septiembre 11, 2026

Karina Batthyány: “La igualdad de género es una condición de base para trabajar en el ambiente y en el espacio universitario”

 Karina Batthyány (archivo, 2022) · Foto: Alessandro Maradei


A una semana del intento de femicidio contra una joven de 19 años en el anexo de la Facultad de Medicina, a lo que siguió una serie de manifestaciones de parte de organismos oficiales y gremios estudiantiles al respecto, la socióloga de la Universidad de la República (Udelar) Karina Batthyány brindó el martes una entrevista en La colmena, de la diaria Radio, en la que abordó la persistencia de desigualdades de género en la institución universitaria y cómo entiende que deben ser afrontadas.

Batthyány, que también es responsable del Grupo de Investigación de Sociología de Género (GISG) de la Facultad de Ciencias Sociales, señaló que lo sucedido la semana pasada “no es un fenómeno ni individual ni aislado”, sino que los episodios de violencia basada en género “son fenómenos estructurales en toda la sociedad”. La socióloga precisó que estos “se sostienen por relaciones de poder” y que “son un indicador más de las desigualdades de género”, que también atraviesan a la Udelar.

“No podemos decir de ninguna manera que esto es un hecho individual, aislado, cuando en realidad tenemos en Uruguay una denuncia cada 12 minutos”, aseveró. También denunció que existen encuestas que recogen que cerca de 80% de las mujeres manifiestan “haber sido víctimas de algún fenómeno o alguna de las dimensiones vinculadas a la violencia basada en género”, y que en el ámbito universitario la cifra excede el 50%.

Así, y si bien en una sesión extraordinaria de su Consejo Directivo Central celebrada la semana pasada “la universidad reconoció que tiene un problema”, para Batthyány los sucesos de la semana pasada demuestran que el accionar al respecto aún es insuficiente. Por ello, puso en duda la utilidad de trabajar la problemática “de una manera dispersa [y] fragmentada”, y planteó en su lugar “la necesidad de tener políticas centrales e institucionalizadas”, para las cuales uno de los principales temas “es cómo atender la violencia y el acoso”.Apoyá nuestro periodismo. Suscribite por $255/mes

La responsable del GISG consideró que “lo que está fallando” es que los integrantes de la población uruguaya, incluidas las autoridades, “no tienen incorporada esta dimensión de la violencia basada en género”. “Por eso pueden plantear que es un fenómeno aislado, o que es un hecho individual, o que responde a algún tipo de patología por parte del agresor”, cuando en realidad “hay muchísima investigación” que recoge que el fenómeno “es estructural”, postuló Batthyány, y añadió que “expresiones” como la de la semana anterior “son el último emergente” de “una cadena de dimensiones de violencia” que las instituciones “tienen que atender”.

“No se trata de inventar la rueda; la rueda ya está inventada: se trata simplemente de aplicarla y hacerla rodar”, ilustró. Igualó esto a “darle un lugar central” a la problemática, y remarcó que si bien el proceso “requiere muchas cosas”, necesita, “sin duda alguna, presupuesto”. “Hoy los mecanismos que tiene la Universidad de la República no tienen recursos, o por lo menos no tienen capacidad de ejecución directa de recursos: pueden planificar, pueden generar protocolos, pueden llevar adelante políticas que se definan, pero con un bajo nivel de autonomía y con un muy bajo nivel presupuestal”, se lamentó. Empero, y consultada por ello momentos después, afirmó que “si hay voluntad política, los recursos siempre están”.

En esa línea, la socióloga consideró que este momento sería adecuado políticamente, en tanto se aproximan las elecciones del rectorado de la Udelar –serán el 23 de setiembre–, y apuntó a un concepto de igualdad de género que tiene entre sus ejes los cuidados, la paridad, las brechas de género dentro de las diferentes carreras y la inclusión del tema dentro de las currículas académicas. Batthyány puso énfasis en este último aspecto en particular y, en el entendido de que “no alcanza con cursos optativos”, sostuvo que resulta necesario incorporar cursos “de manera obligatoria”.

“Estamos [...] con una dimensión estructural de la desigualdad, y eso no se soluciona con curitas o con parches, se soluciona con cambios estructurales a nivel institucional”, sostuvo. Luego de que se le preguntara acerca de cuáles entiende que son las razones detrás de las dificultades en incorporar dicha visión, dijo desconocer “cuál es el argumento”, más allá de que “es un tema resistido”. “Sé que hay resistencias, porque estas medidas ya se han planteado en otros momentos de la universidad y no se ha logrado avanzar”, resumió.

Así, evaluó que “lo que importa es que la universidad decida si quiere o no quiere ser un espacio de igualdad de género, y, sobre todo, que decida si va a seguir planteando la igualdad de género como un horizonte aspiracional”. A lo que contrapuso: “La igualdad de género es una condición sine qua non, es decir, es una condición de base, de partida, para trabajar en el ambiente y en el espacio universitario y académico”. “Si queremos cambiar el problema estructural, necesitamos cambiar la estructura institucional en cómo hoy se concibe la cuestión de género en la Universidad de la República. Eso para mí es muy claro”, aseveró.

Fuente: La Diaria-es

septiembre 10, 2026

Dora Barrancos: el patriarcado es violencia


Dora Barrancos: oradora clara y dinámica

La socióloga e historiadora feminista, Dora Barrancos, encabezó un conversatorio, en el Centro Cultural Tiempos de Memoria, en Florida. Invitada por el Movimiento Derecho al Futuro Mujeres y Diversidades de Vicente López (MDF VL), en una charla dinámica y formativa –de a ratos hasta divertida- Barrancos señaló que el patriarcado es muy anterior al capitalismo; explicó la teoría de la matrilinealidad. También consideró que el patriarcado es “ínsito a la violencia” y no es privativo de las propias mujeres. Además, evaluó que las ultraderechas actuales son “reaccionarias, misóginas y homofóbicas”. 

“Estamos hartas de diagnósticos. Queremos que nos escuchen”, señaló la concejala, Marcela Cortiellas, como corolario de la situación actual de las mujeres en el campo político. Presentaba a la socióloga e historiadora feminista, Dora Barrancos (86). Fue en una charla que esta encabezó hace una semana en el Centro Cultural Tiempos de Memoria, en Florida.

La imagen de Barrancos, con un bastón de apoyo al caminar, contrastó ostensiblemente con el dinamismo de su charla, la claridad de conceptos, los guiños a sus compañeras de género y la precisión al referirse a autores, situaciones, y, en definitiva, a la situación política global actual y las mujeres, con las ultraderechas de avanzada en el mundo.

Barrancos primero describió la desigualdad que caracteriza a la geografía latinoamericana, no solo en materia de género. La feminista citó un trabajo de Oxfam federación global de ongs que, entre otros, trabaja en los derechos de las mujeres y la justicia de género- que señala que en Latinoamérica el 10% más rico de la población posee el 85% de la riqueza. 

El patriarcado no es natural

Consideró ese desnivel “groserísimo” pero advirtió que una de las primeras desigualdades humanas es la sexual o de género. Y aclaró de manera tajante: “El patriarcado se inventa. No viene de Marte, de Saturno. No viene de la naturaleza y no viene de Dios. Imaginen ustedes que a Dios no se le va a ocurrir crear la desigualdad humana”.

“Así que abandonen las tesis de la naturaleza y de lo sobrenatural. El patriarcado es estrictamente algo humano”, señaló. Luego, en una suerte de recorrido histórico, observó que “si 1789 (revolución francesa) inaugura una era notable de construcción de derechos individuales, división de poderes y menos arbitrariedad, para las mujeres fue retroceso”.

Recordó que la mujer en el siglo XVIII fue relegada al hogar, en tareas de cuidado y a parir. Citó a Friedrich Engels (1820/1895) como alguien crítico del patriarcado. . Consideró que la mujer quedó “fuera de un lugar social productivo importante”. Pero evaluó que “en el siglo XIX el patriarcado se tornó más feroz que en el siglo anterior. Algo increíble”, enfatizó.

Observó que Engels entendió que el patriarcado abrevó en “la privatización de rebaños, tierras, bosques; privatización desde los clanes, no burguesa”. Esa privatización devino “en la patrimonialidad de los cuerpos femeninos”. Y evaluó, no sin razón, que fue “una invención grotesca, la de que el cuerpo femenino era para la otra parte de la humanidad”.

Nunca hubo matriarcado

También destacó que esa visión persistió, “fue transhistórica”. Aunque reconoció que las feministas deconstruyeron ese orden natural descripto por Engels y “lo dieron vuelta”. Es decir, consideraron que “lo que primero se inventó es la privatización de los cuerpos”. De lo relatado por Barrancos, además, quedó claro que el patriarcado precede al capitalismo. 

Barrancos criticó la teoría de que hubo sociedades humanas organizadas en torno a poder femenino. “Nunca hubo matriarcado”, señaló. Y explicó que la matrilinealidad se explicaba por la evidente certeza de la maternidad, no así de la paternidad (la forma pícara en que lo relató Barrancos disparó carcajadas en el auditorio mayormente femenino).

En otro momento de su charla, la socióloga reflexionó: “¿Cuál es el mayor triunfo del patriarcado? El patriarcado que habita en muchas mujeres. Que tienen el vicio de la servidumbre voluntaria. Es notable esto de las patriarcas mujeres”. Y aseveró: “La extrema derecha está llena de mujeres patriarcales. Absolutamente”.

Barrancos también criticó las teorías de Auguste Comte que naturalizaban el rol doméstico de la mujer. Y sostuvo que, de hecho, el feminismo no debe pensarse como un tópico exclusivo de la mujer. “Les quiero decir que el feminismo no es una cuestión inherente solo a las mujeres. Es inherente a la condición humana debidamente dignificada”, enfatizó.

Varios feminismos no uno

La socióloga volvió a cargar contra los fascismos y ultraderechas. Sostuvo: “Ese sadismo, esa crueldad es ínsita en los modos que tienen las fórmulas fascistas de la existencia”. Y lo diferenció del feminismo: Vuelvo a decir, el feminismo es cuestión de dignidad humana”. Luego pasó revista por reivindicaciones de las luchas de las mujeres.

Consideró que existen, no uno, sino varios feminismos, contemporáneamente y a lo largo de la historia. “Tenemos feminismo de muchas características, felizmente. A veces las metodologías han resuelto divisiones dentro de los feminismos. Ciertas perspectivas mayores y menores, me refiero sobre todo a los temas que abordan”. 

Sobre reivindicaciones, enumeró la búsqueda del derecho al sufragio; las punkers con las acciones directas y la sexualidad; otras vertientes que buscaron la igualdad educativa. Y, siempre sobre el feminismo, descartó de plano la acusación de la ultraderecha de que es el “responsable” de la baja en la natalidad (el inefable Milei suele repetir esa barbaridad).

Al respecto, Barrancos evaluó: “Es ridículo que se asigne al feminismo el protagonismo central en la denatalidad. Es para cero si viene un alumno y lo dice”. Y señaló: “Eso se explica por la transición demográfica. Cae la tasa de natalidad, cae la tasa de mortalidad Viene desde mediados del siglo XIX. Es ridículo decir que las feministas tienen la culpa”.

Patriarcado es violenciaBarrancos: «la Argentina fue pionera en transición demográfica»

Recordó, además: “(…) Yo hace veinte años hice un trabajo sobre cómo las fuerzas regionales en la Argentina, en los años 20, preocupadísimas por la denatalidad, no le daban, por supuesto, esa categoría central a las feministas. Porque todavía no eran la masa que hoy somos”. Y sostuvo: “la Argentina fue pionera en transición demográfica, con Uruguay”.

Pero además explicó: “La transición demográfica la hicieron las mujeres sin saber nada de feminismos. Eso es extraordinario. Es una revolución silenciosa que hemos trabajado muchísimas historiadoras. Es extraordinario ese pacto. Es un cambio en la subjetividad de las mujeres, por lo cual se determinan a no tener más hijos”.

Barrancos retomó la idea de que “el patriarcado es violencia. Y mata a los propios varones. Entonces, para ir terminando, el sistema de crueldad, que imponen las extremas derechas en el mundo, ha renovado también su base de agresiones. Y ha puesto en la picota a las feministas, los feminismos y las diversidades sexogenéricas”.

.“Que las extremas derechas nos pongan en la punta de la ola no saben cómo nos llena de honor y nos envalentona (a las feministas) dijo casi al final de su ponencia, con ironía, Barrancos y el auditorio rompió en aplausos y vivas. Le dedicó un párrafo muy positivo al líder del MDF, Axel Kicillof, y se despidió, en medio de saludos y aprobación.


Por Gustavo Camps

septiembre 09, 2026

La brecha de género olvidada en el agua: de la fuerza laboral a la gobernanza del agua

La brecha de género en el sector del agua no solo perjudica a las mujeres: también limita la capacidad de las instituciones para afrontar la creciente crisis hídrica.



Durante décadas, el debate sobre género y agua se ha centrado, con razón, en las mujeres y las niñas como usuarias del agua. El acceso al agua potable y al saneamiento ha sido una prioridad de la agenda internacional y un componente esencial del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6. Sin embargo, hay una dimensión que sigue estando ausente en este debate: las mujeres como profesionales del sector del agua.

Hoy, miles de mujeres son ingenieras, hidrólogas, científicas, emprendedoras, líderes comunitarias y responsables de políticas públicas. Negocian acuerdos sobre aguas transfronterizas, dirigen organismos operadores, desarrollan nuevas tecnologías y diseñan políticas para una gestión del agua más justa y sostenible.

Y, sin embargo, persiste una profunda contradicción. Aunque las mujeres desempeñan un papel cada vez más importante en la investigación, la gestión y la gobernanza del agua, continúan estando significativamente subrepresentadas en los puestos técnicos, de liderazgo y de toma de decisiones. El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2026 de la UNESCO señala que, a nivel mundial, menos del 20 % del personal de los organismos operadores de agua está compuesto por mujeres y que, en 2018–2019, ellas representaban apenas el 17.7 % de esta fuerza laboral.

Al mismo tiempo, dos de cada tres países necesitan aumentar en al menos un 75 % su fuerza laboral en agua, saneamiento e higiene, y el 40 % reconoce no contar con la capacidad suficiente para gestionar los crecientes conflictos entre los diferentes usos del agua. En otras palabras, el sector necesita con urgencia más profesionales, pero sigue desaprovechando una parte importante del talento disponible.

Esto no es únicamente una cuestión de igualdad; es una cuestión de gobernanza, innovación y resiliencia institucional. El cambio climático, el crecimiento urbano, el envejecimiento de la infraestructura y la transformación digital exigen organizaciones capaces de atraer y retener al mejor talento disponible. Sin embargo, todavía sabemos muy poco sobre las trayectorias profesionales de las mujeres en el sector.

¿Por qué siguen estando subrepresentadas en puestos directivos? ¿Qué políticas laborales favorecen realmente su desarrollo profesional? ¿Cómo influye una mayor diversidad en la calidad de las decisiones y en el desempeño de las instituciones responsables de la gestión del agua? ¿Qué barreras institucionales, culturales y organizacionales siguen limitando su desarrollo profesional?

Aún existen pocos datos comparables sobre contratación, promoción, liderazgo, remuneración o cultura organizacional en el sector hídrico. Sin evidencia, resulta difícil diseñar políticas públicas e institucionales que permitan aprovechar plenamente el talento disponible.

Las asociaciones profesionales también pueden contribuir a cerrar esta brecha de conocimiento. Redes como Women in Water & Sanitation Network (WWSN) demuestran el valor de conectar a mujeres profesionales mediante programas de mentoría, liderazgo e intercambio de experiencias. Del mismo modo, la Red de Politólogas ha contribuido a visibilizar a mujeres expertas y promover una participación más equitativa en los espacios de decisión.

Las consecuencias de esta brecha van mucho más allá de la igualdad de género. Al no atraer, retener y promover a un mayor número de mujeres, el sector del agua está perdiendo una oportunidad para fortalecer su fuerza laboral precisamente cuando más la necesita. Es una pérdida para las profesionales, pero también para las instituciones, las comunidades, los países y, en última instancia, para la seguridad hídrica mundial.

Las mujeres continúan estando subrepresentadas no solo en el sector privado, sino también en las instituciones públicas, el liderazgo científico, los espacios de decisión política y las conferencias internacionales. Su escasa presencia limita la diversidad de perspectivas necesaria para afrontar desafíos cada vez más complejos relacionados con el agua.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua 2026 representa una oportunidad para cambiar esta realidad. Además de debatir sobre financiamiento, resiliencia y gobernanza, debería impulsar una agenda internacional de investigación sobre las mujeres en la fuerza laboral del agua e incorporar esta dimensión en los futuros procesos de seguimiento de la gobernanza hídrica. Comprender quiénes trabajan en el sector, qué obstáculos enfrentan y qué condiciones favorecen su liderazgo permitirá diseñar mejores políticas laborales y fortalecer las instituciones responsables de garantizar la seguridad hídrica.

Cerrar la brecha de género en la fuerza laboral del agua no es únicamente una cuestión de justicia social. Es una condición necesaria para construir instituciones más sólidas, innovadoras y capaces de responder a los crecientes desafíos hídricos del siglo XXI.

El futuro del agua no dependerá únicamente de la infraestructura, la financiación o la tecnología. Dependerá también de nuestra capacidad para reconocer, retener e impulsar el talento de las mujeres que ya están construyendo ese futuro.



Por Ulrike KELM
Fuente: Latinoamerica 21



Presidenta de la Red de Mujeres en Agua y Saneamiento (WWSN por sus siglas en inglés). Diploma en Estudios Regionales de América Latina (Universidad de Colonia, Alemania). Executive Master of Science en Gestión de la Comunicación (Università della Svizzera italiana, Lugano, Suiza).

septiembre 08, 2026

Feminicidios y violencia sexual en Cuba carecen de cifras claras


Varias mujeres van junto a sus hijos de camino a la escuela, en La Habana. Las mujeres entre 20 y 44 años comprenden el grupo con más víctimas de feminicidios en Cuba. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Los tribunales de Cuba cerraron el año pasado 49 casos de mujeres mayores de 15 años “asesinadas por razones de género”, lo que representa una tasa de 1,19 por cada 100 000 mujeres y una disminución con respecto a los 76 juicios de 2024 y los 60 de 2023, divulgó en agosto el gobierno de la isla.

“Esa estadística no me da triunfos de disminución real del problema, sino un reflejo de la demora de los procesos judiciales. No son las muertes de 2025”, dijo a IPS Arlín Pérez, profesora de Derecho de la Universidad de La Habana con más de 30 años de experiencia en tribunales.

Según Pérez, los casos que se dieron por juzgados en 2025, no tratan de asesinatos de ese año, sino principalmente del 2023 y algunos de 2024.

“Por todas las carencias en Cuba, que incluyen la falta de personal en la policía, la fiscalía y los tribunales, además de los recortes eléctricos o que se trabaja cuatro días a la semana (una medida ahorrativa tras el bloqueo petrolero en enero), un proceso penal como la muerte de una mujer, que pudiera estar técnicamente en seis meses según la Ley del Proceso Penal, está demorando dos o tres años”, explicó.

Es tan irreal la cifra que, si de repente en 2027 mejoraran las condiciones del aparato jurídico y se cubrieran los atrasos de años atrás, ese año mostraría un récord en feminicidios, agregó.

El artículo 345.2 del nuevo Código Penal aprobado en 2022, estipula que la persona que “dé muerte a una mujer como consecuencia de la violencia de género”, incurre en sanciones de 20 a 40 años de privación de libertad, cadena perpetua o muerte, las mismas que se juzgarían si se tratara de otro tipo de asesinato.


“Por todas las carencias en Cuba, que incluye la falta de personal en la policía, la fiscalía y los tribunales, además de los recortes eléctricos o que se trabaja cuatro días a la semana, un proceso penal como la muerte de una mujer, que pudiera estar técnicamente en seis meses según la Ley del Proceso Penal, está demorando dos o tres años”: Arlín Pérez.

Según Pérez, en el corpus legal de Cuba no se utiliza textualmente el término feminicidio o femicidio —aunque dijo que lo preferiría— para referirse a estos casos, como sucede en otros países latinoamericanos, que lo han incorporado como delito en sus códigos penales o leyes específicas.

En esta nación insular caribeña de 9,4 millones de habitantes, la razón para diferenciar los motivos de género de un asesinato no es porque constituya un agravante en la sanción —de por sí, ya tiene las penas máximas—, sino por una cuestión de técnica del derecho y, sobre todo, de estadística.

Participantes en el Taller de Transformación Integral del Barrio de Alamar Este durante una sesión de trabajo previa a una de las anuales Jornadas por la No Violencia hacia Mujeres y las Niñas. Los observatorios de violencia de género en Cuba, sean oficiales o independientes, llevan menos de una década funcionando en Cuba. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Falta de estadísticas

El Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género (Ocig), plataforma vinculada a la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), actualizó el 18 de agosto algunos indicadores de femicidios en la isla.

De esas 49 mujeres asesinadas, cuyos casos fueron juzgados en 2025, 47 % falleció a manos de su expareja, casi 90 % lo hizo en su hogar y 75,5 % no tenía vínculo laboral. En su mayoría, eran blanca y con una edad entre 20 y 44 años (38 casos).

El Ocig, que surgió en 2023 y desde entonces actualiza una vez en el año un grupo de indicadores relacionados con género, registró además 33 casos en zonas urbanas y 16 en áreas rurales, donde la tasa de femicidios alcanzó 1,65 por cada 100 000 mujeres.

Si bien el dato decreciente de femicidios juzgados reportado por el Ocig no es por ahora un termómetro real de la violencia hacia la mujer, Pérez tampoco se atreve a afirmar que la tendencia ha ido aumentando.

Por su parte, el Observatorio de Género de Alas Tensas (Ogat) es otra organización que lleva desde 2019 su propio registro, elaborado a partir de denuncias ciudadanas, sobre todo a través de redes sociales.

El Ogat ha reportado este año 47 mujeres asesinadas hasta el 24 de agosto, así como ha llevado la cuenta, caso a caso, de 350 víctimas de feminicidio desde 2019 hasta el primer semestre de 2026.

“Aunque el Observatorio de Alas Tensas esté políticamente comprometido (contra el gobierno cubano), no quita que coloca en redes muchas veces la existencia de casos reales”, dijo Pérez.

Para la jurista, los datos más fidedignos son los que vienen de los tribunales, pero no son suficientes.

Por ejemplo, el llamado Registro Interoperable —que no es público y al que solo tienen acceso la fiscalía, la policía, la instrucción penal y, próximamente, los tribunales—, ofrece “una información muy clara de lo que sucede en los procesos desde la denuncia oficial”.

De hecho, varios casos de femicidios no han juzgamientos porque el victimario se hubo suicidado justo después, y es un dato que no se procesa, ni se refleja en la estadística de la Ocig, dijo.
Violencia sexual

Otro dato importante divulgado por la Ocig fue que, en 2025, los tribunales cubanos procesaron 173 casos de violencia sexual contra mujeres de 15 años y más, de los cuales, 90 correspondieron al delito de agresión sexual y 83, a otros tipos de violencia sexual.

Las mujeres de 20 a 44 años comprendieron la mayoría de las víctimas (73, 5,33 por cada 100 000 mujeres), pero las adolescentes de 15 a 17 años fueron las más afectadas (49 víctimas, 31,52 por 100 000 mujeres).

“La agresión sexual vino a incluir todos los ataques de mayor lesividad contra la libertad y la indemnidad de las personas”, dijo la jurista.

En el artículo 395 del Código Penal, la agresión sexual se sanciona con privación de libertad de siete a 15 años, a quien, “empleando fuerza, violencia o intimidación tenga acceso carnal con otra persona”, por la vía o los métodos que fueran.

La sanción es de 8 a 20 años si, por ejemplo, el delito es consecuencia de la violencia de género o familiar, o por motivos discriminatorios.

Con menor gravedad, entran otras formas de violencia sexual como el “abuso sexual” —a diferencia del delito anterior, no tiene el componente del “acceso carnal”—, o “el acoso y ultraje sexual”, que incluye formas de acoso de forma directa o a través de cualquier medio de comunicación. En ambos casos, las sanciones son multas o estancias de seis meses a dos años en prisión.

Los 173 casos de violencia sexual juzgados en 2025 son una gran disminución con relación a los 230 casos de 2024 y los 378 de 2024, al punto de que la tasa de hechos de este tipo llevados ante la justicia ha disminuido de 8,62 por cada 100 000 mujeres en 2023 a 4,19 en 2025.

De ese total de 781 casos, 419 (53,6 %) corresponden a agresiones sexuales y 362 (46,4 %) a otros tipos de violencia sexual.

“Esas cifras son muy poco representativas de la realidad. Una sufre mucho acoso cada día para que esos números digan algo. En todo caso, hablan de lo poco que funciona la justicia cubana para estos casos de violencia sexual”, dijo Claris, una estudiante de la Universidad Tecnológica de La Habana que prefirió mantener en anonimato su apellido.

Muchos especialistas y activistas cubanos coinciden en que las estadísticas disponibles apenas ofrecen un acercamiento parcial a una problemática que, según grupos feministas independientes, enfrenta un alto subregistro.

Los aportes Ocig se ven limitados, además, por brindar solo datos de casos juzgados e invisibilizar la violencia sexual hacia niñas menores de 15 años y niños.

“En la violencia sexual sí hay un subregistro siempre muy grande. Primero, por el silencio de la víctima y, segundo, porque los delitos de violencia sexual, por ley, tienen un requisito de perseguibilidad: requieren una denuncia oficial de la víctima o de los padres, si es menor de edad. Eso son delitos, como clásicamente se dice, delitos de soledad”, acotó Pérez.

Pese de los avances legislativos, estudios confirman la persistencia a escala global de desafíos para el acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual como puede ser la vergüenza y el miedo a represalias; la revictimización y falta de sensibilización de los operadores judiciales; la carencia de redes de apoyo y las desigualdades socioeconómicas.

Más de 12 % de las mujeres de 15 a 49 años en el mundo ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de una pareja o expareja en el último año, de acuerdo con el Panorama de género (2025) de ONU Mujeres.

A la hora de denunciar los casos de violencia sexual, también el tiempo que demora en prescribir una acción penal, que en Cuba puede ser entre 3 y 25 años, según la sanción asociada a un delito determinado, aunque los casos de femicidios no deberían prescribir porque el asesinato incluye la pena máxima.

Para acompañar a las víctimas en el proceso, en noviembre de 2025, se inauguró en Cuba la Oficina Especializada para la Atención Integral a Víctimas de Violencia de Género, una iniciativa de la Organización Nacional de Bufetes Colectivo, que ya tiene 40 sedes a lo largo de la isla.

La abogada Ana Isabel Zamora, perteneciente a una de las oficinas en La Habana, explicó a IPS que el rol de la iniciativa es ofrecer asesoría legal, la representación procesal y el acompañamiento a las víctimas de violencia de género.

Pero en sus primeros meses, su oficina ha atendido apenas unos 20 casos.

Zamora reconoció que “aún no está todo lo visibilizada que quisiéramos. Por miedo, por pena, por estereotipos, las víctimas no logran acudir a estos lugares donde se les puede prestar ayuda”.

Fuente: IPS

Sí a la Diversidad Familiar!
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