abril 19, 2021

Ante el décimo aniversario del Convenio de Estambul, las organizaciones de mujeres alertan sobre el retroceso de los derechos de las mujeres en Europa



Condenando la reciente decisión de Turquía y la intención anunciada por Polonia de retirarse del Convenio de Estambul, en un nuevo informe del European Women’s Lobby llama la atención sobre el papel crucial del Tratado en la protección de mujeres y niñas de la violencia machista. En pocas palabras: el Convenio de Estambul salva las vidas de las mujeres

Para conmemorar el décimo aniversario del Convenio de Estambul sobre prevención y lucha contra la violencia hacia las mujeres y la violencia doméstica, el European Women’s Lobby (EWL) ha lanzadoun nuevo informe titulado “Hacia una Europa libre de violencia machista contra mujeres y niñas”.

Este informe ha sido desarrollado con el análisis experto del Observatorio de Violencia contra las Mujeres y las Niñas del EWL (VAWG) y analiza el estado de la implementación y el impacto del Convenio de Estambul en el contexto del aumento alarmante de la violencia de género contra las mujeres y las niñas, debido a la crisis del COVID-19.

El análisis detalla los logros alcanzados hasta la fecha en los 23 países que han ratificado el tratado, subrayando el papel clave de la Convención en la promoción de cambios positivos en las medidas de prevención, enjuiciamiento y protección para combatir la violencia contra las mujeres y las niñas. Entre los principales hallazgos:

  • En 14 de los 23 países analizados (61%), se han intensificado los esfuerzos para prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas y la violencia doméstica.
  • En 15 de los 23 países analizados (65%), las mejoras en las investigaciones y el enjuiciamiento ya son visibles.
  • 19 de los 23 países examinados (83%) han mejorado los servicios de protección para mujeres víctimas de violencia y víctimas de violencia doméstica.

Sin embargo, el informe también arroja luz sobre las profundas y persistentes desigualdades que impiden el progreso en la eliminación de la violencia machista, haciendo sonar las alarmas sobre la creciente oposición política contra el Convenio de Estambul presenciada en algunos países europeos y el bloqueo político que impide la adhesión de la UE al tratado.

El análisis también subraya las graves preocupaciones y la condena expresadas por EWL [1]con motivo de la decisión del presidente Erdoğan de retirar a Turquía de la Convención, y la intención recientemente anunciada de Polonia de hacer lo mismo, estableciendo recomendaciones para abordar colectivamente con urgencia estas barreras.

“Nuestro informe no podría ser más oportuno. Con el aumento del riesgo de violencia provocado por la crisis de COVID-19 y la intención de algunos países de socavar el papel clave del Convenio de Estambul, las mujeres y las niñas en Europa se enfrentan a mayores amenazas a su seguridad. A pesar de los importantes avances logrados hasta ahora, todavía se necesita con urgencia una acción colectiva en Europa para promover la ratificación y aplicación de la Convención, que sigue siendo el instrumento legislativo más completo hasta la fecha destinado a prevenir y proteger a las mujeres y niñas de la violencia. La oposición a la Convención es la oposición a los valores fundamentales de la UE [2] y la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE en virtud del artículo 23.), incluidos los derechos humanos de las mujeres, y nuestro derecho a vivir nuestras vidas libres de violencia”, dijo Joanna Maycock, Secretaria General de EWL.

“Este informe muestra que la acción coordinada para prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas y protegerlas de la violencia doméstica sí funciona, y que la Convención de Estambul ha desempeñado y seguirá desempeñando un papel fundamental para orientar las realidades nacionales por el camino correcto. Invitamos a figuras políticas a unirse a las voces de las mujeres y niñas de toda Europa: fuertes y unidas para pedir una acción conjunta para contrarrestar las peligrosas tendencias misóginas y promover los valores de igualdad y democracia ”, afirmó Laura Albu, vicepresidenta de EWL y Observatorio de Violencia contra las Mujeres y las Niñas.


[1] (1. EWL ha enviado recientemente una carta al Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Josep Borrell y a la Presidencia portuguesa del Consejo: https://womenlobby.org/The-EWL-condemns-the-President-s-Executive-order-of-Turkey-to-withdraw-from-the)
[2] (2.De conformidad con el artículo 2 del TUE, el artículo 8 del TFUE (cláusula de "integración de la perspectiva de género")

Fuente: AmecoPress.

Escritoras. Por @teremolla


Como cada año, se acerca el 23 de abril Día Internacional del Libro que es una conmemoración celebrada a nivel mundial con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor». Como vemos, incluso la UNESCO se olvida de las autoras.

Aunque muy recientemente y en otro medio de comunicación escribí sobre la necesidad de descubrir autoras, hoy voy a hacer lo mismo repitiendo alguna de ellas e incluyendo otras, puesto que el universo narrativo femenino es inabarcable y solo voy a recomendar lo que yo he leído, porque no me puedo atrever con autoras desconocidas.

De Laura Nuño lo he leído casi todo, sobre todo sus dos últimos libros “Maternidades S.A.” y “El derecho a la educación” me parecen dos libros imprescindibles para entender algunas controversias del feminismo actual.

De Pilar Aguilar Aguilar Carrasco tengo pendiente “Feminismo o Barbarie, volumen 2” y lo estoy deseando leer en seguida que tenga un hueco y que espero que sea tan ameno y divertido como el primer volumen.

De Gemma Lienas he leído alguno de sus cuadernos, “Rebels, ni putes ni submises” y recientemente “Derechos frágiles”. Todos ellos de muy recomendable lectura.

De Almudena Grandes he leído mucho, pero sin dudarlo me quedo con” El corazón helado” y “La madre de Frankenstein”. Impactantes los dos y con una riqueza de personajes apabullantes.

También y recientemente leí “El evangelio según María Magdalena” de Cristina Fallarás. Lenguaje directo, claro y desgranando el papel de las mujeres, incluso de clase alta en aquellos momentos tan convulsos.

Como siempre, necesito reivindicar a Raquel Ricart Leal con sus “Les ratlles de la vida”. Una historia sobre una saga familiar a la que he vuelto en varias ocasiones y siempre descubro cosas nuevas. Una dura, pero bella historia de nuestra propia historia de postguerra.

Hace muchos, muchos años, leí “Pedra de Tartera” de María Barbal. Me pareció tan dura que incluso, después de tantos años se me encoge el corazón solo con recordar el nombre de la novela.

De Gioconda Belli, También lo he leído casi todo. Desde su “Mujer Habitada”, pasando por “El país de las mujeres” o “El intenso calor de la luna” y con todos he disfrutado muchísimo.

De Edurne Portela solo he leído “Mejor la ausencia” en donde se juntan todas las violencias posibles que podía sufrir una mujer joven en los años 80 y 90 en un convulso País Vasco,

De la gran Maruja Torres me enamoró hace años “Un calor tan cercano” y años después el de “Esperadme en el cielo” que me robó el corazón por la ternura, la lealtad y el amor que se tenían los tres amigos.

Otras autoras quizás más desconocidas pero que me marcaron también son María Català con sus “Urpes de seda”, Linda D. Ciriano con “La venedora d’ous”, Jetta Carleton con sus “Cuatro hermanas”. Anna Oliver Borrás con su “Parlem d’amor? Tu tries”

Y volvemos a una de las grandes Ángeles Caso con sus “Olvidadas” o “Contra el viento”, dos imprescindibles leídas i releídas varias veces.

El primer libro que leí en catalán me lo regaló una amiga, Anna Piera, y era de Carme Riera “Te deix amor la mar com a penyora” y marcó un antes y un después en mi relación con mi propia lengua materna.

Marcela Serrano con su “El albergue de las mujeres tristes” o “Diez mujeres”, sencillamente deliciosos.

Y hay una autora cordobesa, amiga y afincada en nueva York que se llama María Lapachet que hace unos años publicó un libro “Historias de Nueva York” que cuando me lo pasó, le comenté “Son todas historias muy duras, sin ternura” y su contestación me dejó sin aliento: “Es, quizás, porque aquí no hay ternura. Tardé en recuperarme de aquellas palabras.

Najat El Hachmi, reciente premio Nadal con “El lunes nos querrán”, o con “El último patriarca” o “Madre de leche y miel”. Todos maravillosos

La recién desaparecida Nawal el Saadawi con su “Mujer en punto cero”. Brutal pero necesario.

Y ya para acabar, no quiero ni puedo olvidarme de mis queridas y grandes amigas, las hermanas Roig Celda. Rosa es la escritora i Manola la artista gráfica. Tienen publicados dos volúmenes imprescindibles sobre “Contem històries de dones d’ací”, así como otros títulos como “La dona que es rigué de Talleyrand”.

Esta vez, solo libros de mujeres que he leído y pasado por mis vísceras y des de mi condición de lectora.

Desde mi condición de escritora, mis cuatro libros en el mercado “Pensamientos, reflexiones rabias y protestas”, “Perquè el silencis de vegades si que és poden escriure” (catalàn y español), “Perquè em dona la gana” y “día a día en tiempos raros. Los podéis pedir y se mandan a domicilio por correos.

Seguro, segurísimo que me he dejado millares en el camino, pero esta ha sido una pequeña selección para ir haciendo boca para el Día Internacional del Libro que ya se acerca.

Espero que os haya gustado y que, al menos, os penséis en ampliar bibliotecas y regalar libros de escritoras para visibilizarlas y darles el lugar que les corresponde.

Por Teresa Mollá Castells
tmolla@telefonica.net
La Ciudad de las Diosas

abril 18, 2021

¿Acaso no escriben las mujeres?




“Lo que sigue no pretende ser una historia. Más bien, es el esbozo de una herramienta analítica: patrones que se repiten en las técnicas para acabar con la escritura de las mujeres”

En el Día del Libro es ilustrativo recordar que el Premio Nacional de Narrativa ha sido concedido, en sus treinta y ocho ediciones, a dos mujeres. El Premio Nacional de las Letras a cuatro mujeres en veintidós años. El Premio Cervantes, en veintidós años, ha sido otorgado a mujeres en tres ocasiones.

¿Qué sucede? ¿Acaso no escriben las mujeres? Habrá quien diga que, bueno, que poco a poco, que con el tiempo las cosas irán cambiando. Y no. En las últimas décadas si a pesar de un acceso igualitario a educación y a cultura en nuestro país, las mujeres que escriben no son reconocidas mediante premios literarios el motivo sólo puede ser uno, que son mujeres.

El libro de Joanna Russ titulado Cómo acabar con la escritura de las mujeres fue publicado por primera vez en 1983. Casi cuarenta años después, su análisis del valor que se otorga a las obras literarias de autoría femenina sigue tristemente vigente.

Se trata de un asunto de poder. La relación entre mujeres y literatura, como cualquier ámbito en que juega un papel decisivo el prestigio social, se rigen por dinámicas de poder como ya exploró magistralmente la gran Virginia Woolf en Una habitación propia.

Y así, resulta ser que el mundo editorial y literario son áreas de nuestra vida social donde la inercia androcéntrica parece más arraigada. La composición de jurados de los principales premios literarios es un buen indicativo del control masculino de los dispositivos de reconocimiento público. También lo es la gran discrepancia – sobre la que Laura Freixas llamó la atención en su libro Literatura y mujeres – entre la visibilidad mediática que se brinda a algunas escritoras y las cifras reales de número de publicaciones de hombres y mujeres. Todo esto nos da una idea de lo poco que hemos avanzado.


La relación entre mujeres y literatura, como cualquier ámbito en que juega un papel decisivo el prestigio social, se rigen por dinámicas de poder como ya exploró magistralmente la gran Virginia Woolf en Una habitación propia.

“La invisibilidad social de la experiencia de las mujeres no es “un fracaso de la comunicación humana”. Se trata de un sesgo tramado a nivel social que ha persistido mucho después de que la información acerca de la experiencia femenina esté disponible…. Es… mala fe.”

En Cómo acabar con la escritura de las mujeres Joanna Russ desmenuza, e ilustra con obras literarias, los mecanismos sociales y discursivos repetidos a lo largo del tiempo para despreciar, negar o arrinconar la labor escritora de las mujeres. La historia de la literatura podría verse como la historia de la disuasión, ocultación y degradación de la literatura de autoras. Russ describe minuciosamente algunos patrones y estrategias que se han dado tradicionalmente, algunas de las cuales permanecen inalterables todavía hoy, para acabar con la escritura de las mujeres

El más antiguo de estos mecanismos es la prohibición. Ya sea directa o velada a través del desánimo, la falta de acceso a la educación, la pobreza o el socavamiento de la autoestima, que una mujer escriba ha sido, y en mucho lugares continúa siendo, un acto subversivo.

Negar la autoría es otra de las respuestas clásicas ante obras literarias femeninas, tanto en su forma directa – decir que ella no lo escribió – como en su versión indirecta – decir que si lo ha escrito ella, no puede ser una mujer. A esta última forma la llama Russ “contaminación de autoría”. La propia Simone de Beauvoir dejó escrito cómo su padre solía decirle que “pensaba como un hombre”. Se entiende que si era brillante, no podía ser una mujer.

Y así, los modos despectivos se diversifican: aplicar doble rasero al contenido – si lo ha escrito una mujer, no es interesante –, falsear su identidad – es la esposa de, la discípula de –, presentarla como un caso único o extraordinario – hay pocas como ella.

La infrarrepresentación y la falta de referentes es el mecanismo más poderoso y, de todos los que Russ ilustra en su libro, el que mayor presencia sigue teniendo en la actualidad. Esta falta de genealogía femenina alimenta, en palabras de Ana López Navajas, un desconocimiento del saber femenino que a su vez redunda en un menor reconocimiento social y valoración pública. Además, como el legado no llega, provoca una falsa imagen de que nunca hubo mujeres escritoras. Se produce lo que la poeta Noni Benegas ha llamado una pérdida del capital simbólico que nos obliga a estar siempre empezando de cero.




La infrarrepresentación y la falta de referentes es el mecanismo más poderoso y, de todos los que Russ ilustra en su libro, el que mayor presencia sigue teniendo en la actualidad.

“Privadas de una tradición, acusadas de todo tipo de cosas, de ser indecentes, ridículas, excepciones, indignas de ser amadas, de miseria, de locura y (posteriormente) de suicidio, criticadas por ser femeninas, criticadas por no ser femeninas, …….., aún así, las mujeres siguen escribiendo.” Joanna Russ Cómo acabar con la escritura de las mujeres

Como resultado, tenemos una cultura sin mujeres, esto es, una cultura no solo incompleta sino distorsionada. Así que, si no quieres contribuir a la distorsión, regala obras de autoras, compra libros de autoras, lee libros de autoras, recomienda obras de autoras. No hace falta que sea el Día del Libro. Hay escritoras para todos los días del año. Y del milenio.

Fuente: ElSalto

Beatriz Avelaira: “Violencia obstétrica es violencia machista a la que se le suma una mala praxis médica”

Varias asociaciones feministas gallegas ponen en marcha una reclamación telemática conjunta para denunciar los casos de violencia obstétrica en los hospitales gallegos.

Beatriz Aveleira Paraje, de la asociación Arrolos de Teta.


Beatriz Avelaira Paraje es profesional sanitaria y forma parte de la asociación ourensana de ayuda y promoción a la adaptación maternal Arrolos de Teta. Esta asociación —junto a la Marcha Mundial das Mulleres, Petra (Maternidades Feministas), y Materfem (Maternidades Feministas Galegas)— ha decidido poner en marcha una reclamación telemática conjunta para denunciar los casos de violencia obstétrica que se dan tanto en el Complexo Hospitalario de Ourense (CHUO) como en el resto de Galicia.

Según la ONU —que reconoció su existencia como algo sistémico en el año 2019— la violencia obstétrica es “el maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto”. Sin embargo, desde estas asociaciones feministas denuncian que la sanidad gallega sigue sin reconocer una realidad que, por otra parte, cada año más mujeres se atreven a denunciar. Para Beatriz, como para el resto de las asociaciones, esta acción conjunta formada por “reclamaciones consensuadas, que después son presentadas de forma individual por cada mujer” a través de la unidad de registro del SERGAS “son fundamentales”. Por una parte, porque “ponen la violencia obstétrica encima de la mesa” pero, además, porque si son muchas las mujeres que relatan su experiencia, ¿cómo se va a poder seguir afirmando que la violencia obstétrica no existe?

¿Cuál es el objetivo detrás de esta reclamación telemática conjunta?
Al principio era una reclamación local dirigida al CHUO. Ahora, el objetivo final es más amplio y es el de siempre: colocar la lucha contra la violencia obstétrica en la agenda política. Que se respeten los derechos fundamentales de las mujeres durante los procesos obstétricos, y que se cumplan las leyes sanitarias actuales. Y hay que decir que esta violencia afecta también a los bebés, porque éstos tienen el mismo derecho a ser paridas sin violencia y sin ser separadas sin motivos médicos de sus madres.

Después, entre los objetivos que podemos ir consiguiendo con el tiempo, están el de crear un Observatorio sobre violencia obstétrica y que se creen protocolos públicos y herramientas para facilitarles a las mujeres que pasan por esto que puedan denunciar. Dándoles apoyo para que no se sientan solas. Todas conocemos a alguien que pasó por esto —si no fuimos nosotras mismas— y negarlo ya es violento en sí mismo.
El objetivo final es colocar la lucha contra la violencia obstétrica en la agenda política, que se respeten los derechos fundamentales de las mujeres durante los procesos obstétricos, y que se cumplan las leyes sanitarias actuales

¿Qué pasos seguisteis hasta ahora y cuál fue la respuesta dada por el Sergas?

Hicimos una primera reclamación con motivo del 25N Era un decálogo con diez puntos que estaban relacionados con la violencia obstétrica en sus múltiples vertientes, y donde incluimos otros temas relacionados con ella. La respuesta que recibimos por parte del Sergas fue muy corta y un despropósito. L único que hicieron fue repetir que en Ourense no ocurría nada de esto, que se seguían los protocolos marcados. También pusieron la excusa de la COVID, porque ahora está muy presente para que todo valga. En resumen, lo que hicieron fue invisibilizar el problema, negando que ocurra para así no tener que esforzarse en solucionarlo. Acusándonos casi de ser unas locas.

Ante esto, decidimos que había que denunciar otra vez, porque una contestación así no era válida. No se puede negar por sistema que se vulneran los derechos de las mujeres en los hospitales y quedarse tan tranquilos. Por esa razón, hicimos una segunda reclamación a principios de este año 2021 —hace ya unos meses—, y todavía no recibimos respuesta. Esta segunda reclamación era bastante más extensa e implicaba a otros servicios. La enviamos al comité de ética del hospital, a la dirección de enfermería, a la gerencia y a la comisión de lactancia materna. La comisión de lactancia no tiene constancia de esta reclamación, pero sabemos que el resto de los servicios sí la recibieron y, aun así, hoy seguimos esperando una contestación.

¿Piensas que la sociedad es consciente de este tipo de violencia?

Lo que pasa con la violencia obstétrica es exactamente lo mismo que ocurre con el maltrato en el hogar: la sociedad es consciente de que existe, pero nadie habla de ella. Alegan no verla o piensan que es algo en lo que no hay que meterse. Es un secreto a voces. Pero, al final el origen de todas estas violencias es siempre la misma: un sistema patriarcal donde las mujeres no son consideradas aptas para tomar decisiones sobre sus cuerpos y procesos reproductivos.

También es importante tener en cuenta que la violencia obstétrica es una violencia machista a la que se le suma una mala praxis médica. Y, aunque la violencia obstétrica no está tipificada en sí como delito, tanto la violencia como la mala praxis médica sí que lo están. Aun así, para las profesionales médicas, sobre todo, es muy complicado asumir que la violencia obstétrica se da, porque sería reconocer que ellas son parte del problema. Sin embargo, si no asumes que este problema existe, ¿cómo lo vas a poder solucionar? 
Es imposible.

Lo que pasa con la violencia obstétrica es exactamente lo mismo que ocurre con el maltrato en el hogar: la sociedad es consciente de que existe, pero nadie habla de ella


¿Qué papel tiene el personal de la salud?
Creo que todo el personal sanitario tiene la responsabilidad total en la existencia de violencia obstétrica—desde las personas que trabajan en las consultas hasta a la gerencia—, porque son ellos quienes ejercen la violencia y actúan con mala praxis. Lo que está claro es que en ningún caso se puede responsabilizar a quien sufre. Mas, como digo, entendemos que es muy duro asumir que se forma parte de esta realidad. Yo también soy profesional sanitaria y soy consciente, pero conozco personas que no asumen su papel en esta problemática.

También es verdad que existen muchas situaciones diferentes. Hay un modelo de atención muy jerárquico, jornadas laborales interminables, turnos muy largos y complicados, se sufre de mucho estrés... y entendemos que todo eso puede llevar a que se den ciertas situaciones. Por otra parte, los protocolos y las guías no están actualizados, se sigue trabajando en muchos sentidos por la 'vieja escuela' —por decirlo de alguna manera— y parece que no importa la actualización del personal. Además, como no es obligatoria, muchos profesionales a los que se les enseñó a ejercer de determinada manera repiten patrones. Pero, esto no puede ser excusa para que esta violencia siga existiendo, habrá que actualizarse. Igualmente, en el propio sistema sanitario la violencia obstétrica hace que aumenten las consultas de las madres a diversos especialistas por problemas derivados de estas malas praxis.

Pero hay profesionales que sí se implican, ¿no?
Por supuesto. Hay profesionales implicadas, gente muy activa en este momento que está muy comprometida contra la violencia obstétrica y que asume su papel. Son gente muy valiente, porque intentar cambiar esta situación no es fácil. Muchas incluso sufren problemas psicológicos, además de represalias laborales por manifestarse. Para muestra el caso del hospital comarcal de Verín donde el ginecólogo jefe de servicio está pendiente de la resolución de un expediente abierto. Pero hace falta más gente que se atreva a denunciar lo que está ocurriendo en los paritorios y consultas.

¿Tiene todo esto que ver con que no se deje que las mujeres seamos dueñas de nuestros cuerpos?

Sí. Es importante decir que la violencia obstétrica engloba muchísimas situaciones que tienen que ver con la sexualidad y la reproducción. Desde las consultas en las que la mujer dice que está buscando un embarazo o un determinado método anticonceptivo; cuando hay interrupción voluntaria o involuntaria del embarazo; en el propio embarazo, el parto, el puerperio, la lactancia materna, etc. En todas ellas, las mujeres tienen que aguantar comentarios, malas palabras, y actos médicos que vulneran sus derechos. Se realizan pruebas sin pedir consentimiento, no se informa de nada... Hay incluso cuestionamientos morales, que no sé a qué vienen porque se supone que un profesional sanitario tiene que ser objetivo. Opiniones continuas sobre si eres muy joven o muy vieja para tener un hijo, si pesas mucho o poco, si eres heterosexual o homosexual —ya no te digo con la transexualidad, la de violencia que puede haber ahí—. Y claro, tú vas a la consulta pensando que van a saber cómo tratarte, y esperas que te cuiden y te expliquen las cosas, y lo que te encuentras es todo lo contrario. Y todo esto siempre tratando a las mujeres como locas y exageradas cuando preguntan o tienen dudas. Echándonos en cara que pensamos que todo iba a ser muy bonito y no es así.

Lo que ocurre es que a mujer pierde totalmente la autonomía y la capacidad de decidir lo que quiere hacer con su cuerpo

Al mismo tiempo, se va patologizando lo que es natural. Se deshumaniza el acompañamiento y la atención, y se medicaliza una barbaridad. Al final, lo que ocurre es que a mujer pierde totalmente la autonomía y la capacidad de decidir lo que quiere hacer con su cuerpo. Mientras, a la vez, se le exige que esté informada y tenga un plan de acción. Yo trabajo en sanidad y no se me pasa por la cabeza exigirle a un paciente que sepa cómo actuar ante su enfermedad. La labor de un sanitario, lo que primero se nos enseña, es a pedir consentimiento informado de lo que se va a hacer. Es básico. Entonces, ¿por qué en los procesos obstétricos de las mujeres no se hace? La conclusión a la que llegamos es que no quieren que seamos dueñas de nuestros cuerpos.

¿Y por qué es tan difícil denunciar?

Primero, porque para que una mujer denuncie tiene que ser consciente de lo que le pasó, y muchas de las que pasaron por un episodio de violencia obstétrica no se dan cuenta. Tienen depresión post-parto o problemas psicológicos, y no saben por qué. Y, cuando sí son conscientes, es algo muy duro asumir que fuiste víctima de violencia.



A esto se le suma que las mujeres tienen miedo, no tienen datos, las historias clínicas no están completas. Muchas solicitan acceso a su historial clínico para poder denunciar legalmente y se dan cuenta de que faltan datos, y eso a la hora de tomar acciones legales dificulta bastante, porque es tu palabra contra la palabra de un profesional al que se le presupone que no tiene intención de hacerte mal. Y al no haber datos en las historias clínicas, en muchas ocasiones las mujeres tienen que someterse a peritajes forenses, lo que implica una doble violencia: no solo no se confía en la palabra de la mujer, sino que se tiene que someter una vez más a que se manipule su cuerpo para probar que lo que está diciendo es cierto. En Ourense, por ejemplo, dicen que no se realiza la maniobra de Kristeller, pero hace unos meses una madre de mi asociación sufrió este procedimiento. Esta chica ahora reclama su historial clínico para hacer una denuncia legal y no aparece que eso pasara, por lo que se tiene que someter a un peritaje. ¿Y por qué no lo anotan? Por algo será. Probablemente porque no se respetaron los protocolos y no lo quieren reconocer.
Muchas solicitan acceso a su historial clínico para poder denunciar legalmente y se dan cuenta de que faltan datos, y eso a la hora de tomar acciones legales dificulta bastante, es tu palabra contra la palabra de un profesional

Y decís también que juegan “la carta del bebé muerto”.

Sí, utilizan la muerte del bebé como amenaza para atajar cualquier duda, invalidando además lo que sentimos, alegando que todo se hizo por la vida de nuestro bebé. Lo que pienso que pretenden con eso es que sintamos que somos desagradecidas y que estamos agrediendo a las profesionales que sí ejercieron su labor como es debido.

Obviamente que, en cuanto buscas un embarazo, lo que quieres es ver a tu hija o hijo sano, y arriesgarías lo que fuese por ello. Pero no se puede dar prioridad siempre a la vida del bebé viendo a la madre como algo secundario, un simple recipiente donde la vida surge. Porque entonces parece que da igual que las madres se queden traumatizadas si el bebé está bien. No puede ser. Hai mujeres que terminan con secuelas muy graves tanto físicas como psíquicas. Desde el punto de vista fisiológico, por ejemplo, hay mujeres que después de un parto con instrumentalización tienen problemas de incontinencia urinaria o fecal, y dolor durante las relaciones sexuales. Y, desde o punto de vista psicológico y emocional, muchas quedamos marcadas, porque sientes que no se respetó tu opinión, tu autonomía, tu capacidad de decidir. Además, ¿cómo crees que se siente una persona que no pode salir de casa porque tiene incontinencia o que ya no puede disfrutar de su sexualidad? Es muy duro.

A pesar de todo, cada vez más mujeres están haciéndose conscientes de la violencia obstétrica.
Sí. Como dato, en el año 2020 una matrona, Laia Casadevall, hizo un estudio sobre la percepción que tenían las mujeres sobre la atención durante el parto en concreto, y los datos son bastante impactantes. Por ejemplo, un 38% de las mujeres tenían la percepción de que había sufrido violencia obstétrica y un 44% consideraban que se les habían practicado intervenciones innecesarias. Después, que esto es lo que a mí más me aterra, un 83,4% tenían la percepción de que non habían sido informadas por los profesionales, y no se les había pedido un consentimiento informado, para realizar ciertas prácticas. Son unas cifras espantosas, teniendo en cuenta que fueron muchos las mulleres a las que se les realizó esta encuesta. ¿Qué indica esto? Que se realizan prácticas porque sí —vías, tractos vaginales...—, con la excusa de que son ellos los que saben. Sin explicar cómo o por qué las hacen, qué efectos secundarios pueden tener, qué complicaciones o qué beneficios aportan.

Encuestas como ésta son muy ilustrativas. Sin embargo, al contrario, llama la atención la opacidad de la información que tienen en los hospitales. Cuando buscas datos de partos vaginales, cesáreas, etc. es muy difícil conseguirlos. Y sería fundamental conocerlos para mejorar y cambiar esta realidad. Pero, no sé por qué motivo, no son datos públicos. Es todo muy opaco.

Fuente: El Salto

Sobre este artículo

“Violencia obstétrica es violencia machista a la que se le suma una mala praxis médica” es el tercero y último de una serie de tres artículos sobre violencia obstétrica en Galiza realizados por Asalta, un espacio feminista que nace dentro de O Salto Galiza —la redacción gallega de El Salto— para reflexionar sobre el periodismo transversal. El artículo fue publicado originalmente en gallego y ha sido traducido al castellano por su autora.