junio 09, 2026

Mujeres afganas completan sus estudios de medicina, pero se les impide ejercer

La autora es una periodista afgana, formada con apoyo finlandés antes de la toma del poder por los talibanes. IPS mantiene su identidad anónima por razones de seguridad.

Entrada a un hospital en Kabul. En Afganistán se enfrenta una grave escasez de personal médico, porque las mujeres graduadas en medicina no pueden presentarse al examen indispensable para ejercer la profesión. Imagen: Learning Together

Afganistán se enfrenta a una grave escasez de médicos, pero aun así el régimen islamista del país ha impuesto restricciones a las estudiantes para que no puedan graduarse, lo que agrava aún más la la crisis. Para peor, a las licenciadas en medicina se les prohíbe presentarse a los exámenes que les otorgan la titulación profesional necesaria para ejercer como médicas.

La joven Nilab (nombre ficticio para proteger su identidad) se licenció en Medicina hace tres años en la Universidad Al-Birun, en la oriental provincia de Parwan. No ha podido ejercer su profesión porque los talibanes han prohibido a las mujeres presentarse al examen final de Medicina.

Ese examen final es una prueba destinada a evaluar la competencia de los licenciados en Medicina. Se realiza tras siete años de estudios. Una vez superado el examen, se concede al licenciado la licencia para ejercer la medicina. Quienes han obtenido la licencia también pueden solicitar formación de especialización en hospitales universitarios.

«Si un médico no aprueba el examen final obligatorio, la situación es la misma que si fuera un estudiante que acaba de terminar el instituto. Al solicitar un puesto de trabajo en cualquier centro de salud, la primera pregunta es: ‘¿Ha realizado el examen final?’. Sin él, no se puede trabajar en ningún hospital, ni siquiera como enfermera», afirma Nilab.

El examen final se celebró por última vez para las mujeres en 2021, el año que en agosto retornaron al poder los talibanes, tras haber gobernado el país entre 1996 y 2001. Desde entonces, solo se ha permitido a los hombres presentarse al examen.

Esa situación está agravando la ya grave escasez de médicos en Afganistán

«Estudié durante 19 años. De ese tiempo, viví en una residencia en otra provincia durante siete años, lejos de mi familia. Fue una época difícil. En la etapa final, un solo examen, el examen final, ha frenado todo mi progreso. Ahora me han arrebatado mi futuro», detalla apesadumbrada Nilab.

Ella vive con su madre en Kabul, y su familia tiene siete hermanos: cuatro chicas y tres chicos.

Dos de sus hermanas y dos de sus hermanos también se han graduado en la universidad, pero su futuro es incierto.

Su hermana menor obtuvo una de las puntuaciones más altas en el examen nacional de acceso a la universidad y fue admitida para estudiar medicina, pero no pudo completar sus estudios. Otro de los hermanos de Nilab se graduó en literatura rusa, pero está desempleado.

Los únicos ingresos de la familia provienen de su madre y de una de sus hermanas, otra médica llamada Khalida (otro nombre ficticio), que trabajan como profesoras de niñas de primaria en una escuela pública. Con sus escasos salarios, soportan la carga económica de toda la familia.

Nilab ha intentado ganarse la vida por otros medios. Hasta hace poco, a las mujeres se les permitía estudiar en escuelas técnicas de salud no universitarias.

«A pesar de todas las dificultades, trabajé como profesora en una escuela de salud de dos años. Sin embargo, en enero de 2025, también perdí esa oportunidad cuando los talibanes cerraron las escuelas de técnicas de medicina», dice Nilab.

Los años de educación desperdiciados le han causado una pesada carga psicológica, estrés y ansiedad.

«Hemos visto cómo muchas mujeres jóvenes se han quitado la vida en los últimos años. La confianza de las jóvenes en el gobierno, la justicia y los derechos humanos se ha desplomado hasta llegar a cero. Cuando se silencian las voces de las mujeres y estas permanecen encerradas dentro de nosotras, se convierte en un dolor insoportable. El dolor nos desgasta, se convierte en una herida que no cicatriza», describe.

La decisión de los talibanes ha afectado a todas las estudiantes femeninas de último curso de medicina que completaron sus estudios en 2022 y años posteriores. Ahora hay escasez de mujeres en medicina interna, odontología, cirugía, cardiología e incluso obstetricia y ginecología.

Khalida, la hermana de Nilab, tuvo la suerte de graduarse en una universidad privada de medicina de Kabul en 2022, cuando las restricciones talibanes para las mujeres aún estaban en proceso de consolidación.

Una calle de Kabul, donde como en otras partes de Afganistán las restricciones a la educación y el empleo de las mujeres están agravando la crisis sanitaria. Imagen: Learning Together

«Nuestras vidas han quedado completamente destrozadas al no poder presentarnos al examen final. El futuro con el que una vez soñamos se ha esfumado. Trabajamos duro para este futuro, lo que incluyó 12 años de colegio, un año de preparación para el examen de acceso a la universidad y siete años en la universidad, pero todo ese esfuerzo se ha perdido ahora», indica Khalida.

Tras graduarse, Khalida trabajó durante un tiempo en varios hospitales privados sin cobrar para adquirir experiencia en el campo. Al mismo tiempo, se especializó en ecografías. Sin embargo, no se organizó el examen final ni el examen necesario para la especialización, y finalmente se vio obligada a quedarse en casa.

A veces, las médicas se ven obligadas a realizar trabajos que no se ajustan a su formación y que están muy mal remunerados.

«También trabajé durante un tiempo en un hospital distribuyendo suplementos nutricionales a pacientes desnutridos. Sin embargo, este es un trabajo que puede hacer incluso alguien con estudios de secundaria. Somos médicas que hemos estudiado medicina durante siete años, y deberíamos atender a las mujeres en los ámbitos relacionados con nuestra profesión», cuenta.

Khalida está estudiando inglés fuera de la universidad, con la esperanza de aprobar el examen nacional de dominio del inglés para poder obtener una beca y continuar sus estudios en el extranjero.

Como su hermana, lamenta que 19 años de estudios en Afganistán no le han permitido aliviar el sufrimiento de los demás ni el suyo propio. Sigue dependiendo del apoyo económico de su familia. Sin él, teme verse obligada a permanecer entre las cuatro paredes de su casa.

Como consecuencia de las numerosas restricciones impuestas por los talibanes a las mujeres, muchas han perdido interés en sus propias vidas. Algunas han perdido la fe en el matrimonio, mientras que otras se han visto obligadas a casarse.

«Soy soltera y no tengo ningún deseo de casarme en Afganistán en las circunstancias actuales. No quiero permitir que la sociedad tenga una nueva generación que sea aún más infeliz que la mía», afirma Khalida.

Los expertos de las Naciones Unidas han advertido de que las restricciones a la educación y el empleo de las mujeres en Afganistán están agravando la crisis sanitaria del país, sobre todo al reducir el número de médicas y otras profesionales sanitarias que podrían tratar a las mujeres.

«Las médicas no podemos atender a las mujeres de nuestra sociedad a pesar de nuestros años de formación. En cambio, nos hemos convertido en una carga para nuestras familias. No hay nada más difícil para una mujer con estudios que esto. Sufrimos simplemente por ser mujeres que vivimos bajo el régimen talibán», lamenta Khalida.

junio 08, 2026

Estado, cuidados y el papel social de la escuela

Más allá de la enseñanza, las escuelas permiten a las familias conciliar trabajo, crianza y autocuidado, una función que aún carece de reconocimiento pleno y distribución equitativa.



En días pasados, padres y madres de familia fuimos sorprendidas por un anuncio oficial de la SEP en el que se comunicaba el cierre anticipado del ciclo escolar 2026. Se informó que este se adelantaría más de un mes – del 15 de julio al 5 de junio– debido al caos que se anticipa en las ciudades sedes del mundial (Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México) y a la dificultad de los traslados. Asimismo, se buscó justificar dicho cierre al aludir a que muchos días de finales de curso se dedican a labores administrativas y no a actividades propias de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Aunque la medida fue revertida a raíz de la manifestación de un muy generalizado descontento, vale la pena reflexionar sobre el importante papel que tiene la escuela, además del propiamente educativo, como lugar que coadyuva en la provisión de cuidados indispensables para el sostenimiento de la vida y de la conciliación de las múltiples y diversas actividades que las familias realizan cotidianamente y con las que se contribuyen, directa e indirectamente, al crecimiento económico y a la reproducción social.

La reciente Opinión Consultiva OC-31/25 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoce que gran parte del trabajo de cuidados pagado se realiza “(…) en guarderías, escuelas, centros médicos, centros de cuidado de personas ancianas, o al interior de los hogares, tanto de manera profesionalizada como no profesionalizada” (CIDH, 2025: 9).

Es decir, la escuela sí forma parte del entramado de provisión de cuidados, aunque los provea de manera informal y sin el reconocimiento expreso de dicha función en su misión oficial. Hay que recordar que el surgimiento de las guarderías públicas tuvo lugar, a gran escala y de manera reglamentada en las leyes del ISSSTE y del IMSS, en los años sesenta y setenta del siglo XX, como parte de una política que buscaba insertar a más mujeres en el mundo laboral (Valderrama 2017). Actualmente, las escuelas también cumplen la misma función que originalmente se atribuía a las guarderías; el modelo de escuelas de tiempo completo de 2007 buscaba otorgar más tiempo a las familias.

Por tanto, desde el siglo pasado se ha reconocido la existencia de una correlación importante entre la inserción laboral de las mujeres, el logro de altos niveles de escolarización y la disponibilidad de tiempo para dedicarse a labores productivas y educativas. Las guarderías y las escuelas son esos espacios en los que las familias podemos delegar a las infancias por algunas horas al día para disponer de ese tiempo que, de otra manera, no tendríamos a nuestra disposición o a costos muy elevados. En dicha medida, el papel de la escuela –pública y privada– consiste en reconocerle un triple propósito: en primer lugar, el de generar conocimientos, habilidades y destrezas en las infancias; en segundo lugar, el de contribuir a la ciudadanización y al pensamiento crítico de las personas; y, en tercer lugar, el de descargar a las familias del trabajo reproductivo para que también puedan dedicarse a labores productivas.

Además, la CIDH, en la misma opinión consultiva, reconoce como derecho independiente el autocuidado, lo que implica que también es exigible, desde el punto de vista de los derechos sociales, el goce de tiempo para el descanso, el ocio y las actividades de esparcimiento. Antes se pensaba que el autocuidado era casi un lujo de mujeres privilegiadas; ahora se asume como un derecho independientemente de la clase social, del tipo de actividad remunerada y de la zona de residencia.

Por ello, la escuela también contribuye a que las familias gocen de más tiempo para dedicar al ocio, al menos en periodos vacacionales, ya sea para la madre o el padre de familia y a concebir el autocuidado como un derecho general, para cuyo ejercicio es necesario disponer de tiempo de calidad. La investigadora Brígida García Guzmán ha identificado la persistencia, en el caso mexicano, de la pobreza de tiempo en las familias y entre las mujeres mexicanas (García Guzmán 2019). Claramente, la escuela no resuelve la falta de tiempo de la que usualmente carecemos; sin embargo, puede contribuir a ofrecer un piso mínimo de disposición del que todas nos beneficiemos en alguna medida.

La tendencia que ha marcado la CIDH en cómo concebir el derecho a recibir y ofrecer cuidados y al autocuidado, exige entender el sistema de provisión de cuidados de una manera más amplia, interdependiente entre varias esferas –Estado, comunidad, familias y sector privado– y menos restringida a los espacios formalizados para dichos fines, como en el caso de las familias nucleares o los servicios de asistencia contratados.

Hay que reconocer que la escuela sí es un espacio de provisión de cuidados, no estrictamente educativo, y que contribuye de manera importante a la conciliación de las diversas dinámicas que ocurren en las familias, gracias a lo cual podemos avanzar hacia la garantía de más y mejor cuidado y autocuidado para todas y todos.

Fuente: La Cadera de Eva

Referencias:

Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2025). El contenido y el alcance del derecho al cuidado y su interrelación con otros derechos (Resumen oficial). 


García Guzmán Brígida (2017). “El trabajo doméstico y de cuidado: su importancia y principales hallazgos en el caso mexicano”. Estudios Demográficos y Urbanos. Vol. 34, núm. 2 (101), mayo – agosto, 2019, pp. 237 – 267.

Valderrama, Gamaliel. “Cuando se convencía a las mamás de llevar a sus hijos a guarderías”. El Universal (11/08/2017). Descargado de: https://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/colaboracion/mochilazo-en-el-tiempo/nacion/sociedad/2017/08/12/cuando-se/

junio 07, 2026

La distribución del tiempo: el próximo reto de la igualdad


En la última semana se han puesto sobre la mesa tres conflictos sociales aparentemente distintos que, en realidad, comparten un disparador común: la distribución del tiempo. En Baleares, el Govern ha destinado ayudas económicas y de horas para facilitar la conciliación familiar dentro las empresas. En Galicia las familias se ha quejado del desgaste emocional que suponen los cuidados y cómo el envejecimiento de la población convierte a los cuidados en una cuestión pública y, en La Rioja, las trabajadoras de las residencias han denunciado la falta de personal y la dificultad para garantizar su descanso. Las tres noticias rebelan un mismo problema: la carga de tiempo recae sobre determinadas personas, mayoritariamente mujeres, que están asumiendo un trabajo extra donde el sistema no llega.

La mayoría de las políticas de igualdad se han centrado hasta ahora en dos grandes objetivos: garantizar los derechos y reducir las diferencias económicas. La brecha salarial, por ejemplo, refleja la desigualdad entre hombres y mujeres a la hora de tener las mismas oportunidades laborales, ser promocionadas o acceder a puestos directivos, pero no repara en la otra cara de la misma moneda: la desigualdad en el acceso al tiempo.

No todas las personas disfrutamos de las mismas horas para formarnos, descansar, participar en la cultura y la política, hacer deporte, desarrollar proyectos personales o simplemente tener ocio. Y esa desigualdad tiene un fuerte componente de género, ya que los cuidados recaen más sobre las mujeres. Según datos citados en El Parlamento, las mujeres dedican 17 horas semanales más que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, lo que equivale a dos jornadas laborales, o de formación o de ocio.

En España, un estudio realizado por EAE Business School a finales de 2025 afirmaba que el 70,2% de las excedencias por cuidados las solicitan mujeres, el 16,5% de las mujeres trabaja a tiempo parcial debido a responsabilidades familiares, frente al 3,4% de los hombres y el 47% de las mujeres declara que la maternidad ha afectado a su carrera profesional, frente al 8% de los hombres.

Políticas de igualdad orientadas a redistribuir el tiempo

Observando esta variable, que está íntimamente ligada a la desigualdad económica y a la falta efectiva de derechos, las administraciones publicas podrían poner en marcha estrategias para medir y combatir la pobreza de tiempo. No planteándolas como ayudas puntuales a las personas que asumen una carga extra de cuidados, sino planteándolas como un reto público necesario para lograr la igualdad y el bienestar de toda la sociedad. Para ello sería necesario estudiar y medir esas diferencias de gestión del tiempo entre hombres y mujeres y situar los cuidados en un lugar central.

También sería conveniente proponer medidas concretas que puedan liberar a las mujeres de asumir esas cargas. Ampliando, por ejemplo, el acceso a escuelas infantiles de 0 a 3 años. Ofreciendo más servicios públicos de cuidados para mayores y personas dependientes y otorgando más incentivos para los permisos de paternidad.

Poder disponer con libertad de nuestro tiempo, al igual que nuestros compañeros, también es necesario para lograr la igualdad real.

Fuente: Artículo14

junio 06, 2026

Laura Vivar: “El luto era un sistema de control sobre el cuerpo de las mujeres”

Laura Vivar (Guadalajara, 1986) es filóloga pero ha roto todas las reglas lingüísticas para recrear el lenguaje de las mujeres durante la posguerra en el libro 'Tocan a muerto' (Blatt & Ríos, 2026).

Laura Vivar, autora de 'Tocan a muerto'

Lo primero que hizo Laura Vivar (Guadalajara, 1986), filóloga especializada en sintaxis latina, para escribir Tocan a Muerto (Blatt & Ríos, 2026) es romper con todas las reglas gramaticales. Tras deshacerse de todos sus haberes académicos y enfundada en la rotunda oralidad, ese paisaje sonoro de los pueblos de España, escribe su primera novela con la que relata lo que era un luto, lo que era criar a decenas de criaturas o lo que era guardarse de las miradas por roja durante la posguerra en cualquier rincón del rural.

Y lo hace a bocajarro y en primera persona para lo que construye un personaje, la abuela Milagros. La escritora, con una elegida posición críptica que atrapa y sacude a la vez, suprime muchos detalles: el objetivo no es situar geográficamente lo que acontece, sino hacer un relato universal de los crímenes del franquismo contra las mujeres. Porque en muchas partes de este país fueron señaladas, torturadas, violadas. Sacaron adelante sus hogares solas, con maridos desaparecidos en cunetas, y luchando contra las acusaciones por las actividades políticas de su pareja.

Vivar dedica su libro “A todas las mujeres que no supieron escribir su nombre” porque tiene claro que para que las jóvenes de hoy hayan podido llegar a la universidad son esenciales los cimientos de toda una generación de abuelas que tragaron lágrimas mientras rebuscaban como llenar las ollas con algo de alimento.

La autora atiende a El Salto para comentar la obra, hasta el capítulo 16, al cuál aún no ha llegado la periodista y Vivar prefiere no hacer spoiler. Y menos mal, porque el final del libro es el lugar hasta donde se quería llegar en ese viaje que a ratos parece que no tiene destino, tal y como descubrirá la que escribe unas horas después. 

Laura, en primer lugar, estamos ante un libro narrado en primera persona, pero al mismo tiempo muy críptico. No sabemos bien quién está hablando ni desde dónde está hablando. ¿Por qué eliges este formato? 

Porque soy fiel creyente de que las historias pertenecen a los personajes. Y en este caso, esta historia la tenía que contar la abuela Milagros, una de esas mujeres que nunca han tenido voz. El reto fue darle su propia voz a este personaje tan difícil de crear, porque es un personaje que está lleno de silencios. 

¿Es un personaje que existe? 

No, no es un personaje que existe, es ficción muy documentada. No es mi abuela, no es mi tía abuela, no es autoficción.

Pero está construido a través de retazos personales. Entiendo.

Hay retazos personales. Hay entrevistas con mi abuela, con amigas de mi abuela, con la abuela de mi prima, la de mis amigas. Y mucho proceso de documentación.

Hay una cosa que también me llama la atención y es que no has querido darle importancia al lugar donde suceden estos hechos. ¿Por qué? 

Porque creo que la situación de estas mujeres en la posguerra era universal dentro de España. Daba igual que estuvieras en el sur, en el norte, a la izquierda o a la derecha en el mapa. La situación de las mujeres era bastante parecida en bastantes lugares y haberle dado una localización suponía algo así como menospreciar la situación de todas las mujeres en general. 

Es un relato en primera persona que aparentemente es un relato crudo, sin muchas capas, pero al mismo tiempo dices que has estado documentándote para crearlo. ¿Cuánto tiempo has invertido en esto y qué has hecho para ello?

Te puedo decir que, tranquilamente, he estado documentándome seis- siete meses y no ha sido una documentación exhaustiva con una hoja de ruta, sino que a partir de la creación del personaje y de la creación de la trama, poquito a poco iba necesitando documentarme sobre ciertas cosas, sobre el proceso de duelo en los pueblos, las supersticiones, los lutos y el tema central del libro que son los crímenes franquistas. A medida que iba avanzando la trama, iba creciendo la voz. A medida que la voz me iba pidiendo, yo iba documentándome. Ha sido muy errático. 

Para ello he tirado de las entrevistas que he podido y hasta donde me han querido contar, que no ha sido mucho. He tirado también de los poquitos libros que hay sobre el tema e incluso de autos judiciales. Para el capítulo cuatro, que es una, intenté recurrir todo lo posible a las cartas escritas en los pueblos en esta fase de la posguerra tan cruda. Y me encontré con una maravilla de libro en el que se transcribieron unas cartas que se encontraron en una saca en un consultorio médico. Y bueno, pues cada capítulo ha tenido lo suyo. No ha sido fácil.

LA HISTORIA DE ESTAS MUJERES NO ESTÁ ESCRITA PORQUE NO HAY NI CIFRAS OFICIALES DE ABSOLUTAMENTE NADA. LO ÚNICO QUE TENEMOS ES EL LEGADO ORAL. Y CREO QUE ES URGENTE DEJAR POR ESCRITO SU LEGADO ORAL.

Estás escribiendo una historia que no está escrita. ¿Qué herramientas tenemos para contar la historia de las mujeres? ¿En qué nos tenemos que apoyar? 

La historia de estas mujeres no está escrita porque no hay ni cifras oficiales de absolutamente nada. Lo único que tenemos es el legado oral. Y creo que es urgente dejar por escrito su legado oral. Entrevistarlas, grabarlas a las que van quedando, que no son muchas, y que nos vayan contando. Que hablen, que cuenten, que sanen y que sean capaces de cerrar heridas o contar su propia historia con sus propias palabras antes de que ellas no estén. Y que no lo cuente nadie que no sea ellas. 

¿Tú defiendes que el relato oral es una herramienta objetiva para los historiadores y las historiadoras?

Tanto como objetiva, no lo sé porque no soy historiadora y a tanto no llego. Pero sí que como lingüista te puedo decir que no hay mejor forma de dejar por escrito tu historia cuando no tienes otra herramienta, que tu propia oralidad, tu propio vocabulario. La forma en la que te expresas moldea la realidad en la que vives y moldea tu pasado. El primer relato con el que estuve trabajando fue el de mi abuela. Su realidad se expresa a través de su idioma, de su forma de utilizar el lenguaje. No creo que haya otra forma de llegar a ella porque no hay datos, no hay nada escrito.

Utilizas un lenguaje rescatado del baúl de las abuelas. ¿No estuviste tentada a poner acotaciones, comentarios sobre cada una de esas palabras que no conocemos?

Yo no, pero sí que me encontré con un corrector que quiso ponerme comillas, anotaciones… y dije que no, porque cuando yo he hablado con estas mujeres no he necesitado esas comillas, no necesitaba esas acotaciones. No hace falta que hagamos el proceso intelectual de pasar por el filtro del siglo XXI la forma que ellas tienen de hablar para entenderlas. El esfuerzo lo tenemos que hacer nosotros por llegar a su realidad. Yo me negué absolutamente, iba a luchar con todas las armas posibles por defender que el texto tenía que estar escrito así. 

EL PROCESO REAL HA SIDO ELIMINARME DEL TEXTO Y CUANDO ME HE DADO CUENTA DE QUE ESTABA UTILIZANDO PALABRAS QUE ERAN MÍAS QUITARME, TRADUCIRME.

A veces se intenta forzar la adaptación de su oralidad a nuestro lenguaje y queda realmente impostado. 

Claro. El proceso interesante ha sido eliminar mi voz de mujer universitaria del siglo XXI y filóloga. El proceso real ha sido eliminarme del texto y cuando me he dado cuenta de que estaba utilizando palabras que eran mías quitarme, traducirme. Y cada vez que veía algo así como “la escuchó llegar”, cambiarlo por “la sintió llegar”, quitar incluso las preposiciones. Ha sido un proceso muy bonito de escritura en ese sentido. 

CUANDO EN ALGUNA OTRA ENTREVISTA ME HAN PREGUNTADO CUÁLES HAN SIDO MIS REFERENTES LITERARIOS, DIGO: LA VIDA DE MI ABUELA. ¿DE QUÉ ME SIRVEN A MÍ TODAS LAS NOVELAS DE GALDÓS PARA ESCRIBIR ESTO?

Es como un proceso de deconstrucción de las normas

Olvídate de la gramática, de si va coma o no va coma aquí. De todas las lecturas posibles. Olvídate de los Galdós, los Clarines, los Cortázar, no te sirven para nada para escribir este libro. Cuando en alguna otra entrevista me han preguntado cuáles han sido mis referentes literarios, digo: la vida de mi abuela. ¿De qué me sirven a mí todas las novelas de Galdós para escribir esto?

Hace poco entrevistaba a Esther López Barceló, junto con otras dos investigadoras, Marta García Carbonell y María Palau, que han hecho un libro sobre el Patronato de Protección a la Mujer, Inmaculada (Libros del KO, 2026). Recrean uno de los casos que hubo dentro del Patronato. Y me decía que es muy interesante ver cómo hay una generación de mujeres que cuando pensamos en escribir lo primero que nos viene a la cabeza es escribir sobre nuestras abuelas. Y no sé si estás dentro de esa generación. 

En este caso en concreto, te puedo decir que sí, porque para mí era urgente y surge de una especie de conversación conmigo misma. Tengo muchos choques con la generación de mi abuela por la forma de entender el papel de la mujer en la sociedad. Pero si las dos somos mujeres, aunque en épocas tan diferentes, ¿que hay en común?. Y ahí fue cuando empecé a gestar a la abuela Milagros en esta conversación conmigo misma. 

Me preguntaba de dónde salían ciertas cosas mías, y cuando me puse vi que todo salía del mismo sitio, como por ejemplo la obsesión por la limpieza. Viene alguien a mi casa y lo primero que hago es mirar si el baño está limpio. De repente, te das cuenta de que mi madre ha servido, mi abuela ha servido y claro, pues eso deja un poso de herencia que aunque yo ya no haya servido, eso está. 

En cuanto a los temas que abordas, me ha sorprendido la figura de la curandera. Digamos que en torno a ella se hace una especie de proto feminismo. Las mujeres del pueblo acuden a ella y a las hierbas naturales para sanarse y para abordar otros temas como el aborto, por ejemplo. ¿Esto está documentado?
Este tema siempre ha sido espinoso, porque incluso cuando he hablado con estas mujeres de este tema no quieren decir nada. De hecho, son cosas que dan reparo.

Siempre había una curandera, porque la medicina oficial en ese momento llegaba hasta donde llegaba, y más si eres mujer y estás embarazada del quinto hijo.


La medicina oficial no les daba ningún tipo de importancia y además eran pobres y además eran mujeres. La curandera estaba a la orden del día, era su única salida. Ellas eran sus propias doctoras. Y documentarme para todo esto también ha sido complicado, porque el aborto en la posguerra no es algo que esté por escrito. Entonces me ha tocado tirar de mucho manual de etnología para ver qué remedios hacían con ciertas plantas. Y de repente aparece el perejil como planta abortiva. Pero esto no se dice aunque esto ha ocurrido siempre. Había embarazos no deseados, especialmente fruto de violaciones en la posguerra.

También se habla de temas como la violencia machista. De hecho, hay un capítulo dedicado a ello y supongo que ahí también habrás llegado a través de fuentes indirectas, porque de eso tampoco se hablaba. 
Eran cosas que pasaban en la cocina de tu casa y ya está. Para esto me he leído muchos procesos judiciales de la época que me han dejado tiritando. Todos se basaban en: “Esto lo arregla tu marido en tu casa y se acabó”. Hay un libro maravilloso sobre el consultorio de Elena Francis (Las cartas de Elena Francis, Ediciones Cátedra) hecho con un montón de cartas que aparecieron que habían mandado al consultorio y que no habían tenido respuesta. Y a partir de estas cartas también se reconstruye todo el tema de la violencia de género y las contestaciones que el consultorio de Elena Francis les daba: “A callar y a aguantar con tu cruz”.

Otra de las cosas que dices en el libro sobre la violencia de género, es que es un tema que era transversal e independiente a toda ideología. 

Estas son cosas que me las han contado amigas siempre, tercera generación o segunda generación, nunca directamente ellas. Me decían “a mi abuela la zurraba mi abuelo, que era comunista". Las zurras las daban, independientemente del signo político. Tú eras mujer y esa era la ideología que te había tocado. 

Hay una idea que atraviesa el libro, la idea de la desigualdad de género que se inicia con el título: Cuando las campanas tocaban a muerto lo hacían de manera diferente en función de si eras hombre o mujer.
En el libro se muestra el luto como sistema de control absoluto sobre el cuerpo de las mujeres. En esa época estaba todo perfectamente reglamentado y las víctimas vigilaban a las víctimas. Es decir, empezaban con el luto desde muy temprana edad, que era una forma absoluta de controlar su físico y su relación con el resto de personas, e iban empalmando lutos, en una época que está atravesada por la pérdida humana, especialmente en los pueblos. Si eres pobre, el luto no te lo va a quitar nadie. Vas a tener a las vecinas, que te echan una mano, que son también las que te vigilan para que no andes silbando, para que no bajes a la romería, para que no te levantes en el evangelio durante la misa. Esto es un sistema de control entre las víctimas. 

¿Y también las campanas redoblan diferente, no? Tres campanadas para hombre, dos para mujer. 

Ellos tenían su idioma perfectamente establecido y sabían cuándo había muerto una mujer y cuándo había muerto un hombre. Y de hecho, los hombres para el luto llevaban solo una banda negra en el brazo. Eso es todo. 

Laura, ¿le has enseñado el libro tu abuela?

No quiere saber mucho. No le ha hecho mucha gracia. Obviamente no lo ha leído. 

CUANDO SE HABLA DE LA GUERRA EN LA FAMILIA, SIEMPRE SON LAS BATALLITAS DEL ABUELO, PERO NUNCA SON LAS BATALLITAS DE LA ABUELA, DE LO QUE HA TENIDO QUE PASAR.

Hay una cosa que ha sobrevolado durante décadas a esta sociedad: el miedo, el miedo con el que muchas siguen cargando. No sé si es el caso de tu abuela, no sé si te costó que abriera sus recuerdos por ese miedo. 
Mi abuela no ha abierto recuerdos, ni ella ni ninguna con las que he hablado. Te van a contar la parte bonita, pero hay una parte que no.

Yo nací en el 86. He tenido que acceder a la guerra civil por el relato oficial a través de libros de texto, a través de documentales. Y cuando se habla de la guerra en la familia, siempre son las batallitas del abuelo, pero nunca son las batallitas de la abuela, de lo que ha tenido que pasar. 

Hablo con mi abuela y me doy cuenta de que todo lo bonito me lo cuenta, pero que llega un momento en el que te cambia de tema con una frialdad…. y se ha acabado el tema de conversación. Entonces es muy difícil ahondar en todo esto, porque llega un momento en que cuanto llegan las miserias se acaba la conversación. Hay una parte de la dignidad del perdedor, que creo que es algo que he intentado que atravesara todos los relatos, el “somos pobres, pero no somos miserables, somos dignos” o el “hemos perdido la guerra pero seguimos yendo a misa con la camisa limpia”.

Estamos hablando de pueblos donde se comparten muchos espacios públicos, tanto los que han perdido como los que han ganado. Y eso deja marca. 

¿Cuando vamos a empezar a aceptar que las mujeres también fueron víctimas de la guerra civil y del franquismo?

Cuando les demos su espacio para hablar de ello. No hay relato oficial, no hay víctimas oficiales, no participaron abiertamente en las batallas. Pero me pregunto si esto es algo también transversal al resto de guerras. Si cuando se han ido todos los hombres al frente en una Primera Guerra Mundial, en otra guerra, en cualquier otro país, se ha silenciado a las que se han quedado levantando el día a día, poniendo los platos en la mesa y lavando las sábanas en lugar de caer en depresión, porque no podían caer en depresión. Si esas mujeres caen en depresión, no se sostiene ni el conflicto. 

Son ellas las que se quedan en la retaguardia y son ellas por las que el día a día, por muy miserable que sea, sigue funcionando. Porque cuando falta el marido, son ellas las que se van a labrar, son ellas las que se encargan de cuidar a los niños y sacar la casa adelante. Siempre van a ser ellas. 

Y además sufren represalias ni siquiera por su actividad política, sino por la actividad política de su pareja. 
Aquí llega el capítulo 16, que no quiero comentarlo porque te voy a reventar el libro.

El libro está construido para llegar al capítulo 16. A algunas las acusaban de rojas y de estar en política pero ¿de qué iban a hablar estas mujeres de política si ni siquiera habían podido ir a la escuela? 

Este es otro tema. El tema de la educación. No podían acceder a una conciencia de género porque no tenían las herramientas culturales para llegar a ello. No podían ponerle nombre a las cosas. Si no eres dueña de tu propio lenguaje, no eres capaz de tener un mínimo de cultura, no puedes llegar a entender el conflicto que estás viviendo como mujer. 

LAS LECTORAS ME HAN DICHO QUE GRACIAS A MI LIBRO HAN EMPEZADO A HABLAR CON SUS ABUELA. ESTO ME PARECE PRECIOSÍSIMO

Para finalizar, cuando se estrena un libro que en el fondo toca algo de lo personal, te enfrentas a un poco de inquietud. ¿Tienes miedo a algo?

Al principio, cuando saqué el libro, pensaba que estaba hablando de revisionismo histórico, estaba hablando del feminismo en la posguerra y tenía un poco la sensación de que era un tema muy manido. Dije bueno, aquí lo primero que va a haber va a ser rechazo por el tema, porque hemos hablado mucho de la guerra civil. Pero cuando me pongo a escarbar resulta que del papel de la mujer en la posguerra apenas se ha hablado.

Y me he sorprendido por la recepción. En la cubierta hay una foto de mi familia, que es arquetipo de otras y me he encontrado con muchísima empatía por la historia. Mi libro es un acelerador de conversaciones. En todas las presentaciones que he hecho o por redes sociales, he recibido un alud de mensajes sobre las historias de cada familia. 

Las lectoras me han dicho que gracias a mi libro han empezado a hablar con sus abuela. Esto me parece preciosísimo. Lo que yo más temía en un principio se ha convertido en la parte más bonita de todo esto, que es recibir las historias de la gente.

Fuente: El Salto

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in