agosto 03, 2026

Violencia algorítmica: la maquinaria del escrache digital contra las feministas

Trolls, funcionarios, influencers, plataformas e imágenes generadas con IA producen nuevas formas de disciplinamiento político. Protagonistas de ataques, especialistas y periodistas analizan cómo defender la libertad de expresión frente a los asedios coordinados.

Ilustración de portada e interiores: Seelvana (@seelvana)

“Golpista”, “subversiva”, “ñoqui”, “ensobrada”, “ladrona”, “corrupta”, “feminazi”. Para Julia Mengolini esos insultos no son nuevos. Los reconoce a lo largo del tiempo, en cuentas anónimas, militancias digitales, funcionarios y usuarios que hacen de la degradación una forma de intervenir en redes. “Hay que ver hacia atrás: son diez años de hostigamiento constante”, sintetiza.

Sin embargo, la violencia recrudeció en 2025 con una difamación sincronizada en X que le atribuía una relación incestuosa con su hermano. El primer tuit de este tipo fue detectado el 19 de junio, desde una cuenta con identidad apócrifa y sin aparente vinculación política. Luego el rumor se propagó velozmente entre simpatizantes y militantes oficialistas.

Esa misma tarde, después de que la periodista restringiera la privacidad de su perfil, una cuenta verificada libertaria presentó esa acción como confirmación de la acusación falaz. En menos de veinticuatro horas, el posteo cosechó 1,7 millones de visualizaciones y superó los 24 mil likes.

Cinco días después, tras la viralización de una entrevista donde se la veía conmocionada, el presidente Javier Milei compartió tuits que la acusaban de no “bancarse el vuelto”. Horas más tarde, perfiles fantasma del mismo ecosistema generaron con IA un video sexualizado a partir de una foto familiar de su Instagram, que circuló por diversas plataformas.

Según una reconstrucción de la Fundación Heinrich Böll, el 28 de junio los legisladores Lilia Lemoine y Agustín Romo, junto al Director de Realización Audiovisual de la Presidencia Santiago Oria, difundieron textos burlándose del episodio. Para fin de mes, Milei acumulaba 93 publicaciones contra la periodista, a quien catalogó en una entrevista de “enemiga” y “zurda de mierda”.

Mengolini judicializó el asedio con una denuncia penal. Aunque el juzgado le otorgó custodia policial, terminó abandonándola por el agobio de la vigilancia cotidiana. Su denuncia no busca un resarcimiento inmediato, sino sentar un precedente sobre el uso político de las plataformas, la pornografía sintética y la persecución.

Más allá de las opacidades en el financiamiento o la coordinación vertical del Estado, el caso expone cómo una vejación contra una mujer pública viaja entre el anonimato, militancias digitales, funcionarios, influencers, sistemas de recomendación y una cuenta presidencial capaz de convertir una venganza personal en linchamiento virtual.

El relevamiento de FOPEA y DJV Bootcamp, “El insulto como estrategia”, cuantifica esta matriz. Tras analizar 113.649 posteos de Milei en X entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025, determinó que el 15,2% (16.806 mensajes) contenían insultos explícitos. Irene Benito, periodista líder del Bootcamp, define esto como una “amplificación sistemática”: el agravio facilita una viralización más rápida entre seguidores, trolls y militantes.

El informe detectó además que el 70% de los tuits dirigidos al campo mediático incluyó términos estigmatizantes, y que al menos 97 perfiles anónimos instalaban tendencias como #LosTrollsPagosSonLosPeriodistas y #NOLSALP (acrónimo de “no odiamos lo suficiente a los periodistas”).

Para FOPEA, el insulto no es un gesto aleatorio, sino una estrategia para maximizar alcance, fidelizar mediante la confrontación y silenciar las voces críticas. El estudio agrupó los tuits en tres patrones recurrentes: animalización, sexualización y repulsión. Así, no solo desacreditan ideas de las voces críticas, sino que se las reduce a la categoría de animales, “basura”, corruptas o blancos de sexualización.
De la filtración al cuerpo

A Ayelén Romano la habían doxeado —es decir, expuesto sus datos privados sin consentimiento— por primera vez en 2021. Pero en 2024, en la noche de su cumpleaños, la situación tomó otro tenor. Se difundieron imágenes de su casa, su DNI y fotos personales. “Ahí empecé a darme cuenta de que había una organización”, cuenta para esta nota.

Romano, astróloga, escritora, feminista y peronista, sufrió la irrupción en sus perfiles de usuarios con pornografía, comentarios nazis y provocaciones dirigidas sobre su físico. Al bloquearlos, la represalia escaló a la filtración de su teléfono, datos bancarios y un informe crediticio. En abril, el asunto se volvió físico: un hombre fue a su domicilio, amenazó a su madre y le nombró a todos sus familiares. Después llegaron pedidos de delivery de madrugada, camiones con materiales de construcción y un pasacalle.

Para Briony Anderson, criminóloga digital de Durham University, el doxing no se reduce a la filtración. La información personal “no solo representa” a una persona: contiene su identidad, su historia, su modo de expresarse y sus márgenes de libertad. Así, el daño deja la pantalla y entra en la vida cotidiana.

En mujeres con voz pública, advierte, funciona como una “técnica de intimidación y silenciamiento”: expone su reputación a juicios patriarcales sobre inteligencia, valor, estatus, corporalidad o vida privada. En el relato de Romano, la definición se vuelve carne. “Me fui cerrando mucho. Estuve muchísimo tiempo sin poder salir de mi casa. No confiaba en nadie”, relata.

Le llegaron videos de un hombre masturbándose con su voz de fondo y fotos sintéticas de ella desnuda. El silenciamiento se volvió —solo por unos días— literal: le costó hablar y escuchar su propio registro. “Me daba asco escucharme a mí misma por las cosas que estaban haciendo”. Las herramientas generativas no crean ese repertorio, pero amplían su circulación. Anderson describe estos contenidos como “falsificaciones sexuales digitales” donde una foto pública, una selfie o un rostro reconocible bastan para producir material sexual.

Ana Cristina Ruelas, de UNESCO, señala que las periodistas y comunicadoras son atacadas de manera desproporcionada con piezas sintéticas no consentidas para “silenciar, avergonzar y chantajear”, maniobras que suelen empujarlas a retirarse de los espacios online en lugar de proteger su derecho a participar.

En sintonía, Emily Harmer y Rosalynd Southern, investigadoras de la Universidad de Liverpool, muestran que esta violencia no se mide por un hecho aislado, sino por la acumulación de afrontas virtuales. Aunque no siempre empiezan como misoginia explícita, suelen recurrir a repertorios sexistas porque funcionan para castigar una voz política a través del cuerpo, la apariencia y la reputación.
El engranaje algorítmico

Un analista de X —que prefirió resguardar su nombre— describe tres roles frecuentes: iniciadores, validadores y amplificadores. El primer perfil puede ser marginal o descartable; su potencia depende de quién retoma el contenido para darle entidad ante una comunidad más amplia. El retuit valida la publicación y el “quote” la traslada de una cámara de eco a otra, incluso al denunciar.

En los casos de Mengolini y Romano, como en muchos otros, esa mecánica suma una capa nueva con la inteligencia artificial. Diego Fernández Slezak, investigador de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET, ubica el cambio en la escala. Antes había contenido falso guiado por humanos. Ahora hay “contenido fake creado por máquinas”. Las herramientas generativas permiten producir respuestas en serie, perfiles verosímiles, piezas visuales y relleno para emular interacciones humanas. “Con muy poca inversión en muy poca gente uno puede crear una gran cantidad de agentes”, asevera.

Esa masividad y las políticas de las plataformas complica —aunque no imposibilita— el rastreo del origen. Para el experto, no hace falta un dispositivo sofisticado para causar daño: alcanza un velo ligero de anonimato y la expectativa de que nadie investigue demasiado. Por eso, ante imágenes o videos manipulados, el límite no debería descansar solo en la detección técnica.

Hany Farid, analista forense digital de la UC Berkeley, llega a un punto parecido: en política, los deepfakes no necesitan ser perfectos. Su eficacia depende de saturar el sistema con montajes de distinta calidad para producir caos, sembrar dudas y obligar a víctimas o verificadores a correr detrás de la mentira.

El profesor sostiene que no hay limitaciones técnicas para que las plataformas etiqueten automáticamente los contenidos de sus propios sistemas e identifiquen materiales externos: “No hay duda de que podrían hacerlo mucho mejor de lo que lo hacen”.
La palabra presidencial y sus efectos

El sociólogo y catedrático de comunicación política Silvio Waisbord analiza este escenario desde la “desmediatización”: líderes que ya no necesitan atravesar el periodismo o la conferencia de prensa para marcar agenda, sino que acusan, señalan enemigos y se dirigen a sus públicos las 24 horas del día.

El embate, alerta, “legitima el insulto como una forma normalizada de discurso político”. Esta dinámica encierra además una paradoja para el campo mediático: informar sobre un deepfake puede ampliar su alcance, pero callar deja intacta la embestida pública.

Cuando la estigmatización proviene del Ejecutivo, el impacto en la sociedad civil cambia. Amnistía Internacional lo formuló ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al advertir que la descarga de odio presidencial “habilita y promueve el asedio, las amenazas y la violencia” sobre el discurso de otros. En 2026, la organización registró insultos directos como “basura”, “inmundicia humana”, “cavernícola” o “delincuente malparido”. Ya no se discute una nota: se intenta vaciar de credibilidad a su autor.

Agustina Del Campo —directora del Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información (CELE) y firmante de un amicus curiae en la causa que Milei luego iniciaría contra Mengolini, en la que la periodista fue sobreseida— traza una cautela jurídica necesaria: proteger a periodistas no habilita clausurar la crítica a la prensa. El punto cambia cuando la estigmatización proviene del Ejecutivo. “Que desde el poder se estigmatice con nombre y apellido a determinados periodistas es lamentable para la libertad de expresión”, desarrolla. Para ella, la respuesta no pasa por crear castigos penales inmediatos, sino por reforzar obligaciones ya existentes sobre funcionarios.

Un integrante del Gobierno puede otorgarle una enorme masividad a una ofensiva sin necesidad de haber creado la imagen falsa ni redactado la agresión. Retomar, comentar o celebrar un contenido desde un cargo público transforma la escena. Frente a esta mecánica, Slezak abre el debate sobre la responsabilidad de quien difunde y amplifica.
El laberinto judicial

Camila Palacin, integrante de Argentina Humana y abogada de Julia Mengolini, llevó junto a su equipo una causa por amenazas contra la ex legisladora Ofelia Fernández. En ese proceso, resuelto en mayo de 2026, una respuesta de X a un exhorto enviado a Estados Unidos permitió identificar al usuario detrás del mensaje.

El acuerdo incluyó una reparación económica destinada al Hospital Garrahan y Hogares de Cristo, además de disculpas públicas con nombre verdadero. Aquel expediente demostró que, cuando una plataforma entrega información, puede encontrarse a la persona real detrás de una cuenta.

En la denuncia de Mengolini, Palacin y su equipo intentaron mostrar un mapa más amplio de escarnios, inteligencia artificial, trolls, replicación de contenidos y participación de actores cercanos al Gobierno. Pero se toparon con un obstáculo: la circulación del deepfake, los retuits y la metodología de la campaña quedaron en una zona difícil de rastrear y traducir procesalmente. Las tecnologías generativas no encuentran todavía un encuadre claro en el derecho penal argentino, por lo que las causas deben traducirse a delitos ya existentes.

La experiencia de Romano agrega otra capa de desprotección. A X le denunció un perfil apócrifo que usaba como nombre de usuario la dirección de su casa, y cuya biografía exponía su foto, DNI y datos personales. La respuesta corporativa fue que la cuenta no violaba las reglas. También pidió declarar por Zoom porque el miedo le impedía salir de su hogar, pero se lo denegaron: “Nunca se avanzó, nunca se llegó a nada con esto. Ellos quedaron impunes y yo quedé sin justicia”.


La Ley Olimpia ayudó a nombrar la violencia en entornos digitales, pero nombrar no equivale a desarmar campañas coordinadas, imágenes simuladas, usuarios anónimos, doxing y corporaciones opacas.

Desde UNESCO suman que “los sistemas algorítmicos no son neutrales”, sino que jerarquizan contenidos, recomiendan, ocultan y empujan. En la misma línea, el profesor de Farid distingue la dificultad técnica de la falta de voluntad: las empresas podrían etiquetar mucho más, decidir qué queda disponible tras una denuncia y entregar datos decisivos a los juzgados.

Una publicación puede desaparecer demasiado tarde, cuando la imagen ya fue vista y el escrache se esparció. Por eso el organismo internacional precisa que la respuesta no puede recaer sobre las mujeres atacadas mediante alternativas como retirarse de las redes, cerrar perfiles, hablar menos o protegerse solas.

Si las plataformas callan y la justicia llega tarde, la responsabilidad se traslada por completo a las personas agredidas y la sociedad civil. Son ellas quienes terminan asumiendo el peritaje de los mensajes, el costo legal y el sostén emocional.
El precio de no callarse

La censura tradicional clausura un medio, prohíbe una publicación o encarcela. En redes opera por desgaste para forzar la autocensura previa. Con Romano, los métodos fueron extremos. Ella piensa que buscaban que se suicide. Sin embargo, no se calló. “Eso nunca lo van a conseguir”, afirma.

Mengolini no tuitea más, para “no seguir alimentando al monstruo”. Ese retiro, insiste, no la relega a un mero lugar de víctima: desde su medio, sigue expresando su pensamiento e invitando al debate. Mientras tanto, continúa la disputa en tribunales: a través de su denuncia y de la causa penal que el propio presidente inició en su contra, una acción que lee como una represalia directa.

Para ella, participar en redes como X vale la pena “siempre que sepas que estás en el territorio enemigo”. Si bien utiliza plataformas como YouTube, entiende que esto implica someterse a lógicas de recomendación y dependencias corporativas. Por eso, la apuesta de Futurock se desplaza hacia una aplicación propia, sostenida por el aporte de una comunidad activa.

La periodista evoca la caza de brujas de la Modernidad —salvando las grandes distancias— para recordar que incluso las persecuciones organizadas más atroces de la historia encontraron resistencia y un final. En esa misma clave, se podría pensar que el oscurantismo político adaptado a las plataformas tiene límites fijados por el recambio generacional y el giro de los ciclos políticos.

El daño a las personas, los colectivos y las ideas no termina cuando los trolls y los perfiles alineados con el oficialismo dedicados a impulsar campañas de odio abandonan una tendencia. Los ataques a las voces disidentes desde el poder y sus redes comunicacionales no son inéditos, pero la velocidad de su difusión y el secretismo de las compañías volvieron borrosa la trazabilidad de los hostigadores.

La violencia digital opera como un instrumento de anulación política cuyo costo obliga a las afectadas a recolectar pruebas, denunciar, cerrar cuentas o calcular los riesgos de cada exposición. Ante ese desgaste, la respuesta no puede ser el aislamiento: exige cooperación, intervención estatal efectiva, causas que avancen y reglas que obliguen a las corporaciones tecnológicas a rendir cuentas.

Por Jazmín Bazán
Fuente: Latfem
Este reportaje contó con el apoyo de una subvención del Tarbell Center for AI Journalism.

agosto 02, 2026

Las reinas olvidadas que gobernaron con puño de hierro e inteligencia durante la Edad Media

Brunilda y Fredegunda pasaron a la historia por su enfrentamiento sangriento, pero las dos destacaron por otras muchas acciones durante sus reinados

Emmanuel Herman Joseph Wallet   Frédégonde armando a los asesinos de Sigebert


Para los melómanos, el nombre de Brunilda evoca a la heroína imaginada por Richard Wagner en su tetralogía del Anillo del Nibelungo. Y eso ya nos remite también a una imagen muy concreta, de una mujer grande, con trenzas, un escudo, una lanza y el casco con cuernos.

Esta imagen idealizada, sin embargo, no nos acerca a la realidad del personaje que pudo haber inspirado, aunque de forma indirecta, a Wagner. Y es que en la edad media existió una Brunilda de carne y hueso que reinó con puño de hierro. Su historia, hoy demasiado olvidad, no se puede desvincular de la de otra reina medieval, Fredegunda. 

UN OLVIDO INJUSTO

Estas dos reinas merovingias gobernaron durante décadas un vasto territorio en lo que hoy conocemos como Francia, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo y parte de Alemania y Suiza. Y lejos de ser pasivas consortes, su rol fue el de activas facilitadoras de la transición entre el colapso del imperio romano y el nacimiento de los estados europeos. El porqué hoy casi hemos olvidado sus nombres y sus acciones se debe a una auténtica campaña de propaganda que duró siglos.


BRUNILDA, DIPLOMÁTICA DE SANGRE AZUL

La historia nos dice que Brunilda era una princesa visigoda, Hija del rey Atanagildo de España. Las crónicas de la época escritas por Gregorio de Tours la describen como una mujer hermosa, culta y de buen comportamiento. 

Brunilda se casó en 567 con el rey Sigeberto I de Austrasia, y se convirtió al catolicismo. Sin embargo, este matrimonio feliz despertó los celos de su cuñado, Chilperico I de Neustria. La envidia le llevó a casarse con la hermana mayor de Brunilda, Galswinta, a la que pronto dejó para irse con su amante esclava, Fredegunda, que se convirtió así en reina. En un episodio digno del mejor programa de crónica negra, Chilperico y Fredegunda confabularon y estrangularon a Galswinta en su cama.

DOS MUJERES ENFRENTADAS

Tras la muerte de su hermana, Brunilda juró venganza, lo que derivó en una cruenta guerra entre los reinos de Austrasia y Neustria. Al ver que Austrasia estaba a punto de ganar y que asediaba a Chilperico, Fredegunda envió a dos asesinos a matar a Sigeberto I con dagas envenenadas. 

El rey Chilperico y la reina FredegundaW
ikicommons

La historia acabaría por sintetizar la historia de estas dos reinas como un enfrentamiento de tigresas por una venganza. Sin embargo, tras sus movimientos es interesante observar toda la estrategia geopolítica que desplegaron para mantenerse en el poder en una época en que el mapa se estaba transformando completamente.

LA REFORMA SOCIAL DE BRUNILDA

Instalada en Autun, durante su reinado Brunilda impulsó un programa masivo de reconstrucción de infraestructuras y reparó las antiguas calzadas romanas para reactivar el comercio. Además, modernizó el reino mediante una reforma fiscal basada en un nuevo censo público para actualizar los impuestos. De la lista, eliminó a viudas y ancianos desamparados para que las élites adineradas pagaran lo que les correspondía. Estas medidas sociales no gustaron a los nobles de la época.

EL PRAGMATISMO MILITAR DE FREDEGUNDA

Fredegunda, que aprovechó su encanto y magnetismo para acceder al trono, demostró una mente militar que ya habrían querido para sí muchos generales romanos. Lo demostró en la célebre batalla de Droizy (593), en la que supo hacer frente al superior ejército de Brunilda.

Amalie Materna como Brünnhilde en el Anillo de Wagner
Dominio Público

Con gran astucia, adelantó la paga a sus soldados con el tesoro real para asegurar su lealtad y ordenó un ataque nocturno sorpresa utilizando técnicas de camuflaje. Los soldados avanzaron cubiertos con ramas de árboles y colocaron campanas a los caballos para que el enemigo pensara que eran animales pastando. El resultado fue una victoria aplastante.

CÓMO SE MANIPULA LA HISTORIA

La Brunilda real tuvo un final casi tan trágico como la de la heroína wagneriana. Siendo ya una anciana, fue capturada por el hijo de su archirrival, Clotario II y fue ejecutada en público atándola a caballos desbocados. Fredegunda, por su parte, murió plácidamente por causas naturales. 

El suplicio de Brunilda, según Philippoteaux y Girardet.
Dominio Público

Lo curioso es lo que vino después. Al convertirse en rey, Clotario II necesitaba legitimarse en el trono. Para ello, borró el impacto de su tía y de su propia madre. Algunos siglos más tarde, los cronistas oficiales recibieron también el encargo de poner por escrito el caos y la destrucción provocado por las mujeres. Así, estas crónicas nos hablan de mujeres crueles y diabólicas, movidas por la maldad. Obviaron en sus notas todas las reformas sociales que impulsó Brunilda.

En el siglo XV, la escritora Christine de Pizan rescató a Fredegunda, cuyas artes militares le sirvieron para defender la capacidad política de las mujeres en su Ciudad de las Damas. La memoria de Brunilda quedó en el imaginario popular francés a través del nombre que los campesinos daban a los caminos romanos: Chaussées de Brunehaut (Calzadas de Brunilda).

Fuente National Geographic

agosto 01, 2026

Chilenas marchan contra las trabas al aborto por tres causales: Escucha Mi Decisión


Fotos: Grimanesa Riquelme

Miles de chilenas marcharon en al menos una decena de ciudades para rechazar el proyecto que pretende hoy obligar a la mujer a escuchar los latidos del feto antes de una interrupción voluntaria del embarazo.

La manifestación contra el controvertido proyecto de ley “Escucha su corazón”, impulsado por diputados de los partidos de extrema derecha Republicanos y Nacional Libertario, partió en esta capital desde la Plaza Baquedano y concluyó ante el Palacio de La Moneda, sede de la presidencia.

En declaraciones a Prensa Latina, la integrante de la Coordinadora Feminista 8M, Margarita Peña, recordó que en Chile el aborto solo es permitido por tres causales: inviabilidad fetal, peligro para la vida de la madre o cuando el embarazo es resultado de una violación.


“Una mujer puesta en esas circunstancias está en una situación traumática, dolorosa, y merece ser protegida, sin embargo, los legisladores de ultraderecha proponen aumentar su dolor”, dijo Peña.

La activista calificó el proyecto de ley como cruel, degradante e inhumano.

Mientras, Yasna Castillo, Observadora de Ley del Aborto, recordó que esa legislación aprobada en 2017 tiene de por sí muchas trabas y lo que pretenden esos parlamentarios es poner más obstáculos.

Castillo llamó a los legisladores a trabajar por los temas económicos y de seguridad, por los cuales fueron electos, y no dedicarse a intentar frenar los derechos de las mujeres.

Catalina Lufín, presidenta de las Juventudes Comunistas, calificó el proyecto de ley como un retroceso brutal, mientras Magdalena Silva, estudiante de sociología, consideró una injusticia que en el país hasta el día de hoy el aborto no sea libre, seguro y gratuito.

Además de Santiago, hubo convocatoria de manifestaciones en Valparaíso, Iquique, Calama, Antofagasta, Copiapó, La Serena, Concepción y Temuco, entre otras urbes.

El “pañuelazo” tuvo como lema Escucha mi decisión, para exigir respeto a los derechos de las féminas.

La propuesta legislativa ha generado un rechazo de amplios sectores, tanto del mundo político, como de defensores de los derechos humanos y especialistas de la salud y -según la encuesta Cadem- 66 por ciento de la población está en contra de la iniciativa.

julio 31, 2026

La otra brecha digital: lo que la IA promete a las mujeres y lo que en realidad les quita




La inteligencia artificial promete cerrar brechas laborales para las mujeres. Los datos sugieren que, si no cambia la forma en que la gobernamos, podría ampliarlas.

Hay una frase que se repite tanto en foros de tecnología que ya casi nadie la cuestiona: la inteligencia artificial va a democratizar el acceso al empleo. La Jornada lo tituló este verano: la IA abre campo laboral a más mujeres en México, dándoles una vía directa hacia la economía digital y una manera de revertir la informalidad. Es una narrativa optimista, cómoda, fácil de aplaudir en un panel. El problema es que, cuando se contrasta con los números, esa narrativa empieza a cojear.

El país que más contrata IA, y el que menos mujeres pone a competir por ella

México no es un actor menor en esta historia: según el análisis de Get on Board sobre más de 15 mil vacantes tecnológicas entre 2023 y 2025, el país lidera la demanda de empleos relacionados con IA en toda América Latina, con un crecimiento de 150% en solo dos años. Hasta aquí, el titular optimista se sostiene.

Pero el mismo estudio revela la otra mitad de la historia: solo 27% de quienes se postulan a esas vacantes de IA en México son mujeres, un porcentaje por debajo del promedio regional de 29%. Argentina, con 42% de candidatas mujeres, muestra que no es una fatalidad tecnológica sino una diferencia de política y cultura laboral. Perú, en el otro extremo, registra apenas 20%. México queda a la mitad de la tabla, lejos de presumir nada.

Y esto no es un fenómeno nuevo: el INEGI ya documentaba que solo 17% de las personas que trabajan en tecnologías de la información y comunicación en México son mujeres. La IA no está corrigiendo esa proporción; por ahora, la está heredando tal cual.

El riesgo que no aparece en las gráficas de crecimiento

En mayo, durante el panel «La otra alIAda» del Expansión Summit Mujeres 2026, Úrsula Quijano, directora para México de Laboratoria, puso el dedo exactamente ahí: advirtió que las mujeres tienen, según su estimación, hasta tres veces más probabilidades de perder su empleo frente al avance de la IA, particularmente en áreas administrativas, atención al cliente y labores repetitivas. No es un dato de un estudio cuantitativo independiente, vale la pena decirlo con la misma claridad con la que se cita cualquier cifra, sino la lectura de alguien que lleva más de una década capacitando mujeres en condiciones de subempleo en diez países de la región. Pero apunta a algo que sí es estructural: esas son, precisamente, las áreas laborales históricamente más feminizadas.

Quijano también señaló el otro lado del embudo: muchas mujeres que ya trabajan en tecnología no logran dar el salto hacia los puestos especializados en IA que sí están creciendo. «Tenemos talento impresionante, pero muchas estaban en siete, ocho o nueve años de experiencia sin poder hacer ese brinco», dijo. El mismo estudio de Get on Board detectó un incremento de 50% en la demanda de puestos senior de AI Engineer. Es decir: el empleo que se destruye está feminizado, y el empleo que se crea, no.

Gobernanza, la palabra que falta en el discurso feliz

Elida Godínez, technology strategic segment leader de IBM México, ofreció en el mismo panel la pieza que conecta todo: dijo que la confianza en la IA depende de que existan esquemas de gobernanza que aseguren que la tecnología «aporte valor y rentabilidad» sin reproducir sesgos. Es el mismo lenguaje que usaría cualquier consejo de administración serio frente a un riesgo operativo no mitigado. Y sin embargo, ese esquema de gobernanza, el que específicamente vigile el sesgo de género en la adopción de IA en las empresas mexicanas, no existe todavía como política pública articulada. Existe como buena intención en un panel de marzo, y como advertencia aislada de una directora de ONG en mayo.

El propio Barómetro global de la IA en el mundo laboral de PwC ya había encontrado, en el conjunto de países que analiza, que en todos ellos hay más mujeres que hombres en los roles más expuestos a ser transformados o sustituidos por esta tecnología. No es una particularidad mexicana: es un patrón que México simplemente no está corrigiendo con nada distinto a lo que ya hace el resto del mundo.

La distancia, otra vez, se mide en años de experiencia

El discurso dice que la IA abre puertas. Los números dicen que, para las mujeres, abre una puerta angosta, 27% de las candidaturas, mientras deja abierta de par en par la puerta trasera de la automatización en las tareas que ellas ya ocupaban. Y en medio, la política de gobernanza que podría corregir el sesgo antes de que se institucionalice sigue siendo, como en tantos otros casos que he documentado aquí, una intención pronunciada en un escenario y no una obligación escrita en ningún presupuesto ni en ninguna regulación.

La inteligencia artificial no decidirá sola el futuro laboral de las mujeres. Lo decidirán las políticas, los consejos de administración y los algoritmos que hoy estamos permitiendo construir.


 Por Sofía Gamboa De La Parra @GamboaSofia

Imagen creada para uso editorial de LCR
Fuente: La Costilla Rota

Sí a la Diversidad Familiar!
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