marzo 22, 2026

¿A qué se refiere el Borrado de mujeres? Término controversial que divide al feminismo



Las mujeres han sido borradas de la historia universal y eso no es ninguna noticia para nadie: siempre fueron hombres los que gobiernan, dirigen, inventan, curan, logran o descubren. (Freepik)

En el feminismo existe un término que ha ocasionado debate y discusión dentro del propio movimiento. Se trata de la expresión “borrado de mujeres”, que recientemente ha sido utilizado para hacer referencia a una supuesta desaparición u omisión de las mujeres en términos legales y políticos. 

Diversas organizaciones, colectivos y activistas feministas han denunciado que la eliminación del “sexo” como categoría jurídica borra a las mujeres al invisibilizar su presencia por el simple hecho de no nombrarlas, y en su lugar, nombrar a un género.

El reconocimiento de las identidades de género y no solo de sexos biológicos, como el caso de las personas transgéneros (cuya identidad no coincide con su sexo asignado al nacer) ha fomentado esta idea del borrado de mujeres, sin embargo, el término que históricamente ha sido utilizado dentro del feminismo como “borrado de mujeres”, tiene un significado totalmente distinto.

El histórico borrado de mujeres

Las mujeres han sido borradas de la historia universal y eso no es ninguna noticia para nadie: siempre fueron hombres los que gobiernan, dirigen, inventan, curan, logran o descubren.


El papel de las mujeres ha quedado relegado a la de acompañantes, musas, cuidadoras, madres, sin que sean consideradas como sujetos de derecho con participación política.

En la historia del feminismo, ese ha sido el significado del borrado de mujeres: los casos en los que incluso sus trabajos de investigación científica o social (o de cualquier índole) eran firmados por hombres porque de otro modo no eran reconocidos.

Sin embargo, en tiempos recientes, surgieron otro tipo de discusiones que dejaban de lado el binarismo como única expresión de identidad, y surgían expresiones más allá de ser hombre o mujer. El caso de las personas transgénero es el más citado en este sentido.

Es entonces cuando comienza a considerarse que dejar de nombrar “mujeres” para nombrar “géneros” es también una forma de borrado de mujeres.

¿Qué significa ser cisgénero?

Una parte de esta discusión se centra en el término cisgénero, el cual describe a las personas cuya identidad de género coincide con su sexo asignado al nacer.

De una forma muy simple, esto significa que una mujer que cuando nace tiene vulva y al crecer y comenzar a formar su identidad, esta coincide con lo que definimos “mujer”, entonces podría definirse como cisgénero.

Por el contrario, si al crecer comienza a notar que no coincide con lo que le dijeron “debe ser una mujer”, entonces no es cisgénero y comienza a buscar algo que la identifique. Por ejemplo, hombre transgénero o no binaria.

El concepto surge a partir de que las personas dejan de identificarse con uno de los dos géneros existentes, y comienzan a construirse distintas expresiones. No es una regla genérica y contempla que cada persona tiene una forma de expresión e identidad.
¿Qué se entiende ahora por “borrado de mujeres”?

Luego de que comenzó a cuestionarse por qué solo se reconocía al hombre y a la mujer, surgieron propuestas para incluir nuevas expresiones de identidad dentro de los marcos sociales, legales y políticos.

Lo de “nuevas” es solo una expresión, porque han existido desde siempre, sin embargo, han sido poco reconocidas, discriminadas y olvidadas.

Entonces, por ejemplo, comenzó a hablarse de eliminar categorías “femeninas”. El caso del deporte ha sido uno de los más mediáticos en este sentido.

Existen iniciativas que buscan dejar de llamar deporte femenino a un espacio en donde participen solo mujeres cisgénero, y considera también la participación de otras expresiones como las mujeres trans, sin embargo, esto ha movilizado a activistas que lo consideran una agresión y violencia hacia las mujeres.

“Mujeres y hombres tienen diferencias anatómicas que producen una ventaja para los varones (entendido el término en sentido estrictamente biológico). La mayor densidad ósea, mayor capacidad pulmonar, mayor masa muscular, el mayor tamaño y altura promedio no desaparecen tras años de hormonación", se lee en el portal web de la asociación española Contra el borrado de las mujeres.

Es así como se considera una forma de violencia hacia las mujeres cisgénero, y se denuncia que este tipo de acciones las elimina del mapa y atenta contra los avances en reconocimiento de derechos hacia las mujeres.

Se trata de una discusión que tiene grandes vertientes y aristas y que genera debates fuertes entre las distintas corrientes del feminismo. Sin embargo, el movimiento contra el “borrado de mujeres” tiene una fuerza y representación importante en México.

Por ejemplo, este sábado 21 de marzo de 2026, a las 11 horas, se realizó la IV Marcha contra el Borrado de las Mujeres en la Ciudad de México. El recorrido fue del Monumento a la Revolución a la Antimonumenta contra el feminicidio. 

La convocatoria estuvo dirigida a mujeres y niñas, con el objetivo de “combatir todas las formas de violencia que viven día a día cada una de ellas, incluyendo prostitución, vientres de alquiler, violencia vicaria e infancias trans”.

Fuente: Infobae

marzo 21, 2026

¿Se puede ser liberal y feminista? Carla de La Lá cree que sí: "El feminismo que sirve es el que analiza patrones, no demonios"

La periodista, escritora y empresaria Carla de La Lá clava su pluma afilada en el patriarcado, pero sobre todo en el feminismo al uso en Feminismo irreverente, un libro atrevido donde derrocha tanta erudición como incorrección política. 

Carla de La Lá, autora de 'Feminismo irreverente'.D.R.

Hace tiempo que el feminismo anda desgarrado. No hay nada malo en ello, creo modestamente, nada ni nadie puede dictar que la igualdad entre hombres y mujeres y, sobre todo, las fórmulas para alcanzarla, esté obligada a una única partitura (qué tristeza de canción sería ésa, ¿no?). Lo que ya resulta menos frecuente es que el feminismo se autodescriba como de derechas (rarísimo) o incluso como liberal hoy en día. Porque, paradójicamente, aunque el movimiento nació de tradiciones liberales, en el debate público contemporáneo suele asociarse más a posiciones progresistas o de izquierdas, mientras que las corrientes liberales o conservadoras dentro del movimiento han tenido mucha menor visibilidad, eso sí con nombres particularmente sonoros a su vanguardia, como los de Christina Hoff Sommers o Camille Paglia.

Tampoco el feminismo suele combinarse con frecuencia con el humor, más allá de los escenarios donde artistas como Hannah Gadsby o la brutísima (desde el amor) Ali Wong despliegan sus monólogos. Por aquello y por esto podemos afirmar que Feminismo irreverente de Carla de La Lá (ed. La Esfera de los Libros) es, además de ese "manifiesto liberal contra el victimismo y el dogma" que promete desde su portada de color deliberadamente naranja, un ejercicio de ensayismo irónico donde la autora despliega todas las posibilidades de su ya probada y ocurrente prosa. Imposible aburrirse con un texto que describe el patriarcado como "un sistema operativo invisible que corre debajo de todas nuestras decisiones" o que se refiere a ciertas dinámicas militantes como "un karaoke político en el que la letra ya viene escrita". 
Patriarcado: un sistema operativo imposible de desinstalar

Feminismo irreverente propone una lectura crítica del feminismo contemporáneo desde dentro del propio movimiento. Carla de Lalá plantea una revisión incómoda de algunos de los consensos que se han instalado en el debate público sobre igualdad. El libro se mueve deliberadamente en ese terreno: cuestionar lo que considera inercias ideológicas, desmontar ciertos relatos dominantes y recuperar una tradición feminista que, según su planteamiento, estaba más vinculada al liberalismo y a la ampliación de libertades individuales que a la identidad política.

Uno de los ejes del ensayo es la manera en que de Lalá describe el patriarcado. Frente a la idea de una conspiración consciente de los hombres contra las mujeres, la autora propone entenderlo como un sistema cultural profundamente interiorizado. Lo define con una metáfora tecnológica: el patriarcado sería un sistema operativo "como Windows, pero prácticamente imposible de desinstalar". Según la autora, este sistema no nació de un pacto deliberado de dominación, sino de antiguas condiciones materiales y biológicas que organizaron las sociedades humanas. Con el tiempo, ese orden habría quedado incrustado en normas sociales, imaginarios culturales y expectativas compartidas que siguen operando incluso cuando las condiciones han cambiado.
Maternidad: la desigualdad más brutal

Otra de las tesis centrales del libro es el papel de la maternidad en la desigualdadentre hombres y mujeres. Para de Lalá, ésta constituye "la desigualdad más brutal, la más definitiva", una grieta estructural que atraviesa la organización social y económica. En este punto el ensayo recurre a investigaciones económicas como las de la Nobel Claudia Goldin, que han vinculado el aumento de la brecha salarial al nacimiento del primer hijo. La autora argumenta que muchas de las desigualdades profesionales no aparecen al inicio de la vida laboral, sino en el momento en que las trayectorias vitales se bifurcan a partir del cuidado de los hijos.

Al mismo tiempo, el libro cuestiona ciertos discursos culturales -incluidos algunos dentro del propio feminismo- que, según su planteamiento, idealizan la maternidado refuerzan el modelo de entrega total al cuidado. En ese sentido, critica lo que denomina el "ideal de la madre perfecta", que exigiría a las mujeres ser "dulces, implicadas, infinitamente disponibles", al tiempo que desconfía de aquellas que ponen límites a ese mandato.

Una parte importante del ensayo se dirige también a analizar la evolución del feminismo en las últimas décadas. En el capítulo titulado El feminismo que mata al feminismo, de La Lá sostiene que algunos discursos contemporáneos han desplazado el foco desde la capacidad de acción hacia la identidad basada en el agravio. Si el feminismo de posguerra estaba representado por la imagen de Rosie the Riveter -la mujer que reclama espacio con el lema "We can do it" (podemos hacerlo)- el lema actual, escribe la autora con ironía, parece haberse transformado en otro muy distinto: "They hurt us" (ellos nos hieren).

Según su interpretación, en el debate público contemporáneo el sufrimiento puede convertirse en una forma de capital simbólico. De La Lá habla de una "economía del agravio" en la que medios, instituciones y movimientos políticos compiten por administrar el dolor y convertirlo en legitimidad pública. "Ser víctima da rédito:atención mediática, protección institucional, inmunidad moral", escribe, aunque añade que también tiene un coste: "Quien se instala en el llanto gana compasión, pero pierde libertad".
Feminismo desde la herida...

En esa línea, el libro critica lo que denomina un feminismo "desde la herida", que transformaría experiencias personales de injusticia en interpretaciones generales sobre la sociedad. Para la autora, esa dinámica puede derivar en una visión del conflicto entre hombres y mujeres basada en categorías absolutas. Frente a ello propone un feminismo centrado en el análisis de patrones sociales y en la responsabilidad individual.

Otra de las críticas del ensayo se dirige al riesgo de dogmatismo dentro del propio movimiento. De La Lá sostiene que el feminismo pierde autonomía cuando se identifica demasiado estrechamente con estructuras políticas o partidistas. Según su planteamiento, el movimiento histórico de las mujeres nació de tradiciones liberales y sufragistas que desconfiaban del poder, mientras que el feminismo contemporáneo corre el riesgo de convertirse en una ideología rígida sostenida por consignas. En algunos pasajes describe esa dinámica con un tono irónico: "Lo suyo es un karaoke militante: la letra ya viene escrita en la pantalla, ellas sólo ponen la voz".
...contra feminismo 'adulto'

En el fondo, el ensayo plantea una defensa de un feminismo que la autora define como "adulto". Un feminismo que no se base en la identidad de víctima ni en la pertenencia ideológica, sino en la ampliación de libertades individuales y en el análisis de estructuras sociales concretas. "El feminismo que sirve -y necesitamos- es el que convierte la cicatriz en reparación", escribe. Es decir, el que "analiza patrones, no totales; nombra incentivos, no demonios; exige cambios verificables, no deudas".

Con su tono provocador y deliberadamente polémico, Feminismo irreverente se inscribe así dentro de una corriente de ensayos que cuestionan algunos de los discursos dominantes del feminismo contemporáneo y buscan reabrir el debate sobre sus fundamentos, sus estrategias y su relación con la política y la cultura. Lo que más distingue el libro de Carla de Lalá es el tono: menos académico que el de Elisabeth Badinter, Camille Paglia o Christina Hoff Sommers y más cercano al ensayo irónico, lleno de metáforas contemporáneas y frases aforísticas. Todo un hallazgo.

Feminismo Irreverente. Carla de La Lá. (ed. La Esfera de los Libros)
280 PÁGINAS. 17,95 EUROS. PUEDES COMPRARLO AQUÍ.

Por Silvia Nieto
Fuente: El Mundo.es

marzo 20, 2026

‘Menowashing’: cuando la menopausia se convierte en un nicho de mercado

Menowashing': cuando la menopausia se convierte en un nicho de mercado

En pocos años, la menopausia ha pasado de ser un tema apenas susurrado a ocupar un lugar visible en la conversación pública. Creadoras de contenido, memes y marcas de bienestar proliferan en redes sociales, rompiendo décadas de silencio, vergüenza y desinformación.

Este giro es, sin duda, un avance necesario. Sin embargo, hablar más no significa hablar mejor ni hacerlo desde marcos neutrales. La cuestión de fondo es otra: ¿qué ocurre cuando la visibilidad de la menopausia se convierte en un mercado? Pues que un problema colectivo empieza a abordarse como una elección individual.

En ese desplazamiento, surge el menowashing, es decir, el uso comercial del lenguaje del cuidado y el empoderamiento para vender productos no siempre respaldados por evidencia científica sólida.
Del bienestar al negocio

El desplazamiento del cuidado hacia el mercado no es casual. En los últimos años, el interés social por la menopausia ha impulsado lo que ya se denomina “menoeconomía”. Se trata de un ecosistema de productos, servicios y contenidos dirigidos, sobre todo, a mujeres a partir de los 45 años. Suplementos, cosmética específica, aplicaciones hormonales o programas de bienestar forman parte de una oferta diversificada que convierte esta etapa en un nicho de mercado.

Pero este fenómeno no es exclusivo de la menopausia. De hecho, la literatura científica sobre salud lleva décadas analizando la medicalización de procesos vitales, como la menstruación, el embarazo, el parto o la menopausia, y su conversión en oportunidades de negocio.

De este modo, las transiciones naturales pasan a presentarse como problemas a corregir o disfunciones a gestionar. Y, como resultado, se promueven productos, tecnologías o tratamientos que no siempre responden a una necesidad clínica real.

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En el caso de la menopausia, la novedad no es el mercado, sino la rapidez de su crecimiento. La apertura de la conversación pública ha dado paso a una oferta creciente de soluciones comerciales para “transitar mejor” esta etapa.

En este contexto, el lenguaje del autocuidado y del empoderamiento cumple un papel clave. No solo acompaña la oferta comercial: también moldea la idea de lo que significa “estar bien” durante la menopausia.

De este modo, la responsabilidad del bienestar se desplaza hacia la esfera privada. Así, la conversación deja de centrarse en los apoyos sociales o sanitarios y pone el foco en soluciones individuales. Inevitablemente, el mensaje implícito es claro: estar mejor pasa por elegir correctamente. Y cuando el empoderamiento se desvincula de derechos e información rigurosa y se reduce al consumo, aparece el menowashing.

¿Cómo funciona?

El menowashing no se reconoce por un producto concreto, sino por la forma en que se presenta. Suele apoyarse en un lenguaje cercano, emocional y aparentemente liberador. Se habla de “volver a ser tú” o de “equilibrar tus hormonas”, a menudo sin aclarar qué evidencias respaldan esas promesas.

Esta estrategia resulta eficaz porque conecta con experiencias reales de malestar. Dificultades para dormir, concentrarse o regular las emociones forman parte de esta etapa. De hecho, la evidencia muestra que los síntomas del climaterio afectan tanto al trabajo como a la vida cotidiana.

En ese contexto, las soluciones rápidas y personalizadas se presentan como respuestas accesibles y atractivas, especialmente cuando otras vías de apoyo son poco visibles.

Sin embargo, no siempre existe un respaldo científico sólido detrás de estas ofertas. En ocasiones, los productos no difieren de otros genéricos. Simplemente se reempaquetan y se venden a un precio más elevado. Otras veces, se apoyan en estudios preliminares o en testimonios individuales presentados como prueba suficiente de eficacia.
Reenfocar la conversación

Cuestionar el menowashing no implica rechazar la visibilidad de la menopausia ni negar que algunos productos puedan ser útiles. Implica preguntarse quién define hoy los problemas y las soluciones en torno a esta etapa vital.

Cuando el bienestar se plantea casi solo como una elección individual, se refuerza una mirada medicalizada de la menopausia. Y, así, una etapa natural vuelve a presentarse como un problema a corregir o “normalizar”. Sin descuidar el sobrecoste económico de muchas de estas soluciones, no siempre accesibles ni justificadas desde la evidencia.

Con todo, el verdadero empoderamiento no pasa por comprar más: pasa por garantizar información rigurosa, atención especializada y entornos que reconozcan la menopausia como una cuestión de salud pública. El reto ya no es hablar de menopausia, sino que hacerlo sirva para cuidar mejor y de forma colectiva.


Profesora Agregada en los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC - Universitat Oberta de Catalunya, UOC - Universitat Oberta de Catalunya
Cláusula de Divulgación

Fuente: The Conversation

marzo 19, 2026

Manzanas del Cuidao. Del trabajo invisible a la autonomía: una nueva oportunidad para las cuidadoras en Ecuador

Del trabajo invisible a la autonomía: una nueva oportunidad para las  cuidadoras en Ecuador

El trabajo no remunerado sigue ampliamente sostenido por las mujeres en Ecuador, que dedican tres veces más tiempo que los hombres a los cuidados y tareas invisibilizadas que les impiden desarrollarse educativa y económicamente, una situación que un proyecto local busca revertir y que les ha dado una nueva oportunidad para salir adelante.

Una de esas mujeres es María de los Ángeles Pezo, quien vive en Nueva Prosperina, una de las zonas más violentas de Guayaquil, la ciudad más poblada de Ecuador, y que cuenta a EFE que hasta mediados de 2025 pasaba sus días en casa, cuidando de sus hijos y vendiendo comida hasta que llegó al sector una Manzana del Cuidado.

Se trata de un programa gratuito de la Prefectura del Guayas, la provincia cuya capital es Guayaquil, que desde 2023 ofrece a las mujeres la oportunidad de invertir el tiempo que dedican al cuidado en estudiar para terminar el bachillerato o aprender oficios para que puedan emprender, mientras sus hijos quedan a cargo de profesionales y dejan su ropa en la lavandería.

"Esto nos ha abierto la puerta a muchas madres de familia. Trabajamos y llevamos con orgullo ese dinerito extra a casa y podemos decirle a nuestros hijos que, ante la adversidad del mundo, no nos rendimos", señala Pezo.

Relata que en muchos trabajos "desplazan" a las mujeres que son madres y que tienen "muchas complicaciones", lo que le ha impedido tener una estabilidad económica, lo que sí, dice, ha empezado a encontrar tras ingresar a este proyecto.

Un grupo de mujeres recibe clases en una Manzana del Cuidado, en el norte de Guayaquil (Ecuador). EFE/ Mauricio Torres

Nueva oportunidad para cuidadoras en Ecuador

Ella es una de las 16.189 mujeres que se han registrado en las nueve 'manzanas' establecidas en seis municipios de Guayas, cuatro de ellas en sectores vulnerables de Guayaquil, donde también hay altos índices de violencia machista, explica a EFE Nancy Menéndez, coordinadora del proyecto.

"La iniciativa nace para contrarrestar estas alarmantes cifras que señalan que más del 75 % del trabajo no remunerado es realizado por mujeres. Reconocemos el trabajo de cuidado y promovemos la autonomía económica de las mujeres", señala.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de Ecuador, publicados en septiembre pasado, las mujeres dedican semanalmente en promedio 28,7 horas a actividades de trabajo no remunerado en comparación a las 11,4 horas dedicadas por los hombres.

En 2023, el valor agregado bruto del trabajo no remunerado alcanzó los 24.964 millones de dólares, lo que, pese a estar invisibilizado en las cuentas económicas tradicionales, representó el 21 % del producto interno bruto (PIB), superando el aporte de las principales industrias.

Cada hora adicional de trabajo de cuidados no remunerado reduce en un 38 % las posibilidades de una mujer de acceder a un empleo pagado y en un 34 % sus opciones de acceder a la educación superior, de acuerdo a cifras de ONU Mujeres.

Mujeres juegan con niños mientras sus madres aprenden oficios en una Manzana del Cuidado, en Guayaquil (Ecuador). EFE/ Mauricio Torres

Romper el ciclo de la violencia y pobreza

Además de los oficios, en las Manzanas del Cuidado las mujeres reciben asesoría psicológica y legal, donde les enseñan de amor propio y derechos, lo que contribuye a que empiecen a "romper el ciclo de la violencia" y de la pobreza, dice Menéndez.

"Ellas llegan a la 'manzana' porque necesitan ayuda y ven en este espacio una esperanza. Eso se puede ver en sus rostros", añade.

A estos sitios también acuden abuelas que se han dedicado a cuidar por años sin tener otra opción disponible. "No tenía empleo, sobre todo por mi edad, pero cuando escuché de estos talleres se me alegró la vida, el alma, todo", recuerda Emma Reyes.

Ella asiste desde hace seis meses junto a su hija y nieta y ha pasado por cursos de cuidado de adultos, de informática, de belleza y ahora forma parte de un grupo de mujeres que, tras aprender de panadería, ganan dinero haciendo panes para empresas privadas.

En diciembre vendieron 15.000 panes de pascua, lo que les permitió ganar entre 400 y 800 dólares, y animó a algunas a unirse para planificar la apertura de una cafetería.

"Nunca pensé que podía especializarme en algo porque no tenía quién me cuidara a los bebés y el sector donde vivo queda lejos de todo. Aquí he encontrado esta oportunidad porque es cerca y dejo a mi hijo. Uno está viendo a los niños y aprendiendo a la vez", reivindica Cristina Garaví, quien está en un curso de corte de cabello.

Menéndez agrega que el proyecto ha crecido porque son las mismas mujeres quienes animan a otras en sus barrios para que también acudan a aprender. "Ellas no solo han podido transformar sus vidas sino también las de sus familias", destaca.

Por Cristina Bazán
Fuente: Efeminista

Sí a la Diversidad Familiar!
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