diciembre 15, 2019

Patricia McFadden “Orgullosamente mujer negra, feminista radical y que no hace concesiones»


Profesora Patricia McFadden – Foto: Tina Krüger/Aguacheiro Multimedia

La académica independiente y activista, Patricia McFadden, fue la encargada de abrir la ceremonia de lanzamiento del 14ª Congreso Mundos de Mujeres, realizado el pasado viernes 6 de diciembre, en el Aula Magna de la Facultad de Medicina, Universidad Eduardo Mondlane (UEM). Donde habló sobre el tema del MM2020: “Feminismos africanos- Construyendo alternativas para las mujeres y el mundo, a través de la experiencia de los saberes de los cuidados y las resistencias”.

Así McFaden comienza su discurso con la pregunta ¿por qué este momento es tan importante para las libertades de las mujeres y el futuro de nuestro mundo? ¿no es una retórica?. En que asegura que la realización del MM2020 “es un momento cúspide para la re-imaginar y re-hacer un mundo nuevo y diferente, un ideal que tenemos construido a lo largo de muchos siglos de resistencia y que celebramos, como mujeres, que amamos nuestras libertades y que nos amamos a nosotras mismas”, porque la esencia del feminismo reside justo ahí: “en mujeres que se aman”.

También ve al MM2020 como parte de un momento crucial que estamos viviendo las mujeres en diferentes parte del mundo, para desarrollar discusiones, ideas, debates y sueños con los que nos vamos a involucrar los próximos meses, para imaginar, compartir, discutir, abrazarnos y que desencadenará una fuerza vital dentro del Congreso Mundos de Mujeres, forjando una plataforma de resistencia y de celebración, que marque un hito de nuestra historia y un futuro con nosotras.

Asimismo, es importante resaltar que una de las mayores contribuciones del discurso de McFadden, es su autodeclaración de ser “orgullosamente mujer negra, feminista radical que no hace concesiones” y que ama cada parte de su ser radical. Y que vincula, al finalizar su discurso con la esencia del mensaje del MM2020:

“Somos las que hemos estado esperando, resistamos con todas nuestras fuerzas y derrumbemos los sistemas, lenguajes, prácticas, instituciones, hábitos, miedos, intimidación y humillación de ser mujeres patriarcalizadas, y demos el paso a nuestro presente futuro, usando nuestra solidaridad y poder como mujeres radicales, para transformarnos a nosotras mismas y nuestros mundos”

  • Lea Aquí la nota completa de la exposición de la activista y académica Patricia Mc Fadden, quien ha sido Profesora y Directora de varios Departamentos, en diferentes Universidades en África y Estados Unidos.


Traducción: Daniela Andrade Zubia

La paz en Colombia, rezagada para las mujeres

Un informe de ONU Mujeres y el Instituto Kroc asegura que el 42 % de compromisos de género del acuerdo de paz con las FARC no han empezado a implementarse.

Un indígena lleva una máscara que recuerda a Cristina Bautista, una líder indígena asesinada. Luis Robayo AFP

La paz en Colombia les llega más tarde a las mujeres. A tres años de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las extintas FARC, los avances en los compromisos con las mujeres "son insuficientes" y "tienen un mayor rezago". Adicionalmente, en algunos casos, las medidas pactadas para la igualdad de género ni siquiera han comenzado a implementarse. Así lo han señalado ONU Mujeres, el Instituto Kroc, la Federación Democrática Internacional de Mujeres FDIM y el Gobierno de Suecia en un informe.

De los 130 compromisos con perspectiva de género del acuerdo de paz, el 42% aún no han empezado a implementarse, agrega el informe Hacia la paz sostenible por el camino de la igualdad de género, que analiza el periodo comprendido entre septiembre de 2018 y agosto de 2019. Es decir, el manejo que ha dado el Gobierno de Iván Duque a los compromisos. “Más de la mitad debe completarse entre 2019 - 2026, lo cual confirma que muchos de ellos son acciones de largo plazo. No obstante, 28 de los compromisos que según el Plan Marco de Implementación deben completarse en 2019 no se han iniciado aún”.

El Gobierno ha respondido asegurando que "las mujeres y el género son el centro" de su política de paz. “El informe de la ONU ignoró los avances: no tiene en cuenta los índices de medición acordados por las partes y ni siquiera valora los programas en que la misma Organización participa”, ha dicho Emilio Archila, Alto Consejero para la Estabilización y la Consolidación.

El capítulo de género en el proceso de paz es particularmente sensible. Durante los diálogos de La Habana y por iniciativa de los movimientos de mujeres y de víctimas se incluyó el enfoque de género al acuerdo de paz y este se convirtió en uno de los más avanzados en el mundo en materia de incorporación de los derechos de las mujeres. Sin embargo, esa perspectiva fue atacada desde flancos religiosos y de extrema derecha, así como por miembros del partido de Gobierno. Estos grupos promovieron una narrativa contra el enfoque de género que influyó en el triunfo del no en el plebiscito por la paz.

Desde ese momento, la implementación de las medidas para las mujeres ha estado bajo la mira de la comunidad internacional. Por eso, estas entidades advierten que "pasa por un momento crítico de inflexión" y le hacen un llamamiento a pasar a la acción.

Asesinato de mujeres, la mayor preocupación

El mismo llamamiento hacen desde otros sectores de la sociedad civil. Claudia Mejía, de GPaz y Sisma Mujer, también señala la gravedad de los incumplimientos, particularmente los que afectan a la vida de las mujeres. “Tenemos una alta preocupación por los asesinatos de las líderes. Todos los sistemas de información coinciden en el incremento desproporcionado de los ataques contra las defensoras y aunque existe el Programa Integral de Garantías para las defensoras, a la fecha no contamos con los mecanismos que se requieren para su implementación”, dice Mejía. “Nos preocupa la falta de respuesta del Estado en lo que tiene que ver con el incumplimiento de estos marcos que podrían frenar los ataques a las mujeres”. De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH), desde 2016 a septiembre 2019, han sido asesinados 320 defensores de derechos humanos, de los cuales 36 eran mujeres y seis pertenecían a la comunidad LGBT. Pero esas cifras han aumentado en 2019, según la Defensoría del Pueblo.

LAS MUJERES EN LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

La guerra en Colombia golpeó de diversas formas a las mujeres. Por eso la perspectiva diferencial de género ha sido transversal para la Comisión de la Verdad, surgida de los acuerdos de paz, que en dos años debe entregar un informe final que arroje luces sobre los hechos de violencia más graves. En ese trabajo de esclarecimiento ha surgido la reflexión sobre cómo los esquemas patriarcales generaron un mayor desprecio por la vida y el cuerpo de algunas víctimas, explica la comisionada Marta Ruiz. La comisión organizó este jueves y viernes su cuarto Encuentro por la Verdad, dedicado a las poblaciones campesinas. El primero estuvo dedicado a las víctimas de violencias sexuales y el segundo a las familias buscadoras de desaparecidos, ambos con un marcado acento femenino. En el de esta semana también fue importante el papel de las mujeres campesinas, que han cargado en sus hombros el mayor peso del desplazamiento en un país con más de ocho millones de víctimas.

El temor es parte de la vida diaria de líderes como Maria Eugenia Alarcón que coordina la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos. “Hay miedo, claro, porque hay actores armados que hacen un control de territorio y el Gobierno no está ofreciendo las garantías necesarias. A pesar de eso somos valientes. Pero en la medida en que la implementación de las medidas de género y las garantías para las defensoras tenga retraso, el riesgo que corremos será mucho mayor”, cuenta a EL PAÍS. Y recuerda que ya existe un plan de prevención que la Red ha probado en dos regiones de Colombia con apoyo de la comunidad internacional pero aún esperan que el Gobierno establezca un plan de acción para todo el país. “Solo pedimos que implemente el plan de acción. No pedimos medidas que requieren mayores costos presupuestales, son acciones concretas que ya hemos probado. Las mujeres víctimas estamos dejando un legado al mundo entero, pero si eso se valorara lo suficiente nos estarían garantizando lo que requerimos para seguir recomponiendo este país destruido por la guerra”, agregó Cruz, que fue víctima de violencia sexual durante el conflicto.

GPaz también ha hecho un análisis detallado del enfoque de género y aunque lo evalúa bajo la metodología de semáforo (el grueso de compromisos está en amarillo, otros en rojo y solo uno en verde) llega a conclusiones similares a las de ONU Mujeres y Kroc. Valoran que exista un plan de trabajo para los próximos años, una arquitectura institucional y normativa, pero exigen mayor celeridad al Gobierno para llevarlo a los hechos.

Claudia Mejía, que ha comparado el proceso de paz de Colombia con los de Centroamérica, Irlanda y Sudáfrica asegura que la correcta implementación del enfoque de género es garantía de una paz sostenible. "Si se garantizan que los procesos de participación política o de reincorporación hay mayores desarrollos de género, se construye una paz más perdurable. A mayor tierra para las mujeres, mayor posibilidad de que la sociedad rural salga de la pobreza", dice la experta.

La reincorporación de los excombatientes de las FARC era otro de los objetivos del proceso de paz. En este punto, ONU Mujeres y Kroc destacan que el Gobierno ha desarrollado algunas medidas con enfoque de género, pero muchas otras son autogestionadas por las excombatientes y la comunidad internacional. "Hay mecanismos y programas enunciados pero el Gobierno los está dilatando en el tiempo. Han hecho una lectura unilateral y una reinterpretación del acuerdo que socava su acción reparadora relacionada con las mujeres y la comunidad LGBTI", dice a EL PAÍS Sandra Ramírez, senadora del partido FARC, creado tras los acuerdos de paz.

Fuente: El País

diciembre 14, 2019

Alice Winocour: "La culpa es una convención de la sociedad contra la mujer"

La cineasta francesa firma en ‘Próxima’ una película feminista que denuncia la construcción social del sentimiento de culpa (contra la mujer) y advierte del daño que hace a los hijos el ‘modelo’ de madre perfecta. Premio Especial del Jurado en el 68 Festival de San Sebastián.



En los años sesenta cuando las niñas, alentadas por el auge de las misiones espaciales, escribían cartas a la NASA diciendo que querían ser astronautas, recibían por respuesta un escueto: “No aceptamos chicas como astronautas”. A Sally Ride, la primera estadounidense en ir al espacio, los periodistas le preguntaron si iba a llorar en el espacio. “¿Por qué no le hacéis a Rick (era el piloto) esa pregunta?”, contestó.

La carrera espacial de las mujeres es una mancha muy negra en la historia de la desigualdad y discriminación hacia la mujer. Hoy las cosas han cambiado, aunque no demasiado. Hasta ahora solo poco más del 11% de astronautas que ha participado en alguna misión son mujeres. La cineasta francesa Alice Winocour, decidida a cambiar la situación, se lanzó a rodar Próxima, historia de una mujer astronauta con la que, no solo demuestra que la capacidad de la mujer es idéntica a la de un hombre en esta tarea, sino que, de paso, denuncia la convención social inventada para que las mujeres-madre se sientan culpables y advierte del daño que hace a los hijos ese ‘modelo’ de madre abnegada que sacrifica sus sueños.

Protagonizada por Eva Green, la pequeña Zélie Boulant y Matt Dillon, Próxima se alzó con el Premio Especial del Jurado en el 68 Festival de San Sebastián, que así reconoció un buen trabajo, moderno, con una sensibilidad real muy lejos de las habituales ñoñerías y profundamente feminista. Público conversó en Donosti con la cineasta.

¿Una intención de la película era mostrar la relación de una madre trabajadora y su hija?

Soy madre trabajadora y sí, porque es complicada la relación madre e hija. Esta madre va a viajar a la galaxia más próxima a nosotros, pero al mismo tiempo es un lugar muy lejano. Eso refleja la relación madre e hija. Todo esto es algo más difícil para la mujer que para el hombre, porque las mujeres hacemos lo mismo que los hombres, pero siempre teniendo que demostrar que somos capaces.

¿Por eso el retrato de la culpa?

La culpa es una cosa que ha construido la sociedad para la mujer, la sociedad nos hace elegir entre nuestros hijos y nuestra carrera. Superar esa convención es duro y muy difícil, implica una lucha con una misma. Las mujeres que no intentan luchar contra esto, renuncian a vivir sus sueños. Ahora es un momento en que el cine habla de mujeres que tienen hijos, ¿por qué no hacer de nuestra heroína una mujer con hijos? Las mujeres normalmente no hablan de sus sueños y, por otro lado, en el mundo laboral no hablan de sus hijos porque eso se considera una debilidad, que no están centradas al 100%.

¿Parte de la convención social de culpa se debe al cine?

Claro. Cuando vemos películas de súper heroínas nunca aparecen representadas con hijos, la excusa es que así no se desvían de su misión. Sin embargo, de verdad creo que ser madre es la mejor escuela para ser astronauta de la NASA. Saber hacer muchas cosas al mismo tiempo.

Al final de la película se muestra a mujeres que han llevado a cabo misiones en el espacio.

Es una imagen real y las mujeres aparecen con sus familias, pero eso no es oficial, es algo que nunca se ve, las mujeres no quieren mostrarlo. Esta es una película de liberación. Liberación de la madre y de la hija, porque la hija también se libera. La madre perfecta no existe y la sola idea no es buena para los hijos. Los niños sienten que sus madres no están siguiendo sus sueños.



¿Usted cree que los niños, entonces, sufren a las madres no liberadas?

Sí. Esta niña está feliz porque su madre ha cumplido sus sueños y porque este es el nuevo principio de sus vidas. Una madre frustrada es una carga para los hijos, es muy difícil vivir con la culpabilidad de tu madre.

¿Qué argumentos se han empleado para discriminar a las mujeres en las misiones espaciales?


En realidad, todo lo relacionado con la mujer les da miedo. Por ejemplo, el periodo menstrual. Lo que aparece en la película es real. Los tampones los tienen que llevar personalmente las mujeres, no se los facilitan. Y a mí me parece que es hora de que el cine habla de todo esto, porque es importante en la vida. Las mujeres no queremos tener que convertirnos en hombres para ir al espacio.

Ser mujer astronauta es un gran reto todavía hoy.

Lo es, por eso hay que hablar de ello, para que las mujeres sepan que no están solas, que vean que es posible. Valentina Tereshkova fue la primera mujer en ir al espacio y se puso su nombre a un cráter en el lado oculto de la luna. Es hora de mostrar esto.

Porque ¿su película quiere hablar también de transmisión?

Sí, quiere hablar de las abuelas nuestras que lucharon. Como cineasta puedo hacer esta película porque otras mujeres lucharon por ello antes. Y esto es muy importante porque los derechos de la mujer están en serio peligro hoy. Sé que en Francia hemos tenido suerte las mujeres cineastas y debemos estar muy agradecidas a Agnès Varda, Chantal Akerman… y tantas más.

‘Próxima’ también reflexiona acerca de la separación, ¿no?

Sí, pensé, además, que se vería con más fuerza si la separación de la madre era con una niña pequeña. Ahí está también la imagen de la separación de la Tierra, de la madre Tierra. En el protocolo de la NASA eso es la separación umbilical. Todos pertenecemos a este planeta, y hoy está jodido explorar el espacio. Los cuerpos están hechos para vivir en la Tierra y los astronautas sufren la experiencia de esa fragilidad, la fragilidad del cuerpo.

¿Cómo afecta al organismo un viaje espacial?

Es inhumano, daña la integridad física, se pierde el sentido del equilibrio, el cuerpo se ensancha unos quince centímetros y ese proceso duele, se debilita la visión. Yo quería rodar esta mutación. Cuanto más te adaptas a ello, más cuenta te das de que tu lugar es la Tierra.

¿Cómo trabajó junto a Eva Green?

Eva Green no es madre, pero en el rodaje se metió en el personaje, el personaje de una guerrera con hijos. Una especie de Calamity Jane. En el cine, normalmente las madres aparecen como mujeres dolientes, pero se puede ser muy buena madre aunque no lo parezcas.

Por Begoña Piña @begonapina
Fuente: Público.es

Las vidas perforadas de Vaca Muerta: territorios masculinizados y fracking

La provincia donde se ubica la explotación petrolífera lidera el índice de feminicidios de toda Argentina
Pozos de petróleo no convencionales de YPF en Añelo.EMILIANO ORTIZ / FLICKR
NEUQUÉN (ARGENTINA) 

Más al sur de las planicies de una pampa inconclusa, en la ribera del río Neuquén, en Argentina, se encuentra la segunda reserva de gas no convencional y la tercera de petróleo del mundo. Durante la primera década de este siglo, comenzaron las exploraciones de este tipo de recursos no convencionales bajo el suelo, a cientos o a veces miles de metros. Por eso las extensiones empezaron a perforarse a través del fracking o fractura hidráulica, que ha sido señalada por varios colectivos sociales e investigadores como extremadamente agresiva para el medioambiente: la tierra, el agua, los cultivos y los territorios. Pero también para la salud. Numerosos estudios señalan sus efectos nocivos: cáncer, asma y defectos de nacimiento.

El fracking entró fuerte en Argentina y lo que sucedió es que hubo pérdidas masivas de sectores que se dedicaban a la producción de frutas y verduras, las poblaciones crecieron intensamente en el boom de Vaca Muerta por la anunciada “promesa” de beneficios y suculentas ganancias para los trabajadores del petróleo. Miles de familias emigraron desde varios puntos de Argentina para encontrar un empleo en el megaproyecto hidrocarburífero. Las localidades, que antes eran tan sólo pueblos perdidos en el mapa, fueron haciéndose populosas y esta situación tuvo importantes efectos en los habitantes de la zona, especialmente en los cuerpos feminizados.

Las presencias

Ayelén es el seudónimo de una mujer que tiene miedo de perder su trabajo y prefirió preservar el anonimato. Es mapuche y trabaja de limpiadora en Añelo, uno de los pueblos más cercanos a los pozos de extracción. Para ella el fracking trajo todo un paisaje de presencias intermitentes que en ocasiones se mueven con impunidad porque no permanecen en la ciudad. “La mayoría de la población que trabaja en el fracking son hombres que van y vienen. Tenemos que convivir con piropos y acosos, personas que vienen de paso y pueden cometer delitos y luego irse. El fracking trae toda esta cara oscura para el género femenino, sobre todo a la hora de laburar porque está totalmente expuesta a que le pudiera pasar cualquiera de estas situaciones”, afirma.

Según datos del censo de 2010, Añelo tenía una 2.000 personas; en 2017 aumentó en 4.000 más y se estima que más de 20.000 personas transitan diariamente por la población. Para ella es una de las consecuencias que trae el megaproyecto de Vaca Muerta, además de la contaminación, el crecimiento desmedido de la ciudad, la precariedad de los servicios públicos y el encarecimiento sin control del coste de la vida.

En Allen, otras de las poblaciones cercanas a Vaca Muerta, una de las vecinas nos cuenta los malestares y los ruidos constantes que tienen día y noche. “En nuestro barrio, antes lo único que había era un camión que transportaba fruta de vez en cuando, ahora el ruido de las grandes maquinarias y el movimiento de camionetas pesadas, que trabajan las 24 horas del día, cambió mucho nuestra vida”. 

EL DESARROLLO DEL PROYECTO EXTRACTIVO TAMBIÉN MODIFICÓ LAS CONSTRUCCIONES DE MASCULINIDAD Y FEMINIDAD

Entrevistamos a uno de los colectivos feministas de la zona: La Revuelta. Rut, una de sus integrantes, nos contó cómo fueron pensando la “nueva conformación político y social” que se dio a partir del desarrollo de Vaca Muerta. Uno de los elementos que señala es que las ciudades se han transformado muy rápido y esto ha traído una serie de mobiliario urbano que ha tenido consecuencias simbólicas para los habitantes de la zona y especialmente para las mujeres. “Si miramos el paisaje geopolíticamente construido, la ciudad se ha ido modificando de manera vertiginosa, con la presencia por ejemplo de las camionetas del petróleo. Lo que representan socialmente las camionetas es una masculinidad que también exige constantemente ciertos modos de feminidad”, afirman desde La Revuelta. 


Unido a este paisaje, lo que resaltan desde el colectivo es que el desarrollo del proyecto extractivo también modificó las construcciones de masculinidad y feminidad.

“El desarrollo de Vaca Muerta vuelve a poner en escena una masculinidad hegemónica exacerbada. Hay una presencia y una adoración a esa masculinidad que presume y se constituye como la masculinidad proveedora, perforadora. Y claro, esa masculinidad, esa presencia, también arma tipos de relaciones y determinadas exigencias”, continúa Rut. Además, esta exacerbación de la masculinidad también trae consigo mayor disciplinamiento y control hacia la comunidad LGTBIQ+. Según Rut, “los modos de control se exacerban a partir de estas presencias con estas características de masculinidad hegemónica”.

Los impactos

Gran parte de la población cercana a Vaca Muerta vivía sobre todo de los árboles frutales y de las cosechas. Eran familias que tenían huertas y cultivaban sus tierras tanto para el autoconsumo como para la comercialización. Cuando las empresas extractivas empezaron a instalarse, muchas de las familias no pudieron seguir con la actividad y otras aún siguen intentándolo. 

Normalmente son las mujeres las que se echan a la espalda el trabajo del campo. Belén Álvaro, socióloga y docente de la Universidad de Comahue, lleva tiempo investigando las consecuencias que tuvo el fracking para la vida de estas mujeres campesinas. La mayor parte de estas trabajadoras rurales vive en barrios con carencias y cercanos a la explotación. En la mayoría de los casos la familia no tiene la tenencia de la tierra. 

Belén y su equipo, a través de una investigación basada en testimonios, entrevistas y un acompañamiento por años, concluyeron que estas mujeres tuvieron importantes transformaciones en la vida cotidiana: en el modo de trabajar, en la forma de circular por la ciudad, en el acceso a los espacios, y también la calidad de los recursos básicos como el agua, la tierra o el aire. Todo ello trajo afecciones de distinto tipo en el cuerpo de las mujeres, subieron los diagnósticos en las afecciones en la piel, disfunciones en el aparato digestivo y respiratorio y aumento de los problemas neurológicos. 


LAS MUJERES DE LA ZONA TUVIERON IMPORTANTES TRANSFORMACIONES EN EL MODO DE TRABAJAR, EN LA FORMA DE CIRCULAR POR LA CIUDAD, EN EL ACCESO A LOS ESPACIOS...

Roxana vive en el barrio más cercano a los pozos de extracción a las afueras de la localidad de Allen. Trabaja y vive de la tierra, tiene seis hijos y tres nietos. Hace seis años, cuando llegaron las plantas petroleras empezaron a sentir problemas en la salud. “Éramos 15 familias y con el pasar del tiempo se fueron yendo porque se fueron enfermando. El olor nauseabundo, olor a azufre, humo, pérdidas de gas todo el tiempo. Ardores en la garganta, en la nariz y en la boca, problemas respiratorios, enfermedades del estómago, una de mis hijas llegó a tener pancreatitis supuestamente por la contaminación del agua”, cuenta a este medio Roxana.

La producción en las “chacras” de frutas y hortalizas también se vio perjudicada; algunos vecinos se fueron y otros vendieron su tierra. “Antes nuestro barrio vivía de la producción de frutas. Hoy es un desierto, muchas las han abandonado y otras se han vendido para los pozos de petróleo y gas”, añade. Según la investigadora Belén Álvaro, al ser más difícil producir y al aumentar las enfermedades y las molestias en los cuerpos de las mujeres y de las personas a su cargo, se han intensificado los trabajos de cuidado y esto a su vez ha hecho que empeore la soberanía alimentaria de la familia. “La intensificación de los trabajos de cuidado les lleva a abandonar otras tareas para destinar mucho más tiempo al cuidado de los cuerpos y a la recuperación de las enfermedades. Aquellos intentos que se realizan en las huertas y con los animales son fallidos, sobre todo, por la calidad del agua, esto hace que no puedan sostenerse en el tiempo”. 

Esta intensificación de los tiempos de cuidado hace que las mujeres vuelvan a quedar relegadas en el espacio doméstico. “El fracking hizo disminuir la potencia de sí, la disposición de sí de estas mujeres porque intensifica los trabajos de cuidado, las mujeres han sido reducidas de vuelta al ámbito doméstico, estas tareas de cuidados son feminizadas, invisibilizadas y privatizadas en los hogares.” explica Belén.

Según la investigadora la irrupción del fracking en Vaca Muerta “es sexista y profundiza las relaciones patriarcales” al excluir a las mujeres de la posibilidad de decidir y debatir qué van a hacer en los territorios. “Las deja en lugares de estrategias defensivas para hacer posible la vida con las mínimas posibilidades, porque las condiciones de existencia son cada vez más difíciles. La violencia sexista se apropia de los recursos naturales que se encuentran bajo el suelo y también expropia la capacidad de producir lo común que se da en entramados comunitarios: la soberanía alimentaria, la participación política en la vida comunitaria, los lazos sociales, las tramas de solidaridad, todo eso es expropiado por una lógica que arrasa con los territorios y con la potencialidad de lo que hay para producir en ellos en términos de comunidad”.

Las violencias

Carolina Espinosa forma parte de la agrupación nacional MuMalá. En 2015 empezaron a desarrollar un Observatorio de feminicidios. Lo que advierten es que en 2018 la provincia de Neuquén, donde se encuentra Vaca Muerta, lideró el ranking de feminicidios de toda Argentina. Ese año, fueron asesinadas 28 mujeres en toda la provincia. De los 23 casos que pudieron obtener datos, la mitad fueron en las ciudades petroleras o cercanas a la explotación. En dos de los casos la mujer era trabajadora sexual.

En el Observatorio encuentran una vinculación entre el aumento de las violencias machistas y los feminicidios con la explotación de Vaca Muerta y piden que la provincia declare la emergencia de género y que esto se traduzca en mayores presupuestos para la protección, sobre todo, de las mujeres del interior, las localidades más cercanas a Vaca Muerta, donde dicen que hay más vulnerabilidad.

Otro escenario que siguen con preocupación estas agrupaciones es la posibilidad de redes de trata “blanda”, que operan en el territorio de Vaca Muerta. Paula Ovadilla, historiadora y docente, investigó sobre la tercera actividad más lucrativa del mundo y lo que encontró fue que la mayoría de trabajadoras sexuales que lo hacen para otros, habitan en las zonas limítrofes al megaproyecto, son de Centroamérica y sobre todo de República Dominicana. Según ella, normalmente las mujeres migran por una promesa laboral y, cuando llegan al lugar, se dan cuenta de que han sido engañadas. “Normalmente buscan mujeres migrantes que provengan de otros países. Estando acá les cuesta empezar de cero, no conocen a nadie, no tienen familia, se encuentran en una situación de clara vulnerabilidad y desprotección” explica Paula. Según ella y algunas organizaciones feministas consultadas, existirían vinculaciones entre el megaproyecto y las redes de trata.

La concentración y el tránsito de hombres, la repatriarcalización del territorio, sumas de dinero que vienen y van, los negocios millonarios, la falta de recursos y laxas normativas de control hacia las grandes empresas que operan en Vaca Muerta parecen aumentar la desprotección y la vulnerabilización de las mujeres y disidencias sexuales. Esto podría estar provocando el aumento de las violencias machistas, las agresiones y las redes de explotación sexual que se dan por el continente y que parecen indicar a Vaca Muerta como uno de sus lugares favoritos de Sudamérica.

Por Andrea Ana Gálvez
Fuente: CTXT

diciembre 13, 2019

Feministas presentan un manifiesto a favor de la renta básica universal

Las firmantes consideran urgente situar la renta básica en la agenda del movimiento feminista con el fin de potenciar herramientas que apunten a la igualdad material y aporten autonomía a todas las mujeres.


Más de un centenar de feministas han rubricado ya el documento Recursos y autonomía para todas: Un manifiesto feminista por la Renta Básica, un texto en el que se exponen las razones por las que consideran que la renta básica universal e incondicional es una herramienta que permitiría ampliar la autonomía de las personas, y en particular de las mujeres, en un contexto de creciente desigualdad. 

Beatriz Gimeno, Anita Botwin, Maria Eugenia Rodríguez Palop, Rommy Arce, Pura Sánchez Sánchez, Marta Malo, Carolina del Olmo o Ruth Toledano son algunas de las decenas de firmas que han apoyado el manifiesto. El texto, que está respaldado además por colectivos que vienen defendiendo y difundiendo esta herramientas desde hace años —como son la Red Renta Básica, la Marea Básica, o Baladre— reivindica que “es inaplazable empujar con la fuerza del movimiento feminista apuestas que apunten a garantizar lo necesario para el sostenimiento de la vida”. En este marco, sus firmantes proponen “poner en el centro de la agenda la Renta Básica desde una perspectiva feminista”.

Respecto a esta mirada feminista se recuerda que, para apuntar hacia la igualdad de género, una renta básica debe de estar ligada a la preservación y ampliación de los servicios públicos destinados a satisfacer los derechos económicos y sociales de la población pues, argumentan, “cuando estos servicios se contraen o empeoran, la consecuencia es más trabajo sobre nuestros hombros y más incertidumbre en nuestras existencias”.

También la cuestión de los cuidados emerge en el documento. Así, si bien no se propone la renta básica como medida que acabe con la división sexual del trabajo, sí que se considera que esta herramienta podría aportar “las condiciones materiales para que nuestra lucha por el reparto del trabajo de cuidados pueda avanzar”. 

En el documento, que han firmado activistas, académicas, mujeres de todas las profesiones, —así como Daniel Raventós, Lluìs Torrens, David Cassasas, Jorge Moruno, Julen Bollaín y otros referentes de la Renta Básica— se cuestiona la centralidad del empleo remunerado, especialmente en un contexto de creciente precariedad laboral, una precariedad que afecta principalmente a las mujeres: “El empleo no puede ser la única forma de acceder a recursos para las mayorías sociales, porque eso nos mercantiliza y somete”, se advierte en el texto.

Por ello plantean la necesidad de contar con un mínimo vital que permita negociar y que rompa dinámicas de dependencia que dificultan escapar de las violencias machistas tanto en el ámbito de la pareja como en el entorno laboral. “La renta básica sería, en fin, una herramienta real, tangible ante las violencias”, defienden.

Las firmantes recuerdan asimismo que, para ser considerada feminista, una renta básica ha de ser suficiente, aportar el mínimo necesario para garantizar la autonomía económica. Por otro lado alertan ante posibles enfoques excluyentes a la hora de tener derecho a esta renta.

El documento será presentado esta tarde 11 de diciembre durante el evento Renta Básica: Debates, estrategias y horizontes que El Salto convoca en el Espacio Vecinal de Arganzuela (EVA). Paloma Bru, del Observatorio por la Renta Básica de Ciudadanía de ATTAC Madrid; Marta de Ron, de la Marea Básica; y Penélope Blasco, de Baladre, abordarán los principales debates en torno a esta propuesta y dialogarán sobre estrategias y enfoques para empujar esta medida en la agenda política. Contaremos también con la presencia de la periodista Nuria Alabao.

RECURSOS Y AUTONOMÍA PARA TODAS: UN MANIFIESTO FEMINISTA POR LA RENTA BÁSICA

El movimiento feminista tiene una capacidad valiente, incontestable para hacer avanzar la historia, por más que ahora y siempre haya tenido que enfrentar la reacción de quienes no quieren que nada cambie. Los feminismos impugnan la desigualdad y la opresión y cuestionan cada una de las estructuras que condenan a las mayorías sociales a una vida devaluada para sostener los privilegios de unos pocos.

Algunas de nosotras llevamos un tiempo pensando que es inaplazable empujar con la fuerza del movimiento feminista apuestas que apunten a garantizar lo necesario para el sostenimiento de la vida. La vida de todas y de todos. Y en esa reflexión, la posibilidad de luchar por una Renta Básica como derecho, va tomando fuerza. Luchar ya, sin dejar de lado ninguna de nuestras otras batallas importantes.

Por todo ello, creemos que ha llegado el momento de poner en el centro de la agenda la Renta Básica desde una perspectiva feminista. Con Renta Básica nos referimos a aquella individual, universal e incondicional mediante la que se le proporciona a toda la ciudadanía (mujeres, hombres de cualquier edad, y también niños y niñas) el mínimo necesario para vivir. ¿Por qué una perspectiva feminista? Porque entendemos que esta Renta Básica debe ir vinculada a la defensa y ampliación de los derechos y servicios públicos: sanidad, educación, aquellos relacionados con los cuidados y aquellos que están por desarrollar como el de la vivienda. Sabemos que cuando estos servicios se contraen o empeoran, la consecuencia es más trabajo sobre nuestros hombros y más incertidumbre en nuestras existencias.

Vivimos asfixiadas y con la angustia de no llegar a todo, de que nuestras vidas no sean sostenibles. Del mismo modo que tememos vernos expulsadas del mundo del empleo y convertidas en cuidadoras sin independencia económica, nos preocupa tener que descuidar a las personas que queremos para entregar todo nuestro tiempo a un trabajo cada vez más precario. Y no queremos, no debemos ser las únicas que cuidan, necesitamos liberar tiempo para todos y todas, necesitamos las condiciones materiales para que nuestra lucha por el reparto del trabajo de cuidados pueda avanzar. Sí, necesitamos recursos, tenemos derecho a nuestro tiempo, no queremos más trabajo, queremos una Renta Básica.

Ya no hay empleo, ni empleo en condiciones. Sabemos que el trabajo remunerado nos chupa la vida, y cuando no lo tenemos nos come la miseria. El empleo no puede ser la única forma de acceder a recursos para las mayorías sociales, porque eso nos mercantiliza y somete. Sabemos, además, que el “pleno empleo” –que nunca existió realmente– hoy simplemente se muestra como una quimera, o quizás tan solo una mentira que permite ir tirando entre trabajo de mierda y trabajo de mierda. En el capitalismo, el trabajo no es un ámbito de emancipación, sino de explotación, y no hay placer, orgullo o creatividad alguna en ser explotada. Y, ¿ser explotadas para qué? ¿Para jugar nuestro rol en la espiral productivista que amenaza el planeta? En medio de una crisis ecosocial, trabajar todas y todos menos implica un enorme ahorro de recursos y menos emisiones.

¿Es la Renta Básica una medida feminista? Una propuesta es feminista o no en la medida en que aporta mayor autonomía a las mujeres, a la mayoría de nosotras. Y, ¿acaso no hace eso el dinero en nuestro mundo? Quizás en un futuro seamos capaces de crear otro tipo de sociedad, pero, de momento, renta es autonomía. En el caso de las mujeres, además, disponer de recursos también implica menor dependencia respecto de los hombres: más posibilidades de salir de una situación de violencia machista en la relación de pareja, por ejemplo, o de no tener que soportar condiciones laborales insultantes o abusos sexuales en el ámbito laboral por miedo a ser despedida. Disponer de recursos de manera incondicional nos liberaría de tener que exponernos al paternalismo burocrático, a la violencia institucional para obtener lo básico para la vida cuando el mercado de trabajo nos excluye o maltrata. La renta básica sería, en fin, una herramienta real, tangible ante las violencias.

La renta básica no es ni una concesión ni un regalo. Es una forma radical de redistribuir toda la riqueza que producimos colectivamente, que no es solo la que tiene que ver con el empleo, es también el valor que generamos en los hogares donde se garantizan los cuidados, es también la contribución social que todas y todos generamos en forma de información, saberes, cultura que no por no ser monetizados dejan de ser riqueza colectiva. Por eso, la Renta Básica es un mecanismo esencial que, sumado a la defensa y ampliación de los servicios públicos, contribuirá a darnos más poder, más tiempo y más libertad.

Las condiciones. No nos valen rentas básicas que estén por debajo del umbral de la pobreza, porque, en ese caso, siempre tendremos que complementarlo con algo, para lo que nos ofrecerán miserias. No nos valen rentas básicas si un solo euro abandona los servicios sociales, sin estado de bienestar la renta básica universal es un chiste, un paraguas ínfimo bajo el que apenas guarecerse de las tormentas capitalistas. No nos valen rentas básicas universales si la universalidad se cultiva dentro de muros cada vez más altos que separan a quienes son ciudadanos de quienes no lo son. Sabemos que ninguna estrategia es la definitiva, ninguna va a acabar con el capital o el patriarcado, pero creemos que garantizar que nadie quede atrás es un objetivo inaplazable.

Por todo esto, hoy aquí estamos peleando por una Renta Básica y te invitamos a unirte a nuestra lucha firmando este manifiesto.


Fuente: El Salto