marzo 17, 2026

Trabajo decente y seguridad social en la institucionalización del cuidado



Esta nota examina el papel clave del cuidado en la sostenibilidad de la vida, la igualdad de género y el futuro del trabajo, destacando que constituye un trabajo fundamental para el funcionamiento de las economías y las sociedades.


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Esta nota rescata cómo el componente de ahorro individual ha pasado de ser el pilar único y principal del sistema de jubilaciones y pensiones a uno dentro de un esquema complementario de componentes para avanzar la cobertura, suficiencia, sostenibilidad y también mayor equidad en el sistema.

La nota también resalta cómo las reformas han ido perfeccionando los mecanismos de competencia y elección y cómo estos procesos de cambio deben considerarse tanto procesos técnicos como políticos con una visión de largo plazo para asegurar que efectivamente van en beneficio de fortalecer al sistema de jubilaciones y pensiones y las condiciones de vida de trabajadores y personas mayores.

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Autores Guillermo Montt, Especialista en Protección Social, OIT Cono Sur

Referencias DOI: https://doi.org/10.54394/00033389

Fuente: OIT

marzo 16, 2026

De Maputo a Addis Abeba: África consolida un marco jurídico continental contra la violencia hacia mujeres y niñas




En un continente donde, según datos citados por Human Rights Watch, una de cada tres mujeres africanas entre 15 y 49 años ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja, el nuevo tratado representa tanto un avance normativo como una oportunidad política. Si logra traducirse en políticas concretas y mecanismos de rendición de cuentas efectivos, el proceso que va de Maputo a Addis Abeba podría marcar un nuevo capítulo en la gobernanza global de los derechos de las mujeres, demostrando que la innovación jurídica también puede surgir desde el Sur global.

La Unión Africana avanza hacia la consolidación de un marco jurídico continental para erradicar la violencia contra mujeres y niñas, en un proceso que conecta dos hitos clave de la arquitectura africana de derechos humanos: el Protocolo de Maputo de 2003 (Protocol to the African Charter on Human and Peoples’ Rights on the Rights of Women in Africa) y la nueva Convención de la Unión Africana para poner fin a la violencia contra mujeres y niñas (2025), adoptada en Addis Abeba. Ambos instrumentos reflejan la creciente ambición normativa del continente en materia de igualdad de género y derechos humanos.

El Protocolo de Maputo, aprobado en 2003 por la Unión Africana en la capital de Mozambique, fue considerado uno de los tratados regionales más avanzados del mundo en materia de derechos de las mujeres. El texto reconoce derechos fundamentales como la protección frente a la violencia de género, el acceso a la salud sexual y reproductiva, la igualdad jurídica y la participación política. Más de dos décadas después, la nueva convención impulsada desde la sede de la Unión Africana en Addis Abeba busca profundizar y actualizar ese marco jurídico, incorporando fenómenos emergentes y fortaleciendo los mecanismos de prevención y respuesta.

El nuevo tratado representa un paso significativo al abordar explícitamente problemáticas contemporáneas como el feminicidio, la violencia digital, el acoso laboral y la protección de mujeres en contextos de desplazamiento o conflicto, ámbitos que no estaban desarrollados con el mismo detalle en el protocolo anterior, o la promoción de modelos de masculinidad positiva vinculada a valores de igualdad, respeto y de rechazo de la violencia. La organización Human Rights Watch, advierte, no obstante, de que el éxito de la convención dependerá de su implementación efectiva por parte de los Estados miembros y de su coherencia con los instrumentos ya existentes.

Ambos instrumentos comparten una base común: el reconocimiento de que la violencia contra mujeres y niñas constituye una violación estructural de los derechos humanos que requiere respuestas legales, institucionales y sociales coordinadas. Sin embargo, la nueva convención amplía el alcance del marco africano al establecer definiciones más específicas, incorporar nuevas formas de violencia y promover mecanismos de cooperación regional para su prevención y persecución.


El debate también ha sido analizado desde el ámbito académico. En el artículo From Beijing to Addis Ababa: Africa’s Epistemic Sovereignty and the Convention on Ending Violence against Women and Girls, publicado en 2026 en la revista Human Rights Review, la investigadora Justine A. Tchoukou, especialista en gobernanza global y políticas feministas africanas, sostiene que la nueva convención refleja el intento del continente de construir una “soberanía epistémica” en materia de derechos de las mujeres. El esutdio analiza cómo África está desarrollando normas propias que dialogan con marcos internacionales como la Plataforma de Acción de Beijing, pero integran perspectivas jurídicas y sociales africanas.

Tchoukou argumenta que la convención podría convertirse en el primer instrumento jurídicamente vinculante dedicado exclusivamente a erradicar la violencia contra mujeres y niñas a escala continental, lo que situaría a África en una posición innovadora dentro del derecho internacional de los derechos humanos. No obstante, la autora subraya que su impacto dependerá de factores clave como la ratificación efectiva por parte de los Estados, la financiación de políticas públicas y la participación activa de la sociedad civil.


marzo 15, 2026

De Sófocles a Yorcenar. Antígona una heroína trágica de la mitología griega


Símbolo de lucha y determinación, Antígona es una mujer joven víctima y a la vez heroína, la única capaz de desafiar al tirano Creonte y la ley de la polis para poder dar sepultura a su querido hermano Polinices. A lo largo de los siglos, y de manera particular durante el XIX, su figura se convirtió en un sinónimo de resistencia y reivindicación.

Foto: CC

“El odio se cierne sobre Tebas como un sol atroz […] Los corazones están secos como los campos; el corazón del nuevo rey está seco como una roca. Tanta aridez llama a la sangre […] La misma Antígona, víctima del derecho divino, ha recibido la obligación de perecer como prerrogativa, y este privilegio puede explicar su odio.” Despeinada y sudorosa, entre las sombras de la noche la joven protagonista de la historia Antígona o la elección de Marguerite Yourcenar se abre paso entre tanques y cadáveres. Desafiando el edicto de su tío, el rey Creonte, intenta enterrar los restos abandonados de su amado hermano Polinices.

En la obra de Yourcenar, así como en la tradición antigua en la que se basa el cuento, Antígona es una víctima, pero también una valiente heroína que se enfrenta sola al implacable Creonte. Su crimen es haber violado el decreto que prohíbe enterrar al mayor enemigo de la polis, Polinices, y haber desafiado al tirano. La joven personifica la desobediencia civil y la lucha contra una autoridad ciega, tanto que todavía en nuestros días puede compararse con muchas polémicas relacionadas con la política, el feminismo, los derechos de las personas excluidas, la justicia e incluso la bioética, como ocurre en la obra de Valeria Parrella, Antígona (2012).

LOS ORÍGENES DE ANTÍGONA

De hecho, a partir de la tragedia que la convirtió en un personaje célebre, la Antígona de Sófocles, representada en Atenas en el 442 a.C., esta mujer que se enfrenta al poder delante de la indiferencia general nunca ha dejado de fascinar a activistas, escritores, dramaturgos y filósofos. En realidad, la joven paga el precio de pertenecer a una familia sobre la que los dioses lanzaron una maldición. Lo recuerda Sófocles y, antes que él, Esquilo, en los Siete contra Tebas. ¿Cuál es la terrible maldición que la persigue a ella, a su padre Edipo, a su madre Yocasta y a sus hermanos Eteocles y Polinices?

La joven paga el precio de pertenecer a una familia sobre la que los dioses lanzaron una maldición. Lo recuerda Sófocles y, antes que él, Esquilo, en los Siete contra Tebas

Con un papel destacado en el teatro clásico del siglo V a.C., la familia de Edipo es la protagonista de uno de los mitos griegos más angustiosos y evocadores. Todo empieza con Edipo, abandonado por su padre Layo al nacer por qué, según el oráculo de Delfos, el hijo mataría al padre para casarse con su madre, Yocasta. Sin embargo, unos pastores recogen a Edipo. El pequeño será criado por los soberanos de Corinto, quienes mantendrán ocultos sus verdaderos orígenes. Pero la suerte está destinada a cumplirse: por error, en el viaje de Corinto a Tebas, Edipo mata a Layo, consigue resolver el enigma de la Esfinge que aterroriza la ciudad y se convierte en rey de Tebas, casándose con su madre.

Según un poema épico del siglo VIII a.C. casi completamente perdido, el Edipodia –atribuido a Cinetone de Esparta–, de la unión con Yocasta, Edipo no engendra descendencia. Según las versiones de los dramaturgos clásicos, fruto de la relación con su madre nacen cuatro hijos: Eteocles, Polinices, Ismene y Antígona. Pero en este momento, Edipo vive todavía sin saber nada. Cuando aparece un terrible brote de peste en Tebas, el rey intenta entender por qué los dioses quieren castigar a la ciudad. Entonces, la verdad sobre el parricidio y el incesto se descubre. Yocasta se ahorca y Edipo se arranca los ojos. Entre tanto, Eteocles y Polinices se reparten el gobierno a turnos, pero al final del mandato de Eteocles este se niega a entregar el poder a Polinices, quien acude al ejército tal y como se describe en Los Siete contra Tebas. Al final de la batalla, los dos hermanos se apuñalan entre sí. Creonte, hermano de Yocasta, asume el trono. Para el defensor de su patria, Eteocles, decreta un entierro digno de un héroe, y emite un edicto que impide inhumar a Polinices, destinado en consecuencia a vagar como una sombra por el Hades.

SÍMBOLO DE LUCHA Y REIVINDICACIÓN

Antígona regresa a Tebas y decide intervenir. No acepta la ley de Creonte y, a escondidas, trata de cubrir con tierra a Polinices. Creonte la descubre y la condena a ser enterrada con vida. Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona, se clava a sí mismo la espada y se ahorca a continuación. Desgarrada por el dolor, la madre de Hemón también se suicida, poniendo fin al linaje de Creonte, contra quien los tebanos no habían tenido el valor de rebelarse.

De la Antígona de Sófocles quedaron grabadas algunas afirmaciones que marcaron las siguientes reescrituras. Particularmente las que se refieren a los siguientes aspectos: el contraste político entre Creonte y Antígona y la condición de mujer de la protagonista. Al inicio de la obra, Ismene intenta disuadir a su hermana recordando: “Tienes que pensar que somos dos mujeres, que no nacimos para luchar contra los hombres”. Un agresivo intercambio de palabras entre Antígona y Creonte se hace eco de tal condición: “No comparto el odio, sino el amor”, afirma la joven, y le contesta así el tío: “Desciende bajo tierra y ámalos, si es necesario: nunca, mientras yo viva, una mujer prevalecerá”.

Los dos temas centrales que más han prevalecido de la obra de Sófocles son el contraste político entre Creonte y Antígona y la condición de mujer de la protagonista

Y no solo eso: Antígona apelaba a las “leyes no escritas e innatas de los dioses” que contemplan un entierro justo para un cuerpo sin vida; Creonte reclama la legitimidad de la ley del estado, que castiga a los rebeldes. Antígona defiende el carácter sagrado de la familia, Creonte su propio gobierno. La impiedad proclamada por Creonte es para Antígona la piedad, nunca llegan a un acuerdo.

Durante siglos, el contraste entre Antígona y el tío permanece en la sombra, pero vuelve a encender la sensibilidad de los artistas cuando en la sociedad occidental se empieza a reflexionar sobre el individuo como parte del cuerpo social. En la Fenomenología del espíritu (1807), Hegel verá en Creonte y Antígona dos posiciones éticas irreconciliables: la virgen griega representa la expresión del oikos, casa o familia, mientras que Creonte es el portavoz de la polis, con sus leyes escritas y oficiales.

Desde la tragedia sofoclea, las numerosas reescrituras del mito apuntan precisamente a uno de estos dos aspectos: la reivindicación femenina o la defensa del individuo o la familia, amenazada por estados y dictaduras. Y no es casualidad que, salvo pocos precedentes, la mayor parte de las relecturas aparezcan en el siglo XX, un periodo de guerras cruentas y fratricidas, así como de luchas feministas. Muchos pensadores, como por ejemplo Luce Irigaray, Judith Butler e Adriana Cavarero, se reconocían en la hija de Yocasta, sola, en lucha contra el patriarcado, tejiendo un largo debate que tiene como objetivo socavar la famosa afirmación de la Ismene de Sófocles.

No es casualidad que la mayor parte de las relecturas aparezcan en el siglo XX, un periodo de guerras cruentas y fratricidas, así como de luchas feministas

ANTÍGONA VA A LA GUERRA

Es más, las numerosas escrituras del siglo XX y XXI, especialmente de ámbito político, tienden a mostrarse en formato teatral porque, como en la tragedia clásica, el escenario es un lugar de desencuentros y catarsis, así como una herramienta para involucrar el pensamiento crítico de los espectadores.

Merece la pena recordar dos famosas interpretaciones teatrales de Antígona –la de Jean Anouilh (1941-42) y la de Bertolt Brecht (1947)– que se refieren ambas a la Segunda Guerra Mundial. En la obra de Anouilh, hija del periodo del gobierno colaboracionista francés de Pétain, Antígona es un niño burgués que lleva a cabo un acto desesperado consciente de que no tiene perspectiva de futuro. En cambio, Creonte es un legislador pragmático, pero su castigo está destinado a convertirse en una culpa colectiva, como grita el coro: “ ¡No dejes morir a Antígona, Creonte! ¡Esta herida nos hará sufrir a todos durante siglos!” La guerra es también protagonista en Brecht, que abre la tragedia con la imagen desgarradora de un Polinices ahorcado por las SS y exhibido en una calle de Berlín en abril de 1945. Como desertor, es castigado por el régimen nacionalsocialista que representa Creonte, y del que Antígona es opositora.

Como heroína de la disidencia política, Antígona cambiará de máscara más de una vez: se parece, por ejemplo, a las madres argentinas de la Plaza de Mayo, que luchan contra la dictadura y piden noticias de sus hijos desaparecidos en la obra de Griselda Gambaro Antígona furiosa (1986). Antígona se convierte también en un símbolo del exilio y de la marginalidad durante y después de la Guerra Civil española, este conflicto fratricida que tanto recuerda al enfrentamiento entre Eteocles y Polinices. Entre otros, tanto el catalán Salvador Espriu como la española María Zambrano conversan con la hija de Edipo durante los duros años del franquismo. En la tumba de Antígona (1967), Zambrano convierte a la virgen en una figura de la piedad, que consigue finalmente purificarse en los últimos instantes de su vida. Más cínico, Espriu la convierte en un símbolo del perdón, aunque sugiere que su sacrificio será en vano.

Si en el escenario y en la historia nada cambia es por qué los hombres, los espectadores, fueron y son aún verdugos, no solamente víctimas. El culpable ahora no es únicamente Creonte, con sus leyes que no contemplan el amor: el culpable es el silencio de quienes no se oponen a Creonte ni asumen las responsabilidades individuales, como en cambio sí hace la heroína de Sófocles. Así lo subraya también la célebre y provocadora puesta en escena de Antígona del Living Theatre presentada en gira durante los mismos años que el mundo presenciaba la Guerra de Vietnam: inmediatamente después de los aplausos los actores se alejaban asustados de los espectadores, que se habían convertido en un asesino más junto a los legisladores. Esto explica el eterno encanto de esta pequeña y joven mujer inmortalizada por Sófocles: seguirá reviviendo cada vez que pueda desafiar las imposiciones o la indiferencia. Siempre sola, despeinada, armada de compasión y obstinada, porque la empujaba el sentimiento de su propio corazón. “El péndulo del mundo es el corazón de Antígona”, así termina su maravillosa historia Marguerite Yourcenar.

Por Amaranta Sbardella
Fuente: National Geographic

marzo 14, 2026

Luces y sombras de la evolución del mercado laboral de las mujeres


El tránsito de las mujeres desde el trabajo doméstico hacia su incorporación al mercado laboral ha constituido, probablemente, el cambio más importante en la historia de la fuerza de trabajo en numerosos países. El Día Internacional de la Mujer ofrece una oportunidad idónea para reflexionar sobre algunos aspectos, tanto positivos como negativos, de la evolución del empleo femenino. Las investigaciones de Claudia Goldin, reconocida economista estadounidense y ganadora en solitario del Premio Nobel de Economía en 2023, aportan una visión esclarecedora de este proceso.

Claudia Goldin impartiendo la lección inaugural del curso 2025/2026. Fuente: UPF.

La participación de las mujeres en el mercado laboral no ha seguido una trayectoria de crecimiento continuo a lo largo de los dos últimos siglos. Por el contrario, en la mayoría de los países muestra una clara forma de U. Durante la etapa preindustrial —cuando el trabajo se desarrollaba en el hogar o en explotaciones agrarias y los ingresos eran reducidos— la participación femenina en la fuerza laboral era elevada. Con la industrialización, esta presencia disminuyó notablemente, debido al aumento de la renta familiar y a la separación física entre el ámbito doméstico y el laboral. Finalmente, en el siglo XX se produjo un repunte de la participación femenina en el mercado de trabajo.

Evolución de la participación de las mujeres casadas en Estados Unidos en la fuerza laboral (1790-1990).
© Johan Jamestad. The Royal Swedish Academy of Science, ilustrando los resultados de Goldin (1995).

El aumento de la participación femenina en el mercado laboral durante el último siglo responde a la combinación del crecimiento del sector servicios, que impulsó la demanda de empleo, y de la expansión educativa, que amplió la oferta de trabajo. En un contexto de salarios industriales relativamente bajos y de escasos niveles educativos, la presencia masculina en la fuerza laboral era predominante. Sin embargo, a medida que los ingresos se incrementaron, también lo hizo la educación de hombres y mujeres, aunque con un avance más rápido entre estas últimas. De hecho, en los últimos años, las mujeres superan a los hombres en la matrícula universitaria en todos los países de la OCDE.

El acceso a la educación, junto con la transformación de las normas sociales, modificó las expectativas de las mujeres. La difusión de los métodos anticonceptivos y el retraso en la edad de matrimonio aumentaron los beneficios asociados a la inversión educativa. Estas nuevas perspectivas sobre la vida laboral y familiar influyeron decisivamente en las decisiones educativas de muchas mujeres.

La convergencia entre hombres y mujeres ha alcanzado niveles elevados en lo que respecta a la participación en el mercado laboral. En 2024, en España, el porcentaje de mujeres ocupadas es el 46,4 % del total de la fuerza laboral. Sin embargo, las mujeres continúan percibiendo salarios inferiores a los de los hombres en todos los países, y el avance en la reducción de la brecha salarial ha sido mucho menor que el observado en la participación laboral. Según la Encuesta de Estructura Salarial referida al año 2022, última disponible, el salario bruto medio del conjunto de las mujeres ocupadas en España era un 17,1 % inferior al del conjunto de los hombres.

El análisis de Claudia Goldin

Claudia Goldin identifica cuatro claves para comprender la brecha de género en los ingresos: esta es mayor entre las personas con niveles educativos más altos; se incrementa a lo largo del ciclo vital; se amplía con la maternidad; y resulta especialmente acusada en las denominadas ocupaciones “codiciosas”, caracterizadas por salarios elevados, baja flexibilidad y una disponibilidad prácticamente total, en las que trabajar más horas se traduce en un mayor salario por hora.

Diferencia en las trayectorias de ingresos laborales entre hombres y mujeres con un MBA
de la Universidad de Chicago a lo largo del tiempo. La brecha de género se abre desde el nacimiento de los hijos. Fuente: “History helps us understand gender differences in the labour market”,
© Johan Jamestad. The Royal Swedish Academy of Sciences, ilustrando los resultados de Bertrand, Goldin y Katz (2010).

Combinadas, estas pistas configuran un relato coherente. En las etapas tempranas de la vida, las personas pueden dedicar muchas horas al trabajo, pero esta situación cambia con el nacimiento de los hijos o la existencia de otras responsabilidades de cuidado. Cuanto más “codiciosas” —y, por tanto, mejor remuneradas— son determinadas ocupaciones, mayor es la probabilidad de que, dentro de una pareja con obligaciones de cuidado, una persona asuma el empleo “codicioso” y la otra opte por un trabajo más flexible. En la mayoría de las parejas heterosexuales, es la mujer quien suele aceptar el empleo más flexible y con menores ingresos, mientras que el hombre ocupa el puesto más “codicioso” y mejor remunerado. Por ejemplo, en España, según la Encuesta de Población Activa, la proporción de mujeres trabajadoras a tiempo parcial por motivo de cuidados es 13 veces superior a la de los hombres.

Este relato lleva a pensar que la brecha salarial de género no puede explicarse únicamente por la discriminación laboral o por sesgos en los procesos de contratación y promoción, que sin duda existen. También responde a las características de ciertos empleos altamente remunerados, así como a las normas sociales y tradiciones que asignan de manera desigual las responsabilidades de cuidado dentro del hogar.

¿Cómo puede reducirse la brecha salarial de género? Claudia Goldin sostiene que una vía consiste en disminuir el coste asociado a la flexibilidad laboral. Las experiencias de creación de “equipos de sustitución” en determinadas profesiones —como pediatría, veterinaria, banca personal, empleos tecnológicos, medicina de atención primaria o farmacia— han permitido aumentar la flexibilidad de las personas trabajadoras y reducir de forma significativa la brecha salarial. Además, la pandemia de la COVID-19 aceleró el uso de tecnologías que facilitan el trabajo desde casa y la realización de reuniones virtuales, incrementando la flexibilidad en numerosos empleos. Estos cambios pueden beneficiar especialmente a las personas con responsabilidades de cuidado, en particular a las mujeres, y contribuir así a la reducción de la brecha salarial.

Referencias

Bertrand, Marianne, Claudia Goldin, and Lawrence F. Katz (2010). “Dynamics of the Gender Gap for Young Professionals in the Financial and Corporate Sectors”. American Economic Journal: Applied Economics, 2(3), 228–255
Claudia Goldin, Página web
Goldin, Claudia (1995) “The U-shaped Female Labor Force Function in Economic Development and Economic History”. In: T.P. Schultz (ed), Investment in Women’s Human Capital and Economic Development. Chicago: University of Chicago Press
Goldin, Claudia (2024). Nobel lecture: An evolving economic force. American Economic Review, 114(6), 1515-1539
Goldin, Claudia, Lawrence F. Katz, and Ilyana Kuziemko. (2006) “The Homecoming of American College Women: The Reversal of the College Gender Gap”. The Journal of Economic Perspectives, 20(4), 133–156
Goldin, Claudia, Sari Pekkala Kerr and Claudia Olivetti. (2024). “The other side of the mountain: women’s employment and earnings over the family cycle”. Oxford Open Economics, 3(Supplement 1), i323-i334
Instituto Nacional de Estadística. (2024). “Encuesta de Estructura Salarial 2022”. INE
Ministerio de Trabajo y Economía Social. (2025). “La situación de las mujeres en el mercado de trabajo 2024”
Nobel Prize Committee. (2023). History helps us understand gender differences in the labour market (No. 2023-1). Nobel Prize Committee
Sobre el autor

Doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics
Fuente: Mujeres con Ciencia

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in