mayo 09, 2021

Mariela Scafati, la artista del deseo

Sus obras viajan por el mundo y su nombre está entre las cinco mejores de Latinoamérica

Windows, parte del material que presentará el mes que viene en Nueva York

Su obra es gozosamente desconcertante y se gestó y mostró en la calle antes de entrar a los museos. Estuvo entre las cinco artistas latinoamericanas nominadas al prestigioso premio Julius Baer pero no son los galadornes su alimento sino el trabajo colectivo, la acción solidaria, la creación de consignas y banderas que abrigan a quienes se pierden en las manifestaciones. A los 47 años y mientras se cierra esta nota, está pariendo a René, su primer hijx que llegará a este mundo en una red de afectos que exceden en mucho a la familia tal como la conocemos. Retrato de una artista que sabe darle voz al deseo.

Son varios bastidores suspendidos del techo que ocupan dos salas. Cada uno está articulado con otro mediante bisagras. Están en contacto, en roce, en cercanía entre ellas, suspendidas con sogas, amarradas con poleas. Todos azules. Cobalto, ultramar, talo. Ningún azul es igual a otro. Se completan con tres pinturas antropomórficas, cuyas medidas coinciden con las del cuerpo de la artista: una está suspendida; la otra, sujeta por un choker en el cuello y la tercera, acostada y vestida ¿Una pintura se ve como un cuerpo cuando se vuelve cosa? ¿Cuánto es capaz una pintura de sostener su estado? ¿A quién se parece? ¿Cuánto movimiento genera el no movimiento?

Es un viernes por la tarde. Mientras toma té en su casa-taller de Boedo, Mariela Scafati retoma estas preguntas que escribió hace un tiempo. Seguida de cerca por la mirada de su gato blanco y negro, llamado Zaffaroni, ella muestra un croquis y explica en que consiste la muestra “19 centímetros más cerca” que en ese mismo instante se inaugura en la otra punta del mundo: en la galería PSM de Berlín. “Bueno, no es una inauguración en sentido estricto porque allí también hay restricciones por la pandemia. Pero digamos que la muestra acaba de abrir”, cuenta la artista, que por primera vez realiza una muestra individual en el exterior. La realización y montaje son de Daiana Rose, con texto curatorial de Marie Gouiric.


Aunque el mundo se detuvo tras la aparición del covid-19, el universo artístico (al menos en términos globales) se las ingenió para crear nuevas formas de exhibición y circulación de obras. En ese marco, en 2020 Scafati expuso en la Bienal de Arte Contemporáneo de Berlín. Además de la nueva muestra en la capital alemana, también prepara otra que se abrirá en Nueva York el mes próximo. A esto se suma su participación como parte de Serigrafistas Queer, en la muestra colectiva “Transformación. La gráfica en desborde” que se exhibe en el Museo Nacional del Grabado hasta el 12 de junio. “En esa exposición, que indaga la potencia de la gráfica actual que han tenido artistas y colectivos para impulsar cambios culturales y sociales, decidimos mostrar parte de nuestro archivo vinculado con el aborto y las luchas trans”, dice.

Como parte de esa muestra, en abril Mariela realizó la performance “Ni verdaderas ni falsas”, donde se fue poniendo, una encima de la otra, 26 remeras estampadas por el Taller Popular de Serigrafía y Serigrafistas Queer. Al final, su cuerpo parece un abrazo: ahí confluyen el tiempo transcurrido desde el inicio de esas experiencias hace casi veinte años y las batallas libradas por los derechos de todxs. De hecho, una de las remeras lleva estampada la consigna surgida en 2012: “Aborto legal es vida”.
Detalle de la muestra

La obra de Scafati es gozosamente desconcertante ya que surgió en las calles antes de llegar a los museos. A través de este adn conceptual, cada experiencia artística adquiere su propia materialidad. Desde hace algunos años, la artista viene experimentando en galerías y museos con planos monocromos. “Muchos son cuerpos o pinturas antropomórficas. O cuerpos pintura. O pinturas cuerpo”, especifica. Si bien tienen rasgos comunes (responden a un patrón de cabeza, torso, brazos y piernas) cada unx se carga de sentidos específicos porque la artista le aporta una personalidad, un color, una forma de sentir vinculada al universo de sus afectos. Además, si bien están quietxs, sugieren el gesto de un movimiento inminente.

Con naturalidad, Mariela trasciende los bordes entre pintura y escultura para integrarlas como parte de una misma búsqueda donde el deseo manda. Que el Malba haya adquirido trabajos suyos es una muestra del enorme reconocimiento que tiene allí donde va (en 2017, el jurado de Art Basel Miami quedó impactado por su instalación “Secretos de esposas” y la eligió como una de las mejores artistas emergentes del momento). Y es que si bien durante décadas los museos solo se miraron a sí mismos, ahora renuevan su curiosidad por los movimientos sociales, sus discursos, su performatividad.

“Sí, concede Mariela, han sido años de movilización y agite. Y de algún modo, todas estas muestras casi juntas vienen a dar cuenta de un proceso que fue bastante intuitivo y caótico y gozoso pero visto desde el presente, se puede leer de manera orgánica”. Para ella, los bordes entre arte y vida son difusos o, en todo caso, parte de una misma subjetividad fecunda. De hecho, a los 47 años, su embarazo de ocho meses crece debajo de su vestido corto negro y ajustado.
Detalle de

El modelito le queda brutal y ella se ve luminosa. “Estoy leve y gánica. Supongo que ando con las hormonas por el techo, como una especie de droga que me tiene todo el tiempo en un estado particular de bienestar. Adoro mi cuerpo, lo miro, lo exploro. Es un delirio. Sé que los embarazos son distintos entre sí. Pero el mío está siendo de este modo”, afirma. Y aclara: “De todos modos, no todo es genial. También hay cuestiones que siguen poniendo en evidencia cuán necesario es desarmar prácticas y sentidos complicados e incómodos. Yo materno con mis amigues, con mis redes y eso crea una afectividad preciosa pero también tuve que acudir al sistema de salud, donde encontrás de todo. Aún te dicen cosas como que por tu edad no podés intentar un embarazo, o te infantilizan llamándote ‘mami’ o insisten en preguntarte si tu bebé será nene o nena”. Frente a esto, elige el humor como recurso: “Cuando le dije el nombre de mi hije, una obstetra muy joven respondió ‘qué lindo, un nombre unisex’. ¡Se ve que en concepto de ‘no binario’ aún no ha llegado ahí! Yo no bajo línea en esos casos pero busco la manera de reírme, de ser un poco irreverente y de aprender sobre la marcha”.

A lo largo de la conversación, esta artista nacida en Vicente López, que se crió en Punta Alta y estudió arte en Bahía Blanca, da cuenta del modo en que la quietud de estos tiempos se transformó en exploración. Así emergieron otras formas del amor, del deseo y de la creatividad. Así (“si tenés tus necesidades básicas cubiertas”, aclara) la quietud también puede ser una forma de contemplación, de abrigo, de echar raíz nuevamente a la espera de la primavera. Incluso, un desafío para quebrar los distanciamientos impuestos por un momento de incertidumbre al desnudo. Eso es lo que indaga, justamente, “19 centímetros más cerca”, la nueva muestra alemana.

“Fabriqué y vestí. Abrigué un cuadro con un buzo y las manos de la chica que me gusta con las mías, porque acordate: perdí la noción de la distancia. Y por esta causa, hice otras cosas también: martillé, imprimí, pinté. Até, cosí, dibujé, ordené. Desarmé, atornillé y escribí poemas a lápiz en cuadernos. Marché, reuní, abracé. Besé, bailé y me quedé dormida”, se lee en el texto curatorial de Gouiric. Esta poeta escribe desde un yo desdoblado, amoroso, que es ella y es Mariela y su universo afectivo y su obra con lo personal y lo político como lienzo. “Pinté banderas. De estas prefiero las aéreas a las de arrastre. Lo mejor de ellas es la altura para que, si en medio de la multitud te perdés, con los tuyos puedas reencontrarte. Serví a que las pinturas sean andamios entre cosas y a su vez a construir andamios invisibles entre una persona y otra”, escribe Gouiric.

Una puesta en ArtBa

Cualquiera que en los últimos diez años haya participado en marchas del Orgullo en Plaza de Mayo, en tomas del espacio público por la legalización del aborto frente al Congreso o en movilizaciones vinculadas a derechos humanos, seguramente vio su obra. Sucede que Scafati, además de ser artífice junto a otrxs artistas de experiencias como el Taller Popular de Serigrafía o les Serigrafistas Queer, integra Cromoactivistas que comenzó a tomar las calles en 2016. Sus intervenciones rasgaron la hegemonía del color único para proclamar la diversidad cromática en carteles Rosa Chanchísimo o Rosa Maravichonga y también en otros pintados en Azul Sin Yuta, Gris Plomo Nunca Más, Marrón Fiesta del Mañana o Blanco Lucha Incansable. Y es que, como proclaman lxs cromoactivistas que militan junto a Mariela (Marina De Caro, Daiana Rose, Victoria Musotto y Guille Mongan) el color no es inocente. Propuesto también como resistencia política en el espacio del diseño y el arte, Cromoactivismo trabaja “en el rediseño de paletas cromáticas en las que colectivamente se reescribe la historia de cada pigmento, su nombre, su historia y sus referencias en la vida social”, según contaron hace un tiempo a esta cronista.

Algo de ese espíritu rupturista ya aparece en “Windows”. Este fue el nombre de una instalación que Scafati realizó en 2011 en Buenos Aires. Una nueva versión se exhibirá a partir del mes próximo en la Storefront de Nueva York. Se trata de una intervención de afiches rojo-rosa que empapelarán las paredes de la galería, algunos con frases en castellano y otros, en inglés, escritas a mano. “En el 2001 yo estaba perdida entre tambores y banderas que no decían tu nombre”. “Mi corazón estará en la plaza”. “Estable dentro de la gravedad rolling del activismo”. “El cuerpo barricada fluida”. “Te pienso un ratito”. “El clima entusiasmante”. Son fragmentos de mensajes de texto, de whatsapp, retazos de charlas incidentales, de notas pegadas en la heladera o garabateadas en un cuaderno, de cosas dichas y/o pensadas. Algunos son nuevos y otros ya aparecieron en aquella primera muestra, exactamente diez años atrás.

“Esa era una época de alto voltaje creativo y político. Me preguntaba cómo sonarían ciertas frases desde el presente, en otro espacio y en otro lugar geográfico, en otro contexto social donde yo tampoco soy la misma. Así que hice una selección tomando en cuenta lo transversal que ha sido todo para mí, esa mezcla de ideas, de colores, de referencias históricas y personales. Mensajes informales y amorosos mezclados con evaluaciones y experiencias en la calle, con la crítica política”, relata.

También cuenta que, en las paredes externas de la galería, ya se puede ver la obra “What black is this, you say?”, de la artista Amanda Williams, que reflexiona sobre el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd en Minesota en 2020 y el modo en que se realizó una movida exhortando a lxs usuarixs de redes a cubrirlas de negro. Williams indaga en las diversas posibilidades de un mismo color, su significado cromático y político. Casi un diálogo perfecto con la propuesta de “Windows”.

En su versión 2011, esa muestra incluyó el uso de sogas, algo que Scafati luego incorporaría en otras experiencias artísticas, transformándolas mediante nudos y extensiones en una sutil firma de autora con estética bondage. “Nos enseñaron que una obra se ve a determinada distancia, de determinada manera. Y lo cierto es que esa idea de la pureza del espacio tiene poco que ver con un cuadro que convive en una casa con su cotidianidad, sus personas y animales. Entonces puse un cuadro rojo-rosa en el techo, ahí donde se suelen ver lamparitas, cables y caños. Y lo até mediante sogas y poleas para que pueda moverse. Después la gente se acostaba en una alfombra en el piso y les pedí que me vayan diciendo a qué distancia querían ver la pintura. Es decir, se trata de subvertir las reglas: no movernos nosotrxs como público observador sino que la pintura se adecúe a nuestra mirada, única en cada caso”, dice.

Esa idea del color, la espacialidad y la subjetividad dio vida a “La Movilización”, la instalación que se pudo ver en la Bienal de Berlín el año pasado, en plena pandemia. Hacia allá viajaron 65 cuerpos-pinturas que representaban a otrxs tantxs amigues. “Le pedí a cada une que se tome las medidas de su cuerpo y son esas medidas las que usé para armar las pinturas. Después elegí un color para cada unx. En algunos casos usé colores que ellxs usan y en otros, colores que para mí son parte de su personalidad. y tenían sus nombres. La distribución en el espacio también es amorosa: hermanes que se tocaban cabeza con cabeza, o gente que gustaba de otre entonces les ponía cerquita”, cuenta.

La idea inicial era mostrarlos avanzando juntxs, erguidxs, heroicxs, minutos antes de salir a manifestar, “una postal latinoamericana que se espera desde Europa, la imagen de una manifestación clásica”, dice. Pero el momento pandémico reclamaba quietud. Así que las pinturas terminaron recostadas, rozándose, cercanas. Movilizándose, sí, pero de otro modo. En el texto curatorial, el investigador Nicolás Cuello evoca: “Detenernos fue ensayar otra coreografía de lo político. Detenernos no fue volvernos víctimas de nuestra fragilidad, sino aceptar humildemente que éramos definidos por ella. Detenernos fue una oportunidad para volver a escuchar las fuerzas de un mundo tan vulnerable como nosotros, pero también, fue hacer lugar para la irrupción incómoda de su incertidumbre. Allí estábamos, completamente suspendidos por la desorientación de nuestros propios límites, desactivando desde una resistencia reparadora siglos de autoritarismo sensorial”.

La visión de los cuerpos acostados resultaba deslumbrante pero también, perturbadora. Y es que nuestro país tiene una tradición oscura de cuerpos que no están y de acciones como El Siluetazo, donde en 1983 un grupo de artistas apeló a siluetas dibujadas para denunciar las desapariciones durante la dictadura. Scafati se reconoce en esa genealogía. “Fue necesario explicar que tenemos esa historia en Argentina y en nuestra región pero también tenemos otras historias y se han construido otros cuerpos que no niegan los anteriores. Ahora, por ejemplo, decidimos rebelarnos a través del detenimiento o la quietud”, reflexiona.

En lo personal, para ella también fue un tiempo de introspección. “En 2017, una amiga me preguntó si quería ser madre y de la nada respondí que sí. Es más, aseguré que sería ‘madre soltera’. Pero no soltera de manera literal, esa figura no existe para mí. Maternar es una decisión que tomé con la confianza de todo se irá acomodando y que mi embarazo es producto de mis redes afectivas, amorosas, políticas que estuvieron y estarán”.

En la performance “Ni verdaderas ni falsas”, hablás de la incomodidad del amor al interior “de la rígida cultura política de los movimientos sociales o en el ambiente cool del arte”. Sin embargo, las formas más generosas del amor parecen cobijar a ese hije que llegará pronto.

–Sí, estoy agradecida a tantos cruces de experiencias, de compañeres que acompañan y sostienen. Y que me ayudaron a ver, enfrentar y transformar eso que te han dicho en automático que no es posible. Aplazamos algunas decisiones esperando que todo esté en orden. Cuando tenga equis ingreso, un auto, una pareja, una casa… ¿Y si empiezo al revés?, me pregunté. Empiezo donde puedo. La sigo por donde puedo. Siempre lo hicimos así.

En esa misma performance exhibís una remera verde con la leyenda “Aborto legal es vida”, escrita hace muchos años, cuando se empezaba a exigir la ley. ¿El arte sabe antes?

–No sé. El arte sí es un gran aliado y en algunas cosas se anticipa. Pero fueron los feminismos los que empezaron a manifestar un montón de cosas antes. Por ejemplo, en el caso de problematizar el aborto o los pensamientos sobre lo no binario, en el arte aún falta mucho por trabajar. Sí es cierto que las instituciones del arte, los modos del arte, han cambiado mucho, como les artistas mismes. Pero las experiencias que me han conmovido sucedieron antes en la calle que en una exposición.

¿En qué sentido?

–En las manifestaciones el arte está a full, en la pintura en el cuerpo, en la organización de las marchas, la coreografía, los cantos, la performatividad… En el juego, el humor, lo inesperado. Pero son los activismos feministas, los activismos maricas, los activismos locas, los activismos trans, los que vienen poniendo el cuerpo. Luego, cuando empezó a ser algo innegable, el arte en términos institucionales se hizo eco de ese poder indómito que sí, sabe antes.

En la emergencia, acción

Frente a la emergencia sanitaria producida por el covid, fue necesario apostar una vez más por la solidaridad. Así surgieron dos iniciativas de las que la artista participa: “Coleccionables de emergencia” y “Fondo Fluido”.

En el primer caso, Scafati junto a sus colegas Adriana Bustos, Cecilia Garavaglia, y Marina de Caro alentaron a artistas a donar obras de pequeño formato. Mediante su adquisición por parte de coleccionistas, se logró reunir hasta ahora más de un millón de pesos destinados íntegramente a siete organizaciones sociales. “Nosotrxs no recibimos el dinero, sino que somos una mediación entre coleccionistas y organizaciones”, aclara la artista.

Las obras tienen un valor de 15 mil pesos. Las siete organizaciones con las que colaboran son Artistas Solidarios, No Tan Distintes (organización transfeminista de personas en riesgo o en situación de calle), Cocina Móvil Solidaria (Balsa Las Perlas, Río Negro), Varones trans no binaries y familias (La Rioja), Colectivo Yo no fui (colectivo transfeminista), Villerxs disidentes (Ciudad Oculta, Ciudad de Buenos Aires), Merendero Juvenil (Barrio 31 Carlos Mujica, encarado por jóvenes de 17 a 25 años) y Changuito Solidario del Cera, Escuela de Cerámica Nº 1 del barrio de Almagro (Ciudad de Buenos Aires).

Para mayor información se puede escribir a coleccionablesdeemergencia@gmail.com o a la cuenta de Instagram @coleccionablesdeemergencia donde además se exhiben las obras.

Por su parte, “Fondo fluido” es un proyecto de economía solidaria para ayudar a los artistas con dificultades económicas. Los fondos, explica Mariela, surgen a través de una alianza entre las galerías y sus artistas que donan un porcentaje de la venta de la obra para tal fin.

En la cuenta de Instagram @fondofluido se pueden ver las obras disponibles, las galerías que participan de esta iniciativa y los artistas que colaboran. Este fondo se va conformando a partir de las ventas de obra y su lanzamiento se realizará en los próximos días vía canal de Youtube de Amigos del Bellas Artes.

Por Ivana Romero
Fuente: Página/12

Madres protectoras piden actuar contra el maltrato institucional cuando denuncian violencia machista y abusos

La Federación de Asociaciones Consejo Nacional de Mujeres Resilientes de la Violencia de Género tiene constancia de medio centenar de casos de mujeres a quienes la justicia separó forzosamente de sus hijos tras denunciar malos tratos hacia ellas o los niños. Los casos de Sara en Extremadura o de Juana Rivas son algunos recientes.

Concentración de apoyo a las madres protectoras en un municipio de Madrid. ÁLVARO MINGUITO

La condena de Juana Rivas incluye no solo dos años y medio de prisión sino también seis de retirada de la patria potestad. En la petición de indulto presentada por sus abogados el 3 de mayo, argumentan que existe un procedimiento penal de investigación criminal por maltrato del padre a los menores basado en informes clínicos emitidos por especialistas del Servicio de Salud de Granada que iniciaron el protocolo SIMIA, activado en casos de acoso, abuso y maltrato a menores. También hay abierto un procedimiento de familia en el que la unidad familiar está siendo valorada para proceder con la guardia y custodia de los menores, donde se están considerando los elementos de maltrato del procedimiento penal. Pero los hijos vivirán con él mientras se condena a la madre de Granada. 

En Extremadura, Sara no ve a sus hijas desde hace dos años. Tampoco ha podido hablar con ellas. Los abuelos maternos de los niños, que han conseguido que un juez autorice visitas semanales de una hora en un punto de encuentro, no pueden hablar sobre la madre con ellas, ni mostrarles fotos ni llevarles regalos, como solicitó la abogada de su expareja estableció un juzgado. Mientras, Sara ha sido condenada a cuatro años de prisión por un supuesto delito de sustracción (secuestro) denunciado por el progenitor de una de las niñas, pese a que cuando puso la denuncia las niñas seguían viviendo en la misma casa y la madre trabajando donde siempre. 

Son dos de los casos que la actualidad ha puesto recientemente en los titulares. Pero hay más. Los de Patricia González, María Ugarte, Ana María Bayo, María Sevilla, Silvia Aquiles, María Isabel Martínez, Verónica S., o Daria Sidorkevich son otros casos que ponen nombre y apellidos a una historia que se repite: la de mujeres que denuncian a sus parejas por malos tratos hacia ellas o por abusos sexuales hacia sus hijos y acaban como acusadas —y condenadas— en procesos penales.

Es lo que denuncian la Federación de Asociaciones Consejo Nacional de Mujeres Resilientes de la Violencia de Género, que conoce hasta medio centenar de casos similares a estos y que este miércoles he hecho público un escrito dirigido a las autoridades para pedir “una reparación del daño inmediata para que las criaturas que han sido arrancadas sean devueltas a su único vínculo de seguridad, que son sus madres protectoras”. En el escrito, que dirigen al Ministerio de Justicia, al de Igualdad y al Gobierno de España, piden también que la violencia Vicaria y el maltrato institucional aparezcan reflejados en la ley de violencia de género y la ley de infancia y que la patria potestad sea retirada a los padres que ejercen la violencia vicaria, tal y como dice el artículo 3 del convenio de Estambul y la medida 139 del Pacto de Estado contra la violencia de género, indican.

La organización, que se ha ido gestando en los últimos dos años gracias al contacto entre diferentes organizaciones que trabajan sobre la violencia machista y supervivientes de la misma, se formalizó como federación hace uno, como explica una de sus integrantes a El Salto. “Todo el mundo habla de nosotras como si no supiésemos hablar, queríamos recuperar nuestra propia voz”, explica.

La organización, explica esta integrante, surge con el objetivo de denunciar las violencias institucionales, presionar contra el Síndrome de Alienación Parental y visibilizar la violencia vicaria. “En las últimas semanas estamos siendo testigos de una situación histórica en lo que a la violencia vicaria se refiere y gracias a la valentía de Rocío Carrasco y el apoyo de los medios de comunicación, se está visibilizando la peor de las violencias que un hombre puede ejercer contra su expareja, maltratando de manera brutal a sus criaturas”, explican en el comunicado.

Pese a que llevan un tiempo organizadas para denunciar el maltrato institucional que sufren las madres que denuncian malos tratos hacia ellas o abusos sexuales hacia sus hijas, han decidido dar este paso ahora “porque en estos momentos se nos están acumulando las situaciones de compañeras”, dice en referencia a los casos de Juana Rivas, Sara B.B. o María Sevilla.

Además de lanzar este manifiesto para recabar apoyos, explican, la federación se han reunido en el último año con la Delegada para la Violencia de Género, Victoria Rosell, con el Centro de Estudios Jurídicos del Ministerio de Justicia, y con diferentes organismos autonómicos.

La organización cuenta con el apoyo del movimiento feminista, explican, y en concreto de algunas organizaciones como la Asociación de Mujeres Juristas Themis, Mujeres separadas y divorciadas, Organización de Mujeres Intersindical, Plataforma 8M/25N de Granada, Federación de Mujeres Progresistas y la Asociación de psicología y psicoterapeuta feminista.

Sobre si existe miedo entre las madres por el precedente de Infancia Libre, la asociación de mujeres que denunciaba casos como estos y que acabó acusada de constituir una organización criminal (una teoría policial rechazada por la Fiscalía), desde la federación responde que no tiene miedo: “Lo único que hacemos es manifestar nuestra ideas igual que hacen grupos políticos, solo estamos denunciando y expresando lo que pensamos”.

Según datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial, solo el 0,8% de los niños tienen la protección y sus padres retirada la patria potestad, argumentan, mientras que la Macroencuesta de Violencia sobre la mujer publicada en septiembre del año 2020 por la delegación de Gobierno destaca que, 840.000 niños no tienen medidas de protección.

La federación ha convocado concentraciones el día 17 de mayo a las 19h. frente al Ministerio de Justicia u organismos judiciales en varias ciudades, entre ellas Madrid, Barcelona, Valencia, Mallorca, Zaragoza y Granada.

mayo 08, 2021

¿Tienes los dedos crespos? Más de 20 mil hombres han hecho test para ver si tienen o no limitaciones para hacer tareas domésticas y de cuidado

ComunidadMujer presenta campaña que emplaza a los hombres a hacerse cargo del trabajo doméstico y de cuidado. La posibilidad de que ellos puedan participar más en el mercado laboral y ganen más que las mujeres, agregan, se da principalmente porque se desentienden de esas labores.

¿Qué nivel de dedus crespus tienes? Esa es la pregunta que plantea a la población masculina una nueva campaña realizada por ComunidadMujer (CM)titulada “Dedus Crespus: el síndrome de los dedos crespos”. A través de interrogantes como con qué frecuencia lavan los platos en casa (y si los lavan por ambos lados), si se hacen cargo de sacar la basura o si se ocupan de las compras del hogar; interpela a que analicen qué tan responsables y activos son en el desarrollo de tareas domésticas y de cuidado en el hogar.

La campaña está alojada en el sitio web www.deduscrespus.cl donde quienes lo visiten podrán realizar un test para diagnosticar su nivel de “Dedus Crespus”. También, reciben recomendaciones prácticas y un tratamiento “integral” para superar este mal.

“Si no te tratas ahora puedes empeorar. Tranquilo tiene tratamiento y fácil solución”, ironiza sobre este mal la campaña. Orientada a hombres, porque estudios, y la realidad cotidiana de los hogares en Chile revelan, poco o nada se hacen cargo de esas labores. Hasta ahora más de 20 mil personas han medido su nivel de “dedos crespos” (medición hasta las 18 horas del martes 4 de mayo).

Una situación que en pandemia se ha vuelto dramática: el 40% de los hombres destina cero horas a la semana en actividades como cocinar, limpiar o lavar ropa. Eso en un contexto de sobrecarga producto de la crisis sanitaria, que para las mujeres ha implicado nueve horas semanales más que para los hombres de labores domésticas, dice una investigación del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales UC.

Al consultar sobre las horas semanales dedicadas al cuidado de niños y niñas (solo hogares con menores de 14 años), un 57% de los hombres dedicó cero horas a estas actividades la última semana versus 27,6% de las mujeres, según el mismo estudio.

La campaña está alojada en el sitio web www.deduscrespus.cl donde quienes visiten podrán realizar un test para diagnosticar el nivel de “Dedus Crespus” que tienen, recibir recomendaciones prácticas y un tratamiento “integral” para superar este mal. Foto: ComunidadMujer.

A través del humor y la ironía, la nueva campaña de CM busca instalar en el debate público la reflexión en torno a la marcada ausencia masculina en las tareas del hogar y de cuidado. Un síndrome que los afecta desde hace miles de años, pero cuyas consecuencias perjudican mayoritariamente a las mujeres. “Muchos lo sufren, pero pocos saben que lo tienen”, plantea la campaña.

La idea fue proponer el humor y la ironía, explica Paula Poblete directora de Estudios de CM “para bajar la guardia en un tema en el que hay muchas resistencias”.

Humor que también se ha ocupado en otras iniciativas, como la desarrollada por la ONU en noviembre de 2020 denominada #YoMeOcupo, que ironizaba sobre el modelo de hombres “ayudadores” para eliminar la división sexual de las tareas domésticas

CM lleva muchos años, y en el ámbito privado las mujeres muchas décadas denunciando y viviendo esa realidad, y muchas veces cuando se aborda lo que se obtiene, dice Poblete, es críticas: “Si hacemos algo serio o si ponemos cifras nos dicen que ‘somos densas’, si nos enojamos que ‘nos enojamos por todo’. Las críticas llegan por todos lados, siempre, porque es un tema que toca las relaciones de poder al interior de las familias”.

El test, explica Poblete, es una provocación para tomar conciencia sobre el tema y realizar cambios. “Algunos creerán que porque lavaron la loza el día domingo ya son corresponsables”, indica. También saben que hay personas a las cuales el mensaje no les llegará nunca, “gente que piensa que no hay desigualdad de género, sin embargo, las cifras muestran que esa desigualdad es alarmante”.

Dedos crespos

La igualdad de género es una demanda transversal que a nivel social ha ganado mucho protagonismo en los últimos años. Un tema que cruza distintas esferas, pero que se ha concentrado en la condena a las expresiones de la violencia de género.

Pero aún hay muchos desafíos pendientes en materia de empoderamiento de las mujeres, la igualdad de género y conciencia social.

Una tarea que parte por casa. Pero en ese espacio privado al parecer los estereotipos de género, base de la desigualdad de género, se resisten a ceder. Están mucho más arraigados de lo que se piensa: Un 38% de los hombres y un 39% de las mujeres dice estar de acuerdo o muy de acuerdo con la frase “el lugar más adecuado para la mujer es su casa con su familia”.

Ante la frase “nadie como las mujeres sabe criar a sus hijos”, un 42% de los hombres y un 40% de las mujeres reconoce estar de acuerdo o muy de acuerdo. Esas cifras son parte de un análisis del Estudio Longitudinal Empleo-Covid19: Datos de empleo en tiempo real del Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinalesrealizado en 2020.

Esa división tradicional del trabajo, que considera a las mujeres como las encargadas del cuidado y a los hombres quienes hacen el trabajo remunerado, indica Poblete, no permite el desarrollo en igualdad de condiciones. “Esta sobrecarga se traduce en un déficit crónico de tiempo que dificulta el acceso en el mercado laboral, que tiene efectos después en las pensiones, junto con una serie de consecuencias”, detalla.

La división tradicional del trabajo, que considera a las mujeres como las encargadas del cuidado y a los hombres quienes hacen el trabajo remunerado, no permite el desarrollo en igualdad de condiciones. Foto: Reuters.

Tareas domésticas y de cuidado

Tradicionalmente, desde una mirada sexista, en las mujeres ha recaído la responsabilidad del llamado trabajo reproductivo, es decir, todo lo vinculado al cuidado de la casa y de quienes en ella habitan. Una labor que se ha diferenciado del denominado trabajo productivo, aquel que involucra un intercambio monetarios en el mercado, reservado principalmente a los hombres.

El costo de esa división ha sido alto. La sobrecarga femenina en tareas domésticas y cuidado les impide ingresar en igualdad de condiciones al mercado laboral. Ello involucra elevados costos personales y en salud mental. En ese sentido, por ejemplo, el peso que implica la planificación y gestión del hogar (conocida como carga mental), es única y exclusivamente de las mujeres.

¿Cuánto aporta al PIB el trabajo doméstico? Un estudio de ComunidadMujer señala que las tareas domésticas femeninas implican un aporte de 21,8% del total del PIB, mucho más que cualquier otro rubro económico, seguido por servicios financieros y empresariales con un 11,8%.

El trabajo remunerado, tal como Poblete explica, es una moneda de dos caras: “La posibilidad de que los hombres puedan trabajar se da principalmente porque se desentienden del trabajo doméstico”. Por otro lado, dice, las mujeres muchas veces tienen que conciliar la vida laboral y doméstica.

En Chile, aunque ellas representan más del 50% de la población según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (50,7%), no solo participan menos del mercado laboral (en el trimestre móvil de octubre-diciembre de 2020 solo 4 de cada 10 mujeres en edad de trabajar estaban ocupadas, mientras que para los hombres fueron 6 de cada 10), a su vez obtienen un 27% menos ingresos y tienen menor autonomía que los hombres.

En el trimestre octubre-diciembre de 2020, un 33,9% de las mujeres declararon como razón principal para no participar en el mercado laboral, motivos familiares permanentes (sólo un 1,7% de los hombres da esa razón), es decir, tener que realizar trabajo doméstico y de cuidados no remunerados en en sus hogares. Mientras que para los hombres la principal razón es estar estudiando (38,4%).

Espacios y determinaciones íntimas, como quién hace qué en casa, repercuten en el ámbito político y social, advierte Poblete. “El cómo ordenemos la distribución del trabajo en la casa tiene consecuencias en la vida pública, por eso hay menos mujeres que pueden trabajan, menos mujeres que se pueden dedicar a la política o que están presentes en las empresas”.

Por eso es importante avanzar en corresponsabilidad parental y social. “Avanzar en proveer infraestructura para compartir las labores de cuidados, un tema que hoy se entiende como un problema privado, familiar y por lo tanto de las mujeres, pero es una construcción social que ya es hora de que cambie, porque es muy dañino para las mujeres y tiene muchas consecuencias”, indica Poblete.

Una mirada que también está presente en el Código del Trabajo, que establece, recalca Poblete, solo derechos de cuidado y protección de hijos e hijas para las mujeres, como sala cuna y postnatal, y excluye a los hombres.

Los intentos a la fecha de involucrar a hombres no han prosperado. En 2019, por ejemplo, a siete años de la Ley de Posnatal Parental, que busca que los hombres cuiden a sus hijos recién nacidos, solo se habían registrado 1.556 traspasos a hombres, es decir, el 0,23% del total de permisos de postnatal parental iniciados hasta esa fecha.

“La normativa del Código del Trabajo deposita toda la responsabilidad del cuidado en las mujeres, los hombres no tienen el derecho a cuidar. Con estas campañas se hace una interpelación a la política pública, porque si queremos generaciones futuras más responsables tenemos que hacer cambios, y cambios en la legislación laboral para que ambos tengan responsabilidades de cuidado, que hoy solo están diseñados en beneficios para mujeres y que implican costos diferenciados: las mujeres somos más caras, nos pagan menos para compensar esos costos asociados en la maternidad. Por eso hay que otorgarles derechos a los hombres”, sostiene Poblete.

Fuente: La Tercera

8 de mayo >> III MARCHA por la abolición de la prostitución, pornografía, explotación reproductiva de las mujeres y los roles sexuales



Más de 90 organizaciones feministas del Estado español y de 12 países han coorganizado la III Marcha Abolicionista que se hará este sábado 8 de mayo. Se trata de una reivindicación, que promueve y convoca Mujeres por la Abolición desde 2019, exigiendo la abolición de la prostitución, de la pornografía y prohibición de la explotación reproductiva (“vientres de alquiler”). La primera edición de esta iniciativa se hizo presencialmente, en los barrios más castigados por la prostitución de Barcelona, contando con la colaboración de compañeras francesas y de la superviviente Rosen Hicher. Fue una jornada histórica que abrió brecha en España y en la que nos encontramos con mujeres prostituidas increpándonos por encargo de los proxenetas, con regulacionistas que nos lanzaron polvos de colores al pasar por la zona más conflictiva (supimos que les pagaron para ello), pero también con una ciudadanía agradecida por nuestra acción. La prensa de cobertura nacional, incluidas las principales cadenas de televisión , agencias y diarios , difundió ampliamente nuestro trabajo.

La II Marcha Abolicionista se estuvo trabajando para llevarse a cabo en las calles de Madrid el 9 de mayo de 2020. Sin embargo, tuvo que hacerse de manera virtual a causa de la pandemia y pese a ello consiguió una proyección internacional en las redes sociales inusitada. Esa edición tenía previsto acabar la II Marcha en un Congreso y continuó con la idea. Así, se empezó hablando con las ponentes, que se mostraron muy colaboradoras, y se consiguió hacer realidad que el Congreso final pudiera ofrecerse en septiembre de manera virtual, adaptándose a las exigencias sanitarias. Las ponentes fueron Julie Bindel, Gail Dines, Janice Raymond, Ingeborg Kraus, Renate Klein, Raquel Rosario Sánchez y Alika Kinan, con una media de asistencia de 300 personas al día. En esa ocasión se incluyó también un debate crítico sobre la abolición del género y los trabajos se realizaron con la colaboración de 29 organizaciones feministas de dentro y fuera de España, terminándose con la lectura de nuestro manifiesto que había recogido, a esas alturas, miles de firmas de apoyo.

La III Marcha de este sábado 8 tendrá el mismo formato virtual y se espera que obtenga mayor proyección internacional. El cálculo del recorrido que alcance la III Marcha se hará, como el año anterior, atribuyendo 1 kilómetro de camino por cada interacción en redes sociales. Realizaremos también el Congreso en septiembre con ponentes de significativa transcendencia hoy en el feminismo radical y, como en la edición anterior, podéis firmar nuestro manifiesto aquí realizado a tenor de los más recientes y agresivos intentos de eliminar los derechos de las mujeres y los de nuestras hijas e hijos.

Fuente: Tribuna Feminista