abril 30, 2026

Transparencia salarial y efecto sobre la brecha de género


Imagen::Freepik


En economía laboral, una preocupación persistente es la brecha salarial entre hombres y mujeres, que persiste incluso en economías desarrolladas. Para abordarla, se han planteado distintas políticas. Una de ellas es la transparencia salarial, que obliga a las empresas a divulgar información sobre las diferencias retributivas por género. La clave es evaluar si esta medida resulta eficaz para reducir desigualdades, en comparación con otras intervenciones más restrictivas, como las cuotas de género o la regulación directa de salarios.
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Un estudio reciente,“Pay Transparency and Gender Equality”, examina el efecto de las políticas de transparencia salarial sobre la desigualdad de género en el mercado laboral del Reino Unido. Sus resultados aportan evidencia sobre en qué aspectos esta política puede ser útil y en cuáles presenta limitaciones.

En el Reino Unido, desde 2018, las empresas con más de 250 empleados están obligadas a publicar indicadores de igualdad salarial. Entre ellos se incluyen la brecha media en el salario por hora entre hombres y mujeres, así como la proporción de mujeres en cada cuartil de la distribución salarial dentro de la empresa. Esta información debe hacerse pública tanto en la web corporativa como en una plataforma oficial del gobierno.

La introducción de esta normativa en 2018 genera un cambio institucional que permite comparar la evolución de las empresas afectadas por la obligación con la de aquellas que no lo están, antes y después de la implementación de la medida.

¿Reduce la transparencia salarial la brecha salarial de género?

La evidencia apunta claramente a una respuesta afirmativa. El estudio estima que la transparencia salarial reduce aproximadamente un 19 % la brecha salarial en las empresas obligadas a informar. Este resultado es especialmente significativo porque muestra que una política relativamente “suave”, sin sanciones directas por obtener malos resultados y basada únicamente en la divulgación de información, puede generar cambios importantes en el funcionamiento del mercado laboral.

Sin embargo, hay un matiz relevante. La reducción de la brecha no proviene principalmente de aumentos en los salarios de las mujeres. Más bien, el ajuste se produce a través de una desaceleración en el crecimiento salarial de los hombres, mientras que los salarios femeninos apenas se ven afectados. En otras palabras, las empresas tienden a evitar incrementos que amplíen la brecha existente, lo que apunta a un proceso de compresión salarial más que a una mejora directa de los ingresos de las mujeres.


La transparencia también tiene efectos importantes sobre el comportamiento tanto de las trabajadoras como de las empresas. El estudio muestra que, cuando las diferencias salariales se perciben como injustas, aumenta la probabilidad de que las mujeres abandonen empleos peor remunerados. Esto implica que las empresas con mayores brechas salariales enfrentan un mayor riesgo de perder talento femenino y de tener más dificultades para atraerlo. Al mismo tiempo, la evidencia sugiere que muchas empresas han reaccionado a la exposición pública de estas diferencias tratando de incorporar más mujeres en puestos mejor remunerados.

El papel clave del escrutinio público


Los resultados de este estudio subrayan el papel clave de los incentivos reputacionales. Al hacer visibles las desigualdades salariales, la transparencia expone a las empresas al escrutinio de los medios de comunicación, de sus propios empleados y de la sociedad en general. Esto genera incentivos para mejorar sus indicadores de igualdad y evitar percepciones negativas que puedan dañar su imagen, dificultar la atracción de talento o afectar su relación con inversores. En este sentido, la política no actúa tanto por imposición directa, sino a través de la presión social derivada de la difusión pública de la información.


Además, el artículo muestra que las empresas con mayores brechas salariales iniciales son las que reaccionan con más intensidad, lo que sugiere que la medida es especialmente efectiva allí donde el problema es más grave. También se detectan cambios en las prácticas empresariales, como una mayor tendencia a incluir información salarial en las ofertas de empleo y posibles ajustes en los procesos de contratación y promoción, aunque estos últimos son más difíciles de observar de manera directa.
Conclusión

El estudio pone de manifiesto que visibilizar la desigualdad no solo permite cuantificarla, sino también contribuir a reducirla. La transparencia salarial se perfila así como una herramienta poderosa, cuyo efecto principal consiste en modificar los incentivos y sacar a la luz prácticas que antes permanecían ocultas. En este sentido, el artículo resalta una idea clave: la información no solo describe la realidad, sino que también puede transformarla.

Al mismo tiempo, el trabajo deja claros los límites de esta política. En el lado positivo, la transparencia provoca reacciones tanto en las trabajadoras como en las empresas. Por un lado, aumenta la probabilidad de que las mujeres abandonen empresas con grandes brechas salariales y busquen empleo en aquellas con menores diferencias. Por otro, refuerza los incentivos de las empresas para incorporar mujeres en puestos mejor remunerados. Estos cambios de comportamiento deberían contribuir a reducir la brecha salarial.

Sin embargo, también hay aspectos menos favorables. La reducción de la brecha no se logra, al menos en el corto plazo, mediante aumentos salariales para las mujeres. Para alcanzar ese objetivo, es necesario complementar la transparencia con otro tipo de políticas.
Referencia


Blundell, Jack, Duchini, Emma, Simion, Stefania and Turrell, Arthur (2025).
American Economic Journal: Economic Policy 17(2), 418-445

Sobre la autora

es doctor en Economía y profesor emérito de la Barcelona School of Economics.
Fuente: Mujeres con Ciencia

abril 29, 2026

Sin huesos rotos, no hay delito: las nuevas normas de talibanes sobre violencia contra las mujeres


Dos mujeres sentadas en una banca en Kabul, mientras cuidan a un niño que juega en una bicicleta. Según las nuevas leyes de los talibanes, una esposa que visite a sus familiares sin el permiso de su marido se enfrenta a hasta tres meses de prisión. Imagen: Learning Together

Los talibanes han establecido nuevas leyes que, en la práctica, legalizan la violencia doméstica contra las mujeres y los niños. El líder supremo de Afganistán, el mulá Hibatullah Akhundzada, firmó en enero un decreto por el que se introduce un nuevo código penal.

Ese nuevo código contiene tres partes, 10 capítulos y 119 artículos que legalizan la violencia, codifican la desigualdad social e introducen medidas punitivas ampliamente condenadas como un retorno a la esclavitud.

«Las leyes son otro ataque más contra las mujeres y violan flagrantemente los derechos humanos», afirma Mitra (nombre ficticio por razones de seguridad), una activista por los derechos de las mujeres residente en Afganistán.

Las leyes, que fueron filtradas al público por diversas organizaciones y medios de comunicación, han dejado a la gente, especialmente a las mujeres, en estado de shock. Sin embargo, no pueden actuar ni siquiera alzar la voz. Según el nuevo código, oponerse o hablar negativamente del régimen talibán se considera un delito y puede acarrear sanciones penales.

Según el artículo 32 del código penal talibán, los maridos tienen derecho a disciplinar físicamente a sus esposas e hijos. Siempre que no se rompan huesos ni se produzca sangrado visible, las acciones del hombre no se consideran un delito y no acarrean castigo penal.

Incluso si se demuestra ante un tribunal que la violencia infligida a una mujer ha causado lesiones visibles o fracturas óseas, el hombre se enfrenta a una pena máxima de solo 15 días de prisión.

Esta ley talibán ha legalizado de hecho la violencia doméstica y ha bloqueado el acceso de las mujeres a la justicia.

Según el artículo 32 del código penal talibán, los maridos tienen derecho a castigar físicamente a sus esposas e hijos. Siempre que no se rompan huesos ni se produzca sangrado visible, las acciones del hombre no se consideran delito y no acarrean sanción penal

Según el artículo 34 del nuevo código penal talibán, si una mujer visita repetidamente la casa de su padre o de sus familiares sin el permiso de su marido y no regresa a la casa de este, se considera un delito tanto para la mujer como para los miembros de su familia. La pena puede ser de hasta tres meses de prisión.

Según la nueva ley, un marido tiene derecho a agredir violentamente a su esposa si ella desobedece.

Este decreto talibán obliga a las mujeres a permanecer en sus hogares bajo cualquier circunstancia, incluso ante amenazas y violencia doméstica. Las mujeres ya no pueden buscar protección ni refugio en las casas de sus propias familias.

Según documentos de la organización de derechos humanos Rawadari, el código penal talibán fue promulgado por el mulá Hibatullah Akhundzada el 7 de enero de 2026 y posteriormente distribuido a las instituciones judiciales provinciales para su aplicación.

Los decretos emitidos por los talibanes, desde su retorno al poder en agosto de 2021, suelen mantenerse en secreto dentro de sus instituciones judiciales y solo se comunican al público a través de las mezquitas y los ancianos de la comunidad.

La población solo se entera de ellos cuando los medios de comunicación y las organizaciones de derechos humanos consiguen acceder a ellos y los publican.

El régimen talibán ha dividido efectivamente a la sociedad afgana en cuatro clases, y el castigo por un delito no viene determinado por la naturaleza del mismo, sino por el estatus social del infractor. En la cima se encuentran los eruditos religiosos, que reciben consejos y advertencias en lugar de castigos penales.

A continuación viene la élite, que incluye a los miembros de la clase dominante, como los ancianos de las aldeas y los comerciantes adinerados. Estos están sujetos a una escala de castigos más leve y, por lo general, evitan las penas de prisión, por ejemplo.

La clase media se enfrenta a castigos más severos. En la parte inferior de la escala se encuentra la clase baja, cuyo castigo puede incluir azotes públicos y duras penas de prisión.

La nueva ley también emplea un término que se refiere a los esclavos como distintos de las personas libres.

La esclavitud se abolió oficialmente en Afganistán en 1923. Pero según el nuevo código, tratar a las personas como esclavas vuelve a ser una práctica habitual. Por ejemplo, un amo tiene el derecho legal de disciplinar a su subordinado y un marido a su esposa.

Esto desmantela de hecho el principio de igualdad ante la ley.

Mitra afirma que estas leyes talibanes son un claro ataque contra las mujeres y violan todos sus derechos humanos.

Al aplicar estas normas, los talibanes han confinado a las mujeres entre las cuatro paredes de sus hogares, obligándolas a soportar cualquier tipo de abuso en silencio.

«Lo que los talibanes han establecido en los artículos 32 y 34 te pone los pelos de punta. Los talibanes ven a las mujeres únicamente como objetos sexuales. Estas leyes legitiman todas las formas de violencia contra las mujeres, y estas ni siquiera pueden buscar justicia o refugiarse en la casa de su padre o de su hermano. En efecto, esto encarcela oficialmente a las mujeres bajo todo el peso de la violencia doméstica», afirma.

Todas estas disposiciones se redactaron sin debate alguno y han entrado en vigor con escasa discusión y sin participación pública.

Su existencia solo se dio a conocer cuando la organización de derechos humanos Rawadari obtuvo las leyes y las publicó en su sitio web en lengua pastún. Poco después de su firma, se enviaron inmediatamente a las provincias para ser tramitadas por los tribunales controlados por los talibanes.

Como señala Maryam, una residente del distrito de Ragh, en la provincia nororiental de Badakhshan, una vez que los mulás locales anuncian las leyes talibanes en las mezquitas, estas se aplican de inmediato en los distritos y aldeas, y todos los casos se juzgan según esas normas.

«La mayoría de la gente de nuestra aldea es analfabeta, e incluso quienes tienen estudios o conocen los derechos de las mujeres no pueden decir nada por miedo. Si pronuncian tan solo una palabra, la gente del lugar se vuelve contra ellas y les surgen problemas. Las mujeres se ven obligadas a aceptar todo lo que digan sus maridos porque no tienen otra opción», afirma Maryam, también un nombre ficticio para proteger su seguridad.

Desde que los talibanes retomaron el control de Afganistán, han estado promulgando y aplicando decretos y leyes que han violado sistemáticamente los derechos humanos, confinando a las mujeres entre las cuatro paredes de sus hogares.

Pero esta vez han ido más allá, otorgando legitimidad legal a todas las formas de violencia contra las mujeres.

Mitra hace un llamamiento a todas las organizaciones de derechos humanos y a la comunidad internacional para que se opongan a las acciones de los talibanes y no les permitan arrastrar a las mujeres a un sistema de esclavitud propio de los primeros siglos.

Advierte de que, si el mundo no se pone del lado de las mujeres afganas, estas serán empujadas hacia la destrucción y se enfrentarán a una grave catástrofe humanitaria.

La autora es una periodista afgana, formada con apoyo finlandés antes de la toma del poder por los talibanes. IPS mantiene su identidad anónima por razones de seguridad.

abril 28, 2026

“El feminismo que no incomoda es marketing”: Júlia Salander contra el machismo

En la FILBo, Júlia Salander no vino a suavizar la conversación: vino a nombrar el machismo, medirlo y confrontarlo con datos, palabras y respuestas que incomodan.

Créditos: Ana Moya - KienyKe

En medio del ruido de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, donde las voces se cruzan y las ideas se exhiben, Júlia Salander toma la palabra para hacer lo contrario a lo cómodo: incomodar. Politóloga, analista de datos y activista digital, llega con un libro que no busca consenso sino reflexión. Fuego al machismo moderno no es solo un compendio de frases cotidianas; es un ejercicio de memoria, de respuesta y de confrontación.

¿Quién es Júlia Salander en sus propias palabras? ¿En qué momento las convicciones resultaron en un trabajo diario?

Es difícil describirse a una misma. Pero, en esencia, mi trabajo en redes consiste en señalar el machismo, especialmente la violencia que sufrimos las mujeres. Mi objetivo es visibilizar lo que ocurre e invitar a la reflexión.

Hay muchas cosas del machismo que tenemos completamente interiorizadas. Por eso nace también la idea del libro: Fuego al machismo moderno. Es un recopilatorio de frases machistas que hemos escuchado a lo largo de la vida —incluso frases que yo misma he dicho—. Algunas son muy evidentes, otras mucho más sutiles. Lo que hago es recogerlas y responderlas. No para que la gente repita mis respuestas, sino para que las entienda y analice qué hay detrás. Mi objetivo es fomentar el pensamiento crítico, cuestionar aquello que repetimos por inercia y entender qué violencias hemos normalizado.

¿Cómo surge la idea de construir respuestas frente a esas afirmaciones?

Surge de la vida cotidiana y también del trabajo en redes. Muchas seguidoras me escriben diciendo: “Me han dicho esto, sé que está mal, pero no supe qué responder”. A todas nos ha pasado: en medio de un debate te quedas en blanco, y luego, en casa, piensas en lo que hubieras querido decir. El libro nace de ahí, de años escuchando frases, investigando, leyendo y analizando datos. Hay ideas tan arraigadas que requieren profundizar mucho para desmontarlas. Entonces decidí recopilar todo eso y ofrecer herramientas que inviten a reflexionar.

¿El libro puede entenderse también como una respuesta a esa idea de que “callada se ve más bonita”? ¿Qué significa hoy recuperar la palabra?

Totalmente. Hay una frase que me gusta mucho: “Lo que no se nombra no existe”. Por eso es tan importante la palabra. Nombrar, visibilizar, explicar. También reivindico mucho el uso de datos. Los datos aportan una realidad tangible. No es lo mismo decir “los hombres cobran más que las mujeres” que decir “en España los hombres cobran un 23% más”. Ahí ya no estamos en el terreno de la opinión, sino de la evidencia.

Nombrar las cosas con datos permite dimensionar el problema, pero también ayuda a no sentirnos solas. Cuando hablamos, especialmente de violencias como la sexual, entendemos que no es algo individual, sino colectivo. Y eso da fuerza.

¿Qué le han revelado los datos sobre el machismo que no podría verse de otra forma?

Sobre todo en violencia sexual. Hay datos muy impactantes, como que el 60% de las mujeres que han sufrido agresiones sexuales nunca se lo han contado a nadie. También está la cifra de denuncias: en España solo se denuncia alrededor del 8%. Eso significa que el 92% de los casos no llegan nunca a registrarse. Entonces, la magnitud real del problema es difícil de dimensionar. Y hay otros ámbitos, como la prostitución, donde directamente faltan datos. Yo, por ejemplo, soy abolicionista de la prostitución, y cuando intento acercarme a este tema desde esa perspectiva, me encuentro con que no hay cifras claras. No sabemos cuántos hombres consumen prostitución ni cuántas mujeres o niñas están en esa situación. Sin datos, no podemos entender ni combatir el problema. Para poder atajarlo, primero necesitamos dimensionarlo.

¿Cómo evalúa la disposición de los Estados para registrar la violencia machista?

Terrible. Casi no se registran datos. Y no solo eso, muchas veces se registran mal. Por ejemplo, con el feminicidio: dependiendo de cómo lo definas, lo cuentas o no lo cuentas, y hay muchos casos que nunca llegan a las estadísticas oficiales. Entonces es un problema muy grande, porque si no hay datos, no podemos entender la magnitud del problema. Y muchas veces tampoco hay interés en recogerlos, porque dimensionar el problema implica asumir que tienes que buscar soluciones. Y cuando no hay voluntad política real, ¿para qué lo vas a medir?
Hablemos del título: Fuego al machismo moderno. ¿Cómo se manifiesta hoy ese machismo?

Muy turbio. Yo pensaba que las generaciones anteriores eran machistas porque les educaron así. Nadie nace feminista, yo tampoco. Yo me he convertido en feminista leyendo, estudiando, reflexionando, desaprendiendo lo que me habían enseñado. Pero ahora veo a chicos de 16, 17, 18 años con discursos profundamente machistas, incluso más que los de sus abuelos. Y eso me impacta muchísimo, porque ahora tenemos más información que nunca. Creo que las redes sociales tienen mucho que ver. Premian la hostilidad y el odio. Si un chico publica un mensaje insultando a las mujeres y recibe miles de “likes”, eso genera validación social. Aprende que cuanto más odio expresa, más reconocimiento obtiene.

¿Qué papel juegan las redes sociales en este fenómeno?

Es complejo, porque no solo es el algoritmo, también somos nosotros como consumidores. El contenido negativo conecta más, genera más reacción, más compartidos. Si explicas una injusticia, una agresión, eso remueve emocionalmente y se viraliza más que una noticia positiva. Entonces, también hay una responsabilidad colectiva en qué consumimos. En el caso de los incel, por ejemplo, hay mucha frustración y una necesidad de validación grupal. Y en esas comunidades se refuerzan discursos de odio.

Se dice que el machismo actual se esconde en el humor, que es más sútil ¿Cuál es su postura frente a esto?

El humor puede ser una herramienta, incluso para el activismo, pero hay que tener cuidado. Para mí, el humor debe ser horizontal o de abajo hacia arriba. Cuando es de arriba hacia abajo, es violencia. Muchos chistes se hacen sobre mujeres o colectivos vulnerables. Bajo la excusa de “es una broma”, se perpetúan desigualdades. Entonces hay que cuestionar qué hay detrás de ese humor.

¿Cómo ha sido para Julia convivir con el hecho de que sus ideas pueden incomodar?

Hay una frase que me gusta mucho: “El feminismo que no incomoda es marketing”. Yo sé que mis ideas incomodan, pero eso significa que estoy señalando algo que no funciona. Si no incomodas al sistema, es porque no lo estás cuestionando. Entonces, para mí, incomodar forma parte del proceso. Muchas veces intentan invalidar el mensaje criticando el tono, diciendo que somos exageradas o que estamos enfadadas. Pero es una forma de desviar la conversación.

Este libro no solo es para los lectores o lectoras, es también para usted, Escribir es un regalo íntimo y personal… ¿Qué le dejó a Julia Sallenders el proceso de escribir este libro?

Al principio tuve mucho síndrome de la impostora. Me daba respeto dejar mis ideas por escrito, pensar que en unos años podría cambiar de opinión. Pero también pensé: hay muchísima gente publicando sin cuestionárselo tanto. Así que decidí hacerlo. Fue un proceso muy terapéutico, porque muchas de esas frases las recibo en comentarios de odio y nunca respondo por salud mental. El libro me permitió responderlas desde otro lugar. Fue una forma de transformar todo eso en algo útil.

Link de la entrevista:

Fuente: https://www.kienyke.com/las-kienes/el-feminismo-que-no-incomoda-es-marketing-julia-salander-contra-el-machismo

Por 
Samuel Sosa
Fuente: Kienyke

abril 27, 2026

México. Desaparición de niñas y adolescentes, una realidad que no se quiere ver

Desaparición de niñas y adolescentes, una realidad que no se quiere ver |  SemMéxico
Hay abandono de las políticas públicas, señala Omaira de Jesús Ochoa Mercado

Niñas y adolescentes constituyen poco más de la mitad de las personas desaparecidas de ese grupo etario

La desaparición de niñas y adolescentes en México -del que se maneja una cifra diaria de 19 niñas desaparecidas-, es un fenómeno que no se quiere ver, abandonado por las políticas públicas y por el gobierno, por lo cual no existe diálogo y cuando se da es muy selectivo, es espacios limitados de participación, cuestionan el trabajo que hacen las organizaciones de la sociedad civil acompañantes de las familias, señala Omaira de Jesús Ochoa Mercado.

En charla con Sara Lovera López para el podcast Feminismo desde Cero, que realiza la periodista y es producida por la Organización Editorial Mexicana, con el tema “Niñas desaparecidas: la crisis que nadie está frenando”, la defensora de los derechos humanos de las mujeres advierte que hay que ser muy cautelosos con las cifras, pues son apenas un acercamiento, porque la desaparición de niñas y adolescentes está conectado con algo más grande a escala nacional e internacional, como la trata de personas que maneja diversas formas de explotación.

De la gravedad del fenómeno da cuenta la desagregación por sexo en grupos etarios. Cuando se trata de personas adultas, 70 por ciento son hombres y 30 por ciento son mujeres. Pero cuando se habla de niñas, niños y adolescentes desaparecidos la proporción cambia, las niñas y adolescentes ocupan el 51 o 52 por ciento en contraste con el 48 o 49 por ciento de hombres lo que da una pista de cómo ocurren las desapariciones asociadas a redes criminales con la diversificación de fines.

Las personas adultas que privan de la libertad a hombres y mujeres son los mismas que cometen delitos contra la salud, como el narcotráfico. Pero en el caso de las niñas y adolescentes existe una diversificación en negocios ilícitos de trata con fines de explotación sexual, prostitución, matrimonios forzados.

Las niñas y adolescentes son principalmente desaparecidas para ser vendidas para la explotación sexual, mientras las niñas y niños para matrimonios forzados.

Sin respuesta institucional

Omaira de Jesús Ochoa Mercado es integrante de Justicia Pro Persona y del equipo técnico de Nuestros Desaparecidos en México, señala con “desilusión, dolor y enojo” que en la presente administración no hay respuesta institucional a la gravedad del problema.

“No lo quieren ver”, afirma y sostiene que las instituciones tienen una actitud muy crítica con el trabajo que hacen las organizaciones acompañantes de las familias, cuando éstas tienen más de dos décadas de experiencia y promovieron la primera Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los delitos en Matera de Trata de Personas.

Las familias lo han señalado en los diversos foros y espacios, pero ha sido un diálogo muy selectivo, muy limitado los espacios de participación.

Duelo que no termina

La feminista especialista en este tema sostuvo que la desaparición de una persona es un duelo que no se cierra, la prolongación del daño, la vulneración de derechos en la desaparición es cotidiana en tanto la persona desaparecida no es restituida.

A diferencia de otras violaciones a los derechos humanos, la desaparición está actualizando el daño, no se limita a la salud emocional de las personas, a la incertidumbre de no saber qué paso, en las condiciones en qué está o pudo estar, lo que merma la salud física de las mujeres que son las que mayoritariamente sostienen la búsqueda.

Madres que suplen al Estado 

Además del interminable duelo, estas familias, principalmente madres se ven en la necesidad de suplir al Estado en la búsqueda de sus familiares y por eso pierden las posibilidades de sostén, de ahí que la desaparición de una niña o adolescente trastoca a toda la familia.

Es común que renuncien al trabajo o al estudio para volcarse en la búsqueda de sus hijas e hijos y por otra parte hay una afectación a esas infancias y adolescencias que son separadas de sus familias, hay orfandad de su entorno familiar.

Ochoa Mercado señala que las redes de trata funcionan de manera internacional. Así México es considerado un país de expulsión, tránsito y destino de estas infancias y adolescencias y existe la posibilidad de que estas niñas sean sustraídas del país con diversos fines, como la explotación sexual, explotación laboral, prostitución y matrimonios forzados.

Denunció que ante el contexto internacional de este fenómeno delincuencial, las acciones que se emprenden no han sido pensadas seriamente, la respuesta es temporal, no se busca que las acciones tengan resultado a largo plazo, lo que deriva en una “mínima respuesta institucional”.

Aunado a que la prevención no existe y no tiene ningún resultado trasladar la prevención a la ciudadanía con carteles dirigidos a las adolescentes de “no hables con extraños en internet”.

Ante el contexto de violencia en todo el país, de conflicto interno considera que se requiere una estrategia integral de paz que primero restituya el tejido social. Apuntó que el Estado de México es peligroso para las niñas y adolescentes siendo los municipios de Ecatepec y Nezahualcóyotl los que se han mantenido como los más riesgosos para las infancias y adolescencias.

Por Elda Montiel
Fuente: SemMéxico

Sí a la Diversidad Familiar!
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