febrero 27, 2020

Elena Poniatowska: “En México se persigue a la mujer por el hecho de ser mujer”



Escritora, periodista mexicana y Premio Cervantes 2013, entre otros muchos galardones, Elena Poniaowska, de 87 años, es una de las voces más poderosas de las letras en español. Hija de un príncipe polaco, la escritora se dice de sí mima, en una conversación con Efe antes del Día Internacional de la Mujer, que es más mexicana que “el mole”. Además es una activista a la que le gusta dar voz a los menos favorecidos y luchar por los derechos de la mujer.


¿Cuál es su principal reivindicación en este 8M?

Yo creo que están atacando muchísimo a las mujeres. México es un país donde más femenicidios hay, y sucede en estados que se supone que más civilización hay, en grandes ciudades como la Ciudad de México en el Estado de México, en Pachuca. Es gravísimo y yo creo que asusta mucho a las jóvenes. Mi nieta Inés me estaba diciendo que se siente triste por la niña Fátima con su mamá, diciendo que se la encontró muerta y por la otra niña asesinada, es horrible. Sensación de que una mujer no puede caminar por la calle porque su vida peligra. Y se ha demostrado. Me parece una de las tribulaciones más terribles un país donde se persigue a la mujer por el hecho de ser mujer.

¿Hay desigualdad o machismo en el ámbito en el que trabaja?

Sí había desigualdad, comencé mi carrera en el periódico Excélsior y después pase al Novedades y recuerdo que el jefe de redacción que revisaba mis artículos me decía: “Yo creo que las mujeres deben quedarse en su casa, atender a sus hijos. El lugar de la mujer es la casa“. Diría su nombre si lo recordará pero no lo recuerdo, era un periodista, no era un hombre reconocido. No solo a mi, a Rosario Castellanos le costó en su época muchísimo trabajo que la reconocieran. Siempre decían que ella hacia novela indigenistas.



Por Gustavo Borges | 
Fuente: EFE México

Colombia crea fondo para promover la vinculación de las mujeres a la ciencia


Se trata del 'Fondo+Mujer+Ciencia' y fue creado para que ellas tengan suficientes apoyos económicos para cursar carreras universitarias relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas, conocidas como STEAM (por su sigla en inglés).

Para lograr su cometido el programa nace con un presupuesto de 1.000 millones de pesos.Getty

El Gobierno colombiano creó un fondo para apoyar la formación académica de mujeres con el fin de que logren una mayor participación en el campo científico, especialmente en áreas clave como las ingenierías y las matemáticas, informó la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez en el marco del Día Internacional de la Mujer y Niña en la Ciencia.

La ONU proclamó en 2016 el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia con el objeto de lograr el acceso y la participación plena de las mujeres en ese campo, la igualdad de género y su empoderamiento.

"Es satisfactorio conmemorar este día de las niñas y las mujeres en la ciencia dando vida a este fondo que se ha creado con los recursos aportados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación", agregó Ramírez, quien espera que el fondo "tenga una influencia definitiva y que haya muchísimas mujeres que ingresen a estos campos del conocimiento".

El programa estará destinado a apoyar, con un enfoque diferencial, a mujeres y niñas en condiciones de vulnerabilidad para que inicien estudios en las áreas STEAM, realicen estancias de investigación e innovación en Colombia y en el exterior, y desarrollen un espíritu emprendedor de base científica y tecnológica.

La inversión inicial

Para lograr su cometido el programa nace con un presupuesto de 1.000 millones de pesosy con el potencial de sumar aliados que permitan ampliar su alcance.

La meta inicial es apoyar a 500 niñas de pregrado durante el primer año, y a 1.500 a 2022.

"Para cerrar las brechas, definitivamente debemos promover el protagonismo de nuestras niñas en la ciencia y en estas carreras STEAM. Tenemos que lograr un cambio de paradigma, que viene de la mano de la cuarta revolución industrial, que además trae nuevas orientaciones productivas", dijo Ramírez.

El programa contará con cuatro ejes de acción, entre ellos apoyo para capacitación en profesiones STEAM a nivel técnico y universitario; la promoción del bilingüismo y prácticas internacionales; fomentar el espíritu emprendedor femenino de base científica y tecnológica, y la promoción para que más mujeres hagan parte de los equipos de investigación y desarrollo de las empresas.

Según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), solamente el 14% de las mujeres menores de 24 años en Colombia estudian carreras STEAM, mientras que el promedio mundial es de 16%.

Además, de un total de 13.001 investigadores registrados en Colciencias, convertida recientemente en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, solo el 37% son mujeres.

Por Cromos con información de EFE
Fuente: El Espectador

febrero 26, 2020

Feminicidios en México: la emergencia nacional ignorada por el gobierno de López Obrador

El presidente culpa al modelo neoliberal de la violencia de género.

Marcha en protesta contra la violencia de género, el 14 de febrero, en Ciudad de México.
El brutal asesinato de Ingrid Escamilla, el 9 de febrero, a manos de su pareja, Erick Francisco Robledo, podría haber quedado impune y haber caído en el olvido como tantos otros feminicidios en México. Sin embargo, esta vez hubo un hecho que provocó la indignación de muchas personas en el país, sobre todo mujeres: las fotos del cuerpo descuartizado de la joven de 25 años fueron filtradas y luego publicadas en varios periódicos mexicanos sensacionalistas.

El diario Pásala decidió publicar las fotos del cadáver junto al titular “La culpa la tuvo Cupido”, en alusión al día de San Valentín, mientras que la tapa del periódico La Prensa abría con la palabra “Descarnada”, también acompañada de sus correspondientes imágenes.

En las redes sociales se hizo un llamado a compartir fotografías de paisajes, de flores o cualquier otra imagen inspiradora con el objetivo de que no se siguieran difundiendo las del cadáver de Escamilla, que alimentaban el morbo y revictimizaban tanto a ella como a su familia.

Por el momento, la Fiscalía de la Ciudad de México investiga si los seis policías que primero llegaron al lugar son los responsables de filtrar las fotografías del cuerpo desmembrado de la joven.

“Siempre vende el morbo, la crueldad y la brutalidad con la que vivimos las mujeres en México, no sólo por el hecho de ser mujeres, sino por la violencia del crimen organizado, la inseguridad, la represión por la militarización... La crueldad y la saña con que desechan los cuerpos es lo que más vende”, dice a la diaria la activista feminista Mariana Mancilla, del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir. Esa prensa sensacionalista, añade, publica a diario fotografías de “cuerpos mutilados, personas ensangrentadas o mujeres encontradas en basureros, sin que ninguna autoridad diga nada ni se apliquen sanciones”.

Tras el asesinato de Escamilla, el viernes 14 el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador presentó en su conferencia de prensa matutina un decálogo para luchar contra la violencia de género, en el que manifestaba que está “en contra del machismo y de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones” y se comprometía a “garantizar la paz y la tranquilidad en México”, entre otros puntos, pero no mencionaba la palabra “feminicidio”.

Teniendo en cuenta que 2019 fue el año más violento en la historia de México, con 34.582 homicidios dolosos y 1.006 feminicidios, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el decálogo del mandatario es a todas luces insuficiente para abordar la violencia machista en el país.

Ese mismo viernes, cientos de mujeres se manifestaron para protestar contra la pasividad del gobierno frente a los feminicidios y contra los medios de comunicación que publicaron las fotos del cadáver de Escamilla. Durante la marcha varias mujeres pintaron la fachada del Palacio Nacional, sede del gobierno mexicano, y quemaron un vehículo repartidor del diario La Prensa. Al día siguiente siguieron las protestas, tanto en la capital como en otras ciudades del país.

Después de esas marchas, el lunes, López Obrador pidió a los colectivos feministas que “no pinten las puertas y las paredes”, al tiempo que aseguró que su gobierno trabaja para erradicar la violencia de género. “A las feministas les pido con todo respeto que no nos pinten las puertas, las paredes, que estamos trabajando para que no haya feminicidios, que no somos simuladores y que no esperen que nosotros actuemos como represores, que no nos confundan”, dijo en conferencia de prensa.

Las palabras del mandatario sólo sirvieron para generar un mayor malestar entre los colectivos feministas, porque consideran que el presidente no está afrontando la gravedad del problema. “Es triste y decepcionante que después de haber confiado en que íbamos a tener un gobierno transformador y progresista no tome acciones concretas para frenar la ola de violencia contra las mujeres”, lamentó Mancilla.

A raíz del caso de Ingrid Escamilla y de las movilizaciones, continuó la activista, se logró que la Fiscalía cree un protocolo de sanción para quienes filtren fotografías de feminicidios en espacios públicos y privados. “Eso al menos es un avance y estaría increíble que lo mismo se diera en el resto del país, no sólo en la Ciudad de México”, añadió.
Crimen de Fátima

Tan sólo unos días después del brutal asesinato de Escamilla, otro crimen volvía a conmocionar a México: el de Fátima Aldrighett, una niña de siete años que fue violada, torturada y asesinada al sur de la capital. Había desaparecido el 11 de febrero cuando esperaba a su madre al salir de la escuela; cuatro días más tarde, su cadáver apareció en bolsas de basura en una zona cerca del colegio donde estudiaba. El miércoles, un hombre y una mujer fueron detenidos como sospechosos de este crimen.

“Fátima tenía siete años, no tenía novio, no vivía en una relación violenta, no se lo buscó, no salió de fiesta sola con sus amigas... Lo único que hizo fue ir a la escuela”, dijo Mancilla. La activista recordó que las escuelas públicas cuentan con muchos más alumnos de los que deberían tener, y eso hace, por ejemplo, que los niños salgan a la calle sin ninguna protección de parte de la institución educativa, para asegurarse de que un familiar de confianza vaya a buscarlos. “Han tenido que esperar a que suceda este terrible asesinato para tomar medidas, como pedir la identificación; esto es a base de prueba y error”, sostuvo.

Tampoco fueron acertadas las declaraciones de López Obrador tras el asesinato de Fátima, cuando culpó al neoliberalismo de generar una crisis de valores en el país. “Sostengo que se cayó en una decadencia, un proceso de degradación progresivo que tuvo que ver con el modelo neoliberal”, dijo el mandatario en otra de sus conferencias de prensa.

Mancilla volvió a lamentar que el gobierno, y particularmente el presidente, se haya dedicado a culpar al neoliberalismo de lo que está sucediendo en el país, y criticó que el Ejecutivo no esté implementando medidas para frenar la violencia de género.

Fuente: La Diaria

Masculina tóxica. Violencia machista, violencia con intención

En nuestra cultura patriarcal, a las personas socializadas como hombres se les otorga el poder sobre las personas leídas como mujeres y se legitima el uso de cualquier herramienta para perpetuar ese poder.

Una mujer sujeta una pancarta durante el día de la huelga feminista. 8 de marzo de 2018, Madrid. Manolo Finish 


Últimamente, parece que la violencia es algo relativo, que todo es violencia y que cada vez que hablamos de violencia patriarcal, machista, de género o contra las mujeres hay que dar explicaciones. Frases como “la violencia es violencia, ¿por qué hablar de violencia machista? Toda la violencia es mala”, “no existe una violencia especifica hacia las mujeres, eso es un invento”, “las mujeres también son violentas, incluso son peores que los hombres”, “los hombres también sufren violencia de género” y otras por el estilo, están ganando espacio. Así se construye el poder, quien se sitúa en la supuesta “normalidad” se cree con la posesión de la verdad y no escucha ni valida otras voces.

No hay consenso teórico en cuanto a definir la violencia y existen muchos debates académicos en torno a este tema. Este es solo un intento de reflexión para seguir dialogando. Muchas veces damos por hecho que cuando hablamos de una palabra estamos entendiendo lo mismo, pero no es así. Por eso aclaro que cuando yo hablo de violencia me refiero a una conducta cultural, no a algo innato ni instintivo. Esto lo digo porque cuando hablo de violencia siempre suele aparecer esa gente que se empeña en compararnos con el mundo animal o que dice que los estudios científicos demuestran que es una cuestión hormonal y que los hombres son más violentos por naturaleza (como si nuestra visión del mundo animal no fuera antropocéntrica, ni la ciencia, patriarcal).

La violencia es una conducta social aprendida, no es un instinto natural. Y en este sentido, ayuda tratar de diferenciarla de la agresividad, que es una respuesta adaptativa innata que nos acompaña ante las amenazas externas. Sin embargo, que sea innata tampoco significa que se mantenga siempre igual a lo largo de nuestra vida, porque incluso nuestra capacidad de mostrar esa agresividad se modula a través de pautas culturales de comportamiento. De esto sabemos mucho las personas socializadas como mujeres, a quienes desde niñas nos enseñan que mostrar agresividad, incluso cuando nos dañan o atacan, no es adecuado y que debemos ocultarla y erradicarla de nuestras vidas.

La violencia es una conducta social aprendida, no es un instinto natural. Y en este sentido, ayuda tratar de diferenciarla de la agresividad, que es una respuesta adaptativa innata ante las amenazas externas

La violencia también es una conducta compleja que siempre tiene detrás la intención, consciente o inconsciente, de someter, dominar, controlar o dañar a otras personas. Esto es así porque la violencia está inscrita en la lógica del poder y desigualdad. Quienes violentan pretenden hacerse valer a costa de otras, imponerse a través del miedo. Esa intención es la clave que nos permite distinguirla de la autodefensa. Cuando una persona se defiende ante una amenaza contra su integridad o su vida, no está ejerciendo violencia por más agresiva que sea su respuesta, y esto es así porque su intención no es someter o dominar a nadie, sino protegerse. Hace algunos años una chica a la que dos chicos secuestraron, violaron y torturaron en un hotel, arrebató el cuchillo a uno de ellos cuando el otro había salido de la habitación. La chica uso el cuchillo en su defensa, consiguió salir de la habitación y escapar. El agresor murió y a ella le acusaron de “exceso” de legítima defensa, considerando que había actuado con violencia. Aquí asistimos pues a una discusión donde la consideración de qué es y qué no es violencia se torna central. Comparar la violencia con la autodefensa beneficia a los sistemas de dominación, por lo que es fundamental tener presente la intención y poner atención en distinguir la violencia de las respuestas ante la violencia.

Habría que hablar también de esa tendencia tan de nuestra cultura que equipara a quien ejerce la violencia con quien la sufre. Algo que sobrevuela estas interpretaciones es que tan responsable es una por dejarse, como otra por ejercerla. He dejado de contar las veces que me han preguntado, ¿cómo es posible que una mujer siga en una relación de violencia tantos años, no será que le gusta, que le cubre alguna carencia? Sin embargo, han sido muy pocas las veces que he escuchado, ¿cómo es posible que un hombre pueda estar años ejerciendo violencia contra otra persona? A mí, desde luego, me parece una pregunta mucho más espeluzante.

Está en el aire

La violencia se adquiere e interioriza a partir de claves de socialización. En nuestra cultura patriarcal, a las personas socializadas como hombres se les otorga el poder sobre las personas leídas como mujeres y se legitima el uso de cualquier herramienta que esté a su alcance para perpetuar ese poder, incluida la violencia. Esto, junto con la carencia de una cultura emocional que les permita conectar con el dolor ajeno hace que la violencia tenga demasiado margen para crecer. El relato de los hechos que hicieron los agresores de la violación grupal de San Fermín en su propia defensa es un buen ejemplo de cómo la falta de compasión masculina y su consiguiente violencia se han normalizado y banalizado hasta límites insospechados.

No quiero decir que las mujeres nunca hagamos uso de la violencia, porque obviamente podemos utilizarla y de hecho la utilizamos. Pero la legitimidad social para ejercerla no está en nuestras manos, sino en las de la masculinidad tradicional. Además, en muchas ocasiones en las que la violencia es ejercida por mujeres es reactiva, es decir, fruto de una situación previa donde se sufre violencia y causada por la rabia y la frustración acumuladas.

Hay un ejemplo ya clásico, que vale la pena recordarlo. Si preguntamos a un grupo de chicos y chicas, hombres y mujeres, de quién tienen miedo si caminan en solitario por la calle durante la noche y les persigue alguien, tanto unas como otros suelen responder que de un hombre. La simple lectura de un cuerpo como masculino nos hace percibirlo como potencialmente violento.

Decir que las mujeres nos inventamos las cosas, o que tendemos a dramatizar y exagerar, no es más que una estrategia patriarcal para minimizar y justificar la reproducción social de la violencia

De la misma forma, en nuestra cultura el cuerpo de las mujeres es leído como potencialmente violable y violentable. No podemos olvidar que la violencia patriarcal es estructural, sistemática e histórica, ni que nuestros cuerpos no solo sufren apropiaciones individuales, sino también colectivas. Lo que vivimos las mujeres por ser leídas como tales no son hechos aislados ni asuntos privados. Decir que las mujeres nos inventamos las cosas, o que tendemos a dramatizar y exagerar, no es más que una estrategia patriarcal para minimizar y justificar la reproducción social de la violencia. De hecho, es todo lo contrario, las mujeres solemos contar solo una mínima parte de toda la violencia que vivimos a lo largo de nuestra vida.

El hecho (porque sí, esto es un hecho y no una opinión) de que la mayoría de actos violentos en el mundo sean cometidos por personas socializadas como hombres no es algo casual, ni fruto de la naturaleza humana, ni tampoco algo que nos empeñamos en defender las feministas porque sacamos algún beneficio de ello. Es simple y llanamente una consecuencia directa de este proceso de socialización que legitima a los varones en el uso de la violencia como forma de relacionarse con el mundo, como manifestación de su virilidad.

La violencia es una práctica de poder “sobre”, por eso es una conducta selectiva. Cuando un hombre ejerce violencia contra una mujer, no quiere decir que ese hombre use la violencia de forma indiscriminada contra todo el mundo o que no sepa controlar su ira en ninguna situación. La violencia no tiñe toda su identidad, sino que la utiliza de forma selectiva contra quien puede ejercer su poder. Aquí, podríamos incluir otros ejes de este poder – como el de clase, raza, capacidad, etc. – que contribuyen de igual forma a que unas personas tengan mayor legitimidad social para ejercer violencia contra otras y así mantener las relaciones de jerarquía.

El hecho de que, en los sistemas de dominación, dominadores y dominadas compartamos la misma ideología no significa que las personas seamos pasivas ante los abusos. Las personas siempre estamos respondiendo ante la violencia, intentando cuidar aquello que es valioso para nosotras, aunque aparentemente esas respuestas no sean siempre espectaculares ni nos permitan alejarnos de la violencia en un solo acto. Tampoco quiere decir que todas las personas socializadas como hombres, o que ostenten el poder, reproduzcan siempre estos actos de violencia. Las personas tenemos capacidad de elegir y renunciar a determinados tipos de conducta.

Por tanto, si queremos desmontar los mecanismos que perpetúan las conductas violentas, necesitamos desafiar al poder y tomar posición ante la violencia de forma colectiva, entre todas, por todas y para todas. Como dice Marina Garcés “tomar posición no es solo tomar partido (a favor o en contra) ni emitir un juicio (me gusta o no me gusta), es tener que inventar una respuesta que no tenemos y que, sea cual sea, no nos dejará iguales”.


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Laura Latorre Hernando, especialista en Violencia de género
Fuente: CTXT

febrero 25, 2020

"Nos vemos el 8 de marzo": el potente llamado con el que Francisca Valenzuela cerró la segunda noche del Festival de Viña #TodasALaHuelga #Apruebo #ConstituyenteParitaria

Agencia/Uno

La cantante Francisca Valenzuela cerró la noche de la segunda jornada del Festival de Viña del Mar, acompañada del legendario Claudio Parra, hizo referencia a peticiones del estallido social y obtuvo una Gaviota de oro.

La artista salió al escenario con un traje con frases alusivas a las demandas sociales. "Feminismo revolución", "No + impunidad" y dibujos de ojos sangrantes, eran parte de los elementos que adornaban la chaqueta que usó mientras tocó en un reluciente piano dorado.

Luego tocó parte de su repertorio, incluyendo "No se trata de ti", "Afortunada", "Tómame" y "Quiero verte más".

Como parte de su show, la artista contó con la colaboración del legendario Claudio Parra, miembro de Los Jaivas.

Además, hizo un llamado a participar en las actividades programadas para el Día Internacional de la Mujer en el país. "Nos vemos el 8M, chiquillas", indicó, antes de elogiar al movimiento colectivo "Las Tesis".

Finalmente, para cerrar la noche de sólo mujeres, la cantante hizo una llamado a la "paridad ,dignidad, derechos, con nueva Constitución".

Fuente: Publimetro