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julio 19, 2026

Electoras, votadas y no elegidas en Brasil

Las brasileñas son clave para decidir el próximo gobierno, pero continúan excluidas de los principales espacios de poder político.


En octubre Brasil vivirá una elección presidencial que se perfila como una de las más disputadas de su historia, tras dos comicios que ya dividieron al país, en 2018 y 2022. Lula, cuenta hoy con ventaja en las encuestas, sobre todo en las últimas semanas tras el más reciente escándalo de corrupción que salpicó al candidato de la familia Bolsonaro. Sin embargo, la campaña aún no está y a pesar de indicadores económicos muy positivos, el presidente Lula sigue enfrentando una baja popularidad. Jair Bolsonaro, el expresidente, está inhabilitado para competir y cumple arresto domiciliario; por lo que designó a su hijo como candidato. En medio de una disputa presidencial protagonizada exclusivamente por hombres, hay un actor político visiblemente ausente: por primera vez en veinte años, ninguna mujer disputará la presidencia.

Las mujeres son consideradas un electorado decisivo en estas elecciones. Conviene recordar que, el mismo día en que Brasil elija a su nuevo presidente, también se renovarán las cámaras de diputados/as estaduales y federales, se elegirán gobernadores/as y dos tercios del Senado.

Como en la mayoría de los países, las mujeres son mayoría en el electorado y, no por casualidad, en una disputa tan reñida sus votos son especialmente codiciados. Brasil, sin embargo, carga con una particularidad bastante vergonzosa: es el segundo peor país de América Latina en materia de representación política de las mujeres.

La importancia del voto femenino quedó especialmente en evidencia en las últimas elecciones presidenciales. En 2022, con la pandemia todavía fresca y el temor a que Bolsonaro continuara en el poder tras haber desalentado el uso y la producción de vacunas, las mujeres votaron mayoritariamente por Lula. Así lo sugieren la mayoría de las encuestas, que apuntan a una lectura pragmática vinculada con la protección de la salud. Lo que ya se sabe, en todo caso, es que las mujeres tienden a votar desde una perspectiva del cuidado, lo que incluye la preocupación por la calidad de la educación y la inflación de los alimentos.

Ahora, sin la pandemia como marco de urgencia y con un gobierno que no ha logrado entusiasmar plenamente a ese electorado, la disputa por el voto femenino vuelve a abrirse. En ambos lados existe una preocupación por conquistar ese voto que se refleja en los esfuerzos para endurecer las penas por feminicidio, una acción apoyada por ambos grupos políticos. Aunque son actos que llaman la atención, es curioso notar que, detrás de esas estrategias persiste una lectura bastante simplista: la de que las mujeres tienen preferencias políticas similares por el solo hecho de ser mujeres.

Sin embargo, si la disputa por el voto femenino ocupa buena parte del debate, en estas elecciones del 2026 mucho menos se discute, dentro de los grandes partidos, el lugar de las mujeres como representantes. Así quedó en evidencia el 24 de junio, cuando Michelle Bolsonaro, precandidata a algun puesto, publicó un video en el que denunciaba a su hijastro y compañero de partido, Flávio Bolsonaro.

Actualmente, Brasil ocupa el puesto 135 en el ranking de la Unión Interparlamentaria sobre presencia femenina en los parlamentos: la segunda peor marca entre los países latinoamericanos, superado únicamente por Belice. Solo el 13% de los municipios tiene una alcaldesa; 18% de las diputadas federales son mujeres (la mayoría de ellas blancas y de partidos de derecha) y en casi 20% de las ciudades brasileñas no hay una sola concejala. Treinta años después de la ley de cuotas de género, el porcentaje de mujeres electas sigue siendo escaso y los avances han llegado a paso de tortuga.

En gran medida, esto se debe al sistema electoral brasileño, combinado con prácticas partidarias profundamente masculinizadas, que operan como un filtro y reducen sistemáticamente las posibilidades de las candidatas antes de que el electorado llegue siquiera a ver sus nombres en la urna.

Las cuotas que obligan a los partidos a incluir al menos un 30% de mujeres en las listas existen desde fines de los años noventa. Sin embargo, en un sistema de lista abierta, garantizan solamente la candidatura, no que esta mujer tenga visibilidad. En un sistema como tal, donde cada candidata compite individualmente por hacerse conocer, el acceso al financiamiento resulta determinante. Y los recursos públicos de campaña siguen fluyendo de manera desproporcionada hacia los hombres, sobre todo hacia quienes ya ocupan cargos y controlan las estructuras partidarias.

Pero el problema va más allá. Como aumentar la presencia de mujeres implica necesariamente reducir el espacio de algunos hombres, lo que predomina es la preservación del status quo. A ello se suman las barreras informales. En una investigación reciente, publicada en la revista Electoral Studies y desarrollada junto a Thiago Fonseca y João Victor Guedes Neto, identificamos que, tras los cambios legales destinados a promover candidaturas de mujeres y de personas negras, los partidos incrementaron el número de candidatas, pero principalmente de aquellas con escasas posibilidades de ser electas, garantizando apenas que aportaran más votos a sus respectivas siglas.

Muchas veces, aun cuando existen mujeres dispuestas a competir, aquellas que podrían ser candidatas potencialmente competitivas no llegan a serlo porque el partido no las financia, no las apoya y no las proyecta. Y cuando el electorado no las conoce, simplemente no puede votarlas. A estas barreras se suma, además, la persistente violencia política de género, que en estas elecciones se ha vuelto visible, alejando a muchas mujeres de la disputa electoral.

El resultado es un sistema que necesita el voto de las mujeres, pero que sigue dificultando su acceso al poder. Las reglas que estructuran el juego político en Brasil fueron hechas, históricamente, por hombres y para hombres, y continúan reproduciendo una representación profundamente desigual.

En 2026, mientras Lula y el hijo de Bolsonaro – o quien finalmente dispute la presidencia – compiten por el voto del grupo mayoritario del electorado, las mujeres, que siguen siendo indispensables para decidir quién gobierna, continúan lejos de ocupar, en la misma proporción, los espacios donde se ejerce el poder.


Por Débora Thomé
Fuente: Latinoamérica 21


Investigadora asociada en el LabGen de la Univ. Federal Fluminense - UFF (Brasil) Doctora en Ciencia Política por la UFF. Fue investigadora visitante en la Universidad de Columbia. Co-autora de "Mujeres y Poder" (con Hildete Pereira de Melo, Editora FGV, 2018).

junio 18, 2026

Aida Quilcué: “Es el tiempo de las mujeres y ese tiempo no es solo una presencia simbólica”


En la recta final de la campaña electoral, la candidata a vicepresidenta de Colombia por el Pacto Histórico, convoca a la unidad de los pueblos indígenas, afrodescendientes, populares, rurales y urbanos a continuar el camino de transformación que inició con la presidencia de Gustavo Petro. “Sueño con que exista la igualdad en Colombia”, afirma.

Aida Quilcué, mujer nasa del Cauca colombiano, lideresa indígena, defensora de los territorios, de los derechos humanos y de la naturaleza y senadora desde 2022, es la candidata a la vicepresidencia de Colombia junto a Iván Cepeda por la fórmula del Pacto Histórico, partido del presidente Gustavo Petro.

El pasado 9 de marzo se conoció que Quilcué sería la candidata a la vicepresidencia. En diálogo con Marcha Noticias afirmó: “Es el tiempo de las mujeres y ese tiempo no es solo una presencia simbólica, sino una presencia viva para la gobernanza. He emprendido un camino, igual que muchas mujeres desde los distintos espacios, desde los procesos más invisibles porque a veces somos muy invisibles, que vale la pena”.

También señala: “Hay que avanzar a pesar de las dificultades, de los tropiezos; esas dificultades y tropiezos nos vuelven fuertes. Y desde esa fuerza hoy estoy aquí para representar el pueblo colombiano como vicepresidenta de la República”.

Aida marca también el cariño recibido durante la campaña, por parte de los sectores populares, las mujeres, las y los jóvenes, la comunidad LGTB+, las personas con discapacidad. Una campaña autogestiva construida desde el poder popular.

“Estamos para enfrentar y asumir los desafíos y retos que hoy nos pone el país”, anuncia. Y explicita que esos desafíos son “la exclusión histórica que han tenido los 115 pueblos indígenas de Colombia, que son una presencia viva del país, una presencia que ha sido estigmatizada, que ha sido olvidada, que ha sido excluida y que es una presencia real de la riqueza cultural y natural que tenemos los pueblos indígenas, los pueblos campesinos, afrodescendientes y los pueblos más excluidos incluso en las ciudades”. 

Agregó: “El segundo desafío es avanzar en las transformaciones que ha empezado el presidente Petro. Se ha avanzado con los derechos de la ciudadanía en el marco de las reformas del Congreso de la República y de reformas constitucionales y en derechos. Vamos a avanzar en todas esas propuestas que se están encaminando y que es la continuidad de ese proyecto político”.

Cuando se le pregunta qué sueña para su país, responde: “Hemos vivido milenaria e históricamente muchas situaciones difíciles, que aún estamos viviendo. Lo que más sueño es que nuestros hijos e hijas puedan caminar tranquilos en el territorio, que no nos odiemos por pensar diferente y que exista la igualdad en Colombia”.

A las mujeres del continente, les dice: “Tengamos mucha fuerza porque las formas de exclusión, sobre todo en las mujeres no se da sólo en la oposición, también en el progresismo y tenemos que caminar, enseñar, aconsejar y ojalá algún día también sacar ese esa práctica de de esto y que los hombres han sido tan valiosos como nosotras las mujeres. Y seguiremos siendo valiosos y valiosas para construir esa esa Colombia que hoy queremos, pero también esa Latinoamérica y ese mundo que hoy necesita la humanidad”.

El tiempo de los pueblos

El documental “Aida Quilcué. Es tiempo de los pueblos”, realizado por Juntos Somos-Human Conect, retrata su vida y su lucha contra el racismo, la violencia estatal y en defensa de los territorios. Combina una entrevista reciente a la lideresa con material de archivo sobre su militancia.

Quilcué inscribe su propia vida en una lucha que lleva más de 500 años. “Invadieron nuestros territorios, invadieron nuestro pensamiento y nos quitaron la tierra”, denuncia. Y da un mensaje tan actual como necesario para el país y la región: “Resistir no es aguantar, es dignificar”. 

Hija de una maestra y de un líder comunitario, desde la infancia acompañó a su papá, aprendiendo que la tierra comunitaria es de las comunidades. En su relato aparece también la raíz de la lucha en la memoria del líder indígena Manuel Quintín Lame, defensor de los derechos de los pueblos indígenas colombianos, que falleció en 1967.

Aida fue promotora de salud y maestra comunitaria en su comunidad. El punto de inflexión que la convirtió en lideresa fue la avalancha del río Páez en junio de 1994, que afectó a la zona del departamento Cauca (en el suroeste colombiano). Más de 1.100 personas murieron y su comunidad se vio obligada a desplazarse y a comenzar de cero en otro territorio del departamento. 

Fue la primera mujer nombrada como representante legal del Consejo Regional Indígena del Cauca. Entre 2003 y 2009 fue consejera mayor. En 2008 organizó la serie de protestas y marchas conocida como Minga Indígena contra el gobierno de Álvaro Uribe, que desconocía las autonomías de los pueblos indígenas.

“Me decían ‘cuidado, Aida, que la pueden matar’, pero yo no pensé que la muerte estuviera tan cerca”, relata en el documental. A finales del 2008, en una emboscada militar, asesinaron a su esposo Edwin Legarda. Quilcué luchó por justicia para su esposo y también por justicia para otras víctimas de la persecución y de los “falsos positivos”; nombre que se le dio a las ejecuciones cometidas por el Ejército Nacional de Colombia contra ciudadanos no beligerantes pero cuyos asesinatos se presentaban como resultados de enfrentamientos en el marco del conflicto armado interno. Según la Comisión de la Verdad de Colombia, 6.042 civiles fueron asesinados por el Estado con este mecanismo.

Poco después del crimen de Legarda, Aida dijo en un acto público: “Si mataron a mi esposo para que Aida se calle, sepan que me dieron más fuerza”. Si bien se condenó a seis militares por la ejecución de Legarda, no se avanzó en la investigación sobre los autores intelectuales del crimen.

La lucha de Quilcué contra el arrebato de tierras para el extractivismo continuó. En 2022, fue electa senadora nacional por el Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS), uno de los partidos que representa a los pueblos indígenas en el congreso por medio de la circunscripción especial para pueblos indígenas. Ya en la política institucional, manifestó su voluntad de “representar a los pueblos excluidos, olvidados, estigmatizados e incluso asesinados”, tal como manifiesta en la entrevista registrada en el documental. 

Una frase de Aida queda resonando en el film: “De tantas lágrimas, de tantas luchas, de tantos sacrificios, hoy llegó el tiempo de los pueblos”.

“Hay tristeza, hay lágrimas, pero también hay esperanza”

En la semana previa a las elecciones, Quilcué agradece al Consejo Regional Indígena del Cauca, “una organización que ha tenido muchos altibajos, pero que le ha enseñado a Colombia la resistencia y la dignificación de los pueblos”. También a la Organización Nacional Indígena de Colombia y a las organizaciones regionales que componen los 115 pueblos indígenas que habitan el país.

En referencia al estallido social de 2019, recuerda: “Los jóvenes nos enseñaron a nosotros, porque conocimos la exclusión total que se vive en las ciudades. Algunos muchachos nos decían, ‘preferimos quedarnos aquí en la calle, porque aquí al menos tenemos el desayuno, el almuerzo y la comida y en la casa no lo tenemos’. Y no porque los papás fueran perezosos, sino porque no había oportunidades. Y por eso va mi abrazo a aquellos jóvenes, que hoy la oposición dice que son terroristas, delincuentes. Yo reivindico esa memoria. A algunos los dejaron lisiados y otros aún siguen en las cárceles”.

Reivindica a la clase obrera por “luchar por su derecho a un trabajo digno”. A las mujeres, “para que la violencia salga de las familias y de las sociedades porque toda clase de violencia contra la mujer también nos ha afectado y nos ha llevado al olvido estructural”. Y también a la comunidad LGBTIQ+ y a las personas con discapacidad. Desde su identidad como mujer indígena, se hermana con esas luchas: “No solamente vivimos la violencia de los fusiles, hemos vivido la violencia de exclusión”.

Añade: “Desde el progresismo tenemos que sacar esa violencia porque eso fue lo que se sembró en nosotros. Tenemos que aprender a caminar en la diversidad porque aquí cabemos todos y todas. Nuestros pueblos se han enfrentado y terminaron en una situación difícil, pero a esto lo crearon aquellos que siempre nos quisieron ver divididos. La colonia llegó y nos puso a pelear entre nosotros; llegó la corrupción, la mentira, la envidia. Por eso nos dividieron y por eso muchos pueblos en Colombia fueron totalmente exterminados, como el Pueblo Yalcón, que hoy solo existe en las estatuas y en la memoria. 

Para Quilcué, hoy los pueblos pueden dividirse, porque eso permite el avance del capitalismo, la exclusión, el racismo y todas las formas de violencia. “Hay tristezas, hay lágrimas, pero hay esperanza. Y hoy nos hemos encontrado una Colombia que nunca nos habíamos encontrado para mirarnos a los ojos, para cantar entre nosotros, pero también para caminar juntos y juntas”, describe. 

Candidata a la vicepresidencia

La candidata del Pacto Histórico expresa: Y concluye: “El 31 de mayo tiene que ganar Colombia. Tienen que ganar las víctimas, los indígenas, los vecinos, las mujeres, la juventud. Que suene la flauta, que suene el tambor, que suene la música, que suene las guitarras, que suenen los vientos, los ríos, las aguas, porque también tenemos que proteger nuestra Madre Tierra. Y esa será nuestra lucha”. 

Asegura que su proyección no era ser candidata a vicepresidencia, sino retornar a su territorio. “No porque no pudiera o no porque no hubiera estudiado, porque basta con haber vivido lo que vivimos al lado de nuestros pueblos, porque eso hace parte de nuestro aprendizaje”. Pero finalmente decidió aceptar la invitación de Iván Cepeda: “Con Iván venimos de lugares distintos, pero con los mismos caminos de esperanza y paz”.

“Yo no me preparé en la academia, me preparé en la academia de la naturaleza y los pueblos. Y me voy a juntar con esa otra ciencia que es Colombia. Nadie gobierna solo. Alrededor hay muchas mentes, muchas manos valiosas, idóneas, invisibles que gracias a ello podemos seguir gobernando”, agrega.

“A Petro lo han estigmatizado, lo han señalado. Pero nunca dicen que ellos fueron los que dejaron los rezagos de la corrupción, el racismo y la exclusión. No con eso quiero justificar los vacíos que aún existen. Porque estamos aprendiendo. Pero yo sé que esta Colombia nos va a enseñar a mejorar las cosas”, analiza.

Relata que la campaña fue de amor, de abrazos. Y que eso aumenta la responsabilidad de continuar la transformación. Sin embargo, aclara que hay problemas que no se solucionan en cuatro u ocho años de gobierno. “Este es un proyecto político a largo plazo, donde muchas generaciones tenemos que prepararnos para gobernar este país”.

Por Mariángeles Guerrero desde Bogotá
Fuente: Marcha.org.ar

abril 18, 2026

La brecha de poder en el Congreso colombiano: más mujeres, mismos límites

Aunque más mujeres compiten en la política colombiana, su llegada efectiva al poder se estanca —e incluso retrocede—, evidenciando que la paridad no se resuelve solo con cifras, sino con condiciones reales de acceso y agendas comprometidas con la igualdad.



Colombia enfrenta una paradoja persistente en su democracia, cada vez más mujeres participan en la contienda electoral, pero su presencia efectiva en los espacios de poder no crece al mismo ritmo y, en algunos casos, incluso retrocede. En materia de representación femenina, hay avances que vale la pena destacar: el 40,9 % de las candidaturas al Congreso corresponden a mujeres, lo que significa un incremento frente a procesos electorales anteriores.

Este dato no es menor, pues refleja, al menos en el plano formal, una mayor presencia de mujeres en la contienda electoral, impulsada en parte por mecanismos como las listas cerradas y de cremallera, a pesar de las críticas que han suscitado.

Se trata, además, del resultado de décadas de lucha del movimiento de mujeres y del movimiento feminista en Colombia, que han promovido reformas legales, acciones afirmativas y transformaciones culturales para abrir espacios en la política. La ley de cuotas, la incidencia en los partidos y la presión constante por la paridad han sido claves para que hoy más mujeres puedan aspirar a cargos de elección popular. En ese sentido, el aumento en las candidaturas es una conquista colectiva sostenida en el tiempo.

Sin embargo, al contrastar este avance con los resultados en términos de representación efectiva, es decir las curules obtenidas, la narrativa se complejiza. En medio del proceso de escrutinio y a la espera de la entrega de credenciales por parte de la Registraduría Nacional del Estado Civil, la Misión de Observación Electoral (MOE) advierte un estancamiento en la participación de mujeres en el Congreso para el periodo 2026–2030: la representación femenina alcanza el 29,98 %, lo que incluso supone una leve caída frente a las elecciones de 2022. Esto indica que, aunque formalmente se cumple la cuota del 30 %, el dato evidencia un problema estructural y es que persisten barreras en el acceso real de las mujeres a cargos electivos.

La distancia entre candidaturas y resultados pone en evidencia una tensión persistente en la democracia colombiana: no basta con que las mujeres estén en las listas, es necesario que estén en posiciones competitivas y de toma de decisión. La cuota, sin mecanismos efectivos de ubicación y alternancia, puede convertirse en un cumplimiento formal sin impacto sustantivo. En otras palabras, más mujeres compiten, pero no necesariamente más mujeres llegan a los cargos.

A esta tensión se suma una paradoja aún más compleja. Algunas de las mujeres que sí logran acceder al poder lo hacen desde agendas políticas abiertamente conservadoras o religiosas que, en muchos casos, se oponen a avances en materia de derechos sexuales y reproductivos, igualdad de género, la lucha contra las múltiples formas de violencias basadas en género e incluso la misma paridad. Incluso, en ocasiones, desconocen o minimizan el papel de los movimientos sociales y feministas en la apertura de estos espacios.

Esto plantea preguntas incómodas pero necesarias: ¿qué significa realmente avanzar en representación política? ¿Es suficiente contar cuántas mujeres hay en el Congreso o debemos preguntarnos también qué agendas impulsan y qué derechos están dispuestas a defender? ¿Existe el riesgo de retroceder en materia de igualdad? La presencia de mujeres no garantiza, por sí sola, una representación sustantiva ni la defensa de los derechos de las mujeres. Además, la política, e incluso la democracia misma, está atravesada por ideologías, proyectos de sociedad y disputas de poder. Que una mujer ocupe una curul no implica automáticamente un compromiso con la igualdad de género o con otro tipo de derechos. Sin embargo, sí resulta problemático que se desconozca que esas mismas curules son, en gran medida, producto de luchas colectivas que buscaron ampliar derechos para las mujeres, no restringirlos.

En este contexto, el 8M adquiere una carga simbólica particular. Una fecha históricamente asociada a la reivindicación de derechos, la memoria feminista y la exigencia de igualdad coincide con un escenario en el que aumenta la participación formal, pero se estanca (e incluso retrocede), la representación efectiva. A ello se suma la posibilidad de que lleguen al Congreso personas con agendas regresivas, lo que evidencia tensiones no resueltas en torno a la igualdad política y el avance de sectores conservadores.

Aun así, es necesario reconocer que el hecho de que el 40,9 % de las candidaturas esté compuesto por mujeres es un logro significativo, independientemente de la orilla política de la que haga parte. Pero también es un recordatorio de que la igualdad no se agota en los números y tampoco es una responsabilidad exclusiva de las mujeres. La democracia paritaria no solo implica abrir las puertas, sino garantizar que las mujeres puedan atravesarlas en condiciones reales de competencia y ejercer el poder en contextos que no reproduzcan las desigualdades que históricamente las han excluido.

El desafío, entonces, es doble. Por un lado, fortalecer los mecanismos que además de asegurar la inclusión, también sostengan la efectividad de la participación política de las mujeres: listas paritarias, alternancia real, garantías dentro de los partidos y eliminación de violencias basadas en género dentro de estos. Por otro lado, promover una representación que avance en la garantía de derechos para mujeres, niñas y otras poblaciones históricamente discriminadas.

Quizás, en medio de estas tensiones, el Congreso 2026–2030, aun con menos mujeres, termine debatiendo de fondo la paridad política y comprometiéndose con la protección de la autonomía reproductiva de las mujeres, como condición para el ejercicio de la ciudadanía plena en una sociedad democrática. Y eso, en sí mismo, no dejaría de ser una nueva paradoja.

Fuente: La Cadera de Eva

abril 10, 2026

En el exilio 400 mil feministas por alzar la voz contra la dictadura nicaragüense

En el exilio 400 mil feministas por alzar la voz contra la dictadura  nicaragüense | SemMéxico

Funciona la violencia política del patriarcado sin OSC ni prensa independiente 

Se estima que alrededor de 400 mil mujeres feministas nicaragüenses viven en el exilio por alzar la voz contra la dictadura de Daniel Ortega, muchas de ellas porque al salir por cualquier situación del país, ya no se les permitió la entrada, y otras por seguridad. Se estima en 800 mil las personas en el exilio por seguridad. Existen tres presas políticas de las cuales no se sabe su paradero. 

En una charla con la periodista Sara Lovera López en el Podcast “Feminismo desde Cero” de la Organización Editorial Mexicana (OEM), Vanessa y Violeta que están en algún lugar, relatan cómo es la vida de una mujer en la dictadura en pleno siglo XXI donde las mujeres carecen de derechos por un dictador patriarcal que accedió al poder por un mito de heroísmo de izquierda, violador de su hijastra y que modificó la Constitución en 2025 para simular una equidad en el poder al nombrarse junto a su esposa Rosario Murillo que era vicepresidenta, copresidentes de Nicaragua.

Invitadas por el Comité Mexicano por la democracia y las Libertades en Nicaragua que trabajan en México, Violeta precisa que gran parte del movimiento feminista está en el exilio después del estallido social de abril de 2018 cuya violenta represión dio como resultados medio millar de asesinados, centenares de personas en el exilio. El cierre de más de 5,000 organizaciones de la sociedad civil incluidas las feministas. Allanamiento a las oficinas, procesos judiciales, estigmatización y desvinculación de las organizaciones feministas de cualquier esfuerzo institucional en la lucha de los derechos de las mujeres, el cierre de las Comisarías de la Mujer. La salida del liderazgo feminista del país, incluye el haber arrebatado la nacionalidad a 300 nicaragüenses entre las que hay feministas.

Actualmente realizan una campaña desde el exilio para la localización de tres presas políticas de las cuales no se sabe su paradero porque lo ha ocultado el régimen, pero también hacen campaña para las mujeres trabajadoras públicas que reciben chantaje si quieren conservar su trabajo. “Sabemos que la dictadura también realiza persecución transnacional”.

El ataque a las organizaciones feminista comienza desde que acuerparon a Zoilamérica Narváez cuando hizo pública en mayo de 1998 una denuncia formal contra su padrastro Daniel Ortega acusándolo de abuso sexual, violación y hostigamiento desde que ella tenía 9 años. Las cuotas de poder de Rosario Murillo tienen que ver con este ataque sexual, señalan. 

Detallan que en su momento la denuncia fue un terremoto, pero no es ajeno al mundo que los cuerpos de las mujeres se vuelven objeto de negociación. Tiene que ver con las cuotas de poder de Rosario Murillo. Hoy en Nicaragua hay un Rey y una Reyna para lo cual se reformó la Constitución en 2025.

Escucha el pod cast de la Lovera: 


La denuncia se hizo en 1998, la investigación judicial no prosperó debido a que Daniel Ortega gozaba de inmunidad parlamentaria, la cual fue ratificada por la Asamblea Nacional de Nicaragua en ese entonces, archivando el caso. Zoilamerica Narváez enfrentó una fuerte persecución política y mediática por parte del gobierno de Ortega. Posteriormente, se exilió en Costa Rica.

Mencionan que la persecución es un componente misógino de la estructura del estado, además de las campañas de desprestigio a las organizaciones feministas, que incluye insultos de los medios oficiales, no existe una prensa independiente desde 2019.

También existe otro tipo de persecución a las poblaciones indígenas y las campesinas. En el caso de las indígenas miskistas son desplazadas de su territorio por grupos de colonos con el aval de la dictadura, que son personas que manejan armas que funcionan como grupos paramilitares. Las barreras lingüísticas afectan a las mujeres que tienen que exiliarse en Costa Rica porque no hablan español. También hay persecución a mujeres trans, las encierran con los hombres. 

Señalan que las voces más beligerantes han sido las feministas que advierten al mundo del mito de la izquierda de los 80s en el que se arropa la dictadura, que incluyo llego a encarcelar a líderes sandinistas como en el caso del general Hugo Torres Jiménez preso por órdenes de Daniel Ortega en junio de 2021 y que falleció a los 73 años, tras más de dos meses en que la dictadura mantuvo oculto su paradero. Torres era el único ex guerrillero sobreviviente que participó en las dos operaciones militares más emblemáticas efectuadas por el FSLN en la lucha contra la dictadura de Somoza. Se trata de la toma de la casa de José María Castillo, conocido como “Chema” Castillo en 1974.

Las feministas en el exilio siguen dando la lucha piden respaldo fuerte para el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua de la ONU, que ha solicitado diversas acciones tanto al Gobierno de Nicaragua como a la comunidad internacional debido a las graves violaciones documentadas desde abril de 2018. 

Estas son: Cese a la represión contra opositores, periodistas, defensoras de derechos humanos tanto dentro como fuera del país.

Restablecimiento de libertades, como garantizar la seguridad, la libertad de expresión, la autonomía universitaria y revertir el cierre arbitrario de organizaciones de la sociedad civil. Liberación de presos y presas políticas. 

Nota: La entrevista se llevó a cabo el 6 de marzo, el 8 de marzo en El Día Internacional de la Mujer como hace siete años, las mujeres exiliadas se manifestaron en Ciudad de México, en San José, Costa Rica y en Madrid, Barcelona denunciando la violación de los derechos humanos en su país.

Por Elda Montiel 
Fuente:SemMéxico

febrero 01, 2026

Ni en Reino Unido, ni en Estados Unidos: el primer voto femenino fue en Nueva Zelanda


Al contrario de lo que sucedía en otros países, la lucha por el sufragio femenino tuvo una amplia aceptación social en la Nueva Zelanda del siglo XIX, especialmente entre los sectores más conservadores.

Petición del sufragio femenino en Nueva Zelanda, 1893.CC

Que la revolución francesa sea el acontecimiento histórico que marca el inicio de la edad contemporánea, en la que se enmarca nuestra época actual, no es fruto del azar. Este episodio del pasado fue algo así como una tierra fértil en la que se cultivaron los ideales que hoy sostienen a la sociedades occidentales: los tan difundidos Derechos Humanos y, entre ellos, la semilla de unos derechos destinados a una mitad de la población que durante siglos vivió relegada a la otra. Las mujeres.

Condenada a muerte por sus ideas, la escritora francesa Olympe de Gouges fue una de las pioneras en esta lucha, al defender que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” y redactar, en 1791, la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana. Más tarde, el movimiento de activistas británicas como Emily Davison, quien dio (literalmente) su vida por alcanzar el voto femenino en Inglaterra, se hizo eco en todo el mundo e impulsó también a las sufragistas estadounidenses.


Sin embargo, no fue en ninguno de estos países donde las mujeres adquirieron por primera vez el derecho a votar, blindado ahora por la mayoría de constituciones del planeta. Aunque la lucha en Francia, Reino Unido y Estados Unidos fue determinante a nivel global, lo cierto es que fue en Nueva Zelanda donde este se formalizó antes, y de una manera ciertamente transformadora para la época: considerando también a mujeres maoríes e indígenas como dignas de ejercer esa libertad democrática.

1893: LA LUCHA DE KATE SHEPPARD Y MERI TE TAI MANGAKĀHIA 

Nueva Zelanda fue un caso de éxito excepcional en un contexto global en que el movimiento feminista era visto con escepticismo: al contrario de lo que sucedía en otros países, donde las peticiones por el voto femenino tardaron décadas en materializarse, la propuesta en esta isla de Oceanía -que en el siglo XIX caminaba bajo la tutela de su padre, el Imperio británico- contó con una amplia aceptación social, especialmente entre los sectores más conservadores.

El país ejerció su soberanía en 1852 (al menos, en asuntos internos), pero desde entonces experimentó un período de decadencia que dio lugar a saqueos y desorden social. Eso, sumado a que, por causas no citadas en las fuentes, la población era mayoritariamente masculina, hizo que las mujeres —y, en consecuencia, sus peticiones— fueran muy valoradas por la sociedad y las instituciones: desde 1869, con la publicación de Un llamamiento a los hombres de Nueva Zelanda, escrito por Mary Muller, comenzó a abrirse el sendero hacia el sufragio femenino.


No fue, sin embargo, hasta inicios de la década de 1890 cuando aparecieron en escena Kate Sheppard y Meri Te Tai Mangakāhia. La primera, movilizó a las mujeres entre 1891 y 1892 y finalmente organizó una recogida de firmas masiva que fue considerada por el entonces gobernador neozelandés Lord Glasgow, quien aprobó la ley que dio respaldo al sufragio femenino, un 19 de septiembre de 1893.

Meri Te Tai Mangakāhia.

La segunda, por su parte, fue un paso más allá en la lucha. Como mujer que se enfrentaba una doble discriminación a causa de su origen indígena, Meri Te Tai Mangakāhia inició una reivindicación paralela a favor de la inclusión de las maoríes en esta nueva ley, que pronto tuvo éxito. Además, también se manifestó por el derecho de las mujeres a ocupar un escaño en el parlamento, si bien no fue hasta 1919 cuando pudieron finalmente presentarse a las elecciones.

DE NUEVA ZELANDA AL MUNDO ENTERO

El siguiente país en consolidar este derecho fue Australia, en 1902, aunque lo hizo con un ingrediente que hoy nos sabría amargo: sin englobar a las mujeres y hombres aborígenes. Le siguió un conjunto de países europeos: Finlandia en 1906, Noruega en 1913 y Dinamarca en 1915. Y luego, esta libertad llegó a la Unión Soviética, en 1917.

Periodista especializada en historia, cultura y actualidad
Fuente: National Geographic

noviembre 10, 2025

No fue acoso, sino abuso sexual lo que experimentó la Presidenta de la República este martes en plena calle

No fue acoso, sino abuso sexual lo que experimentó la Presidenta de la República  este martes en plena calle : r/mexico_politics
La mandataria federal descartó cambios o despidos en su equipo de seguridad tras el acoso sexual que sufrió el martes. / Foto: Presidencia

Sólo un político y dos periodistas plantean revisar la seguridad de la mandataria y los protocolos contra la violencia 

Funcionarias y legisladoras se “solidarizan” y sus llamados no cuestionan cómo funciona su seguridad que falló

La presidenta además de levantar una denuncia, mandató una campaña y la revisión en todo el país cómo se tipifica el delito

Abogada feminista planea lo contrario, es una oportunidad de revisar realmente cómo está el acceso a la justicia para las mujeres en delitos sexuales

Este martes la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, vivió como en plena calle un hombre la tocó e intentó besarla durante una caminata que hizo en pleno Centro Histórico. El nombre del agresor es Uriel Rivera Martínez y fue detenido horas después.

Tras la experiencia, filmada y difundida esta mañana la mandataria anunció que buscará “que el acoso sexual sea considerado como delito penal en todo el país”, ahora tipificado en la Ciudad de México. Pero no fue acosó fue abuso sexual, le aclaran las expertas. 

La presidenta decidió hacer la denuncia , porque , dijo “ esto lo viven todas las mujeres del país y la ciudad” y agregó que “Si esto se le hace a la presidenta, qué va a pasar a todas las mujeres del país”. 

Sobre este hecho, cuyas imágenes en unas horas se difundieron en todo el país, la abogada Andrea Medina Rosas dijo en entrevista con SemMéxico, que le llamó la atención la gravedad del asunto. Lo que sucedió no fue un acto de acoso sexual, sino el delito de abuso sexual que es muy diferente. El primero – el acoso- tiene una sanción de 1 a 3 años, y el abuso sexual es de 1 a 6 años, son conductas diferentes. Extraña, añadió, que la presidenta no supo la diferencia, como tampoco lo saben las funcionarias de este gobierno. Ni periodistas.

Lo que se ve en las imágenes es que ella sonríe tras el tocamiento, porque no lo sintió , ella misma lo dice, no se dio cuenta hasta que ve el video. 

Medina Rosas, conocida experta en derecho y violencia de género, afirmó que este hecho se tendría que ver con más profundidad, porque en la práctica judicial existe una visión medieval, en la que se discute si en estos crímenes hay o no consentimiento de las víctimas.

En los delitos sexuales, esa visión medieval exige que la víctima pruebe un “No” claro, – algo que ahora se quiere legislar- como elemento para justificar que no hay ese consentimiento. Es lo más complicado en probar. 

Y si ella no fuera la presidenta de la República, un funcionario cualquiera o un juez diría que no hubo abuso sexual porque no dijo “No” y más bien sonrió. Lo que no se sabe es que el abuso, frecuentemente sorpresivo, hace que todas las mujeres reaccionen así, no saben qué hacer.

El suceso, agregó, abre una oportunidad para ver cómo se encuentra el acceso a la justicia; ver porque no avanza, cuánto personal hay en las fiscalías especializadas, cuantas denuncias hay y porque no avanzan, cuales criterios se aplican, cuantas sentencias y acuerdos reparatorios. Eso debía hacerse y no otras cosas. 

Claudia Sheinbaum buscará que el acoso sexual sea considerado delito penal en todo el país / Foto: Ilustrativa Crisanta Espinosa / Cuartoscuro.com


La reacción: horas y horas con el tema

La presidenta denuncio al agresor, pero en su mañanera del pueblo, cuestionada sobre los hechos, y si está o no bien cuidada, minimizó la responsabilidad de la Ayudantía Presidencial que está a cargo de su seguridad y lamentó lo que calificó como una “revictimización” el uso de las imágenes del momento del abuso.

Las opiniones y comentarios en redes sociales o conversaciones diversas mostraron que ni la presidenta se salva de la estadística nacional que señala que 7 de cada 10 mujeres ha experimentado alguna forma de violencia sexual a lo largo de su vida. 

Lo que molestó a la primera mandataria es que un diario de circulación nacional -Reforma- publicó la fotografía -como cientos de otros- cuando es tocada por un desconocido en plena calles, y dijo: “Aprovecho para decir que hay cosas que tienen límites […] el poner la fotografía, eso ya rebasa todo. Es un asunto de calidad humana, está fuera de toda ética y de toda moralidad. Pero además, si uno lo cataloga, puede entrar incluso la Ley Olimpia o la revictimización”.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo este martes salió de Palacio Nacional para dirigirse a la Secretaría de Educación, y cómo se le hacía tarde era más rápido llegar a pie de acuerdo a lo que ella misma informó este miércoles en la conferencia mañanera. 

Agregó: “¿Por qué me fui caminando? Porque es más corto. Se nos había hecho tarde, si salíamos en auto íbamos a llegar 20 minutos después”, precisó.

Desde el día de ayer, en internet, se mostraron videos de como un sujeto se le acercó para manosearla, Sheinbaum Pardo no se dio cuenta de inmediato porque iba saludando a la ciudadanía, dijo que hasta que vio los videos, es cuando se da cuenta de lo que realmente ocurrió. 

El acoso callejero a una mujer que es la Presidenta del país

La polémica surge no solamente del acoso cotidiano, de todos los días que cómo dice el INEGI “experimentan” todas las mujeres, sino que falló de la seguridad de una mujer que además es la estadista del país y a tres días de la indignación por el asesinato del presidente municipal de Uruapan, es asesinado en una plaza llena de gente. Michoacán es un estado sumido en la violencia por el crimen organizado. 

También la mandataria detalló que decidió levantar la denuncia porque es algo que vivimos las mujeres en nuestro país, y expresó ¿Si esto le hacen a la presidenta qué va a pasar con todas las otras mujeres en el país?

Ella mismo informó que presentó la denuncia en la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, porque es un delito del fuero común. “Y resulta que esta persona después estuvo acosando a otras mujeres, ahí mismo en esa calle. Entonces está detenido”. 

También informó que la Secretaría de la Mujer revisará en qué estados el acoso es delito penal, porque debe ser sancionable” y realizar la campaña, “no relacionado con la presidenta, sino con todas las mujeres mexicanas”. 

Respecto a la seguridad, minimizó el hecho y dijo que seguirá con la Ayudantía Presidencial, que cómo se recordará sustituyo al Estado Mayor Presidencial desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador con el argumento de la cercanía con el pueblo. Este tema es muy polémico, hay quienes argumentan que a este nivel de responsabilidad la seguridad no depende la decisión del mandatario sino del país, porque si sufren un atentado se trastoca todo.

Reacciones 

Desde la tarde del martes, mujeres, gobernadoras, legisladoras, activistas y periodistas, condenaron el acoso – abuso sexual- callejero que sufrió la presidenta luego de ser tocada sin su consentimiento coincidieron es la necesidad de alzar la voz contra la violencia contra las mujeres. Solamente el líder de la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal solicitó reforzar la seguridad de la presidenta.

Alguien más dijo como Monreal, la periodista de investigación y cofundadora de Opinión 51, Sandra Romandía, al afirmar que «la situación del país está tan crispada ¿era necesario exponer así a la presidenta? Por otra parte, lenta reacción para impedir el acoso de un sujeto».

Los pronunciamientos inmediatos desde la tarde del martes fueron los de la Secretaría de las Mujeres, y la jefa de Gobierno. Ninguna de ellas habló de la seguridad quebrantada y hablaron del fenómeno del acoso. Tal cual y la bancada de Morena en la CDMX, condenaron el hecho y llamaron a erradicar la cultura machista. 

Todas lo hicieron en publicaciones en redes sociales, expresaron sin mayor análisis su solidaridad con la Jefa del Ejecutivo, víctima de tocamientos e incluso se tomó una fotografía con ella.

La jefa de gobierno Clara Brugada, expresó rechazo ante la situación que enfrentó la presidenta. En su mensaje, Brugada reconoció la intervención de las autoridades capitalinas y federales, y reiteró el compromiso para garantizar la seguridad de las personas en la vía pública.

“Si tocan a la presidenta, nos tocan a todas” lanzó como consigna, nacida en el feminismo. Y quiso explicar que cuando la presidenta dice “llegamos todas”, no solo se refiere a que llega la realización de pequeñas conquistas cotidianas y grandes conquistas históricas, también se refiere a que con nosotras llega la vulnerabilidad que aún nos rodea, la visibilización de las heridas que no han cerrado, las ausencias que duelen y las violencias que todavía intentan callarnos”, escribió Brugada. Nada más.

Para la secretaria de la mujer, Citlalli Hernández luego de condenar los hechos, se opuso a las críticas a la presidenta durante el suceso, que se haya reído.

Otras reacciones 

La gobernadora de Morelos Margarita González Saravia, reprobó “con total claridad” el acoso callejero que sufrió la presidenta Claudia Sheinbaum. Y escribió que ninguna mujer debe sentir miedo al caminar, ni ser vulnerada su libertad, movilidad o dignidad.

Por su parte, Ana Güezmes, Directora de la División de Asuntos de Género de la CEPAL mostró su solidaridad con la mandataria mexicana y reprochó la violencia que se vive en el espacio público contra las mujeres.

Informa Montserrat Maldonado, de El Sol de México que la funcionaria condenó la agresión y el acoso sexual que padeció la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo. 

Ello durante el XXVI Encuentro Nacional de Estadística de Género, la directora envió un mensaje para la mandataria. 

“Quiero detenerme un minuto para expresar una profunda solidaridad con Claudia Sheinbaum por la agresión, por la violencia que sufrió ayer”, dijo. 

Desde el Centro Cultural de los Pinos en la CDMX, Ana Güezmes reprochó la violencia contra las mujeres que, afirmó, ocurre como una violación persistente y extendida a los derechos humanos. 

Legisladoras arremeten contra la violencia de género

Las reacciones continuaron por horas y siguen. La diputada federal y ministra en retiro, Olga Sánchez Cordero, escribió en su cuenta de X que se suma al “total y contundente rechazo al acto de acoso contra nuestra Presidenta”.

La coordinadora de Movimiento Ciudadano en la Cámara de Diputados, Ivonne Ortega, señaló que lo ocurrido hoy con la mandataria federal «muestra el nivel de inseguridad en el que viven las mujeres en este país».

Cuestionó que si la mujer con más poder en México vivió una situación de acoso, entonces «¿qué pueden esperar las mujeres que viajan en el transporte público o caminan solas todos los días?».

De acuerdo con la legisladora emecista, es una realidad que millones de mujeres y niñas enfrentan a diario.

Lilia Aguilar Gil, diputada del PT, dijo que «hoy se vivió uno de los momentos que dejan en evidencia que aún nos enfrentamos a la violencia de género». Y señaló que el respeto no es sólo a la investidura, sino a todas como mujeres.

La senadora Geovanna Bañuelos indicó que la presidenta fue «imperdonablemente agredida» porque, dijo, lo ocurrido es un doloroso recordatorio de la violencia que enfrentan las mujeres:

«Mi repudio y rechazo ante este acto de intimidación y ofensa a la investidura presidencial. Las mujeres no pedimos privilegios. Exigimos respeto», escribió.

Activistas y periodistas condenan el suceso y hablan de acoso callejero

Olimpia Coral Melo, impulsora de la Ley Olimpia en México consideró que el acosador de la Presidenta ya debería estar detenido y advirtió que se trata de “ un agresor en potencia y un peligro para la Nación. ¡Toda la fuerza a todas las mujeres que viven ac0sos s3xu4les a diario!, expresó por medio de cuenta de X.

La columnista de El Universal, Melissa Ayala, compartió en redes sociales que la forma en la que el sujeto toca a la Presidenta «claramente tiene un componente de violencia de género».

Agregó que tenía mucho que decir con lo que se ve en el video, ya que, acusa, existe una falla «tan grande» en el protocolo de seguridad de la presidenta. Además que consideró que es «revelador» que pase por la cabeza de alguien el atreverse a acercarse así a la Presidenta y dijo que no cree que un hombre tocara así al expresidente.

Dijo que «esto nos habla que en el país donde una mujer gobierna, la violencia de género nos impacta a todas y de que no hay forma “correcta” de reaccionar ante un acto de violencia. «Nadie sabe cómo reaccionar ante este tipo de situaciones y este tipo de comentarios refuerzan el estereotipo de la “buena victima”, escribió.

En tanto, la académica y politóloga de la UNAM, María Fernanda Rodríguez, dijo que «las imágenes del acoso en contra de la presidenta Sheinbaum lamentablemente reflejan lo que muchas hemos vivido en algún (o varios) momentos de la vida. A plena luz del día, enfrente de la gente».

La titular de la Secretaría de las Mujeres, Citlalli Hernández Mora, compartió un posicionamiento público de la asociación “Defensores del Pueblo”, en el que se condena “con firmeza” la agresión sufrida por la presidenta Claudia Sheinbaum.

“Ningún cargo público elimina el derecho a la integridad y a la dignidad. La investidura presidencial no despoja de derechos: los refuerza”, se lee en el posicionamiento difundido por Hernández Mora vía redes sociales. Se agrega que este acto confirma que las agresiones de género “no distinguen jerarquías”, al ser una expresión del patriarcado y de una cultura que normaliza el acoso, el abuso y la impunidad.

La madre buscadora Ceci Flores lamentó que las mujeres en México sufran este tipo de violencia: «A nuestra Presidenta le bastaron unos metros afuera de Palacio para convertirse en víctima. Ese es el México sobre el que caminamos todos los días: si nos va bien es acoso, si nos va mal nos matan o desaparecen», escribió en redes sociales.

Reacción Internacional .

En un mensaje difundido en la red social X, la representación de la ONU en México manifestó su solidaridad con la mandataria y respaldó el pronunciamiento de la Secretaría de las Mujeres del Gobierno de México y de ONU Mujeres. La organización subrayó “la importancia de prevenir y condenar toda forma de violencia contra las mujeres y garantizar sus derechos”.

Por su parte, ONU Mujeres señaló que “la violencia contra las mujeres no puede normalizarse ni minimizarse” y recordó que cualquier forma de acoso, hostigamiento o abuso constituye una violación de los derechos humanos y un delito que debe ser denunciado, sancionado y erradicado.

En la red social X la doctora Georgina Cárdenas especialista en violencia política escribió “Si eso le hacen a la presidenta, estamos en la desprotección absoluta”. En cuanto a su seguridad es un riesgo innecesario por quererse sentir “arropada por la gente”.

La presidenta de Morena, Luisa Ma. Alcalde Luján expresó su respaldo a la Presidenta y dijo que la acompaña a su llamado para que el acoso contra las mujeres sea considerado un delito en todo el país. “No retrocederemos ante el machismo ni permitiremos que la misoginia se normalice en la vida pública”. 

Como acoso dijo, entonces El Sol de México publicó un texto: ¿Que dice la ley sobre el acoso sexual en la CDMX? 

En la CDMX el acoso sexual se considera delito en el artículo 179 del Código Penal local y tiene una pena de uno a tres años de prisión. Por abuso sexual, como explicó Medina Rosas, son 6 años.

En la CDMX el acoso sexual se considera delito en el artículo 179 del Código Penal local y tiene una pena de uno a tres años de prisión, multas de 100 a 200 días de unidad de medida y se persigue por querella. 

El ordenamiento local señala que este delito consiste en que si el agresor solicita para él “o una tercera persona o realiza una conducta de naturaleza indeseable para quien lo recibe”, la cual le cause un daño o un sufrimiento psicoemocional que lesione su dignidad, entonces se le aplicará la sanción mencionada.

La penalidad sube una tercera parte cuando entre el agresor o la víctima existe una relación jerárquica, docente o doméstica.

Cuando el acoso es cometido por un servidor público, además de la agravante anterior se incluye la destitución y la inhabilitación del cargo. Por el mismo periodo de la pena impuesta.

La presidenta solicitó a la Secretaría de Bienestar revisar si el acoso sexual está tipificado como delito penal en todo el país, así como promover una campaña para visibilizar esta problemática que aqueja diariamente a todas la mujeres. 



Sara Lovera y Elda Montiel *
Fuente: SemMéxico.
*Con información oficial, El Sol de México y redes sociales de gobernadoras y políticas

octubre 16, 2025

Bolivia, a pesar de la paridad, con un horizonte desalentador

Destacadas periodistas revelan condiciones de violencia y precariedad contra periodistas
Gane quien gane de los candidatos de derecha, un riego para el país

Pese a la apabullante mayoría femenina en la Asamblea Legislativa Plurinominal (ALP) de Bolivia, como resultado de las elecciones el pasado 17 de agosto, con un 52,5 por ciento de los escaños ocupadas por mujeres, el panorama es gris, ya que cualquiera de los dos candidatos de la derecha que triunfe en la segunda vuelta el próximo 19 de octubre, carece de propuestas ante los problemas económicos y la violencia contra las mujeres.

Destacadas periodistas bolivianas, señalaron lo anterior en un conversatorio virtual “Elecciones en Bolivia: La agenda y los derechos políticos de las mujeres” en la que explicaron que los resultados obtenidos en agosto pasado, en la primera vuelta, no tiene precedentes, “se hizo realidad la paridad”.

En el conversatorio organizado por el Centro de la Mujer Peruana “Flora Tristán” y Diakonia Perú, presididas por Diana Miloslavich y Patricia Tellería, respectivamente, participaron la feminista y comunicadora Patricia Flores Palacios, delCírculo de Mujeres Periodistas por la Paz, y Zulema Alanes, presidenta de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia (ANPB).

Señalaron que, de acuerdo con los resultados en la Cámara de Senadores, 21 de los 36 curules estarán ocupados por legisladoras (58,3 %), mientras que en la Cámara de Diputados las mujeres ocuparán 66 de los 130 asientos (50,7 %). Esto después de 20 años de la izquierda, primero con Evo Morales, y luego con Luis Arce, que en 2020 triunfó con 55 por ciento de los votos y quien dejará el poder el 8 de noviembre próximo.

Cabe señalar que, por primera vez, en Bolivia se realizará una segunda vuelta electoral del 19 de octubre, al no haber obtener ningún candidato más de 40 por ciento de los votos, con la disputa por la presidencia entre el actual senador Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano, y el expresidente Jorge «Tuto» Quiroga, de Alianza Libre, quien fue vicepresidente durante la experiencia democrática del militar golpista Hugo Banzer Suárez en 1997.

BanzerSuárez, recordaron, fue un militar, político y dictador boliviano que ejerció la Presidencia de Bolivia de 1971 a 1978, cuando fue despuesto por un golpe militar. De 1997 a 2001 ocupo nuevamente la presidencia.

Fuerza vital de las bolivianas

En este contexto, la periodista Patricia Flores Palacios, activista y defensora de los derechos humanos delCírculo de Mujeres Periodistas por la Paz, ve un panorama desalentador, ante la ausencia de propuestas económicas, que significa un riesgo de retroceso para el país y que podría pasar de ser un país con pobreza media a ser un país de pobreza extrema.

Flores Palacios, respecto a la paridad, se dijo orgullosa de la lucha histórica de las mujeres que inició desde la época colonial. Aseguró que se ganó por las mujeres y no por la concesión de los últimos gobiernos.

“Esta fuerza vital está presente en las revueltas culturales y sociales de Bolivia que la sociedad las sigue recordando, incluso en épocas de dictaduras como las de Hugo Banzer”.

Reconoció los avances importantísimos para las mujeres durante la presidencia de Evo Morales, pero también lamentó la violencia contra de ellas, que afecta más a las mujeres indígenas y el silencio ante los casos de pedofilia y el abuso sexual infantil, no sólo de Evo Morales, lo que ha puesto en alerta a las mujeres de diversas corrientes.

Se refirió a los ataques a la libertad de expresión y persecución a periodistas que se ha recrudecido en los últimos 20 años, acoso y violencia por lo que terminan renunciando a sus medios de comunicación por el hostigamiento.

Patricia Flores Palacios señaló que las mujeres no deben perder la voz crítica, sobre todo, desde los territorios indígenas que a pesar de que han ocupado sus tierras las siguen defendiendo contra viento y marea.

El sentido gremial de las mujeres

La representante delCírculo de Mujeres afirmó que existe un colchón invisible que da fuerza a las mujeres que es la cultura gremial, se articulan en sindicatos, en organizaciones, las mujeres de los mercados, de los transportes, ahí reside la fuerza invisible de las mujeres.

Flores Palacios agregó que en los años ochenta afloraron mujeres vinculadas a movimientos de izquierda, por eso la paridad de hoy es resultado de esa historia política.

En su recuento dijo que, en 1997, Bolivia conquista la primera norma, la Ley de Cuotas como un derecho mínimo al 30 por ciento de las posiciones políticas y en 1999 con la Ley orientada a la equidad de género se instala un piso normativo fundamental. También reconoció que Influyeron las cumbres mundiales como Beijing 1995.

Y más allá, mencionó en los años veinte a la Federación Obrera Feminista se enfrentaron a una sociedad colonialista y excluyente. En 1936 conquistaron los derechos civiles. Con la Revolución Agraria de 1952 se visibilizó a los municipios indígenas, se garantizó el sufragio universal, el voto popular para todas las poblaciones indígenas y también para las mujeres.

Flores Palacio mencionó el caso de las cinco mineras que se convirtieron en símbolo de lucha por la libertad y los derechos humanos, y cuya huelga de hambre para exigir amnistía para presos políticos y retorno a la democracia, se conviritó en un duro golpe a la dictadura de Hugo Bánzer en 1977.

La periodista citó los nombres de Angélica Flores, Luzmila Pimentel, Aurora Lora, Nelly Paniagua y Domitila Barrios de Chungara, quienes durante la huelga fueron objeto de burlas al principio, sin embargo, lograron el apoyo popular y demostraron la fuerza de la resistencia civil, un golpe decisivo para la dictadura de Hugo Banzer (1971-1978) y lograron el principio del fin de ese gobierno. 

El “Cártel de las Mentiras” y los “guerreros digitales” de Evo Morales

Por su parte, Zulema Alanes, presidenta de la ANPB, se mostró escéptica. Piensa que, al contrario de otros analistas políticos, el cambio en el poder sin el movimiento socialista sea la reconstrucción institucional en lo ejecutivo y legislativo. Consideró que el desafío más grande es la recuperación de la democracia.

Ante la mayoría legislativa de mujeres, con el 52.5 por ciento de los escaños en la Asamblea Legislativa Plurinominal, sostuvo que la llegada de una mujer a espacios de poder no garantiza que actúen a favor de los derechos de las mujeres. Como ejemplo citó a una diputada de la izquierda que está obstaculizando una importante propuesta de ley para las mujeres, dijo la presidenta de la ANPB.

Respecto a la situación de las mujeres en la prensa, coincidió con Flores Palacios en que existe un ataque a la libertad de expresión, vulnerando los derechos de las y los periodistas. Ejemplo de ello son las acusaciones a la prensa sobre una supuesta “guerra sucia” de parte de los candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia de Bolivia.

La periodista señaló que se han utilizado mecanismos de cooptación para castigar a las y los periodistas que no han aceptado el papel de apéndice del gobierno en turno, como la Central Obrera que ha dejado de representar los intereses de las y los trabajadores.

La presidenta de la ANPB dijo que las periodistas han sido afectadas por campañas de desprestigio, incluso hasta privarlas de su derecho al trabajo y denunció una perversa campaña contra la prensa denominada “El Cartel de las Mentiras”, orquestada por Evo Morales. Acción que incluye ataques físicos a las y los periodistas durante las movilizaciones, como el hecho de rociar con gasolina a dos reporteros, quienes fueron amenazados con prenderles fuego. Ante ese hecho protestaron ante el organismo de los derechos humanos.

Por otra parte, dijo se ha habilitado a servidores públicos, llamados “guerreros digitales”, cuya tarea consiste en promover la desinformación y difundir noticias falsas.

Tres de cada 10 periodistas agredidos, son mujeres

Alanes destacó que de cada 10 periodistas vulnerados al menos tres son mujeres. En 2024 se registraron más de 150 casos y el 2025 van 20.

Las y los periodistas viven una situación precarizada, la brecha de género se estima en 30 por ciento con respecto al sueldo que reciben los hombres.

Se refirió a las cifras de un estudio realizado en 2023 por la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia con el apoyo de la Red Unitas y el respaldo técnico del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), que reveló que el 42 por ciento de las y los periodistas percibe sueldos mensuales inferiores al salario mínimo nacional.

El 79 por ciento de los periodistas están en contratos a plazo fijo, contratos por producto, los equipos de periodistas trabajan tres días a la semana, para evitar que haya despidos. Solo el 21 por ciento tienen empleo estable o a corto plazo fijo.

El 70 por ciento de las y los periodistas no encuentra un futuro, porque no están aportando para su jubilación, el 91 por ciento de los y las periodistas no tiene un seguro de vida, ni mecanismos de seguridad ocupacional. El resto está registrado en el seguro universal de salud que no garantiza.

A la pregunta de ¿Qué va a cambiar en el futuro en Bolivia? Zulema Alanes afirmó tajante que hay más dudas que certezas, sobre todo, porque los candidatos presidenciales no tienen en la agenda la libertad de expresión, el alto a los feminicidios y la solución a las crisis económicas.

Por otra parte, Zulema Alanes señaló la denuncia pública presentada por el Centro de la Mujer Peruana, que publicó en su perfil de Facebook, ante la indignación que el presidente interino sea Jeri Jeri, expresidente del Parlamento, y quien enfrenta una denuncia por violación. Opinó que Jeri está inhabilitado éticamente para liderear al país hasta que se realicen las elecciones en abril del 2026. 

Incapacidad moral de Dina Boluarte

Por otra parte, durante el conversatorio, la moderadora Zuliana Lainez, presidenta de la Asociación Nacional de Periodistas de Perú, lamentó los retrocesos para las mujeres bajo el gobierno de Dina Boluarte de Perú, como la perdida de la Ley de la alternancia paritaria, la desaparición del Ministerio de la Mujer y el alto índice de feminicidios.

Por ello señaló que la presencia de una mujer no garantiza que promueva los derechos de las mujeres, Consideró que Dina Boluarte, destituida el pasado 10 de octubre, por su “permanente incapacidad moral”, en un país sumido en la inseguridad por el crecimiento vertiginoso del crimen organizado y la gota que derramó el vaso fue un tiroteo el pasado 8 de octubre en un concierto de cumbia en Lima.

Link original de la nota: https://semmexico.mx/bolivia-a-pesar-de-la-paridad-con-un-horizonte-desalentador/

Por Elda Montiel
Fuente:SemMéxico

septiembre 30, 2025

Entrevista a Nevenka Fernández «Hay que escuchar a las mujeres que se atreven a hablar, no es fácil porque sabes que tiene consecuencias»

Fuentes: El Diario [Foto: Nevenka Fernández]


Hace 25 años consiguió la primera condena por acoso sexual a un político, aunque el precio a pagar fue muy elevado. Ahora reivindica su derecho a la palabra y cuenta su historia en ‘El poder de la verdad’.

Tenía 25 años cuando su nombre saltó a los medios de comunicación: Nevenka Fernández, hasta entonces concejala de Ponferrada, denunciaba al alcalde de la localidad, Ismael Álvarez, por acoso. Aunque ganó el juicio y en 2002 consiguió una sentencia que se convirtió en un hito, las consecuencias de todo ese proceso fueron para ella devastadoras. Desde el apoyo popular al alcalde, las declaraciones a su favor de miembros del PP, el escarnio público y el señalamiento para ella y su entorno, el interrogatorio del fiscal, el exilio… el caso de Nevenka se convirtió en un referente que la cuarta ola feminista reivindicó. Ahora es ella la que reivindica el derecho a contar su historia en sus propios términos en El poder de la verdad (ediciones B), un libro que recorre su vida desde entonces hasta la actualidad.

Llama la atención que empieza el libro diciendo que nunca quiso ser famosa. Tantos años después, ¿aún siente la necesidad de excusarse por hablar?, ¿aún pesan todas las acusaciones que le hicieron?

Lo que pesa es que yo, siendo una persona tan privada, tuviera esa necesidad de exponer mi vida, de contar lo que me había ocurrido. Tenía muchísimo miedo a esa exposición pública por cómo se había tratado el tema. Sigo sin ningún afán de protagonismo, pero ahora he conseguido reconciliarme con esta parte. Primero, porque me he hecho mayor, tengo ya más de 50 años y creo que el tiempo ayuda. Y después, porque este libro y toda esta exposición que ahora estoy dispuesta a tener, tiene un propósito, que es ayudar. Siempre fue ese el propósito, pero quizás ahora, desde la distancia que dan los años, desde ese convencimiento de quién soy, puedo tranquilamente estar aquí diciéndote que no tengo ningún afán de protagonismo cuando sé que soy la protagonista de esta historia.

Y también porque Nevenka es el nombre de todas las mujeres, esto es algo que he ido entendiendo, sobre todo en los últimos siete años. Creo que fue la poeta Elvira Sastre la que primero lo expresó así, y cuando lo dijo pensé en ello, no era algo nuevo, era algo que yo ya había sentido en esas manifestaciones del 8M. Nunca he tenido la intención de hacerme famosa, sigo sin tenerla, pero también estoy contenta de poder asumir una responsabilidad que siento dentro de ser una voz para muchas que no pueden hacerlo o que no pudieron. Y por eso estoy aquí.

Hay una idea que atraviesa todo el libro, la de hablar como alivio, como sanación. Llega a decir que si no hubiera hablado, usted estaría muerta. Pero no siempre pudo hablar, y eso es algo que le pasa a muchísimas mujeres. ¿Es un proceso?, ¿se habla cuando se puede?

Hablar es una herramienta de cualquier ser humano. Y en casos de maltrato, de violencia contra las mujeres, a las mujeres se nos ha colocado históricamente en una posición en la que, dependiendo qué te ocurra, te consienten hablar o no. La buena mujer tiene que estar calladita.

Es esa cultura en la que las cosas que pasan dentro de casa tienen que quedarse dentro de casa. Yo nací en esa cultura, como todas nosotras, pero me ocurrió algo con lo que yo no podía quedarme callada. Porque no poder expresar todo ese dolor significaba mi muerte psicológica. Seguramente si hubiese podido quedarme callada –y estuve muchos meses así– lo hubiese hecho, intentar ajustarme a lo que la sociedad –y yo misma– me exigía. Pero llegó un momento en que eso era imposible para seguir viviendo y por eso siempre digo que hablar me salvó la vida.

¿Le faltaron referentes de mujeres que habían roto ese silencio para poder hacerlo usted?

Durante todos estos años siempre buscaba referencias de maltrato. He leído muchísimos casos, he estado en contacto incluso con una persona que sufrió abusos de la Iglesia: Miguel Hurtado. Yo buscaba todos los artículos de prensa que salían, todos los documentales. Buscaba eso porque validaba lo que yo había sentido, lo que no había podido expresar. Era como tomarse una medicina. Lo que pasa es que no había mucho en España. Yo continuaba con alguna secuela del trauma, no ya del acoso sexual o laboral o moral que sufrí, que fue muy grande, sino también de todo lo que ocurrió después, toda esa violencia de los medios, la imposibilidad de encontrar trabajo… y que yo no me esperaba. A veces, sobre todo cuando teníamos que volver a España, todo eso era un gran problema para mí.

La primera referencia grande que recuerdo es una mujer afroamericana, Anita Hill, que se atrevió en los años 90 a decir que un juez del Supremo era un acosador sexual y lo hizo delante del Senado. Al ver el documental lloré de alivio, pensé ‘sé exactamente lo que siente esta mujer’. También sentí una terrible pena y mucha rabia, porque al final del documental enseña como un millón de cartas de apoyo y eso me recordó mi soledad.

Habla de las manifestaciones contra ‘la manada’ y del 8M como un momento clave para usted.

Cuando llegó a España el movimiento MeToo y las manifestaciones del 8M, recuerdo unas lloreras frente a la tele en Dublín… Esos carteles de ‘Yo sí te creo’ pensaba que eran por mí también. Todavía se me pone la carne de gallina, porque es una catarsis y yo estoy todavía progresando personalmente. Que toda la gente saliera a la calle me hizo volver a creer en el ser humano, me dio fuerza. Aún así, tenía muchas dudas de hablar.

Ana Pastor me había preguntado durante muchos años y yo ya estaba empezando a emocionarme con esa idea de hablar, pero no se lo había dicho a nadie. Y un día, en el coche, mi estrella me dijo ‘pero claro’. La reacción a ese documental, por supuesto, no la esperábamos ni Ana ni yo, por mucho que hubiésemos soñado. Creo que la gente vio que yo nunca he querido la fama ni la venganza. He estado interesada en entenderme, en comprender y en ayudar. Ayudarme y ayudar después.

Desde entonces ha habido muchas mujeres que han hablado públicamente de las violencias y abusos que han sufrido, aunque sigue existiendo mucho temor.

Hay muchos más referentes, pero todavía hay que ser muy valiente, no es fácil que te atrevas a ir un poco contracorriente, a enfrentarte a la cultura que nos rodea. Los efectos secundarios de esa valentía no solamente te afectan a ti, afectan a quien te rodea. Es mucha responsabilidad ser valiente, por eso es importante que lo seamos todos, no solamente las mujeres que hablamos o que nos hemos atrevido a dar el paso.

Describe con mucha precisión cómo se desplegó el acoso que sufrió por parte de Ismael Álvarez. Es complicado, precisamente porque el acoso conlleva muchas conductas aparentemente sutiles. Dice que no fue hasta que un médico le mencionó la palabra ‘acoso’ que entendió lo que le pasaba.

Es el capítulo que más me costó, con el que más tiempo tardé. Yo no había escuchado nunca la palabra acoso. En el acoso no hay moratón. Yo diría que el acoso empieza de una forma anodina, con actitudes y momentos anodinos, por eso en vez de fijarte en lo que hace la otra persona, yo recomendaría pensar en cómo te sientes tú. ¿Hay algo que no te hace sentir bien o que te hace sentir pequeña? Alguien hace un comentario delante de ti, grosero o muy maleducado, tu compañero de trabajo no te habla… Ese tipo de cosas ocurren como un goteo, no todo el rato porque si no, claro, podrías defenderte.

Llegaba al ayuntamiento y empezaba a observar este tipo de cosas, uno que no me dirigía la palabra, otro que intentaba evitar que supiera algo de algún punto que habían incluido en mi reunión, a pesar de que yo preguntaba… eso desde el punto de vista laboral. Psicológicamente, por ejemplo, cuando él me decía ‘vamos a tomar un café’ y yo trataba de evitarlo, pero por la agresividad con la que me miraba o me hablaba, yo sabía que eso iba a tener consecuencias. Es acoso porque es todos los días, la intensidad de esas situaciones va in crescendo y luego baja. Te vas dando cuenta de que vas poco a poco desapareciendo psicológicamente, desapareciendo como persona. Llegas a casa desgastada, empiezas a tener ansiedad de volver al trabajo.

¿Cuesta nombrarlo, aceptar lo que está pasando?

Yo me lo negué durante mucho tiempo, primero porque no me lo podía creer, porque yo a esta persona la apreciaba. Había tenido una relación sentimental con él, pero, independientemente de eso, yo había entrado en el ayuntamiento confiando en que eran personas normales y que íbamos a cuidar todos de todos. ¿Cómo te das cuenta de todo esto? Mirándote a ti mismo, validando lo que tú sientes. Cuando en el debate a veces se exagera ese negacionismo de la violencia contra las mujeres, yo le diría a la gente que se observara a sí misma. Y si estás en una situación en la que sientes peligro, en la que sientes que la relación no es normal, en la que lloras y tienes miedo de volver al día siguiente, seguramente te está ocurriendo algo que no es normal y lo hablaría con alguien.

Usted cuenta también que el silencio del entorno puede ser tremendamente dañino.

Yo intenté hablarlo alguna vez, es algo que cuento. Pero claro, como contaba alguna situación específica, no parecía nada. Recuerdo estar en una conversación de trabajo normal, con él y otras dos personas cerca y verle meterse las manos en los bolsillos. Luego me hizo un gesto para que yo le siguiera con la mirada y vea su erección y me dijo ‘mira cómo me pones cuando estoy a tu lado, tengo que tener las manos en los bolsillos’. Me quedé en shock, con una profunda sensación de asco, de casi maltrato a un nivel muy profundo. Pero allí nadie contestó nada y la conversación continuó después de eso como si nada hubiese ocurrido. ¿Qué haces en esa situación? Pues la primera que intentó hacer como que no pasaba nada fui yo, porque no sabía qué decir y porque además pensaba que hasta debía aceptar que eso era normal, aunque a mí no me lo pareciera.
Logró la primera condena por acoso sexual a un político, pero en el libro aparece claramente el coste enorme que supuso para usted. Dejó España, le supuso un problema a la hora encontrar trabajo, la vida social se volvió algo casi imposible, tuvo graves consecuencias psicólogicas… ¿Diría que ganó un juicio pero que en ese momento perdió una batalla social?

Gané a Nevenka y con Nevenka gané muchas cosas. He ganado vivir. La sociedad no estaba preparada para escuchar, ahora creo que lo estamos mucho más, pero todavía no es fácil, como sabemos. Después presenciamos el caso de Jenni Hermoso, yo estaba en casa mirándolo todo y por dentro super revuelta pensando en que hay una parte de la sociedad que claramente no quiere que las mujeres expresen lo que no les gusta. No solo eso, te obligan a decir que te gusta o a no decir nada, porque en ello va en teoría tu valor. En aquel momento, la sociedad no lo soportó y yo no lo esperaba. Nos ha costado muchos años recuperarnos. He odiado España y a los españoles, con excepciones. Me fui a otro país y empecé una nueva vida y me ha costado muchos años reconciliarme con esto. Entonces sí, claro que se perdió la batalla social porque hace 20 años la sociedad no estaba preparada para escuchar a una mujer joven decir ‘no es no’.

Vivió daños muy serios en su salud, en su bienestar…

He utilizado muchos mecanismos para intentar sanar el trauma. En ese proceso me he dado cuenta de que del dolor surgen lecciones muy importantes que nos ayudan a valorar qué es importante en tu vida. Y esto es algo que llevo conmigo porque es maravilloso verlo así. De lo peor pues seguramente han surgido oportunidades que me han ayudado a vivir la vida que he querido vivir y a ser como soy. Fue terrible, porque yo necesitaba el trabajo, era importante para mí no quedarme parada. Además, una de las cosas más terribles de las situaciones de maltrato es que te destroza la autoestima.

Por eso, cuando me fui a Inglaterra, mi primer trabajo fue en una fábrica de pollos y lo cuento orgullosísima porque no te puedes imaginar qué sensación de autoestima me daba eso. Yo lo que quería era ganarme la vida. No tenía prisa en demostrar nada, solamente quería poder ir viviendo. Quizá la sociedad esté ahora más preparada y eso es bonito también. Ver las manifestaciones del 8M o de la manada fue súper inspirador. Ahí descubrí que hay mucha gente en España que ha evolucionado con el mundo.

Esa revictimización que sufrió también la alimentaron declaraciones a favor de Ismael Álvarez, como las de Ana Botella o Pío García Escudero. ¿Alguien del PP le ha llamado en estos 25 años para pedirle perdón, para preocuparse por usted?

No, no me ha llamado nadie, pero eso es lo normal. Creo que él hizo una entrevista un poquito después de la película y salió de nuevo negando todos los hechos, diciendo que lo que ocurrió no ocurrió y que él nunca hizo nada y que yo soy un poco una loca y que fui yo la que le acosé. Menos mal que me fui, siempre lo digo. En español hay un refrán buenísimo que dice ‘no le pidas peras a un olmo’. Son personas que tanto cuando hablan como cuando no, definen lo que creen y es una posición muy diferente a la nuestra. Nadie nunca me llamó ni tampoco lo esperaba.

No era una chica de derechas, nunca estuve afiliada, y en mi familia ha habido de todo. Era una chica que estaba estudiando una carrera a la que le ofrecen volver a su tierra a trabajar en una posición que me parecía interesante, me veía capacitada. Es verdad que era muy joven, pero entendía que me iban a ayudar los compañeros, igual que en cualquier otro trabajo. Era muy inocente en este sentido y tardé poquísimo en darme cuenta de que ellos y yo no tenemos mucho que ver en nuestra forma de ser, en la manera de pensar. Me siento muy alejada de ese tipo de personas.

Quiero preguntarte por un caso reciente que se ha comparado con el suyo: el conselleiro de Pesca gallego, Alfonso Villares, dimitió en junio pero el presidente de la Xunta y su partido sabían desde febrero que estaba siendo investigado por agresión sexual. Se fue rodeado de aplausos, buenas palabras y confianza en su inocencia, sin una referencia a la mujer que le denunció. ¿Entiende el paralelismo?

Sí, lo conocía, siempre estoy atenta a estos casos, aunque no sabía que lo comparaban. Me parece que hay una cultura –no solamente en España sino en el mundo entero– para la que la posición de las mujeres es una y la de los hombres es otra. Y cualquier mujer que se atreva a denunciar esto y a decir ‘no’ o a poner límites va a ser cuestionada, atacada. Y cualquier hombre que lo haga va a ser aplaudido. Yo no me peleo más con esta gente. Creo que hay un trabajo muy grande en intentar hablar a todas las demás personas que no creen que esta sea la manera de solucionar problemas, tapando e imponiendo. Me da mucha pena que no podamos ni siquiera llamar a las cosas por su nombre. En ese sentido, pues sí, hay una parte de España que no ha cambiado y que no quiere cambiar.

De hecho, vivimos un momento en el que existe una importante corriente ideológica que se niega a hablar de violencia de género o de acoso por razón de sexo. Y que en muchas ocasiones aseguran que las mujeres que denuncian lo hacen por interés. Usted dice en el libro que denunció porque ya lo había perdido todo. ¿Cómo les respondería?

Yo respondería pidiéndole a la gente que escuche y que abra los ojos. Sus argumentos se caen por sí mismos. Hace 20 años quizá el argumento de ‘es que quiere ganar algo, quiere ganar dinero o notoriedad, fama…’ habría alguien que podría pensar que eso era así, pero los años han demostrado que esa nunca fue mi intención. Y si esa no es la intención, entonces ¿cuál es? Tenemos que abrir un poco los ojos y querer escuchar a las mujeres que se atreven a hablar de esto, que no es fácil porque es exponer tu vida y sabes que la consecuencias van a ser devastadoras, que te enfrentas todavía a muchísima incomprensión, a que te juzguen, a daños colaterales tremendos que además no te afectan solamente a ti.
El fiscal de su caso le hizo un interrogatorio durísimo en el que llegó a afirmar que usted “no era una cajera de Hipercor” que tenía que dejarse tocar el culo. Hemos cambiado pero hemos seguido viendo interrogatorios y procesos judiciales llenos de estereotipos machistas y racistas. ¿Para que las mujeres hablen y denuncien hay, además de pedirles a ellas que lo hagan, seguir trabajando en medidas estructurales?

Por supuestísimo que sí. Fíjate si es importante que las personas que no quieren que esto cambie ahora con lo que se meten es con la educación. Intentan ponernos contra esa educación libre en la que podemos conocer a los seres humanos y entender el sufrimiento y quizá ponernos en los zapatos de los demás, intentar ser mejores y ser una sociedad más acorde con la globalización y con la vida que tenemos. No lo permiten. Trump está ahora mismo contra todas las universidades y sus argumentos son las excusas del patriarcado.

Tenemos que darnos cuenta de dónde venimos: de sociedades donde nos han dicho cómo vestir, cómo ser, qué significa ser una mujer buena, y quedan muchos remanentes de esto en el mundo todavía. Pero creo que hemos hecho algo, que algo está ocurriendo, porque el hecho de que salgan con toda la artillería y esa violencia tremenda es un síntoma de que en algún lugar hemos tocado. Quiero terminar así porque es muy importante y es también una razón de este libro: quiero dar esa esperanza porque me he dado cuenta de que quizá el mundo no podemos cambiarlo, pero podemos cambiarnos a nosotros mismos y, desde ese lugar honesto, hay una luz muy poderosa y ese es el poder de la verdad.

¿Se siente reparada socialmente 25 años después?

Yo me siento completa. Tras el documental y después la película, después de ese aplauso en San Sebastián… Yo me quedé en shock, pero no tanto por mí, es que ese aplauso era por toda la gente. Eso es lo que yo sentí con esa catarsis, que cada uno de nosotros podemos hacer algo para que esto cambie, por pequeño que sea. Fue muy sanador. La comprensión tiene efectos curativos maravillosos y en los últimos años ha habido muchísima comprensión hacia mí, hacia lo que significa este caso. Así que sí, me siento en paz.

Sí a la Diversidad Familiar!
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