junio 05, 2020

Escándalo en Chubut: un fiscal calificó una violación en grupo como un “desahogo sexual”

Fernando Rivarola acordó un juicio abreviado para tres de los seis imputados. Dos fueron sobreseídos por ser menores de edad. La calificación de violación fue cambiada: ahora es abuso simple.

Leandro Del Villar, Luciano Mallemaci y Ezequiel Quintana, los tres jóvenes acusados de abuso sexual

En enero del año pasado, una joven denunció que fue violada por un grupo de varones en una casa del balneario Playa Unión de la ciudad de Rawson, Chubut. Según su relato, el hecho ocurrió en septiembre de 2012, cuando ella tenía 16 años en una fiesta en la zona de Playa Unión. La denuncia tomó gran repercusión en la provincia y la Justicia abrió una investigación de oficio. Cinco de los seis jóvenes acusados fueron imputados por “abuso sexual gravemente ultrajante con acceso carnal agravado por la participación de dos o más personas”.

En las últimas horas, y tras varios meses de recabar pruebas, se conoció que el fiscal del caso, Fernando Rivarola, avanzó en el cierre de la causa y su resolución en un proceso. Según adelantaron medios locales y pudo confirmar Infobae con fuentes de acceso directo al expediente, Rivarola acordó un juicio abreviado con los imputados, lo que implica una pena menor y una aceptación de la culpa de los acusados. También hubo aceptación de la víctima, lo que es requerido por la ley.

El fiscal modificó la calificación legal de “abuso con acceso carnal” por la de “abuso sexual simple, agravado por la participación de dos o más personas”.

¿El motivo? La falta de pruebas en el expediente, la dificultad de probar una violación siete años después. Una alta fuente en los tribunales de Trelew asegura: “La víctima no quiere afrontar un juicio y exponerse”.

La acusación recae sobre tres de los cinco involucrados: Ezequiel Quintana, Leandro Del Villar y Luciano Mallemaci. Los otros dos, R.V. y T.S., quienes al momento del presunto abuso eran menores de edad, fueron sobreseídos. De T.S, una fuente asegura que “su participación era sumamente menor, no cometió el presunto abuso”.

Ahora, el juez del caso Marcelo Nieto di Biase deberá resolver si acepta el acuerdo.

El fiscal del caso, Fernando Rivarola


El caso se comenzó a investigar en la última semana de enero de 2018. En una publicación en redes sociales titulada “La Manada de Chubut”, la denunciante contó de manera anónima en la red social Facebook que el 17 septiembre de 2012 habían ido con unas amigas a una fiesta a la casa de uno de los acusados. “A poco tiempo de llegar, perdí la consciencia y es ahí cuando una de mis amigas me encontró en una habitación siendo abusada por un grupo de cuatro varones”, relató.

Motorizado por agrupaciones feministas, se convirtió en una insignia. Los acusados fueron repudiados en sus casas con carteles, con movilizaciones a tribunales.

En el relato que publicó, la joven contó que después del hecho sufrió hostigamientos para que no realizara la denuncia. “A partir de ese momento empezaron sus intentos de acallarme tanto a mí como a mis amistades”, aseguró. Por esta razón, argumentó, junto a su familia debieron mudarse y abandonar Puerto Madryn. “Tuve que irme a vivir a otra ciudad como si hubiera sido responsable de la situación”, sostuvo. También, reveló que intentó suicidarse.

La situación hizo que tuviera que comenzar tratamiento psicológico y psiquiátrico. “Gracias a todo este tiempo de intentar sanar es que hoy me siento lo suficientemente fuerte para poder contar mi historia. Que se sepa qué tipo de personas son, que durante todos estos años siguieron sus vidas impunemente, mientras yo no tengo estabilidad emocional y por ello sigo tratada”, cerró su denuncia.

En un tramo del pedido de juicio abreviado al que accedió Infobae, se utiliza la definición “accionar doloso de desahogo sexual”, que se viralizó en parte en las redes sociales.

Desde el Ministerio Público Fiscal de Chubut emitieron un comunicado en el que explican que se le cambió el sentido de los términos a esa definición, “sobreexponiendo a la víctima y poniendo en riesgo aspectos cruciales del proceso penal”. Fue “sacada de contexto”, explicaron.

El comunicado completo del Ministerio Público Fiscal de Chubut

Recientemente trascendió una frase atribuida el fiscal Fernando Rivarola, cambiando el sentido de los términos, sacados de contexto, sobreexponiendo a la víctima y poniendo en riesgo aspectos cruciales del proceso penal.

El Ministerio Público Fiscal asiste a la víctima a través del SAVD, desde el comienzo de la investigación. Se trata de una joven, menor de edad, amparada por el derecho a la intimidad, al resguardo de su identidad y a la reserva de todas las actuaciones judiciales. En paralelo, tanto ella como su familia reciben detallada información del proceso, participan de las decisiones procesales, reciben protección y asistencia victimológica. Toda decisión asumida por la Fiscalía ha sido consensuada con ella.


En la investigación en cuestión además de la víctima, también algunos los agresores son menores de edad imputables. Esto quiere decir que en caso que el Ministerio Público Fiscal demuestre su responsabilidad penal en este hecho, serían declarados penalmente responsables y se le impondrá la sanción que la ley prevé para los menores que delinquen. La ley establece que no puede darse a conocimiento público su identidad.

“Desahogo sexual doloso”

En palabras simples, el abuso sexual es justamente un conducta que busca el desahogo sexual del autor sabiendo que lo hace sin el consentimiento de la víctima, que va a cometer una ataque sexual, que se trata de un delito, y consciente de ellos avanza sin consideración del daño que va a provocar en esta. Eso es dolo. Por eso, en el contexto de una exposición, el uso de la frase “desahogo sexual doloso”, resume lo que escribimos en varios renglones al comienzo de este párrafo, fundamentalmente si se hubiera utilizado en el contexto de audiencias o escritos reservados a los que solo debieran acceder profesionales del derecho que conocen el alcance el término dolo. En las audiencias orales y públicas, la Fiscalía en particular y los operadores del sistema penal en general, procuran en sus planteos y resoluciones, aclarar los términos legales para que se comprendan por quienes no son abogados.

Fuente: Infobae

Contención y autoapoyo en Estados de Emergencia



Estos tiempos de Pandemia que han seguido a la Revuelta Popular son difíciles en muchos sentidos, también emocionalmente. El gobierno -tarde, mal y nunca, en todo-, ahora anuncia programas de atención psicológica para la población, pero, a juzgar por su ineficiencia de estos últimos meses, podríamos quedar igual y peor. ¿Confiar en unos psicólogos que cuentan con la venia de un gobierno de ricos, derechistas y cómplices de Dictaduras, en poblaciones de pobres y autoconvocadas?... 

Todo indica que será mejor seguir en la línea a la que se ha ampliado la Revuelta Popular, esta de “sólo el pueblo ayuda al pueblo”, también en lo emocional. Pero en nuestras comunidades pobladoras, activistas, empobrecidas, rurales, migrantes, desconfiadas con los mundos acomodados, privilegiados e instituidos, la sola idea de la “terapia” puede llamar a posturas como:

  • Pero si no estoy loca
  • Eso es para otra gente
  • No me voy a poner en círculo a contar mis cosas y después todo el mundo va a saber…
  • Eso es de las películas
  • Te van llenar la cabeza de cosas que no tienen nada que ver con nuestra vida
  • ¿Por qué ahora todo el mundo cree que necesita terapia si los problemas son otros…?

Estas ideas reflejan sentimientos genuinos y tienen elementos interesantes, razonables y también desconocimiento… ¿Pero por qué vas a conocer lo que te ha sido negado o no ha emergido por generaciones en tu comunidad? Y es que, se ha resuelto de otras maneras entre los pobres y colonizados: rezando, con mandas, con curas, caridad, con magia, tirada de cartas, con ritos, con conversaciones comunitarias, o en contextos más urbanos e individualistas, negándolo-olvidándolo, llevando el dolor, el abuso, y hasta la pobreza como un “secreto de familia” (hasta la muerte). 

Ni todo el mundo lee “autoayuda”, ni toda la “autoayuda”, ayuda

La terapia puede no ser una opción y a la vez podría ser un aporte de equilibrio que tranquilice y permita tomar decisiones o proseguir, sintiéndose con algo de autoapoyo y alivio en estados de emergencia como los que estamos experimentando. 

Estos estados de emergencia han revelado como una herida abierta, la pobreza que denunciábamos en la Revuelta Popular y que habíamos constatado en la larga “preparación” hacia ella: 30 años más 17 de Dictadura. Unido a eso, la emergencia ha dejado al descubierto lo que las feministas de todos los pelajes, gritamos, escribimos, denunciamos, describimos, desde que la Violencia Machista no era nombrada así, y era posible -sin arriesgarse a ser políticamente incorrectos-, describir como “pasión” y “provocación”. (Hoy puede que lo piensen, pero no lo dicen).

Todo proceso requiere tiempo, y a veces el tiempo parece lo más difícil de sobrevivir sin perder la paciencia -en el caso de tanta feminista majadera como nosotras-, y sin perder la vida como tanta mujer muerta por la supremacía masculina que trasciende clases, pueblos y territorios.

Los Best Seller de autoayuda han hecho lo suyo, a veces abriendo la posibilidad para las que leen y lo encontraron en la feria libre a poco precio, y otras haciéndonos pensar que la terapia, el daño a las mujeres, (y hasta el feminismo) son cuestiones individuales. Esta última interpretación que está ampliamente propagada nos deja en mala postura para hablar de terapia en la población, en la olla común o en la toma de terrenos. Hace pensar que el daño machista y racista, no es parte de la violencia estructural del capitalismo patriarcal. Por otra parte, esta idea se propaga en la información audiovisual de Internet y de la TV abierta y como la gran mayoría de la gente no entiende lo que lee, nos desinformamos aún más. La terapia sigue apareciendo como una cosa rara, desconocida y para hacer comedias, pero no para “una”. 

Violencia en la privacidad que nunca hemos tenido

Las mujeres estamos siendo violentadas en la horrible “privacidad” (aburguesada) del hogar y la familia, aunque no tengamos ninguna “privacidad” (esa palabrita deseada por las clases empingorotadas). 

La privacidad no existe en el hacinamiento ni en el conventillo. (Y ahora al conventillo, la tv abierta le llama “cité” -en francés-, pero es conventillo porque los cité –yo vivo en uno- tienen casas individuales con baños y cocinas aparte, solo que están más cerca y suelen rodear a un pasillo o rotonda familiar.

Sin privacidad, igualmente, los agresores se las están arreglando para agredir de manera solapada, pegar sin dejar huella (eso lo saben de tiempos inmemoriales), cerrar la puerta con llave (secuestrarte), irse a consumir drogas y llegar jalado a “hacer show”, violarte, acosarte, revisarte más veces que antes el celular, no hacer nada doméstico porque –ellos- están deprimidos y estresados y dejarte toda la pega de desinfección a ti. Y pueden decirte que “tienes la culpa de su frustración porque no quieres tener sexo”… ¿Y cómo quererlo con hambre y en la incertidumbre de los muertos de mañana…? 

Junto con eso, ahora los agresores cibernéticos tienen más tiempo y te agreden por WhatSapp, redes sociales, con videos, fotos que exponen (y que tú te sacaste en momentos de afecto y cuando creías en su “respeto”). Suplantan tu identidad y usan todo lo que aprendieron para prolongar su falo (algo que mucho les inquieta). Parece que en tiempos en que la vida se encierra y encuarentena, se hace más patente aún la locura global de creer que la vida son las redes y las redes, la vida real. Se usan para lucirse y también para violentarte. Y duele tanto como un golpe, porque públicamente te exponen y exponen a quienes amas. 

También hay agresores que se burlan de tu miedo al virus, se niegan a las reglas básicas de higiene, te tratan de “cobarde”, “tonta”, porque no te muestras fanfarrona (como ellos… o como ellas porque de que las hay, las hay); hay mujeres que agreden a mujeres y a otros con menos poder, de las mismas formas misóginas y racistas que la aplastante mayoría masculina.

También pueden mostrarte desprecio porque no eres nacional, si no migrante, señalarte como alguien “ignorante” que –supuestamente- “no sabe lo que un chileno”, y refregarte que “los derechos tienen que ser para la gente chilena”, “porque el pueblo chileno…”, “porque en Chile todos…”, y así, suma y sigue. Puedes haber pasado por la experiencia de ser echada a la calle o señalada toda tu comunidad como “un foco de coronavirus” y eso haberse quedado fuerte y doloroso en ti. 

Todo eso y más que no puedo poner acá, te puede estar pasando o haberte pasado, o estarle pasando a una amiga o vecina. Y es violencia patriarcal basada en la supremacía que algún tipo. En pandemia nos ataca con más peso por el miedo a enfermar y que no haya salud para nosotras como habrá para los ricos en sus clínicas. Esto nos genera estrés, tristeza, furia, silencio e incomunicación. 

¿Cómo le hacemos?

En las ollas comunes, al entregar las cajas de mercadería que proveen las asambleas autoconvocadas y territoriales, cuando las activistas van a entregar los medicamentos que fueron a recoger para la vecina anciana, en el silencio abrumador de los mensajes de grupos de WhatSapp, vemos que parece estar pasando “mucho más que antes” (¿o es que los vemos más?). Pero igual que antes, habrá mujeres de las que nunca nos enteraremos y muchas otras (espero) que darán pistas para que nos demos cuenta, que directamente buscarán el apoyo y también muchas más, que lo pedirán para sus amigas, familiares y vecinas. 

Puede ser- y sucede mucho- que sus hijas, hijos, familiares o vecinas nos contacten para alertarnos sobre esta situación. De seguro les ha costado mucho tomar la decisión de abrirlo. Puede ser una participante de un grupo de mujeres, vecina, conocida, compañera (o compañero) de la Asamblea Territorial, etcétera. Puede decirlo en tono coloquial, sin embargo es un indicio de que hay alguna mujer que está siendo víctima de violencia y requiere apoyo emocional (lo que no quiere decir que lo acepte o lo aceptará). 

Será importante y es el primer paso, conversar con quien se inquieta por la situación de otra. Ella puede estar nerviosa o sentirse traicionando la confianza de su amiga, madre, hermana, conocida; puede estar alarmada, sorprendida, extrañada, e incluso enojada con la víctima y juzgarla. Es muy importante la manera en que recibimos a esta persona ocupada de otra desde sus temores y prejuicios, no juzgarla por sus sentimientos (sean los que sean): el centro es la víctima y ella la que informa, agradecerle por esa solidaridad no es malo. La informante también está resintiendo la situación, se estresa, se conmueve, se ha sentido impotente. Por otra parte aclararle que lo primero que tiene que pasar, para resolverlo, es que la víctima llegue a aceptar el apoyo, y que esto es un proceso en el que ella puede acompañarle mucho, pero sin juicios o presiones del tipo: 

  • ¡Pero cómo es que no denuncias! 
  • ¡Tienes que denunciar!
  • ¡Estás colocando en peligro a tus hijos…!
  • ¡Cómo aguantas!
(Y otros similares). Por experiencia esto hace que las víctimas callen más, pues ya se sienten bastante abrumadas, avergonzadas y culpables, y esto lo profundiza. Pareciera que la amabilidad, el cuidado, el afecto y/o cercanía, según sea la relación, aporta más al proceso de quien está viviendo violencia: 

- Hay terapeutas que te pueden escuchar, te va a aliviar, no es necesario que denuncies si no quieres, él no se va a enterar, todo es confidencial, te daré el contacto y si quieres hablar, avísame, también te puedo escuchar…

O tal vez:

- Yo no soy muy buena con esto de escuchar porque me desespero un poco, pero me preocupas mucho. ¿Te parece que haga el contacto con quienes pueden escucharte? 

Puede que te responda “no, muchas gracias, puedo sola”. Entonces sería bueno dejárselo como una opción abierta en el tiempo. Para ella tener esta opción, aunque ahora no se lo plantee, puede marcar la diferencia. 

Las personas no acuden a lo que no conocen, y si saben que existe por películas o programas de TV, no necesariamente imaginan que sea accesible o posible para ellas. Mientras que si la posibilidad ya ha sido informada y descrita como algo posible, es probable que en momentos emergentes, lo recuerde y decida probarlo.

Las mujeres y compañeras, hemos escuchado por siglos a otras y a otros, hemos acompañado mucho a gente diversa de nuestras vidas, no necesitas ser psicóloga para hacerlo. 

Y dónde no hay psicóloga, puede haber comunidad 

  • No será malo dejar todo lo posible los juicios y comprender que los juicios muchas veces también son gestuales y corporales: las expresiones de sorpresa o disgusto o lástima, pueden aparecer para la otra, como juicios. 
  • Podemos usar nuestras propias experiencias de maltrato –cualquier maltrato- que hayamos sufrido, para entender cómo se siente o se sentirá ella con nuestra mirada. 
  • Expresarle que está bien lo que está haciendo: esto de buscarte y contártelo. 
  • Jamás preguntar: “¿Por qué te pegó o por qué te maltrató?”, ya que esa pregunta podría comunicar que habría razones justificadas para la violencia (volverá a sentirse culpable o merecedora del maltrato).
  • Tampoco presionarla-obligarla a denunciar, aceptar que aún no está preparada (que puede que no lo haga), y que si guías sus decisiones, además de repetir la violencia y el poder sobre ella, puede que nunca vuelva a buscar tu apoyo y eso la deja más expuesta. 
  • Cuando acompañas a otra, se trata de ella, no de ti. Tampoco de lo que tú quieres, crees o harías en su lugar. 
  • Los supuestos “chistes”, machistas, racistas, no alivian el momento. Toma en cuenta no decir cosas del tipo “los trapos sucios se lavan en casa” o “es que ustedes son buenos para las fiestas”, “es que ustedes no saben cómo somos acá…”. Ella vive suficientes discriminaciones ya, para que encuentre lo mismo con quien la escucha.
Además, puedes buscar mecanismos y espacios en donde ella pueda desahogarse con una terapeuta de las redes que han surgido -que son bastantes, formales e informarles-. Hay redes de las que te pueden informar las comisiones feministas y mujeres de las asambleas autoconvocadas, territoriales, populares, de las comisiones de salud de tomas de terreno y poblaciones. 

Y si quieres ir más allá, se pueden organizar en la comunidad grupos de autoyuda. Hoy por ejemplo, por Whatsapp u otras plataformas gratuitas que puedan enviar enlaces y la mujer pueda entrar desde su celular. Ella puede ir a la casa de una familiar, amiga, vecina de confianza y desde ahí hablar más libremente (así lo hemos hecho con algunas consultantes en las redes terapéuticas que activamos). 

Pueden, desde la comisión feminista, la comisión de salud, la asamblea, la toma, organizar conversatorios por Facebook Live u otras plataformas, charlas de activistas, terapeutas, especialistas, sobre situaciones emocionales que nos están aquejando: cómo funciona la violencia, qué hacer en caso de querer denunciar, redes para mujeres migrantes, consumos problemáticos de sustancias en mujeres y qué hacer. Es muy posible que algunas asistentes se interesen por hacer “taller de mujeres”, “círculo de mujeres”, “grupo de mujeres”. Ahí las mujeres compartirán risas y tal vez se atrevan, poco a poco, a compartir dolores, surgirán apoyos mutuos. 

Cuando se van armando pequeños grupos, aunque sean y se sientan “de amigas”:

Ø Es importante explicitar y garantizar la confidencialidad: lo que se habla en el grupo, no sale del grupo. 

Ø Es importante que el grupo funcione autónomamente y si las mujeres que lo integran, lo deciden, puede –y ojalá- funcione sin responder al “liderazgo” de una “profesional” o “experta”.

Ø La terapeuta, abogada, activista, puede apoyar, pero no dirigir. 

La autonomía política y terapéutica nos ha enseñado mucho, la Revuelta Popular que no ha terminado porque ahora se trasladó a las ollas comunes y la solidaridad popular de poblaciones y tomas de terreno, nos reafirmó esta necesidad de autonomía, y la pandemia nos tiene en nuevas formas de rebelión que requieren de diversos autocuidados. 

Sí, nuestros problemas hoy, son el hambre, la cesantía, la pobreza a que nos han sometido, y junto con ello, también están el emocionar y el dolor que estamos experimentando –somos un todo y todo importa-, es lo que nos ha enseñado el feminismo y las comunidades ancestrales. 


X victoria aldunate morales, terapeuta feminista
La autora pertenece al colectivo y red de terapeutas Tierra y Territorio, lesbianas feministas antirracistas

junio 04, 2020

España. El ingreso mínimo tiene nombre femenino

El 16% de las potenciales personas beneficiadas de la ayuda son hogares monoparentales, casi todos encabezados por mujeres

Jeni Riofrío, en el barrio madrileño donde reside, cuenta los días que restan para que se agote el alquiler del piso en donde vive con su hija de 16 años. Es una de las mujeres que espera poder acceder al ingreso mínimo vital.INMA FLORES / EL PAÍS

Patricia Aguilar consiguió el teléfono del alcalde de Jaén para pedirle ayuda desesperada a través de mensajes de texto y notas de voz. Desde febrero, en la casa de esta mujer de 27 años no entra ningún ingreso. Hace cinco meses que no paga el alquiler del piso donde vive con su hija de cuatro años. Patri, como le llaman sus amigos, dejó de cobrar el paro un mes antes de la declaración del estado de alarma, y unos meses después su casero le cortó el agua para presionarla a que abandonara el piso. “Me llegó una carta que me avisaba del desahucio, pero con la pandemia no lo pueden hacer. Si no tengo ningún ingreso ¿cómo pago? ¿Cómo hago frente a mis gastos?”, se pregunta.

Aguilar es un número en un mar de estadísticas. Las que muestran que, aunque la mortalidad por la covid-19 sea más alta entre los hombres, es en ellas en las que está causando mayores estragos sociales. En un informe de abril, la ONU alertaba de las “devastadoras” consecuencias sociales y económicas que la pandemia está causando en las mujeres. El ingreso mínimo vital, aprobado la semana pasada por el Gobierno, será el último asidero para muchas de ellas, que ya eran vulnerables antes de la crisis sanitaria.

El Ejecutivo calcula que de las 850.000 familias que se beneficiarán de esta ayuda, el 16% son hogares monoparentales. De ellos, casi el 90% están encabezados por una mujer. Al ingreso mínimo podrán optar el 27% de mujeres que, según la estadística del INE, estaban en 2018 en riesgo de pobreza. Entre los hombres, el porcentaje era del 25%. Entidades sociales como Cruz Roja y Caritas indican que el nivel de vulnerabilidad de las mujeres que atienden es más alto que el de los hombres, ya que ellas tienen mayores responsabilidades familiares que asumen de forma casi exclusiva y con otras problemáticas, como desempleo, contratos precarios y temporales, e incluso la dependencia económica o la violencia de género.

Un análisis publicado este martes en el Observatorio Social de la Caixa apunta a los hogares monoparentales como los que mayores carencias y desventajas acumulan. Y cuando están encabezados por mujeres la situación “se agrava severamente”. Una de las autoras de este trabajo, Olga Cantó Sánchez, profesora en el Departamento de Economía de la Universidad de Alcalá, explica que la monoparentalidad es una de las características que aumentan más el riesgo de pobreza. “La mitad de los hogares monoparentales encabezados por mujeres estarían por debajo del umbral de pobreza”, asegura.

Aguilar, que se separó hace dos años tras sufrir malos tratos, preferiría trabajar, pero reconoce que es difícil hacerlo con una niña que requiere de cuidados mientras ella no está. “He echado hasta 12 horas en un bar cobrando 700 u 800 euros y he tenido que pagar 400 a una persona que cuide a mi hija”, protesta. A su condición de mujer se une su juventud. Otro factor que acrecienta el riesgo de ser pobre. Según cifras de Oxfam de 2018, las mujeres trabajadoras, las migrantes y las que tienen entre 15 y 24 años afrontan la tasa más alta de riesgo de pobreza laboral. “Las mujeres están muy segregadas en puestos que están peor remunerados, no por su voluntad sino porque en gran medida, aquellas profesiones más feminizadas suelen estar muy mal pagadas”, dice Cantó.

Cantó observa que el diseño del ingreso mínimo vital, que tiene en cuenta a los hijos dependientes o la monoparentalidad, puede contribuir a cubrir la brecha de pobreza entre hombres y mujeres: “Si las mujeres reciben un salario inferior, el ingreso mínimo complementará la renta. Por lo tanto, dado que tienen niveles más bajos de recursos, el complemento será mayor para ellas”.

El ministro responsable del diseño de la ayuda, José Luis Escrivá, dijo este miércoles que espera que más de 200.000 personas puedan cobrar ya en junio el ingreso mínimo. Con el estallido de la pandemia se han hecho aún más intensas. La prestación se podrá solicitar a partir del 15 de junio, pero el Gobierno reconocerá la ayuda a las familias que ya tenga detectadas como beneficiarias de otras prestaciones, unos 100.000 hogares. Y los que presenten su demanda durante los primeros tres meses se le reconocerá con carácter retroactivo a partir del 1 de junio.

La ONU teme que la recesión global generada por la covid-19 resulte “en una caída prolongada en los ingresos y en la participación laboral de las mujeres”, y señala que es probable que aquellas que lograron escapar de la pobreza extrema con el reciente crecimiento económico “vuelvan a retroceder a esta situación de vulnerabilidad una vez más”.

La presidenta de la Asociación Andaluza de Barrios Ignorados, Lola Contreras, dice que el ingreso mínimo ha llegado “como agua de mayo”, en una de las comunidades más golpeadas por la pobreza. Jeni Riofrío, de 40 años, cuenta los días que faltan para el 7 de junio, cuando se le termine el alquiler de su piso en el centro de Madrid. Allí vive con su hija Carla, de 16 años, al que hace un año le diagnosticaron un cáncer. De origen ecuatoriano, Riofrío vivió una década en España, hasta 2010, cuando volvió a su país. Pero con la enfermedad de su hija, decidió regresar para que recibiera el tratamiento que necesitaba. “No tenemos muchas posibilidades en Ecuador, nos tocó venir sin nada, sin maletas, de un momento a otro, para que pudiera ser atendida”, cuenta. No puede trabajar debido a los cuidados y el tiempo que dedica a su hija. Ella es una de las mujeres que confía en la llegada del ingreso mínimo para comenzar a remontar el vuelo.

Fuente: El País

"Esta pandemia nos ha convertido en casi esclavas": cómo covid-19 puso en evidencia la situación de las empleadas domésticas en América Latina

Cerca de 18 millones de personas, la mayoría de ellas mujeres, se dedican al trabajo doméstico en América Latina. Con un alto grado de informalidad en el sector, la pandemia del coronavirus las ha puesto en situación de emergencia.

Getty ImagesEn Colombia, cerca del 90% de las empleadas del hogar que respondieron una encuesta reciente señaló que ha perdido su trabajo debido a la pandemia.

"Es nuestra responsabilidad como empleadores pagar los salarios de las trabajadoras domésticas en este momento de incertidumbre".

La frase es del director de cine Alfonso Cuarón, quien en su película “Roma” (2018) retrató en detalle la vida de una empleada del hogar en un barrio de clase media en Ciudad de México.

Y el llamado del cineasta mexicano se hizo público porque, de acuerdo al Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar en México (Caceh), la mayoría de las 2,3 millones de trabajadoras domésticas que hay en ese país han perdido sus trabajos por cuenta de la pandemia del covid-19.

Y en un sector donde las condiciones laborales han sido históricamente precarias, solo el 1% tiene acceso a la seguridad social.

Igual en la región

Es una cifra que se replica en otros países de América Latina.

Una encuesta revelada este miércoles por la Escuela Nacional Sindical, señala que en Colombia, el 90% de las mujeres que trabajan en labores domésticas (de una población estimada en 700.000 empleadas del hogar) se ha quedado sin trabajo por cuenta del coronavirus.

Y según la Organización Internacional de Trabajo (OIT), en América Latina unas 18 millones de personas se ocupan en labores domésticas, de las cuales cerca de 71% lo hacen sin un contrato formal.

"Debido a la alta informalidad del sector, un amplio número de trabajadoras domésticas se han quedado sin un ingreso durante la pandemia de covid-19 debido a que sus empleadores han decidido prescindir de su servicio”, le contó a BBC Mundo Claire Hobden, coordinadora de la estrategia de la OIT para regularizar el trabajo doméstico.

Hobden señala que los gobiernos en la región en su mayoría han propuesto leyes para proteger a este sector, pero todavía falta una mayor implementación de esas políticas.

"Junto a esa precarización, la informalidad hace que no puedan gozar de los beneficios de desempleo que otorgan algunos gobiernos en la región", añadió la representante de la OIT.

"Al no estar legalizadas bajo un contrato, se les hace imposible ser visibles para los Estados”.

Según alerta la OIT, muchas de las trabajadoras domésticas que conservan sus trabajos deben salir de sus casas en medio de las cuarentenas ordenadas por los gobiernos, lo que incrementa el riesgo de contagio del virus.

"Muchas de ellas se siguen movilizando a pesar de las restricciones sanitarias que existen en los distintos países de la región. Están expuestas a la enfermedad y muchas de ellas no tienen acceso a la cobertura de salud por su condición laboral", añade.

"O me quedaban de interna, o me despedían"

Alicia* dejó su pueblo apacible a las orillas del Pacífico colombiano hace unos 20 años para buscar una mejor vida en Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia.

Y la única forma de conseguir sustento para ella y sus cinco hijos fue como trabajadora doméstica en varias casas de personas pudientes de la ciudad.

"Algunas me trataban bien, pero muchas muy mal. Muchas me tiraban las cosas que habían limpiado y me gritaban ‘Hacé las cosas bien, negra estúpida'", señala la mujer, cuyo nombre reservamos para proteger su privacidad.

Desde marzo pasado comenzó a trabajar en la casa de una señora. "No conozco su nombre completo. Le dicen María y así nos referimos a ella".

Según su relato, la emplearon por días, de lunes a viernes de siete de la mañana hasta las cinco de la tarde.

Sin embargo, cuando el gobierno del presidente Iván Duque decretó la cuarentena obligatoria por la pandemia, su jefe le dio dos opciones: trabajar de interna (durmiendo en la casa que limpia y cuida) o quedarse sin trabajo.

CacehSe estima que en América Latina trabajan unas 18 millones de personas, la mayoría de ellas mujeres, como empleadas del hogar.

Ella eligió quedarse: "Tengo tres hijos que dependen de mi. No puedo darme el lujo de perder un trabajo".

Pero allí comenzó otra historia.

"Desde hace un mes me tuve que quedar en la casa. Una casa que tiene muchos baños y muchos cuartos. Los horarios cambiaron, ahora tenemos que estar listas a las siete de la mañana y vamos terminando a las nueve, nueve y media de la noche. Además de trabajar domingos y festivos", relata Alicia.

Además, solo pueden utilizar determinados cubiertos, vasos y platos para sus comidas y una olla separada para cocinarlas. "No podemos utilizar otra cosa para comer. Y si lo hacemos, ella se da cuenta porque tiene cámaras de seguridad por toda la casa".

Hace un par de días, Alicia comenzó a sentirse enferma. "Empecé a sentir mareos y un dolor físico que no me deja trabajar".

Por esa razón se comunicó con la línea de atención de telemedicina de la Facultad de Medicina de la principal universidad de la ciudad, la de Antioquia.

BBC Mundo confirmó que la consulta se realizó con personal médico de la facultad y allí se le ordenó que acudiera para hacerse una prueba de diagnóstico del covid-19. Le dijeron que se aislará en su casa durante 14 días como medida de prevención.

"Un doctor me dijo por el celular que me tenía que ir a mi casa durante 14 días. Pero la señora me dijo que si me iba perdía el trabajo", señala.

Como no tiene contrato firmado, las condiciones de su empleo no están claras ni garantizadas.

"Yo solo quiero sentirme bien, pero a la vez no quiero perder el trabajo. Es una situación desesperante la que estoy viviendo en estos momentos", dice.

"Pero me da mucho miedo denunciar. Yo tengo mucho miedo, porque me puedo quedar sin trabajo si digo algo o pido algo más".
Agudizado por la pandemia

La situación de Alicia y sus colegas se repite en todo el continente: desempleo, condiciones precarias y explotación laboral se agudizaron con la pandemia del covid-19, señalan múltiples fuentes.

Para Marcelina Bautista, directora de Caceh, muchas de las trabajadoras domésticas se han quedado sin trabajo por la falta de voluntad de los gobiernos de aplicar las leyes existentes en materia de derechos laborales.

"Desde que inició la pandemia comenzamos a ver cómo la mayoría de nuestras compañeras perdían su trabajo”, le dijo Bautista a BBC Mundo.

Aunque el convenio 189 de la OIT, de 2003, que impulso la legislación en los países para garantizar los derechos de las trabajadoras domésticas, ha sido ratificado por la mayoría de las naciones latinoamericanas, el hecho es que no se han creado mecanismos para hacerlo cumplir.

Getty ImagesEn México, solo el1% de las trabajadoras domésticas tienen acceso a la seguridad social.

"No hemos podido cambiar la concepción sobre el trabajo doméstico, hacerlo ver como un trabajo formal y no una ayuda. Las trabajadoras dependen del salario diario para su sustento y el de su extensa red familiar", indica Bautista.

Por eso, junto a Cuarón, lanzaron la campaña #CuidaAQuienTeCuida, para visibilizar el problema de las empleadas del hogar en México.

"El objetivo es recordar a todos lo importante que es cuidar a quienes nos cuidan y el respeto que las trabajadoras, que están en el centro de nuestra sociedad y economía, merecen", explicó en ese momento el director mexicano.

Bautista señala que, como en el caso de Alicia, en México cientos de empleadas del hogar que han quedado de internas o de planta están viviendo en condiciones más delicadas debido a la cuarentena.

"Esclavas"

Una de las situaciones más críticas las afrontan los países centroamericanos, donde no se ha adoptado siquiera legislación de base que garantice los derechos de las empleadas del hogar.

Costa Rica y Nicaragua son los únicos de América Central que se acogieron al convenio 189 de la OIT.

Eda Luz, directora de la Red de Trabajadoras Domésticas de Honduras, señala que en el código laboral de su país se anota que las empleadas del hogar "deben trabajar 14 horas" y no se les garantiza ni el descanso semanal ni las vacaciones.

"Nuestra situación ya era precaria antes del covid-19. Lo que nos ha pasado es que esta emergencia nos ha llevado casi a ser esclavas", dice Luz a BBC Mundo.

La activista indica que a muchas de las empleadas hogareñas les ha tocado trabajar jornadas más largas con menos tiempo de descanso debido a la cuarentena.

"Ahora están todos los integrantes de la familia y les toca atenderlos a todos, eso significa trabajar de lunes a domingo durante muchas más horas", indicó.

Se estima que en Honduras hay unas 139.000 empleadas del hogar. Y la mayoría de ellas gana un sueldo que no supera los US$150 mensuales.

"Muchas emigran del campo hacia la ciudad y a duras penas tienen uno o dos días libres al año para visitar a sus familiares. Y su único medio para comunicarse es por teléfono o por internet, pero hemos conocidos casos que hasta el internet se lo cobran", señala Luz.


"Durante la pandemia, como muchas compañeras no tienen cómo comprar los elementos de bioseguridad como guantes o tapabocas, los empleadores dejan de contratarlas para evitar que los contagien a ellos o a sus familias".

De acuerdo a Luz, el año pasado tuvieron que luchar para evitar que se aprobara una ley que, entre otras cosas, permitía que a las trabajadoras domésticas se les pagara el sueldo en especies.

"Solo pedimos que no se nos ponga en el último eslabón de la sociedad", apunta Luz. "Especialmente con la vulnerabilidad que deja esta pandemia".
Renta básica

Para Franci Corrales Acosta, vocera de la Escuela Nacional Sindical - la entidad que realizó la encuesta en Colombia, una de las primeras en ofrecer un panorama acabado sobre la emergencia de las trabajadora domésticas-, la informalidad del sector se sustenta en gran medida en que la amplia mayoría son mujeres.

"Es discriminación hacia las mujeres. Este es un trabajo relacionado con lo íntimo de la casa y, como se supone que la mujer nació para cuidar, entonces el trabajo doméstico es visto como un favor", señala Corrales.

"Por eso se necesita que el Estado, especialmente en estos días donde son más vulnerables, les garantice esos derechos que corresponden al trabajo formal y obligue a los empleadores a formalizar la relación laboral con las trabajadoras domésticas, para incluir seguridad social, pensión y otros beneficios", añade.

Otro punto en el que insisten las distintas organizaciones es el de la renta básica universal como base para compensar a las empleadas del sector: es decir, que el gobierno no tenga que esperar una situación de emergencia para garantizar los derechos mínimos de las trabajadoras.

El único país que ha dado un paso en ese sentido es Argentina.

"Aunque la mayoría de los países de la región tienen legislación que garantiza los derechos laborales de las trabajadoras domésticas, Argentina ha sido el único que las ha incluido en su atención de emergencia durante el covid-19", explica Hobden.

Dentro de las medidas adoptadas por el gobierno del presidente Aníbal Fernández para afrontar la pandemia en el país, se contó la implementación del Ingreso Familiar de Emergencia, una prestación monetaria de carácter excepcional destinada a asistir a los grupos más vulnerables ante la emergencia sanitaria y que incluyó a las empleadas domésticas sin importar el tipo de trabajo que realicen.

"Aunque en Argentina los empleados del hogar también sufren de la informalidad y están expuestos ante el nuevo coronavirus, esta medida es significativa porque no condiciona si la persona tiene un contrato laboral o no", señaló Hobden.

Como lo indica Hobden, en Argentina se presentaron varios casos de presión hacia las trabajadoras domésticas. Uno de ellos, por ejemplo, fue el de un empleador que escondió su empleada en la cajuela de su vehículo para llevarla a su residencia y así evitar los controles policiales.

"Las trabajadoras domésticas están en la primera línea de respuesta y, por su perfil sociodemográfico, se encuentran en una posición de mucha vulnerabilidad en el país. Y pueden ver incumplido su derecho a permanecer en su casa con goce de sueldo", escribió Eva López Moruelo en su informe de la OIT sobre el covid-19 en la Argentina y cómo afecta a las trabajadoras domésticas"

Por Alejandro Millán Valencia 
Fuente: BBC News Mundo

junio 03, 2020

#3J: El encuentro en las calles que nos cambiaría para siempre. Ya no somos las mismas


Imagen: Sebastián Freire

En 2015, la historia cambió para todas, incluso para las que nos nombrábamos feministas mucho antes de ese temblor. Caminar por Entre Ríos y después por Callao viendo cómo el paisaje se llenaba de los colores de los carteles fue, aquel 3 de junio, el sacudón que necesitábamos para seguir nombrándonos en plural pero habiéndonos visto las caras. Ese día no hacía falta preguntar nada, bastaba con acercar el grabador a la boca, apenas mover los labios en señal de on, para escuchar cómo las voces se pasaban la posta: estoy acá por mi prima, por mi mamá que tuvo una pareja violenta, por mi amiga que fue violada, estoy acá porque nunca pude contarlo pero abusaron de mí. Un mantra largo, para nada susurrado, que guardaba una misteriosa sincronía y marcaba el comienzo de otra época: aquella donde todos los silencios quedaron sepultados.

La rabia se hizo cuerpo colectivo en cada cuerpo que se movilizó al congreso, que escribió una leyenda, que se tatuó un nombre en delineador negro. Hubo tanta ansiedad, tanta alegría, tanta bronca como siluetas que cortaron el atardecer sobre la calle, modificando un mapa urbano que tendría ecos impensados, de todas las ciudades grandes del país a las más chicas, de nuestra capital y otras capitales de provincias a geografías más lejanas, más solitarias, a un mundo que ya no iba a latir igual. Ni Una Menos se dijo en todas las lenguas y se inscribió en culturas tan diversas como impensadas, para volver multiplicado a este, su lugar de origen y seguir repensándose para hacerse ancho, fuerte y cada vez más lleno de ideas, de rostros, de formas.

Como periodistas feministas muchas veces soñamos con esa multitud que se hizo carne el primer 3J. Muchas más veces me pregunté por qué mis amigas no me escuchaban antes de este primer temblor, -temblor, marea, tsunami, fenómenos imparables, arrasadores, y no nos cansamos de buscar sinónimos que lo abarcaran con toda literalidad- pero la respuesta siempre venía de la mano de otra pregunta y fue necesaria esa reunión enorme para entender que lo personal es político y que tiene que ser en plural. 

foto: Sebastián Freire

Lo cierto es que algo se habilitó en ese momento, un grito que venía acolchonado por las experiencias previas (los Encuentros, la Campaña, la militancia sostenida de tantas mujeres y lesbianas, de Lohana y de Dora, de Nora y de Tati, solo por nombrar algunas) pero que tomó tanta relevancia que ya nadie volvió a ser igual. El femicidio de Chiara Páez, (“vengo porque yo podría haber sido esa chica” me dijo una adolescente que marchaba en grupo), llevó al borde del asco a una sociedad acostumbrada a nombrar como pasión el crimen machista sostenido, y todas sus formas de manifestarse. Pero ese primer día de movilización fue clave porque empezó a nombrarse lo que venía naturalizado: el maltrato en el interior de una sala de partos, el acoso de un jefe, la precarización de las tareas, la cosificación de los culos en la tele. Y esa puesta en acto de las consignas, todas al mismo tiempo, puestas en un documento pero además dichas por todas las que estábamos allí, de una u otra manera, hilvanó un discurso de resistencia y dio lugar a tantas consignas nuevas: vivas y libres nos queremos, no estamos todas, la culpa no era mía, somos el grito de las que ya no están, nos mueve el deseo.

Por las muertas, que de cinco años a esta parte siguieron siendo tantas, una por día, acá en Argentina, miles, acá y en el mundo; no hay consuelo. Pero la conversación multitudinaria que abrió aquella tarde de junio de 2015 fue mucho más allá de lo que soñamos: marchamos bajo tormentas eternas, paramos el país, llevamos la huelga al mundo, revolucionamos los espacios de trabajo, de militancia, los hospitales, las calles, la tele y la radio, las parejas, y hasta esta misma cuarentena, donde los cuidados no pueden escindirse del hecho de que casi siempre recae en hombros femeninos. Aunque todavía las fotos de “los que mandan” están llenas de braguetas y poses obvias de rock stars, nuestras postales, las que ilustran este suplemento, las que vienen empapelando Las12 hace 22 años, las que generamos en cada Encuentro, que cada vez se llama más plural, en nombre de todas y todes, reponen los sentidos de una lucha que no va a terminar hasta que no haya aborto legal, hasta que circulemos sin miedo, hasta que nuestras tareas, nuestros trabajos y nuestras vidas dejen de valer menos, de estar precarizadas o de permanecer silenciadas.

Estamos en la primera línea también porque decidimos ponerle un cuerpo que no es sumiso ni obediente. Dijimos vinimos a cambiarlo todo y empezó a cambiar: aquella primera sensación de encontrarnos, tan política como sensual y emotiva, trastocó los efectos de un orden creado por machos que ya no puede maniobrar sin vernos, representar sin oírnos, circular sin sentir el sacudón de nuestro salto sincronizado.

Fuente: Página/12