marzo 18, 2026

CSW70: Los conflictos están agravando las barreras para la justicia de mujeres y niñas


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Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, interviene en el 70 período de sesiones de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Imagen: Evan Schneider / ONU


La 70 sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70) ha reunido a líderes mundiales, defensores de la igualdad de género y representantes de la juventud en la sede de las Naciones Unidas (ONU) para impulsar los esfuerzos destinados a fortalecer los mecanismos de justicia, igualdad y representación de las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Dado que los retos son especialmente pronunciados en las zonas de conflicto, el tema prioritario de este año —»garantizar y fortalecer el acceso a la justicia para todas las mujeres y niñas»— se centra en derogar las leyes discriminatorias y abordar las barreras estructurales persistentes que impiden que las mujeres y las niñas sean plenamente escuchadas, representadas y tratadas en igualdad de condiciones.

En la apertura de la sesión de 10 días, el 9 de marzo, la CSW adoptó sus Conclusiones Acordadas, que hacen hincapié en la necesidad de mejorar el acceso a la justicia para las mujeres y las niñas, tras una semana de animados debates entre los Estados miembros.

Durante esos debates, varios países, entre ellos Estados Unidos, Argentina, Arabia Saudí y Rusia, presentaron objeciones en las que pretendían modificar el lenguaje que apoyaba firmemente estas reformas y revisar disposiciones de acuerdos anteriores.

Estas iniciativas provocaron una fuerte reacción por parte de otros Estados miembros, que argumentaron que tales objeciones socavarían años de avances en las reformas en materia de igualdad de género. La presidenta de la CSW decidió finalmente mantener algunos elementos fundamentales de acuerdos anteriores, al tiempo que incorporaba cambios progresistas.

Cuando la Comisión se reunió para adoptar el documento final, Estados Unidos presentó iniciativas para detener estos cambios, argumentando que las disposiciones incluían cuestiones «controvertidas» e «ideológicas». Estas iniciativas fracasaron finalmente, ya que solo obtuvieron el voto de Estados Unidos. Otros Estados, entre ellos Egipto y Nigeria, pidieron que se aplazara el proceso de votación para dar tiempo a que continuaran las negociaciones.

«En un momento de fuerte retroceso en materia de derechos humanos y multilateralismo, la adopción de Conclusiones Acordadas que salvaguardan las normas de igualdad de género de larga data es una señal poderosa de que los compromisos globales siguen siendo importantes y de que los intentos de dar marcha atrás no quedarán sin respuesta», afirmó Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional.

«Aunque la pérdida del consenso es decepcionante, un texto debilitado —o la ausencia total de resultados— habría enviado una señal especialmente preocupante a las mujeres y las niñas que siguen enfrentándose a barreras para acceder a la justicia, así como a múltiples formas de discriminación que se entrecruzan», añadió.

Por ello, Callamard dijo que «en un clima marcado por la impunidad generalizada, Amnistía reitera su llamamiento a los Estados para que intensifiquen la resistencia frente a los ataques contra la justicia de género».

En la actualidad, las mujeres solo gozan de aproximadamente 64 % de los derechos legales que se conceden a los hombres, y las «leyes discriminatorias y las normas patriarcales» siguen obstaculizando el avance hacia la justicia. Estas disparidades son especialmente pronunciadas en situaciones de conflicto, donde las mujeres y las niñas se enfrentan a un mayor riesgo de sufrir violencia, desplazamiento y exclusión de la justicia, las oportunidades y la toma de decisiones.

«Nos reunimos en un momento de múltiples crisis globales, la paz se nos escapa y el mundo está extremadamente y cada vez más fragmentado. Y la desigualdad de género se ve agravada por los males de la guerra y el conflicto, desde Afganistán hasta Haití, pasando por Irán, Myanmar, Palestina, Sudán del Sur, Sudán, Siria, Ucrania, Yemen y más allá», afirmó la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Sima Bahous, durante la 70 sesión de la CSW, que concluye el jueves 19.

«Cuando se niega justicia a las mujeres y las niñas, el daño va mucho más allá de un solo caso: afecta al tejido mismo de nuestras sociedades y al buen gobierno. La confianza pública se erosiona, las instituciones pierden legitimidad y el propio Estado de derecho se debilita. Un sistema judicial que falla a la mitad de la población no puede pretender defender la justicia en absoluto», añadió.

Las protecciones legales contra la discriminación y la explotación, así como el acceso a los servicios esenciales, se están erosionando rápidamente, mientras que las defensoras de los derechos humanos son objeto de ataques cada vez más frecuentes.

Los derechos de salud sexual y reproductiva también están retrocediendo, y la ONU ha registrado un aumento de 87 % en los casos de violencia sexual relacionada con los conflictos en los últimos dos años. Las mujeres y los niños en las zonas de conflicto siguen soportando la carga más pesada de la violencia y el desplazamiento.

Actualmente, el número de mujeres y niñas que viven a menos de 50 kilómetros de un conflicto mortal se encuentra en su nivel más alto en décadas.

Con motivo de la CSW70, IPS habló con Anna, una activista ucraniana de 20 años y miembro del Grupo Asesor Global de Líderes Jóvenes de Unicef que participó en la 70 sesión de la CSW.

Esta iniciativa reúne a 14 jóvenes líderes de todo el mundo que trabajan para garantizar que las perspectivas de las mujeres y las niñas estén representadas en la toma de decisiones a nivel mundial, y presentan recomendaciones directamente a la Junta Ejecutiva de Unicef.

Anna era una adolescente que estudiaba en el extranjero cuando Ucranía sufrió la invasión a gran escala de Rusia, en febrero de 2022, y no pudo regresar a casa con su familia, cerca de la frontera.

Desde entonces, ha tenido que hacer frente a importantes dificultades como consecuencia de la guerra, agravadas por el acceso limitado a servicios esenciales, como la educación y el apoyo psicosocial, muchos de los cuales se han visto interrumpidos o sometidos a una gran presión por la guerra.

«Cuando comienza la guerra, los cambios en la sociedad son inmediatos y visibles», dijo Anna. «Las líneas del frente se desplazan, las ciudades quedan destruidas y millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares. Cuando muchos hombres se van al frente, las mujeres suelen convertirse en los pilares que mantienen unidas a las comunidades: dirigen iniciativas locales, lideran redes de voluntariado, gestionan negocios y sostienen a las familias», añadió.

Estos cambios también traen consigo dificultades estructurales, ya que muchas mujeres se ven obligadas a abandonar sus hogares y desplazarse con sus hijos o familiares mayores. Este desplazamiento puede provocar soledad e incertidumbre, explicó Anna.

Aunque las mujeres asumen más responsabilidades, la desigualdad no desaparece.

«Las mujeres siguen enfrentándose a brechas salariales, estereotipos sobre el liderazgo y la expectativa de que deben reconstruir la sociedad y, al mismo tiempo, asumir en silencio la carga emocional de cuidar de todos los demás. Pararse a asimilarlo todo puede parecer imposible, porque inmediatamente surge otra responsabilidad, otra tarea u otra crisis», dijo Anna.

Anna interviene en un evento apoyado por Unicef dedicado a debatir los retos y las soluciones para las niñas y las jóvenes de Ucrania que no estudian, no trabajan ni reciben formación. Imagen: Serhii Piriev / ISAR Ednannia

En la Ucrania actual, que sigue sumida en la guerra, aproximadamente 32 % de las mujeres de entre 20 y 24 años y casi 49 % de las mujeres de entre 25 y 29 años se quedan sin acceso a la educación, el empleo o la formación, en comparación con alrededor de 16,4 % y 12,2 % de los hombres de los mismos grupos de edad, respectivamente.

En tiempos de conflicto, las mujeres suelen ser las primeras en perder estas oportunidades y las últimas en recuperarlas. La educación de las niñas suele ser la más afectada, ya que las familias se ven desplazadas y los conflictos hacen que las niñas tengan que asumir responsabilidades adicionales para sus familias y contribuir a los ingresos del hogar. Muchas se ven obligadas a abandonar la escuela para mantener a flote a sus familias.

«Mi propia trayectoria educativa ha estado profundamente marcada por la guerra. Primero fui desplazada a Polonia y, cuando regresé a Járkov para cursar mi último año, continuar con mis estudios no fue nada fácil», dijo Anna. «Me considero increíblemente privilegiada. Contaba con una familia que me apoyaba, que creía en mí y me ayudó a seguir adelante. Pero no todas las niñas tienen ese tipo de sistema de apoyo: alguien que las sostenga cuando empiezan a quedarse atrás», agregó.

Además, la tensión psicosocial derivada del conflicto y la violencia a menudo deja a las niñas mal preparadas para participar en estudios o programas de formación. Con los mecanismos de justicia, sanación y empoderamiento para las mujeres y las niñas bajo ataque, estos desafíos a menudo pasan desapercibidos, y persiste la impunidad ante la violencia y el abuso sexuales, lo que deja a las niñas cargando con una carga significativa de trauma, ansiedad, depresión y miedo.

«Las niñas en situaciones de crisis suelen cargar con una especie de peso psicológico que es a la vez invisible y personal: no es solo la exposición directa a la violencia, sino la forma en que la guerra se instala silenciosamente en la vida cotidiana y en el cuerpo», planteó Anna.

«Para muchas mujeres y niñas que viven cerca de zonas de conflicto, la salud mental se ve marcada por la proximidad constante a la violencia. Te despiertas, miras las noticias, oyes otra sirena y sientes lo que en ucraniano llamamos un ‘ком в горлі’, o un nudo en la garganta», agregó.

La violencia sexual es especialmente rampante cerca de las zonas de conflicto, y Anna señala un persistente «clima de miedo que afecta a todas las mujeres que escuchan la historia».

Añadió que muchas niñas en Ucrania crecen sabiendo que sus cuerpos pueden convertirse en blanco de la violencia. Mientras las niñas están en la escuela, estudiando para los exámenes o haciendo voluntariado, muchas son conscientes de que las mujeres de su entorno han sufrido «una violencia inimaginable».

Según un informe de la ONU para la CSW70, casi 54 % de los países encuestados indicaron tener leyes que no vinculan la violación con el consentimiento, y aproximadamente 75 % de los países encuestados cuentan con leyes que permiten el matrimonio forzado de niñas. Además, 44 % de los países carecen de leyes que garanticen la igualdad salarial para las mujeres y las niñas.

Se estima que podrían hacer falta 286 años para eliminar estas brechas.

«La justicia que las mujeres y las niñas merecen, y que les corresponde por derecho, no puede esperar. Debemos perseguirla colectivamente, aquí en las Naciones Unidas, en nuestras leyes y políticas nacionales, en sus tribunales y en los mecanismos tradicionales de justicia», afirmó Bahous.

Con ese fin, planteó la directora ejecutivo de ONU Mujeres, «debemos involucrar a toda la sociedad, incluidos los hombres, los niños y los jóvenes, para que contribuyan a nuestro esfuerzo colectivo en pro de la igualdad».

Fuente: IPSNews

marzo 17, 2026

Trabajo decente y seguridad social en la institucionalización del cuidado



Esta nota examina el papel clave del cuidado en la sostenibilidad de la vida, la igualdad de género y el futuro del trabajo, destacando que constituye un trabajo fundamental para el funcionamiento de las economías y las sociedades.


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Esta nota rescata cómo el componente de ahorro individual ha pasado de ser el pilar único y principal del sistema de jubilaciones y pensiones a uno dentro de un esquema complementario de componentes para avanzar la cobertura, suficiencia, sostenibilidad y también mayor equidad en el sistema.

La nota también resalta cómo las reformas han ido perfeccionando los mecanismos de competencia y elección y cómo estos procesos de cambio deben considerarse tanto procesos técnicos como políticos con una visión de largo plazo para asegurar que efectivamente van en beneficio de fortalecer al sistema de jubilaciones y pensiones y las condiciones de vida de trabajadores y personas mayores.

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Autores Guillermo Montt, Especialista en Protección Social, OIT Cono Sur

Referencias DOI: https://doi.org/10.54394/00033389

Fuente: OIT

marzo 16, 2026

De Maputo a Addis Abeba: África consolida un marco jurídico continental contra la violencia hacia mujeres y niñas




En un continente donde, según datos citados por Human Rights Watch, una de cada tres mujeres africanas entre 15 y 49 años ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja, el nuevo tratado representa tanto un avance normativo como una oportunidad política. Si logra traducirse en políticas concretas y mecanismos de rendición de cuentas efectivos, el proceso que va de Maputo a Addis Abeba podría marcar un nuevo capítulo en la gobernanza global de los derechos de las mujeres, demostrando que la innovación jurídica también puede surgir desde el Sur global.

La Unión Africana avanza hacia la consolidación de un marco jurídico continental para erradicar la violencia contra mujeres y niñas, en un proceso que conecta dos hitos clave de la arquitectura africana de derechos humanos: el Protocolo de Maputo de 2003 (Protocol to the African Charter on Human and Peoples’ Rights on the Rights of Women in Africa) y la nueva Convención de la Unión Africana para poner fin a la violencia contra mujeres y niñas (2025), adoptada en Addis Abeba. Ambos instrumentos reflejan la creciente ambición normativa del continente en materia de igualdad de género y derechos humanos.

El Protocolo de Maputo, aprobado en 2003 por la Unión Africana en la capital de Mozambique, fue considerado uno de los tratados regionales más avanzados del mundo en materia de derechos de las mujeres. El texto reconoce derechos fundamentales como la protección frente a la violencia de género, el acceso a la salud sexual y reproductiva, la igualdad jurídica y la participación política. Más de dos décadas después, la nueva convención impulsada desde la sede de la Unión Africana en Addis Abeba busca profundizar y actualizar ese marco jurídico, incorporando fenómenos emergentes y fortaleciendo los mecanismos de prevención y respuesta.

El nuevo tratado representa un paso significativo al abordar explícitamente problemáticas contemporáneas como el feminicidio, la violencia digital, el acoso laboral y la protección de mujeres en contextos de desplazamiento o conflicto, ámbitos que no estaban desarrollados con el mismo detalle en el protocolo anterior, o la promoción de modelos de masculinidad positiva vinculada a valores de igualdad, respeto y de rechazo de la violencia. La organización Human Rights Watch, advierte, no obstante, de que el éxito de la convención dependerá de su implementación efectiva por parte de los Estados miembros y de su coherencia con los instrumentos ya existentes.

Ambos instrumentos comparten una base común: el reconocimiento de que la violencia contra mujeres y niñas constituye una violación estructural de los derechos humanos que requiere respuestas legales, institucionales y sociales coordinadas. Sin embargo, la nueva convención amplía el alcance del marco africano al establecer definiciones más específicas, incorporar nuevas formas de violencia y promover mecanismos de cooperación regional para su prevención y persecución.


El debate también ha sido analizado desde el ámbito académico. En el artículo From Beijing to Addis Ababa: Africa’s Epistemic Sovereignty and the Convention on Ending Violence against Women and Girls, publicado en 2026 en la revista Human Rights Review, la investigadora Justine A. Tchoukou, especialista en gobernanza global y políticas feministas africanas, sostiene que la nueva convención refleja el intento del continente de construir una “soberanía epistémica” en materia de derechos de las mujeres. El esutdio analiza cómo África está desarrollando normas propias que dialogan con marcos internacionales como la Plataforma de Acción de Beijing, pero integran perspectivas jurídicas y sociales africanas.

Tchoukou argumenta que la convención podría convertirse en el primer instrumento jurídicamente vinculante dedicado exclusivamente a erradicar la violencia contra mujeres y niñas a escala continental, lo que situaría a África en una posición innovadora dentro del derecho internacional de los derechos humanos. No obstante, la autora subraya que su impacto dependerá de factores clave como la ratificación efectiva por parte de los Estados, la financiación de políticas públicas y la participación activa de la sociedad civil.


marzo 15, 2026

De Sófocles a Yorcenar. Antígona una heroína trágica de la mitología griega


Símbolo de lucha y determinación, Antígona es una mujer joven víctima y a la vez heroína, la única capaz de desafiar al tirano Creonte y la ley de la polis para poder dar sepultura a su querido hermano Polinices. A lo largo de los siglos, y de manera particular durante el XIX, su figura se convirtió en un sinónimo de resistencia y reivindicación.

Foto: CC

“El odio se cierne sobre Tebas como un sol atroz […] Los corazones están secos como los campos; el corazón del nuevo rey está seco como una roca. Tanta aridez llama a la sangre […] La misma Antígona, víctima del derecho divino, ha recibido la obligación de perecer como prerrogativa, y este privilegio puede explicar su odio.” Despeinada y sudorosa, entre las sombras de la noche la joven protagonista de la historia Antígona o la elección de Marguerite Yourcenar se abre paso entre tanques y cadáveres. Desafiando el edicto de su tío, el rey Creonte, intenta enterrar los restos abandonados de su amado hermano Polinices.

En la obra de Yourcenar, así como en la tradición antigua en la que se basa el cuento, Antígona es una víctima, pero también una valiente heroína que se enfrenta sola al implacable Creonte. Su crimen es haber violado el decreto que prohíbe enterrar al mayor enemigo de la polis, Polinices, y haber desafiado al tirano. La joven personifica la desobediencia civil y la lucha contra una autoridad ciega, tanto que todavía en nuestros días puede compararse con muchas polémicas relacionadas con la política, el feminismo, los derechos de las personas excluidas, la justicia e incluso la bioética, como ocurre en la obra de Valeria Parrella, Antígona (2012).

LOS ORÍGENES DE ANTÍGONA

De hecho, a partir de la tragedia que la convirtió en un personaje célebre, la Antígona de Sófocles, representada en Atenas en el 442 a.C., esta mujer que se enfrenta al poder delante de la indiferencia general nunca ha dejado de fascinar a activistas, escritores, dramaturgos y filósofos. En realidad, la joven paga el precio de pertenecer a una familia sobre la que los dioses lanzaron una maldición. Lo recuerda Sófocles y, antes que él, Esquilo, en los Siete contra Tebas. ¿Cuál es la terrible maldición que la persigue a ella, a su padre Edipo, a su madre Yocasta y a sus hermanos Eteocles y Polinices?

La joven paga el precio de pertenecer a una familia sobre la que los dioses lanzaron una maldición. Lo recuerda Sófocles y, antes que él, Esquilo, en los Siete contra Tebas

Con un papel destacado en el teatro clásico del siglo V a.C., la familia de Edipo es la protagonista de uno de los mitos griegos más angustiosos y evocadores. Todo empieza con Edipo, abandonado por su padre Layo al nacer por qué, según el oráculo de Delfos, el hijo mataría al padre para casarse con su madre, Yocasta. Sin embargo, unos pastores recogen a Edipo. El pequeño será criado por los soberanos de Corinto, quienes mantendrán ocultos sus verdaderos orígenes. Pero la suerte está destinada a cumplirse: por error, en el viaje de Corinto a Tebas, Edipo mata a Layo, consigue resolver el enigma de la Esfinge que aterroriza la ciudad y se convierte en rey de Tebas, casándose con su madre.

Según un poema épico del siglo VIII a.C. casi completamente perdido, el Edipodia –atribuido a Cinetone de Esparta–, de la unión con Yocasta, Edipo no engendra descendencia. Según las versiones de los dramaturgos clásicos, fruto de la relación con su madre nacen cuatro hijos: Eteocles, Polinices, Ismene y Antígona. Pero en este momento, Edipo vive todavía sin saber nada. Cuando aparece un terrible brote de peste en Tebas, el rey intenta entender por qué los dioses quieren castigar a la ciudad. Entonces, la verdad sobre el parricidio y el incesto se descubre. Yocasta se ahorca y Edipo se arranca los ojos. Entre tanto, Eteocles y Polinices se reparten el gobierno a turnos, pero al final del mandato de Eteocles este se niega a entregar el poder a Polinices, quien acude al ejército tal y como se describe en Los Siete contra Tebas. Al final de la batalla, los dos hermanos se apuñalan entre sí. Creonte, hermano de Yocasta, asume el trono. Para el defensor de su patria, Eteocles, decreta un entierro digno de un héroe, y emite un edicto que impide inhumar a Polinices, destinado en consecuencia a vagar como una sombra por el Hades.

SÍMBOLO DE LUCHA Y REIVINDICACIÓN

Antígona regresa a Tebas y decide intervenir. No acepta la ley de Creonte y, a escondidas, trata de cubrir con tierra a Polinices. Creonte la descubre y la condena a ser enterrada con vida. Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona, se clava a sí mismo la espada y se ahorca a continuación. Desgarrada por el dolor, la madre de Hemón también se suicida, poniendo fin al linaje de Creonte, contra quien los tebanos no habían tenido el valor de rebelarse.

De la Antígona de Sófocles quedaron grabadas algunas afirmaciones que marcaron las siguientes reescrituras. Particularmente las que se refieren a los siguientes aspectos: el contraste político entre Creonte y Antígona y la condición de mujer de la protagonista. Al inicio de la obra, Ismene intenta disuadir a su hermana recordando: “Tienes que pensar que somos dos mujeres, que no nacimos para luchar contra los hombres”. Un agresivo intercambio de palabras entre Antígona y Creonte se hace eco de tal condición: “No comparto el odio, sino el amor”, afirma la joven, y le contesta así el tío: “Desciende bajo tierra y ámalos, si es necesario: nunca, mientras yo viva, una mujer prevalecerá”.

Los dos temas centrales que más han prevalecido de la obra de Sófocles son el contraste político entre Creonte y Antígona y la condición de mujer de la protagonista

Y no solo eso: Antígona apelaba a las “leyes no escritas e innatas de los dioses” que contemplan un entierro justo para un cuerpo sin vida; Creonte reclama la legitimidad de la ley del estado, que castiga a los rebeldes. Antígona defiende el carácter sagrado de la familia, Creonte su propio gobierno. La impiedad proclamada por Creonte es para Antígona la piedad, nunca llegan a un acuerdo.

Durante siglos, el contraste entre Antígona y el tío permanece en la sombra, pero vuelve a encender la sensibilidad de los artistas cuando en la sociedad occidental se empieza a reflexionar sobre el individuo como parte del cuerpo social. En la Fenomenología del espíritu (1807), Hegel verá en Creonte y Antígona dos posiciones éticas irreconciliables: la virgen griega representa la expresión del oikos, casa o familia, mientras que Creonte es el portavoz de la polis, con sus leyes escritas y oficiales.

Desde la tragedia sofoclea, las numerosas reescrituras del mito apuntan precisamente a uno de estos dos aspectos: la reivindicación femenina o la defensa del individuo o la familia, amenazada por estados y dictaduras. Y no es casualidad que, salvo pocos precedentes, la mayor parte de las relecturas aparezcan en el siglo XX, un periodo de guerras cruentas y fratricidas, así como de luchas feministas. Muchos pensadores, como por ejemplo Luce Irigaray, Judith Butler e Adriana Cavarero, se reconocían en la hija de Yocasta, sola, en lucha contra el patriarcado, tejiendo un largo debate que tiene como objetivo socavar la famosa afirmación de la Ismene de Sófocles.

No es casualidad que la mayor parte de las relecturas aparezcan en el siglo XX, un periodo de guerras cruentas y fratricidas, así como de luchas feministas

ANTÍGONA VA A LA GUERRA

Es más, las numerosas escrituras del siglo XX y XXI, especialmente de ámbito político, tienden a mostrarse en formato teatral porque, como en la tragedia clásica, el escenario es un lugar de desencuentros y catarsis, así como una herramienta para involucrar el pensamiento crítico de los espectadores.

Merece la pena recordar dos famosas interpretaciones teatrales de Antígona –la de Jean Anouilh (1941-42) y la de Bertolt Brecht (1947)– que se refieren ambas a la Segunda Guerra Mundial. En la obra de Anouilh, hija del periodo del gobierno colaboracionista francés de Pétain, Antígona es un niño burgués que lleva a cabo un acto desesperado consciente de que no tiene perspectiva de futuro. En cambio, Creonte es un legislador pragmático, pero su castigo está destinado a convertirse en una culpa colectiva, como grita el coro: “ ¡No dejes morir a Antígona, Creonte! ¡Esta herida nos hará sufrir a todos durante siglos!” La guerra es también protagonista en Brecht, que abre la tragedia con la imagen desgarradora de un Polinices ahorcado por las SS y exhibido en una calle de Berlín en abril de 1945. Como desertor, es castigado por el régimen nacionalsocialista que representa Creonte, y del que Antígona es opositora.

Como heroína de la disidencia política, Antígona cambiará de máscara más de una vez: se parece, por ejemplo, a las madres argentinas de la Plaza de Mayo, que luchan contra la dictadura y piden noticias de sus hijos desaparecidos en la obra de Griselda Gambaro Antígona furiosa (1986). Antígona se convierte también en un símbolo del exilio y de la marginalidad durante y después de la Guerra Civil española, este conflicto fratricida que tanto recuerda al enfrentamiento entre Eteocles y Polinices. Entre otros, tanto el catalán Salvador Espriu como la española María Zambrano conversan con la hija de Edipo durante los duros años del franquismo. En la tumba de Antígona (1967), Zambrano convierte a la virgen en una figura de la piedad, que consigue finalmente purificarse en los últimos instantes de su vida. Más cínico, Espriu la convierte en un símbolo del perdón, aunque sugiere que su sacrificio será en vano.

Si en el escenario y en la historia nada cambia es por qué los hombres, los espectadores, fueron y son aún verdugos, no solamente víctimas. El culpable ahora no es únicamente Creonte, con sus leyes que no contemplan el amor: el culpable es el silencio de quienes no se oponen a Creonte ni asumen las responsabilidades individuales, como en cambio sí hace la heroína de Sófocles. Así lo subraya también la célebre y provocadora puesta en escena de Antígona del Living Theatre presentada en gira durante los mismos años que el mundo presenciaba la Guerra de Vietnam: inmediatamente después de los aplausos los actores se alejaban asustados de los espectadores, que se habían convertido en un asesino más junto a los legisladores. Esto explica el eterno encanto de esta pequeña y joven mujer inmortalizada por Sófocles: seguirá reviviendo cada vez que pueda desafiar las imposiciones o la indiferencia. Siempre sola, despeinada, armada de compasión y obstinada, porque la empujaba el sentimiento de su propio corazón. “El péndulo del mundo es el corazón de Antígona”, así termina su maravillosa historia Marguerite Yourcenar.

Por Amaranta Sbardella
Fuente: National Geographic

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