agosto 16, 2026

Veró­nica Gago “El femi­nismo ha libe­rado otras for­mas de desear y de amar


La filó­sofa argen­tina denun­cia la ‘fas­cis­ti­za­ción’ de la vida coti­diana: la impo­si­ción polí­tica de una aus­te­ri­dad cruel, opre­siva y vio­lenta

De lejos parece una joven estu­diante de paseo por el Raval bar­ce­lo­nés. De cerca es Veró­nica Gago (Chi­vil­coy, Argen­tina, 1976), una de las pen­sa­do­ras femi­nis­tas que mejor sabe desen­tra­ñar las más­ca­ras con­tem­po­rá­neas del poder. La filó­sofa, poli­tó­loga, inves­ti­ga­dora y acti­vista argen­tina es autora de una decena de obras, muchas fir­ma­das con otros auto­res, como Con­tra el auto­ri­ta­rismo de la liber­tad finan­ciera (2025), junto a Luci Cava­llero, donde ana­li­zan cómo la ultra­de­re­cha entrena a la pobla­ción en el aban­dono de toda espe­ranza social. Antes publicó La razón neo­li­be­ral: Eco­no­mías barro­cas y prag­má­tica popu­lar (2015) o La poten­cia femi­nista o el deseo de cam­biarlo todo (2019), de la edi­to­rial Tinta Limón, con la que cola­bora y cuya misión es visi­bi­li­zar tex­tos rela­cio­na­dos con el dis­curso polí­tico coti­diano. Ade­más, es pro­fe­sora e inves­ti­ga­dora en la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires y en la Nacio­nal de San Mar­tín.

En pri­ma­vera, la filó­sofa fue una de las par­ti­ci­pan­tes de los Diá­lo­gos Glo­ba­les de la Uni­ver­si­dad de Geor­ge­town, cele­bra­dos en el Cen­tro de Cul­tura Con­tem­po­rá­nea de Bar­ce­lona (CCCB). En un receso del encuen­tro, Gago disec­cionó el Gobierno argen­tino como labo­ra­to­rio de la nueva ultra­de­re­cha mun­dial. Antes de publi­car la entre­vista, actua­li­za­mos la con­ver­sa­ción por video­con­fe­ren­cia, donde revela que ese campo de prue­bas lleva a un pro­ceso de fas­cis­ti­za­ción que trans­forma las frus­tra­cio­nes socia­les en cruel­dad y odio, y que ese es el tema del nuevo libro que ultima estos días.

Pre­gunta. Este año se cum­plie­ron 50 años de la dic­ta­dura argen­tina. ¿Hay para­le­lis­mos con el Gobierno de Milei?

Res­puesta. El ani­ver­sa­rio sirve para tra­zar las con­ti­nui­da­des, y hay muchas. Está el papel que cum­ple la deuda externa como herra­mienta de opre­sión con­tra la pobla­ción en nom­bre de la aus­te­ri­dad, se repite el cie­rre de empre­sas, los recor­tes de los dere­chos y una reforma labo­ral abo­mi­na­ble. Lega­liza jor­na­das de 12 horas, eli­mina licen­cias por cui­da­dos, con­cede a la patroa­te­rri­zar nal el poder de pagar el sala­rio en espe­cies, y prohíbe el dere­cho a huelga en sec­to­res como salud o edu­ca­ción. No es casual. Son los que luchan fuerte con­tra el Gobierno. P. Y este, ¿qué busca?

R. Es un pro­yecto de reforma extrema, quiere anu­lar las dis­tin­tas for­mas de orga­ni­za­ción —obre­ras, de dere­chos huma­nos, movi­mien­tos popu­la­res— que han sido el pilar del fin de la dic­ta­dura. El Gobierno acusa a los femi­nis­mos, a los movi­mien­tos indí­ge­nas, a los jubi­la­dos y jubi­la­das, de hacer polí­tica pre­sen­tán­do­los como sec­to­res para­si­ta­rios, que quie­ren vivir del Estado. En rea­li­dad, son los sec­to­res que orga­ni­zan los terri­to­rios donde el Estado se ha reti­rado, o solo inter­viene de manera repre­siva. P. Lo llama “polí­tica ani­qui­la­cio­nista”. R. Milei es una res­puesta con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria a una manera de hacer polí­tica, y tiene una pul­sión ani­qui­la­cio­nista. Dice que hay pobla­cio­nes que deben ser sacri­fi­ca­das, como las per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad, los eco­lo­gis­tas o las femi­nis­tas.

P. Advierte sobre la bru­ta­li­dad del avance del mer­cado glo­bal de la mano de la extrema dere­cha, que tiene carác­ter trans­na­cio­nal. ¿Es lo que sucede en Gaza o en Irán?

R. Hay un tér­mino que se usa en Argen­tina y es el de zonas de sacri­fi­cio. Se llama así a lo que hacen algu­nos nego­cios extrac­ti­vis­tas. Dicen que hay que sacri­fi­car el terri­to­rio, sacri­fi­car el agua y des­pla­zar a sus pobla­cio­nes. Y arman maqui­na­rias de gobierno para ges­tio­nar esas zonas de sacri­fi­cio. Es la pla­ta­for­mi­za­ción del Estado, que se pone al ser­vi­cio de los nego­cios extrac­ti­vos.

P. Tam­bién denun­cia usted la fas­cis­ti­za­ción de la vida coti­diana.

R. Hay pro­ce­sos por los que cier­tas pro­pues­tas de la ultra­de­re­cha ter­mi­nan siendo escu­cha­das a pesar del daño que cau­san en la vida mate­rial de las pobla­cio­nes. Es una radi­ca­li­za­ción de la vio­len­cia a tra­vés de la cruel­dad y de la impo­si­ción de la aus­te­ri­dad. Ese tipo de argu­mento empieza a for­mar parte de la racio­na­li­dad popu­lar cuando dicen “bueno, es que los jubi­la­dos están cobrando mucho”. Es la idea de que la aus­te­ri­dad solo se con­si­gue a tra­vés de la cruel­dad. P. Denun­cia el anti­fe­mi­nismo esta­tal. R. El anti­fe­mi­nismo ha for­mado parte de la cam­paña polí­tica de Milei. Les dice a los varo­nes jóve­nes que la culpa de que no ten­gan hori­zonte labo­ral y de vivienda es que las femi­nis­tas se han que­dado con sus dere­chos. Ese dis­curso des­pués se con­vir­tió en polí­tica de Estado, anu­lando pro­gra­mas con­tra la vio­len­cia de género, por ejem­plo.

P. ¿Por qué es el femi­nismo el ene­migo a batir?

R. El femi­nismo sigue siendo un movi­miento masivo muy crí­tico con el neo­li­be­ra­lismo y las jerar­quías. Tam­bién ha libe­rado otras for­mas de desear y de amar. Las nue­vas gene­ra­cio­nes tie­nen otras per­cep­cio­nes, otros modos de vin­cu­larse, y eso es tam­bién una trans­for­ma­ción del sen­tido común. El femi­nismo cues­tiona todo el sis­tema: la vivienda, la deuda, la fami­lia. Son crí­ti­cas trans­ver­sa­les y, al mismo tiempo, loca­les. Com­bina el pen­sa­miento y la acción entre lo sis­té­mico y lo con­creto, a par­tir de lo que pasa en una escuela o en un barrio.

P. El femi­nismo lati­noa­me­ri­cano pone el foco en las desi­gual­da­des socia­les.

R. Ante las dife­ren­tes for­mas de pre­ca­rie­dad, el neo­li­be­ra­lismo pro­pone un modelo de res­pon­sa­bi­li­za­ción indi­vi­dual. El femi­nismo señala su carác­ter estruc­tu­ral, rompe el hechizo de la supuesta cul­pa­bi­li­za­ción y com­pe­ten­cia indi­vi­dual, plan­teando estra­te­gias colec­ti­vas que bus­can.
P. Usted habla de “deseo de teo­ría”.

R. Cier­tos movi­mien­tos socia­les sepa­ran la teo­ría de la prác­tica, como si la rea­li­dad estu­viese des­po­jada de con­cep­tos. No es así. Los femi­nis­mos tra­ba­jan nue­vas narra­ti­vas, abren la ima­gi­na­ción y la per­cep­ción social. Se decía “cri­men pasio­nal”, hoy femi­ni­ci­dios.

P. Parece que en el hori­zonte solo está el apo­ca­lip­sis.

R. La ultra­de­re­cha glo­bal existe por­que actúa frente a las expe­rien­cias de libe­ra­ción social. Incluyo las Pri­ma­ve­ras Ára­bes, las revuel­tas en Amé­rica Latina con­tra el neo­li­be­ra­lismo o las revuel­tas trans­fe­mi­nis­tas.

P. Con­cede un gran papel a la per­se­ve­ran­cia, como la de las madres y abue­las de mayo, que ahí siguen, cada jue­ves en la plaza.

R. Lo que apren­di­mos de ellas tan­tas gene­ra­cio­nes es esa per­sis­ten­cia. Es una tec­no­lo­gía polí­tica que parece sen­ci­lla —cami­nar jun­tas en ronda— y que aloja otras luchas. Es un lugar de hos­pi­ta­li­dad, de ir a bus­car fuerza, de estar jun­tos sin afi­lia­ción bio­ló­gica.

P. ¿Ese espa­cio com­par­tido tiene valor más allá de lo reso­lu­tivo?
R. Sí, la efi­ca­cia pro­duc­ti­vista es una idea capi­ta­lista. Del argu­mento catas­tró­fico “hay mil mar­chas, pero no cam­bia nada”. La narra­ción del poder busca infil­trar impo­ten­cia, es clave salir del para­digma uti­li­ta­rista.

Por Mar Padi­lla
Fuente: El País

agosto 15, 2026

Las mujeres titiriteras, protagonistas del festival internacional de marionetas de Nueva York


Fotografía cedida por el International Puppet Fringe Festival de Nueva York (IPFFNYC) que muestra una marioneta de la obra 'La Naissance' del Grupo The Flying Group Theater de Taiwán.


La cuarta edición del International Puppet Fringe Festival de Nueva York, el único festival alternativo dedicado exclusivamente al teatro de marionetas, comienza con la participación de más de una docena de países y dedicado a las mujeres titiriteras, que han dado forma, expandido y reinventado el arte de los títeres y las marionetas en todo el mundo.

El Fringe rinde homenaje a dos artistas estadounidenses visionarias que han llevado el arte de las marionetas a su máxima expresión, como medio para contar historias, expresar cultura y generar innovación: Theodora Skipitares (California, 1947) y Nancy Lohman Staub (Wisconsin, 1933).


El festival "es una celebración de extraordinarias voces artísticas de todo el mundo, con un enfoque particular en artistas mujeres e historias que ponen de relieve las experiencias, la resiliencia, la imaginación y el liderazgo de las mujeres", indicó el actor Manuel A. Morán, fundador y productor.

Afirmó que en momentos en que la inclusión, la diversidad y la colaboración internacional se ven cada vez más presionadas, este festival representa "una alegre afirmación de los valores que hacen que la ciudad de Nueva York y su comunidad artística sean tan vibrantes".
Películas, exposiciones, talleres y Theodora Skipitares

El festival se celebra en el Centro Cultural y Educativo Clemente Soto Vélez, que abre sus puertas tras una amplia remodelación.

Contará además con 50 producciones, películas, exposiciones, talleres, mesas redondas y eventos especiales a cargo de artistas de los países participantes.

Una pieza central es la exhibición Theodora Skipitares: Ingenio abundante-Cuatro décadas de objetos escénicos, una retrospectiva de una de las artistas teatrales interdisciplinarias más influyentes de EE.UU., e incluye producciones desde Micropolis (1982) hasta Footnotes, presentada este año.


Fotografía cedida por el International Puppet Fringe Festival de Nueva York (IPFFNYC) que muestra a una marioneta de la obra 'Mujeres a cuatro manos' del Grupo Teatro Naku Mx de México.
Una exposición de la pionera Nancy Lohman Staub

El festival también celebrará a Nancy Lohman Staub a través de la exposición fotográfica Recuerdos felices dispersos de amigos títeres por una mujer de 93 años que documenta títeres, artistas y amistades dentro de la comunidad internacional del arte de los títeres.

Staub, pionera en este campo, drigió el Puppet Playhouse de Nueva Orleans, organizó el histórico Festival Mundial de Títeres de 1980 en el Kennedy Center, cofundó el Museo del Centro de Artes de Títeres de Atlanta y contribuyó al lanzamiento de la Fundación Jim Henson y el Festival Internacional de Teatro de Títeres Henson.

A sus 93 años, su exposición ofrece una perspectiva profundamente personal e histórica sobre las personas e instituciones que han dado forma al arte de los títeres en todo el mundo.

Producciones adicionales de Puerto Rico, Grecia, Armenia, Cuba, Argentina, Bélgica, Canadá, Taiwán, México y Estados Unidos son una muestra de la diversidad y vitalidad del teatro de marionetas contemporáneo en todo el mundo, destacó además Morán.


Fotografía cedida por el International Puppet Fringe Festival de Nueva York (IPFFNYC) que muestra a una marioneta de la obra 'One for Sorrow, Two for Joy' del Grupo Long Grass Studio de Canadá.


Fuente: Efeminista

agosto 14, 2026

Betty Friedan: "La única forma de que una mujer se encuentre a sí misma como ser humano es a través del trabajo creativo e independiente"


Una cita fundamental de la segunda ola de feminismo que sigue recordándonos algo muy importante



Cuando Betty Friedan publicó 'La mística de la feminidad' en 1963, cuestionar que una mujer pudiera querer algo más que ser esposa y madre todavía resultaba revolucionario. Por eso, en sus páginas, había una cita que ha pasado a la historia:

"La única forma de que una mujer se encuentre a sí misma como ser humano es a través del trabajo creativo e independiente". 

No obstante, más de seis décadas después, sus palabras siguen invitando a hacerse preguntas. En pleno ague de las tradwives y el antifeminismo, hoy se puede leer casi como una reivindicación de la independencia económica y profesional de las mujeres. Eso sí, cuando Friedan la escribió en 1963 estaba hablando de algo mucho más profundo: de la posibilidad de construir una identidad propia.

El problema que señalaba no era que las mujeres fueran amas de casa, ni que cuidar de los hijos o de una familia careciera de valor. El problema era que, para muchas mujeres de la sociedad estadounidense de posguerra, esas funciones se habían convertido en prácticamente la única definición de lo que significaba ser mujer.

Es en este punto donde aparece una de las ideas centrales de 'La mística de la feminidad': una mujer necesitaba algo que fuera suyo. Algo que le permitiera utilizar sus capacidades, tomar decisiones, relacionarse con el mundo exterior y reconocerse como una persona más allá de su papel dentro de la familia.


¿Qué quería decir Betty Friedan con "trabajo creativo e independiente"?

La palabra importante de la frase no es tanto "trabajo" como "propio", porque Friedan no estaba hablando únicamente de tener un sueldo. En el capítulo final de 'La mística de la feminidad', plantea la necesidad de que las mujeres encuentren una actividad significativa que les permita desarrollar sus capacidades y participar plenamente en la sociedad. 

El trabajo aparece como una de las vías para alcanzar esa realización personal. No obstamte, no se trata de que baste con estar ocupada. Una mujer podía pasar el día entero haciendo cosas y, sin embargo, sentir que ninguna de ellas construía una identidad propia.

La distinción es importante porque Friedan estaba criticando precisamente que las tareas domésticas se convirtieran en la única profesión de una mujer. Su propuesta pasaba por dejar de considerar el matrimonio y la maternidad como opciones suficientes y buscar también una educación y una ocupación donde poder utilizar plenamente sus capacidades intelectuales.

La frase completa en su idioma original, además, resulta todavía más reveladora porque Friedan habla de que una mujer, tal y como hace un hombre, debe poder "encontrarse a sí misma" y "conocerse a sí misma" mediante ese trabajo creativo propio.

No se trata, por tanto, de trabajar por trabajar. Se trata de tener la oportunidad de descubrir quién eres cuando no estás desempeñando el papel que otros han decidido por ti.

Dominio público

Betty Friedan y "el problema que no tenía nombre"

Para entender por qué aquella afirmación fue tan importante hay que viajar hasta la Estados Unidos de los años cincuenta. Después de la Segunda Guerra Mundial se consolidó un ideal femenino muy concreto: matrimonio, hijos, casa en las afueras, los últimos electrodomésticos, compras y una vida familiar presentada como la sumum de la felicidad. La cultura popular convirtió aquella imagen en una especie de manual de instrucciones simbólico sobre cómo debía ser una mujer.

Friedan conocía bien ese universo. Había estudiado Psicología en el Smith College, donde se graduó summa cum laude en 1942, y después pasó por la Universidad de California en Berkeley. Trabajó como periodista y escritora antes de casarse, tuvo tres hijos y, mientras continuaba escribiendo, vivió también la experiencia de convertirse en ama de casa en los suburbios.

A finales de los años cincuenta comenzó a investigar aquello que terminaría convirtiéndose en 'La mística de la feminidad'. Una encuesta entre antiguas compañeras del Smith College reveló que muchas compartían la misma sensación de insatisfacción pese a haber alcanzado aquello que, sobre el papel, debía hacerlas felices. 

Friedan pasó después años entrevistando a mujeres de todo Estados Unidos al respecto. En el libro bautizó aquella sensación como "el problema que no tiene nombre" y era la sensación de vacío, aburrimiento o falta de propósito que podía aparecer incluso cuando, aparentemente, no les faltaba de nada. Tenían todo aquello que se suponía que debían desear: el marido, los hijos, la casa, una vida cómoda... Entonces, ¿por qué no eran felices?
El libro que puso nombre a una insatisfacción femenina

'La mística de la feminidad' se convirtió rápidamente en un superventas, dando visibilidad a la frustración de muchas mujeres estadounidenses, que sentían que sus posibilidades vitales estaban limitadas por los roles de género. Con ello, contribuyó a impulsar la movilización feminista de las décadas de 1960 y 1970. O lo que es lo mismo, la conocida como "la segunda ola", de la que Friedan se convirtió en una de sus figuras fundamentales.

Tres años después de la publicación del libro, en 1966, participó en la fundación de la National Organization for Women (NOW) y se convirtió en su primera presidenta. Durante su mandato, la organización presionó para que se aplicaran las leyes contra la discriminación sexual en el trabajo y luchó, entre otras cuestiones, contra la segregación de los anuncios de trabajo por sexo.

Es importante recordarlo porque Friedan no se quedó en el terreno de las ideas. La reivindicación de que las mujeres pudieran tener una vida profesional propia estaba vinculada a una lucha política por conseguir que pudieran acceder realmente a esos empleos en condiciones de igualdad.


Pero Betty Friedan no tenía todas las respuestas. Leer hoy 'La mística de la feminidad' exige hacerlo teniendo presente a quiénes estaba describiendo Friedan y a quiénes dejó fuera de su relato. Su análisis se centraba principalmente en mujeres blancas, educadas y de clase media, especialmente aquellas que vivían el modelo doméstico de los suburbios estadounidenses. 

Las experiencias de las mujeres negras, las mujeres de clase trabajadora y otros grupos quedaron mucho menos representadas. Esta es una de las principales críticas que se le ha hecho posteriormente a su libro. También tuvo una relación problemática con las mujeres lesbianas dentro del movimiento feminista. Su posición fue criticada por activistas lesbianas, que se sentían excluidas.

Esto no hace que 'La mística de la feminidad' deje de ser un libro fundamental, pero sí obliga a leerlo como lo que es: un texto decisivo de la segunda ola feminista y, al mismo tiempo, un producto de su contexto histórico, con sus propias limitaciones y puntos ciegos. Pero que nos puede recordar que la independencia no consiste únicamente en tener una nómina sino en encontrar aquello que te permita reconocerte como una persona completa, no únicamente como esposa, madre, hija, cuidadora, pareja o profesional.

Por María Yuste
Foto de portada | Lynn Gilbert
Fuente: Trendencias

agosto 13, 2026

Investigadoras de la Udelar usan ciencia de datos para reconstruir el origen de las cifras sobre violencia de género

 

Noelia Beltramelli. Foto: Inés Guimaraens


Un estudio reconstruye por primera vez cuatro décadas de producción de datos impulsada por colectivos feministas y muestra cómo esos registros fueron decisivos para visibilizar violencias e impulsar cambios legislativos.

Mucho antes de que el Estado uruguayo produjera estadísticas sistemáticas sobre violencia de género, fueron organizaciones feministas y de la diversidad sexual las que comenzaron a recopilar, ordenar y difundir información sobre una problemática prácticamente ausente de los registros oficiales.

Esa es la principal conclusión de un estudio del Centro Interdisciplinario en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (Cicada) –un centro de la Universidad de la República dedicado a aplicar métodos de ciencia de datos para resolver problemas científicos y sociales– que reconstruye por primera vez la historia de la producción feminista de cifras sobre violencia de género en Uruguay entre 1984 y 2025.

Aunque la ciencia de datos suele asociarse a la inteligencia artificial (IA), también permite estudiar cómo se producen, organizan e interpretan los datos. En este caso, las investigadoras recurrieron al análisis de publicaciones históricas, archivos y registros elaborados por organizaciones feministas para reconstruir el origen de la información que luego sirvió de base para las estadísticas oficiales y las políticas públicas.

La investigación busca “desnaturalizar” la percepción de que el Estado siempre relevó las distintas manifestaciones de la violencia de género y rescatar la “memoria histórica” de que las “pioneras” en producir esos datos fueron las feministas en un momento en el que el tema ni siquiera estaba problematizado, explicó, en diálogo con la diaria, Noelia Beltramelli, investigadora de Cicada y una de las autoras del estudio.

Beltramelli señaló que el objetivo de la investigación fue rescatar un aspecto poco conocido del movimiento feminista uruguayo: el trabajo de recolectar, sistematizar y difundir información sobre violencias invisibilizadas.

“Buscamos rescatar el trabajo de las activistas y de las organizaciones de la sociedad civil en todo el trabajo que implica recolectar, sistematizar y difundir, y después accionar políticamente para la transformación social con datos”, afirmó Beltramelli, quien además es socióloga y cuenta con un máster en sociedad digital.

Entre sus principales conclusiones, el estudio sostiene que la producción feminista de datos fue decisiva para visibilizar desigualdades y distintas formas de violencia de género que durante años permanecieron fuera de los registros oficiales. Además, contribuyó a mejorar los sistemas de información y generó evidencia que sirvió de base para impulsar cambios legislativos, políticas públicas y transformaciones sociales.

De publicaciones feministas a políticas públicas

Para reconstruir esa historia, las investigadoras revisaron publicaciones históricas, boletines, revistas, archivos documentales y, en el caso de los proyectos más recientes, también páginas web y redes sociales. El criterio fue identificar iniciativas impulsadas desde la sociedad civil que generaran información allí donde existían vacíos en los registros oficiales y que transformaran esos datos en insumos para el debate público.

El estudio muestra que durante la década de 1980 organizaciones como el Grupo de Estudios sobre la Condición de la Mujer en el Uruguay (Grecmu) y Cotidiano Mujer comenzaron a producir datos sobre desigualdad y violencia de género cuando prácticamente no existían estadísticas oficiales. También destaca el papel de publicaciones como La República de las Mujeres, que contabilizaba casos de violencia a partir de fuentes policiales y periodísticas.

Asimismo, en esta década surgieron organizaciones centradas principalmente en atender la violencia doméstica (el Plenario de Mujeres del Uruguay, la Casa de la Mujer de la Unión, Cooperativa Mujer Ahora, entre otras), en 1987 se creó el Instituto Nacional de la Mujer y en 1988 la primera comisaría de la Mujer.

Según Beltramelli, esos primeros registros fueron fundamentales para que el problema comenzara a instalarse en la agenda pública. “La discusión pública sobre violencia doméstica surge a partir de fines de los años 80”, sostuvo.

La investigadora explicó que recién a partir de los años 2000 el Estado comenzó a incorporar de forma sistemática la perspectiva de género en la producción de información, un proceso que se consolidó con la creación de observatorios y nuevos mecanismos de registro. Sin embargo, subrayó que las organizaciones sociales continuaron desempeñando un papel central para complementar y cuestionar la información oficial.

Un hilo conductor durante cuatro décadas

Uno de los principales hallazgos del estudio es que, pese a los cambios tecnológicos, existe una continuidad entre las iniciativas pioneras de los años 80 y los proyectos actuales.

Beltramelli destacó que pudieron rastrear “prácticas similares” entre publicaciones históricas y proyectos contemporáneos como Feminicidios Uruguay, ¿Dónde Están Nuestras Gurisas? o Proyecto Ikove.Apoyá nuestro periodismo. 

“Lo que está bueno rescatar es que la acción de sistematizar, a partir de fuentes dispersas, y problematizar datos [...] es algo que se mantiene en el movimiento feminista y de la diversidad desde la reapertura democrática hasta ahora”, afirmó. “Se puede trazar ese hilo conductor entre las diferentes iniciativas a lo largo de los años”.

La investigadora señaló que buena parte de ese patrimonio documental continúa fragmentado entre bibliotecas, archivos digitales y organizaciones sociales, mientras que otros registros incluso desaparecieron con el paso del tiempo.

“No es que haya un archivo de la memoria del colectivo feminista centralizado [...]. Si uno no habla con las personas del movimiento o no busca en documentos, eso queda perdido”, agregó.

En otras palabras, además de reconstruir quiénes produjeron los primeros datos, el estudio recupera una parte de la memoria documental del movimiento feminista que permanece dispersa y, en algunos casos, corre riesgo de perderse.

Persisten vacíos en los registros oficiales

Aunque reconoció los avances alcanzados por el Estado, la investigadora sostuvo que aún existen áreas donde la información oficial presenta limitaciones.

Entre ellas mencionó diferencias de criterios entre organismos públicos, falta de interoperabilidad entre bases de datos y registros insuficientes sobre feminicidios, desapariciones vinculadas a redes de trata y violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes.

“En el Estado hay una falta de interoperabilidad entre los datos o discordancias entre las cifras [...]. Eso hace que los informes finales puedan no reflejar la realidad de la mejor forma. Pensemos que la información disponible está desperdigada en diferentes ministerios u oficinas”, agregó.

Por eso, señaló que los proyectos impulsados desde la sociedad civil continúan siendo relevantes para complementar la información estatal y visibilizar problemáticas que todavía permanecen parcialmente ocultas.

Según explicó, proyectos como Feminicidios Uruguay, ¿Dónde Están Nuestras Gurisas? y Proyecto Ikove continúan siendo necesarios porque identifican subregistros, reúnen información dispersa y documentan fenómenos que no aparecen adecuadamente reflejados en las estadísticas estatales.
Ciencia de datos con supervisión humana

Consultada sobre el aporte que pueden hacer las nuevas tecnologías, Beltramelli sostuvo que la automatización puede contribuir a mejorar los sistemas de información, aunque advirtió que primero es necesario fortalecer la calidad de los datos disponibles.

“No utilizamos IA, fue todo trabajo muy humano”, aclaró respecto de la metodología utilizada para esta investigación.

La investigadora explicó que la ciencia de datos no implica necesariamente utilizar IA. También comprende herramientas para organizar, sistematizar y analizar grandes volúmenes de información, detectar patrones y mejorar la calidad de los registros.

Consultada sobre el aporte que podrían hacer las herramientas de ciencia de datos para mejorar los registros, Beltrami consideró que puede encontrar patrones y automatizar algunos relevamientos teniendo como “base el vínculo con la sociedad civil que tiene el conocimiento adquirido sobre este tema”.

“Con la ciencia de datos se puede desarrollar mejores formas de registrar la información, siempre que exista un control humano sobre los procesos. Las tareas repetitivas, sin dudas, pueden automatizarse”, indicó.

La investigadora aclaró además que el equipo no está desarrollando actualmente un proyecto basado en IA para automatizar estos relevamientos y que, deliberadamente, prefiere hablar de herramientas específicas de automatización antes que de IA.

Asimismo, advirtió que si se automatizan datos oficiales que no tienen toda la información, se reproducirían “los mismos vacíos que hay en los registros actuales”. “Primero hay que mejorar lo que hay, porque los datos son la materia prima que se va a usar después para generar procesos de automatización”.

Para Beltrami, el principal aporte de la investigación es reconocer el trabajo realizado durante décadas por activistas y organizaciones sociales en la construcción de información sobre violencia de género.

“Quisimos poner el foco en preguntarnos quiénes relevan los datos sobre estas temáticas en la historia de Uruguay, visibilizar eso y ponerlo en valor, algo que en la memoria colectiva no está tan visible”, finalizó.

Fuente: La Diaria.es

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in