febrero 04, 2026

Tejiendo oportunidades: La iniciativa que impulsa la independencia de mujeres a través del tejido

Trece mujeres de La Araucanía llegaron a un taller de tejido sin imaginar que la experiencia sería completamente transformadora, no solo en sus habilidades, sino también en su vida cotidiana. Juana y Magaly son parte de ese grupo y hoy coinciden en algo esencial: tejer volvió a conectarlas con la alegría, la esperanza y la confianza en sí mismas.


Desde las comunas de Collipulli, Victoria y Ercilla, trece mujeres se reunieron gracias a un programa impulsado por CMPC, que puso en marcha un taller orientado no solo a perfeccionar saberes previos, sino también a incorporar una nueva técnica: el jacquard, un método que permite crear figuras y patrones directamente en el tejido y que exige concentración, paciencia y precisión.

Guiadas por la reconocida diseñadora de tejidos, Jandi Gardiazabal, las participantes se sumergieron en un proceso formativo que busca rescatar oficios tradicionales y, al mismo tiempo, abrir oportunidades concretas de desarrollo. El objetivo es que, a futuro, los productos que nacen de esta instancia puedan ser comercializados, cumpliendo con estándares de calidad que permitan transformar el oficio en una fuente real de autonomía económica.



Pero el impacto del taller fue mucho más profundo que las piezas terminadas. Juana Cañuta, una de las participantes, cuenta que tras las distintas sesiones se siente “como otra persona, como una mujer más contenta”. Magaly Valdebenito comparte esa percepción y lo resume así: “soy una mujer distinta, más alegre. Ahora estoy más contenta, me siento orgullosa de mí misma”.


Las sesiones del taller se realizaron de manera itinerante, recorriendo las distintas comunas donde viven las participantes. Al inicio, muchas no se conocían entre sí, pero bastó el primer encuentro para que la distancia se diluyera y comenzara a tejerse entre ellas un vínculo bien entramado, que se afirmaba puntada a puntada, igual que su trabajo con la lana.

Desde la primera sesión los palillos entraron inmediatamente en acción: mientras tejían, cada una se presentaba y compartía fragmentos de su historia. El tejido se volvió así una excusa para conversar, escucharse y encontrarse.

Aunque todas tenían conocimientos previos, ninguna había trabajado antes la técnica del jacquard. Su complejidad inicial generó nervios e inseguridades, pero con la guía constante de Jandi y el apoyo mutuo entre las participantes, las manos comenzaron a soltarse. El proceso partió con la confección de un cuello de lana y avanzó, paso a paso, hasta la elaboración de un chaleco con diseño.


Juana Cañuta vive en Collipulli y aprendió a tejer a los ocho años. Sin embargo, en los últimos años se había dedicado principalmente al telar, por lo que el jacquard también representó un desafío nuevo para ella. De esos primeros encuentros recuerda: “De repente habían algunas compañeritas que decían ‘No voy a ser capaz, parece que lo voy a dejar’. Ahí nos ayudábamos, estábamos unas con otras y decíamos, ‘tenemos que entender esto y salir adelante entre todas’”.

Magaly vive en Rucamilla, comuna de Ercilla. Encontró en el taller una oportunidad para reconstruirse y destaca cómo ese apoyo fue clave para fortalecer los lazos del grupo. “Con todas las chiquillas nos hicimos muy buenas compañeras, nos fuimos conociendo una a otra, y ahora somos un grupo muy unido”, dice con cariño.

Jandi también destaca la conexión entre personas que pueden generar espacios de este tipo. “El tejido es transversal: conecta vidas, territorios y emociones. Verlas aprender algo que parecía imposible y descubrir que pueden emprender con esto es lo más lindo de enseñar”, comenta.

Una herramienta de autonomía

Más allá del aprendizaje técnico, el taller abrió una posibilidad que muchas de las participantes no habían considerado antes: transformar este oficio en una fuente concreta de ingresos. A medida que avanzaban las sesiones, no sólo dominaban la técnica del jacquard, sino que también comenzaban a verse a sí mismas como creadoras capaces de producir piezas con valor comercial. Así, el tejido dejó de ser solo un pasatiempo o una herencia familiar para convertirse en una herramienta real de autonomía.

Jandi reconoce que para ella fue sorpresivo el efecto que tuvo esta instancia en las participantes: “Yo siempre supe que podían, pero nunca pensé que para ellas iba a ser tan significante. No tenía dudas del resultado, pero no pensé que iba a tocar tantos corazones”. Como le pasó a Juana: “Es impresionante cómo uno puede hacer tantas cosas a la vez, y eso significa que somos mujeres con fuerza, con ganas de salir adelante”, dice.


Magaly ha dedicado gran parte de su vida a trabajar en la cosecha, por lo que hoy esta oportunidad le permite pensar en un futuro distinto, donde sus confecciones puedan ser vendidas y el tejido se transforme en una alternativa real de trabajo.


Para ella y para otras participantes, el taller abrió una posibilidad que antes no estaba sobre la mesa: proyectar el oficio más allá del aprendizaje, imaginarlo como un ingreso propio y como una actividad que pueden sostener en el tiempo.

“Es algo hermoso porque nace de uno y con las propias manos de uno. Aparte, puedo ser mi propia jefa, no estar dependiendo de nadie”, cierra con una sonrisa.

Link nota: 

Fuente: Paula

febrero 03, 2026

La estela feminista que deja la primera presidenta en Honduras

La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, habla en un evento, en Tegucigalpa (Honduras). EFE/STR

El primer Gobierno de una mujer en Honduras, bajo el mandato de la izquierdista Xiomara Castro, deja un legado feminista basado en leyes que fortalecen la defensa de los derechos igualitarios en el país, que continúa siendo uno de los más peligrosos de la región para el género con altos índices de feminicidios.


Pese a los avances en materia de igualdad, Honduras mantiene una de las leyes más rígidas frente al aborto al no permitirlo bajo ninguna circunstancia, aunque la presidenta firmó una norma que tumbaba la prohibición del uso y la venta de anticoncepción de emergencia tras ser prohibido en 2009, un progreso en esta materia.


Entre esos "logros" está la elevación a Secretaría de Estado de la Mujer, antes un instituto, y la Ley de 'Casas Refugio', orientada a regular espacios seguros para proteger a mujeres maltratadas, desplazadas por la violencia o víctimas de trata, según activistas consultadas por EFE.


A ello se une la creación del protocolo de atención a víctimas de violencia sexual, la Ley de Protección a las Mujeres en Situaciones de Emergencia, Desastres Naturales y Multicrisis y el fortalecimiento de 'Ciudad Mujer', un programa público e interinstitucional que busca brindar servicios de manera integral.


"(Hay que) aclarar que Xiomara Castro jamás se identificó como feminista ni con el feminismo, sino que estas son propuestas que las mujeres llevamos años demandando", ha señalado a EFE la activista y feminista Jessica Sánchez.

Los feminicidios, una leve tendencia a la baja

"Creo que sí nos quedó a deber en materia de violencia contra las mujeres. Aunque su Gobierno haya destacado que los femicidios bajaron en un 20 %, cuando vemos las cifras del Observatorio de la Violencia (...) durante el periodo hubo más de 1.000 muertes de mujeres, femicidios y muertes violentas de mujeres", ha resaltado Sánchez.

Desde enero de 2022, cuando Castro asume la presidencia, hasta diciembre de 2025 hubo 1.221 feminicidios, siendo el año 2023 el que más registro con 411 mujeres asesinadas, según cifras del Observatorio Nacional de la Violencia (ONV) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

En 2025 hubo 262 muertes violentas de mujeres, es decir, una mujer asesinada cada 33 horas con 26 minutos. De ese total, el 66,4 % de los homicidios de mujeres fueron con arma de fuego, el 53,8 % fueron encontradas en la vía pública y el 46,2 % de las víctimas tenía entre 30 y 59 años.

Los dos últimos años de la administración de Castro se registró un leve descenso en las cifras de feminicidios con 240 en 2024 y esos 262 en 2025. Aunque, el año más violento para las mujeres en Honduras fue en 2013 con 636 mujeres asesinadas, unos dos feminicidios al día.

Y, en lo que va de enero, la Defensoría del Pueblo ya registra "alrededor de una veintena" de mujeres asesinadas.
Una mujer participa en una manifestación convocada por colectivos feministas durante el 'Día de la mujer hondureña', en Tegucigalpa (Honduras). EFE/ Gustavo Amador

De progresistas a conservadores, temor ante un posible retroceso

"Al ser el gobierno de corte conservador sí esperamos retrocesos a los derechos de las mujeres", ha admitido la activista Sánchez ante la entrada del Gobierno del conservador Nasry 'Tito' Asfura, con el Partido Nacional, en sustitución de Castro, del izquierdista Partido Libre.


Tanto Sánchez como la activista hondureña Wendy Cruz, de la organización Vía Campesina, han denunciado que durante la instalación de la primera legislatura del Parlamento, se habría ondeado una bandera provida.

"Ese es un mensaje claro de la gente provida que va en contra de todos los derechos humanos de las mujeres hondureñas. Eso es grave", ha descrito Cruz.

Recientemente, el movimiento feminista se manifestó bajo tensión por las principales calles de Tegucigalpa en el marco del 'Día de la mujer hondureña' frente a un contingente militar que custodiaba los predios de la sede legislativa. La protesta culminó con un leve enfrentamiento entre feministas y militares.

Varias activistas han confesado a EFE su preocupación ante un retroceso en los derechos de las mujeres en este nuevo Gobierno ante la posibilidad de recortar o fusionar las instituciones públicas en defensa de los mismos, como ha ocurrido o se proyecta en otros países de Centroamérica.



Por Anny Castro y Ana de León 
Fuente: Efeminista

febrero 02, 2026

El trabajo doméstico por días y sus puntos claves





El trabajo doméstico por días y sus puntos claves



El trabajo doméstico por días es una de las modalidades más comunes de vinculación laboral. Miles de hogares contratan a empleadas domésticas que van una, dos o tres veces por semana. La pregunta es recurrente: ¿Esa frecuencia hace alguna diferencia en la contratación y en los derechos laborales?
La respuesta es clara y contundente: no.

Vale la pena aclararlo desde el inicio. El trabajo doméstico por días, también conocido como trabajo a tiempo parcial, es una relación laboral formal. Existe porque hay un pago por el servicio, porque se dan instrucciones, porque hay subordinación y porque se presta el trabajo de manera personal, así sea solo algunos días a la semana.

En Colombia, la legislación reconoce esta modalidad y establece reglas claras que deben cumplirse en todos los casos. Por eso, es importante revisar los puntos que sí o sí aplican cuando se contrata trabajo doméstico por días.

El salario

Para este 2026, el salario mínimo legal mensual vigente por un día de trabajo es de $76.393 entendido así: $58.363 por el día de trabajo, al que se suman $8.303 del subsidio de transporte y $9.727 correspondiente al proporcional del descanso dominical remunerado.

Este valor no es negociable con una cifra inferior, es decir, no se puede pagar menos de esto por un día de trabajo. A partir de allí, por supuesto, se puede pagar más. Es importante tener en cuenta que este pago diario no incluye seguridad social, prestaciones ni vacaciones, porque se reconocen de manera adicional.

Clave, la seguridad social

En el trabajo doméstico por días, la afiliación y los aportes mensuales no son opcionales. Así lo ratificó la reforma laboral (ley 2466 de 2025). Existe la posibilidad de afiliar por tiempo parcial y hacer los aportes de acuerdo con los días trabajados en el mes, lo que facilita el cumplimiento de esta obligación.

Esta responsabilidad recae exclusivamente en las empleadoras y los empleadores. A través de este esquema, se realizan aportes a pensión, riesgos laborales y caja de compensación familiar. La salud se cubre por el régimen subsidiado (que conocemos comúnmente como Sisbén) o como beneficiaria ante una EPS.

Contar con la seguridad social es una protección para ambas partes. Pensemos, por ejemplo, en un accidente laboral. Tener afiliación a riesgos laborales permite que la atención y los costos estén cubiertos, y evita que la empleadora o el empleador tenga que asumirlos directamente de su bolsillo.

¡Atentos con la jornada!

La jornada laboral también tiene límites claros. El trabajo por días no significa jornadas extensas o sin control. La jornada máxima legal sigue siendo de ocho horas diarias. Cuando se supera ese tiempo, deben reconocerse y pagarse las horas extras, como en cualquier otra relación laboral.

Si el trabajo se realiza en horario nocturno, aplican los recargos correspondientes (a partir de las siete de la noche).

Lo mismo ocurre con el trabajo en domingos y festivos. Cuando una trabajadora del hogar labora en estos días, el pago debe incluir el recargo legal. Hasta julio de 2026, este recargo es del 80 %, luego pasa al 90 %, y en 2027 llegará al 100 %.

Las prestaciones tampoco son excepción

Aunque persiste el mito de que el trabajo por días no genera prestaciones, la realidad es otra. Cesantías, intereses a las cesantías, prima de servicios y vacaciones se reconocen de manera proporcional al tiempo trabajado y al salario recibido.

La prima, por ejemplo, se calcula con base en lo ganado durante el semestre y los días efectivamente trabajados. Lo mismo ocurre con las cesantías, que deben consignarse en el fondo correspondiente y en los tiempos legales definidos (en febrero del año siguiente, es decir, en este 2026 se consignan las de 2025). Y por supuesto, también se pagan los intereses a las cesantías.

El contrato, sí o sí

Otro punto que no puede pasarse por alto es el contrato de trabajo. Aunque muchas relaciones laborales por días se han manejado históricamente de manera verbal, con la reforma laboral el contrato escrito es obligatorio al momento de contratar (para las vinculaciones hechas a partir de junio de 2025). Lógicamente, esto aplica también para el trabajo doméstico por días.

Contar con un contrato por escrito permite dejar claras las condiciones desde el inicio: el salario, las fechas de pago, el horario, los días de trabajo a la semana, el tiempo de vacaciones y el cumplimiento de las prestaciones. Es una herramienta de claridad y protección para ambas partes.

En el trabajo doméstico por días no hay excepciones a la norma. Las trabajadoras del hogar cuentan con las mismas garantías que existen en cualquier relación laboral, ajustadas de manera proporcional al tiempo trabajado. Tengamos que en cuenta que menos días no significan menos derechos.


Fuente: Hablemos de trabajo doméstico

febrero 01, 2026

Ni en Reino Unido, ni en Estados Unidos: el primer voto femenino fue en Nueva Zelanda


Al contrario de lo que sucedía en otros países, la lucha por el sufragio femenino tuvo una amplia aceptación social en la Nueva Zelanda del siglo XIX, especialmente entre los sectores más conservadores.

Petición del sufragio femenino en Nueva Zelanda, 1893.CC

Que la revolución francesa sea el acontecimiento histórico que marca el inicio de la edad contemporánea, en la que se enmarca nuestra época actual, no es fruto del azar. Este episodio del pasado fue algo así como una tierra fértil en la que se cultivaron los ideales que hoy sostienen a la sociedades occidentales: los tan difundidos Derechos Humanos y, entre ellos, la semilla de unos derechos destinados a una mitad de la población que durante siglos vivió relegada a la otra. Las mujeres.

Condenada a muerte por sus ideas, la escritora francesa Olympe de Gouges fue una de las pioneras en esta lucha, al defender que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” y redactar, en 1791, la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana. Más tarde, el movimiento de activistas británicas como Emily Davison, quien dio (literalmente) su vida por alcanzar el voto femenino en Inglaterra, se hizo eco en todo el mundo e impulsó también a las sufragistas estadounidenses.


Sin embargo, no fue en ninguno de estos países donde las mujeres adquirieron por primera vez el derecho a votar, blindado ahora por la mayoría de constituciones del planeta. Aunque la lucha en Francia, Reino Unido y Estados Unidos fue determinante a nivel global, lo cierto es que fue en Nueva Zelanda donde este se formalizó antes, y de una manera ciertamente transformadora para la época: considerando también a mujeres maoríes e indígenas como dignas de ejercer esa libertad democrática.

1893: LA LUCHA DE KATE SHEPPARD Y MERI TE TAI MANGAKĀHIA 

Nueva Zelanda fue un caso de éxito excepcional en un contexto global en que el movimiento feminista era visto con escepticismo: al contrario de lo que sucedía en otros países, donde las peticiones por el voto femenino tardaron décadas en materializarse, la propuesta en esta isla de Oceanía -que en el siglo XIX caminaba bajo la tutela de su padre, el Imperio británico- contó con una amplia aceptación social, especialmente entre los sectores más conservadores.

El país ejerció su soberanía en 1852 (al menos, en asuntos internos), pero desde entonces experimentó un período de decadencia que dio lugar a saqueos y desorden social. Eso, sumado a que, por causas no citadas en las fuentes, la población era mayoritariamente masculina, hizo que las mujeres —y, en consecuencia, sus peticiones— fueran muy valoradas por la sociedad y las instituciones: desde 1869, con la publicación de Un llamamiento a los hombres de Nueva Zelanda, escrito por Mary Muller, comenzó a abrirse el sendero hacia el sufragio femenino.


No fue, sin embargo, hasta inicios de la década de 1890 cuando aparecieron en escena Kate Sheppard y Meri Te Tai Mangakāhia. La primera, movilizó a las mujeres entre 1891 y 1892 y finalmente organizó una recogida de firmas masiva que fue considerada por el entonces gobernador neozelandés Lord Glasgow, quien aprobó la ley que dio respaldo al sufragio femenino, un 19 de septiembre de 1893.

Meri Te Tai Mangakāhia.

La segunda, por su parte, fue un paso más allá en la lucha. Como mujer que se enfrentaba una doble discriminación a causa de su origen indígena, Meri Te Tai Mangakāhia inició una reivindicación paralela a favor de la inclusión de las maoríes en esta nueva ley, que pronto tuvo éxito. Además, también se manifestó por el derecho de las mujeres a ocupar un escaño en el parlamento, si bien no fue hasta 1919 cuando pudieron finalmente presentarse a las elecciones.

DE NUEVA ZELANDA AL MUNDO ENTERO

El siguiente país en consolidar este derecho fue Australia, en 1902, aunque lo hizo con un ingrediente que hoy nos sabría amargo: sin englobar a las mujeres y hombres aborígenes. Le siguió un conjunto de países europeos: Finlandia en 1906, Noruega en 1913 y Dinamarca en 1915. Y luego, esta libertad llegó a la Unión Soviética, en 1917.

Periodista especializada en historia, cultura y actualidad
Fuente: National Geographic

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in