mayo 27, 2026

Mujeres de grandes ciudades de América Latina idean soluciones frente al estrés climático

Mujeres de diversas redes y oenegés gestionan los biohuertos en el sur de Lima. Imagen: Comutrafrecc
Lima: Mujeres que transforman terrenos abandonados en biohuertos comunitarios

Las mujeres son las más afectadas ante los impactos del calentamiento global pero también las que accionan para cambiar esas realidades

Llevaban tres meses de abrir la canilla y que no saliese una gota de agua. Era abril de 2014 y las mujeres de Pedregales de Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, cargaban garrafones de 20 litros desde un surtidor público para lavar la ropa y bañar a los niños. Un día, hartas, decidieron cortar la Avenida del Imán. Eran, como mucho, unas 20. 

“No teníamos miedo. Nos acuerpaba la rabia: la digna rabia de salir a protestar”, recuerda Natalia Lara.

Consiguieron la atención de los gobernantes, pero trataron de desacreditarlas. “Decían que estábamos locas, que nos pagaban los partidos opositores”, cuenta Natalia.

A fuerza de insistencia, lograron que los técnicos del del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) las llevaran a recorrer los pozos del suministro. Después de tres años y 27 pozos recorridos, descubrieron que sí había agua, pero era desviada hacia los megaproyectos inmobiliarios de la zona.

En las grandes ciudades de América Latina, las mujeres son quienes más sufren el estrés climático: sobre ellas recae la carga de las tareas domésticas y el trabajo no remunerado. Son las que salen a buscar el agua, caminan kilómetros para conseguir alimentos saludables y asisten a niños y personas mayores ante olas de calor.

“Cuando hay eventos naturales de gran magnitud, las mujeres son las más afectadas porque, debido a su rol en tareas de cuidado, suelen estar siempre en la zona. A su vez, las mujeres tienen un rol clave como agentes de cambio, pero sus conocimientos generalmente no son retomados por las políticas climáticas. Se las excluye y, en esa exclusión, reciben el mayor impacto negativo”, afirma Nidya Pesántez, responsable regional de la estrategia de Género, Ambiente y Justicia Climática de ONU Mujeres.

Sin embargo, también son las mujeres las que se organizan y accionan para cambiar esas realidades. En Bogotá, la capital de Colombia, fueron fundamentales en la creación de los acueductos comunitarios, gestionando el acceso al agua para sus comunidades. En el sur de Lima, Perú, mujeres de diversos distritos se organizaron para transformar terrenos abandonados en biohuertos y combatir la inseguridad alimentaria.

Estas soluciones locales cobran mayor relevancia porque las ciudades latinoamericanas están entrando en un período de intensificación del estrés climático. Además, los planes de adaptación no llegan a los más vulnerables y rara vez tienen en cuenta el trabajo que las comunidades ya hacen sobre el terreno, sostiene Pesántez. 

“Se necesita hacer un puente entre lo que hace la sociedad civil y lo que hacen los gobiernos locales. No se logra tener una relación horizontal con la población porque los gobiernos latinoamericanos han seguido siempre una lógica patriarcal, verticalista. Por eso, aunque haya propuestas sólidas desarrolladas por mujeres, es difícil que sean retomadas por los gobiernos”, agrega.
Para entender adónde iba el agua, Natalia Lara armó un mapa. Puso puntos verdes para los pozos con mayor flujo y azules para los de baja presión. Los primeros estaban cerca de grandes emprendimientos inmobiliarios y los segundos en las colonias populares. También descubrieron que desde la alcaldía de Coyoacán se manipulaban las válvulas para abastecer a las colonias que garantizaban votos.

“Teníamos, entonces, dos cuestiones: la discriminación económica y la manipulación política”, cuenta hoy.

En 2017, las mujeres conformaron la cooperativa Acción Comunitaria Pedregales: una mezcla de vecinas, amas de casa, estudiantes y una profesora de biología. En 2018, presentaron la evidencia obtenida y lograron que el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera reconociera la manipulación de las válvulas con fines políticos.

“Hoy el problema sigue latente. Con el cambio de gobierno, perdimos un poco de información y a veces los tandeos vuelven a estar más espaciados”, indica Natalia.

Las colonias (barrios) de Pedregales de Coyoacán comenzaron a formarse en 1971, producto de una migración interna. Al asentarse sobre una vieja erupción volcánica, muchos debieron dinamitar la piedra para construir sus casas. Se autogestionaron el acceso a servicios básicos y hoy todavía hay viviendas sin drenaje. 

Ese proceso de autoconstrucción generó un fuerte arraigo territorial que impulsó diversos movimientos sociales, explica Alice Poma, doctora en Ciencias Sociales y Medio Ambiente. Hoy, la llegada de desarrollos inmobiliarios agrega un problema de gentrificación que desplaza a los habitantes históricos. 

Poma, que siguió el proceso de organización de las comunidades de Pedregales, señala que desde los gobiernos local y municipal no han aprovechado los saberes de la comunidad para la formulación de políticas.

“Deberían escuchar más a la gente. Si bien realizaron mesas de diálogo, los trataban mal y llevaban técnicos que les hablaban con un lenguaje imposible. Se sentían humillados y frustrados”, advierte.

Ahora, las mujeres de Pedregales enfrentan una nueva preocupación: que la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2026 —que tiene entre sus sedes al vecino estadio Azteca— vuelva a secar sus colonias durante la temporada de calor extremo.

“Televisa, dueña del estadio, tiene una concesión privada de agua. Su pozo tiene unos 350 metros de profundidad, frente a los 80 metros de los pozos públicos. Con la remodelación, está monopolizando el agua de la zona”, explica Natalia. Están exigiendo la expropiación del pozo, y la presión crecerá con la llegada masiva del turismo.

Otra demanda histórica de la comunidad es la necesidad de una infraestructura que ayude a evitar inundaciones en sus colonias. Sobre eso, Natalia comenta: “Curiosamente, la Ciudad de México construyó un jardín de lluvia, que para nosotros era una infraestructura importante para retener el agua, justo al lado del estadio Azteca, en vez de hacerlo en otras zonas donde se inunda más”.Avance de la ciudad en la periferia urbano-rural del sur de Bogotá. Imagen: Universidad Externado de Colombia
Bogotá: Lideresas de acueductos comunitarios a tiempo completo

A fines del siglo XX, en la periferia urbano-rural de Bogotá, las mujeres cargaban cantinas hasta el río en busca de agua, a veces con ayuda de caballos.

“Tocaba sufrir mucho. A raíz de eso, se organizaron los acueductos comunitarios”, cuenta Flor Alba Díaz Cepeda, lideresa histórica del acueducto Aacupasa de Ciudad Bolívar. “Siempre me ha gustado cuidar la naturaleza, el agua y servir a las comunidades”, añade.

Desde hace décadas, los acueductos comunitarios son en Colombia una forma de gestión del agua liderada en gran parte por mujeres que, además de sus labores domésticas, administran el recurso, median con funcionarios y garantizan la distribución equitativa.

“Claro que también son trabajos no remunerados, o con un pequeño estipendio que apenas alcanza para cubrir sus gastos, pero nunca un salario propiamente dicho”, explica Dolly Palacio Tamayo, doctora en Estudios del Desarrollo y Medio Ambiente, que estudia el liderazgo de mujeres en la gestión del agua en Bogotá. “Aquí no hay poder ni dinero: es gestión de base vinculada a la sostenibilidad territorial y el cuidado”, agrega.

Flor Alba se puso al frente del acueducto a comienzos de los 90, cuando su padre enfermó, y lo condujo con vehemencia durante casi 30 años. Era un trabajo sin horarios: conflictos entre vecinos, tuberías rotas, mediaciones con funcionarios. Todo, en paralelo con la crianza de su hija. 

“Realmente fue duro, pero yo amaba el acueducto. Cómo será que me gustaba que, cuando me retiré, me ocasionó un problema de depresión”, cuenta. Hoy continúa como asesora externa, aparte de brindar talleres sobre cambio climático y gestión del agua para escuelas, universidades y adultos mayores.

Bogotá está a unos 2600 metros de altura y tiene un clima húmedo. Sin embargo, en los últimos años, las sequías y las lluvias se volvieron más intensas, profundizando los ciclos de estrés hídrico e inundaciones. En la periferia urbano-rural, el impacto se intensifica porque, al igual que en Pedregales, son barrios construidos de forma autogestiva, fuera del alcance estatal.

Respecto a la gestión del agua, en diciembre, tras 15 años de lucha, organizaciones nucleadas en la Red Nacional de Acueductos Comunitarios de Colombia -entre ellas, la Retaco del departamento de Cundinamarca y Bogotá-, lograron la aprobación de un proyecto de ley que reconoce a los acueductos comunitarios como prestadores legítimos del servicio, garantizando su autonomía y reconociendo un proceso de construcción trascendental para muchas comunidades.

Ahora resta que sea sancionado por el Ejecutivo y ver cómo se dará su aplicación en la práctica.


“Mire, ahorita le voy a mostrar mi cajita. Son semillitas, ¿ve? Tengo espinacas, acelgas, culantro. Así las vamos juntando”.

Celsa Pandal muestra orgullosa su colección de semillas disecadas y guardadas en bolsitas cerradas herméticamente. La idea de crear biohuertos surgió en 2018, cuando varias mujeres del sur de Lima, preocupadas por la inseguridad alimentaria y los impactos de la crisis climática, decidieron impulsar una agricultura sin químicos.

“Al principio fue difícil explicarle a la comunidad la necesidad de hacer un biohuerto, pero ahora están más involucrados y vienen ellos a pedirnos las semillitas”, cuenta Celsa.

El Colectivo de Mujeres Trabajando Frente al Cambio Climático de San Juan de Miraflores (Comutrafrecc) -presidido por Celsa-, la Red de Lideresas por la Acción Climática de Villa María del Triunfo (Redlac) y la Asociación de Redes Ambientales de Villa El Salvador (Redaves) son grupos de mujeres del Área Metropolitana de Lima que transformaron terrenos abandonados en biohuertos.

En esta zona, miles de familias enfrentan serias dificultades para acceder a alimentos de buena calidad, debido a una combinación de precariedad urbana, falta de áreas verdes y dependencia de alimentos provenientes de otras regiones.

“No estamos esperando soluciones, ya estamos actuando”, dicen en la campaña En Lima Sur cosechamos derechos, difundida por redes sociales. “Pero esta situación no se puede sostener sólo con el esfuerzo comunitario: el Estado y los gobiernos locales tienen que asumir su responsabilidad”, aclaran.

Acompañadas por las oengés Fovida y Manos Unidas, presentaron proyectos de ordenanza para exigir que los gobiernos locales reconozcan la agricultura urbana como política pública y apoyen el desarrollo de biohuertos urbanos. Recientemente, lograron su aprobación en San Juan de Miraflores y Villa María del Triunfo. Actualmente, vigilan que se realice la implementación y trabajan por su extensión a Villa El Salvador.

En Lima se repite el patrón: las periferias fueron edificadas sin considerar la geografía ni la hidrología del terreno, y el cambio climático agravó la situación con un fuerte aumento de las precipitaciones. 

La arquitecta peruana Liliana Miranda, integrante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), lo resume así: en 2010, Lima tenía un promedio de lluvia de nueve milímetros; en 2020, se duplicó; y en 2025, el promedio trepó a 23 milímetros.

“La ciudad no está preparada para esas lluvias. Entonces se inunda, se producen huaicos -desprendimientos de piedras-, los cables quedan colgando, se generan cortocircuitos, las casas se vienen abajo”, enumera. “Es un verdadero desastre”.

De las experiencias locales a la política pública

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlán en 1325, construyeron sobre un lago e integraron el agua a su planificación. Hacia 1600, los españoles destruyeron esa ciudad, pavimentaron humedales y entubaron arroyos. Por eso, en lo que es hoy la Ciudad de México, las épocas de lluvia convierten la urbe en un caos.

La arquitecta Loreta Castro Reguera propone que, sin destruir las infraestructuras existentes, desde las políticas públicas se impulsen más proyectos alternativos y descentralizados.

“Hay que construir sistemas de tratamiento de agua residual para las épocas de escasez e implementar sistemas de captación de agua en cubiertas o parques para las épocas de lluvia”, explica. Ella misma hizo un proyecto de captación de lluvias similar a los andenes incas en el municipio mexicano Tablas del Pozo.

Por su parte, Miryam Mejía, de la Dirección de Gestión Comunitaria de la empresa pública Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, que ha trabajado en el acompañamiento de lideresas de acueductos por más de una década, cuenta que un desafío actual es sostener y profundizar la articulación entre el ámbito público y las comunidades.

“Yo siento que si en algún momento me voy, ellos van a quedar muy a la deriva, porque en la empresa todavía no se logra que eso sea una línea de trabajo permanente”, dice.

Desde Lima, Jhonatan Peña, gerente de Gestión Ambiental de San Juan de Miraflores, dice que han acompañado la construcción de biohuertos con asistencia técnica, capacitaciones, entrega de materiales y difusión. También explica que una limitante para avanzar en la expansión de la iniciativa es el costo elevado de agua potable en Lima (provista por la empresa pública Sedapal).

“Podríamos seguir instalando más áreas para agricultura urbana porque hay terrenos, pero la baja disponibilidad de agua potable y los costos altos no han permitido que crezca mucho más”, aduce el funcionario. 

Mientras que todavía cuesta encontrar la fórmula ideal para que las soluciones creadas por la comunidad se transformen en política pública, el trabajo de las mujeres sobre el territorio no se detiene y el cambio climático tampoco. 

Por eso, Pesántez hace un llamado público: “Es indispensable que salgamos de varios asientos alejados de la realidad -el asiento del poder, el asiento del conocimiento académico- y vayamos a ver qué están haciendo las comunidades para sobrevivir y mantener sus entornos. ¿Qué conocen las mujeres de esos barrios? ¿Qué pueden aportar para el sostenimiento de la vida? Hay que salir de los asientos de la comodidad y abrazar más la realidad”.

Este artículo forma parte de la Comunidad Planeta, un proyecto periodístico liderado por Periodistas por el Planeta (PxP) en América Latina, que integra IPS América Latina.

mayo 26, 2026

Estudio U. de Chile revela barreras invisibles que enfrentan mujeres que cursan doctorados

El Departamento de Postgrado y Postítulo de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos (VAA) y el Proyecto InES-Género de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) dieron a conocer los resultados del estudio “Relación pedagógica y género en el acompañamiento y la dirección de tesis: experiencias de doctorandas de la Universidad de Chile”. La investigación aborda las experiencias de estudiantes de doctorado de distintas disciplinas y revela cómo las dinámicas de género influyen en la formación doctoral, especialmente en la relación con profesoras y profesores guía.

El panel abordó los sesgos de género en la formación doctoral y los desafíos del acompañamiento de tesis.El conversatorio reunió a Gabriela Martini, Lorena Mercado y Rebeca Silva, con moderación de Romina Pistaccio, directora alterna del Proyecto InES-Género.


Durante más de un año y medio, un equipo de investigación del Departamento de Postgrado y Postítulo de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos (VAA) y del Programa InES-Género de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID), encabezado por Gabriela Martini, profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades y coordinadora de la Unidad de Formación Transversal del DPP, entrevistó a doctorandas de distintas disciplinas de la Universidad de Chile e identificó prácticas de supervisión que reproducen desigualdades estructurales, afectan el reconocimiento académico de las mujeres y condicionan sus posibilidades de desarrollo e inserción en la academia.

El estudio sostiene que la relación entre profesora o profesor guía y estudiante doctoral debe comprenderse como una relación pedagógica. En este marco, este vínculo se conceptualiza como una relación formativa entre docente y estudiante, construida en interacción, en condiciones de asimetría y con efectos directos tanto en el aprendizaje y la trayectoria académica como en la experiencia vital de las doctorandas. Pese a constituir uno de los espacios formativos más relevantes del proceso doctoral e investigativo, esta relación ha permanecido históricamente invisibilizada como campo de análisis y se ha desarrollado muchas veces en ámbitos privados y débilmente regulados.

Consultada sobre el contexto institucional del estudio, Martini señaló: "El estudio ha buscado contribuir a analizar la relación entre estudiantes y profesoras y profesores guía, entendiendo que constituye uno de los tres factores que inciden en la construcción de la trayectoria doctoral y en la graduación oportuna, junto con los factores individuales de las y los estudiantes y las condiciones institucionales. Hoy las tasas de graduación oportuna en doctorado rondan apenas el 6,5%, una cifra muy baja y que no es exclusiva de nuestra universidad. Si entendemos que la graduación oportuna es la etapa final de una trayectoria formativa, la pregunta que surge es qué ocurre durante ese recorrido para que muchas estudiantes no logren finalizar sus estudios en los plazos definidos. Sin duda, existen múltiples factores involucrados, pero uno fundamental es la relación con la profesora o profesor guía. Y esa relación no es únicamente académica o técnica: también constituye una experiencia profundamente formativa y vital, que puede habilitar confianza, autonomía y pertenencia, o bien producir inseguridad, aislamiento y desgaste".

Uno de los hallazgos centrales apunta a la denominada "injusticia epistémica", concepto que describe la subestimación o invalidación de la voz de las estudiantes como sujetos legítimos de conocimiento. Algunas investigadoras entrevistadas relataron que, especialmente en disciplinas masculinizadas, deben realizar un "doble esfuerzo" para obtener el mismo reconocimiento intelectual que sus pares hombres, y reportaron experiencias en las que sus ideas eran corregidas, minimizadas o ignoradas sistemáticamente, reproduciendo dinámicas que restringen su autonomía intelectual y alimentan el denominado "síndrome de la impostora". Esta falta de validación impacta no solo en la confianza académica de las doctorandas, sino también en la construcción de sus trayectorias profesionales.

La investigación también reconoció la existencia de un "trabajo académico doméstico", entendido como la asignación de tareas de gestión, organización y cuidado dentro de laboratorios y equipos de investigación. Según los testimonios recogidos, estas labores recaen mayoritariamente en mujeres, bajo estereotipos asociados a roles maternales o de contención, pese a que rara vez son reconocidas como trabajo académico relevante para la producción de conocimiento o el desarrollo de carrera.

En algunos casos, las estudiantes describieron experiencias en salidas a terreno donde debieron asumir funciones logísticas o de cuidado consideradas "naturales" para ellas, lo que interfirió directamente con sus actividades investigativas.
Tres estilos de supervisión

Siguiendo estudios internacionales, el informe identificó tres estilos predominantes de dirección de tesis que moldean las formas en que se desarrolla el acompañamiento: orientador, directivo y ausente.

El estilo orientador fue evaluado como el más favorable por las estudiantes, ya que se caracteriza por promover el diálogo, acordar plazos y metas de manera consensuada y fortalecer la autonomía investigativa sin renunciar a la rigurosidad académica. Además, incorpora dimensiones de acompañamiento emocional y reconocimiento de las trayectorias personales de las tesistas.

En contraste, el estilo directivo se basa en una lógica vertical, donde la profesora o profesor guía fija objetivos, ritmos y criterios de trabajo de forma unilateral. Este estilo, más cercano a una lógica de instrucción, implica menores grados de autonomía para la estudiante y menos posibilidades de agencia en el desarrollo de su trabajo investigativo. El estilo ausente, en tanto, se caracteriza por una mínima implicación de la guía o el guía en el proceso formativo. Según la investigación, esta falta de acompañamiento genera "desamparo académico", obligando a las estudiantes a desarrollar diversas estrategias para lograr avances en sus investigaciones, tales como recurrir a redes informales de apoyo, buscar orientación en otras académicas y académicos, apoyarse entre pares o sostener procesos de autoformación y organización autónoma del trabajo investigativo.
Formación doctoral y recomendaciones para una supervisión con perspectiva de género

El estudio concluye que la experiencia doctoral no depende únicamente de capacidades individuales o del rendimiento académico, sino también de estructuras de poder que atraviesan la formación universitaria. Desde esta perspectiva, muestra que las desigualdades de género pueden reproducirse en prácticas cotidianas de supervisión, reconocimiento y distribución de tareas. Sin embargo, la investigación también releva que la relación pedagógica constituye un espacio con potencial transformador, capaz de generar experiencias de acompañamiento más equitativas, inclusivas y formativas cuando existe conciencia crítica sobre estas dinámicas y un ejercicio docente basado en el reconocimiento, la validación y el cuidado.

En este marco, cobra relevancia fortalecer el "reconocimiento epistémico" de las doctorandas, validando sus ideas y aportes como producción legítima de conocimiento. Asimismo, recomienda establecer acuerdos explícitos entre estudiantes y guías respecto de expectativas, plazos, modalidades de trabajo y canales de comunicación, con el fin de disminuir relaciones ambiguas, arbitrarias y jerárquicas.

El informe también propone incorporar una ética del cuidado en la formación doctoral, cuestionando la naturalización del agotamiento extremo y la precarización emocional como condiciones inherentes al doctorado. En esa línea, sugiere promover criterios de flexibilidad que consideren contextos personales, responsabilidades de cuidado y bienestar mental, en la misma senda de las políticas de cuidado y corresponsabilidad promovidas por la Universidad de Chile.

Otra de las recomendaciones apunta a fortalecer la socialización académica de las doctorandas mediante acceso equitativo a redes de investigación, congresos, financiamiento y publicaciones, evitando que las mujeres queden relegadas a tareas administrativas o de apoyo.

Finalmente, el estudio subraya la necesidad de asumir institucionalmente la dirección de tesis como una responsabilidad formativa colectiva, avanzando tanto en procesos de formación docente con perspectiva de género como en espacios de reflexión académica sobre los desafíos del acompañamiento doctoral. En este sentido, los claustros académicos de los programas tienen un rol protagónico para que la dirección doctoral no opere como un espacio privado donde se reproduzcan desigualdades estructurales históricas de la academia y prácticas docentes tradicionales.

A partir de estos resultados, la Universidad de Chile elaboró orientaciones pedagógicas dirigidas a promover la dirección de tesis como una práctica más consciente, inclusiva y sensible a las desigualdades de género, además de otros principios formativos que plantea el Modelo Educativo de la Universidad. El documento "Acompañar para formar: Guía para orientar la dirección de tesis en programas de postgrado" busca ser un insumo para la reflexión de los comités académicos sobre las prácticas de acompañamiento en postgrado. Esta iniciativa se realizó en el marco del Modelo de Reconocimiento en Estándares de Igualdad de Género.

El estudio fue presentado en un conversatorio en el que participaron Gabriela Martini, profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades y coordinadora de la Unidad de Formación Transversal del DPP; Lorena Mercado, divulgadora científica y doctora en Nutrición y Alimentos de la Universidad de Chile; y Rebeca Silva, integrante de la Red de Académicas e Investigadoras de la Universidad de Chile. La actividad fue moderada por Romina Pistaccio, directora alterna del Proyecto InES-Género y profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades.


Por Bárbara Paulsen, periodista Dirección de Igualdad de Género U. de Chile
Fuente: U de Chile Noticias

mayo 25, 2026

Deuda con los derechos económicos de las mujeres, analizarán en asamblea de la CIM

Deuda con los derechos económicos de las mujeres, analizarán en asamblea de  la CIM | SemMéxico

“La deuda con los derechos económicos de las mujeres es una deuda con toda la sociedad. Está en el tiempo que no se reconoce, en los ingresos que no llegan, en el trabajo no remunerado que sostiene la vida, en el crédito que se niega, en las barreras para emprender, en las brechas digitales y en el menor poder de decisión sobre la economía. Saldar esa deuda es avanzar hacia sociedades más justas, democráticas y sostenibles”, subraya Alejandra Mora Mora, secretaria Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM/OEA).

Al anunciar que se realizará la Cuadragésima Asamblea de delegados de la CIM, del 27 al 29 de este mes en Washington D.C., sendas sesiones en las que se abordará como eje temático los derechos económicos de las mujeres de las Américas: políticas y estrategias para la garantía de la autonomía y el poder de negociación.

En un comunicado de prensa, la CIM OEA destaca la importancia de esta Cuadragésima Asamblea de Delegadas de la CIM que coloca en el centro de la agenda hemisférica una discusión de alto interés público: cómo saldar la deuda pendiente con los derechos económicos de las mujeres y, con ello, con la sociedad en su conjunto.

Señala que su relevancia radica en que reúne a autoridades nacionales, Delegadas Titulares ante la CIM, organismos internacionales, la cooperación y la sociedad civil para abordar brechas que inciden directamente en la vida cotidiana de millones de mujeres y en el desarrollo democrático, económico y social de las Américas.

La Asamblea permite contextualizar, con datos y decisiones de política pública, temas que atraviesan la agenda regional: empleo, ingresos, emprendimiento, trabajo no remunerado, cuidados, inclusión financiera, conectividad, habilidades digitales y la participación de las mujeres en la vida económica y pública.

De acuerdo con el texto, reúne a las Delegadas Titulares ante la CIM, que, en su gran mayoría, son las autoridades de los mecanismos nacionales para el adelanto de los derechos de las mujeres y aborda la inclusión laboral, el emprendimiento, la inclusión financiera y la inclusión digital desde una perspectiva de derechos humanos, autonomía económica e igualdad de género.

Además, vincula los derechos económicos de las mujeres con la reducción de la pobreza, la prevención de la violencia, la calidad democrática y el desarrollo sostenible y presenta herramientas regionales de política pública, incluidas leyes modelo interamericanas orientadas a apoyar a los Estados en el cierre de brechas estructurales.

También incluye el diálogo con organizaciones de la sociedad civil sobre las prioridades para una agenda de derechos económicos de las mujeres y contempla la elección de las autoridades de la CIM para el período 2026-2029, incluida la Presidencia, tres Vicepresidencias y cinco Estados Miembros del Comité Directivo.

Los datos: trabajo, ingresos y emprendimiento

  • En América Latina y el Caribe, una de cada dos mujeres en edad de trabajar no participa en el mercado laboral formal. Fuente: CEPALSTAT.El 25 por ciento de las mujeres de 15 años o más en la región no cuenta con ingresos propios. Fuente: Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, CEPAL.El 60 por ciento de las mujeres que no trabajan de forma remunerada señala las responsabilidades de cuidado como la principal causa. Fuente: Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, CEPAL.
  • Las mujeres que participan en el mercado laboral enfrentan tasas de desocupación superiores a las de los hombres y perciben remuneraciones inferiores en un promedio del 22 por ciento. Fuente: CEPALSTAT.
  • La tasa de informalidad en el empleo de las mujeres supera la de los hombres y, con frecuencia, supera el 50 por ciento. Fuente: Organización Internacional del Trabajo, Panorama Laboral 2025.
  • Las micro, pequeñas y medianas empresas representan el 99,5 por ciento del tejido empresarial de la región y generan el 61 por ciento del empleo formal, pero el 73 por ciento de las pymes lideradas por mujeres no logra obtener financiamiento suficiente. Fuente: BID.
  • Las mujeres representan solo el 25 por ciento de los cargos directivos de la región, el 35 por ciento de la fuerza laboral tecnológica y menos del 35 por ciento del personal en comercio exterior. Fuente: BID.Seis de cada diez empresas no ofrecen licencia de maternidad más allá de lo legalmente exigido y apenas el 15 por ciento analiza internamente las brechas salariales. Fuente: BID.

Contexto económico general

  • Las mujeres suelen reinvertir hasta un 90 por ciento de sus ingresos en educación, salud y nutrición de sus familias y comunidades, frente al 30-40 por ciento de los hombres. Fuente: Banco Mundial.
  • De lograrse la igualdad de género, el Producto Interno Bruto (PIB) regional podría crecer hasta en 22 por ciento. Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo.
  • En el ejercicio de sus derechos económicos, las mujeres enfrentan brechas jurídicas, de tenencia y acceso a recursos productivos, de oportunidades y liderazgos, así como barreras en materia de cuidados, inclusión laboral, emprendimiento, inclusión financiera e inclusión digital. Fuente: Banco Mundial, Women, Business and the Law 2026.

Inclusión financiera
  • La brecha de género en inclusión financiera se ha ampliado en cerca de dos puntos porcentuales, dejando a millones de mujeres sin acceso a servicios básicos como ahorro, crédito o transferencias seguras. Fuente: Banco Mundial, The Global Findex Database 2025.
  • Las mujeres hacen un menor uso de productos y servicios financieros que los hombres: solo un tercio de las mujeres ahorra formalmente, frente al 44 por ciento de los hombres. Fuente: CAF, Encuesta de medición de Capacidades Financieras, 2021.
  • Las mujeres tienen un nueve por ciento menos de probabilidad de solicitar un crédito formal y recurren con mayor frecuencia a mecanismos informales más costosos y riesgosos. Fuente: CAF, Encuesta de medición de Capacidades Financieras, 2021.
  • De acuerdo con encuestas de medición de capacidades financieras con enfoque de género desarrolladas por CAF en múltiples países de la región, las mujeres acceden menos a pensiones y seguros, tienen menor capacidad de respuesta ante emergencias y, en muchos casos, sus ingresos no alcanzan para cubrir el gasto mensual del hogar, lo que compromete su autonomía y resiliencia financiera. Fuente: CAF, Encuesta de medición de Capacidades Financieras, 2021.
  • Mientras el 56 por ciento de los hombres en la región declara poder acceder a fondos para enfrentar una emergencia, apenas el 39% de las mujeres puede hacerlo. Fuente: CAF, Encuesta de medición de Capacidades Financieras, 2021.
  • Siete de cada diez mujeres afirman que no podrían cubrir sus gastos más allá de tres meses si perdieran su fuente primaria de ingresos. Fuente: CAF, Encuesta de medición de Capacidades Financieras, 2021.
  • Tres de cada cinco mujeres reconocen que sus ingresos no alcanzan para cubrir el gasto mensual del hogar. Fuente: CAF, Encuesta de medición de Capacidades Financieras, 2021.
  • Solo un tercio de las mujeres decide personalmente sobre el gasto mensual del hogar, frente a casi la mitad de los hombres. Fuente: CAF, Encuesta de medición de Capacidades Financieras, 2021.

Inclusión digital

El cierre de la brecha digital de género podría impactar positivamente la economía mundial en USD 1,5 billones en cinco años. Fuente: ONU Mujeres, Panorama de género 2025.

Cerrar las brechas de género en educación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas puede contribuir con un uno por ciento adicional al crecimiento anual del PIB en muchos países de América Latina y el Caribe. Fuente: Banco Mundial.

Las mujeres tienen mayor presencia en industrias centradas en las personas, como salud y servicios de cuidado (58,5 %) y educación (52,9 %), sectores que suelen ofrecer salarios más bajos. Fuente: Foro Económico Mundial, Informe Mundial de Brecha de Género 2025.

Aunque la participación de las mujeres en la tecnología de la información y los medios ha crecido alrededor del 35 por ciento, los hombres siguen predominando en todas las etapas profesionales, especialmente en cargos directivos de áreas STEM. Fuente: Foro Económico Mundial, Informe Mundial de Brecha de Género 2025.

La brecha digital de género pone de relieve un conjunto de barreras sociales, económicas y culturales, y responde a desigualdades estructurales entre hombres y mujeres. Los hombres tienen mejor acceso a Internet que las mujeres en la mayoría de los países de la región e igualmente, salvo en algunos pocos países, hacen mayor uso de Internet. Fuente: Foro Económico Mundial, Informe Mundial de Brecha de Género 2025.

Compromisos interamericanos e internacionales

La agenda de derechos económicos de las mujeres se vincula con los compromisos asumidos por los Estados en el sistema interamericano y en el sistema universal de protección de los derechos humanos.

CEDAW, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer obliga a eliminar la discriminación contra las mujeres en el empleo, las prestaciones económicas, el acceso al crédito y las condiciones de vida de las mujeres rurales.

Convención de Belém do Pará: establece obligaciones para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. La autonomía económica es un factor relevante para el ejercicio de una vida libre de violencia.

Protocolo de San Salvador: reconoce derechos económicos, sociales y culturales relacionados con trabajo, condiciones justas, seguridad social, salud, educación y protección de la familia.

Declaración y Plataforma de Acción de Beijing: identifica la economía, la pobreza, la educación, la violencia, el poder y la toma de decisiones como áreas críticas para la igualdad.

Programa Interamericano sobre la Promoción de los Derechos Humanos de la Mujer y la Equidad e Igualdad de Género: orienta la incorporación de la perspectiva de género en las políticas, programas y acciones del sistema interamericano.

Agenda 2030: vincula la igualdad de género, el trabajo decente, la reducción de las desigualdades y el desarrollo sostenible.

La Agenda

El 27 de mayo se realizará el Foro de Organizaciones Sociales de Derechos de las Mujeres: Prioridades para una Agenda de Derechos Económicos de las Mujeres; el día 28 será la sesión inaugural; habrá una charla magistral sobre los derechos económicos de las mujeres; intercambio entre jefas de delegación y representantes de la sociedad civil.

El 29 de mayo será la presentación de informes institucionales; elección de autoridades de la CIM para el período 2026-2029; consideración de la declaración y de las resoluciones; sesión de clausura; y diálogo entre el Comité Directivo de la CIM/OEA 2026-2029 y los Observadores Permanentes ante la OEA, solo por invitación.


Por Lorena Vaniezcot
Fuente: SemMéxico


mayo 24, 2026

Las Hijas de Felipe: “Las monjas del Barroco eran absolutas maníacas de la escritura”

Lo mismo te hablan de un MeToo conventual que de monjas menstruando o de nuevas masculinidades barrocas: Ana Garriga y Carmen Urbita acaban de publicar ‘Instrucción de novicias’. Hablamos con ellas de feminismo, ‘nunwashing’ y mujeres que escriben.

Carmen Urbita y Ana Garriga, autoras de ‘Instrucción de novicias’. David F. Sabadell

La grabadora está ya en ON cuando me levanto a buscar en la impresora la copia de las preguntas de esta entrevista y, apenas empiezo a editar, escucho a Ana Garriga y Carmen Urbita hablar de mascarillas de ácido oligohialurónico y biocolágeno. Lo cuento como anécdota para que sigas leyendo pero también porque la luminosidad de la cara no es un tema ajeno a las monjas de los siglos XVI y XVII. Ningún tema es extraño a las mujeres de los conventos del Barroco para Las Hijas de Felipe, las filólogas que lo mismo te hablan de un MeToo conventual que de monjas menstruando o de nuevas masculinidades barrocas.

Instrucción de novicias, el libro que ha salido en febrero con Blackie Books, pero que desde noviembre de 2025 tiene edición en inglés (Convent Wisdom, se titula), es la excusa para hablar con ellas. Unidas por un doctorado en 2016, hoy ya doctoras, creadoras del podcast Las Hijas de Felipe que lleva seis temporadas recuperando y reinterpretando a las monjas del Barroco y, con ello, el papel de las mujeres en esa época histórica, Ana y Carmen pasaron por El Salto para hablar de monjas, nunwashing, feminismo y escritura. Sobre todo, de escritura.

Habéis escrito el libro a cuatro manos. ¿Realmente se puede escribir entre dos? ¿Cuáles son vuestras instrucciones para hacerlo?

Carmen Urbita: No valen unas instrucciones para todo el mundo.

Ana Garriga: Debe de ser muy difícil escribir a cuatro manos si no tienes muchísima cercanía afectiva e intelectual con la persona con la que escribes. Carmen y yo nos conocimos en 2016 y empezamos una especie de itinerario casi militar de formación en el doctorado en Estados Unidos. Cursábamos todas las clases juntas, hemos compartido mucho de procesos intelectuales, muchísima batería de lecturas, nos hemos leído la una a la otra… Creo que también el libro llega en un momento en el que el podcast ya tenía mucho recorrido y, aunque el podcast es muy diferente porque es dialógico, a medida que iba avanzando nos acostumbramos, lentamente, a usurparnos la voz. 

C. U.: El episodio está dividido en tres partes y cada una guioniza diferentes partes, pero el diálogo lo hace la misma pensando en qué diría la otra. Es verdad que una de las cosas que más costó de Instrucción de novicias fue narrarnos en primera persona del plural, que no era algo que nos hubieran sugerido los editores. Es un libro atípico, medio ensayo, medio memoir de nuestra experiencia del doctorado, y optamos por esa primera persona del plural. Fue mucho ensayo-error también. En un libro de monjas donde Dios es el ausente, lo único místico místico del libro es eso, la manera en la que fuimos capaces de encontrar esta primera persona del plural que ni es enteramente Ana ni soy enteramente yo. Cada una sacrificó sus propios vicios de escritura para encontrar esa voz que no nos pertenece a ninguna pero servía para dar voz a todo lo que queríamos contar. Funcionó muy bien, porque yo estaba todavía en Nueva York y Ana en Madrid. Entonces, cuando ella despertaba, yo ya había escrito una parte y al revés. 

A. G.: El milagro que quiere cualquier persona que escribe: levantarse por la mañana y que mágicamente dos páginas más se hayan escrito. 

MUCHO MÁS QUE LAS MONJAS, QUE LA CULTURA CONVENTUAL O QUE CASI TODO LO QUE MÁS NOS OBSESIONA, NUESTRA OBSESIÓN COMPARTIDA ES EL LENGUAJE

Vamos a hablar de monjas, pero de monjas que escribían. ¿Qué escribían las monjas y por qué os interesa su escritura?

A. G.: Mucho más que las monjas, que la cultura conventual o que casi todo lo que más nos obsesiona, nuestra obsesión compartida es el lenguaje y, de hecho, nuestras tesis son muy diferentes, pero las dos están muy atravesadas por cómo textualizar la realidad, por el lenguaje. ¿Qué escribían las monjas? Siempre se ha dicho que el único género disponible para las monjas era la autobiografía por mandato. La situación típica era una monja con visiones o con ciertos dones místicos, o con ciertas visiones diabólicas, a la que el confesor le pedía que pusiera por escrito una autobiografía espiritual. Y hay muchas autobiografías espirituales. Pero también se empieza a diversificar mucho en la escritura conventual. 

C. U.: Por ejemplo, las carmelitas descalzas escribían no solo cartas, sino cosas para ellas. El Instrucción de novicias original, que es de la carmelita María de San José, está pensado para las monjas que están por venir, las que están por aprender. Escribió también el Libro de recreaciones, que es un diálogo humanista, una especie de biografía de Santa Teresa, pero convertida en diálogo. Son los ratitos de recreación que tenían las carmelitas descalzas, convertidos en texto de alguna manera, hablando de la vida de la santa. 

A. G.: También escribían tratados espirituales, crónicas... Algunas de ellas tienen mucha obsesión con que no las narren, ellas parten de que también tienen derecho a contar la historia de su orden y la fundación de sus conventos. Entonces escriben crónicas, escriben vidas de otras, que eso es precioso…

C. U.: Hace muy poquito fuimos a un antiguo convento de Mallorca, porque hicimos un episodio en directo. Y, antes del directo, nos dejaron estar libres —que fue un poco inconsciencia por su parte— por las antiguas celdas de las novicias. Cotilleamos un poco porque cómo no lo íbamos a hacer, y encontramos en un cajoncito un cuaderno que yo creo que sería de principios del siglo XX de una monja con una caligrafía perfectísima hablando sobre la enfermedad y la muerte de otra de las monjas. Hay una práctica de escritura conventual transhistórica que ha continuado. Nosotras nos centramos en esa época, pero es muy increíble cómo se aferraban a cualquier tipo de discurso para textualizar su experiencia y encontrar su subjetividad. 

¿Por qué podían escribir? ¿Qué les da acceso a la escritura? 

A. G.: Muchas veces, el mandato. El caso más paradigmático que quizás sea el Libro de la vida de Santa Teresa, que es este género de autobiografías por mandato, pero enseguida se da un fenómeno, sobre todo en un contexto como postridentino…

¿Pos… qué?

A. G.: Me refiero a después del Concilio de Trento, que es cuando más se refuerza la clausura. Tener una monja en la carrera del estrellato era muy lucrativo para los conventos y una manera de los confesores para para avalarse espiritual y políticamente también. Entonces, cada vez hay más autobiografías por mandato, es muy difícil encontrarte un convento del siglo XVI o XVII en el que no haya habido monjas a las que se les ha obligado a escribir una biografía. Pero sería muy erróneo pensar que solo escriben autobiografías. Escriben muchísimos poemas, poemas místicos. 

C. U.: Villancicos, canciones para recrearse, sencillamente. 

A. G.: Y creo que también es porque en el convento no están sometidas a las lógicas reproductivas. Para una mujer en el siglo XVII, su vida doméstica dentro de un matrimonio heterosexual era... Si yo cada mañana me levanto y pienso cómo lo hace la gente con hijos porque malamente me da tiempo a poner mis lavadoras, ¡no me quiero imaginar en el siglo XVII! Entonces creo que también el convento se convierte en un refugio intelectual. 

Habláis en algún momento de cómo estos textos están plagados de “sutilezas lingüísticas”. ¿Me podéis poner algún ejemplo?

C. U.: Hablamos del convento como refugio intelectual y, sin duda, muchas veces lo era. Pero, también, muchas veces destacar las ponía precisamente en el punto de mira de la persecución y en que las leyeran con lupa. Y también estaba siempre respirando ahí detrás, en la nuca, la Inquisición. Ellas eran muy conscientes de eso y por eso desarrollaron un estilo retórico que nos encanta, porque es muy sutil, muy polisémico, de manera que están diciendo ciertas cosas, pero a la vez perfectamente se puede entender que están diciendo otras. Ellas buscan una manera de salirse con la suya sin dejar de tener el cuidado suficiente como para que no las persiguieran demasiado. 

C. U.: Supongo que uno de los casos más emblemáticos es el de Sor Juana Inés de la Cruz, que además es probablemente junto a Santa Teresa de las monjas más icónicas de las que hablamos, aunque hemos intentado que haya mucha variedad precisamente por eso, para huir del relato de la excepción. No eran monjas que escribían a pesar del convento, sino que precisamente escribían porque estaban en el convento y tenían esta práctica de escritura y este mandato. En el caso de Sor Juana, está la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, de la que hablamos en el libro, que es un ejercicio de malabarismo retórico en el que tiene que salirse con la suya, que es decirle a su confesor: yo voy a seguir escribiendo textos no solo textos sagrados, sino también profanos. Y reivindica su derecho como mujer y como monja a escribir de una manera tan exquisita y con un argumento tan fino que no se le pueda echar nada en cara. Nos encantan esos momentos, pero también nos encanta cuando hay puntos de fuga de la rabia, que también ella tiene, que es el ejemplo de otras cartas que escribió muchos años después en la que no hay ninguna retórica, nada está medido, es simplemente pura rabia. Eso se lo escribe al que había sido su confesor toda la vida, Núñez de Miranda, que era un señor odioso que la envidiaba muchísimo. Y ella básicamente cortó con él como confesor. Le dijo: “Ya no puedo más”. Recuerdo que nuestra editora nos dijo que eso no era tan llamativo, tan fuerte. ¡Es una monja del siglo XVII diciendo voy a hacer lo que me dé la gana!

Sor Juana Inés es un ejemplo claro, ella escribe como contáis en el libro textos románticos, por ejemplo. Pero, ¿de qué formas se salen de esos límites de la escritura por mandato?

C. U.: No solo ella, ¡todas! Muchas de las monjas que recogemos en el libro eran auténticas grafómanas. Que te digan “escribe tu autobiografía espiritual”, como en el caso de María de San José, la Agustina Recoleta de Puebla, y tú escribas nueve cuadernos... Es que están obsesionadas…

A. G.: Son absolutas maníacas de la escritura. Nosotras venimos de los estudios literarios y cuando las lees notas que en muchas de ellas hay un disfrute en el acto de escribir. 

ELLAS DESARROLLAN UNA RELACIÓN DE MUCHÍSIMA INTENSIDAD CON LA ESCRITURA; MUCHAS TIENEN UNA FIRME VOLUNTAD DE DEJAR HUELLA, DE TRASCENDENCIA

A. G.: Y creo que también desarrollan todas una afectividad muy intensa con la materialidad de la escritura. Imagínate cómo era escribir manualmente, en la penumbra, con el cuerpo encogido. Entonces desarrollan una relación de muchísima intensidad con la escritura. Muchas tienen una firme voluntad de dejar huella, de trascendencia y una firme voluntad didáctica. María de San José, la otra, la carmelita descalza, dice muchas veces que ella escribe para sus compañeras y para las que están por venir, que es una cosa superbonita, genealógica. Y Santa Teresa está muy obsesionada con hacerle entender a sus monjas compañeras cuando hay un tema de oración muy complicado. Esto no lo contamos en el libro, pero hablando de sutilezas es alucinante cómo ella sabe que la mayoría de sus monjas vienen de familias que no son aristócratas, pero sí de una incipiente burguesía mercantil castellana y que han crecido como viendo en sus casas mucho manejo económico… Y cuando ella tiene que explicar algo complejo de movimientos espirituales, lo hace con metáforas económicas. Eso es alucinante, ¡qué noción de la escritura y de la comunicación tienes que tener para llegar a eso! Se fugan todo el rato de la autobiografía. 
C. U.: Se fugan todo el rato y consiguen cosas literariamente muy experimentales. 

En un momento habláis literalmente de “literatura de vanguardia”, en concreto en referencia a Catalina de Siena...

A. G.: Es que es muy escritura de vanguardia. Una visión mística es el desafío de escritura más vanguardista.

C. U.: Catalina de Siena tiene unas visiones místicas increíbles y eso le da una oportunidad de textualizar, de trasladar lo pictórico al lenguaje, de una manera increíble. También llamamos muchas veces vanguardista a la ursulina Juana de los Ángeles, la francesa. Y esto es otro ejemplo de cómo una monja que tiene el mandato de escritura lo lleva por su camino. En su convento se desata una posesión demoníaca colectiva y ella es la priora del convento de ursulinas y tiene que escribir. El confesor nuevo que le adjudican le pide que escriba sobre ella una autobiografía espiritual en la que cuente su experiencia de los demonios. Lo que esperan es que ella produzca un texto que confirme la doctrina y que dé una descripción o una teoría demonológica que tenga que ver con una simple posesión muy física del cuerpo, una cosa muy espectacular para hacer delante de los protestantes unos exorcismos muy teatrales que demuestren la superioridad del catolicismo. Ella se lo lleva a su terreno y hace suyos los demonios y los pone en diálogo con su propia personalidad. Les pone sus nombres, como Pokémons, pero aparte de ponerles sus nombres, se los apropia de una manera en la que está haciendo un análisis de conciencia de su propia psicología y está afirmando su propia subjetividad de una manera que nadie le pide ni nadie esperaba. 

A. G.: Hay pocas cosas más vanguardistas que textualizar una visión mística. A nosotras nos falta el elemento de la fe, pero entendemos el reto que es intentar convencer a un auditorio totalmente disciplinante: son tus confesores, es la Inquisición, hay una relación muy jerárquica y tienes que ser capaz de llevar de manera ortodoxa, pero también seductora al papel, una supuesta relación muy unívoca con Dios. Y lo hace cada una a su manera, porque Santa Catalina de Siena hace estos diálogos increíbles donde usurpa la voz de Dios, Dios le pregunta y ella contesta. Luego, Santa Teresa tiene visiones superostentosas, muy arquitectónicas. Pienso en Julia Armfield, una escritora británica, que dice que no puede empezar a escribir una novela hasta que no se ha imaginado perfectamente cómo es la casa en la que viven los personajes. Santa Teresa describe: arriba, a la derecha, apareció la Virgen, que iba vestida con esto y su blanco era de esta manera…. Es una cosa muy vanguardista a nuestros ojos. 

C. U.: Y luego hablamos de María Jesús de Ágreda también, que ella escribió sobre cosmografía. ¡Nadie le pedía a una monja que escribiera sobre cosmografía! Pero ella hace una especie de hibridez entre un texto místico y un texto cosmográfico para conseguir replicar cosas que había leído en tratados cosmográficos, probablemente un poco anticuados, pero que le habían llegado a su convento perdido en Ágreda. No hay cosa sobre la que no puedas encontrar al final una monja barroca que escribiera sobre ello siempre. Obviamente una novelita como las de María de Zayas, de desengaños amorosos, no. Pero lo de Sor Juana se acerca bastante.

Os conocisteis en 2016, pero ahí ya teníais esta filia. ¿Cuál sería el momento fundacional de lo vuestro con las monjas del Barroco?

A. G.: El primer texto que yo leo de una monja fue el segundo de carrera y fue Camino de perfección de Santa Teresa. Yo estudiaba filología. Imagínate el canon medieval y temprano moderno, era eminentemente masculino. Pregunté si había alguna mujer que pudiera leer y me dijeron que Santa Teresa, porque esto era del siglo XVI y todavía no estaba María de Zayas. Leí Camino de perfección, que es una especie de tratado que escribe Santa Teresa para las monjas de su primer convento de San José en Ávila. Tiene una voluntad muy didáctica y está muy pensado para una audiencia femenina. Tiene dos redacciones, porque la primera se la censuraron, pero se conservan los párrafos censurados. Y yo, con 19 años, aluciné, porque es una voz muy feminista... No para su tiempo, que es una coletilla a la que me he acostumbrado, sino que creo que es feminista por sí misma, y aluciné. Entonces ahí caí, rendida a sus pies. 
C. U.: A mí me vino más tarde, yo estaba ya haciendo el máster de literatura de vanguardia, o sea, nada, absolutamente nada que ver con el Barroco. Tenía esta idea de esos siglos de un canon muy masculino. Políticamente, cuando yo estaba estudiando, tal y como se reivindicaba, era algo que me hacía rechazarlo mucho. Entonces yo estaba en mi siglo XX, vanguardias, haciendo un máster de literatura comparada, y parte de las asignaturas eran en francés. Y entonces supongo que di con Juana de los Ángeles, la monja endemoniada. Me impresionó muchísimo, dije: la vanguardia que yo buscaba, igual está aquí. Me impresionó mucho esta sensación casi de enfado por no haber descubierto eso antes. Porque esta mujer estaba publicando y vendiendo una barbaridad… ¿Por qué no había sabido nada de eso hasta ese momento? Ella ya había leído Santa Teresa, se sabe perfectamente parte de una genealogía de escritura y de vida conventual que va más allá de los muros del convento, de cómo hacerse presente fuera. Me pareció, me parece, increíble. Había algo de la escritura conventual en sí, de ese ingeniar colectivamente maneras para saltarse los límites de lo que estaba permitido, que me atraía mucho.

NOSOTRAS HACEMOS ALGO QUE ES APROPIARNOS DE UNA PARCELA HISTÓRICA QUE A UN SECTOR ENORME DE LA POBLACIÓN NO NOS HABÍA PERTENECIDO

La palabra “nicho” le va muy bien a hablar de monjas de dos siglos en concreto. ¿Cómo un tema tan de nicho puede haber acabado en un libro traducido a varios idiomas y seis temporadas de un podcast?

C. U.: A veces hacemos trampas, por ejemplo con Catalina de Siena o Hildegarda. 

A. G.: Nosotras esto lo empezamos porque estábamos muy cansadas de la escritura académica, que es una escritura muy aséptica, muy difícil de difundir. Estás con estos artículos a los que es carísimo acceder, superobtusos, nadie los lee. Y, mientras, íbamos descubriendo cosas increíbles en nuestras investigaciones. Carmen, que es muy buena oyente de podcast, me dijo que si hacíamos uno. Ha sido todo muy progresivo, una curva muy lenta. ¿Por qué ha llegado? Cualquier explicación que le demos a por qué esto ha podido funcionar viene después. Nosotras, reflexionando el otro día, pensábamos —porque se nos ha preguntado muchas veces por el aparente resurgimiento de la imagen de la monja— que nosotras hacemos algo que es apropiarnos de una parcela histórica que a un sector enorme de la población no nos había pertenecido. A nosotras mismas, a las mujeres, por no hablar de cualquier categoría identitaria disidente… Estamos huérfanas históricamente, porque mirar al pasado y no tener una genealogía en la que reconocerte es horrible y genera mucha sensación de desposesión en el presente. Creo que tener una genealogía histórica te da autoestima, cosa que ayuda a entender por qué los hombres son como son: tienes un amparo histórico, todas las voces te hablan a ti. De alguna manera, descubrir una historia de esos siglos que en España además se han recuperado siempre de manera muy tendenciosa, muy imperialista, muy colonialista, muy masculina... de pronto descubrir un poco el revés de todo eso me da la sensación que es algo de lo que la gente tenía ganas. 

¿No se agotan los temas?

C. U.: Igual que no se agota el presente, no se agota el Barroco. Realmente no. Es verdad que lo que sí que se agota es el tiempo. Es decir, cada vez hay menos tiempo, porque al final este es un podcast y un libro que nacen de muchísimos años previos en los que estábamos completamente dedicadas a seminarios, a lecturas, en los que nuestro trabajo era estar leyendo y escribiendo sin parar, descubriendo muchísima bibliografía. Y ahora el ritmo de producción es otro, hacemos un episodio cada dos semanas. Pero no, no se acaban y además seguimos aprendiendo muchísimo. El último episodio que se ha publicado se llama “En el estrado, una ética barroca de la inclinación” y es sobre esta parte de la casa barroca, de los interiores domésticos barrocos, que pertenecía a las mujeres. Básicamente era un lugar acolchado lleno de tapices, de texturas, de textiles. Y era donde las mujeres se recostaban. Estaban siempre inclinadas y hablando. Y entonces lo poníamos en diálogo con la filósofa Adriana Cavarero, que tiene un libro sobre... 
A. G.: … sobre estar tumbadita… 



Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in