Mostrando las entradas con la etiqueta Sororidad Feminista. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Sororidad Feminista. Mostrar todas las entradas

agosto 10, 2024

Un espacio de asesoramiento y atención ante violencias machistas que funciona en La colectiva

Socorro Violeta se planta con una narrativa que da pelea frente al odio, el hostigamiento y la falta de interés del Estado en las conquistas de género. Con atención personalizada y la necesidad de seguir pensando discursividades feministas, la iniciativa busca "tejer dignidad y esperanza en la búsqueda de reparación".


Gisel Barrionuevo y Carla Nuñez. 

En 2011, Gisel Barrionuevo estaba terminando la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires. Sentía que estaba preparada para denunciar el abuso sexual que había sufrido por un familiar en la niñez. Con el acompañamiento materno, afectos y redes profesionales, fue su padre quien se acercó al Socorro Violeta en busca de contención. 

Ese espacio forma parte de La Revuelta Colectiva Feminista, de Neuquén, y desde 2009 brinda asesoramiento y contención ante violencias machistas. “Fue una enseñanza que dejó una forma nueva de tejer dignidad y esperanza en la búsqueda de reparación”, dice Gisel, y agrega que hoy habita el espacio Socorro Violeta para sostener procesos desde perspectivas interseccionales. 

Carla Nuñez es abogada y fue convocada a integrar el Socorro Violeta en 2022, cuando la Revuelta creó la Escuela Feminista Graciela Alonso, desde donde se impulsaron distintos ciclos de talleres. Uno de ellos fue “Dónde están las feministas”, que resultó una experiencia muy significativa para Carla y a partir de esa participación integra el Socorro Violeta. Ambas forman parte de este espacio junto a otras cinco activistas feministas: psicólogas, trabajadoras sociales y docentes. Así acompañan en esta coyuntura de desmantelamiento de programas y políticas públicas contra las violencias machistas.

Dice Gisel: “Socorro Violeta está siendo un espacio que disputa sentidos en general. Nos importa y fortalecemos la atención presencial, y también lo ampliamos para que en lo público haya tramas colectivas y feministas. El gobierno nacional elige formas de gobernar que se asientan en lo que Achille Mbembe llama Necropolítica, donde denunciamos que se decide sobre quién debe vivir y quién debe morir. Ante esto anunciamos pedagogías feministas, construimos otras discursividades posibles para leer mundos y cristalizamos las redes que sostienen las vidas en espacios áulicos, callejeros, virtuales, laborales, familiares e institucionales”.


Actividad con Thelma Fardin en la Universidad del Comahue

La importancia de la reparación colectiva

En el marco de este espacio compartieron semanas atrás una actividad en la Universidad del Comahue junto con Thelma Fardín, cuya visita se produjo en un contexto especial, luego de la condena a Juan Darthés en Brasil. Un encuentro de alta potencia feminista en el que brotó “una otredad de voces sobre violencias machistas en mujeres de distintos sectores y clases sociales”, señala Gisel. Y suma: “Eso es una ruptura respecto a los escenarios oficiales que pretenden subalternizar lo que tenemos para decir. Además, cada relato refuerza los procesos reparatorios, desde donde emergen preguntas nuevas y de forma espiralada nos interpelan, porque reafirma verdades que forman parte de los movimientos feministas en el mundo, y es que nos seguimos teniendo entre nosotras y nosotres”.


Las mujeres se acercan al Socorro Violeta en búsqueda de asesoramiento jurídico, recomendaciones de abogadas feministas o para ser escuchadas en torno a las incertidumbres que le generan los procesos judiciales, especialmente en el fuero de Familia, donde vivencian diversas injusticias, con la característica principal de no ser escuchadas. Carla subraya que en el último período aumentaron los acompañamientos por situaciones de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes. “Esas atenciones nos desafían, nos conmueven, y otro tanto nos invaden de bronca al ver abordajes legales revictimizantes. También aumentaron las situaciones de acoso y hostigamiento por medios digitales en escenarios laborales, familiares o comunitarios. Y nos hace reflexionar acerca de la necesidad de habitar otros espacios y construir pedagogías que pongan en tensión esas dinámicas de violencias machistas para transformarlas”.

La violencia institucional es muchas veces una característica intrínseca de algunas instituciones públicas, ¿de qué maneras acompañan en Socorro Violeta estas situaciones?

Carla: --El paso por los organismos públicos muestra cómo la mecánica institucional reproduce formas de violencia, lo que nos pone en movimiento para construir actos de incidencia colectiva. Insistimos en que hay que deconstruir las denuncias para volverles un sentido digno y emancipador. Porque también tenemos derecho a dejar de ser las malas víctimas. Desde el Socorro Violeta potenciamos el eje de la reparación de la persona, no desistimos en la búsqueda de sus deseos, con consignas claras que orienten ese camino. Esto se ve reflejado en las devoluciones que recibimos en los seguimientos y afirma que nuestro enfoque de reparación y apoyo es significativo para quienes llegan al espacio.

¿Cómo es la caja de herramientas que comparten para dar atención y contención?

Gisel: --La caja de herramientas es una simbología. Es condensar la creatividad histórica de los movimientos feministas y populares, para resignificar agendas, lecturas, escrituras, encuentros, videollamadas y escenas disruptivas en espacios públicos con una fuerte presencia pedagógica y artística. Entre esas y estas posibilidades, nos organizamos para acompañar por duplas en la Casa Revuelta de Neuquén dos veces por semana las atenciones (un día en formato telefónico y otro presencial). Continuamente vamos reflexionando desde nuestros saberes -individuales y colectivos- y ello se materializa como un abono que retorna hacia nuestras prácticas. Luego está lo que deviene de esos momentos, lo que cambió, lo que se transformó en escenarios nuevos que habitamos y vuelve a potenciar la escucha reparadora. Entonces todo vuelve a empezar. Es como un loop que se mantiene constante y que nos desafía a cambiarlo todo.

Socorro Violeta


Atención presencial: jueves de 14.30 a 16.30 Casa Revuelta: Ernesto Sábato 1209, Neuquén. Atención telefónica: martes de 14.30 a 17.30 (299 5227011)

Fuente: Página/12

diciembre 26, 2019

La Soledad y la Desolación, por Marcela Lagarde




Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos. Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes “¿Te vas a quedar solita?”, “¿Por qué tan solitas muchachas?”, hasta cuando vamos muchas mujeres juntas.

La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.

Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.

Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.

La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.

Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona.

Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.

La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe..

Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.

Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad.

Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar.

Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.

No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia. El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película “Nostalgia” habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene.

Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres.

El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.

En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente.

La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.

Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.

Tenemos que deshacer el monólogo interior. Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: “le digo, me dice, le hago”. Se trata más bien de pensar “aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué” que son preguntas vitales de la existencia.

La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida. Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental. y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.

Mirada como un estado del ser –la soledad ontológica– la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia. Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir.

Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros.

El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.

Una demanda típicamente femenina es que nos “acompañen” pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.

Fuente: https://www.rednacionalderefugios.org.mx/

octubre 23, 2019

“Nos cuidamos entre todas”: abogadas feministas entregan asistencia jurídica a la población en medio de protestas



Por medio de sus redes sociales, la Asociación de Abogadas Feministas de Chile, está compartiendo material informativo que va desde terminologías legales a información sobre cómo actuar frente a una eventual detención. Además dada la represión policial que han vivenciado, realizarán una jornada de “Abofem en tu barrio” focalizada en la violencia y crueldad sexual contra las mujeres y la comunidad LBTIQ+.

Desde el día uno que comenzaron las manifestaciones Abofem se ha encargado de difundir por medio de láminas cargadas de información didáctica, precisa y clara, asistencia jurídica a toda la comunidad.

Bajo el hashtag #NosCuidamosEntreTodas han informado sobre los derechos que tiene la gente durante el estado de emergencia, qué hacer en toque de queda, acerca de la interrupción de labores por riesgo de integridad, qué pasa si detienen a un extranjero y respecto a los derechos que tienen las personas al momento de ser detenidas.


“Como Asociación de Abogadas Feministas, hemos estado vigilantes de la situación que se vive y hemos puesto nuestras herramientas y capacidades al servicio de quienes más nos necesitan, con la convicción de que nuestra labor y conocimiento debe estar a disposición de quienes sufren las consecuencias más graves y se encuentran en una situación de vulnerabilidad”, declararon las abogadas por medio de un comunicado.

Además dijeron que junto a la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, el Centro de Estudiantes de Derecho de la misma Universidad, la fundación Casa Común y la organización 4 de Agosto, se han desplegado por las comisarías, tanto en la Región Metropolitana como en el resto del país, siendo testigos del uso desmedido de la violencia por parte de Fuerzas Armadas y de las ilegalidades que se han realizado en los procesos de detención.


Añadiendo que “en este trabajo hemos constatado que Carabineros de Chile ha incumplido en forma grave y reiterada los protocolos de actuación ante detenciones y represión en contexto de protestas, violando los derechos de las personas detenidas, agrediendo físicamente de forma innecesaria, no prestando ni facilitando atención médica de urgencia, obligando a mujeres a desnudarse en forma vejatoria, disparando bombas lacrimógenas y balines en forma directa contra el cuerpo de los manifestantes y haciendo uso de armamento de fuego de manera ilegal, ocasionando muertes de manifestantes”.

Frente a esta situación además de entregar información y ofrecer ayuda jurídica para quien la necesite, realizarán un “Abofem en tu barrio” de emergencia, enfocado en la violencia y crueldad sexual contra las mujeres y la comunidad LBTIQ+. El llamado es a quienes hayan presenciado o sufrido tratos crueles, degradantes o vejatorios que afectan la indemnidad sexual.


El material compartido por las abogadas es de libre acceso y está disponible en todas sus redes sociales. Encuéntralas en Instagram como @Abofemcl, en Facebook como @AbofemCL y en Twitter vía @Abofemcl.

Fuente: El Mostrador

julio 31, 2019

Las mujeres luchan contra la soledad mejor que los hombres por sus redes sólidas de afectos




Soledad, ancianidad PEDRIPOL

Amelia acompaña a su amiga María Victoria al médico cuanto lo necesita, que cada vez es más frecuentemente y no tiene a casi nadie que se ocupe de ella. También va a menudo a visitar a la residencia a una prima carnal. El otro día a Amelia le dio mucha pena que esa prima se pusiera a llorar desconsoladamente cuando se despedía de sus antiguas vecinas después de la misa que se daba en su vieja parroquia por su marido fallecido: no quería volver a la residencia porque está muy lejos de la que siempre fue su casa y allí aún no tiene confianza con nadie. Amelia no durmió en toda la noche después de aquello. Ella aún es joven, apenas traspasa los 65 años, vive con su marido y está bien de salud, pero tiene miedo de quedarse sola porque sus hijas viven lejos. Ve reflejado su futuro en las mujeres a las que acompaña y echa una mano. Confía en que a ella tampoco le dejarán que vaya sola al médico, en que le traerán la compra a casa, como hacía ella misma con la viejecita de su bloque impedida tras una mala caída, o la irán a visitar cuando esté enferma, como hizo con su mejor amiga, soltera y con poca compañía, que murió de cáncer hace unos años. Esta historia ilustra lo que cuentan los expertos sobre la soledad en general y la femenina en particular.

“La soledad se está convirtiendo en un problema social en España y en el mundo, especialmente en el más desarrollado”, afirma el sociólogo Juan Díez Nicolás. Ello se explica por el incremento de la esperanza de vida, indicador en el que España es el segundo en el mundo, tras Japón; la crisis del modelo de familia tradicional, debido al incremento del número de personas que viven solas, especialmente jóvenes (que no se casan por razones económicas pero también por el cambio de valores); y por el cambio de hábitat: de vivir en pequeñas comunidades en que el individuo estaba protegido y apoyado por la familia y los vecinos, se ha pasado a vivir en grandes centros urbanos y metropolitanos, que ofrecen más oportunidades vitales, pero que llevan al desarraigo.

¿Cuál es la fotografía de la soledad en España? La tiene la Encuesta Continua de Hogares, del INE, que informa de que en 2018, de los 18 millones y medios de hogares, 4,7 millones eran unipersonales, una cifra superior a la de 2013 en 320 mil. La mayoría (casi 2,7 millones) correspondían a menores de 65 años y los otros 2,037 millones, a personas de 65 o más años. En 2018 había más hogares unipersonales de mujeres –2,5 millones– que de hombres –2,1 millones–. Y esta diferencia obedece a lo que ocurre con las personas de 65 o más años: en este caso, si hogares masculinos había 572.000, los femeninos eran 1,465 millones.

Francisco Novo Vázquez, trabajador social de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP), sintetiza: “El retrato de la persona en solitario en España corresponde con el de una menor de 65 años si es hombre y mayor de esa edad si es mujer”. Este fenómeno se achaca a la mayor longevidad femenina.

Soledad física y emocional

El INE no tiene la foto completa de la soledad. Vivir solo no es lo mismo que estar solo. Alguien puede vivir solo y contar con una red de relaciones abundantes y sólidas y otra persona puede vivir en compañía y sentirse desconectada de su entorno.

No se llega a conocer la verdadera incidencia de la soledad con las respuestas a preguntas directas del tipo “¿te sientes solo?” o “¿estás solo?”. Javier Yanguas, director científico del Programa de Mayores de la Obra Social de La Caixa, aclara por qué: “La soledad se disfraza, no hablamos de ella. La gente oculta que está sola porque se siente culpable, o cree que algo habrá hecho mal para sentirse o estar así”. La soledad se esconde porque avergüenza.

Yanguas explica que para estudiar la soledad se analiza la red social de que se dispone: cuántas personas se tienen alrededor, la cercanía emocional con ellas y la confianza en que, de surgir un problema grave, se contará con su apoyo. Desde ahí se puede profundizar más y medir la soledad social o el sentimiento de pertenencia a un grupo, y la soledad emocional, que explora los sentimientos de desolación y la falta de relaciones significativas.

El estudio que realizó la entidad en 2018 revela altos niveles de soledad en todas las edades, también entre los jóvenes: el 34,4% de los individuos entre 20 y 39 años presenta soledad emocional y el 26,8%, soledad social. Estos porcentajes se disparan en las personas de más de 65 años: el 39,8% sufre soledad emocional y el 29,1%, soledad social. Y se agravan a partir de los 80 años: el 48% registra soledad emocional y el 34,8%, soledad social. La gente acusa más la vacuidad de las relaciones que el aislamiento físico.

Las mujeres expresan más soledad, pero la sufren menos

En la expresión de la soledad existen diferencias de género. Mônica Donio Bellegarde es autora junto a la profesora Sacramento Pinazo de un libro sobre la soledad de las personas mayores a partir de la tesis doctoral de la primera. Bellegarde afirma que, a primera vista, parece que las mujeres se sienten más solas que los hombres. Pero ello no implica que sea así. Lo que ocurre es que está socialmente más aceptado que las mujeres hablen de sus sentimientos. A la pregunta directa de “¿te sientes solo?”, las mujeres tienen menos problemas que los hombres en responder afirmativamente. Si se profundiza con preguntas indirectas o de control, la cuestión se complica. Según el estudio de La Caixa, mientras la soledad social (sentirse miembro de un grupo) es similar entre las mujeres y los hombres, la soledad emocional (que mide la profundidad de las relaciones) es mayor en ellos que en ellas.

Según Novo, las mujeres, pese a vivir en mayor soledad que los hombres, se sienten menos solas. Además, ellas parecen estar más preparadas para la soledad: “El 36,1% de las mujeres mayores de 65 años que no viven solas piensan que en algún momento lo harán, frente al 29,8% de los hombres”. Las mujeres también establecen lazos sociales o familiares mayores que los hombres, lo que hace que ellas tengan mayor posibilidad de recurrir a alguien cuando tienen un problema o necesitan consejo o apoyo afectivo. Novo insinúa que “nuestra sociedad androcéntrica y cargada de estereotipos machistas” es la responsable de que tengamos la imagen de que las mujeres no tienen capacidad de desarrollo personal y que ello las aísla por completo. Aunque desde la ONG Accem, Alberto García Cerviño recuerda que hay una realidad material que les puede hacer sentir a las mujeres mayores que han perdido su utilidad después de haber dedicado su vida a los cuidados, primero de sus hijos, después de sus padres y suegros y finalmente de su marido antes de morir. Quizás es esto lo que está detrás del sentimiento que muestran algunas mujeres y que revela Yanguas: el de vacío existencial, mucho menos prevalente en los hombres.

Yanguas abunda en las diferencias de las relaciones que construyen los hombres y las mujeres: las de los primeros son más instrumentales (para echar la partida, para ir al fútbol...), las de las segundas son más relaciones de cuidados, de cercanía afectiva y de petición y préstamo de ayuda. Por ello Yanguas considera que los hombres tienen más riesgo de aislamiento social.

Desde Accem también destacan cómo las mujeres mayores muestran mayor resiliencia y esfuerzos para superar situaciones de soledad y tener un envejecimiento activo, con participación en actividades o voluntariado. Y ponen de manifiesto cómo las mujeres expresan una mayor preferencia por vivir de forma activa en su casa: “Para muchas es un reto y una oportunidad de desarrollar una independencia y autonomía que no tuvieron antes en sus vidas”.

La cuestión material... ¿determinante de la soledad?

¿Cómo influyen en la soledad los recursos económicos? Para Yanguas, la pobreza genera exclusión: no puedes gastar un euro en un café en el bar y sientes vergüenza porque en tu casa hace frío o no la tienes bien acondicionada y, por ello, no recibes visitas.

Bellegarde recuerda que las variables sociodemográficas son desfavorables para las mujeres: muchas de las que hoy son mayores no tuvieron la oportunidad de incorporarse al mercado laboral ni de tener una educación más allá de la básica y ahora cuentan con menores recursos económicos. Desde Accem apuntan que esta situación puede provocar un mayor aislamiento en el envejecimiento de las mujeres. Por ello, existe la tentación de considerar que, al igual que la fotografía de la pobreza en España es la de una mujer, la de la soledad podría serlo la de una mujer mayor y pobre. Díez Nicolás aclara: “El sentimiento de soledad sin recursos económicos es mayor, ser mujer mayor y pobre puede conducir a una mayor probabilidad de sentir soledad, pero no es ni mucho menos determinante; ello no debe hacernos pensar que los que tienen más recursos no pueden también sentirse solos”.

¿Qué pesa más?, ¿el género, que favorece que las mujeres tengan relaciones de más calidad, o la situación material, que ayuda a tener mejores relaciones a quienes tienen más dinero, es decir, a los hombres? Teresa López, presidenta de Fademur, una organización de mujeres del ámbito rural, da una posible respuesta: aunque los hombres solos del campo pudieran tener en el pasado una mayor vida social y cuentan ahora con mayores recursos económicos, puesto que las mujeres en muy pocos casos pudieron cotizar, ellos resuelven lo básico de su supervivencia con dificultades y tienen menos habilidades sociales que ellas.

¿Soluciones?

La soledad es un problema de salud pública: se ha vinculado a la enfermedad física y mental y al mayor riesgo de mortalidad. Los expertos coinciden en que la incidencia de la soledad irá a más porque cada vez se tienen menos hijos y, por tanto, menos hermanos. Además, cualquier tipo de relación tiende a ser fugaz y menos profunda. A ello hay que sumar que se presume que cada vez más gente vivirá esa soledad con escasez material, dada la precariedad laboral y la mayor dificultad para acumular derechos con vistas a la jubilación. Así dibujado el panorama, parece que la solución que se requiere debe tocar muchos palos de las políticas públicas.

En Reino Unido, en enero de 2018, se creó el Ministerio de la Soledad, que Bellegarde valora porque, más allá de su utilidad práctica, al menos, hace tomar conciencia del problema. Para Yanguas, dada la complejidad de las administraciones españolas, sería más idóneo que se abordara en el ámbito municipal. Y, en este sentido, señala que la soledad también es una consecuencia de los procesos de gentrificación que viven las ciudades, de políticas urbanísticas generadoras de aislamiento que hurtan a los vecinos de los servicios de proximidad y de los ambientes donde se reconocían y creaban redes. Aunque Bellegarde da una nota de esperanza: la sociedad se organiza a veces antes de que reaccionen las Administraciones y ya se han construido redes de apoyo mutuo, como la de Grandes Amigos, que funciona en Madrid, Galicia y el País Vasco. 

Por Cristina Vallejo, periodista especializada en finanzas y socióloga
Fuente: CTXT

julio 12, 2019

Tita Print. Cumbia Sorora


Creció en Mataderos, en una casa donde la cumbia norteña sonaba coreada por su madre y tías, y yendo a los cumpleaños de León Gieco. Recorre escenarios desde chica. Estudió folclore en la Escuela de Avellaneda. Tocó con las Blacanblus, tocó con Axel pero fue en una Marcha del Orgullo cuando su arte y su carisma la ubicaron como referente de la música sorora. Sus shows performáticos -keytar en mano y bailarinxs por todas partes- desafían la escucha de Spotify. Si le dan a elegir entre Sony, Magenta o Goza Recods, ella elige dejarle sus canciones al sello feminista.

Una historia larga bien puede empezar con una mancha: la que apareció por primera vez en una remera de Maira Jalil en algún momento de los tempranos 2000 y parecía de aceite. Ella lavaba las remeras y la mancha no salía: desaparecía sola al cabo de los días. Una vez vio entero el proceso de formación arriba del 134. Salía de su cuerpo: primero una rayita, la mitad, tres cuartas partes, y cuando bajó en la Escuela de Música Popular de Avellaneda estaba completa: un círculo del diámetro de un vaso en la boca del estómago. Sus compañeros de la EMPA pueden dar fe, a todos los asombraba el tema del círculo. 

Primero le preguntó a un homeópata; le llevó unas remeras y él dijo que nunca había visto algo así. Después le contó a la psicóloga. Le preguntó si quería verlas, ella dijo que no, que hay cosas que no se explican y mejor dejarlas pasar. La tercera consulta funcionó: un armonizador de chakras, Gustavo, le mostró la remera que tenía puesta él, manchada de violeta. 

- Es porque sos una natural -le dijo-. Tenés el poder de sanar con la voz, como Gilda. Si querés trabajar con este don lo podés hacer, si no, seguís con tu vida. No te va a hacer daño y no le va a hacer daño a nadie. 

Ella se fue tranquila, sintiendo que no tenía ese talento pero que ahora podía creer en lo que dicen las energías que no se ven pero están: ahora tenía una guardiana. Como cumbiera sin religión, nadie entendería mejor sus plegarias que Gilda. 


Tenía veintipico: no recuerda fechas exactas. En cierto modo, la vida de Maira Jalil es un gran durante. Tomar o dar clases de música, escribir canciones, tocar en vivo. El crudo de sus días es el mismo desde que es una niña hasta hoy, graduada en la carrera de instrumentista superior en folklore y maestra de canto. La mancha no apareció más: ni en los ensayos con el grupo que se iba a lanzar como competencia de Bandana, ni en la etapa con las Blacanblus, ni en su gira Un Nuevo Sol, con Axel. 

El círculo no aparece “hace mil años”. Tampoco aparece ahora, en el salón de eventos de un club de Villa Urquiza. Una pareja de chicas se dio el gusto de llevar a su fiesta de casamiento a Tita Print, que espera el ok para salir a escena sentada frente a un vaso de ron y un destornillador de arándanos, sin tomar ninguno. Tiene puesto un short sobre medias de lycra, camperita flúo con cierres y Fila blancas de estreno en los pies. Se maquilló ella misma: “Cada vez que toco, antes de salir me pregunto ¿por qué me hago ésto? Hasta me da vergüenza estar vestida así”. Después, cantando y tocando el keytar, se la ve gozar. En breve, personificará a su “Santa Trava” y dos señoras sentadas repetirán con ella: “Amor libre”. Es junio de 2019, y en algún momento de esos 40 minutos de show, Maira, Mai, Tita cumplen 40 años. 

* * *

Tita Print hizo uno de sus primeros impactos en la Marcha del Orgullo de 2013. Subió al escenario de Plaza de Mayo con el sonido endiablado del keytar, el instrumento con el que Pablo Lescano inventó la cumbia villera a fines de siglo pasado. Este híbrido entre guitarra y teclado tuvo su primera versión en los ’60: hay fotos de Paul McCartney con su antecedente en la falda, el “tubon” usado también por Ralf Hütter al inicio de Kraftwerk. El keytar nunca alcanzó el status de la guitarra, pero permitió que los tecladistas actuaran también sus temas. Sirvió a la espectacularidad de los ’80 –el glam, el synthpop, la new wave–, y se ha usado con fines puramente musicales en el R&B y el jazz fusión. Hoy es similar: se lo cuelga cada tanto Lady Gaga y es una herramienta de composición para Imogen Heap. En Europa del Este, la croata Belinda Bedekovic es una keytarista superestrella. El keytar no se enseña a tocar en el conservatorio, y sus primeros maestros, como Herbie Hancock, son antes grandes pianistas clásicos. 


La historia de Tita Print y el keytar es, a la vez, una historia rota con el piano. El primero: un piano rojo furia entrado por el balcón la Noche de Reyes, Maira Jalil tenía nueve años. Ahí, en Mataderos, vivía con sus padres y su hermano mayor, Matías. Mabel trabajaba de maestra jardinera y Omar, entre otras cosas, era fotógrafo de eventos. Los dos querían que sus hijos fueran músicos y los mandaron a estudiar, pero el principal estímulo seguía siendo esa casa donde todo el tiempo sonaba cumbia norteña y venían las tías y cantaban a voces con la madre. Había, además, dos familias amigas con las que compartían navidades, vacaciones y fogones; una de ellas, la de León Gieco. 

Maira fue a incontables recitales de Gieco, a veces uno detrás de otro. Desde temprano entendió algo que a la larga le sirvió: “Los artistas se arman algo para decir y después lo repiten: no es que te tenés que inspirar en todos los shows”. 

Sus compañeras del colegio judío Scholem Aleijem siempre la hicieron sentir una outsider. A Tita ni siquiera le funcionó invitarlas a un cumpleaños de León en el que estaban Charly y Fabi Cantilo, y Baglietto servía el locro. La siguieron molestando igual, “por freak”, aunque su único pecado fuera ser la chica que al viaje de egresados se llevó calzas ciclistas y remeras de salven a las ballenas: “No sabía que íbamos a ir a boliches”, dice.

Había una sola ocasión donde sí sabía –lo sentía en la espalda– que la respetaban: cuando tocaba el piano en los actos. Tuvo una primera gran maestra que por cada obra que le enseñaba le pedía que compusiera una versión propia. Avanzó rápido y el piano rojo le quedó chico. Omi, como le decían al padre, se ofreció a cambiarlo y trajo uno con el arpa quebrada. Maira le pidió a un compañero ir a estudiar con él –un chico ciego que tenía el piano en el lugar más oscuro de la casa–, y se compró un teclado para tocar en La Huaina, la nueva banda del hermano, un líder natural desde el jardín de infantes. Al cabo de un tiempo, Omi se lo pidió para empeñarlo y pagar una deuda: no lo recuperó. Finalmente, como ella también había empezado a perder la vista y le costaba leer las partituras, se pasó a canto. 

Otra vez tuvo suerte con la maestra: a Beatriz Muñoz, integrante del Coro Polifónico Nacional, la coreuta histórica de Mercedes Sosa, le dice madre de la vida. 

* * *

Bajo un árbol cercano a la Feria de Mataderos, la familia Jalil a veces se junta a tomar mate. En ese escenario Tita tocó sus primeros acordes. Ahí están enterradas las cenizas de Omi, que hasta último momento –hace dos años–, cada vez que le hacía un regalito le decía: “Esto es por el piano, eh”. 

Maira, Mai, Tita: la que cuenta ésto se aclara las cuerdas cada pocas frases, pero casi sin hacer ruido, como si fuera otra forma de pestañear. El ambiente central del PH de Parque Patricios donde vive con su hija y su novia y productora está casi en penumbras, y durante un rato sólo ocurren allí movimientos fugaces: la caniche Baba se levanta a pedir algo, el cigarrillo pasa de mano en mano, las copas de vino suben y bajan. La niña de once años está en la cuarto con la luz prendida. “La vida real no sé cuál es, pero es más parecida a ésto que a un show”, dice Tita, que piensa en ese contraste desde siempre. 

El padre del dueño de la casa, un amigo que se fue a vivir a las Islas Canarias, fue un pionero de encuadernación –dicen que cosió la Constitución con hilos de oro–. Allí quedaron su antigua prensa y un cuaderno que Tita tomó como propio. En una de sus páginas escribió una frase de Cristina Dall de las Blacanblus: “Cuando te subas a un escenario, subite a jugar”. 


En esa época existía el prejuicio de que cantar era cosa de frívolos y egocéntricos. Y también le pasaba en los castings de coreutas que le pidieran bailar “sensual”, o al revés, que un compañero de banda le dijera que usando polleras cortas “ponía a la mujer en un lugar de mierda”. Por integridad, abandonó un proyecto de Warner de crear la contra de Bandana –ocho horas de ensayo a la orden de un director apodado “Gato”–, y así dio con un destino más interesante y peculiar: Las Blacanblus, las mujeres que se abrieron paso y triunfaron en la era de los grandes del rock nacional. Ellas eran, para entonces y en palabras de Tita, “mujeres muy poderosas. Cada una es como un buda”.

Con Las Blacanblus pasó 3 años. Entre muchas otras cosas, aprendió nuevas técnicas vocales –a hacer “colchones de voz”, por ejemplo–, y en total, una nueva ética, la del coreuta, lo que significa de verdad acompañar: “Tenés que ser el reflector para que la voz principal brille. Tenés que ser su sombra real, ni más gorda ni más flaca”. Pero lo más importante que sembraron en ella fue el feminismo. Tita, que por entonces tenía 25 años, nunca olvidó cuando Viviana Scaliza se enfureció arriba de un micro de Pappo y gritó: “Es una compañera y la tienen que respetar”, porque los músicos y técnicos la vivían acosando con piropos y mensajitos en las listas de temas. “Se comieron los mocos grosso”, dice.

Esa experiencia la dejó mejor plantada. Pero llegó un momento en el que necesitó todas las herramientas que el feminismo le pudiera dar: llegaron a través de amigas –del Instituto Vocacional de Arte–, colegas y periodistas como Luciana Peker. Con todo tuvo que ver su hija. La tuvo a los 30, con deseo, dentro de una relación que duró poco más que el embarazo, y desde 2012 se prolongó hacia un vínculo judicial del que Maira Jalil participa como integrante de la comunidad de Madres Protectoras. Ya atravesó tres causas completas: una por impedimento de contacto y dos por calumnias e injurias. La última absolución fue en marzo de este año. Durante ese tiempo, la vida fue un infierno de cartas documento, citaciones, declaraciones y firmas. Maira Jalil, Maira Jalil, Maira Jalil, Maira Jalil. Leer su nombre y ser nombrada en ese contexto le provocó una fuerte crisis de identidad. Y entre todo el tiempo perdido en despachos todavía tenía que ser madre soltera y trabajadora. En el cuaderno de vida también hay un punteo de la época con consejos para ahorrar energía. 

Uno de esos días un alumno le preguntó cómo estaba. Ella había soñado una frase, y cuando terminó de hablar, el alumno dijo la misma frase. Luego llamó por teléfono a su guía de la religión Yoruba. Hoy, ella recuerda su consejo así: “Tenía que doblarme en dos. Ser dos personas al mismo tiempo. Guardar en esta otra todo lo bueno de mí, todo lo que quiero resguardar para vivir. Ahí recordé que también me decían Tita de amor. Y Print es por imprimir a esa Tita y no olvidarme de que tengo que vivir esas dos vidas. Que tengo que ser feliz y replicar lo mejor de mí porque era una cuestión de vida o muerte. Y acá estoy”

“El bravo mar de mis emociones revuelve el odio y el odio se convierte en mil canciones”, casi rapea en “Amor Amor”. No importa qué llegó primero, si el material o el concepto; si las letras y melodías que le brotaban enteras en la cabeza, o la necesidad, como nunca desde los doce, de ser solista. Grababa las ideas en el celular: así de inspirada estaba y así de poco tiempo tenía. Por entonces, además, había aceptado ser la corista y acordeonista en la banda de Axel en el pico de su carrera. Tita aprovechaba los viajes para dormir. 


* * *

En el momento más agobiante de su vida, se propuso liderar un proyecto musical en todo sentido: también poner el cuerpo adelante, ser una verdadera frontwoman. Así surgió la idea de tocar el keytar, o como le dicen también, controlador. Aprendió mirando videos de Pablo Lescano, armó una orquesta de cumbia tradicional de diez músicos, se anotó en otro concurso –de Estudio Urbano– y ganó la grabación del primer disco. Encuéntrate abre con la frase: “Así como me caigo me levanto”, y está lleno de las melodías y versos confortantes que ella misma necesitaba. “Deja de llorar, levanta ponte a bailar, que todos los corazones van guardando sufrimiento. Hay que encontrar la forma de poder ser feliz. Para poder revivir escucha lo que llevas dentro”, en “Tiki Tiki”.

A la falta de tiempo y presupuesto, respondió con un vestuario único: short y camisa, una bordada con el Gauchito y otra con Gilda. Así se presentó en vivo durante casi tres años. En el circuito tropical –que recorrió con ídolos de la infancia como Adrián y los Dados Negros o el grupo Sombras–, el de la cumbia emergente que conocía por San Bomba (la última banda que compartió con el hermano) y en espacios institucionales como las fiestas de las Provincias o el Verano de las Emociones, contratada por el Ministerio de Cultura durante la presidencia de Cristina Fernández. Tocó en la villa 11-14, en el festival Vive la Música de Medellín, y en inauguraciones de espacios como una Consejería de Salud Sexual Integral. Allí conoció a Ana, la productora, la novia. Cerró el período Encuéntrate con un show gratis en Avellaneda a fines de 2015. Tita agradeció y se despidió hasta la próxima, también del equipo. “Sabía que quería tirar una bomba y que crezca una cosa distinta. Me gusta mucho la flexibilidad”, dice.

Tres años después llegó Gladiadora, en un formato de sonido más compacto que en vivo se resuelve con Ana en percusión y Cuya (un amigo de siempre que vio los círculos en las remeras) en bajo y DJ set. Lo trabajó con El Chávez, un productor con experiencia en géneros –rock, reggae, dub, hip hop, electrónica, funk– y un maestro de la fusión que inventó su propia “cumbia del Oeste”. El Chávez tiene el estudio en Parque Leloir, y entre el viaje y que era su primera vez trabajando con “maquinolas”, el proceso se prolongó bastante. También porque esta vez, sin la urgencia emocional de Encuéntrate, “y con la revolución feminista mediante”, pudo dedicar tiempo a pensar en lo que quería decir y mostrar. En el interín, estudió y se recibió de maquilladora. 

Con Gladiadora, además, reunió en un disco a las Blacanblus Deborah Dixon y Viviana Scaliza con referentes de la música urbana disidente como Chocolate Remix y el resto de las colaboradoras en “La Espada de Juana”. Al revés que en Encuéntrate, y justamente porque ese disco existe, Tita ya no necesita ser autorreferencial. Ahora quiere que su voz hable por otras: “Salirme de mí”, dice. 

Aunque recién empieza a presentar el disco, Tita ya planea el porvenir. En su momento tuvo reunión con Sony –la conectó el equipo de Axel– y casi con Magenta, el imperio de la cumbia, pero lo pensó de vuelta. Hoy está segura de que su sello tiene que ser el feminista Goza Records, y que tiene que seguir invirtiendo en el show: “Pensar en los temas como una performance, de manera que no sea lo mismo escucharlos en tu casa”. 

Para eso sumó bailarines –tienen 24 y 19 años–. Ahora son un equipo de seis esperando que terminen de comer el postre en el salón de Villa Urquiza, donde las novias festejan con el pañuelo verde en la muñeca, una de blanco, otra de trajecito. En seis horas sale un micro a Entre Ríos: el lunes 3, tocan en la Marcha Ni Una Menos. Así, Maira, Mai, Tita, la niña del piano rojo furia, la mujer del keytar, pasará su domingo de cumpleaños metida en una terma. Pero las 12 dan en la fiesta, mientras está cantando. Cuarenta años marca el calendario. Ella siente que son muchos más.

Fuente: Revista Anfibia

marzo 09, 2019

El grito unánime y masivo de las mujeres latinoamericanas contra la violencia y el machismo

Las convocatorias a las marchas feministas de la región han hecho historia con participaciones masivas.

Un grupo de mujeres se visten como los personajes de 'El cuento de la criada' en la marcha del Día Internacional de la Mujer en México. REUTERS/Edgard Garrido

Faltaba aún media hora para el inicio de la manifestación, pero la Plaza Italia, centro neurálgico de Santiago y elegido como punto de salida, estaba ya desbordada. Mujeres de todas las edades (y algunos hombres, aunque muchos menos que en ocasiones anteriores) desfilaron por el centro de la capital luciendo sus pañuelos verdes, convertidos en símbolo del movimiento, y avanzando a ritmo de tambores, batucadas y cánticos: “¡Alerta, alerta, alerta machista! ¡Que todo el territorio se vuelva feminista!”.

Según la Coordinadora Feminista 8 de Marzo, la organización convocante, más de 400.000 personas participaron en la movilización. Los cálculos de la policía reducen la cifra a 190.000. Sea como sea, lo indiscutible es que fue la marcha feminista más masiva que se ha vivido en Chile y una de las protestas más multitudinarias de los últimos años. Dividida por bloques, algunos “separatistas” –sólo de mujeres– y otros mixtos, la columna de participantes llegó a ocupar cuatro kilómetros de la Alameda, la principal avenida de la ciudad. Al punto de llegada, la cantante Ana Tijoux recibió a las manifestantes encima del escenario para dedicarles “Antipatriarcal”, el tema más esperado para todas y que no podía ser más oportuno para la ocasión.

La jornada comenzó temprano con una convocatoria de huelga feminista “contra la precarización de la vida” –la primera en el país– que recogía demandas muy diversas: desde políticas para el fin de la violencia machista en distintos espacios, hasta mejoras de las condiciones laborales o garantías para los derechos sexuales y reproductivos, entre muchas otras.

El llamado a huelga feminista se empezó a difundir desde finales del año pasado, sin embargo, ha sido durante los últimos días que se intensificaron las actividades para preparar el paro. El derecho a huelga en Chile está lejos de tener garantías plenas porque la legislación laboral aún se basa en el Código de Trabajo que se implementó durante la dictadura de Pinochet. Además, a principios de semana, el gobierno manifestó su desacuerdo con la paralización: “Las mujeres quieren participar de la marcha del progreso y del desarrollo humano y no paralizarse”, dijo la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Isabel Plá. Aunque, finalmente, el paro fue puntual y secundado sólo por algunos sectores (estudiantes y colectivos específicos de funcionarias públicas), el emplazamiento ya instaló un precedente en el que las activistas insistirán el próximo 8M.

La multitudinaria respuesta de la movilización en Chile no se entendería sin el estallido del movimiento estudiantil feminista del año pasado, que llegó a paralizar más de 20 universidades de todo el país durante casi dos meses para denunciar los abusos sexuales en las universidades y exigir una educación no sexista. Las jóvenes también reclamaron una ley de plazos para el aborto que sustituya la actual normativa aprobada hace un año y medio, que se limita a tres únicos supuestos (inviabilidad fetal, riesgo para la madre y violación).

Pese al éxito de la convocatoria, que inyectó altas dosis de emoción y entusiasmo a las chilenas, la conmemoración estuvo marcada por dos nuevos casos de violencia machista. Entre el jueves y el viernes dos mujeres fueron asesinadas por sus exparejas. Con ellas, ya son 13 las mujeres muertas a manos de hombres en Chile en lo que va de año.

Brasil recuerda Marielle

Las brasileñas que salieron este 8M a las calles tenían un nombre en su cabeza: Marielle Franco, la concejala de Río de Janeiro que fue asesinada a balazos el 14 de marzo del año pasado. Bajo el lema “Por la vida de las mujeres, somos todas Marielle”, tomaron las calles del país para protestar contra el desmantelamiento de la Seguridad Social, el aumento de los feminicidios y los retrocesos del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro.

El nombre de Marielle resonó por las calles de las principales ciudades de Brasil, convertida en un referente de la lucha feminista, antirracista y a favor de la diversidad sexual. Hasta hoy su muerte sigue impune. “Estamos aquí por la vida y por la libertad de todas las mujeres, por el derecho a ejercer el libre acceso a nuestro cuerpo de la forma que queramos”, dijo la viuda de Marielle, Mónica Benício, en la manifestación de Río de Janiero, donde se congregaron unas 50.000 personas. Durante la marcha también se escucharon gritos a favor del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores (PT) y encarcelado desde hace casi un año por corrupción. 

En São Paulo, donde también se movilizaron unas 50.000 participantes, además del rechazo a la violencia, las mujeres criticaron la reforma de pensiones que pretende impulsar el bolsonarismo.

En 2018, en Brasil se registraron 1.173 casos de feminicidios, según datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública.

Argentina, otra marcha histórica

En Buenos Aires la movilización también fue histórica. Según recogió la prensa argentina, más de 300.000 personas participaron en la marcha que recorrió la avenida de Mayo, desde el Congreso hasta la Casa Rosada.

El acto comenzó con la lectura de un manifiesto por parte de 18 mujeres que representaban a las distintas luchas e identidades: “Estamos de pie por cuarta vez, haciendo un paro general internacional y plurinacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries, gordes e intersex de la clase trabajadora; ocupades, desocupades, precarizades, piqueteres y de la economía popular, visibilizando especialmente a las mujeres indígenas, originarias, afroargentinas y negras en pos de empezar a saldar la deuda histórica para con ellas”, empezó el texto.

Sus principales reclamos giraron en torno a la falta de políticas públicas para enfrentar la violencia machista, el embarazo adolescente, la legalización del aborto, la precarización económica y los feminicidios. En Argentina, 273 mujeres fueron asesinadas en 2018, según datos del Observatorio Marisel Zambrano. Entre enero y febrero se registraron 54 casos.

Las mujeres cargaron duro contra el gobierno de Mauricio Macri y los gobernadores de las provincias que no se sumaron al protocolo para la interrupción del embarazo, como Tucumán y Jujuy, donde en las últimas semanas se practicaron cesáreas a dos niñas que habían sido violadas, en lugar de interrumpirles el embarazo, tal y como indica el documento. En ambos casos, los bebés de las niñas murieron. El trato recibido por las menores provocó que incluso la ONU advirtiera al gobierno argentino de la necesidad de comprometerse con los derechos de las mujeres.

México también se levanta

En Ciudad de México, las convocadas recorrieron el transitado Paseo de la Reforma, desde el Monumento a la Independencia hasta el Zócalo Capitalino. La marcha fue menos concurrida que en otros países, pero según las participantes fue mayor que en los años anteriores. Las mexicanas tomaron las calles para exigir los mismos derechos que sus coterráneas latinoamericanas piden en toda la región, que es lo mismo que pidieron las mujeres del todo el mundo. Apuntaron contra la precarización laboral, las desigualdades económicas, la violencia de género y los feminicidios. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2018, se registraron 786 mujeres asesinadas.

Además, acusaron los presuntos intentos de secuestro en el metro de Ciudad de México y levantaron consignas a favor del aborto luego de que hace tres días el estado de Nuevo León reformara su constitución local para criminalizar a las mujeres que opten por abortar.

La marcha de este año fue la primera que se realiza bajo un gobierno federal de izquierda, encabezado por Manuel López Obrador, y con dos mujeres a cargo de importantes puestos de poder: la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y la jefa de gobierno de la capital, Claudia Scheinbaum. Sin embargo, eso no eximió a López Obrador de la polémica. Las mujeres aprovecharon la relevancia del 8M para criticar al mandatario dos controvertidas decisiones que las perjudican directamente: la suspensión de los recursos al programa de albergues para mujeres víctimas de violencia y la eliminación del programa de estancias infantiles que apoya a las madres que trabajan.

Este 8M, en México, como en Chile, Brasil y Argentina, las calles se tiñeron de verde. De verde, de morado, y de muchos otros colores. La sensación de euforia y esperanza fue real porque muchas se encontraron con muchas otras e hicieron una multitud que no dejó de gritar.

Por Meritxell Freixas @MeritxellFr
Fuente: Público.es

enero 29, 2019

Defensoras de 13 países recorrieron Honduras. Concluye “Misión de Solidaridad Feminista El abrazo”


CIMACFoto: Sonia Gert

Durante una semana 52 mujeres defensoras de 13 países latinoamericanos y europeos recorrieron el noroccidente de Honduras para conocer la situación de las defensoras de Derechos Humanos en Santa Bárbara, Copán, La Esperanza Intibucá, El Progreso, Tela, y Tocoa.

El evento denominado “Misión de Solidaridad Feminista El Abrazo” a este país centroamericano, fue organizado por la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos.

Durante el recorrido se visitaron algunas comunidades que pertenecen a los pueblos Garífuna, Maya Ch’orti’, y Lenca, donde las mujeres se enfrentan a megaproyectos hidroeléctricos, de minería, turísticos, a violencia sexual y el machismo. Ellas defienden su derecho a la tierra y a la no discriminación como indígenas, garífunas, o integrantes de la comunidad LGBTTTI.

“Los actores estatales y no estatales han intentado dividir a las comunidades a través del soborno, la coacción y la intimidación”, constató una de las integrantes de la misión, Sonia Sánchez de El Salvador. Advirtió que los proyectos amenazan a la vida de las defensoras, y que las mujeres son criminalizadas constantemente.

Otra observadora, la abogada feminista Yesica Sánchez Maya, de Oaxaca, recalcó que a pesar del riesgo que corren, las mujeres realizan su labor con gran convicción y compromiso. “La fuerza de la figura de nuestra querida Berta Cáceres, está presente en la lucha y las resistencias”, constató recordando a la defensora indígena lenca, asesinada el 3 de marzo de 2016.

La defensora Betty Vásquez Rivera, de Santa Bárbara, Honduras, agradeció que la gira les dio el espacio para compartir sus historias, las dificultades, limitantes, desafíos y miedos de su lucha. Al mismo tiempo, dijo, “la gira representó un abrazo que nos hizo sentir que no estamos solas, también para ser visibilizadas y que el alto nivel de riesgo, de criminalización y de estigmatización que vivimos en los territorios, sea reducido”.

El grupo internacional de 52 defensoras que llegó a Honduras se dividió en dos rutas que recorrieron por un lado las montañas occidentales, y por el otro la costa caribeña en el norte. En Santa Bárbara escucharon sobre la lucha de mujeres contra una represa que se pretende construir en el río Ulua y que inundaría gran parte de su comunidad.

En Copán, mujeres maya Ch’orti’ relataron cómo enfrentaron la criminalización que vivieron en su lucha por recuperar su tierra, enfrentando a grandes terratenientes ligados a narcotraficantes.

En la Esperanza, el grupo de defensoras se encontró con la hija de Berta Cáceres -Laura- y el grupo de mujeres que siguen en la lucha por el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh). Ellas afirmaron que los tres años desde el asesinato de su líder han sido muy duros, y que siguen siendo criminalizadas por el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández.

De la misma manera, aseguraron que no consideran legítimo el proceso que llevó al fallo contra siete personas implicadas en el asesinato de Cáceres, ya que entre otras irregularidades el Copinh no fue considerado como víctima, y se excluyeron a las y los abogados de la familia y del Copinh del proceso.

Advirtieron que todavía no se han dado a conocer las condenas para los autores materiales del crimen, y temen que éstas podrían ser bajas, además de que nunca se investigaron a los autores intelectuales. Para las mujeres de las comunidades, la empresa Desa, encargada de la hidroeléctrica en el río Gualcarque a la cual se oponía Berta, es la responsable.

Pero el clima político es tal que una activista hondureña que declaró “Desa la mató” en una protesta, ahora se ve criminalizada, relataron las integrantes de la Red de Defensoras de Honduras. La represión política habría aumentado después del fraude electoral que llevó a Juan Orlando Hernández a la presidencia del país en 2017, afirmaron.

Las defensoras visitaron la Costa Atlántica, fueron a Radio Progreso, radio jesuita y uno de los pocos medios alternativos que informa a la población hondureña sobre acciones del pueblo.

En el Triunfo, las visitantes escucharon los relatos de las mujeres garífunas, algunas de ellas pertenecientes a la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh), y compartieron danzas y comidas tradicionales.

En la comunidad Guapinol, viven mujeres que defienden la tierra y el medio ambiente quienes hicieron una ofrenda al río. Durante el recorrido, se pudo observar una fuerte presencia de militares en la zona, con un vehículo con cuerpos de seguridad vigilándolas desde cerca, y un dron que apareció encima de sus cabezas en uno de los eventos.

Al final de la misión, se realizó una rueda de prensa donde la Misión internacional expresó su “profunda preocupación por el clima de hostigamiento, control y vigilancia contra la labor de las defensoras y los movimientos sociales”. Las defensoras exigieron que el Estado hondureño garantice el ejercicio de todos los derechos de las mujeres, campesinas, indígenas, negras y personas LGBTI.

Además demandaron el cumplimiento del Artículo 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que contempla la consulta comunitaria previa, libre e informada a los pueblos que habitan en territorios donde se instalan de manera arbitraria, proyectos extractivos que atentan contra los títulos ancestrales de propiedad de la tierra y la vida.

Por Sonia Gerth
Fuente: Cimacnoticias

diciembre 26, 2018

La RAE tardó 98 años en "Legalizar" la propuesta de Unamuno de llamar "Sororidad" al vínculo solidario entre Mujeres.


Foto: El director en funciones de la RAE, Darío Villanueva, y la académica directora del diccionario, Paz Battaner, durante la rueda de prensa con motivo de la presentación de las nuevas palabras y otras modificaciones que aparecerán desde hoy en la edición digital del Diccionario de la Real Academia
La RAE tardó 98 años en “legalizar” la propuesta de Unamuno de llamar “sororidad” al vínculo solidario entre mujeres

Ni Don Miguel ni ninguno de quienes sucesivamente lo promovieron- y en varias otras lenguas – postulaban “sororidad”, sisterhood o sorority como uso excluyente y obligatorio en reemplazo de fraternidad. Esto es un malentendido de los últimos años, provocado por alguna militancia fanática y minoritaria de algún lado y por la respuesta reactiva de algún otro.

La idea partió de la constatación de que existe un “tipo” especial de vínculo, de diálogo, de empatía entre mujeres, tan sui generis que no puede ser abarcado por las nociones de hermandad y fraternidad. Sororidad, simplemente, es una variable especial de lo fraterno, no una oposición.

En la ola feminista que estalló hace casi 60 años con epicentro en EE.UU. sisterhood fue una bandera de identificación positiva, contra nadie.

Por entonces Borges lo abordaba desde lo discursivo y lo significante: cuando las mujeres hablan entre ellas lo hacen en un código que es propio, original, y de algún modo secreto. Él subrayaba su admiración hacia esa habla inaccesible que imaginaba bella y poderosa.

Lo nuevo – bienvenido, aunque no necesario – es que hoy, sobre el final de 2018, los académicos le hayan otorgado “esplendor”.

Unamuno lo introdujo en 1921 en su novela La tía Tula – que había escrito en 1907 – al mismo tiempo que reflexionaba sobre su pertinencia, en un ensayo sobre Antígona, de Sófocles.

La antropóloga y legisladora mexicana Marcela Lagarde – denunciante, entre otras tragedias, de los crímenes de Ciudad Juárez -la recuperó para la defensa de los derechos de las mujeres, en 1989; la definió como “un pacto político”.

Fue entonces que lo incorporé y empecé a usarlo, combinando las dimensiones estéticas de Unamuno y Borges con la política de Lagarde.

No se me cayó nada, no me salieron plumas ni – tampoco – lo he vivido como un mérito. Simplemente me gusta la palabra y la siento necesaria para hablar de lo que estamos hablando.

Sí recomendaría – tanto a usadores mecánicos como a detractores ídem – informarse sobre esto para darle a sororidad el lugar que merece, muy por encima de los diccionarios.

Por Erasmo Arcamendia
Fuente: Diario Femenino

septiembre 28, 2018

Sororidad: el valor de la alianza entre las mujeres.



La sororidad es un pacto social, ético y emocional construido entre mujeres. Es saber ante todo, que juntas somos más fuertes que por separado, que el empoderamiento solo es posible si creamos fuertes alianzas entre nosotras, tratándonos como hermanas y no como enemigas. Una relación fundamentada en nuestra valía como colectivo con la intención de generar un auténtico cambio en nuestra sociedad.

Todos nos hemos tropezado últimamente con esta palabra: “sororidad”. Cada vez está más presente en nuestro lenguaje y en los medios escritos, a pesar eso sí, de que dicho término tiene ya más de 50 años. Fue en 1970 cuando la escritora Kate Millett, líder del feminismo de aquella época, propuso esta palabra con el fin de recoger una idea por la que luchaba en su día a día como férrea activista: conseguir una unión social entre mujeres sin que existieran diferencias de clases, religiones o etnias.

Sororidad es un término ético, político y práctico del feminismo contemporáneo. En él trasciende un sentido de complicidad femenina que busca por encima de todo, generar un cambio social. Compartir

Bajo el lema “Women of the world, unite!”, Millet acuñó la palabra “sisterhood”, la cual se tradujo a nuestro idioma añadiendo el término latino “soror” (hermana). Es sin duda una idea que inspira, porque lejos de quedarse en la mera etiqueta, busca alentarnos, fortalecernos como colectivo y visualizarnos en nuestros contextos cotidianos para conseguir cambios.

Fue la antropóloga Marcela Lagarde quien afinó un poco más el concepto de sororidad para hablar de una amistad entre mujeres que se convierten en cómplices para trabajar juntas. Un compromiso para conseguir logros sintiéndose libres y fuertes juntas.


Sororidad como empatía femenina, sororidad como crecimiento

Nacer, crecer y ser educadas en un contexto marcado por el peso del patriarcado tiene su precio. Uno de ellos ver a las otras mujeres como rivales y competidoras. No es raro ver cómo en las escuelas, institutos o en nuestros trabajos, las unas nos criticamos a las otras. Nos ponemos muros y zancadillas hasta generar un antagonismo sin sentido, donde lejos de empoderarnos, nos debilitamos… Casi sin saberlo, estamos perdiendo esa alianza que tanto nos definía en el pasado.

En la antigüedad, las mujeres compartíamos muchas más cosas que ahora. Hacíamos vida como un colectivo firme orientado a ayudarnos y a enriquecernos emocional y psicológicamente. Las generaciones más mayores daban consejos a las más jóvenes, se compartían las tareas de crianza, de cultivo y recolección y los tratamientos de enfermedades a través de plantas naturales…

Éramos quizá, un poco brujas. Artesanas de la naturaleza y los saberes antiguos que se reunían en la famosa “tienda roja” durante la menstruación para compartir historias, sincronizando nuestros ciclos y sembrando afecto en nuestras brechas emocionales para conseguir entre todas, ser un poco más valiosas cada día. Valiosas para nosotras mismas y para el mundo. Más fuertes como madres, más fuertes como hermanas e hijas de la vida construyendo una auténtica hermandad.

La sororidad nos permite recobrar nuestro poder como mujeres que se nutren a sí mismas y que nutren a las demás. Somos dadoras de empatía, receptoras de hermandad, de un vínculo donde juntas somos mejores que en soledad. Compartir


Cómo fomentar una auténtica sororidad

La conciencia femenina de la que disfrutábamos en los primeros tiempos de nuestras sociedades, se ha ido perdiendo con el paso del tiempo. En la actualidad, y a pesar de que valoramos de forma muy positiva la amistad entre nosotras, no abunda ese vínculo genuino como colectivo orientado a generar cambios.

No solo necesitamos ser amigas, porque el concepto de sororidad va mucho más allá. Hablamos de hermandad, de complicidad femenina, de un principio ético entre nosotras donde disponer de una mentalidad trasformadora, así como de un compromiso social que no se limite solo a alzar una pancarta de vez en cuando en una manifestación.

La sororidad es una revolución que va de dentro hacia fuera. Primero tomando conciencia de lo que una es, de lo que merece y de lo que no está consiguiendo en una sociedad que lamentablemente, sigue siendo marcadamente patriarcal. Más tarde, esa conciencia debe impregnarse en cada mujer que nos encontramos en nuestro día a día, apoyándola, visualizándola y reparando la feminidad astillada con el objetivo de empoderarnos mútuamente.

Más tarde, esa hermandad pasará de lo emocional a lo social para hacer de palanca e impulsar una transformación real de nuestra sociedad.


Asimismo, y no menos importante, cabe señalar que la sororidad nos exige un ejercicio de crítica y auto-crítica constante. A veces, nosotras mismas podemos llevar a cabo conductas que dañan a la idea de hermandad y de feminismo al cuestionar a otras mujeres, al pensar que si mi vecina ha logrado ese ascenso en su empresa “es por algo”; al dudar quizá, de esa desconocida que denuncia una agresión y que por las razones que sean, decidimos darle la espalda.

Sororidad es sinónimo de solidaridad, es ser capaces de crear una red de apoyo entre nosotras para ayudarnos y reivindicar cambios reales. Pongámoslo en práctica, creamos en ello.

Por Valeria Sabater
Fuente: lamenteesmaravillosa.com

agosto 14, 2018

Ana Tijoux: “La lucha feminista en Argentina es fuente de inspiración para toda América Latina”


La cantante y compositora chilena estuvo presente este 8 de agosto en las calles de Buenos Aires, para acompañar la lucha en favor del derecho al aborto junto a más de un millón de personas, que se congregaron en los alrededores del Congreso. Luego de convidar sus canciones en el escenario Dora Coledesky, dialogamos con ella acerca de esta jornada histórica protagonizada por el movimiento de mujeres.

¿Por qué te parece importante estar acá participando?

Porque este es un proceso que, si bien se está generando en Argentina, es una antesala para el resto de América Latina. Estamos todos y todas muy pendientes de lo que está pasando acá, y definitivamente es un empuje para nosotros en el resto de los otros países. Es innegable la fuerza que ha tenido Argentina como fuente de inspiración. Es difícil articular con palabras…es pura emoción. Quizás hay que quitarle un poco la academia y la palubria. Es un tema de emocionalidades. Ese es el contexto: la emoción nos hace estar acá.

¿Cuál es la situación actual en Chile de la lucha en favor del derecho al aborto?

Esta complicado porque también el Estado y la Iglesia son muy fuertes. Por eso las compas están muy atentas de lo que está pasando acá. Hoy en día ha habido marchas multitudinarias. Hay una nueva generación de recambio, que viene sin miedo, y eso está muy interesante. Son muy jóvenes, muy politizadas y no tienen miedo de decirlo. Verbalizan de otra manera políticamente. Yo tengo 41 años y veo cabras de 13 que vienen con otro discurso, y creo que eso ya es una fuerza política que viene distinta, que viene articulándose y armándose. A una le hace preguntarse: “¡porque no nací ahora!”.

¿Por qué la cultura y el arte resultan fundamentales en América Latina para acompañar e incluso impulsar este tipo de luchas?

Porque la cultura y el arte somos acompañantes históricos. Siempre hemos sido acompañantes de procesos políticos y sociales. Creo que ese ha sido el rol del arte en general, no del arte publicitario por supuesto. Digo nosotros porque somos muchos, y de distintas plataformas. Finalmente, en este proceso de acompañamiento, testimonial y con distintas perspectivas, vamos a la par de los procesos, contando de forma natural lo que va pasando.

¿Qué es el feminismo para vos y cómo te atraviesa?

Les voy ser muy honesta: no puedo pensar en un feminismo sin un anticapitalismo y sin una lucha de clases. Son luchas muy cruzadas. Tiene que ver con libertad, buen vivir y emancipación. Tiro palabras al aire, pero para mí son luchas entrecruzadas, luchas de liberación de un cuerpo político que ha sido vejado y colonizado por tantos siglos. Por eso sería a la vez una descolonización.


En Chile, Brasil y Argentina nos gobierna la derecha, y en América Latina también se vive una derechización muy grande. ¿Crees que el feminismo puede ser una punta de lanza frente a este contexto?

Totalmente. Creo que es una punta de lanza y una ventana a la apertura de muchos cuestionamientos que están ahí, metidos en el inconsciente social. Si bien hay una derecha muy fuerte, es una antesala de muchas cosas que se van a abrir y expandir. Estamos en un supercapitalismo, algo superior, donde la velocidad del mercado está muy violenta, pero también la respuesta está siendo veloz y eso está interesante. Hay una contra repuesta y una polarización política muy fuerte, que no está en los parlamentos, sino que se siente y está en las calles.

¿Cómo te sentiste aquí en las calles de Argentina? ¿Cómo viviste este encuentro con miles de mujeres, sobre todo jóvenes, poniendo el cuerpo?

Muy bonito. Es muy difícil articular palabras sin que sea desde la emoción. La emoción es política, el cuerpo es político. Mi cuerpo se sintió como en un orgasmo infernal y hermoso. Es una cosa muy sublime lo que está pasando. Cuando me dijeron que estaba la actividad, me embalé y me vine. Me parecía importante venir, más allá de cantar o, aunque no hubiera cantado, venir a oler y “cachar”, como decimos en Chile, de respirar un poco la lucha que se está viviendo acá.

Por Antonella Alvarez y Hernán Ouviña*
Fuente: Marcha
*Publicada originalmente en FM La Caterva

marzo 27, 2018

Madres de la Plaza de Mayo. De madre biológica a madre política: Hoy Nora Cortiñas cumple 88 años en la plaza

Testimonio extraído del ensayo “El Movimiento de Madres de Plaza de Mayo” de Mabel Bellucci en Fernanda Gil Lozano y otras (compiladoras) Historia de las Mujeres en la Argentina. Tomo II. Editorial Siglo XX, 2000.

Foto: Karina Diaz
"Soy Nora Morales de Cortiñas, cofundadora e integrante del movimiento de Madres de Plaza de Mayo- Línea Fundadora. Tengo 69 años. Nací en Buenos Aires, Argentina. Parí dos hijos. Uno de ellos, Gustavo, está desaparecido. No hace mucho tiempo atrás, murió mi esposo. Mi matrimonio duró 50 años. Yo fui una mujer tradicional, una señora del hogar. Me casé muy joven. Mi marido era un hombre patriarcal, él quería que me dedicase a la vida familiar. 

En ese entonces yo era profesora de alta costura y trabajaba sin salir de mi casa, enseñándole a muchas jóvenes a coser. Vivía todo muy naturalmente, como me habían educado mis padres. Sabía de la militancia política de Gustavo y de su trabajo solidario en barrios humildes. El no nos ocultaba nunca nada. Se casó siendo un muchacho, cuando estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires. Tenía 24 años, una esposa y un hijo muy pequeño. 

Lo desaparecieron el l5 de abril de l977. Salió una mañana fría y no llegó más. Lo secuestraron en la estación de tren, mientras iba camino a su trabajo. Esa noche un operativo militar y policial allanó mi casa, en donde estaba mi nuera. Afortunadamente, a ella no le hicieron nada. Fue un milagro teniendo en cuenta que, en la mayoría de los casos, al no encontrar a la persona buscada se llevaban a cualquier familiar en represalia. 

A partir de ese momento comenzó una larga peregrinación por encontrar a Gustavo. Enviamos cartas al Papa, presentamos recursos de habeas corpus en los juzgados; recorrimos iglesias, dependencias oficiales, cuarteles, morgues, organismos de derechos humanos y visitamos a políticos, periodistas, intelectuales, curas y militares. Sólo queríamos que nos dijesen la verdad. 

Aunque, lo que relaté es lo único que pudimos saber de él en todo este tiempo. Hasta ahora no tengo otra información. Perder un hijo es siempre una tragedia pero hay que elaborarlo para no quedar prendida en ese laberinto y poder ayudar a quienes están en la misma situación. La soledad nunca es una buena receta si se quiere saber la verdad. 

Siempre se consideró que el duelo debía hacerse de puertas para adentro. Antes, las mujeres se encerraban en su dolor y quedaban prisioneras de la angustia. Vivían la pérdida con resignación. Si no me equivoco, la escritora Nicole Loreaux es la que cuenta que siempre existió una relación estrecha entre el duelo y las mujeres(51). Ella dice que en la antiguedad, el duelo tenía lamento femenino pero la sociedad no la quería escuchar y el orden político no quería ser puesto a prueba por ese grito de dolor. 

Por eso todo era intramuros. Actualmente con los grupos, las mujeres se fortalecen, se sienten útiles y descubren que el horror es algo que no sólo le pasa a ellas sino también a muchísimas otras. Todas tenemos puntos en común: fuimos madres y hemos perdido a un hijo. Nadie suplanta al hijo que perdiste; pero cuando esa pérdida no fue por un accidente, por una enfermedad y cualquier eventualidad, sino por haber sido secuestrado, torturado y después desaparecido su cuerpo, el dolor adquiere otra dimensión. 

Pero también tenemos otras diferencias: al no estar el cuerpo es imposible hacer el duelo. Nos queda la incógnita de ese cuerpo que nos niegan. Sin él, no podemos elaborar la muerte y darle la sepultura que se merece. Es el ser y no ser. La angustia se transforma en letanía. Las preguntas no cierran y la tragedia tampoco cierra. Una se interroga permanentemente. Nuestros hijos no están muertos. Están desaparecidos. Cuando una madre encuentra el cuerpo de su hijo, lo deposita donde corresponde y, de alguna manera se conforma. Es un hecho privado. En cambio, lo nuestro es querer hacer un duelo sin cuerpo. 

No nos conformamos y por eso es un hecho político. No quisiera competir en quien sufrió más, pero lo vivido por las Madres fueron violaciones a los principios más fundamentales de los derechos humanos cometidos por el Estado, en manos de un gobierno militar terrorista. Azucena Villaflor fue la que lanzó nuestra proclama inicial: "Todas por todas y todos son nuestros hijos" ¿ Qué queremos decir con ésto? Es una promesa implícita de las Madres: nuestra lucha no es individual, es colectiva. 

A lo largo de estos años, si no fuera por esta filosofía hubiese sido muy difícil afrontar tantas adversidades: varias madres murieron, otras debieron criar a sus nietos por la desaparición de los padres. A algunas compañeras les desaparecieron todos sus hijos, a otras les quitaron la posibilidad de criar a sus nietos, porque esos niños también fueron secuestrados junto con sus padres y mantenidos en cautiverio, hasta que los asesinos de sus familiares se los apropiaron y después los registraron con una identidad falsa. Sólo la fuerza que te da el conjunto permite seguir la búsqueda. 

Nosotras ya no somos madres de un solo hijo, somos madres de todos los desaparecidos. Nuestro hijo biológico se transformó en 30.000 hijos. Y por ellos parimos una vida totalmente política y en la calle. Los seguimos acompañando, pero no de la misma manera como cuando estaban con nosotras: revalorizamos la maternidad desde un lugar público. Somos Madres a las que se nos sumó un nuevo rol y en muchos de los casos no estábamos preparadas para ello. 

Transmitimos algo más de lo que antes le transmitíamos a nuestros hijos: el espíritu de la lucha y el compartir otras luchas. En fin, aprendimos a dar y a tomar. Esa necesidad por entender la historia de nuestros hijos fue la que nos mantuvo enteras, la que nos llevó a ocupar espacios hasta ese momento desconocidos por nosotras . También nuestro entorno familiar se alteró. Por ejemplo, mi marido me celaba y discutíamos bastante porque mi independencia se iba fortaleciendo a lo largo de nuestro accionar. 

A veces, por miedo, él se ponía obsecado. Mi familia estaba muy temerosa por mi suerte. Era frecuente que después de la ronda, terminásemos presas. Yo tengo otro hijo quien después de la tragedia, creyó ser único. Sin embargo, con mi activismo pasó a ser invadido por todos los otros hijos que buscamos. Yo viví durante muchos años la tensión de ser dos madres a la vez: la biológica y la política. Al principio no me daba cuenta que tenía otro hijo, hasta que sus planteos cotidianos fueron un llamado de atención. Ahora, él me ayuda, colabora conmigo, sin ser un activista. Pero no fue el único en la familia que sintió abandono. 

Mi nieto, el hijo de Gustavo, me veía como una abuela "rara". La situación se fue revirtiendo a partir de los comentarios elogiosos que hacían sus amigos sobre nuestras luchas. Al crecer él comprendió que, si yo no me ocupaba de la manera que me pedía, era porque buscaba a su padre . 

El 30 de Abril de 1977, nuestro primer día, éramos muy poquitas y todas estábamos atravesadas por el miedo y la angustia. Mientras averiguábamos por el paradero de nuestros hijos nos íbamos encontrando con mujeres y hombres en la misma situación. Entonces comenzamos a juntarnos para descubrir las causas, para consolarnos. No nos unían opiniones políticas ni religiosas sino la tragedia, la búsqueda incansable. 

Ahora bien, desde el inicio en vez de estar quietas decidimos rondar. No obstante, durante los cuatro primeros meses de reuniones lo que hacíamos era estar paradas. Las vueltas comenzaron casi por orden de la policía que nos hacía circular. La razón fue muy simple: como el estado de sitio no permitía que las personas se juntasen en las calles se nos ocurrió caminar alrededor de la plaza. Fue Azucena Villaflor la que propuso esa idea. Allí podíamos expresar nuestro dolor, nuestra angustia y la gente al vernos se iba enterando de lo que estaba sucediendo. 

Desde el principio siempre fuimos mujeres. Quizás, el horario elegido no permitió que los hombres nos acompañasen por sus obligaciones laborales ¿Por qué elegimos jueves? Fue una decisión azarosa. Una madre contó que en la tradición popular los días que se escriben con R traían mala suerte: entonces quedaba sólo lunes y jueves. El primero era imposible ya que nosotras teníamos tareas pendientes del fin de semana por ser amas de casa . Por ejemplo, lavar la ropa. 

Entonces decidimos por el jueves. Y en cuanto a la hora, se eligió el momento de mayor concentración de gente justo a la salida de sus oficinas. Así fue nuestro comienzo: rondar los jueves a las 15,30. Recién en 1980, empezamos a usar el pañuelo blanco en la cabeza con el nombre y apellido del familiar desaparecido, bordado. Fue en la peregrinación hacia la Basílica de Luján, convocada anualmente por la juventud católica. 

Era nuestra oportunidad: la Basílica estaba repleta y, en especial, de jóvenes. Llevábamos folletos para repartir y frente a tanta multitud debíamos identificarnos. Surge en su momento, como una forma de reconocernos entre nosotras. En realidad, cuando comenzamos a utilizarlo no era un pañuelo sino un pañal de bebé; todas teníamos alguno en las casas por nuestros nietos. Así, sin quererlo, fundamos el símbolo de las madres. 

La identificación del nombre del desaparecido posibilitó que se acercaran aquellas personas que disponían de información sobre el paradero de nuestros hijos. Tuvimos que acostumbrarnos a la vida pública, a las nuevas relaciones, a que nuestra intimidad ya no fuese la misma, a viajar mucho, a tener otro lenguaje, a prepararnos para la discusión con gente del poder, a hablar en los medios de comunicación y a ser reconocidas por la calle. 

Yo diría que nos hicimos mujeres públicas. Mi caso lo ejemplifica: de ser una ama de casa, fui creciendo y capacitándome hasta lograr el título de psicóloga social. Ahora soy titular de la "Cátedra Libre Poder Económico y Derechos Humanos", de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Al principio muchísima gente nos miraba con cierto recelo. En los primeros años estábamos muy solas. Nadie rondaba con nosotras. Teníamos inconvenientes con los otros organismos de derechos humanos, algunos de ellos estaban integrados por gente de partidos políticos y tenían otras formas organizativas y otros compromisos. Incluso nos costó mucho compartir ese espacio de resistencia con las feministas. 

Ellas comenzaron a venir a la Plaza de Mayo a principio de los ochenta. A las Madres, estas nuevas ideas sobre el ser mujer nos producía confusión y temor y no siempre fueron bien interpretadas. A muchas nos resultaba muy difícil descubrir el carácter patriarcal de la maternidad. 

Hay que comprender que nuestra identidad como movimiento fue configurada a partir de ese rol tradicional. De nosotras se desprendió un grupo de Madres que buscaban a sus nietos nacidos en cautiverio y así surgió la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo, nucleadas bajo el lema " Identidad, Familia, Libertad ". 

Nuestra causa ya no es sólo la búsqueda de nuestros familiares sino también la conquista por la liberación de las mujeres, el respeto a la libre determinación del cuerpo, a las minorías de opción sexual, religiosas y culturales. 

Es doloroso decir que el desprendimiento de la vida doméstica y privada y el salto a la vida pública se llevó a cabo porque tu hijo/a está desaparecido/a. Pero ya no se vuelve atrás".

Fuente: Rebelión

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in