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abril 25, 2026

La ugandesa Jennifer Nansubuga Makumbi defiende el feminismo indígena en su novela ‘La primera mujer’


Jennifer Nansubuga Makumbi es una escritora ugandesa que ofrece una visión distinta del feminismo más allá de los eslóganes hegemónicos. Su libro The First Woman (2021) acaba de ser traducido al castellano con el nombre de La primera mujer.

La novela propone una revisión de los parámetros patriarcales para demostrar que la desigualdad de género se ha encontrado siempre con formas de resistencia, incluso mucho antes de que el feminismo occidental tuviese presencia en África.

Marta Sofía López (izquierda) y Jennifer N. Makumbi (derecha) en la presentación de Madrid. Lara Tortosa Signes, Author provided (no reuse)

La autora presentó el libro junto a Marta Sofía López, su traductora, en varias ciudades españolas durante el mes de marzo. Ambas consideran que, pese a ser una historia contextualizada en la Uganda de finales del siglo XX que visibiliza las mujeres rurales, trata temas que pueden apelar al público universal.
La importancia de las historias ancestrales

Las autoras africanas han subrayado siempre la influencia de las antepasadas en su visión del mundo. Muchas de ellas, como la nigeriana Buchi Emecheta o la ghanesa Ama Ata Aidoo, contaban cómo las historias que escucharon de sus abuelas y tías les ayudaron a entender su realidad y construir sus propias narrativas.

En La primera mujer, la joven protagonista, Kirabo, experimenta incomodidad al tener que obedecer los mandatos patriarcales. Kirabo se siente atrapada en su cuerpo y cada vez que es obligada a arrodillarse delante de un hombre –una práctica tradicional–, se tensa y siente dolor. Esta situación la lleva a desdoblarse: mientras su cuerpo sigue las normas, su “otra yo” vuela hacia el exterior para escapar de la realidad.

Como consecuencia, Kirabo decide hablar con la bruja de la aldea, Nsuuta, para entender qué le ocurre. Nsuuta, una anciana ciega que ha vivido una vida fuera de los rígidos estándares de la sociedad, le revela el mito de “la primera mujer”. Este afirma que las mujeres eran en realidad tan poderosas que los hombres tuvieron que encontrar la forma de minimizarlas y anularlas. Para poder hacerlo, inventaron que ellas eran seres acuáticos que no pertenecían a la tierra (y, por tanto, no podían poseerla). De esta manera, ellos se adueñaron de los espacios físicos, relegándolas a un segundo plano y considerándolas inestables, como el agua.

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Aunque la novela describe mayoritariamente la situación de las habitantes de una región de Uganda, se pueden encontrar muchas similitudes con la vida de una mujer en cualquier parte del planeta. Se tratan cuestiones como el alargamiento de los labios menores, la disparidad social y económica, el abandono y la idealización de las figuras masculinas.

Al hacerlo la autora muestra cómo las historias y los conocimientos ancestrales pueden explicar nuestra condición y enseñarnos a combatir las desigualdades.
‘Mwenkanonkano’ o el feminismo indígena

A pesar de que la lucha contra la violencia patriarcal forma parte de la vida de las africanas desde tiempos inmemoriales, el término “feminismo” no ha sido muy popular. En Uganda especialmente, la palabra sonaba demasiado extranjera y no acababa de ser aceptada por las escritoras

.


En el caso de la novela, su feminismo se asemeja al propuesto por la académica Obioma Nnameka, quien defendía que la teoría feminista debía edificarse sobre lo indígena y ser lo suficientemente flexible como para adaptarse a diferentes cosmovisiones.

En La primera mujer, Makumbi utiliza la palabra “mwenkanonkano”, una forma de resistencia indígena encabezada por Nsuuta. De hecho, Nsuuta rechaza los discursos occidentales porque siente que no representan a todas las mujeres. La autora ofrece la perspectiva de estas mujeres criadas en el entorno rural de una nación poscolonial. También hace referencia a las luchas diarias y las formas en las que éstas tienen que resistir a la opresión masculina en su propio contexto. La elección del término “mwenkanonkano” no es casual; Makumbi ha afirmado que ninguna de sus antepasadas se hubiese llamado a sí misma “feminista”.

Además, La primera mujer denuncia marcados casos de violencia simbólica cuando otros personajes de la novela se oponen a la rigidez patriarcal. Este es el caso de la tía paterna de Kirabo, quien le habla de la sexualidad y la anima a encontrar un hombre que le proporcione placer. Otra de sus tías se ve obligada a dejar el hogar porque la gente del pueblo la acosa y su abuelo la relega a las habitaciones de los sirvientes tras enterarse de que está viéndose con un chico.

Por otro lado, cuando Kirabo asiste a una escuela privada, se da cuenta de que los chicos no sufren repercusiones si tienen relaciones sexuales, mientras que las chicas son expulsadas sin posibilidad de volver si quedan embarazadas. De esta manera, Makumbi subraya las desigualdades y la falta de autonomía de las adolescentes.

Aunque Nsuuta no ha recibido una educación feminista, recurre a los cuentos orales para demostrar la importancia de la sororidad, la resilencia y la independencia. A través de ese personaje, Makumbi refleja cómo el conocimiento puede venir de las madres y abuelas y reivindica la importancia de las voces femeninas. Así, la narración se convierte no solo en una forma de arte y belleza sino en un ejercicio de supervivencia.

  • Link original: https://theconversation.com/la-ugandesa-jennifer-nansubuga-makumbi-defiende-el-feminismo-indigena-en-su-novela-la-primera-mujer-277111



Doctoranda en Lenguas, Culturas y Literaturas, Universitat de València


Profesora Titular Departamento de Filología Inglesa y Alemana (Literatura Norteamericana y Decolonial), Universitat de València, Universitat de València

Fuente: The Conversation

agosto 27, 2025

Electrificación feminista: la energía que necesita África

Una mujer riega un terreno sembrado en una comunidad rural de Chad, donde la tasa de electrificación del área rural es inferior a dos por ciento. Imagen: Edmond Dingamhoudou / Banco Mundial


Chad es uno de los ejemplos más extremos de pobreza energética, con solo 10 % de la población conectada a la red eléctrica, una tasa de electrificación rural inferior a 2 % y un consumo nacional de electricidad por habitante que apenas alcanza 18 % de la media mundial. Esto dificulta su desarrollo económico.

Lo mismo ocurre con su rápido crecimiento demográfico. Chad tiene una de las poblaciones de más rápido crecimiento del mundo; se prevé que sus 21 millones de habitantes se tripliquen a finales de siglo. El bajo nivel educativo de Chad, con 38 % de las niñas que completan la enseñanza primaria, junto con las altas tasas de matrimonio infantil y fertilidad, también plantean problemas para su desarrollo.

El Banco Mundial está trabajando en algunos de estos frentes, entre otras cosas anunció un nuevo acuerdo que reforzará el sistema educativo de Chad y puso en marcha la Misión 300, en colaboración con el Banco Africano de Desarrollo, para conectar a 300 millones de personas más en África a la red eléctrica de aquí a 2030.

Pero todas estas cuestiones están interrelacionadas y solo pueden resolverse si se abordan de forma conjunta. El acceso a una energía asequible y limpia para todos es el 7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que también está relacionado con el ODS 5, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, que es un requisito previo para reducir la fertilidad y frenar el crecimiento demográfico.

El acceso a la energía también está entrelazado con la educación (ODS 4), la erradicación de la pobreza (ODS 1), la promoción de la salud (ODS 3), la lucha contra el cambio climático (ODS 13) y toda la Agenda 230 de las Naciones Unidas, en que se enmarcan los 17 ODS.

Por ejemplo, la pobreza energética impide que los hospitales almacenen vacunas, que las personas creen empresas y que los niños estudien después del atardecer. Exacerba las mismas desigualdades que la educación pretende combatir, en particular la desigualdad de género.

Como forma holística de remediarlo, las activistas de los países con escasez de energía están promoviendo la llamada «electrificación feminista», es decir, diseñar explícitamente las inversiones en energía para empoderar a las mujeres como agentes económicas y consumidoras.

Esto podría incluir la integración de la planificación familiar en los planes de expansión de la energía, la inversión en la educación, la formación y el desarrollo del liderazgo de las mujeres, y su inclusión en la planificación energética.

Esta perspectiva brilla por su ausencia en los «pactos energéticos» de Mission 300, compromisos voluntarios que describen cómo los países, las empresas y las organizaciones pueden proporcionar energía asequible y limpia para todos.

El Pacto Energético Nacional de Chad pide añadir conexiones para más de 14 millones de personas, aumentar el acceso a la electricidad de 11 % a 90 % para 2030 y lograr 46 % de acceso a soluciones de cocina limpia para 2030.

También plantea impulsar las energías renovables hasta 30 % de la generación total de electricidad, añadir 866 megavatios (MW) de nueva capacidad y movilizar 650,3 millones de dólares en inversiones totales, aproximadamente un tercio del sector privado.

El Pacto aborda la infraestructura, la participación del sector privado y la reforma regulatoria, pero pasa por alto dimensiones humanas críticas de la energía, incluida su intersección con la igualdad de género y el crecimiento demográfico.

Por ejemplo, las altas tasas de fertilidad de Chad dan lugar a hogares numerosos y a una mayor demanda de energía para cocinar, iluminar y otras actividades. Las mujeres se encargan de la mayor parte de las necesidades energéticas domésticas, pero por lo general no participan en la toma de decisiones sobre la energía.

Casi todos los hogares rurales del Chad dependen de la leña para cocinar, lo que devasta los bosques y expone a las familias a la contaminación del aire interior, que contribuye a las enfermedades respiratorias.

Las soluciones de cocina limpia, como las cocinas de gas natural licuado o las cocinas eléctricas de inducción, podrían transformar estos riesgos. Pero solo si las mujeres pueden acceder a ellas, permitírselas y confiar en ellas.

Las necesidades insatisfechas en materia de planificación familiar están acelerando el rápido crecimiento demográfico del Chad, lo que amenaza con anular cualquier avance en el acceso a la energía. Con escasa educación y pocas opciones económicas, 61 % de las niñas se casan antes de los 18 años, lo que explica en parte la altísima tasa de fecundidad total del Chad, que es de 5,14 nacimientos por mujer.

El rápido crecimiento demográfico acelera la expansión urbana, impulsa la deforestación para la producción de carbón vegetal y dificulta la ampliación de la infraestructura de la red eléctrica para satisfacer la demanda de energía.

Por todas estas razones, la planificación familiar y la planificación energética están relacionadas. Chad no puede cumplir los objetivos del Pacto Energético sin establecer y alcanzar también objetivos en materia de planificación familiar y empoderamiento de las mujeres.

La electrificación feminista proporcionaría a las mujeres formación profesional en instalación de sistemas solares y venta y mantenimiento de cocinas eléctricas, lo que garantizaría que las soluciones de energía limpia llegaran a los hogares y, al mismo tiempo, crearía puestos de trabajo para las mujeres y oportunidades de autodeterminación, lo que tiende a reducir las tasas de fertilidad en todo el mundo.

Además, contribuiría a los objetivos del Pacto de ampliar la energía renovable descentralizada y fomentar la inversión privada, al extenderlos a las mujeres.

Chad debería revisar su Pacto Energético Nacional para incluir un plan específico de integración de género y demografía. Debería exigir evaluaciones de impacto de género para todos los nuevos proyectos energéticos, hacer un seguimiento de los resultados del acceso a la energía por género e ingresos, y vincular las operaciones de electrificación directamente con iniciativas de planificación familiar, salud y empoderamiento económico de las mujeres.

El acceso a la energía no se reduce a la cantidad de kilovatios que se generan, sino a las realidades humanas que hay detrás de las cifras y a quiénes se reparten los beneficios de la electricidad. El verdadero acceso significa que una mujer de una zona rural de Chad pueda encender un interruptor, cocinar de forma limpia, respirar con seguridad y decidir el tamaño de su familia.

Ese es el tipo de energía que necesita África.

Sudiksha Battineni es una estudiante de la reconocida y privada Universidad de Duke, situada en el estado estadounidense de Carolina del Norte, y miembro Stanback del Instituto de Población, con sede en Wasihngton.

Fuente: IPSNews

abril 14, 2024

Alejandra Miller: “Negociar el desarme sin transformaciones estructurales es un descalabro”

Tras los acuerdos de paz persiste un retraso significativo en la adjudicación y asignación de tierras.
Alejandra Miller. Foto cedida por la entrevistada

Han pasado siete años desde que se firmaron los Acuerdos de Paz en Colombia entre el gobierno y las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia —Ejército del Pueblo (FARC-EP). El Instituto Kroc de Estudios Internacionales para la Paz y por medio del Fondo Multidonante de las Naciones Unidas para la Paz en Colombia, cifra en su último informe de seguimiento de la implementación del Acuerdo, que va hasta finales del año 2021, en un 30% el porcentaje de aspectos implementados del Acuerdo de Paz en Colombia. Añaden que el 19% de las medidas se encuentra en un estado intermedio de implementación, el 37% en estado mínimo y el 15% aún no ha iniciado su implementación.

El informe señala además que el ritmo de la implementación debe aumentar para que logren completarse todos los compromisos en 2031, 15 años después de su firma y año que se ha fijado para el fin de la implementación. Por último, El Instituto Kroc identificó un retraso significativo en la adjudicación y asignación de derechos territoriales, con sólo el 1% de la meta total de tres millones de hectáreas adjudicadas hasta octubre de 2022. Se trata sin duda del punto más delicado de los Acuerdos de Paz.
Pese a los Acuerdos de Paz aún existen grupos armados residuales y actores híbridos con intereses más allá de los políticos, pero sobre todo, el conflicto se ha enquistado entre el ELN y el gobierno colombiano

Desde el principio de las negociaciones hubo reticencias de algunos sectores en participar en los diálogos. En la actualidad existen grupos armados residuales y actores híbridos con intereses más allá de los políticos, pero sobre todo, el conflicto se ha enquistado entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno colombiano, quienes aunque han conseguido mantener una serie de conversaciones hacia un acuerdo, los secuestros hasta el reciente aviso, seguían siendo una práctica habitual del ELN lo que pone en riesgo la continuación de las conversaciones. Por otro lado, los recientes abusos de grupos como el autonombrado Estado Mayor Central de FARC a comunidades, han llevado al presidente Petro a suspender el cese al fuego bilateral con ese grupo.

Para Carlos Velandia, excomandante y directivo nacional del ELN de 1972 a 2004, quien se desempeña actualmente como promotor de la paz, el anuncio del ELN de la liberación de todos los secuestrados y el descongelamiento de las conversaciones de paz, entre las delegaciones del gobierno y del ELN “eran las decisiones esperadas”. Para el exguerrillero, también conocido anteriormente como Felipe Torres “es dialogando que se se busca el fin del conflicto armado y la paz para todos”.

En la misma línea del diálogo y de la urgencia de continuar negociando con todo tipo de grupos armados se haya Alejandra Miller. Actualmente es la Directora General de la Agencia Presidencial para la Reincorporación de Colombia, una entidad adscrita a la Presidencia de la República de Colombia desde 2023, que acompaña y asesora a las personas que se desmovilizaron individual o colectivamente de grupos de autodefensas y organizaciones guerrilleras para apoyar su tránsito a la vida civil.

Hemos tenido la oportunidad de hablar vía telefónica con Miller, excomisionada de la verdad, sobre los avances que el gobierno del presidente Petro está realizando respecto a los Acuerdos de Paz, hacia lo que el nuevo gobierno colombiano denomina la Paz Total. Alejandra Miller es economista y profesora de la Universidad del Cauca, desde hace 20 años hace parte del movimiento feminista por la paz y ha ocupado varios cargos públicos, por ejemplo, se ha desempeñado como secretaria de gobierno del departamento del Cauca, posiblemente uno de los más afectados por el conflicto, también ha sido comisionada para el esclarecimiento de la verdad y ha acompañado el proceso de reintegración social de las personas que han dejado las armas.

¿Por qué se mantienen las dificultades para entregar las tierras prometidas en los acuerdos?

Durante siete años, después de la firma de la paz, el expresidente Duque tomó la decisión política de no cumplir lo pactado entre el gobierno nacional y las antiguas FARC-EP. Esto generó un rezago enorme en términos del cumplimiento de los Acuerdos de Paz y una situación muy precaria en términos de seguridad. Es así como las disidencias fueron tomando fuerzas. Es por esta situación que el punto uno, sobre la reforma rural integral, no pudo ser implementado como se había pactado.

El gobierno actual, desde hace ya dos años, venimos trabajamos fuertemente para erradicar ese rezago en el cumplimiento. Nosotras insistimos desde la Agencia para la Reincorporación que los firmantes son sujetos de la reforma agraria, esto no estaba contemplado, nosotras ahora hemos planteado que no son beneficiarios de unos recursos, sino que son sujetos políticos que hacen parte del proceso de implementación. Además es que los excombatientes, están muy ligados al campo, de origen campesino, su factor de arraigo principal es la tierra. Esto garantiza que no vuelvan a la guerra. Estamos haciendo por tanto una tarea muy fuerte con la Agencia Nacional de Tierra. Hemos desatrasado, entregado poco más de 4000 hectáreas a los distintos ETCR (Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación), donde hay 100 o 150 familias en cada uno, para que tengan tierra suficiente y puedan lograr su reintegración a la vida civil.

¿Porqué el ELN continúa secuestrando si se encuentra en un alto al fuego?

Una parte de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, para poder salir totalmente del conflicto, tiene que ver con apostarle al diálogo, a las negociaciones, a los sometimientos, con todos los actores que están hoy en armas. El ELN es uno de estos actores armados históricos y por eso es importante mantener una conversación política, hay que insistir, trabajar arduamente. Como todo proceso hay enormes dificultades, pero es parte de lo que tiene que irse solventando en la conversación, en el diálogo.

Es inaudito que el ELN siga secuestrando, ellos trabajan en una argumentación económica fundamentalmente. Yo creo que durante las negociaciones debería de haber un mecanismo de sostenimiento económico, durante el cese al fuego, para las personas que están en armas pero comprometidas. Para evitar que haya secuestros, extorsiones o actos delictivos en general que se utilizan para mantener económicamente a los grupos armados. No es algo nuevo, pero hay que preservar la posibilidad de que este diálogo se siga adelantando, que se lleguen a acuerdos y se llegue en un momento a lo que el gobierno le llama la Paz Total. En la Comisión de la Verdad le llamamos “La Paz Grande” que significa que ya no haya grupos armados en el país, buscando simultáneamente cambios estructurales, reformas para avanzar en términos de desigualdad y de inclusión que requieren varios territorios en toda la nación.

Desde la Comisión de la Verdad encontramos que es muy difícil resolver el tema de los grupos armados en el país, de cualquier origen: político, delincuencial o híbrido, por la vía de las armas o de más guerra

¿Qué política se está ejecutando desde el gobierno ante los grupos armados?

Desde la Comisión de la Verdad encontramos que es muy difícil resolver el tema de los grupos armados en el país, de cualquier origen: político, delincuencial o híbrido, por la vía de las armas o de más guerra. Sabemos que los que terminan pagando los platos rotos es la sociedad civil, las comunidades y por tanto este esfuerzo de trabajar negociaciones políticas con grupos armados políticos, pero también diálogos socio jurídicos, con grupos que no son considerados grupos políticos, ligados por ejemplo al narcotráfico, pero que también es importante avanzar en su desarme. Esta insistencia de mesas de negociación con las guerrillas y bandas delincuenciales, son necesarias y urgentes, pues sin duda alguna, controlan territorios, pueden estar vinculados a actividades económicas y políticas. Es mucho más complejo, que solo un desarme.

Es por eso que se tiene que hacer por la vía de los pactos. Se va avanzando, con dificultades con estas bandas, porque son complejas, no median diálogos sobre transformaciones de país, pero sí sobre narcotráfico, sobre su poder en los territorios. Necesitamos hacer acuerdos que contengan el desarme con estos grupos, que contribuyan a una paz no fragmentada, sino completa, total.

¿Qué tipo de relaciones tiene el partido Comunes con el gobierno del presidente Petro?

El Partido Comunes, antiguas FARC, es un derivado del proceso de paz. Ha venido haciendo ejercicio político en la escena institucional. Tiene 10 diputados en el congreso, cinco en la cámara de representantes y cinco en el senado. Ellos han venido trabajando en distintas campañas electorales. En la más reciente obtuvieron poco más de 120 candidatas en todo el país. Creo que el partido Comunes es el reflejo de haber dejado las armas para hacer las transformaciones por la vía de la democracia, de la política. Al final es uno de los resultados positivos de una negociación política con un grupo armado político, como eran las antiguas FARC. Ahora es un partido de gobierno también que se suma a las iniciativas de transformaciones que propone el gobierno en distintas áreas. Tenemos que garantizar la protección de las personas del partido Comunes para que tengan todas las garantías para el ejercicio de su participación política en el marco de la democracia.

¿Cuál sería el mejor escenario para lograr la paz?

Lo que se está haciendo en términos de la Paz Total, de las negociaciones tanto con grupos armados políticos como aquellos que no son considerados políticos, más delincuenciales, es fundamental. Sin embargo, creo que no podemos seguir aferrándonos en que se avance en estas negociaciones. Hoy las guerras, en general en el mundo y en Colombia, no son guerras puras, donde solo hay grupos políticos o solo hay delincuentes. Los grupos armados cada vez son más híbridos, ejercen la gobernanza local o nacional, lo que se llama la gobernanza criminal, aunque no tengan idearios políticos muy claros y sin duda alguna, también otros ejércitos históricos han visto la necesidad de introducirse en el narco para sostenerse. No son guerras puras en términos de actores, sino que hay muchas circunstancias híbridas. Yo creo que las negociaciones con ambos grupos son fundamentales. Porque nos contribuye sin duda al tema del desarme.

Negociar el desarme sin transformaciones estructurales es un descalabro. Hicimos una negociación en el 2016 con la guerrilla más importante de América Latina, las antiguas FARC y siete años después repetimos, no en las mismas dimensiones, pero estamos otra vez con grandes problemas de seguridad asociados a las armas. Desarmar para no transformar la realidad, tampoco es una buena fórmula porque no permite que haya cambios estructurales, profundos.

Desarmar para no transformar la realidad, no es una buena fórmula porque no permite que haya cambios estructurales, profundos

En este gobierno ha sido difícil porque ha habido una enorme oposición a que se toquen esas estructuras históricas, de privilegios, de sectores que han dominado la política, el poder en todos sus escenarios. No les gusta que se cambie esa realidad, que se toquen esos privilegios, para que las comunidades, los territorios, los pueblos indígenas excluidos históricamente en la construcción de la nación se incluyan. Esto ha dificultado mucho el ejercicio de gobernar. Pero vamos haciendo la tarea. Transformaciones que son necesarias y que están haciendo su trámite en el congreso, con enormes dificultades, pero que van avanzando. Otras que no pasan por el congreso, como la reforma agraria. Colombia ya tiene poco más de 200 mil hectáreas compradas en todo el país, este gobierno ha hecho más que cualquier otro en términos de reforma agraria. Estamos en el camino de hacer dos cosas, negociaciones y las transformaciones que requieren el país. De las negociaciones saldrán otras cosas innovadoras, que sumen, siempre y cuando podamos hacer cambios estructurales profundos, como la estructura de la tenencia de la tierra, una de las más concentradas del mundo.

Cierro con un mensaje, cuando fui comisionada de la Comisión de la Verdad, después de escuchar a mujeres y personas lgtbiq+, víctimas del conflicto armado, reconocimos que este proceso no se puede hacer sin lo que hicieron las mujeres. Lo que hicieron las mujeres durante la guerra y lo siguen haciendo, como sacar a sus hijos de la guerra, la soberanía alimentaria, la resistencia profunda, nos ha dado un acumulado fundamental para conseguir cualquier cambio, cualquier transformación. Las mujeres sostuvieron al país durante la guerra y creo que tienen unos importantes aportes que hacer para la paz y la transformación.


Fuente: El Salto

noviembre 13, 2023

Mozambique. Las mujeres que democratizan las democracias

En Mozambique, la participación en el espacio político sigue siendo un desafío que ahora encarnan jóvenes, en unión con otras mujeres del continente, y con las redes sociales como herramienta clave


Votación en Maputo (Mozambique), en una foto de archivo.FERHAT MOMADE (AP)


Hace algunas semanas participé como oradora en el Fórum Internacional de la Democracia participativa en África, que se celebró en Maputo. Me invitaron para hablar sobre el liderazgo de las mujeres jóvenes e inicialmente pensé en declinar la invitación. Soy presentadora y productora del programa de televisión Nós Mulheres (Nosotras mujeres) en la televisión de Mozambique, y gracias este trabajo he seguido de cerca el liderazgo de jóvenes y mujeres que gracias a su militancia y activismo logran ampliar la participación política. Por eso, pensándolo bien, acepté la invitación y quise enfocarme en la forma en que las mujeres están contribuyendo a democratizar la democracia en Mozambique y tal vez en África.

En este sentido, comencé citando a Mary Wallstonecraft, escritora inglesa que en 1792 publicó el libro Una reivindicación por los derechos de la mujer. En el contexto de la Revolución Francesa, a partir de la cual los hombres se tornaron ciudadanos con derechos, excluyendo a las mujeres, Wallstonecraft afirmaba que las mujeres tenían que tener el derecho de participar en la vida política. En pleno siglo XVIII, cuando las mujeres aún no tenían derecho a votar (el primer país en concederlo fue Nueva Zelanda, en 1893, es decir, un siglo después), Wallstonecraft creía que solo con una participación activa en la política podría transformarse la vida de las mujeres.

¿Por qué esta escritora reivindicaba este derecho? Porque en cualquier democracia participativa, la participación política es el valor número uno. Y cuando se habla de participación política, no estamos hablando únicamente de votar. Hay muchas maneras de participar en la vida política: a través de asociaciones, movimientos, organizaciones de la sociedad civil, manifestaciones, presión sobre los dirigentes, debate sobre los acontecimientos políticos...

En estos 10 años de andadura de Nós Mulheres he visto a mozambiqueñas que fortalecen la conciencia ciudadana y su ejercicio, ampliando la base de la participación política, con acciones individuales y colectivas. Recuerdo, por ejemplo, las manifestaciones de las comerciantes del mercado del pescado en Maputo y a una mujer postrada frente a los agentes de policía que llegaron para impedir la protesta, que repetía: “¿Yo no tengo derechos?”. Puede parecer banal e incluso insignificante, pero para aquellos que militan por los derechos humanos esa pregunta significaba que en el país estaba brotando la semilla de la conciencia de la ciudadanía.

En estos 10 años, he podido ver también la aprobación de dos leyes que contribuyeron a mejorar la calidad de vida de las mujeres de Mozambique: una que criminaliza la violencia doméstica y otra que penaliza los matrimonios a edades tempranas. Son dos leyes que surgen de iniciativas femeninas. Siempre alerta, las mujeres también se pronuncian si hay algún intento de privarles de derechos ya adquiridos, porque las amenazas son constantes y las obligan a estar siempre alerta.

Esto me lleva a recordar a la filósofa y activista estadounidense Angela Davis, cuando dice que “la libertad es una lucha permanente”. En este foro internacional de democracia participativa, el expresidente de mi país, Joaquim Chissano, afirmó que la democracia implica la libertad de expresarse libremente. Es un derecho fundamental, reflejado en la mayoría de constituciones, pero ese derecho siempre está en la cuerda floja.

En este aspecto, las mozambiqueñas han sido heroicas. Herederas de las luchas de los movimientos de derechos humanos, luchas que han traspasado los siglos, luchas inacabadas cuyo resultado se ha visto postergado tantas veces, estas mujeres han mostrado ser conscientes de la necesidad de no deponer las armas. En este momento, las redes sociales son uno de sus mayores campos de batalla. Las jóvenes las utilizan a su favor, en ellas se sienten libres de expresarse abiertamente, se asumen como feministas y reivindican sus prerrogativas ciudadanas. Siempre que ven sus derechos en la cuerda floja, asumen una posición activa y participan en protestas, conferencias o movimientos que terminan ejerciendo presión sobre nuestros dirigentes, se ponen del lado de los grupos oprimidos y van poco a poco democratizando nuestra democracia, tornándola más participativa. Haciendo justamente lo que dice Angela Davis: “Es preciso hacer avanzar una democracia para todos, desarrollarla, democratizarla”.

Creo que es justamente por esa necesidad de democratizar la democracia que algunos países africanos decidieron celebrar el foro al que me refiero en esta tribuna. En este sentido, Davis sugiere que fomentemos las relaciones entre todos los movimientos y luchas actuales, lo que el filósofo mozambiqueño Severino Ngoenha llama “unidad más allá de la geografía”. Unidad más allá de dónde estamos, para coordinar formas de avanzar de nuestras sociedades democráticas. Para mí, estar unidos en ese foro significó asumir esa necesidad de estar juntos más allá del lugar de donde estemos.

En mayo de 2022, las africanas ya dieron este paso de “unidad más allá de la geografía” y crearon una red de jóvenes líderes africanas, un excelente paso en este proceso de lucha constante por la libertad de expresión, que permite a las mujeres la participación política y que pasa necesariamente por democratizar nuestras democracias. Bravo a las mujeres de mi país y del continente.

Por Eva Trinidade
Fuente: El País

Elecciones de Zimbabue ampliaron la brecha de género en la política



Las participación de mujeres en las elecciones generales de agosto de 2023 en Zimbabue quedó muy mermada y la mayoría quedó reducida al papel de animadoras de las candidaturas de varones. Imagen: Farai Shawn Matiashe / IPS


Las recientes elecciones en Zimbabue han puesto en evidencia la debilidad de las políticas de género tanto a nivel de partidos políticos como de gobierno, ya que las mujeres fueron dejadas de lado a pesar de que constituyen más de la mitad de los 6,5 millones de electores.

Zimbabue celebró sus comicios presidenciales, legislativos y municipales los días 23 y 24 de agosto.

Solo 22 mujeres resultaron elegidas para los 210 escaños de la Asamblea Nacional, de las 70 que se presentaron frente a 637 candidatos masculinos, según el Centro de Recursos Electorales.

El número de mujeres que compitieron por los escaños de la Asamblea Nacional muestra un descenso en comparación con las anteriores elecciones de 2018, en las que el número de mujeres que compitieron contra hombres fue de 14 %.

En las elecciones de 2023, el número total de mujeres fue de 11 %.

Las 22 mujeres que fueron debidamente elegidas como diputadas representan un escaso 10 por ciento de las mujeres en la Asamblea Nacional, lo que significa que solo 30 % de las mujeres que compitieron ganaron, según la Academia de Mujeres para el Liderazgo y la Excelencia Política (Walpe, en inglés).

Esta cifra ha caído desde las 25 mujeres, el 11,9 %, que obtuvieron escaños en las elecciones de 2018.

«Hay una falta de voluntad política por parte de nuestros líderes políticos para promover la igualdad de género», afirmó a IPS la directora ejecutiva de Walpe, Sitabile Dewa.

A su juicio, «el entorno político en Zimbabue se caracteriza por la violencia, el patriarcado, el miedo, el acoso y la marginación de las mujeres en los procesos electorales”.

“Estos desafíos son algunos de los principales impedimentos para que las mujeres asciendan a puestos de liderazgo en todos los niveles de gobierno del país», añadió.

Dewa dijo que para que Zimbabue cierre la brecha de género, los líderes de los partidos políticos deben hablar de igualdad nivelando genuina y sinceramente el campo electoral para permitir que las mujeres, las jóvenes y las discapacitadas participen libre, activa y plenamente como candidatas y votantes.

Como ejemplo de prácticas patriarcales negativas, hace poco se hizo viral un vídeo en el que un activista del partido gobernante, la Unión Nacional Africana (Zanu PF), utilizaba nombres despectivos para referirse a Judith Tobaiwa, candidata por Kwekwe Central, una circunscripción situada a 215 kilómetros de Harare, la capital de Zimbabue.

El elevado coste de las tasas de inscripción también supuso un obstáculo para muchas mujeres que deseaban ser candidatas.

En las elecciones generales de 2023, la Comisión Electoral de Zimbabue elevó las tasas de nominación más allá del alcance de muchas mujeres que ya están en desventaja económica en comparación con sus homólogos masculinos en el país.

Las candidatas presidenciales pagaron 20 000 dólares estadounidenses, mientras que las parlamentarias desembolsaron 1000 dólares y 100 dólares las candidatas a concejales.

En cambio, en 2018, los candidatos presidenciales pagaron 1000 dólares, mientras que los legisladores pagaron 50 dólares.

Linda Masarira, del partido opositor Laboristas, Economistas y Demócratas Africanos, es una de las dos aspirantes a la presidencia que este año tuvo dificultades para reunir los 20 000 dólares de tasas de nominación exigidos por la Comisión Electoral.

Mientras que los escaños para la Asamblea Nacional se repartieron entre la opositora Coalición de Ciudadanos por el Cambio (CCC) y el Zanu PF, los de los partidos más pequeños y las candidatas que se presentaron como independientes no consiguieron ningún escaño en las urnas, lo que muestra las dificultades fuera de los principales partidos políticos.

Todas estas cifras están por debajo del umbral mínimo de 30 % establecido en la Declaración sobre Género y Desarrollo de la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional (SADC) de 1997, la Constitución de Zimbabue y el 5 Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, que pretende promover la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas.

Además, entre los 11 candidatos a la presidencia no hubo en los comicios de agosto ninguna mujer, después que Masarira y otra aspirante fueron bloqueadas por la Comisión electoral por cuestiones técnicas vinculadas al supuesto retraso en el pago de las tasas de nominación.

Oficialmente, el actual presidente, Emmerson Mnangagwa, de Zanu PF, seguirá en el poder tras obtener 52,6 % de los votos, frente a su mayor rival, Nelson Chamisa, de la CCC, que obtuvo 44 %.

Pero la oposición ha rechazado los resultados, que se han visto empañadas por la intimidación de los votantes, el retraso de las papeletas en bastiones opositores como Harare y Bulawayo, las dos principales ciudades del país, y el fraude del organismo electoral a favor del partido gobernante, el Zanu PF.

Múltiples informes de observadores, incluida la SADC, declararon las elecciones no creíbles, no libres y no justas.

El reelegido presidente solo ha nombrado a seis mujeres de los 26 puestos en el nuevo gabinete, designado en septiembre, lo que equivale a 23 % del consejo de ministros.

«Va a ser una tarea colosal para Zimbabue alcanzar el equilibrio de género de 50 %, tal y como consagra la Constitución», indica Masarira.

Según la especialista, esto se debe a que el país carece de una «Ley de Igualdad de Género que haga operativos» algunos artículos de la Constitución.

«En segundo lugar, hay una aplicación selectiva de la Constitución por parte de los partidos políticos y del propio gobierno, especialmente cuando se trata de cuestiones relacionadas con el equilibrio de género, la igualdad de género y la no discriminación», afirma Masarira.

Kembo Mohadi, el vicepresidente que se vio obligado a dimitir en 2021 por un escándalo sexual, recuperó su lugar de principal aliado de Mnangagwa.

Se filtraron a los medios de comunicación locales supuestas llamadas grabadas de Mohadi solicitando sexo a mujeres que estaban casadas y eran sus subordinadas. Mohadi no ha sido acusado de ningún delito sexual y ha desmentido el audio afirmando que fue víctima de un complot político y de una clonación de voz.

«Es evidente que a Mnangagwa no le molestan los escándalos sexuales de Mohadi ni de nadie», afirma Gladys Hlatywayo, alta representante de la opositora CCC. «De hecho, siempre hemos sabido que los escándalos sexuales nunca fueron la razón por la que se vio obligado a dimitir y que fueron una mera tapadera de un motivo político», añade en entrevista con IPS.

“El mensaje que envía Mnangagwa al volver a nombrar a Mohadi es que no le importan en absoluto los derechos de las mujeres», dice.

Además, aduce, Mnangagwa manda un mensaje claro con el nuevo nombramiento de Mohadi como vicepresidente, sobre que no está dispuesto a considerar el bienestar de las mujeres.

El nombramiento de Mohadi, es una medida “que apesta para todas las sobrevivientes de abusos sexuales cometidos por los hombres” y resalta que para el más alto cargo del país “los derechos de las mujeres no tengan importancia», afirma Hlatywayo.

«El cargo de vicepresidente exige los más altos niveles de integridad y probidad moral por parte de quienes lo ejercen», asegura.

La Constitución de Zimbabue de 2013 introdujo un sistema de cuotas femeninas, reservando 60 de los 270 escaños legislativos para las mujeres.

Esta disposición de representación proporcional, que expiraba en 2023, se prorrogó dos ciclos electorales más mediante una enmienda introducida en la Constitución por el régimen de Mnangagwa el año pasado.

Algunas mujeres prefieren estos escaños de representación proporcional a los disputados en las urnas.

Dewa afirma que es necesaria una revisión completa del actual sistema electoral para promover la igualdad de género en la política.

«Hay que cambiar el sistema de votación electoral, del sistema mayoritario al de la representación proporcional, con una lista en formato cebra (o cremallera, que alterna a varones y mujeres), ya que así se garantiza la igualdad de género. Los ciudadanos deben votar a partidos políticos, no a individuos, ya que esto también aísla a las mujeres de la violencia política y la compra de votos», afirma.

Fuente: IPS

febrero 21, 2021

Faith Pashile, la niña que fue la excepción dentro de la tribu masai


Esta mujer de 33 años sentó las bases de su lucha en 2016, tras la agresión y violación por parte de nueve hombres a una viuda, madre de cuatro hijos, en la aldea donde pasó su niñez

Faith Pashile.

Faith Pashile es una joven de 33 años, licenciada en Sociología por la Universidad de Moi, Kenia, que trabaja para su gobierno, ayudando a empresas kenianas a internacionalizarse. Hasta aquí nada distinto a lo que una joven de su generación podría ser o hacer, si no fuera porque Faith pertenece a la tribu masai, una sociedad patriarcal de cría de ganado, en la que las opiniones, los inquietudes y voz de las mujeres continúan siendo silenciadas en numerosas ocasiones.

Su tribu lleva una vida nómada, por lo que, de niña, tuvo que dedicar buena parte de su tiempo a pastorear el ganado, compaginando esta actividad con la escuela. Su pasión era aprender, aunque la mayoría de las niñas con las que se crió sólo pudieron hacerlo unos pocos años.

“He visto cómo la mayoría de mis amigas se han casado con hombres cualesquiera, que pedían su mano a sus familias cuando ellas sólo tenían entre 12 y 15 años. La mayoría de ellas pronto se quedaron embarazadas. El matrimonio infantil precoz y concertado hace que las niñas abandonen la educación, teniendo altas probabilidades de entrar en un círculo de abuso y violencia. En mi clase de primaria, solo tres de las 11 niñas llegamos a secundaria y de ellas solo dos alcanzamos la universidad. Soy consciente de que soy una auténtica privilegiada por no sucumbir a la pobreza y a una presión familiar y cultural insoportable”.

Faith fue una excepción. A pesar de que su difunto padre era agricultor y nunca estudió, creía en la educación para sus hijos e hijas. Sin embargo, su vida ha discurrido entre esa dicotomía del respeto a los valores de su cultura y el enfrentamiento a las tradiciones que perjudicaban a las niñas y a las mujeres, algo que le ha exigido un altísimo esfuerzo.

"A pesar de las trabas, logré ir pasando de curso. Ir a una universidad lejana, cuando era una joven de una comunidad rural minoritaria, que anteriormente solo había estado expuesta a su cultura de pastoreo, fue una etapa de choque cultural y aprendizaje intenso en mi vida: de repente me encontré siendo una minoría entre las personas de otras tribus, países, sociedades y culturas".

La vivencia con otras realidades, le obligó a reflexionar sobre su identidad y opiniones culturales aprendidas, incluso enfrentándose a ellas, abriéndose así nuevos caminos.

"Mi comunidad masai, si bien tiene un alto orgullo de pertenencia a nuestra hermosa cultura, se ha quedado atrás en la consideración y el respeto hacia las mujeres, especialmente en ofrecer mejores oportunidades de vida para las niñas. El número de niñas que acceden a la escuela sigue siendo muy bajo en comparación con los niños, y otras tribus, y la mutilación genital femenina, los embarazos de adolescentes y los matrimonios precoces son prácticas generalizadas".

Un momento clave para ella se produjo en 2016, cuando una viuda, madre de cuatro hijos, de la aldea donde ella pasó su niñez, fue agredida y violada por nueve hombres. Una agresión que le costó la vida a la mujer y que hizo que Faith sentara las bases de su lucha.

"Me uní a los jóvenes de la aldea, hombres y mujeres. Organizamos manifestaciones y forzamos a las autoridades a buscar justicia para la mujer y su familia. Nuestras demandas y el uso de la publicidad en los medios de comunicación, obligaron a la policía a exhumar el cuerpo para realizar una autopsia y arrestar a los sospechosos. Tal violencia contra el género más vulnerable en mi comunidad, me hizo aventurarme y crear la ONG Wanawake Kenya CBO para proteger a las mujeres".

Su trabajo por la igualdad comenzó entonces desarrollando, junto con otras personas de su comunidad, un programa de tutoría comunitaria, por el que, a través de la educación, se empodera a las niñas masai, con el objetivo de mejorar sus vidas.

"Visitamos escuelas y pueblos y hablamos con los jóvenes, especialmente con las niñas, sobre la premisa de que la educación, cambia la vida. Hablamos de malas prácticas culturales (mutilación genital femenina, matrimonio infantil). Les enseñamos habilidades de crecimiento personal, dándoles consejos sobre cómo aumentar la autoestima y desarrollar una buena comunicación y habilidades de manejo del estrés".

Fuente: El País

febrero 24, 2020

«Referencias biográficas para un feminismo afrocentrado», por Aída Bueno



Las redes de mujeres que comenzaron a organizarse en los barracones de esclavos para alimentar, a la vez, el cuerpo y la esperanza de libertad, continúan en el presente luchando contra la dominación colonial, cuya expresión renovada tiene como punto de apoyo el racismo de siglos y la pretendida superioridad de la civilización occidental.

Las mujeres afrodescendientes han recorrido un largo camino emancipatorio, enfrentándose a sucesivos modos de opresión: se revelaron ante el secuestro de sus familias, resistieron en los barcos negreros, lucharon contra el proyecto deshumanizador esclavista, fueron sometidas a todo tipo de torturas y litigaron para comprar sus propios cuerpos, vendidos durante siglos de trata.

El eurocentrismo comprometió —quizás irremediablemente— la capacidad de Occidente para dialogar en igualdad con otras culturas y su capacidad de abrirse a otros horizontes mentales y de creencias igualmente valiosas para dotar de sentido la existencia humana. Sin embargo, cada mujer afrodescendiente que reconstruyó los lazos de parentesco rotos por el secuestro y el traslado forzoso o que fundó y lideró una comunidad constituye una referencia no solo epistemológica sino espiritual, que orienta la (otra) praxis feminista. Borrar de la historia estos nombres que son parte de la historia y genealogía del feminismo no occidental es perder curtidas experiencias de emancipación radical, hecho que solo beneficia al poder imperial-colonial y esclavista devenido en Estado democrático.

Aída Esther Bueno Sarduy (Cuba), realizadora de cine documental, doctora en Antropología Social y Cultural, experta en estudios avanzados sobre Relaciones Raciales y Cultura Negra y especialista en las culturas de la diáspora africana y el liderazgo femenino en el Xangô de Recife. Actualmente investiga sobre acciones de libertad emprendidas por mujeres esclavizadas ante los tribunales de justicia de Pernambuco (Brasil) a finales del siglo XIX. Desde 1999 trabaja de profesora en diferentes programas de las universidades estadounidenses NYU, Middlebury College, BU, Hamilton College y Stanford.

Durante este encuentro la ponente comparte con el público el estreno en España de su cortometraje documental Guillermina (Cuba, 2019. 17’) sobre los recuerdos de un niño blanco acerca de la mujer negra que lo crio en su primera infancia. Una historia de gran sensibilidad y belleza que también muestra sin concesiones la dureza que subyace a esta proximidad, mientras cuestiona por qué la intimidad no ha sido capaz de imponerse al prejuicio. Guillermina se estrenó mundialmente en el festival de cine de Nueva Orleans.

  • Fecha: Martes, 25 de febrero de 2020, 19.00 – 20.30 h
  • Lugar: Auditorio, La Casa Encendida. Ronda de Valencia, 2, 28012. Madrid.
  • Precio: Entrada libre hasta completar aforo.

Fuente: AMG

diciembre 30, 2019

Mujeres en los movimientos sociales africanos


Tres mujeres explican su visión como activistas dentro de los movimientos sociales Y’en a Marre, LUCHA y Balai Citoyen.

Denise Sow, activista del movimiento senegalés Y'en a marre PEPA ROSELLÓ

Tres mujeres, tres países, tres contextos muy diferentes y tres maneras de entender el activismo. Todas ellas firmemente involucradas en el cambio social y político en sus países. Una de ellas es Denise Sow, nacida en Kaolack (Senegal), cofundadora del movimiento social senegalés “Y’en a Marre” (¡Ya estamos hartos!). La segunda es Rebecca Kabugho, nacida en Goma (RD Congo), militante del movimiento congoleño LUCHA (acrónimo de “Lutte pour le Changement”). La última de ellas es Stéphanie Bationo, nacida en Ouagadougou y residente en París desde los 12 años, militante del movimiento burkinés “Le Balai citoyen” (la escoba ciudadana). 

Ellas hablarán sobre sus respectivos movimientos sociales, en qué contexto nacieron y qué buscan conseguir a través de sus acciones. Asimismo compartirán sus experiencias y reflexiones sobre el camino hacia la transformación social y democrática de sus países. Pero sobre todo lo harán sobre qué significa ser mujer y activista dentro de un movimiento social africano, qué dificultades han experimentado por serlo, y cómo ven su presente y futuro en la lucha. 

UNA SOCIEDAD MOVILIZADA: Y’EN A MARRE, LUCHA Y BALAI CITOYEN 

Y’en a Marre nace en 2011 en Dakar, Senegal. Se formó gracias a periodistas, raperos y graffiteros, cansados de la situación política y económica de su país. Sus denuncias empezaron tras los recurrentes cortes de luz, pero sus reivindicaciones pasaron rápidamente a tratar temas como el desempleo juvenil, el ineficaz sistema sanitario, los problemas de la educación pública y la corrupción.

Denise Sow, militante del movimiento desde su formación, comenta que querían crear algo que uniera a los senegaleses para combatir conjuntamente. Este “era el momento de tomar el destino en nuestras manos y cambiar las cosas”, añade. Su primer contacto con la política fue a través de Y'en a Marre, ya que “el resto de movimientos y partidos políticos no me representaban, siempre repetían los mismos discursos y nunca cambiaba nada”. 

El primer contacto con la política de Denise Sow fue a través de Y'en a Marre: “el resto de movimientos y partidos no me representaban, siempre repetían los mismos discursos y nunca cambiaba nada”

El 18 de enero de 2011 Y’en a Marre se presentaba en público en la plaza del Souvenir, en Dakar. Sow señala que “fue el día de su creación cuando me convencí de que ese era mi sitio, junto con periodistas y artistas comprometidos”. Asegura que no lo hizo tanto por sí misma sino por las generaciones futuras, ya que “no quería que ellos viviesen lo mismo que yo he vivido: más de 30 años sin que nada cambiase, siempre con los mismos problemas y sin ninguna solución”. 

En los últimos meses, Y’en a Marre ha creado un observatorio de la democracia y de la nueva gobernanza, donde quieren atraer a jóvenes a la política. También han organizado talleres de formación para ayudarlos a crear sus propias asociaciones y garantizar su autonomía económica. 

Otro de los movimientos sociales más activos en África es LUCHA, nacido en 2012 en Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte. Se definen como un movimiento ciudadano, no violento y no partidista que lucha por el cambio social y político en la República Democrática del Congo. 

Sus primeras acciones se centran en la denuncia por la falta de agua y de electricidad en Goma. Rebecca Kabugho, militante de LUCHA desde que tenía 19 años, define su país como un lugar donde ‘‘no hay justicia, no hay libertad de expresión; no tenemos ni agua ni electricidad”. Y eso a pesar de que “la RD Congo es un país rico con lagos, cascadas y recursos naturales’’, añade la activista. En este contexto, LUCHA nace de las manos de un grupo de jóvenes indignados, que buscaban otras mecanismos para exigir cambios y poder expresarse libremente. 

En la actualidad, LUCHA centra sus esfuerzos en conseguir la gratuidad de la educación primaria o en mejorar la condiciones del servicio de telefonía móvil. 

Rebecca Kabugho del colectivo LUCHA ARNAU QUINQUILLÀ

Balai Citoyen se fundó en 2013 en Ouagadougou, capital de Burkina Faso, por parte de dos artistas, el cantante de reggae Sams'K The Jah y el rapero Serge Bambara ("Smockey"). Pero no fue hasta 2014 que tomó vuelo como movimiento. Su principal objetivo era evitar la reforma del Art. 37 de la Constitución, que permitiría al por aquel entonces presidente Blaise Compaoré presentarse a su reelección. 

Stéphanie Bationo explica que Balai Citoyen fue creado para garantizar la alternancia política ya que “estábamos hartas, llevábamos 27 años con el mismo presidente en el poder”. Y añade que después de todos estos años el país “se encuentra en un estado lamentable. No hay justicia social, y la escuela es un desastre. Por no hablar del sistema sanitario”. 

Estando en París decidió unirse a Balai Citoyen, donde difundían la realidad política del movimiento y de Burkina Faso a Francia y al resto del mundo. Desde la diáspora las redes sociales ocupan un papel fundamental, y según la activista “la insurrección funcionó porque había redes sociales y gente movilizada para difundir la información”. 

Actualmente sus esfuerzos están enfocados de cara a las elecciones de 2020: “Desde París queremos sensibilizar y concienciar a la gente para que vote” comenta Bationo, y añade que “tenemos que votar bien, no podemos volver atrás”. 

SER ACTIVISTA Y MUJER EN EL CONTEXTO AFRICANO 

Cuando se les pregunta sobre el significado de ser activista y mujer en un movimiento social africano las voces se vuelven disonantes. Por un lado, Bationo cree que el hecho de ser mujer dificulta en gran medida la práctica política, que considera muy masculinizada. Pero eso no significa que las mujeres estén apartadas del debate político, sino todo lo contrario: la mujer burkinesa ocupa el centro de la vida en todas sus formas. “Ellas lo hacen todo: son las que trabajan, las que van al mercado, las que cuidan a los niños, etc. Sin embargo, siempre han estado involucradas políticamente. Es el marido el que da la cara, pero es la mujer la que habla”, afirma. Esto conlleva que las mujeres que toman la palabra en el contexto burkinés lo hagan excepcionalmente y las que son portavoces acostumbran a tener personalidades fuertes. 

Bationo reconoce que la realidad en Francia es muy diferente, allí tiene menos dificultades para hablar en público. No obstante, su condición de mujer negra en la diáspora tampoco es fácil: “por un lado ser activista y mujer ya es especial, pero el hecho de ser mujer, negra y activista es mucho más complicado.” 

Partiendo de un contexto y visión muy diferentes, Denise Sow (Y’en a Marre) considera que la mujer senegalesa goza de igualdad de género en la mayoría de ámbitos, también en el movimiento social que integra. Sow es miembro del noyau dur (núcleo duro, en francés), espacio donde se debaten y organizan las acciones futuras. Sow afirma que en el noyau dur siempre se ha tenido en cuenta su punto de vista, así como el del resto de mujeres que lo conforman. De hecho, el movimiento lo constituyen un buen número de mujeres que lo representan dentro y fuera del país. En definitiva, la activista no duda en que “el hombre no es superior a la mujer en el movimiento, todos estamos en pie de igualdad: no hay distinción entre mujeres y hombres”. 


Stéphanie Bationo de Balai Citoyen PEPA ROSELLÓ

Sow no duda que su organización no es una excepción dentro de la sociedad senegalesa, ya que esta es “sinónimo de igualdad en todos los sentidos”, y añade: “Quizás hubo una época en que la mujer se quedaba cuidando del hogar, sin poder trabajar. Pero hoy en día no es así: la mujer senegalesa es siempre respetada”. Para la activista la lucha feminista es una cuestión superada: “No veo ninguna razón para ser feminista ya que no puedo reclamar los derechos que ya tengo”. “La mujer ya tiene la palabra, la mujer ya tiene sus derechos garantizados, la mujer ya tiene su igualdad y paridad garantizada”, puntualiza. 

Más alineada con Bationo, Kabugho de LUCHA considera que la situación de las mujeres activistas en la RD Congo es muy complicada, en que ambos sustantivos tienen un gran peso y juntos multiplican las dificultades. Por un lado, cualquier activista en la RD Congo tiene que hacer frente a “la presión familiar, a las amenazas de los servicios de seguridad, a la represión violenta, a las detenciones arbitrarias y a la tortura física y psicológica”. Por el otro lado, las mujeres que se unen al movimiento reciben “las amenazas relacionadas con el género, la percepción cultural errónea de que las mujeres tienen su lugar en la cocina y el énfasis en que las mujeres aporten en la cama y no en cambiar su país”. 

Respecto a las acciones que organizan cada movimiento en defensa de la mujer, Sow señala que desde Ye’n a Marre no se realiza ninguna lucha específica “sino que nos centramos en las luchas de todos, sean mujeres, hombres o niños”. 

Bationo comenta que mientras desde París no hacen acciones específicas en defensa de los derechos de las mujeres, en Burkina Faso se llevan a cabo pequeñas acciones para apoyarlas en su vida diaria.

A pesar de las dificultades que experimentan las mujeres burkinesas cuando ocupan el espacio político, ellas fueron las primeras en salir a protestar durante las manifestaciones del 2014 

A pesar de las dificultades que experimentan las mujeres burkinesas cuando ocupan el espacio político, ellas fueron las primeras en salir a protestar durante las manifestaciones del 2014. Marcharon con su spatula —un utensilio básico en cualquier cocina burkinesa— que representa “un símbolo fuerte del poder de las mujeres, ya que si te tocan con él ya no eres hombres en absoluto”—explica Bationo. Muchos jóvenes se unieron al movimiento al ver a sus madres protestar. 

Kabugho explica que en LUCHA la mayoría de acciones por la liberación de la mujer se dirigen a romper estereotipos sobre ellas. En Goma, su ciudad, se centran también en garantizar su seguridad ya que “muchas mujeres son víctimas de abusos y violaciones cuando van lejos en busca del agua”. Kabugho ve como una prioridad personal “defender los derechos de las mujeres, en particular las que están en prisión”. 

Sobre la importancia de la participación de las mujeres en la lucha, Sow envía un mensaje claro: “nosotras haremos nuestros deberes recordándote que vives en este presente y que debes decidir: tomar el destino con tus manos o dejar que tus hijos vivan en la pobreza”. Bationo, por su lado, anima a sus compañeras a salir y les recuerda que no tengan miedo, que “aunque estemos equivocadas, salgamos a luchar… Por lo menos aprenderemos juntas”. 

Kabugho cree que las mujeres son esenciales en la lucha y les anima a que participen no solo desde la calle, sino también desde el arte o la música. Ella piensa que las mujeres y los hombres cambiarán juntos la RD Congo, y añade que “los dos tenemos puntos fuertes y débiles, juntos nos complementamos y somos más fuertes”. 

Juntas o por sí mismas las mujeres juegan (y jugarán) un papel fundamental en el cambio social y político del África, en este largo camino que hay que andar. Y es que el cambio es un proceso largo y necesario, como nos lo recuerda Sow: “Cuando se planta un baobab se necesita tiempo para que crezca y dé frutos. Pero no seremos nosotros quienes los comamos, sino nuestros hijos: depende de nosotros que nos sacrifiquemos por ello”.

Fuente: El Salto

diciembre 15, 2019

Patricia McFadden “Orgullosamente mujer negra, feminista radical y que no hace concesiones»


Profesora Patricia McFadden – Foto: Tina Krüger/Aguacheiro Multimedia

La académica independiente y activista, Patricia McFadden, fue la encargada de abrir la ceremonia de lanzamiento del 14ª Congreso Mundos de Mujeres, realizado el pasado viernes 6 de diciembre, en el Aula Magna de la Facultad de Medicina, Universidad Eduardo Mondlane (UEM). Donde habló sobre el tema del MM2020: “Feminismos africanos- Construyendo alternativas para las mujeres y el mundo, a través de la experiencia de los saberes de los cuidados y las resistencias”.

Así McFaden comienza su discurso con la pregunta ¿por qué este momento es tan importante para las libertades de las mujeres y el futuro de nuestro mundo? ¿no es una retórica?. En que asegura que la realización del MM2020 “es un momento cúspide para la re-imaginar y re-hacer un mundo nuevo y diferente, un ideal que tenemos construido a lo largo de muchos siglos de resistencia y que celebramos, como mujeres, que amamos nuestras libertades y que nos amamos a nosotras mismas”, porque la esencia del feminismo reside justo ahí: “en mujeres que se aman”.

También ve al MM2020 como parte de un momento crucial que estamos viviendo las mujeres en diferentes parte del mundo, para desarrollar discusiones, ideas, debates y sueños con los que nos vamos a involucrar los próximos meses, para imaginar, compartir, discutir, abrazarnos y que desencadenará una fuerza vital dentro del Congreso Mundos de Mujeres, forjando una plataforma de resistencia y de celebración, que marque un hito de nuestra historia y un futuro con nosotras.

Asimismo, es importante resaltar que una de las mayores contribuciones del discurso de McFadden, es su autodeclaración de ser “orgullosamente mujer negra, feminista radical que no hace concesiones” y que ama cada parte de su ser radical. Y que vincula, al finalizar su discurso con la esencia del mensaje del MM2020:

“Somos las que hemos estado esperando, resistamos con todas nuestras fuerzas y derrumbemos los sistemas, lenguajes, prácticas, instituciones, hábitos, miedos, intimidación y humillación de ser mujeres patriarcalizadas, y demos el paso a nuestro presente futuro, usando nuestra solidaridad y poder como mujeres radicales, para transformarnos a nosotras mismas y nuestros mundos”

  • Lea Aquí la nota completa de la exposición de la activista y académica Patricia Mc Fadden, quien ha sido Profesora y Directora de varios Departamentos, en diferentes Universidades en África y Estados Unidos.


Traducción: Daniela Andrade Zubia

agosto 28, 2019

Las activistas africanas reclaman un internet libre de violencia contra las mujeres

El entorno digital se mueve entre un nuevo espacio para que las mujeres reclamen sus derechos o un lugar en el que se reproducen las viejas discriminaciones.



Un estudio de la ONG Internet Sans Frontières (ISF) revela que más del 45% de las usuarias de internet en África central y occidental se han tenido que enfrentar a alguna forma de violencia mientras utilizaban las redes sociales. La misma encuesta va un paso más allá y pone de manifiesto que, en casi un tercio de los casos, esas experiencias han supuesto un impacto negativo en la forma de usar Facebook o Twitter. Frente a esta evidencia, algunas ciberactivistas, defensoras de los derechos de las mujeres en las redes, recuerdan que internet puede servir para conquistar nuevos espacios de reivindicación, pero también para replicar algunas formas de discriminación recurrentes en el mundo presencial.

“Algunas mujeres nos han explicado que no usan internet porque lo consideraban un entorno peligroso, no suficientemente seguro para ellas; que habían tenido alguna mala experiencia que les había disuadido. Hay una relación directa entre la sensación de seguridad y las ganas que podemos tener de usar herramientas como las redes sociales”, explica Julie Owono, abogada y activista camerunesa que dirige la organización Internet Sans Frontières. Otras mujeres de todo el continente africano que destacan por su defensa de los derechos de las mujeres y por su actividad en las redes comparten esa experiencia y coinciden en que las diferentes manifestaciones digitales de esa violencia desmotivan a las mujeres y les alejan de una herramienta que podría aumentar su poder. “Para mi, internet es una herramienta”, señala la senegambiana Aisha Dabó, miembro destacada de la red de ciberactivistas Africtivistes. “Si no eres libre para explorar una herramienta, porque no sabes a qué nivel de violencia te vas a tener que enfrentar, entonces las capacidades y las posibilidades que tú podrías tener quedan limitadas”, añade.

Según los datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU, por sus siglas en inglés), África subsahariana es la única región del mundo en donde la brecha digital de género se ha incrementado desde 2013 y en la actualidad las mujeres usuarias de internet son un 25% menos numerosas que los hombres. World Wide Web Foundation realizó en 2016 una auditoría sobre esa brecha de género en diez países, cinco de los cuales estaban situados en África subsahariana, para conocer más detalles sobre esta forma de discriminación y alcanzó conclusiones importantes respecto a las causas: “La investigación también mostró las causas fundamentales de esta división de género: los altos costos, la falta de conocimientos técnicos, la escasez de contenido relevante y empoderador para las mujeres, y las barreras que impiden que las mujeres puedan hablar libremente y de manera privada en línea”. Como alertan las activistas, un internet hostil desmotiva a las mujeres y eso se traduce en que “las mujeres tienen la mitad de probabilidades que los hombres para acceder al servicio en línea y entre un 30% y un 50% menos probabilidades de usar internet para el empoderamiento económico y político”, según el mismo estudio.

Esa agresividad tiene múltiples caras. Desde Ciudad del Cabo, Ingrid Brudvig, responsable de Políticas de Género de la fundación de Tim Berners-Lee, creador de la web, hace un breve repertorio de la violencia de género digital: “Expresiones de odio, amenazas directas de violencia física o sexual, hostigamiento y acoso, difusión de información falsa con fines de difamación o doxxing [difusión pública de información privada], entre otros actos de violencia”. Julie Owono explica la macabra intencionalidad de esta última modalidad de acoso: “Hay grupos que de manera organizada extraen de internet los datos personales de una víctima y coordinadamente los utilizan para llamarle o escribirle amenazándola, o incluso haciendo públicos en las redes datos como la dirección, por ejemplo, para que otros se sumen a la campaña o que los puedan utilizar para hacerle daño”. Otras activistas coinciden en añadir a esta lista el “porno de venganza”, que, por ejemplo, la activista beninesa conocida como Mylène Flicka considera creciente. “Se trata de situaciones en las que antiguas parejas con las que se han compartido fotos de desnudos las publican en las redes cuando la relación se ha acabado para ofender; o amigos o amigas que han tenido acceso a esos contenidos y los difunden para humillar a la protagonista”, detalla Dabó.

Esta forma de acoso digital se hace especialmente visible cuando afecta a personas conocidas y salta a los medios de comunicación convencionales. Ocurrió en los casos de la modelo Judith Heard y de la cantante Desire Luzinda, ambas ugandesas. La primera fue incluso detenida por difusión de pornografía cuando unas fotos íntimas fueron compartidas sin su consentimiento. O en el de Abibauna popular concursante de un reality marfileño. El colmo de la discriminación es que, como denuncia una investigación sobre Uganda y Malawi, en muchos países la pornografía está penada, pero no el “porno de venganza”, por lo que, además de humillada, la víctima es perseguida legalmente. Ante el aumento del fenómeno, en Sudáfrica, por ejemplo, se intentan arbitrar mecanismos legales.

Las activistas también recuerdan que, además de generar la inseguridad que desanima a las mujeres a “armarse” digitalmente, a menudo estos mecanismos de violencia son utilizados para silenciar voces críticas. “Los ataques en línea, a menudo, se dirigen a personas que están rompiendo los estereotipos de género y que son activos en la vida pública”, señala Brudvig. Owono comenta que la experiencia de ISF muestra que los objetivos de los ataques más coordinados y organizados acostumbran a ser “mujeres que tienen una voz pública, por ejemplo, periodistas o investigadoras”. “Cuando una mujer muestra opiniones rotundas, sobre todo opiniones políticas o que cuestionan ciertos principios socialmente aceptados, se puede encontrar con que otros usuarios le hostiguen, que le insulten, que le contesten con ataques personales”, completa Dabó.

Para la activista Twasiima Patricia Bigirwa, la voluntad que motiva toda esta hostilidad está muy clara: “Muchas de estas formas de violencia están relacionadas con la idea de 'recordar o de enseñar a las mujeres cuál es su lugar', así que reproducen la violencia que enfrentan las mujeres en el mundo que está fuera de Internet y reflejan los países misóginos en los que vivimos”. Para esta feminista ugandesa, el entorno digital agrava el clima de violencia hacia las mujeres “por la sensación de distancia y anonimato que tienen las personas cuando están en las redes”.

Precisamente ese es el riesgo para la mayor parte de estas activistas. Que Internet, en vez de ser una herramienta de reivindicación para las mujeres africanas, reproduzca las dinámicas de otros espacios de discriminación. “Lo que nuestras investigaciones muestran es que las opiniones patriarcales que se imponen en la sociedad se están traduciendo en el entorno digital. Si no se aborda esta deriva, corremos el riesgo de que la tecnología alimente la desigualdad de género del sistema”, advierte Brudvig.

Ellas mismas reclaman diferentes formas de hacer frente a esa amenaza. A través de legislación que acabe con la impunidad y castigue esos comportamientos violentos, por supuesto, pero las activistas apuntan a otras formas más diversas de atacar el problema. “Los gobiernos deben fortalecer los derechos digitales de los ciudadanos mediante leyes de privacidad y protección de datos más estrictas”, apunta Brudvig, quien matiza que, en algunos lugares en los que hay legislación, no hay mecanismos para ejecutarla. Por ello precisa que las autoridades deben “defender su responsabilidad ante los derechos de las mujeres asegurando que las leyes existentes sobre la violencia de género se apliquen efectivamente en contextos digitales, entendidos como lugares en los que la violencia se comete a través de la tecnología”. Y, finalmente, señala que “los gobiernos deben comprometerse a capacitar a los funcionarios y líderes comunitarios para responder a la violencia de género en línea e invertir en campañas nacionales a gran escala sobre la ciudadanía digital”.

Mylène Flicka también apuesta por combinar la legislación y los mecanismos para aplicarla con la sensibilización, pero menciona igualmente la responsabilidad de las plataformas de redes sociales. “A menudo, su reacción a las ciberviolencias es muy lenta. Tienen que ofrecer otras soluciones más directas que la posibilidad de bloquear a un usuario, tienen que identificar a los autores de esa violencia. En este sentido, su intervención ahora mismo es insuficiente”, señala la activista beninesa. Y Owono precisa esta misma responsabilidad de las empresas que hay detrás de las redes sociales. “No quiere decir que Internet Sans Frontières esté a favor del final del anonimato, pero es necesario que haya mecanismos para que el anonimato pueda levantarse con garantías de respeto de los derechos, a través de autoridades judiciales independientes”, señala esta abogada camerunesa. La directora de ISF reclama a esas plataformas más proactividad: “Que no estén siempre en la reacción cuando el problema se plantea. De la misma manera que invierten mucho dinero en el diseño de la experiencia de usuario, que entiendan que dentro de esa experiencia de usuario también esta la sensación de seguridad frente a la violencia contra las mujeres. Que inviertan en fórmulas para impedir que el acoso sea la norma o para evitar que los usuarios, concretamente las mujeres, puedan ser víctimas de cualquier tipo de violencia de género”.

E, igualmente, hay otra línea de trabajo que apela a la solidaridad y el apoyo mutuo. La misma Owono la apunta cuando reivindica el papel de la sociedad civil para sensibilizar y garantizar la conciencia de la protección de la intimidad y los datos personales. Aisha Dabó apunta la posibilidad de trabajar en la creación de herramientas digitales que faciliten esa solidaridad: “Puede hacerse de diferentes maneras, pero sería posible construir redes de mujeres, e incluso de hombres, que ayuden a defender a las usuarias que sufren ese acoso, que respondan con diferentes formas de contraataques, pero también que ofrezcan a las víctimas la posibilidad de lanzar alertas y recibir consejos sobre cómo actuar ante esa violencia”. Dabó también recuerda que, cuando se asiste a uno de esos ataques en las redes, es necesario intervenir “aunque te arriesgues a que los insultos giren hacia ti”. La activista ugandesa Twasiima Patricia Bigirwa lo aborda de forma directa cuando recuerda que “es más difícil intentar avergonzar o acosar a una mujer cuando otra mujer está dispuesta a ayudarla a defenderse y a luchar con ella”. Y aunque se muestra algo reticente insiste en que “es necesario continuar empujando, porque últimamente muchas más actitudes se han vuelto inaceptables, así que es importante mantener esa línea”

Fuente: El Salto

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in