febrero 24, 2026

La CEPAL expuso sobre derecho al cuidado en el Primer Seminario Interamericano de Derechos Humanos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos


La Directora de la División de Asuntos de Género de la CEPAL, Ana Güezmes, integró el panel en el que se abordó el derecho al cuidado desde una perspectiva regional y de derechos humanos, en diálogo con los avances normativos y los compromisos adoptados por los Estados de América Latina y el Caribe.



La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) representada por Ana Güezmes García, Directora de la División de Asuntos de Género (DAG) de la Comisión, participó en el Seminario Interamericano de Derechos Humanos – I Edición: “Derechos Humanos y sus Desafíos. Diferentes Miradas”, organizado por el Tribunal Interamericano de Derechos Humanos (IDH), en su sede en San José, Costa Rica.

La jornada se inició con las palabras inaugurales del Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, juez Rodrigo Mudrovitsch, quien destacó la importancia del diálogo interamericano para fortalecer la protección de los derechos humanos y responder a los desafíos estructurales que enfrenta la región.

En ese marco, Ana Güezmes, Directora de la División de Asuntos de Género de la CEPAL, participó en el primer panel del Seminario, titulado “El derecho al cuidado y sus desafíos para América Latina”, moderado por el juez Diego Moreno Rodríguez, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El panel contó además con la participación de la ministra Morgana de Almeida Richa, del Tribunal Superior del Trabajo de Brasil, de Gabriela Mata Marín, Coordinadora de Programas de ONU Mujeres en Costa Rica, y de la ministra Loretta Ortiz Ahlf, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de los Estados Unidos Mexicanos, quienes abordaron el derecho al cuidado desde perspectivas jurídicas, institucionales y de política pública.

Durante su intervención, Ana Güezmes subrayó que el cuidado debe entenderse como una necesidad, un derecho humano, un bien público global y un trabajo clave para dinamizar la economía, en un contexto marcado por múltiples crisis entrelazadas que profundizan desigualdades históricas en América Latina y el Caribe. En ese sentido, advirtió que el aumento sostenido de las demandas de cuidado, asociado al envejecimiento poblacional, las transformaciones demográficas, las tendencias epidemiológicas y los efectos del cambio climático, supera la actual capacidad de personas, servicios e infraestructura disponibles para responder a dichas necesidades, documentada ampliamente por la CEPAL como crisis del cuidado

Asimismo, destacó que la propuesta de sociedad del cuidado que América Latina y el Caribe aporta al mundo es un nuevo paradigma para el desarrollo sostenible, la igualdad y la paz, que prioriza la sostenibilidad de la vida y el cuidado de las personas y del planeta, y que exige políticas y sistemas integrales de cuidado basados en la corresponsabilidad social y de género, las generación de empleo y el trabajo decente y el reconocimiento del trabajo remunerado y no remunerado que sostiene la vida y la economía.

Ana Güezmes enfatizó que el derecho al cuidado implica garantizar las tres dimensiones del cuidado: cuidar, ser cuidado y ejercer el autocuidado, y que su reconocimiento requiere articular las políticas sociales, ambientales y económicas, fortalecer la gobernanza pública y avanzar hacia sistemas integrales de cuidados que respondan a las necesidades de las personas a lo largo del ciclo de vida y de quienes cuidan, en su mayoría mujeres.

En ese contexto, destacó el rol del sistema interamericano y señaló que la Opinión Consultiva 31 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, primer tribunal internacional que reconoce el derecho al cuidado como un derecho humano autónomo, indispensable para la sostenibilidad de la vida y condición para el ejercicio efectivo de otros derechos, estableciendo principios como la corresponsabilidad, la igualdad y la no discriminación, así como obligaciones claras para los Estados. Señaló además que el reconocimiento del cuidado como derecho humano ha tenido una evolución significativa en el marco internacional de derechos humanos y América latina y Caribe ha sido clave para que esto ocurra a lo largo de los 50 años de la Conferencia Regional sobre las Mujeres, y principalmente después del Consenso de Brasilia en 2010 donde se nombra por primera vez el derecho al cuidado en un acuerdo intergubernamental y se desarrolla en el Compromiso de Buenos Aires en 2022. para profundizar su reconocimiento como derecho humano autónomo en el Compromiso de Tlatelolco en 2025. 

Subrayó que este reconocimiento jurídico dialoga y aporta directamente al Compromiso de Tlatelolco, aprobado en la XVI Conferencia Regional sobre las Mujeres de América Latina y el Caribe, que acoge esta opinión consultiva y establece una década de acción para acelerar el logro de la igualdad sustantiva de género y la sociedad del cuidado, mediante acuerdos en materia de marcos normativos, institucionalidad, financiamiento, participación, fortalecimiento de capacidades estatales y sistemas de información, seguimiento y rendición de cuentas.

Finalmente, Ana Güezmes señaló que avanzar en la garantía del derecho al cuidado constituye una condición clave para enfrentar las trampas del desarrollo en la región, reducir las desigualdades de género y promover un desarrollo sostenible centrado en la sostenibilidad de la vida y el cuidado de las personas y del planeta.

El Seminario Interamericano de Derechos Humanos reunió a representantes de altos tribunales, organismos internacionales, academia y sociedad civil, y fue transmitido en vivo a través de las redes sociales del Tribunal y de su canal Corte IDH TV.

Fuente: Asuntos de género, CEPAL

febrero 23, 2026

Por qué acabar con el matrimonio infantil es clave para impulsar el desarrollo de África


Un grupo de mujeres, entre ellas varias madres adolescentes, conversa en una estrecha calle de casas de adobe en Damaturu, una localidad del estado de Yobe, en el noreste de Nigeria. Imagen: ONU Mujeres



África alberga aproximadamente 160 millones de adolescentes femeninas de entre 10 y 19 años, según datos de 2022 de la División de Población de las Naciones Unidas. Ellas encarnan la energía, la creatividad y el potencial del continente.

Es innegable que «el África que queremos», tal y como se prevé en la Agenda 2063 de la Unión Africana (UA), no se hará realidad sin la plena participación de este grupo, que representa un componente clave de la mano de obra actual y futura del continente.

Sin embargo, uno de los obstáculos más persistentes para hacer realidad esta visión es la prevalencia del matrimonio infantil y su devastador impacto en la vida y el bienestar de las niñas africanas, así como su repercusión negativa en el potencial económico del continente.

El matrimonio infantil es una de las limitaciones estructurales más subestimadas de la capacidad de África para aprovechar su dividendo demográfico.

Sin embargo, millones de personas se están quedando atrás

Las estadísticas pintan un panorama preocupante.

Según el Banco Mundial, cuatro de cada 10 niñas de entre 15 y 19 años en África (excluyendo el norte de África) no van a la escuela ni trabajan, o están casadas o tienen hijos, en comparación con poco más de uno de cada 10 niños.

En promedio, casi un tercio (32 %) de las mujeres jóvenes (de 15 a 24 años) no estudian, no trabajan ni reciben formación, en comparación con 23 % de los niños de ese rango de edad.

En África, 130 millones de niñas y mujeres se casaron antes de cumplir los 18 años, la incidencia más alta a nivel mundial, según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) de 2025. La prevalencia del matrimonio infantil varía en todo el continente. Las regiones de África Central y Occidental soportan una parte desproporcionada de la carga mundial.

Pero incluso en el norte de África, con la tasa más baja, aunque significativa, de matrimonios infantiles, se observa que esta práctica nociva persiste en todo el continente. Además, nueve de cada 10 países con la mayor incidencia de matrimonios infantiles se encuentran en África..

Los datos reflejan la información más reciente disponible para el período 2016-2023.

Y los costos económicos de esta realidad son astronómicos

El matrimonio infantil se describe con frecuencia como una violación de los derechos humanos o un problema social y de salud. Y lo es. De hecho, las complicaciones del embarazo y el parto siguen siendo una de las principales causas de muerte entre las adolescentes.

Sin embargo, estos aspectos trágicos y más visibles son solo una parte de la historia. De forma menos visible, pero más frecuente, los matrimonios infantiles se asocian con embarazos precoces y excluyen efectivamente a las niñas de la educación y la participación económica formal en la etapa en que las inversiones en habilidades y aprendizaje producen los mayores rendimientos.

Además de limitar el futuro de las personas, esta práctica tiene importantes repercusiones económicas para los países y regiones africanos.

Para los países africanos, al igual que para algunos otros países en desarrollo, el matrimonio infantil es una importante distorsión económica que no se ha abordado. Distorsiona la acumulación de capital humano y la asignación de mano de obra, con consecuencias para la productividad y el crecimiento de toda la economía.

Más concretamente:

• El matrimonio infantil trunca la educación, limita la adquisición de competencias e impide la participación de las mujeres en los mercados laborales formales

• Las niñas que se casan a una edad temprana tienen muchas más probabilidades de dedicarse a trabajos de cuidados no remunerados o a actividades informales de baja productividad, con perspectivas limitadas de movilidad social ascendente (Figura 6).

• El matrimonio infantil limita la plena integración de las niñas en la sociedad al privarlas de sus derechos, su identidad y su capacidad de acción. Crea dependencia y frena el potencial de liderazgo.

Las implicaciones para los mercados laborales de África son especialmente graves. La transformación estructural productiva requiere una mano de obra que pueda pasar de actividades de baja productividad a sectores de mayor valor añadido, como la industria manufacturera, los servicios modernos y la economía digital.

Cuando se interrumpe la educación y la adquisición de habilidades de las niñas, se reduce la oferta de trabajadores cualificados para estos sectores.

A su vez, se reducen los incentivos de los empresarios para crear y hacer crecer empresas productivas. A nivel macro, se reduce el crecimiento de la productividad, la creación de empleo en el sector formal y la diversificación hacia actividades de alto valor añadido.

Los costos económicos de los matrimonios infantiles persisten a lo largo de generaciones. Esta práctica está estrechamente relacionada con la fertilidad precoz y elevada, el aumento de la morbilidad y mortalidad materna y los peores resultados en materia de salud y educación de los niños.

Si no se abordan, estos resultados sociales conducen a un menor capital humano (logros educativos y salud) de la siguiente generación, lo que reduce la productividad laboral y la innovación.

Con el tiempo, se convierten en una barrera persistente para lograr la sostenibilidad fiscal, la integración regional y el crecimiento inclusivo.

Esta dinámica dificulta las posibilidades de África de aprovechar el dividendo demográfico.

Si bien el crecimiento de la población en edad de trabajar del continente se considera una fuente potencial de crecimiento acelerado si va acompañado de inversiones adecuadas en salud, educación y creación de empleo, los matrimonios infantiles van acompañados de una reducción del empleo femenino en el sector formal.

En consecuencia, las ganancias de productividad caen por debajo de su potencial y la oportunidad demográfica corre el riesgo de convertirse en una carga demográfica.

A pesar de las implicaciones macroeconómicas negativas, el matrimonio infantil no se incluye en los marcos económicos generales ni en los debates que informan la planificación y las políticas macroeconómicas en África.

Por lo general, se aborda mediante intervenciones sociales o legales, mientras que las estrategias macroeconómicas, las políticas industriales y los marcos fiscales proceden como si estos aspectos de las limitaciones del capital humano fueran exógenos.

Esta desconexión da lugar a una inversión insuficiente sistemática en una de las limitaciones más restrictivas de la capacidad productiva de África.

Los responsables políticos y la población en general deben replantearse el matrimonio infantil

Desde una perspectiva económica, los argumentos a favor de invertir en las niñas son convincentes. Los análisis muestran sistemáticamente que las inversiones en la educación y la salud de las niñas producen altos rendimientos, aumentan los ingresos a lo largo de la vida y potencian la productividad.

En un «escenario de plena igualdad de género», que incluya la eliminación de las brechas de género en la educación, el empleo y la toma de decisiones, se podría añadir un billón (millón de millones) de dólares al producto interno bruto (PIB) de África para 2043.

Las estimaciones también sugieren que cada dólar invertido en la salud, la educación y el empoderamiento de las adolescentes puede generar múltiples beneficios económicos a lo largo del tiempo.

Para traducir las pruebas en políticas eficaces será necesario un cambio de enfoque, en el que se considere que poner fin al matrimonio infantil es un componente fundamental de la estrategia económica de África.

Por lo tanto, los indicadores sobre la educación, el empleo y las cargas de cuidados no remunerados de las adolescentes deben convertirse en parte integrante de los marcos macroeconómicos, las proyecciones del mercado laboral y las evaluaciones de la capacidad productiva.

En este contexto, abordar la cuestión del matrimonio infantil en África es una necesidad económica, dado que la transformación exitosa de África requiere liberar todo el potencial productivo de su población. Esto, a su vez, exige una inversión sostenida en las niñas como agentes económicos y no solo como beneficiarias de programas sociales.

África debe financiar a las niñas africanas, y medidas como el fortalecimiento de la movilización de recursos nacionales, la presupuestación con perspectiva de género y los bonos de género podrían contribuir en gran medida a este respecto.

Además, los responsables políticos deberían considerar el gasto público destinado a reducir los matrimonios infantiles y apoyar la educación continua de las niñas como un gasto de capital en lugar de un mero gasto social. Esto ayudaría a alinear los marcos fiscales con los objetivos de crecimiento a largo plazo.

Poner fin a la práctica del matrimonio infantil no garantizará por sí solo que África alcance sus objetivos de desarrollo. Sin embargo, a menos que se aborde, esta barrera estructural seguirá obstaculizando la productividad, la competitividad y la consecución de la Agenda 2063.

Reconocer que poner fin al matrimonio infantil es una necesidad tanto económica como social sería un importante paso adelante. También situaría el empoderamiento de las niñas donde debe estar: en el centro de la estrategia de desarrollo de África y de su búsqueda de un crecimiento inclusivo y sostenible.

Zuzana Schwidrowski es directora de la División de Género, Pobreza y Política Social de la Comisión Económica para África (Cepa), quien elaboró este artículo con el apoyo Omolola Mary Lipede, becaria de la misma institución regional.

Link de la nota: IPS

Este es un artículo de opinión de Zuzana Schwidrowski, directora de la División de Género, Pobreza y Política Social de la Comisión Económica para África.
Fuente:IPS

febrero 22, 2026

El bordado colectivo como herramienta política en América Latina

Durante siglos, el bordado fue relegado al ámbito doméstico y asociado al silencio y la sumisión. Sin embargo, en América Latina, la aguja y el hilo han sido históricamente herramientas de denuncia, memoria y resistencia y, lejos de ser un gesto pasivo, el bordado colectivo y el arpillerismo -surgido en los años setenta en Chile como forma de resistencia frente a la dictadura militar- ha permitido a mujeres y disidencias narrar violencias y construir comunidad frente a las negligencias del Estado.

En Ecuador, esta práctica ha cobrado fuerza en los últimos años como forma de activismo feminista que recupera la memoria y colectiviza a las experiencias de mujeres atravesadas por distintas formas de violencia.

En entrevistas a Efeminista, varias organizaciones del país describen el bordado como un espacio de sanación colectiva, donde lo importante no es la perfección de la puntada, sino generar dinámicas políticas horizontales de cuidado y escucha.


"Sentíamos que necesitábamos un espacio donde las mujeres pudiéramos sentirnos seguras y resistir juntas", indica María Mercedes Ojeda, integrante de Bordadoras Autoconvocadas, un colectivo surgido en 2022 en la ciudad de Cuenca.

En este contexto, diversas organizaciones ecuatorianas impulsan encuentros de bordado colectivo, como el reciente organizado por Bordar la Ternura en memoria de las personas desaparecidas durante la dictadura argentina, una jornada en la que que también se han denunciado feminicidios y otras violencias persistentes en Ecuador, enlazando así las luchas del continente.
Bordar como acto político y de memoria

La actividad, titulada 'No me olviden' y bajo el lema "30 mil agujas por los desaparecidos", se ha realizado en coordinación con el colectivo argentino Bordando Luchas y ha consistido en el bordado colectivo de imágenes textiles y nombres de personas desaparecidas, en el marco de las conmemoraciones por los 50 años del golpe de Estado militar en Argentina.

El encuentro, con amplia participación de estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad Central del Ecuador, ha incluido un acto en el que se han leído nombres de personas desaparecidas tanto en Argentina como en Ecuador.


Personas que participan en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

La integrante de Bordar la Ternura, Erandi Villavicencio, ha explicado en una entrevista con Efeminista que el bordado ha sido considerado durante mucho tiempo una práctica menor, asociada a la domesticación de las mujeres, pero ha recordado que en América Latina se ha utilizado también como una herramienta política y de memoria.


"En el arpillerismo y el bordado latinoamericano encontramos relatos de mujeres que contaban lo que estaba sucediendo durante las dictaduras a través de una gráfica textil", señala.
Origen del arpillerismo latinoamericano

Villavicencio ha aclarado que el arpillerismo es "un formato que cuenta historias", capaz de narrar distintas coyunturas políticas y sociales, y ha recordado que surge en Chile, en contextos de fuerte represión.

"Es una técnica que desarrollaron sobre todo las mujeres en condiciones de dictadura, cuando no podían enviar mensajes escritos. Entonces narraban lo que estaba sucediendo en sus comunidades e incluso en las cárceles", relata.

Esa memoria histórica es retomada hoy por distintos colectivos de bordado en la región, como Bordadoras Autoconvocadas, un colectivo radicado en la provincia de Azuay, al sur de Ecuador. Desde allí, María Mercedes Ojeda ha recordado en una entrevista con Efeminista que conocieron a Bordar la Ternura en 2024, durante un encuentro plural de sanación en Quito.

"Ahora seguimos conectadas como una red activa, compartiendo convocatorias y acciones", añade Ojeda, que también destaca que el trabajo actual de los colectivos se nutre de la experiencia de las arpilleras chilenas, que utilizaron el bordado como forma de resistencia durante la dictadura de Augusto Pinochet.


"Conocíamos esa experiencia y sentíamos que también era una forma de ocupar el espacio público, de sostenernos y de resistir desde otro lugar", afirma.

Para la integrante de Bordadoras Autoconvocadas, estos encuentros de bordado generan dinámicas horizontales y abiertas, en las que no se requieren conocimientos previos ni resultados específicos.

"No necesitas experiencia, no necesitas saber bordar, no tiene que salir perfecto. Es un espacio de denuncia, pero también de cuidado colectivo", concluye.

 
Personas participan en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

El bordado colectivo como espacio de reencuentro

Villavicencio subraya que el bordado colectivo no busca únicamente la creación de una obra artística, sino la reconstrucción de vínculos y la organización comunitaria.


"Es muy importante reconocer que lo político no está buscando solo una obra de arte, sino el reencuentro de los vínculos, la organización entre mujeres y entre diferentes participantes", aclara.

Añade que estos espacios permiten conectar la creación artística con lo emocional y lo colectivo, y abrir lugares seguros para la conversación frente a contextos de violencia, discursos conservadores y agendas antiderechos.

Desde Bordadoras Autoconvocadas, Ojeda hace énfasis en que uno de los principales objetivos del colectivo es la creación de "espacios feministas y transfeministas horizontales".


Una mujer participa en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

"Queríamos crear un espacio donde no te pregunten cuántos libros has leído ni cómo defines el feminismo, sino donde puedas estar, aprender y sentirte acompañada", señala.

Según explica, el propio nombre del colectivo responde a una apuesta política por la autogestión y la ausencia de jerarquías: "Nos llamamos Bordadoras Autoconvocadas porque creemos en una organización sin jerarquías, autónoma y autogestionada", defiende.

Ojeda subraya además el carácter "intergeneracional e interseccional" de estos encuentros, en los que "el bordado se vincula con la defensa del territorio y del agua".


Foto de una arpillera bordada por el colectivo Bordadoras Autoconvocadas. Imagen cedida por Bordadoras Autoconvocadas

Denunciar la violencia feminicida

Durante el acto celebrado en la Facultad de Comunicación Social, Villavicencio ha enfatizado que, en los últimos años, el bordado también se ha convertido en un espacio para nombrar a personas asesinadas y sobrevivientes de violencia.

En ese sentido, ha hecho referencia a una manta colectiva en la que bordan los nombres de mujeres víctimas de feminicidio en Ecuador, un trabajo que recoge cerca de diez años de violencia registrada y que el colectivo elabora desde hace aproximadamente cuatro años, sin haber logrado aún completar todos los nombres.

"Es muy interesante cómo muchas mujeres del movimiento feminista en Ecuador han bordado en esta manta. Todas se unen para cargarla y la llevamos en las marchas. Siempre hay manos para sostenerla, porque es larguísima", explica.


Mujeres bordando una manta colectiva de feminicidios en Ecuador, en el Centro Histórico de Quito (Ecuador). Imagen cedida por el colectivo Bordar la Ternura

Durante el acto ha tomado la palabra Ruth Montenegro, madre de Sofía Valentina Cosíos Montenegro, niña de 11 años víctima de feminicidio en 2016, quien ha recordado que su hija fue reportada como desaparecida sin que se activaran protocolos de búsqueda.


"Nos negamos a silenciarnos, nos negamos a olvidar y mantenemos viva la memoria de nuestras hijas y la exigencia de justicia", defiende.

Montenegro ha subrayado que la memoria es una herramienta política frente a la impunidad y que, en el caso de Valentina, esa lucha impulsó en 2016 el primer grito de 'Ni una menos' en Ecuador.
Reparación emocional y empoderamiento

En distintos territorios del sur global, el bordado colectivo se ha consolidado como una herramienta de reparación emocional para sobrevivientes de violencia.

Así lo explica Tami Tocagón Pijal, psicóloga de la Fundación Adelante Comunitario Ecuatoriano, una organización con más de veinte años de trabajo social en el país que, desde 2022, acompaña de manera integral a víctimas de violencia machista en la ciudad de Cayambe, al norte de Ecuador.

Según Tocagón, uno de los principales factores que perpetúan los ciclos de violencia es la dependencia económica: "La mayoría de personas que viven o conviven en ciclos de violencia lo hacen por la situación económica, porque son dependientes de sus parejas sentimentales", indica.


Una mujer participa en una actividad de bordado denominada 'No me olviden', en conmemoración por los 50 años del golpe de Estado en Argentina, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

Por ello, el trabajo que realizan combina el acompañamiento emocional con el fortalecimiento de habilidades que permitan a las mujeres generar ingresos de forma autónoma, y en ese proceso, el bordado se ha convertido en una herramienta central.


"Sentimos que el bordado es una forma de empoderamiento", afirma.

En 2023 iniciaron el proceso 'Bordando nuestra memoria', un espacio de bordado colectivo orientado hacia la sanación de historias personales y colectivas, que reúne a mujeres de distintas procedencias.

Finalmente, Tocagón subraya que la reparación no puede limitarse únicamente a lo emocional: "Para nosotras es importante no quedarnos solo en las reuniones, sino garantizar una reparación de los derechos vulnerados", afirma, y destaca que el trabajo de la fundación abarca áreas sociales, legales y comunitarias.

 

Foto de mujeres que participan en el bordado colectivo de una manta de feminicidios en Cayambe, al norte de Ecuador. Imagen cedida por Tami Tocagón Pijal, psicóloga de la Fundación Adelante Comunitario Ecuatoriano.
Link de la nota: https://efeminista.com/bordado-colectivo-herramienta-politica-america-latina/


Por Lucía Rubio Marcos 
Fuente: Efeminista

febrero 21, 2026

La nutricionista Emilia Gómez explica los pequeños cambios en la dieta que pueden ayudar con los síntomas de la menopausia

La experta apuesta por la alimentación y el ejercicio para combatir los síntomas: “Pensar que se puede solventar con suplementos es un error”


Gómez Pardo anima a incorporar cuanto antes buenos hábitos de alimentación y ejercicio físico. Centre for Ageing Better / Unsplash


La menopausia es un reto a nivel metabólico y aunque cada mujer la vive de forma distinta, porque los síntomas son diversos y no siempre fáciles de detectar, la mayoría coincide en que introducir ciertos cambios en la dieta es fundamental. 

“Todos los síntomas de la menopausia tienen un abordaje nutricional”, asegura Emilia Gómez Pardo, nutricionista de la plataforma de salud especializada Olira. “La alimentación es el mejor instrumento que tenemos para el cuidado de la salud, para afrontar los retos que nos toca vivir y la menopausia es un superreto”, defiende. 


No hacerse daño

“Hay una nutrición que minimiza los síntomas y una nutrición que los maximiza”, expone la experta. Por eso, antes de añadir alimentos nuevos o buscar soluciones mágicas, para ella lo más importante es aplicar el principio primum non nocere, que resalta la importancia de no hacer daño, y evitar aquellos alimentos que son inflamatorios, oxidantes y poco nutritivos, para reducir el impacto de los síntomas. 

“Estamos hablando de ultraprocesados, de carne roja, bebidas azucaradas y alcohol. Todo eso hace que nos inflamemos, nos oxidemos, que no le demos al cuerpo todos los nutrientes que necesita”, afirma Gómez Pardo, que aconseja vigilar el consumo de sustancias estimulantes. Con respecto a la cafeína, opta por un consumo moderado. 

“El alcohol es mejor evitarlo, desde luego, sobre todo en las últimas horas de la noche, porque directamente provoca sudoración nocturna, sofocos e insomnio, que son algunos de los grandes problemas de las mujeres en esta etapa”, apunta la nutricionista. “Los picantes también serían evitables, lo que pasa es que tienen una respuesta muy subjetiva y cada persona responde de una manera u otra, pero tampoco es lo ideal, desde luego, como tampoco lo es el consumo de azúcar ni los productos ultraprocesados”, aclara.

¿Qué alimentos priorizar?

La dieta recomendada por sus beneficios, especialmente en esta etapa para minimizar y contrarrestar los síntomas, es mayoritariamente vegetal y poco procesada. “Con poca presencia de carne roja, sí puede haber presencia de carne blanca, pescado, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, semillas y hierbas”, especifica la nutricionista, que apuesta por la variedad vegetal. 

A pesar de que los problemas digestivos no tienen por qué ser frecuentes en esta etapa, Gómez Pardo anima a poner el foco en la salud intestinal. “En la menopausia se deteriora, un poquito más porque ya está deteriorada por nuestra manera de vivir, la microbiota”, señala la nutricionista. “La microbiota tiene mucho que ver con la salud intestinal y con la salud mental, con problemas de cognición y puede producir inflamación, es muy importante porque es la puerta a un montón de patologías”, explica.

Respecto a los suplementos o probióticos, la recomendación de la experta es priorizar los nutrientes a través de la comida. “Si hay algún déficit de nutrientes diagnosticado, como ocurre frecuentemente con la vitamina D, por supuesto que hay que suplementar, pero pensar que una situación tan compleja como la menopausia se puede solventar con uno o varios suplementos es un error”, valora Gómez Pardo.

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El control del peso

Aunque es muy común que las mujeres aumenten de peso en esta etapa sin haber cambiado sus hábitos, la experta defiende que son muchas las razones por las que sucede: “Cambia el apetito porque el hipotálamo, responsable de sentir o no hambre, está muy influenciado por los estrógenos, que en esta etapa bajan; además el insomnio está directamente relacionado con la toma de malas decisiones, después de una mala noche se suele apostar por una alimentación menos sana; y se pierde masa muscular, cada año vamos perdiendo progresivamente, y el músculo es el tejido que más energías consume”. 

“Es muy típico que muchas mujeres digan que no entienden por qué engordan si hacen lo mismo y la respuesta sería que no hay que hacer lo mismo, porque tu cuerpo no responde igual”, explica Gómez Pardo, que anima a incorporar cuanto antes buenos hábitos de alimentación y ejercicio físico. “Nunca es tarde para empezar, cualquier cambio positivo hoy tendrá su reflejo en tu bienestar mañana”, concluye.


Fuente: El Diario.es

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in