julio 08, 2026

La crisis oculta de mortalidad materna en plena propagación del ébola en la República Democrática del Congo



La partera Esther Ileli le toma la temperatura a una mujer embarazada en el campamento de desplazados de Kigonze, cerca de Bunia, en la provincia de Ituri. Sin una vacuna disponible para la cepa Bundibugyo, la prevención y la sensibilización comunitarias figuran entre las principales medidas de defensa contra la propagación del brote. © UNFPA RDC/Junior Mayindu


 “Perdí el miedo cuando vi a personas morir en ese campamento", explica Francine Evhe, quien trabaja en un centro de salud en el campamento de desplazados de Kigonze, en Bunia, en la República Democrática del Congo. "Si yo no actuaba, las mujeres embarazadas morirían también".

El último brote de la cepa Bundibugyo del ébola fue declarado emergencia de salud pública en mayo de 2026, con su epicentro en Bunia (un centro de comercio y transporte) y en toda la provincia de Ituri. 

Las epidemias del pasado han demostrado que la presión sobre la infraestructura de salud puede desencadenar una ola de muertes maternas prevenibles debido a la interrupción de los servicios médicos. El UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva, trabaja actualmente en 29 zonas de salud en la parte oriental del país para mantener en funcionamiento los servicios de salud materna y otros servicios de salud esenciales durante el brote. 

"A pesar de la gravedad del ébola, tengo el deber como partera de apoyar a mujeres y niñas y salvar vidas", declaró la Sra. Evhe. "Eso es lo que nos motiva cada día".

Francine Evhe, una partera del centro de salud de Kigonze apoyado por el UNFPA en Bunia, provincia de Ituri, asiste un parto sin complicaciones en un campamento de desplazados. © UNFPA RDC/Junior Mayindu 



"Perdí el miedo cuando vi a personas morir en ese campamento" - Francine Evhe

En la provincia de Ituri, los datos nacionales muestran que las tasas de mortalidad materna se han duplicado desde el 25 de mayo, con un promedio de más de seis muertes registradas a la semana. La infección por el virus del ébola durante el embarazo conlleva una tasa de pérdida fetal cercana al 100 % y, en algunos brotes, más del 90 % de las mujeres embarazadas han fallecido tras contraer el virus. 

"Las mujeres no dejan de dar a luz, no dejan de traer vida al mundo ni en medio de una epidemia de ébola", afirmó Pacifique Kigongwe, especialista en asuntos humanitarios del UNFPA en la República Democrática del Congo.

"Cuando los servicios de salud están desbordados y el miedo impide que las personas acudan a recibir atención sanitaria, son las mujeres, las niñas y los niños quienes pagan el precio más alto".
Las mujeres y los recién nacidos enfrentan riesgos cada vez mayores

Trabajadoras de la salud llevan kits de dignidad del UNFPA para mujeres embarazadas a un centro de tratamiento del ébola en Bunia. Las mujeres embarazadas corren riesgos especialmente graves ante el ébola. Estos kits les proporcionan artículos esenciales de higiene y de uso personal durante el aislamiento y la atención médica. © UNFPA RDC/Junior Mayindu 

Las consecuencias del ébola han sido catastróficas en una región que ya se encuentra asolada por la inseguridad, los conflictos y los desplazamientos constantes, lo que dificulta mucho más el seguimiento de los casos. La propagación ha sido alarmantemente rápida, sobre todo en campamentos remotos pero densamente poblados y zonas en las que los viajes transfronterizos son frecuentes. 

"Es una situación muy estresante y con una gran carga de trabajo", afirmó la partera Esther Ileli, quien también trabaja en el centro de salud de Kigonze. "Tenemos que pensar en cómo brindar asistencia durante los partos, además de garantizar la protección y la prevención contra el ébola".

"Estamos sensibilizando a las mujeres embarazadas sobre la importancia de cumplir con las medidas preventivas, [...] animándolas a que reconozcan rápidamente los signos de peligro relacionados con el embarazo y busquen atención médica de inmediato". 

El UNFPA ha desplegado más de 150 parteras para que atiendan partos seguros y destaquen la importancia de una atención cualificada. Muchas mujeres embarazadas evitan acudir a los centros de salud por miedo, desinformación y el estigma asociado al ébola, lo que puede provocar complicaciones en el parto potencialmente mortales cuando intentan dar a luz en casa y sin asistencia. 


"Las mujeres no dejan de dar a luz, no dejan de traer vida al mundo ni en medio de una epidemia de ébola" - Pacifique Kigongwe

Para mitigar los riesgos que enfrentan las aproximadamente 63.700 mujeres embarazadas de las zonas afectadas, el UNFPA colabora con grupos locales de mujeres, redes de jóvenes y asociaciones de parteras para brindar apoyo y asesoramiento precisos.

"Informar, escuchar y apoyar a las mujeres es esencial para transformar el miedo en medidas de protección y fortalecer la resiliencia de las comunidades frente al ébola", explicó la Sra. Ileli. 

En general, las mujeres corren un alto riesgo de contraer el virus debido a su papel como principales cuidadoras en el hogar de familiares enfermos, así como por su labor como trabajadoras de la salud en primera línea, entre ellas las parteras y enfermeras. No existe una vacuna disponible para esta cepa, por lo que su contención depende de la prevención de infecciones, la continuidad de los servicios de salud esenciales y la confianza de la comunidad. 
Los recortes de financiación socavan la respuesta humanitaria 

Los puntos de lavado de manos y control de temperatura a la entrada de una clínica móvil en el campamento de desplazados de Kigonze ayudan a mantener en funcionamiento los servicios de salud y a limitar la propagación del ébola © UNFPA RDC/Junior Mayindu 




Esta crisis, que ya se ha convertido en el tercer mayor brote de ébola que se haya registrado jamás, se ve agravada por los recientes recortes drásticos en la financiación de las operaciones de ayuda humanitaria, y el impacto de la escasez de trabajadores de la salud y la falta de una infraestructura segura de higiene y saneamiento se está volviendo devastadoramente evidente. 

Para contribuir a la seguridad de las y los trabajadores y garantizar el funcionamiento de un sistema de salud que se encuentra al límite, el UNFPA proporciona a las parteras equipos de protección personal diseñados específicamente para salas de parto y capacitación sobre protocolos de prevención y control de infecciones, además de ayudar a instalar puntos de lavado de manos y sistemas seguros de gestión de residuos. También se están llevando a cabo campañas de participación comunitaria para sensibilizar sobre las medidas para prevenir la transmisión sexual del ébola.


"Escuchar y apoyar a las mujeres es esencial para transformar el miedo en medidas de protección" – Ester Ileli

Parte de las iniciativas de respuesta del UNFPA consiste en distribuir kits de dignidad y salud reproductiva a clínicas y hospitales. "Este equipo es esencial para poner fin a la epidemia", afirmó el Dr. Type Ukurfwa, director médico de la zona de salud de Bunia. "No se trata solo de apoyo logístico: encierra un mensaje de esperanza y resiliencia que nos recuerda que cada vida cuenta y que la dignidad de las mujeres y niñas debe protegerse en cualquier circunstancia".

La respuesta del UNFPA frente al ébola en la República Democrática del Congo cuenta con el apoyo de la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, el Gobierno del Reino Unido y el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) de la ONU. Gracias a la financiación de Japón, una nueva ambulancia garantiza que las derivaciones de emergencia por complicaciones obstétricas puedan seguir realizándose en los cinco territorios de la provincia.

El UNFPA ha solicitado 17,1 millones de dólares estadounidenses para poder hacer frente a la emergencia del ébola en colaboración con asociados locales e internacionales sobre el terreno. Sin embargo, dado que se ha recibido menos del 10 % de los fondos necesarios, es fundamental contar con apoyo urgente para evitar más muertes, fortalecer la resiliencia de las comunidades y contener el brote antes de que se agrave aún más.

Fuente:  UNFPA

julio 07, 2026

El capital contra la vida: dos voces feministas denuncian el despojo, la deuda y la guerra


La inauguración de las Jornadas de Economía Crítica 2026 arrancó en Bilbao con una silla vacía. La mexicana Raquel Gutiérrez intervino por videollamada después de ser detenida en un viaje y volver a figurar en una lista de personas de interés de seguridad. Acompañada por la argentina Flora Partenio, Gutierrez sostuvo que el extractivismo, la financiarización y la militarización forman hoy un “triángulo maldito” contra la trama de la vida.

Raquel Gutiérrez interviene junto a Flora Partenio en la inauguración de las Jornadas de Economía Crítica (JEC2026), titulada «El capital contra la vida. La reproducción social en la encrucijada».

El día antes, el movimiento feminista de Euskal Herria se había reunido en el Hika Ateneo de Bilbao para discutir la potencia política de los cuidados y el riesgo de que ese concepto se vacíe, cooptado tanto por lo privado como por lo público. La conversación llegó el día siguiente al Aula Magna de la Facultad de Economía y Empresa como la mesa que abrió las Jornadas de Economía Crítica (JEC2026), titulada «El capital contra la vida. La reproducción social en la encrucijada». Y arrancó con una ausencia que terminó funcionando como tesis.

Raquel Gutiérrez Aguilar, feminista, internacionalista, integrante del grupo de investigación Entramados Comunitarios y Formas de lo Político y autora este mismo año de Apostar por lo común en un mundo dañado (Bajo Tierra), no pudo viajar. Lo explicó conectada desde México: “Volví a aparecer en una lista de personas de interés de seguridad”, relató, después de una detención en la ciudad de Panamá al regresar de una Bolivia “tremendamente movilizada”. Decidió no moverse “para no volver a exponerme a otro momento tremendo”.

A su lado, en la sala, intervino Flora Partenio, profesora de la Universidad Nacional de San Martín, coordinadora de la Escuela de Economía Feminista de la red DAWN (Mujeres por un Desarrollo Alternativo para una Nueva Era, por sus siglas en inglés) y presidenta de la Asociación Argentina de Investigación en Estudios de Género e Historia de las Mujeres. 

La propia Gutiérrez, cofundadora del Ejército Guerrillero Tupac Katari, encuadró su ausencia en lo que venían a discutir. “Esto es parte de lo que estamos hablando”, advirtió, antes de anunciar que la mesa abordaría “la creciente militarización de este continente” y “cómo eso juega en contra de las luchas por la vida”.
De Nairobi 1985 a las “seis M”

Partenio eligió empezar por la “memoria”, una palabra que recorrería toda su intervención. Reconstruyó la Tercera Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Nairobi en 1985, cuando los feminismos del Sur Global denunciaron los efectos de los programas de ajuste estructural sobre la vida cotidiana. Recuperó la frase con la que una economista resumió aquel rechazo –“no queremos una porción mayor de un pastel envenenado”– y un documento de la red DAWN de aquel mismo año cuya vigencia subrayó: “La supuesta escasez de recursos no ha impedido unos gastos militares disparados, en espiral”, citó, “tanto en los países avanzados como en los llamados del Tercer Mundo”.

En opinión de la economista argentina, los tres conflictos que dividieron aquella conferencia fueron Palestina, el apartheid y la deuda latinoamericana, y reivindicó esa genealogía como herramienta de trabajo: “Nosotras creemos profundamente en reconstruir esas genealogías feministas, y dentro de la economía esto es clave”.
Raquel Gutiérrez atiende a las JEC 2026 por videollamada tras su detención y Flora Partenio desde el Aula Magna dea Facultad de Economía de la EHU.

De ahí saltó al presente para mapear lo que llamó el “autoritarismo electoral”, el que “no solo utiliza distintas formas de violencia, sino que ha combinado eso con la llegada a través de las urnas”. La activista feminista ordenó ese avance en seis palancas, las “seis M” que dijo trabajar con la economista Gita Sen: el dinero, los mensajes, las instituciones –con un poder judicial cada vez más central para “sancionar” y “criminalizar la protesta”–, la mano dura, el militarismo y la “manósfera”. Partenio cargó especialmente contra la primera, el “insoportable capitalismo cripto-bro y bro-ligarca” que, sostuvo, no solo profundiza el extractivismo sino que “ha dinamitado cualquier narrativa que pueda amarrar lo digital a la materialidad”. Y reactivó una pregunta de raíz antimilitarista que atravesaría toda la mañana: “¿Por qué sigue habiendo más plata para balas para la guerra que para la educación?”.

“Desarrollo es destrucción“Raquel Gutiérrez tomó el relevo para profundizar un poco más en el diagnóstico del problema. Describió cómo, desde 1985 hasta comienzos de este siglo, los planes de modernización procedentes de Estados Unidos se impusieron “a rajatabla” en América Latina de la mano del neoliberalismo y de una democracia liberal que llegó “acotada y monopolizada por partidos”, impugnada una y otra vez tanto por las luchas feministas como por los pueblos indígenas. Frente a ese modelo, contrapuso una consigna acuñada en las luchas de defensa territorial mexicanas: “Desarrollo es destrucción”. La glosó sin rodeos: “Desarrollo del capital es ataque sistemático a las condiciones de sostenimiento de la trama de la vida”.

Gutiérrez sostuvo que la criminalización de la protesta “se está quedando corta” frente a un “control armado de los territorios” que se expande “de manera dramática” por México, Guatemala, Ecuador y el Cono Sur, articulado en torno a la guerra contra el narcotráfico y el control migratorioSobre esa base, la matemática y socióloga mexicana nombró lo que considera el núcleo del problema contemporáneo, un “triángulo maldito” de “militarismo, extractivismo y financiarización de la vida” que, planteó, “arma las condiciones contemporáneas de guerra contra la reproducción social”. Su alerta más insistente fue la militarización. Gutiérrez sostuvo que la categoría de criminalización de la protesta “se está quedando corta” frente a un “control armado de los territorios” que se expande “de una manera muy dramática” por México, Guatemala, Ecuador y el Cono Sur, articulado en torno a la guerra contra el narcotráfico y el control migratorio, fenómenos que atribuyó a la desarticulación de los Estados provocada por el neoliberalismo. “Si no paramos esa cantidad inmensa de capital que se va a financiar las armas, los ejércitos, los equipos de vigilancia, estamos en peligro todos”, remató, recurriendo a la idea de “patrones de arruinación” de la antropóloga Anna Tsing: mover el agua, cambiar sus usos, acumular energía “para reforzar esos términos de control y de saqueo”.

Una deuda para vivir y para comerSi Gutiérrez puso el marco continental, Partenio bajó el diagnóstico al presupuesto de los hogares con el concepto que vertebró su segunda intervención: la “gestión monetaria de los cuidados”. Explicó que, conforme el Estado se retira también de los servicios públicos y recorta las prestaciones sociales, esa carga “se retira a los hogares”, donde recae sobre las mujeres y se traduce en endeudamiento. No el del manual del Banco Central, matizó –“no estamos hablando de la deuda para la vivienda ni para el emprendimiento que las va a empoderar”–, sino otro tipo de deuda: “Estamos hablando de una deuda para vivir y para comer”, comprar en el súper con la tarjeta o pedir un préstamo por el móvil para los medicamentos que ese mes no se pueden pagar.

En los barrios populares, denunció, ese vacío lo ocupa ya el narcotráfico. “Hoy los prestamistas en los barrios son los narcos”, afirmó, y lo ilustró con un caso límite: una organización que no tenía cómo pagar el sepelio de una compañera y recurrió a los 500.000 pesos que aportó “el narco del barrio”. “Ya no es ni dejar morir”, concluyó, “ya es gestionar la deuda para morirse, para poder enterrar a una persona”. Apuntó además a las fintech y a las billeteras virtuales, que “prestan más fácil que un banco y con unos intereses inalcanzables”.

Marina Reig Partenio enlazó esa financiarización con el ataque al mundo del trabajo. Repasó las reformas laborales regresivas que recorren la región –sintetizadas, dijo, en la disyuntiva con la que Bolsonaro resumió el chantaje: “Ustedes qué quieren, ¿más derechos o más trabajo?”– y recordó que “tener trabajo ya no garantiza salir de la pobreza”: en Argentina hay “trabajadoras y trabajadores formales que son pobres”. Señaló el lobby de las tecnológicas en Ginebra contra una norma internacional que regule el trabajo de plataformas, y subrayó que en esa batalla, dentro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), van “a la cabeza” las trabajadoras remuneradas del hogar y las cuidadoras domiciliarias, porque “los cuidados se transformaron en un lugar de negocios” –lo mismo que denunciaban, recordó, las compañeras que impulsan la huelga de cuidados prevista para el año que viene en Bilbao.

Finalmente, la destacada economista y activista feminista argentina advirtió de que la última reforma laboral en su país, votada en febrero, obliga a “pedirle permiso al jefe para hacer una asamblea” y amplía la categoría de “trabajo esencial” a unas 47 actividades en las que ya no cabe el derecho de huelga: “Es un ataque a la organización colectiva futura”.

El ahorro de los trabajadores, vuelto contra ellosRaquel Gutiérrez añadió un cuarto frente: el saqueo financiero del ahorro de la clase trabajadora. Reconoció avances en el México actual –pensiones a personas mayores, becas estudiantiles, “cosas meritorias, cosas a valorar”–, pero marcó su techo. Los sistemas de pensiones individuales, las Afores mexicanas o las AFP de otros países, acumulan “montos inmensos de dinero” que, una vez bursatilizados, “van a los megaproyectos, a ampliar estas condiciones de destrucción de las estructuras de sostenimiento”. De ahí que hiciera una pregunta central para salir del atolladero: “¿Cómo armar una postura feminista para que el ahorro de generaciones anteriores se vuelva estructura de sostenimiento de lo nuevo y no estructura de saqueo?”.

Susana Albarrán MéndezSituó ahí “uno de los límites más duros de los gobiernos progresistas”, incapaces de tocar esos fondos de reserva con los que antes se construyó “lo que tenemos de moderno”: un sistema universitario amplio, un sistema de salud público. Y lo conectó con la calle: mientras México vivía “un delirio de fútbol” en vísperas del Mundial, una “gigantesca movilización” de las maestras del sector estatal peleaba contra ese sistema de Afores. “Cómo recuperar la riqueza producida y reapropiarnos de ella”, planteó, “es una de las discusiones centrales si queremos recuperar base material para sostener otra forma de producir vida”.

Epistemología, alianzas y cuerpos en la calle

La tercera ronda, dedicada a las estrategias, devolvió a Partenio al terreno de las alianzas. Reivindicó la economía feminista como “una apuesta epistémica” –“pregúntense de dónde viene la plata”, repitió, citando a Cristina Carrasco– y como “una invitación a pensar un programa político” frente a una conversación pública secuestrada por “la economía con sus aspectos financieros, no la economía real, la de la vida concreta de las personas”. Alertó de que el desfinanciamiento de universidades y organizaciones “nos está llevando a competir entre nosotras y nosotros mismos”. Y avisó contra la fragmentación de las agendas: el ataque a los derechos sexuales y reproductivos, dijo, “es un ataque al cuerpo, a las libertades, a la soberanía sobre el propio cuerpo”, pero también un “gran negocio para la extrema derecha”, con “muy buena financiación” y capacidad de “explotar la división entre Norte y Sur”.

Sobre la violencia machista, Flora Partenio recuperó a Rita Segato –“hay una guerra contra las mujeres”– y, en sintonía con Gutiérrez, advirtió: “Esa militarización nos va a impactar a todas y a todos”.

Como contrapeso, enumeró ejemplos de resistencia. Citó el movimiento brasileño Pensar la vida más allá del trabajo, impulsado por colectivos trans, lésbicos y gais al calor del debate por la reducción de la jornada laboral, y desgranó cinco movilizaciones masivas en apenas cuatro meses en Argentina como “hilos fundamentales de la trama de la vida”: los 50 años del golpe cívico-militar –“en Argentina la dictadura no fue solo responsabilidad de los militares, también del poder empresario”–, la defensa de la universidad pública, la sanidad, el 11º aniversario de Ni Una Menos –“en Argentina se mata a una mujer, una trans o una lesbiana cada 30 horas”– y el velorio multitudinario del músico Indio Solari, un millón de personas bailando en la calle. “La gente decía: necesitábamos esto, necesitábamos salir a la calle”, relató, para reivindicar el reencuentro y la cultura como cuidado colectivo. Sobre la violencia machista, recuperó a Rita Segato –“hay una guerra contra las mujeres”– y, en sintonía con Gutiérrez, advirtió: “Esa militarización nos va a impactar a todas y a todos”.

Gutiérrez cerró con dos hilos sobre los modos de organización. Reivindicó las formas feministas reactualizadas “masivamente” en el continente en la última década, basadas en “la convergencia y la sintonía” y no en “estructuras de articulación formales, sistemáticas, permanentes”, y defendió, frente a “la ansiedad de síntesis” y “las mismas voces que dan las mismas soluciones”, la potencia de los “pensamientos no plenamente sintéticos” y del “mapeo sistemático” de las economistas feministas. Y planteó una urgencia material: construir autonomía financiera desde abajo. 

¿Cómo vamos a cuidar nuestra autonomía política en una economía que no dependa tanto de los asuntos brutales que se nos vienen en contra?“, preguntó Raquel Gutiérrez: “una estrategia de refugio”, para “pasar esta tormenta y empezar a reconstruir entre estas ruinas que vemos”

En su intervención final documentó la “ofensiva brutal” contra las cajas de ahorro y resistencia de los pueblos indígenas de Mesoamérica, que servían para “financiar los entierros” o para esquivar “intereses usurarios”, y celebró que esas “estructuras financieras bajo control social, más pequeño, manejado por mujeres” empiecen a reaparecer. “¿Cómo vamos a cuidar nuestra autonomía política en una economía que no dependa tanto de los asuntos brutales que se nos vienen en contra?”, preguntó, antes de proponer la imagen con la que se despidió: “una estrategia de refugio, los varios refugios”, para “pasar esta tormenta y empezar a reconstruir entre estas ruinas que vemos”.

En el turno abierto, una investigadora de la UNAM interpeló a ambas sobre en qué ha fallado el feminismo ante el giro conservador y por qué la teoría económica crítica sigue siendo minoritaria en la academia. Gutiérrez reivindicó “dar la lucha dentro de la universidad” contra su “neoliberalización gigante” y cuestionó un modelo que se limita a “producir rápidamente un joven o una joven profesional desempleada”.

Partenio, en la misma línea, llamó a “encender un faro de alerta” ante el recorte de becas en ciencias sociales, la censura sobre los estudios de género, trans y queer –“no es muy lejano de lo que pasa en la nueva era Trump”– y la presión para “raspar” los conceptos nacidos al calor de las luchas cuando llegan a las aulas. Su propuesta fue tejer “alianzas impensadas”.

Como dijo antes de sumirse entre los cientos de aplausos del público: “El espanto está muy grande en todos lados del mundo. Por ahí es momento de que, frente a ese horror, nos unamos más”.

Link: original: https://www.elsaltodiario.com/economia-feminista/capital-vida-dos-voces-feministas-denuncian-bilbao-despojo-deuda-guerra

Fuente:El Salto

julio 06, 2026

Diez años de ‘La Manada’, el caso que transformó la lucha contra la violencia sexual en España

La violación cometida por cinco hombres contra una joven durante los Sanfermines de 2016 no solo conmocionó al país, sino que desencadenó un movimiento social que redefinió el concepto de consentimiento e impulsó cambios legislativos


Manifestación contra la sentencia de la Audiencia Provincial de Pamplona sobre La Manada en 2018. (Europa Press)

En la madrugada del 7 de julio de 2016, durante las fiestas de San Fermín en Pamplona, cinco hombres que entonces tenían entre 26 y 29 años agredieron sexualmente a una joven de 18 años en un portal. El caso podría haber sido uno más de los que se registran en fiestas de este tipo, pero transformó la percepción social de la violencia sexual en España e impulsó cambios en la legislación. Los autores, que grabaron la agresión con sus teléfonos móviles y robaron a la joven el suyo, actuaron con pleno conocimiento de que “no tenían el consentimiento de la víctima” y sabiendo que “atentaban contra su libertad e indemnidad sexual”, según indicó el fallo del Tribunal Supremo, que tras un proceso judicial extenso y complejo, les condenó a 15 años de cárcel.

En los mensajes intercambiados por el grupo, conocido como ‘La Manada’, compartieron comentarios celebrando lo ocurrido, utilizando expresiones que restaban gravedad a los hechos y jactándose ante otros conocidos. “Follándonos a una entre los cinco”, “todo lo que cuente es poco”, “puta pasada de viaje”, llegaron a decir en sus conversaciones con otros amigos mientras estos respondían: “Cabrones, os envidio. Esos son los viajes guapos”.

Los miembros de "La Manada"

En un principio, en abril de 2018, la Audiencia Provincial de Navarra condenó inicialmente a los cinco hombres —José Ángel Prenda (28 años), Ángel Boza (26), Jesús Escudero (27), Alfonso Jesús Cabezuelo (29) y Antonio Manuel Escudero (29)— a nueve años de prisión, al ser considerados culpables de un delito continuado de abuso sexual y no de agresión sexual (violación), ya que los magistrados entendieron que no hubo ni intimidación ni violencia física explícita, condiciones que exigía el Código Penal para que se considerase agresión sexual o violación.

Los acusados, que insistieron en que fue una relación consentida, recurrieron la decisión de la Audiencia y la respuesta en la calle fue inmediata, pues desencadenó una ola de indignación y protestas en numerosas ciudades de España que exigían una mayor protección para las víctimas en el sistema judicial. Diversos colectivos feministas y organizaciones sociales reclamaron entonces una reforma legal que reflejara con mayor claridad la gravedad de estos delitos. El caso de ‘La Manada’ también puso en cuestión la actuación de la policía y la exposición pública de la víctima, que sufrió acoso y ataques en redes sociales.

En 2019 el Tribunal Supremo confirmó en su sentencia que se trató de una violación múltiple, elevando la condena a 15 años de cárcel. Confirmó que los cinco hombres se sirvieron de su “superioridad” para agredir sexualmente a la joven con penetraciones por vía vaginal, oral y anal. La decisión del Supremo, que volvió a derivar en protestas multitudinarias en decenas de ciudades, supuso un hito en la jurisprudencia española y sentó las bases para la posterior reforma de la ley de libertad sexual, conocida como la Ley del “solo sí es sí”, que modificó los criterios para considerar el consentimiento en los delitos sexuales.

Expertas en violencia de género aseguran que esta sentencia del Supremo representó un cambio en la interpretación judicial al establecer que la falta de resistencia de la víctima no equivale a consentimiento. El caso de La Manada aceleró también un cambio cultural en la manera de entender el consentimiento sexual, de forma que el mensaje de “solo sí es sí” ganó fuerza en la sociedad, reforzando la idea de que toda relación debe basarse en un consentimiento claro, libre y reversible en cualquier instante.

“Dio respuesta a esa falta de credibilidad de las mujeres y a ayudarlas a avanzar con el trauma que supone una agresión sexual. Lo más civilizador que ha ocurrido en el siglo XXI ha sido el movimiento feminista”, explicó el pasado viernes la socióloga feminista Rosa Cobo durante las jornadas ‘Yo sí te creo: diez años de movilización feminista frente a la violencia sexual’, según informa la agencia EFE.

Ataques más violentos y agresores de corta edad: así es la violencia sexual en grupo en España.
Otro caso similar en Pozoblanco, Córdoba

También cabe recordar que cuatro de los cinco integrantes de la Manada ya habían sido condenados por otro delito sexual cometido meses antes de los hechos de Pamplona. En esa ocasión, según los fallos judiciales, abusaron de una joven que se encontraba inconsciente en el interior de un vehículo en Pozoblanco (Córdoba), en una agresión ocurrida en la primavera de 2016, previa a las fiestas de San Fermín. Las pruebas obtenidas durante la investigación de ambos casos evidenciaron un patrón de conducta y contribuyeron al endurecimiento de las condenas.

Además, un año después de la violación grupal en Pamplona, el movimiento internacional Me Too cobró fuerza al visibilizar denuncias de acoso, abuso y agresiones sexuales en distintos ámbitos, poniendo en evidencia que estas situaciones forman parte de un problema estructural y no de hechos aislados.

Fuente: Infobae

julio 05, 2026

Khaleda Popal: "El fútbol me dio comunidad y propósito"


La excapitana de la Selección Femenil de Afganistán tuvo que huir de su país tras recibir amenazas. En entrevista con La Cadera de Eva, habla sobre el exilio, la sororidad, el Mundial 2026 y el poder del fútbol para transformar comunidades.



Para Khaleda Popal el fútbol es confianza, comunidad e impacto social. Sin embargo, la excapitana de la Selección Nacional Femenil de Afganistán, tuvo que huir de su país por amenazas muerte, derivadas de su activismo como deportista. Popal denunció las violaciones a los derechos humanos y a los derechos de las mujeres afganas y terminó pidiendo asilo en Dinamarca, después de ser desplazada de su lugar de origen, al igual que otras 5 millones 800 mil personas del país.

En el exilio, Popal fundó Girl Power Organisation, una asociación enfocada en promover la inclusión y los derechos de las mujeres y las personas refugiadas a través del fútbol. Y aunque resumir su currículum sería imposible, basta con decir que, actualmente, Popal es una de las referencias mundiales en materia de derechos humanos y fútbol femenil.

En el marco de la Copa Mundial de las FIFA 2026, Popal visitó México gracias a la colaboración de Girl Power Organisation y la organización mexicana Más Sueños, y platicó con La Cadera de Eva sobre fútbol femenil, la experiencia del exilio y la situación de las mujeres afganas tras el regreso del régimen del Talibán. 

Mucha gente piensa que el deporte es solo un juego o una forma de entretenimiento. ¿Por qué crees que puede ser una herramienta poderosa para defender los derechos humanos y generar cambios sociales?

El deporte puede ser ambas cosas: una competencia para las y los atletas y una forma de entretenimiento para el público. Pero, además, tiene un enorme impacto social en las personas y en las comunidades. Incluso cuando hablamos del nivel más alto, como una Copa del Mundo, el deporte transforma a las comunidades. La gente se reúne, celebra, comparte emociones. Genera alegría, esperanza y un sentido de pertenencia.

Y cuando hablamos de derechos humanos, el deporte siempre ha desempeñado un papel muy importante. A lo largo de la historia ha servido para impulsar los derechos humanos, los derechos de las mujeres y los derechos de las minorías.

Además, el fútbol me dio confianza en mí misma. Me dio una comunidad y un propósito. Siempre hablo de la hermandad entre mujeres. Aprendí el poder de la sororidad: lo que ocurre cuando las mujeres se unen por una causa más grande que ellas mismas y el impacto que eso puede tener en sus comunidades.

La Copa Mundial de 2026 atraerá la atención del mundo hacia países como México. ¿Qué responsabilidad tenemos como uno de los países anfitriones?

Es fantástico que la Copa del Mundo llegue a México porque México es un país profundamente futbolero. Y, particularmente en el fútbol femenil, México se está convirtiendo en un referente mundial. La liga femenina está creciendo, innovando y marcando un camino para el desarrollo del fútbol de mujeres en otros países.

Organizar un Mundial genera entusiasmo y felicidad, pero también representa una oportunidad. Cuando toda la atención del mundo está puesta en el fútbol, el país anfitrión debería aprovechar ese momento para visibilizar los desafíos que enfrenta su sociedad.

En el caso de México, pienso en la violencia de género, los feminicidios y también en la situación de las personas refugiadas, desplazadas y solicitantes de asilo. Actualmente hay decenas de miles de personas solicitando asilo, muchas de ellas mujeres y niñas. El Mundial puede convertirse en una plataforma para hablar de estos temas, movilizar recursos y generar oportunidades para esas comunidades.

Has trabajado con niñas refugiadas y comunidades migrantes. ¿Qué has aprendido de ellas?

Muchas mujeres refugiadas y solicitantes de asilo tuvieron que abandonar sus hogares debido a la violencia de género o a las condiciones que enfrentaban en sus países. Es una realidad que vemos en muchos lugares del mundo. Los conflictos armados, el cambio climático, la corrupción y la inestabilidad política afectan principalmente a las personas más vulnerables.

Y casi siempre quienes pagan el precio más alto son las mujeres, las niñas y los niños.

¿Cómo fue tu propia experiencia como refugiada?

Mi activismo a través del fútbol tuvo un costo muy alto.En un país dominado por los hombres y considerado uno de los más peligrosos para las mujeres, hablar sobre violencia de género, matrimonios forzados, matrimonios infantiles y corrupción puso mi vida en riesgo.

Por eso tuve que abandonar Afganistán.

Cuando un país no protege a quienes defienden los derechos humanos, personas como yo no tienen otra opción que irse para salvar su vida y también su voz. El exilio vino acompañado de trauma, tristeza, soledad y una profunda crisis de identidad.

Perdí todo lo que conocía. Llegué a un país nuevo, con otro idioma, otra cultura. Viví ansiedad y depresión. Pero el fútbol volvió a salvarme.

Gracias al fútbol recuperé mi identidad y conocí a mujeres refugiadas de distintos países que habían vivido pérdidas similares. Juntas construimos una comunidad. De esa experiencia nació Girl Power Organisation. Hoy utilizamos el fútbol y la educación para crear oportunidades para mujeres y niñas refugiadas o pertenecientes a comunidades marginadas.

Por eso estoy en México: para colaborar con organizaciones lideradas por mujeres que ya están haciendo un trabajo extraordinario con niñas, mujeres y personas refugiadas.

¿Cómo describirías hoy la situación de las mujeres en Afganistán?

Es devastadora.

Afganistán se ha convertido en una prisión para las mujeres y las niñas. Se les castiga simplemente por ser mujeres. Han sido borradas de la vida pública. Les quitaron el derecho a estudiar, a trabajar, a practicar deporte y a participar en la sociedad. Se les arrebató su derecho a existir plenamente.

La violencia doméstica ha aumentado. También los problemas de salud mental y los intentos de suicidio.Muchas mujeres y niñas ya no soportan vivir encerradas en un país donde prácticamente la mitad de la población ha sido eliminada de la vida pública.

Muchas veces el mundo solo ve a las mujeres afganas solo como víctimas. ¿Qué idea preconcebida te gustaría cambiar sobre la mirada internacional?

Cuando empezamos a jugar fútbol queríamos romper el estereotipo de que las mujeres pertenecían únicamente a la cocina o al servicio de los hombres. Queríamos demostrar que las mujeres también pertenecen a los espacios públicos, al deporte y a cualquier lugar donde quieran estar.

El fútbol fue nuestra herramienta. No empezamos jugando porque soñáramos con un Mundial. Jugábamos para construir una comunidad, para convertirnos en la voz de mujeres que nunca habían podido alzar la suya. Queríamos inspirar a otras niñas porque nosotras crecimos sin referentes femeninos.

Hablas mucho de la sororidad. ¿Por qué es tan importante?

El patriarcado lleva siglos existiendo y una de sus estrategias ha sido enfrentar a las mujeres entre sí.

Por eso hablo tanto de la sororidad. Para mí significa apoyarnos, compartir oportunidades, compartir los espacios y demostrar que cuando trabajamos juntas somos mucho más fuertes.

Una sola mujer puede ser ignorada o silenciada, pero un grupo organizado de mujeres es mucho más difícil de combatir.

Siempre pongo el mismo ejemplo: un dedo es débil. Dos dedos son un poco más fuertes. Pero cuando los cinco dedos forman un puño, es muy difícil derrotarlo.

Así debemos actuar las mujeres.

Después de todo lo que has vivido, ¿qué es lo que hoy te da esperanza?

Me da esperanza saber que todavía existen muchísimas personas y organizaciones comprometidas con ayudar a otras.También creo que quienes tenemos una voz y una plataforma tenemos la responsabilidad de utilizarlas para amplificar las voces de quienes no pueden hablar.

Quiero dedicar mi voz a las mujeres afganas, a las personas refugiadas y a quienes han sido silenciadas. Mientras tenga la oportunidad de hablar, voy a seguir haciéndolo por quienes no tienen un micrófono ni el privilegio de ser escuchadas.

Mi voz es mi mayor herramienta y quiero ponerla al servicio de quienes hoy no pueden usar la suya.

Fuente: La Cadera de Eva

Sí a la Diversidad Familiar!
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