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diciembre 13, 2025

El feminismo como hilo que une regiones y desafía las desigualdades



DEL SUR AL NORTE. TEJIENDO EL PACTO BIRREGIONAL DE CUIDADOS PARA UNA COOPERACIÓN FEMINISTA Y JUSTA


Durante la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe (CRM), celebrada en agosto de 2025 en la Ciudad de México, se realizó el evento “Tejiendo el Pacto Birregional de Cuidados”, que abordó la necesidad de avanzar hacia una sociedad del cuidado desde una perspectiva birregional, entre América Latina, el Caribe y Europa.
El encuentro se centró en debatir los ejes sustantivos del Pacto Birregional de Cuidados, orientados a reconocer el cuidado como un derecho, una responsabilidad colectiva y un pilar para la sostenibilidad democrática.

En este marco, se colocaron en diálogo las voces de la sociedad civil, los movimientos feministas y diversos actores institucionales, contribuyendo a fortalecer una agenda común capaz de orientar políticas públicas transformadoras.

Impulsado por redes feministas, organizaciones sindicales y de la sociedad civil, entre las que se encuentra la Red Trenzando Cuidados, de la cual forma parte CLACSO, el encuentro aportó elementos sustantivos para los debates que se llevarán a cabo en la III Cumbre CELAC–UE (Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea), que se realizará entre el 7 y el 10 de noviembre de 2025 en Santa Marta, Colombia, donde se debatirá sobre el Pacto Birregional de Cuidados.
Este proceso viene siendo trabajado y fortalecido en el marco de la Conferencia Regional sobre la Mujer (CRM), donde se avanzó en la articulación entre actores de ambas regiones y en los debates en torno a los compromisos que nutrirán el debate político de la Cumbre.
La iniciativa, apoyada por ONU Mujeres y la Fundación EU–CELAC, reunió a representantes de ambos continentes para debatir los desafíos políticos, económicos y culturales que atraviesan la agenda de cuidados, visibilizando la voz de la sociedad civil en un contexto de crisis y retrocesos democráticos, y reafirmando que no habrá igualdad ni desarrollo sostenible sin una sociedad del cuidado.

Un debate sobre cooperación, derechos y democracia

La discusión partió de un diagnóstico compartido. El mundo atraviesa una crisis de cuidados que se entrelaza con las crisis económica, ambiental y democrática. Se coincidió en que el cuidado debe ser reconocido como derecho humano, como un trabajo y un pilar fundamental para la sostenibilidad de la vida, y que las políticas públicas deben dejar de ser asistencialistas para transformarse en estrategias estructurales de redistribución y corresponsabilidad.

Se subrayó que no habrá sistemas de cuidados sin democracia, ni sin la garantía de los derechos sexuales y reproductivos, y que el Pacto Birregional de Cuidados debe convertirse en una herramienta concreta para redistribuir poder, tiempo y recursos, fortaleciendo la voz de quienes históricamente han sostenido la vida: las mujeres en toda su diversidad, especialmente las trabajadoras remuneradas y no remuneradas del cuidado, así como las migrantes.

Financiamiento y corresponsabilidad

Uno de los ejes centrales del debate fue la necesidad de asegurar mecanismos de financiamiento sostenibles, progresivos y multiactorales, que involucren al sector público, privado, comunitario y cooperativo, así como la creación de fondos específicos para el cuidado que garanticen la institucionalización de políticas integrales.

También se propuso incorporar la justicia ambiental, los derechos sexuales y reproductivos y la situación de las personas migrantes dentro del pacto, reconociendo que los cuidados constituyen un asunto global que requiere cooperación, innovación y participación plena de la sociedad civil.

En este sentido, se enfatizó que, sin financiamiento adecuado y corresponsabilidad real, los compromisos corren el riesgo de quedar en meras declaraciones. Se advirtió, además, sobre la importancia de evitar que la inversión en cuidados derive en procesos de privatización o mercantilización, lo cual reproduciría desigualdades y volvería a colocar el peso del cuidado sobre las mujeres, especialmente las de los sectores populares.

Hacia una sociedad del cuidado

El debate reafirmó el liderazgo de América Latina y el Caribe en la construcción del paradigma de la sociedad del cuidado, que surgió con fuerza a partir del Consenso de Buenos Aires y hoy se propone como horizonte común con Europa. Este enfoque busca sustituir la lógica del asistencialismo por una nueva forma de organización social, política y económica, basada en la interdependencia, la solidaridad y la sostenibilidad de la vida.

En ese marco, se destacó la oportunidad de que la Cumbre UE–CELAC incorpore un compromiso explícito con el derecho al cuidado y al autocuidado, y que el Pacto Birregional de Cuidados se constituya en un instrumento birregional de cooperación y justicia social, capaz de orientar políticas públicas transformadoras.

Al mismo tiempo, se advirtió sobre la necesidad de evitar que los acuerdos birregionales deriven en procesos de privatización o mercantilización de los cuidados, o en nuevas formas de precarización, donde el peso siga recayendo de manera desigual sobre las mujeres, especialmente las más pobres.

Las organizaciones participantes enfatizaron que el pacto debe fortalecer la responsabilidad pública y social del cuidado, asegurando que no sea tratado como un servicio mercantil ni como una carga individual, sino como un derecho colectivo, un bien común y una condición indispensable para la sostenibilidad de la vida.

Un nuevo horizonte político

Las intervenciones coincidieron en que el Pacto Birregional de Cuidados representa mucho más que un acuerdo técnico, constituye una propuesta civilizatoria que redefine la relación entre las regiones, promueve un multilateralismo inclusivo y recupera el sentido político del feminismo como motor de transformación social.

Este proceso no se agota en la mesa, sino que proyecta una ruta política hacia la Cumbre UE–CELAC, que se realizará entre el 8 y el 10 de noviembre de 2025 en Colombia, donde la sociedad civil y los movimientos feministas buscarán consolidar compromisos reales y mecanismos de seguimiento birregional.

El Pacto Birregional de Cuidados se propone como una apuesta transformadora, no solo para redistribuir el poder y los recursos, sino para redefinir la cooperación internacional desde una mirada feminista, popular y latinoamericana.

En un contexto de retrocesos democráticos y desigualdades crecientes, las voces reunidas en la CRM reafirmaron que el cuidado no es un tema sectorial ni asistencial, sino una cuestión de justicia, democracia y futuro.

Tejer el pacto es, en definitiva, tejer una esperanza colectiva. Una alianza birregional que ponga la vida, la igualdad y la dignidad en el centro de la política, y que resista toda tentativa de mercantilizar, fragmentar o vaciar de sentido este horizonte feminista de transformación.

Por Nora Goren
Fuente: CLACSO

mayo 27, 2025

XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe

La XVI Conferencia Regional sobre la Mujer se realizará en la Ciudad de México del 12 al 15 de agosto de 2025, y su tema a tratar será “las transformaciones en los ámbitos político, económico, social, cultural y ambiental para impulsar la sociedad del cuidado y la igualdad de género”.


La Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe es un órgano subsidiario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), y es el principal foro intergubernamental de las Naciones Unidas sobre los derechos de las mujeres y la igualdad de género en la región, único en el mundo, que se convoca regularmente desde 1977 para analizar la situación regional y subregional respecto de la autonomía y los derechos de las mujeres, y presentar recomendaciones en materia de políticas públicas de igualdad de género, en cumplimiento de los acuerdos regionales e internacionales. Es organizada por la CEPAL, como Secretaría de la Conferencia, y desde 2020 se realiza en coordinación con ONU Mujeres. 

En las reuniones de la Conferencia Regional sobre la Mujer los Estados miembros de la CEPAL aprueban compromisos que constituyen la Agenda Regional de Género, una hoja de ruta profunda, progresista, integral y acumulativa, que guía las políticas públicas de los países para lograr la igualdad de género, la garantía de los derechos de las mujeres, las adolescentes y las niñas en toda su diversidad, el ejercicio de su autonomía y el desarrollo sostenible de la región.

En los últimos 48 años, los Estados miembros de la CEPAL han realizado 15 reuniones de la Conferencia Regional.

La XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe debatirá sobre las transformaciones en los ámbitos político, económico, social, cultural y ambiental para impulsar la sociedad del cuidado y la igualdad de género.

Asimismo, durante la reunión, se realizará el relanzamiento del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG), y tendrá lugar un segmento titulado Memoria y Futuro con motivo del 50ª aniversario de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer (Ciudad de México, 1975).

Se espera la participación de todos los Estados miembros de la CEPAL, así como de representantes de los organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas, otros organismos internacionales, organizaciones intergubernamentales, universidades y centros académicos y organizaciones no gubernamentales, en particular, redes y movimientos de mujeres y feministas.

FECHA
12 de Agosto de 2025, 09:00 - 15 de Agosto de 2025, 18:00

TIPO DE EVENTO
Conferencias y reuniones de órganos subsidiarios

PARTICIPACIÓN
Con registro


Hoja de ruta hacia la XVI CRM


Fuente: CEPAL, Asuntos de género

mayo 07, 2025

Economía del cuidado: sin cuidados no hay economía que funcione

La economía del cuidado es el trabajo y las previsiones que se realizan en el hogar, incluyendo la producción, distribución, intercambio y consumo de los servicios de cuidado.


Imagina a una madre soltera que trabaja fuera de casa y debe pagar a una niñera para que cuide a sus hijos mientras ella está en el trabajo. O piensa en una hija que deja su trabajo para cuidar a su madre anciana y enferma. O el caso de una mujer indígena que viaja desde su comunidad rural a la ciudad para ser trabajadora del hogar y cuidar a los hijos e hijas de una familia.

En todos estos casos, estamos hablando de economía del cuidado. Este término se refiere a la organización social y económica del cuidado, es decir, a la forma en que se distribuyen y se valoran las tareas de cuidado en la sociedad.

El cuidado es una actividad fundamental para el bienestar y la supervivencia de las personas, especialmente de niñas, niños, personas adultas mayores y personas con discapacidad. Sin embargo, el cuidado es una actividad que ha sido históricamente invisibilizada y devaluada en la sociedad.


Foto: Cuartoscuro


¿Qué es la economía del cuidado?

Mónica Corona, directora de Inclusión y Desarrollo Sostenible en Ethos, Innovación en Políticas Públicas, explica en entrevista con La Cadera de Eva, que la economía del cuidado es un concepto amplio que engloba una variedad de recursos, no solo financieros, sino también emocionales y de acción, todos esenciales para el sostenimiento de los cuidados.

El foco principal es lo que implican los cuidados, definidos por la politóloga Joan C. Tronto como el conjunto de acciones necesarias para sostener la vida y permitirnos vivir tan bien como podemos en este mundo. 

¿Cómo se sostienen los cuidados?

La economía del cuidado y la economía convencional están interconectadas, ya que ambas implican el uso de recursos financieros. Sin embargo, como señala Mónica Corona, la economía del cuidado va más allá, pues también involucra recursos no económicos, como el tiempo y el esfuerzo, aportados en su mayoría por mujeres. Esto significa que el sostenimiento de los cuidados no puede reducirse a un simple "costo", sino que representa una inversión significativa.

Sin embargo, un aspecto crucial de la economía del cuidado es el trabajo de cuidado no remunerado, realizado mayoritariamente por mujeres en México. Estadísticas del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) revelan que nueve de cada 10 personas que abandonan el mercado laboral remunerado son mujeres, y la razón principal es la necesidad de brindar cuidados.

Tan solo en 2023, el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados en México alcanzó más de 8 mil 376 millones de pesos, lo que representa el 26.3% del Producto Interno Bruto (PIB). Así, la economía del cuidado sigue siendo un pilar fundamental para la sociedad, pero necesita ser reconocida, valorada y remunerada adecuadamente.

¿Mujeres = cuidadoras?

Mónica Corona explica que la feminización del trabajo de cuidado trae consigo consecuencias importantes. Las mujeres experimentan una falta de tiempo y autonomía sobre el mismo. El Inegi también indica que un 68% de las mujeres que desean trabajar no lo hacen por no tener alternativas para el cuidado, lo que dificulta compatibilizar las labores domésticas con el empleo. 

Esto lleva a que muchas mujeres opten por el empleo informal, con bajos salarios y sin seguridad social, para poder equilibrar el ingreso con las responsabilidades de cuidado, lo que se traduce en la precarización de su empleo. Además, esta sobrecarga genera estrés, desgaste físico, emocional y mental. 

Al respecto, la especialista menciona que esta situación se mantiene debido a los arraigados roles y estereotipos de género y la división sexual del trabajo, donde se asume que las mujeres se encargan de la reproducción social y los hombres de la producción en el ámbito público, reforzado por la idealización de la maternidad.

Patriarcado y neoliberalismo

Otro factor clave que perpetúa la desigualdad de género en México es el modelo neoliberal y patriarcal que subyace en la sociedad. Según Mónica Corona, este modelo se refleja en la realidad laboral del país, donde las jornadas laborales son de las más extensas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con un promedio de 48 horas semanales.

Sin embargo, la especialista ve una oportunidad para impulsar cambios con la nueva legislatura y el gobierno actual. Considera que reducir la jornada laboral a 40 horas es crucial para avanzar en los derechos laborales. 

Además, enfatiza que esta medida debe ir acompañada de reformas y cambios en la legislación laboral que protejan los derechos de todas las trabajadoras, incluyendo aquellas que trabajan en plataformas digitales, en el hogar y en la maquila.

¿Qué hacer frente a estas desigualdades?

Mónica Corona menciona la creación del Sistema Nacional de Cuidados como una necesidad fundamental para abordar las desigualdades de género y la sobrecarga de trabajo de cuidados que recae principalmente en las mujeres. Ella señala que actualmente existen muchos estudios, cifras y datos que hablan de la inversión que se tendría que hacer para poder llevar hacia adelante este sistema.

Desde una visión económica, Mónica Corona explica que el enfoque principal del Sistema Nacional de Cuidados debería estar en los costos, aunque prefiere definirlos como una inversión necesaria para garantizar los cuidados.

Esto incluye aspectos como los permisos parentales, la provisión de servicios de guarderías y centros de atención infantil, entre otras cosas, con el objetivo de lograr un mayor bienestar en las familias y que los cuidados no sean solo responsabilidad de las mujeres.

La directora de Ethos enfatiza que la necesidad de un Sistema Nacional de Cuidados ya se ha puesto sobre la mesa. Sin embargo, plantea que si se sigue pensando con la lógica de la feminización del trabajo de cuidado este sistema fracasará, por lo que la corresponsabilidad es importante para que el sistema funcione, donde participen las familias, las empresas y el gobierno.

Mónica Corona también menciona que el Sistema Nacional de Cuidados debe considerar la interseccionalidad y la diversidad de las mujeres que dedican su tiempo al cuidado, ya que no todas parten de las mismas condiciones ni han tenido acceso históricamente a los mismos servicios. Por ejemplo, señala que en zonas rurales indígenas, donde existe mayor vulnerabilidad, es donde menos centros de atención a la primera infancia existen.

En cuanto a la economía informal, Mónica reconoce que las mujeres en este sector no necesariamente tendrán acceso a los servicios del Sistema Nacional de Cuidados diseñado para trabajadoras del sector formal, como los centros de cuidado infantil que se están implementando inicialmente en la industria maquiladora. 

La directora de Ethos considera que esto es algo que tendría que revisarse, ya que un alto porcentaje de mujeres se encuentra en la informalidad precisamente por no poder compatibilizar horarios laborales formales con las responsabilidades de cuidado.

Para Mónica Corona el avance del Sistema Nacional de Cuidados requiere un cambio progresivo en la visión de la sociedad sobre el tema de los cuidados, donde se reconozca que no son sólo responsabilidad de las mujeres, sino una inversión para una mejor sociedad.

Fuente: La Cadera de Eva

marzo 13, 2025

La virtualidad y los cuidados: entre la oportunidad y la necesidad de evitar “la naturalización del trabajo femenino dentro de los hogares”

Foto: Mara Quintero

La aceleración del uso de las nuevas tecnologías trajo beneficios, pero también significó un riesgo porque “se borraron fronteras” y las tareas que ya estaban principalmente a cargo de las mujeres encontraron “un espacio más propicio” para consolidarse, según especialistas.

Lejos quedó la pandemia, pero sus consecuencias y la “nueva normalidad” que se instaló en diversos ámbitos de la vida siguen vigentes y tomaron un rumbo circunstancial que, en algunas áreas, no quedó definido del todo. Un ejemplo es el de las nuevas modalidades de empleo, específicamente el teletrabajo.

A pocos meses del inicio de la emergencia sanitaria en Uruguay, algunos estudios dejaron en evidencia tanto el costo específico que tuvo para las mujeres como la deuda que generó con ellas. Las estimaciones indican que el total de esa deuda equivalía a 1,9% del producto interno bruto en 2020 y a 1,4% en 2021. Sin embargo, con el trabajo virtual o híbrido en auge, las regulaciones son casi nulas, y las que se han establecido, como la Ley 19.978, no contemplan las diferencias por género.

El impacto de la pandemia en la ampliación de algunas brechas de género está estrechamente vinculado al teletrabajo, una modalidad que “tuvo efectos sobre la capacidad de conciliación de las mujeres por la sumatoria de actividades en los hogares”, que incluyó clases online y la suspensión de centros de cuidado para niños pequeños, indica una revisión del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo, otro de los estudios que evidencia las secuelas del período.

En Uruguay, así como en otros países de la región y del mundo, existen legislaciones y distintas propuestas en revisión sobre el teletrabajo, incluso específicas, como, por ejemplo, las vinculadas a las plataformas digitales. Sin embargo, carecen de perspectiva de género y de apartados que refieran particularmente al vínculo de las nuevas formas de empleo con los cuidados.

En diálogo con la diaria, especialistas evaluaron los beneficios y las complejidades del trabajo virtual, el impacto de la pandemia en el trabajo de las mujeres, y las eventuales regulaciones.
Entre lo nuevo y lo históricamente establecido

Alma Espino, economista especializada en género, sostuvo que el fenómeno del teletrabajo se comenzó a estudiar aproximadamente en 2018, pero es “indiscutible” que se aceleró con la llegada de la pandemia y derivó en que ahora, “si bien hay muchas cosas que podemos hacer de forma presencial, ya no las hacemos”.

Sobre la vinculación de las mujeres con este formato de empleo, agregó que “tenemos un rol de consumidoras, ya que nuestras opciones, condicionadas por lo social y también por preferencias personales, nos llevan a formarnos en carreras académicas alejadas de las ciencias duras y de la producción científica de nuevas tecnologías; por ello, estamos lejos de generarlas”. Sin embargo, “estamos bien cerca” de una serie de ocupaciones que pueden hacer uso de ellas, como la administración, tareas de oficina y otras que nos permiten, en tanto usuarias, aprovechar las posibilidades del trabajo remoto.

Dentro del uso indiscutido de las nuevas tecnologías, para Espino es indispensable tener en cuenta que puede ser “una gran ventaja pensada desde múltiples lugares, pero también una desventaja”, por varias razones relacionadas con el aislamiento.

Según lo que se investigó durante la pandemia, cuando trabajamos desde nuestros hogares, el trabajo a distancia puede ser “algo positivo, para cumplir con el rol que nos asigna la sociedad”, porque desde casa se puede controlar qué hacen los niños, ver si la ropa terminó de lavarse y supervisar otras tareas, detalló la economista. En cambio, visto desde otros ángulos, la modalidad “genera aislamiento porque, durante la historia, las mujeres hemos vivido aisladas como amas de casa”, lo que impide, entre otras cosas, “cierto grado de autonomía”.

Por este último punto, “debemos preguntarnos si las nuevas formas de trabajo fortalecen el aislamiento y cuán lejos estamos de aquellas mujeres que hace 50 o 60 años trabajaban cosiendo capas para el ejército o terminaciones de sábanas mientras hacían las cosas de la casa”. “El avance científico-tecnológico es maravilloso para toda la humanidad, pero se aplica condicionado por las reglas que la sociedad impone en términos de valores y normas sociales de género, escritas o no, que no se discuten y se transmiten de generación en generación”, reafirmó.

En cuanto a lo que se debería hacer para amortiguar estos impactos, acotó que es necesaria la presencia del Estado como regulador que ampare a quienes realizan una actividad asalariada, “para evitar la naturalización del trabajo femenino dentro de los hogares”. “Se naturaliza estar en mi casa todo el día y cuidar, se puede naturalizar que estoy sentada frente a la computadora haciendo un trabajo”, explicó.Apoyá nuestro periodismo.
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Para Espino, más allá de las mujeres, el Estado debería considerar que en los hogares se desarrolla parte importante de “la reproducción social”, que además del cuidado implica otras cosas, como enseñanza y formación, de lo que “alguien se tiene que ocupar, incluso de que se dé en las mejores condiciones”, entonces se trata de tareas que “no pueden recaer exclusivamente en las mujeres, aunque estén todo el día trabajando desde la casa”.

De por sí, “las tecnologías no modifican las relaciones de género, pero pueden mejorarlas si se hace un esfuerzo desde lo social y lo estatal”, concluyó la economista.
Hacer “todo a la vez”

Soledad Salvador, magíster en Economía e investigadora especializada en género del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo, agregó que el impacto de los cambios que el trabajo experimentó durante la pandemia fue mayor sobre las mujeres y que luego, en la “recuperación laboral” pospandemia, no hubo lugar para muchas de ellas. Según la experta, en marzo de 2020 ya se sabía que el efecto iba a ser mayor para las mujeres de estratos bajos.

Específicamente sobre el teletrabajo, agregó que “fue una solución para las mujeres de niveles educativos altos” porque la pandemia afectó más que nada a quienes se encontraban bajo la informalidad y que además debieron asumir “una mayor carga de cuidados porque, como ya no estaban insertas en el mercado laboral, tenían más tiempo para los hijos en la casa”.

Luego de la pandemia, la recuperación del empleo fue más lenta para las mujeres, y eso se vincula a los cuidados. “Trabajar en casa implicaba hacerse cargo de los cuidados, del seguimiento curricular, y aunque en un momento creímos que se podía generar un cambio en la redistribución de las responsabilidades, no es algo que se vea”, resaltó la economista, y agregó que, finalmente, “lo que se instaló fue una nueva normalidad en la que las mujeres encontraron otras formas de conciliar el trabajo remunerado con el cuidado”.

Para Salvador, volver a amoldarnos a la realidad que teníamos antes pero con otras herramientas “puede ser un alivio”, aunque depende del tipo de empleo. “El problema del teletrabajo es que tiende a invisibilizar más porque estar en casa implica hacer todo a la vez”, señaló, y agregó que, si bien las distintas realidades están atravesadas por la desigualdad, “varía según la situación de cada una”.

Como el fenómeno se instaló y son pocos los empleos que volvieron a la presencialidad total, ahora habrá que estar atentas a cómo el nuevo gobierno recoge información sobre estas nuevas realidades. En este sentido, la académica dijo que, para regular, es “fundamental” la negociación colectiva y la búsqueda de formatos que consideren horas libres por cuidado o algún tipo de prestación que ayude a resolver el tema.

“Lo ideal sería que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social tome el tema como algo a trabajar para que las empresas entiendan que los trabajadores tienen que asumir tareas de cuidado que son responsabilidad de todos”, remarcó, porque “el modelo en el que la mujer se quedaba en la casa y el hombre iba a trabajar ya no existe”.
Una posible regulación colectiva

“La naturalización del trabajo femenino dentro del contexto actual es un riesgo porque el teletrabajo borra las fronteras entre el mundo laboral y familiar o privado”, apuntó Hugo Barretto, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República y flamante subsecretario de Trabajo y Seguridad Social. Sostuvo que, si bien en este formato de trabajo hay intercambiabilidad, “falta un dique que contenga la tendencia expansiva que tiene el trabajo, que en principio era una cuestión meramente psicológica o subjetiva la de traerlo a casa, pero que ahora se instaló en casa”.

“La difuminación de las fronteras puede hacer que las tareas que ya estaban mayormente a cargo de las mujeres –también los cuidados– ahora encuentren un espacio más propicio para que eso ocurra e incluso se intensifique”, agregó.

Barretto dijo que otro efecto del trabajo en casa es el mayor peso que se le reconoce a la individualización de la relación del trabajo, producto del aislamiento del resto del contexto y de las relaciones sociales que se establecen en el trabajo en equipo. “Tiende a agudizar la diferenciación que existe en poder negociar entre el trabajador y la empresa”, afirmó el experto, a modo de ejemplo.

En su opinión, dada la diversidad de situaciones, la mejor regulación para el teletrabajo debe darse a través de los Consejos de Salarios o los convenios colectivos. También podría ser mediante una ley de carácter general, pero el especialista considera que la negociación colectiva se ajusta a la realidad que se pretende regular porque probablemente los tipos de trabajo y las situaciones de las trabajadoras puedan ser divergentes.

“Que [el trabajo] sea híbrido habilita a mantener ciertas condiciones más corrientes”, analizó Barretto; “en cambio, el trabajo absolutamente circunscripto al domicilio seguramente necesita de mayores resguardos, por eso lo más apropiado y seguro sea que el derecho del trabajo provea de instrumentos para facilitar y promover la negociación colectiva en esos sectores”.


diciembre 14, 2024

Diana Rodríguez, la ‘inventora’ de las Manzanas del Cuidado

La asesora especial en Género y Diversidad para el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo lideró, como secretaria de la Mujer de Bogotá, uno de los proyectos públicos más exitosos de Colombia, que se ha convertido en referente mundial

Diana Rodríguez, en Bogotá, el 1 de Diciembre del 2023.NATHALIA ANGARITA

Para dar vida a una idea de Claudia López, en ese entonces alcaldesa de Bogotá, de crear un proyecto en la ciudad que cuidaran a las cuidadoras, Diana Rodríguez Franco (Bogotá, 43 años) pensó en una manzana de barrio, como coloquialmente se les llama a las cuadras. La dibujó en la parte superior del tablero de su oficina, en la Secretaría Distrital de la Mujer, sin saber que estaba sembrando la primera semilla de uno de los proyectos de innovación urbana más reconocidos del mundo.

En la extensión de una manzana, el proyecto terminó dándoles a las cuidadoras, quienes se ponen en pausa con el fin de atender a sus familias y garantizar su bienestar, un lapso de tres horas diarias para terminar su bachillerato, hacerse chequeos médicos, usar lavadoras gratuitamente (y dejar de lavar a mano la ropa de la familia), asistir a clases de yoga y aprender inglés. Mientras tanto, los niños, abuelos o familiares enfermos que ellas cuidan participan en actividades dispuestas en la misma zona geográfica.

Hoy, Manzanas del Cuidado es un programa social de referencia global, que ganó, en 2023, el Premio Internacional de Guangzhou a la Innovación Urbana; acaba de ser reconocido con el Premio Internacional de Visión Urbana (The Bay Urban Visioning Awards) en la categoría ‘Campeones de los ODS’, y fue inspiración para el programa ‘Cuidemos, banco de tiempo’ en Monterrey, México.

No es fortuito que Rodríguez liderara, entre 2020 y 2023, la creación del Sistema de Cuidado de Bogotá como Secretaria de la Mujer, pues creció como hija única de padres mayores, con un gran privilegio desde la cuna: conocer el valor de dar a los demás. Sus papás apoyaban becas de educación superior, fundaciones para niños con cáncer y otras acciones benéficas que hacían parte de la cotidianidad de la familia, recuerda desde Washington, donde ejerce como asesora especial en Género y Diversidad para el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Un mantra para la acción

Al asumir el primer cargo público luego de años como investigadora y académica, Rodríguez se trazó como mantra el propósito que le dictó la alcaldesa: “Transformar la vida de las mujeres en Bogotá”. En ese momento sintió que la mezcla ecléctica de su formación profesional en Derecho y Economía de la Universidad de los Andes, una maestría y un doctorado en Sociología de la Northwestern University, en Estados Unidos, y años de investigación sobre derechos humanos, justicia económica y ambiental, políticas públicas y equidad, le permitirían pasar de la teoría a la acción.

El mantra de su rol como funcionaria pública se materializó con 488.000 mujeres beneficiadas en 26 Manzanas del Cuidado, que se crearon en Bogotá al cierre de los cuatro años como Secretaria Distrital, y alrededor de 128.000 mujeres atendidas por violencias en casas de refugio, de justicia, unidades de reacción inmediata y hospitales.

Y pensar que esa mañana de enero del 2020, cuando las Manzanas del Cuidado eran apenas un esbozo en el tablero de su oficina, la idea pudo haberse quedado solo en eso. Recuerda que convocó a su equipo para contarle la conclusión del proyecto en el que había estado trabajando durante los últimos 27 días, tanto en conversaciones con ellas –expertas en los diferentes campos de acción que ella había escogido como pilares de la Secretaría– como por medio de investigación y de reuniones con otros especialistas.

“¿Qué opinan si hacemos unas manzanas con la infraestructura que ya existe en el Distrito?”, dijo mientras pintaba una figura que se parecía más a una pizza, con un parquecito pintado en la mitad. Y su equipo le dijo: “¡Buena idea!”. “Si ellas, que eran las expertas y ya habían tenido la oportunidad de llevar a cabo proyectos en el sector público, me hubieran dicho ‘pésima idea’, yo hubiera borrado el dibujo para empezar a construir otros conceptos, pero agradecí mucho esa apertura a innovar”.

Criando la paz

En 2017, como una ciudadana del común, Rodríguez estaba amamantando a su hija mayor y leyendo el periódico. Como parte del Acuerdo de Paz, los desmovilizados de las FARC estaban llegando a las zonas veredales transitorias. En la noticia, como un dato más, se incluía a las madres, también en periodo de lactancia, que avanzaban hacia esos territorios. Incapaz de ser indiferente, desde la sala de su casa, coordinó la campaña que bautizó “Criando para la paz’” Empezó a llamar amigos, conocidos en el Gobierno, empresarios, y así reunió 60 morrales con elementos de aseo y nutrición y se los hizo llegar a esas mujeres para facilitar la lactancia y la vida de sus hijos.

“No he sentido vergüenza por ser una mujer que ha vivido con privilegios. Vergüenza es tenerlos y no aprovecharlos”, afirma sin titubeos. Por ello, uno de sus propósitos de vida es “nivelar la cancha”, como hace ahora en el BID para apoyar la implementación de políticas de género, desde las narrativas de la organización, hasta las relaciones con los Gobiernos y las inversiones para los ciudadanos. Lo hace también como miembro del consejo del futuro global sobre el futuro de la economía del cuidado del Foro Económico Mundial y miembro del “Room 5″ sobre Igualdad de Género, parte de la Iniciativa 17 Rooms del Brookings Institution y la Fundación Rockefeller.

Su vida familiar está matizada con la misma coherencia. Es esposa y también mamá de dos niñas, de 7 y 5 años, en quienes siembra con ejemplo la solidaridad y la equidad, pues su esposo apoyó el cambio de vida que proponía el nuevo cargo en Washington y adaptó su carrera para acompañarla. “Me parece importante que mis hijas vean que su mamá es feliz siendo trabajadora, que vibra con la vida, que le importa lo que le pase a la gente. Quiero que aprendan de mí a tener una vida con propósito, con entusiasmo, que estén dispuestas a tomar riesgos”.

Diana Rodríguez tiene la certeza de que la desigualdad dejará de suceder cuando se le quite la naturalidad con la que se aceptan las conductas machistas, cuando la sociedad aprenda a desaprender y a hacer común la idea de que la vida se vive con propósito. Por eso, no olvida a una mujer de más de 80 años, sentada en un computador, que la llamó mientras ella caminaba por la sede de una de las manzanas del cuidado.

—Señora, ¿sabía que la semana pasada me gradué de la primaria?

Por Edna Rojo
Fuente: El País

*Apoyan Ecopetrol, Movistar, Fundación Corona, Indra, Bavaria y Colsubsidio.

octubre 17, 2024

Cecilia Alemany: Invertir en cuidados mejora la calidad de vida y la economía de los países



Cecilia Alemany es la directora regional adjunta de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe. Foto: ONU Mujeres

Que los países de América Latina y el Caribe empiecen a invertir en sistemas de cuidados no sólo mejoraría la calidad de vida de las personas, especialmente la de las mujeres, sino también la economía de las naciones, asegura a Efeminista la directora regional adjunta de ONU Mujeres, Cecilia Alemany.

"Son diez áreas en las que hemos visto que, si los países empiezan a avanzar en sus sistemas integrales de cuidados, se generaría un efecto multiplicador", explica Alemany, quien recientemente participó del foro académico Territorios de cuidados, un evento en el que 250 especialistas analizaron en México cómo avanza la región en su misión de "reconocer el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado", de cara a la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se realizará en 2025.

Esta inversión, dice Alemany, influiría en la formalización, regulación y profesionalización del trabajo de cuidados, "en donde tiene efectos inmediatos", e impactaría en la economía formal y en la protección social.

"Y eso sigue una cadena que va hacia la recaudación fiscal, la reducción del hambre, la pobreza y la desigualdad; y después tiene toda otra serie de impactos económicos y en el desarrollo, y hasta en los gastos de salud", agrega la directiva, quien tiene una amplia experiencia en temas de género y ha liderado operaciones en varias agencias de la ONU, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil a nivel nacional, regional y global.

Según las cifras que maneja, la economía de América Latina y el Caribe crecería en promedio alrededor de un 20 % si los países reconocieran al cuidado como un trabajo, debido al "retorno" de la inversión y al empoderamiento económico de quienes cuidan, que en su mayoría son mujeres.
Una crisis de cuidados que se evidenció con la pandemia

La región, según dice Cecilia Alemany, vive una "crisis histórica" de cuidados. Sin embargo, no fue hasta que llegó la pandemia de la covid-19 que el problema estalló y obligó a los países a "repensar" los escasos programas que venían implementando hasta ese momento.


"La crisis de los cuidados siempre estuvo desigualmente distribuida entre hombres y mujeres, pero aún más hacia aquellas que enfrentan más vulnerabilidades o que son más pobres, no sólo porque generalmente son quienes trabajan en ese sector de cuidados o de trabajo del hogar, sino también porque no tienen soluciones o encuentran pocas soluciones públicas a sus necesidades de cuidados", agrega.

En América Latina, las mujeres dedican entre 6,3 y 29,5 horas semanales más que los hombres a realizar trabajos de cuidado no remunerados, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), lo que representa un total de 8.417 millones de horas semanales por las que no reciben ningún salario.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) calcula que el aporte económico de este trabajo no remunerado representa un 21,3 % del producto interno bruto (PIB) en promedio en la región, llegando a alcanzar más de un cuarto del PIB total en algunos países. El 74,5 % de ese aporte lo realizan las mujeres.

Debido a esta carga desigual de los cuidados, las mujeres no sólo enfrentan mayores tasas de informalidad, sino que también acceden a empleos de menor calidad, incluso cuando superan en promedio de años de estudios a los hombres.

Es por eso que desde el organismo de Naciones Unidas han puesto especial foco en que los gobiernos se den cuenta de lo importante que es invertir en estos sistemas, que no sólo permitirían "garantizar un derecho" sino que generarían "un retorno a la economía del país".
Financiamiento y voluntad política

La directora regional adjunta de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe dice que lo que se necesita es que los gobiernos financien y tengan voluntad política para impulsar programas que permitan "cambiar los estereotipos tradicionales de género que supeditan a la mujer" al rol de cuidadoras.


"Todavía mucha gente en nuestros países cree que el mejor cuidado lo dan las mujeres y que se tienen que quedar en la casa para hacer eso, cuando la realidad es que no es así de ninguna manera", señala.

Además, dice, la demanda de cuidados va a aumentar con el paso de los años, por lo que es insostenible que esta carga siga recayendo enteramente en las mujeres. Una discusión que también se está generando en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, hasta donde Argentina llevó el pedido de que se reconozca al cuidado como un derecho humano autónomo, y que éste a su vez está estrechamente vinculado con otros derechos como el de la vida, la salud, la educación o la autonomía reproductiva.

Para hacer cumplir esos derechos, dice Cecilia Alemany, también es fundamental que se empiecen a pensar a los cuidados "desde el territorio", como ya está pasando en varios países de América Latina, como en Perú, Ecuador o Colombia, donde en algunos municipios se ha implementado "manzanas de cuidado", que son espacios en los que las mujeres llevan a sus familiares para que los cuiden mientras ellas estudian o aprenden algún oficio.

En total, 14 países de la región están trabajando en el diseño y discusión de normativas o implementación de sistemas de cuidado, especialmente en el ámbito local.


"Esto requiere de muchas cosas porque no es sólo es la organización y formalización de trabajo, sino también la inversión en infraestructura de cuidados. Es decir, afecta a otras partes del gasto e inversión pública y la verdad que en los últimos años se ha avanzado mucho", resalta Alemany, al tiempo que añade que es importante que estas políticas se piensen de manera interseccional, para no dejar sin protección a mujeres rurales, indígenas, negras o migrantes.
Cuidados, cambio climático y migración

Las expertas que participaron en el foro académico de México, recuerda Alemany, también analizaron cuál es la conexión de los cuidados con nuevos fenómenos que están impactando en la región, como el cambio climático y la migración.

En el caso de este último, dice, trabajan con otras agencias de la ONU para que, a quienes lleguen a cuidar a otros países o necesiten cuidados en sistemas públicos extranjeros a los que tienen problemas para acceder, se les garanticen sus derechos.

"Hemos empezado los últimos dos, tres años a llevar la perspectiva de cuidados y a la vez a empezar a generar iniciativas con mujeres migrantes. No sólo brindarles servicios de cuidados para ellas o para sus hijos y demás, sino también a empezar a apoyarlas en la generación de iniciativas de emprendimiento en cuidados", señala.

Y con respecto al cambio climático, Alemany adelanta que llevarán de la mano de Brasil el tema de los cuidados a la próxima reunión del G20, que se realizará en noviembre en Río de Janeiro, y a la COP30, que será en Belém do Pará en 2025.

"Una de nuestras propuestas es que, así como nuestra región se benefició en el pasado de canjes de deuda por educación, ahora haya canje de deuda por cuidados. Esto permite que no sólo se dependa del presupuesto público, sino también de las oportunidades de mecanismos innovadores y de financiamientos", apunta.

"Esta siempre ha sido una agenda periférica, pero cada vez hay más comprensión de que esto puede ayudar a transformar las relaciones de discriminación, que no sólo son sociales o políticas sino también son económicas", concluye Alemany.

Por Cristina Bazán 
Fuente: Efeminista

septiembre 12, 2024

España. ermisos para cuidar: la mayoría de los padres los usan, pero la mitad los disfruta con la madre

Un estudio analiza cómo se disfrutan los permisos de nacimiento desde la equiparación en 16 semanas para ambos progenitores y sugiere cambios para incentivar a los padres a cuidar más tiempo solos.

Una familia dando un paseo por un parque. DAVID F. SABADELL

Desde 2021, los permisos de nacimiento acogida y adopción se equipararon en 16 semanas para ambos progenitores y, desde entonces, el número de padres que usan los permisos se ha incrementado y es generalizado. La regulación actual impone el disfrute simultáneo de las 6 primeras semanas, en las que ambos progenitores deben coger el permiso a la vez. Las otras diez se pueden disfrutar a elección de la persona trabajadora. 

El porcentaje de padres que utiliza el permiso de nacimiento, acogida y adopción de 16 semanas ha aumentado progresivamente desde 60,8% en 2016, al 73,4% en 2022. De los padres que utilizan su permiso, un 89,5% utilizó todas las semanas a las que tenía derecho en 2021, un 91,2% en 2022 y un 91,6% en el primer trimestre de 2023 (último periodo de tiempo disponible). En el caso de las madres, un 99% se acoge al permiso, además, un 95% usa sus 16 semanas de forma ininterrumpida tras el parto, algo que también hacen un 50% de los padres, haciendo coincidir así todo su permiso, en los años 2021 y 2022. De los padres, en torno a un 20% fracciona su permiso usando, en primer lugar, las 6 semanas que obligatoriamente se deben utilizar tras el parto, y usando, posteriormente, las 10 semanas restantes una vez la madre ha terminado su permiso.

La forma más corresponsable de usar el permiso es tomándolo por turnos: de esta forma se alarga el tiempo de cuidado en casa para la criatura y se favorece que el segundo progenitor asuma el rol de cuidador principal

Son algunos de los principales datos del estudio ¿Cómo incide el nuevo diseño de los permisos de nacimiento en la corresponsabilidad? Un análisis con registros administrativos de la Seguridad Social de 2016 a 2023 publicado en agosto de 2024 y que centra su esfuerzo en explicar cómo la equiparación de los permisos para ambos progenitores, que se hizo efectiva en enero de 2021, ha tenido efectos en la corresponsabilidad, es decir, si ha hecho que los padres cuiden más.

La distinción entre que el padre use el permiso a la vez que la madre o que, por el contrario, use sus 10 semanas fraccionables cuando la madre ya se ha reincorporado al trabajo remunerado, es importante en términos de corresponsabilidad, dice el estudio, porque se entiende que esta última forma de utilizar el permiso, por turnos, es la que más favorece que los padres se involucren en los cuidados. De esa forma, se extiende el cuidado del bebé en casa el máximo tiempo posible (26 semanas) al tiempo que el padre está responsabilizándose de los cuidados durante 10 semanas mientras la madre se ha reincorporado al empleo, asumiendo el rol de cuidador principal. "Sin embargo, un 50% de los padres usa el permiso simultáneamente a la madre, lo que acorta el tiempo que el bebé está cuidado por sus padres (16 semanas) y lo que fomenta el rol de padre ayudante en lugar de pa dre cuidador principal, dados los roles de género actuales”, dice el estudio, que firman Adela Recio Alcalde, Cristina Castellanos Serrano y Javier Andrés Jiménez.

Peores condiciones, menos cuidados

El análisis muestra también un sesgo de rentas en la forma en la que los padres usan los permisos. Así, conforme decrecen los salarios de los padres, y con ellos presumiblemente su capacidad de negociación con la empresa, según argumentan los investigadores, decrece la proporción de padres que usan el permiso turnándose con las madres. 

Si bien el porcentaje de padres que usan el permiso por turnos se sitúa en torno al 20% para el total de la población, este porcentaje desciende a un 10% para los padres situados en los dos primeros deciles de renta, mientras que asciende a un 30% para los padres que se sitúan en los dos deciles más altos de renta. Es decir, hay 20 puntos porcentuales de diferencia, entre los padres peor y mejor posicionados en términos de renta, en el uso que permite cuidar al bebé durante más tiempo y asumir el rol de cuidador principal.
Los padres con mayores ingresos y con contratos indefinidos en lugar de temporales están en una mejor posición para llegar al acuerdo con la empresa que exige la ley para disfrutar de las semanas de permiso

“Los padres con mayores ingresos y con contratos indefinidos en lugar de temporales están en una mejor posición para llegar al acuerdo con la empresa que exige la ley en lo concerniente a las 10 semanas fraccionables”, explica la investigación, con datos que indican que, conforme aumentan los salarios y mejoran las condiciones laborales, aumenta el uso corresponsable de los permisos.

Además, si bien el nivel de ingresos o tipo de contrato no altera significativamente la proporción de padres que usa todo el tiempo de permiso que tiene disponible (16 semanas o más), sí existen diferencias significativas en la proporción de padres que se turnan con las madres según su nivel de ingresos y tipo de contrato. “El menor poder de negociación de los padres con rentas más bajas y contratos temporales parece estar provocando que no utilicen su derecho a fragmentar el permiso y usarlo a conveniencia para turnarse con la madre y extender el cuidado del bebé”, concluye el estudio. 

Cambios para forzar a cuidar

Por eso el estudio del Instituto de Estudios Fiscales sugiere cambios en el diseño del permiso para favorecer el uso por turnos en lugar de favorecer el uso simultáneo. 

Esto podría hacerse, dicen, reduciendo la obligación de simultaneidad a dos semanas en lugar de a las seis actuales y, por otro lado, requiriendo solo el preaviso con dos semanas de antelación para el disfrute de las 14 semanas restantes, sin necesidad de acuerdo con la empresa. “Esta modificación no obligaría a usar el permiso de una forma concreta ni conllevaría un coste presupuestario y, en cambio, favorecería que una mayoría de padres, en lugar de una minoría, usara sus permisos de forma no simultánea, turnándose con las madres y asumiendo el rol de cuidador principal. La modificación sugerida fomentaría una mayor corresponsabilidad independientemente de la renta”, argumentan.

El estudio sugiere cambio en el diseño de los permisos para reducir la obligación de simultaneidad a dos semanas en lugar de a las seis actuales y reducir el tiempo de previos en las otras catorce


Esta idea va en línea con lo que la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento, Acogida y Adopción (PPiiNAA) mantuvo en su día, cuando se aprobó el decreto que daba comienzo a la equiparación progresiva de los permisos. La posibilidad de simultanear, lamentaban, mantendría a los padres en su rol de ayudantes.

Pero la fórmula de estos permisos —iguales, intransferibles y remunerados— no pone de acuerdo a todas las feministas. Y que los permisos para el segundo progenitor pasaron en pocos años de 2 a 16 semanas, mientras que el de maternidad permanece en las 16, por lo que hay voces que piden permisos que permitan maternar en condiciones. Es la postura de la Asociación PETRA Maternidades Feministas, que entienden que unos permisos y transferibles es la vía para conseguir ese objetivo.

Fuente: El Salto

septiembre 09, 2024

Alicia Cahuiya: Las indígenas trabajan el doble por las tareas de cuidados y la lucha por el territorio


La lideresa Alicia Cahuiya: Las indígenas trabajan el doble por las tareas de cuidados y la lucha por el territorio
Indígenas waorani y kichwa protestan ante la Corte Constitucional este viernes, en Quito (Ecuador). La lideresa Alicia Cahuiya a la izquierda. EFE/ Fernando Gimeno


Alicia Cahuiya, la lideresa histórica del pueblo waorani, que habita en el noroccidente de la Amazonía ecuatoriana, asegura que las mujeres de su nacionalidad trabajan el doble, ya que además de dedicarse a las tareas de cuidados, cada vez ostentan mayor peso en la lucha por el territorio y contra el extractivismo.

"Las mujeres waorani trabajamos el doble cuidando el medio ambiente, reforestando, practicando la medicina ancestral y educando a nuestros hijos para que no destruyan (el territorio) porque desde nuestra cosmovisión tenemos nuestros planes de vida", asevera Cahuiya en una entrevista con Efeminista, desde Quito, con motivo del Día Internacional de la Mujer Indígena, que se celebra cada 5 de septiembre.

En 2005, Cahuiya fundó la Asociación Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana (Amwae) junto a un grupo de mujeres de esta nacionalidad, que alcanza los 2.000 habitantes, con la finalidad de frenar la caza furtiva sin control en la reserva de la biósfera del Yasuní.

Esta asociación tomó un nuevo impulso cuando en 2016 la extracción de crudo del Bloque 43-ITT, situado en el Parque Nacional Yasuní, entró en funcionamiento y comenzaron las protestas por su cierre. Una reivindicación incesante que llevó a que en agosto de 2023 lograran tras un plebiscito histórico que el petróleo se quedara "en el subsuelo", explica Cahuiya.

No obstante, la lideresa recuerda que el Gobierno ecuatoriano aún no ha cumplido con el mandato de clausurar totalmente este bloque: "Están violando nuestra vida y también nos están quitando nuestros derechos al abusar, destruir y matar la Amazonía", denuncia.
Mayores niveles de abusos y embarazos no deseados

La también dirigente de la división femenina en la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie) asegura que el extractivismo de recursos naturales tiene graves consecuencias en la vida de las mujeres.

El aumento del cáncer en mujeres por consumir agua contaminada es uno de sus efectos directos, ejemplifica. Asimismo, anota que, fruto de las tensiones que se generan al interior de las comunidades, también se han registrado mayores niveles de violencia machista, abusos y embarazos no deseados.

En este sentido, reconoce que el pueblo waorani enfrenta casos de violencia de género, sobre todo relacionados con el alto consumo de alcohol entre los varones: "Hay machistas que toman tragos y golpean a las mujeres", confiesa.

Ante esta realidad, Cahuiya explica que al interior del pueblo se están dando cursos de capacitación para que las mujeres reconozcan estas violencias, se empoderen y denuncien ante la justicia waorani. Aunque enfatiza en que es imprescindible contar con los hombres y la juventud para trabajar en la prevención.

La lideresa ecuatoriana Alicia Cahuiya. EFE
Emprendimientos que garantizan el autogobierno

Asimismo, la lideresa waorani lleva décadas impulsando emprendimientos entre las indígenas con el fin de garantizar el autogobierno de los pueblos, pero también el de las propias mujeres.

Cahuiya explica que en la actualidad tienen proyectos de venta de artesanía, de producción y venta de cacao, así como de turismo comunitario, lo que define como una modalidad turística que favorece "el desarrollo sostenible para el cuidado del medio ambiente y de las comunidades". A este respecto, la lideresa incide en que los recursos económicos derivados de estas actividades les permiten decir que no a los trabajos que les ofrecen las petroleras.

Pero Cahuiya también reivindica que si las mujeres indígenas desean trabajar fuera de la Amazonía puedan hacerlo sin recibir discriminación o sin verse obligadas a perder parte de su identidad, como lo es su vestimenta.

"En las oficinas, en la educación y en los centros de salud se discrimina a las mujeres indígenas por la ropa. Eso no debería ser así porque deberíamos ser iguales al resto de mujeres", reclama. 


"Nos amenazan de muerte para hacernos callar"

La lideresa Alicia Cahuiya, de 48 años, comenzó a luchar por los derechos de las personas indígenas y de las mujeres en su adolescencia. Pero no ha sido hasta ahora cuando realmente ha comenzado a vislumbrar un cambio al interior de las organizaciones indígenas y una mayor apertura a que las mujeres ostenten cargos de gobernanza.


"Si tenemos un liderazgo y una posición muy fuerte, la mujer indígena gobernará la Conaie", expresa la lideresa sobre este organismo, que en sus 38 años de historia nunca ha estado encabezado por una mujer.

"Las mujeres hemos juntado nuestra voz a la de los hombres y la juventud", agrega en intento por evidenciar que ya no hay marcha atrás.

No obstante, Cahuiya lamenta que mientras se registran avances en derechos en sus pueblos y el trabajo de las lideresas indígenas de toda América Latina es reconocido por organismos internacionales, al interior de los países sufren señalamientos y un continuo acoso.

"Nos amenazan de muerte para hacernos callar, pero nunca callaremos. Si yo estoy muerta, vendrá más gente a defender los territorios", exclama. Es por ello que enfatiza en la importancia de la "unidad de todas las mujeres y jóvenes" indígenas del Ecuador y la región para resistir ante esta situación.
Un homenaje a la lideresa Bartolina Sisa

Las cifras evidencian que defender los derechos de los pueblos indígenas y del territorio puede tener graves consecuencias. Al menos 126 personas defensoras de los derechos humanos y el medio ambiente fueron asesinadas en América Latina en 2023, según datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Cada 5 de septiembre, desde hace casi 40 años, se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, fecha establecida en el marco del Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América para rendir homenaje a la lucha y demandas de las mujeres indígenas del mundo. 

Este día internacional también se creó para homenajear a Bartolina Sisa, mujer aymara asesinada en 1782, por liderar desde Bolivia la sublevación indígena frente a la corona española. Sisa es recordada como una de las mujeres más valientes de Latinoamérica.


Mujeres waorani reivindican la autonomía de sus territorios. En el centro, con una blusa de color verde, Alicia Cahuiya. EFE/ José Jácome

Por Ane Amondarain | Quito
Fuente: Efeminista

agosto 16, 2024

Mujeres que Impactan, Gladys “Popa” Ramírez: Acogiendo la discapacidad con dignidad y cariño




“Cuando nació mi hija Camila me dijeron que era una pelota de carne y que llevara una cama de agua a la clínica. Yo no entendía nada, no la podía tener en brazos porque se fracturaba. Ella nació con osteogénesis imperfecta, trastorno genético también conocido como huesos de cristal”, relata Gladys “Popa” Ramírez (65), creadora de la Fundación Amigos de Jesús.

Esta iniciativa nació como un agradecimiento de ella hacia la sociedad. “Sentía que tenía que agradecer de alguna forma el apoyo que le habían dado a mi familia. Además, vivo día a día la discapacidad, sé lo que es ser cuidadora cuando no tienes acceso a las necesidades básicas. Valoré las oportunidades que había tenido para crecer como mamá y como persona”, comparte.

Desde 2005 Amigos de Jesús ofrece acogida a niños y jóvenes vulnerables en situación de discapacidad -motora, mental, psiquiátrica-, promoviendo la inclusión, el encuentro y vínculo entre ellos. Cuenta con un centro en Cerro Navia que recibe diariamente a 70 niños y jóvenes, y atiende a sus familiares, que son alrededor de 550.

La fundación trabaja con cuatro programas distintos: el primero es el centro diurno en donde atienden a los jóvenes dependientes de un cuidador; luego está vida independiente, donde preparan a los beneficiarios para la vida cotidiana; en tercer lugar está inclusión laboral; y por último el programa de familia, donde acompañan a los familiares de cada uno de los participantes para entregar una rehabilitación comunitaria.

Además, Amigos de Jesús posee un hogar de acogida en Sagrada Familia, Curicó, en donde viven siete jóvenes en situación de discapacidad que no tienen familia o lugar a donde ir.

Para hacer un acompañamiento integral y acoger con dignidad, los beneficiarios tienen la posibilidad de participar en talleres de pintura para reforzar la autoestima y hacen salidas periódicas para conocer espacios públicos y culturales. Por otro lado, los familiares también pueden realizar cursos de reconocimiento y autoestima.

Un trabajo en conjunto

En 2017 “Popa” Ramírez ganó el Premio Mujer Impacta por su labor en la causa inclusión y ahora es parte de una red de emprendedoras sociales donde puede hacer crecer su iniciativa.

“Mujer Impacta ayuda a que las personas se conecten con las distintas realidades que tenemos en Chile. Además, la fundación me ha dado la posibilidad de que personas de mi equipo se formen con cursos y talleres. Abrió una puerta que estaba pequeñita y hoy día tenemos un tremendo portón donde puedo trabajar junto a otras mujeres.”, concluye.

Ladrona de corazones

“Ha sido maravilloso el despertar de la “Popa” a través de esta iniciativa. Me siento empoderada y siento que lo que hago importa e impacta. Cada día estoy más enamorada de la Fundación Amigos de Jesús”, dice la emprendedora social. “Me llena cambiar la historia robándole el corazón a las personas. Lo más importante es el encuentro del amor y yo creo que cuando otros te ofrecen las manos, ayudarte y abrazarte, tiene un gran valor que no se puede comprar con dinero. Muchas veces nos quedamos con mirar y no actuar, pero cuando actuamos e invitamos a otros, podemos hacer un cambio”.

Por Mujer Impacta / Fotos: Alejandra González
Fuente: La Tercera

marzo 30, 2024

El cuidado como derecho, un análisis que llega hasta la Corte Interamericana

Hijos(as) de cuidadoras juegan mientras sus familiares toman los talleres de la Ruta Nacional del Cuidado, en María La Baja (Colombia). EFE/Mauricio Dueñas

Organizaciones defensoras de los derechos humanos en América Latina y el Caribe, oficinas de Naciones Unidas y varios estados como Argentina, Colombia y México han solicitado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) que reconozca al cuidado como un derecho humano autónomo, que a su vez está estrechamente vinculado con otros derechos como el de la vida, la salud, la educación o la autonomía reproductiva.

Lo han hecho por medio de una Opinión Consultiva que Argentina elevó a la alta corte, con el objetivo de que el tribunal interamericano analice, con base en la Convención Americana, los alcances del cuidado como derecho humano y defina las obligaciones que tienen los estados de la región con respecto a esta labor que mayoritariamente realizan las mujeres sin recibir ninguna remuneración.

"Los trabajos de cuidado comprenden tareas destinadas al bienestar cotidiano de las personas, tanto en lo material, económico y moral, como en lo emocional. Abarcan desde la provisión de bienes esenciales para la vida —como la alimentación, la limpieza y la salud—, hasta el apoyo y la transmisión de conocimientos, valores sociales, costumbres, hábitos y prácticas mediante procesos relacionados con la crianza. En otras palabras, son las tareas necesarias para la existencia de las sociedades y para el bienestar general de las personas", señaló Argentina en su pedido ante la Corte.

Para el Estado, los cuidados son una necesidad, un trabajo y un derecho. "Una necesidad en tanto posibilitan la existencia humana, dado que todas las personas requieren de cuidados para su bienestar y desarrollo. Un trabajo en función de su valor socioeconómico. Un derecho que debe garantizarse en sus tres dimensiones esenciales: brindar cuidados, recibir cuidados y al autocuidado", indicó.

Por lo que es necesario que los países definan políticas públicas que permitan asignar recursos para reconocer, reducir y redistribuir la prestación de cuidados no remunerada en forma de dinero, servicios y tiempo.

La situación de los cuidados

Para analizar este tema, la Corte convocó a tres jornadas de audiencias públicas en las que escuchó los argumentos de Argentina, Colombia, México, Chile, Costa Rica, Paraguay y Uruguay, ONU Mujeres y decenas de organizaciones de la sociedad civil y expertas en la materia.

En esas audiencias estuvieron presentes la vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, la directora regional adjunta de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, Cecilia Alemany, la directora de la división de Asuntos de Género de la Cepal, Ana Güezmes, y la secretaria ejecutiva de Comisión Interamericana de Mujeres, Alejandra Mora, entre otras importantes dignidades de la región, quienes se pronunciaron a favor de este reconocimiento.

"Debemos crear una sociedad del cuidado que transforme la existente sociedad del miedo, de la inseguridad y la sociedad militarizada. Esto implica que el cuidado sea un principio ético-político que promueva un nuevo paradigma social y económico. Una nueva sociedad que tenga como centro el cuidado para la sostenibilidad de la vida", dijo la vicepresidenta y también ministra de Igualdad colombiana, quien destacó ante los jueces la importancia de reconocer el vínculo entre el cuidado y el cambio climático y cómo se desarrolla especialmente en las comunidades, donde las mujeres se organizan para cuidar a los hijos de otras para que puedan salir a trabajar.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en todo el mundo, las mujeres realizan la mayor parte de los trabajos de cuidado no remunerados. Las mujeres dedican, en promedio, 3,2 veces más horas que los varones a los trabajos de cuidado no remunerados: 4 horas y 25 minutos (265 minutos) por día frente a 1 hora y 23 minutos en el caso de ellos (83 minutos).

En el curso de un año, esto representa un total de 201 días laborables (sobre la base de una jornada laboral de 8 horas) en el caso de las mujeres y de 63 días laborables, en el de los varones.

Una situación que empeoró con la llegada de la pandemia de la Covid 19 a la región, ya que según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe las mujeres dedican más del triple de tiempo al trabajo no remunerado que los varones. Dentro de los hogares latinoamericanos, las mujeres están a cargo de un 86% del trabajo de cuidados.

Los cuidados y su relación con otros derechos

Los estados y las organizaciones esperan que la Corte reconozca que el derecho al cuidado está muy ligado a otros como el derecho a la vida, al trabajo y a la seguridad social, a la salud, a la educación, a un ambiente sano y a la autonomía reproductiva.

En este último, el Centro de Derechos Reproductivos e Ipas LAC, con el apoyo de otras 14 organizaciones de la región, buscan que se reconozca que la carga desproporcionada de cuidados en las mujeres es un factor que afecta su autonomía reproductiva.

"Si no se garantiza la autonomía reproductiva no podríamos ejercer libremente este derecho al cuidado, ya sea cuidar de alguien e incluso el poder ejercer el autocuidado. Para que el cuidado de, por ejemplo, hijos e hijas, se pueda desarrollar en condiciones de igualdad debe asegurarse que quienes cuidan hayan elegido hacerlo en libertad", explica a Efeminista Carmen Martínez, directora de estrategias legales del Centro de Derechos Reproductivos.

Martínez señala que esperan que la Corte establezca que los países de la región deben implementar políticas de cuidado desde una perspectiva de derechos humanos que incluya un enfoque interseccional e intercultural.

"Que incluya, por ejemplo, las licencias parentales y familiares pagas, que establezca infraestructuras y servicios de cuidado de calidad tanto para la primera infancia y para adultos y adultas mayores y transferencias de ingresos con fines de cuidado para que la elección de cuidar con autonomía no tenga impactos desproporcionados sobre las mujeres, las personas gestantes y todas las personas que eligen ejercer el derecho a cuidar", agrega.

"Aspiramos que a través de que se reconozca que existe una interrelación intrínseca entre el derecho al cuidado y la autonomía reproductiva, la Corte pueda decir que los servicios de salud sexual y reproductiva, incluyendo el aborto, tienen que estar disponibles para las personas, sin miedo de que ellas puedan ser criminalizadas por usar un servicio de salud esencial", señala.

Una vez que la Corte Interamericana se pronuncie, los estados de la región deben ajustar sus normas internas a los parámetros y garantías establecidas por el alto tribunal. "Los estados pueden incumplir sus obligaciones internacionales derechos humanos cuando no ajustan su normativa interna a los desarrollos que ha hecho la Corte Interamericana sobre la Convención Americana, siendo la última intérprete de la Convención", concluye.

Por Cristina Bazán
Fuente: Efeminista

marzo 27, 2024

El cuidado que las instituciones y academia no ven. “Cuando perteneces a la clase trabajadora, las posibilidades de compaginar la vida profesional e incluso personal, con el cuidado son prácticamente inexistentes”.


Patricia Bolinches

Acabo de entregar una solicitud de beca post-doctoral a la Universidad de Melbourne. En este tipo de becas suelen requerir que el título de doctorado se haya obtenido unos años antes (normalmente entre 2 y 5) para poder solicitarla. En la convocatoria de esta universidad, se indica que aquellas personas que han tenido que suspender su carrera profesional por motivos justificados (enfermedad propia, cuidado de familiares, maternidad, etc) pueden solicitar que se amplíe el plazo desde la obtención del título en relación al tiempo que se estuvo parada. Es decir, si dedicaste 3 años cuidando a un familiar enfermo, por ejemplo, se amplían 3 años desde la fecha de obtención del título, de tal forma que, se facilita así la re-incorporación laboral de estas personas. Este reconocimiento existe en otras convocatorias laborales en universidades y centros de investigación en Australia y otros países como Gran Bretaña, Estados Unidos o Alemania. Contrasta con mi experiencia con solicitudes similares en España y Portugal, dos países que, pese a contar con políticas de igualdad y conciliación2, suelen carecer de este reconocimiento cuando se trata de aplicarlo a personas que han cuidado de familiares enfermos.

En gran parte de ofertas post-doctorales que he solicitado en España y Portugal, cuando he alegado que mi parón profesional se ha debido al cuidado de un familiar, o bien se me ha rechazado sin llegar a valorarme, o se me ha valorado en función de la producción científica y experiencia de enseñanza que se espera que tenga según los años desde que terminé mi doctorado. Si no ser siquiera valorada es altamente frustrante, tampoco es realista esperar que una persona que se haya dedicado a cuidar genere producción científica.
Cuando he alegado que mi parón profesional se ha debido al cuidado de un familiar, o bien se me ha rechazado sin llegar a valorarme, o se me ha valorado en función de la producción científica y experiencia de enseñanza...

Cansada de estas circunstancias, decidí poner dos reclamaciones. Una a la Fundação para a Ciência e a Tecnologia (FCT) que es un órgano del Ministério da Educação e Ciência de Portugal encargado de financiar la investigación científica en el país. La otra fue al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) adscrito al Ministerio de la Presidencia de España. En el primer caso, seguí el cauce interno de reclamaciones para el Concurso Estímulo ao Emprego Científico Individual. En el segundo, para su convocatoria de Becas de Formación para Posgraduados. En ambos casos, les pedí que contemplaran el cuidado de ascendentes como parón académico en sus convocatorias. La FCT no llegó a responder nunca a esa solicitud y se limitaron a indicarme que yo no cumplía los requisitos y por lo tanto rechazaban, amablemente, mi candidatura. En el caso del CIS sí se me respondió desde la dirección del mismo, pero para indicarme que no se podría hacer una excepción conmigo. Sin duda, tanto el silencio de los primeros como considerar que mi caso sea excepcional obvian que el cuidado de ascendentes provoca muchas desigualdades.

Sin duda, tanto el silencio de los primeros como considerar que mi caso sea excepcional obvian que el cuidado de ascendentes provoca muchas desigualdades

Están ignorando que el cuidado de personas enfermas y mayores en países como España y Portugal sigue recayendo, en la mayoría de los casos, en manos de las mujeres3 y que son muchas las que, como yo, han tenido que parar sus vidas para cuidar de familiares enfermos4. Por tanto, están obviando aplicar en sus organizaciones medidas de género e igualdad. Resulta significativamente paradójico que esto se produzca en lugares como FCT y CIS, donde financian y realizan estudios sociales que señalan las desigualdades de género provocados por el sistema patriarcal.

Cuando una persona que ha dedicado años de su vida a cuidar de un ser querido deja de ser cuidadora, se enfrenta con varios retos. El primero quizás sea, como apuntan asociaciones y expertas en cuidados, el de sobrellevar el duelo a la vez que te desprendes de un sentimiento de culpa por sentir alivio tras dejar de cuidar5. En mi caso, pasé cuatro años cuidando de mi padre, enfermo de ELA, hasta su muerte. En este tipo de enfermedades, cuando perteneces a la clase trabajadora, las posibilidades de compaginar la vida profesional e incluso personal, con el cuidado son prácticamente inexistentes. Como no cesan de denunciar los enfermos de ELA, su grado de incapacitación es tan alto y las ayudas institucionales son tan insuficientes, que las personas más allegadas, con nuestros cuidados, nos convertimos en la única posibilidad para que puedan respirar, comer, asearse... y, en definitiva, vivir y sobrellevar la enfermedad de la manera más dignamente posible.
En este tipo de enfermedades, cuando perteneces a la clase trabajadora, las posibilidades de compaginar la vida profesional e incluso personal, con el cuidado son prácticamente inexistentes


Recibí la confirmación de que mi padre tenía ELA cuando estaba en Sídney disfrutando de una beca doctoral para investigar en la Macquarie University. Por suerte, esta universidad ofrecía la posibilidad de recibir apoyo psicológico gratuito a sus estudiantes, lo que me ayudó a desarrollar la fortaleza mental para permanecer en Australia el tiempo que el avance de su enfermedad lo permitió. Pero en 2015 volví a casa: a Mérida. Desde entonces fui gradualmente dedicando más y más tiempo a cuidarle a medida que su enfermedad avanzaba, hasta que en septiembre de 2019 falleció. En medio de esos cuidados conseguí, con muchas dificultades, acabar el doctorado en antropología y obtuve dos ofertas para trabajar de investigadora. Pensé en mil maneras de compaginar el cuidado de mi padre, junto a mi madre y mi hermano, con estos trabajos, pero fue imposible. En gran parte, porque el máximo de ayuda institucional que recibimos durante sus años de enfermedad no superaron las 45 horas de asistencia al mes.

Puesto que en Australia había encontrado todo tipo de ayudas y apoyo para acabar mi doctorado, no reparé en que, tras la muerte de mi padre, en España no sería igual. Esto es más difícil de entender si se tiene en cuenta que el Código Civil español, en su Artículo 143, recoge que los ciudadanos en España tenemos las mismas obligaciones de cuidados con nuestros ascendientes como las que tenemos con nuestros descendientes y cónyuges. Esta obligación la conocí a través de una amiga que se encontraba sola cuidando de su padre enfermo. Al ingresar su padre en el hospital, la médica que le atendía le advirtió que su padre había llegado al hospital en unas condiciones que indicaban que no estaba bien atendido y tenía que denunciarle. Esa doctora no le preguntó si tenía dificultades para cuidar de su padre sola mientras trabajaba, o si recibía la ayuda institucional suficiente. Directamente le recordó sus obligaciones con su ascendiente.

Existe un desfase grande entre las obligaciones que tenemos como ciudadanos y las coberturas que ofrecen las políticas del cuidado y de igualdad. Desde hace más de 25 años, la UE ha adoptado un enfoque transversal con la intención de que en Europa se ejecuten políticas públicas en materia de género6. Este enfoque transversal de género exige que todas las medidas, acciones, planes y políticas públicas que se lleven a cabo sean diseñadas para corregir la desigualdad en todos sus ámbitos7. En España, el Instituto de las Mujeres y la Ley Orgánica 3/20078 están direccionadas en ese sentido. En Portugal, aunque no existe una ley expresamente orientada a la igualdad, se han desarrollado varios planes nacionales para la igualdad de género, y creado un organismo nacional (Comissão para a Cidadania e a Igualdade de Género) con objetivos afines9. Similar a España, Portugal presenta un modelo de cuidado familiarista10 e injusto, basado en la división sexual del trabajo, que provoca grandes desigualdades para las mujeres11.

Existe un desfase grande entre las obligaciones que tenemos como ciudadanos y las coberturas que ofrecen las políticas del cuidado y de igualdad

Desde los espacios académicos también se está reclamando transversalidad para que el feminismo y sus ideas no sólo se queden en conceptos teóricos que se imparten, sino para garantizar que se erradiquen las desigualdades desde dentro12. Sin duda los espacios educativos, académicos y públicos, deben ser aquellos que se encarguen de ofrecer oportunidades a quienes los distintos sistemas de opresión se las han arrebatado. En este sentido, es significativo recordar que el sistema patriarcal se articula con otras desigualdades de clase, etno-raciales, por discapacidad, migración, sexualidad..., que requieren de unas políticas interseccionales además de transversales13. Sin duda alguna, mi caso no es una excepción, y son muchas las mujeres que —bajo sus distintas realidades múltiples— asumen tareas de cuidado teniendo que aparcar su vida profesional. Si bien tenemos que seguir reclamando que se fortalezca el sistema público en el cuidado para que estas circunstancias no se produzcan, los ámbitos académicos deberían ser un ejemplo en la aplicación de medidas compensatorias a las desigualdades.

Sin duda alguna, mi caso no es una excepción, y son muchas las mujeres que —bajo sus distintas realidades múltiples— asumen tareas de cuidado teniendo que aparcar su vida profesional

FCT y CIS no son los únicos lugares en España y Portugal donde he encontrado esta desatención. Más triste ha sido ver a renombrados académicos que añadían la perspectiva de género a sus proyectos de investigación, pero no la aplicaban a la hora de contratar. Es difícil luchar contra todo esto de manera individual. Decidí, no obstante, extender mis reclamaciones al Ministerio de Presidencia en España en octubre de 2023. Desde allí se me respondió de manera rápida que mi queja había sido trasladada al CIS y pasaría a ser valorada. Hasta la fecha no he recibido mayor notificación que ésta. Por eso he decidido escribir este artículo animada por otras académicas, a pesar de que, como todas sabemos, este tipo de artículos y reclamaciones no abren puertas.

Explicar un parón profesional como he hecho para la convocatoria de la Universidad de Melbourne no es fácil, porque tengo que escribir sobre una vivencia muy dolorosa y exponer la intimidad de mi padre con certificados médicos que prueban su enfermedad. Es un proceso al que he tenido que dedicar más tiempo en la solicitud que aquellas personas que no tienen que hacerlo. Pero es una satisfacción encontrar lugares como esta universidad donde nos dan la oportunidad para explicar situaciones personales, donde seremos evaluadas de una manera más justa. Es urgente que las instituciones en España y Portugal hagan un profundo cambio en este sentido, sobre todo atendiendo al cada vez mayor envejecimiento de la población en nuestros países. Las personas sin medios económicos suficientes adolecen una mayor dificultad para poder compaginar la vida familiar con la profesional. No aplicar medidas para contrarrestarlo es continuar la desigualdad. ¿No deberían España y Portugal seguir los ejemplos de otros países donde ya se están aplicando estas medidas? ¿No deberíamos todas prestarle más atención a las cuidadoras y profundizar en la teorización de sus realidades desde el feminismo y la interseccionalidad?

Doctora en Antropología por la Macquarie University y la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente trabaja en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Autónoma de Madrid.
Fuente: El Salto

Referencias

1 Ángeles Montalvo Chaves es Dra. en Antropología por la Macquarie University y la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente trabaja en el Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid. angeles.montalvo@uam.es

2 Navarro Capilla (2020). Conciliación, en Cobo, Rosa y Rapea, Beatriz (edil), Breve diccionario del feminismo, pp. 53-55, Madrid: Catarata.

3 Pérez, Antía (2020). Cuidados, en Cobo, Rosa y Anea, Beatriz (edil), Breve diccionario del feminismo, pp: 61-63, Madrid: Cataratas.

4 Plaza, Sara (2022/07/20). Mujeres cuidadoras y dependencia: las tareas que no están en el centro, Píkara Magazine, https://www.pikaramagazine.com/2022/07/mujeres-cuidadoras-y-dependencia-las-tareas-que-no-estan-en-el-centro/

5 Noreia, David (2024/03/24). El doble luto del cuidador: “Estoy descansando, sí, pero ha muerto mi madre, ¿cómo me voy a alegrar?”, ElDiario.es, https://www.eldiario.es/sociedad/doble-luto-cuidador-descansando-si-muerto-madre- alegrar_1_10945153.html

6 Navarro Sanz, Beatriz y Sanz Gómez, Mª Mercedes (2021). La transvesalidad de género y su poder de influencia: ¿hacia una igualdad efectiva en la UE?, Revista CIDOB d’Afers Internacionals, 127:39-62.

7 Rapea, Beatriz (2020). Transversalidad, en Cobo, Rosa y Ranea, Beatriz (edi), Breve diccionario del feminismo, pp: 244-246, Madrid: Catarata.

8 Buavent, Silvia (2020). Políticas públicas feministas, en Cobo, Rosa y Rapea, Beatriz (edi), Breve diccionario del feminismo, pp: 190-192, Madrid: Catarata.

9 Soriano Moreno, Silvia (2020). Políticas de igualdad. Extremadura-Portugal, en Extremadura-Portugal, una guía para la cooperación transfronteriza, pp: 154-163.

10 Bettio, Francesca and Plantenga, Janette (2004). Comparing care regimes in Europe, Feminist Economics, 10 (1): 85-113.

11 Esquerda (2022/01/09). Uma mudança na política de cuidados: o Serviço Nacional de Cuidados, https:// www.esquerda.net/dossier/uma-mudanca-na-politica-de-cuidados-o-servico-nacional-de-cuidados/78811

12 Munévar, Dora I. Y Villaseñor, Marta L. (2005). Transversalidad de género. Una estrategia para el uso político- educativo de sus saberes, Revista de Estudios de Género. La ventana, 21:44-68. Esquirol, Meritxell (2022/05). Pensar la transversalidad de género en la universidad, COMeIN, 121, https:// comein.uoc.edu/divulgacio/comein/es/numero121/articles/m-esquirol-pensar-la-transversalitat-de-genere-a-la- universitat.html

13 Jiménez Rodrigo, María Luisa (2022). Políticas de igualdad de género e interseccionalidad: estrategias y claves de articulación, Convergencia Revista de Ciencias Sociales, 29: 1-24. Basterra Olives, Claudia (2021). Transversalidad de género e interseccionalidad en políticas públicas. Un análisis comparado de la normativa estatal y canaria en materia de transexualidad, Revista Clepsydra, 21:347.

Sí a la Diversidad Familiar!
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