agosto 04, 2020

La crisis del sistema de pensiones en Chile: Una mirada desde la economía feminista

Primera Edición: julio de 2020

Este documento es un proyecto colaborativo elaborado por la Cooperativa de Economía Feminista Desbordada, fue realizado durante los años 2018 y 2019, y editado en 2020. El equipo estuvo compuesto por Camila Bustamante Pérez, Claudia Hernández Aliaga, Maritza Moraga Méndez, Fernanda Moscoso Briceño, Magdalena Navarro Ibañez, Francisca Orellana Rueda, Camila Rojas Vidal, Catalina Valencia Zamora, Magdalena Rendic Illanes y María Paz Rojas Maiz. Se agradece la colaboración de Camila Arroyo From, Francisca
Barriga Yumha y Amparo Bravo Arias.

Los contenidos de este documento pueden ser reproducidos, citando la fuente: “Cooperativa Desbordada (2020). La crisis del sistema de pensiones chileno: una mirada desde la economía feminista.”

El sistema de pensiones en Chile se encuentra en una profunda crisis, al ser incapaz de asegurar una vida digna para las personas. En este trabajo se utilizan las herramientas que propone la economía feminista para identificar sus falencias y omisiones, así como sus consecuencias sobre la vida de las mujeres. A partir de tres ejercicios se busca evidenciar cómo el sistema previsional de capitalización individual chileno desconoce la interdependencia humana, invisibilizando y desvalorizando las labores que se realizan en los tiempos y espacios fuera del mercado. Se identifican, al menos, tres grandes falencias: el sistema no considera los trabajos no remunerados en la construcción de las pensiones; se basa en un tiempo lineal e ininterrumpido de trabajo que no aplica a gran parte de las mujeres; y niega la contribución indispensable de los trabajos no remunerados para el funcionamiento del mercado laboral.




Trescientas setenta y una mujeres palestinas defendidas por la ONU Mujeres, PNUD y UNICEF

pixabay

La ley de familia en Gaza se basa en la Ley de Familia Islámica, que regula los derechos de matrimonio, divorcio, custodia y pensión alimenticia de los musulmanes. Pero la situación económica es grave, y pocas mujeres pueden pagar los abogados para presentar casos de custodia o pensión alimenticia. Situación que ha empeorado con la pandemia dejando a muchas mujeres sin respaldo legal para garantizar la visita de las criaturas y los derechos de custodia. Muchos hombres divorciados aprovecharon el confinamiento y el paro legal para evitar que las madres vieran a sus hijos o dejar de enviarles la pensión alimenticia. 

Un programa conjunto de ONU Mujeres, PNUD y UNICEF ha formado a abogadas y abogados y ha brindado asistencia legal gratuita a 371 mujeres palestinas. El Centro Palestino de Derechos Humanos se pone al servicio de las mujeres en un programa conjunto con ONU Mujeres, PNUD y UNICEF, llamado “Promoviendo el Estado de Derecho en Palestina” (SAWASYA II). Financiado por los gobiernos de los Países Bajos, Suecia y España. El programa forma a jóvenes juristas en Derecho de Familia Islámico, para que puedan proporcionar representación legal a las mujeres palestinas más vulnerables en los tribunales. 

Según ONU Mujeres desde que comenzó su asociación con ONU Mujeres en julio de 2019, PCHR ha formado a 29 juristas y ha brindado asistencia legal gratuita, incluidas consultas y representación para 371 mujeres palestinas. Desde que se introdujeron medidas para luchar contra la COVID-19 en marzo de 2020, el Centro ha brindado representación legal y consultas a más de 150 mujeres, por teléfono, hasta que se permitieron las reuniones en persona.


Fuente: El Diario Feminista

En Argentina más de 200 mujeres líderes presentaron la Agenda por la Igualdad de Género



En un documento, advirtieron que en la Argentina «las crisis tienden a afectar más a las mujeres» y aseguraron que, actualmente, la emergencia provocada por la pandemia de coronavirus «no es la excepción».

Más de 200 mujeres líderes de distintos ámbitos presentaron este jueves la Agenda por la Igualdad de Género, en la que se comprometieron a promover la contratación de mujeres en empleos formales del sector privado, redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado y fomentar la participación en la discusión y toma de decisiones.

Las desigualdades de género «no ocurren en el vacío: interactúan con la desigualdad socioeconómica» y también con otras «como el estatus migratorio, la ubicación geográfica, o el origen étnico», señalaron las integrantes del colectivo.

Las referentes de la sociedad civil elaboraron una agenda basada en tres objetivos y 12 propuestas concretas y se comprometieron a impulsarla en el marco de sus respectivas organizaciones.

«La crisis actual recrudeció un problema estructural del mercado de trabajo: las mujeres participan menos de la economía y, cuando lo hacen, enfrentan barreras en toda su trayectoria laboral», señalaron.

El texto destacó asimismo que las desigualdades de género «no ocurren en el vacío: interactúan con la desigualdad socioeconómica» y también con otras «como el estatus migratorio, la ubicación geográfica, o el origen étnico».

Más de 200 mujeres participaron del encuentro

«Gran parte de esto se debe a la tensión entre los cuidados no remunerados dentro del hogar y la necesidad de generar ingresos», alertaron las más de 200 mujeres en el documento de presentación de la Agenda por la Igualdad de género.

El colectivo sostuvo, además, que «las mujeres suelen no formar parte de los ámbitos de decisión donde se definen los cursos de acción».

Como primer objetivo, propusieron promover la contratación de mujeres en empleos formales del sector privado y fomentar «una mejor participación de las mujeres en sectores tradicionalmente masculinizados, incluyendo empresas lideradas por mujeres».

Los otros objetivos son: redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado, romper estereotipos y fomentar y visibilizar la participación de las mujeres en la discusión y la toma de decisiones.

En las 12 propuestas, impulsaron fomentar procesos organizacionales libres de sesgos de género y potenciar los mecanismos para la formalización de las trabajadoras en todos los sectores de la economía, especialmente de las trabajadoras de casas particulares.

Asimismo, propusieron implementar incentivos fiscales a la contratación de mujeres, especialmente en los sectores de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, teniendo en cuenta las restricciones presupuestarias.

Entre otros puntos, impulsaron favorecer el crecimiento de los emprendimientos liderados por mujeres y de empresas cuyos directorios son paritarios mediante, entre otros, el acceso al crédito, a nuevos mercados y un esquema preferencial en las compras públicas.

Por otra parte, propusieron transversalizar la perspectiva de género en las becas a estudiantes en situación de vulnerabilidad de ingresos, promoviendo su participación en espacios no tradicionales y «remover las barreras legales para la participación de mujeres en determinados sectores».

Asimismo, impulsan incentivar la adopción de garantías de equidad en los directorios de las empresas privadas y de propiedad estatal, en las asociaciones colegiadas de distinto tipo y consejos del sector privado y sindical.

Entre las mujeres que integran la Agenda, que se presentó en la plataforma Zoom de Internet, se encuentran: Mariela Belski, de Amnistía Internacional Argentina; Verónica Baracat, de ONU Mujeres; Laura Barnator, de Unilever; Bernada Llorente, presidenta de la agencia Télam; Silvia Bernatene, de la Universidad Nacional de San Martín y María Giraudo, de la Red de Mujeres Rurales.

Además participan, entre otras, la activista Ingrid Beck; Daniela Corbella, de la Asociación Mutual de Trabajadores Municipales; María Inés Costilla, del Sindicato de Comercio; Mabel Bianco, de Fundación Estudio se Investigación para la Mujer; María José Bonacifa, de Editorial Perfil; Belén Cañete, de la Unión Obrera Metalúrgica; Ana Franchi, del CONICET y Virginia Franganillo, del Observatorio Género y Pobreza Argentina.

Llorente, la presidenta de la agencia Télam, escribió en su cuenta de la red social Twitter: «En #Agendaxlaigualdad nos unimos más de 200 mujeres de diversos sectores y rubros, con el fin de motorizar propuestas para disminuir la brecha de género en el mercado laboral».

«Cuando las mujeres ocupamos espacios de poder le abrimos puertas a otras mujeres, y esa acción es un posicionamiento político al momento de pensar las cuestiones de género en nuestros espacios de trabajo», expresó Llorente.

Y agregó: «Aunque no sea visible, las mismas problemáticas de género se registran tanto en los espacios laborales privados como en los públicos. Por ello, la enorme necesidad de lograr una estrategia entre los sectores y un trabajo en conjunto #AgendaxlaIgualdad».

Silvana Cerezzo, de la Federación Asociación de Diarios y Comunicadores Cooperativas, manifestó en la misma red social: «Somos un grupo de mujeres que nos une el compromiso de impulsar una agenda de igualdad de género».

Silvia Bulla, de DuPont, escribió: «Hace unas semanas, un grupito de mujeres amigas y conocidas nos propusimos armar, entre nuestros contactos, una red capaz de promover una #AgendaxLaIgualdad con propuestas y compromisos concretos. Hoy damos el primer paso https://agendaxlaigualdad.net».

Gala Díaz Langou, de CIPPEC, manifestó: «Yo me sumé a #AgendaXlaIgualdad y me comprometí a impulsar políticas públicas que disminuyan las brechas de género en el mercado laboral. Sumate vos también: http://agendaxlaigualdad.net».

Fuente: Diario Femenino/Télam

agosto 03, 2020

Remei Sipi: “Las mujeres africanas somos creadoras de estrategias para la supervivencia de todo nuestro entorno”

La escritora Remei Sipi aborda desde el ensayo las realidades de las mujeres africanas, y recupera en sus cuentos las historias de Guinea Ecuatorial. Editora, investigadora y militante, es una referencia para las nuevas generaciones afrodescendientes. 


Remei Sipi. Foto: Francisca Roka Botei

Escritora, ensayista y conferenciante, especialista en temas de género y en la temática de las mujeres migrantes africanas, Remei Sipi es un ejemplo de lucha y compromiso y referente para varias generaciones de afrodescendientes nacidas en España, hasta el punto de ser conocida como “tia Remei”.

Guineoecuatoriana de nacimiento, llegó a España hace ya 50 años para establecerse en Cataluña, donde ha ejercido como funcionaria de Justicia. Fundadora de la editorial Mey, centrada en la publicación de textos africanos, Remei es también una histórica militante feminista y cofundadora de la asociación de mujeres migrantes africanas E waiso Ipola.

Naciste en Rebola, un pueblo de Guinea Ecuatorial conocido por su fuerte compromiso y militancia, ¿qué ha supuesto eso en tu vida?
Eso ha sido la base de todo. Yo llevo 50 años aquí pero nunca he dejado de mirar a Rebola, cada cosa que he hecho ha sido pensando en Rebola y sabiendo que es un pueblo puntero y que yo no podía defraudarles.

Eres escritora, ¿en qué realidad te inspiras a la hora de narrar tus historias?

Mis historias son de dos vertientes, hago ensayos sobre la situación de las mujeres en los que pongo el acento en ellas, ya sean mujeres migrantes o mujeres que viven en África, me inspiro en ellas y hago reivindicación, y luego están los cuentos, recupero cuentos de mi Guinea natal, concretamente del pueblo bubi.

¿Qué escritores y escritoras recomendarías a los y las lectores de El Salto?

Tienen que ser africanas por fuerza. Incluso cuando escribo, las bibliografías a las que acudo son siempre de autores africanos o afrodescendientes. Me gusta mucho Mariama Bâ, recomiendo su libro Mi carta más larga. También me gusta mucho Buchi Emecheta, escritora nigeriana, que tiene un libro muy bonito titulado Las delicias de la maternidad y otro también muy interesante, Kehinde. Algunos son libros descatalogados, pero por suerte van reeditándolos. Para mí son grandes libros y los recomiendo siempre.

Tu último libro se titula Mujeres africanas. Más allá del tópico de la jovialidad. ¿Es muy dañino ese tópico para la imagen de la mujer africana? ¿Conlleva mucho paternalismo?

Es muy dañino para las mujeres negras en general, africanas o no, porque cuando ven a una negra no saben si es afrodescendiente, si es de América Latina, si es de África…

Sí, son tópicos muy dañinos porque generalmente te tocan el pelo, sonríen y dicen: “¡Ay, con todos los problemas que tenéis en África, siempre sonreís!”. Yo intento desterrarlos y que no me toquen el pelo, porque yo no se lo toco a nadie. Hay mucha falta de respeto y mucho paternalismo, sí.

¿Qué otros tópicos sobre África y las africanas siguen vigentes hoy en día?

Que somos sumisas, que no somos creadoras de cambio, cuando nosotras somos muy creadoras de cambio, que somos dependientes, cuando no es verdad, ni aquí ni en África. Las mujeres africanas somos creadoras de estrategias para la supervivencia de todo nuestro entorno. Todo esto hay que decirlo claro, hay que visibilizarlo.

Tienes una editorial, Mey, centrada en la publicación de textos africanos ¿cómo y por qué surgió la idea de fundarla?

Bueno, tiene ya 18 años. La fundé con miras a sacar a la luz textos africanos. Los primeros que saqué eran de guineanos porque notaba que las editoriales al uso no sacaban nuestros trabajos y un año que me devolvió Hacienda, pensé: “Bueno, este dinero lo voy a dedicar a empezar a editar textos”.

Este año he editado Cuando Somos el enemigo. Activismo negro en España, de Jeffrey Abe Pans, un texto muy interesante, y ahora mismo tengo otros tres trabajos pendientes. Uno de una mujer guineana, otro de Justo Bolekia que es un diccionario bubi y el tercer texto es de un guineano que vive en Estados Unidos que ya le he editado un montón de libros, es el escritor Juan Manuel Devis.

Generalmente saco dos o tres libros al año porque mi potencial económico es exiguo, no puedo alardear de ser una gran editora, pero ha servido para sacar a la luz trabajos que no hubieran visto el sol esperando a las editoriales al uso. Ahora tenemos Wanafrica y estamos viendo que otras editoriales están sacando poco a poco libros nuestros, pero hace 18 años no había nada de esto.

Llevas militando en el movimiento feminista más de 30 años, ¿las feministas blancas tienen en cuenta las particularidades y opresiones a las que se enfrentan sus compañeras negras?

Con las que he ido trabajando, feministas de aquí de Barcelona, he tenido que batallar, he tenido que luchar y enseñarles porque tampoco sabían. He tenido que poner mi cuñita para que poco a poco se vean otras realidades. Incluso en mi último libro, del que antes hemos hablado, he hecho un apartado bastante amplio sobre los feminismos negros. No conocen y la ignorancia es atrevida, pero creo que entre todas iremos haciendo el camino para que nos vean y les mostremos, porque nosotras de ellas sí que sabemos muchas cosas.

Estábamos relegadas a preparar las comidas en las fiestas, cuando en la trastienda nos sentábamos en la mesa y diseñábamos las actividades y los proyectos como los hombres.

Fundaste hace más de 25 años la asociación E waiso Ipola, integrada por mujeres migrantes, ¿con qué objetivo?

Sí, soy cofundadora, la fundé junto con otras ocho compañeras. Nosotras llevábamos años aquí militando en asociaciones mixtas, de hombres y mujeres, pero estábamos relegadas a preparar las comidas en las fiestas, cuando en la trastienda nos sentábamos en la mesa y diseñábamos las actividades y los proyectos como los hombres, sin embargo, no nos tenían en cuenta a la hora de implementarlos o de estar en la ejecutiva. Como tampoco tenían en cuenta áquello que nosotras pensábamos que era importante para el colectivo de mujeres y nuestros hijos e hijas nacidos aquí. Un día, debatiendo con ocho compañeras guineanas, hace ahora 27 años, pensamos que estaría bien crear otra asociación para reivindicar aquellas cosas que creemos que son netamente de mujeres y en las que los hombres no ponen el acento.

Dices que en los primeros momentos de la asociación tuvisteis que enfrentaros a la “no folklorización” de vuestras culturas de origen en todos los eventos interculturales a los que se os invitaba.

Exactamente. Íbamos a las escuelas a las semanas interculturales o veíamos los programas y no había actividades donde pudiésemos mostrar nuestras culturas desde lo positivo. Hablar de Guinea o de Nigeria de forma completa, de sus virtudes y defectos. Nos decían: “Sí, vendrá alguien a hacer trencitas o a hacer el cuscús”. Entonces nos rebelamos y dijimos: “Nosotras tenemos una asociación, no un espacio folklórico, queremos demostrar nuestras culturas”. Y eso nos costó, pero lo logramos.

Por lo que dices, ¿es la interculturalidad una trampa para someter a algunas culturas?

La palabra misma, interculturalidad, es una palabra malsonante, yo aún no la sé traducir. No creo que sea una trampa, creo que son realidades que tenemos que trabajar aún, no las hemos trabajado. Al no reconocer nuestras culturas, vivimos pero no intervivimos, por lo tanto hay varias culturas pero no hay una interculturalidad, que sería la mezcla en positivo de cada cultura para ponerlas en valor en una comunidad donde estemos todos y todas.

Hablas de que las mujeres migrantes llegan con “una maleta cargada de realidades” y que esas realidades configuran otra cosmovisión. Háblame un poco más de esa idea.

Es verdad, venimos con maletas y dentro de ellas hay un montón de cosas. Algunas se van perdiendo porque las dejas detrás de la puerta y te olvidas. De las maletas vas sacando y metiendo cosas, pero para mí nunca se vacían. Todo lo que está incluido en esas maletas es otra forma de ser que la sociedad receptora, si quisiera trabajar la interculturalidad de verdad, nos dejaría desarrollar. Nos encontraríamos en un espacio donde abriríamos esta maleta y enseñaríamos otra cosmovisión, otras maneras de vivir que son tan lícitas como las que estamos viviendo aquí.

Hasta que no seamos visibles en todos los espacios, hasta que no entres en Hacienda o en el banco y encuentres chicas negras en las ventanillas, no dejaremos de estar en la trastienda cuidando abuelos y limpiando casas.

¿A qué te refieres cuando dices: “Es una evidencia que la lucha por nuestra propia identidad como mujeres negras continúa en todos los frentes”?

Todos los frentes son toda la sociedad. Tenemos, por ejemplo, el frente político en el que no acabamos de introducirnos, solo tenemos a Rita Bosaho y nos está costando. Y en los frentes en los que sí tenemos referentes, la medicina, por ejemplo, tampoco salimos en los medios. En los medios de comunicación podemos hablar de Lucía Mbomío o de Tania Adam de Radio Africa Magazine, pero somos 46 millones, ¿por qué no salimos en todos los espacios cuando tenemos gente formada en igualdad de condiciones? Hasta que no seamos visibles en todos los espacios, hasta que no entres en Hacienda o en el banco y encuentres chicas negras en las ventanillas, no dejaremos de estar en la trastienda cuidando abuelos y limpiando casas.

Tienes mucha relación con la comunidad afrodescendiente española, muchas de nosotras te llamamos “tia Remei”, ¿qué consejo les darías a tus “sobrinas”?

Sí, las jóvenes, vosotras. Bueno, yo no les daría consejo porque no creo tener categoría para dar consejo, les mostraría ejemplo de vida y les diría: “A mí me costó, vine aquí con 16 años, no había negros, he ido trabajando poco a poco, no he vivido nunca de lo que he escrito porque yo he sido funcionaria de Justicia”. Y estoy contenta porque os estoy viendo empoderadas totalmente.

Me encanta cuando voy a Madrid a Conciencia Afro o aquí en Barcelona con el Black Barcelona, os veo y me llena de satisfacción. Me encanta veros, que habéis pasado por la Universidad, y las que no han pasado también tienen algo que aportar y una formación. Estáis reivindicando muchísimo. En el libro Metamba Miago. Relatos y saberes de mujeres afroespañolas, me pidieron hacer el prólogo y para mí fue un reconocimiento. ¡Lo que sufrí leyendo esos textos! Nuestra lucha está al principio, pero creo que lo estáis haciendo muy bien. Mi nieta encontrará un camino bien trazado.

Por Elena García
Fuente: El Salto

Politicemos todos los trabajos que se acumulan en el espacio doméstico


«¿Qué está sucediendo dentro de los hogares? ¿Cuándo lograremos salir de esa herencia del paterfamilias?», analiza Luisa Fuentes Guaza.


Una mujer y una niña hacen labores en la cocina. ELVIRA MEGÍAS

¿Qué nos impide nombrar, cuantificar y politizar al máximo todos los trabajos que se acumulan en los espacios domésticos u hogares? ¿Será porque aún el poder está condicionado por la creencia del feminismo igualitario que dice que las nuevas luchas reproductivas se deben a que hemos pasado de una mística de la feminidad a la mística de la maternidad unida a la lógica del paterfamilias sobre el espacio doméstico, que sigue muy presente, como asunto privado librado a sí mismo? ¿Será que este terremoto vírico manejado desde resortes totalitarios nos va a dar la oportunidad de entrar a politizar los trabajos que se acumulan en el espacio doméstico u hogares?

Igual nos sirve para acelerar procesos de lucha, dentro de las luchas reproductivas, por el simple hecho de que ya nuestros cuerpos están completamente desbordados por la acumulación de trabajos sobre el mismo. Trabajos que antes eran asumidos por un entramado de apoyos públicos, familiares y emocionales varios, desde un andamiaje público endeble e insuficiente. Todo sostenido con palicos y cañicas, que ahora mismo recaen casi en su totalidad sobre los cuerpos “mujeres” madres o cuerpos maternos (somos el 85%). Hogares o espacios domésticos que han pasado a ser espacios políticos fundamentales para sostener al machosistema, sin que este los reconozca como tal. Espacios donde se están asumiendo todas las actividades que antes eran compartidas por varias fuerzas: colegios, parques, extraescolares, comedores, refuerzos terapéuticos, apoyos familiares, no-familiares, cuidadoras externalizadas, grupos de crianza, comunidades aprendizaje… 

¿Podrá ser que ahora podamos acelerar un proceso de lucha (¡urgente!) que se viene gritando desde el feminismo autónomo italiano de los setenta para resolver, al fin, parte del nudo social/político y económico que tiene el sistema productivo o turbocapitalismo con lo reproductivo, es decir, con todo lo propio a la actividad humana de gestar, criar y sostener? ¿Podremos entrar ya a desentrañar qué trabajos y cargas se van acumulando en el espacio doméstico u hogares cuando asumen las crianzas o qué pasa ahora con crianzas encerradas donde ya no llega el andamiaje público? ¿Está reforzando toda esta crisis sanitaria la creencia que hemos heredado del paterfamilias –que nos impregna profundamente (muy presente en el Código Civil)– sobre cómo entendemos los hogares y sus dinámicas? 

Para poder acelerar esta lucha, tendríamos primero que desmontar esa lógica del feminismo igualitario (feminismo que está ahora en el poder) que asocia nuestras luchas y demandas reproductivas con ser las herederas del Tea Party (como cuenta de maravilla Cate Blanchett en Mrs. America haciendo de la antifeminista Phyllis Schafly, amiguísima de Ronald Reagan). 

Luchas, las nuestras, que establecen alianzas con movimientos feministas no-coloniales y antirracistas que buscan articular nuevas coordenadas para actualizar las reproductivas. Luchas donde pedimos desentrañar, nombrar y cuantificar, es decir, la politización máxima del espacio doméstico. Saber qué pasa dentro de los hogares como simple estrategia para revelar la vulneración normalizada de derechos y libertades de las trabajadoras del hogar y de los cuidados originarias de contextos atravesados por violencias y crueldades varias.

Y, también, revelar la acumulación de cargas y trabajos sobre los cuerpos maternos que asumen la actividad humana de sostener menores a cargo. Y, desde ahí, poder comenzar un ejercicio político de sacudida interna del machosistema (donde se revelarían sus vergüenzas) para establecer nuevas políticas de distribución del cuidado y nuevos andamiajes públicos (por inventar) que sostengan las crianzas y que respeten los derechos psicofísicos fundamentales de los cuerpos maternos y de las criaturas (protección del vínculo).

No vale esa narración desde el feminismo de la igualdad que dice que hemos pasado de una mística de la feminidad (Betty Friedan, 1963) a una mística de la maternidad, como nuevas guardianas de lo doméstico. Nadie está pidiendo basar su identidad en hacer bizcochos. Ni reforzar toda la onda de la madre-función-del-padre (Victoria Sau) cuando hoy en España hay cerca de 2.000.000 de familias monomarentales. No se sostiene eso de que estamos sacando del baúl de nuestras abuelas (que sí eran esclavas domésticas) estereotipos de esencialización y mitologización que reproducen la opresión entre nosotras. No, somos herederas de Butler. Estamos dislocando el binarismo, y volcando las herramientas que nos ofrecen las luchas identitarias para desmontar las normativas sobre cómo hay que ser, encajar, sostener, hacer y manejar los trabajos maternos.

No, compañeras, nadie ansía frenar sus expectativas profesionales. Nadie quiere reproducir estructuras familiares o unidades familiares de dependencia. Nadie quiere reproducir modismos conservadores, reaccionarios o machoadaptados. Todas queremos ser autónomas y funcionar bajo nuestras derivas.

Y una vez superada esta lógica del igualitarismo, que intenta negar nuestras luchas y demandas, tendríamos que entrar en la politización a tope del espacio doméstico. Espacio que se ha visto desbordado por toda esta crisis vírica. ¿Qué sucede en el espacio doméstico donde se realizan los trabajos maternos agravados por esta crisis sanitaria? ¿Cuántos trabajos y cargas se acumulan sobre los cuerpos? ¿Qué pasa aquí dentro? ¿Podremos entrar a desentrañar, nombrar y cuantificar todos los trabajos que se acumulan en el espacio doméstico y así poder establecer nuevas políticas de distribución del cuidado desde el respeto a los derechos psicofísicos de los cuerpos “mujeres” madres y de las criaturas (que curiosamente son las más olvidadas dentro de este loco sistema turbocapitalista)? 

¿Podemos entrar a desentrañar qué pasa en el espacio doméstico como estrategia para resolver por qué el sistema productivo excluye la reproducción o por qué las actividades humanas de reproducción social están fuera de las lógicas del capital siendo reproductora de las fuerzas de trabajo y riqueza? ¿Qué función tiene el espacio doméstico donde se acumulan los trabajos maternos para la continuidad de la vida? 

Abriendo este melón, podríamos ser parte del proceso para generar condiciones de trabajo decentes para las trabajadoras del hogar y de los cuidados que asumen los trabajos y cargas de manera externalizada. Y, con ello, acabar con el normalizado sistema de abusos sobre estos cuerpos “mujeres”. Podríamos, también, salir de la inoculada creencia del espacio doméstico como lugar históricamente asignado a los cuerpos “mujeres” donde se acumulan trabajos y cargas sobre los cuerpos maternos de manera silenciosa. Salir del espacio doméstico como asunto privado que se rige bajo las machoexpectativas del paterfamilias, donde sigue funcionando la autoridad basada en la potencia económica. La negación insultante del valor estructural que tiene la crianza en todo este sistema que nos envuelve y la reproducción del eje opresor sobre los cuerpos maternos armado por la soledad o negación de distribución del cuidado, por el cansancio o estrategia de control social y por la patologización como estrategias para negar los movimientos internos que suceden en el puerperio (como narra visualmente la performer Paloma Calle en los ejercicios 1 y 2 de la serie Gravedad, 2020, realizada durante el confinamiento). 

¿Qué está sucediendo dentro de los hogares? ¿Cuáles serán las nuevas políticas de conciliación y tipología de prestaciones que se han de establecer para remunerar las cargas de trabajo sobre los cuerpos “mujeres” que tiene que asumir los trabajos “productivos” (según las lógicas de trabajo asalariado), logísticos, alimentarios, transporte, sostén, psicoemocionales, además del acompañamiento del trabajo intelectual de las niñas y niños que se propone desde los colegios? Sin olvidar el trabajo de amortiguar todas las carencias por la inexistencia del juego/socialización compartidos por los menores (requisito fundamental para un desarrollo deseable para menores de 12 años). ¿Cuándo lograremos salir de esa herencia del paterfamilias?

Por Luisa Fuentes Guaza, es coordinadora del grupo de estudios sobre maternidades en el Departamento de Actividad Públicas del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y fundadora de Futuridades Maternales.
Fuente: La Marea