septiembre 23, 2020

Primeras Jornadas: Yo No Renuncio

Las Primeras Jornadas Yo No Renuncio, impulsadas por la Asociación Yo No Renuncio, nacen con el objetivo de poner como prioridad de la agenda social y política española la conciliación, para que ninguna mujer renuncie a su carrera profesional para ser madre o a ser madre por su carrera profesional.





Durante los días 30 de septiembre y 1 de octubre reuniremos a expertas y expertos de diferentes sectores en las primeras

Jornadas Yo No Renuncio, donde se reflexionará sobre el análisis y los principales retos en materia de conciliación y corresponsabilidad. Retos que ya se planteaban antes de la pandemia, pero que ahora requieren de una intervención urgente, al haberse intensificado la crisis de los cuidados y al haber empujado a las mujeres a renunciar a un aspecto u otro de su vida.

Celebramos las Primeras Jornadas Online Yo No Renuncio por la conciliación con vocación de cambiar el modelo social actual. Debatiremos con ponentes expertos poniendo el foco en la acción transformadora de la sociedad. Apostemos por la conciliación, la corresponsabilidad y la igualdad sin renuncia para la mujer.

¡Os esperamos los días 30 de septiembre y 1 de octubre!



Jacinda Ardern: primera ministra, madre trabajadora e ‘influencer’


La política es la gran favorita para las próximas elecciones de Nueva Zelanda por su eficaz gestión de la covid y por su carisma en redes sociales, donde es capaz de reírse de sí misma.

Jacinda Ardern, en una conferencia en Wellington, 
Nueva Zelanda, en enero de 2020.NICK PERRY / AP

Cuando su hija Neve cumplió dos años el pasado junio, Jacinda Ardern horneó un pastel en forma de piano que fue mucho más difícil de preparar de lo que ella esperaba. La primera ministra de Nueva Zelanda publicó un selfi al lado de su creación en su cuenta de Instagram, con el siguiente comentario: “Hay una lata de lentejas apuntalando esta cosa por detrás. ¡Feliz cumpleaños Neve! Gracias por ignorar todas las imperfecciones de la vida y ser una joya”. Y es que, desde que ocupó el cargo en el 2017, Ardern ha compartido con los neozelandeses los hitos y tribulaciones de combinar el poder con la maternidad, y ha agradecido varias veces ante el público el trabajo que hace su pareja, el periodista Clarke Gayford, que es el principal cuidador de Neve. En una entrevista a la prensa local, Gayford confesó que la llegada de la covid supuso un desafío para la familia, con días en los que Ardern no llegaba a casa hasta la medianoche para luego levantarse a las cinco de la mañana.

La capacidad para mostrar su lado más humano es uno de los atributos detrás de la elevada popularidad de la primera ministra, con quien el partido laborista confía en ganar las elecciones que se celebrarán el 17 de octubre. La diputada Priyanca Radhakrishnan explica a EL PAÍS por qué cree que su jefa despierta tanta admiración: “Ya hemos tenido tres primeras ministras en Nueva Zelanda, pero Jacinda hace política de forma diferente. Ella no ataca al oponente, sino que juega limpio, y combina la empatía con la fuerza. La gente se centra en su bondad porque es el aspecto novedoso, pero también es una líder que toma decisiones con garra”.

Jacinda Ardern no tiene apuros en mostrar sus flaquezas tanto en el ámbito personal como en el político. Cuando el coronavirus regresó a Nueva Zelanda a mediados de agosto, la primera ministra confesó sentirse “abatida” después de celebrar más de 100 días con cero casos de la enfermedad. Explicó a la prensa que se encontró mejor después de hablar por teléfono con la canciller alemana Angela Merkel. A pesar de tener ideologías políticas distintas, las dos líderes mantienen una cálida relación, hasta el punto de que cuando un periodista le preguntó “a qué líder mundial iría a visitar primero”, Ardern respondió: “Creo que no te voy a sorprender, es Merkel”.

El Gobierno neozelandés ha sido reconocido a nivel internacional por su estrategia de contención de la covid, que solo ha causado 25 muertos en un país de casi cinco millones de habitantes. Priyanca Radhakrishnan explica cómo la primera ministra antepone las vidas de los neozelandeses por encima de cualquier otra consideración. “No es fácil confinar a una ciudad, una región o un país porque el impacto económico es significativo, todos somos conscientes de ello. Pero para nosotros, escoger entre la gente y la economía es una dicotomía falsa, porque si pierdes la gente pierdes la economía”, afirma la diputada.

La región de Auckland, la más poblada del país, sigue en nivel de alerta elevada por la covid, con los actos públicos de la campaña electoral cancelados hasta nuevo aviso. Es por esta razón que las redes sociales se han convertido en campo de batalla para los líderes políticos. Jacinda Ardern aparece casi a diario en sus cuentas de Facebook e Instagram, y combina intervenciones formales donde promueve sus promesas electorales con unas conexiones mucho más informales, desde su casa y vestida con un chándal, con introducciones como esta: “Saludos a todos. Estoy delante de una pared vacía porque es el único sitio de mi casa que no está desordenado”.

La cuenta de Facebook de Ardern tiene 1,7 millones de seguidores, comparada con la de su rival, la líder de la oposición Judith Collins, que tiene 58.000. Ardern y su pareja no publican fotografías de su hija, pero comparten muchos detalles de su vida privada, como la vez que él tuvo que teñirle el pelo a ella (durante el confinamiento) o su fracaso cuando intentaron quitarle el pañal a la niña demasiado pronto. La líder laborista se ha convertido en una sensación en Internet gracias a su naturalidad ante la cámara, su carácter entrañable y la capacidad de reírse de sí misma, hasta el punto de que los medios de comunicación la llaman la “mayor influencer política del país” o “la primera ministra de Facebook”.

Aunque sirve de inspiración para mujeres en Nueva Zelanda y el resto del mundo, la primera ministra admitió en una entrevista que su deseo es “normalizar” la figura de la madre trabajadora. Cuando una niña se le acercó durante un acto de campaña, agarrando con las dos manos un cuento ilustrado sobre su vida, Ardern se paró unos minutos a charlar con ella y escribió esta dedicatoria en el libro: “Las chicas lo pueden conseguir todo”.

Fuente: El País

septiembre 22, 2020

Abierta la preinscripción a becas para cursos de formación para mujeres en política de América Latina y el Caribe


En el marco de la iniciativa interagencial ATENEA: Mecanismo para acelerar la participación política paritaria de las mujeres en América Latina, ONU Mujeres junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA Internacional), convoca a la preinscripción de los cursos de formación para mujeres en política de América Latina y el Caribe.

Desde 2015 ATENEA busca contribuir al ejercicio efectivo de las mujeres de su derecho a la participación política en condiciones de igualdad y no discriminación en los países de América Latina. Con este objetivo, la iniciativa ha desarrollado el Índice de Paridad Política, mecanismo de información, análisis, comunicación y acción ya ha sido implementado a nivel nacional en 11 países (México, Guatemala, Panamá, Uruguay, Chile, Argentina, Perú, Honduras, Colombia, Brasil, Bolivia) y a nivel provincial en Córdoba (Argentina). Asimismo, en 2019 ATENEA conformó la Red de Democracia Paritaria de América Latina, alianza para acelerar el progreso hacia la paridad política en la región. 

Este año, ATENEA ha decidido crecer y avanzar un paso más. En línea con los esfuerzos interinstitucionales para acelerar el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030, y ante los nuevos desafíos provocados por la pandemia por COVID-19, la iniciativa acordó una nueva línea de trabajo para seguir promoviendo la participación política de las mujeres en contexto de crisis y postcrisis. Así, la formación política con foco especialmente en mujeres en puestos de toma de decisión, viene a dar respuesta a una demanda de las mujeres que una vez que acceden al poder precisan de herramientas para una gestión sensible al género, inclusiva y transformadora.

De esta manera, en alianza con el Programa de Educación a Distancia de FLACSO Sede Argentina, ATENEA impulsa la construcción de un campus virtual de formación política para brindar cursos especializados de distinta naturaleza que fortalezcan el conocimiento de mujeres que, desde su diversidad, aspiran a cargos de elección popular o ya se encuentran en la gestión de un cargo en América Latina como en el Caribe. 

Debido a su amplia trayectoria en el estudio e investigación de temáticas relacionadas con la igualdad de género, los derechos humanos y las políticas públicas, FLACSO Argentina ha sido identificada por la iniciativa ATENEA como parte responsable del desarrollo e implementación de esta plataforma virtual de formación política, que incluirá cursos de 1) Violencia contra las mujeres en política (disponible en español e inglés); 2) Gestión política y social en tiempo de crisis; 3) Políticas públicas y agendas legislativas con enfoque de género; y 4) Liderazgo transformacional para una nueva forma de hacer política.

Cada curso cuenta con cupos limitados a los que se accederá a través de becas financiadas por la iniciativa ATENEA. Las mismas priorizarán a mujeres en puestos de toma de decisión política desde un enfoque interseccional que buscará fortalecer la participación política de mujeres indígenas, afrodescendientes, jóvenes (18-29 años), de la diversidad sexual y mujeres con discapacidad; tanto de ámbitos locales/municipales como nacionales de toda América Latina y el Caribe.

La accesibilidad del campus virtual de la FLACSO Argentina disponible en virtual.flacso.org.ar cuenta con un Nivel Doble-A de Conformidad de acuerdo con las Directrices de Accesibilidad para el Contenido (W3E-WCAG), a partir del convenio del año 2019 con el Instituto Interamericano sobre Discapacidad y Desarrollo Inclusivo (iiDi) y el colectivo de jóvenes META (Movimiento Estamos Tod@s en Acción). 

Se realizarán distintas cohortes a lo largo de 2020 y 2021 con el objetivo de garantizar una participación amplia y diversa de mujeres latinoamericanas y caribeñas. 

Para inscribirse en los primeros cursos, puede acceder a la información y preinscripción en los siguientes enlaces: 


Argentina. Una encuesta radiografía la generación de jóvenes argentinas que estalló contra la violencia machista

La investigación “Rompiendo Moldes” arroja datos sobre las juventudes argentinas que han vivido la marea verde por el aborto o el Ni Una Menos.

Varias jóvenes siguen en las inmediaciones del Congreso el debate sobre el aborto.

“La revolución de las hijas”, el “medioevo o las pibas”, “la marea verde”, “no nos callamos más”, “el patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar”… Estas consignas circulan y se repiten con peso para retratar a una generación, la de las jóvenes argentinas, que inspira hormas nuevas para mujeres nuevas. Pero ¿cuántas fichas le jugamos ya al futuro? ¿Cómo dar por hecho que las descendencias vienen reseteadas, per se, para lograr que el machismo arda? ¿Qué pasos faltan dar en el caminito hacia otros Edenes? ¿Es posible llevarse puesto todo y empezar de cero?

Para responder algunas de estas preguntas las organizaciones LatFem y Oxfam Argentina presentaron “Rompiendo Moldes”, una investigación federal realizada en 2019 sobre imaginarios y normas sociales de jóvenes y adolescentes. El objetivo: aportar evidencia y datos que pongan luz a la incidencia que en las juventudes argentinas contemporáneas tienen las representaciones tradicionales de género ─pilares (muchas veces) imperceptibles que le hacen el caldo gordo a las violencias contra las mujeres y niñas─ en un contexto social atravesado por las enormes movilizaciones locales del Ni Una Menos; las vigilias por la aprobación del aborto legal, seguro y gratuito; los paros feministas; los debates en los colegios secundarios; el pañuelo verde atado en las mochilas; las leyes de Educación Sexual Integral; de Protección Integral para Prevenir, Sancionar, Erradicar la Violencia contra las Mujeres; Matrimonio Igualitario, e Identidad de Género; entre otras tantas experiencias.

“El enfoque de este estudio tenía que ver con pensar si todas las transformaciones que estábamos observando desde el movimiento feminista estaban teniendo lugar también en las percepciones e imaginarios sociales de jóvenes y adolescentes. O sea, queríamos saber cómo incide el alboroto que sucede en diferentes ámbitos sociales en las formas en que las/los/les jóvenes de la Argentina conciben sus prácticas cotidianas y comienzan a vincularse, a desarrollarse, a generar sus propias maneras de estar y de habitar el mundo. Más que pensar en las juventudes y el futuro, nos preguntamos por sus presentes”, explica Mariana Paterlini, coautora del reporte.

LOS PROCESOS DEL PAÍS DEL NI UNA MENOS

Durante 2019, el equipo de investigación de LatFem, junto con Oxfam, encuestó de forma presencial a 1127 adolescentes y jóvenes de entre 15 y 25 años de cuatro zonas del Norte, Sur y Centro de la Argentina: la provincia de Tucumán, las ciudades de Neuquén y Cipolletti, el Gran Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Se utilizó una encuesta con 15 preguntas estandarizadas de opción múltiple. Además, se hicieron 14 grupos focales con adolescentes y jóvenes y 25 entrevistas en profundidad a especialistas en el tema, periodistas y profesionales que trabajan con jóvenes y adolescentes.

El resultado fue la implementación local de una investigación con características similares que Oxfam realizó previamente en ocho países de Latinoamérica y el Caribe: Bolivia, Colombia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana.

En Argentina, el interés estuvo puesto en qué opinan y qué reflexiones tienen los y las jóvenes y adolescentes en relación a la desigualdad de género, las violencias, la sexualidad, la diversidad, la libertad reproductiva, las políticas públicas y las recientes transformaciones.

“El rol que tiene la mujer adentro de la casa es distinto al del hombre, está aceptado de esa manera. Cuando cambia eso es raro, sorprende y no sé si decir que sorprende pero… mi papá lava los platos todas las noches en casa y lo tengo en cuenta, pero mi mamá pone el lavarropas quince veces por día y no pienso en eso”
(Una adolescente del grupo focal de CABA – 15 a 19 años)

“Rompiendo Moldes” muestra que en parte de la adolescencia y juventud persisten creencias que sustentan el imaginario y la norma social que afirma que “no existe una desigualdad de género considerable entre varones y mujeres”. Esta quita de importancia a la desigualdad aparece más entre los varones, y son las mujeres quienes más la perciben. Por ejemplo, un 42% de los varones piensa que las mujeres se encuentran en situación de igualdad en relación a los salarios y el acceso al empleo.

“La nueva generación, les jóvenes, tenemos conciencia. Pero hay cosas muy chicas que están naturalizadas, por ejemplo que las mujeres no pueden trabajar de ciertas cosas y es un pensamiento que nos han inculcado”.
(Un joven del grupo focal de Tucumán – 20 a 25 años)

La violencia de género, en cambio, es entendida como un fenómeno recurrente y un problema serio para la mayoría de las personas encuestadas: el 89% de las mujeres y el 79% de los varones opinan que “la violencia contra las mujeres es un problema grave en la Argentina y las autoridades deberían hacer algo al respecto”.

Sin embargo, mientras que el 76% de las mujeres dio a conocer por lo menos una mujer que haya sufrido violencia física o sexual en el último año, solo el 59% de los varones expresó lo mismo. Además, del total de encuestados/as, un 10% de los varones estuvo de acuerdo con la idea de que “si mi amigo le pega a su pareja yo no me meto, es su vida privada” y un 28% reconoció que la mayoría de sus amistades creen que nadie debería meterse en las peleas de pareja.

“Soy un varón de clase media y me siento en una burbuja. Me doy cuenta de que yo, por mi condición de varón, no me enteré de muchas cosas”
(Un adolescente del grupo focal de CABA – 15 a 19 años)

Por otro lado, los datos del informe revelan una amplia discrepancia entre los géneros a la hora de entender como violencia el enojo si la pareja no quiere tener relaciones sexuales. Otros 10 puntos de diferencia entre varones y mujeres se observan igualmente en los niveles de reconocimiento de la violencia en el control del celular de la pareja. Mientras que un 22,1% de las mujeres justifica esta acción, un 33,8% de los varones ni siquiera la entiende como violenta. Entre los varones de 15 a 19 años los porcentajes aumentan: un 29,1% cree que revisar el teléfono de una pareja no es violencia, y otro 15% cree que es una violencia a veces necesaria. En el mismo segmento, el 21% de los varones está de acuerdo (y hasta muy de acuerdo) en que los celos son una prueba de amor.

“Todavía tenemos muy instaladas cosas como ‘me cela porque me quiere’, y ni nos importa si eso significa que nos está partiendo un ladrillo en la cabeza. Nos cuesta darnos cuenta rápido”
(Juana, grupo focal de CABA - 15 años)

Otro aspecto en el que se mostraron importantes disparidades tiene que ver con el libre ejercicio de la sexualidad y la libertad reproductiva. Mientras que el 70% de las mujeres piensa que sus posibilidades de ejercicio de la sexualidad son peores a las de los varones, el 44% de los varones opina que la situación de las mujeres es igual o mejor. Y ante el 61% de mujeres que se cree en desventaja a la hora de decidir tener hijos o hijas, solo el 40% de los varones comparte esta creencia.

Se destaca que cuando las y los jóvenes y adolescentes hablan sobre la libertad en sus relaciones sexuales: el 55,6% de los varones y el 47,6% de las mujeres comparten que para la mayoría de sus amistades “es aceptable que los varones tengan relaciones sexuales con distintas personas frecuentemente”. Las cifras de aceptación, en cambio, disminuyen al 37,5% y 31,6% respectivamente cuando quien tiene relaciones frecuentes con distintas personas es una mujer.

“Si la piba se droga, o tiene relaciones, la juzgan, como si ya fuese su culpa si la matan o la violan”
(Lucía, Neuquén - 22 años)

En este sentido, el 16% de los varones y el 10% de las mujeres que participaron de la encuesta consideran cierto que las mujeres se hacen las difíciles para tener relaciones sexuales, y dicen que no cuando quieren decir sí. La aceptación de esta creencia crece entre las y los adolescentes de 15 a 19 años, y llega al 19,6% en los varones y al 13,5% en las mujeres. En ese mismo grupo de edades, más varones piensan que es culpa del alcohol si ellos, estando borrachos, obligan a una mujer a tener relaciones sexuales.

“Y sí, la masculinidad se potencia cuando estamos en grupo, es casi inevitable”
(Un adolescente del grupo focal CABA – 15 a 19 años)

El mandato de la maternidad como destino obligatorio de las mujeres aparece, también, relacionado con las libertades. Y entonces el informe revela el importante apoyo que mantiene una creencia nociva: el 45,5% expresó que algunas de sus amistades creen que todas las mujeres deberían ser madres.

“Hablo de la presión social. No solo te lo enseñaron desde pequeña, me imagino en una reunión a los 28 sin novio ni nada, y me preguntan ‘¿y para cuándo el novio? ¿y para cuándo el nietito?’ (…) ¿Por qué estar sola es algo malo? ¿No tener un hijo te hace estar sola?”
(Una adolescente del grupo focal CABA – 15 a 19 años)

Ningún varón mencionó algo similar.

El dato alentador: después del debate por el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en 2018, 7 de cada 10 varones y 8 de cada 10 mujeres de entre 15 y 25 años en Argentina acuerdan con la interrupción de embarazos no deseados. Los números marcan una diferencia sustantiva con el cuadro regional, donde el 84% de los varones y el 74% de las mujeres de entre 15 y 19 años relevados estaban en desacuerdo con esta práctica.

Sin embargo, “Rompiendo Moldes” muestra en este punto una mayor polarización de las opiniones en comparación con el relativo consenso en el reconocimiento de otras formas de violencia: el 24,5% del total de jóvenes y adolescentes en desacuerdo con el aborto en casos de embarazos no deseados parece sostener la creencia de que no es violento imposibilitar a las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos.

“Hay situaciones que ya resultan muy chocantes. Por ejemplo, cuando a una chica de mi edad le preguntan ‘¿vos querés ser mamá?’ Y su respuesta es ‘no’, la gente se sorprende y, aunque yo sí quiero, no puedo creer que les parezca raro que una mujer no quiera ser mamá”
(Una adolescente del grupo focal CABA – 15 a 19 años)

Otra foto que nos aleja del resto de América Latina tiene que ver con la diversidad y los derechos. Según el informe, el 93,5% de las mujeres y el 90% de los varones están de acuerdo con que cada persona asuma la identidad de género que desea. Pero mejor si todo ocurre puertas adentro: a diez años de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario y a ocho de la Ley de Identidad de Género, todavía 1 de cada 10 varones acuerda con la idea de que las lesbianas no deben mostrar su orientación sexual en la calle.

“Las cenas familiares o reuniones son lugares difíciles cuando sos lesbiana y vas con tu novia y todo el mundo lo sabe, pero dicen que es tu amiga, porque les incomoda. Yo vacacioné en lo de unos amigos de mis viejos y una de las hijas es tortísima y vive con su novia en el mismo terreno que su familia. La madre dice que vive con su amiga, a pesar de que estuvieron chapando al lado nuestro todas las vacaciones. Eso es violencia, invisibilizar”
(Joven mujer del grupo focal de Neuquén – 20 a 25 años)

PERSONAS EN (DE)CONSTRUCCIÓN


En términos generales, las representaciones de las y los jóvenes de la Argentina son bastante más igualitarias que las de juventudes que viven en Bolivia, Colombia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana. Para Mariana Mariasch, una de las fundadoras de LatFem, el resultado no sorprende si se considera que Argentina es el epicentro de la proliferación de los feminismos en la región, y que los y las jóvenes detectan cambios, hacen parte de esos cambios y los agitan.

Pero lejos de imaginar que la adolescencia y la juventud constituyen etapas de la vida homogéneas, que se replican calcadas, urge destacar las texturas y heterogeneidades de sus representaciones alrededor de los géneros.

En primer lugar, “Rompiendo Moldes” Argentina deja a la vista notorias marchas y contramarchas entre uno y otro género. Desatendiendo lo que podía suponerse, no hay registro de una gran variación en las percepciones según la edad o la localidad.

Así lo explica la coautora Paterlini: “Se dice mucho que, por ejemplo, el norte de nuestro país es más conservador que la capital, y sin embargo la muestra que hemos tomado ─que ha sido bastante diversificada y representativa de grupos y sectores sociales variados─ da cuenta de que las diferencias por pertenencia geográfica son más bien leves en términos de incidencia. Mientras que el género sí marca un punto de distinción”.

Encima, las creencias y los comportamientos que apoyan los imaginarios y las normas sociales nocivas se encuentran más marcados en los varones de 15 a 19 años. Son los más chicos los más reticentes frente a los cambios, especialmente cuando de conductas sexuales se trata.

La socióloga y doctora en Ciencias Sociales, Eleonor Faur, tira del ovillo: “Es necesario comprender que las masculinidades, como cualquier identidad ─también las feminidades e incluso las feminidades feministas─, se constituyen en un proceso continuo. Las estadísticas nos muestran una foto, pero lo que hay detrás de cada experiencia y respuesta es un proceso particular que ha atravesado cada uno de esos muchachos. Cuando son un poco más grandes, la propia lógica de los vínculos entre chicos y chicas y el empoderamiento de las chicas va inspirando y empujando, en cierto sentido, a los varones a revisar sus propias prácticas y los aprendizajes de las masculinidades más dañinas en sus vínculos con las mujeres”.

Las socializaciones, la inscripción con los años en una red de relaciones más ampliada parecen meter cuña en los formatos estereotipados desde donde se parte y sumar a desandar modelos enquistados. Que sean los varones chicos los estandartes de lemas más reaccionarios no sería contradictorio entonces con la posible existencia de procesos de consolidación de masculinidades alternativas.

En sintonía, Faur propone dejar de lado las metas romantizadoras: “Nunca vamos a encontrar un modelo de vida, un modelo identitario que sea completamente universal. Siempre va a haber una disputa de modelos, de sentidos, de prácticas y de representaciones en torno a las masculinidades, a las feminidades, a las relaciones sociales de género. Con lo cual, que estemos en un proceso en el que se puedan estar construyendo algunas masculinidades alternativas frente a un modelo patriarcal estricto no quiere decir que no vayan a existir esas otras expresiones. Las identidades y las relaciones de género las interpreto en una permanente tensión entre cambios y continuidades. Y cada nueva escritura se imprime sobre una gramática anterior, como en un palimpsesto”.

“Rompiendo Moldes” sacó una gran foto de imaginarios y normas sociales machistas en un punto en el tiempo y en el espacio. Una imagen que permite, cual mapa del tesoro, afianzar un rumbo ─todavía menos a tientas─ en la lucha contra la violencia contra las mujeres en la Argentina, poniendo la lupa en aquellos aspectos pendientes de transformación y en la acción urgente de algunas áreas, tanto desde las organizaciones feministas y los medios de comunicación como desde las políticas públicas que implementa el Estado.

Fuente: El Salto

septiembre 21, 2020

¿Por qué los hombres siguen explicándoles cosas a las mujeres?



La machoexplicación subraya un problema mucho más profundo que el aburrimiento de los monólogos condescendientes. Kate Manne, autora de “Entitled”, analiza ese fenómeno.

“¿Podrías por favor, por favor, por favor, dejar de hablar?”

— La muchacha de Colinas como elefantes blancos (1927) de Ernest Hemingway

¿Por qué los hombres siguen explicándoles cosas a las mujeres?

Es algo común. Es digno de vergüenza. Y, algunas personas podrían argumentar que ha sido documentado desde al menos el siglo XVII. Se produce en Twitter. Sucede en el trabajo y en las cenas de Acción de Gracias. En los bares y en las aulas. Lo hacen los hombres famosos. Lo hacen los tíos. Los políticos, los colegas, los hombres que conocemos en citas desagradables, los burócratas y los vecinos también lo hacen. (Quizás, irónicamente, algunos de ustedes lo hagan después de leer esto). Sí, estamos hablando de la machoexplicación.

Esta palabra compuesta describe la acción de cuando un hombre explica, sobre todo a una mujer y sin que se lo haya pedido, algo sobre lo que él cree saber más que ella —y en ocasiones, con detalles soporíferos— sin importar si él realmente sabe al respecto o no.

El hábil planteamiento de este fenómeno tuvo origen en el ensayo de 2008 de Rebecca Solnit Los hombres me explican las cosas, en el que describe una conversación que sostuvo durante una fiesta con un hombre cuyos “ojos estaban fijos en el borroso y lejano horizonte de su propia autoridad”. Luego de enterarse de que el libro más reciente de Solnit era sobre el fotógrafo británico Eadweard Muybridge, la interrumpe para elogiar sin cesar un libro “muy importante” sobre Muybridge que piensa que ella debería leer.

Resulta que ese era su libro. Y él no lo había leído.

Según cuenta Solnit, se necesitaron tres o cuatro interjecciones de su amiga para hacerle saber al machoexplicador que en realidad ella era la autora, antes de que él finalmente prestara atención. Resulta revelador que también le haya llevado un tiempo a Solnit reconocer que el libro al que él se estaba refiriendo en realidad era el suyo: “Estaba tan absorta en el papel de ingenua que me había asignado, que estuve perfectamente dispuesta a considerar la posibilidad de que otro libro sobre el mismo tema se hubiera publicado al mismo tiempo que el mío y, de algún modo, yo no me había enterado”.

La palabra “mansplaining” (machoexplicación), la cual va mucho más allá de las fronteras de Estados Unidos, tuvo su origen en ese ensayo. Hoy en día, existe una lista que crece cada vez más de iteraciones a nivel internacional. En alemán, es “herrklären”. En francés, “mecspliquer”. Los italianos usan “maschiegazione”. En español se dice “machoexplicación”, y existe una palabra para ello en ruso, árabe, hebreo, hindi, mandarín, ucraniano, japonés y decenas de otras lenguas.

La machoexplicación ilustra un problema mucho más profundo que los monólogos aburridos. Como lo señala Solnit, “doblega a las mujeres jóvenes para que se queden calladas” al afirmarles “que ese no es su mundo”. Y añade: “Nos adiestra para que dudemos de nosotras mismas y nos limitemos, al mismo tiempo que pone en práctica el exceso de confianza sin fundamentos de los hombres”. Después de más de una década, ¿por qué sigue siendo tan común que los hombres interrumpan a las mujeres para explicarles cosas de las que a menudo poseen menos conocimientos que las mujeres a las que se las están explicando?

Kate Manne, profesora adjunta de Filosofía en la Universidad Cornell, explora el tema en un capítulo de su nuevo libro Entitled: How Male Privilege Hurts Women (Legitimado: cómo los privilegios del hombre lastiman a la mujer). En una conversación telefónica reciente desde su casa en el norte de Nueva York, donde vive con su esposo, su bebé de ocho meses y un corgi, Manne analizó el problema.

¿Cómo llegamos a la idea de que los hombres son una autoridad en el área del conocimiento?

Quizá haya pasado poco tiempo desde que se le dio un nombre a la machoexplicación pero, en esencia, es un fenómeno antiquísimo. En el patriarcado, es inherente el derecho del hombre a todos los bienes humanos de valor: cosas como amor, afecto, adoración, sexo, poder… y conocimiento. Cuando se trata del conocimiento, sobre todo del tipo de conocimiento que otorga prestigio, la idea de que los hombres tienen derecho prioritario a él es tan respetable como el patriarcado mismo. En ocasiones, se asocia a la idea de que las mujeres carecen de la capacidad de ser figuras de autoridad. Por ejemplo, en La política, Aristóteles escribió: “Al esclavo le falta por completo el elemento de deliberación; la mujer lo posee, pero carece de autoridad”.

A partir del estudio clásico John vs. Jennifer de la Universidad de Yale, sabemos que los hombres y las mujeres tienen prejuicios relacionados con que las mujeres son menos competentes. ¿Es esta una parte primordial de la machoexplicación?

En definitiva. Algo de lo que está sucediendo es la suposición de que una mujer tiene menos conocimientos, que es menos competente y que, de alguna manera, necesita que el hombre le explique las cosas.

Eso no aclara el hecho de que la machoexplicación a menudo también implica que los hombres no aceptan las pruebas de que las mujeres saben más que ellos sobre algún tema y que, en ocasiones, se enojan cuando eso es cierto.

¿Por qué algunos hombres machoexplican incluso cuando saben que la mujer tiene una buena preparación?

Yo lo asocio a la idea de que a algunos hombres privilegiados se les otorga el derecho de ser los expertos, de tener el conocimiento en esa conversación. Mientras que, paradójicamente, la mujer experta es la ingenua que necesita su dosis de información, como lo dijo Rebecca Solnit.

Hablas de “hombres privilegiados”, pero los que son menos privilegiados, aunque sean varones, también machoexplican.

A pesar de que suele ser peor en el caso de los hombres más privilegiados, existe una poderosa dinámica de género en la que a menudo el hombre ha sido socializado para sentirse como si fuera la autoridad.

Por otro lado, las chicas están socializadas para ser complacientes y atentas, para no avergonzar a los hombres…

En definitiva, hay una sensación muy fuerte en las mujeres de que deben actuar como un público cálido para ellos, un público que no los interrumpa. Corregir a alguien es un acto inherentemente jerárquico. Es como decir: “Estás equivocado y yo estoy en lo correcto”. Intervenir cuando él está equivocado o sabe menos de algún tema equivale a alterar la jerarquía de género. Pese a que la mujer tiene todo el derecho a intervenir, los hombres que se sienten con el derecho de tener una conversación tranquila lo perciben como algo socialmente brusco, descortés e incluso como una forma de agresión. Debido a que esto rompe con el orden establecido y anula su posición de ser la autoridad predeterminada en la conversación.

¿La interrupción va de la mano con la machoexplicación?

Sí. Está relacionado con el sentido de la legitimidad, de ser el conocedor y el que da las explicaciones. Ese sentido de derecho epistémico hace que sea muy natural hablar por encima de los demás, y mantener la palabra durante más tiempo del apropiado. También hace que los hombres estén más dispuestos a tomar la palabra. Un estudio realizado en 2004 entre los estudiantes de derecho de Harvard reveló que los hombres tenían un 50 por ciento más de probabilidades de hacer al menos un comentario en clase, y casi un 150 por ciento más de ofrecerse como voluntarios para hablar tres veces o más.

¿Cuál es un ejemplo de machoexplicación en la cultura?

En el cuento de Ernest Hemingway Colinas como elefantes blancos, un hombre y su novia embarazada están sentados en un bar esperando a que pase el tren. Él trata de convencerla de que abortar es “perfectamente sencillo”. Además de no dar lugar en la conversación para las propias reservas, deseos y planes de ella, no deja de repetir lo mismo. Finalmente, la mujer se fastidia: “¿Querrías por favor, por favor, por favor, por favor, callarte la boca?”. Como lectora, es difícil no adherirse a la postura de ella.

El término “Himpathy” (empatía hacia él) es la idea de que sentimos pena por los hombres incluso cuando se han comportado de forma aborrecible. ¿Cómo se combinan la himpathy y la machoexplicación?

Pienso queHimpathy es la excesiva o indebida simpatía que se da a los hombres por encima de sus víctimas femeninas en casos de comportamiento misógino, como la agresión sexual. La Himpathy y la machoexplicación interactúan haciéndonos sentir lástima por los hombres que, de otra manera, corregiríamos de manera tajante. Sentimos una lástima preventiva por si él se sintiera humillado o incluso castigado al ser corregido. Y nos hace sentir culpables, o incluso avergonzadas, por pensar en ello.

¿Qué debería preguntarse un hombre a sí mismo para evitar ser un machoexplicador?

¿A ella le interesa? ¿Manifestó que quiere esta información? ¿Yo sé de esto? ¿Ella sabe más que yo? ¿Es posible que ella solo haya hecho una pregunta retórica?

¿Tal vez mirar su rostro?

[Risas] Sí, interpretar el ambiente. Si parece que las demás personas están muy incómodas, eso podría ser una señal de que has cometido un error en el diálogo.


escritora que vive en Berlín y da cobertura a temas de política de género y cultura.
Fuente:  Diario Femenino.arg