septiembre 19, 2019

Se lanzó una Campaña Feminista para promover candidaturas de mujeres y disidencias a los parlamentos de Argentina, Bolivia y Uruguay

Representantes de organizaciones feministas, en el Día de la Mujer, en el Palacio Legislativo (archivo, marzo de 2017). Foto: Federico Gutiérrez

La iniciativa apunta a la construcción de una política “transversal y feminista”

El análisis de la composición de las listas con una perspectiva de género y feminista se impone este año, que condensa en tan sólo una semana la celebración de elecciones nacionales en Argentina, Bolivia y Uruguay. ¿Cuál es el porcentaje de mujeres que se presentan en las listas al Senado y a la Cámara de Representantes? ¿Cuántas son mujeres trans, lesbianas, travestis o afrodescendientes? ¿Ocupan los primeros lugares? ¿Incluyen en sus agendas la defensa de los derechos humanos, los reclamos de los feminismos o el abordaje de las desigualdades específicas que atraviesan mujeres y disidencias sexuales y de género?

Durante la última década estos países han registrado avances en materia de participación de las mujeres en el sistema político, en parte gracias a la aprobación de leyes de cuotas o de paridad de género tanto en Uruguay (2009) como en Bolivia (2010) y en Argentina (2017). Sin embargo, lejos de lo que establecen los textos formales, el poder real sigue siendo masculino. La realidad de Bolivia es un claro ejemplo: si bien es el segundo país del mundo que logró alcanzar la paridad en términos formales (hoy el Parlamento está integrado por 53% de mujeres), las legisladoras aseguraron el mes pasado en un encuentro nacional que continúan estando “a la periferia del poder político”. “El poder central y los niveles de poder estratégico permanecen como ejercicio masculino”, cuestionaron en un documento.

Las cuotas femeninas tampoco aseguraron que las mujeres que efectivamente llegan a ocupar los espacios tuvieran una agenda de derechos feminista, antirracista y antifascista, ni resolvieron cómo incluir a las disidencias en los ámbitos políticos, que todavía les aparecen como espacios impenetrables. “En la política no hay mujeres trans, por ejemplo”, dijo Viviana García, integrante de Mediared, a la diaria. “Lo que empezamos a ver fue que las compañeras trans manifestaron el malestar de que las llamen sólo para la foto o para la entrevista, pensando en la Marcha de la Diversidad, por ejemplo, pero no para ocupar espacios. Entonces, bueno, que los ocupen. Y para eso tenemos que organizarnos y pensar estrategias para poder no darles voz, porque ellas ya tienen su voz, pero sí para que puedan tener la misma voz que los varones han tenido siempre”, explicó la activista.

La Campaña Feminista surge de la voluntad de poner todos estos temas arriba de la mesa y con el objetivo particular de impulsar más candidaturas de mujeres y disidencias a los parlamentos argentino, boliviano y uruguayo en este año electoral. La iniciativa fue lanzada a fines de agosto en las redes sociales –Facebook, Instagram y Twitter– por los colectivos Emergentes (Argentina), Mediared (Uruguay) y Telartes (Bolivia). “Elegir más mujeres, afro, lesbianas, travestis y trans requiere más votos. Para obtener más votos, nuestras ideas deben ir más allá. Para esto necesitamos más feministas en el Congreso”, aseguran los grupos convocantes en el sitio web oficial.

La idea, en concreto, es que las candidatas que estén alineadas “con la defensa de la democracia, los derechos del pueblo y la lucha por el fin de la desigualdad” se anoten a través de un formulario que está disponible en campanafeminista.org. “Si sos una candidata que va a colocar a las mujeres y disidencias como prioridad en su mandato, te invitamos a que te sumes a nuestra plataforma. Porque el tiempo de las feministas en las urnas es ahora”, señala la convocatoria. El llamado también está dirigido a comunicadoras, diseñadoras, redactoras y fotógrafas que quieran “participar en la construcción de la campaña” para “fortalecer las voces de las parlamentarias”.

La iniciativa de los tres países se basa en la experiencia Campanha de Mulher, impulsada durante las elecciones brasileñas de 2018 por el medio independiente y autogestionado Mídia Ninja. Esa campaña reunió a más de 100 candidatas de distintos partidos políticos con el objetivo de visibilizar sus propuestas, planes de gobierno y perfiles, gracias al trabajo de más de 200 profesionales de la comunicación.

En Uruguay, la primera reunión con la mirada puesta en la Campaña Feminista se realizó a mediados de agosto entre integrantes de Mediared y mujeres políticas, trans, lesbianas y afro autónomas. En ese encuentro inicial las participantes coincidieron acerca de un proceso electoral en el que mujeres y disidencias están en segundo plano y aseguraron que este elemento cobra especial relevancia en un contexto de “avance de la derecha en la región”, explicó García.

La integrante de Mediared dijo que la idea de la campaña en nuestro país es que se inscriban candidatas que ya están en listas o que posiblemente lleguen a integrar una. La representante aseguró que se disparó una alarma concreta cuando Gustavo Serafini –alias El Gucci– anunció que sería candidato a diputado por el sector Baluarte Progresista del Frente Amplio (FA). “Nos pareció muy poco estratégico por parte del FA ni siquiera tener presentes todas las denuncias que tenía El Gucci. Ahí no se tuvo en cuenta y no se escuchó a las compañeras. Se lo bajó después de que el movimiento feminista salió a cuestionar la decisión", afirmó García. Este episodio funcionó de catalizador para quienes ya venían gestando la Campaña Feminista, que plantean en ese sentido no sólo que haya más mujeres y disidencias en las listas, sino que además sean tenidas en cuenta.

Para las impulsoras de la campaña en Uruguay, se trata en definitiva de pensar y construir otras formas de hacer política, que no tengan que ver con las luchas de poder –que es lo que históricamente se pone en juego durante las campañas electorales–, sino que estén vinculadas con la lógica antipatriarcal y de equidad que promueven los feminismos. “La idea es que esta lógica empiece a hacer carne, a hacer cuerpo, ocupando los lugares. Eso mismo va a hacer que la violencia de género, por ejemplo, se transforme en otra cosa, en una capacidad de acción que no tenga que ver con luchas de poder”, explicó García, y para ilustrarlo recordó una cita de la escritora afro, lesbiana y feminista estadounidense Audre Lorde: “Las herramientas del amo nunca desmantelarán la casa del amo”. A eso apuntan estos colectivos: a usar otras herramientas que, lejos de responder a las lógicas patriarcales dominantes, buscan crear algo nuevo.

La iniciativa sigue moviéndose en las redes, en las que además de promover las inscripciones de candidatas y comunicadoras feministas, las organizadoras publican noticias vinculadas a las campañas en cada país. En paralelo, los colectivos están realizando un mapeo para publicar en los próximos días información sobre referentes políticas que hayan marcado la historia en Argentina, Bolivia y Uruguay, como forma de reconocer y visibilizar el aporte de las mujeres que hace décadas abrieron el camino a otras mujeres.

El cierre de la campaña será el sábado 19 de octubre, con el desarrollo de un Parlamento feminista en el Cabildo de Montevideo. La entrada será libre para toda persona que quiera asistir. En las próximas semanas se irán conociendo más detalles.

Minuto a minuto
La Campaña Feminista está activa y es actualizada todos los días en las redes sociales. Podés seguirla en:

- Facebook: @campanafeministalatam
- Instagram: campana_feminista
- Twitter: @CampanaFem

Las inscripciones se realizan a través de la página web campanafeminista.org/suscribete/.

Fuente: La Diaria 

Feministas por la transformación de la política: memorias violetas de los cuarenta años del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.



Fue más o menos en abril. Recibo un mensaje de Virginia Guzmán, feminista histórica del Centro de Estudios de la Mujer, invitándome a los cuarenta años de Flora Tristán. Las Floras, allá en el Perú, constituyen un espacio de resistencia donde el feminismo se torna una palabra múltiple: desde la institucionalidad a la calle, desde las colectivas juveniles hasta el congreso. Su aniversario se abrió como un lugar para ponernos en común desde diversos rincones de América Latina, una hermosa excusa para conocernos y reconocernos, entre quienes venimos recién comenzando esta trayectoria feminista, y quienes ya tienen un largo y ancho sendero trazado. Un espacio donde la vida se ha tornado en palabra colectiva, que desalambra a su paso para que muchas más puedan comenzar a transitar sin los miedos en la garganta, sin la incertidumbre de regresar o no a casa luego de un largo día de trabajo.

Fue mi primera vez en Lima (espero no la última). Terminaba mayo en una ciudad donde esta alianza de resistencia se contrapone a los discursos de odio, los explosivos destapes de corrupción, la crisis del agua, y el gran número de femicidios, que como en cada rincón de América Latina empezaban a acumularse desde los nombres a las cifras. Una de ellas marcaba con su presencia toda la jornada: Eivy Agreda volvía después de su muerte a ser noticia, esta vez por la condena de su agresor. La joven de Cajamarca que a los veintidós años perdió la vida, luego de ser incendiada en un bus estuvo presente en cada una de nuestras reflexiones y conversaciones. Recorrí la ciudad escuchando su nombre, su historia, el dolor de sus familiares. Mujer joven indígena, viaja sola desde su pueblo a la ciudad en busca de educación y mejores oportunidades de vida, no hay redes de apoyo que sostengan su existencia, ella sola, aislada contra el mundo. El agresor es una herramienta de disciplinamiento: no escapar a la norma, no desviarse, no decir que no. No puedo dejar de imaginarme su dolor en medio de ese fuego, las sensaciones de alerta en los momentos previos, las veces que se sintió perdida en esa misma ciudad, donde se supone que su vida mejoraría.

Con el recuerdo de Eivy y tantas otras en nuestros cuerpos, en nuestros corazones empezamos estas jornadas de conversaciones por esa vida otra, más justa. Nos sangran todavía todas las muertes, en medio de su naturalización, cuya anestesia social luchamos por desbaratar desde todos los frentes posibles. Con los diversos paneles de discusión, caigo nuevamente en cuenta de esa diversidad infinita de feminismos presentes, de trincheras, de luchas, de latitudes. En estos territorios se torna imprescindible la lucha de las mujeres por la justicia, contra las instituciones machistas y corruptas que representan un peligro para la vida. Nos cuentan cómo los cruces entre patriarcado y mafialidad generan las condiciones estructurales para que la violencia contra los cuerpos femeninos y disidentes sea una demostración de soberanía territorial. El femicidio se erige como un acto de disciplina, en cuyo cuerpo destruido se imprimen las marcas de la conquista. El rito posterior de búsqueda de justicia ordena las vidas de las que quedamos en la desolación de una institucionalidad que la mayor parte del tiempo no da respuestas, o bien las configura únicamente en torno a la sanción del agresor.

¿Cómo, desde dónde construimos las transformaciones a esta realidad desde el feminismo? Las compañeras me invitan a conversar sobre mis experiencias de Chile en el panel Construyendo política feminista con igualdad de género y paridad, en conjunto a grandes compañeras feministas que han ido delineando alternativas en el pedregoso camino de ser feminista en la política. Veronika Mendoza de “Nuevo Perú”, candidata presidencial, nos habla de aquel momento de la toma de conciencia y despertar habiendo sido criadas en una política que encuadra su quehacer desde la posición de la masculinidad. Con profunda sinceridad, de aquella que reconoce que no se nace feminista, sino que nos hacemos feministas por necesidad, Veronika cuenta la sensación de exageración que le producía una “ley de acoso político”, y como las Floras, y otras compañeras fueron determinantes para su comprensión de una política feminista. Siempre se avanza en colectivo. Nuestras historias no son únicas, ni unitarias. El camino pedregoso se desalambra entre varias, subvirtiendo el aislamiento al que somos relegadas las mujeres, a través de la competencia y el mandato de masculinización que se nos plantea para acceder a la política. En un escenario latinoamericano de debates sobre democracia paritaria, Veronika nos arroja la pregunta clave: ¿qué representación? La construcción de leyes a medida para el empresariado vuelve indispensable comprender que no sólo necesitamos más mujeres en política, sino que construyamos una política feminista.

La regulación de los cuerpos femeninos y feminizados que se ejerce desde nuestra vida cotidiana, pasando por nuestra sexualidad, y nuestra constitución como sujetas, nos ha dejado desplazadas de los espacios de decisión. Si la política no ha sido cosa de mujeres, no es extraño que nuestra relación con la democracia y la participación sea compleja y a veces contradictoria. La experiencia de Katia Uriona como ex presidenta del Tribunal Electoral de Bolivia resulta central para dar cuenta de estos nudos: ¿qué hacemos con la institucionalidad? ¿vamos o no a ser parte de estos espacios? Las mujeres hoy representan un 53% de la representación política en Bolivia –nos cuenta Katia– ¿es esto suficiente?, ¿cuánto transforman las mujeres con su llegada?, ¿qué hacen los hombres cuándo ellas llegan? 

La incorporación formal al sistema político de las mujeres presenta una encrucijada problemática: por un lado, se responsabiliza a quienes asumen dichas labores de representatividad como si fuesen garantía suficiente para la transformación de la política, y por otro, se critica –al no lograr los resultados esperados– la cooptación del discurso feminista por parte de dicha institucionalidad. Pareciera que la relación se vuelve cada vez más compleja, en un marco donde la necesidad de autonomía de los movimientos sociales se conjuga con una nueva arremetida de discursos conservadores que recorren nuestros territorios, ofreciendo alternativas que significan un mayor recorte a los derechos sociales, y una mayor criminalización a las identidades disidentes, migrantes e indígenas.
“No hay democracia sin feminismo”. Intento enunciar mis experiencias entre las aparentes vidas paralelas de una militancia política y de un activismo feminista. Me sorprende la sintonía de los nudos que presentan las compañeras anteriores con las vivencias propias de Chile, y los lazos latinoamericanos que comienzan a esbozarse como necesidad inminente de un internacionalismo que permita comprender y comprendernos mejor. El feminismo siempre ha puesto sobre la mesa, la cama y la calle demandas de ampliación democrática: sufragio, democracia en la decisión de nuestros cuerpos y territorios, lucha contra dictaduras, lucha contra el terrorismo, tal como recuerda en sus palabras Diana Miloslavich, integrante histórica de Flora Tristán. No es casual que sean las feministas las que ponen en mayor tensión la idea misma de representación, y miran con sospecha la política tradicional como una vía posible para confiar la transformación de nuestras vidas. Como contracara de lo anterior, tampoco es casual que sea la porfía de las feministas la que se cuestione cómo lograr efectivamente esa transformación sin tomarse los espacios que nos han sido históricamente negados.
No tuve la suerte de tener una crianza feminista, el vértigo del oleaje como forma de narrar las irrupciones violetas han provocado que el sentido de historicidad de nuestros movimientos se pierda en la sensación de estar desancladas de las memorias oficiales. Hace un mayo atrás, el feminismo se volvía gusto adquirido, y comenzaba a colarse por las conversaciones cotidianas, familiares, de trabajo, de largos trayectos en el transporte público. Lo imposible se volvía enunciable, y múltiples espacios universitarios y escolares de Chile amanecían con sillas en sus portones, y carteles morados de “toma feminista”. Por primera vez en mucho tiempo vuelvo a decir en voz alta lo que me había sucedido en ese entonces, donde por haber presentado una denuncia por acoso sexual y laboral contra un importante profesor de mi Facultad, y ante la falta de respuesta de los mecanismos institucionales, decidimos con grandes compañeras –gracias a las cuales sigo en pie– comenzar a movilizarnos. La denuncia la había presentado luego de trabajar con este profesor en el Tribunal Constitucional, mientras se tramitaba la ley de aborto en tres causales: desde la institucionalidad, vulnerada por la institucionalidad, para aportar un grano de arena al avance de la institucionalidad. Contradicciones abiertas. Lo que la marea violeta nos trajo, fue uno de los momentos más bellos y a la vez dolorosos que nos ha tocado vivir. Cientos de asambleas de mujeres, marchas, despertares. Mi caso no fue el primero, ni el único, ni el más importante como intentaron decir en los medios de comunicación masivos. Era una pequeña muestra más de un sistema educativo, que desde el nacimiento nos arrebató la posibilidad de pensar siquiera, el ser sujetas políticas. Y ahí estábamos nuevamente, tal como aquella historia que nunca nos contaron sobre la lucha feminista contra la dictadura, repensando nuestra forma de ser/habitar nuestro cuerpo y nuestra tierra.

“Todo fue distinto después de Lima”, escribió Julieta Kirkwood en sus reflexiones sobre las feministas y los partidos, refiriéndose al Encuentro Feminista de 1983. Encuentro que menciona con emoción Diana, que vivieron Gina, Virginia, y tantas compañeras que aquí, en este nuevo despertar de generaciones de mujeres, de disidencias vuelven a converger en Lima, esta vez para reconocer el camino recorrido por una de las organizaciones que sirve de inspiración a muchas quienes nos sentimos recién comenzando. En un nuevo mayo, volvía a hacerme –con compañeras de diversas experiencias, diversas latitudes, diversas opresiones en sus memorias– la misma pregunta por la construcción de una política feminista. La pregunta que quizá no deje jamás de rondarnos, y darnos vuelta la cabeza entre pañuelos verdes y las más distintas entonaciones de nuestra lengua. Pregunta que no es sino nuestra potencia crítica, aquel rebelarse contra la relegación en el espacio de lo privado y lo frágil. Quise narrar un pedacito de la intensidad vivida en esos días, dejando en el tintero muchos relatos, que espero ir escribiendo, y también como una invitación a que nuestras historias no se pierdan en el pasar de los años, invitación a que tal como hicieron nuestras abuelas, nuestras tías, nuestras madres, nuestras compañeras, este presente de inquietudes y efervescencias feministas se vuelva trazo en la memoria colectiva. Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, que nos sigan viendo, puesto que seguiremos construyendo para revolucionar todos los espacios, para
alterar desde el feminismo todos los rincones.


Por Sofía Brito
En memoria de Eyvi Agreda.
Fuente: Revista Bravas

septiembre 18, 2019

Entre la causa patriota y la realista. Las mujeres en la Independencia de Chile

Durante el período de la Independencia las mujeres no participaron de la lucha armada como sucedió en otros países latinoamericanos como Colombia o Perú, pero sí protagonizaron un activismo político, lo que recién comenzó a ser reconocido desde fines del siglo XIX...



Durante el período de la Independencia de Chile las mujeres no participaron de la lucha armada como sucedió en otros países latinoamericanos como Colombia o Perú, pero sí protagonizaron un activismo político, lo que recién comenzó a ser reconocido desde fines del siglo XIX.

Según señala el intelectual decimonónico Vicente Grez en su libro Las mujeres de la Independencia (1878), algunas mujeres de la elite santiaguina tuvieron un papel connotado durante la independencia. A muchas de ellas las caracteriza como heroínas al estimular la valentía entre los libertadores; por su actitud de sacrificio y por su entrega a la causa emancipadora. Pese a que Grez destaca la influencia que los pensadores ilustrados del siglo XVIII tuvieron en la instrucción de las mujeres aristocráticas que apoyaron la causa patriota, en su obra valora, el apoyo espiritual que aquellas mujeres brindaron a los hombres del ejército libertador.

Como anfitrionas de los salones más frecuentados de la época, las mujeres de elite reunían a grupos políticos e intelectuales, ofrecían un cálido ambiente para el intercambio de ideas y consolidaban vínculos y alianzas útiles para el apoyo de las operaciones logísticas y militares de los patriotas. De este grupo de mujeres, destacaron las figuras de Luisa Recabarren y Javiera Carrera.

Sin embargo, también existen evidencias tempranas de que mujeres patriotas de otras clases sociales contribuyeron de diversas maneras a la acción independentista. Las investigaciones en archivos judiciales y de guerra y en epistolarios dan cuenta de ello.

La división política que produjo el proceso de la Independencia también dio lugar a que se reconociera la existencia de mujeres realistas que, organizadas en grupos, aportaban recursos económicos, difundían propaganda y actuaban como correos de información en beneficio de la causa española.

Las consecuencias sociales del apoyo a la causa de la independencia y realista arrastró consigo pobreza, desamparo y persecución entre la población femenina capitalina y de algunas provincias, pues su condición de mujeres no fue una característica que inspirara indulgencia en uno u otro bando. Algunas fueron desterradas o recluidas en sus hogares, cárceles o conventos y, a aquellas que poseían patrimonios significativos, les fueron requisados sus bienes. Otras en cambio, se convirtieron en intermediarias ante las autoridades que, apelando al derecho de súplica, se empeñaron en obtener la liberación de sus familiares y la devolución de sus bienes. Por su parte, las más pobres que trabajaban en oficios de lavanderas, cocineras o costureras debieron asumir la manutención total de sus familias luego de que sus maridos, padres o hermanos fueron apresados o asesinados.

Más información:

Fuente: Memoria Chilena

Alika Kinan: Los hombres compran la humillación de las mujeres, no sexo



Primera de dos partes

Lima, Perú. En su brazo izquierdo ha escrito parte de su historia que la ancló a la tierra para romper con la explotación sexual de ella y de las mujeres de su familia. Enfrenta un proceso judicial que la ha llevado a resistir los ataques de los proxenetas, cambiar de domicilio una y otra vez y a ser militante abolicionista.

La historia de toma de conciencia de Alika Kinan y reconocerse como víctima del delito de trata con fines de explotación sexual inició en el año 2012 cuando fue rescatada del bar “El Sheik”, en la ciudad de Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, tras 16 años en condición de prostitución.

Su primer expediente data de 1996 donde la policía asentaba que no tenía antecedentes penales y un médico certificaba que no tenía infecciones de transmisión sexual, requisitos de la municipalidad para “trabajar” en cualquier bar de la ciudad. Su último legajo data del año 2010 ya con la vigencia de la “Ley 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas”.

Su testimonio fue fundamental para ganar el primer juicio contra el Estado por el delito de trata en Argentina. Autononombrada feminista radical, Alika Kinan, se declara abolicionista porque está “en contra de la esclavitud”.

“Los hombres no compran sexo, compran la humillación de las mujeres”, afirma contundentemente, quien por años fue explotada sexualmente, como lo fueron las mujeres de su familia desde su abuela, sus tías, su madre, su hermana y ella.

Alika es el rostro y la vida que demuestra que con oportunidades reales las mujeres en contexto de prostitución salen de ella o nunca entran.

“Las mujeres pobres estamos condenadas a ser víctimas de trata, ser víctimas de prostitución, si no eres rica y no tienes las posibilidades de estudiar, de ser, estás condenada a lo peor que le puede pasar a una mujer, entregar el cuerpo para sobrevivir, (la prostitución) es un método de subsistencia”.

Cimacnoticias: fragmento de entrevista Alika
La entrevista con Alika, te cala. Su voz cambia permanentemente, es un termómetro. Suave y casi un susurro cuando toca su dolor y el de otras; fuerte y vibrante cuando defiende, argumenta, se indigna. La mirada también cambia; te mira a los ojos o baja la mirada, todo depende del recuerdo que se clave como aguijón.

Alika decidió tatuarse los nombres de sus hijas e hijos antes de iniciar el juicio contra sus captores y contra el Estado argentino por la protección a los tratantes y por negarse a cumplir con la ley.

Imagen retomada de Facebook
– Lucía Lagunes Huerta (LLH): ¿Por qué eres abolicionista?

– Alika: Porque estoy en contra de la esclavitud, ni más ni menos. Creo que cualquier feminista que se dice y se reconoce feminista, está en contra de la esclavitud. No sólo por reivindicar la lucha de mis ancestras, es la manera que encontré de poder cortar con lo que había pasado con mi vida, siendo que las mujeres de mi historia, mi propia genealogía, fueron mujeres que estuvieron en situación de prostitución, mis tías, mi madre, mi abuela, yo misma.

Tengo cuatro hijas, la única manera, el único camino para poder cortar con eso, no dejarles esa terrible marca, esa terrible herencia como destino. La herencia la tienen y la marca existe, pero yo espero que aprendan de eso para que no vuelva a suceder.

– LLH: ¿Cómo llegas a eso, cómo decides romper?

– Alika: Fui esclava durante 16 años de mi vida -hace una pausa larga y continúa- desde el momento en que a mí me rescataron, no podía comprender el delito de trata sin la figura del secuestro. Yo no había sido secuestrada, para mi era muy complejo poder comprender un delito tan complejo como es la trata de personas sin este imaginario, esa construcción desde el imaginario social de que para que sea trata de personas tiene que ser un secuestro, porque también desde lo social se buscó construir esa figura, para que las mujeres como yo no nos reconociéramos como víctimas de ese delito.

Por supuesto que las mujeres que estamos en situación de prostitución, hemos sido víctimas de trata, porque hemos sido captadas, trasladas y acogidas, pero no nos reconocemos como víctimas por la ausencia del secuestro que es sólo una agravado del delito.

La sociedad o el sistema acomodó esta construcción social, para no tener el trabajo de crear políticas de Estado, políticas públicas, para no combatir el delito. Mientras las mujeres no nos quejemos, no existe lucha, no existe el reconocimiento de delito y restitución de derechos económicos, culturales, sociales.

LLH: ¿Cómo llegas a esa conciencia?

– Alika: Es la parte más difícil de todas. A mi me rescataron en 2012, me captaron en el año 95 y fui rescatada en octubre de 2012, en un operativo que lideró la fiscalía federal de Ushuaia junto con el Ministerio Público Fiscal a través de Gendarmería Nacional….

-Suspira, baja la voz y juega con los dedos-. Alika regresa en el tiempo, pese a su fortaleza, el recuerdo le duele, su voz se apaga, se vuelve pausada, se detiene por unos segundos para seguir con su historia.

“Era una noche, estaba en mi habitación con mi compañera Fany … llevábamos como 15 días atendiendo tipos, … habían entrado muchos barcos, había pasado la fecha de cobro y estábamos realmente agotadas. Justo ese día estábamos descansando porque había bajado todo, nosotras dormíamos dentro del prostíbulo.

Por experiencias pasadas, Alika se alertó cuando escuchó que la música paró, pensó que un robo vendría, nunca imaginó que ese día su historia y la de otras cambiaría radicalmente, que aquello que creían normal dejaría de hacerlo para poder mostrar la violencia del delito de trata.

En medio de la entrevista Alika muestra la transformación en sí misma, mientras en otros momentos al hablar de asaltos en los prostíbulos en que ella estaba podría decir que:

“Se habían llevado toda la plata y las habrían cogido a todas gratis o entraron a robar y violaron a mis compañeras. Fíjate como esas dos ópticas son dos maneras de mirar una misma realidad”.

Cuando se percatan que no es un robo, sino una acción policial, temen ser encarceladas porque explica Alika: “hay una construcción social, una demonización sobre los procedimientos, los allanamientos que realizan las fuerzas de seguridad especializadas que investigan el delito de trata como causa judicial.

Se cree que nos van a llevar presas, como que nosotras estamos cometiendo un delito, pero nosotras no cometemos delito, somos víctimas. El delito existe, pero nosotras no somos las que lo cometemos, es un delito que recae sobre nosotras, sobre nuestros cuerpos, desde diferentes agentes que son externos: la pobreza estructural, el machismo, el capitalismo, son muchas cosas que nos afectan como sujetas de derechos”.

Cuando los guardias tocaron a la puerta de la habitación de Alika y Fanny, la defensa que encontraron fue decir “que era una casa de familia”. Al día de hoy creo que estos tipos se habrán recagado de risa porque era obvio que estábamos dentro de un prostíbulo y que no era ninguna casa de familia. Pero bueno, a nosotras nos descontaban dinero en concepto de alquiler, sí pagamos un alquiler, en nuestro imaginario pagamos un alquiler, la realidad es que nos descontaban guita por todo, nos quitaban guita porque menstruábamos, porque los tipos se quejaban, porque nos dolía la panza, porque no nos podíamos levantar porque estábamos agotadas.

Nos liberan de una situación de explotación sexual, pero nosotras, la realidad es que cargábamos tremendo síndrome de Estocolmo, porque nosotras lo único que queríamos era que nos abrieran el prostíbulo que era lo que conocíamos.

Años y años con Pedro y Claudia, era nuestra familia, lo que conocíamos, eran los que creíamos que nos habían sacado de la condición de pobreza, (pero) seguíamos en condición de pobreza.

Es muy complejo poder explicar el daño psicológico que produce la trata como delito, como proceso de disociación, reconocerlo como violencia.

Yo no detectaba la violencia porque no sabía ya reconocerla, porque era un callo, se te hace callo, la vida se te hace callo.

Es muy raro y muy difícil que una víctima la reconozca como una violencia, pero en realidad la prostitución es violencia física, sexual, económica, simbólica, violencia estructural.

¿Quiénes son las que son prostituidas? Las pobres, las mujeres pobres, las que no tienen acceso a la educación, por eso te digo que hay un imaginario, un constructo social que llega a creer que si no hay secuestro no hay trata.

Las mujeres pobres estamos condenas a ser víctimas de trata, ser víctimas de prostitución, si no eres rica y no tienes las posibilidades de estudiar, de ser, estás condenada a lo peor que le puede pasar a una mujer: entregar el cuerpo para sobrevivir. La prostitución es un método de subsistencia.

– LLH: ¿Por qué van los hombres a consumir? ¿sólo por sexo?

– Alika: No, los hombres no pagan por sexo, el sexo es fácil, el sexo se consigue en cualquier lado, es fácil. Se paga por poder, se paga por el sometimiento, por la humillación de la mujer, eso no se consigue tan fácilmente sin que eso sea un delito.

Porque una violación es exactamente lo mismo, es el sometimiento, es la humillación, pero es una violación, ahora si ellos pagan por eso, limpian su conciencia, porque ellos (dicen) no, yo no violé, ya le pagué. ¿Y qué diferencia hay si le hiciste lo mismo que en una violación?

No sigamos creyendo en ese romanticismo en la prostitución.

La sociedad necesita creer que el hombre paga por sexo, porque si la sociedad cree que el hombre paga por sexo, no se compromete en erradicar el consumo de prostitución.

Cimacnoticias: Fragmento de entrevista Alika
– LLH: ¿Y por qué la sociedad no se compromete?

– Alika: Porque es muy duro, porque es un negocio que mueve 152 mil millones de dólares al año. Está después el tráfico de armas. Tenemos las drogas, la trata, las armas. Es el segundo negocio ilícito más rentable del planeta.

Tenemos 152 mil millones de razones por los que los Estados y países no se comprometen en la erradicación de la trata de personas, porque son las niñas pobres, las mujeres negras, las mujeres indígenas, las mujeres pobres.

Si vamos a Holanda, que es donde está regulada la prostitución, está legalizada ¿son las holandesas las que están en prostitución? No. Son las latinas, las negras, somos las pobres, las menores de edad, las sin derecho, las que no reclaman.

– LLH: ¿Hay una corriente que dice es una elección ¿se elige estar en condición de prostitución?

– Alika: No, una elige cuando tiene elecciones reales, cuando tenés caminos que podés elegir. La pobreza conduce a las mujeres a la prostitución. No nos podemos olvidar de la pobreza, porque es la gran generadora de la prostitución como único camino. La mujer pobre que no tiene recursos.
Insert pobreza
Cimacnoticias: Fragmento de entrevista Alika


Nos someten, nos esclavizan, no todas quieren ir a limpiar un baño. Y la que no quiere ir a limpiar el baño y tiene ojos lindos, culo lindo o cuerpo lindo está pa´ prostituta, con esta hacemos plata.

¿Quién hace plata? Ella no. Hace plata el Estado, el capitalista, el proxeneta, el del hotel, el de taxi, el de uber, ¡todos! menos ella. ¡Cómo no van a hablar los hombres a favor de que las mujeres “quieren prostituirse”, pero si a ellas les gusta, ellas hacen un montón de plata!

Y cuando habla una mujer, habla la proxeneta. A cuántas mujeres hemos escuchado hablando de prostitución, pocas, y las que hablamos, que hemos sido prostituidas, hablamos de manera negativa, como que ninguna quiere, ninguna lo elige.

Yo quería ser abogada, soñaba, los seres humanos somos un conjunto de sueño, pero fui pobre, entonces puta.


Fuente: Cimac