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agosto 06, 2025

Abolición o regulación: el debate sin fin sobre la prostitución a las puertas del anteproyecto de ley para su eliminación en España

En países como Suecia o Francia han optado por modelos que castigan a los clientes, pero otros como Alemania o Países Bajos abogan por normas que legalizan la venta de sexo. Ambas posturas presentan fallos y críticas

Cientos de mujeres durante una manifestación convocada por el Movimiento Feminista de Madrid por el 8M, Día Internacional de la Mujer, a 8 de marzo de 2023, en Madrid (España). (Carlos Luján/Europa Press)

Contabilizar el número de personas que se dedican a la prostitución o que son explotadas con dichos fines en España es una tarea imposible. El proxenetismo, la trata y la clandestinidad provocan que muchas de ellas sean completamente invisibles, sin rostro ni nombre. Pese a que no existan, por tanto, datos oficiales completamente acertados, la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, del Ministerio de Igualdad, elaboró y publicó en 2024 el Macroestudio sobre trata, explotación sexual y prostitución de mujeres: una aproximación cuantitativa. A través del análisis de más de 654.000 anuncios de prostitución en internet, estimó que al menos 114.576 mujeres mayores de edad están en situación de prostitución en España, lo que supone un 0,56 %.

En junio de 2025 se conocieron los audios del informe de la UCO en los que Koldo García y José Luis Ábalos —ex-ministro de Transportes y ex-secretario de Organización del PSOE, puesto en el que le sucedió Santos Cerdán en 2021, también imputado en la trama por presuntos delitos de organización criminal, cohecho y tráfico de influencias— se “repartían” mujeres prostitutas.


Tras esto, el PSOE tomó medidas internas relacionadas con el consumo de servicios sexuales entre sus miembros. Además, desde el Ministerio de Igualdad de Ana Redondo se reiteró la intención de desarrollar un anteproyecto de ley para abolir la prostitución, incluido en una batería de medidas contra el machismo y llevado al Consejo de Ministros en septiembre para, en caso de aprobarse, ser trasladado posteriormente al Congreso.

¿Cuál es la situación legislativa actual de la prostitución en España?

En España, la prostitución se encuentra en un estado de alegalidad, ya que no está ni regulada ni prohibida de forma expresa. Sin embargo, la Ley de Seguridad Ciudadana de 2015, conocida como “ley mordaza”, permite multar tanto a clientes como a personas que ejercen la prostitución en la vía pública. Pese a que la norma no ha sido específicamente diseñada para la compra-venta de servicios sexuales, estos se enmarcarían en “la realización o incitación a la realización de actos que atenten contra la libertad e indemnidad sexual en espacios públicos” del artículo 36.6.

El Código Penal de España sí castiga con penas de prisión el proxenetismo y la explotación sexual: así, está prohibido inducir, promover o facilitar la prostitución de una persona; lucrarse de estos servicios a través de la explotación, y favorecer la entrada, estancia o salida del territorio nacional de personas con el objetivo de explotarlas sexualmente, especialmente si es a través de la violencia, la intimidación, el engaño o el abuso de su situación de vulnerabilidad.

La situación de la alegalidad de la prostitución en España se agrava porque no existe un consenso generalizado sobre de qué manera debería legislarse. Por ejemplo, el sindicato OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales) exige la despenalización y el reconocimiento legal y laboral de la prostitución ejercida de forma libre; además, aseguran que abolirla solo supondría un impulso de la clandestinidad.

El PSOE se ha encontrado con varios escollos políticos para sacar adelante sus medidas contra los servicios sexuales: aunque dentro de la izquierda se coincide en la necesidad de erradicar el proxenetismo y la explotación sexual, la división llega al hablar del ejercicio de la prostitución, entrando en un debate todavía muy activo sobre si debe considerarse trabajo o una forma de violencia contra la mujer que debe eliminarse.

En 2018, el Grupo Parlamentario Socialista presentó en el Congreso una proposición no de ley para impulsar la abolición de la prostitución y aprobar una “Ley integral contra la trata y explotación sexual”. Sin embargo, pese a que la iniciativa contó con el apoyo suficiente para ser aprobada, la convocatoria de elecciones generales de 2019 provocó que no se materializase, quedándose en punto muerto.

En 2022, el PSOE intentó incluir en la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual (Ley del solo sí es sí) una enmienda para abolir la prostitución y la tercería locativa (facilitar y lucrarse de la prostitución permitiendo que se ejerza en pisos o locales) que tuvo que ser retirada para que la aprobación de la ley principal no peligrase. Dos años después, en mayo de 2024, llevaron al Congreso una propuesta de ley para multar a los clientes y castigarlos con penas de cárcel en caso de que la persona que practicaba la prostitución fuese menor de edad o estuviese en situación de vulnerabilidad. La iniciativa, sin embargo, no salió adelante porque PP, Sumar, ERC, Junts, EH Bildu y PNV votaron en contra, así como VOX y Podemos se abstuvieron.

Todavía no se conocen los detalles del nuevo anteproyecto de ley que el PSOE quiere llevar al Consejo de Ministros en septiembre para intentar, una vez más, abolir la prostitución. Sin embargo, teniendo en cuenta las medidas que han intentado aprobar en otras ocasiones (como la penalización del cliente, pero no de la persona que realiza los servicios sexuales, o la tercería locativa), todo apunta a que esta propuesta seguirá pasos similares, poniendo el foco siempre en que la prostitución es una forma de violencia contra la mujer. Ana Redondo sabe que esto no será fácil y que se encontrará con dificultades para llevar a cabo la aprobación, “incluso en el seno del propio Gobierno”.

Decenas de personas durante la manifestación convocada por el Movimiento Feminista de Madrid por el Día Internacional de la Mujer, a 8 de marzo de 2024, en Madrid (España). (Carlos Luján/Europa Press)

¿Cómo está legislada la prostitución en otros países?

En contraste con la situación en España, donde la compra-venta de servicios sexuales se encuentra en un limbo de alegalidad, una gran cantidad de países dentro y fuera del continente europeo llevan décadas de ventaja con respecto a la legislación de la prostitución. Algunos como Suecia, Noruega o Francia se han ajustado a un modelo abolicionista que opta por sancionar al cliente con el objetivo de reducir la demanda; otros, como Alemania, Países Bajos o Nueva Zelanda, por el contrario, han regulado estos servicios para intentar dar una mayor seguridad a quienes ejercen la prostitución, así como conferirles derechos laborales.

Perseguir al cliente, pero no a las prostitutas: el abolicionismo del modelo nórdico

En 1998, Suecia se convirtió en el primer país del mundo en aprobar una ley que castigada a los clientes de prostitución. En vigor desde el 1 de enero de 1999, la Ley sobre la prohibición de la compra de servicios sexuales no penaliza la venta, sino que es el comprador el que incurre en un delito castigado con una pena mínima de hasta un año de prisión o una condena condicional, eliminándose en 2022 la opción de pagar una multa.

“La idea original con la introducción de la ley fue aumentar la capacidad de acción del vendedor, equilibrar el poder, reducir la explotación de individuos (principalmente mujeres) y reducir la demanda”, destaca en su página web la Swedish Gender Equality Agency. “La ley también pretende animar a las personas involucradas a buscar ayuda para abandonar la prostitución, ya que pueden tener la seguridad de que no habrá consecuencias penales por haber estado involucradas en esta industria”.

A partir del 1 de julio de 2025, además, entró en vigor una ley que extiende la penalización a servicios de compra de contenidos sexuales digitales, como OnlyFans. Así, en su lucha contra la violencia de las mujeres, el Parlamento de Suecia prohibió los shows de webcam en directo, en los que pueden dejarse “propinas”, y el contenido personalizado, quedando fuera de la norma las publicaciones genéricas ya grabadas y subidas a los perfiles. Muchas personas dedicadas a esta industria criticaron la medida señalando que son precisamente esos dos servicios los que les reportan mayores beneficios, lo que afecta seriamente a sus ganancias y potencia la situación de vulnerabilidad de muchas de ellas.

El modelo nórdico (Sex Purchase Act) se extendería después a otros países como Noruega, donde la ley entró en vigor el 1 de enero de 2009, castigándose la compra con multas o penas de prisión. Además, la norma se aplica extraterritorialmente: los ciudadanos noruegos también incurren en un delito si pagan por prostitución fuera del país.

La firma de investigación y consultoría Vista Analyse concluyó en 2014 en un informe de evaluación encargado por el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública de Noruega que la prohibición había conseguido reducir la demanda en el país. Sin embargo, la organización de trabajadoras sexuales Prostitutes Interest Organisation in Norway (PION) destaca un escenario mucho menos positivo: “Es difícil estimar si la ley ha ayudado a reducir la venta de servicios sexuales en Noruega, pero no cabe duda de que ha contribuido a un debilitamiento significativo de los derechos de las prostitutas”, así como a “una grave invasión de su privacidad” cuando “la policía revela información sensible a propietarios de viviendas y hoteles”.

Se muestra así un contexto de conflicto que se produce también en otros países en los que se cuenta con leyes abolicionistas, como es el caso de Francia desde 2016, donde se multa a los clientes con 1.500 euros o con 3.750 en caso de reincidencia: mientras que estas normas se aprueban con el objetivo de proteger y apoyar a las personas que ejercen la prostitución, los colectivos que se dedican a ella denuncian que simplemente supone una vulneración de sus derechos y un aumento de su inseguridad.

Muy significativo fue el caso de Vanesa Campos. En 2018, esta trabajadora sexual peruana fue asesinada en el bosque de Boulogne (París) por un grupo de hombres armados que robaban a las prostitutas y a sus clientes; al intentar oponerse, recibió un disparo en el tórax. Muchas de sus compañeras señalaron que este suceso se había producido porque la ley, de la que pedían su derogación, obligaba a las personas que ejercían la prostitución a buscar lugares más aislados y escondidos de la policía, exponiéndose más al peligro, a la clandestinidad y a los riesgos sanitarios.

Por su parte, el Ministerio responsable de la Igualdad entre Mujeres y Hombres y de la lucha contra la discriminación destaca que la ley supone un “apoyo sanitario, social y profesional para las personas que desean abandonar la prostitución” con vías de salida individualizada, ayudas financieras para la integración social y un permiso de residencia temporal con permiso de trabajo para víctimas extranjeras (ya que en Francia esta norma ha pasado a reconocer a las prostitutas como víctimas de violencia). Así, el Ministerio señala que, desde 2017 a 2024, “2.102 personas se han beneficiado de un programa de salida”.

Legalizar para proteger: la venta de servicios sexuales como trabajo en los países regulacionistas


Mientras que los anteriores países han abogado por un modelo de abolición, en varias partes del mundo la prostitución se encuentra regulada, como es el caso de Alemania desde 2002. En el país germano, la venta de sexo es legal para mayores de 18 años y las personas que se dedican a ella cuentan con derechos laborales y acceso a seguridad social, con asesoramiento sanitario obligatorio que debe renovarse.

Los burdeles y clubes también están permitidos, pero solo con licencia y pudiendo ser operados por personas sin antecedentes penales o de trata. Además, con el objetivo de proteger la identidad y la salud de las prostitutas, estas pueden registrarse con un seudónimo y el uso del preservativo es obligatorio bajo multas de hasta 50.000 euros para los clientes o los locales que lo incumplan.

Pese a todo ello, la ONG Solidary with Women in Distress (SOLWODI) señala que todo esto todavía continúa “siendo una utopía para la mayoría de las mujeres”: “Los clientes suelen incumplir el requisito de usar preservativo, ofreciendo más dinero para no usarlo o amenazando a las trabajadoras sexuales con denigrarlas ante sus proxenetas o en portales en línea como castigo”. Además, también destacan que “muchas mujeres ejercen la prostitución por falta de alternativas”, desdibujándose el término “voluntario”.

Al igual que las leyes abolicionistas, las regulacionistas reciben críticas desde distintos sectores, también el político. “No creo que sea aceptable que los hombres compren mujeres. Es algo que siempre me ha indignado moralmente y tenemos que hacer todo lo posible para reprimirlo”, dijo en 2023 el ex-canciller alemán Olaf Scholz.

Estas oposiciones también se dan en otros lugares, como en Países Bajos, donde en el 2000 se derogó la prohibición de los burdeles (la prostitución no está permitida sin un permiso o en cualquier lugar, como la vía pública o la habitación de un hotel). Ampliamente conocido es el Barrio Rojo, Distrito de Luz Roja o De Wallen por sus cabinas o escaparates en las que las prostitutas se exhiben, convirtiéndose la zona en un reclamo turístico para los curiosos. Estos espacios, que tienen que ser higiénicos y disponer de agua, deben tener botones de pánico, sistemas de vigilancia y personal de seguridad presente para atender posibles emergencias.

Políticos como Femke Halsema, alcaldesa de Ámsterdam, han mostrado su interés por modificar la situación de delincuencia y turismo de fiesta que en los últimos años ha afectado a la imagen del distrito. Así, desde las 3 a las 6 de la mañana no pueden permanecer abiertos estos espacios y en 2023 se propuso el traslado de estos servicios a un centro erótico a las afueras de la ciudad, algo que las trabajadoras han rechazado contundentemente porque esto reduciría sus ingresos, aumentaría su riesgo laboral y se verían privadas de servicios como el transporte público.

Fuera de Europa, Nueva Zelanda también cuenta con una ley regulacionista. Según destaca Te Ara: The Encyclopedia of New Zealand, enciclopedia en línea fundada en 2001 por el Ministerio de Cultura y Patrimonio del país, “antes de que se aprobara la Ley de Reforma de la Prostitución en 2003, el trabajo sexual en sí no era ilegal, pero la mayoría de las actividades implicadas en el trabajo sexual eran delito”. Así, por ejemplo, la Ley de Delitos Policiales de 1884 prohibía que las “prostitutas comunes” solicitaran negocios en públicos o la Ley de Delitos de 1961 ilegalizaba mantener un burdel.

La Prostitution Reform Act despenalizó la prostitución voluntaria entre adultos y la administración de burdeles con el objetivo de “salvaguardar los derechos humanos de las trabajadoras sexuales y protegerlas de la explotación, así como promover su bienestar, salud y seguridad laboral”.

Como en el resto de casos, pese a que desde el Gobierno se considerase que esta ley había mejorado la situación de las trabajadoras sexuales, algunas organizaciones abogan por una reforma abolicionista como la del modelo nórdico, también conocido como modelo de igualdad: “Este promueve la dignidad y la igualdad de las mujeres en la sociedad y las considera seres humanos plenos, no objetos para ser utilizados sexualmente por los hombres”, señalan desde Women’s Rights Party, apoyándose en que el Parlamento Europeo reconoció en 2023 la prostitución como una forma de violencia contra la mujer. “Es mejor apoyar la igualdad de las mujeres con buenos salarios, prestaciones sociales y servicios de salida eficaces que apoyar una situación en la que las mujeres se ven obligadas a ejercer la prostitución para sobrevivir económicamente”.

El debate entre la protección y la libertad y el problema de la erradicación de la violencia

El hecho de que tanto las leyes abolicionistas como las regulacionistas se encuentren con la oposición de unas u otras organizaciones demuestra que el principal problema del debate sobre la prostitución es que, además de que no existe un consenso generalizado, ninguna de las dos normas puede, a la vez, garantizar la libertad de las mujeres y erradicar la violencia que sufren desde hace siglos.

Ninguno de los dos modelos es perfecto, ya que, por un lado, puede empujar a la clandestinidad y a una mayor situación de vulnerabilidad y, por el otro lado, normalizar un trato que muchas mujeres señalan como discriminatorio y un trabajo al que una gran cantidad de personas solamente se dedica por una cuestión de falta de recursos.


Ana Redondo, ministra de Igualdad, presentado la campaña del Ministerio para este 8M.

Es una utopía intentar crear un mundo en el que la venta de servicios sexuales desaparezca por completo o en el que la prostitución únicamente se realice desde la libertad plena (sin coacciones ni necesidad económica). Es una utopía porque la inseguridad y la violencia contra las mujeres están lejos de ser erradicadas, tanto si se legisla de una u otra manera. Es una utopía, pero al menos hay que intentar acercarse lo máximo posible a ella.

Por Marta Sierra
Fuente: Infobae

junio 15, 2024

Quo vadis, Silvia Federici?




Silvia Federici concedió la semana pasada una entrevista a Diario Público en su paso por España con motivo de su participación en unas jornadas sobre eso que llaman “trabajo sexual”. La periodista hace esta introducción:

“Una de sus obras más importantes es El Calibrán y la bruja en la que ofrece una profunda exploración sobre la estrecha relación entre la acumulación originaria y la opresión y explotación de las mujeres. A lo largo de su carrera, también ha abordado temas como la globalización, la militarización o las luchas por la tierra, siempre con un enfoque que sitúa a los sectores más vulnerables de la sociedad en el centro del debate político.

Además de su trabajo académico, Federici ha sido una incansable activista y ha participado en movimientos sociales de todo el mundo. En los años 70, cofundó la Campaña por el salario para el trabajo doméstico con el objetivo de poner de relieve la importancia del trabajo reproductivo no remunerado en la economía de mercado”.

A continuación iré comentando sus declaraciones con la intención de confrontarlas desde un enfoque feminista, ese punto desde el que no se puede entender la prostitución como un trabajo sino como una institución del patriarcado donde se perpetúa la opresión a través de la explotación sexual de las mujeres utilizando el perverso discurso de la libre elección y el consentimiento.

«La mujer ha sido también excluida de los trabajos asalariados que pudieran darles más ganancias. Sin hacer este análisis no se puede entender la preponderancia de la prostitución porque es ahí, a partir del primer periodo de la sociedad capitalista, donde se observa una gran masificación del trabajo sexual. Hay una continuidad histórica: el trabajo sexual, como todos los trabajos de explotación, nace de las dificultades materiales que las mujeres se encuentran».

Primer error y primera contradicción. Afirma que la prostitución nace de las dificultades materiales que encuentran las mujeres, es decir, ninguna mujer acaba en la prostitución por elección ya que no hay libertad cuando hay una necesidad económica y de supervivencia. Asegura que hay explotación pero lo equipara a un trabajo. En cualquier trabajo se pueden dar condiciones precarias, abuso de poder y explotación a tal nivel que se vulneran los derechos laborales conseguidos a lo largo de la historia, pero para ello contamos con leyes a nuestra disposición para reclamar tales atropellos.

En la prostitución lo que se está produciendo es una anulación de las mujeres como sujeto, convirtiéndolas en agujeros, en mercancía que van cambiando de lugar y de precio al servicio de hombres que deciden lo que hacer con ellas. Silvia Federici defendía la importancia del trabajo doméstico y por muy precarizado y poco valorado que esté sí es un trabajo que implica un bien a la comunidad. Quizás deberíamos trabajar en dignificarlo, otorgarle la importancia que tiene para el conjunto de la sociedad.

La filósofa Ana de Miguel decía en una entrevista que hay necesidades humanas para las que hay que hacer instituciones como limpiar, cuidar y educar porque es necesario mantener los baños limpios y es necesario cuidar a niños, niñas y personas mayores y dependientes. En este sentido la filósofa cree en una educación y una sanidad pública y se pregunta a qué necesidad humana responde que haya burdeles públicos. La prostitución es una institución del patriarcado que garantiza a los hombres el derecho de acceder a los cuerpos de las mujeres por un precio que se negocia y varía mientras que otros se lucran de ello constituyendo una industria ilícita, que crece de manera exponencial en beneficios y que es un negocio criminal.

Federici apunta al periodo capitalista como punto de masificación del “trabajo sexual”. ¿No le da esto una pista de las dimensiones de esta práctica legitimada por los Estados en su condición de Estados proxenetas dada su mirada estrábica y su permisibilidad? Carole Pateman en su libro El contrato sexual escribe: «La prostitución es parte integral del capitalismo patriarcal. Las esposas ya no se exponen en subasta pública, pero los varones pueden comprar acceso sexual al cuerpo de una mujer en el mercado capitalista».

Llega la pregunta referente a la proposición de ley que el PSOE llevó hace poco al Congreso y que fue tumbada tanto por la derecha como por sus socios de Gobierno. Federici responde que es contraria a esta reforma porque criminaliza formas de trabajo y declara:

“Creo que la norma criminaliza prácticas y formas de trabajo, que, como decía antes, son una respuesta de las mujeres a una sociedad que no las dota de los recursos necesarios para vivir. Me parece una nueva forma de violencia contra las mujeres. Se dice que el trabajo sexual es violento cuando en realidad la violencia llega de las instituciones que lo criminalizan».

La reforma que quería llevar el PSOE en el Código Penal pretendía perseguir el proxenetismo con algo clave como castigar la tercería locativa. En la exposición de motivos de esta Proposición de Ley Orgánica se recoge que “las personas que recurren a mujeres en situación de prostitución participan directamente del entramado que sostiene esta grave vulneración de derechos humanos”. Y así considera preciso equiparar a la persona prostituida a la víctima. Es decir, sin ser una ley abolicionista supone un pequeño paso para cumplir tratados internacionales y caminar hacia la abolición del sistema prostitucional haciéndose cargo de los ejes que ya marca la Ley Orgánica Abolicionista del sistema Prostitucional guardada en un cajón del Ministerio de Igualdad (LOASP) tras ser presentada por la Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la Prostitución en diciembre de 2020 y que se resumen en tres: proteger a las mujeres prostituidas, desactivar la demanda y perseguir el proxenetismo.

En el Preámbulo del Convenio para la Represión de la Trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena aprobado por las Naciones Unidas en 1949 se deja claro que «la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad».

La señora Federici no considera violenta la prostitución sino las instituciones que la criminalizan. Precisamente la prostitución como institución patriarcal es violencia per se porque como ya he expuesto no hay nada más violento que deshumanizar a una mujer, negándole el ser persona, para ponerla a disposición del conjunto de varones.

Siguiendo la línea de la cantinela de “un trabajo como otro cualquiera” Federici pone al mismo nivel que una persona trabaje con una fregona a que esa persona sea la fregona usada por todos.

“Vivimos en una sociedad de mercado y cualquier persona que trabaja por un salario comercializa parte de su capacidad: se comercializa la mente, las emociones, la imaginación artística… ¿Es menos degradante vender tu mente?”.

A este respecto sólo diré que me parece curioso que quienes utilizan este argumento de vender tu capacidad intelectual como si fuese lo mismo que vender tu cuerpo no están en una rotonda semidesnudas sino escribiendo artículos, dando entrevistas y posteando mensajes en las redes sociales defendiendo la prostitución para otras, nunca para ellas ni para sus hijas o sus hermanas.

Ahora llega otra cuestión que intersecciona con el sexo y la clase social: la raza. Son mujeres, mujeres pobres y mujeres migrantes, que encuentran la libertan en ser penetradas por hombres. ¿Para qué vamos a exigir sus derechos humanos si podemos mirar hacia otro lado con un discurso tan alejado de la realidad y que da tanta vergüenza?

“Son las migrantes las que se enfrentan a la forma de ejercer más complicada, sobre todo en las calles. Allí sufren el racismo de los varones, de las autoridades, de la Policía. Muchas de ellas son mujeres sin papeles que no tienen alternativas y que, como se han podido verificar en varios países, empiezan con el trabajo doméstico. Emigran y trabajan en casas de otros, donde reciben racismo, opresión e, incluso, violencia sexual por un dinero mínimo. Entonces, deciden empezar a ejercer la prostitución para evitar la violencia por la violencia y ganar más”.

Las mujeres salen de sus países, pero lo que se produce es un fenómeno llamado “expulsión” que aborda la socióloga Rosa Cobo en su libro La prostitución en el corazón del capitalismo:


«Las mujeres son expulsadas de sus hogares, de sus entornos sociales y también de sus propias expectativas de vida. Sin embargo la expulsión tiene destino: clubs, pisos, macroburdeles, calles, barrios, polígonos a las afueras de las ciudades o zonas acotadas están preparadas para la comercialización de sus cuerpos. La violencia de la expulsión se completa con otra violencia, aquella que vulnera el derecho de las mujeres a la soberanía de sus cuerpos».

No se trata de “yo hago lo que quiero con mi cuerpo”, estableciendo una disociación para mantener que se puede estar ahí desapareciendo al mismo tiempo, para luego volver como si nada ya que somos nuestro cuerpo y en ningún trabajo nadie usa ni traspasa nuestro cuerpo como si fuese algo desechable provocando graves problemas para la salud de las mujeres. Sheila Jeffreys en su libro La industria de la vagina lo expone de manera clara y desgarradora: 


«La prostitución presenta graves problemas para la salud reproductiva y sexual de las mujeres porque con el pene, las manos y diversos objetos se hace uso del tracto reproductivo femenino, el ano, la boca y otras partes del cuerpo. Es la única forma de “trabajo” que requiere el uso interior del cuerpo de las mujeres, aparte del alquiler de vientres».

Como no podía faltar en esta conversación toca traer a la ultraderecha para culpar a las feministas que pretenden preservar la dignidad humana de las mujeres haciéndolas responsables del auge de estos partidos que ya se ha materializado en el resultado electoral del pasado domingo para la conformación del Parlamento Europeo.

Antes que nada le recomendaría a Silvia Federici que se informase acerca de la trayectoria del movimiento feminista y su posicionamiento en cuanto a la prostitución, los orígenes del abolicionismo con Josephine Butler. Cuenta Malka Marcovich que la lucha abolicionista liderada por Josephine Butler en el siglo XIX sirvió de inspiración para la Convención para la represión de la trata y de la explotación de la prostitución ajena adoptada el 2 de diciembre de 1949 por las Naciones Unidas.

Tanto los conservadores como los progresistas a lo largo de la historia se han dado la mano para permitir la prostitución como un mal menor, como un “mecanismo de desagüe” donde las mujeres eran reducidas a instrumentos del placer sexual masculino o como la libre elección de las mujeres en un sistema neoliberal agresivo que por su naturaleza hace que esa libertad sea un mito.

Federici se une al conjunto de hombres y mujeres que mientras no mueven un dedo por los derechos de las mujeres en ninguna parte del mundo suelen decir “lo que las feministas tenéis que hacer es…”.

“El movimiento feminista debería dejar de perseguir a las mujeres que ejercen el trabajo sexual y centrarse en generar un movimiento que diga claramente ‘no’ a la guerra. No hay nada más violento que una guerra”.

Esta señora debería utilizar mejor los términos y colocar el verbo correcto al sujeto apropiado. Primero, las mujeres no ejercen el trabajo sexual sino que son prostituidas por hombres que son quienes ejercen dominio sexual y violencia. Segundo, las feministas no perseguimos a las mujeres prostituidas porque como abolicionistas y tal como ya he referido a través de la cita de la LOASP se persigue el proxenetismo y la demanda de prostitución. Tercero, el movimiento feminista ya ha generado un movimiento que dice no a la guerra, empezando por la guerra contra las mujeres en cada parte del mundo. Y no hay nada más violento que una guerra que usa el cuerpo de las mujeres como campo de batalla. Y aquí la prostitución es una de las guerras más cruentas que viven las mujeres mientras otras se dedican a llamarlo “trabajo sexual”.

Yo le preguntaría a Silvia Federici a dónde va. ¿Hacia dónde se dirige ella y todas las cómplices del sistema prostitucional cuyo discurso sólo halaga y beneficia a sujetos prostituyentes y a proxenetas? ¿Qué tipo de sociedad están construyendo al defender que los hombres tenga el derecho de comprar y usar los cuerpos y por la tanto la vida de las mujeres? ¿Cómo van a acabar con la miseria, la explotación y la guerra contra las mujeres legitimando la guerra que las expropia de sus propias vidas llevándolas a la servidumbre sexual?

Ya que ellas trabajan con el intelecto ojalá reflexionasen y se adentraran en esta estructura sórdida y criminal analizando sus entrañas y escuchando a las supervivientes.

Por JLara

marzo 28, 2024

El consentimiento sexual no cabe en la prostitución



En las cloacas del sexo machista, donde habita y repta el sistema prostitucional, no existe el consentimiento sexual libre para las mujeres. Los consentimientos están viciados siempre por la precariedad, la vulnerabilidad o el miedo. Es decir, un consentimiento comprado jamás podrá ser un consentimiento libre.

Estas situaciones, separadas o en conjunto, llevan a seres humanos, en su mayoría mujeres y niñas, a aceptar prácticas o propuestas que de no ser por la precariedad, vulnerabilidad o miedo, jamás se plantearían o aceptarían. Y es por ello que no son consentimientos libres, sino huidas hacia adelante, acciones desesperadas, clavos ardiendo o reductos de la supervivencia, para subsanar esa situación de vulnerabilidad y alcanzar un bienestar… Que ni la prostitución ni los encuentros con puteros jamás proporcionan puesto que un ser humano con un bienestar medio es prostituible.

El Sistema Prostitucional es ese cuarto oscuro donde el abuso de poder y la misoginia operan en conjunto para transformar la desigualdad que padecen las mujeres precarizadas y vulneradas en consentimiento sexual adquirible para los varones, en una violación maquillada de acto de deseo y mutuo acuerdo. No es difícil, pero sí desagradable, imaginar la violencia que tiene implícita “el trabajo” de realizar una felación no deseada, sentir una penetración no deseada o las caricias no deseadas…

Follar sin deseo no es como comer sin hambre. Follar sin deseo es como comerte un plato de lentejas en medio de un jodido empacho. Duele.

Dinero, miedo y vergüenza

El dinero en prostitución significa mucho más que cash. Para ellos implica impunidad, satisfacción sexual personalizada, la reafirmación del poder en todas sus connotaciones, reconocimiento de su virilidad tanto a nivel personal como social. Para nosotras, un pan lleno de dolor y la renuncia a denunciar un acto que fuera del contexto del entrañable sistema prostitucional es un delito sexual y también contra los derechos humanos. Es culpa, miedo, vergüenza, pero sobre todo deshumanización.

Sin embargo, para el imaginario colectivo, ese dinero hace ver a la mujer prostituida como cómplice o responsable de su propio abuso, elimina todo derecho a reclamar ante el estado, además de cargarla ante toda la sociedad con toda la culpa simbólica (la prostitución tiene mucho de simbólico). Ese binomio billete+ precariedad le roba la opción, la libertad, rechazar la violencia sexual a la que la va a someter el putero.

Los puteros no pagan por sexo, pagan por el consentimiento

Pero paremos un segundo y hagamos algo fuera de lo habitual… Pongamos el foco en esos varones, los puteros. Un hombre-putero que acude a prostitución lo que busca, lo que paga en realidad no es sexo, aunque estos incapacitados emocionales se empeñen en llamarlo así. Lo que los puteros compran son consentimientos, que finalmente es lo que les ampara ante la ley para hacer lo que les dé la gana según lo que la precariedad ahogue.

Es curioso que estas leyes parecen muy habitualmente diseñadas para crear recursos semánticos y léxicos que les faciliten la impunidad de su sexualidad abusiva y violenta. No todas las violencias están tipificadas legalmente y en los recovecos intencionados o ignorados deliberadamente es por donde puteros, violadores (incluso reincidentes), pedófilos y varones al uso ven aligeradas sus responsabilidades e incluso sus sentencias.

El Tribunal Constitucional avaló que se pagara una deuda con sexo oral

Uno de los grandes recovecos o más bien brechas por las que la misoginia se cuela es, por ejemplo, la falta de análisis con perspectiva de igualdad del contexto en el que se da el consentimiento y la contemplación de que este solo es nulo en situaciones de violencia extrema (evidente), estado de inconsciencia o en menores. Y aún así, las mujeres y niñas seguimos viéndonos de colores para que una denuncia por agresión sexual llegue a término de proceso y más aún para que sea en nuestro favor la sentencia…

Imaginaos lo que debe costar verlo en otras situaciones de desigualdad real y violencia no física o en donde el consentimiento se ve forzado por la necesidad o por otros factores. Por ejemplo, el chantaje emocional o por tener una deuda económica. Y nuestro Sistema Judicial nos narra que es aceptable pedir a una mujer desesperada que salde una deuda con felaciones como avaló el Tribunal Constitucional
Transformar abusos en consentimientos libres

Hemos dicho ya que los puteros saben que si no fuera por el dinero que pagan y ofrecen, ese dinero que se nos propone cual salvoconducto de la situación de precariedad socioeconómica que nos empuja a la prostitución, jamás les permitiríamos acceder a nuestros cuerpos y sus actos/intenciones sexuales para con nosotras serían delito, como sucede en otros ámbitos fuera de la prostitución. Los puteros lo saben y el resto de la sociedad también, pero los varones no están dispuestos a perder la oportunidad de ver sus deseos sexuales y de poder satisfacerlos e intentar transformar sus abusos en consentimientos libres. Cualquier oportunidad que ofrezca la desigualdad. Y esto la sociedad también lo sabe.

Por ejemplo, ante el acoso sexual laboral o de mejoras laborales a cambio de sexo, nadie se plantea que la mujer agredida tenga falta de visión de negocios; nadie con capacidad de análisis ético la juzga de puritana por no aceptar esa oportunidad; ni nadie juzga a ese varón que hace la propuesta como un hombre con “necesidades sexuales o afectivas” que sólo busca un intercambio beneficioso para ambos…

Y en caso de que ella consintiera, sin haber deseo o atracción sexual… ¿Diríamos que es un consentimiento libre? o nos planteamos, ante el contexto, la más que posible realidad de que el consentimiento fue dado por temor a consecuencias negativas para sí misma? El código penal así lo contempla desde 1995 en la Ley Orgánica 10/1995 y en todas sus posteriores modificaciones.
Putificación

¿Qué diferencia ética hay entre consentir para poder comer y consentir para no perder un puesto de trabajo? Al parecer una luz roja y un poco de ambientador empalagoso. ¿Y si le damos la vuelta real a la terminología jurídica y a las valoraciones de una sociedad, a la que le queda mucho por avanzar en materia de violencia machista y respeto a la mujer como una igual? Un varón nunca tendría esos comportamientos ante alguien que considerase “un igual”.

Volviendo a la terminología jurídica, quiero resaltar que en esta también se esconden los varones rancios de todos los colores políticos, algunos muy probablemente puteros también, y por supuesto los hay que habitan en el poder judicial, no se entiende pues los fallos y declaraciones dantescas que las mujeres, en esta sociedad, hemos presenciado en en más de una ocasión. También utilizan dichos reductos de la semántica patriarcal las acólitas de la aprobación masculina mega alineadas, de todas las edades y partidos, que se creen lejos de la putificación que nos afecta a todas. ¡TODAS! Putificación que, además está desorbitadamente lejos de ser algo moderno, liberador o empoderante por mucho que se repita en bucle.

Tener que consentir la violencia sexual, con el obligado agrado fingido que exige el putero y el sistema prostitucional para comer, está estratosféricamente lejos del sexo consentido libremente, de lo que significa trabajo y de lo que significa ejercicio empoderante.

Asimilar el consentimiento con el deseo es la base por la que la sociedad ha sostenido y perpetuado el sistema prostitucional y todas las violencias sexuales con una benevolencia y unos argumentos realmente perturbadores y deshumanizadores para la mujer o cualquier ser humano, como si la prostitución fuese una ONG encubierta que saca de la pobreza a las mujeres despojadas de la igualdad y precarizadas, mientras mantiene a las hijas y esposas de estos puteros a salvo de otros puteros-violadores. Y este símil llevaría al siguiente punto:

Si la prostitución fuese beneficiosa porque trae prosperidad para estas mujeres podríamos concluir que los puteros son respetables filántropos dispuestos a sacar a estas mujeres de la pobreza a base de pollazos.

Que nadie se engañe, en la prostitución no hay billete que no traiga detrás una polla, como mínimo. En esta fratría que han creado entre todos los varones y que llamamos civilización, todas somos susceptibles de ser putificadas, o incitadas ferozmente a pornificarnos bajo la conminación de ser tachadas de puritanas o rancias.
Ley Orgánica Abolicionista del Sistema Prostitucional (LOASP)

¿Qué sería de las putas sin puteros y proxenetas? Claman los y las proxenetas y otras voces de los discursos pro-putero ¿Presupuestos e igualdad real para las mujeres o más pollas salvadoras? Preguntamos, hartas ya, las feministas. Porque yo que he pasado por del sistema prostitucional, que, como ya he afirmado, es un cuarto oscuro donde la misoginia campa a sus anchas con el beneplácito de la sociedad, una auténtica una trituradora de mujeres, yo les aseguro, señoras y señores, que nada de lo que sucede en ese contexto cabe en lo que se pretende, por contorsión lingüística y teórica, consentimiento libre o sexo deseado.

Y sepan todos y todas que no beneficia en nada a las mujeres. ¡A ninguna! Y la única herramienta jurídica que nos protege a todas del horror de la prostitución es la Ley Orgánica Abolicionista del Sistema Prostitucional (LOASP). Elaborada por mujeres feministas sin ningún tipo de interés más que el de la igualdad real para las mujeres, se puede encontrar en la web de la Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la Prostitución (PAP).

La Ley se presentó por segunda vez ante el Congreso de los Diputados y necesitan tanto de supervivientes del sistema prostitucional, como feministas de largo recorrido, y toda persona con sentido de la ética. ¡Por mí, por las que están y las que vendrán! ¡Por todas!

Fuente: Crónica Libre

marzo 03, 2024

La cruzada contra el porno de Andrea Dworkin, la feminista incómoda a la que acusaron injustamente de “odiar a los hombres”

Aseguró que el consentimiento es imposible en un sistema de opresión, y fue, según Gloria Steinem, una figura clave. Sin embargo, su obra no ha sido aún traducida al castellano y la polémica y el odio siguen rodeando a sus escritos


Andrea Dworkin fotografiada en la feria del libro de Edimburgo.COLIN MCPHERSON (CORBIS VIA GETTY IMAGES)



La escritora estadounidense y activista del feminismo radical Andrea Dworkin, cuyos textos sobre el consentimiento y los abusos sexuales tienen hoy más peso que nunca a la luz del #MeToo, predijo también el ascenso de Donald Trump y aseguró que la pornografía refuerza el poder de la derecha sobre las mujeres. Su amiga Gloria Steinem dijo de ella que fue “una profeta del Antiguo Testamento que siempre estaba advirtiendo lo que iba a ocurrir”, y al revisar su obra, razón no le faltaba.

Acusada de odiar a los hombres, su incesante lucha contra la prostitución y la pornografía le valieron el odio tanto de los hombres como de ciertos segmentos feministas liberales. Al denunciar la deshumanización de la mujer en la pornografía, que aseguraba es un producto del poder del hombre dentro de la cultura patriarcal occidental, se topó con diversas voces que la acusaban de ofrecer una mirada represiva de la sexualidad. Aunque su obra más famosa es Pornografía, hombres poseyendo a mujeres, libro en el que retrata la industria pornográfica como un interminable foco de violencia contra las mujeres, al tiempo que asegura que los efectos del consumo pornográfico son la erotización de la sumisión y la perpetuación de la violencia contra las mujeres, su primer libro fue El odio a las mujeres, que publicó a los 27 años, en l974.




En su escrito ya aseguraba que la pornografía incitaba a la violencia contra las mujeres, y al ser acusada de censura, tuvo que defenderse en diversos ensayos. De hecho, sus escritos se encontraron siempre con diversas trabas para ser publicados, aunque fue precisamente Estados Unidos el lugar que finalmente dio el ok a su publicación. “Ese país de mentiras y perogrulladas que nos dice que podemos hablar de lo que queramos”, aseguraba ella misma con ironía. Al final de su vida, ante las zancadillas con las que se encontró para seguir publicando sus polémicos textos en América, se reunió con editores de The Guardian, medio que publicó algunos de sus textos poco antes de su muerte. Confesó que jamás había sentido semejante respeto por parte del mundo editorial, una prueba más de que su vida, tanto fuera como dentro de la literatura, no fue nunca fácil. “Jamás había sentido que los editores con los que trabajo me traten con este tipo de respeto. Lo aprecio mucho”, le dijo a su amiga, la periodista Julie Bindel (responsable de orquestar estas reuniones) en el último email que recibió de Dworkin.

Precisamente ahora el consentimiento vuelve a situarse en la mesa de debate con la publicación de El sentido de consentir, un ensayo en el que la filósofa Clara Serra reflexiona sobre el consentimiento partiendo de tres bases: el sexo consentido no tiene por qué coincidir necesariamente con el sexo deseado; existe el derecho a tener todo tipo de deseos sexuales y también, existe el derecho a explorar y equivocarse. Por supuesto, Andrea Dworkin habló en su obra del consentimiento. En su caso, para cuestionar su validez en un mundo repleto de desigualdades estructurales y no exento de relaciones de presión. De esta forma, reflexiona acerca de cómo en un marco caracterizado por la desventaja o vulnerabilidad a causa del género, la raza o la clase social, el consentimiento libre y autónomo se encuentra en una situación comprometida.”El consentimiento no puede existir en un sistema de opresión”, aseguró.
Una batalla que empleó las palabras como misiles

La autora se aseguró de componer su obra desde un lugar personal, pero lejos de quedarse en la anécdota, extrapoló lo ocurrido en su vida para emplearlo, como ella misma aseguró, “como brújula”. Comprender sus escritos e incluso su ira sin hablar de lo que le ocurrió al margen de los libros es esencial. Fue abusada tanto por su padre como por su primer marido, y cuando con 18 años fue arrestada durante una manifestación contra la guerra del Vietnam, fue abusada por dos doctores en la cárcel de mujeres del Village. Después de estudiar literatura en el Bennington College, hizo del feminismo el epicentro de su lucha y decidió dedicar su vida a fortalecer el movimiento. Alzó la voz contra la pedofilia, la pornografía y la violencia contra las mujeres y defendió con vehemencia la idea de que los hombres emplean el sexo para asentar su poder patriarcal. Lo hizo mediante un estilo muy característico, repleto de rasguños y aristas, y la propia Dworkin aseguró que su objetivo era emplear “una prosa más aterradora que la violación, más abyecta que la tortura, más insistente y desestabilizadora que una paliza, más desoladora que la prostitución, más invasiva que el incesto, más llena de amenazas y agresiones que la pornografía”. La columnista Moira Donegan dijo que su estilo era “estridente, enfurecido, y sus conclusiones son a menudo duras, expresadas sin rodeos y difíciles de leer”.

Al hablar acerca de cómo la misoginia se adentró en el léxico del feminismo de la segunda ola gracias al libro El odio a las mujeres. Nina Renata Aron, en un artículo publicado en New York Times, explica que leer a Dworkin era en los 80 y en los 90 “una especie de rito de iniciación”. “Su escritura ofrecía una mirada estridente y cruda al sesgo sistémico que afecta las experiencias cotidianas de las mujeres. ¿Había un odio real acechando detrás de cada reunión con su jefe o oficial al mando, cada cita, sermón, novela y anuncio de televisión? Sí, insistió Dworkin. En ese momento, esta era una idea radical, y para muchos todavía lo es”, escribe la periodista. Sin duda, la rabia de sus textos es radicalmente opuesta a los escritos de autoras como Caitlin Moran, que emplean el humor para luchar y criticar al sexismo, algo que sin duda, para Dworkin habría sido un ejemplo más de cómo las mujeres habitan en “un sistema de humillación del que no hay escapatoria”.
El yugo de la violencia sexual

A comienzo de los años 70, no dudó en alzar la voz contra los abusos a los que había sido sometida, y en 1999, a los 53 años, fue drogada y violada en un hotel de París, un terrible acto que le hizo alejarse del mundo para reunirse únicamente en contadas ocasiones con su círculo cercano hasta publicar en el año 2002 Corazón roto: memoria política de una militante feminista, su autobiografía, donde se embarcó en una nueva batalla contra las violaciones. “El doctor que mejor me conoce asegura que la osteoartritis aparece mucho antes de paralizarte. En mi caso, posiblemente fue por no tener un hogar, por el abuso sexual o por mi peso. John, mi pareja, echa la culpa a Scapegoat, un estudio sobre la identidad judía y la liberación de las mujeres que me costó nueve años escribir y que asegura, es el libro que me robó la salud. Yo culpo a la violación de la que fui víctima en París en 1999″, escribió en The Guardian, en el que fue el primer texto que el medio publicó tras su muerte.

“El trabajo de Dworkin cobra mayor significado ante el movimiento #MeToo, que ha visibilizado la forma en la que la violencia sexual ha sido silenciada. Tenía más razón de lo que pensaba ella misma: la cultura dominante evita enfrentarse al rol que desempeña la pornografía a la hora de asertar la domunación sexual masculina”, dijo el Dr Gail Dines, que lleva más de tres décadas luchando contra la industria del porno.

Al conocer la forma en la que tantas mujeres blancas apoyaron la política de Trump, la estadounidense sin duda habría hablado de cómo la derecha política se asegura de explotar el miedo de las mujeres para hacerles ver que lejos de tener que cambiar las cosas, lo mejor es aceptar la situación y aprovechar cualquier medio para acceder al poder disponible. Su libro Mujeres de Derecha, que data de 1983, bien podría haberse referido a la forma en la que Donald Trump alcanzó el poder. “Si hubiésemos escuchado más a Dworkin durante sus décadas de activismo y nos hubiésemos tomado su trabajo más en serio, más mujeres se habrían adherido a un feminismo intransigente, a diferencia del feminismo sonriente y divertido, repleto del tipo de consignas que se leen en las camisetas y que aplaude una especie de girl power que lucha por poder llevar pantalones en lugar de defender un movimiento colectivo con el que emancipar a todas las mujeres de la tiranía de la opresión”, opina Julie Bindel, que conoció a Dworkin en una conferencia que organizó sobre de la violencia contra las mujeres en 1996.

Su lucha contra la pornografía no fue únicamente llevada a cabo mediante sus charlas y escritos, sino que se alió con la abogada feminista Catherine MacKinnon (ambas creían que la sexualidad está basada en la subordinación de las mujeres a través de la dominación sexual masculina, lo que se traduce en la desigualdad de género) para presentar una ley que señalaba que la pornografía no es otra cosa que discriminación sexual, una ley gracias a la cual las mujeres podrían demandar a productores y distribuidores. Tras ser aprobada en Indianápolis en l983, el Tribunal Supremo de Estados Unidos legisló en su contra ante el poder de la industria del porno.

Andrea Dworkin murió con tan solo 58 años a causa de un fallo cardíaco. Aunque su nombre es constantemente repetido a causa de la forma en la que sus textos han ayudado a comprender el porqué del ascenso al poder de Trump y cómo frente al #MeToo, su lucha contra los abusos sexuales está hoy más presente que nunca, su obra no ha sido traducida al castellano, y la estigmatización que rodeó siempre a la autora no la ha abandonado incluso tras su muerte a causa de quienes siguen asegurando que su voz defiende un feminismo puritano y trasnochado. Como recoge en ‘Andrea Dworkin’, libro en el que Jeremy Mark Robinson examina su obra, el escritor Michael Moorcock dijo que el feminismo era el movimiento político más importante de la actualidad, siendo la figura de Dworkin vital. “La gente cree que Andrea odia a los hombres. La llaman fascista y nazi, especialmente los americanos de izquierdas, pero su trabajo no indica tal cosa. En realidad, tenía una extraordinaria elocuencia, el tipo de magia que movilizaba a la gente”, aseguró.

Sus ideas fueron manipuladas y malinterpretadas, el odio y el desprecio acompañaron a sus escritos e incluso su apariencia física fue objeto de mofa durante toda su vida, pero su obra sigue presente y sus reflexiones y críticas siguen hoy tan vivas como antes. “En cada siglo hay una serie de escritores que ayudan a la especie a evolucionar: Andrea forma parte de ellos”, dijo Gloria Steinem en el funeral de su amiga, y lo cierto es que hay que aplaudir a todos quienes con sus escritos incitan a la reflexión y al debate, porque esas son las claves para poder avanzar.


Por Marita Alonso

Fuente: El País


agosto 06, 2023

El consentimiento como pretexto: a propósito de la película Noémie dice sí




La mirada masculina

La representación del mundo a través de imágenes cuenta con una importante trayectoria y como cualquier medio de explicar y construir la realidad ha sido un campo propio de varones, como la historia, la literatura o el arte en general. Investigadoras como Pilar Aguilar o Laura Mulvey han puesto de manifiesto cómo la ficción audiovisual se sostiene sobre un mirada eminentemente masculina que repite patrones de tradición misógina. Empezando por el hecho de que el protagonista indiscutible de cualquier relato es un varón en un alto porcentaje de casos: también aquí los hombres usurpan espacios de poder y representación a la mitad de la humanidad. Podemos seguir con la temática o la trama en la que predominan acción, aventura, combates, etc., que ponen a prueba el coraje y la valentía de los varones. Los personajes femeninos, de existir, se articulan como seres de segunda categoría y normalmente en función del protagonista masculino.

En un tiempo en el que la imagen es ubicua, el relato fílmico adquiere gran importancia a la hora de construir nuestra subjetividad e imaginarios, un medio que llega sutilmente a las emociones y difícilmente pasa filtros de racionalidad. De modo que discursos inadmisibles expuestos textualmente —por ejemplo, las mujeres son objetos al servicio de los varones— pueden “colar”, sin embargo, convenientemente expuestos en una eficaz urdimbre en imágenes. Estamos, por consiguiente, ante un potente mecanismo productor y reproductor del sexismo y legitimador de la violencia que se ejerce sobre las mujeres. En este sentido, cabe citar, por ejemplo, toda la filmografía del delirio machista de “la puta feliz” que invisibiliza o justifica la base que sostienen el sistema prostitucional: proxenetas y puteros. Por mencionar algunos títulos, de Belle de jour (Luis Buñuel) a Irma la dulce (Billy Wilder); de Desayuno con diamantes (Blake Edwards) a Pretty Woman (Garry Marshall)…etc.

Cuando las directoras toman la cámara el relato sobre el sistema prostitucional puede ser diferente porque ponen el foco de atención en las relaciones de desigualdad entre varones y mujeres y en su causa, en los prostituidores. La realidad entoces cambia. Salimos del cuento de la “puta feliz” para encontrar un escenario de explotación y violencia que es necesario denunciar y abolir porque nos desacredita como sociedad. Porque el sistema prostitucional conculca derechos humanos. Ni más ni menos. No cabe debate alguno que no sea cómo abolir la barbarie. Geneviève Albert en su película Noémie dit oui[1] (2023), muestra, entre otras cosas, que el consentimiento no es sino coartada para justificar el abuso y la violencia sexual sobre las mujeres. Esperamos que el film de reciente aparición pueda distribuirse y verse en breve en España.

Sin feminismo no hay democracia

E feminismo lucha por una sociedad más justa, por tanto impugna el sistema prostitucional, tema inexistente en el debate politico actual así como en las “valoraciones” de los resultados de la última cita electoral de los grandes medios. Como si deshumanizar a la mitad de la sociedad fuera un asunto baladí y no afectara a la salud democrática… La indignante actitud política y mediática no es casual: este tipo de barbarie genera un feliz consenso en el arco político: tanto las rancias posiciones conservadoras de la derecha, o las más neoliberales, como las de los posmoprogres de la autoidentificada izquierda legitiman la compraventa de niñas y mujeres como objetos sexuales… Y no parece que en el futuro cercano el posible gobierno de este país vaya a modificar el panorama. Por consiguiente, hay que seguir denunciando la indecencia ética de la explotación sexual de mujeres porque sin feminismo no hay democracia: no pararemos hasta que la LOASP se haga realidad.

Reproducimos a continuación por su interés — con permiso de la fuente— la entrevista realizada por Sandrine Goldschmidt a la directora Geneviève Albert publicada en: Prostitution et Société ( n. 215, páginas 8-9 y 32, marzo, 2023) Revista trimestral de Mouvement du Nid, Francia.

“He querido sumergir al espectador en una experiencia sensorial, visceral, del mundo de la prostitución”.

Geneviève Albert, directora de Noémie dit oui

Entrevista

S.G.- Se trata de su primera película. ¿Por qué eligió la prostitución, y concretamente la de una menor?

Desde joven me di cuenta muy pronto de la realidad de la prostitución, una realidad que me ha hecho reflexionar, hacerme preguntas y que me ha conmocionado. Nunca he entendido la transacción que consiste en pagar a alguien para disponer sexualmente de su cuerpo como venga en gana. Es un asunto tan fuerte para mí que se me impuso naturalmente como tema para mi primer largometraje de ficción.

Más adelante descubrí que en Canadá la edad media de entrada en la prostitución está en torno a los 14/15 años. No sabía que esto era así en mi país, que la explotación de menores se daba en todo el mundo. Por esta razón decidí abordar la prostitución de una adolescente.

S.G.-¿Cómo escribió el guión?

No siendo yo una persona que ha sido prostituida, hice importantes investigaciones para acercarme a esta realidad. Me encontré con adolescentes que eran “chicas de compañía” (escort). También me encontré con supervivientes, mujeres algo más mayores, que habían conseguido escapar. Por último pude hablar con un proxeneta que influyó mucho en la construcción del personaje de Zach.

Este joven tenía 17 años y era el proxeneta de chicas de 14 a 16 años; era súper carismático, inteligente, súper majo. Me di cuenta de que frente a un hombre así, ninguna chica puede desconfiar. Inspiraba confianza.

Estas investigaciones fueron fundamentales para sumergirme en este medio. Encontré en estos testimonios muchísimos detalles que me permitieron evitar ciertos errores de las películas sobre la prostitución, cosas que se ven a menudo y que no tienen nada que ver con la realidad.

S.G.-Durante una hora, Noémie dice no. No tiene más que 15 años pero es fuerte, resuelta y decidida. ¿Es una elección?

Fue deliberada la decisión de no hacer de Noémie una jovencita súper ingenua, a la que se pudiese poner enseguida la etiqueta de “víctima”. Estaba decidida a que tuviese un carácter fuerte… y esto no le evita caer en la prostitución. Porque, a pesar de todo, su trayectoria vital es muy frágil y se encuentra en la posición imposible de una joven en fuga, sin padre y con una madre incapaz de ocuparse de ella. Considero que los personajes de las jóvenes prostituidas y de los proxenetas son demasiado a menudo muy maniqueos. Están los gilipollas con cadenas de oro a los que se les ve venir de lejos. Y la joven ninfa muy frágil e ingenua… La realidad es más compleja. Hay chicas súper inteligentes y fuertes y eso no les impide caer en la trampa. Es mucho más complicado.

S.G.-Por fin una película que muestra el papel del “cliente.”

Decidí poner a los «clientes» en el centro de mi película a partir del momento en que Noémie acepta ser “escort” durante el Grand Prix de Fórmula 1, porque los «clientes» están en el centro del problema. Si no hay «clientes», no hay prostitución, no hay proxenetas. Sin embargo, curiosamente, son los grandes invisibles del debate en torno a la prostitución, y también de las películas sobre la prostitución (y he visto muchas).

Quería cambiar esto dándoles tiempo de pantalla y girando la cámara hacia ellos en las escenas de prostitución.

Hay 15 «clientes» en pantalla durante la película, Noémie ve a 37 durante los tres días. La decisión de repetirlos[2] es la manera que encontré para sumergir al espectador en una experiencia sensorial y visceral del mundo de la prostitución, más que en un posicionamiento intelectual que tuviera que ver con el mundo de las ideas. Quería que nos entregásemos a la experiencia de Noémie y esto pasaba por la repetición. Hay en esto una violencia inherente al mundo de la prostitución. Es muy violento tener de 10 a 15 «clientes»por día, aunque sean “súper agradables”.

S.G.-¿Cómo escribió los personajes de los «clientes»?

Hice muchas preguntas a las adolescentes y a las mujeres con quienes me entrevisté. También me metí en foros donde los «clientes» suben comentarios sobre las mujeres prostituidas. Esto me dio una idea del tipo de hombres que son y yo presento una selección diversa: de todas las edades, de todos los poderes adquisitivos, de todo tipo de orígenes, porque todo el mundo puede ser un “cliente”. Llevé a la pantalla 15 «clientes» normales, algunos guapos, otros feos, algunos jóvenes, otros viejos…

S.G.-¿Algunos amables, otros violentos?

Exactamente. Pero en su mayoría amables. Hay un solo “cliente” violento en la película, y dudé en ponerlo. Porque la mayoría en la vida real no son violentos, pero eso no hace que la prostitución sea más agradable, es esto lo que se tiene que comprender. Por supuesto que la violencia añade traumas, pero incluso un “cliente” amable representa una violencia para la mujer o el hombre que lo sufre.

S.G.-La manera en que usted filma a los “clientes” y las escenas de prostitución contrasta con lo que se nos acostumbra a ver habitualmente.

Pensé mucho en la manera en que iba a rodar las escenas de prostitución. Durante mi investigación vi muchísimas películas con escenas de prostitución y la mayoría de las veces me mostraban lo que yo no quería hacer. Quería alejarme de toda forma de erotización, de voyeurismo y de pornografía. Noémie no está en absoluto sexualizada, no se la ve desnuda casi nunca.

También me hice preguntas sobre la manera de rodar la violencia sin reproducirla. Decidí entonces volver mi cámara hacia los «clientes”. Esta decisión era para que la gente se metiese “en la piel” de Noémie, para que nos situemos desde su punto de vista, que absorbamos lo que supone deber satisfacer las demandas sexuales de tantos hombres.

Decidí aislar a los «clientes” en los planos porque en la puesta en escena quería dejar claro que la prostitución no es una relación entre dos seres humanos sino una relación de poder. Para ello, hice todo para que Noémie y el “cliente” no estén nunca juntos en un mismo plano.

S.G.-Las escenas en las que se ve a Noémie entre los momentos de prostitución son también muy fuertes.

Con mi película quería habitar el mundo de lo concreto. Lo que me llevó a escribir esas escenas fue la lectura de Putain[3], de Nelly Arcan, un libro estremecedor. La autora describe todos esos momentos de espera en los que veía los pelos de los «clientes» en una esquina de la habitación y explica todos los gestos concretos que hay que hacer, hacer la cama, etc.

S.G -Al final, una educadora del centro de jóvenes interviene. Su papel es más bien positivo. ¿Cómo percibe usted la situación de los centros para jóvenes en Québec?

Para realizar mi película, pasé dos meses en un centro de jóvenes como observadora. Me encontré con chicas que me contaron su trayectoria y pude ver cómo era su vida cotidiana en el centro. Para estos jóvenes, esta especie de familia de repuesto no es lo ideal, pero es la menos mala de las soluciones.

Me encontré con educadoras y educadores que hablaban con el corazón en la mano y que hacían todo lo que podían para acompañar y proteger a los jóvenes. A veces ocurre que se saltan el protocolo para conservar la relación de confianza con el o la joven. Por ejemplo, si una adolescente en fuga llama a su educadora, lo normal es que ésta última llame a la policía. Pero la educadora puede decidir ella misma ir a buscar a la joven para traerla de vuelta al centro porque juzga que es más importante mantener la relación de confianza. Me inspiré de esta situación para una escena de mi película.

Me conmovió el trabajo que hacen. Ellos y ellas están desamparadas cuando las jóvenes se fugan y vuelven al centro habiendo vivido la prostitución. ¡Pero los educadores no pueden encerrar con llave a las chicas en los centros juveniles! ¿Entonces que hacemos?

S.G.-El final está abierto. Eso nos permite tener esperanza.

No quería un final deprimente. Podría haberlo hecho, porque existe. Pero humanamente creo que no era capaz. Necesitaba terminar con un final un poco luminoso, que dejara al público en una posibilidad no demasiado negra. Personalmente creo en la humanidad, y creo que en un futuro que espero cercano, viviremos en sociedades en las que habrá menos prostitución. Creo que el final traduce mi posicionamiento, mi deseo de que se avance.

Engracia Martín Valdunciel (AbolicionistasAragón) y Juan Mainer Baqué (Hombres por la abolición del sistema prostitucional)
Fuente: Tribuna Feminista

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[1] Noémie dice sí.

[2] Un contador muestra la sucesión de “clientes” subrayando la violencia que sufre Noemi al crear un paralelismo con las rotaciones de los Fórmula 1en el circuito (N. de la T).

[3] Puta.

julio 06, 2022

«Sugardating», una práctica normalizada que puede llevar a la prostitución




Imagen del equipo de "Desactiva la trata" extraída de su página web.

Marta, una joven española universitaria, conoce a un hombre veinte años mayor que ella en una fiesta que le ofrece viajes, ropa y dinero, ésta acepta puesto que no le viene mal conseguir algún ingreso extra. Lo que no sabe es que está entrando en la primera fase del «sugardating», una relación aparentemente inocente que puede llevar a la prostitución.

«Sus propuestas de fiestas y restaurantes se fueron ampliando a viajes y lugares a los que jamás imaginé ir. El acuerdo era muy simple, yo le acompañaba a sus eventos, me mantenía a su nivel y podríamos divertirnos juntos», cuenta Marta.

La joven explica que él le pagaba lo correspondiente a las horas pactadas y la contactaba de nuevo si necesitaba algo más. Todo fue claro al principio «solo si ambos queríamos mantendríamos relaciones sexuales, cada vez era más generoso conmigo, pero sus exigencias también fueron aumentando, quería más encuentros y luego, por supuesto, vino el sexo».

Cada vez más común

En realidad Marta no existe, su historia está hecha con experiencias de varias mujeres de su edad que han sido víctimas de esta práctica que, según ha denunciado la organización española Diaconia, creadora de la campaña ¿Quieres ser una «sugarbaby»?, es cada vez más común en España.

Hombres adultos y mayores con alto poder adquisitivo (conocidos como «sugardaddy») contactan con jóvenes universitarias (las «sugarbaby»), muchas veces a través de plataformas digitales legales, para obtener su compañía en eventos públicos o encuentros privados a las que les prometen cambiar de vida por una más lujosa.

«Entre el 80 y el 90% de los jóvenes ven esto con unos ojos maravillosos, les parece que no tiene nada que ver con la prostitución, que no entra en ninguna conducta de riesgo», ha indicado a EFE Eva Márquez, coordinadora de los programas de mujer y lucha contra la trata en Diaconia.
El «sugardating», normalizado

Según ha recordado Márquez, la sociedad española tiene «asumido» que «la explotación es una mujer esclavizada, encadenada, encerrada en un cuarto en una situación muy precaria, donde está siendo abusada continuamente en contra de su voluntad».

«Esa es la imagen que tenemos, por eso consideramos que hay que llamar la atención sobre otras prácticas que tenemos normalizadas e incluso que se nos venden a través de eufemismos y anuncios bochornosos tipo cumple tu sueño”, ha analizado.

Así, ha incidido en que el «sugardating» lo que hace es «captar a ese perfil que nadie tiene en mente, a chicas universitarias que no tienen grandes problemas de supervivencia y que de otra manera nunca se hubieran metido en una relación así».

Márquez lo tiene claro y ha advertido que «para que el delito de la trata se dé, hemos de remontarnos a muchas acciones que la sociedad tiene normalizadas y que son el caldo de cultivo para que estos delitos se lleven a cabo».

Por ello pide «prevenir situaciones que puedan desembocar en que una mujer o una niña pueda llegar a ser víctima no solo de la trata que es el caso más extremo sino de cualquier tipo de explotación sexual en contra de su voluntad».

Influida por las redes sociales

Márquez ha lamentado que el «sugardating» sea aún una realidad poco documentada y conocida y ha indicado que gran parte de la responsabilidad de que las jóvenes caigan en estas trampas es «lo que venden las redes sociales, eso de que puedes tener una vida de ensueño».

En esa misma línea se expresa Natalia Colmenar, creadora de la campaña de Diaconia, quien ha explicado que el fenómeno nació en Estados Unidos hace tiempo pero «el problema es que ahora ya se ha popularizado» a través de plataformas como Instagram, Tik Tok o YouTube.

«Si buscas en Youtube cómo ser ‘sugarbaby’, encuentras un montón de vídeos que te explican y animan a serlo», ha criticado esta especialista, quien ha asegurado que si al acceder a estas plataformas hubiera un vídeo que indicara los riesgos de esta práctica, «ya sería un gran avance».

Puerta a la explotación sexual

Ha insistido en que la práctica «se oculta bajo eufemismos» y por ello se ha vuelto «tan popular»: «por eso no se contempla que ser ‘sugarbaby’ pueda conllevar un servicio sexual en el 90% de los casos porque ya no hablamos de intercambio sexual sino de intercambios de beneficio mutuo».

La historia de Marta, ha dicho, podría ser la de cualquiera, «una chica universitaria que se mete en una página web para tener más ingresos y sin querer va pasando las propias líneas rojas que ella se marca».

«El ‘sugardaddy‘ va exigiendo cada vez más y más de ella, al final la amenaza con quitarle el dinero que le iba a dar y estropearle la carrera profesional porque es una personas que tiene muchísimos contactos, ella va accediendo a cosas que ella inicialmente no quería hacer», ha explicado. Finalmente «se da cuenta de que se ha metido en la boca del lobo de la que es muy difícil salir«.

Para empezar a luchar contra esta tendencia hay que dar pasos y pareciera que aún no se ha dado siquiera el primero: «lo necesario es empezar a abrir el melón y a decir que el ‘sugardating’ puede ser una puerta a la explotación sexual».

Macarena Soto
Fuente: Efeminista

mayo 30, 2022

El feminismo toma las calles de Madrid para clamar contra la prostitución: "Estamos hartas de una sociedad llena de puteros y proxenetas"

Más de 3.000 personas reclaman la abolición de la prostitución en Madrid

Varias mujeres realizan el símbolo feminista con las manos durante la manifestación para reclamar la abolición de la prostitución, a 28 de mayo de 2022, en Madrid. / Fernando Sánchez0 

Más de 175 organizaciones feministas, 3.000 personas, según delegación del Gobierno, han reclamado este sábado en Madrid que el texto redactado por el movimiento, la Ley Orgánica de Abolición del Sistema Prostitucional (LOASP), sea "aprobado de forma urgente por el Congreso". La portavoz de la Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la Prostitución, Rosario Carracedo, ha denunciado que las mujeres están "hartas" de una sociedad "llena de puteros y proxenetas" y ha denunciado que el Gobierno y sus socios no tienen un compromiso con la igualdad.

El texto recoge la penalización a los "proxenetas y puteros", medidas de prevención, detección y reparación de víctimas y la declaración de violencia contra la mujer de todas las formas de agresión a la libertad sexual, como "la prostitución, la pornografía y otras formas de explotación sexual, las amenazas las coacciones o la privación arbitraria de libertad". La Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la Prostitución es la impulsora de esta marcha, que ha comenzado en la fuente de Cibeles y ha finalizado en la Plaza de España desde la hora del mediodía.

En su intervención, Carracedo ha criticado que la prostitución es una práctica de violencia que "compromete la vida, la seguridad, la dignidad de las mujeres" y ha afirmado que en una sociedad democrática "no es posible aceptar que se tolere la explotación sexual de las mujeres".

Además, ha denunciado que el Gobierno y sus socios no tienen un compromiso con la igualdad, ya que "no han hecho nada en estos dos años". "No han realizado ninguna acción real y efectiva para acabar o iniciar un proceso de la abolición contra la prostitución", ha añadido.
"Esclavitud del siglo XXI"

Manifestantes como Pilar, en declaraciones a Europa Press, ha lamentado que esta actividad es "otra violencia más" y la "nueva esclavitud del siglo XXI". "Cada día hay más industria del ocio dedicada a la explotación de las mujeres y se está promoviendo la sexualidad pagada por los hombres. Queremos que las mujeres no se vean abocadas a la prostitución", ha proclamado.

Por su parte, la organizadora de acciones del colectivo de feministas de Cataluña, Alicia López, ha culpado directamente a Podemos de que el texto aún no haya sido aprobado, ya que "el lobby proxeneta y el lobby queer están relacionados intrínsecamente porque uno depende del otro. "Las mujeres deben dejar de ser mercancía y objetos sexuales", ha manifestado.

Fuente: Cadena Ser

Complicidades masculinas



En demasiadas ocasiones en los medios de comunicación escucho a los hombres condenar los asesinatos machistas con mucha contundencia. Y me alegro cada vez que los escucho. Suelen ser políticos cuando asesinan a alguna de sus convecinas o algún que otro presentador de informativos que, cunado da la noticia del asesinato de una mujer o la violación grupal de mujeres, se le nota la rabia e, incluso en algunos momentos, la deja ir llegando a ser “políticamente incorrecto” en los calificativos que dedica al agresor o al asesino. No voy a negar que me alegra.

Pero salvo honrosas excepciones, ¿Dónde están los hombres?, ¿Dónde sus denuncias de estos asesinatos, violaciones etc.?, ¿Dónde están sus voces de condena contundente ante chistes machistas, imágenes que denigran o cosifican a las mujeres? No, no están, salvo, insisto, honrosas excepciones.

Y no están, porque significaría renunciar a sus privilegios y eso no nos gusta a nadie.

Significaría, además, romper con las complicidades tejidas con otros hombres con los que compartir privilegios y salirse de un sistema que se sostiene gracias a esos privilegios y al sostén y protección que entre ellos se procuran.

Y lo vemos claramente en la aplicación de leyes sobre delitos cometidos contra la integridad física o emocional de las mujeres cuando siempre hay alguien que cuestiona las voces femeninas para favorecer las masculinas.

Lo vemos también en la difusión de ese mismo tipo de noticias y en cómo las mujeres, incluso con las que tienen responsabilidades públicas, en algún momento son calificadas en base a sus atuendos y no a sus buenas o malas praxis. Y eso nunca ocurre con los hombres.

También lo vemos en mas manifestaciones y declaraciones contra el sistema prostitucional en donde las voces de los hombres, prácticamente en su conjunto, desaparecen. No conozco ni a un solo hombre que reconozca haber consumido mujeres y, sin embargo, el Estado Español es el mayor consumidor de mujeres de toda Europa y el tercero del mundo. Las complicidades masculinas en este tema en concreto son, al menos para mí, alarmantes.

La hipocresía de la negación del consumo de mujeres esclavas sexuales de los proxenetas, junto con el disfrute de sus privilegios de uso y disfrute propio sin importar para nada ni el deseo ni el gozo de las mujeres prostituidas, es el máximo exponente de esos privilegios que antes mencionaba. 

Y esos privilegios cuentan con demasiadas complicidades, incluso femeninas como para permitir que se acabe el hecho de poder consumir mujeres esclavas al gusto. Esas complicidades están en todas partes. En la política, en la economía, en los medios de comunicación, en los centros de trabajo, insisto, en todas partes, por eso es tan difícil conseguir la abolición del sistema prostitucional.

Un ejemplo, el pasado 28 de mayo se convocó una gran manifestación por la aprobación de la ley por la abolición del sistema prostitucional y la televisión pública estatal dedicó apenas treinta y siete segundos a informar. Al contrario, ocurrió con la final de la Champions League masculina que, literalmente, se “comió” prácticamente todo el informativo del mediodía.

Otro ejemplo, el exlíder de Podemos, esa formación chupiguay que pretende aprobar una ley que nos borre a las mujeres como sujetos políticos específicos, borrando incluso la propia palabra “mujer”, si, ese exlíder reconvertido en tertuliano y comunicador de máximo nivel, se permitió descalificar con una foto previa a la manifestación feminista, la propia manifestación feminista. Si, así pretenden que las mujeres les votemos en las próximas elecciones. Lo tienen muy claro, al menos con mi voto… 

Como podemos ver, el mantenimiento de los privilegios masculinos no entiende de clases sociales ni de lógicas políticas. Los defienden siempre y a capa y espada. Sean de donde sean.

También y afortunadamente, las feministas seguimos sumando voces y fuerzas al movimiento que ellos pretenden ningunear, desprestigiar y eliminar si fuera posible. Pero lo tienen bastante crudo, bastante crudo, porque la lucha feminista, al ser universalista y solidaria va mucho más allá de los deseos individuales e insolidarios. Esa es nuestra fuerza.

Viva ahora y siempre la fuerza del movimiento feminista. Por que fueron somos, y porque somos serán. Siempre!!!  

Teresa Mollá Castells
La Ciudad de las Diosas





Sí a la Diversidad Familiar!
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