julio 16, 2026

La Relatora de la ONU instó a los Estados a adoptar el modelo abolicionista para erradicar la violencia contra las mujeres en la prostitución



Fuente: ONU


La Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, publicó en 2024 una amplia serie de recomendaciones dirigidas a los Estados para abordar la prostitución desde los Derechos Humanos. En el informe Prostitution and violence against women and girls, reclama que las políticas públicas garanticen la igualdad, la dignidad, la libertad, la seguridad y el derecho de las mujeres y las niñas a vivir libres de violencia, tortura y tratos degradantes. Asimismo, insta a reconocer la prostitución y sus manifestaciones vinculadas, como la pornografía, como un sistema de explotación y violencia.

Entre las principales medidas propuestas se encuentra la adopción del modelo abolicionista, articulado alrededor de cinco pilares: la despenalización de las mujeres en situación de prostitución, la creación de servicios integrales y alternativas reales para abandonarla, la penalización de la compra de actos sexuales, la persecución de todas las formas de proxenetismo y la puesta en marcha de campañas de sensibilización dirigidas especialmente a los compradores. Para reducir la demanda, la Relatora plantea aumentar los obstáculos legales a la compra, reforzar su rechazo social e incluso valorar la inclusión de los compradores en registros de delincuentes sexuales.

El documento recuerda e insiste en que la despenalización debe ir acompañada de recursos suficientes. Recomienda garantizar, con independencia de la situación administrativa o migratoria de cada mujer, el acceso a una vivienda segura, atención psicológica especializada en trauma, servicios sanitarios, apoyo a la infancia, educación, formación profesional, generación de ingresos y acompañamiento para abandonar la prostitución. También propone crear un fondo de asistencia y reparación para las víctimas, cancelar los antecedentes derivados de su explotación y facilitar permisos de residencia, vías migratorias seguras y acceso al asilo ante situaciones de persecución por razón de género.

La Relatora reclama, además, una profunda transformación de la respuesta policial y judicial. La persecución del proxenetismo y de la compra de actos sexuales no debería depender de que las víctimas demuestren previamente una situación de trata. Los Estados deben investigar las desapariciones y muertes de mujeres en contextos de prostitución, valorar su clasificación como feminicidios, combatir la corrupción y la impunidad, reducir las barreras para denunciar y garantizar periodos de reflexión y mecanismos efectivos de protección de testigos. Las políticas deberían diseñarse mediante una coordinación interinstitucional que incluya la voz de las organizaciones especializadas y lideradas por supervivientes, asegurándoles una financiación estable y protección frente a ataques y difamaciones.

Las recomendaciones también sitúan la prevención en la educación, los medios de comunicación y el entorno digital. Se propone educar desde la escuela en derechos humanos, igualdad, respeto mutuo y relaciones afectivo-sexuales saludables; ofrecer oportunidades educativas y económicas a las niñas más vulnerables; y promover una cobertura mediática que no estigmatice a las víctimas y coloque la responsabilidad sobre compradores, proxenetas y demás explotadores. Respecto a las plataformas digitales, se insta a responsabilizar a las empresas que obtienen beneficios de la explotación sexual, cerrar páginas que faciliten la trata o anuncien prostitución y desmantelar sus modelos de negocio. 

El informe es muy claro: mientras comprar el cuerpo de una mujer siga considerándose una opción aceptable, la igualdad seguirá siendo una promesa incumplida. Las recomendaciones de la Relatora interpelan directamente a los Estados, pero también al conjunto de la sociedad: proteger a las mujeres y las niñas, exige dejar de legitimar a quienes se benefician de su explotación, garantizar alternativas reales y cuestionar una cultura que permite esta forma de violencia. Abolir la prostitución no significa perseguir a las mujeres, sino situar por fin la responsabilidad sobre quienes compran, explotan y obtienen beneficios de su vulnerabilidad.


Fuente: El Diario Feminista

julio 15, 2026

Más allá de corregir sesgos: una red feminista busca transformar la inteligencia artificial en América Latina


Foto: Ignacio Dotti

Para la coordinadora de la Red Feminista de Inteligencia Artificial de América Latina y el Caribe, el feminismo constituye un “marco y una praxis” para interpelar las asimetrías de poder que moldean el desarrollo tecnológico.

Mientras gobiernos y empresas compiten por desarrollar modelos de inteligencia artificial (IA) cada vez más potentes, una red de investigadoras y activistas de América Latina plantea otra discusión: no solo cómo funciona esta tecnología, sino quién la diseña, con qué objetivos y para beneficiar a quién.

Para la Red Feminista de Inteligencia Artificial de América Latina y el Caribe, la discusión sobre cómo evitar que los algoritmos reproduzcan sesgos contra las mujeres es apenas el punto de partida. Su propuesta va más allá de corregir prejuicios: plantea transformar la forma en que se concibe, desarrolla y gobierna la IA.

“La perspectiva feminista aporta una mirada sobre la IA que interpela la matriz del poder y que se pregunta cómo la tecnología contribuye a reproducir la injusticia y la desigualdad. Por eso pensamos que la mirada feminista sobre la IA es fundamental. No es una tecnología neutra, no es una tecnología objetiva, es una tecnología que al servicio del capital, el patriarcado y la reproducción de las relaciones neocoloniales, reproduce la violencia a escala”, dijo a la diaria la investigadora mexicano-ecuatoriana Paola Ricaurte, coordinadora de la Red Feminista de Inteligencia Artificial en América Latina y el Caribe, profesora del Departamento de Medios y Cultura Digital del Tecnológico de Monterrey e investigadora asociada del Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard.

Doctora en Ciencias del Lenguaje, Ricaurte ha dedicado su trayectoria al análisis feminista y anticolonial de las tecnologías digitales. Además, integra el grupo de expertos en ética de IA sin fronteras de la Unesco, es cofundadora de Tierra Común –una iniciativa para la descolonización de los datos–, autora del Manifiesto de la Inteligencia Artificial Descolonial y fue incluida por la revista Time en la lista Time100 AI 2025 dentro de las 100 personas más influyentes del mundo en IA con enfoque feminista y en derechos humanos.

Para Ricaurte, hablar de una inteligencia artificial feminista significa cuestionar quién define qué problemas merece resolver la tecnología, quién controla los datos y la infraestructura digital y qué intereses orientan la innovación.

“La lucha por tecnologías libres, desde nuestra perspectiva, es una lucha política. [...] Para nosotras implica cuestionar todos los supuestos bajo los cuales hoy se construye la tecnología y eso implica quién puede construirla, cómo, para qué, por qué, partiendo por supuesto de la pregunta sobre qué tecnologías son las que necesitamos”, remarcó, señalando que en América Latina existe un “enorme potencial” para imaginar una IA que no responda al “modelo de negocio extractivista”.

En ese contexto, el feminismo funciona como “marco y una praxis que permite interpelar las asimetrías de poder”. “No estamos hablando únicamente de género. Desde la perspectiva interseccional y sistémica, queremos hacer visibles todos esos mecanismos de opresión [...] que, de manera interconectada, hacen que ciertos grupos humanos sean excluidos de la sociedad”, afirmó.
¿Cómo nació la Red Feminista de Inteligencia Artificial en América Latina y el Caribe y qué necesidad buscaba cubrir en la región?

La red surge como una iniciativa internacional para abordar el problema estructural de la IA tanto como una industria que se encuentra concentrada en unas pocas corporaciones como de los sistemas de IA que reproducen las desigualdades a lo largo de su ciclo de vida. Comenzamos a idear el proyecto en 2020 y lo arrancamos en 2021 con nodos en tres regiones del Sur global: América Latina y el Caribe, Norte de África y Medio Oriente y Sudeste Asiático. Desde entonces hemos realizado cuatro convocatorias para incubar proyectos de IA feminista en la región. Un aprendizaje de estos años es que en la región existe un enorme potencial en posibilidades de imaginar la inteligencia artificial que no responda a la lógica ni al modelo de negocio extractivista de la IA hegemónica.Apoyá nuestro periodismo. Suscribite por $245/mes
¿Quiénes integran actualmente la red y qué perfiles profesionales o territoriales confluyen en ella?

Actualmente hay aproximadamente 80 personas y organizaciones integrantes de la red. Tenemos perfiles de distintas disciplinas, pero también de trayectorias: es decir, no solamente hay personas académicas, sino también activistas, artistas, profesionales de distintos campos, porque pensamos que para construir una IA feminista necesitamos de todas las miradas. Existen personas de distintos países, solamente que también hemos tenido desafíos para integrar personas del contexto caribeño y centroamericano, que refleja las desigualdades existentes también en América Latina y el Caribe. Durante esta fase, uno de los propósitos es buscar extender tanto los proyectos como las integrantes de estas regiones.
¿Qué diagnóstico hacían sobre el desarrollo de la IA en América Latina cuando decidieron crear este espacio?

Desde el inicio hemos sido muy críticas con la industria de la IA en su actual expresión. Existe una concentración de poder, recursos, datos, conocimiento, infraestructura que reproduce las asimetrías entre los países y las regiones. América Latina y el Caribe ocupa una posición subordinada en la cadena de valor de la IA: entregamos nuestras tierras, nuestra mano de obra, nuestros datos, con un alto costo humano y ambiental. A cambio recibimos productos por los que pagamos caro, aunque pensemos que son gratuitos, porque en realidad contribuyen a profundizar la relación de dependencia económica, tecnológica, política y de conocimiento de nuestra región.

¿Por qué es clave tener una mirada feminista de la tecnología y más concretamente de la IA?

Muchas de nosotras venimos de una larga trayectoria de participación en movimientos por la defensa de los derechos digitales, de una internet libre y democrática, por la justicia global. La lucha por tecnologías libres, desde nuestra perspectiva, es una lucha política. Si lo pensamos, no puede haber democracia sin tener control de las infraestructuras, el conocimiento, los datos. Y tal como vemos que opera la industria, solamente está sirviendo para que la acumulación de poder y riqueza en pocas manos se haga mayor. La perspectiva feminista aporta una mirada sobre la IA que interpela la matriz del poder y que se pregunta cómo la tecnología contribuye a reproducir la injusticia y la desigualdad. Por eso pensamos que la mirada feminista sobre la IA es fundamental. No es una tecnología neutra, no es una tecnología objetiva, es una tecnología que, al servicio del capital, el patriarcado y la reproducción de las relaciones neocoloniales, reproduce la violencia a escala.

¿Qué significa exactamente hablar de una IA feminista?

Para nosotras implica cuestionar todos los supuestos bajo los cuales hoy se construye la tecnología y eso implica quién puede construirla, cómo, para qué, por qué, partiendo por supuesto de la pregunta sobre qué tecnologías son las que necesitamos. Hay muchas narrativas asociadas con el desarrollo de la IA, la eficiencia, la productividad, la optimización, la objetividad y, si lo pensamos, son todas narrativas que responden a los principios fundamentales del capitalismo: qué necesitamos para acumular más capital. Otras de las narrativas son la escala, la velocidad, el tecnosolucionismo. Nosotras no buscamos tecnologías de IA que sean universales, ni rápidas, ni a gran escala. Buscamos tecnologías que sirvan a sus comunidades, que sean gobernadas y de propiedad de las comunidades, que sean sustentables, pertinentes a cada contexto y que no busquen un beneficio económico, sino el bien común. Ninguno de estos objetivos está en el interés de la industria.

Algunas personas asocian el feminismo únicamente con cuestiones de género. ¿Por qué consideran que también es una herramienta útil para pensar la tecnología?

Nosotras pensamos en el feminismo como un marco y una praxis que permite interpelar las asimetrías de poder. No estamos hablando únicamente de género. Desde la perspectiva interseccional y sistémica, queremos hacer visibles todos esos mecanismos de opresión –instituciones, formas de producción de conocimiento, formas de autoridad, regulaciones, prácticas socioculturales, formas de organización y clasificación social, tecnologías, relaciones de mercado, captura de recursos, control del trabajo, los cuerpos y los territorios– que, de manera interconectada, hacen que ciertos grupos humanos sean excluidos de la sociedad.

¿Qué aportes puede hacer el feminismo a debates sobre transparencia, datos, privacidad y gobernanza algorítmica?

Pienso que desde los distintos movimientos feministas hemos hecho y estamos haciendo múltiples contribuciones, desde el cuestionamiento a las grandes narrativas, el diseño de políticas, la innovación, la imaginación, la regulación, que permiten situar la discusión sobre aspectos específicos de transparencia, datos, privacidad y gobernanza algorítmica desde una mirada sistémica. Afortunadamente hay múltiples colectivos, organizaciones y personas que han aportado a la discusión en todos los niveles, mostrando cómo es necesario tener una perspectiva transversal a los problemas de desigualdad, discriminación y violencia reproducida por estos sistemas, que, como está demostrado, afectan de manera desproporcionada a los grupos históricamente marginalizados.

¿Qué proyectos están impulsando actualmente y cuáles consideran que han tenido mayor impacto?

Hace dos meses arrancamos con una nueva cohorte de siete proyectos de la región. Todos ellos están orientados a responder ante una necesidad específica de sus comunidades: comunidades indígenas, jóvenes afrobrasileños del Amazonas, personas trabajadoras sexuales trans, personas con discapacidad, así como distintos ámbitos: la memoria cultural, la preservación de la lengua, los derechos humanos, la violencia política contra las mujeres, el estrés hídrico. Todos los proyectos muestran distintos aspectos que son relevantes para que las personas y comunidades puedan acceder a una vida digna, sean reconocidas como sujetos productores de conocimiento y desplieguen su capacidad de agencia colectiva en la defensa de sus derechos.

La red cuestiona los modelos dominantes de innovación impulsados por grandes corporaciones tecnológicas. ¿Cuáles son las principales preocupaciones detrás de esa crítica?

Nos parece que el modelo dominante de desarrollo tecnológico sirve para la acumulación de poder y riqueza por unos pocos que nos coloca en una posición de subordinación y dependencia. No es sustentable, habilita la reproducción de la violencia a escala y no responde a las necesidades de nuestras comunidades y territorios. Además, hay que recordar que estas corporaciones tecnológicas estadounidenses responden también a una alianza con el complejo industrial militar y siguen el mandato de Donald Trump de dominación tecnológica, expresado en sus órdenes presidenciales. Es decir, que también esta industria habilita de manera directa el autoritarismo. Lo que vivimos hoy es una forma de tecnofascismo.

¿Existe el riesgo de que América Latina quede relegada a ser únicamente proveedora de datos y recursos para la industria de IA?

Sí, es un riesgo real, porque actualmente ese es justamente el rol que estamos ocupando en la cadena de valor de la IA. Proveedores de recursos naturales, tierra, agua, minerales críticos, mano de obra barata, conocimiento, datos y dinero, porque pagamos caro el uso de estas tecnologías.

¿La soberanía tecnológica debería formar parte de las agendas feministas contemporáneas?

Yo soy partidaria de hablar de soberanía tecnológica, porque podemos alinearla con los principios feministas y comunitarios de autonomía y autodeterminación. Sin embargo, también somos conscientes de los desafíos que implica materializar esa agenda a nivel regional y las contradicciones que existen al interior de los estados-nación con respecto a sus poblaciones. Por eso me gusta pensar en formas de soberanía comunitaria también, que disputen el poder al Estado-nación que también es reproductor de la violencia.

¿Quién decide qué problemas merece resolver la inteligencia artificial y quién queda fuera de esa decisión?

Justamente esas son las preguntas que nos hacemos desde los feminismos. Y lo que buscamos con nuestro trabajo es hacer visible que esas respuestas las tienen que dar las propias comunidades, no los señores multimillonarios blancos y privilegiados de las corporaciones de Silicon Valley ni los gobiernos autoritarios y bélicos del mundo. Nunca en la historia ha existido una mayor acumulación de riqueza y una mayor desigualdad. Y mucha de esa riqueza está anclada a los actores de esta industria y a estas tecnologías cuyo modelo de negocio se basa en el extractivismo y el despojo a escala global.

¿La IA tiene potencial para transformar las desigualdades de nuestras sociedades?

La IA hegemónica reproduce las desigualdades a todos los niveles. Hoy no existen contrapesos gubernamentales que pongan suficiente freno a la industria en nuestra región. Por una parte, necesitamos regulaciones que pongan los derechos humanos y las comunidades más vulnerables al centro. Necesitamos gobiernos firmes, que entiendan lo que está en juego en el presente y para el futuro. La IA es una industria que también está contribuyendo al colapso ambiental, que afecta principalmente a las poblaciones menos privilegiadas. La única manera en que la IA no reproduzca esas desigualdades estructurales es transformar la matriz de poder, en todos sus ámbitos, que generemos los mecanismos para que podamos defendernos ante el abuso de las corporaciones y que las comunidades históricamente excluidas tengan las condiciones para que sean ellas mismas las que gobiernen, desarrollen y utilicen los sistemas artificiales en sus propios términos y en función de sus necesidades.


Fuente: La Diaria.es

julio 14, 2026

Recortes de ayuda internacional privan de asistencia a las mujeres


Mujeres reciben ayuda de organizaciones asistenciales en Afganistán. Los programas dirigidos a mejorar las condiciones de vida de las mujeres en países con situaciones de crisis se resienten de la caída de la financiación internacional, y en primera línea están las propias organizaciones desarrolladas y dirigidas por mujeres, según un nuevo reporte de las Naciones Unidas. Imagen: Osman Khayyam / Unicef

Desde enero de 2025 al menos un millón de mujeres y niñas han perdido acceso a servicios esenciales, como consecuencia del mayor descenso anual registrado en la asistencia oficial para el desarrollo, indicó un nuevo informe de la entidad de las Naciones Unidas ONU Mujeres.

La caída en la financiación de la ayuda internacional es marcada desde que Estados Unidos retiró su contribución a decenas de programas, apenas asumió por segunda vez la conducción de su gobierno el presidente Donald Trump, en enero de 2025

Organizaciones lideradas por mujeres se han visto obligadas a reducir o suspender servicios esenciales en algunos de los contextos humanitarios más graves del mundo, en los que están afectadas millones de familias, mujeres y niñas.

Sofía Calltorp, jefa de Acción Humanitaria de ONU Mujeres, destacó que “las organizaciones de mujeres que hoy corren el riesgo de desaparecer están en la primera línea de algunas de las peores crisis humanitarias del mundo”.

Esas organizaciones “trabajan en países como Afganistán, la República Democrática del Congo o Haití, llegando adonde no llegan los actores internacionales y manteniéndose sobre el terreno mucho después de que el mundo dirija su atención a otro asunto”, expuso Calltorp.

“Cada dólar retirado a las organizaciones de mujeres es un dólar retirado a las sobrevivientes de la violencia sexual relacionada con los conflictos, a las madres desplazadas, a las niñas que han tenido que dejar la escuela y a las comunidades que luchan por sobrevivir”, añadió.

El informe, basado en las respuestas de 855 organizaciones lideradas por mujeres en 52 países afectados por conflictos y crisis, muestra que casi nueve de cada 10 organizaciones ya no pueden responder al nivel actual de necesidades, mientras que 84 % afirma que la demanda de sus servicios continúa aumentando.

Dos de cada cinco organizaciones encuestadas prevén cerrar temporal o permanentemente durante el próximo año si la financiación continúa disminuyendo.


“Cada dólar retirado a las organizaciones de mujeres es un dólar retirado a las sobrevivientes de la violencia sexual relacionada con los conflictos, a las madres desplazadas, a las niñas que han tenido que dejar la escuela y a las comunidades que luchan por sobrevivir”: Sofía Calltorp.

Además, 65 % mantiene sus actividades gracias a personal que trabaja sin recibir salario y casi la mitad informa de un aumento del agotamiento entre sus equipos.

Al mismo tiempo, 88 % señala un deterioro de la salud mental entre las mujeres y niñas a las que presta apoyo.

ONU Mujeres advierte que la reducción de recursos coincide con un aumento de la violencia de género.

De las organizaciones encuestadas, 86 % reporta un incremento de este tipo de violencia en las comunidades donde trabaja, y 62 % afirma que los espacios seguros para mujeres y niñas han desaparecido o se han reducido considerablemente.

La mitad de las organizaciones ha comenzado además a establecer listas de espera o a rechazar nuevas usuarias debido a la falta de capacidad. El 92 % observa un aumento de la pobreza entre las mujeres a las que atiende, y 82 % informa de un mayor abandono escolar entre las niñas.

Según el reporte, las primeras afectadas son las mujeres y niñas que viven en comunidades remotas, zonas de conflicto o lugares de difícil acceso.

Casi dos terceras partes de las organizaciones ya redujeron servicios en esas áreas, donde las alternativas son escasas o inexistentes. El informe subraya que detrás de las cifras hay refugios que cierran, clínicas de salud cada vez más lejanas, y familias que dejan de recibir alimentos o asistencia básica.

Una de cada cinco organizaciones ya suspendió programas destinados a fortalecer el liderazgo de las mujeres y promover la igualdad de género. Más de la mitad también observa una disminución de la participación femenina en espacios de liderazgo comunitario y en la toma de decisiones locales.

El informe cierra con un llamado de ONU Mujeres a mantener la inversión en las organizaciones lideradas por mujeres, a las que considera actores esenciales para responder a las crisis, defender los derechos de la mujer y contribuir a la recuperación y la construcción de la paz.

Fuente: IPS

julio 13, 2026

La CIDH celebrará la primera Audiencia Temática sobre Violencia Vicaria en América Latina

El próximo 3 de agosto de 2026, el organismo internacional abordará formalmente el impacto de esta modalidad de violencia de género que instrumentaliza a las infancias



En lo que representa un paso sin precedentes para la defensa de los derechos humanos en el continente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) albergará de manera exclusiva la primera Audiencia Temática dedicada a la violencia vicaria en la historia del Sistema Interamericano. El encuentro de carácter internacional se llevará a cabo el próximo 3 de agosto de 2026, en el marco del 196.° Período de Sesiones de la CIDH, bajo el eje central: «Situación e impacto de la violencia vicaria».

La audiencia fue solicitada formalmente por Ie Tze Rodríguez Cabrera, Coordinadora del Área de Defensa de las Mujeres de la Red Solidaria Década Contra la Impunidad A.C. (RSDCI). El esfuerzo cuenta con el respaldo estructural de dicha organización, así como de un sólido bloque de colectivas de la sociedad civil, entre las que destacan Mujeres Unidas, Mujeres México, Justicia para madres e infancias, Madres Libertarias y Presunción de la Inocencia y Derechos Humanos A.C. Estas agrupaciones civiles son las responsables activas de la documentación, acompañamiento y litigio estratégico de casos tanto en México como en el resto de la región. El desarrollo y coordinación del proceso se encuentra a cargo de Ericka Zamora Pardo y María Magdalena López Paulino.

La violencia vicaria constituye una de las expresiones más crueles y sistemáticas de la violencia de género. Se define como aquella que se ejerce contra las mujeres a través de sus hijos, hijas u otras personas de su entorno afectivo más cercano, con el firme propósito de causar el mayor daño emocional posible. En este tipo de agresiones, el victimario utiliza a los sectores más vulnerables —particularmente a las infancias— como herramientas de tortura psicológica, manipulación y sometimiento de la madre. En sus manifestaciones más agudas, este fenómeno culmina en el feminicidio vicario: el asesinato de los menores como el acto definitivo de destrucción hacia la mujer.

A pesar de la gravedad de sus consecuencias directas, el reconocimiento de la violencia vicaria como una modalidad autónoma dentro del derecho internacional de los derechos humanos es todavía incipiente. Por ello, la apertura de este espacio en la CIDH resulta fundamental para avanzar en su visibilización jurídica, su debida tipificación y la creación de mecanismos de prevención oportuna a escala continental.

La trascendencia de esta jornada radica en diversos factores que colocan a México y a América Latina en el epicentro del debate sobre justicia de género y protección a las infancias:

Reconocimiento internacional: Implica la aceptación formal por parte del Sistema Interamericano de que la violencia vicaria representa una violación grave y directa a los derechos humanos de las mujeres y de los niños.

Creación de estándares: Abre la posibilidad histórica para el diseño y desarrollo de estándares interamericanos que guíen a los Estados miembros en materia de prevención, atención médica y psicológica, sanción penal y erradicación de estas conductas.


Exhibición de fallas estructurales: Pondrá bajo el escrutinio internacional las deficiencias, sesgos institucionales y omisiones que arrastran los sistemas de justicia nacionales al momento de detectar, documentar y sancionar adecuadamente estas agresiones.

Con este anuncio, las organizaciones impulsoras confían en que la audiencia del 3 de agosto no solo visibilice el dolor de cientos de madres e infancias atrapadas en dinámicas de violencia institucional y familiar, sino que obligue a los gobiernos americanos a adecuar sus marcos legales frente a una problemática que ya no puede permanecer oculta.



Imagen generada para uso editorial de LCR

Fuente: La Costilla Rota 

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in