivos, cooperativos, que no tengan la propiedad del edificio, que sea una cesión de uso, que sea del Estado. Y esto hay muchos ejemplos en el norte de Europa, en los momentos del buen estado de bienestar.

P. ¿Cómo puede aportar la arquitectura y el urbanismo a las mujeres y a las personas que habitan al margen?

R. La arquitectura no puede resolver todo, ni el urbanismo, pero pueden aportar en incluir las voces de las mujeres en su diversidad; de los grupos LGTB+; de los migrantes, de las etnias; de las distintas edades. Las voces de los sujetos omitidos; la dimensión de lo cotidiano. La proximidad como un atributo urbano central. Poner en valor los servicios, los equipamientos. Lo colectivo por sobre lo individual. La microfísica del espacio. Lo que promueve la vida colectiva, la seguridad que se consigue con espacios vitales, iluminados, equipados, que demanden un poco mantenimiento por sobre la ciudad hostil de los pinchos para que los que viven en la calle no puedan sentarse. Hay que poner en valor la vida cotidiana; los bienes comunes, esos bienes que son tan escasos y cada vez menos comunes. Repensemos la arquitectura y el urbanismo en clave de inclusión social y de inclusión de género.

Fuente: El País México

septiembre 23, 2022

Trata de personas: no seamos cómplices. Este 23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, suena una alerta para reafirmar la lucha contra este flagelo


Ilustración: Fidel Sclavo

Quince veces por día. Es el promedio de violaciones que sufre una niña o un niño sometido a trata para explotación sexual (incluyendo a bebés). “Ante las atrocidades, tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”, afirmaba Eliézer Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración nazis. La trata es esclavitud, una de las atrocidades más grandes que sigue existiendo en nuestra sociedad, en todos los países, muy cerca de todos nosotros.

La pandemia acentuó la vulnerabilidad de millones de personas y aumentó el flujo de migrantes en Latinoamérica hacia EEUU, una puerta abierta para los tratantes, que operan mediante engaños, amparados en la corrupción y los intereses empresariales, gubernamentales y comerciales. La trata comercia personas; capta, quebranta y explota a hombres, mujeres, bebés, niñas, niños, adolescentes, discapacitados, LGTB, migrantes, indocumentados, estudiantes universitarios y secundarios, mamás solteras.

Esta esclavitud actual tiene muchas modalidades: explotación sexual, laboral, sicariato obligado, turismo sexual, mendicidad forzada, matrimonios forzados, producción de bebés para venta, mulas de droga, extracción de órganos, niños soldado, producción de pornografía infantil… Sí, muchas de estas formas se dan en Argentina, en todas las provincias.

Si bien la trata es un fenómeno subrepresentado estadísticamente (por las dificultades que suponen la investigación y la denuncia), existen cifras brindadas por organismos oficiales de investigación, organismos religiosos, periodismo especializado, ONGs, la OIM, la OIT, UNDOC y más.

Así, sabemos que hay unos 45 millones de personas esclavas hoy en el mundo (las cifras difieren según las fuentes); que reporta ganancias por más de 150 mil millones de dólares anuales en el mundo (igualando casi al narcotráfico); la captación de víctimas a través de redes sociales explotó en pandemia: en Perú, esta vía aparece en el 80% de los casos investigados; en Argentina, creció el grooming (por donde también se captan víctimas de trata) un 80%; en México, un 117%. Uno de cada 3 esclavos son niños y adolescentes (más de 10 millones en el mundo), y en Latinoamérica, casi 9 de cada 10 de esos menores son niñas destinadas a trata sexual, muchas vendidas por su propia familia.

Los migrantes son población en alto riesgo. En Argentina, los someten en talleres textiles clandestinos, venta callejera, prostitución forzada, explotación en campos o en supermercados. En México, durante la pandemia, aumentó 8 veces el número de niños migrantes viajando solos a través del país rumbo a EEUU: mercancía a mano de tratantes y traficantes.

Ciertamente, nuestro país hace esfuerzos importantes en investigación judicial, persecución del delito, leyes de atención y reparación integral de las víctimas. Pero también, hay lugares donde el Estado opera como proxeneta al habilitar zonas rojas, permitiendo la explotación de mujeres a cielo abierto.

En el caso actual de Mar del Plata y su zona roja por decreto, trabajaron en este tema, llamativamente, las áreas de Desarrollo Social y de Seguridad. Queda claro que no atendieron a que el 74% de las víctimas de trata rescatadas en el país y en Latam fueron sacadas de lugares donde se ejercía la prostitución. Ni desarrollo ni seguridad.

Este 23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, reafirmamos la lucha contra la trata. Un día que hace referencia a la sanción de la primera ley contra la trata que existió en el mundo: la Ley Palacios de 1913, en Argentina. Más de un siglo después, la esclavitud sigue.

Hay mucho por hacer. Hay mucho dolor. Hay mucha impunidad.

El compromiso llama a todos. Denunciemos situaciones sospechosas al número antitrata 145. Exijamos la existencia real de refugios para víctimas de trata, la aplicación efectiva de leyes de reparación, la implementación de protocolos de protección de niños en empresas turísticas, la derogación de ordenanzas que habiliten la prostitución. Impulsemos acciones de prevención.

Rescatemos la conciencia personal ante todo esto. No podemos ser cómplices. Optar por la ignorancia y el silencio es complicidad.

Verónica Toller es Directora del Observatorio de la Vulnerabilidad, de la Universidad Austral - Periodista especializada en trata de personas.

XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe Buenos Aires, 7 al 11 de noviembre de 2022

Se trata de uno de los acuerdos de la Sexagésima Primera Reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, organizada por la CEPAL en coordinación con ONU Mujeres.




“La sociedad del cuidado: horizonte para una recuperación sostenible con igualdad de género” será el tema principal de la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe que se realizará en el último trimestre de 2022 en Argentina, según acordaron hoy las Ministras y altas autoridades de los mecanismos para el adelanto de las mujeres que participaron en una reunión virtual de dos días organizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en coordinación con la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres).

Durante la Sexagésima Primera Reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, las autoridades aprobaron también una hoja de ruta hacia la próxima Conferencia, que incluye sesiones subregionales, reuniones con especialistas y un amplio proceso participativo.

En los acuerdos de la cita, las delegadas se comprometieron a “impulsar planes de recuperación con acciones afirmativas que promuevan sistemas integrales de cuidado, el trabajo decente y la plena y efectiva participación de las mujeres en sectores estratégicos de la economía para una recuperación transformadora con igualdad de género orientada a la sostenibilidad de la vida y para transitar hacia la sociedad del cuidado”.

También reiteraron su llamado a que las políticas de respuesta y recuperación ante la pandemia de COVID-19 incorporen una perspectiva de género e incluyan la participación de todas las mujeres y niñas en su diseño y ejecución, considerando la interseccionalidad y las múltiples formas de discriminación, y reafirmaron su compromiso de tomar todas las medidas necesarias para acelerar la efectiva implementación de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing y de la Agenda Regional de Género.

En la sesión de clausura del encuentro intervinieron, en representación de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Ana Güezmes García, Directora de la División de Asuntos de Género del organismo regional; María-Noel Vaeza, Directora Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres; y Mónica Zalaquett, Ministra de la Mujer y la Equidad de Género de Chile, en su calidad de Presidenta de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe.

Ana Güezmes reafirmó la importancia de transitar hacia una sociedad del cuidado para una recuperación transformadora, sostenible y con igualdad de género en América Latina y el Caribe. “El cuidado es un bien público, es imprescindible para la vida, no puede estar solo resuelto en el ámbito familiar ni en los hogares. Debemos enfrentarlo desde la perspectiva de la corresponsabilidad. Estamos ante la oportunidad de construir ese futuro inspirador para todas las mujeres, las jóvenes, las adolescentes y las niñas. Es urgente redistribuir los tiempos, los recursos y el poder para transitar hacia un nuevo estilo de desarrollo basado en la igualdad de género y la sostenibilidad”, apuntó.

La representante de la CEPAL destacó, asimismo, el rol clave que juegan los ministerios de la Mujer y los mecanismos para el adelanto de las mujeres para transversalizar la perspectiva de género en todas las medidas de respuesta a la pandemia y para impulsar acciones afirmativas que permitan evitar, por ejemplo, 13 años de rezago en participación laboral de las mujeres, como se observa en la actualidad producto de la crisis del COVID-19.

Por su parte, María-Noel Vaeza enfatizó que “lo que estamos haciendo es único en el mundo; no hay otra región que tenga una Conferencia Regional sobre la Mujer con un trabajo sostenido de más de 40 años abogando por la igualdad de género. Por ende, nuestras voces se escuchan mucho más fuerte” en los distintos foros globales, como la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. La representante de ONU Mujeres sostuvo durante el encuentro que “la centralidad de los cuidados va a generar sociedades más igualitarias” y que los sistemas integrales de cuidados serán el motor de la recuperación socioeconómica en la región tras la pandemia.

“No podemos dejar pasar esta ventana de oportunidad para transitar hacia una sociedad de los cuidados desde una perspectiva feminista y de derechos humanos. Hemos logrado posicionar el tema en la agenda: la crisis por COVID sacó a la luz la absoluta imprescindibilidad de las labores de cuidados para la sostenibilidad de la vida”, planteó, a su vez, la Ministra Mónica Zalaquett, quien agradeció el apoyo transversal a la Alianza Regional para la Digitalización de las Mujeres en América Latina y el Caribe, liderada por Chile, con el apoyo técnico de la CEPAL y ONU Mujeres, y reiteró su llamado a los gobiernos a participar activamente en esta iniciativa.

Previamente, Elizabeth Gómez Alcorta, Ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Argentina, señaló que “me enorgullece que nuestro país sea el Estado anfitrión de la próxima Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe”, la cual describió como “un foro privilegiado para construir compromisos en materia de igualdad de género y de protección de derechos de mujeres y de LGTBIQ+ en nuestra región”. Gómez Alcorta celebró la elección del tema de la próxima Conferencia y expresó su compromiso de trabajar por construir una agenda sólida, con compromisos contundentes, que se traduzcan en políticas públicas concretas. “Nos encontramos ante la oportunidad histórica de colocar los cuidados en el centro de la agenda política, para crear, convencidas, una verdadera sociedad del cuidado”, subrayó.

Durante la reunión, las autoridades saludaron la declaración internacional sobre la importancia del cuidado en el ámbito de los derechos humanos presentada conjuntamente por Argentina y México y copatrocinada por 50 países en el 48° período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

También celebraron la creación de la Alianza Global por los Cuidados, lanzada por México con el apoyo de ONU Mujeres durante el Foro Generación Igualdad, celebrado en Ciudad de México en marzo y en París en julio, como un espacio cocreativo de múltiples actores para intercambiar experiencias y buenas prácticas con el fin de avanzar en la agenda del derecho al cuidado a nivel mundial.

Finalmente, las ministras destacaron el lanzamiento del primer llamado del Fondo Regional de Apoyo a Organizaciones y Movimientos de Mujeres y Feministas, y alentaron a los Gobiernos de América Latina y el Caribe, así como de otros países, a los organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas y a otros actores relevantes a que aporten recursos financieros para su sostenibilidad.

En la reunión participaron delegadas de 36 Estados miembros y asociados de la CEPAL, 10 representantes de agencias, fondos y programas de las Naciones Unidas, 6 de organismos especializados y 15 organismos intergubernamentales. A ellos se sumaron 217 miembros de la sociedad civil, 12 de la academia y 55 participantes de otros sectores.


Fuente: Cepal

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in