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junio 07, 2026

La distribución del tiempo: el próximo reto de la igualdad


En la última semana se han puesto sobre la mesa tres conflictos sociales aparentemente distintos que, en realidad, comparten un disparador común: la distribución del tiempo. En Baleares, el Govern ha destinado ayudas económicas y de horas para facilitar la conciliación familiar dentro las empresas. En Galicia las familias se ha quejado del desgaste emocional que suponen los cuidados y cómo el envejecimiento de la población convierte a los cuidados en una cuestión pública y, en La Rioja, las trabajadoras de las residencias han denunciado la falta de personal y la dificultad para garantizar su descanso. Las tres noticias rebelan un mismo problema: la carga de tiempo recae sobre determinadas personas, mayoritariamente mujeres, que están asumiendo un trabajo extra donde el sistema no llega.

La mayoría de las políticas de igualdad se han centrado hasta ahora en dos grandes objetivos: garantizar los derechos y reducir las diferencias económicas. La brecha salarial, por ejemplo, refleja la desigualdad entre hombres y mujeres a la hora de tener las mismas oportunidades laborales, ser promocionadas o acceder a puestos directivos, pero no repara en la otra cara de la misma moneda: la desigualdad en el acceso al tiempo.

No todas las personas disfrutamos de las mismas horas para formarnos, descansar, participar en la cultura y la política, hacer deporte, desarrollar proyectos personales o simplemente tener ocio. Y esa desigualdad tiene un fuerte componente de género, ya que los cuidados recaen más sobre las mujeres. Según datos citados en El Parlamento, las mujeres dedican 17 horas semanales más que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, lo que equivale a dos jornadas laborales, o de formación o de ocio.

En España, un estudio realizado por EAE Business School a finales de 2025 afirmaba que el 70,2% de las excedencias por cuidados las solicitan mujeres, el 16,5% de las mujeres trabaja a tiempo parcial debido a responsabilidades familiares, frente al 3,4% de los hombres y el 47% de las mujeres declara que la maternidad ha afectado a su carrera profesional, frente al 8% de los hombres.

Políticas de igualdad orientadas a redistribuir el tiempo

Observando esta variable, que está íntimamente ligada a la desigualdad económica y a la falta efectiva de derechos, las administraciones publicas podrían poner en marcha estrategias para medir y combatir la pobreza de tiempo. No planteándolas como ayudas puntuales a las personas que asumen una carga extra de cuidados, sino planteándolas como un reto público necesario para lograr la igualdad y el bienestar de toda la sociedad. Para ello sería necesario estudiar y medir esas diferencias de gestión del tiempo entre hombres y mujeres y situar los cuidados en un lugar central.

También sería conveniente proponer medidas concretas que puedan liberar a las mujeres de asumir esas cargas. Ampliando, por ejemplo, el acceso a escuelas infantiles de 0 a 3 años. Ofreciendo más servicios públicos de cuidados para mayores y personas dependientes y otorgando más incentivos para los permisos de paternidad.

Poder disponer con libertad de nuestro tiempo, al igual que nuestros compañeros, también es necesario para lograr la igualdad real.

Fuente: Artículo14

mayo 02, 2026

La pobreza del tiempo



Queridas todas, ya extrañaba escribir estas líneas, es más, lo necesitaba.

Hoy quiero charlar con ustedes sobre 2 condiciones a las que debemos prestar especial atención. «La carga mental y «la pobreza del tiempo» con el que contamos para realizar todas las actividades, algunas que no podemos evadir, que son nuestras, con la posibilidad de revisar ¿Qué actividades «me auto-asigno» y solo me generan ansiedad y estress.

Con lo que respecta a la carga mental ¿No se sienten excesivamente agobiadas, todo lo que de pronto «surge» y que sentimos que no podemos postergar?. Vayamos con calma.

Ese «estar exhaustas» es la respuesta lógica a una estructura que se sostiene sobre el trabajo no remunerado, todas las tareas del hogar, la carga de los cuidados a infancias y personas enfermas y todo el sostenimiento del hogar.

Yo me he cuestionado: ¿Soy muy resiliente o verdaderamente ya me automaticé?

Habla de las RRSS debe ser un ejercicio serio, responsable y sobre todo, debe hacerse desde distintas perspectivas. Yo le daré el abordaje personal. Analizo mi vida y mi relación con las RRSS.

Definitivamente yo requiero comunicar, soy política, debo mandar mensajes adecuados y posicionar agenda. Pero, además soy «Presidenta de la @rednacionaldemujeresdefensoras» y eso me implica usar las siguientes Redes:

Whatsapp, un chat nacional y 30 chats estatales Facebook mi cuenta personal, la cuenta de la Red y un grupo de mujeres víctimas de violencia, en el que damos estrategias de prevención

Instagram mi cuenta personal y la cuenta de la Red Página web de la Red. Correos electrónicos 2 personales y uno de la Red

¡¡Uff!!, de solo escribirlos, ya estoy exhausta.

Además, atiendo a mi familia, amo estar con mis nietas y nietos, con mi hijo y mis hijas, con mi mamá, quiero pasar tiempo con mis amigas, por supuesto, aseo de la casa, preparación de alimentos, mi ropa, el aseo de mi espacio personal, entre otras más.

Mi TRABAJO es en verdad fantástico, por un lado, tengo el honor de encabezar un proyecto denominado “ESCUELA DE MUJERES POLÍTICAS MEXICANAS”, tenemos clases todos los sábados y eso me requiere invertir tiempo para presentar a las alumnas, un espacio de desaprendizaje, formación, adquisición de herramientas, crecimiento personal y fortalecimiento de su liderazgo.

No puedo dejar de mencionar que mi salud es muy importante, ya que hace poco me realizaron una necfrectomía parcial en mi riñón derecho, por lo que aprendí una lección, primero mi salud.

Ahora, creo que es importante hablar del 2ndo. tema que les mencioné: «La pobreza del tiempo», solo cuento con 12 horas para dividirlas, y priorizar qué debo hacer, ¿cuándo, cómo y con quién? Aquí abro un paréntesis, amo relacionarme y trabajar con compañeras que vibren bonito, que construyan que amen la vida.

Definitivamente las redes sociales son una herramienta de comunicación y solo para eso las uso, ya no tengo tiempo para «la grilla”, no uso mi valioso tiempo para iniciar procesos de destrucción contra nadie, sigo buscando el equilibrio entre lo urgente, lo que debo hacer porque no hay otra opción y HACER SOLO LO QUE ME HACE FELIZ.

Y tú ¿Cómo te sientes con la pobreza del tiempo y el exceso de tareas por realizar?

¿Qué tanto tiempo dedicas a tus redes sociales y para qué las usas?

Definitivamente los cambios culturales deben consolidarse, la repartición equitativa del trabajo doméstico no puede esperar, la construcción de acuerdos familiares, deben ser prioridad y revisar si aún no somos presas de aplicaciones y RRSS que nos atrapan de tal manera, que literal, nos roban el sueño y si ya lo somos, tomar decisiones y cambiar de hábitos sería muy valioso e importante.

Gracias por leerme, no olvides que es importante ser feliz y vivir en paz.

Fuente: La Costilla Rota

marzo 25, 2026

OIT: Largas jornadas y sobrecarga de cuidados profundizan desigualdades en América Latina

El nuevo informe técnico de la OIT Cono Sur analiza evidencia de siete países de América Latina y muestra cómo las encuestas de uso del tiempo permiten comprender mejor la relación entre jornada laboral, cuidados, traslados y bienestar, aportando insumos clave para el diseño de políticas laborales y de igualdad de género.




Tiempo de trabajo y bienestar: aportes de las encuestas de uso del tiempo al análisis del mercado laboral en América Latina


La Oficina de la OIT para el Cono Sur presentó el informe técnico “Tiempo de trabajo y bienestar: aportes de las encuestas de uso del tiempo al análisis del mercado laboral en América Latina”, que analiza evidencia de siete países de la región y entrega nuevos insumos para el debate sobre jornada laboral, cuidados y bienestar.

El estudio recalca la importancia de incorporar información de las Encuestas de Uso del Tiempo (EUT) en el debate del tiempo de trabajo. A partir de los datos más recientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay y Uruguay, muestra cómo estas encuestas permiten comprender no solo cuánto se trabaja, sino también cómo se distribuye el tiempo entre empleo, tareas domésticas, cuidados, traslados y ocio según distintas características demográficas y socioeconómicas.

“El tiempo es un recurso limitado y su distribución tiene efectos directos en la calidad de vida. Cuando aumentan las horas de trabajo remunerado, disminuye el tiempo disponible para el descanso, el cuidado y la vida personal”, afirmó Sonia Gontero, Especialista en Salarios y Tiempo de Trabajo de la OIT Cono Sur.

Largas jornadas y extensos traslados

El informe muestra que en América Latina el tiempo destinado al trabajo remunerado sigue siendo elevado, especialmente entre los hombres. A esto se suman largos tiempos de traslado en las grandes ciudades, que reducen aún más el tiempo disponible para otras actividades y afectan el bienestar físico y emocional de las personas trabajadoras.

En la región no solo trabajamos muchas horas, sino que además dedicamos largos períodos a trasladarnos. Esto tiene impactos en salud, productividad y conciliación. La organización del tiempo de trabajo y la mejora de los servicios públicos de transporte, son elementos clave del debate sobre trabajo decente.Sonia Gontero, OIT Cono Sur

“En la región no solo trabajamos muchas horas, sino que además dedicamos largos períodos a trasladarnos. Esto tiene impactos en salud, productividad y conciliación. La organización del tiempo de trabajo, la mejora de los servicios públicos de transporte y de infraestructura vial, son elementos clave del debate sobre trabajo decente”, señaló Gontero.
Distribución desigual del trabajo no remunerado

Uno de los principales hallazgos del estudio es la persistencia de brechas de género en el uso del tiempo. Las mujeres continúan asumiendo una proporción significativamente mayor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

“La evidencia es clara: incluso las mujeres que trabajan a jornada completa dedican muchas más horas al trabajo no remunerado, lo que a su vez limita sus oportunidades laborales, la disponibilidad de tiempo para formación y desarrollo profesional y profundiza desigualdades”, explicó la especialista.
Pobreza de tiempo y bienestar

El documento también aborda el concepto de “pobreza de tiempo”, es decir, la falta de horas suficientes para el descanso, el ocio o el autocuidado debido a cargas excesivas de trabajo. Las estimaciones para la región muestran que esta situación afecta con mayor intensidad a mujeres y a hogares de menores ingresos, lo que resalta la necesidad de coordinar políticas de organización del tiempo de trabajo y de cuidados para redistribuir el tiempo y reducir desigualdades. 

Además, el análisis incorpora información sobre satisfacción con el uso del tiempo y conciliación entre vida laboral y personal, evidenciando que extensas jornadas laborales reducen la percepción de bienestar. Esto demuestra que “el equilibrio entre el tiempo dedicado a distintas actividades es un determinante esencial del bienestar integral de los trabajadores y, por ende, de su rendimiento en el ámbito laboral, un aspecto de suma importancia para la competitividad de las empresas”.

Evidencia para políticas públicas

Para la OIT, las encuestas de uso del tiempo constituyen un complemento clave de las estadísticas laborales tradicionales, ya que permiten integrar en una misma medición el trabajo remunerado y el no remunerado, así como el tiempo destinado a traslados y actividades personales.

“Medir el tiempo destinado a distintas actividades permite diseñar políticas que integren diversas áreas. Si queremos avanzar en igualdad de género, productividad y bienestar, necesitamos entender cómo se organiza la jornada en la vida real de las personas”, concluyó Gontero.

Medir el tiempo destinado a distintas actividades permite diseñar políticas que integren diversas áreas. Si queremos avanzar en igualdad de género, productividad y bienestar, necesitamos entender cómo se organiza la jornada en la vida real de las personas.Sonia Gontero, OIT Cono Sur

En un contexto regional marcado por debates sobre el tiempo de trabajo, sistemas de cuidados y conciliación, el informe aporta evidencia técnica para fortalecer políticas orientadas a una distribución más equilibrada del tiempo y a la promoción del trabajo decente en América Latina.

Fuente: OIT

diciembre 04, 2025

La jornada de 40 horas avanza y México enfrenta su brecha en cuidados

 La transición hacia la jornada de 40 horas ya está en marcha, pero sin políticas de cuidado el tiempo liberado podría convertirse en más carga para las mujeres. Patricia Mercado explica por qué la justicia de tiempo es el verdadero debate.




El gobierno de Claudia Sheinbaum dio el primer paso para una de las reformas laborales más esperadas: la transición hacia la jornada semanal de 40 horas. Los lineamientos, presentados este 3 de diciembre, plantean una implementación gradual entre 2027 y 2030. El anuncio abrió de nuevo una discusión importante, porque en un país donde las mujeres cargan con la mayor parte del cuidado, el tiempo que se libere podría convertirse en más trabajo para ellas si no se crean políticas que las apoyen.

Durante la conferencia matutina, el secretario del Trabajo, Marath Bolaños, explicó que la reducción será de dos horas por año, hasta llegar a las 40 horas en enero de 2030, es decir, al final del sexenio de Sheinbaum. El 2026 funcionará como un año de transición para que las empresas y las personas trabajadoras se ajusten. La iniciativa establece que no podrán reducirse salarios ni prestaciones, y refuerza la prohibición de que menores de edad trabajen horas extra. 


Sheinbaum insistió en que la gradualidad busca darle certidumbre al sector privado y sostuvo que la reducción de la jornada no implica costos adicionales significativos para las empresas. Bolaños añadió que la evidencia internacional muestra que semanas laborales más cortas pueden traducirse en mayor productividad, mejor salud, cohesión social y equilibrio vida-trabajo.


Cuando el tiempo no alcanza: las mujeres y la “pobreza de tiempo”

Aunque la reforma promete mejorar la calidad de vida laboral, llega en un país donde millones de mujeres viven en lo que economistas feministas llaman “pobreza de tiempo”: la falta de tiempo propio debido a la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Los datos lo confirman:

Las mujeres en México dedican 40 horas semanales al cuidado no remunerado. Los hombres, solo 16 (ENUT 2022).
Y el dato más revelador: 14.8 millones de personas están excluidas de un empleo remunerado por hacerse cargo del cuidado en sus hogares; más del 95% son mujeres (ENOE 2025).


En este contexto, no es evidente que una jornada más corta signifique más libertad para ellas.

“No queremos las 40 horas para que las mujeres cuiden más”

En entrevista con La Cadera de Eva, la diputada de Movimiento Ciudadano Patricia Mercado señala que la reducción de la jornada laboral solo será justa si avanza junto con políticas de cuidado.

“No queremos las 40 horas para que las mujeres cuiden más. La idea es que tengan vida personal, formación, entretenimiento… que regresen al trabajo en mejores condiciones” (Patricia Mercado, diputada)

La diputada advirtió que, si el país no crea una red pública de cuidados, las mujeres terminarán ocupando las horas liberadas en las mismas tareas que hoy las sobrecargan. Consideró que, en esos casos, ellas podrían dejar de estar en la empresa, pero no necesariamente liberar tiempo para sí mismas.

Mercado señala que la clave está en la corresponsabilidad familiar, social y del Estado. Eso implica inversión pública en infraestructura de cuidados: escuelas de tiempo completo hasta las cinco o seis de la tarde, casas de día para personas adultas mayores, y servicios comunitarios que permitan redistribuir el tiempo.

El Sistema Nacional de Cuidados: la pieza que falta

Mercado retoma un concepto clave de la economía feminista: la “justicia de tiempo”, que plantea que las personas deben tener la libertad real de decidir en qué usar el tiempo que se libera. Este principio contrasta directamente con la “pobreza de tiempo”, una forma de desigualdad que limita oportunidades y capacidades porque no existe margen para distribuir el tiempo entre distintas actividades.

La pobreza de tiempo afecta especialmente a quienes no cuentan con horas suficientes para descansar, estudiar, trabajar, participar en la vida social o simplemente tener ocio, debido a la carga excesiva de trabajo remunerado y, sobre todo, no remunerado.

En México, son las mujeres quienes más la padecen: según la ENUT 2022, las mujeres destinan en promedio 40 horas semanales a cuidados, frente a 16 horas en el caso de los hombres.

“El tiempo también es riqueza y está mal distribuido. Tenemos que entrarle al mismo tiempo a la justicia de tiempo que a la justicia social con las 40 horas y con las políticas de cuidado” (Patricia Mercado, diputada)

La diputada explica que la jornada reducida podría incluso animar a más mujeres a incorporarse al empleo formal, donde hoy muchas están ausentes porque la carga de cuidados las empuja a la informalidad.

Aunque el gobierno de Sheinbaum prometió la creación del Sistema Nacional de Cuidados (SNC). El panorama es complejo. La secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández ha reconocido que no se lograra consolidar este sexenio. Con la jornada de 40 horas prevista hacia el final del gobierno de Sheinbaum, la falta de esta infraestructura limita su impacto y deja abierto el riesgo de que el tiempo liberado siga recayendo sobre las mujeres.

Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) calcula que un SNC robusto podría elevar las posibilidades de que mujeres de bajos recursos salgan de la pobreza del 37% al 68%. 

De acuerdo con el INEGI, el trabajo de cuidados no remunerado representa, además, el 26% del PIB del país, aunque históricamente se ha sostenido sin reconocimiento ni inversión pública.

Las dudas: gradualidad, Pymes y costos

Mercado cuestiona que la implementación de la jornada laboral de 40 horas pueda alargarse hasta 2030: “Cinco años es muchísimo para la vida de la gente", dice. 

La diputada también se opone a la posibilidad de dejar fuera a las pequeñas y medianas empresas de esta obligación. Argumenta que, aunque las Pymes representan el 90% del tejido empresarial del país y suelen tener menos recursos, los derechos laborales no deben variar según el tamaño de la empresa. Para ella, permitir excepciones abriría la puerta a que una parte importante de la fuerza laboral quede fuera de los beneficios de la reducción de la jornada, algo que califica como inaceptable.

Desde el sector empresarial, la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Concanaco) informó este 3 de diciembre que la iniciativa de la jornada laboral dejó pendiente el subsidio a las horas extras a partir de la hora 41 y advirtió que, si no se implementa dicho subsidio, el costo adicional anual por trabajador podría superar los 65 mil pesos, afectando la capacidad de generar y mantener empleos.

Ante esto, la Concanaco propone que el costo de las horas extras se comparta entre el empleador y el Estado, especialmente para apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) que representan más del 75% de los negocios familiares formales en México.

Una reforma histórica… si el tiempo se reparte de verdad

La reducción de la jornada a 40 horas abre una oportunidad real para mejorar la vida de las personas trabajadoras. Pero, como advierte Mercado, el reto es que ese tiempo liberado no recaiga otra vez sobre los hombros de las mujeres.

Sin un Sistema Nacional de Cuidados sólido y políticas que redistribuyan la carga, la reforma corre el riesgo de reproducir la desigualdad.

La promesa, al final, es clara: un país donde el tiempo como la riqueza se comparta.

Fuente: La Cadera de Eva

marzo 26, 2024

Las mujeres trabajadoras son más pobres en tiempo y eso afecta a su salud

La escasez de horas disponibles para actividades personales y de ocio después de atender el trabajo remunerado y no remunerado es más frecuente en ellas. Esto se asocia con una peor salud mental, mala calidad de sueño y baja actividad física.

En las mujeres, la llamada pobreza de tiempo se relaciona con una peor salud mental, mala calidad de sueño y baja actividad física. / Pixabay


Un estudio de la Agencia de Salud Pública de Barcelona ha analizado por primera vez las diferencias de género en el fenómeno de la pobreza del tiempo, así como los factores que la determinan y su impacto en la salud.

En concreto, este fenómeno hace referencia a la escasez de horas disponibles para actividades personales y de ocio debido a la cantidad desproporcionada que se dedican al trabajo remunerado y no remunerado.

Los resultados, publicados en la revista Journal of Epidemiology & Community Health, exponen que los individuos considerados pobres de tiempo son aquellos que dedican más de 67,3 horas semanales a la suma del trabajo remunerado y no remunerado, que incluye el trabajo de cuidados y doméstico.

Las personas consideradas pobres de tiempo son aquellas que dedican más de 67,3 horas semanales a la suma del trabajo remunerado y no remunerado, que incluye el trabajo de cuidados y doméstico

El análisis, realizado con datos de 713 mujeres y 695 hombres asalariados de 16 a 64 años, revela que ellas tienen más probabilidades de sufrir este hecho, lo que se relaciona con peores resultados en indicadores de salud.

Mientras que los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado, en las mujeres el tiempo de desplazamiento, el tiempo de trabajo doméstico y de cuidados, en casa y fuera de casa y el tiempo de trabajo total es más largo.

Por otro lado, el artículo apunta cómo la pobreza de tiempo aumenta significativamente en ambos sexos con el número de hijos o hijas. Esto se puede explicar, según los autores, debido a la división de género del trabajo, ya que el número de vástagos suele estar relacionado con un aumento del tiempo de trabajo remunerado entre ellos y de los trabajos domésticos y de cuidado, especialmente en ellas.
Mucho trabajo doméstico y de cuidado en ellas

En cuanto al impacto en salud, en los hombres la pobreza de tiempo no se asoció con ninguno de los indicadores analizados, mientras que en las mujeres se relacionó con una peor salud mental, poco tiempo y mala calidad de sueño y baja actividad física en el tiempo libre.

El estudio sugiere que el uso del tiempo puede ser un determinante social importante de la salud y de las desigualdades de género asociadas

Teniendo en cuenta estas cifras, el estudio sugiere que el uso del tiempo puede ser un determinante social importante de la salud y de las desigualdades de género asociadas que se explican, entre otras razones, por el desproporcionado trabajo doméstico y de cuidado entre ellas, así como por la mayor prevalencia de actividades multitarea.

“En muchas ciudades europeas la pobreza de tiempo podría reducirse con políticas que reconozcan, reduzcan y redistribuyan el trabajo de cuidados no remunerado, por ejemplo, a través de iniciativas locales para aumentar los servicios públicos asequibles y de calidad para la atención a las personas dependientes”, concluyen los autores.

Fuente: SINC 

enero 31, 2024

Desigual uso del tiempo es una barrera para la igualdad de las mujeres en Perú

La responsabilidad de alimentar a la familia, incluyendo la adquisición de los productos, su cocinado y colocación en la mesa, son parte de las tareas que en Perú se consideran un papel natural de las mujeres. Las tareas domésticas provocan un desigual uso del tiempo de las mujeres frente a los hombres. Imagen: Wálter Hupiú / IPS


Por lo menos ocho horas diarias dedica Pascuala Inga a realizar diversos trabajos por los que no recibe remuneración alguna, pero sin los cuales su familia no podría subsistir. Por ser mujer, la sociedad y su propio entorno consideran que son labores propias de su género, idea que ella también ha naturalizado.

“Yo me levanto antes de las seis de la mañana para hacer el desayuno y el almuerzo que mi hija lleva al trabajo”, contó a IPS esta mujer de 58 años que llegó hace 12 a Lima procedente del nororiental departamento de Amazonas, donde habitan 434 000 habitantes, 58 % de ellos en centros poblados rurales.

En su tierra natal, Chachapoyas, no pudo seguir estudios porque desde niña, tras la muerte de su madre, se la responsabilizó de apoyar a sus hermanos menores. A los 20 años dio a luz a su primera hija Cinthia, ahora con 38 años, a la que siguió Araceli de 36, luego Gilbert de 33 y por último Elizabeth, de 25. Nunca se casó y los dos padres de sus hijos nunca se responsabilizaron de su cuidado, que debió criar sola.

Ahora vive con su hijo varón y la hija menor, a quien los hermanos mayores ayudaron a costear sus estudios técnicos, cuando la familia se reunificó en Lima, después que los tres mayores vinieron a trabajar a la capital y seguir sus estudios, mientras ella llegó después con su hija menor.

“No se han logrado subvertir por completo los roles de género y siguen siendo las mujeres quienes asumen las labores domésticas y de cuidado no remuneradas”: Liz Meléndez.

Desde que se levanta hasta que se acuesta, son cerca de 16 horas las que Inga se encuentra en actividad, trabajando para atender las necesidades de su hogar y también generar algunos ingresos económicos con la venta de artículos tejidos que elabora.

Formada en la idea de que corresponde a las mujeres las labores de casa, se hace cargo de prácticamente todas las tareas domésticas: barrer, trapear, lavar, tender las camas, ir al mercado, cocinar y etc.

Pascuala Inga lava la ropa de la familia en una batea que instala en el baño de su pequeño departamento en el populoso municipio de San Juan de Miraflores, parte de Lima, la capital de Perú. Ella asume la casi totalidad de las tareas domésticas y de cuidados en su hogar, que da por hecho que corresponden a las mujeres. Imagen: Mariela Jara / IPS

“Mi hijo no me ayuda, no le gustan esas cosas, pero sí ordena su cuarto. Mi hija sí me apoya los sábados y domingos que no va al trabajo, ella como mujer está más preparada que un hombre para los asuntos de la casa”, comentó.

El lavado es una de las tareas más pesadas en el pequeño departamento que habitan en el municipio de San Juan de Miraflores, uno de los más populares de Lima y ubicado en la zona sur de la capital, con una población de más de 420 000 habitantes.

“Acá tenemos poco espacio, coloco una batea en la ducha del baño y allí lavo la ropa, me deja la espalda molida porque tengo que estar arrodillada en el suelo y doblada. Por eso las prendas más grandes las dejo para el fin de semana que me ayuda mi hija”, agregó, tras reconocer que contar con una lavadora es un anhelo lejano.

Cuando son las tres de la tarde y tras culminar lo que ella llama sus “tareas de mujer”, Inga se dedica a lo que considera su pasión: el tejido de rosas, llaveros, tapetes y otros artículos que vende en las calles y que le permiten un ingreso mensual de unos 120 dólares.

Es poco y no le alcanza siquiera para renovar los anteojos que necesita con urgencia, pero suma al sueldo mínimo de su hija estimado en 277 dólares. De esa forma costean sus necesidades básicas.

Actualmente, el hijo no aporta económicamente pues recientemente terminó su último trabajo como obrero de construcción. “Cuando él gana también da para la casa”, señala su madre.


Liz Meléndez, directora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, organización feminista de Perú, cuestiona que la sociedad naturalice la desigual distribución del uso del tiempo entre mujeres y hombres pues impacta negativamente en los derechos de la población femenina. Imagen: Mariela Jara / IPS

Sacando a flote una realidad

Inga se inserta en el 83 % de la población que a lo largo de su vida ha visto a las mujeres dedicarse a las tareas de cuidado en mucha mayor proporción que los hombres, según revela la encuesta de alcance nacional publicada en 2023 por el no gubernamental y feminista Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, en alianza con la internacional Oxfam y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP).

“Ese resultado es reflejo de una realidad invisibilizada que la pandemia contribuyó a sacar a flote, de que no se han logrado subvertir por completo los roles de género y que siguen siendo las mujeres quienes asumen las labores domésticas y de cuidado no remuneradas”, afirmó a IPS la directora del centro feminista, Liz Meléndez.

Explicó que al considerar la sociedad que son roles naturales de las mujeres, no se toma en cuenta el impacto negativo que tiene en sus vidas, en su desarrollo profesional y en su salud mental.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) establece este trabajo como el tiempo que las personas dedican a las tareas y provisión de servicios que permiten mantener en funcionamiento los hogares.

En ellos se incluyen preparar alimentos, lavar utensilios, asear los ambientes de la casa, además del cuidado de personas dependientes sean niñas o niños pequeños, personas adultas mayores u otras con alguna enfermedad o discapacidad.

Las luchas feministas aportaron a cuestionar el hecho de que este trabajo se asignara como una responsabilidad natural de las mujeres, por lo que en varios países se hicieron encuestas sobre el uso del tiempo para dar visibilidad a su desigual uso según género.


En Perú, la última gran encuesta realizada sobre el tema por el estatal Instituto Nacional de Estadística e Informática tiene más de 13 años. Aun así, puso en evidencia que las mujeres asumen una carga global de trabajo mayor que los hombres porque sobre ellas recae el que se efectúa sin reconocimiento económico y que se encuentra dentro del ámbito de lo privado y familiar.


Cuidar sus hortalizas en un pequeño invernadero es una de las actividades que realiza diariamente Benedicta Churo, en su finca agrícola en el poblado rural de Muñapata, en el andino departamento de Cusco, en el sur de Perú. Al trabajo agrícola, que incluye el cuidado de animales, se suman tareas en su hogar sin remuneración de las que su esposo se desentiende, como comprar lo que se necesita en la casa, cocinar, limpiar o lavar. Imagen: Mariela Jara / IPS

Mayor desigualdad en zonas rurales

El estudio mostró, además, desigualdades intra género, entre las mujeres de zonas urbanas y rurales, quienes invierten más tiempo en asegurar las tareas de cuidado debido a que sus viviendas carecen muchas veces de redes de agua y desagüe, emplean leña o bosta como combustible para preparar los alimentos y están a cargo de atender las necesidades de sus animales y cultivos.

A la semana, las mujeres del campo trabajan en promedio 10 horas adicionales a sus pares de las ciudades.

Benedicta Churo tiene 52 años y es una de ellas. Vive en el poblado rural de Muñapata, en el municipio de Quispicanchi, en el surandino departamento de Cusco.

Se levanta todos los días antes de las cuatro de la mañana para que el tiempo le alcance. “Primero doy de comer a mis cuyes (Cavia porcellus) y gallinas y luego preparo mis alimentos. Cuando mis hijos eran pequeños hacía tempranito su desayuno antes que se fuesen a la escuela, ahora ya están grandes y vivo solo con mi esposo”, relató a IPS durante una visita en enero a su comunidad.

“Con él trabajamos la chacra (finca agrícola) pero si consigue trabajitos como obrero me quedo yo sola porque sale a las cinco de la mañana. Yo limpio, cocino, corto pasto para los animales y por la tarde, cuando baja el sol, voy a ver mis hortalizas. Siempre tenemos qué hacer las mujeres”, agregó.

Hasta las 10 de la noche en que se acuesta luego de juntar agua en bidones del manante cercano junto con su esposo, han transcurrido 18 horas, muchas de ellas dedicadas al trabajo de cuidados de su hogar y sin remuneración.

Una campesina quechua de la aldea de Sachac, en el departamento peruano de Cusco, alimenta a su pequeña hija durante una actividad de capacitación a finales de 2023 en la ciudad de Cusco. Preparar los alimentos de la familia y dárselos a los hijos pequeños es una de las tareas de cuidado que la sociedad, en su mayoría, considera que son responsabilidad de las mujeres. Imagen: Mariela Jara / IPS

Urgencia de la agenda de cuidados

Meléndez, socióloga de profesión, sostuvo que las desigualdades en los cuidados son una barrera para el logro de la igualdad real en Perú, un país sudamericano con 33 millones de habitantes.

“Como institución perseguimos la igualdad sustantiva y no solo formal, son importantes los avances normativos en materia de violencia de género, por ejemplo, pero se necesita una transformación socio cultural que contribuya a situar a las mujeres en un escenario de mejores oportunidades”, remarcó.

Vinculó la permanencia de los roles tradicionales de género con la violencia a las mujeres pues opera como un mecanismo de poder y sanción cuando ellas se salen de los parámetros socialmente establecidos.

Planteó la urgencia de realizar una nueva encuesta nacional del uso del tiempo con enfoque de género para obtener cifras oficiales a gran escala que den evidencia para definir la inversión del Estado en un Sistema Nacional de Cuidados con servicios, políticas y medidas según la diversidad cultural y territorial del país.

“Promovemos que el Estado asuma una agenda de cuidados, que se apruebe una ley en ese sentido y que el derecho al cuidado sea un derecho humano. En el actual contexto de post pandemia tendría una relevancia mayor si se hubieran internalizado los aprendizajes que nos dejó”, puntualizó.


Fuente: IPS

diciembre 06, 2023

Repositorio sobre uso del tiempo de América Latina y el Caribe

Sistemas de información: transformar datos en información, información en conocimiento y conocimiento en decisión política. Eje 9 de la Estrategia de Montevideo para la Implementación de la Agenda Regional de Género en el marco del Desarrollo Sostenible hacia 2030.




El Repositorio sobre uso del tiempo de América Latina y el Caribe, creado en 2007 y administrado por el Observatorio de Igualdad de Género (OIG) de la CEPAL, alberga bases de datos, indicadores y metadatos suministrados por las oficinas estadísticas de los países con mediciones oficiales de uso del tiempo. 

A fin de favorecer la comparabilidad, las actividades en las bases de datos son armonizadas a dos dígitos a partir de la Clasificación de Actividades de Uso del Tiempo de América Latina y el Caribe (CAUTAL). Lo anterior ha permitido que el OIG realice el cálculo y seguimiento del indicador ODS 5.4.1 y otros indicadores de uso del tiempo acordados regionalmente, disponibles en la página web del OIG y en CEPALSTAT, con desagregaciones poblacionales relevantes. Este folleto condensa el estado de las mediciones e indicadores de uso del tiempo en la región, de acuerdo con el repositorio actualizado a la fecha.

abril 07, 2023

Uruguay. Las mujeres dedican 14 horas semanales más al trabajo no remunerado que los varones, según nueva encuesta sobre uso del tiempo

Natalia Reyes.
Foto: Mara Quintero

“Eso que llaman amor es trabajo no pago”, dijo una vez la filósofa y escritora feminista Silvia Federici para visibilizar una realidad que, pese a las grandes conquistas de los feminismos, todavía persiste: la carga desigual de las tareas domésticas y de cuidados que recae sobre las mujeres. Así lo refleja la tercera edición de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo y Trabajo No Remunerado, que se realizó entre noviembre de 2021 y mayo de 2022, y cuyos resultados fueron presentados la semana pasada por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Entre los principales hallazgos del estudio –que contó con el apoyo de ONU Mujeres, la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional, la Unión Europea y el Fondo de Población de las Naciones Unidas–, aparece que las mujeres dedican dos tercios de su jornada al trabajo no remunerado y un tercio al remunerado, mientras que los varones dedican dos tercios de su jornada al trabajo remunerado y un tercio al trabajo no remunerado. La asimetría de género es especialmente marcada cuando se analizan las horas que destinan mujeres y varones a las tareas domésticas que sostienen los hogares –como la limpieza o la alimentación– y al cuidado específicamente de niñas y niños de entre cero y tres años.

“Estamos en un proceso de poner en la agenda pública el hecho de que el trabajo no remunerado es un trabajo que hacemos principalmente las mujeres”, señaló la directora de Inmujeres, Mónica Bottero, durante la presentación. “Y por más que ese trabajo sea hecho con todo el cariño del mundo, tenemos que considerarlo un esfuerzo, un esfuerzo físico, psíquico, que nos toma tiempo del día, que implica que le destinemos horas de trabajo por las que no cobramos, pero que además son horas de trabajo que dejamos de usar para otras cosas: estudiar, capacitarnos, trabajar”, enfatizó, y resaltó que los movimientos feministas “hace ya al menos tres décadas empezaron a valorizar o a querer poner en valor el trabajo no remunerado”.

La economista y consultora de ONU Mujeres Soledad Salvador, que lideró el estudio, profundizó justamente en los objetivos que tiene la valorización del trabajo no remunerado. A grandes rasgos, dijo que permite “darle visibilidad y magnitud al trabajo no remunerado en el Sistema de Cuentas Nacionales y en el análisis económico”; “conocer el costo económico de suplir o realizar ese trabajo en el sistema económico actual”; y “relativizar los costos de la inversión en los sistemas de cuidados”.

Aportó otro dato crucial: hoy en día, los servicios del trabajo no remunerado representan 23,8% de los aportes al producto interno bruto (PIB) del país, según datos de la Encuesta Continua de Hogares y del Banco Central del Uruguay de 2022, lo que hace que sea el sector que más aporta en la economía.
Principales resultados

La socióloga Natalia Reyes, que integra el Sistema de Información de Género de Inmujeres, fue la encargada de presentar los principales resultados de la nueva encuesta, que, según detalló, se hizo en dos partes porque se tuvo en cuenta el calendario escolar: entre noviembre y diciembre de 2021, y de marzo a mayo de 2022. La población objetivo fueron las personas de 15 años o más, residentes en Montevideo y en localidades con más de 5.000 habitantes. El estudio abarcó una muestra de 2.986 hogares, donde viven 6.121 personas mayores de 15 años. La académica especificó que, de ese total de personas encuestadas, 3.803 respondieron sobre sus propias actividades. Esta distinción se debe a que, por primera vez, se interrogó a cada integrante del hogar mayor de 15 años (en la medida que fue logísticamente posible), a diferencia de lo que se había hecho en la última encuesta, de 2013, cuando una persona referente respondía por todo el hogar.Apoyá nuestro periodismo.

Se sumaron otras dos innovaciones. La primera es que, dado que el relevamiento se hizo cuando el país todavía estaba en contexto de emergencia sanitaria, se incorporó un módulo vinculado a la covid-19, que relevó dos aspectos: por un lado, si las personas habían sufrido modificaciones en su situación laboral; por otro, si habían disminuido sus horas de trabajo por tener que dedicárselas a las tareas de trabajo no remunerado, “específicamente a las ayudas escolares a hijas e hijos niñas, niños y adolescentes”, explicó Reyes.

La otra novedad es que el estudio incorporó esta vez “un set de preguntas sobre estereotipos o mandatos de género a la interna de los hogares y vinculadas al trabajo no remunerado” que, según dijo la socióloga, “pueden ser de gran utilidad para futuras investigaciones”.

Un primer dato relevante que arroja la encuesta es que, tanto en 2013 como en 2022, 50% del trabajo en Uruguay se realiza de manera no remunerada. “Esto significa que no se registra ni se computa de manera formal su valor a no ser que se hagan ejercicios específicos”, puntualizó Reyes.

Otro de los datos que se destaca es que las mujeres se hacen cargo de 54,8% de la carga global de trabajo –la suma de horas de trabajo remunerado más la suma de horas de trabajo no remunerado–, mientras que los varones se encargan de 45,2%. Las cifras son prácticamente idénticas en 2013 y 2022, lo que muestra que “la brecha de género en la carga global de trabajo entre varones y mujeres se mantiene, reproduciendo patrones similares en torno a la feminización de trabajo no remunerado”, apuntó la especialista.

Si se observa la carga global de trabajo dividida entre remunerado y no remunerado, surge que las mujeres dedican dos tercios de su jornada al trabajo no remunerado y un tercio al remunerado, mientras que los varones dedican dos tercios de su jornada al trabajo remunerado y un tercio al trabajo no remunerado. Esto, señaló la socióloga, “también evidencia una desigual distribución del trabajo remunerado y no remunerado entre varones y mujeres”.

Por otra parte, el análisis de la evolución de la carga global del trabajo en términos de horas refleja que, en promedio, los varones trabajan globalmente tres horas menos que las mujeres. Específicamente dentro del trabajo no remunerado, las mujeres dedican casi 14 horas más que los varones: destinan 34,4 horas en promedio, frente a 20,6 horas que destinan los varones. Esta relación no es así para el trabajo remunerado: en este caso, los varones trabajan aproximadamente ocho horas más que las mujeres (ellos dedican 43,6 horas y ellas 35,9).

Entre las actividades que componen el trabajo no remunerado, Reyes se detuvo en las horas dedicadas a las tareas domésticas y de cuidados. En esa línea, puntualizó que las mujeres dedican diez horas semanales más que los varones al trabajo doméstico (26,9 horas las mujeres, 16,3 horas los varones) y que la tasa de participación en esas actividades es de 11,7% más para las mujeres que para los varones (87,3% mujeres, 75,6% varones).

La académica destacó algunas peculiaridades vinculadas a cómo se divide el trabajo doméstico en el hogar. En particular, señaló que los varones dedican 83,1% de sus horas de trabajo no remunerado a tareas vinculadas al mantenimiento de la vivienda y las reparaciones, una labor que “está más vinculada a ‘lo masculino’, al uso de la fuerza y de herramientas”, y que implica realizar “tareas que son puntuales”. En cambio, la tendencia se revierte cuando hablamos de tareas vinculadas a la limpieza de la vivienda, el cuidado de la ropa o la preparación de alimentos, “tareas cotidianas que permiten sostener a los hogares”, y de las que se encargan principalmente las mujeres. Esto demuestra que, “a la interna de los hogares, sigue existiendo una división sexual del trabajo bastante marcada”, concluyó Reyes.

En materia de cuidados, no existen grandes diferencias en las horas dedicadas al cuidado de personas mayores de 65 años, pero sí las hay cuando se trata de niñas, niños y adolescentes. Si la información se desagrega por tramos de edad, la diferencia es todavía más notoria en el cuidado de niñas y niños de cero a tres años, en el que las mujeres dedican más del doble de horas que los varones: ellas destinan a esa tarea 16 horas semanales, mientras que ellos le dedican 7,4. “Obviamente, esto está muy vinculado a los mandatos de género y de maternidad con los que cargamos las mujeres”, puntualizó Reyes, y consideró que este es “un dato relevante” y “un insumo clave para pensar la política pública”.

De los resultados se desprende que, en general, las mujeres dedican 18 horas por semana a los cuidados, mientras que los varones les dedican 13,8, es decir, casi cinco horas menos.
Percepciones y recomendaciones

La presentación de los resultados de la encuesta contó además con un panel de expertas internacionales que analizaron la importancia de este tipo de mediciones y deslizaron algunas recomendaciones de política pública para Uruguay.

La socióloga Lucía Scuro, representante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), dijo que, con la “sociedad del cuidado” en el horizonte, los “pilares para una política efectiva e integral de cuidados” tienen que ser la universalidad, la interinstitucional y la corresponsabilidad, “no solamente entre hombres y mujeres”, sino una corresponsabilidad “donde no están sólo las familias y los hogares como las principales proveedoras, sino que están el mercado, el Estado y las comunidades, sin caer en que el espacio comunitario sea otro ámbito de reproducción de estereotipos de género y de sobrecarga de trabajo no remunerado de las mujeres”.

En tanto, la politóloga Merike Blofield, experta en América Latina en el Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales, se centró en mostrar la utilidad de este tipo de encuestas para la construcción de política pública y presentó dos recomendaciones. La primera es “analizar el uso del tiempo de las mujeres y de los hombres por clase, quintil y tipo de hogar”. De acuerdo con la académica, “con esa base” –y esta es la segunda recomendación–, “se puede diseñar políticas públicas más eficaces de servicios, de relaciones laborales, etcétera, y transferencias monetarias”, teniendo en cuenta “diferentes tipos de necesidades, dependiendo del tipo de hogar y del quintil del ingreso”.

A modo de ejemplo, señaló que, para una madre adolescente que está al frente de un hogar monomarental, “las regulaciones laborales, licencias parentales o fomentar la paternidad corresponsable en términos de cuidado, por ejemplo, no le van a hacer mucho”. En ese caso, “es muy importante promover servicios de cuidado y también iniciativas que tengan que ver con el reconocimiento paterno, hasta fortalecer las pensiones alimenticias; todo eso es importante cuando el padre no vive con sus hijos”.

Por su parte, Raquel Coello, doctora en Economía Internacional y especialista regional de Políticas de Empoderamiento Económico de ONU Mujeres, identificó dos cuestiones “fundamentales” sobre la importancia del valor que tiene el trabajo no remunerado y que, a su entender, “a veces pasan desapercibidas por no contar con un valor económico”.

La primera es que “el trabajo doméstico y de cuidados es el que permite la reproducción de la fuerza de trabajo” en el actual sistema económico. “Para estar presentes en nuestros trabajos, hemos tenido que tener cuidados sobre nosotras mismas: lavarnos y plancharnos la ropa, prepararnos los alimentos, estar emocionalmente arropados. Eso es fundamental para poder producir”, ilustró, e insistió: “El trabajo no remunerado es el que permite que el resto del círculo pueda ocurrir. No hay producción si no hay reproducción de la fuerza laboral”.

El segundo elemento que destacó es “el valor del bienestar” del trabajo doméstico y de cuidados, en tanto, como seres sociales, “dependemos” de ese trabajo “para vivir nuestras vidas cotidianas” y es lo que hace que tengamos “vidas con sentido”.

En este escenario, Coello aseguró que es “indiscutible” que “esa tremenda portación de valor no caiga sólo en las espaldas de las mujeres y, en mayor cantidad, de las mujeres pobres”. La experta dijo que este panorama “no es sólo injusto, sino que también es insostenible, porque vivimos en un mundo donde las necesidades de cuidados son cada vez más evidentes”, ya que está cada vez “más envejecido”, “más deteriorado” y es “más alarmante en términos económicos”.

Fuente: La Diaria.es

junio 18, 2018

Reunión de intercambio sobre medición del uso del tiempo en América Latina y el Caribe

El pasado 1 de junio se desarrolló en Santiago, Chile, el encuentro organizado por la División de Asuntos de Género de la CEPAL, donde junto a la iniciativa de la Fundación de Naciones Unidas, Data2X, se intercambiaron experiencias en relación con la medición del uso del tiempo en la región.

La división sexual del trabajo es uno de los nudos estructurales para alcanzar la igualdad de género, como quedó reconocido en la Estrategia de Montevideo para la Implementación de la Agenda Regional de Género en el marco del Desarrollo Sostenible hacia 2030. Para realizar avances en la injusta distribución del trabajo entre hombres y mujeres se requiere información que visibilice el fenómeno, monitoree los cambios en el tiempo y brinde insumos para la formulación de políticas públicas.

La Agenda Regional de Género, ha dado impulso a un mayor compromiso de los Gobiernos para la medición del uso del tiempo de hombres y mujeres, y para la construcción de cuentas satélites del trabajo no remunerado de los hogares (CSTNRH) que sirvan de insumos para la integración de esta esfera de la economía en el diseño de las políticas públicas. Esto ha permitido que en la actualidad 19 países de la región hayan realizado al menos una medición sobre el uso del tiempo y se encuentren en la capacidad de calcular el indicador de seguimiento de los ODS 5.4.1, Proporción de tiempo dedicado a quehaceres domésticos y cuidados no remunerados, desglosada por sexo, edad y ubicación.


Mayra Buvinic, Senior Fellow en Data2X, presentó un estudio que aborda la revisión metodológica y de políticas públicas con relación al uso de las encuestas sobre el uso del tiempo. Al finalizar las presentaciones se intercambiaron observaciones metodológicas entre las y los asistentes.

Fuente: División de Asuntos de Género, Cepal

diciembre 16, 2017

El agotamiento social de las mujeres

ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

  • En la familia, el acceso a los recursos y el reparto de los trabajos y los tiempos se dan en condiciones de desigualdad, generando conflicto, discriminación e incluso violencia
  • Las mujeres y las niñas son las responsables culturales de los cuidados, empleando un número considerable de horas al día que limita su participación en otras actividades
  • La multiactividad de tareas lleva a las mujeres al agotamiento social de sus múltiples roles sin permitirles tener tiempo para garantizarse una vida digna
La feminización de la pobreza es un hecho probado estadísticamente. Sin embargo, la brecha entre mujeres y hombres no suele ser tan abultada como podría pensarse dadas las brechas de género en empleo, renta, patrimonio, acceso al crédito o en la familia. Primero, esto tiene que ver con la forma en la que se mide la pobreza donde la familia es una unidad ausente de conflicto y discriminaciones internas. Y segundo, con la aproximación a la pobreza como una cuestión monetaria, cuando tiene un carácter multidimensional. Ambas cuestiones responden a la limitada aplicación del enfoque de género en la construcción estadística y el análisis social y económico. 

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las estadísticas sobre pobreza miden los ingresos de los hogares en su conjunto y el total se divide entre unidades de consumo asumiendo que todos los miembros disfrutan de un reparto equitativo de los recursos. Sin embargo, es importante recordar que la familia es, en palabras de Amartya Sen, un lugar de conflicto cooperativo.

Si bien es cierto que miembros de una familia sin ingresos propios se benefician del acceso a los recursos familiares estableciéndose una dinámica cooperativa, no es menos cierto que tanto el acceso a esos recursos como el reparto de los trabajos y los tiempos se dan en condiciones de desigualdad, sobre todo con relación al género o la edad, generando conflicto, discriminación e incluso violencia.

Así existen innumerables evidencias históricas y actuales de las menores calorías y proteínas a las que acceden las mujeres frente a los hombres en los hogares con bajos ingresos, o la diferente apuesta por la inversión en educación de las familias primando a los varones, o el desigual y discriminatorio reparto de los trabajos y los tiempos de las obligaciones domésticas. Son las mujeres y las niñas, las responsables culturales de esos cuidados empleando un número considerable de horas al día que limita su participación en otras actividades, incluidas las vinculadas con su educación, su participación en los asuntos de la comunidad, su propio descanso, o asegurarse los ingresos necesarios para vivir una vida libre de pobreza y exclusión social.

En segundo lugar, la pobreza es un fenómeno muy complejo en el que intervienen muchos factores interconectados, también sin expresión monetaria. Esa fue la línea abierta por Amartya Sen con su enfoque de las capacidades y la seguida por Sabina Alkire y James Foster cuando crearon el índice de pobreza multidimensional. También la estadística pública europea ha sido sensible a esa multidimensionalidad, elaborando el índice de riesgo de pobreza y exclusión social (AROPE), donde al indicador de ingresos monetarios se añaden el de baja intensidad laboral y el de privación material severa.

Para observar la pobreza es esencial no sólo analizar la cuantía de la renta, sino también tener en cuenta la riqueza, las posibilidades de consumo, la baja intensidad laboral y la incidencia del paro, los índices de desigualdad o la protección que ofrecen ante la vulnerabilidad las políticas públicas o el acceso a servicios públicos de calidad. Y aunque se suele olvidar, también hay que considerar la disponibilidad y autonomía sobre el tiempo.

De ahí que comencemos a hablar, también en las sociedades opulentas, de la “pobreza de tiempo”, definida como el hecho que comporta que algunas personas no dispongan de suficiente tiempo para descansar o acceder al ocio después de haber dedicado el tiempo requerido a sus trabajos, pagados y no pagados —los cuidados—, al estudio o a cubrir otras necesidades básicas para la vida como el cuidado personal.

La pobreza de tiempo no sólo nos permite ver qué ocurre a escala individual, sino también cuáles son las dinámicas del hogar, sobre todo en relación con las desigualdades de género. Además, la pobreza de tiempo no sólo nos permite ver la falta de tiempo y la diferencia entre los distintos individuos, sino también la intensidad del trabajo. Especialmente, la compatibilización del trabajo de cuidados con otros trabajos, que en las encuestas de empleo del tiempo aparecen como actividades secundarias. Se trata de una multiactividad de tareas que es especialmente relevante para las mujeres y que las lleva a la social depletion o agotamiento social de sus múltiples roles sin permitirles tener tiempo para garantizarse una vida digna, sobre todo cuando se combina con las otras dimensiones de la pobreza, ya que la pobreza de tiempo les impide disponer de tiempo o flexibilidad horaria para ofertar su trabajo en condiciones de garantizarse la autonomía financiera, formarse, acceder a los recursos básicos o a los mínimos cuidados que les garanticen una vida digna y saludable y plenamente integrada en sus comunidades o sociedades.

Por Lina Gálvez es catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y directora del Observatorio GEP&DO.

[Este artículo forma parte del dossier 'Género y pobreza' publicado en el número 53 de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]
Fuente: El Diario.es

diciembre 15, 2017

Paraguay presenta los resultados de la Primera Encuesta del Uso del Tiempo aplicada en el país

La encuesta, aplicada ya en 18 países de América Latina, constituye la primera en realizarse en Paraguay, con el objetivo de generar información sobre la distribución del tiempo de hombres y mujeres en actividades remuneradas, no remuneradas y personales; así como las asignaciones de tiempo desiguales, roles y funciones. La presentación se realizó en el Hotel Crowne Plaza y estuvo a cargo de la Directora de Estadísticas Sociales y Demográficas de la DGEEC, Yolanda Barrios.

Foto: ONU Mujeres

El Ministerio de la Mujer, la Secretaría Técnica de Planificación del Desarrollo Económico y Social, y la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos, presentaron los principales resultados de la Primera Encuesta sobre Uso del Tiempo, 2016. Los resultados de la Encuesta permiten valorizar el trabajo no remunerado y visibilizar la participación y el tiempo asignados a la atención de personas dependientes o que requieren cuidados, a fin de que estos datos, sean base de políticas públicas, acordes a las necesidades de la población.

En las palabras de apertura, Florence Raes, Representante de ONU Mujeres, señaló que en los últimos años, se han desarrollado diversas propuestas en torno al análisis sobre la pobreza de tiempo, y sobre los retos para incorporar el tiempo en la medición multidimensional de la pobreza en los países de la región. Manifestó que “Asegurar la inclusión de la pobreza de tiempo en el diseño e implementación de las políticas de los países, a más de 20 años de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, de Beijing, y de cara a la consecusión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) cobra cada vez más relevancia para avanzar hacia la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres”.

La Represente de ONU Mujeres refirió que a la luz de los datos arrojados por la Encuesta es necesario tener presente tres enfoques claves para generar cambios concretos a través de políticas públicas. “Primero es necesario reconocer el trabajo invisible y no remunerado que realizan hombres y mujeres. Segundo, reducir el tiempo dedicado a estas tareas, mejorando la insfraestructura a la que tienen acceso todos los hogares; y por último, redistribuir el trabajo equitativamente para que no recaiga solo en las mujeres”.

Por su parte, Ana Baiardi, Ministra de la Mujer expresó que a pesar de imaginar los resultados de la encuesta, los datos no dejan de sorprender “los números sorprenden y nos hacen apreciar en papeles el trabajo no remunerado que las mujeres realizan desde que se levantan hasta ser la última en acostarse, con la responsabilidad, nada más y nada menos de cuidar de la familia”. Señaló que ante la evidencia generada por la encuesta, las 12 instituciones del Estado deben trabajar coordinadamente para generar por primera vez una política pública de cuidados.

La aplicación de la Encuesta abarcó todo el territorio nacional, sin incluir a los departamentos de Alto Paraguay y Boquerón, cuyas poblaciones representan menos del 2% del total del país. Entre los meses de mayo a agosto de 2016, la encuesta llegó a 4.272 viviendas, de las zonas urbanas y rurales, donde se recogieron los datos de hombres y mujeres de 14 años y más años de edad que residen habitualmente en viviendas particulares.

La Encuesta se realizó en el marco del convenio de cooperación interinstitucional entre el Ministerio de Hacienda (MH) y la DGEEC, financiada por la Cooperación Técnica No Reembolsable del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En la etapa preparatoria de su realización participaron el Ministerio de la Mujer y la Unidad Técnica del Gabinete Social (UTGS) con la asistencia técnica de organismos internacionales como ONU Mujeres, la División de Asuntos de Género de la CEPAL, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXID), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Instituto Nacional de las Mujeres de México, la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional (AUCI), el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Instituto Nacional de las Mujeres de Uruguay.

Foto: ONU Mujeres


Principales resultados

Los resultados principales señalan que en promedio, la población de 14 años y más de edad invierte el 56,5% de su tiempo en actividades relacionadas con el trabajo remunerado y un 43,5% en actividades relacionadas con el trabajo no remunerado. Analizando por sexo, los hombres invierten el 74,7% de su tiempo a trabajos remunerados mientras que las mujeres dedican el 38,7%. Por otro lado, en cuanto al trabajo no remunerado, los hombres dedican un 25,3% de su tiempo ante 61,3% de las mujeres.

Trabajo remunerado: El 53,8% de las personas realiza trabajo remunerado y en promedio dedican a la semana cerca de 45,9 horas. Del total de hombres, el 65,5% declaró realizar un trabajo remunerado, dedicando a la semana en promedio 49,5 horas a dicha actividad. Por su parte, las mujeres participan en trabajos remunerados cerca del 42,2%, y le dedican un promedio semanal de 40, 4 horas.

Trabajo no remunerado: El trabajo no remunerado que investigó esta encuesta, incluye el trabajo doméstico, las actividades para otros hogares y la comunidad, el cuidado a miembros del hogar y las actividades agropecuarias exclusivamente para autoconsumo del hogar.

El 85,1% de los hombres participó en al menos una tarea relacionada con el trabajo no remunerado, dedicando en una semana cerca de 12,9 horas, mientras que las mujeres, el 93,9% declaró realizar al menos una actividad del hogar, con una carga semanal de 28,7 horas.

Trabajo doméstico no remunerado: El porcentaje de hombres y mujeres que realizó trabajos domésticos es de 82,3%, las horas semanales que dedicaron a esta labor son 12,6 horas. El 72,9% de los hombres respondió haber realizado trabajo doméstico, donde le dedican 5,3 horas semanales. Mientras que 91,6% de las mujeres realiza trabajo doméstico, con una carga horaria de 18,3 horas semanales.

Cuidado y apoyo a miembros del hogar: El 50% de las personas realizan tareas de cuidado a algún miembro del hogar, y en promedio destinan 10,6 horas en la semana.

Entre los hombres, el 42,9% realiza tareas de cuidado con una carga en promedio de 7,5 horas en la semana. Por su parte las mujeres, participan en un 57,1% en actividades de cuidados a miembros de su hogar y le dedican 12,9 horas en la semana.

Fuente: Onumujeres

septiembre 19, 2017

El tiempo de las mujeres “es político”

Para las latinoamericanas, “existe una retroalimentación entre la pobreza monetaria de sus hogares e individual y la pobreza de tiempo”, advierte la especialista, que apunta a la necesidad de información y políticas públicas para la paridad.



Para las mujeres, el tiempo no productivo, genera pobreza. Para ellas “existe una retroalimentación entre la pobreza monetaria de sus hogares e individual y la pobreza de tiempo”, dice Nieves Rico, experta de la Cepal, porque ese tiempo está dedicado a tareas por las que no cobran dinero. Y ese trabajo no remunerado de las mujeres equivale aproximadamente a un quinto del producto bruto de los ocho países que lo han medido en América latina y el Caribe.

María Nieves Rico, directora de la División de Asuntos de Género, Comisión Económica para América latina y el Caribe Cepal, habló de esto en el Seminario Internacional “Entre la medición y la acción: debates en torno al bienestar” organizado por Unicef y la Secretaría de Estado de Gestión Pública y Planeamiento del Gobierno de la provincia de Tucumán.

Rico es Antropóloga Social de la Universidad Nacional de Rosario, magíster en Sociología del Desarrollo, en Desarrollo y Administración Local y doctora en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y presentó el trabajo “Uso del tiempo y trabajo no remunerado: dimensiones invisibles del bienestar”. Luego del seminario, la experta en políticas públicas con enfoque de género y derechos humanos, respondió a algunas preguntas para este diario.

–¿Es nuevo el pensar en el bienestar de las mujeres como un derecho? ¿Cómo se ha avanzado en la conceptualización y en la mirada sobre el problema?

–Los estudios realizados desde hace por lo menos dos décadas por la academia feminista así como por organismos internacionales como la División de Asuntos de Género (DAG) de la Cepal sobre el bienestar han incorporado una perspectiva de igualdad de género, autonomía y derechos de las mujeres, avanzando en estadísticas e indicadores que muestran su situación.

A pesar de los avances y la evidencia empírica hoy disponible y los esfuerzos realizados, ha habido importantes dificultades y resistencias para que las mediciones de la pobreza, tanto monetaria como multidimensional, y el bienestar incorporen sistemáticamente un enfoque de género no solo desagregando la información por sexo, sino fundamentalmente identificando las problemáticas y discriminaciones a las que son expuestas las mujeres debido a la división sexual del trabajo, el sistema patriarcal, las barreras para acceder a recursos y a los procesos de adopción de decisiones.

–Así como lo personal es político, ¿hoy podemos decir que el tiempo es político?

–Sí. La distribución y uso del tiempo están siempre condicionados y muchas veces determinados por la actual división sexual del trabajo y la asignación de roles a mujeres y hombres, pero también por políticas públicas que pretendiendo ser neutrales y, en ocasiones universales, desconocen el trabajo doméstico y de cuidado realizado por las mujeres, su aporte a la economía y al desarrollo de los países, y la inminente necesidad de redistribuir este recurso para avanzar hacia la igualdad.

–Las encuestas del uso del tiempo son un instrumento necesario para desarrollar políticas públicas. ¿Cuál es el nudo central del problema de la división de tareas?

–La actual división sexual del trabajo y la asignación cultural casi exclusiva a las mujeres de las responsabilidades de cuidado, no sólo son injustas sino que se constituyen en una barrera para la autonomía económica de las mujeres en la medida que tienen importantes dificultades para insertarse en el mercado laboral en ocupaciones con protección social, tener ingresos propios y por lo tanto alcanzar su autonomía económica. Pero también, como lo han mostrado estudios de la Cepal, se constituye en un factor reproductor de la pobreza.

–¿Cómo se conjugan la pobreza monetaria y la falta de tiempo en la vida de las mujeres?

–Estudios realizados por la Cepal sobre las encuestas de hogares y las encuestas de uso del tiempo muestran que entre las mujeres que no tienen ingresos propios (una de cada tres a nivel regional) el tiempo destinado al trabajo no remunerado y de cuidados es superior respecto al que dedican las mujeres que sí tienen ingresos proveniente, y mucho mayor al que dedican los hombres tengan o no ingresos propios. También las mujeres pertenecientes a los primeros quintiles de la distribución dedican más tiempo al TNR que las mujeres de los otros quintiles. Notándose que en el caso de los hombres el tiempo destinado a este trabajo es casi el mismo cualquiera sea el nivel de ingreso de los hogares, mostrando un comportamiento similar independientemente si es pobre o no pobre. Entonces para las mujeres existe una retroalimentación entre la pobreza monetaria de sus hogares e individual y la pobreza de tiempo.

–Usted dice que las mujeres jóvenes que no estudian y no están ocupadas, trabajan sin cobrar. Acá algunas personas todavía hablan de los “ni-ni”…

–No nos parece acertado utilizar la denominación ni-nis porque oculta la tremenda realidad de que las mujeres jóvenes que no estudian y no están insertas en el mercado laboral están trabajando de manera no remunerada al interior de los hogares. Por eso decimos que hay jóvenes que no estudian pero trabajan sin cobrar por dicho trabajo, y esas jóvenes están también sosteniendo la economía, subvencionando a los sistemas de protección social y responsabilizándose del bienestar de sus familias, sin poder desarrollar su juventud y su potencialidad por esta responsabilidad lo que va a impactar en sus derechos y su autonomía actuales y futuros.

–El trabajo no remunerado de las mujeres equivale aproximadamente a un quinto del producto bruto de los países que lo han medido ¿cómo se hace para valorizar esto? Es decir, ¿cómo se visibiliza y se logra monetizar ese trabajo?

–La valorización del trabajo no remunerado (TNR) en el marco del Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) permite obtener una medida más precisa de lo que produce la sociedad en su conjunto, visibilizando una parte de la economía y de la producción de bienes y servicios que había permanecido oculta. Además, permite incorporar el aporte del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado al análisis macroeconómico, al diseño de políticas públicas y a la toma de decisiones. De igual modo, esta valoración sirve para comprender mejor las dinámicas económicas al interior de los hogares (entre sus miembros), así como entre hogares según su inserción en la estructura socioeconómica, y entre los hogares y el resto de la economía. Esto es fundamental para incorporar el análisis de la economía del cuidado en el funcionamiento del sistema económico. En este contexto, esta valoración es de especial importancia debido a que visibiliza la contribución a la economía que realizan las mujeres (expresada en lenguaje y moneda de intercambio tradicional) y permite abrir la discusión hacia la economía heterodoxa.


Por Sonia Santoro

septiembre 06, 2017

Fortalecer la perspectiva de género en la producción de estadísticas es fundamental para el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible


Del 6 al 8 de septiembre se desarrollará en Aguascalientes, México, el XVIII Encuentro Internacional de Estadísticas de Género, “Transversalizar el Género en la Producción, Difusión, Análisis y Uso de las Estadísticas de Género”. En esta edición se abordarán diversos temas alrededor de la producción de estadísticas de género como insumo para las políticas públicas para conseguir que ninguna mujer o niña se quede atrás.

La implementación de la Agenda 2030 requiere respuestas nacionales ambiciosas y contar con instrumentos de planificación basados en información oportuna. En este sentido resulta necesario que cada país realice un diagnóstico detallado del estado de la información existente y se plantee que para no dejar a nadie atrás se requiere de una efectiva transversalización de la perspectiva de género en todos los indicadores de seguimiento de la Agenda.

En el marco de las actividades del Grupo de Trabajo de Estadísticas de Género de la Conferencia Estadística de las Américas de la CEPAL, la División de Asuntos de Género de la CEPAL, junto al INEGI, INMUJERES y ONU Mujeres organiza una vez más este espacio en el que los países de la región reflexionan y comparten experiencias en torno a la incorporación de la perspectiva género en la producción de las estadísticas con especial énfasis en los desafíos que plantea la Agenda de Desarrollo 2030.

En este XVIII Encuentro Internacional de Estadísticas de Género se abordarán diversos temas alrededor de la producción de estadísticas de género como insumo para las políticas públicas para conseguir que ninguna mujer o niña se quede atrás. La División de Asuntos de Género de la CEPAL compartirá los avances y desafíos en la transversalización de la perspectiva de género en la producción de estadísticas e indicadores de seguimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ofreciendo una visión regional.

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in