abril 05, 2026

Así en la letra como en la mano: la política del cuidado de Joan C. Tronto

Joan C. Tronto es, junto a Carol Gilligan o Sara Ruddick, una de las teóricas políticas feministas que más desarrolló y ayudó a asentar las bases políticas del cuidado desde la década de los ochenta. Iris Parra se ha encargado del prólogo así como de la traducción al catalán de su obra ‘Caring Democracy’, recientemente publicada en Rayo Verde también en versión en castellano.



Amaramara Pintada que apareció en el centro de Zaragoza el 8 de marzo de 2018.

Pensé millares de preguntas, pero ninguna parecía lo suficientemente interesante como para romper el hielo. Era 21 de noviembre. A media mañana salí de una hermosa casita con jardín en Ottawa, Canadá, donde estaba de estancia de investigación, y me dirigí al aeropuerto. El taxista me contó que él también volaba por Acción de Gracias, a Miami. ¿Tienes familia en Manhattan? No, lo cierto es que no. Voy a convivir cinco días con Joan C. Tronto. ¿Quién? Una de mis referentes intelectuales.

En realidad, ya había pasado mucho tiempo con ella, de un modo más bien fantasmático. Unos meses atrás había dedicado días y noches a la traducción de Caring Democracy al catalán, mientras Jean-François Silvente hacía otro tanto en español. Luego lo había aderezado con un prólogo breve. El libro salió a la venta este pasado febrero gracias a la confianza y el empeño de la editorial Rayo Verde y creo de verdad que va a rellenar un hueco incomprensible en el debate público.



Para quiénes no la conozcan, Tronto es una de las teóricas políticas feministas que más desarrolló y ayudó a asentar las bases políticas del cuidado desde la década de los ochenta. Sus libros y artículos han viajado por todo el mundo y han suscitado debate y nuevas líneas de pensamiento y posibilidad. Es, lo que podemos llamar, un peso pesado dentro de una disciplina minúscula que ha ido ganando terreno dentro y fuera de la universidad.

Y ahí estaba yo, saliendo de Penn Station en una tarde lluviosa, cargada con un vino dulce y galletitas para perro. Voy a ahorrarme la mezcla de goce, épica y abismo que sentían mis tripas; me remito al texto que publicó hace poco Belén Liedo (“Todas somos impostoras”). Iris, solo es una mujer cuyos abuelos emigraron de Italia para alejarse de la dictadura. En parte. Tronto también ha sido una pionera, y acaba de recibir el Benjamin E. Lippincot Award como reconocimiento a la carrera excepcional de un teórico político en vida. El mismo premio que habían recibido personajes como Hannah Arendt, Karl Popper, Simone de Beauvoir o John Rawls. Aquello era excepcional.

La primera sensación fue de cálida acogida. ¿Cómo he acabado yo aquí? Si tengo la tesis a medio hacer, si llevo el estigma mediterráneo. A los dos días solo podía definir la experiencia con una palabra: abrumadora. No solo me había invitado a su casa, sino que había preparado un pan casero, me contaba alegremente todo lo que hacía y le quedaba por hacer, fuimos al MoMA y respondió a mis preguntas con pasión. Soy más bien de dar y hacer que los demás se sientan cómodos; lo de recibir de forma constante y sin posibilidad de reciprocidad me desarma.

Tardé un rato en separar a la persona del ideal, lo cual es necesario. Y también asumí que yo, que andaba buscando confirmación a mis hipótesis de investigación y un poquito de ayuda de la auctoritas, iba a tener que defenderme sin ella, pues Tronto, en realidad, nunca había pensado en las cosas que yo le estaba contando ni había una verdad que ella hubiera alcanzado antes que yo y que ahora pudiera avalar mis intuiciones. Lo que sí descubrí es que se trata de una persona muy coherente, que vive conforme a sus teorías. Así en la letra como en la mano.

Los orígenes de la ética del cuidado

Lo que hoy en día conocemos como ética del cuidado es una corriente de pensamiento interdisciplinar cuyos orígenes se remontan a los años ochenta del siglo XX, momento en el que el feminismo de la segunda ola se bastó de las distintas corrientes teóricas existentes para pensar sus preguntas fundamentales y que tiene como punto nodal justamente eso: el cuidado.

La mayor parte de la literatura concede su nacimiento en la obra de Carol Gilligan In a different voice (1982). Gilligan era experta en psicología del desarrollo moral, es decir, en los estudios sobre como los humanos elaboramos nuestras reflexiones al enfrentarnos a dilemas morales, y criticó los modelos preexistentes de Lawrence Kohlberg al sostener que sus teorías sobre las etapas de desarrollo moral sufrían un sesgo de género.

Tras incluir sujetos femeninos en los estudios, concluyó que la diferencia en los resultados correspondía a una diferente comprensión del dilema moral según si la persona había sido socializada como hombre (lo que llamó ética de la justicia) o como mujer (lo que llamó ética del cuidado).

En el primer caso, el dilema moral se entendía como un choque entre dos derechos o principios universales en conflicto entre sujetos autónomos e independientes donde no quedaba claro cuál debía prevalecer. En contraposición, el segundo caso caracterizaba el dilema moral como un conflicto entre responsabilidades, por lo que su solución requería una forma de pensar contextual y narrativa, que entendiera y estudiara las relacionales en vez de centrarse en los derechos formales y los principios.

Otras estudiosas, sin embargo, consideran que esta corriente política es más bien deudora de la obra Maternal Thinking (1980), de la filósofa estadounidense Sara Ruddick. En esta obra, Ruddick describió la maternalidad como una práctica humana fundamental que se habría asociado históricamente con las mujeres y con otros grupos marginados pero que carecía de relación esencial con el sexo o la identidad de género. Además, apeló a la conciencia feminista para cuestionar las estructuras que devalúan las prácticas de cuidado hacia los demás e hizo un llamamiento a poner el cuidado en la esfera pública.

Guiadas, en parte, por esas lecturas, autoras como Tronto o la filósofa Virginia Held rechazaron una comprensión de la ética del cuidado como una ética femenina, o dedicada a analizar cuestiones que afectaban exclusivamente al comportamiento de las mujeres; al contrario, la ética del cuidado se entendía como un disruptor de los modelos sociales y políticos imperantes, que debían analizarse bajo las diferencias de género, clase social y raza.


La ética del cuidado se entendía como un disruptor de los modelos sociales y políticos imperantes, que debían analizarse bajo las diferencias de género, clase social y raza.

En Moral Boundaries (1993) Tronto desarrolló a fondo estas dos cuestiones: ¿Por qué hablamos de teorías morales si el objetivo es desarrollar una propuesta política? ¿Cómo se relacionan la moral y la política? La respuesta rápida es que la autora no entiende la moral como una serie de normas ideales a priori que se elaboran para guiar una forma de actuar en el mundo. Por el contrario, la filosofía moral está condicionada por y se desarrolla en un contexto social y político particular. Lo que le interesa saber es cómo se desarrollan las prácticas morales en el día a día.

Defender la existencia de una moralidad femenina esencial como hacían algunas pensadoras feministas de los ochenta es ignorar el contexto político de sus argumentos a cuenta y riesgo y limitar su potencial de cambio. Según Tronto, el discurso de la moralidad femenina quedará constantemente sepultado y desactivado porque hay una serie de fronteras establecidas que lo mantienen constantemente en la periferia. Con esta lectura sobre las posibilidades de éxito de la teoría feminista, Tronto realizó un amplio análisis de las causas que provocan la falta de impacto de los discursos feministas en la arena pública.

Veinte años después de Moral Boundaries, Tronto fue un paso más allá en el desarrollo de su propuesta eticopolítica feminista y publicó Caring Democracy (2013). En este libro, Tronto nos habla de una historia de dos déficits: el de cuidados y el democrático. Para ella, no pueden comprenderse el uno sin el otro: son dos caras de una misma moneda. Ello quiere decir que no solo debe democratizarse el cuidado (y lleva a cabo un lúcido análisis sobre la distribución de responsabilidades sociales de cuidado, y de los pases de privilegio adquiridos), sino también que la democracia misma está en riesgo si no se la cuida.

La economía ha secuestrado a la política, hasta el punto de que su única función parece ser permitir el libre desarrollo económico neoliberal. Entendido como ideología, el neoliberalismo hace presunciones problemáticas sobre el cuidado: da por hecho que el mercado es la institución más capaz de resolver los conflictos, asignar recursos y permitir que los individuos elijan. Además, define la libertad como la capacidad de elección de actores racionales entre una serie de opciones disponibles en el mercado, por lo que cualquier interferencia es tomada como una coacción a la libertad. Tronto nos lanza una contrapropuesta a esta cosmovisión y nos anima a actuar políticamente: “Conservo la esperanza en las posibilidades políticas que nacen de las visiones de unas sociedades más cuidadoras y más justas”.
¿La ética de los cuidados como utopía?

Con gran generosidad, me concedió más de dos horas de entrevista (que puede leerse aquí). De fondo, el olor de salsa de arándanos y la Macy’s Thnksgiving Parade televisada en todo el país; fuera, un hormigueo de personas cargando bandejas de aluminio al encuentro de sus familias. Cuando me atreví a preguntarle si consideraba que su propuesta sobre una política del cuidado podía entenderse en clave utópica su respuesta fue contundente:

“No es una utopía. Las utopías requieren empezar de cero, que vayamos a otro lugar para hacerlas posible. Nosotros no partimos de la nada, y la ética del cuidado no exige que así sea. Arreglamos el barco con los utensilios que llevamos a bordo […]. Lo que es utópico es la visión neoliberal de un mundo dirigido por el mercado: el llamado mercado libre solo apareció porque el estado creó las condiciones necesarias para que prosperara. Es una mentira, uno de esos mitos que sigue con vida”.

Sin embargo, su propuesta sí es normativa en el sentido que defiende que podríamos vivir en un mundo mejor si cuidáramos más. Como toda buena teoría política, Democracia y cuidado da una descripción del mundo, propone un análisis de por qué es así, ofrece una visión de cómo podría ser diferente y construye una estrategia para conseguirlo.

Tuvimos tiempo para hablar de la relación entre teoría y práctica, de cómo su experiencia en movimientos feministas había ayudado a dar forma a sus ideas. Tronto formó parte de la NOW (National Organization for Women), que defendía la igualdad entre hombres y mujeres, y que también se interesaba por cuestiones de raza, clase, movimientos por la paz, derechos de los colectivos LGTBIQ+ y un largo etcétera. Aunque hoy ve la organización con ojos críticos y la considera demasiado liberal, le permitió aprender a operar por consenso y no por mayoría.

Sin embargo, uno de los aspectos que más ocupó nuestra charla fue su implicación como profesora. En tanto que académica, dedicó gran parte de sus esfuerzos a enseñar a nuevas generaciones de estudiantes (la mayoría de ellos, los primeros de sus familias que iban a la universidad) a jugar con las ideas y a desarrollar la capacidad de reflexión. Para ella, este compromiso y responsabilidad hacia la docencia es una forma de trabajo político que no puede tomarse a la ligera. Como ciudadanos de una democracia necesitamos autoconocimiento, reflexión, capacidad de emitir juicios, y cada vez nos cuesta más adquirir estas habilidades. Es por ello que siempre dice escribir no solo para una élite intelectual sino para el ciudadano de a pie.

Dimos un buen repaso a su trayectoria personal y dedicamos una sección a debatir elementos particulares de sus obras que no quedaban claros o que no había desarrollado en profundidad. Para los que vivimos lejos del contexto político estadounidense, fue interesante escuchar que ambos libros habían sido escritos en un contexto de recesión y de afianzamiento de las fuerzas conservadoras y una oposición contundente al feminismo y al antirracismo. Como ahora.


Tronto nos habla de una historia de dos déficits: el de cuidados y el democrático

Finalmente, abordé una cuestión que llevaba días rondando mi mente. ¿Existe realmente una mayor coherencia entre el pensar y el actuar en las personas que se dedican a la ética del cuidado o que simpatizan con esta teoría? La corta pero rica experiencia empírica me decía que sí. Parece existir un conocimiento adquirido que te permite estar atento no solo a temas sobre injusticia y desigualdad, sino también a cuestionar las formas, a probar de llevarlas a cabo de otro modo, más amable. ¿Podía ser que se estuviera encarnando la famosa expresión “sé el cambio que quieres ver en el mundo”?

Según Tronto, desarrollar y defender esta visión alternativa de estructuración social no otorga una mayor responsabilidad personal de llevarla a cabo que al resto de los mortales. Sin embargo, muchas veces aquellos que llegan a la ética del cuidado lo hacen por sus propias vivencias, y suelen tener un mayor compromiso por trabajar en colectivo, compartir con los demás y actuar con decencia.

Cuando desarrollas la capacidad de atención, ves más cosas. El cuidado es una práctica que hay que entrenar:

“Aunque pensemos que el cuidado es natural, no lo es. Hemos aprendido a darlo y a cómo mejorar la forma en que lo practicamos. Y una forma de mejorar es ser entrenado para ver las cosas de otro modo. Pese al principio económico de escasez, la verdad es que podríamos hacer que todo el mundo estuviera bien cuidado, algo que por ahora no hemos pensado mucho”.

Quizás todavía no podamos imaginar cómo sería aplicar la dimensión relacional a todas las dimensiones de la estructuración sociopolítica ―“en los encabalgamientos concretos con otros Hombres”, que decía Francesc Tosquelles― y el empuje para seguir defendiendo modos de vida más amables se nos esté resintiendo. Quizás pensábamos que derecho adquirido derecho garantizado y nunca más luchado.

Para sentir el calorcito de la esperanza, quiero cerrar con unas últimas palabras de la autora: “siempre me he centrado en cómo mejorar las cosas cuando hay problemas en vez de decir: aquí está el ideal, vamos a por ello”. La ética del cuidado no es ninguna panacea, su aplicabilidad universal a la diversidad de contextos socioculturales es dudosa cuando no imposible. Su conceptualización incluye el particularismo, el contexto, la necesidad de atender a soluciones adecuadas según los recursos y los retos que se tengan por delante. Por ello, Tronto asume las posibles críticas a su visión e invita a todas las voces a sentarse en una mesa y decidir para dónde vamos si queremos vivir de la mejor forma posible.

Investigadora, enfermera y poeta
Fuente: El Salto.

abril 04, 2026

A 9 años del femicidio de Micaela García, 1 mujer muere cada 30 horas en Argentina



Micaela García Desde su asunción Milei pretende limitar la Ley Micaela a capacitaciones en áreas de violencia familiar, sin enfoque de género


Hasta que los asesinos y violadores Sebastián Wagner y Héctor Pavón -que volverá a ser juzgado como coautor- destruyeron la vida de Micaela García, la joven de 21 años cursaba el profesorado de Educación Física en Gualeguay, emprendía proyectos comunitarios y tendía redes de cuidados de las infancias. Militante feminista del Movimiento Evita y de NiUnaMenos, fue víctima de femicidio y agresión sexual en abril de 2017; dos años después se promulgó en su honor la Ley Micaela, una herramienta fundamental que establece la capacitación en género para quienes trabajan en los tres poderes del Estado. “Ley que sigue vigente a pesar del incumplimiento de Javier Milei y su gabinete”, confirma el Observatorio de las violencias por motivos de género Ahora Que Sí Nos Ven (AQSNV), que en su último registro mensual contabilizó 66 víctimas fatales por motivos de género, 1 femicidio cada 33 horas promedio, y 92 intentos de femicidio: 1 cada 25 horas.


Desde que asumió la Presidencia, Milei no solo se pronunció en contra de la Ley Micaela sino que fue reduciendo su alcance al área de violencia familiar, en la misma lógica de desmantelamiento del resto de las políticas de género. En 2024 llegó a reportarse falta de nuevas capacitaciones en el Poder Ejecutivo. Andrea Lescano, la madre de Micaela, expresó que “no es lo mismo la violencia familiar que la violencia por motivos de género. Las modificaciones a la Ley significan lo mismo que derogarla.”

Una vez más, la ausencia gravosa de políticas públicas es la principal usina de los datos crecientes sobre violencias de género y crímenes de odio. En apenas tres meses, entre el 1° de enero y el 29 de marzo, se relevaron 66 víctimas fatales, 57 femicidios directos, 6 vinculados, 2 instigaciones al suicidio y 1 travesticidio/transfemicidio.

“El 68% de los agresores eran parejas o ex parejas; un 15% sin datos, 12% familiar, 3% conocido y 2% desconocido”, revela el último informe del Observatorio, y la mayoría de las víctimas tenía entre 21 y 60 años. También se comprobó que el 18% de las mujeres hizo al menos una denuncia previa -12 de 76 víctimas-, y que el 11% obtuvo una medida judicial, es decir, 7 de 66. Las principales formas que se utilizaron para atentar contra sus vidas fueron arma blanca (34,8%), arma de fuego (22,7%), asfixia (18,2%) y golpes (9,1%). Unxs 56 niñes perdieron a sus madres.

Otro de los hechos alarmantes que no varía en el tiempo es la vivienda de la víctima como lugar físico, donde se cometió el 48,5% de los ataques. Le sigue la vivienda compartida, en el 21,2% de los casos, y la vía pública en un 21,2%. Sin embargo, apenas el 1,5% se comete en la vivienda del agresor, punto que vuelve a constatar el carácter premeditado de los crímenes contra mujeres y diversidades.

“En un contexto de ajuste, vaciamiento de políticas públicas y discursos negacionistas, nuestras vidas siguen en riesgo. Pero no nos resignamos, el 8M y el 24M volvimos a llenar las calles en defensa de los derechos humanos y la lucha feminista”, sostiene el documento de AQSNV.

“Los 66 casos en lo que va del año muestran que muchos podrían haberse evitado. Como el caso de Juliana Frías (37) y su hija Diana Gómez (17), asesinadas en Quitilipi, Chaco, por David Ojeda, ex pareja de Juliana. Un crimen atravesado por la violencia extrema y el ensañamiento”, concluye. “No son hechos aislados, son parte de una trama estructural sostenida por la desidia y la impunidad estatal.”

Fuente: Página/12

abril 03, 2026

Hildegarda de Bingen, la mística feminista de la Edad Media

Aunque Hildegarda decía ser «una pobre mujer ignorante», se convirtió en una autoridad de la Iglesia gracias a sus visiones y profecías, que atrajeron multitudes a su abadía de Bingen

Hildegarda representada en un vitral de la Iglesia de la Santa Fe, en Selestat, Francia.Wikimedia Commons

Como hija de Eva, con la que llegó el pecado original, en la Edad Media la mujer era considerada inferior e impura por naturaleza, y por ello se la marginaba de la vida de la Iglesia, la institución más importante en la sociedad medieval. El Decreto de Graciano, recopilación de las leyes de la Iglesia, prohibía que las representantes del «sexo débil», incluso las monjas, tuvieran contacto con cualquier objeto de culto y les negaba la capacidad de enseñar lo divino. Según Graciano, la mujer no podía ostentar «ninguna autoridad» ya que debía someterse al hombre. 

Aun así, algunas mujeres hallaron una vía para experimentar plenamente su sentimiento religioso e incluso convertirse en guías y maestras: la de la mística, una comunicación directa con Dios que podía tomar la forma de visiones, profecías o milagros. La mística tenía una larga tradición, pero la primera mujer que siguió ese camino fue una noble alemana nacida en 1098: Hildegarda de Bingen.

De familia noble, con sólo 8 años Hildegarda ingresó como oblata en la abadía de San Disibodo, cerca de Maguncia, en el oeste de Alemania, según la costumbre de entonces de ofrecer a los conventos benedictinos niños de corta edad y mujeres. Era débil y enfermiza, pero enseguida mostró gran inquietud religiosa y empezó a tener visiones divinas, que se prolongaron durante toda su vida, hasta su muerte, pasados los 80 años, en 1179. 

CRIATURA DE CENIZA Y POLVO

Al principio, Hildegarda se resistó a divulgar sus visiones: «Hasta los 15 años tuve muchas visiones, y explicaba algunas de las cosas que veía a otros, que me preguntaban con asombro de dónde podían venir esas cosas. Yo también me lo preguntaba y durante mi enfermedad pregunté a una de mis cuidadoras si ella también veía cosas parecidas. Cuando me contestó que no, me embargó un gran temor. A menudo, en mi conversación, explicaba cosas futuras, que veía como presentes, pero, al notar la sorpresa de mis oyentes, me volví más reservada»

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Hildegarda dicta sus visiones al monje Volmar en una ilustración de un manuscrito anónimo del siglo XII.


Wikimedia Commons

En 1136 fue elegida madre superiora de su comunidad, y poco después, cuando tenía 42 años, una voz celestial le ordenó: «Oh, débil criatura, ceniza de ceniza y polvo de polvo, cuenta y escribe lo que ves y oyes». Tras no pocas vacilaciones, se confesó a su director espiritual, y a través de él al abad en cuya jurisdicción se encontraba su convento. 


Finalmente, como ella misma nunca aprendió a escribir, un monje llamado Volmar se encargó de transcribir en latín las visiones de Hildegarda; una forma de control masculino que tenía por objetivo tranquilizar a los superiores eclesiásticos. En los tres o cuatro años siguientes dictó su libro, titulado Scivias («Conoce los caminos del Señor»), una obra compuesta de 26 visiones cosmológicas relativas al Apocalipsis acompañadas de comentarios teológicos y entrecortadas de alabanzas (es decir, poemas) inspiradas en el Cantar de los cantares.

Ruinas de la abadía de San Disibodo, en Maguncia, el monasterio en el que Hildegarda ingresó a los ocho años de edad.


Wikimedia Commons

Kuno, el abad de San Disibodo, que controlaba a la comunidad femenina, envió en 1146 las páginas escritas por Volmar al arzobispo de Maguncia para que las examinara. Éste remitió el texto al papa Eugenio III y a Bernardo de Claraval, quienes habían acudido a un sínodo en la vecina Tréveris. El contenido de las visiones fue aprobado y su carácter profético reconocido, y además se autorizó a la abadesa a proseguir con la redacción de su obra. No sólo eso, se leyeron públicamente fragmentos del texto para clausurar el sínodo en la catedral de Tréveris. Honrar así la obra de una mujer, ante una multitud de prelados, un papa y un santo, era algo totalmente inédito. 


De 1146 data asimismo una carta de Hildegarda a Bernardo de Claraval, el fundador de la orden cisterciense y que por entonces gozaba de la autoridad de un santo. «Yo, miserable, y todavía más miserable en mi condición de mujer, he visto desde mi niñez grandes y maravillosas cosas que mi lengua no podría contar si el Espíritu divino no me hubiese enseñado a creer en ellas», le decía, y a continuación le preguntaba: «¿Debo decir lo que veo abiertamente o guardar silencio?»

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Miniatura del Libro de las obras divinas de Hildegarda de Bingen. Hacia 1220. Códice 1942 de la Biblioteca Estatal de Lucca.


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En su carta, Hildegarda recordaba humildemente su condición femenina, acercándola con habilidad al destino de los hombres: «He nacido de la cepa de Adán quien, aconsejado por el diablo, fue desterrado a una tierra extraña». Si podía considerarse «sabia en el alma», si durante sus visiones aprendía «el sentido interior» de las Santas Escrituras, que «tocaba su corazón y su alma como una llama», era porque Dios se dirigía a ella por caminos misteriosos, y por mediación suya a todos los hombres. San Bernardo contestó brindándole una ayuda circunstancial y también le ordenó humildad.
DE LA MEDICINA A LA MÚSICA

Hildegarda elaboró una gran variedad de obras. Hacia 1163 compuso el Libro de la vida meritoria, y diez años más tarde, el Libro de las obras divinas. Destaca también suLibro de las Sutilezas de las Criaturas Divinas, una enciclopedia de ciencias naturales muy original, inspirada directamente por Dios, según la autora.


Algunos han detectado en ella una intuición de la concepción heliocéntrica del mundo y de la teoría de la circulación de la sangre, y su obra inspiró incluso en la década de 1980 la moda de la medicina alternativa. Hoy día son especialmente conocidos sus himnos litúrgicos, setenta en total, compilados en la Sinfonía de la Armonía de las Revelaciones Celestes, obra maestra del canto gregoriano, al igual que su Orden de las virtudes, obra teatral litúrgica que ha sido grabada e interpretada con frecuencia.

 
Bernardo de Claraval rezando. Iluminación de las Lamentaciones de San Bernardo, Jean Charpentier, siglo XV.


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El éxito de sus obras reportó a Hildegarda un gran prestigio personal. En 1150, fundó una comunidad femenina independiente de San Disibodo, cerca de Bingen, y en 1165 creó un nuevo monasterio al otro lado del Rin. Aunque el Decreto de Graciano prohibía a las mujeres predicar, Hildegarda realizó cuatro campañas de predicación. Clérigos, nobles y ciudadanos se reunían para escuchar sus sermones. Mantuvo asimismo correspondencia con algunas de las mayores personalidades de la Cristiandad (se han conservado más de 300 cartas suyas). 


Con la autoridad que le conferían sus visiones, no dudó en pronunciarse acerca de los asuntos políticos de su época, como hacían los profetas (todos varones) del Antiguo Testamento. Ya en 1152, el emperador Federico I Barbarroja la recibió en Ingelheim, y más tarde le envió a su esposa Beatriz, que había dejado de ser fértil, con la esperanza de que las plegarias de Hildegarda contribuyeran al nacimiento de un heredero. Cuando Federico entró en guerra con el papa, provocando así un cisma en la Iglesia, recibió una severa misiva en la que la «sibila del Rin», sin ningún miramiento, le reprochaba que «se comportaba como un niño, como un hombre de vida insensata». 
PRECURSORA DEL FEMINISMO

Resulta legítimo considerar a Hildegarda de Bingen como una de las figuras más importantes en la historia del largo camino de la emancipación de la mujer. Ciertamente le era imposible cuestionar de forma radical el dominio masculino, pero valoraba la feminidad como nunca nadie lo había hecho. En sus libros místicos daba la vuelta a su imagen negativa: asimilaba su debilidad a la de Cristo para exaltarla aún más; también desarrollaba una espiritualidad intensa, sensual y casi erótica en torno a la Virgen.

 
Miniatura del Liber Scivias, hacia 1220. Universidad de Heidelberg.


Wikimedia Commons

En su Libro de las sutilezas trató con bondad las cuestiones relacionadas con el aparato genital femenino, sobre todo la menarquía (la primera regla) y la menopausia. Fue un progreso notorio en un mundo convencido desde la Antigüedad de que la sangre menstrual era maléfica y podía incluso hacer cosas tan inverosímiles como transmitir la rabia, marchitar la hierba o empañar los espejos.

Por Julien Théry, Universidad de Montpellier
Fuente: National Geographic

abril 02, 2026

India lidera la formación de mujeres en STEM frente a otros países


Informe - Breaking the Code: The Rise of Women in India's STEM Landscape


La participación de las mujeres en los ámbitos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) en India está creciendo con rapidez y ya supera a la de muchas economías avanzadas, aunque persisten importantes barreras estructurales que frenan su acceso a posiciones de liderazgo, según el informe EY Breaking the Code: The Rise of Women in India’s STEM Landscape (2026)

El estudio destaca que el 42,6 % de las personas graduadas en STEM en India son mujeres, una proporción superior a la de países como Estados Unidos (34 %), Alemania (32 %) o Reino Unido (38 %). Este dato sitúa al país como un referente global en el acceso de las mujeres a la educación técnica, rompiendo con patrones históricos de desigualdad en este ámbito.

Sin embargo, esta ventaja inicial no se traduce en igualdad en el mercado laboral ni en los ámbitos de poder. Como advierte el informe, “la siguiente fase debe centrarse en convertir estas cualificaciones en carreras sostenibles y orientadas al liderazgo” . Aunque la participación femenina en el empleo ha aumentado hasta el 41,7 % en 2023-2024, su presencia disminuye significativamente en los niveles directivos y en sectores como la ingeniería pesada, donde apenas alcanza el 3 %.

El informe identifica causas estructurales como sesgos inconscientes, dificultades de conciliación, falta de mentoría y redes profesionales limitadas. Para revertir esta tendencia, tanto el sector público como el privado están impulsando programas de formación, becas y políticas de inclusión orientadas a sostener las trayectorias profesionales de las mujeres.

A nivel global, el Foro Económico Mundial advierte de un déficit de más de 85 millones de profesionales cualificados para 2030, lo que refuerza la urgencia de aprovechar plenamente el talento femenino. Además, como se afirma en “Gender diversity leads to better science publicado en PNAS” evidencia que la diversidad de género mejora la ciencia.

El desafío para India ya no es solo formar a más mujeres en STEM, sino garantizar que ese talento alcance puestos de liderazgo. Convertir esta ventaja educativa en un poder de decisión será clave para construir un ecosistema más equitativo, competitivo y transformador.

Fuente:  DF Diario Feminista

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in