abril 08, 2026

Diagnóstico tardío: la brecha que enfrentan mujeres neurodivergente

El diagnóstico tardío de autismo y TDAH en mujeres evidencia sesgos de género y mayor vulnerabilidad social y emocional.



Desde 2007, cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, un día creado para fomentar espacios de visibilidad e inclusión de las personas que forman parte de la neurodiversidad y que, además, busca derribar los mitos más frecuentes alrededor del espectro. 

Sin embargo, cada año la conversación revela una deuda pendiente: el acceso de las mujeres a diagnósticos precisos, a tiempo y con perspectiva de género, y es que en México, las mujeres con Trastorno por Déficit de Atención (TDA) son diagnosticadas, en promedio, 5 años más tarde que los hombres, de acuerdo con el artículo, Las mujeres son diagnosticadas con TDAH 5 años más tarde que los hombres, siendo la edad promedio de 28 años para las mujere frente a los 24 de los hombres. 

Para conocer más sobre la neurodivergencia, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y cómo afecta a las mujeres, platicamos con la Dra. Cristina Rodríguez Hernández, médica psiquiatra y directora general de ROME psiquiatría integral. 

¿Qué es la neurodiversidad?

La neurodiversidad se refiere a las variantes naturales en el funcionamiento neurológico humano, es decir, a las diferentes formas en que las personas pueden procesar información, sentir, aprender y relacionarse.

El término fue acuñado en 1998 por la socióloga Judy Steinger en el contexto del movimiento por los derechos de las personas autistas. El uso de este término, junto al de neurodivergencia, tiene como fin visibilizar y despatologizar estas variantes, permitiendo que las personas dejen de sentirse "raras" o fuera de lugar y comprendan que su forma de ser tiene una explicación clínica.

Como explica Rodrígues Hernández, la neurodiversidad abarca principalmente condiciones como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), aunque también incluyen la dislexia, las dispraxias (dificultades en la coordinación motora) y ciertos tics motores o vocales. 

Al tratarse de espectros, estas condiciones se manifiestan de formas muy distintas y con diversos grados de disfuncionalidad. A pesar de que este día busca visibilizar estos espectros, para las mujeres aún es más complicado acceder a un diagnóstico. 

Ser mujer neurodivergente y la carga del diagnóstico tardío

Las mujeres con TDA son diagnosticadas, en promedio, cinco años después que los hombres, y se estima que el 97% de las mujeres autistas mayores de 40 años no han sido identificadas, como señala Rodríguez en entrevista. En México, es común que el diagnóstico llegue después de los 30 años, usualmente cuando buscan ayuda por ansiedad o depresión que resultan ser consecuencias de su neurodivergencia no tratada, explica la especialista.

¿A qué se debe esta brecha? Este diagnóstico tardío está comúnmente asociado a múltiples factores y, entre ellos, se encuentra la carga de las expectativas de género, asociadas a estereotipos y mandatos sexistas. 

Por ejemplo, se espera que las niñas sean tranquilas y organizadas, lo que las presiona a desarrollar el masking o enmascaramiento, una táctica que, como te contamos en esta nota, consiste en imitar conductas neurotípicas para encajar, lo cual genera un estrés y agotamiento (conocido como burnout) que oculta la condición por años.

La Dra Rodriguez explica que los hombres con TDAH suelen ser impulsivos pero en las mujeres es predominantemente, aunque no exclusiva, un comportamiento inatento, lo que hace que las niñas sean percibidas como “despistadas” o “tímidas” en lugar de ser identificadas con un trastorno o condición.


Ante la alta expectativa de género, algunas pacientes se vuelven extremadamente perfeccionistas con ese afán de ya no fallar, llegando a confundirse con un trastorno obsesivo compulsivo.

La vulnerabilidad diferenciada para mujeres neurodivergentes

La falta de un diagnóstico con perspectiva de género expone a las mujeres a una mayor vulnerabilidad ante la violencia psicológica y económica, además de diagnósticos erróneos que ocultan la verdadera raíz del problema. 

Una de las consecuencias más evidentes para las mujeres con diagnóstico tardío es enfrentar dificultades como el subempleo, menos reconocimiento que sus pares y renuncias por agotamiento. Rodríguez Hernández explica que, aunque las mujeres sean muy capaces en sus áreas, pueden fallar en tareas administrativas o de puntualidad, lo que afecta sus ingresos y su autonomía. 

A esto se suman, además, efectos graves que van desde el deterioro de la autoestima al introyectar las etiquetas negativas como “tonta” o “lenta”, asumiéndolas como parte de su identidad y sintiendo que fallan constantemente a pesar de su gran esfuerzo, hasta el riesgo de desarrollar adicciones: 


“Hemos visto en México, con datos de la última Encuesta Nacional, que las mujeres están aumentando su consumo de alcohol. Claro que el diagnóstico tardío tiene consecuencias, y muy importantes”.

¿Qué hago si sospecho que pertenezco a la comunidad neurodiversa?

Para la Dra. Cristina Rodríguez es fundamental acudir con un médico psiquiatra o un neuropsicólogo que tenga amplia experiencia en neurodivergencia. Aunque la información en redes sociales es útil para identificar señales, la doctora enfatiza que el diagnóstico clínico es complejo y requiere un entrenamiento específico, por lo que es importante acudir con una profesional que entienda las particularidades de cómo se manifiestan el TDAH o el autismo en las mujeres.

Otra recomendación es buscar redes de apoyo entre mujeres neurodivergentes, ya que sirven como espacios seguros para compartir experiencias y validar lo que se está sintiendo.

Sin embargo, es importante recordar que, como enfatiza Rodríguez, es una obligación de los profesionales profundizar en la expresión clínica específica de estos trastornos en las mujeres y difundir sus particularidades para evitar que sigan pasando desapercibidas, así como la implementación de políticas de inclusión que ofrezcan apoyos reales en los ámbitos educativo, de salud mental y, especialmente, en el laboral.

¿Conocías estas dimensiones de la neurodiversidad? ¿Conoces redes de mujer neurodivergentes? 


Fuente: La Cadera de Eva

abril 07, 2026

Apoyo desde la ONU a decisión olímpica sobre mujeres biológicas



La atleta sudafricana Caster Semenya encabeza la competencia de los 800 metros femeninos en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. La experta de las Naciones Unidas en materia de violencia contra las mujeres ha respaldado la decisión del COI de que solo quienes hayan nacido como mujeres biológicas puedan competir en las disciplinas de deporte femenino. Imagen: Celso Pupo / The Conversation


La relatora de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, celebró la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de permitir solo a mujeres biológicas competir en el deporte femenino.

“La nueva política se basa en el sentido común, los hechos y la ciencia. Restablece la dignidad, la equidad y la seguridad de las mujeres y las niñas en el deporte olímpico”, afirmó Alsalem, experta que actúa por mandato del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en esta ciudad suiza de Ginebra.

El 26 de marzo, el Comité Ejecutivo del COI aprobó que la elegibilidad para la categoría femenina se determine mediante una prueba de detección del gen SRY, sólo presente en los hombres biológicos, que deberá dar negativo.

El cribado se realiza mediante una muestra de saliva, un frotis bucal o una muestra de sangre y suele llevarse a cabo una sola vez en la vida.

La nueva norma comenzará a aplicarse en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, sin carácter retroactivo.

Pero Alsalem opina que “eso no impide que el COI ofrezca reparaciones adecuadas por las injusticias del pasado, como presentar una disculpa a las atletas a las que se les negó una competición justa, y considerar la concesión de medallas paralelas con carácter retroactivo”.

“Tales medidas demostrarían un reconocimiento del daño sufrido por las atletas, y señalarían un compromiso genuino con la rendición de cuentas y el restablecimiento de sus derechos, incluidas garantías de que no volverá a suceder”, afirmó la especialista jordana en derechos humanos.

No está claro si alguna mujer trans compite a nivel olímpico. Ninguna mujer que haya realizado la transición tras nacer como hombre compitió en los Juegos, los de París en 2024.

La relatora de la ONU señaló que “la presencia del gen SRY es fija a lo largo de toda la vida y constituye un indicador de gran precisión del desarrollo sexual masculino”.

Dijo que “acojo con satisfacción esta política como una medida necesaria, proporcionada y legítima para garantizar la protección de las mujeres y las niñas, en consonancia con el derecho y las normas internacionales de derechos humanos”.

“Los enfoques basados en la evidencia, incluido el reconocimiento de la realidad material del sexo, deben guiar el desarrollo, el seguimiento y la revisión de las políticas deportivas a todos los niveles”, abundó.

Alsalem anteriormente había criticado el antiguo «Marco sobre equidad, inclusión y no discriminación por motivos de identidad de género y variaciones de sexo» del COI, porque consideraba que “sustituir las categorías de competición femeninas por categorías mixtas hace que las atletas pierdan oportunidades, incluidas medallas”.

Hasta ahora, el COI dejaba las normas sobre elegibilidad por sexo en manos de las federaciones de cada deporte, en lugar de aplicar un criterio universal.

El atletismo, la natación, el ciclismo y el remo ya habían impuesto restricciones, pero otras disciplinas permitían que mujeres trans y DSD (diferencias o desórdenes del desarrollo sexual) compitieran en la categoría femenina si no superaban un cierto umbral de testosterona.

El veto del COI afectará a casi todas las atletas con DSD. Esa condición, poco frecuente, hace que las hormonas, los genes o los órganos reproductivos de una persona combinen características masculinas y femeninas.

Hasta ahora, las atletas con DSD que no habían pasado por la pubertad masculina podían competir en el deporte femenino siempre que mantuvieran la testosterona dentro de ciertos límites.

El cambio de política ha sido criticado por activistas de los derechos trans, algunos médicos y por el Gobierno de Francia.

La relatora de la ONU replica que “contrariamente a lo que se ha informado, la política no descalifica a nadie para participar en deportes o competir profesionalmente en categorías correspondientes a su sexo biológico”.

“Más bien, garantiza que las mujeres y las niñas no se vean en desventaja ni excluidas de una competición significativa y justa en su propia categoría”, expresó.

Finalmente, Alsalem instó, tanto a las asociaciones deportivas de competición como a las de carácter no competitivo, a armonizar sus políticas con las normas del COI para la protección de la categoría femenina en el deporte.

Fuente: IPS

abril 06, 2026

La ayuda a domicilio no es suficiente: necesitamos centros dignos para los cuidados

La ayuda a domicilio no es suficiente: necesitamos centros dignos para los  cuidados - Tribuna Feminista
La ayuda a domicilio es necesaria, pero no suficiente. Lo he vivido en carne propia.

Con mi hijo, que tiene autismo severo y un 95 % de discapacidad, necesitaba que hasta cuatro personas distintas entraran en mi casa. Eso convierte los cuidados en un segundo trabajo, además del empleo remunerado que muchas veces ya tenemos. Las mujeres que realizan estas tareas deberían cotizar y ser remuneradas dignamente. Sí, los hombres también cuidan, pero la infraestructura sigue siendo profundamente opresiva para las mujeres: son ellas quienes mayoritariamente se quedan en casa y sostienen la vida. Aunque la situación cambia, ese sigue siendo el patrón dominante.

Nancy Fraser, en Capitalismo caníbal, 2023, lo expresa claramente:

“Nuestro sistema social drena las energías requeridas para atender a las familias, mantener los hogares, sostener las comunidades, alimentar amistades, construir redes políticas y forjar solidaridad. Estos trabajos de cuidado son indispensables para la sociedad: recobran a los seres humanos diariamente y generacionalmente, y preservan los lazos sociales”.

Los cuidados son esenciales para la vida, y sin embargo son un trabajo mal pagado, feminizado y precarizado. La ayuda a domicilio forma parte de la solución, pero no basta.

Amaia Pérez Orozco, en Subversión feminista de la economía, 2014, recuerda que:

“La economía feminista saca a la luz todo el trabajo no remunerado. Aparece una esfera económica enorme donde las mujeres han estado históricamente presentes. La pregunta central es cómo lograr una redistribución equitativa tanto de los trabajos remunerados como de los no remunerados”.

El buen vivir, según Pérez Orozco, requiere redistribuir y valorar los trabajos de cuidados, evitando su feminización. La vida incluye vulnerabilidad —vejez, enfermedad, tristeza, muerte— y su gestión debe ser colectiva, no desigual ni explotadora.
La infraestructura del cuidado también son los centros: residencias, centros de día, espacios comunitarios

Necesitamos hablar de algo fundamental: la infraestructura del cuidado.
Residencias, centros de día específicos, centros para menores, recursos para personas con discapacidad… Todos ellos son esenciales. No siempre hay familia, y cuando la hay, no siempre puede cuidar.

Sin embargo, no se está dando suficiente importancia a estos recursos. Aquí se cruza también el problema de la vivienda. Algo ocurre cuando construimos casas y cuando construimos centros: parece que requieren demasiado dinero público, y eso asusta. Me preocupa que el proceso de privatización al que estamos siendo empujados provoque que cada vez se construyan menos centros públicos, justo cuando más los necesitamos.

Y, mientras tanto, tenemos casas vacías. En Asturias, por ejemplo, existen zonas con viviendas antiguas que podrían convertirse en micro-residencias, espacios comunitarios y adaptados para personas que no pueden o les cuesta integrarse socialmente. Muchos de estos hogares podrían ser autosuficientes: energía solar, proximidad al agua, cultivos, animales… Actividades terapéuticas que fortalecen la vida sin generar conflicto social.

Tenemos esas casas: podríamos usarlas, reutilizarlas y ponerlas al servicio de quienes más lo necesitan.
Centros, hogares colectivos y construcción pública: una apuesta por la vida

No creo solo en la ayuda a domicilio. Creo en centros, casas colectivas, construcciones públicas adecuadas, donde se trabaje con dignidad y donde el cuidado sea una labor humana, no una cadena de montaje.

Esto no solo genera empleo: genera vida vivible.

Ya hemos visto lo que ocurrió con casos como el de Noelia Castillo y otras situaciones denunciadas en centros de menores. Quienes cuidamos y quienes sostenemos la vida somos esenciales. No podemos permitir que la deshumanización ocupe nuestro lugar. Nuestro trabajo es fundamental para la vida, y el avance de la privatización —que pone el ánimo de lucro por encima del bienestar— no ayuda a construir las infraestructuras que necesitamos.

Los cuidados son esenciales, sostienen la vida.

Profesora de secundaria de Filosofía especializada en lengua y literatura.
Fuente: Tribuna Feminista

abril 05, 2026

Así en la letra como en la mano: la política del cuidado de Joan C. Tronto

Joan C. Tronto es, junto a Carol Gilligan o Sara Ruddick, una de las teóricas políticas feministas que más desarrolló y ayudó a asentar las bases políticas del cuidado desde la década de los ochenta. Iris Parra se ha encargado del prólogo así como de la traducción al catalán de su obra ‘Caring Democracy’, recientemente publicada en Rayo Verde también en versión en castellano.



Amaramara Pintada que apareció en el centro de Zaragoza el 8 de marzo de 2018.

Pensé millares de preguntas, pero ninguna parecía lo suficientemente interesante como para romper el hielo. Era 21 de noviembre. A media mañana salí de una hermosa casita con jardín en Ottawa, Canadá, donde estaba de estancia de investigación, y me dirigí al aeropuerto. El taxista me contó que él también volaba por Acción de Gracias, a Miami. ¿Tienes familia en Manhattan? No, lo cierto es que no. Voy a convivir cinco días con Joan C. Tronto. ¿Quién? Una de mis referentes intelectuales.

En realidad, ya había pasado mucho tiempo con ella, de un modo más bien fantasmático. Unos meses atrás había dedicado días y noches a la traducción de Caring Democracy al catalán, mientras Jean-François Silvente hacía otro tanto en español. Luego lo había aderezado con un prólogo breve. El libro salió a la venta este pasado febrero gracias a la confianza y el empeño de la editorial Rayo Verde y creo de verdad que va a rellenar un hueco incomprensible en el debate público.



Para quiénes no la conozcan, Tronto es una de las teóricas políticas feministas que más desarrolló y ayudó a asentar las bases políticas del cuidado desde la década de los ochenta. Sus libros y artículos han viajado por todo el mundo y han suscitado debate y nuevas líneas de pensamiento y posibilidad. Es, lo que podemos llamar, un peso pesado dentro de una disciplina minúscula que ha ido ganando terreno dentro y fuera de la universidad.

Y ahí estaba yo, saliendo de Penn Station en una tarde lluviosa, cargada con un vino dulce y galletitas para perro. Voy a ahorrarme la mezcla de goce, épica y abismo que sentían mis tripas; me remito al texto que publicó hace poco Belén Liedo (“Todas somos impostoras”). Iris, solo es una mujer cuyos abuelos emigraron de Italia para alejarse de la dictadura. En parte. Tronto también ha sido una pionera, y acaba de recibir el Benjamin E. Lippincot Award como reconocimiento a la carrera excepcional de un teórico político en vida. El mismo premio que habían recibido personajes como Hannah Arendt, Karl Popper, Simone de Beauvoir o John Rawls. Aquello era excepcional.

La primera sensación fue de cálida acogida. ¿Cómo he acabado yo aquí? Si tengo la tesis a medio hacer, si llevo el estigma mediterráneo. A los dos días solo podía definir la experiencia con una palabra: abrumadora. No solo me había invitado a su casa, sino que había preparado un pan casero, me contaba alegremente todo lo que hacía y le quedaba por hacer, fuimos al MoMA y respondió a mis preguntas con pasión. Soy más bien de dar y hacer que los demás se sientan cómodos; lo de recibir de forma constante y sin posibilidad de reciprocidad me desarma.

Tardé un rato en separar a la persona del ideal, lo cual es necesario. Y también asumí que yo, que andaba buscando confirmación a mis hipótesis de investigación y un poquito de ayuda de la auctoritas, iba a tener que defenderme sin ella, pues Tronto, en realidad, nunca había pensado en las cosas que yo le estaba contando ni había una verdad que ella hubiera alcanzado antes que yo y que ahora pudiera avalar mis intuiciones. Lo que sí descubrí es que se trata de una persona muy coherente, que vive conforme a sus teorías. Así en la letra como en la mano.

Los orígenes de la ética del cuidado

Lo que hoy en día conocemos como ética del cuidado es una corriente de pensamiento interdisciplinar cuyos orígenes se remontan a los años ochenta del siglo XX, momento en el que el feminismo de la segunda ola se bastó de las distintas corrientes teóricas existentes para pensar sus preguntas fundamentales y que tiene como punto nodal justamente eso: el cuidado.

La mayor parte de la literatura concede su nacimiento en la obra de Carol Gilligan In a different voice (1982). Gilligan era experta en psicología del desarrollo moral, es decir, en los estudios sobre como los humanos elaboramos nuestras reflexiones al enfrentarnos a dilemas morales, y criticó los modelos preexistentes de Lawrence Kohlberg al sostener que sus teorías sobre las etapas de desarrollo moral sufrían un sesgo de género.

Tras incluir sujetos femeninos en los estudios, concluyó que la diferencia en los resultados correspondía a una diferente comprensión del dilema moral según si la persona había sido socializada como hombre (lo que llamó ética de la justicia) o como mujer (lo que llamó ética del cuidado).

En el primer caso, el dilema moral se entendía como un choque entre dos derechos o principios universales en conflicto entre sujetos autónomos e independientes donde no quedaba claro cuál debía prevalecer. En contraposición, el segundo caso caracterizaba el dilema moral como un conflicto entre responsabilidades, por lo que su solución requería una forma de pensar contextual y narrativa, que entendiera y estudiara las relacionales en vez de centrarse en los derechos formales y los principios.

Otras estudiosas, sin embargo, consideran que esta corriente política es más bien deudora de la obra Maternal Thinking (1980), de la filósofa estadounidense Sara Ruddick. En esta obra, Ruddick describió la maternalidad como una práctica humana fundamental que se habría asociado históricamente con las mujeres y con otros grupos marginados pero que carecía de relación esencial con el sexo o la identidad de género. Además, apeló a la conciencia feminista para cuestionar las estructuras que devalúan las prácticas de cuidado hacia los demás e hizo un llamamiento a poner el cuidado en la esfera pública.

Guiadas, en parte, por esas lecturas, autoras como Tronto o la filósofa Virginia Held rechazaron una comprensión de la ética del cuidado como una ética femenina, o dedicada a analizar cuestiones que afectaban exclusivamente al comportamiento de las mujeres; al contrario, la ética del cuidado se entendía como un disruptor de los modelos sociales y políticos imperantes, que debían analizarse bajo las diferencias de género, clase social y raza.


La ética del cuidado se entendía como un disruptor de los modelos sociales y políticos imperantes, que debían analizarse bajo las diferencias de género, clase social y raza.

En Moral Boundaries (1993) Tronto desarrolló a fondo estas dos cuestiones: ¿Por qué hablamos de teorías morales si el objetivo es desarrollar una propuesta política? ¿Cómo se relacionan la moral y la política? La respuesta rápida es que la autora no entiende la moral como una serie de normas ideales a priori que se elaboran para guiar una forma de actuar en el mundo. Por el contrario, la filosofía moral está condicionada por y se desarrolla en un contexto social y político particular. Lo que le interesa saber es cómo se desarrollan las prácticas morales en el día a día.

Defender la existencia de una moralidad femenina esencial como hacían algunas pensadoras feministas de los ochenta es ignorar el contexto político de sus argumentos a cuenta y riesgo y limitar su potencial de cambio. Según Tronto, el discurso de la moralidad femenina quedará constantemente sepultado y desactivado porque hay una serie de fronteras establecidas que lo mantienen constantemente en la periferia. Con esta lectura sobre las posibilidades de éxito de la teoría feminista, Tronto realizó un amplio análisis de las causas que provocan la falta de impacto de los discursos feministas en la arena pública.

Veinte años después de Moral Boundaries, Tronto fue un paso más allá en el desarrollo de su propuesta eticopolítica feminista y publicó Caring Democracy (2013). En este libro, Tronto nos habla de una historia de dos déficits: el de cuidados y el democrático. Para ella, no pueden comprenderse el uno sin el otro: son dos caras de una misma moneda. Ello quiere decir que no solo debe democratizarse el cuidado (y lleva a cabo un lúcido análisis sobre la distribución de responsabilidades sociales de cuidado, y de los pases de privilegio adquiridos), sino también que la democracia misma está en riesgo si no se la cuida.

La economía ha secuestrado a la política, hasta el punto de que su única función parece ser permitir el libre desarrollo económico neoliberal. Entendido como ideología, el neoliberalismo hace presunciones problemáticas sobre el cuidado: da por hecho que el mercado es la institución más capaz de resolver los conflictos, asignar recursos y permitir que los individuos elijan. Además, define la libertad como la capacidad de elección de actores racionales entre una serie de opciones disponibles en el mercado, por lo que cualquier interferencia es tomada como una coacción a la libertad. Tronto nos lanza una contrapropuesta a esta cosmovisión y nos anima a actuar políticamente: “Conservo la esperanza en las posibilidades políticas que nacen de las visiones de unas sociedades más cuidadoras y más justas”.
¿La ética de los cuidados como utopía?

Con gran generosidad, me concedió más de dos horas de entrevista (que puede leerse aquí). De fondo, el olor de salsa de arándanos y la Macy’s Thnksgiving Parade televisada en todo el país; fuera, un hormigueo de personas cargando bandejas de aluminio al encuentro de sus familias. Cuando me atreví a preguntarle si consideraba que su propuesta sobre una política del cuidado podía entenderse en clave utópica su respuesta fue contundente:

“No es una utopía. Las utopías requieren empezar de cero, que vayamos a otro lugar para hacerlas posible. Nosotros no partimos de la nada, y la ética del cuidado no exige que así sea. Arreglamos el barco con los utensilios que llevamos a bordo […]. Lo que es utópico es la visión neoliberal de un mundo dirigido por el mercado: el llamado mercado libre solo apareció porque el estado creó las condiciones necesarias para que prosperara. Es una mentira, uno de esos mitos que sigue con vida”.

Sin embargo, su propuesta sí es normativa en el sentido que defiende que podríamos vivir en un mundo mejor si cuidáramos más. Como toda buena teoría política, Democracia y cuidado da una descripción del mundo, propone un análisis de por qué es así, ofrece una visión de cómo podría ser diferente y construye una estrategia para conseguirlo.

Tuvimos tiempo para hablar de la relación entre teoría y práctica, de cómo su experiencia en movimientos feministas había ayudado a dar forma a sus ideas. Tronto formó parte de la NOW (National Organization for Women), que defendía la igualdad entre hombres y mujeres, y que también se interesaba por cuestiones de raza, clase, movimientos por la paz, derechos de los colectivos LGTBIQ+ y un largo etcétera. Aunque hoy ve la organización con ojos críticos y la considera demasiado liberal, le permitió aprender a operar por consenso y no por mayoría.

Sin embargo, uno de los aspectos que más ocupó nuestra charla fue su implicación como profesora. En tanto que académica, dedicó gran parte de sus esfuerzos a enseñar a nuevas generaciones de estudiantes (la mayoría de ellos, los primeros de sus familias que iban a la universidad) a jugar con las ideas y a desarrollar la capacidad de reflexión. Para ella, este compromiso y responsabilidad hacia la docencia es una forma de trabajo político que no puede tomarse a la ligera. Como ciudadanos de una democracia necesitamos autoconocimiento, reflexión, capacidad de emitir juicios, y cada vez nos cuesta más adquirir estas habilidades. Es por ello que siempre dice escribir no solo para una élite intelectual sino para el ciudadano de a pie.

Dimos un buen repaso a su trayectoria personal y dedicamos una sección a debatir elementos particulares de sus obras que no quedaban claros o que no había desarrollado en profundidad. Para los que vivimos lejos del contexto político estadounidense, fue interesante escuchar que ambos libros habían sido escritos en un contexto de recesión y de afianzamiento de las fuerzas conservadoras y una oposición contundente al feminismo y al antirracismo. Como ahora.


Tronto nos habla de una historia de dos déficits: el de cuidados y el democrático

Finalmente, abordé una cuestión que llevaba días rondando mi mente. ¿Existe realmente una mayor coherencia entre el pensar y el actuar en las personas que se dedican a la ética del cuidado o que simpatizan con esta teoría? La corta pero rica experiencia empírica me decía que sí. Parece existir un conocimiento adquirido que te permite estar atento no solo a temas sobre injusticia y desigualdad, sino también a cuestionar las formas, a probar de llevarlas a cabo de otro modo, más amable. ¿Podía ser que se estuviera encarnando la famosa expresión “sé el cambio que quieres ver en el mundo”?

Según Tronto, desarrollar y defender esta visión alternativa de estructuración social no otorga una mayor responsabilidad personal de llevarla a cabo que al resto de los mortales. Sin embargo, muchas veces aquellos que llegan a la ética del cuidado lo hacen por sus propias vivencias, y suelen tener un mayor compromiso por trabajar en colectivo, compartir con los demás y actuar con decencia.

Cuando desarrollas la capacidad de atención, ves más cosas. El cuidado es una práctica que hay que entrenar:

“Aunque pensemos que el cuidado es natural, no lo es. Hemos aprendido a darlo y a cómo mejorar la forma en que lo practicamos. Y una forma de mejorar es ser entrenado para ver las cosas de otro modo. Pese al principio económico de escasez, la verdad es que podríamos hacer que todo el mundo estuviera bien cuidado, algo que por ahora no hemos pensado mucho”.

Quizás todavía no podamos imaginar cómo sería aplicar la dimensión relacional a todas las dimensiones de la estructuración sociopolítica ―“en los encabalgamientos concretos con otros Hombres”, que decía Francesc Tosquelles― y el empuje para seguir defendiendo modos de vida más amables se nos esté resintiendo. Quizás pensábamos que derecho adquirido derecho garantizado y nunca más luchado.

Para sentir el calorcito de la esperanza, quiero cerrar con unas últimas palabras de la autora: “siempre me he centrado en cómo mejorar las cosas cuando hay problemas en vez de decir: aquí está el ideal, vamos a por ello”. La ética del cuidado no es ninguna panacea, su aplicabilidad universal a la diversidad de contextos socioculturales es dudosa cuando no imposible. Su conceptualización incluye el particularismo, el contexto, la necesidad de atender a soluciones adecuadas según los recursos y los retos que se tengan por delante. Por ello, Tronto asume las posibles críticas a su visión e invita a todas las voces a sentarse en una mesa y decidir para dónde vamos si queremos vivir de la mejor forma posible.

Investigadora, enfermera y poeta
Fuente: El Salto.

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in