agosto 07, 2026

Rebecca Solnit: «La desesperanza es un lujo»



Rebecca Solnit, escritora, historiadora y una de las pensadoras feministas más influyentes de la actualidad, es la autora de Los hombres me explican cosas, un ensayo que dio voz y nombre a una experiencia compartida por millones de mujeres en todo el mundo. En esta conversación, Solnit reflexiona sobre los feminismos hoy en día, los relatos que perpetúan desigualdades y sobre la necesidad de repensar nuestra relación con la naturaleza, la cultura y las otras personas desde una mirada colectiva y transformadora. Una entrevista de la escritora Marina Espasa.



Autores/asMarina Espasa
ParticipantesRebecca Solnit 
Fuente: CCCB

agosto 06, 2026

Micromachismos: la desigualdad que sigue escondida en lo cotidiano

“Quizá por eso resultan tan difíciles de combatir: porque se confunden con la costumbre y terminan pareciendo normales”


Oberholster Venita / Pixabay

Pequeños gestos cotidianos (frases, actitudes y automatismos que apenas se cuestionan) siguen colocando a muchas mujeres en un segundo plano. Aunque la sociedad ha cambiado y los avances hacia la igualdad son evidentes, estas dinámicas persisten de forma silenciosa en muchos ámbitos de la vida diaria.

Quizá por eso resultan tan difíciles de combatir: porque se confunden con la costumbre y terminan pareciendo normales.

Los micromachismos no suelen identificarse a primera vista. No hay gritos, insultos ni conflictos abiertos. Son gestos pequeños, frases cotidianas y reacciones automáticas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que, sumadas, contribuyen a mantener desigualdades que aún no han desaparecido por completo.

Conviene matizar algo importante: afortunadamente, estas dinámicas están cambiando. Hay hombres que no reproducen estos comportamientos, parejas que se reparten las responsabilidades de forma equitativa y nuevas generaciones cada vez más conscientes de la necesidad de construir relaciones basadas en el respeto y la corresponsabilidad. Sin embargo, el cambio social sigue siendo desigual y, en muchos ámbitos, todavía insuficiente.

¿Por qué siguen existiendo?

La mayoría de los micromachismos no nacen de una intención consciente de discriminar. Son, en gran medida, el resultado de una educación recibida durante generaciones y de modelos culturales profundamente arraigados. Durante mucho tiempo se educó a hombres y mujeres para desempeñar papeles diferentes: ellos como principales proveedores y ellas como responsables del cuidado de la casa y de la familia. Aunque la sociedad ha evolucionado de forma extraordinaria, muchas de esas inercias siguen reproduciéndose de manera casi automática, incluso entre personas que defienden sinceramente la igualdad.

En casa: cuando el trabajo se da por hecho

En muchos hogares sigue ocurriendo una escena fácilmente reconocible. Él está sentado viendo la televisión mientras ella recoge la cocina después de cenar. Entonces comenta:

—Si necesitas ayuda, me dices.

No es una frase agresiva, pero encierra una diferencia significativa: la responsabilidad principal parece recaer en ella, mientras él se ofrece a colaborar de forma puntual.

También es frecuente que alguien abra la nevera y diga:

—No hay nada para comer.

Detrás de esa afirmación suele haber una realidad invisible: alguien ha pensado en la compra, ha planificado los menús y ha organizado lo necesario para que la casa funcione día a día.

En reuniones familiares ocurre algo parecido. Servir el café, recoger los platos o atender a los niños suele recaer de forma casi automática sobre determinadas personas, generalmente mujeres, mientras el resto continúa la conversación.

A ello se suma lo que muchos estudios denominan carga mental: recordar citas médicas, cumpleaños, compras pendientes, reuniones escolares o gestiones administrativas. Son tareas poco visibles, pero esenciales para la organización cotidiana, y todavía hoy siguen recayendo con frecuencia sobre ellas.

Otro ejemplo muy habitual es hablar de que un hombre 'ayuda en casa'. En realidad, cuando ambos conviven y comparten un proyecto de vida, no se trata de ayudar, sino de asumir responsabilidades comunes. El propio lenguaje refleja, a veces sin pretenderlo, quién sigue considerándose el responsable principal de las tareas domésticas.
En pareja: cuando el control se disfraza de cuidado

Otra situación habitual aparece cuando una mujer va a salir y escucha preguntas como:

—¿Con quién vais exactamente?

—No vuelvas muy tarde, que es peligroso.

—Avísame cuando llegues.

Por supuesto, estas expresiones pueden nacer de una preocupación sincera. El problema surge cuando se convierten en algo constante, unilateral o condicionan la autonomía de la otra persona. En esos casos pueden transformarse en formas sutiles de control.

Algo parecido sucede con comentarios relacionados con la apariencia o las decisiones personales:

—¿Vas a salir así?

—No es que no puedas, pero luego te miran.

O cuando una mujer dedica tiempo a su trabajo, sus aficiones o sus amistades:

—Siempre estás ocupada últimamente.

No son prohibiciones directas, pero pueden generar presión y hacer que determinadas decisiones se tomen bajo la influencia de expectativas ajenas.
En la carretera: cuando conducir parece un examen

Muchas mujeres reconocen una situación parecida: van conduciendo y el acompañante masculino comenta continuamente:

—Frena antes.

—Ahí no entres.

—Vas muy pegada.

Aunque no exista un peligro real, la sensación puede ser la de estar siendo evaluada constantemente.

Sin embargo, cuando es el hombre quien conduce, ese nivel de supervisión suele ser menor. Esta diferencia refleja un estereotipo que todavía persiste en algunos sectores de la sociedad: la idea de que las mujeres conducen peor.

Los datos disponibles no respaldan esa creencia. Diversos estudios sobre siniestralidad vial muestran que los hombres están implicados con mayor frecuencia en conductas de riesgo al volante, como el exceso de velocidad o la conducción temeraria. Aun así, el prejuicio continúa presente en muchos comentarios cotidianos.
En el trabajo: cuando no se escucha igual

En el ámbito laboral también pueden aparecer situaciones sutiles de desigualdad.

Una mujer expone una idea durante una reunión y apenas obtiene respuesta. Minutos después, un compañero plantea una propuesta muy similar y recibe reconocimiento por ella.

También es habitual que determinadas tareas organizativas —tomar notas, coordinar detalles o preparar reuniones— recaigan automáticamente sobre mujeres, sin que exista un acuerdo previo ni una distribución consciente de responsabilidades.

A ello se suma otra situación frecuente: las interrupciones. Diversos estudios muestran que las mujeres son interrumpidas con mayor frecuencia durante reuniones o debates y que, en ocasiones, sus explicaciones se cuestionan más que las de sus compañeros.

La forma de valorar el liderazgo ofrece otro ejemplo frecuente. Cuando una mujer se expresa con firmeza, a veces se la percibe como demasiado exigente o autoritaria. Sin embargo, esa misma actitud en un hombre suele interpretarse como capacidad de liderazgo o seguridad.

Son diferencias sutiles, difíciles de detectar en ocasiones, pero que pueden influir en el reconocimiento profesional y en las oportunidades de desarrollo laboral.
Lo que está cambiando (aunque no al ritmo deseado)

Es importante insistir en que estas situaciones no representan a todos los hombres ni aparecen en todas las relaciones. Existen hogares donde las responsabilidades se comparten de manera equilibrada, empresas comprometidas con la igualdad y personas que cuestionan activamente estos comportamientos.

Los avances logrados durante los últimos años son reales y merecen ser reconocidos. Sin embargo, también es cierto que algunas inercias culturales continúan presentes y siguen manifestándose en pequeñas acciones cotidianas que rara vez se cuestionan.

Conviene recordar, además, que los micromachismos no perjudican únicamente a las mujeres. También pueden limitar a muchos hombres cuando se espera de ellos que no expresen sus emociones, que asuman siempre el papel de proveedores económicos o que no participen plenamente en el cuidado de sus hijos por considerarlo una tarea secundaria. Superar estos estereotipos beneficia a toda la sociedad.

Los micromachismos no siempre son conscientes ni intencionados. Precisamente por eso resultan tan difíciles de identificar y transformar. Su importancia no reside en cada gesto aislado, sino en el efecto acumulativo que generan cuando se repiten una y otra vez.

Son como el polvo que se acumula en una casa. Un solo grano parece insignificante, pero cuando se van sumando durante años terminan cubriendo toda la superficie. Cada gesto aislado puede parecer irrelevante; el problema aparece cuando todos ellos se convierten en una forma habitual de relacionarnos.

Detectar un micromachismo no significa convertir cualquier conversación en un enfrentamiento. Muchas veces basta con hacerlo visible mediante una pregunta serena, repartir las responsabilidades con mayor equilibrio o revisar costumbres que siempre se han considerado normales. La igualdad no se construye únicamente con leyes; también nace de esos pequeños gestos cotidianos que transforman la convivencia.


Nombrarlos no es acusar, sino observar. Y observar es siempre el primer paso para cambiar.


Porque la igualdad no se alcanza únicamente cuando desaparecen las grandes discriminaciones, sino también cuando dejamos de aceptar como normales esas pequeñas desigualdades que se cuelan, casi sin hacer ruido, en la vida de cada día.

Fuente: El Diario.es

agosto 05, 2026

Diálogos en torno al territorio y los cuidados desde una mirada de género


Presentación SUR Corporación

La jornada reunirá a actores locales, organizaciones sociales y de cuidadoras y especialistas en dos conversaciones dedicadas a los sistemas de cuidado en los territorios desde una perspectiva de corresponsabilidad social y de género.

  • Diálogo 1: Experiencias, aprendizaje y desafíos para ciudades que cuiden

Este primer diálogo abordará los aprendizajes y desafíos para el fortalecimiento del derecho al cuidado y la autonomía de las mujeres, y para la consolidación de redes y sistemas locales de cuidado en los territorios. Luego de una intervención de Tamara Jeri (SUR Corporación), participarán las coordinadoras de dos proyectos ejecutados por organizaciones de la Red Mujer y Hábitat de América Latina y el Caribe en distintos países de la región: Maite Rodríguez (Fundación Guatemala), coordinadora del proyecto “Fortalecimiento de Liderazgo y Participación de Mujeres para Avanzar Hacia Ciudades Feministas y Territorios que Cuidan” (AECID Guatemala), y Ana Falú (CISCSA Ciudades Feministas), coordinadora del proyecto “Territorios, Género y Cuidados. Tejiendo redes de incidencia, conocimiento e intercambio en ciudades de América Latina” (AECID Cono Sur). Participarán también con sus reflexiones Karina Delfino, alcaldesa de Quinta Normal, otro alcalde de la Región Metropolitana y una lideresa cuidadora de la Mesa de Cuidado del Centro Comunitario de Lo Espejo.

  • Diálogo 2: Lanzamiento de la revista Proposiciones N°40

La segunda parte de la jornada estará dedicada al lanzamiento a la Revista Proposiciones Nº 40 de SUR “Construyendo territorios que cuiden. Vida cotidiana y corresponsabilidad social y de género”. Presentarán la Revista sus coeditoras Olga Segovia (SUR Corporación), Nieves Rico (consultora independiente) y Ana Falú (CISCSA Ciudades Feministas), junto con los comentarios de Pía Montealegre, académica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

  • Confirma tu asistencia: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdp5HdVKuJx4JWTC4u0IAW0EeuYIg7MeZZef9Rnx93H7QIhaw/viewform

Fecha: 10 de agosto de 2026
Hora: 9:30 a 12:00 

Centro Cultural de España. 
Ubicado en Av. Providencia 927, Providencia, Santiago.

Fuente: https://ccesantiago.aecid.es/

agosto 04, 2026

Los feminicidios se disparan en Israel en paralelo a un aumento exponencial de las armas




Fotografía tomada el 29 de julio de 2026, de Lili Ben Ami, fundadora y directora ejecutiva del Foro Michal Sela, organización dedicada a prevenir la violencia machista en Israel. EFE/Magda Gibelli

El Gobierno israelí flexibilizó las licencias de armas como respuesta a la sensación de vulnerabilidad que dejó el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023. Casi tres años después, las estadísticas alertan de un aumento exponencial de la violencia machista, en un país donde el trauma psicológico y las armas conviven en miles de hogares.

"Es una olla a presión que ya está desbordándose", afirma a EFE Lili Ben Ami, fundadora y directora ejecutiva del Foro Michal Sela, organización dedicada a prevenir la violencia machista en Israel. Su propia hermana, cuyo nombre lleva esta ONG, fue asesinada por su pareja en 2019.

Según los datos del Foro, en 2025 hubo 31 mujeres asesinadas en sus hogares, lo que supuso un aumento de feminicidios del 82,3 % con respecto al año anterior (con 17), mientras que los asesinatos cometidos con armas de fuego aumentaron un 1.600 %.

Una tendencia que, con 12 asesinatos de mujeres en lo que va de 2026, se mantiene al alza.


"Solo durante el último año recibimos unas 7.500 consultas en nuestra línea de ayuda, alrededor del doble de las que recibíamos antes del 7 de octubre. Vemos un aumento inequívoco de la violencia dentro de los hogares desde cualquier indicador que se analice. Y, sin embargo, nadie habla de ello", denuncia Ben Ami.
"Mi marido me amenaza"

Ben Ami asegura que las consecuencias del aumento de licencias comenzaron a percibirse desde los primeros meses de la guerra. "Antes del 7 de octubre, entre las mujeres asesinadas quizá una o dos morían por disparos. Después, más de la mitad fueron asesinadas con armas de fuego", afirma.

El 7 de octubre de 2023 milicias palestinas, encabezadas por el grupo islamista Hamás atacaron el sur de Israel, matando a unas 1.200 personas y secuestrando a otras 251, tras lo que el Ejército israelí lanzó una ofensiva militar por tierra, mar y aire contra el enclave palestino. Desde entonces, más de 73.300 palestinos han muerto en la Franja de Gaza y más de 173.000 han resultado heridos, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.

El alto al fuego actualmente vigente entró en vigor el 10 de octubre de 2025, aunque Israel ha continuado efectuando bombardeos y operaciones militares: más de 1.200 gazatíes han muerto desde el inicio de la tregua, incluidos niños, en diez meses marcados por una mayor destrucción del enclave y una grave crisis humanitaria ligada a la falta de electricidad, agua potable y la acumulación de basuras y residuos sólidos en gigantescos campamentos de desplazados.

En los primeros meses tras el 7 de octubre, el Foro Michal Sela, comenzó a recibir testimonios que antes no existían. "Las mujeres nos decían: 'Mi marido me amenaza diciéndome que va a solicitar un arma'.

"Algunas nos enviaban fotografías del formulario de solicitud que él les mostraba para intimidarlas", relata.

Otras denunciaban que sus parejas, movilizados como reservistas en la Franja de Gaza o Líbano, utilizaban las armas militares dentro del hogar como herramienta de intimidación. "Recogimos todos esos testimonios, las voces de esas mujeres invisibles, y las llevamos a la Policía", explica.

Según Ben Ami, el aumento de la violencia responde a una combinación de factores: el estrés postraumático entre algunos reservistas, la incertidumbre, las dificultades económicas y la ansiedad acumulada.

El Foro Michal Sela presentó, sin éxito, recomendaciones para reforzar los controles, entre ellas consultar a mujeres identificadas como víctimas de alto riesgo (unas diez mil son atendidas por servicios sociales debido a esta causa) antes de conceder una licencia.

Incluso llegó a enviar una misiva alertando sobre la situación a la Oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. "La única respuesta fue un acuse de recibo", afirma Ben Ami.
Más de 217.000 nuevas armas

En Israel, la ley no reconoce el derecho universal a portar armas. Para obtener una licencia es necesario acreditar una necesidad, cumplir requisitos de edad y residencia, presentar certificados médicos y superar una prueba de tiro. Además, los solicitantes deben haber servido en el Ejército o residir en determinadas zonas.

Tras el ataque de Hamás, el Gobierno israelí facilitó el proceso para obtener licencias de armas, lo que multiplicó las solicitudes.

Solo en el primer año y medio desde octubre de 2023, se otorgaron 217.000 nuevas licencias (de una población de 10 millones), según unos datos ofrecidos en junio de 2025 en el Parlamento israelí y a falta de cifras actualizadas.


"Vemos un aumento drástico de la presencia de armas en el espacio público. Algunas son legales y otras ilegales, pero hay más armas en Israel que antes", afirma a EFE Tomer Lotan, experto en políticas públicas y antiguo director del Ministerio de Seguridad Nacional. Un incremento, afirma, directamente relacionado con el auge de crímenes machistas.

Si bien los feminicidios por armas de fuego (especialmente los casos de 'asesinatos de honor') también han aumentado en las comunidades árabes de Israel, este experto puntualiza que en estos casos se emplean armas sin licencia.

Según explica, su proliferación se ha visto favorecida por una menor intervención policial en estas comunidades desde la llegada al poder del actual gobierno ultraderechista y del ministro de Seguridad Nacional, el antiárabe y colono Itamar Ben Gvir.
Un problema de seguridad nacional

El Foro Michal Sela reclama que la violencia contra las mujeres deje de ser considerada un asunto de bienestar social y se trate como un problema de seguridad nacional en Israel.

"Es un problema de seguridad, de inteligencia, de prevención y de innovación tecnológica. Igual que el país invierte enormes recursos para prevenir atentados, también debería invertir en identificar los patrones que preceden a un feminicidio", afirma Ben Ami.

Su organización desarrolla programas de protección que incluyen empresas de seguridad, perros de defensa entrenados, sistemas tecnológicos de alerta conectados a centrales de emergencia, dispositivos de pánico, apoyo legal y formación en defensa personal.

"Los patrones existen. Se repiten una y otra vez. Y, si podemos reconocerlos, también podemos intervenir antes de que sea demasiado tarde", insiste la activista.

Por Yael Ben Horin 
Fuente: Efeminista

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in