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octubre 02, 2024

Acoso y discriminación: la realidad de las mujeres periodistas en deportes

Acoso y discriminación: la realidad de las mujeres periodistas en deportes  - Asociación Mundial de Periodistas


¿Sigue LaLiga y la Liga F o Liga Profesional de Fútbol Femenino? ¿Sabe cuántas mujeres periodistas participan en las retransmisiones? ¿Cuál es su rol en la cobertura mediática? ¿Son directoras de programas, presentadoras, narradoras, comentaristas…? Una investigación que acabamos de realizar sobre mujeres periodistas en las redacciones de deportes le ayudará a conocer sus experiencias personales y profesionales.

Las mujeres periodistas en las redacciones deportivas son una rareza en todos los países. Según informes del Women’s Media Center, en 2017 estas firmaron el 10,2 % del periodismo deportivo en Estados Unidos. En 2021 publicaron el 15 % de informaciones en diarios; el 24 % en medios en línea y produjeron el 8 % de noticias por cable.

En España, con cifras en torno al 12 %, se observa una disminución de textos periodísticos publicados por mujeres y cómo, solo de manera residual, publican en primera página o firman artículos de opinión. Además, muy pocas ocupan puestos de responsabilidad.

Se precisa “desmasculinizar” las redacciones, lo cual implica promover la participación normalizada de las mujeres en todos los espacios, especialmente en las áreas de gestión y sin restricciones de edad ni requisitos físicos.

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Según el informe Reuters, aunque el 40 % de periodistas son mujeres, “solo el 24 % de los 174 principales editores en los 12 principales mercados mundiales son mujeres (…). El porcentaje varía significativamente, entre el 0 % de Japón y el 43 % de Estados Unidos”.
Menospreciadas en un entorno hostil

Históricamente, el periodismo deportivo se ha configurado como un entorno hostil en el que las mujeres han sido menospreciadas y discriminadas, relegándolas a la condición de outsiders.

En los años 70, las periodistas mujeres no podían entrar en los vestuarios, mientras que sus colegas masculinos sí. En 1990, los jugadores de los New England Patriots acosaron sexualmente a Lisa Olson, reportera del Boston Herald y, como consecuencia, fue expulsada de la profesión.

Clare Lovell, periodista de deportes con décadas de experiencia en múltiples medios, critica los reiterados patrones en pantalla que muestran viejos reporteros de cabello gris junto a jóvenes y atractivas reporteras rubias.

En los últimos años, más de 150 mujeres periodistas deportivas en Francia se han pronunciado en contra del sexismo, el acoso y la discriminación por colegas y en redes sociales:


“En 2021, el deporte manejado por hombres para hombres y sobre hombres ya no es tolerable. Tratar a las mujeres como inferiores en las redacciones deportivas ya no es tolerable.”

Concebido como un “ambiente de hombres”, el periodismo deportivo se caracteriza por el uso de palabras malsonantes y un humor a veces soez que juzga habitualmente las capacidades de las mujeres por su apariencia física u orientación sexual. En general, no se valora adecuadamente su talento y conocimientos. Las mujeres periodistas reconocen que cuidar su apariencia personal es un trabajo adicional que no ocupa a los hombres. Y, además, corren el peligro de ser estigmatizadas como “seductoras” o “lesbianas”.

En consecuencia, mujeres periodistas con grandes habilidades profesionales y físicamente no asimilables al atractivo heterosexual suelen sufrir más acoso y enfrentarse a otro “techo de cristal”. Además, el público a veces considera que las retransmisiones de los hombres son más creíbles y emocionantes. Así, las mujeres son relegadas a informar sobre competiciones deportivas femeninas, consideradas menos prestigiosas y de menor interés para la audiencia.
Acoso sistemático en el trabajo

La literatura especializada confirma que las mujeres periodistas reciben acoso sistemático por parte de los propios colegas, las fuentes informativas o en redes sociales.

El 89,6 % de periodistas encuestadas en nuestra investigación sufrieron acoso sexual en el trabajo, la mitad de manera habitual. Las agresiones por colegas se mencionan en diversos grados por las diferentes periodistas entrevistadas. Por ejemplo, una propuesta para tomar una copa puede terminar en un comportamiento inapropiado. Habitualmente, reaccionan con un sentimiento de culpa:


“Al final tienes que evitar tomar una copa después del trabajo. Dudas, te preguntas si estás exagerando… Si he hecho algo que podría haber malinterpretado…”.

Se mencionan también dificultades al tratar con las fuentes:


“Vas a una reunión y te comentan si estás más guapa o no, si el vestido te queda mejor… Si replicas ‘este comentario está fuera de lugar’ creas un momento de incomodidad para todos. Lo más fácil es sonreír estúpidamente y aceptarlo”.

Las agresiones en redes sociales, especialmente amparadas en el anonimato, incluyen amenazas, proposiciones e imágenes obscenas, insultos, comentarios racistas y sexistas o amenazas físicas, incluida la violación. Este acoso online tiende a ser trivializado. Se responsabiliza a la víctima de la gestión estratégica contra el acoso en línea. Se les propone no entrar en redes, bloquear o silenciar a los acosadores, desarrollar una “piel gruesa”, etc.

Ellas reconocen la necesidad de educación emocional y terapia para relativizar el acoso y las frustraciones. Mencionan la participación en grupos de WhatsApp o cenas con otras mujeres periodistas deportivas. Así se sienten acompañadas, comparten casos similares y dejan de creer que son paranoicas.

Más allá de silenciar o ignorar el acoso, debe ser reconocido como discriminación de género, y se deben establecer canales institucionales para informar a las instituciones públicas y tomar medidas legislativas y judiciales contra esta violencia machista.
Un cambio solo aparente

En la conclusión podemos revisar algunas experiencias relatadas por las entrevistadas para la investigación sobre mujeres periodistas en redacciones de deportes.

Los medios empiezan a asumir, con mayor o menor consciencia, la necesidad y la obligación de la presencia de mujeres periodistas. Sin embargo, esta situación se vive con matices:


“Es una cuestión de cuotas. Quieren parecer buena gente y no parecer que son hombres machistas asquerosos que no avanzan… porque en el fondo todavía piensan lo mismo”.

Se vive como “pseudofeminización”, es decir, una apariencia de cambio en lugar de un cambio real. Así, las cuotas no son el objetivo, pero son básicas para romper techos de cristal.

En los “espacios de hombres”, las mujeres periodistas en las redacciones deportivas relatan experiencias de discriminación profesional:


“Quedé para entrevistar a un jugador importante, y mi superior me dijo ‘no, esta entrevista la hace un compañero’”.

Más desprecio:


“Seguí todo el año al equipo. El equipo llegó a la final de Champions y yo me quedé fuera. Tres hombres periodistas viajaron para cubrir esa final”.

Dudan del interés de sus colegas por las competiciones deportivas femeninas:


“Hemos escuchado muchos comentarios muy denigrantes contra las futbolistas: ‘todas estas lesbianas; estas putas’”.

Otra afirma:


“Hasta hace cinco años, cuando jugaba el equipo femenino del Barça, en la redacción te preguntaban: ‘¿Los chochos juegan ahora?’ ¡Hace cinco años escuché a colegas míos decir que ni era fútbol ni era femenino!”.

Como conclusión, se necesita una transformación profunda y un fuerte compromiso. La normalización de la presencia de mujeres periodistas y la diversidad de voces y perspectivas enriquecen la calidad del periodismo deportivo, además de promover la creación de un entorno de trabajo más inclusivo y respetuoso.


Lecturer, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya
Assistant Professor, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya
Fuente: The Conversation

marzo 10, 2024

[Gráfico] Directoras de periódicos… con cuentagotas

'La Marea' actualiza el gráfico de directoras desde 2015. En 2024, de los 25 periódicos analizados, solo cinco están dirigidos por mujeres.




María Luz Morales, considerada la primera directora de un periódico en España. Women Film Pioneers Project


Decía Antony Jones, a finales del pasado enero, que el legado de su abuelo, el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales, era su obra y lo que esa obra inspira en otros periodistas, que –especificaba– viven en un mundo de lo más complicado. “Los que no somos periodistas, los que no tenemos vuestro talento, los que no tenemos vuestra responsabilidad, os miramos con admiración, reconociendo el mundo en el que vivís, el mundo del freelance, el mundo precario, el mundo donde se paga por un reportaje [silencio] poco, por no decir otra palabra. Un mundo donde algunos pierden su vida, un mundo de riesgos, un mundo donde la dirección de los medios no representa la posición de las mujeres en nuestra sociedad y la posición de las mujeres dentro de este oficio”.

El auditorio, que asistía a la entrega del III Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales, rompió en un aplauso. “Aquí en Sevilla tenemos noticias buenas en ese sentido”, añadió el nieto del maestro periodista. Se refería al reciente nombramiento de Isabel Morillo como directora de El Correo de Andalucía, adquirido por el grupo de comunicación Prensa Ibérica. Es la primera mujer que dirige esa cabecera, decana de la prensa de Sevilla, en sus 125 años de historia. Estaba ella presente, pero también había mujeres que fueron pioneras y que han visto de todo en otras épocas, algunas no tan lejanas.

En La Marea, desde finales de 2015, venimos elaborando un gráfico que nos ayuda a visualizar de manera general la evolución de mujeres directivas en los periódicos. Y el de este año, casi una década después, continúa confirmando la tendencia: la presencia de mujeres en esos puestos no mejora sustancialmente con los años.

 

Efectivamente se producen nombramientos de mujeres directoras, que invitan a la celebración precisamente por seguir siendo excepcionales. En 2016, hace nueve años, ocupó la dirección de Público Ana Pardo de Vera, gallega como la primera mujer que dirigió un periódico en España, María Luz Morales Godoy –durante siete meses, en plena guerra civil, al frente de La Vanguardia–. O ahora en 2024, como señalaba Antony Jones, el caso de El Correo de Andalucía. O el nombramiento de Marisol López del Estal al frente de El Periódico de Extremadura, en 2023. O los de Gemma Robles y Raquel Montenegro al frente de El Periódico de España y el Día de Córdoba, respectivamente, en 2022. O el de Pepa Bueno al frente de El País, en 2021, tras el paréntesis que siguió al de Soledad Gallego-Díaz, en 2018, como primera directora de uno de los principales periódicos de España. 


Escritos así, seguidos, puede parecer un goteo incesante, y lo es, pero la diferencia con el número de hombres que continúan ocupando las direcciones de los periódicos sigue siendo muy alta. En concreto, en el gráfico que actualiza La Marea, de los 15 periódicos generalistas impresos más leídos según el EGM, solo tres están dirigidos por mujeres: El País, 20 Minutos y Expansión –Pepa Bueno, Encarna Samitier y Ana I. Pereda, respectivamente–. La cifra se reduce a dos en los diez diarios digitales analizados: Publico.es, con Virginia P. Alonso, y La Marea, con Magda Bandera. Es decir, en esta muestra, de los 25 medios analizados, sólo el 20% están dirigidos por mujeres, frente al 80% de hombres directores. La cifra es incluso inferior a otros años. En 2020, por ejemplo, eran siete, dos más que ahora.

Por tanto, y hasta el momento, no es habitual que la tendencia de hombres directores que siempre ha existido en la prensa se esté traduciendo en la misma proporción con las directoras. En algunos casos, incluso, el hito se ha roto y ha vuelto a ocupar la dirección un hombre. Es más: algún año, cuando algún medio ha nombrado directora a una mujer, otro medio ha sustituido por un hombre a su directora, con lo que la estadística, en vez de subir, se ha mantenido o incluso ha bajado.

El Huffington Post, por ejemplo, inició su andadura en España con la actual directora de contenidos de la Cadena SER, Montserrat Domínguez, que permaneció en el cargo hasta 2018, cuando pasó como subdirectora a El País con el equipo de Gallego-Díaz. Desde entonces, los sucesivos directores en el Huffington han sido hombres, con una mujer, Laura Riestra, como subdirectora. 

Fue un hito también el nombramiento, en 2020, de Gabriela Cañas como primera presidenta de la Agencia EFE –donde la periodista Lola Álvarez fue nombrada directora general en 2006–. Tres años más tarde, en diciembre de 2023, ha sido sustituida de nuevo por un hombre. En los últimos tiempos, además, dos directoras han fallecido: Ana Vives, que estuvo al frente del Huelva Información –ella fue la primera directora y ahora vuelve a estar dirigido por un compañero periodista– y Conchi Sánchez, en Lanza Digital –que sigue dirigido por una mujer, Julia Yébenes–. 
Sin una sola mujer en la estructura directiva

Pese a todos estos nombramientos, en 2024 todavía hay medios que no cuentan con una sola mujer en su estructura directiva, como Vozpópuli. O algunos donde solo hay una mujer en una estructura amplia, como El Confidencial. También ha habido designaciones de mujeres en puestos más intermedios en los últimos años. Solo hay dos medios en la muestra con más cargos ocupados por mujeres que por hombres: Público.es y CTXT.

“¿Cómo iba a protestar si yo era súper minoría? […] Cómo íbamos a reivindicar, si eran los trabajadores de la metalurgia y venían a escondidas a hablar con el redactor para que salieran sus problemas a la luz pública […] No podías hacer un clan. ¿Qué fuerza ibas a hacer?“, recuerda en una tesis sobre pioneras periodistas María Jesús González, una de las primeras mujeres que pisó, a finales de los 60, la redacción de El Correo de Andalucía, siempre dirigido por hombres hasta ahora.

Ahora, también, las redacciones están llenas de mujeres. Se puede y se hace clan. Pero los nombramientos de directoras en la prensa continúan produciéndose con cuentagotas.

Fuente: La Marea

julio 20, 2023

Exiliarse para sobrevivir. experiencias de mujeres periodistas nicaragüenses




  • Se les cuestiona su maternidad al poner en riesgo a sus hijas/os por ejercer el periodismo
  • La prioridad no es la primicia sino llegar a la mayor cantidad de audiencia 

La persecución a las y los periodistas por la dictadura nicaragüense de Daniel Ortega llevó a las mujeres a un exilio masivo para salvaguardar su vida, a partir del 2018.

El movimiento de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), hasta 2022 estima que 200 periodistas se encuentran en el exilio.

Al ser mujeres además del acoso policial, amenazas de cárcel, muerte, criminalización y violencia de género, perpetrados por los grupos paramilitares y de choque afines al gobierno orteguista se les cuestiona la maternidad por poner en riesgo a sus hijas e hijos, incluso por colegas y familiares. Lo que se califica de valentía en los hombres se cuestiona en las mujeres.

Sin embargo, el trabajo periodístico de las mujeres desde el exilio ha sido importante en el caso de la denuncia de los abusos cometidos por la dictadura, la reivindicación de la verdad y exposición de las atrocidades y violaciones a los derechos humanos cometidos.

Todo ello dice el estudio elaborado por La Lupa libro “Exiliarse para sobrevivir. Experiencias de mujeres periodistas nicaragüenses” donde se realiza una radiografía sobre las periodistas a partir de entrevistas y encuestas. De las 23 mujeres encuestadas, 12 trabajan actualmente de forma regular para los medios que trabajaban al salir de Nicaragua. 

Las edades en su mayoría van de los 30 a los 50 años, cinco menores a los 30 años y cuatro mayores a los 50 años. Al momento del exilio se desempeñaban como reporteras, redactoras, directoras, jefas de prensa y presentadoras en televisión y plataformas digitales.


Sin embargo, adaptarse a su nueva realidad trae limitaciones como el sueldo, ya que el costo de vida es más alto en los países donde están exiliadas, no tienen acceso a beneficios laborales del país en que residen ni a pensiones por jubilación en un futuro, aunque estén contentas con el sistema de salud como España.

“Es duro venir al exilio y con un salario nicaragüense. Empezando por el pago del apartamento. Yo nunca pensé llegar a pagar como 500 dólares por un cuarto pequeño. En Nicaragua con 500 dólares me alquilo una gran casa con una piscina”. (Entrevista personal a Anahi, periodista exiliada en Costa Rica).

El cambio de horario, jornadas extras de trabajo autoimpuestas por el compromiso laboral, político y emocional. La frustración al no poder realizar los reportajes en el territorio del cual escriben, verificar la información y encontrar fuentes informativas es casi imposible porque la gente tiene miedo de hablar. “Tengo mi cuerpo aquí, pero el 80 por ciento de mi cabeza está alrededor de Nicaragua y lo que se presenta allá”. (Entrevista personal a Marling Balmaceda, periodista exiliada en España). 

El exilio desigual para mujeres y hombres

El exilio lo viven de forma desigual a los hombres. Desde el momento de exiliarse está latente el ser agredidas por ser mujeres, ya que al salir del país lo hicieron por vía terrestre a Costa Rica, el país vecino, aun cuando el destino final fuera Estados Unidos, México, España o Inglaterra. El 56. 5 por ciento lo hizo por veredas por temor a ser detenidas o torturadas. Solo una utilizo el autobús y fue interrogada durante horas por la policía en la frontera.


El exilio forzoso plantea resistencias y dificultades para construir un proyecto de vida ante un futuro incierto. “La primera etapa del exilio, uno vive en función del retorno, pero ya en este momento no lo es”. (Entrevista personal a Amalia 16, periodista exiliada en España). 

Una vez que se van asentando puede identificar algunos elementos positivos de la nación que los recibe, ya no sienten miedo al salir a la calle, caminar de noche, ser insultadas o ser asesinadas, han recobrado cierta tranquilidad.

“Agradezco el sistema de salud, de sentirme segura aquí y poder caminar por la noche en la calle, sin que un tipo me esté diciendo vulgaridades”. (Entrevista personal a Marling Balmaceda, periodista exiliada en España).
Tres oleadas del exilio

Se detectaron tres oleadas de exilio. La primera a fines del 2018 cuando la presión y la persecución estaba en pleno apogeo con el uso directo de la violencia por las fuerzas paramilitares. 

La segunda entre junio y julio de 2021 con citaciones a la Fiscalía por el caso de la Fundación Violeta Barrios Chamorro por presunto lavado de dinero, pero en realidad era para obstruir a los opositores al régimen dictatorial. María Esther una periodista de radio debió de salir de Nicaragua.

En la última ola en el 2022 la persecución policial se intensifico con acoso, amenazas de cárcel, y criminalización. De manera específica periodistas fueron amenazadas de muerte, hostigamiento en redes sociales, allanamiento a sus casas. La presión de las y los familiares para que salieran del país para salvar sus vidas.
Cambios políticos y pandemia

La situación de las periodistas en el exilio enfrenta otras consecuencias como en Costa Rica con el cambio de gobierno en mayo del 2022, ya que el presidente Rodrigo Chaves apunta a una política más conservadora y de mano dura con la migración. En ese sentido, sienten algunas trabas en la inserción de sus hijos/as en el sistema educativo.

Otro elemento que empeoró la situación de las periodistas en el exilio fue la pandemia del COVID19, dado que las administraciones locales, deshabilitaron las citas y para quienes estaban en España, se quedaron en un limbo administrativo durante meses, porque se les había vencido la tarjeta roja que expedía el Ministerio de Interior. Ese documento era útil porque les permitía, en algunos casos, trabajar y tener una tarjeta de identidad.
La seguridad de las hijas e hijos de las periodistas

Enfrentar la maternidad para las periodistas en el exilio supone un pánico por la seguridad de las hijas e hijos que no se pudieron llevar, y para las que si lograron tenerlos con ellas la tensión es que puedan pasar carencias económicas o asumir las consecuencias del exilio. Entre las que se encuentran perder las redes de apoyo, familiares que les ayudan al cuidado de sus hijas/os, cambio de sistema escolar y hasta xenofobia. 

Además de los juicios de ser mala madre por salir del lugar tradicional que la sociedad le ha atribuido a la mujer: el hogar y el cuidado exclusivo del mismo.

Las mujeres que se sitúan como sujetas activas y que pueden ejercer una profesión, tienden a ser minuciosamente fiscalizadas por su maternidad. Una de las entrevistadas comentaba los reproches que recibía, incluso de sus colegas periodistas, interpelándola sobre el cuidado de su hijo, al punto de revictimizarla cuando sufrió ataques físicos por parte de turbas orteguistas.

“Una de las cosas más difíciles para mí ha sido mudarme cuatro veces de ciudad y eso es complicado cuando tenemos hijas/os porque hay que buscar lo del colegio, donde rentar. Esos procesos tediosos de asentarte y reasentarse ha sido lo más complicado (Entrevista personal a Amalia, periodista exiliada en España).

Un aspecto importante fue el acompañamiento de la comunidad nicaragüense organizada—compuesta por migrantes y exiliados/as. Es una red de acompañamiento emocional y social. Está integrada por amigos/as, familiares o redes de solidaridad nicaragüense resultan una especie de amortiguador que suaviza la dura experiencia.

“Con la comunidad nicaragüense hubo mucho apoyo en cuanto a la integración, dándonos luces con trámites policiales, sanidad y las cosas básicas. Aunque, por el temor, el cansancio de lo de Nicaragua y el miedo por sus familias que todavía están en el país, los grupos se han desintegrado”. (Entrevista a Marling Balmaceda, periodista exiliada en España).
El periodismo en Nicaragua 

Los cuatro años de exilio llevo a las y los periodistas y a las directivas de los medios a reinventar la forma de hacer periodismo. En un inicio fue la clandestinidad, muchas/os de alojaron en casas de seguridad, firmaron con seudónimo. Ahora lo hacen desde el exilio.

Ante la práctica de desinformación por la dictadura con propagación de noticias falsas el periodismo se enfocó en lo que llaman “chequeo de datos”.

Hacer periodismo desde el exilio requiere duplicar esfuerzos, principalmente por el tema de las fuentes informativas, a lo cual se suma, la tensión psicológica que viven muchas periodistas, quienes muchas veces no se encuentran en el estado emocional óptimo, se señala en el libro.

También hay avances y desafíos en el manejo de la información con la tecnología como señala una de las entrevistadas la prioridad no es la primicia, ganar la noticia, sino difundirla lo más posible. Los medios no compiten sino forman alianzas

“Esa competencia de medios, que quien saca la mejor noticia, ¡ya no está! Es una de las grandes lecciones que nos ha dado el gremio periodístico. La unión se ha fortalecido. Lo que ha ocurrido con el periodismo nicaragüense es un fenómeno: Como continúa en medio de la adversidad, atropellos y golpes que hemos sufrido”. (Entrevista personal a Aidalina, periodista exiliada en Costa Rica).

Pero también el flujo de información presenta algunas desventajas. “El reto es cómo hacer que tu noticia resalte más que la desinformación que trata de lanzar el gobierno, porque hay muchísima desinformación en las redes, y los gobiernos también saben de las ventajas de las redes sociales. También han mutado en ese sentido, y las tienen invadidas” (Entrevista personal a Arlen Alejandra Padilla, periodista exiliada en Costa Rica).

Por Elda Montiel
Fuente: SemMéxico
*La Lupa press es un equipo de periodistas feministas de Nicaragua. nfo@lalupa.press

julio 11, 2023

Mujeres periodistas en Condición de Desplazamiento Forzado


De acuerdo con el registro de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), de 2019 a 2022, 12 periodistas han tenido que desplazarse de su lugar de origen debido a amenazas físicas y digitales y violencias psicológicas comunitarias e institucionales que buscaron impedir su ejercicio periodístico.

Ciudad de México y Guerrero son las entidades que menos han garantizado condiciones para que las periodistas puedan continuar en su estado. Otros casos so de Chiapas, Coahuila, Guanajuato, Oaxaca, Quintana Roo y Veracruz.

Se trata de reporteras que hacían coberturas de la fuente política, corrupción y crimen organizado. Sus proyectos periodísticos que se ven pausados o suspendidos de manera definitiva. En los casos donde se han podido identificar, los agresores son funcionarios a nivel municipal y estatal.

Tristemente, tenemos casos de exilio como el de la periodista y defensora Lydia Cacho quien en 2019 tuvo que huir de México. Ella misma narró “El 23 de julio de 2019, unos sicarios entraron en mi hogar, mataron a mis perras, fieles compañeras de mis días, mientras la fortuna quiso que mi viaje encontrara obstáculos para no llegar a tiempo a lo que parecía el último enfrentamiento con la muerte. Hui de México”. Así, tiene cuatro años fuera del país. Tras denunciar una red de tráfico de mujeres, continúa buscando justicia para ella misma mientras sus agresores gozan de impunidad.

El desplazamiento forzado de las periodistas es evidencia de: 1. El alto riesgo en que se ejerce el periodismo, 2. De la falta de justicia para identificar y castigar a los responsables de las amenazas, 3. Del fracaso de la política protección, 4. De la falta de garantías de no repetición y reparación que permitan a las periodistas volver y/o, en todo caso, seguir ejerciendo el periodismo independientemente del lugar donde estén. 

En la investigación “Dejar todo”, CIMAC documentamos el impacto del desplazamiento forzado en la vida personal, familiar y profesional de las periodistas. Se ve afectada su salud física y psicoemocional, y afectaciones al proyecto de vida durante y después del desplazamiento y, por supuesto crisis económica. No existe una política pública para su retorno seguro y las institucionales no dan respuesta a esta realidad.

Garantizar la seguridad de las periodistas exige políticas de protección integrales y feministas para que los gobiernos locales, estatales y federales conjunten acciones para prevenir el desplazamiento, proteger a las periodistas durante el desplazamiento, facilitarles asistencia humanitaria, garantizar condiciones estructurales para el retorno, reasentamiento y reubicación colocando en el centro las necesidades de las mujeres en cada caso particular. 

Por ello, mañana martes 11 de julio de 2023, 15:30 horas en el Goethe-Institute Mexiko, en la Ciudad de México, organizaciones expertas como el Espacio OSC, Consorcio Oaxaca, Centro Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM), Servicios y Asesorías para la Paz (Serapaz), Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos, Red Tdt, Colectivo de personas víctimas de desplazamiento forzado y organizaciones acompañantes, ALUNA Acompañamiento Psicosocial, Red Nacional de Familias de Personas Periodistas Asesinadas y Desaparecidas en México y CIMAC con apoyo de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Goethe Institute, la agencia de cooperación alemana Pan Para el Mundo, nos reuniremos para conversar sobre la situación de las defensoras, comunidades y periodistas en condición de desplazamiento forzado interno.

En dos mesas de dialogo, revisaremos los impactos psicosociales y afectaciones a las personas defensoras, comunidades y periodistas en condición de desplazamiento forzado interno, las acciones que deben realizar las instancias de gobierno, los retos para la atención y prevención del desplazamiento e impactos en el ejercicio del derecho a defender derechos humanos, así como propuestas para la elaboración de planes de retorno, reubicación temporal, y reasentamiento de mujeres periodistas y las rutas para la prevención, atención y protección de personas y comunidades defensoras de derechos humanos y periodistas en condición de desplazamiento forzado interno.

Fuente: Cimac 

enero 31, 2023

Una industria publicitaria a medida de los mandatos



Una industria publicitaria

Los medios de comunicación son cruciales: las mujeres seguimos sin estar representadas de forma equitativa, y cuando lo estamos somos representadas en posiciones tradicionales: hipersexualizadas o maternales. En 2017, la agencia madrileña de publicidad Sra. Rushmore analizó la representación de las mujeres en la publicidad. Según el estudio, los sectores relacionados al deporte, el trabajo y la salud suelen ser representados en publicidad por hombres; mientras que la imagen delas mujeres se utiliza para anunciar belleza, higiene y moda. El análisis de 262 anuncios pertenecientes a más de 50 marcas concluye que en la publicidad las mujeres son menos visibles, por ejemplo, en un entorno laboral. Allí hay una diferencia del 41 % respecto al 59 %, porcentaje en el que son representados los hombres. En paralelo, en el sector de la belleza y la higiene, la mujer representa el 68 % frente al 32 % masculino; y en el ámbito de la moda la presencia femenina alcanza el 63 %, ante un 37 % de los hombres.

Una de las publicidades sexistas más conocidas, fue un famoso anuncio de 1953, donde la marca estadounidense Alcoa Aluminium, orientada a la industria de aluminio, produjo con este material una tapa giratoria de una botella de salsa de tomate, y decidió celebrarlo con un anuncio que decía:«¿Quieres decir que una mujer puede abrirlo?». La imagen ilustrativa era de una mujer con cara de sorpresa. Como este, existen miles de ejemplos en publicidades de todos los tiempos, donde la mujer está representada como tonta, alguien a quien hay que explicarle las cosas, con quien hay que conversar en tono paternalista, y sobre todo, reírse de ella.

Otro recurso en la industria de la publicidad es el de mujeres que educan/dialogan con otras mujeres. En la década del 50, con el boom del consumo después de la Segunda Guerra Mundial, realzar la figura de la mujer dentro del hogar era fundamental para una industria que veía que las compras en general las realizaban mujeres porque durante las horas en donde los comercios estaban abiertos, los hombres estaban en su lugar de trabajo. El modelo de producción industrial también había cambiado, y la aceleración en la producción generó toda una industria audiovisual dedicada a acelerar el consumo.

Así, la marca española de guantes para lavar platos Picot tuvo una gran idea, y tituló su publicidad: «Enséñale desde niña», con la imagen de una madre lavando los platos e instruyendo en esas labores a su hija. El anuncio remataba « (con los guantes Picot) podrá, en cualquier momento, lucir todo el encanto femenino de sus manos». Es cierto que la publicidad ha evolucionado muchísimo, pero nuestras madres y abuelas fueron educadas con ellas como telón de fondo, y visualizar esto nos sirve para saber en tanto mujeres todo el camino que nos falta por desaprender.

Una industria publicitaria a medida de los mandatos

Cuando la publicidad de guantes dice «Lucir en cualquier momento», está hablando de la disponibilidad que teníamos que tener para el entorno cuando así se nos requiriera. Una disponibilidad que nos exigía (y aún hoy nos exige) estar divinas, preparadas, encantadoras todo el tiempo. No es menor que la publicidad hable de la necesidad de mostrarnos agradables, preparadas para cualquier imprevisto. En los años 70, la firma estadounidense Mr. Leggs afirmaba: « ¡Siempre es bueno tener a una mujer en casa!». Como si el eslogan no fuera por demás cosificador, la imagen eran las piernas de un hombre pisando una alfombra con cuerpo de tigre y cabeza de mujer. La cara de la mujer está presionada en el piso por el pie del hombre, que luce su pantalón sin arrugas. Otra icónica publicidad sexista, y por demás gráfica de la industria cultural machista como legado, fue el de la marca norteamericana de ropa masculina Van Heusen: «Enséñale que es un mundo de hombres», con una mujer arrodillada a los pies de la cama llevando el desayuno a un esposo distendido y abierto de brazos.

Las publicidades de perfumes y marcas de la alta moda merecerían un capítulo aparte. Fue en el 2007 que la firma Dolce & Gabbana tuvo que retirar mundialmente un aviso que consistía en cuatro hombres mirando cómo una mujer que estaba en el piso tenía su cuerpo sujetado con fuerza, en una acción claramente agresiva, por otro hombre. Como otras publicidades del rubro, también está dentro de un canon estético que se repite. Hombres musculosos, con miradas desafiantes masculinas y mujeres de miradas lavadas, cuerpos lánguidos, además de una obsesión interesante en representarnos tiradas en el piso: fregando, llevando el desayuno arrodilladas en la cama, o a punto de ser violadas en manada. Da igual, lo que importa es que estemos en el suelo.

Estas publicidades que nos parecen lejanas no paran de reproducirse hoy en día. Las firmas de productos de limpieza insisten en que un superhombre nos explique cómo limpiar, mientras nosotras le agradecemos enamoradas. Una de ellas tiene un modelo publicitario en varios países que consiste en enviar un hombre a diferentes hogares, como agente de limpieza y que representa la marca. Allí lo esperan mujeres, muchas veces con sus hijas como espectadoras, para que haga una evaluación y consiguiente puntuación de cómo limpiaron el baño. Si limpian con el producto de la marca, obtienen un diez, pero si no lo hicieron, el agente les enseñará a limpiar. Hombres explicándole a mujeres cómo limpiar, cuando en todo el mundo duplicamos la cantidad de horas de desarrollo de esta actividad dentro de nuestros hogares, con respecto a los varones, y cuando más del 80 % de las empleadas domésticas en todo el planeta son mujeres. Muy verídico, ¿no?

Si bien el mundo de la publicidad ha evolucionado, como por ejemplo los productos orientados al skincare o los considerados dentro del rubro «beauty» que propone el modelo de mujeres «reales», aún distan de generar un cambio sustancial en el mundo de las representaciones del género.

¿Quiénes son las «mujeres reales»?

El concepto de «mujeres reales» no deja de ser uno en donde la belleza que se ha erigido como modelo también queda en un lugar de irrealidad. Pero ¿no es acaso una realidad a voces que las mujeres seguimos haciendo carrera para pertenecer a ese modelo de mujer? Si bien profundizaré sobre el tema de los cuerpos y la belleza hegemónica luego, me parece una buena pregunta para que nos hagamos. ¿Qué estamos tapando cuando decimos «mujeres reales»? Y creo que es que la industria del consumo desmedido, de las rutinas de belleza eternas o las dietas milagrosas sigue ahí, firmes como siempre. Las mujeres reales son las que están desbordadas por la carga mental de las exigencias diarias, no están con tiempo para sonreír excitadas ante un nuevo yogur. No es más real porque el cuerpo no sea hegemónico, es menos real porque la vida retratada de esa mujer no nos pertenece.

Ahora la industria del consumo nos ofrece seguir en la misma senda pero bajo el disfraz un nuevo mandato: el de ser «reales» y «poderosas». La crema nos empodera, el labial rojo es feminista, con este pelo podremos ser líderes. Todo lo que parece que cambia, en realidad sufre una metamorfosis que se ajusta al discurso de la época para seguir vendiendo. Sigue vendiendo y sigue armando aparatos comunicacionales que nos disparan imágenes constantemente sobre ese lugar al que debemos llegar para ser felices, y ahora, además, fuertes. El mundo de la publicidad y del marketing, sin embargo, de a poco se va adecuando a los cambios de la época que proponen representaciones diversas para romper con los estereotipos de género. En el esfuerzo, los departamentos creativos han tenido que actualizarse, no sin hacer bastantes estragos por la falta de formación en estos temas, volviendo a caer una y otra vez en los estereotipos tradicionales. Durante el año 2017 una famosa crema corporal creyó buena idea usar como slogan «nuevo rosa». Era básicamente la misma publicidad que habían realizado desde siempre: mujeres modelos en un estridente rosa(sus habitaciones, ropas, accesorios, todo en distintos tonos de rosa y derivaciones de este color) que, relatado bajo una supuesta épica del empoderamiento femenino, terminaba no proponiendo nada nuevo, y peor aún no mencionando la cantidad de cosas por las que atravesamos las mujeres, algo que al menos nos podría hacer sentir identificadas.

El «nuevo rosa» de novedoso no tenía nada. Se reproducían los mismos estereotipos, y la misma necesidad de ser aceptadas por una mirada externa. Como remate, la marca utilizaba la figura de un emblemático actor argentino que mirando a cámara con voz seductora decía: «Así escomo me gusta la piel de la mujer». Una crema para gustarle al otro —a un hombre—, mientras mujeres súper jóvenes y flacas sonreían sin razón alguna, moviendo sus cuerpos en una especie de movimientos de baile sin ningún significado. La necesidad de retratarnos como tontas parece ser aún hoy como en 1950 el esquema básico para diseñar una campaña de algún producto de belleza. En el mismo sentido, se hicieron virales las publicidades de una importante tienda departamental española, una campaña por el Día de La Madre del año 2019 que provocó tanto repudio que debió ser retirada. La campaña mostraba imágenes de diversas mujeres con unas bajadas por demás llamativas: «97 % entregada, 3 % egoísmo, 0 quejas». Se ve que los creativos no tenían una madre al lado para inspirarse, porque parece que nunca escucharon gritar a ninguna después de que las tareas nos tapan y no damos abasto. Las madres gritamos, nos quejamos y nos comemos las golosinas de nuestros hijos. Ojalá fuésemos más egoístas y menos entregadas. Ojalá este estereotipo de la buena madre que ha percibido algún creativo publicitario no fuera cierto. Pero si esa publicidad existió, es porque aún hoy se cree que una buena madre es aquella que sonríe, y espera con todos los quehaceres listos al resto de los miembros de la familia cuando vuelven al hogar. Al menos hasta que la hija mayor herede ese mandato, y siga recorriendo esa tradición con sus hijas e hijos, o en el mejor de los casos, la rompa. Otra de las brillantes ideas de esa misma campaña fue poner a una mujer más mayor de lo que suelen verse en las publicidades con el siguiente mensaje: «50 % paciencia, 50 % comprometida, 0 % tinte», remarcando como un rasgo de poder personal no teñirse el pelo. A esta altura, no sabemos que han querido decir, si es que era bueno que no le importara cubrir sus canas, o si es que no tenía tiempo para hacerlo por su entrega. Todas estas publicidades tenían un mismo remate: «100 %madre». Parece que eso era lo que definía a todas esas mujeres, un mensaje que dice que cuando somos madres, todo lo demás que pueda constituirnos en nuestra matriz personal se borra. La inmediatez que nos ofrecen las redes sociales e Internet también funciona como curadora de contenidos, y sin duda que campañas como esta deban ser retiradas es un puntapié para una industria que exige ser revisada con lupa aunque sus fallas estén a simple vista.

Las mujeres y las identidades binarias se imponen para dejar de ser representadas de manera excluyente, y entienden que por años a la industria de la publicidad le convino retratarnos con desprecio, para volvernos más dependientes de la excesiva industrialización de la belleza. Los cuerpos marginados dentro de esta industria, hoy se abren paso para posicionarse como cuerpos dignos de ser representados, y sobre todo para poner un alto a la agresión pasiva sobre ellos. Le plantamos bandera a una industria que necesita seguir vendiendo y que necesita personas inseguras, insatisfechas e infelices, con sus subjetividades dañadas por un Photoshop que nos vendió por años imágenes de mentira. Por suerte, los cambios van llegando de a poco. Un poco motivados por la conversación virtual y masiva que se hace sentir en las redes sociales, y que ya no deja pasar una publicidad (tan) sexista sin cuestionarla, y otro poco porque los departamentos de publicidad deciden consultar a expertas y expertos, o formarse para que los mensajes que se pretenden dar trasciendan lo comercial y aporten un valor social que apele a la reducción de las prácticas discriminatorias, e incluso incentiven políticas públicas. Este último es el caso de una conocida firma argentina de blanquería para el hogar, que durante el año 2017 pidió el asesoramiento de organizaciones relacionadas al trabajo en derechos humanos y propuso una publicidad para el Día del Padre que consistía en pedir por licencias paternales más extendidas como verdadero regalo.

Una industria publicitaria a medida de los mandatos

De esta forma, bajo el lema: «Más días para cuidar» se ponía en primer plano un problema fundamental: las restricciones que existen en las licencias por paternidad para los hombres, en Argentina (y gran parte de América Latina). Apelando a la emotividad que nos produce ver hombres en las tareas de crianza —algo que se festeja de manera efusiva cuando la realizan los varones, y que se da por naturalizado en el caso de las mujeres— la compañía decidió ir más allá y plantear un problema político.

La falta de representación sobre problemáticas o cuerpos reales ya no le es indiferente a las mujeres. Un estudio de la consultora londinense Kantar, realizado durante el 2018, determinó que el 85 % de las mujeres no se sienten representadas por la publicidad. El avance de los movimientos feministas en el mundo provocó que cada vez más las mujeres seamos conscientes de la violencia omnisciente que la publicidad en general ejerces obre nosotras, al estar siempre retratadas desde modelos físicos que distan mucho de la realidad y que están modificados digitalmente de forma cada vez más escandalosa.

Freijo, M: (Mal) Educadas, Club del eBook en español, Argentina, 2020.

enero 27, 2023

con la A: una aventura de colaboración y amistad feminista


Foto de Magali Bermúdez

con la A es la magia de las amistades profundas que permiten ir tejiendo lazos con otras personas con base en la confianza

Once años, casi, se dicen pronto. Cuando empecé la aventura de colaborar con Alicia Gil para incluir voces de América Latina y el Caribe en la revista, creada desde España con una mentalidad abierta a otras regiones, ideas y formas de hablar y actuar el feminismo, no pensé en el tiempo. Se inició para mí un trayecto que no tenía fecha límite y que por lo mismo ha ido formando parte de mi vida, como si fuera para siempre. Esta posibilidad de emprender un viaje sin fecha de culminación se la debo primero a mi amiga y colega Irma Saucedo y a Alicia, y luego a todas las y los articulistas que aceptaron nuestras invitaciones a colaborar con un texto o a coordinar algún monográfico sobre temas que nos parecían importantes y no eran necesariamente de nuestra especialidad. Irma me propuso colaborar con su amiga y colega Alicia y ésta confió en mí sin conocerme. Esta es la magia de las amistades profundas que permiten ir tejiendo lazos con otras personas con base en la confianza. Alicia y yo no nos hemos conocido en persona, apenas nos hemos visto en zoom algunas veces y hemos hablado otras por teléfono. Con todo, la siento cercana y puedo decir que, además de una colaboración muy estrecha y continuada, al principio cada mes, luego cada dos meses, construimos amistad y cercanía, lo más valioso en este mundo tan hiperconectado, pero no siempre propicio al diálogo ni al intercambio intelectual y vivencial. Por eso lo primero que quiero hacer aquí es dar las gracias a Alicia, a Irma, a las fundadoras y socias de con la A, a Bethsabé Huamán, amiga y colega, community manager y colaboradora de la revista junto con María Garrido, quienes hicieron posible este proyecto independiente de reflexión y diálogo feminista a través del océano y de fronteras que el castellano, la solidaridad y la generosidad nos han permitido atravesar.

Desde América Latina y España, con la A ha logrado publicar, con éste, 85 números sobre temas diversos, de actualidad evidente o que era necesario sacar a la luz. Si cada noviembre lo dedicamos a tratar algún aspecto de la violencia machista, como recordatorio y denuncia de un problema global contra el que el feminismo ha luchado desde hace décadas, si no siglos, en otros meses abordamos asuntos de interés aquí y allá con el fin de intercambiar ideas con entera libertad, rigor y diversidad. Dedicamos varios números a la paz, tan necesaria, a la pobreza y la migración que en esta década se han intensificado y tanto han golpeado a mujeres, niños y niñas y hombres que merecerían y merecen un presente y un futuro mejor. También hemos tratado la situación de mujeres rurales, empresarias, mujeres mayores, creadoras, deportistas, juristas, lesbianas, gitanas, represaliadas y exiliadas… Todas ellas y tantas más forman parte del ser mujer en este mundo, nos inspiran a pensar en “otro modo de ser”, en otros modos de imaginar y vivir el mundo. Aunque no logramos siempre incluir a todos los países de América Latina y el Caribe, en lo posible invitamos a colaborar a mujeres cuyas voces no siempre se escuchan o leen en los grandes medios: así, aceptaron participar con nosotras colegas de El Salvador o Nicaragua y pudimos dedicar monográficos a mujeres de otras geografías (Mauritania, Túnez, Marruecos, Hispanas en Estados Unidos), con lo cual afirmamos los vínculos entre las luchas y aspiraciones de las mujeres en el mundo, desde una perspectiva feminista. 


Los temas que hemos ido tratando dan cuenta también de nuestra intención de responder a los cambios en el mundo a la vez que reiteramos aquello que necesita todavía cambiarse

Los temas que hemos ido tratando dan cuenta también de nuestra intención de responder a los cambios en el mundo a la vez que reiteramos aquello que necesita todavía cambiarse: la pandemia, por ejemplo, no podía pasar desapercibida, con todo el peso de cuidados, trabajos adicionales y carga emocional que implicó para muchas mujeres y jóvenes; el cambio climático representa un reto para nuestra generación y las más jóvenes, ante el cual todas tendríamos que poner nuestros mejores esfuerzos. Por otro lado, en con la A también dimos cuenta de los avances logrados en algunos de nuestros países en cuanto a los derechos sexuales y reproductivos, así como de los retrocesos o estancamientos que, desafortunadamente, exigen nuevos esfuerzos de feministas, mujeres organizadas y agentes progresistas para seguir defendiendo estos y otros derechos contra los embates conservadores. En este sentido, quienes nos han dejado a lo largo de estos años, como la crítica literaria chilena Gabriela Mora y la médica feminista mexicana Sandra Peniche, nos han legado un ejemplo de fortaleza y dedicación que hemos de honrar. 

Abordar estos temas y otros que pueden consultarse en el índice de la revista ha sido posible gracias a múltiples actos de generosidad. Primero, el de las fundadoras y socias y de la propia Alicia, directora excepcional de con la A; luego, los de las articulistas que colaboraron las más de las veces sin remuneración, por el simple deseo de compartir sus pensamientos, saberes y sentimientos, de los colegas que aceptaron compartir su punto de vista; de las escritoras -conocidas o en sus inicios literarios- que embellecieron cada número con su prosa o su poesía, de las caricaturistas, Diana Raznovich y Cintia Bolio, que nos regalaron humor, imaginación, inteligencia, en cartones ingeniosos y críticos, Pilar Muñoz y Marisa Manchado que, respectivamente, nos descubrieron nombres de pintoras y músicas olvidadas o relegadas al margen por una cultura sesgada por un canon masculino y excluyente. Recordarlas, aunque no incluya los nombres propios de todas y cada una de las colaboradoras, es recordar el gusto de conocerlas, casi siempre sólo por correo-e y a través de sus textos, agradecer la confianza en con la A y confirmar que tenemos mucho que decirnos, aunque los intercambios sean breves. Sus escritos y colaboraciones forman parte ya de una revista que se lee, se discute y que ha sido reconocida con tres premios, el último a la continuidad, que, digámoslo, no es un logro menor en el ámbito de las revistas en América Latina y España, y en el feminismo.


Uno de los legados de esta primera etapa de con la A es la confirmación de la solidaridad feminista, de lo mucho que podemos lograr si fortalecemos lazos y dialogamos más y más

Por todo esto, para mí con la A ha sido una casa abierta al mundo, al intercambio y a la amistad; una aventura en que mucho he aprendido, sobre revistas, feminismo y problemas contemporáneos desde luego, y, más importante, sobre la capacidad de trabajo y la solidaridad de mujeres de edades y ocupaciones diversas para hacer florecer una iniciativa común. Creo que uno de los legados de esta primera etapa de con la A es la confirmación de la solidaridad feminista, de lo mucho que podemos lograr si fortalecemos lazos y dialogamos más y más. A mí, por lo menos, con la A me permitió mantener y renovar la esperanza en más de un momento difícil, cuando me parecía que nada cambiaba ni cambiaría en México y poco mejoraba en algunos lugares del mundo.

Reafirmar la potencia feminista y el deseo de cambiarlo todo, retomando el título del libro de Verónica Gago, no es un sueño utópico sino una necesidad en el contexto actual. El presente y el futuro en más de un sentido son adversos para las mujeres, sus derechos y sus sueños. La deplorable e indignante situación de las mujeres y niñas en Irán y Afganistán, la intensificación del apartheid en Palestina, la invasión de Ucrania y la represión en Rusia contra quienes se oponen a la guerra, el backlash machista en muchas regiones de Estados Unidos, el ascenso de los autoritarismos populistas en México, Italia y otros países, no permiten ser optimistas. Los conflictos, tormentas y recurrentes malas noticias no pueden apagar, sin embargo, nuestras ganas de vivir en un mundo más libre y más justo, de seguir trabajando contra la opresión, en favor del derecho de todas a una vida sin violencia, del derecho a ser y crecer libres, a estudiar, florecer y soñar.

con la A llega, por ahora, al final de una etapa de casi once años. Como en otros casos de revistas feministas independientes, las limitaciones económicas han llevado este proyecto al límite. Sin embargo, quiero pensar que sólo estamos en pausa y que nos será posible dar continuidad a todo lo hecho desde este otro lugar. Las de “allá”, que somos las de “acá”, quienes hemos colaborado desde este otro lado del charco, haremos lo posible por iniciar una nueva etapa, y continuar el trabajo de quienes construyeron desde sus deseos, uniendo voluntades, una revista que ha logrado alcanzar a siete mil personas a través del mundo, nuestras lectoras y lectores que nos han permitido seguir juntas todo este tiempo. Por ahora estamos en la incertidumbre y no queda sino decir ¡adiós!

Desde luego también, siempre, a todas y todos, ¡gracias!

¡Gracias, querida Alicia, gracias con la A por esta aventura luminosa!

Referencia curricular

Lucía Melgar es crítica cultural y profesora de literatura y estudios feministas. Ha sido coordinadora de con la A para América Latina desde 2012.

Fuente: Con la A

diciembre 15, 2022

La británica Emma Tucker será la primera mujer que dirige 'The Wall Street Journal'


Emma Tucker /CORTESÍA DE NEWS CORP.

La británica Emma Tucker, actualmente responsable de 'The Sunday Times', será la nueva directora de 'The Wall Street Journal', según anunció este lunes Dow Jones, la empresa editora del diario económico estadounidense.

Tucker, de 56 años, asumirá el cargo el próximo 1 de febrero y estará también al frente de la agencia Dow Jones Newswires, explicó la compañía en un comunicado.

En el puesto reemplazará a Matt Murray, que ha dirigido los dos medios desde 2018 y que pasará a ocupar un alto cargo en News Corp, el grupo de medios propiedad del magnate Rupert Murdoch y dueño de Dow Jones.

Murdoch controla también el británico The Sunday Times', donde Tucker llegó tras una dejar 'The Financial Times' y donde ocupó varios puestos antes de ser nombrada directora.

"Líder enérgica"Noticias relacionadas

Almar Latour, consejero delegado de Dow Jones, calificó en un comunicado a Tucker como una "líder enérgica y con experiencia" capaz de lograr en 'The Sunday Times' un crecimiento "sustancial" de las suscripciones y acumular premios por sus coberturas periodísticas.

Latour destacó también los logros de Murray al frente de 'The Wall Street Journal', que entre otras cosas ganó un premio Pulitzer en 2019 y vio cómo en cuatro años sus suscripciones se doblaban hasta casi 3,8 millones.

diciembre 03, 2022

La pregunta sexista que descolocó a las primeras ministras de Finlandia y Nueva Zelanda en una conferencia de prensa

Un periodista les consultó a Sanna Marin y Jacinda Ardern si el propósito de su reunión bilateral estaba relacionado con su edad y sus “cosas en común”.


La primera ministra finlandesa, Sanna Marin, y su homóloga neozelandesa, Jacinda Ardern, son dos de las jefas de gobierno más jóvenes entre un pequeño porcentaje de mujeres líderes mundiales, fueron sorprendidas durante una conferencia de prensa conjunta en Nueva Zelanda por una pregunta inoportuna de un periodista respecto a su edad y a su género.

“Mucha gente se preguntará si ustedes dos se reúnen sólo porque son similares en edad y, ya saben, tienen muchas cosas en común, como cuando entraron en política y eso… O si los kiwis [neozelandeses] pueden esperar más acuerdos entre sus dos países”, preguntó el periodista de la cadena de radio neozelandesa Newstalk ZB a las mandatarias en Auckland.

Ardern, de 42 años, quien frunció el ceño y luego sonrío ante la inesperada consulta, se apresuró a cortar al interrogador.

“Me pregunto si alguien ha preguntado alguna vez a Barack Obama y John Key si se conocieron porque tenían una edad similar”, dijo, en referencia a los exgobernantes de Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Obama y Key nacieron con pocos días de diferencia en 1961.

“Por supuesto, tenemos una mayor proporción de hombres en la política, es la realidad. El hecho de que dos mujeres se encuentren no es simplemente por su género”, agregó Ardern.

Luego, enumeró las relaciones comerciales entre los países y añadió: “Nuestra reunión de hoy es una oportunidad…[de] aprovechar realmente las oportunidades económicas entre nuestros dos países, ya que es nuestro labor fomentarlas, independientemente de nuestro género”.

Marin, de 37 años, que se encuentra en Nueva Zelanda con una delegación comercial finlandesa, fue concreta en su respuesta, e indicó que el propósito de su visita al país era con fines políticos: “Nos reunimos porque somos primeras ministras”, señaló entre risas.

La visita de la primera ministra de Finlandia al hemisferio sur finaliza en Australia a finales de esta semana. Es la primera vez que una ministra finlandesa viaja a Nueva Zelanda.

Durante su reunión bilateral, Marin y Ardern discutieron cuestiones como la recesión económica mundial, el costo de vida, reforzaron su compromiso con Ucrania en la invasión rusa y expresaron su preocupación por las protestas en Irán.

“También me preocupa la situación en Irán en estos momentos… las valientes mujeres que protestan contra las leyes y la situación de seguridad de las mujeres en Irán, tenemos que abordar este tipo de cuestiones juntos”, dijo Marin.

Agencia Reuters
Fuente: Mural de Género

noviembre 12, 2022

Islas y ecos: mujeres y prensa del videojuego

La prensa del videojuego en España es un ecosistema espejo de los problemas sistémicos de la industria: desigualdades y puertas de entrada cerradas. Analizando las dificultades y añadiendo al discurso en torno a ellas buscamos dar voz a las realidades detrás de los textos sobre videojuegos con firma femenina.

La actriz y guionista Mary Pickford en su escritorio, en 1918 

Ser mujer y jugadora: un vistazo cansado al panorama patrio

¿Quién está en el centro de la industria del videojuego? Con apabullante mayoría, la industria mainstream responde que son los gamers. El concepto de gamer, sin embargo, es exclusivo y excluyente. Son hombres, cis-hetero (por si cabía alguna duda), que juegan serio y competitivo, que se saben en el centro y por ello exigen su espacio y empujan hacia los márgenes, siempre, a las otras (aquí utilizamos el femenino genérico, pero aludimos a cualquier grupo que no se adhiera al concepto). Y es que la existencia de este público objetivo tan marcado crea un ecosistema rizomático donde las otras, jugadoras, no existen. Por ende, tampoco existen las otras desarrolladoras, programadoras, directoras, guionistas. Tampoco existen las otras escritoras, periodistas, críticas. Sin embargo, sí. Existimos.

Y tenemos multitud de espacios para cohabitar, compartir y existir.

Puede existir la impresión de que existimos solo porque así lo empezaron a señalar los datos desde hace unos años, cuando hablar de presencia de mujeres en cualquier sector empezó a generalizarse. Si nos vamos a las estadísticas, según el Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos de 2021 (el último publicado), en 2020 un 23% de las trabajadoras en estudios de videojuegos españoles eran mujeres, frente al 16% de 2014. Si se contrasta con la cifra de jugadoras (denominadas gamers por esta publicación, un término que muchas de nosotras rechazamos), que alcanza el 48% según sus encuestas, se hace palpable el salto que existe entre ser aficionada a los videojuegos y creer que puedes unir tu futuro laboral a ellos.

Sin embargo, esta existencia sobre el papel se vuelve tibia, insustancial, cuando en titulares y renglones se acusa la falta de mujeres en el sector pero se evita explorar las causas estructurales que habitan detrás de estos números. Haciendo una búsqueda rápida por la Red, nos podemos encontrar titulares que reclaman clics como “Ah, pero ¿las mujeres también juegan a videojuegos? La aportación femenina al mundo digital ha cambiado radicalmente en los últimos años” o frases lapidarias de mundo recién descubierto tales como “las mujeres ya están dando sus primeros pasos de jugadoras a desarrolladoras”. Son ejemplos de afirmaciones muy desafortunadas y poco trabajadas que parecen revelar con paternalismo que si las mujeres no tenemos más presencia en la industria del videojuego es porque somos demasiado tímidas para atrevernos, demasiado sumisas para pensar que podemos trabajar donde nos salga del corazón y del intelecto. Como si no hubiera compañeras que llevan décadas trabajando e intentando hacerlo, en muchas ocasiones dejándose la salud en un entorno tan hostil y patriarcal en el que la precariedad laboral, además, está muy presente –no hay que olvidar que la considerada como primera persona programadora de ordenadores es una mujer, Ada Lovelace (1815-1852)–. Las informaciones enfocadas de esta manera nos ponen en el centro como responsables de la falta de presencia de mujeres en la industria. Mujeres siempre ha habido; oportunidades, no tantas.

Esta existencia sobre papel se vuelve tibia, insustancial, cuando en titulares y renglones se acusa la falta de mujeres en el sector pero se evita explorar las causas estructurales que habitan detrás de estos números.

Nos gustaría pensar que somos muchas creando, hablando o disfrutando de los videojuegos aunque no ocupemos lo mainstream, y que a veces, cuando llegamos a él, existimos. Pero bien es cierto que llegar a este lugar no es una garantía para ninguna, y que abre la caja del odio virtual a espuertas, expulsando a aquellas que podrían ejercer el cambio, disuadiendo a muchas de atreverse siquiera a entrar a un lugar que pareciera no está hecho para que ellas quepan.

Existe una disidencia, un compuesto de espacios donde habitamos, pero no son suficientes para alcanzar a todas aquellas que estén aisladas. Como dice Joanna Russ en su libro Cómo acabar con la escritura de las mujeres: «Sin modelos, es difícil trabajar; sin contexto, es difícil evaluar; sin compañeras, es casi imposible hablar». Necesitamos que todo esto exista.

Escribir sobre videojuegos: ¿prepararse para la batalla?

Al final, se crea una lucha inherente a esa misma presencia, una manera de habitar el mundo para nada desconocida para todas aquellas que defienden realidades disidentes. Escribir sobre videojuegos se presenta en ocasiones como la entrada a un campo de batalla: los pasos han de ser medidos y pensados, la mirada bien enfocada para estar seguras de en quién podemos confiar y, sobre todo y lo más agotador, las manos están obligadas a agarrar el teclado como si se tratara de un arma, con firmeza y sin vacilar. Quizás este símil pueda sonar exagerado, pero nosotras, las que escribimos, sabemos bien que ser mujeres y escribir sobre videojuegos –y escribir en general, como hemos apuntado– en pocos momentos resulta una tarea agradable, sobre todo si se quiere alcanzar un altavoz que salga de los espacios seguros y llegue a un público generalista.

Y es que en la puerta visible del videojuego, que es la conversación en torno a él, tampoco estamos todas. La prensa especializada, íntimamente unida a los movimientos de la industria, la sigue de cerca en cuanto a desigualdades (y ambas en ocasiones van pasitos por detrás de la tendencia social). Si ni siquiera existen estos modelos, este contexto, estas compañeras habitando el videojuego, ¿quién puede entrar?

En su artículo «Presencia y rol de la mujer en el periodismo de videojuegos: un análisis de las redacciones y la crítica cultural de los medios especializados españoles» (2022) García-Borrego, Montes-Rodríguez, y Ruiz-Aguiar hacen un exhaustivo análisis de la prensa del videojuego en España, y de cómo las estructuras que sujetan estos modelos en la industria garantizan su repetición en las publicaciones que la tratan. Consultarlo es una experiencia abrumadora, ya que, según sus datos, los hombres ocupan el 81,4% de las plantillas, y solamente en uno de esos medios se invierte el modelo de presencia de las mujeres. Pero no solo eso: en el global de publicaciones de 25 años de prensa del videojuego en España, solamente 3,6% de los análisis de los títulos han sido firmados por jugadoras.

¿Qué pasa aquí? Si nos referimos al dato anterior, no es por falta de jugadoras. Siempre hemos existido, a pesar de que no hubiera títulos que nos apelaran, a pesar de la falta de representación (la sexualizada no cuenta), a pesar de que nuestras familias no nos dejaran jugar (porque no cumplían con unos roles de género anquilosados). Sin embargo, la barrera de entrada para formar parte de la conversación en torno a un espacio que nunca ha sido compartido contigo, o que nunca te ha apelado directamente, es casi más complicada de atravesar que el espacio en sí. Encontrar un refugio donde crecer, compartir y debatir se convierte en algo esencial.

No hay nada que todavía no se sepa, nos tememos. Las estructuras deformadoras que existen en otros tantos hábitos del pensamiento que afectan a las mujeres se reproducen también en aquellas que quieren, queremos, escribir sobre videojuegos. En los últimos años se ha producido un aumento de la consciencia en cuanto a cómo habitamos los espacios. No obstante, esto suele intentar paliarse con parches a medio colocar que buscan darle brillo al titular que ha elegido un hombre blanco heterosexual: compañeras son invitadas a mesas redondas que discuten la problemática de la inclusión en la industria y en la prensa pero no a otros debates en los que la mujer no está en el centro, medios se hacen eco de estudios como el anteriormente citado sin hacer autocrítica y en las redacciones de medios independientes va aumentando el número de firmas femeninas pero las estructuras siguen siendo mayoritariamente masculinas. Mientras, artículos publicados por mujeres siguen siendo objeto de crítica y acoso, y a diario hay compañeras que deciden dar un paso atrás y concentrar sus energías creativas en actividades que no hagan peligrar su salud mental.

Nosotras mismas, en muchas ocasiones, nos hemos preguntado si no merecía la pena hacer lo mismo. No vivimos de esto –«ojalá», nos susurra una vocecilla tímida detrás de la nuca– pero, aun así, sentirnos bajo la presión constante de tener que demostrar que valemos es un precio que en ciertos momentos queremos negarnos a pagar. Los espacios a nuestro alcance, eso sí, son lugares que a menudo deben ser parcelas aisladas de ciertos públicos para que nos sintamos del todo seguras, a pesar de que esto también conlleve sus arista.

Voces atrapadas en cámaras de eco

Habitamos cámaras de eco discursivas donde existir disidentes. No es casual que existan publicaciones solo para mujeres y personas NB como TodasGamers o Terebi Magazine, donde se crean redes de apoyo que, en ocasiones, van más allá del propio discurso de los videojuegos (o como FemDevs, asociación que se encarga de lo propio con las compañeras desarrolladoras de videojuegos). Son espacios desde donde reclamar nuestro lugar en el discurso y legitimarlo, a la vez que formar voces nuevas y dejarlas entrar. Sin embargo, esto también nos relega a un nicho, a la condena de que nuestras ideas y reivindicaciones no salgan de un grupo que ya las conoce.

Salir de la cámara de eco, además de suponer un riesgo por exposición, conlleva también una serie de responsabilidades que se imponen desde dos vertientes: la propia y la ajena. Como responsabilidad auto-impuesta (no por ello innecesaria), tenemos la de visibilizar a las compañeras y sus discursos, la de condenar las malas prácticas y brechas de género en espacios donde otros no lo hacen, la de demostrar que estamos ocupando ese lugar porque lo valemos, porque tenemos los conocimientos necesarios, la de justificar nuestra asistencia, aunque sea fugaz. Y esto se hace cuanto poco más difícil si examinamos que además no tenemos puestos altos en estas redacciones y solemos, simplemente, colaborar.

Pero esto no sería suficiente: para existir plenamente como escritoras en la prensa del videojuego no podemos ser islas.

En estas presencias puntuales hay restricciones y alguna exigencia, porque, según el análisis de García-Borrego, Montes-Rodríguez, y Ruiz-Aguiar (2022), tratamos solamente aquellos juegos sobre los que nos permiten hablar. Esto también nos relega a un margen reducido de acción y visibilidad, a la vez que legitima la figuración injusta de que solamente nos interesan ciertos tipos de juegos, así como determinados discursos. Los títulos producidos en un ámbito más independiente (económica y temáticamente) y de aspiraciones más narrativas que mecánicas, ahondando en aspectos como las emociones que producen en las jugadoras, suelen ser aquellos objetos de los que se espera que hablemos. Porque se les debe dar un enfoque más íntimo, más profundo, y ahí es donde se espera que en la prensa de videojuegos entren sobre todo las mujeres.

Algo perdidas en estas cámaras de eco, en muchas ocasiones nos preguntamos si escribimos de lo que queremos escribir o simplemente de aquello de lo que se espera que escribamos. No podemos aludir a la comodidad de parapetarnos detrás de ciertos temas en los que nos sentimos más cómodas pues, como hemos señalado, son escasos los momentos en los que existe la holgura cuando escribimos para públicos generalistas.

Parte de la solución pasa por expandir estos espacios, estas cámaras de eco, lo que nos permitiría habitar lo mainstream y sus discursos sin odio, sin restricciones, sin mayores imposiciones que aquellas con las que ya cargamos (que suponen por sí solas una puerta de entrada). Pero esto no sería suficiente: para existir plenamente como escritoras en la prensa del videojuego no podemos ser islas. Necesitamos modelos, contexto y compañeras para que el mainstream se convierta en un espejo lo más fiel posible a nuestros espacios seguros. Y por suerte, existen. No somos las primeras ni seremos las últimas: en el documental Nerfeadas, multitud de compañeras denuncian los abusos y la inestabilidad de las mujeres y personas NB en el sector de los videojuegos en España; en Protesto, un grupo de expertas en Game Studies analizan el sector con perspectiva feminista. Y poco a poco somos más las que reunimos fuerzas y ganas para asumir los riesgos y hablarle a cualquier tipo de público.

Quedan saltos que dar y muchas responsabilidades por asumir. Estas últimas, sin embargo, no son las nuestras propias, sino las de una porción del público de la prensa del videojuego que se escandaliza cuando hay una voz femenina en su podcast o alguien decide escribir en femenino o neutro (y frente a esto decide, en ocasiones, atacar personalmente a la trabajadora). También es responsabilidad de los medios abordar sus problemas de inclusión y crear más de un espacio para nosotras, denunciar las irregularidades de la industria y crear una voz conjunta que no suene a gamer. Dejarnos a nosotras “los temas sensibles” y la labor de sacar la basura resulta fácil y frecuente pero también muy abusivo: la solución ha de pasar por una responsabilidad compartida, siempre.

La labor conjunta debe condenar y hacer un cortafuegos al odio en las redes, dar la cabida que es justa a las mujeres en las redacciones y visibilizar su trabajo. Aunque haya algunos espacios, nuestros hogares dialécticos, que hagan lo propio, no es solamente su responsabilidad. Porque sin más voces, el discurso en torno a los videojuegos será un espacio yermo, estanco e insuficiente.



Clara Doña Granero es crítica de videojuegos y literatura comparada. Por su parte, Elena Cortés Alonso es periodista y escritora de ficción y de lo que le echen. Ambas llevan años buscando intersecciones y peleando para buscarle la vuelta cultural al mundo de los videojuegos . Han colaborado y colaboran con artículos y podcasts en medios como Terebi Magazine, Revista LOOP, NAT Moderada, Anait Games o Nivel Oculto.

Fuente: El Salto

Sí a la Diversidad Familiar!
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