julio 02, 2022

‘¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?’, de #KatrineMarçal

  • El padre de la ciencia económica se olvidó de toda la esfera de los cuidados a la hora de construir su teoría
  • La autora defiende que las mujeres han trabajado siempre, lo que ocurre es que en las últimas décadas han cambiado de trabajo
¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía
Katrine Marçal, DebateBarcelona2016

"Dicen que Ginger Rogers era capaz de hacer lo mismo que Fred Astaire, con la particularidad de que lo hacía hacia atrás y con tacones altos". Es una de las metáforas del libro de Marçal que acaba de ser publicado en castellano. Un libro atractivo, desde el título hasta las notas a pie de página. Un libro que tiene la particularidad, tan difícil de conseguir, de que puede leerse (y disfrutarse) indistintamente por alguien que quiera comenzar el estudio de la economía feminista, por una persona experta en la materia o por cualquier persona curiosa que quiera tener una mirada fresca sobre la actualidad y el mundo que nos rodea.

Marçal nos presenta al hombre económico, un clásico en la economía feminista, con todos los detalles posibles, desde su nacimiento hasta su madurez y, como si no hubiesen pasado los años por él, nos asegura que "ha tomado las riendas". Tras la crisis de 2008, el homo economicus, no se ha ido, todo lo contrario, se ha hecho fuerte, ha ganado autoridad y poder y amenaza con cerrar todas las salidas a la crisis de los cuidados que las sociedades actuales tienen encima y a la que no consiguen dar solución.

La autora, periodista sueca afincada en Londres desde donde trabaja como jefa de opinión de Aftonbladet, periódico relevante donde escribe sobre política, economía y feminismo, se remonta al comienzo de las teorías de Adam Smith y las va rebatiendo, una a una, con inteligencia e ironía. Así, explica que mientras Smith teorizaba sobre "la riqueza de las naciones" y convencía a la sociedad del momento de que el libre mercado era la mejor manera de crear una economía eficaz; mientras aseguraba que "la mano invisible" que mueve el mercado es el interés propio e introducía ideas revolucionarias y radicales acerca de la libertad y la autonomía; mientras escribía "No de la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero, sino de sus miras al interés propio, es de quien esperamos y debemos esperar nuestro alimento", Smith, estaba pasando por alto un "pequeño detalle": las mujeres. Es decir, el padre de la ciencia económica construyó sus teorías, no solo con ceguera de género, sino contando un relato absolutamente falso sobre la realidad que vivía todos los días.

Detalla Marçal que Smith nunca se casó, que vivió la mayor parte de su vida con su madre que era quien se encargaba de la casa y que incluso le siguió cuando él tuvo un traslado de residencia por motivos laborales. La madre de Smith, que se llamaba Margaret Douglas, dedicó toda su vida a cuidar de su hijo independientemente de donde él se estableciera. Es decir, Smith se olvidó de que si tenía la cena todos los días en la mesa era gracias al trabajo de su madre. Smith, se olvidó de toda la esfera de los cuidados a la hora de construir su teoría económica.

Ese pequeño olvido ha supuesto la exclusión del cuidado del área económica, un trabajo que Smith mantuvo invisible y que continúa sin ser ni valorado ni remunerado y que sin embargo, es lo que hace posible que el mundo funcione.

Marçal destaca tres ideas fundamentales en su libro. La primera, que las mujeres han trabajado siempre, lo que ocurre es que en las últimas décadas han cambiado de trabajo. Han pasado de trabajar en el hogar a ocupar puestos en el mercado laboral, comenzando a recibir una remuneración por su esfuerzo. Esto supone un cambio social y económico enorme: la mitad de la población ha trasladado el grueso de su actividad de la esfera doméstica al mercado. Hemos saltado de un sistema económico a otro sin darnos realmente cuenta del salto.

En segundo lugar, la autora destaca que si queremos conseguir una vida sostenible, tenemos que acabar con el hombre económico, ese personaje ficticio, descrito por la economía como un ser humano que, como si en realidad fuera una seta, surge de la tierra sin necesidad de nadie, sin cuidar a nadie ni ser cuidado. Para conseguir una vida sostenible debemos urgentemente cambiar de paradigma y tener en cuenta que el ser humano nace de una mujer, necesita cuidados y atención durante los primeros años de su vida y después, a lo largo de toda su existencia, tiene necesidades básicas (higiene, alimentación...) que ha de satisfacer y para las que tiene que emplear tiempo, energías y conocimiento. Y por si todo esto fuese poco, a lo largo de toda la vida, las enfermedades, los accidentes, las distintas limitaciones propias de la existencia en cualquier persona hacen que realmente, el ser humano tenga necesidades de cuidar y ser cuidado desde que nace hasta que fallece.

Por último, la tercera idea relevante que plantea Marçal es lo que ella misma denomina "el secreto mejor guardado del feminismo", a saber: "Lo relevante que un enfoque feminista resulta a la hora de buscar una solución a nuestros principales problemas económicos convencionales. El enfoque feminista afecta a todos los aspectos, desde el problema de la desigualdad al del crecimiento de la población, desde el debate acerca de las prestaciones sociales a la cuestión medioambiental y a la escasez de cuidadoras a la que pronto habrán de enfrentarse nuestras envejecidas sociedades". En una sola frase, el feminismo, como solución a los problemas más graves que enfrenta nuestra sociedad. Saber quién le hacía la cena a Adam Smith es un conocimiento imprescindible para acabar con la desigualdad.

Nuria Varela es periodista y escritora. 
Fuente: Infolibre

Mujeres y abuso de poder: las tareas invisibles que alimentan la vida


En sitios como Intag, en la sierra norte del Ecuador, las mujeres que dedican la mayoría de su tierra a la alimentación del hogar, tienden a preservar y a reproducir las semillas locales. Para ellas, las semillas son más que un insumo. Tanto es así, que mantienen relaciones afectivas con las semillas (Fuentes Flores, Morán Salazar y Hill, 2013).

Esta relación entre las semillas y las mujeres prevalece independientemente del tamaño de las unidades de producción y la falta de incentivos para conservarlas (Altamirano, Aguinaga y de la Torre, 2013). El trabajo agropecuario se precariza cada vez más por la escasa disponibilidad de tierra, por la dificultad de acceso a riego y a fuentes de fertilización del suelo.

Sin embargo, el trabajo agropecuario de las mujeres rurales logra combinar la alimentación de la familia y la generación de recursos económicos (Fuentes Flores, Morán Salazar y Hill, 2013). Así lo evidencian los datos de la Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua (ESPAC) del 2020, en los cuales se evidencia que los 40 cultivos producidos por la fuerza de trabajo femenino no remunerado combina: alimentos frescos, cultivos de cadenas de valor y cultivos para la exportación (ver Figura 1).

Pero, ¿por qué centrarnos en las mujeres no remuneradas? En primera instancia, la misma ESPAC ofrece una respuesta. El trabajo de 658 mil mujeres, de un total de 768 mil trabajadoras agropecuarias, no es remunerado. Es decir, el 85.7% de las mujeres que realizan actividades agropecuarias no reciben una remuneración por sus actividades productivas. Esta realidad no es producto de la pandemia sino representa un entramado estructural (ver Tabla 1).

En este punto cabe preguntarnos: ¿el empleo de las mujeres rurales tiene como principales características la falta de remuneración y la actividad agropecuaria? Podemos encontrar una posible respuesta a través de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU). Es relevante aclarar que, en ciertas ocasiones, los valores que reportan las estadísticas oficiales pueden esconder el verdadero número de mujeres trabajando en tareas agropecuarias, debido a que estas actividades son consideradas como parte de las tareas del mantenimiento del hogar (Deere, 2005).

La ENEMDU señala que, para diciembre de 2021, más de 2,83 millones de mujeres habitaban en zonas rurales. De ellas, poco más de 911 mil eran menores de 15 años (32,1%) (INEC 2022a). Bajo las métricas oficiales, más de 1,92 millones de mujeres se encuentran en edad para trabajar. Sin embargo, ¿cuántas mujeres logran acceder a un empleo?(3) Entre el 2016 y el 2021, la tasa de mujeres(4) con empleo nunca superó el 63,3% (2019), la llegada de la pandemia redujo esta tasa a 60,6% (2021) (INEC 2018b, 2022b).

Si 6 de cada 10 mujeres rurales indican tener un empleo, ¿a qué tipo de empleo acceden? Las cifras no son precisamente alentadoras, pues 1 de cada 3 mujeres tiene un empleo no remunerado (ver Figura 2). Si bien la cifra puede parecer que se reduce tras la pandemia, el aumento de personas con empleo no se dio en el empleo adecuado pues su tasa pasó de 11,6% en 2019 a 10,9% en 2021 (INEC 2022b).

Como primer paso, evidenciamos que el empleo no remunerado tiene un gran peso en las mujeres rurales. Ahora nos queda resolver la incógnita sobre el peso de las actividades agropecuarias. Según la ENEMDU, previo al confinamiento por la pandemia de la COVID-19, el 69,8% de mujeres reportaron tener un empleo en la rama de agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (INEC 2020a).

Esta cifra se incrementó para diciembre de 2021: más del 73% reportó ubicarse en esta rama (INEC 2022a). Este argumento se dio como resultado de los rezagos de la pandemia, pues las ramas con mayor deserción durante los dos años fueron: servicio doméstico, actividades de alojamiento, y servicios de comida, industria manufacturera (INEC 2020a, 2022a).

Con estas estadísticas se puede ver que, tanto los empleos no remunerados, como los empleos asociados a la actividad agropecuaria, caracterizan el acceso a empleo de las mujeres rurales. Siendo así, hay que resaltar que la actividad en las unidades de producción agropecuaria está rodeada de un sinnúmero de tareas remuneradas y no remuneradas sin las cuales no se pueden sostener los hogares ni tampoco el sistema de producción actual (Fuentes Flores, Morán Salazar, Hill, 2013; Altamirano, Aguinaga, de la Torre, 2013; Recalde, 2020; Santillana Ortiz, 2021).

Según Altamirano et al. (2013), esta sobrecarga de labores surge como resultado de la división sexual del trabajo, la cual rige cómo se distribuye el tiempo de las mujeres. De hecho, la combinación de las tareas de cuidado y las tareas productivas empuja a las mujeres a empleos a medio tiempo, en los que por lo general enfrentan condiciones precarias sin acceso a seguridad social (Pillajo, 2013; Peñaherrera, Acurio y Trávez Cantuña, 2021). Además, a decir de Valdés Subercaseaux (2015), la participación de las mujeres rurales en las cadenas productivas y de agro exportación debilita el tejido social que puedan tener, lo cual restringe las posibilidades de organizarse ante las condiciones precarias de estos empleos.

Por otra parte, hay que resaltar que las mujeres están comprometidas con la supervivencia de lo comunitario (Peñaherrera, Acurio y Trávez Cantuña, 2021). Un ejemplo se dio con la llegada de la pandemia, la cual incrementó aún más la amplia carga de labores de las mujeres en el campo ecuatoriano. Así, la pandemia fue enfrentada no sólo con el incremento de la producción agropecuaria para su propia alimentación, sino también a través del tejido de redes de solidaridad que ayudó a la movilización de los alimentos entre comunidades y familias (Valencia Castro, Artacker y Santillana Ortiz, 2020).
A manera de cierre

En su mayoría, la participación de las mujeres rurales en la actividad agropecuaria no tiene una remuneración económica. Peor aún, en algunos casos, el trabajo femenino tampoco es reconocido como necesario para la reproducción de la vida. Basta enlistar los 7 productos cultivados en manos de mujeres (cacao, papa, maíz suave seco, plátano, maíz suave choclo y habas) para observar esta dualidad en el uso de la superficie, tanto para la alimentación como para la generación de recursos económicos.

Adicionalmente, el rol femenino en la conservación de las semillas garantiza la preservación de nuestra memoria colectiva, nuestra identidad y nuestro patrimonio agrobiodiverso. El tiempo dirá hasta cuándo las estrategias de resiliencia de las mujeres pueden seguir adaptándose a este sistema que, al tiempo que las oprime e invisibiliza, también pone en riesgo la Soberanía Alimentaria del país.

David Singaña
Fuente: https://ocaru.org.ec/

Notas

*Sobre el AUTOR: David Singaña Tapia es un investigador asociado al IEE-OCARU, Economista por la Es- cuela Politécnica Nacional, con estudios de posgrado en Desarrollo Territorial Rural por FLACSO Ecuador.

1. A manera de aclaración: sé que las mujeres no requieren que alguien más hable por ellas y tampoco pretendo hacerlo en este boletín, esta tarea es propia de los trabajos que se citan a lo largo del documento. Soy consciente de las limitaciones que puedo tener al analizar el trabajo no remunerado de las mujeres rurales desde mi posición y habrá otras tantas limitaciones de las que aún no soy consciente. No obstante, este boletín busca dotar de información a sus lectorxs para generar reflexiones sobre el debate de la precarización laboral de las mujeres rurales.

2. El total para los años 2017 y 2016 incluye a las zonas no deli- mitadas consideradas para esos años, y se excluyen esos valo- res a nivel de cada región natural.

3. El empleo podía ser: empleo adecuado, subempleo, empleo no remunerado, otro empleo no pleno, empleo no clasificado.

4. A partir de ahora, cuando se habla de mujeres nos re- ferimos a mujeres mayores de 15 años según los paráme- tros de la ENEMDU.

5. Los datos de 2016 a 2018 corresponden a datos mensuales de junio de cada año.

6. Los datos de 2019 y 2021 responden a la ENEMDU acumulada de cada año.

7. Se excluyen del análisis los datos de 2020 debido al cambio metodológico en el levantamiento de la información.



Referencias

Altamirano, María Isabel, Margarita Aguinaga, y Tanya de la Torre. 2013. “Soberanía ali- mentaria, trabajo y soberanía del cuerpo.” En Soberanía Alimentaria y Mujeres, 45-64. Quito: Instituto de Estudios Ecuatorianos.

Deere, Carmen. 2005. The feminization of agriculture? Economic restructuring in rural Latin America. En UNRISD Occasio- nal Paper No. 1. Geneva: United Nations Research Institute for Social Development (UNRISD).

Fuentes Flores, Magadalena, Carmelina Morán Salazar, y Dana Hill. 2013. “Las mujeres y su relación con la tierra en Cotacachi.” En Soberanía Alimentaria y Mujeres, 11-44. Quito: Instituto de Estudios Ecuatorianos.

INEC. 2017. Índice de Publicación ESPAC 2016. En Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua, editado por Insti- tuto Nacional de Estadística y Censos. Quito.

INEC. 2018a. Índice de Publicación ESPAC 2017. En Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua, editado por Instituto Nacional de Estadística y Censos. Quito.

INEC. 2018b. Tabulados Marco Oficial ENEM- DU 2018. Quito: Instituto Nacional de Estadística y Censos.

INEC. 2019. Tabulados ESPAC 2018. En Encues- ta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua, editado por Instituto Nacional de Estadística y Censos. Quito.

INEC. 2020a. Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo | Diciembre 2019. editado por Instituto Nacional de Estadís- tica y Censos. Quito.

INEC. 2020b. Tabulados ESPAC 2019. En En- cuesta de Superficie y Producción Agrope- cuaria Continua, editado por Instituto Na- cional de Estadística y Censos. Quito.

INEC. 2021a. Encuesta de Superficie y Produc- ción Agropecuaria Continua (ESPAC) 2020. editado por INEC. Quito.

INEC. 2021b. Tabulados ESPAC 2020. En En- cuesta de Superficie y Producción Agrope- cuaria Continua, editado por Instituto Na- cional de Estadística y Censos. Quito.

INEC. 2022a. Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo | Diciembre 2021. editado por Instituto Nacional de Estadís- tica y Censos. Quito.

INEC. 2022b. Tabulados – Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo acu- mulada | Indicadores de mercado laboral, 2019 – 2021. Quito: Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Peñaherrera Acurio, Sandra, y Johana Trávez Cantuña. 2021. “Las mujeres rurales y su aporte al desarrollo comunitario de Coto- paxi.” En Economía para cambiarlo todo. Feminismos, trabajo y vida digna, editado por Alejandra Santillana Ortiz, Karla Vizue- te, Paula Serrano y Nora Fernández Mora, 173-186. Quito: Friedrich-Ebert-Stiftung Ecuador FES-ILDIS, Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Pillajo, Amparo. 2013. “Nuestra economía, nuestra autonomía, nuestro trabajo y so- lidaridad para la vida.” En Soberanía Ali- mentaria y Mujeres, 75-94. Quito: Instituto de Estudios Ecuatorianos.

Recalde, Valeria. 2020. Relaciones de género en el campo y la economía del cuidado. coor- dinado por Stalin Herrera y Belén Valencia. Quito: Instituto de Estudios Ecuatorianos.

Santillana Ortiz, Alejandra. 2021. Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras. En Ni Cabida, conducido por Ivana Szerman. Buenos Aires: Nacional Podcasts. Dispo- nible en: https://open.spotify.com/episode/5UPObMP0CVCsBsTrlNxZH3?si=-c4733933ed324f06

Valdés Subercaseaux, Ximena. 2015. “Femini- zación del empleo y trabajo precario en las agriculturas latinoamericanas globaliza- das.” Cuadernos de Antropología Social 41 (41).

Valencia Castro, Belén, Tamara Artacker, y Ale- jandra Santillana Ortiz. 2020. En el centro la vida: Mujeres Rurales tejiendo cuidado y movilización. En Cuadernos de reflexión, editado por Instituto de Estudios Ecuato- rianos. Quito.


julio 01, 2022

«Intimidad», la serie que visibiliza la violencia digital machista




En cuestión de segundos, la delgada línea que separa lo público de lo privado puede desvanecerse y la intimidad se convierte en un debate público. Así lo refleja la nueva y exitosa serie, «Intimidad» (Netflix), que «remueve conciencias» acerca de la violencia digital machista a través de la historia de varias mujeres que la sufren y la sororidad que hay entre ellas. Mujeres que «se entienden y se escuchan», aunque cada una lo gestiona a su manera.

Esta serie, de ocho capítulos, muestra una forma de violencia muy presente en la sociedad, que mantiene una tendencia creciente y afecta especialmente a las mujeres, quienes representan 86% de las víctimas de acoso sexual por cibercriminalidad según las últimas cifras, publicadas por el Ministerio del Interior en 2019.

«Siempre se ha vulnerado el derecho a la intimidad, pero con internet no hay manera de controlarlo y de encauzarlo, así que lo único que nos queda es contar la historia, denunciar y apelar un poco al respeto, que es a lo que se falta», ha comentado Itziar Ituño, protagonista de la serie, en una entrevista con Efe.

Acompañando a Ituño se encuentran, Verónica Echegui, Emma Suárez, Patricia López Arnaiz, Ana Wagener y Yune Nogueiras, rostros reconocidos de la ficción y las tablas españolas. Un elenco comprometido con este proyecto creado por Laura Sarmiento y Verónica Fernández, que aportan un enfoque feminista a una forma de violencia que puede llegar a ser absolutamente devastadora.
Reflejo de la realidad

La serie gira en torno a dos vídeos de contenido sexual publicados sin el permiso de sus protagonistas: uno pretende acabar con la meteórica carrera de Malen Zubiri (Itziar Ituño), vicealcaldesa de Bilbao, mientras que el otro responde a una venganza por parte de una expareja de Ane (Verónica Echegui).

Aunque la producción no está basada en hechos reales, es un fiel reflejo de la realidad. Resulta imposible no relacionar las tramas con casos reales como el de Olvido Hormigos, concejala socialista de Los Yébenes que fue víctima de la difusión de un vídeo íntimo, o el de Verónica, trabajadora de la compañía Iveco, de 32 años, que se suicidó tras la difusión de un vídeo sexual suyo en el centro donde trabajaba, dos hechos que han servido de inspiración a las protagonistas para preparar sus personajes.

Una temporada de ocho capítulos de cincuenta minutos en los que las tramas se entremezclan, reflejando las múltiples reacciones que este tipo de hechos puede provocar, así como las maneras de afrontarlo, tanto por parte de las víctimas como de sus allegados. Una producción que «transmite sororidad entre los personajes», que «se reconocen» y, «cuando se encuentran, conectan, porque han pasado por lugares comunes, han vivido ese tipo de abusos», tal y como ha explicado Emma Suárez, actriz que da vida a la protectora de Miren en el partido.

«Se entienden y se escuchan, aunque cada una lo gestione a su manera», ha añadido Ituño.

Nogueiras e Ituño están convencidas de que esta es una ficción «para remover conciencias, denunciar el tema y apelar al buen juicio para que cambien las cosas», poniendo sobre la mes que este tipo de agresiones existen, aunque «no se hable» de ellas. Por su parte, Emma Suárez considera que la serie muestra cómo se debe actuar en estas situaciones para ayudar a las victimas.

«Aporta información para que un hombre se posicione y sepa cómo actuar a alguien que está viviendo esa situación», ha añadido la actriz
La «intimidad», en juego

La crónica española cuenta con una lista considerable de afectadas por esta forma de violencia digital. El caso más sonado es el de Olvido Hormigos, exconcejala socialista de Los Yébenes (Toledo) que dimitió de su cargo tras la filtración de un vídeo sexual.

Ocurrió en 2012, cuando una expareja de la edil difundió entre sus contactos un vídeo que ella le había enviado. El clip se hizo viral y Hormigos le denunció tanto a él como al alcalde de la localidad, pero el caso terminó archivado poco después: la ley entendía que, para que existiese delito, el vídeo tenía que haberse sustraído, y en ese caso era ella quien lo había mandado. No se consideró que hubiera delito ni contra la intimidad ni contra la integridad moral de la mujer, que quedó «traumatizada» y llegó a «plantearse el suicidio», según ha reconocido en posteriores entrevistas.

Poco después de su caso, el Gobierno cambió el Código Penal español, que ahora recoge que «será castigado con una pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a doce meses el que, sin autorización de la persona afectada, difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales«. La responsabilidad del delito recae tanto en la primera persona que lo envía como en quienes lo difunden después, aunque es necesario que la persona agraviada denuncie, ya que la Fiscalía no puede actuar de oficio.


Por Myriam Canal Solar
Fuente: EFEminista

Las dos fotos de familia de la OTAN que confirman el orden patriarcal del poder

Cuatro mujeres y 27 hombres en el epicentro de la toma de decisiones frente a 17 mujeres y dos hombres en la comitiva de acompañantes, es la panorámica de las altas esferas de la política internacional.

Arriba, la 'foto de familia' de los dirigentes de la cumbre de la OTAN. Abajo, la imagen de sus acompañantes durante una de sus visitas de este miércoles. — Agencia EFE


"Si no se percibe que las mujeres están dentro de las estructuras del poder, ¿no es necesario redefinir el poder?". La pregunta se la hizo la feminista Mary Beard en su libro 'Mujeres y poder: Un manifiesto', publicado en 2018. La respuesta era inequívoca: sí. Y a juzgar por la panorámica que deja la celebración de la cumbre de la OTAN en Madrid, y las dos agendas paralelas de los dirigentes y sus acompañantes, parece seguir siéndolo. Mientras una más que abrumadora mayoría de hombres redefine la estrategia de la OTAN, sus acompañantes visitan parajes emblemáticos. Y 17 de 19 son mujeres, y falta en la imagen Brigitte Macron, la mujer del presidente francés, Emmanuel Macron.

Desde el lunes, cuando Jill Biden aterrizó en Madrid, la reina Letizia ejerce de anfitriona mientras el rey Felipe VI despachaba en Zarzuela. Una vez iniciada la cumbre este miércoles, es la reina quien lidera la comitiva de consortes. En la agenda de este miércoles: visita a La Granja de San Ildefonso (Segovia), al museo Reina Sofía y degustación de productos típicos.

En La Granja se hicieron una foto de familia. Los dos únicos hombres son Gauthier Destenay y Juraj Rizman. Destenay es el marido del primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, y Rizman acude como pareja de la presidenta de Eslovaquia, Zuzana Čaputová.

En el otro lado de la moneda, un poco antes se tomaba otra foto de familia, la de los asistentes a la cumbre de la OTAN en el recinto de IFEMA. Los protagonistas de la imagen arrancaban así dos jornadas de las que saldrá un nuevo "concepto estratégico" para la Alianza Atlántica. Una cita "histórica", definen, en la que el papel principal recae sobre 27 hombres y cuatro mujeres.

Ellas son Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca; Katrín Jakobsdóttir, primera ministra de Islandia; Kaja Kallas, primera ministra de Estonia; y Zuzana Čaputová, presidenta de Eslovaquia. Las dos últimas han sido las primeras mujeres en llegar a la presidencia de sus respectivos países y en el caso de las primeras ministras de Dinamarca e Islandia, las segundas.
Un reflejo de la sociedad

Esta realidad expuesta al mundo durante la cita histórica que los líderes internacionales se han dado Madrid es un reflejo del orden patriarcal que históricamente ha regulado los poderes políticos y económicos.

En este momento solo una veintena de mujeres ejercen como lideresas- ya sea como presidentas, primeras ministras o monarcas- en alguno de los 193 países de la ONU. 119 países nunca han sido presididos por mujeres. Al ritmo actual las Naciones Unidas calculan que la igualdad de género en las más altas esferas de decisión no se logrará en menos de 130 años.

La ONU también calcula que no se alcanzará la paridad de género en los cargos a nivel ministerial antes de 2077. En esto España se ha convertido en un ejemplo tras la última remodelación del Gobierno. Un 63,6% del Ejecutivo son mujeres, el que más presencia femenina tiene de Europa. Pero las puertas del poder están solo entreabiertas.

En España, según el INE, en el año 2021 el porcentaje de mujeres en el conjunto de consejos de administración de las empresas que forman parte del Ibex-35 ha sido del 30,7%. La cifra es escandalosamente baja si observamos cuántas de ellas forman parte de la cúpula: no llegan al 6%.

Concretamente, sólo cinco mujeres ocupan las más altas responsabilidades en alguna de las 35 empresas del Ibex. Son Ana Botín (presidenta de Banco Santander), María Dolores Dancausa (consejera delegada de Bankinter), Beatriz Corredor (presidenta de Red Eléctrica de España), Cristina Ruiz (consejera delegada de Indra) y Marta Ortega (futura presidenta de Inditex, a partir de abril de este año). Dos de ellas, Botín y Ortega, herederas de las empresas familiares.

Por Amanda García @AMANDAISAGARCI
Fuente: Público.es

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in