junio 04, 2026

España. “Las mujeres no enferman más, están peor protegidas”: los riesgos laborales invisibilizados dañan la salud de las trabajadoras


CCOO denuncia que sectores feminizados como hotelería, comercio y contact centers arrastran condiciones que ponen en jaque el bienestar físico y mental de millones de empleadas, pese a las leyes de igualdad


Mujeres trabajando en una oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La salud laboral de las mujeres continúa siendo una asignatura pendiente en España. Con motivo del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, que se celebra este 28 de mayo, la Federación de Servicios de CCOO ha vuelto a poner el foco en una realidad que, según denuncia el sindicato, sigue sin abordarse con la suficiente profundidad: el sistema de prevención de riesgos laborales en España sigue sin incorporar de forma efectiva la perspectiva de género, lo que deja sin protección adecuada a millones de trabajadoras en sectores altamente feminizados.

Según el sindicato, aunque la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales reconoce formalmente la igualdad entre hombres y mujeres, su aplicación real es insuficiente. En la práctica, denuncian, los riesgos específicos que afectan a las mujeres siguen siendo “invisibles”, especialmente en ámbitos donde la plantilla femenina es mayoritaria.

“Las mujeres no enferman más, están peor protegidas”, es la idea central que lanza CCOO, que reclama un cambio profundo en la forma de evaluar y prevenir los riesgos laborales, integrando de forma real la variable de género en todas las políticas de empresa.

Brecha entre la ley y su aplicación real

Pese a que la normativa vigente contempla la igualdad de género en la prevención de riesgos, el sindicato asegura que existe una brecha importante entre la ley y su aplicación real. Según CCOO, muchas empresas no destinan los recursos necesarios para identificar riesgos físicos y psicosociales con perspectiva de género, lo que provoca una infradeclaración de problemas de salud laboral en sectores feminizados.

El problema, señalan, no es únicamente técnico, sino también organizativo y cultural. La falta de coordinación entre los planes de igualdad y los planes de prevención hace que muchos riesgos no se detecten o no se traten de manera adecuada.

Para CCOO, la solución pasa por integrar ambas herramientas dentro de las empresas, de forma que la protección de la salud de las trabajadoras sea “real y efectiva”, y no solo una obligación formal.

Mujeres alzan la voz durante la manifestación del 8M para denunciar las desigualdades que aún persisten. Desde la precariedad económica hasta la amenaza de discursos de ultraderecha, exponen por qué el feminismo es más necesario que nunca.
Hostelería: sobrecarga física y exposición química

Uno de los sectores más afectados es la hostelería, donde las camareras de piso representan un claro ejemplo de precariedad y riesgo laboral. Según los datos del sindicato, el 91% de estos puestos están ocupados por mujeres, muchas de ellas en situación de parcialidad o subcontratación.

Estas condiciones dificultan tanto la vigilancia de la salud como la formación preventiva. A ello se suman riesgos ergonómicos derivados de la repetición de movimientos y el sobreesfuerzo físico, así como riesgos biológicos y químicos asociados al uso constante de productos de limpieza.

Estas exposiciones pueden derivar en patologías respiratorias, alergias y lesiones musculoesqueléticas. CCOO recuerda que medidas como la instalación de camas elevables o carros motorizados ya han sido implementadas en algunas comunidades autónomas como Canarias y Baleares, y reclama su extensión al resto del país.
El comercio: conciliación imposible y acoso persistente

En el sector del comercio, donde las mujeres representan alrededor del 70% del empleo, los riesgos laborales también tienen una fuerte dimensión de género. El sindicato alerta de la dificultad de conciliación debido a horarios irregulares y a la organización del trabajo en un entorno de alta exigencia.

Además, las trabajadoras están expuestas a sustancias sensibilizantes derivadas del tratamiento del textil, así como a situaciones de cosificación relacionadas con estereotipos de género, especialmente vinculados a la imagen física.

CCOO también denuncia la persistencia del acoso sexual y del acoso por razón de sexo, muchas veces procedente de clientes, así como la exposición a cambios bruscos de temperatura, especialmente en sectores como la restauración o las tiendas.

Contact center: presión constante y riesgos psicosociales

Otro de los sectores analizados es el contact center, donde las mujeres también representan cerca del 70% de la plantilla. En este ámbito, los riesgos ergonómicos y psicosociales se combinan con una organización del trabajo altamente exigente.

La supervisión constante, los ritmos intensos, las pausas limitadas y el bajo margen de autonomía generan un entorno de presión continua que afecta directamente a la salud mental y física de las trabajadoras.


Además, el uso de mobiliario no adaptado a las características físicas de las mujeres contribuye a problemas musculares, especialmente en cuello, hombros y extremidades superiores.

A esto se suma la exposición a llamadas continuas y a comportamientos ofensivos o sexistas por parte de algunos clientes. Expresiones como “pásame con un hombre que se entere” o “tú no sabes de esto” siguen siendo habituales, según denuncia el sindicato.

Finanzas, tecnología de la información y seguros: el peso de los micromachismos

Aunque no son sectores tradicionalmente feminizados, las áreas de servicios financieros, tecnologías de la información y seguros también presentan riesgos psicosociales con perspectiva de género.

CCOO advierte de la presencia de micromachismos, desconfianza hacia el liderazgo femenino y actitudes condescendientes que afectan al desarrollo profesional de las mujeres. Frases como “seguro que necesita ayuda para tomar esa decisión” o “es demasiado emocional para dirigir un equipo” reflejan, según el sindicato, una cultura aún desigual.

También se señala que los objetivos de productividad y retribución variable no tienen en cuenta la carga mental asociada a los cuidados o la dificultad para compatibilizar la vida laboral con reuniones o formaciones fuera del horario de trabajo.

El techo de cristal y la salud mental

Uno de los problemas estructurales más señalados por CCOO es el llamado “techo de cristal”, que dificulta el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad y promoción profesional.

Esta barrera, explican, no solo limita el desarrollo laboral, sino que también tiene un impacto directo en la salud mental de las trabajadoras, generando frustración, estrés y desmotivación.

Una reivindicación urgente

Con motivo del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, CCOO insiste en que la prevención de riesgos laborales debe dejar de ser neutra en apariencia para convertirse en verdaderamente inclusiva. Reclama más recursos, evaluaciones de riesgos con enfoque de género y una coordinación real entre igualdad y prevención dentro de las empresas.

Fuente: Infobae

junio 03, 2026

A 11 de años de #NiUnaMenos nos siguen matando

Agostina Vega tenía 14 años cuando la mataron, hace una semana. Igual que Chiara Páez, asesinada en 2015. En ese momento fue un tuit enfurecido de la periodista Marcela Ojeda el que encendió la chispa para la organización del Ni Una Menos. Ese movimiento que trascendió fronteras y fue ejemplo de lucha en todo el mundo. Hoy, Marcela defiende su derecho a estar viva y a enojarse en un país donde se niegan los femicidios y la violencia machista.


Hace 11 años —cuando X era Twitter y no una red social tan hostil, expulsiva y aleccionadora como ahora— escribí desde las tripas: "No vamos a levantar la voz?. NOS ESTÁN MATANDO". Estaba envuelta en enojo, pena y furia. La violencia extrema hacia las mujeres, y en ese momento puntual contra las adolescentes, tuvo uno de sus picos máximos cuando Chiara Páez fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, en Rufino, Santa Fe. Chiara tenía 14 años y estaba embarazada de tres meses. Mansilla la mató a golpes y la enterró en la casa de sus abuelos. 

Este tuit está escrito. Sucedió. Pero fue azaroso que me haya interpelado a mi de esa forma. Cualquiera podría haber sido la autora de ese posteo: vos, aquella, la otra, la de más allá, la del otro lado. Fue una circunstancia. En menos de un mes, entre ese tuit del 11 de mayo y el miércoles 3 de junio de 2015, organizamos la primera marcha de Ni Una Menos. Ahora, once años después, nos enteramos del femicidio de otra adolescente de 14 años. Entre aquel Ni Una Menos inaugural y hoy contamos 3424 mujeres asesinadas, según La Casa del Encuentro. De esos asesinatos, 3073 fueron femicidios y femicidios vinculados (cuando un hombre mata a una o varias personas con el propósito de causarle sufrimiento, castigar o destruir psíquicamente a una mujer). En estos once años, una mujer fue asesinada cada 30 horas. 

Agostina Vega, cordobesa, estuvo desaparecida una semana. Su mamá hizo la denuncia policial horas después de la desaparición. Como suele suceder en estos casos, la fiscalía primero se centró en el círculo más cercano y en la hipótesis de que Agostina podría estar con un noviecito. Recién tres días después se activó la Alerta Sofía. Al cuerpo de Agostina lo encontró la Policía este domingo en un descampado cerca del barrio Ampliación Ferreyra. 

Claudio Barrelier, el hasta ahora único acusado por el femicidio, está detenido. El hombre de 33 años había sido denunciado el año pasado por privación ilegítima de la libertad por una mujer que salió corriendo de su casa desnuda y pidiendo ayuda. En mayo de 2025 estuvo detenido solamente 20 días. El fiscal Iván Rodríguez lo dejó libre, fianza de por medio. 


Cuando el impacto mediático trasciende los límites de la provincia, la voracidad por el “vivo y directo”, el vértigo, le gana a la información veraz. La audiencia muestra interés por el “caso”, se abren puñados de teorías, análisis, especialistas y opinólogos que desfilan sin parar.

Lo sabemos: casi todas esas teorías se centran en la víctima. Que para su corta edad esto o aquello, que sí hacía videos para TikTok, que las fotos que se tomaba. Hasta se escuchó con tono fuerte y certero a un cronista mencionar detalles de la intimidad de Agostina. 

También vale mencionar aquí a esos cronistas de exteriores que, valiéndose de lo que ven, escuchan, preguntan e investigan, valoran la información en off de record y comprenden, como pocos, la prudencia de lo que se informa y cómo. 

Pero la carroña mediática está a tiro cuando se trata de una mujer, adolescente, de apenas 14 años como Agostina. Lo mismo sucedió en 2017, por poner sólo un ejemplo, con la joven bonaerense Melina Romero. Melina, la “ fanática de los boliches que abandonó la secundaria”, titulaba el diario de mayor alcance del país, y ampliaba: “Hija de padres separados, dejó de estudiar hace dos años y desde entonces nunca trabajó. Según sus amigos, suele pasarse la mayoría del tiempo en la calle con chicas de su edad o yendo a bailar, tanto al turno matiné como a la noche, con amigos más grandes. En su casa nadie controló jamás sus horarios y más de una vez se peleó con su mamá y desapareció unos días”.


Dos años antes del femicidio de Melina, cuando escribí aquel tuit, las réplicas e intercambios fueron inmediatos. Colegas, compañeras, amigas y desconocidas sugerían ideas, adónde ir, qué hacer, a quiénes y cómo convocar para lograr, primero, el impacto mediático. Allí también se nos abrieron espacios amigables de colegas periodistas, compañeros de profesión y amigos del oficio. Después, hubo que profundizar en los contenidos, reclamos, exigencias, deudas y pendientes. Todo lo organizamos en menos de un mes.

Que vayamos al Puente de la Mujer en Puerto Madero, que estemos vestidas de violeta o de negro, que el horario tenía que ser después de las 17, pero no tan tarde por el frio de junio. Finalmente, lo decidimos: iba a ser en el kilómetro cero del país, frente al Congreso de la Nación. 

Desde el 11 de mayo a ese 3 de junio vivimos días frenéticos, intensos. Comenzó a tejerse una red potente, primero de periodistas y comunicadoras, que ya habían participado en un encuentro literario en el Museo de la Lengua, también bajo el lema “Ni Una Menos”, parte de un poema de Susana Chávez, activista mexicana asesinada en Ciudad Juárez. 

Todas, una veintena, de diferentes medios, de diversas militancias, formaciones académicas, algunas presentadoras de noticias, escritoras, ensayistas, licenciadas en letras, abogadas, cronistas de exteriores, comenzamos a intercambiar ideas para bajarlas, literalmente, a la calle. 

¿Qué íbamos hacer? ¿Qué teníamos para decir? ¿Cuáles eran nuestros reclamos? ¿Qué respuestas tenía el poder político de turno? ¿Qué era aquello que comenzaba a replicarse como #NiunaMenos, basta de femicidios? La respuesta se manifestó la tarde del 3 de junio de 2015 en cada rincón del país.

En todas las provincias, en cada ciudad, en pueblos que jamás habían salido a las calles, como Corral de Bustos, recuerdo; la implosión fue desde el Congreso hasta cada punto del país. O al revés. Lo siento por los porteños. 

No pretendo traer una foto sepia de aquella fecha, pero sí recordar que fue un mojón en la historia de los movimientos de mujeres aquí, en la región y en el planeta. Se miraba a la Argentina, este país del fin del mundo. “Vengo del país del #NiUnaMenos” dije una vez ante colegas de otros países de la región. La Argentina era validada, también, por esta nueva ola feminista. Las Tesis llevaron su performance. “Un violador en tu camino”, desde Chile a cada rincón donde los ataques sexuales fueron tema de discusión. El #MeToo, que en 2017 sacudió al mundo cuando dos periodistas revelaron que Harvey Weinstein era, aparte de un exitoso productor de Hollywood, un depredador sexual.

 

Tuvimos en Argentina aquel Paro Internacional de Mujeres, y después arrasó el #MiraCómoNosPonemos” cuando supimos que Thelma Fardìn, en su adolescencia, había sido abusada sexualmente por el popular actor Juan Darthes.

Y vinieron más marchas, otros paros, imposible recorrerlos todos en un sólo texto. 

Pero en los últimos años, la búsqueda de la equidad quiere instalarse como el principal enemigo a vencer. Resulta que para propios y ajenos ese enemigo somos las feministas. Que dónde estamos, por qué reaccionamos, por qué los silencios. 

Aquello de "no me siento representada por el feminismo del país" se cuela por la ventana, sin siquiera poder debatir cómo son los feminismos, cuál es el camino de los movimientos de mujeres en la Argentina. ¿Desde qué lugares se lanzan estas pretenciosas afirmaciones casi idénticas y de tan poca profundidad? Desde el poder político, claro. El mismo poder que hoy niega los femicidios y la violencia machista. Que se preocupa por las supuestas falsas denuncias y no dice nada cuando una piba como Agostina, como Chiara, como Melina, aparece asesinada. No hablo sólo del Gobierno. Hablo también de la Justicia. Para muestra, basta la conferencia de prensa que dio ayer el fiscal Raúl Garzón. ¿Nos piden explicaciones a las únicas que nos movilizamos y accionamos contra los femicidios, las violaciones y los abusos? ¿Nos tildan de exageradas? ¿Nos piden que nos calmemos? 

Voy a defender mi derecho a estar viva, pero también a enojarme. Y, para eso, tampoco pido permiso ni perdón. El enojo también es una lucha política. Nos vemos, otra vez, el 3 de junio en las calles.

Fuente: Revista Anfibia

junio 02, 2026

Auditorías de Género buscan evaluar seguridad de mujeres en espacios públicos

AUDITORÍAS DE GÉNERO BUSCAN EVALUAR SEGURIDAD DE MUJERES EN ESPACIOS  PÚBLICOS - Jalisco TV

El Gobierno de Jalisco y ONU Mujeres México iniciaron las primeras Auditorías Locales de Género en el estado, una estrategia que busca analizar espacios públicos, servicios urbanos y dinámicas comunitarias desde la experiencia cotidiana de mujeres, niñas y adolescentes.

La primera intervención se realizó en la colonia Hacienda Santa Fe, en Tlajomulco de Zúñiga, municipio que será el primero de cinco en implementar esta metodología participativa enfocada en seguridad, inclusión y urbanismo con perspectiva de género.

El proyecto es impulsado por la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres de Jalisco como parte de un convenio vigente con ONU Mujeres.

Las auditorías contemplan recorridos comunitarios, talleres y ejercicios de diagnóstico donde las propias mujeres identifican riesgos, barreras físicas, problemas de iluminación, condiciones de accesibilidad y elementos simbólicos de exclusión en el espacio urbano.

Fabiola Loya Hernández calificó el inicio de las jornadas como un hecho “histórico” para la entidad.

“Hoy lo personal es político y tenemos que hacer un trabajo por y para las mujeres”, afirmó.

La funcionaria destacó que el objetivo no se limita a revisar trayectos inseguros o infraestructura deficiente, sino entender cómo las dinámicas urbanas impactan la vida cotidiana de mujeres, niñas y adolescentes.

Andrea Cházaro Castro explicó que las Auditorías Locales de Género son una metodología internacional aplicada durante décadas en países como Francia, Canadá y España.

Sin embargo, señaló que el modelo fue adaptado a las realidades de Jalisco dentro del programa internacional Ciudades y Espacios Públicos Seguros para Mujeres y Niñas.

Según ONU Mujeres, la estrategia parte de la premisa de que la seguridad urbana no puede construirse únicamente desde el control policial, sino también desde el diseño de las ciudades, el acceso igualitario y la apropiación de los espacios públicos.

Durante los recorridos en Tlajomulco participaron estudiantes y habitantes de la zona, quienes evaluaron desde iluminación y movilidad hasta representación simbólica en calles, monumentos y arte urbano.

Gerardo Quirino Velázquez refrendó el compromiso del municipio para incorporar las recomendaciones derivadas de los diagnósticos.

El gobierno estatal adelantó que, tras las evaluaciones, cada municipio recibirá rutas técnicas de acción y propuestas metodológicas para incorporar la perspectiva de género en políticas urbanas y ordenamiento territorial.

Fuente: SemMéxico

junio 01, 2026

La historiadora Victoria Bateman: "Limitar a las mujeres es el primer paso hacia el colapso económico y social"


La historiadora económica Victoria Bateman posa con su libro 'Económicas. Mujer, riqueza y poder' durante su estancia en Madrid en mayo de 2026. Imagen cedida por Ático de los Libros


La historiadora británica Victoria Bateman reivindica el liderazgo económico de las mujeres en Económica. Una historia global de mujeres, riqueza y poder, una investigación en la que concluye que "limitar a las mujeres nunca ha traído prosperidad" y que ha sido, invariablemente, "el primer paso hacia el colapso económico y social".

En esta ambiciosa obra (Ático de los Libros) —que analiza la aportación de las mujeres desde la Edad de Piedra hasta el siglo XXI— Bateman desmonta el lema categórico con el que influencers de la llamada "manosfera", como el estadounidense Justin Waller, adoctrinan a millones de jóvenes en redes sociales: Los hombres construyen, inventan y mantienen la sociedad. Eso es un hecho.

"La historia económica ha sido escrita por hombres, para hombres y sobre hombres por demasiado tiempo, creando la impresión de que la prosperidad moderna ha sido construida por los esfuerzos exclusivos de los hombres y eso es un relato peligroso. Las mujeres construyen, inventan y mantienen la sociedad. Eso es un hecho", explica Bateman en una entrevista con Efeminista.

La autora lucha contra esta falacia mediante la arqueología y la economía en un recorrido histórico por el legado de decenas de mujeres de todo el mundo que han sido un motor económico fundamental para la humanidad.

Un mensaje "profundamente peligroso"

Para Bateman, silenciar el papel histórico de las mujeres e interiorizar la falacia de influencers como Waller es "profundamente peligroso", ya que tiene consecuencias políticas directas en el presente al transmitir a las nuevas generaciones la falsa idea de que, si los varones levantaron la civilización en solitario, despojar hoy a las mujeres de sus derechos no supondría ninguna pérdida real para el progreso del mundo.

"Si creemos que las grandes civilizaciones del pasado fueron construidas solo por hombres, ¿qué tenemos que perder si damos marcha atrás a los derechos de las mujeres en la actualidad?", reflexiona.

Combatir ese mito, incide, es vital para evitar que la igualdad de género sea vista como una "moda pasajera" que va en contra de la evolución humana. Económica —Libro del Año para el Financial Times— se erige así como un recordatorio contundente basado en la evidencia empírica de que las mujeres han contribuido al impulso y progreso de la civilización desde sus orígenes.

Los nombres propios de la prosperidad global

Bateman documenta en su trabajo que la exclusión sistemática de las mujeres de los libros de historia es una injusticia y “una profunda inexactitud”.

Lejos de ser mujeres exclusivamente dedicadas a los cuidados y al hogar como amas de casa —un concepto que, como concreta la historiadora, es "una invención bastante moderna, del siglo victoriano"—, las mujeres siempre han sostenido la producción. Para conocer a algunas de las protagonistas de la historia económica, Bateman propone un recorrido global en su obra.

A lo largo de la historia, encontramos a mujeres liderando todos los sectores productivos. El viaje del libro arranca en la Edad de Piedra en Perú, donde ellas constituían el 40 % de quienes cazaban grandes presas, según los últimos hallazgos.

Siglos más tarde, en Pompeya, la magnate inmobiliaria Julia Félix levantó un emporio comercial propio, mientras que en La Meca, las fructíferas rutas de caravanas de la empresaria Jadiya —quien contrató, se casó y financió al joven Mahoma— fueron el motor financiero que permitió la expansión del islam.


Moneda de oro del reinado de Shajar al-Durr, la esclava que se convirtió en la primera gobernante mujer del Egipto islámico. Imagen incluida en el libro 'Económica' de Victoria Bateman, cedida por Ático de los Libros

Bateman destaca que el poder económico de las mujeres nunca ha conocido fronteras ni orígenes sociales. Lo demuestra la pirata y estratega Ching Shih, quien pasó de "trabajar en un burdel flotante en el puerto de Cantón" a comandar la Flota de la Bandera Roja para controlar el comercio en el mar de la China Meridional. De igual magnitud es el liderazgo de la comerciante y aristócrata Madam Tinubu, que dominó el mercado de África Occidental en la Nigeria del siglo XIX.

Ya en la era contemporánea, el tesón de la mecánica y pionera Bertha Benz financió el desarrollo del primer automóvil con su propio capital y demostró la viabilidad de la automoción, sentando las bases de esta industria en Alemania.

Estas conquistas, subraya Bateman, son el hilo conductor de una emancipación económica que llega hasta las luchas del siglo XXI, donde las mujeres siguen peleando por cerrar la brecha salarial, progresar económicamente y asegurar que las nuevas revoluciones tecnológicas no vuelvan a relegarlas.
La independencia femenina, motor del capitalismo

Uno de los grandes paradigmas que Bateman rompe en su obra es el origen del capitalismo. Durante décadas, los historiadores han intentado explicar por qué Occidente acabó superando el crecimiento de regiones que históricamente habían sido mucho más prósperas, como China, India u Oriente Medio. Sociólogos como Max Weber atribuyeron este éxito a la "ética protestante", pero según Bateman, esta ceguera académica tiene una causa simple: los investigadores solo se fijaban en la vida de los hombres.


"Si comparamos a un campesino europeo con uno chino o indio de hace siglos sus vidas eran casi idénticas. La diferencia abismal residía en las mujeres", apunta.

Mientras que en Oriente se normalizó el matrimonio infantil —que las convertía en prisioneras y esclavas productivas de sus propias familias—, en el noroeste de Europa las jóvenes comenzaron a salir a trabajar y a ganar su propio salario y "pudieron tomar sus propias decisiones sobre cuándo y con quién casarse", detalla Bateman.

"Creo que las libertades de las mujeres están en la ruta del aumento del mundo occidental", explica la experta.

Esta libertad, incide la autora, desencadenó un efecto dominó que cambiaría su mundo: al casarse más tarde —a mediados de su veintena—, las familias eran más pequeñas y el crecimiento demográfico se ralentizó. Esta escasez relativa de mano de obra forzó los salarios al alza, lo que a su vez obligó a las empresas a utilizar máquinas nuevas que ahorraran costes laborales.

Así, describe, de la libertad de decisión de las mujeres nació la Revolución Industrial. Además, lejos de ser sujetos pasivos, hacia el año 1900, una cuarta parte de todas las acciones de la bolsa británica y un tercio de los inversores ferroviarios estaban en manos femeninas.
La reacción patriarcal como ruina de los imperios

Bateman documenta cómo la caída de las grandes civilizaciones está intrínsecamente ligada a la represión de las mujeres.

"No se puede entender el ascenso y la caída del mundo romano sin pensar en el aumento y la caída de los derechos de las mujeres", subraya.

Cuando los imperios se enriquecen, narra, suele surgir una reacción patriarcal para afianzar el control sobre la herencia y los cuerpos femeninos. Ocurrió en Roma cuando los emperadores como Augusto excluyeron a las mujeres de la banca y priorizaron su rol reproductivo, drenando la vitalidad de la economía romana antes de su declive.

Ocurrió también en China, donde la producción textil de las mujeres —como la fabricación de seda en sus propios hogares— fue vital no solo para el imperio, sino para la economía mundial. Para arrebatarles este enorme valor económico y afianzar el control sobre ellas, se impuso la práctica del vendado de pies, inmovilizando a las mujeres y frenando el desarrollo de China frente a Occidente.
Construir el futuro desde la unión

Mirando hacia el futuro, Bateman alerta de que, si bien el progreso tecnológico de siglos pasados favoreció eventualmente la integración, la actual revolución de la inteligencia artificial (IA) encierra un potencial peligro.

Si la IA desvaloriza el intelecto humano, señala Bateman, se corre el "enorme riesgo de que las mujeres regresen a un escenario donde se la juzgue y explote únicamente por sus capacidades biológicas y reproductivas".

Además, señala que esta disrupción podría invertir las brechas laborales actuales de forma que el trabajo intelectual y la experiencia acumulada perderían valor económico drásticamente frente a la fuerza física y los trabajos manuales, alterando por completo la estructura social.


Trabajadoras de los cuidados protestando por los bajos salarios y las condiciones laborales en una manifestación en Nueva York. Imagen incluida en el libro 'Económica' de Victoria Bateman, cedida por Ático de los Libros

El relato de Económica es un reconocimiento a las mujeres del pasado y del presente y, al mismo tiempo, un escudo frente a la misoginia contemporánea. Ante discursos que cuestionan el feminismo, el mensaje de la autora se apoya en milenios de evidencia empírica.

"Yo les diría que no es posible construir una civilización próspera y pacífica a menos que las mujeres tengan los mismos derechos y libertades que los hombres", concluye Bateman.

La historiadora aboga por la defensa de una democracia real y un futuro económico viable, algo que, dice, solo puede sostenerse si reconocemos a quienes —como reza el célebre proverbio feminista chino popularizado por Mao Zedong— siempre han sostenido literalmente la mitad del cielo.

Por Gema Mañogil
Fuente: Efeminista

Sí a la Diversidad Familiar!
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