junio 28, 2026

Sonia Correa: “No son antiderechos: disputan la definición misma de los derechos”

Detrás de los liderazgos disruptivos de la nueva derecha hay una trama intelectual que disputa el significado de la democracia, la ley y los derechos humanos. En esta entrevista, Sonia Corrêa recorre las raíces históricas y filosóficas de ese proyecto político y analiza por qué su avance no puede comprenderse sólo como una reacción coyuntural.

Foto de portada: archivo Mujeres bacanas

Sonia Corrêa vive en Río de Janeiro y es una referencia para cualquier persona interesada en no improvisar interpretaciones sobre las dinámicas y disputas de esta fase de la ultraderecha, en especial en lo que concierne a su manifestación como políticas antigénero. Investigadora y activista feminista, de una erudición genial, es reconocida más allá de su Brasil natal por su trabajo en los campos de género, sexualidad y derechos humanos. En más de cuatro décadas fue cincelando un campo de reflexión crítica sobre las políticas de sexualidad y sobre las disputas contemporáneas en torno a los derechos humanos. Siempre disponible para la charla en cafés, sobremesas, livings y chats, en esta entrevista desarma algunos lugares comunes con los que solemos pensar los autoritarismos actuales.

—En los últimos años vemos que la ultraderecha disputa la noción de democracia y se apropia del lenguaje de los derechos humanos. ¿Qué significa eso?

—Primero hay que distinguir dos cosas que suelen mezclarse: la disputa sobre democracia y la disputa sobre derechos humanos. Están relacionadas, pero no son idénticas. La manera en que la ultraderecha opera respecto de la democracia no es exactamente la misma que respecto de los derechos humanos. En ambos casos hay apropiación, pero las estrategias son distintas. Y para entender eso necesitamos mirarlo desde una perspectiva histórica. Lo que está ocurriendo hoy no puede leerse sin mirar los fascismos históricos. Eso no significa que estemos repitiendo los años 30. Hay diferencias muy importantes. Pero también hay trazos comunes, especialmente en los discursos sobre género, natalidad, familia y nación, aunque no exclusivamente. Antes de avanzar, sin embargo, es importante aclarar que lo que describo se sitúa en la geografía de las Américas y Europa, no puede ser transportado automáticamente para otros contextos. 

La filósofa italiana María Antonietta Macciocchi escribió en los ‘70 sobre los fascismos históricos europeos. Los describió como una “política emocional” y “epidemia familista”, es decir fuerzas que arrastraban una concepción de la nación como gran molécula familiar volcada a la procreación. Esa idea resuena muchísimo con el actual resurgimiento natalista y con la centralidad que adquiere la familia como núcleo político moral de los giros actuales a la ultraderecha. Pero hay diferencias fundamentales a subrayar: hoy no estamos ante partidos únicos fascistas clásicos, con sus milicias uniformadas de camisas negras, o verdes como eran las fardas del Integralismo brasilero. Vivimos un momento fascista del neoliberalismo y lo que asistimos es resultado de un largo proceso de reorganización, aprendizaje y reconfiguración de las fuerzas reaccionarias. 

—¿En qué sentido aprendieron?

—Aprendieron que el recurso abierto a la violencia ya no es necesariamente el primer paso. La estrategia ahora es llegar al poder por vía democrática y, una vez allí, transformar las reglas desde adentro. En América Latina, además, hay una particularidad: nosotros sí tuvimos movimientos fascistas fuertes en los años ‘30 y luego dictaduras militares en los ‘60 y ‘70. Eso nos diferencia de Estados Unidos, donde el fascismo como forma política clásica no tuvo arraigo masivo. Por eso me parece problemático el uso indiscriminado del término “populismo” que llega desde el norte como si fuera sinónimo de fascismo contemporáneo. Nuestros populismos tienen otra historia, otra genealogía. 

Volviendo la mirada hacia el escenario de las América y de Europa, los escenarios de hoy son el resultado acumulativo de un largo proceso de reorganización que empieza en los años ‘60 y ‘70 de manera dispersa. Uno de sus nudos seminales se identifica en la virulenta reacción de las corrientes católicas integristas a las reformas doctrinales en pro de la justicia social y de una crítica, aunque velada, a la explotación capitalista adoptadas por el Concilio Vaticano II. En Estados Unidos, ese momento seminal no fue predominantemente religioso, pero sí una reacción más bien secular a los avances legales y cambios culturales resultantes de la lucha antiracista, en especial las decisiones progresistas de llamada Corte Warren. 

Sólo más adelante esa movida se mezclaría con fuerzas religiosas para contestar la insurgencia frente a la guerra del Vietnam y sobre todo la llamada revolución cultural de 1968. En ese pasaje, el fundamentalismo evangélico fue atraído para esa nueva formación política bajo el paraguas del Moral Majority Movement, una cruzada orquestada por líderes no religiosos del Partido Republicano para combatir lo que veían como secularización excesiva, pérdidas de valores tradicionales y hasta una amenaza a civilización americana. 

A pesar de muchas diferencias, ese repudio visceral a 1968 de parte de la ultraderecha norteamericana, convergiría con la reconstrucción de la extrema derecha secular en Europa, la cual también veía como “desorden” y “amenaza civilizatoria” a la rebelión juvenil. Aunque fue dominante en el Norte Atlántico, esa dinámica tuvo muchas ramificaciones en América Latina, menos conocidas y debatidas. 

—Muchas veces estos liderazgos parecen coyunturales o marginales. ¿Hay una estructura intelectual detrás?

—Sí, y es un error enorme no verla. Uno mira a Trump, Bolsonaro o Milei y tiende a enfocarse en el estilo disruptivo, en la provocación de esas figuras individuales. Pero detrás o debajo de ellos hay una infraestructura epistémica sólida y compleja. Hay intelectuales de muchos tenores, juristas, estrategas culturales y desde los ‘90 tecnólogos de la revolución informacional. Aun cuando pueda parecer insólito, la literatura disponible nos enseña que en ese largo ciclo de reorganización muchos de esos intelectuales reaccionarios leyeron a Marx, a Gramsci a la Escuela de Frankfurt. Comprendieron que la disputa en torno al orden de las sociedades y del mundo no es sólo económica sino cultural, simbólica, subjetiva. A lo que asistimos, por lo tanto, nos es a una “guerra cultural” sencilla y dicotómica entre agentes conservadores y activistas que actúan en el campo del género y de la sexualidad (como se suele describir). Es una trama amplia de campos múltiples y sobrepuestos de disputa ideológica y epistémica: disputas por la producción de sentido, por la definición de lo que es o no políticamente legítimo y por la interpretación de constituciones y derechos, sean ellos derechos ciudadanos o derechos humanos. No estamos sólo ante la fuerza bruta de políticos grotescos e improvisados, como suele parecer. Estamos ante un campo organizado que decidió disputar corazones y mentalidades para sedimentar su hegemonía cultural y política. Y como se ha dicho tantas veces, esa “revolución conservadora” que también tomó las calles se ha aprovechado con mucha eficacia de la plataformización o digitalización de la política. 


“Lo que está ocurriendo hoy no puede leerse sin mirar los fascismos históricos”

—En ese contexto, ¿por qué apropiarse del lenguaje de la democracia?

Porque esa reconfiguración epistémica también implicó el reconocimiento de que en contextos cada vez más numerosos se hacía cada vez menos viable posicionarse contra las reglas democráticas, que aseguran la legitimidad política con base en el voto. El campo reaccionario al mismo tiempo que hace lo que hemos nombrado como giro gramsciano –o sea la inversión robusta en disputas culturales por hegemonía que nombran como “metapolítica”– también ha dejado atrás su lógica previa de que si el orden es amenazado “haremos un golpe”. Ahora se mueve por el camino de la política electoral, o sea ganar elecciones, nutrir y sostener una base sólida de apoyo que en algunos casos no sobrepasa el 30 por ciento del electorado, pero es suficiente para anclar su “revolución continuada” con vistas a la destrucción, pari y pasu, de instituciones democráticas. Como se ha visto en la Hungría de Orbán, en el Brasil bajo Bolsonaro y ahora se manifiesta de manera aún más brutal en Argentina y Estados Unidos.

Además, su discurso sobre democracia es vendido al sentido común como si fuera sinónimo de soberanía nacional, que se hace urgente para hacer frente al “globalismo”. En ese registro, por ejemplo, los organismos como la ONU son presentados como aparatos volcados a imponer valores externos e incompatibles con las sociedades nacionales. Cuando propagan esa crítica anti-globalista de la ONU como supuesta promotora de “nuevos derechos” para decirle a los países cómo deben vivir, lo que hacen en concreto es disputar la autoridad moral de los consensos internacionales sobre derechos humanos, que en las últimas décadas del siglo XX se han ido sedimentando como parámetros de arquitecturas democráticas por todo el mundo, pero en especial en América Latina. O sea, no estamos frente a una mera apropiación semántica en abstracto a la democracia: es efectivamente una redefinición epistémica, o sea de su significado.

—Con relación a como atacan los derechos humanos, ¿es correcto llamarlos “antiderechos”?

Desde mucho, quizás unos cinco años, tengo dicho que esa nomenclatura es insuficiente, problemática. Es cierto que las fuerzas de las que estamos hablando atacan lo que ellas mismas denominan como “nuevos derechos”, que son sobre todo los derechos relacionados a género y sexualidad, pero no exclusivamente. Eso no significa, sin embargo, que el proyecto político de esas fuerzas no cuente con una concepción propria de derechos incluso de derechos humanos. 

Acá es productivo rescatar la elaboración de Wendy Brown en el artículo “American Nightmare”, de 2006, que examina los efectos de la imbricación entre la racionalidad neoliberal y el ultra conservadurismo religioso. Según Brown esa combinación estaba reduciendo los derechos democráticos a su expresión más simple –tener propriedades, votar y consumir– e incitando a formas variables de docilidad política. Pero en nuestro tiempo la concepción regresiva de “derechos”, en especial cuando se tratan de los derechos relacionados a género y sexualidad, tiene raíces más profundas de las cuales es también necesario hablar. 

En el campo progresista, una muy antigua narrativa sedimentó la noción de que la Iglesia Católica se opuso sistemáticamente a los derechos humanos desde la Revolución Francesa hasta el giro del Concilio Vaticano II, en los años ‘60. Efectivamente, fue sólo a partir de ahí que la terminología de los derechos humanos sería abiertamente incorporada a la gramática institucional del Vaticano. Pero esa versión de la historia deja escapar elementos genealógicos muy importantes, como por ejemplo que la concepción misma de los “derechos del hombre” del siglo XVIII no sólo tenía raíces en concepciones anteriores de derecho natural, como que luego de legitimada seria re-cristianizada como se puede verificar en una elaboración robusta de Hegel en La filosofía del Derecho.

Además, cuando revisamos el proceso de redacción de la Declaración Universal de 1948, esa huella cristiana y sobre todo católica es también evidente, especialmente en lo que concierne a la concepción de dignidad humana que, como sabemos, sigue siendo nodal en los debates actuales sobre derechos humanos. Por ejemplo, como relata en detalle Patrick Moyn en su genealogía de como los derechos humanos han sido recreados en la post II Guerra, el comité de redacción de la DUDH fue dominantemente compuesto por hombres cristianos (un único miembro judío). No sólo eso sino también que el intelectual católico Jacques Maritain tuvo un rol central en ese complejo proceso de elaboración, sobre el concepto de dignidad humana. 

Eso implica reconocer que el ambiente de hoy no es de conflicto entre fuerzas pro y antiderechos, pero sí refleja una batalla feroz entre concepciones distintas de derechos. Como he analizado en un corto ensayo sobre la Declaración Dignitas Infinita proclamada por Bergoglio al final de su papado, uno de los nodos cruciales de esos embates se da justamente en torno diferencias radicales en torno a definiciones epistémicas de dignidad.

—¿Dónde están las diferencias y tensiones más significativas?

Sin dudas, la disputa en curso se da en torno a parámetros y definiciones epistémicas, como es el caso de la acusación de que los derechos humanos serían una imposición globalista anti-soberanista. Esto responde a esfuerzos de muchas décadas para sedimentar la legitimidad y aceptación de la premisa de universalidad. Pero también, las diferencias de visión epistémica sobre el significado de dignidad. Pienso que es útil ver las diferencias, yo diría insuperables, en lo que concierne a la heurística o sea los parámetros de interpretación de derechos humanos que no están disociados de la lógica interpretativa del constitucionalismo democrático que también ha ganado legitimidad en las décadas siguientes a la adopción de la Declaración Universal de 1948.

Desde los años ‘50, especialmente en Estados Unidos –en base a las decisiones de la llamada Corte Warren que responde a demandas antiracistas del movimiento por los derechos civiles– se consolida una heurística expansiva, que retomó la idea seminal de “ley viva” elaborada por el juez Brandeis, de la Suprema Corte, en el comienzo el siglo XX. En el cierne de esa lógica interpretativa está el principio de que los derechos pueden y deben ser ensanchados en base a interpretaciones ancladas en los principios de igualdad y libertad. 

Lo que pasó en EEUU tenía similitud con dinámicas entonces en curso en varias cortes constitucionales europeas, así como en el Sistema Internacional de los Derechos Humanos. Más adelante esos parámetros interpretativos serían extendidos a los países del sur global que se estaban redemocratizando, en especial América Latina. Esto puede ser ilustrado por el párrafo X de la Opinión Consultiva 24/178 sobre Identidad de Género, Igualdad y No Discriminación emitida por la Corte Interamericana en 2017: “…los tratados de derechos humanos son instrumentos vivos, cuya interpretación debe acompañar la evolución de los tiempos y las condiciones de vida actual”. 

Las fuerzas de la ultraderecha y ultra conservadoras de estos tiempos neofascistas accionan la categoría “nuevos derechos” para rechazar no solamente algunos contenidos sustantivos del andamio de los derechos humanos tal como se ha desarrollado desde 1948, pero sobre todo, esas premisas heurísticas, ese método interpretativo. Su proyecto contiene la propuesta de retorno a la lectura literalista u originalista de los textos jurídicos, descartando todo lo que no estaba escrito originalmente. Se trata por lo tanto de una restauración interpretativa, claramente ejemplificada por una afirmación muchas veces repetidas por el juez ultraconservador Anthony Scala, de la Suprema Corte Norteamericana: “La Constitución no es un documento vivo… Está muerta. Muerta, muerta, muerta”. En 2025, cuando la Corte se subordinó totalmente a los designios de Donald Trump, el juez Clarence Thomas, también ultra conservador, retomó esa idea al declarar que “los precedentes deben respetar nuestra tradición jurídica, nuestro país y nuestras leyes, y deben basarse en algo, no sólo en algo que alguien soñó y otros aceptaron”. 


“Estamos ante un campo organizado que decidió disputar corazones y mentalidades para sedimentar su hegemonía cultural y política”

—Hay también una dimensión filosófica más profunda en esta disputa, ¿no?

—Sí. Aun cuando no parezca, el debate filosófico sobre “nuevos derechos” es antiguo. Puede y debe ser recuperada la controversia clásica, del final de siglo XVIII, entre Edmund Burke –hoy de nuevo un ícono del pensamiento ultraconservador– y la pionera feminista Mary Wollstonecraft que criticó con vigor el repudio de aquel a la Revolución Francesa y a los Derechos del Hombre. Vale la pena revisitar ese conflicto en cuyo trasfondo está la cuestión sobre si la naturaleza humana es transformable o no. El progresismo parte de la idea de la perfectibilidad humana: que las condiciones sociales pueden cambiar, que las estructuras pueden transformarse. El conservadurismo radical sostiene que la naturaleza humana es fija, que ciertos órdenes son naturales e inmutables. 

—¿Por eso el feminismo ocupa un lugar tan central en los ataques?

—Porque el feminismo encarna la idea de transformación estructural: de las relaciones de género, de la familia, del trabajo, pero también de las subjetividades, incluidas sus dimensiones corporales. No es casual que Mary Wollstonecraft sea un personaje nodal en la controversia seminal sobre derechos humanos deflagrada por la crítica ultraconsevadora de Burke. Wollstonecraft contesta la acusación lanzada sobre los derechos humanos leídos como puras abstracciones. Y llama la atención sobre la posición desigual y la subalternidad de las mujeres y de las personas esclavizadas en el orden político defendido por Burke, condiciones que según ella nunca podrían ser alteradas sin la capacidad de transformación de la naturaleza humana. Una elaboración, que a mi modo de ver, es sorprendentemente actual.


Fuente: Las/12

junio 27, 2026

Maitena asegura que perdió a la mitad de sus lectoras por expresar su feminismo: "Se enojan conmigo porque no pueden reconocerse feministas"

Sandra Sabatés entrevista en 'Mujer tenía que ser' a Maitena, una reconocida ilustradora argentina que se ha convertido en un icono feminista a nivel internacional. Con ella conversa sobre la situación del mundo en general, y las políticas de Milei en particular.

El Intermedio

En su sección 'Mujer tenía que ser', Sandra Sabatés entrevista a Maitena, una ilustradora argentina que se ha convertido en todo un referente feminista a escala internacional para mujeres de varias generaciones.

Recuerda que en sus inicios como dibujante sus compañeros hombres "estaban encantados de que hubiera una mujer". Sin embargo, apunta que cuando le fue mejor que a ellos, "ya no les gustó tanto".

En aquellos primeros tiempos trabajaba en una revista de humor sexual que "era muy machista", aunque según ella en aquella época "el mundo era así, homofóbico, machista, misógino". Entonces ella hacía personajes donde el deseo era femenino y "eso era casi subversivo".

No obstante, afirma que no era consciente de que muchas de sus viñetas adelantaban muchos de los debates feministas de hoy en día: "No sabía cómo se llamaban esas cosas. Yo hablaba de lo que ahora se llama tareas de cuidados, sororidad, patriarcado, monogamia, pero no tenían esos nombres, no tenía ninguno".

Para Maitena, esa etiqueta de autora feminista le ayuda, ya que considera que el feminismo "es el movimiento político más importante del último siglo", por lo que se siente orgullosa. Todo ello a pesar de que afirma que perdió la mitad de sus lectoras después de pronunciarse políticamente y militar en el feminismo: "Muchas de estas mujeres que se identificaban con lo que yo decía o con mis quejas de la vida de la mujer, ahora se enojan conmigo porque no se pueden reconocer feministas", señala.

Maitena defiende que se había producido un cambio en los últimos años en lo que respecta a la libertad de las mujeres, pero que ahora "estamos volviendo para atrás". Algo tras lo que cree que hay "un plan" porque "nadie quiere a las mujeres libres".
Su opinión sobre Milei

Respecto a la política en Argentina, se muestra contundente: "A mí me violenta Milei, un discurso tan ordinario, tan machirulo, tan desagradable, tan violento". En su opinión, lo peor que está pasando en su país es que "la gente se está muriendo de hambre". "Yo estoy acá en España y salir a comer, comprar ropa, todo es más barato que en Argentina", apunta.

Sin embargo, para ella lo grave es la gente que lo apoya: "Esa gente que quiere que no se ayude a los necesitados, que no se paguen impuestos, que se regalen los glaciares, que se arruine la tierra".

A pesar de este oscuro panorama que tenemos por delante, Maitena propone agarrarse a las relaciones afectivas, el amor, el sexo, la naturaleza, la comida, cocinar tanto para amigos como para nosotros mismos, salir a pasear o "bailar hasta el amanecer": "Disfrutar de la vida es nuestra venganza".

Fuente: La Sexta

junio 26, 2026

En el centenario de Ingeborg Bachmann, la escritora que buscó la raíz de la violencia patriarcal



Los límites del lenguaje, las secuelas de la guerra y la desigualdad entre hombres y mujeres son el vértice sobre el que descansa la obra de Ingeborg Bachmann, una de las escritoras en lengua alemana más importante del siglo XX, que este 25 de junio hubiera cumplido cien años.

Y con motivo de este aniversario se reedita en español una de sus obras más icónicas 'Malina', en Nórdicaslibros, una obra considerada obra maestra de la literatura europea, y un retrato psicológico feminista de la conciencia de la mujer que explora las raíces de la violencia sistémica, las estructuras patriarcales y la naturaleza de la identidad femenina. Un retrato de una escritora que intenta contar su propia historia en un mundo dominado por hombres.
Se reedita 'Malina', obra icónica de Bachmann que explora las raíces de la violencia patriarcal

La vida Bachmann, Klagenfurt (Austria, 1926-Roma, 1973) estuvo marcada por la inseguridad y la fragilidad psicológica, vivió el nazismo y la guerra y buscó en la verdad la respuesta a la violencia del siglo XX. Luchó contra el patriarcado en el hogar, en la familia, y se entregó a la creación por completo. 'Solo vivo cuando escribo', llegó a decir.

Pero otro de sus grandes temas fue su preocupación por los limites del lenguaje para poder nombrar el horror, la violencia o la injusticia que atravesó su tiempo.

"El centenario de Ingeborg Bachmann es una ocasión perfecta para descubrir o releer, y, sobre todo, para reivindicar la obra de una de las autoras más importantes de la literatura europea del siglo XX", explica Efeminista Diego Moreno, directo de Nórdicaslibros.

"Me parece que la lectura de sus textos, y especialmente de su novela Malina, es especialmente necesaria ahora-.argumenta Moreno- . Es importante llevar a las librerías obras de gran aliento, de compromiso con la literatura, con potentes metáforas e imágenes, con clara voluntad poética y literaria, como es la obra de Bachmann. La autora austriaca retrata la violencia sistémica hacia las mujeres y el funcionamiento de las estructuras patriarcales, y lo hace sin renunciar a la mejor literatura, y asistiremos a páginas memorables que quedarán en nuestra memoria, como el magnífico final de la obra", concluye.
La revista Turia le dedica a Bachmann un número especial

Por otra parte, y también con motivo de este centenario, la revista cultural Turia dedica un número especial dedicado a Ingeborg Bachmann.

Un volumen que reúne 150 páginas de textos inéditos elaborados por una veintena de autores españoles y austríacos, entre los que figura la Premio Nobel de Literatura Elfriede Jelinek, con el fin de acercar al público de habla española la trayectoria y la obra de una de las figuras más relevantes de la literatura europea del siglo XX.

En este número, Isabel Hernández, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, señala que la imagen pública de Bachmann, que hablaba de discursos poéticos con vehemencia, contrasta con una personalidad íntima marcada por la fragilidad y el miedo, elementos que, a su juicio, resultaron determinantes en la construcción de una obra literaria innovadora.
"Pionera en la representación literaria de las secuelas de la guerra y la desigualdad entre hombres y mujeres"

La especialista también destaca la vigencia de su pensamiento en un contexto en el que la violencia y los conflictos continúan presentes en la sociedad.

La publicación analiza la producción poética y narrativa de Bachmann, así como cuestiones relacionadas con la memoria, el lenguaje, la violencia, las relaciones de poder y la identidad femenina.

Entre los contenidos sobresale una contribución de Elfriede Jelinek, quien ha definido a Bachmann como una autora pionera en la representación literaria de las secuelas de la guerra y de las desigualdades entre hombres y mujeres.

Por Carmen Sigüenza | EFE - 

junio 25, 2026

La aplicación en Corea del Sur que permite a las mujeres rastrear a sus acosadores en tiempo real


Pie de foto,En 2022, un asesinato en el metro de Seúl desató furia por las leyes de acoso de Corea del Sur.Información del artículoAutor,Richard Kim y Yujin Choi

Las autoridades surcoreanas anunciaron este miércoles el lanzamiento de una aplicación móvil con una función actualizada que permite a las víctimas monitorear la ubicación de su acosador, siempre que este se encuentre bajo vigilancia electrónica.

Mediante el uso de datos de localización provenientes de dispositivos como la tobillera electrónica, la aplicación del Ministerio de Justicia surcoreano mostrará en un mapa la ubicación del infractor en tiempo real.

Asimismo, enviará una alerta a un centro de control si este se acerca a una distancia determinada, tras lo cual dicho centro avisará a la policía o al agente de libertad vigilada.

Una versión anterior de la aplicación, lanzada en 2024, no permitía que la víctima rastreara la ubicación del acosador en tiempo real. Sin embargo, una modificación de la ley de vigilancia electrónica del país, realizada en diciembre de 2025, hizo posible el seguimiento del paradero de los acosadores.

Se espera que esta información adicional sobre la ubicación también sirva para proteger a las mujeres.

"Mostrará las carreteras y edificios cercanos para ayudar a las víctimas a ponerse a salvo con mayor rapidez", declaró a BBC News Corea Lim Hap-gyeok, director del Centro de Monitoreo Electrónico Central del Ministerio de Justicia.

Sin embargo, los críticos subrayan que la magnitud del acoso en Corea del Sur forma parte de un problema más amplio de violencia contra las mujeres que la tecnología, por sí sola, no puede resolver.

El acoso no se tipificó como delito grave hasta 2021 y, aunque Corea del Sur cuenta con leyes sobre violencia doméstica, estas se centran principalmente en los cónyuges y no abarcan adecuadamente a las parejas sentimentales no casadas, lo que deja importantes vacíos en comparación con otros países como Reino Unido.

"Los autores de acoso o violencia en el marco de un noviazgo suelen actuar sin miedo en la sociedad coreana", afirma Heo Min-sook, investigadora legislativa.

Entonces, ¿puede esta tecnología ayudar a proteger a las mujeres?

Se necesita una protección más sólida

Un sistema anterior de relojes inteligentes, introducido por la policía en 2015, también permitía a las víctimas alertar a las autoridades sobre su propia ubicación con solo pulsar un botón —aunque no la del agresor—, pero fue criticado por no proteger adecuadamente a las víctimas.

Las críticas a las herramientas existentes resurgieron en marzo de 2026, cuando una mujer que vivía en las afueras de Seúl fue asesinada a puñaladas por un hombre que, al parecer, la acosaba tras haber terminado su relación.

Ella contaba con un reloj inteligente facilitado por la policía y el sospechoso tenía prohibido acercarse a ella debido a una orden de alejamiento. De hecho, había pulsado el botón de alarma apenas dos minutos antes del ataque.
Pie de foto,Una nota colocada a la entrada de una estación de metro en Seúl en 2022, donde una trabajadora fue asesinada por su acosador, dice: "¿Cuántas mujeres más deben morir para que este país cambie?".

El presidente surcoreano, Lee Jae-myung, ordenó a las autoridades garantizar una mayor protección para las víctimas de acoso, incluyendo medidas para identificar la ubicación del agresor con mayor rapidez.

Este es un problema que el Ministerio de Justicia espera resolver, en parte, mediante la función de seguimiento.

Sin embargo, Han Min-kyung, docente de la Universidad Nacional Policial de Corea, considera que la aplicación apenas marcará la diferencia, dado que solo un número limitado de agresores está obligado a llevar dispositivos de monitoreo electrónico.

La propuesta también ha suscitado un debate sobre la privacidad y la vigilancia.

El profesor Kwak Dae-kyung, de la Universidad Dongguk, señala que, si bien el seguimiento en tiempo real por parte de las víctimas podría ser viable, "en los casos de acoso, exigir a alguien que lleve una tobillera electrónica basándose únicamente en la sospecha de riesgo delictivo podría plantear problemas relacionados con los derechos humanos".

Afirma, por ello, que el asunto requiere un debate público más amplio.

También existen inquietudes sobre la experiencia de las víctimas al utilizar la aplicación.

"Creo que la víctima sentiría un miedo extremo... Por ello, es necesario analizar detenidamente si proporcionar información continua y en tiempo real sobre la ubicación del agresor constituye realmente una forma de apoyo que ayude a las víctimas a recuperarse y retomar su vida normal", dice Han a BBC News Corea.

Se duplicaron las denuncias por acecho

En 2021 se promulgó en Corea del Sur una ley contra el acecho que contempla penas de hasta 3 años de prisión y una multa máxima de 30 millones de wones (US$19.600) para los infractores. El sistema anterior lo trataba mayormente como una falta menor, con sanciones leves.

Los datos de los centros de llamadas de emergencia de la Policía indican que las denuncias por acoso se duplicaron con creces tras la entrada en vigor de la nueva ley.

Sin embargo, algunos expertos jurídicos surcoreanos sostienen que la ausencia de una ley específica sobre la violencia en parejas no casadas deja importantes vacíos en el sistema legal.

"A menudo se pasa por alto incluso la violencia entre cónyuges. Por tanto, cuando las personas implicadas ni siquiera están casadas, es aún más probable que el caso se desestime", afirma Heo.

La concienciación social sobre la gravedad que puede alcanzar la violencia en las relaciones íntimas sigue siendo, por lo general, escasa, señala.

Además, a menos que la violencia derive en un hecho tan extremo como un asesinato, rara vez se ve a los agresores siendo investigados o castigados, lo que refuerza la idea de que se trata de delitos menores.

La falta de una base clara para adoptar medidas de protección en casos de "violencia en el noviazgo" constituye actualmente el ámbito que requiere reformas con mayor urgencia, según declararaciones de la Agencia Nacional de Policía a BBC News Corea.
Pie de foto,Los mensajes en notas adhesivas dejados en el lugar del asesinato de una trabajadora del metro en 2022 expresan la ira y el miedo de la gente.

"El acoso no cesó"

El sistema actual que usan las autoridades para distribuir esta tecnología ha sido criticado por no proteger a las víctimas en situación de riesgo, ya que no ha logrado evitar agresiones ni asesinatos.

Más de 20 casos de asesinato o intento de asesinato involucraron a víctimas que habían recibido relojes inteligentes entre 2021 y agosto de 2025, según datos de la Policía Nacional de Corea del Sur citados por el legislador Lee Kwang-hee.

Minji (nombre ficticio para proteger su identidad) afirma que sigue sintiéndose desprotegida a pesar de haber recibido un reloj inteligente.

Su acosador, un exnovio, la agredió por primera vez un mes después de su primera cita, en julio de 2023. Ella relata que él revisaba obsesivamente su teléfono, vigilaba sus movimientos y acosaba a sus compañeros de trabajo.

"Me encerró en su coche por negarme a enseñarle el teléfono y luego me golpeó sin piedad durante unas dos horas", cuenta Minji, quien sufrió una fractura de nariz y necesitó cirugía.

En diciembre de 2023, un tribunal halló indicios de acoso e impuso medidas provisionales como la prohibición de acercarse a menos de 100 metros de ella o de contactarla por medios digitales.

Además, ella recibió uno de los relojes inteligentes de la Policía para enviar alertas de emergencia con su ubicación, facilitando así una rápida respuesta de los agentes cercanos.

Sin embargo, según resoluciones judiciales ratificadas posteriormente por el Tribunal Supremo, su expareja incumplió la orden en casi 100 ocasiones.

En 2025, aproximadamente una de cada diez medidas provisionales por acoso dictadas por los tribunales surcoreanos fue incumplida, según datos facilitados a la BBC por la Agencia Nacional de Policía de Corea del Sur.

Minji teme el día en que su acosador salga de prisión.

El Tribunal Supremo condenó al acosador de Minji en 2025 a cinco años de cárcel y le ordenó completar de 40 horas de un programa de tratamiento para acosadores.

"Tendré que huir de nuevo", afirma ella. "Últimamente, lo que más pienso es: ¿acaso esto solo terminará cuando yo muera?".

Los grados de acoso

Otras víctimas y familiares de personas asesinadas por acosadores expresan su preocupación sobre si la Policía está respondiendo adecuadamente a las medidas de protección vigentes.

La hermana de Yuri estaba en sus 20 años cuando fue asesinada por su exnovio en septiembre de 2024, tras haber terminado la relación.

La noche de su asesinato, creyó que abría la puerta a un repartidor de comida, pero se trataba de su expareja, quien llevaba horas esperando el momento de irrumpir en la vivienda.

"Cada vez que mi hermana decía que quería romper la relación, el hombre iba a su casa y golpeaba y golpeaba la puerta de entrada. Ella decía que pasaba toda la noche aterrorizada", cuenta Yuri, cuyo nombre cambiamos para proteger su identidad.

En octubre de 2025, el Tribunal Supremo ratificó una condena de 30 años de prisión para el hombre por el homicidio.

Según la sentencia escrita, la hermana de Yuri había denunciado a su expareja ante la Policía en tres ocasiones por incidentes de violencia en el noviazgo. Asimismo, presentó tres denuncias por acoso durante el proceso de ruptura.

"Lo único que la Policía le dijo fue: 'Si te pones en contacto con ella reiteradamente, podrías enfrentarte a sanciones'. Me pregunto por qué no se adoptaron de manera más proactiva medidas provisionales, como una orden de alejamiento", comenta Yuri.

El cuerpo policial cuenta con un sistema de protección a las víctimas que clasifica a aquellas que sufren violencia en el noviazgo o acoso en el "Grado A" si denuncian tres o más incidentes en el plazo de un año, y en el "Grado B" si presentan dos o más denuncias.

A pesar de ello, miembros de la Comisión de Administración Pública y Seguridad de la Asamblea Nacional revelaron que la hermana de Yuri seguía clasificada en el "Grado B", aun cuando había denunciado al agresor ante la Policía en tres ocasiones.

Respecto a esta discrepancia, la Agencia de Policía Metropolitana de Busan declaró: "Según los agentes que acudieron al lugar, la víctima habría dicho: 'No ha ocurrido nada grave', y 'Nunca antes había denunciado esto', lo que derivó en una gestión deficiente".

Añadieron: "Las víctimas suelen dudar en declarar por temor a represalias; revisaremos activamente los métodos de seguimiento para centrarnos en los perpetradores".

Yuri, por su parte, afirma: "Mi vida se detuvo en el momento en que mi hermana murió".

Con información adicional de Suhnwook Lee y Lara Owen.

Richard Kim y Yujin Choi
Fuente: BBC News

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