agosto 21, 2026

Las imágenes en Internet amplifican los sesgos de género

Cada vez dedicamos menos tiempo a leer y más tiempo a mirar imágenes. Buscamos información en Google, navegamos por Instagram, TikTok o Wikipedia y, casi sin darnos cuenta, construimos nuestra visión del mundo a partir de las imágenes que vemos.

En apenas dos décadas, Internet ha pasado de contener miles a tener miles de millones de imágenes. Hoy las fotografías y los vídeos dominan nuestra experiencia digital y son procesados por nuestro cerebro de forma más rápida, emocional y memorable que el lenguaje escrito.


Imaginemos que una niña de diez años busca en Internet «ingeniería», «investigación» o «ciencia». Antes incluso de leer una sola línea de texto, habrá visto decenas de fotografías. Esas imágenes no solo ilustran la profesión: también le transmiten, de forma casi imperceptible, quién parece pertenecer a ella.

Pero ¿qué ocurre si esas imágenes presentan una realidad sesgada? En el artículo «Online images amplify gender bias», publicado en la revista Nature, un grupo de investigadores e investigadoras se pregunta si las imágenes transmiten más sesgos de género que las palabras.

Para responder esta pregunta, analizaron más de un millón de imágenes procedentes de Google, Wikipedia e IMDb, junto con miles de millones de palabras extraídas de esas mismas plataformas. También estudiaron 3495 categorías sociales, incluyendo profesiones como medicina, ingeniería, enfermería o carpintería.

Los resultados mostraron un patrón muy consistente. Las imágenes no se limitan a reflejar los estereotipos de género existentes, sino que los amplifican mucho más que los textos.
Un sesgo mayor en las imágenes

El trabajo demuestra que, aunque tanto las imágenes como los textos muestran asociaciones de género similares, las imágenes presentan esos estereotipos de manera mucho más extrema. Por ejemplo, profesiones tradicionalmente asociadas con mujeres, como enfermería o peluquería, aparecían representadas con una proporción mucho mayor de mujeres en las imágenes que en los textos. Lo mismo sucedía con profesiones tradicionalmente asociadas a los hombres, como fontanería o ingeniería.

En otras palabras, si un texto ya sugiere que una profesión es «más masculina” o «más femenina”, la imagen correspondiente suele exagerar todavía más esa percepción.
Las mujeres aparecen menos de lo que deberían

El estudio también encontró un problema adicional: las mujeres están infrarrepresentadas en las imágenes de Internet. Las imágenes no solo reflejan la realidad de forma imperfecta, sino que tienden a presentar una versión todavía más desigual que los textos.

Cuando las investigadoras y los investigadores compararon los resultados con datos reales del mercado laboral estadounidense y con encuestas de opinión pública, observaron que mientras que los textos se aproximan más a la realidad observada, las imágenes muestran una presencia masculina significativamente mayor. La infrarrepresentación femenina en las imágenes respecto a la realidad es cuatro veces mayor en las imágenes que en el texto. Incluso en aquellas profesiones en las que la realidad laboral es más equilibrada, las fotografías siguen mostrando muchos más hombres.

¿Influyen realmente en nuestra forma de pensar?

Para comprobar si el mayor sesgo observado en las imágenes respecto al texto tiene consecuencias psicológicas, se realizó un experimento con más de 400 personas. Cada persona debía buscar información sobre distintas profesiones utilizando Google. Un grupo de esas personas solo podía consultar imágenes, mientras que otro grupo debía leer descripciones textuales de esas mismas profesiones. Tras la búsqueda, todos respondieron a la pregunta sobre qué género asociaban con cada ocupación.

Aunque se trata de un experimento realizado en una única sesión, los resultados indican que incluso una exposición breve a imágenes sesgadas puede modificar las asociaciones de género de los participantes.

Quienes habían visto imágenes mostraban estereotipos de género significativamente más fuertes que quienes habían leído textos. Por ejemplo, la profesión de modelo fue considerada mayoritariamente femenina por ambos grupos, pero esa percepción casi se duplicó entre quienes habían visto fotografías. Es decir, la mera exposición a imágenes sesgadas modificó la percepción de los participantes sobre quién «pertenece” a determinadas profesiones.

Una posible explicación del resultado anterior es que los textos pueden describir una profesión sin mencionar el género. Una frase como «el hospital realizó la operación” puede escribirse de forma neutra o incluso evitar cualquier referencia al sexo de la persona que realizó la intervención. Las imágenes funcionan de otra manera. En una fotografía, el género suele percibirse inmediatamente mediante rasgos físicos, ropa o peinado. La información demográfica es mucho más visible y, por tanto, mucho más difícil de ignorar.

Un reto para la inteligencia artificial

Los resultados del trabajo adquieren todavía más importancia en la era de la inteligencia artificial generativa. Muchos sistemas capaces de crear imágenes a partir de texto se entrenan utilizando enormes colecciones de imágenes disponibles en Internet. Si esas bases de datos contienen sesgos de género, la inteligencia artificial puede incorporarlos y reproducirlos automáticamente.

Así, cuando un usuario solicita una imagen de una profesión, el sistema puede tender a generar representaciones estereotipadas porque es precisamente lo que ha aprendido del contenido existente en la web. El problema, por tanto, no se deriva únicamente de la inteligencia artificial, sino de los datos con los que se alimenta.

Conclusión

La psicología lleva décadas mostrando que las imágenes se recuerdan mejor que las palabras y producen un mayor impacto emocional. Es famosa la frase “una imagen vale más que mil palabras” (atribuida generalmente a Fred R. Barnard), que influyó significativamente en el uso de las imágenes en publicidad. Por eso su capacidad para reforzar asociaciones y estereotipos resulta especialmente potente.

Las imágenes no son un simple reflejo de la realidad, sino que contribuyen a construirla. Cada fotografía que aparece en un buscador, una red social o una campaña publicitaria transmite información sobre quién ocupa determinados espacios sociales. Cuando millones de personas consumen diariamente esas representaciones, los estereotipos se refuerzan de forma silenciosa.

En un mundo cada vez más visual, las imágenes que encontramos en Internet no solo muestran cómo es la sociedad: también influyen en cómo imaginamos quién pertenece a cada profesión o espacio social. Diseñar plataformas digitales y sistemas de inteligencia artificial que representen mejor la diversidad no es solo un reto tecnológico. Es también una forma de evitar que los estereotipos del presente se conviertan en los del futuro.
Referencia

Guilbeault, Douglas; Solène Delecourt; Tasker Hull; Bhargav S. Desikan; Mark Chu; and Ethan Nadler (2024). “Online images amplify gender bias”. Nature 626 (8001), 1049-1055
Sobre el autor

Por David Pérez Castrillo es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.
Fuente: Mujeres con Ciencia

agosto 20, 2026

Desafíos que Enfrentan las Mujeres en el Acceso a la Justicia


Explora los obstáculos como el miedo, las demoras y trámites complejos que dificultan el acceso de las mujeres a la justicia, y descubre cómo pueden superarse.


Créditos: Kienyke IA


Acceder a la justicia es un desafío significativo para muchas mujeres, quienes a menudo enfrentan varias barreras que comprometen su seguridad y derechos. 

Factores como el miedo, retrasos en los procedimientos judiciales y trámites complejos son obstáculos comunes. Admitir y abordar estas barreras es esencial para promover la equidad. 
Miedo y Desconfianza 

El miedo, alimentado por la violencia de género y la estigmatización, es una barrera potente. Muchas mujeres temen represalias o ser ignoradas. 

Fortalecer la empatía en los operadores judiciales y establecer protocolos que protejan a las víctimas son pasos necesarios para superar este desafío. 
Lentitud en los Procesos 

La burocracia del sistema judicial lleva a demoras que desmotivan a las mujeres que buscan justicia. Para contrarrestar esto, es crucial implementar plazos más cortos y mejorar los procesos administrativos. 

La tecnología puede jugar un rol clave, facilitando el seguimiento de casos de forma más eficiente. 
Trámites Complejos 

Con frecuencia, las mujeres se enfrentan a procesos legales complicados y llenos de términos técnicos. Brindar asesoría legal gratuita y accesible es vital para asegurar que comprendan cada etapa del proceso judicial. 

Promover la educación sobre derechos y procedimientos, junto con apoyo psicológico, es fundamental para cerrar esta brecha. 

Reconocer estos desafíos y trabajar en soluciones concretas es esencial para avanzar hacia un sistema de justicia más inclusivo y justo para todos.

Fuente: Kienyke

agosto 19, 2026

Cuidados, alianzas y resistencias de las mujeres mapuche en Argentina

Encuentro Mapuche en Bariloche, Foto: Melina Fit


Bariloche, ciudad de Río Negro, Patagonia Argentina. El frío del invierno y una lluvia que no cesa reciben a más de 60 mujeres, que llegaron desde distintos puntos de la Puel Mapu y de la Gulumapu, para participar del encuentro “Territorio-cuerpo, justicia y cuidados. Fortalecer alianzas en contextos de amenazas”, organizado por la Confederación Mapuche de Neuquén -la principal organización política y representativa de numerosos lof (comunidades) del pueblo mapuche en la provincia de Neuquén- y Zomó – organización de mujeres mapuche de la zonal Xawvnko de Neuquén.

El despojo, los desalojos y la criminalización hacia los pueblos originarios no son novedad en Argentina. El colonialismo que comenzó con la mal llamada “conquista del desierto” ha actualizado sus prácticas en la modernidad en el sur de América. Con el gobierno de Javier Milei las políticas regresivas, anti derechos, cargadas de odio y crueldad se han profundizado. Las mujeres mapuche enfrentan múltiples discriminaciones: de género, de raza, de clase. En esta edición exploramos tres ejes que atraviesan sus cuerpos y territorios: el agua, las violencias y el extractivismo.

Fuente: Argentinien

agosto 18, 2026

Acoso sexual en el trabajo, una violencia sin casi sanción en Perú

“No es normal que todas tengamos una historia de acoso”, reza un cartel durante una marcha, en que se cuestiona la naturalización de este tipo de violencia. El hostigamiento sexual laboral es una de las formas de violencia que afecta a las mujeres en Perú. Pese a existir una ley para su prevención, investigación y sanción, la denuncia de las víctimas se topa con la barrera de la discriminación de género. Imagen: Mariela Jara / IPS

El hostigamiento sexual en el trabajo en Perú es una forma extendida de violencia de género que se denuncia poco por el temor de las víctimas a perder sus empleos, en un país donde la pobreza supera 25 % y la informalidad afecta a siete de cada 10 trabajadores.

«El año pasado entré a trabajar en el área de cocina de un restaurante. Me encantaba lo que hacía, pero a los pocos meses tuve que renunciar porque ya no soportaba el hostigamiento de un compañero y la empresa no me apoyó al presentar mi queja», confió a IPS una joven de 24 años, que prefiere mantener el anonimato por temor a represalias.

Con voz serena, continuó su relato: “Yo trabajo desde los 18 años para apoyar a mi familia y pagar mis estudios, necesito el ingreso. Este compañero me hacía bromas de doble sentido (contenido sexual) en forma permanente. Me sentía muy incómoda y le puse un alto. Allí cambió su actitud, empezó a mandonearme, alzarme la voz, recriminarme”.

Como ella dejó de hablarle, él hacía comentarios en voz alta acerca de su apariencia y la esperaba a la hora de salida. “Ya no estaba solo incómoda sino asustada, hasta lloraba de miedo, no podía concentrarme en el trabajo. Cuando le conté a mi superior, me dijo que no me preocupara, que ya le tocaba salir de vacaciones”, recordó durante su diálogo.

La situación no cambió. El hostigador permaneció en su puesto y ella no tuvo más alternativa que renunciar por su seguridad y por su salud mental, pese a necesitar el empleo. “La empresa no solo no me respaldó, sino que me acusó de abandono laboral por no renunciar con un mes de anticipación”, deploró.


“Muchos empleadores no están cumpliendo con implementar políticas contra el hostigamiento sexual, y lamentablemente las autoridades inspectoras de trabajo de los sectores público y privado no actúan con la debida diligencia. De allí el alto subregistro en las denuncias por el temor de la víctima a que se dude de su palabra, a ser revictimizada y ser orillada a la renuncia”: Victoria Solís.

Según cifras oficiales, el año pasado se registraron 2023 denuncias de hostigamiento en los centros de trabajo: 1840 en el sector privado y 183 en entidades estatales. Más de 90 % de las víctimas fueron mujeres.

El impacto es mayor en la población femenina debido a la desigualdad de género que se sustenta en el machismo de la sociedad peruana. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales (Enares), 75 % de la población tolera la violencia contra las mujeres mientras que 87 % respalda creencias sexistas.

En Perú, las mujeres representan 50,6 % de su población estimada en más de 34 millones de habitantes, y que preside desde el 28 de julio la ultraconservadora Keiko Fujimori, hija del dictador Alberto Fujimori (1990-2000).

Ella asumió el poder con un discurso que cuestiona los avances en materia de igualdad de género, alineándose con posiciones de los gobiernos de extrema derecha en la región como Argentina, Chile, Ecuador y Colombia.

Perú mantiene altos índices de tolerancia a la violencia de género. El texto del cartel exhibido en la marcha del Día Internacional de la Mujer, el 8 de Marzo, describe la percepción de activistas feministas, de derechos humanos y sectores de la población. Imagen: Mariela Jara / IPS
El difícil acceso a la justicia

Victoria Solís, abogada feminista especializada en derechos humanos, precisó a IPS que el hostigamiento sexual laboral es todo acto no deseado por la víctima, sea de connotación sexual o sexista, en el que no hay consentimiento.

“Por ejemplo tocamientos, chantaje sexual, invitaciones persistentes a salir pese a la negativa de la afectada, comentarios sobre su cuerpo y actitudes que refuerzan los estereotipos de género”, puntualizó.

La abogada, quien se desempeña en la Secretaría de Instrucción para actos de hostigamiento sexual de la pública Universidad Nacional de Ingeniería, con sede en Lima, remarcó que ante un hecho de violencia sexual en el ámbito laboral, las víctimas tienen derecho a activar dos vías legales distintas.

Explicó que pueden denunciar en el propio centro de trabajo el hostigamiento sexual como una falta, y hacerlo también en la vía penal como un delito. Ambos procesos corren en forma simultánea como sucede con el reciente caso de la joven cantante peruana de cumbia Naldy Saldaña.


“Me escribía en el día o de madrugada, me cuestionaba por qué había hablado con tal o cual compañero, que yo era solo suya. Yo me asusté y no respondía nada. Cuando pedí a mi jefa el cambio de área y le expliqué por qué, me citaron a la oficina de Recursos Humanos donde me sometieron a un careo con él. Fue horrible”: Brisa.

Un video difundido masivamente expuso cómo un directivo del grupo de cumbia La Bella Luz, del que era parte, la sometía a persistentes tocamientos no consentidos. El rechazo general creció al develarse que los líderes de la empresa justificaban ese comportamiento violento.

La Ley 27942 de Prevención y Sanción del Hostigamiento Sexual aplica a los centros de trabajo privados y públicos, a las instituciones educativas y las entidades policiales y militares. Sanciona el hostigamiento tanto en relaciones de jerarquía como entre pares

Para la denuncia no se requiere demostrar que los actos no consentidos fueron repetitivos ni que la víctima se opuso expresamente. Pese a que también indica la ruta y procedimientos a seguir en la investigación y sanción, existe desconocimiento e incumplimiento de la ley, lo que se traduce en impunidad y falta de justicia, como afirmó Victoria Solís.

“Muchos empleadores no están cumpliendo con implementar políticas contra el hostigamiento sexual, y lamentablemente las autoridades inspectoras de trabajo de los sectores público y privado no actúan con la debida diligencia. De allí el alto subregistro en las denuncias por el temor de la víctima a que se dude de su palabra, a ser revictimizada y ser orillada a la renuncia”, analizó.

La Ley 27942 dispone que los centros laborales deben contar con canales de atención que reciban e investiguen las denuncias, que cuando estas ocurran se dicten en máximo tres días medidas de protección a la víctima para garantizar su seguridad, y precisa sanciones que van desde la amonestación y suspensión, hasta el despido.

“Preferí irme”

Una joven de 26 años, quien pidió ser identificada como Brisa, también experimentó el acoso sexual laboral por parte de un colega. “Apenas ingresé a ese trabajo empecé a recibir mensajes de WhatsApp de alguien que ni conocía, diciendo que me había dejado un dulce, un helado, una gaseosa. Era una persona de mi área. Me sentí incómoda y solo respondía con un gracias”, detalló.

El asedio escaló a mensajes controladores. “Me escribía en el día o de madrugada, me cuestionaba por qué había hablado con tal o cual compañero, que yo era solo suya. Me asusté y no respondía nada. Cuando pedí a mi jefa el cambio de área y le expliqué por qué, me citaron a la oficina de Recursos Humanos donde me sometieron a un careo con él. Fue horrible”, reveló.

Brisa se sintió humillada y dolida, con la dignidad vulnerada. No la cambiaron y tenía que ver a su hostigador cada día, aseveró a IPS en diálogo desde su vivienda en el centro de Lima.

“No creyeron en mi palabra ni cuidaron mi seguridad. Renuncié y me insistieron en que me quedara, hasta me ofrecieron aumentarme los bonos. Solo les importaba mi productividad. Era una empresa de ‘call center (centro de llamadas)’ y yo tenía buenas métricas, pero ya no podía tolerar más convivir con tanta angustia y ansiedad, así que preferí irme”, dijo.

La abogada Solís argumentó que entre pares también existen relaciones de poder. El temor de la víctima es a que se dude de su palabra y ser juzgada.

“El careo está prohibido, también el que dé su testimonio en un lugar no privado y expuesto al escrutinio de otros trabajadores”, explicó. Agregó que todo ello constituye una revictimización, situación que empuja a muchas mujeres afectadas a renunciar a sus empleos.

La ley establece que son nulos los despidos en casos de hostigamiento sexual laboral, por ejemplo, cuando un empleador fuerza la renuncia de la víctima de forma directa o indirecta. “Lo que vemos refleja que las relaciones desiguales de género se siguen reproduciendo. Es una forma de decirnos: este no es tu espacio y vas a recibir violencia si te quedas”, cuestionó.

Las dos jóvenes trabajadoras que testimoniaron para IPS afirmaron que en sus centros de labor no recibieron ninguna información sobre el hostigamiento sexual, pautas de no discriminación a las mujeres y menos aún sobre mecanismos de prevención, denuncia y sanción, puntos que son obligatorios por la Ley 27942.

“He tenido que vivirlo para aprender, pero eso no debería ser lo que paguemos las mujeres por nuestro derecho a trabajar”, sostuvo Brisa.


Fuente: IPS
ED: EG

Sí a la Diversidad Familiar!
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