julio 24, 2026

Entrevista a Lourdes Beneria, catedrática de Economía y feminista. Recorrer el mundo para hacer visible lo que la economía ignoraba

Fuentes: El diario [Imagen: Lourdes Beneria, fotografiada tras realizar esta entrevista. Xavi Miralles]


La catedrática emérita y pionera de la economía feminista repasa en esta entrevista los inicios y su trayectoria en un mundo en el que tanto la universidad como las estadísticas eran cosa de hombres


Lourdes Beneria (Vall de Boí, 1937) lleva toda la vida siendo una pionera sin proponérselo. Nació en un valle del Pirineo leridano y estudió en una época en que muy poca gente lo hacía y menos las mujeres. Escogió Economía cuando se acababa de estrenar una nueva facultad en Barcelona y solo ella y otra alumna acabaron la carrera. El resto de los licenciados eran hombres, algo que en esos tiempos era habitual. Ellos eran mayoría entre el alumnado y aún más entre el profesorado.

Pasó por Francia e Inglaterra antes de obtener la beca Fulbright que le permitió trasladarse a Estados Unidos. Más tarde es ahí donde se hizo un nombre como docente. Pronto descubrió que, como en tantas disciplinas, las mujeres éramos invisibles en estudios y estadísticas. “El trabajo doméstico, los cuidados o el empleo informal de muchas mujeres existían, pero quedaban fuera del relato económico dominante”, explica.

Beneria rememora su trayectoria sin querer darle importancia, pero sus trabajos, recogidos en decenas de artículos y libros, la han convertido en un referente de la economía feminista. Hablaba de desigualdad de género cuando prácticamente nadie sabía qué era o de la importancia de que el sector público invierta en políticas de cuidados cuando los debates iban por otro lado. Tuvo conciencia ecologista también muy pronto. En eso también fue una pionera.

Usted nace en el Valle de Boí y acaba siendo catedrática en Cornell, en Estados Unidos. Dicho así, parece casi una vida de película.

No sé si de película, pero sí que ha sido una vida de mucho trabajo, muchos pasos y también de quebraderos de cabeza.

¿Cómo fue salir del Pirineo para empezar a estudiar?

Los tres primeros cursos de bachillerato los hice por libre: me preparaba con una maestra y acudía a examinarme al Instituto de Lleida. Después ingresé como interna en el colegio de la Sagrada Família de Lleida. Cuando llegó el preuniversitario, como allí todavía no se podía cursar, tuve que venir a Barcelona.

En aquella época estudiaban pocas chicas, especialmente en el Pirineo. Dependía mucho de si la familia podía pagar el viaje y la pensión.

¿Siempre tuvo claro que quería estudiar?

A partir de un cierto momento del bachillerato, sí. Mi familia no se opuso. Éramos seis hermanos y yo era la pequeña, con trece años de diferencia respecto al hermano anterior. Dos de mis hermanas también habían estudiado: una era farmacéutica y la otra, maestra.

¿Cómo decidió estudiar Economía?

Cuando llegué a Barcelona todavía dudaba entre ciencias y letras. Un día leí en La Vanguardia que se creaba una nueva facultad de Económicas y pensé que podía estar a medio camino entre ambas ramas. También tenía mucha curiosidad por entender la diferencia entre capitalismo y socialismo.

El primer curso éramos unas sesenta y cinco personas y solo tres mujeres. Al final, terminamos solo dos.

¿Cuándo descubrió qué ámbito de la economía le interesaba más?

La carrera duraba cinco años. Poco a poco vi que no quería dedicarme ni a la teoría económica ni a la historia económica. El último año tuve un profesor de comercio internacional y aquel campo me interesó mucho.

¿Cómo llegó a Estados Unidos?

Antes pasé temporadas en Francia e Inglaterra para aprender idiomas. Después obtuve una beca para estudiar el Mercado Común. Cuando quise volver a Inglaterra, me explicaron que las becas Fulbright facilitaban el acceso a Estados Unidos. Presenté la solicitud sin demasiada confianza, pero me la concedieron.

Allí hice un máster de un año y después volví a Barcelona. Me casé con un estadounidense y, una vez cumplidos los dos años de residencia obligatoria en el país de origen que exigía la beca, regresamos a Estados Unidos.

¿Cómo fue hacer el doctorado con dos hijos pequeños?

Muy difícil, pero salí adelante. Primero empecé en Columbia, pero me quedé embarazada y pedí una excedencia. Durante un tiempo vivimos cerca de Filadelfia porque mi marido había encontrado trabajo allí. Cuando volvimos a Nueva York, me matriculé de nuevo en el doctorado, ya con dos hijos.

¿Cuándo empezó a interesarse por la desigualdad de género?

El feminismo no ocupó un lugar central en mi pensamiento hasta finales de los años sesenta. Mi tesis doctoral estudiaba el sistema educativo español, pero incluía un capítulo sobre la educación de las mujeres. Aquella parte, que al principio parecía secundaria, acabó siendo la que más me interesó.

De aquel capítulo surgió mi primera publicación. Anagrama publicó el texto porque prácticamente no había trabajos en castellano sobre esta cuestión. Yo no era demasiado consciente de ser pionera; simplemente era un tema que me interesaba.

¿Cómo fueron sus primeros años como profesora en Estados Unidos?

Después del doctorado trabajé en la Universidad de Rutgers, cerca de Nueva York, y más adelante también enseñé en Columbia. Impartía asignaturas de economía, como macroeconomía o comercio internacional, pero al poco tiempo también empecé a ofrecer un curso sobre mujeres. En aquel momento había muy poca bibliografía y hacíamos lo que podíamos.

Yo no era demasiado consciente de ser pionera; la desigualdad de género simplemente era un tema que me interesaba.

En 1979 trabajó en la Organización Internacional del Trabajo. ¿Qué descubrió allí?

En un viaje a Marruecos observé una contradicción muy clara. Las estadísticas decían que la participación laboral de las mujeres era muy baja y la de los hombres, muy alta. Pero en un pueblo de montaña vi a mujeres realizando todo tipo de trabajos duros —transportando productos, lavando ropa, cuidando criaturas— mientras muchos hombres estaban en las tiendas sin actividad porque no era temporada turística.

Aquello me hizo ver que las estadísticas no contabilizaban buena parte del trabajo femenino. No era un problema exclusivo de Marruecos; también ocurría en España y en muchos otros países. De ahí nació un artículo sobre producción, reproducción y división sexual del trabajo.

¿Le hicieron caso?

No demasiado. Cuando propuse revisar las estadísticas laborales, algunos se rieron. Pero, con el tiempo, la cuestión se fue incorporando a los debates de la OIT y se empezó a contabilizar mejor el trabajo de las mujeres.

También investigó el trabajo precario de las mujeres en México.

Sí. Cuando volví a Estados Unidos hice trabajo de campo en México sobre la maquila doméstica: mujeres que trabajaban desde casa en tareas industriales muy mal pagadas y en barrios muy pobres. Realicé el estudio con una socióloga argentina y de él salió un libro. La Fundación Ford financió la investigación, que nos ocupó dos veranos.

En cierto modo, su investigación ha consistido en hacer visibles realidades ocultas.

Sí, sobre todo realidades que no aparecían en las estadísticas ni en las publicaciones académicas. El trabajo doméstico, los cuidados o el empleo informal de muchas mujeres existían, pero quedaban fuera del relato económico dominante.

¿Cómo valora hoy la evolución de las mujeres en el mundo laboral?

No se puede generalizar, porque depende mucho del país, del sector y del contexto. Pero se ha avanzado enormemente. Las Naciones Unidas han tenido un papel importante, especialmente con la Conferencia de Pekín, que marcó un antes y un después. Hoy la desigualdad de género es mucho más conocida y preocupa a mucha más gente.

¿Qué queda todavía por hacer?

Queda mucho, sobre todo para las mujeres migrantes, que a menudo ocupan los empleos más precarios y tienen menos opciones laborales. El ámbito de los cuidados sigue siendo central. Ahora se habla mucho más de ello que antes, pero los presupuestos públicos todavía son insuficientes, tanto a escala estatal como local.

¿Cree que existe el riesgo de retroceder en derechos?

Sí. En Estados Unidos y en otros lugares han aparecido movimientos que defienden un retorno a modelos tradicionales. Aun así, pienso que no volveremos exactamente al punto de partida, porque cuando las mujeres han conquistado espacios y derechos es difícil que los abandonen por completo.

La economía no es solo una cuestión de cifras, sino también de derechos y de poder.

¿Cómo ve el trumpismo?

Como un desastre. Me cuesta reconocer aquel país. Cada día es más reaccionario y autoritario. Una parte del movimiento MAGA procede del conservadurismo de siempre, pero también hay personas castigadas por las crisis económicas y por la pérdida de empleo industrial. Trump ha sabido convertirse en el líder de ese malestar y de sectores que antes no estaban tan organizados.

¿Qué piensa del discurso de la “prioridad nacional” respecto a la inmigración?

Es un discurso insolidario y alejado de la realidad. Nuestras economías dependen en buena parte de la mano de obra migrante. Es cierto que su incorporación puede generar desequilibrios temporales, pero no se puede ignorar que muchas actividades económicas necesitan a estas personas.

¿Puede la educación combatir estos discursos?

La educación es importante, pero no basta. También hacen falta conversaciones, debates y capacidad para convencer. Yo siempre he sido más bien tímida —soy del Pirineo—, pero me ha gustado argumentar e intentar convencer sin ser agresiva.

También ha defendido alternativas económicas vinculadas al ecologismo. ¿Le preocupa que el cambio climático haya perdido centralidad?

Mucho. La lucha contra el cambio climático no es una bandera ideológica, sino una necesidad. Me preocupa el avance del negacionismo y los intereses económicos que hay detrás.

En Cornell participé en una protesta para evitar que destruyeran una pequeña zona arbolada del campus. Al final llegaron las excavadoras y talaron los árboles. Aquel día lloré, como muchos estudiantes y profesores. Desde entonces entendí de otra manera qué representan los árboles y cómo todo está relacionado.

La lucha contra el cambio climático no es una bandera ideológica, sino una necesidad.

¿La economía influye más en la vida de lo que solemos pensar?

Sí. La economía tiene muchas ramificaciones y no se puede separar de la naturaleza, la sociedad o la política. La industria moderna y el modelo económico pueden provocar un daño enorme si no se tienen en cuenta estas relaciones.

¿Qué recomendaría hoy a un estudiante de Economía?

Que entienda que la economía no es solo una cuestión de cifras, sino también de derechos y de poder. Y, sobre todo, les diría a las chicas que sus derechos valen tanto como los de los chicos, que deben luchar por la igualdad y que no deben permitir que regresen las leyes ni las prácticas del pasado.

¿Por qué decidió regresar definitivamente a Catalunya?

Cuando me jubilé me planteé quedarme en Ithaca, donde está Cornell, porque estaba muy bien allí, tenía muchos amigos y era una ciudad agradable. Pero ninguno de mis hijos vivía en Estados Unidos y mi familia estaba aquí. Finalmente, el peso de la familia y el vínculo Catalunya y el Valle de Boí me hicieron volver.

Se marchó del valle con trece años. ¿Volver es una forma de cerrar el círculo?

Sí. Es un poco aquello de recorrer el mundo y volver a casa. Me gusta regresar. Hace poco una prima encontró una fotografía mía de pequeña, con una ternera, y durante días no sabía quién era aquella niña. Cuando me la enseñó, me reconocí enseguida. Fue como reencontrar una parte muy antigua de mí misma.


Fuente: El Diario.es

julio 23, 2026

¿Cuál fue el papel de las mujeres en la independencia de Colombia?


Espías, combatientes, mensajeras y financiadoras, las mujeres desempeñaron un papel decisivo en la Independencia de Colombia, aunque durante años su aporte permaneció relegado en los relatos históricos.

Créditos: Archivo de Bogotá

Aunque la historia suele centrarse en los líderes militares, cientos de mujeres fueron clave en la lucha independentista. Actuaron como espías, mensajeras, combatientes, enfermeras y organizadoras de redes que apoyaron al Ejército Libertador.

También transportaron información, consiguieron alimentos, atendieron heridos y colaboraron con las guerrillas patriotas. Pese a su importancia, su papel permaneció durante años relegado en los relatos históricos.

  • Manuela Beltrán y el comienzo de la rebelión

Manuela Beltrán es considerada una de las precursoras del proceso independentista. El 16 de marzo de 1781 rompió públicamente el edicto que anunciaba nuevos impuestos en El Socorro, Santander.

Su acción fue respaldada por miles de personas y ayudó a desencadenar la Insurrección de los Comuneros, una de las principales expresiones de inconformidad contra las autoridades españolas antes de la Independencia. Después de aquel episodio, existen pocos registros sobre el resto de su vida.

  • Policarpa Salavarrieta y la red de los patriotas

Policarpa Salavarrieta, conocida como La Pola, se convirtió en uno de los principales símbolos femeninos de la Independencia. Mientras trabajaba como costurera en Bogotá, recopilaba información sobre las tropas realistas, llevaba mensajes y apoyaba a quienes buscaban unirse a la causa patriota.

Fue capturada y fusilada el 14 de noviembre de 1817 por conspirar y realizar labores de espionaje en favor de los patriotas de los Llanos. Su ejecución causó rechazo entre la población y fortaleció la resistencia contra el régimen impuesto durante la reconquista española.
Antonia Santos y la guerrilla de Coromoro

  • Antonia Santos Plata organizó y sostuvo la guerrilla de Coromoro, también conocida como guerrilla de Santos, desde la hacienda familiar El Hatillo, en Santander.

Este grupo combatió a las tropas realistas durante la Reconquista y apoyó el avance del Ejército Libertador en 1819. Antonia Santos fue capturada y ejecutada en El Socorro el 28 de julio de ese año, pocos días antes de la batalla de Boyacá.

  • Mercedes Ábrego y su trabajo como informante

María Mercedes Reyes Ábrego fue una artesana y bordadora de la región de Cúcuta. Durante mucho tiempo fue recordada principalmente por haber confeccionado una casaca para Simón Bolívar, pero su participación fue mucho más amplia.

Hizo parte de una red de espías e informantes que apoyaba a las tropas patriotas. La información que proporcionó habría contribuido a victorias militares obtenidas por Francisco de Paula Santander. Fue asesinada por las fuerzas realistas en octubre de 1813.

  • Estefanía Parra y los caminos hacia Boyacá

Según los registros recopilados por Banrepcultural, María Estefanía Parra era una joven campesina de Paipa que conocía los caminos y atajos de la región.

En medio de la Campaña Libertadora habría guiado al ejército desde Bonza hasta Tunja durante un avance nocturno que permitió a los patriotas adelantarse a las tropas españolas. También habría informado sobre los movimientos realistas y señalado un paso por el río Teatinos antes de la batalla de Boyacá.

  • Juana Velasco y el apoyo al Ejército Libertador

Juana Velasco de Gallo aportó caballos, provisiones, ropa y trabajadores para apoyar a las tropas. También envió a varios de sus hijos a incorporarse al Ejército Libertador.

Después de la batalla del Pantano de Vargas, organizó el recibimiento de los patriotas en Tunja. Además, dirigió un taller de confección que habría elaborado más de 2.000 camisas para los soldados que llegaron desde los Llanos en condiciones precarias.

  • Simona Amaya y su participación en combate

Simona Amaya, oriunda de Paya, Boyacá, se habría disfrazado de hombre para ingresar al Ejército Libertador. Su valentía durante la campaña le permitió obtener el rango de sargento.

Participó en acciones militares y murió el 25 de julio de 1819 durante la batalla del Pantano de Vargas. De acuerdo con los relatos históricos, sus compañeros descubrieron que era una mujer después de encontrarla entre los combatientes caídos.
Simona Duque y el apoyo desde Antioquia

Simona Duque de Alzate, una mujer viuda de Marinilla, entregó cinco de sus hijos a las tropas comandadas por José María Córdova en 1819.

Su decisión motivó a otras familias de Antioquia a vincularse a la causa patriota. Estos hombres participaron posteriormente en las fuerzas que combatieron en la batalla de Chorros Blancos, enfrentamiento decisivo para consolidar la independencia de la provincia.
Las Juanas y las protagonistas anónimas

Muchas mujeres, conocidas colectivamente como Las Juanas, acompañaron a los ejércitos como enfermeras, cocineras, mensajeras y proveedoras. Algunas también transportaron armas, atendieron heridos y participaron directamente en los combates.

Sus historias demuestran que la libertad del país fue resultado de un esfuerzo colectivo. Las mujeres no fueron espectadoras, sino protagonistas que arriesgaron su vida y sostuvieron la causa independentista.

Fuente: https://www.kienyke.com/

julio 22, 2026

Histórica sentencia busca redefinir los derechos patrimoniales de las mujeres divorciadas en Pakistán


Una mujer firma los papeles de matrimonio durante la celebración de una boda el Pakistán. Una sentencia del Tribunal Superior de Islamabad concede a una mujer divorciada una parte igual de los bienes adquiridos durante el matrimonio, lo que ha suscitado un debate religioso, jurídico y ético en el país. Imagen: Cortesía


Una sentencia histórica del Tribunal Superior de Islamabad, que reconoció el matrimonio como una asociación económica y concedió a una mujer divorciada una parte igual de los bienes adquiridos durante el matrimonio, ha desencadenado una reacción legal y religiosa.

El propio Ministerio de Justicia de Pakistán ha recurrido la sentencia ante el Tribunal Federal de la Sharia, un tribunal constitucional facultado para determinar si las leyes y las resoluciones judiciales se ajustan al Corán y a la Sunna, el cojunto de enseñanzas del profeta Mahoma.

Las mujeres pakistaníes, en general, dedican años a criar a los hijos, gestionar el hogar y contribuir a la creación del patrimonio familiar, pero tienen escasas posibilidades legales sobre los bienes acumulados durante el matrimonio.

«La continua resistencia a reconocer las contribuciones no económicas de las mujeres a la creación del patrimonio familiar carece de fundamento tanto en la religión como en la ley», afirmó Maliha Zia, de la Sociedad de Asistencia Jurídica, refiriéndose al recurso presentado por el Ministerio de Justicia ante el Tribunal Federal de la Sharia.

Ese recurso trata de revertir la sentencia del juez Mohsin Akhtar Kayani, del Tribunal Superior de Islamabad, quien sostuvo que los bienes adquiridos durante el matrimonio deben dividirse a partes iguales, reconociendo las tareas domésticas y el cuidado de los hijos como contribuciones equivalentes a la obtención de ingresos.

El magistrado de la capital pakistaní reaccinó indicando que que resultaba desalentador ver cómo un ministerio del gobierno se negaba a conceder a las mujeres derechos y libertades económicas cuando debería estar apoyando la igualdad de las mujeres, tal y como garantiza la Constitución de Pakistán.

Todo comenzó en 2021, con una disputa rutinaria por la dote, después de que Amara Waqas reclamara al divorciarse una parte de su dote y de los bienes adquiridos conjuntamente, junto con una pensión alimenticia para sus dos hijos.

El caso se ha convertido en un debate sobre quién se queda con qué una vez que el matrimonio termina, no solo para Waqas, sino para innumerables mujeres pakistaníes que se enfrentan a una situación similar.

Insatisfecha con la resolución del tribunal de familia, que le concedía una parte de 30 % de los haberes del matrimonio, recurrió ante el tribunal de apelación, que desestimó su demanda. Sin desanimarse, Waqas acudió al Tribunal Superior de Islamabad, que falló a su favor y convirtió su caso en una sentencia histórica sobre los derechos económicos de las mujeres tras el divorcio.

Rakhshinda Perveen, fundadora de la Red de Defensa contra la Dote, afirmó que la sentencia sobre los llamados bienes gananciales en Occidente supuso un primer paso para reconocer el matrimonio como una asociación económica, valorando el trabajo doméstico no remunerado, la dote y los regalos de boda como activos cuantificables.

Perveen es superviviente de violencia de género, que incluyó el maltrato relacionado con la dote, y lleva más de tres décadas haciendo campaña para tipificar como delito la exigencia de la dote y la violencia relacionada con ella. También lucha por prohibir la exhibición pública de la dote y separar legalmente la dote de los regalos nupciales.

«Una mujer que ha construido un hogar, criado a sus hijos y aportado ingresos nunca debería salir de un matrimonio sin nada», coincidió Zia, de la asistencia jurídica.

Fauzia Viqar, defensora del Pueblo Federal para la Protección contra el Acoso a las Mujeres en el Lugar de Trabajo, afirmó: «La cuestión no es la sentencia, sino la resistencia. Los hombres en Pakistán se niegan a conceder a las mujeres los derechos de propiedad que el islam ya les otorga».

Viqar recordó que hay más de 20 países musulmanes (entre ellos Marruecos, Irán, Malasia y los Emiratos Árabes Unidos) que contemplan la pensión alimenticia y los derechos de propiedad conyugal en sus leyes de familia.

También señaló que el poder judicial ha comenzado a tomar nota de ello. «Desde 2008 se han presentado algunas propuestas al Parlamento», afirmó, pero no se ha tomado ninguna medida.

Zia se mostró de acuerdo y señaló que la sentencia llevaba años gestándose.

Hace años, dijo que se está formando a abogados en litigios estratégicos, con ese fin.

«Los documentos de política tienen poco sentido sin defensores dispuestos a llevar los casos ante los tribunales», afirmó, y añadió que actualmente se está tramitando en el Parlamento un proyecto de ley sobre los derechos de propiedad matrimonial.

Más recientemente, en 2023, el Tribunal Superior de Lahore, la nororiental y más poblada ciudad pakistaní, ordenó que se introdujeran enmiendas a la Ordenanza sobre el Derecho de Familia Musulmán de 1961 para reconocer los derechos patrimoniales matrimoniales de las mujeres.

Un año después, en 2024, el senador y abogado Syed Ali Zafar presentó una serie de enmiendas a la ley de familia con el fin de que las mujeres divorciadas obtuvieran una parte de los bienes acumulados durante el matrimonio como «compensación por su contribución durante el matrimonio».

Sin embargo, las enmiendas de 2024 encontraron la oposición del Consejo de Ideología Islámica (CII), que asesora al poder legislativo sobre la conformidad de las leyes con el Corán y la Sunna.

También se opuso a la nueva sentencia del juez Kayani.

«No creemos que sea acorde con las enseñanzas del Corán y la Sunna», afirmó Ghulam Majid, investigador principal del CII. «Pensábamos que el asunto se había zanjado hace dos años, cuando se bloqueó el proyecto de ley, pero sigue resurgiendo», añadió Majid, desestimando la propuesta como parte de una «agenda occidental» que no tiene cabida en el ordenamiento jurídico de Pakistán.

Al considerar el matrimonio como una asociación económica, la sentencia del juez Kayani había citado leyes de países como Estados Unidos, Reino Unido, Turquía y Malasia, donde los bienes conyugales de propiedad conjunta se dividen equitativamente tras el divorcio, independientemente de la titularidad.

Majid sigue sin considerar esa fórmula adecuada.

«Esos países pueden tener su propia interpretación, pero lo que está mal está mal, y no podemos respaldarlo», dijo.

El debate no se limita a los defensores de los derechos de la mujer y los eruditos religiosos.

Los juristas islámicos están divididos sobre si el Corán y la Sunna respaldan el reconocimiento de la contribución de la esposa a los bienes adquiridos durante el matrimonio. A diferencia de la herencia, que el Corán aborda de forma explícita, los bienes matrimoniales quedan abiertos a interpretación.

Humaira Masihuddin, que imparte clases de jurisprudencia islámica a estudiantes de Derecho, sostiene que el principio coránico «mata’a al-talaq» (término árabe islámico traducible por compensación de consuelo tras el divorcio), prevé una pensión alimenticia tras el divorcio, tiene un énfasis más amplio en la justicia y ofrece una base para indemnizar a las mujeres divorciadas.

Masihuddin, que también imparte formación judicial a jueces de los tribunales de familia sobre diversas leyes específicas para las mujeres, sostiene que la cuestión debería revisarse mediante el «ijtihad» (razonamiento jurídico independiente).

«Ya contamos con un foro: el CII. Debería incluir a juristas, jueces y abogados para deliberar sobre estas interpretaciones y llegar a una solución justa para ambos cónyuges», afirmó.

Ese Consejo de Ideología Islámica, compuesto por 20 miembros, cuenta actualmente con 19 hombres, una mujer y ningún experto jurídico.

El juez Kayani también propuso modificar el nikahnama (contrato matrimonial musulmán) para permitir que los cónyuges acuerden de antemano un reparto equitativo de los bienes durante el matrimonio, tras el divorcio o tras el fallecimiento del marido.

Masihuddin, que calificó el nikahnama de «acuerdo prenupcial», señaló que estas disposiciones son plenamente compatibles con el islam. La jueza también recomendó una legislación que garantice a las esposas una parte equitativa de los bienes adquiridos durante el matrimonio.

Mientras tanto, el caso de Waqas sigue pendiente a pesar de la orden del Tribunal Superior de Islamabad de celebrar una nueva vista en un plazo de dos meses. Su marido ha recurrido la sentencia ante el Tribunal Supremo.

«El ego de un hombre, a menudo reforzado por su familia, puede causar un daño inmenso a una mujer que busca justicia tras años de matrimonio», afirmó su abogado, Rana Raza.

Queda por ver si la sentencia del juez Kayani se mantendrá ante el Tribunal Federal de la Sharia.

Pero sea cual sea el resultado, ya ha obligado a Pakistán a afrontar una cuestión que sus leyes de familia han evitado durante mucho tiempo: ¿deben los años dedicados a construir un hogar y criar una familia considerarse una contribución económica cuando un matrimonio llega a su fin?

Fuente: IPS

julio 21, 2026

Androcentrismo médico: el sesgo que pone en riesgo a las mujeres


El cáncer de ovario, los infartos, la endometriosis y hasta el COVID-19 muestran un mismo patrón: las mujeres reciben diagnósticos tardíos, menos atención y peores tratamientos. El androcentrismo médico sigue poniendo en riesgo la salud de las mujeres.



¿Alguna vez te ha pasado que, al acudir a una consulta médica, tus síntomas son minimizados, ridiculizados o incomprendidos? ¿Has experimentado discriminación médica o retrasos en los tratamientos solo por el hecho de ser mujer? En junio, publicamos un reportaje especial sobre cáncer de ovario en mujeres jóvenes, donde la periodista Gloria Piña develó los patrones de discriminación que encuentran las mujeres, especialmente aquellas menores de 45 años, a la hora de ser diagnosticadas por cáncer de ovario. En este se revela que, aunque los casos en mujeres jóvenes han aumentado 18%, muchas son acusadas sistemáticamente de ocultar un embarazo antes de que el personal médico considere otras posibilidades. Ese retraso puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Pero el cáncer de ovario es solo una expresión de un problema mucho más amplio. El impacto diferenciado que enfrentan las mujeres en materia de salud es histórico y responde a un sistema médico que, durante décadas, ha tomado al cuerpo masculino como modelo universal. Porque sí: el sistema de salud tampoco fue diseñado para nosotras.

¿Qué es el androcentrismo médico?

El androcentrismo médico es la práctica de una medicina pensada para y por hombres. Durante décadas, las mujeres fueron excluidas de los ensayos clínicos y se invirtió muy poco en investigar enfermedades que las afectan de manera específica. A ello se suma una mayor frecuencia de discriminación, omisiones y falta de escucha hacia las pacientes.

El resultado es conocido: diagnósticos tardíos, sobremedicación, tratamientos inadecuados y un mayor riesgo de complicaciones en enfermedades que podrían tratarse oportunamente.

El infarto, por ejemplo, es uno de los ejemplos más claros. En general, suele hablarse de “síntomas silenciosos” o de que las mujeres tardaban más en acudir a consulta médica. Sin embargo, uno de los primeros estudios sobre sesgo de género en medicina, realizado por el New England Journal of Medicine, reveló que las mujeres tenían 50% más de probabilidades que los hombres de recibir un diagnóstico incorrecto en materia cardiovascular.

Años más tarde, se multiplicó la evidencia.

La monografía Perspectiva de género en medicina, coordinada por la Dra. María Teresa Ruiz Cantero, demostró que las mujeres eran erróneamente diagnosticadas con enfermedades mentales y, por lo tanto, se les administraban una mayor cantidad de medicinas psiquiátricas de forma innecesaria.

Por su parte, la Universidad de York, en el Scoping Review 2024, encontró que el diagnóstico de endometriosis tarda, en promedio, 6.6 años, aunque otras investigaciones elevan ese retraso hasta ocho o nueve años.

Otro ejemplo, más reciente, es el del COVID-19. El estudio Towards Precision Medicine: Inclusion of Sex and Gender Aspects in COVID-19 Clinical Studies reveló que casi 8 de cada 10 estudios realizados durante la pandemia ignoraban el análisis por sexo y género. La investigación Sex and Gender Bias in Covid-19 Clinical Case Reports de la Universidad de Illinois también añadió que de 494 reportes clínicos analizados, 45% hablaba únicamente de hombres, mientras que solo 30% se centraba en las mujeres.

Por supuesto, el hecho de que los estudios citados provengan casi en su totalidad de Europa o Estados Unidos forma parte del mismo problema: en México tenemos muy pocos datos sobre el impacto diferenciado en la medicina.

¿Cuándo comenzó a hablarse de este sesgo?

Antes del siglo XX, las mujeres eran explícitamente excluídas de los estudios clínicos bajo el falso argumento de que el ciclo menstrual —y la actividad hormonal— podían “contaminar” los resultados.

Fue en 1991 cuando comenzó a utilizarse el concepto de sesgo médico de género, después de descubrir que las enfermedades coronarias se manifestaban de forma distinta en hombres y mujeres. Mientras ellos eran enviados a estudios cardiológicos, ellas recibían con mayor frecuencia ansiolíticos.

Dos años después, el movimiento feminista estadounidense logró que los institutos de salud incluyeran estudios sobre enfermedades frecuentes femeninas para mejorar el diagnóstico, la prevensión y el tratamiento.

Hoy, más de treinta años más tarde, el androcentrismo médico sigue prevaleciendo con graves consecuencias para la salud y la vida de millones de mujeres.




Fuente: La Cadera de Eva

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in