junio 17, 2026

El trabajo de cuidado y el acceso desigual a la autonomía económica

“Hice a un lado mi carrera para cuidar a los niños. Ahora él me dice que la casa es suya y que yo soy la que se tiene que ir”


“Yo me dediqué a cuidar a nuestros hijos mientras él se desarrollaba profesionalmente. Ahora, a mi edad, ya nadie me contrata; él se volvió a casar, compró otra casa y yo no tengo nada a mi nombre”.

“Hice a un lado mi carrera para cuidar a los niños. Ahora él me dice que la casa es suya y que yo soy la que se tiene que ir”.

Frases como estas se escuchan en nuestras asesorías con más frecuencia de la que quisiéramos. Mujeres que pausaron su carrera profesional —o dejaron de trabajar de manera remunerada— para priorizar el cuidado de infancias, personas enfermas o las necesidades cotidianas del hogar. Y que años después enfrentan separaciones o divorcios desde la precariedad, la falta de autonomía económica y profundas desventajas patrimoniales.

Mujeres que dedicaron años al cuidado mientras veían a sus parejas crecer profesional y patrimonialmente, acumulando experiencia laboral, estabilidad económica, propiedades o redes profesionales. Mientras tanto, ellas fueron acumulando interrupciones laborales, dependencia económica, trabajos flexibles sin prestaciones y trayectorias marcadas por la imposibilidad de conciliar empleo y cuidados.

¿De qué hablamos cuando hablamos de cuidado?

El trabajo de cuidado contempla actividades indispensables para la vida cotidiana: desde las tareas de cuidado directo, como cuidar a infancias, acompañar a personas enfermas o atender a personas mayores, hasta las tareas de cuidado indirecto, como cocinar, limpiar, administrar el hogar o sostener emocionalmente la vida cotidiana.

Cuando estas actividades se realizan sin recibir una compensación económica, hablamos de trabajo de cuidados no remunerado. Aunque no genere ingresos, debe reconocerse como trabajo: una labor indispensable para el funcionamiento de los hogares, las comunidades y la economía en general.

La organización social y económica descansa sobre millones de horas de trabajo de cuidado históricamente invisibilizado y desigualmente distribuido. En México, el INEGI estimó que, en 2024, el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados ascendió a más de 8 billones de pesos, equivalente al 23.9% del Producto Interno Bruto nacional.

¿Quién cuida?

De ese total, las mujeres aportaron 72.6% del valor económico generado por este trabajo, realizando 2.7 veces más labores domésticas y de cuidados no remunerados que los hombres. A nivel global, la Organización Internacional del Trabajo ha advertido que las mujeres realizan alrededor del 76.2% del trabajo de cuidados no remunerado y dedican más del triple de tiempo que los hombres a estas actividades.

El impacto patrimonial del cuidado

El cuidado ocupa tiempo, energía y disponibilidad constante; por ello, impacta directamente en las posibilidades de acceder a un empleo, conservarlo, crecer profesionalmente, generar patrimonio o construir autonomía económica. Las consecuencias aparecen en trayectorias laborales interrumpidas, dobles y triples jornadas de trabajo, dependencia económica, falta de ahorro, ausencia de seguridad social y desventajas patrimoniales que muchas veces sólo se hacen visibles durante una separación, un divorcio o una disputa familiar.

Durante mucho tiempo, el derecho no reconoció el trabajo de cuidado. Cocinar, criar, limpiar, acompañar o sostener un hogar no se entendían como actividades susceptibles de producir efectos económicos y jurídicos, pese a que permiten que otras personas estudien, trabajen, generen ingresos o acumulen patrimonio.

Por ello, hablar de cuidado implica analizar cómo se distribuyen el tiempo, el dinero, las oportunidades y el patrimonio dentro de las familias y las relaciones de pareja. También implica cuestionar por qué las consecuencias económicas derivadas de estas cargas han recaído históricamente sobre las mujeres y personas cuidadoras.

Reconocer jurídicamente el cuidado significa entender que detrás de cada jornada de trabajo invisible existen horas, desgaste, renuncias y consecuencias económicas y patrimoniales concretas. Significa reconocer que el tiempo dedicado a cuidar produce valor y, por ende, debe traducirse en derechos.

Las decisiones sobre quién deja de trabajar de manera remunerada, quién cuida, quién administra el dinero, por cuál régimen matrimonial se opta o cómo se construye un proyecto de vida en común no son únicamente decisiones emocionales: también son decisiones que invariablemente incidirán en nuestra seguridad patrimonial a largo plazo.

Porque el patrimonio no sólo se construye con dinero o con bienes. Las cargas de cuidado, el tiempo dedicado a la crianza, las pausas y renuncias profesionales también tienen consecuencias patrimoniales.

En ese marco, hablar de autonomía económica implica comprender que el cuidado tienen efectos materiales concretos y que las personas deben contar con información suficiente para tomar decisiones libres y conscientes sobre su proyecto de vida.

Por ello, las asesorías jurídicas preventivas son fundamentales, ya que permiten identificar desigualdades que suelen normalizarse dentro de las relaciones: abandonar una carrera profesional sin protección patrimonial, desconocer el estado financiero de la pareja, no participar en decisiones económicas relevantes o asumir cargas de cuidado desproporcionadas sin mecanismos mínimos de protección jurídica.

Porque si el amor no es para siempre, que nuestro patrimonio sí lo sea.

Las opiniones compartidas en la presente publicación, son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la posición de La Costilla Rota.Somos un medio de comunicación plural, de libre expresión de mujeres para mujeres.

Por  Itzel Lozada 
Fuente: La Costilla Rota
Abogada y especialista en género con amplia trayectoria en la promoción de los derechos humanos y la igualdad. Fundadora de Resignifica Abogadas, donde trabaja en litigio, asesoría y capacitación en materia de igualdad de género, derechos humanos e interseccionalidad. Su práctica se enfoca en temas de familia, violencia y derechos de las mujeres, con una apuesta clara por traducir el derecho en herramientas útiles para la toma de decisiones, especialmente en contextos donde las mujeres enfrentan desigualdades estructurales. Ha colaborado con organizaciones de la sociedad civil y proyectos comunitarios, integrando una mirada práctica que articula lo jurídico con lo social.

junio 16, 2026

Clara Burriel: “Todos los colegios deberían contar con protocolos de protección frente a la violencia sexual”

Desde Save The Children, insisten en la necesidad de dar un salto en el enfoque de la violencia sexual en la infancia y la adolescencia: no son casos aislados, es un problema estructural

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Clara Burriel, especialista en violencia de Save The Children.

«Esta realidad genera una profunda incomodidad social, pero también sentimientos de vergüenza, culpa y miedo, incluso dentro de las propias familias o instituciones, que pueden llegar a traducirse en situaciones o dinámicas de encubrimiento para evitar el estigma social», reflexiona Clara Burriel, especialista en violencia en Save The Children. Desde la organización, insisten en la necesidad de dar un salto en el enfoque de la violencia sexual en la infancia y la adolescencia: no son casos aislados, es un problema estructural.

¿Cuáles son los principales retos a la hora de abordar la violencia sexual en la infancia y adolescencia? 

Uno de los principales retos para abordar la violencia sexual en la infancia radica en que, a pesar de su gravedad, todavía se trata de una realidad muy invisibilizada, que continúa rodeada de tabús, falsos mitos sobre su frecuencia, las víctimas o los contextos en los que se produce. La sociedad todavía no es plenamente consciente de la magnitud de este fenómeno. Por eso, la sensibilización social sigue siendo una tarea pendiente: necesitamos comprender que se trata problemática estructural, y no de casos aislados.

Además, en relación con el conocimiento sobre la prevalencia de la violencia sexual hacia la infancia, persiste también el desafío de conocer su dimensión real: sabemos que las cifras oficiales reflejan solo la punta del iceberg, que muchos casos no se detectan y en ocasiones no se denuncian, en parte por las dinámicas propias del abuso, que suele producirse en entornos de confianza y en contextos de secretismo que dificultan la revelación por parte del niño o niña y de otros familiares. 

En este contexto, es muy complicado tratar de prevenir estos casos.

Otro reto clave tiene que ver con la prevención y la detección temprana. Es todavía necesaria una mayor formación especializada de profesionales (docentes, personal sanitario, fuerzas y cuerpos de seguridad, sistema judicial), así como la elaboración de protocolos para la detección, notificación y coordinación de estos casos, situando siempre al niño o niña en el centro de las intervenciones. En este sentido, también se destaca la falta de desarrollo e implementación de una educación afectivo sexual desde edades tempranas, reglada y adaptada a cada etapa evolutiva, pues esta educación constituye una herramienta clave en la prevención de esta violencia. 

Por otro lado, también persisten los retos en la respuesta que damos a los niños y niñas víctimas de esta violencia. Cuando la prevención falla y la violencia ya se ha producido, el desafío es garantizar una respuesta integral, inmediata y adaptada a las necesidades específicas de niños, niñas y adolescentes. El daño no termina necesariamente cuando cesa la violencia: la forma en que el entorno y las instituciones responden puede mitigar ese impacto o, por el contrario, agravarlo. Evitar la revictimización de los niños y niñas debe ser siempre una prioridad, pero todavía no contamos con procesos de respuesta adaptados a sus derechos y necesidades particulares. 

Y, finalmente, las nuevas tecnologías han añadido nuevos retos: el entorno digital riesgos, generando nuevas formas de violencia sexual y transformando otras preexistentes.. Esto exige respuestas específicas, coordinadas y adaptadas a la realidad digital en la que hoy crecen niños y adolescentes.

Según uno de los informes de Save The Children, que analiza sentencias, se puede deducir que hay características similares en estos casos, que confirman que estamos ante un problema estructural, que no son casos aislados. Pero nos quedamos con los casos «espectaculares». 

Si observamos las cifras oficiales proporcionadas por el Ministerio del Interior, podemos concluir que no estamos ante episodios aislados, sino de un problema social arraigado, persistente y de gran preocupación: en 2024 se interpusieron en España 22.774 por violencia sexual de las cuales casi la mitad (un 41,2%, 9.393) tenía como víctima a una persona menor de 18 años. Esto quiere decir que casi la mitad de las denuncias por violencia sexual en nuestro país tienen como víctima a un niño, niña o adolescente, siendo 8 de cada 10 niñas y chicas adolescentes. Además, se aprecia un aumento en las denuncias de un 182,8% desde 2010. De ninguna manera podemos concluir que se trata de casos aislados.

Esta forma de violencia consiste en la imposición por parte de un adulto o de otro niño, niña o adolescente de una actividad de carácter sexual a un niño o niña, aprovechando la desigualdad de poder para obtener una satisfacción sexual. Respecto a los datos obtenido en nuestro análisis de sentencias (Por una justicia a la altura de la infancia), se revelan características comunes: por ejemplo, en muchos casos, el agresor pertenece al entorno cercano de la víctima, con frecuencia un familiar, y casi en la totalidad de los casos es un hombre. Esto refuerza la idea de que hablamos de una violencia que se produce mayoritariamente en espacios de confianza, donde el secretismo y la desigualdad de poder son claves.

Además, los abusos suelen comenzar de forma progresiva, aumentando en intensidad con el tiempo. Al inicio, el niño o la niña puede no comprender lo que está ocurriendo, y posteriormente pueden aparecer sentimientos de culpa o vergüenza que refuerzan el silencio. En muchos casos, el propio agresor alimenta la idea de responsabilidad en la víctima. Todo ello genera enormes barreras para la revelación, especialmente cuando la violencia procede del entorno de confianza.

La pederastia en la Iglesia, por un lado, y el caso Epstein, por otro –sin comparar por supuesto estos casos tan diferentes– están permitiendo hablar o al menos poner en la agenda mediática y social estos temas. ¿Por qué sigue siendo un tabú? 

Los casos de abuso sexual relacionados con la Iglesia o el caso Epstein son casos de gran impacto mediático, que visibilizan esta forma de violencia en contextos específicos. Al respecto, es importante señalar que la mayoría de abusos sexuales siguen cometiéndose en entornos de confianza del niño o niña y que las figuras familiares se encuentra entre los agresores más comunes en este tipo de violencia. La denuncia y visibilización de los casos más mediáticos es fundamental, pero también lo es poner el foco en la violencia cotidiana, menos visible y mucho más extendida, que ocurre en el ámbito familiar y cercano, y que precisamente por esa cercanía y por el silencio que la rodea resulta más difícil de detectar y abordar.

Precisamente el tabú que todavía rodea a esta forma de violencia está muy vinculado a esos entornos en los que se produce. Aceptar esto implica reconocer que el riesgo y la violencia muchas veces proceden de los entornos que deberían ser protectores. Esa realidad genera una profunda incomodidad social, pero también sentimientos de vergüenza, culpa y miedo, incluso dentro de las propias familias o instituciones, que pueden llegar a traducirse en situaciones o dinámicas de encubrimiento para evitar el estigma social. 

¿Se están tomando medidas efectivas desde las administraciones en el ámbito educativo?

Los centros educativos están en una posición privilegiada para detectar posibles casos de abuso, ya que el profesorado y el personal escolar tienen contacto diario con niños y niñas. Es fundamental que sepan identificar señales de alerta y comprender lo que un niño o niña puede estar revelando, ya sea de forma directa o indirecta. Para ello, es clave la formación de los y las docentes, y también la implementación de las figuras de protección que recoge la LOPIVI para el ámbito educativo (coordinador/a de bienestar). También son necesarios protocolos para la detección, la notificación y la actuación frente a los casos detectados. Sin un protocolo claro, las decisiones pueden quedar en manos de cada docente, quien puede enfrentar dudas sobre cómo proceder, temores a represalias o incertidumbre sobre la veracidad del testimonio. Para evitar que la protección de niños y niñas dependa de la valentía individual o de la percepción subjetiva de cada profesional, todos los centros educativos deberían contar con protocolos internos de protección frente a la violencia, incluyendo mecanismos de prevención y pautas claras de actuación.

¿Y para las familias? 

En el ámbito familiar, la educación afectivo-sexual y la parentalidad positiva son fundamentales en la prevención del abuso, especialmente dentro del propio ámbito familiar. Es clave que niños y niñas aprendan a reconocer estas conductas incluso cuando provienen de personas de confianza, incluidos familiares, y que comprendan que ninguna relación de afecto justifica el abuso. Proporcionarles herramientas para identificar, nombrar y rechazar situaciones de abuso, así como garantizar que cuentan con un entorno seguro donde puedan pedir ayuda sin miedo, es esencial para su protección.

Por supuesto, las familias no deben estar solas en este proceso: las administraciones públicas tienen la responsabilidad de garantizar una educación afectivo-sexual reglada, progresiva, desde edades tempranas, como recogen la LOPIVI y la LOMLOE, impartida por personal educativo con formación específica en la materia. 

La LOPIVI prevé los tribunales especializados. Pero, ¿son suficientes? 

La LOPIVI, aprobada en 2021, prevé la creación de juzgados especializados en violencia contra la infancia tras un año desde su implementación. Sin embargo, la creación de las nuevas secciones especializadas se aprobó finalmente en 2025, con la ley 1/2025 el Real Decreto 422/2025, aprobado el 3 de junio de 2025 por el Consejo de Ministros. Este último instrumento solo prevé la creación de tres secciones especializadas para todo el Estado, en Madrid, Barcelona y Málaga, cada una de ellas con una única plaza judicial.

Aunque la implementación de las secciones en violencia contra la infancia y la adolescencia deba ser paulatina, tres secciones con una plaza cada una para todo el país resultan manifiestamente insuficientes para atender de manera especializada todas las formas de violencia de las que son víctimas niños, niñas y adolescentes, por lo que es necesario una implementación más amplia de estas secciones desde su inicio, así como la creación de plazas judiciales.

¿Cree que hay confusión en el lenguaje a la hora de hablar de este asunto? Muchas veces parece que da miedo a hablar de pederastia, como si no quisiéramos llamar a las cosas por su nombre. 

Es posible que en ocasiones se eviten algunos términos por falta de conocimiento o incluso por la carga emocional y social que pueden conllevar. En este sentido, la sensibilización sigue siendo clave, así como la capacidad de identificar con claridad a los agresores como responsables de la violencia y a las víctimas como tales, sin ambigüedades ni desplazamientos de responsabilidad, y siempre desde un enfoque de derechos.

¿Cree que hay hipocresía al hablar de este tema en ciertas esferas?

Como señalábamos, la violencia sexual contra la infancia sigue siendo en general una realidad invisibilizada. Por eso es necesario un cambio de paradigma: reconocer la violencia contra la infancia como un problema social y no como un asunto aislado o privado. Esto implica poner el foco tanto en la prevención como en una respuesta adecuada, inmediata y centrada en las víctimas. En cualquiera de sus múltiples formas y canales, la violencia ejercida contra niñas, niños y adolescentes es inaceptable, y debemos movilizar todos los recursos disponibles para prevenirla, actuar cuando se produce y restaurar los derechos de quienes la sufren. Como sociedad, nuestro compromiso debe ser claro: enfrentar esta dura realidad, reconocer su existencia y tomar medidas efectivas para proteger a la infancia y la adolescencia.

Fuente: La Marea

junio 15, 2026

Adiós a Luisa Muraro, filósofa y una de las voces más importantes del feminismo italiano, fundadora de la "Librería de Mujeres". Milano'




Luisa Muraro, filósofa, pedagoga, traductora y activista, una de las voces más importantes del feminismo italiano, ha fallecido a los 86 años. La página de redes sociales de la "Librería de Mujeres" anunció su muerte. Milano«Luisa era maestra. Fue maestra para sus alumnos, desde la escuela secundaria hasta la Universidad de Verona, donde impartió clases durante muchos años y donde, junto con otros, fundó la comunidad filosófica Diotima; para las mujeres y los hombres que la leyeron y la escucharon; para aquellos que tuvieron la fortuna de pensar con ella», reza la publicación. 

Nos enteramos del fallecimiento, en vísperas de su 86 cumpleaños, de Luisa Muraro, filósofa, catedrática universitaria, maestra, escritora, pero sobre todo, feminista. Una de las teóricas y protagonistas más importantes de la segunda ola del feminismo en Italia, Europa y el mundo. El feminismo de los años 60 y 70 representa quizás la única revolución exitosa, pacífica y positiva del siglo pasado, declaró la senadora del Partido Demócrata, Valeria Valente. 

“Ella fue – recuerda – una de las fundadoras de la ‘Librería de Mujeres’ en Milano y la comunidad filosófica femenina Diotima, dos experiencias feministas que, más allá de unas pocas palabras, describen el profundo significado de su pensamiento y obra. También le debemos el desarrollo y la concepción del feminismo de la diferencia. Hoy perdemos no solo a una brillante intelectual, sino también a una maestra, una mujer que experimentó valientemente, junto a otras, con nuevas formas de vida para las mujeres. Una de las madres de nuestro pensamiento y de nuestros derechos. Con gratitud y emoción nos despedimos de ella, seguras de encontrarla —siempre y para siempre— en todos sus numerosos escritos. ¡Gracias, Luisa, adiós!

Fuente: La Milano.it

junio 14, 2026

Rosa Montero, escritora española: “Hay una historia que no está en la historia y que solo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres”

A partir de una de sus definiciones más célebres, un recorrido por el universo de esta gran narradora y ensayista, la vigencia de su libro “Nosotras. Historias de mujeres y algo más” y la persistente batalla literaria por arrebatarle el pasado al olvido y al poder oficial

Rosa Montero, escritora española: “Hay una historia que no está en la historia y que solo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres”

Hay frases que operan como llaves maestras. Líneas que, lejos de agotarse en la sonoridad de sus palabras, condensan la arquitectura entera de una mente creadora. Cuando la escritora y periodista española Rosa Montero acuñó aquello de que “hay una historia que no está en la historia y que solo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres”, no solo entregó una de sus definiciones más célebres; firmó, en realidad, una declaración de principios y un manifiesto ético.

La cita funciona como el umbral de Nosotras. Historias de mujeres y algo más, un libro publicado en 2018 que expande y actualiza un viejo tesoro de su bibliografía: Historias de mujeres, editado originalmente en 1995. Aquella primera versión nació al calor de sus columnas dominicales en el diario El País en una época que aún miraba con recelo la perspectiva de género. Casi un cuarto de siglo después, regresó a esas páginas con nuevas biografías ilustradas por María Herreros y la urgencia intacta.

El análisis de la frase exige detenerse en una palabra precisa: susurro. Rosa Montero no habla de gritos ni de proclamas tribuneras. El susurro es el registro de lo clandestino, de lo que se transmite en voz baja de generación en generación porque el espacio público le ha sido vedado. La historiografía oficial —esa escrita mayoritariamente por varones, blancos y victoriosos— se ha construido sobre el estruendo de las batallas, los grandes tratados políticos y los nombres de reyes esculpidos en mármol.

Al catalogar la vida de las mujeres como “asuntos domésticos” o “historias menores”, el poder patriarcal no solo las marginó del presente; les expropió el pasado. Escuchar ese susurro requiere, según la autora, una disposición activa: aguzar el oído, desconfiar del archivo oficial y aprender a leer en los márgenes de los documentos históricos. Lo que Nosotras. Historias de mujeres y algo más demuestra es que las mujeres no irrumpieron en el mundo en el siglo XXI, estuvieron siempre allí.

"Nosotras. Historias de mujeres y algo más", un libro publicado en 2018 que expande y actualiza un viejo tesoro de su bibliografía: "Historias de mujeres", editado originalmente en 1995

La importancia del libro radica en su rechazo absoluto a la hagiografía y al bronce. Rosa Montero no busca construir un santoral de mujeres perfectas e inmaculadas. En sus páginas conviven figuras fascinantes como Juana Inés de la Cruz o Simone de Beauvoir, pero también personalidades oscuras como Agripina o la asesina serial Laura Crime. No busca entonces idealizar a las mujeres, sino devolverles el derecho a la complejidad, a la contradicción, a la genialidad y, por qué no, a la propia monstruosidad.

Esta idea del susurro silenciado resume de manera perfecta su pensamiento. Si se observa con atención, la búsqueda de los relatos marginados no es una exclusividad de su faceta ensayística; es el motor que mueve toda su ficción. Cuando Montero abandona la crónica y se sumerge en la ciencia ficción distópica con su saga protagonizada por la androide Bruna Husky —novelas como Lágrimas en la lluvia, El peso del corazón y Los tiempos del odio— vuelve a escuchar un susurro.

En ese universo futurista inspirado en el clásico cinematográfico Blade Runner de Ridley Scott, los replicantes androides son las nuevas “mujeres” de la historia: seres creados para el servicio, despojados de derechos reales y cuya memoria colectiva ha sido borrada o implantada por el poder corporativo. La lucha de Bruna Husky por validar su propia existencia y rescatar la memoria de sus iguales es idéntica a la batalla que Rosa Montero da en el archivo histórico de nuestro planeta.

Incluso en sus textos más íntimos, como la novela-ensayo La ridícula idea de no volver a verte, la escritora recurre al diario de duelo de Marie Curie para hablar de las barreras invisibles pero feroces que debió sortear una de las mentes más brillantes del siglo XX. Rosa Montero, ganadora del Premio Nacional de las Letras Españolas, sabe que la literatura es un acto de justicia poética. Mientras quede una escritora dispuesta a escuchar los ecos del pasado, la historia oficial nunca estará completa.

Su inmensa trayectoria fue consagrada en 2017 con el prestigioso Premio Nacional de las Letras Españolas, consolidándola como una voz imprescindible

¿Quién es Rosa Montero?

Nacida en Madrid el 3 de enero de 1951, Rosa Montero es hija de un torero y un ama de casa. Su infancia estuvo marcada por un largo período de aislamiento a causa de la tuberculosis, etapa en la que descubrió la lectura y la escritura. Tras estudiar Periodismo y Psicología, se convirtió en una firma fundamental del diario El País desde sus inicios en 1976, llegando a ser la primera mujer en ejercer como redactora jefa de su suplemento dominical y ganando el Premio Nacional de Periodismo en 1980.

Su transición formal a la literatura ocurrió en 1979 con la publicación de Crónica del desamor. Desde entonces, ha construido una prolífica obra que salta con total naturalidad entre el realismo crudo, el ensayo híbrido y la ciencia ficción distópica. Entre sus títulos destacan Te trataré como a una reina (1983), La hija del caníbal (ganadora del Premio Primavera de Novela en 1997), La loca de la casa (2003), La ridícula idea de no volver a verte (2013) y El peligro de estar cuerda (2022).

Su inmensa trayectoria fue consagrada en 2017 con el prestigioso Premio Nacional de las Letras Españolas, consolidándola como una voz imprescindible que, a sus lúcidos 75 años, continúa derribando tabúes y cuestionando los discursos oficiales del poder. Y publicando obras, por supuesto. En una entrevista del año 2023 con Hinde Pomerianec publicada en Infobae, la autora española dijo con total determinación: “Todos los libros que he escrito son un intento de ayudarme a perder el miedo a morir”

Fuente: Infobae

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in