abril 24, 2019

Aquelarre feminista contra los cuidados invisibles

Extracto del capítulo de Anna Pacheco incluido en el libro 'Aquí estamos. Puzzle de un momento feminista' (Akal e Instituo 25M).


Ilustración de Carmen Alvar

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Durante mis visitas al ambulatorio, también observo dos perfiles de hombre que se repiten: hombres que acuden solos a la visita y que, por lo tanto, no están al cuidado de nadie, y hombres escaqueantes.Están, pero no están. Salen a fumar, no sujetan al niño, vagan por la sala, entran y salen, se quitan y se ponen el abrigo. 

La escritora Lucia Berlin también dice que “la gente pobre está acostumbrada a esperar”. Hay más mujeres pobres que hombres pobres. La desigualdad entre hombres y mujeres se hace aún más evidente cuando la mujer es obrera, racializada, inmigrante. La discriminación es doble, triple, cuádruple. El machismo nos atraviesa a todas, pero a unas más que a otras. La activista gitana Pastora Filigrana resumía en un artículo publicado en CTXT la necesidad de subrayar que existen dos clases obreras: la nativa y la extranjera. En Cataluña, los charnegos sufrían discriminación hasta que apareció la alteridad en forma de inmigrantes: “los de fuera” pasaron, entonces, a ser el enemigo.

La ultraderecha y el fascismo utilizan ahora la división entre nativos y extranjeros como argumentario racista para anteponer el hambre de casa al hambre de fuera. Sin embargo, esta división, este recordatorio de Filigrana, solo tiene sentido hacerla si es para poner el foco en que la desigualdad se agrava para muchas si no ponemos remedio. Del mismo modo que hay menos hijas e hijos de obreros manuales en las universidades –representan menos del 10%, según datos del Ministerio de Educación–, las mujeres migrantes o racializadas tienen trabajos más precarios que las blancas obreras, y sufren más temporalidad, mayor criminalización y cifras más altas de abandono escolar. En la misma sala de espera del ambulatorio en la que estoy pienso que, de media, quienes esperamos ahí viviremos once años menos que las personas de un barrio rico

La cadena que perpetúa el clasismo, el racismo y el machismo se amplifica para las de abajo. Y el capitalismo es el motor que permite que ese ascensor escacharrado sea especialmente inútil y trabajoso para las capas más vulnerables. Pienso en mi abuela, de noventa y seis años, era campesina en Jaén hasta que emigró a Barcelona y puso una tienda de comestibles. Madre de cinco hijos y una hija. 

Cuando se jubiló, mi abuela asumió los cuidados de mi hermana y los míos. Ahora, mi madre asume buena parte de los cuidados de mi abuela porque es ella quien vive más cerca de su casa. La disposición geográfica de los diversos miembros de una familia ya es algo digno de estudio. Me pregunto si el hecho de que mi madre, la única mujer de entre seis hermanos, sea la que vive más cerca de la abuela es un capricho del destino o, más bien, una respuesta lógica a los desequilibrios de género. Las madres con las madres, para que nunca dejen de cuidar. Mi hermana ahora vive al lado de mi madre. Y así, otra vez. 

De mi abuela también cuida una mujer que se llama Carmen y es de Perú. A veces, Carmen se alterna con su hija, Denis, de unos treinta y cinco años. Denis aprovecha algunos ratos mientras cuida a mi abuela –aquellos en los que esta no se comporta como un ogro insoportable– para estudiar Econó-micas. La socióloga Elena Casado, entrevistada en El Salto, expresó con acierto las contradicciones y tensiones de clase que tenemos entre nosotras mismas. Casado hablaba de Nicole, la trabajadora doméstica que la ayuda cuatro horas a la semana en su casa: «Me gusta estar cuando viene para no escudarme: “Toma, enfréntalo, eres alguien que puede pagar este servicio”. Nicole en su casa no tiene a nadie que le limpie. Esa es mi contradicción. Así que no es simplemente la romantización del barrio, sino que es [el barrio] el lugar que a mí me tensa de una manera que creo que es productiva”. 

En el ambulatorio, veo a un matrimonio de unos setenta años que acaba de encontrarse a un conocido. Este hombre le pregunta a Antonio cómo está de salud. El hombre es de esos que, a cierta edad, ha decidido que abrirá la boca solo lo justo. La mujer le explica al amigo de su marido que le han recetado Flumil para el resfriado. La mujer se comunica por él, es simpática por él, es abierta por él, y me parece que es a través de esa desidia de los hombres de cierta edad, que no abren la boca ni para hablar de ellos mismos, que parecen mudos, como se explica también esta condición de eternos cuidados disfuncionales.

Esa imagen del hombre ausente contrasta con la vitalidad y el genio de Rocío, quien sigue contándome su vida en el banco del ambulatorio. Me explica que sus padres se enfadaron cuando decidió abandonar los estudios pese a que intentaron por todos los medios que no renunciara. Rocío cree que si tú eres hijo de currante tiene que pasar algo extraño para que dejes de serlo. “Es algo que está como inculcado”, cuenta. 

El libro Aprendiendo a trabajar. Cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera,de Paul Willis, defiende una tesis parecida, y lo hace desde una mirada crítica y no condescendiente. El propio sistema, nuestra posición social, configura, en cierto sentido, nuestras elecciones y preferencias, y muchas veces el rechazo a los títulos se explica por una identidad activa y rica y por una valoración del trabajo manual en contraposición a la autoridad del sistema dominante. Sublevarse ante los profesores, los padres, ante las normas, ante el sistema universitario, conforma una suerte de contracultura que se manifiesta desde que somos crías y críos. Representa también una forma de expresión y resistencia de la clase obrera. Por supuesto, este mismo sistema también se encarga de expul-sarnos y de recordarnos cuál es nuestro lugaren la sociedad. La discriminación de clase es un hecho: solo alcanzan ciertas metas unos pocos; a veces, gracias a una extraordinaria proeza; otras, por puro azar. 
Ilustración de Carmen Alvar

Rocío también me explica que cuando se matriculó junto con una amiga para estudiar la ESO en un concertado de monjas del barrio de al lado, la miraban mal por ser la choni de la clase. Su amiga, explica, aún lo disimulaba algo más: 

—Pero yo siempre he tenido esta forma de hablar muy mía. Ahora me he refinado algo. Pero nos hicieron el vacío, nos costó la vida. 

Se ríe.

—La Rosalía lleva aros y ahora están de moda, pero cuando yo aparecí con los aros rizados nadie quería juntarse conmigo. Tardé lo mío en hacer amigas, y al final solo me junté, claro, con las más chonis de la clase. Involuntariamente te vas juntando con quienes más se parecen a ti, que es la gente del barrio. 

Tiene gracia, porque esto de juntarse con los más parecidos es lo mismo que reprochaba la madre de Rocío hace un momento en relación con los inmigrantes árabes o latinoamericanos que, dice, “solo se juntan entre ellos”, aunque “ella no es racista”. 

¿Solo se juntan entre ellos porque quieren o son las dinámicas estructurales, de clase y raza las que los empujan y apartan a ello? ¿No ha pasado así siempre? ¿No conviene analizar las causas de ese aislamiento, que quizás solo sea una manifestación, otra, de la discriminación?

Rocío mira a su madre, ahora, de forma inquisidora, como diciendo: 

—Te veo venir, no sigas por ahí.

Por fin llaman a consulta a Valeria. Rocío se despide de mí, aunque pronostica que mañana le tocará volver porque los pulmones de la niña están «tapados» y no cree que esto se solucione en un día. 

—Quedamos en el ambulatorio y seguimos mañana. Total, no tengo nada mejor que hacer.

Yo solo pienso en lo que se contarán esa noche ella y sus amigas en su grupo de WhatsApp.

Y que para cuándo todas juntas el aquelarre.


Extracto del texto de Anna Pacheco en el libro Aquí estamos. Puzzle de un momento feminista, editado por Akal y el Instituto 25M.
Fuente: La Marea

Chile: Balance a un año de las tomas feministas en las universidades



Las estudiantes chilenas sostienen las demandas en defensa de sus derechos al mismo tiempo que mantienen latentes nuevas medidas de fuerza.

Hace un año, el 17 de abril de 2018, las estudiantes de la Universidad Austral dieron el primer impulso a la ola feminista en las instituciones de educación superior, tomando las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades.

Más tarde, el 23 de abril, estudiantes de la Facultad de Ciencias tomaron la unidad tras conocerse que el docente Alejandro Yáñez fue declarado culpable por acoso sexual y laboral a su secretaria, y no fue desvinculado de la universidad. Esta decisión fue ratificada el pasado 28 de diciembre por la Corte Suprema.

Fueron los distintos casos de acoso, abuso y violencia de género dentro del establecimiento los que motivaron la rebelión feminista. Por esas mismas situaciones, el 27 de abril se sumó la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, la que fue tomada por las insuficientes respuestas de la institución en estas materias, especialmente en el caso del ex presidente del Tribunal Constitucional, Carlos Carmona.

Pasados los días, los problemas que daban origen a la movilización también fueron identificados en otras universidades e instituciones, comenzando nuevas paralizaciones y ocupaciones a lo largo del país. De esta forma, a fines de mayo de 2018, más de 20 unidades figuraban tomadas.


Una de ellas fue la Universidad Católica, donde las estudiantes ocuparon el espacio por tres días, sumándose a las exigencias de las mujeres organizadas en otros recintos universitarios. Si bien su movilización fue más corta que en otras instituciones, ésta generó una gran controversia debido a la polarización de la comunidad universitaria y la atención mediática.

Otra toma polémica fue la de la Universidad de Playa Ancha, que fue ocupada por 108 días, e incluyó una huelga de hambre de siete estudiantes. Tras su extensa movilización del 2018, donde consiguieron la creación del protocolo contra el acoso, en marzo de este año volvieron a movilizarse en reclamo por la ineficiencia de los procesos de denuncia y los sumarios que afectaron a seis dirigentas.

Las demandas transversales en las distintas universidades apuntaron a la creación o actualización de protocolos de denuncia, la desvinculación de académicos acosadores y/o abusadores, el reconocimiento del nombre social de las personas trans y la formación profesional con perspectiva de género.

Implementación y mejoramiento de protocolos

Un punto en común entre las universidades mencionadas es que en todas existía la necesidad de dar una mejor canalización a las denuncias por acoso, abuso y discriminación arbitraria. Si bien en las universidades de Chile, Católica y Austral se contaba con protocolos al momento de estallar las movilizaciones, las estudiantes acusaron la ineficiencia de aquellas normativas.

En relación a esto, la vocera de la movilización feminista en la Universidad Católica, Daniela Pinto, comentó a El Desconcierto que “al momento de negociar se nos dijo que los sumarios se iban a acortar porque estaban siendo procesos muy lentos y deberían existir investigaciones más efectivas”. Sin embargo, la joven indicó que aún no pueden verse resultados de este compromiso y que por el momento es un tema que seguirá siendo abordado en las mesas de trabajo que se levantaron tras la movilización. “Es un tema que se está trabajando aún. Hace un tiempo se cambió la persona que estaba encargada de la política de violencia sexual en la universidad. Por lo que sabemos, desde ahí se están reestructurando los protocolos”, señaló Pinto.


En la Universidad de Chile la situación es similar, dado que también se encuentran en curso gestiones para el fortalecimiento de un instructivo que permitiría robustecer el protocolo. Igualmente, los vicios de este sistema siguen generando problemas en la comunidad. Según explica la vocera de la Asamblea Feminista en la institución, Nicole Martínez, el caso de la reciente toma de la Facultad de Química y Farmacia tiene que ver con estas ineficiencias.

“Actualmente uno de los temas más problemáticos luego de las denuncias es que las medidas precautorias quedan a voluntad de los y las fiscales, que son profesores de la universidad, y además muchos de ellos no tienen la capacitación para hacerse cargo de casos de violencia sexual o discriminación arbitraria”, criticó Martínez.

Sobre esto, la dirigenta reconoció y valoró la creación de una fiscalía en la universidad para llevar estos casos, pero observa con preocupación el hecho de que posiblemente “los casos actuales van a pasar a nuevas manos”.

“Tenemos que poner premura y prioridad a los casos que ya están, porque imagínate todo el tiempo que va a pasar en que se instale esta nueva institucionalidad, y que esté el presupuesto para que la cantidad de fiscales sea idónea para todos los casos”, remarcó.
Desvinculación de profesores

El nombre del abogado y ex presidente del Tribunal Constitucional, Carlos Carmona, sonó bastante durante el “mayo feminista”, debido a las denuncias por acoso sexual de parte de su ayudante Sofía Brito. El académico, que se transformó en el rostro insigne de los docentes cuestionados por prácticas machistas, finalmente renunció a su cargo el 29 de agosto de 2018.

Sin embargo, ese no ha sido el mismo destino de otros profesores denunciados. Es más, la imposibilidad de desvincularlos o las bajas sanciones por parte de los reglamentos universitarios son unos de los temas donde menos se ha avanzado, coinciden las dirigentas en conversación con El Desconcierto.


Un caso muy gráfico de esta situación es el fallo de la Corte Suprema respecto a la desvinculación del docente de la Universidad Austral, Alejandro Yáñez. En diciembre pasado, el tribunal indicó que el despido del académico era “un acto inmotivado y, por lo mismo, arbitrario”, a pesar de las denuncias que pesan en su contra. En su momento, el sujeto fue sancionado por la universidad con el traslado hasta otra unidad en Calbuco durante dos años, periodo que está pronto a cumplirse. “Esa persona seguramente va a volver a sus labores normales. Volverá a estar en la Facultad de Ciencias. Va a estar en el mismo espacio que la persona que acosó”, comentó con preocupación Consuelo Sarmiento, una de las voceras de la movilización en la Universidad Austral.

La misma dirigenta contó que en la Facultad de Artes Integradas vivieron una situación en la misma línea, donde dos profesores resultaron sancionados mediante el reglamento interno, pero no fue posible desvincularlos.

En la Universidad Católica el panorama es el mismo. Según la vocera, en la institución continúan dando clases profesores denunciados con procesos abiertos. “En algunos casos los docentes son suspendidos, que es como estar de vacaciones para ellos”, acusó la joven, apuntando que los académicos en esta situación continúan recibiendo su sueldo.

La vocera de la asamblea en la Universidad de Chile coincidió con la postura de sus pares. “Si bien hoy se manifiestan voluntades de que hay que desvincular a los profesores cuestionados, eso queda en manos de personas que son del mismo estamento y que la mayoría de las veces son muy conservadoras. Tienden a dudar bastante de los relatos de las y los estudiantes. Ahí se produce un abuso de poder, porque al final es el testimonio de un estudiante versus un colega”, reclamó Martínez.
Avances en educación no sexista

Otro de los puntos que puso sobre la mesa la movilización feminista fue la exigencia de una educación no sexista, entendiendo que hoy existe una rígida división entre lo que se espera de los hombres y de las mujeres en términos académicos, basado en estereotipos de género. En este punto, las jóvenes también exigieron mayor presencia de autoras mujeres en los planes de estudio, o la desfeminización de carreras como párvulos o enfermería. Asimismo, pidieron que se erradicaran las conductas machistas del aula y que se utilizara lenguaje inclusivo en las cátedras.

Respecto a este punto, la vocera de la Universidad Católica comentó que actualmente existe una mesa de educación que se encuentra trabajando en este tema, pero que no se han visto avances concretos. “Allí se revisarán temas como la modificación de la Impronta UC (perfil de egreso), la diversificación de la bibliografía o la reestructuración de cursos antropológicos”, indicó Pinto.


Desde la Comité Paritario Género y Diversidad de la Universidad Austral explicaron que ya han “incorporado optativos de formación general en temáticas de género, cuestión que se venía implementando desde el 2018 y que se ha mantenido y aumentado. Finalmente, se está terminando de diseñar una serie de talleres sobre género que se impartirán a todos los estamentos de la comunidad universitaria”.

En la Universidad de Chile la instancia encargada de estas materias fue nombrada “mesa de modelo educativo”. “Es un trabajo de muy largo plazo y esa mesa ha sesionado en muy pocas ocasiones, porque todos esos avances que son sumamente importantes quedaron sujetos a espacios que no han sido periódicos“, comentó Martínez.

Cabe destacar que la institución estatal realiza hace algunos años cursos de formación general en relación a temáticas de género en la Casa Central. Esta es una iniciativa de la Dirección Igualdad de Género, órgano que viene trabajando el tema desde antes de las movilizaciones feministas, pero que vio robustecido su quehacer luego de estas.

“El petitorio claramente no se ha cumplido en un 100 por ciento porque cosas que estaban firmadas hoy no se están cumpliendo. En ese sentido, hubo mucho trabajo delegado a mesas de trabajo, pero como asamblea no tuvimos la capacidad orgánica de llevar representantes a todas ellas para presionar que sesionarán de acuerdo a lo acordado”, agregó la dirigenta.

Por Christopher Jerez Pinto 
Fuente: El Desconcierto

abril 23, 2019

Judith Butler: “Un feminismo trans excluyente no es feminismo”

 Foto: Ramiro Alonso

Una de las referentes del movimiento feminista en el mundo defendió los debates hacia adentro del feminismo y desestimó las consignas del feminismo radical trans excluyente.

Cinco cuadras de fila se formaron en Argentina para ver a la filósofa estadounidense Judith Butler, una de las mayores referentes del feminismo en nuestro tiempo. La cita fue en el microestadio del campus de la universidad Tres de Febrero, en el conurbano bonaerense. En el parque del campus había dos pantallas con sonido para transmitir la charla vía streaming por si el microestadio agotaba su capacidad. Y así fue.

Butler se reunió con Marta Dillon, Verónica Gago y Cecilia Palmeiro ‒integrantes del colectivo Ni Una Menos‒ en una mesa para charlar sobre activismo y pensamiento. La autora de El género en disputa y Cuerpos que importan. El límite discursivo del sexo habló sobre el crecimiento del movimiento feminista y la inevitable fragmentación: “Quiero sugerir que no evitemos la fragmentación, porque es un conjunto inevitable de conflictos. Pero si queremos ser un movimiento más fuerte tenemos que aprender a convivir con ella”.

En tiempos en los que se vuelve indispensable la sororidad, sin importar si se trata de mujeres ricas o pobres, lo fundamental es luchar por las desigualdades internas. “Algunos dicen que el feminismo es un movimiento para mujeres, por mujeres y que representa a mujeres. Pero a su vez, el feminismo es un movimiento para combatir la violencia que no es sólo contra las mujeres. La violencia es también contra las trans, contra las travestis, contra aquellas que no nacieron mujeres pero se sienten mujeres y que son vulnerables a la discriminación. También todas ellas son feminismo, y por eso un feminismo trans excluyente no es feminismo”, dijo Butler. La siguió una marea de aplausos.

La filósofa feminista dejó en claro que tenemos que abandonar el individualismo y pensar y actuar en forma colectiva, y recordó que si hoy las mujeres tenemos ciertos derechos es porque otras lucharon por eso en su momento. Puso como ejemplo el cambio de género, que hoy puede hacerse porque alguien ya lo hizo, porque hay un movimiento social que cambió la idea de género, y agregó: “El sujeto es parte de un colectivo, y de alguna manera todes pertenecemos a otres. Y tenemos deudas con aquelles que vinieron antes de nosotres”.

Sobre el movimiento Ni Una Menos, dijo: “Su éxito también se basa en su capacidad de generar diferentes movimientos. Por un lado están relacionados, pero por otro generaron una importante independencia. Y esta independencia se relaciona con la lucha feminista y la construcción de nuestro lugar en el mapa geopolítico”.

“Les decimos: 'Vengan con su enojo'. La idea es que a partir de él podamos identificar las fuentes para generar comunidad, un plan o proyecto, para identificar qué es lo que te hace sentir impotente y no te identifiques como víctima. Por eso la solidaridad y la comunidad política son tan importantes”, dijo Butler. La filósofa animó a unirse, a estar más sororas, a luchar contra el verdadero enemigo y “no entre nosotras”. Entre aplausos y con todos de pie, la charla terminó al grito de “abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer; arriba el feminismo, que va a vencer, que va a vencer”.

Fuente: La Diaria

Semana Santa en el Istmo de Tehuantepec. Una tradición que la sostienen las mujeres


En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, al igual que en muchas otras sociedades a nivel mundial, son las mujeres quienes sostienen los rituales religiosos de la Semana Santa. En la religión católica, las mujeres fueron (y continúan) excluidas de los puestos de toma de decisiones dentro de la iglesia. Sin embargo, son ellas quienes más participan cumpliendo con roles y mandatos de género al realizar actividades asociadas a lo femenino y a lo que supone ser mujer en una sociedad como esta, actividades que de alguna u otra forma, garantizan la continuidad de las rituales católicos.

Las personas que habitan el Istmo son, en su mayoría, personas de origen indígena pertenecientes a la etnia zapoteca donde las figuras de las Xhela-Xuanas y los Xuanas (pareja de mujer y hombre que representan la autoridad máxima en cada barrio) son quienes lideran, coordinan y vigilan que los rituales se realicen con base en sus tradiciones y sistemas normativos con un enorme sincretismo.

Previo al inicio de la “Semana Mayor”, cada viernes de cuaresma, las mujeres de los barrios hermanos acuden a la iglesia en turno para “dar cariño” a la Xela- Xuana, ayudan a desgranar el maíz para elaborar los tradicionales tamales de iguana. El sexto viernes de cuaresma, el Barrio de Laborío en la ciudad de Tehuantepec es la sede de dicho evento en el que únicamente participan las mujeres. El ritual es una mezcla entre religión, picardía y diversión, lo interesante fue que ninguna de las presentes me supo explicar cómo surge o porqué sucede esta tradición.

Cuando les pregunto porque traen jabón para lavar, aceite de cocina y papel de baño, me contestan que es importante traer cosas que sean útiles. En la cultura zapoteca, los ritos, las costumbres y las tradiciones también vigilan que los roles de género se refuercen. Un ejemplo de ello es la fuerte participación de los muxesdurante estos días. Sin embargo, realizan únicamente labores asociadas a roles femeninos como lavar, cocinar, rezar y cuidar a los santos en las iglesias, su presencia, ha generado fricciones en los barrios, razón por la cual únicamente se les permite participar en estos días vestidos como varones.

Los zapotecos, son la única etnia en México que visita a sus muertos durante la Semana Santa, se acostumbra adornar las tumbas con flores muy olorosas y coloridas, las familias enteras acuden cargadas de algo para sentarse, comida, bebidas, música y postres para compartir con sus difuntos y visitar las sepulturas agrietadas y con techos frágiles. En el Istmo aún son visibles las fuertes afectaciones por el sismo de 2017, las iglesias presentan daños importantes, algunas están agrietadas, llenas de polines para sostenerlas o aún cerradas por los daños que sufrieron.

Entre rituales solemnes y otros muy alegres, anduve entre procesiones, las nahuas coloridas de las señoras, los holanes de los trajes de luto, las trenzas con listones, el olor a mole de iguana, a tamalitos y a chocolate. Esta serie de fotografías es una muestra de que dentro de la cocina, acompañando a las comadres, a las tías y a las abuelas, las mujeres se organizan y tejen lazos de solidaridad, ven maneras de divertirse, generar y preservar espacios que para ellas significan alegría y gozo.

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También puedes checar la galería en Archive.org –> https://archive.org/details/MujeresSemanaSanta

Por Greta Rico
Fuente: Luchadoras.mx