mayo 15, 2026

Li Cham: el documental que muestra cómo el EZLN impulsó la liberación de mujeres tzotziles de la violencia patriarcal

La cineasta Ana Ts’uyeb explicó a Infobae México que su película muestra las historias de tres mujeres de su familia en su camino por renacer en Chiapas


"Li Cham" se encuentra disponible en salas de cine de todo el país. Foto: Jesús Aviles / Infobae México

Desde muy pequeña, la cineasta Ana Ts’uyeb comenzó a cuestionar las prácticas normalizadas en su entorno, especialmente aquellas justificadas bajo los usos y costumbres en la comunidad tzotzil en la que nació en Chiapas, esto la llevó años más tarde a realizar su ópera primera “Li Cham” o traducida al español: Morir para renacer.

En poco más de una hora, este documental sumerge al espectador a la vida de tres mujeres de la selva chiapaneca que hablan sobre las violencias patriarcales que sufrieron gran parte de su vida, comenzando por sus sueños truncados por los padres que no les permitieron estudiar.

Las tres mujeres, que forman parte de la familia de la propia directora Ts’uyeb, hablan sobre las experiencias que vivieron y que les provocaron más de una muerte tanto a nivel emocional como ideológico, pero también muestran su renacer tras la llegada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desde los años noventa, el cual les permitió acceder a sus propios derechos.

“Este proyecto se volvió todo, porque es un sueño de mis ancestras también, pero es un sueño mío y es una posibilidad de seguir dando ese eco de voz donde no fueron escuchadas. Es una esperanza para otras generaciones de seguir construyendo o haciendo incidencia en distintos espacios donde no tuvimos otras generaciones, como mi mamá, como mi abuela, no tuvieron esta posibilidad”, expresó la directora.

La ópera prima de Ts’uyeb no solo es una historia íntima contada desde los propios ojos de una mujer indígena, también muestra la influencia del zapatismo en las comunidades de Chiapas y cómo esto permitió que muchas de ellas pudieran obtener tierras, cuestionar las violencias y formar parte de la política.

La directora explicó la ideología que llevó el zapatismo a Chiapas y que permitió que muchas mujeres comenzaran a liberarse de la violencia patriarcal. Crédito: Ale Huitron / Infobae México

Ana dijo que este movimiento vino a dejar semillas en las nuevas generaciones para cuestionar la manera en la que viven, sobre todo para las mujeres.

“El zapatismo es algo también muy abierto, donde, claro, sí tiene sus leyes muy rígidas y quien lo quiere respetar, asumir, pues está ahí. Pero tampoco se exige, tampoco se condiciona, sino que es un espacio, un movimiento con libertad de estar o no estar o continuar con esta ideología, pero de alguna forma ya dejaron las semillas en cada rincón del territorio chiapaneco. Y eso es lo que pasó. Acá sí hay una generación de mujeres que ya no las casan obligados o donde sí ya están muy conscientes de su derecho, y también ya deciden de su vida, de su cuerpo, lo que antes no sucedía”, explicó.

Ana Ts’uyeb explicó que su documental se hizo con dos objetivos distintos que implican tanto a la propia comunidad tzotzil como al público que se encuentra fuera de ella, esto con el objetivo de llevarlos a reflexionar y cuestionar no solo los roles de género, sino también a conocer la manera en que se vive en los pueblos originarios sin romantizar su contexto.

La directora explicó que con su documental busca que las personas cuestionen las violencias patriarcales, pero que también conozcan la vida de los pueblos originarios sin folkrorizarlos. Crédito: Ale Huitron / Infobae México

Li Cham ha sido reconocido con el premio Ojo a Mejor Largometraje Documental Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2024, así como a Mejor Documental de Cine de Autor en Guadalajara.

Fuente: Infobae

mayo 14, 2026

Las Ausentes, historias invisibilizadas de mujeres desaparecidas en Oaxaca

Las Ausentes, historias invisibilizadas de mujeres desaparecidas en Oaxaca  : r/Mexico_News

* Sus autoras Juana García y Diana Manzo relatan 8 casos de mujeres indígenas y afromexicanas

* Las invisibles para las instituciones del Estado

Soledad Jarquín Edgar/fotografía cortesía de Carolina Jiménez

SemMéxico, Oaxaca, 13 de mayo, 2026.- Las Ausentes, el libro que cuenta la historia de ocho mujeres indígenas y afromexicanas desaparecidas, de las periodistas Juana García y Diana Manzo, un libro que visibiliza historias pocas veces contadas y que revela que el Estado desconoce las estadísticas.

En el patio del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, frente a las madres de las víctimas de desaparición forzada, se presentó el libro cuyos recursos de recuperación se destinarán a las familias buscadoras.

Juana García, ñuu savi, y una de las autoras afirmó que la obra está dedicada a las madres, padres y familiares de las ocho mujeres y que han dejado su vida por encontrar a sus hijas o hermanas.


Citó los datos que recién se dieron a conocer por parte de la comisionada y relatora por México de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Andrea Viviana Pochak, quien señala que entre las personas desaparecidas hay una alta concentración en mujeres y hombres jóvenes, niños, niños y adolescentes. Al tiempo que alertó de que existen riesgos asociados al género y refirió que la problemática de las personas desaparecidas es una crisis generalizada que continúa ocurriendo en altos niveles de impunidad.

A su vez, Diana Manzo, periodista zapoteca de la región del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, sostuvo que escribir Las Ausentes fue un acto de identificación, amor y lucha. 

Agradeció el acompañamiento de las organizaciones civiles como el entro Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción (Cepiadet) y Mano Vuelta, así como a las familias que “creyeron en nuestra palabra, hoy convertida en libro, para quienes buscan desde la esperanza y el amor”.

Abigail Castellanos de Cepiadet destacó el trabajo de las periodistas Juana García y Diana Manzo y sostuvo que Las Ausentes es un libro que obliga a detenernos, a escuchar y a mirar una realidad que ha permanecido, por mucho tiempo, fuera de la conversación pública: la desaparición de personas indígenas y afroamericanas en Oaxaca.

Destacó que cuando una persona desaparece, las familias viven una búsqueda constante, tarea a la que se suma la comunidad entera, porque desaparición no únicamente afecta a quien no está, también produce un daño profundo y prolongado para quienes permanecen buscando.

Coincidió en que en Oaxaca la desaparición de personas indígenas y afroamericanas sigue siendo una realidad poco visible por las instituciones, lo que no es menor, porque se produce también en el ámbito institucional mediante la ausencia de información pública diferencial.


Abigail Castellanos señaló que hacen falta metodologías de investigación, que sean culturalmente pertinentes y, por otro lado, no hay mecanismos robustos que permitan comprender las particularidades que atraviesan cada caso, así como la ausencia de datos diferenciados no son una opinión técnica, implica una limitación estructural para comprender la dimensión real del fenómeno.

Por su parte, la co-directora de Mano Vuelta, Ángeles Juárez, destacó el trabajo de las autoras de Las Ausentes y señaló que participar en este proyecto les pareció desde un principio importante y valioso.

Las Ausentes, reitero, visibiliza las desapariciones, porque hay historias que no se cuentan y no se hacen virales por la falta de capital político. Hoy nos interesa nombrar esas historias, reconocer su memoria, sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas que como bien relata el libro se quedaron pausadas.

Estar aquí es político para exigir a las instancias correspondientes un debido proceso de acceso a la justicia con n pertinencia cultural para que las carpetas de investigación no quede bien archivadas y para exigir en los procesos la no revisión y acción.


Ángeles Juárez dijo que se ha perdido la confianza en las instituciones «un sistema estructuralmente racista», como ejemplo, dijo que el Registro Nacional de Personas Desaparecidas señala que solo el uno por ciento pertenece a un grupo indígena y no reporta a ninguna persona afromexicana desaparecida. 

Por eso nos preguntamos ¿cómo las instituciones garantes de procurar la justicia van a encaminar protocolos de búsqueda con pertinencia cultural si ni siquiera saben a quién están buscando?

¿Cómo van a etiquetar presupuestos destinados específicamente para temas de investigación y búsqueda, si no existen datos desagregados que den cuenta de la realidad social y de la diversidad cultural y etnolingüística en Oaxaca? Tras esas preguntas la co-directora de Mano Vuelta consideró que hay un sesgo impresionante que desdibuja política institucional.

El libro cuenta las historias de Yesenia Pascual Ramos, Andrea Itzel, Obdulia de León Tapia, Mayra Colón Silva, Itzel González González, Yeimi Zulem Mina Mayo, Adolfa Roque Riaño y de Sandra Domínguez.

Fuente: SemMéxico

mayo 13, 2026

Mujeres con Historias ya tiene proyecto arquitectónico para construir su vivienda colaborativa feminista de adultas mayores



Cristina Grela, Patricia Roland, Alberto Leira y Carolina Tobler, el 8 de mayo, en la Sala Dorada de la Intendencia de Montevideo. Foto: Martin Hernández Müller

El grupo que llevará adelante la iniciativa fue el ganador de un concurso público organizado por la asociación civil junto con la Sociedad de Arquitectos del Uruguay y la Intendencia de Montevideo; el próximo paso es conseguir la financiación.


La asociación civil Mujeres con Historias, integrada por 24 mujeres mayores de 60 años con distintas trayectorias vinculadas al feminismo, dio un paso más en su sueño de construir la primera vivienda colaborativa feminista para personas adultas mayores en nuestro país. Después de conseguir en mayo de 2024 que la Intendencia de Montevideo (IM) les cediera en comodato un inmueble recuperado, a través del programa Fincas Abandonadas, y de que en noviembre de 2025 se inaugurara oficialmente la sede en la Ciudad Vieja, las mujeres ya conocen el proyecto arquitectónico que en el futuro se convertirá en su nuevo hogar colectivo.

La iniciativa fue elegida entre 54 propuestas que se presentaron al concurso público que lanzaron Mujeres con Historias, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) y la IM a fines del año pasado. El fallo, que se dio a conocer el viernes en una ceremonia en el edificio departamental, dio como ganador al anteproyecto liderado por los arquitectos Francisco Erniaga, Emanuel Sagasti, Joaquín Bonfiglio y Gastón Álvarez de Ron, que tuvo como asesores a Erniaga en el área patrimonial y a la licenciada Lucía González en el área social. También se anunció un segundo premio y hubo tres menciones especiales (ver recuadro).

El jurado estuvo integrado por la asistente social Clara Píriz, representante de Mujeres con Historias, y las arquitectas Adriana Bobadilla por la IM, Lucía Bogliaccini por la SAU, Jimena Abraham por la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de la República, y Carolina Tobler por los concursantes. Por definición, la vivienda colaborativa es un complejo habitacional en el que las personas conviven en espacios comunes, pero cada una tiene además su propia vivienda o espacio privado. Ese era el requisito básico.

“Frente a modelos más tradicionales de vivienda, este proyecto de vivienda colaborativa, que además es un proyecto piloto que espera ser replicado y tomado como modelo, propone un sistema de convivencia que está basado en derechos, en autonomía y también en cuidado mutuo, y busca dar una respuesta al desafío demográfico del envejecimiento no solo contemporáneo, sino también estatal, por un lado, y civil, por el otro”, destacó Tobler, quien intervino en representación del jurado.


Foto: Martin Hernández MüllerApoyá nuestro periodismo.
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Por esa razón, el concurso obligó a las responsables de la evaluación “a discutir la vivienda no únicamente como un problema edilicio, funcional o de diseño de un objeto bello y bien logrado, sino como una forma de imaginar diferentes modos de habitar, de cuidar y también de envejecer en grupo”, continuó la arquitecta.

Respecto de las cuestiones específicas que priorizaron a la hora de la selección, Tobler mencionó “la relación con la calle y con el entorno, entender que estos edificios tenían de alguna manera que potenciar las cualidades urbanas relacionadas con la vitalidad, con la diversidad, que se lograra tener una relación con la vida del barrio, pero sin olvidar la capacidad de construir un gradiente efectivo entre lo público y lo doméstico”. A su vez, el jurado revisó que “la construcción de espacios colectivos efectivamente dieran forma a posibilidades de vida colectiva” y “cómo estaban resueltas las unidades, en sus condiciones obviamente de habitabilidad, de calidad espacial, pero también sumando nuevamente a lo que se refiere a la construcción de gradientes, esta vez entre lo individual y lo colectivo”. La profesional dijo que, además, al enmarcarse en un padrón recuperado, “se sumó también el diálogo con la preexistencia patrimonial que era parte también de las bases del concurso”.

Consultada por la diaria, Tobler explicó sobre esto último que el proyecto ganador “separa muy bien el edificio nuevo de la casa existente y maneja la posibilidad de que esa casa funcione tanto con el edificio nuevo para las personas que van a habitar el lugar como directamente con el barrio: podría ser una biblioteca, un café, un espacio separado independiente de lo que es la vida más privada de las mujeres que van a vivir ahí”.

Por otra parte, señaló que “casi todos los proyectos manejaron cuestiones de sustentabilidad pasiva”, es decir, “no la sustentabilidad comercial que podemos entender más rápidamente, como poner un panel solar o reciclar agua de lluvia, una cantidad de cosas que son cuestiones de marketing, por un lado, y muy costosas, por otro”. En cambio, dijo que “se tomó en consideración que tuviera ventilación cruzada, que las habitaciones estuvieran correctamente iluminadas y ventiladas, ese tipo de cosas que están más asociadas a una sustentabilidad no dependiente de tecnologías caras y a su vez a una cuestión de sustentabilidad social”.

“Nos estamos jugando los últimos años”

Antes de que se dieran a conocer los resultados, la médica, activista por los derechos sexuales y reproductivos y vicepresidenta de Mujeres con Historias, Cristina Grela, agradeció al jurado y los equipos concursantes por haber “trabajado arduamente en compaginar nuestras necesidades, visiones y sueños con una realidad concreta”. “Para nosotras, y no puedo salir de mi carácter de médica, esta es la primera ecografía que tenemos de la gestación”, apuntó Grela, y agregó que “lo que viene ahora va a necesitar de todas las ayudas y los apoyos” posibles, en referencia al próximo paso que es conseguir la financiación para poder construir la vivienda.

La referente resaltó además que si bien este proyecto es específicamente para Mujeres con Historias, la asociación civil “tiene como propuesta la transformación de la política pública para los adultos mayores, mujeres y varones, que quieran vivir juntos en esta etapa final de la vida y por eso nos estamos jugando los últimos años, por eso las urgencias que tenemos en esta etapa final de la vida: vivir juntos y en forma colaborativa para cuidar la autonomía, la salud mental, trabajar en el barrio y hacer un centro barrial que realmente acompañe a adultos y a adultas mayores, pero también a gente joven, de la que necesitamos mucho”.

Grela hizo énfasis en la necesidad de recibir apoyos externos porque “la situación en general no está muy favorecida para los adultos y adultas mayores” en Uruguay, y dijo que eso quedó en evidencia en el Diálogo Social convocado por el actual gobierno, en el que ellas participaron aportando ideas para el eje de trabajo sobre cuidados. “Esperamos que en la próxima Rendición de Cuentas esto se tenga en cuenta, pero necesitamos que esto suceda, por lo que cada uno de ustedes será un vector que lleve esta propuesta para que salga a nivel nacional”, apuntó. Contó que una primera señal de expansión de la idea llegó desde Rivera, por parte de un grupo de mujeres adultas mayores que se contactaron porque quieren replicar el modelo.

“Eso es lo importante: que esto no sea una cuestión aislada, sino que, a través de nosotras, se puedan formar otros grupos en Montevideo y en el interior”, sintetizó Grela, porque el objetivo es lograr “una gran transformación desde la individualidad de vivir en un 4x4 con baño, que es el individualismo del capitalismo llevado al extremo, a vivir de forma colaborativa, comunitaria y de ayuda mutua, que nos parece importantísimo para transformar la vida de este país al que queremos mucho y al que le estamos dedicando nuestros últimos alientos”.

Fuente: La Diaria.es

Los demás proyectos reconocidos


Segundo premio
Responsable del anteproyecto: Arq. María Lucía Arce Oliveira Mattos.
Autores: arquitectos Gonzalo Aramis Camargo Méndez, Lucas Cardona de León y María Lucía Arce Oliveira Mattos.
Asesores: en área patrimonial: Arq. Gonzalo Aramis Camargo Méndez / en el área social: Lic. en Psicología Lina Fernández Pereira.

Primera mención
Responsable del anteproyecto: Arq. Carlos L Labat Nadal.
Autores: arquitectos Ezequiel González, Patricia Pistone, Carlos Labat y Pierino Porta.
Asesores: en el área patrimonial: Arq. Pierino Porta / en el área social: Lic. en Psicología Cecile Porta.

Segunda mención
Responsable del anteproyecto: Arq. Fernanda Ríos.
Autores: arquitectos Javier Díaz, Pablo Bacchetta, Enrique Martínez y Fernanda Ríos.
Colaboradores: Arq. Rodrigo Oviedo.
Asesores: en el área social: Mg. Victoria Cuadrado Gómez / en el área patrimonial: Arq. Fernanda Ríos.

Tercera mención
Responsable del anteproyecto: Arq. Camila Bauzán Miralles.
Autoras: arquitectas Camila Bauzán Miralles, Camila García González, Maite Echaider Macadar y Elena Petit Pivel.
Asesores: en el área patrimonial: Arq. Elena Petit Pivel / en el área social: T.S. Melisa Cabrera / en paisaje: Arq. María Victoria López Ligerini.

mayo 12, 2026

Rita Segato, el feminismo y el poder. Entre la crítica al Estado y la renuncia a disputarlo


Rita Segato, el feminismo y el poder. Entre la crítica al Estado y la  renuncia a disputarlo

Resulta insuficiente un feminismo que diagnostica las violencias patriarcales del poder, pero al mismo tiempo parece incapaz de pensar estratégicamente qué hacer con el poder institucional cuando las propias mujeres subalternizadas logran acceder a él.

La reciente conferencia de Rita Segato en la Biblioteca Luis Ángel Arango volvió a poner en circulación varias de las discusiones que han atravesado su obra durante décadas, la relación entre violencia, patriarcado, Estado y poder. Sin embargo, más que un debate detenido sobre sus tesis, lo que terminó predominando en redes sociales y algunos espacios académicos fue una polarización rápida entre defensas cerradas y descalificaciones igualmente simplificadoras.

Por un lado, aparecieron críticas que cuestionaban sus referencias al “mandato de masculinidad” como explicación parcial del ingreso de niños y jóvenes a organizaciones armadas, argumentando que ese enfoque invisibiliza problemas estructurales como la pobreza, el abandono estatal y el reclutamiento forzado. También surgieron reparos frente a su insistencia en diferenciar “la política” de “lo político”, especialmente en un momento electoral y político particularmente sensible para Colombia.
El género frente a las condiciones materiales

Sostener que muchos jóvenes ingresan a organizaciones armadas en medio de un “mandato de masculinidad” no implica necesariamente negar la pobreza, el abandono estatal o el reclutamiento forzado. El problema es que parecería que, para algunos sectores, toda explicación sobre género automáticamente cancela las dimensiones materiales de la violencia. Como si hablar de masculinidad implicara olvidar el hambre, la guerra o la ausencia del Estado.

Pero justamente una de las apuestas más importantes del feminismo latinoamericano contemporáneo ha sido mostrar que las violencias no son solo económicas, sino también culturales, afectivas y simbólicas. Las guerras producen subjetividades, así como producen formas de masculinidad atravesadas por la demostración de poder, dominio y soberanía sobre otros cuerpos. Reducir eso a “todo es culpa de los hombres” es una simplificación tan pobre como afirmar que el feminismo desconoce las condiciones materiales de existencia.

Por otro lado, las respuestas a esas críticas denunciaron la reducción caricaturesca de una obra compleja a unos pocos minutos de entrevistas o una hora de conferencia, señalando la facilidad con la que incluso sectores progresistas abandonan cualquier lectura rigurosa cuando ciertos planteamientos feministas incomodan sus propios marcos de comprensión del poder.
La sospecha frente a lo institucional

Reconocer la pobreza del debate público no implica suspender la crítica política a ciertos límites de su propuesta. Sin embargo, más allá de las caricaturas y simplificaciones que circularon en redes, hay un punto de fondo que sí merece ser discutido críticamente, como es el lugar profundamente ambiguo que ocupa el poder institucional en la propuesta política de Segato.

Uno de los problemas de su perspectiva es que, en nombre de una crítica legítima a las formas patriarcales del Estado moderno, termina construyendo una sospecha casi estructural frente a cualquier experiencia de llegada al poder institucional. Y esa sospecha tiene efectos políticos concretos.

En Colombia, por ejemplo, figuras como Francia Márquez y Aída Quilcué representan algo históricamente excepcional; son mujeres afrodescendientes e indígenas, provenientes de luchas comunitarias y territoriales, disputando espacios de decisión estatal que durante siglos estuvieron monopolizados por élites masculinas, blancas y oligárquicas.

Desde las posturas autonomistas de Segato, parecería que esas experiencias solo pudieran ser interpretadas bajo el signo de la cooptación, la captura institucional o la pérdida de autenticidad política. Como si el ingreso al Estado fuera necesariamente una derrota ética.

Y ahí emerge un problema serio, porque esta lectura, desde el feminismo, termina infantilizando a las propias mujeres que dice defender, porque presupone que el contacto con el poder institucional necesariamente las corrompe o les arrebata autonomía política y en vez de reconocerlas como mujeres capaces de negociar, disputar, equivocarse, ejercer poder y transformar instituciones desde dentro, las coloca en una posición donde solo conservan legitimidad política mientras permanecen afuera del poder.
El riesgo del purismo antipolítico

El problema no es criticar las limitaciones del Estado. El problema aparece cuando esa crítica deriva en una especie de purismo antipolítico donde toda institucionalidad es sospechosa y toda aspiración de poder parece una traición. En contextos como el colombiano, eso tiene consecuencias, al dejar a los feminismos en un lugar ético-discursivo, pero debilitados frente a las disputas concretas por redistribución, representación y transformación institucional.

Porque las derechas sí disputan el Estado. Los poderes económicos sí disputan el Estado. Los proyectos autoritarios sí disputan el Estado. Renunciar anticipadamente a esa arena en nombre de una política puramente comunitaria o ética puede terminar produciendo la paradoja de feminismos con enorme capacidad crítica, pero sin herramientas reales para transformar las estructuras de poder que denuncian. Parecería que las mujeres pueden resistir, denunciar, cuidar o representar simbólicamente lo “comunitario”, pero no gobernar.

Detrás de esto hay una concepción problemática del Estado. Este autonomismo antiestatal tiende a imaginar las transformaciones reales únicamente desde la exterioridad comunitaria, y territorial, mientras el Estado aparece casi exclusivamente como maquinaria masculina de captura y dominación.

Por eso resulta insuficiente un feminismo que diagnostica con agudeza las violencias patriarcales del poder, pero que al mismo tiempo parece incapaz de pensar estratégicamente qué hacer con el poder institucional cuando las propias mujeres subalternizadas logran acceder a él. Hay una diferencia importante entre criticar las lógicas patriarcales del Estado y renunciar a la disputa democrática por transformarlo. Y a veces, en Segato, esa diferencia se vuelve difusa.

Sin embargo, tomar distancia crítica de esas posiciones no implica sumarse automáticamente a las reacciones defensivas y caricaturescas que circularon estos días. Porque muchas de las críticas dirigidas contra Segato también revelan una incomodidad persistente frente a cualquier análisis feminista del poder, la violencia o la masculinidad. Reducir décadas de reflexión teórica a una frase descontextualizada o responder con ironías simplistas sobre el “mandato de masculinidad” tampoco produce una discusión políticamente seria.

De hecho, esto es parte de la imposibilidad de sostener desacuerdos complejos sin convertirlos inmediatamente en operaciones de demolición moral o en defensas doctrinarias cerradas. Ni Segato es una figura intocable cuya obra no pueda ser discutida políticamente, ni toda crítica a sus planteamientos constituye automáticamente misoginia o ignorancia teórica. Pero tampoco las respuestas apresuradas que ridiculizan el feminismo ofrecen herramientas suficientes para pensar las formas contemporáneas de la violencia y el poder.

Una tarea urgente es salir de esa falsa elección. Poder reconocer simultáneamente la potencia crítica del feminismo latinoamericano para comprender las violencias patriarcales y, al mismo tiempo, señalar los límites políticos de ciertos autonomismos que terminan dejando intacta la disputa por el Estado.

Porque si algo demuestra el momento colombiano y regional actual es que las transformaciones profundas no ocurren únicamente fuera de las instituciones, pero tampoco exclusivamente dentro de ellas. Y pensar esa tensión, sin purismos, sin caricaturas y sin renuncias anticipadas, sigue siendo uno de los desafíos políticos centrales de nuestro tiempo.

Le recomendamos: Cuidar lo colectivo para transformar la política: la experiencia de la Comisión de Mujeres del Congreso de Colombia


*Filósofa y consultora. Profesora en la Universidad del Rosario.
Fuente: Razón Pública

Sí a la Diversidad Familiar!
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