agosto 18, 2022

Lucha Castro: “Hay jóvenes feministas que no saben quién somos ni el precio que tuvimos que pagar

Lucha Castro, activista y abogada por los derechos humanos. MANOLO GARCÍA


Hay unos bajos del barrio de Gràcia que son como un santuario mexicano. Y no solo porque ahora –y esto lo saben muy pocos– viva allí una de las mujeres más poderosas de la historia reciente de este país, sino también porque el aposento principal está repleto de estampas y estampitas, de láminas y recuerdos de su Chihuahua natal, de una infinidad de objetos chillones que una no sabría decir si abruman o si dan paz, seguramente las dos cosas a la vez. Repaso las paredes: una cruz con una mujer crucificada, una Frida Kahlo mirándonos, un rincón de oración con una virgen de Guadalupe y ahora también una Moreneta, cristales tallados y piezas de plata diversas y variadas, un precioso tapiz florido de punto de cruz… Y la joya de la corona: un rosario que le regaló el papa Francisco cuando viajó a Ciudad Juárez. Todo ello en unos bajos de un barrio que está de fiesta mayor, ajeno a esta vecina que se instaló porque tuvo que abandonar su México natal hace más de dos años (después le preguntaré por qué). 

“Sí, en México tenía mucho poder”, dice Lucha Castro, que tiene 70 años, mientras se recoloca en el sofá, a la luz del patio de luces. Activista, abogada y referente del feminismo previo a las redes sociales en México, esta mujer es querida (y temida) porque en los 90 empezó a visibilizar y denunciar los asesinatos indiscriminados de mujeres mexicanas. Durante casi tres décadas, fue la abogada de familias desamparadas que veían cómo, de un día para otro, desaparecía su hija, su madre, su hermana, su novia, su amiga. Ella sabe qué es escuchar, acompañar y defender a familias destrozadas por una desaparición en un mundo que no utilizaba todavía la palabra “feminicidio”. Ella sabe qué significa enfrentarse a gobiernos, a la Iglesia, a los cárteles para conseguir un “mundo sin violencia”. Sabe qué es luchar en un mundo plagado de indiferencia donde costó mucho que se hiciera caso a sus protestas y a las de sus compañeras, que por primera vez clamaban el himno Ni una más.

Para conocer uno de los casos que llevó Lucha Castro, en Netflix está disponible el documental Las tres muertes de Marisela Escobedo, sobre la historia de esta enfermera que en 2008 denunció públicamente que se había dejado en libertad al asesino de su hija y que por haberlo hecho acabó con un disparo en la cabeza en la puerta del Palacio de Gobierno, donde protestaba contra el sistema judicial. 

Me he pasado la vida leyendo expedientes de mujeres torturadas y violadas, y es terrible 

Lucha Castro, como su México y su casa, es un torrente de color y esperanza, pero también acumula mucho dolor: "México es un cementerio a lo largo y ancho del país, hay más de 100.000 personas oficialmente desaparecidas, todavía son asesinadas diez mujeres al día. Me he pasado la vida leyendo expedientes de mujeres torturadas y violadas, y es terrible. Ahora bien, también hay estrategias para cuidarse y conseguir que el dolor no te coma las entrañas, ni el odio y el enojo. En las asociaciones donde yo he estado, teníamos psicólogas que nos acompañaban, meditábamos… En cualquier caso, yo soy feliz: no entendería mi vida como mexicana de otro modo, sin luchar”. 
A las jóvenes feministas

En un mundo presentista como el actual, resulta casi radical escuchar voces como la de Lucha Castro y otras feministas que abrieron camino cuando tantas no habíamos ni nacido. Es un acto de memoria y también de sororidad conocerlas, reconocerlas y aprender de lo que consiguieron sin Instagram ni Twitter. Como cuando plantaron una inmensa cruz de clavos ante el Palacio de Gobierno, cuando anduvieron 360 kilómetros por el desierto cargando una réplica para denunciar los asesinatos de mujeres o cada vez que empoderaban a una mujer a través de su activismo judicial, que les llevó a proporcionar representación legal gratuita a centenares de víctimas.

A Castro le gusta considerarse abuela (una de tantas) de todas las jóvenes feministas de hoy en día: “Me entusiasma haber sembrado la semilla que hoy germina en las conciencias de tantas mujeres, que se asumen feministas y exigen, denuncian y acompañan. Son un orgullo”. Si se le permite, dice, también tiene una petición: “Me duele que algunas jóvenes feministas no sepan quién somos, ni qué hicimos, ni el precio que tuvimos que pagar. Abrirles el camino no fue fácil. Antes, asumirse como feminista era realmente un riesgo. Si protestabas en la calle, te agredían, te gritaban vieja loca y otros insultos". 

Cuando te enfrentas frente a frente con la muerte no puedes hacer otra cosa que abandonarlo todo y abrazar a la familia 

Por qué Catalunya

Ya hace casi dos años y medio que Lucha Castro decidió abandonar su casa de Chihuahua y establecerse en Barcelona. Antes de marchar, se lo pregunto:

– ¿Por qué te fuiste de México?

– Me dieron tres meses de vida por un cáncer terminal, y cuando te enfrentas frente a frente con la muerte no puedes hacer otra cosa que abandonarlo todo y abrazar a la familia. Y su familia, repartida por el mundo, creyó que Barcelona era un buen lugar para abrazarse. 

Aquí, por suerte, la oncóloga le alargó el diagnóstico y pudo hacer aquello que siempre había querido hacer pero la urgencia de la lucha nunca le había permitido: escribir un libro que recoge las memorias del nuevo mundo que ellas ayudaron a parir desde México. Lo podéis encontrar en las librerías: Una lucha colectiva. Testimonios, editado por otra mexicana residente en Barcelona, la periodista Eileen Truax. 

Fuente: https://es.ara.cat 

El espejo vaginal feminista: una alternativa a la rigidez del “pato” tradicional creado por un esclavista del siglo XIX


Espejo vaginal Ninfem. Cortesía: Adriana Rosales Dávila

Quizás una de las peores sensaciones de ir al ginecólogo es la toma de la citología vaginal. El espejo vaginal usado para tomar estas muestras –un aparato en forma de pato que intimida con solo mirarlo– suele causar incomodidad por la dureza de su material (y también, por la forma en la que las y los ginecólogos lo introducen). Sin embargo, una joven egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) diseñó un espejo que puede transformar esta realidad.

Adriana Rosales Dávila estudió Diseño Industrial en la UAM Xochimilco. Para poder titularse, creó un proyecto a partir de una experiencia compartida por muchas mujeres: la incómoda y sufrible visita al consultorio ginecológico.

Es una realidad en las mujeres y es algo sumamente importante por cómo impacta en nuestra salud. Me di cuenta de que hay mujeres –bastantes– que prefieren no ir al ginecólogo y dejar pasar cuestiones de salud importantes a vivir una mala experiencia.ADRIANA ROSALES DÁVILA

Al observar esto, la diseñadora se dio a la tarea de pensar en un artefacto con un impacto social que fuera útil para las mujeres. Tal como relató Rosales Dávila a Cimacnoticias, el espejo vaginal empleado actualmente es cómodo y muy útil para el personal médico; no obstante, “las mujeres también somos las usuarias”, pero la comodidad para nosotras no está contemplada.

Antes de empezar con el diseño, la hoy egresada de la UAM indagó sobre la historia del espejo en forma de pato; lo que descubrió evidencia que el estudio del cuerpo de la mujer es un espacio colonizado por la perspectiva masculina.

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Adriana Rosales Dávila en entrevista vía remota con Cimacnoticias

El pato vaginal y su relación con la esclavitud

De acuerdo con Adriana Rosales, la creación del espejo vaginal es antiquísima. Según sus investigaciones, el primer aparato de este tipo fue diseñado en el siglo III antes de nuestra era. No obstante, el utensilio que se emplea actualmente surgió en el siglo XIX, cuando los estudios de la mujer tuvieron su auge.

Según la hoy creadora y emprendedora, en ese siglo hubo cerca de 600 proyectos de espejo vaginal. Pero entre todos los tamaños, materiales y formas, la herramienta que prevaleció fue aquella creada por James Marion Sims, mal llamado “padre de la ginecología”.


El tema es que el doctor Sims tenía una forma bastante violenta de practicar: de entrada, hacía sus pruebas en mujeres esclavas que tenía prisioneras detrás de su hospital. En ellas hacía hasta treinta cirugías sin anestesia.ADRIANA ROSALES DÁVILA

La diseñadora industrial cuenta que Sims empezó a idear su diseño al introducir dos cucharas en el canal vaginal de las mujeres para poder separar sus paredes y observar mejor. 

Esa es la esencia del aparato utilizado actualmente en nuestros cuerpos: una herramienta creada por un esclavista, probada en cuerpos cautivos y violentados. Y ese, también, es el aparato que Adriana Rosales se propuso cambiar.
Ninfem: una alternativa inspirada en la copa menstrual

Adriana Rosales Dávila llamó Ninfem a su diseño del espejo vaginal por las ninfas, las “mujeres hermosas que viven en la naturaleza” según la mitología griega. Una de las ninfas, Eco –quien estaba enamorada de su propia voz– fue castigada por la diosa Hera, quien la condenó a repetir la última palabra que escuchaba de los demás y a no poder hablar o pronunciar ninguna otra cosa.

“Yo nombro al espejo vaginal Ninfem precisamente con la intención de devolver esta voz”, declaró Adriana Rosales, quien realizó su proyecto desde una mirada feminista que devuelve la comodidad a las mujeres al cuidar de su propio cuerpo.

El diseño cilíndrico de Ninfem está inspirado en la forma de la copa menstrual, la cual se dobla para poder introducirse y luego adopta la forma del canal vaginal. De hecho, al igual que la copa, el espejo diseñado por Rosales Dávila está fabricado con silicón de grado médico, un material más amigable al tacto y con una temperatura ambiente.

Fotografía: Pexels

La creación de la diseñadora cuenta con dos barras de acero inoxidable que no entran en contacto directo con la vagina, pues están “ahogadas” dentro del silicón. Estas barras tienen la rigidez necesaria para poder dar soporte al cilindro del espejo durante la exploración sin provocar una sensación incómoda en las pacientes.

Para introducir el espejo vaginal, el silicón se enrolla en estas dos barras, así se forma un rollo delgado que se introduce en la vagina y se expande una vez que está dentro. Al ser transparente, Ninfem permite una visión completa del canal vaginal mientras también proporciona una flexibilidad imposible con el espejo actual.

Una de las ventajas del diseño es, justamente, que no obliga al tejido vaginal a tener una flexibilidad que no posee; por el contrario: se adapta a su forma y respeta la anatomía natural del cuerpo de la mujer. Además, resulta fácil de transportar y esterilizar para las y los médicos.
Un cambio necesario en la forma de cuidar nuestra salud

Desde la perspectiva de Adriana Rosales, modificar la manera en que se concibe y practica la ginecología es un paso importante para que las propias mujeres dejemos de huir a ciertas revisiones y cuidados necesarios. Así, los índices de enfermedades graves y abstención de cuidados podrían disminuir de manera considerable.

Es por eso que la diseñadora industrial está trabajando en expandir el alcance de Ninfem. Actualmente, está en proceso de registrar la propiedad intelectual de su diseño, el cual ya ha sido probado exitosamente junto con las ginecólogas Adriana Dávila y Daniela Stuth.

Sin embargo, para tener una mayor producción y difusión, la joven emprendedora necesita apoyo no solo financiero, sino también la cooperación de candidatas para hacer más pruebas, así como para tener una retroalimentación constante. De igual forma, requiere que más desarrolladores se sumen a ella para generar un proyecto de alto impacto. 

Si deseas apoyar a Adriana Rosales Dávila, puedes contactarla a través de sus redes sociales: Facebook e Instagram, o también puedes escribirle vía correo electrónico a la dirección adri.rosales.davila@gmail.com

Por nuestras voces y nuestros cuerpos: a repensar la ciencia y la salud desde una mirada feminista.

Fuente: Cimac

agosto 17, 2022

Abortos forzados son violencia reproductiva, dictamina Comisión de la Verdad de Colombia

Por primera vez en el mundo, una comisión de la verdad sobre la guerra colombiana adopta una definición sobre violencia reproductiva

Rebeldes de las FARC marchan en una zona controlada por la guerrilla en las selvas del sur de Colombia, el 22 de junio de 2001 | 
Eliana Aponte REUTERS / Alamy Stock Photo

Colombia acaba de dar un paso enorme en la garantía de los derechos de las mujeres víctimas del conflicto armado interno de casi 60 años.

En su informe final, la Comisión de la Verdad (CEV) reconoce que el conflicto implicó ‘violencia reproductiva’: anticoncepción forzada y abortos forzados para mujeres combatientes y niñas ilegalmente reclutadas en los grupos armados.

Es la primera vez en el mundo que una comisión de la verdad utiliza esta categoría.

La CEV fue creada en el marco de los acuerdos de paz firmados en 2016 por el gobierno colombiano y la ahora extinta guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) para contribuir, como mecanismo extrajudicial, al esclarecimiento de la verdad de los crímenes cometidos por insurgentes, fuerzas armadas y policiales y milicias paramilitares.

Es usual que no se haga visible la violencia reproductiva y, por lo tanto, tampoco se la juzgue, menos aún cuando sucede dentro de los grupos armados. Se trata de un concepto relativamente nuevo que no tiene una única definición. En Women’s Link Worldwide, donde co-dirijo un grupo de abogadas, la definimos como una forma de violencia basada en género que, mediante el uso de la fuerza o la coacción, afecta la autonomía reproductiva de las personas.

Hubo violencia reproductiva, aun cuando no se la reconozca como tal, en las esterilizaciones forzadas a las que fueron sometidas en los años 90 un grupo de mujeres, la mayoría empobrecidas e indígenas, en el Perú.

En el caso colombiano, la CEV la define como “relacionada con el control de la reproducción y la maternidad, fue una violencia contra las mujeres que se presentó, principalmente, al interior de las filas de las FARC y no fue algo ocasional o aislado”.

Según el informe agrega que muchos de los abortos forzados se usaron métodos inseguros que dejaron graves secuelas en las mujeres. Y agrega: “De nuevo, el patriarcado y sus guerreros se adueñaron del cuerpo y de la autonomía de las mujeres para decidir sobre ellas”.

Este reconocimiento de la Comisión de la Verdad no es baladí. Permite analizar la violencia reproductiva como lo que es: una forma de violencia de género no conectada con la violencia sexual. También ayuda a entender cuáles fueron las consecuencias y los daños específicos que causó a las víctimas, en un contexto en el que el control a los cuerpos de las mujeres estaba tan normalizado.

Sin autonomía reproductiva

Las FARC adoptaron en 1993 una política específica de control reproductivo, que incluía el uso obligatorio de anticonceptivos, para asegurar que las mujeres combatientes y las niñas reclutadas de forma ilegal pudieran cumplir sus funciones militares. Ahora está claro que muchas fueron también obligadas a abortar. La fiscalía estimó unos 1.000 abortos forzados por año, aunque se presume que el subregistro es elevado.

Otros grupos que incurrieron en violencia reproductiva fueron la pequeña guerrilla del Ejército Revolucionario Guevarista (anticoncepción y abortos forzados) y las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (esterilizaciones y maternidades forzadas).

Durante años hubo denuncias en medios de comunicación y reportes de ONG sobre abortos forzados dentro de los grupos armados ilegales. Pero no había esfuerzos por buscar verdad, justicia y reparación para las víctimas.

En Women’s Link siempre defendimos la autonomía reproductiva de todas las personas; civiles, combatientes y excombatientes tienen derecho a optar por la maternidad o no. Nadie, ni el Estado, ni los actores armados pueden decidir por ellas. Fue así como elegimos ponernos del lado de las víctimas y explorar diferentes caminos para que obtuvieran la verdad y la reparación a la que tenían derecho.

Helena fue reclutada de manera forzosa a los 14 años y, posteriormente, obligada a tomar anticonceptivos y a abortar

Inicialmente, presentamos en 2016 un amicus curiae (amigo de la corte) en un proceso judicial contra Karina, alias de una excomandante del Frente 47 de las FARC. Nuestro objetivo era que se tuvieran en cuenta los abortos forzados a los que fueron sometidas las mujeres bajo su mando. Gracias a esa intervención, hace pocas semanas un juzgado reconoció que el control de la natalidad fue una práctica sistemática y generalizada y una forma de violencia de género. 

Con la experiencia que ganamos llegamos a nuestro primer caso: conocimos y comenzamos a representar a Helena*, una víctima de violencia reproductiva de las FARC. Helena fue reclutada de manera forzosa a los 14 años y, posteriormente, obligada a tomar anticonceptivos y a abortar. Su caso es emblemático porque representa lo que vivieron muchas niñas y mujeres campesinas reclutadas ilícitamente por los grupos armados ilegales durante el conflicto armado.

Helena abandonó las filas de las FARC siendo mayor de edad, por eso el Estado no la reconocía como víctima, a pesar de haber sido reclutada cuando era una niña. Su historia nos motivó a pensar de forma creativa en cómo usar el sistema de justicia para que las leyes dejaran de excluir, de forma injusta, a mujeres como ella. Para peor, tampoco estaba claro si el derecho internacional humanitario las protegía, pues este se enfoca principalmente en los efectos de los conflictos armados sobre la población civil.

Una victoria histórica

Luego de acudir a varios jueces para que protegieran a Helena, su caso llegó a la Corte Constitucional. En 2019 obtuvimos una victoria histórica, pues el fallo la reconoció como víctima del conflicto armado, que debía ser reparada. Para ella significó mucho, era la primera vez que una autoridad judicial le creía, algo que no suele pasarle a las víctimas de violencia reproductiva.

Esta sentencia fue reconocida en círculos jurídicos internacionales como una de las pocas en proteger a las víctimas de violencias basadas en género dentro de los grupos armados, y le ha servido a otras organizaciones locales que representan a personas como Helena.

Vimos también una oportunidad en el sistema de justicia transicional instalado por el acuerdo de paz, que incluyó la creación de mecanismos judiciales como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y extrajudiciales como la CEV.

Así, presentamos el primer y único informe centrado en violencia reproductiva y logramos la acreditación de Helena como víctima en el caso 007, sobre reclutamiento y utilización de niñas y niños en el conflicto armado. Como resultado, conseguimos que la JEP incluyera dentro de este caso investigaciones sobre violencia basada en género, entre ellas aborto forzado, anticoncepción forzada y “otras conductas relacionadas con atentados en contra de la integridad sexual y reproductiva”.

También presentamos a la CEV el informe ‘Una violencia sin nombre: violencia reproductiva en el conflicto armado colombiano’, que incluyó el caso de Helena como representativo, y donde relatamos cómo este tipo de violencia fue ejercida por guerrillas y por paramilitares. 

El 15 de julio, la JEP accedió a abrir el caso 011, sobre violencia sexual, reproductiva y otros delitos motivados en discriminación, prejuicio u odio de género, sexo, identidad u orientación sexual de las víctimas. Es algo que habíamos solicitado reiteradamente a la JEP desde la Alianza Cinco Claves, que integramos junto con los grupos Sisma Mujer, la Corporación Humanas, Colombia Diversa y la Red Nacional de Mujeres.

Todo este recorrido sigue dando frutos. La CEV recomendó al Estado reformar la Ley de Víctimas de 2011, para incluir a todas las personas que, como Helena, soportaron este tipo de violencia, y fortalecer la atención en salud para atender los impactos particulares y desproporcionados que las violencias sexuales y reproductivas generan en las sobrevivientes.

Es importante reconocer este tipo de violencia para que las reparaciones sean adecuadas. Una mujer a la que se le realiza un aborto forzado en condiciones inseguras requiere atención especializada de salud.

Estos pasos en la dirección correcta nos impulsan a seguir contribuyendo para visibilizar la violencia reproductiva, para que sea juzgada, y para que las víctimas sean asistidas y reparadas. Sin importar el contexto, la autonomía reproductiva de todas las mujeres debe ser respetada.

*Nombre cambiado para proteger la identidad de la mujer

Fuente: Open Democracy

Masih Alinejad, la feminista iraní sin miedo: «Me acusan de provocar islamofobia, pero me dan miedo las leyes islámicas


La periodista iraní Masih Alinejad durante un evento en Nueva york, en 2018AFP

Exiliada de Irán y afincada en Estados Unidos, Alinejad no ha dejado nunca de estar perseguida por luchar contra las brutales leyes islámicas de su país natal

Masoumeh Alinejad, conocida como Masih, tuvo que salir de Irán para salvar la vida. Pero aun así, nunca se ha librado del tentáculo del extremismo islámico. Sin ir más lejos, a principios de este agosto, la policía detuvo a un hombre también iraní armado con un rifle de asalto en las inmediaciones de su casa en Nueva York. Y hace un año, Alinejad denunció ser el objetivo de un complot de secuestro respaldado por Teherán. Su delito, en sus propias palabras: «Dar voz a los sin voz». La iraní, que gusta de adornarse el pelo con una flor, dedica su vida a alzar la voz contra la brutalidad islámica, sobre todo contra la mujer. Una brutalidad que le ha perseguido hasta su exilio en Norteamérica para matarla. Como quisieron hacer con el escritor Salman Rushdie este viernes.


Dos mujeres iraníes llevan una bandera nacional y una pancarta anti Masih Alinejad durante una marcha en conmemoración de la revolución islámicaAFP

El nombre de Masih Alinejad comenzó a conocerse en redes sociales gracias a la campaña #LetUsTalk («dejadnos hablar»). En ella, invitaba a mujeres a expresarse en contra de las leyes islámicas de Oriente Medio. Su objetivo más directo: el hiyab, la prenda con la que se cubren el pelo las mujeres musulmanas. Alinejad se presentó en un vídeo con el pelo cubierto: «Así quiere la República Islámica que sea, así quiere el Talibán y el ISIS que seamos». En un golpe de efecto, se descubre el velo y deja ver su frondosa melena rizada adornada con su característica flor: «Este es mi verdadero yo». Acto seguido relata algunas de las amenazas que recibía en Irán: «Me dijeron que si me quitaba el hiyab, Dios me ahorcaría usando mi propio pelo». La primera de otras tantas barbaridades que detalle en el vídeo.

El mensaje de Alinejad contiene un fuerte componente feminista contra la Sharia, el compendio de leyes de carácter religioso que rige en las dictaduras islámicas. Pero, a pesar de haber huido a Estados Unidos, donde la igualdad y el feminismo reciben presupuestos anuales millonarios, Alinejad también denuncia el aplauso y el silencio cómplice de Occidente para con esas leyes que la quieren muerta: «Me dicen que si comparto mis historias, podría provocar islamofobia. Pero yo soy una mujer de Oriente Miedo y tengo miedo por las leyes islámicas».

Permiso judicial para ser periodista

Alinejad nació el 11 de septiembre de 1976. Comenzó su trayectoria como periodista, escritora y activista en Irán. Bajo la dictadura islámica, las mujeres solo pueden trabajar si consiguen un permiso judicial como aval. Masih logró llegar a ser periodista parlamentaria y su activismo contrario al Gobierno iraní le terminó costando el exilio.

En 2005 firmó un artículo denunciando la corrupción de los ministros iraníes que decían haber recortado salarios pero recibían bonificaciones por cumplir deberes religiosos o por celebrar el año nuevo. Esa publicación provocó su destitución como periodista parlamentaria. En 2008, en otro de sus artículos, cargó contra los seguidores del entonces presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. En 2009 logró un visado estadounidense para entrevistar a Barack Obama. Dicha entrevista jamás se llevó a cabo, pero el visado le sirvió para escapar de Irán. Actualmente, ejerce como presentadora y periodista en diversos medios persas internacionales.

Sus discursos contrarios al islamofascismo iraní han provocado una fuerte persecución contra ella y su familia. Falsearon su violación en la televisión estatal, invitaron a una de sus hermanas a deshonrarla en directo y encarcelaron a otro de sus hermanos durante dos años.

En 2014, Alinejad lanzó la página 'Mi libertad sigilosa' en la que invitaba a mujeres iraníes a publicar fotografías de ellas mismas sin el hiyab obligatorio por las leyes nacionales. La página atrajo la atención de todo el mundo pero también fue acusada de fomentar la islamofobia al enfocar las críticas contra el hiyab. Ella siempre ha rechazado estas acusaciones y ha señalado que la «aterradora» Sharia del Islam es la causa de la islamofobia.

Fuente: El Debate

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in