abril 09, 2026

¿Un MeToo en el trabajo doméstico?



El reciente escándalo por denuncias de presunto acoso sexual contra periodistas en Colombia nos lleva a un lugar donde esta conversación casi no existe: el trabajo doméstico. Lo primero: solidaridad con las periodistas.

“MeToo” (“Yo también o A mí también”) es una expresión mínima que detonó una conversación enorme y en desarrollo.

Si esto ocurre en empresas con estructuras formales, cabe preguntarse: ¿Qué pasa en las casas? En el trabajo doméstico:No hay departamentos de recursos humanos.
No hay canales de quejas o denuncia.
No hay mecanismos de información.
No hay testigos.
No hay compañeras de trabajo.
Y la informalidad laboral -que ronda el 80 %- agrava todas estas condiciones.

En las casas, cuando se presenta una situación de violencia laboral, lo más frecuente es el silencio, no la denuncia. De ahí el subregistro.


La renuncia de la empleada es la forma más frecuente en que una trabajadora enfrenta una situación de acoso o violencia basada en género ( VBG).

El despido suele ser la forma en que una empleadora “resuelve” una queja o una señal de alerta. En ambos casos, el resultado es el mismo: se entierra la posibilidad de nombrar, sancionar y reparar un comportamiento laboral indebido.

Las cifras ayudan a dimensionar el problema. Según la Defensoría del Pueblo, 6 de cada 10 mujeres periodistas han sufrido violencia de género en Colombia.

En el trabajo doméstico no hay cifras precisas, pero sí una evidencia inquietante: si cerca del 79 % de los casos de violencia de género ocurren en las viviendas, esas viviendas son también los lugares de trabajo de miles de empleadas domésticas.

En abril de 2025, la periodista Emma Jaramillo escribió en El País: “La violencia sexual contra las trabajadoras domésticas, un capítulo oculto de la historia colombiana”. Allí, Claribed Palacios, presidenta de UTRASD, recordaba el hermetismo: las historias existen, pero no llegan al conocimiento público.

Este 30 de marzo, Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, es una oportunidad para ampliar la reflexión. No solo para reconocer simbólica y materialmente su labor, sino para preguntarnos qué estamos haciendo —o dejando de hacer— para garantizar entornos dignos y seguros.

Hagámonos preguntas difíciles

¿Estamos garantizando que las casas sean espacios seguros?

¿Estamos dispuestos a escuchar una queja?

¿Tenemos la sensibilidad para detectar señales de una conducta indebida dentro de nuestro propio hogar?

El “MeToo” abrió una conversación en sectores donde parecía imposible hablar.

¿Podemos imaginar un #YoTeCreoEmpleada?

Es urgente este diálogo incómodo, y empieza por mirar hacia adentro de nuestras casas.

Fuente: Hablemos de Trabajo Doméstico

abril 08, 2026

Diagnóstico tardío: la brecha que enfrentan mujeres neurodivergente

El diagnóstico tardío de autismo y TDAH en mujeres evidencia sesgos de género y mayor vulnerabilidad social y emocional.



Desde 2007, cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, un día creado para fomentar espacios de visibilidad e inclusión de las personas que forman parte de la neurodiversidad y que, además, busca derribar los mitos más frecuentes alrededor del espectro. 

Sin embargo, cada año la conversación revela una deuda pendiente: el acceso de las mujeres a diagnósticos precisos, a tiempo y con perspectiva de género, y es que en México, las mujeres con Trastorno por Déficit de Atención (TDA) son diagnosticadas, en promedio, 5 años más tarde que los hombres, de acuerdo con el artículo, Las mujeres son diagnosticadas con TDAH 5 años más tarde que los hombres, siendo la edad promedio de 28 años para las mujere frente a los 24 de los hombres. 

Para conocer más sobre la neurodivergencia, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y cómo afecta a las mujeres, platicamos con la Dra. Cristina Rodríguez Hernández, médica psiquiatra y directora general de ROME psiquiatría integral. 

¿Qué es la neurodiversidad?

La neurodiversidad se refiere a las variantes naturales en el funcionamiento neurológico humano, es decir, a las diferentes formas en que las personas pueden procesar información, sentir, aprender y relacionarse.

El término fue acuñado en 1998 por la socióloga Judy Steinger en el contexto del movimiento por los derechos de las personas autistas. El uso de este término, junto al de neurodivergencia, tiene como fin visibilizar y despatologizar estas variantes, permitiendo que las personas dejen de sentirse "raras" o fuera de lugar y comprendan que su forma de ser tiene una explicación clínica.

Como explica Rodrígues Hernández, la neurodiversidad abarca principalmente condiciones como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), aunque también incluyen la dislexia, las dispraxias (dificultades en la coordinación motora) y ciertos tics motores o vocales. 

Al tratarse de espectros, estas condiciones se manifiestan de formas muy distintas y con diversos grados de disfuncionalidad. A pesar de que este día busca visibilizar estos espectros, para las mujeres aún es más complicado acceder a un diagnóstico. 

Ser mujer neurodivergente y la carga del diagnóstico tardío

Las mujeres con TDA son diagnosticadas, en promedio, cinco años después que los hombres, y se estima que el 97% de las mujeres autistas mayores de 40 años no han sido identificadas, como señala Rodríguez en entrevista. En México, es común que el diagnóstico llegue después de los 30 años, usualmente cuando buscan ayuda por ansiedad o depresión que resultan ser consecuencias de su neurodivergencia no tratada, explica la especialista.

¿A qué se debe esta brecha? Este diagnóstico tardío está comúnmente asociado a múltiples factores y, entre ellos, se encuentra la carga de las expectativas de género, asociadas a estereotipos y mandatos sexistas. 

Por ejemplo, se espera que las niñas sean tranquilas y organizadas, lo que las presiona a desarrollar el masking o enmascaramiento, una táctica que, como te contamos en esta nota, consiste en imitar conductas neurotípicas para encajar, lo cual genera un estrés y agotamiento (conocido como burnout) que oculta la condición por años.

La Dra Rodriguez explica que los hombres con TDAH suelen ser impulsivos pero en las mujeres es predominantemente, aunque no exclusiva, un comportamiento inatento, lo que hace que las niñas sean percibidas como “despistadas” o “tímidas” en lugar de ser identificadas con un trastorno o condición.


Ante la alta expectativa de género, algunas pacientes se vuelven extremadamente perfeccionistas con ese afán de ya no fallar, llegando a confundirse con un trastorno obsesivo compulsivo.

La vulnerabilidad diferenciada para mujeres neurodivergentes

La falta de un diagnóstico con perspectiva de género expone a las mujeres a una mayor vulnerabilidad ante la violencia psicológica y económica, además de diagnósticos erróneos que ocultan la verdadera raíz del problema. 

Una de las consecuencias más evidentes para las mujeres con diagnóstico tardío es enfrentar dificultades como el subempleo, menos reconocimiento que sus pares y renuncias por agotamiento. Rodríguez Hernández explica que, aunque las mujeres sean muy capaces en sus áreas, pueden fallar en tareas administrativas o de puntualidad, lo que afecta sus ingresos y su autonomía. 

A esto se suman, además, efectos graves que van desde el deterioro de la autoestima al introyectar las etiquetas negativas como “tonta” o “lenta”, asumiéndolas como parte de su identidad y sintiendo que fallan constantemente a pesar de su gran esfuerzo, hasta el riesgo de desarrollar adicciones: 


“Hemos visto en México, con datos de la última Encuesta Nacional, que las mujeres están aumentando su consumo de alcohol. Claro que el diagnóstico tardío tiene consecuencias, y muy importantes”.

¿Qué hago si sospecho que pertenezco a la comunidad neurodiversa?

Para la Dra. Cristina Rodríguez es fundamental acudir con un médico psiquiatra o un neuropsicólogo que tenga amplia experiencia en neurodivergencia. Aunque la información en redes sociales es útil para identificar señales, la doctora enfatiza que el diagnóstico clínico es complejo y requiere un entrenamiento específico, por lo que es importante acudir con una profesional que entienda las particularidades de cómo se manifiestan el TDAH o el autismo en las mujeres.

Otra recomendación es buscar redes de apoyo entre mujeres neurodivergentes, ya que sirven como espacios seguros para compartir experiencias y validar lo que se está sintiendo.

Sin embargo, es importante recordar que, como enfatiza Rodríguez, es una obligación de los profesionales profundizar en la expresión clínica específica de estos trastornos en las mujeres y difundir sus particularidades para evitar que sigan pasando desapercibidas, así como la implementación de políticas de inclusión que ofrezcan apoyos reales en los ámbitos educativo, de salud mental y, especialmente, en el laboral.

¿Conocías estas dimensiones de la neurodiversidad? ¿Conoces redes de mujer neurodivergentes? 


Fuente: La Cadera de Eva

abril 07, 2026

Apoyo desde la ONU a decisión olímpica sobre mujeres biológicas



La atleta sudafricana Caster Semenya encabeza la competencia de los 800 metros femeninos en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. La experta de las Naciones Unidas en materia de violencia contra las mujeres ha respaldado la decisión del COI de que solo quienes hayan nacido como mujeres biológicas puedan competir en las disciplinas de deporte femenino. Imagen: Celso Pupo / The Conversation


La relatora de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, celebró la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de permitir solo a mujeres biológicas competir en el deporte femenino.

“La nueva política se basa en el sentido común, los hechos y la ciencia. Restablece la dignidad, la equidad y la seguridad de las mujeres y las niñas en el deporte olímpico”, afirmó Alsalem, experta que actúa por mandato del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en esta ciudad suiza de Ginebra.

El 26 de marzo, el Comité Ejecutivo del COI aprobó que la elegibilidad para la categoría femenina se determine mediante una prueba de detección del gen SRY, sólo presente en los hombres biológicos, que deberá dar negativo.

El cribado se realiza mediante una muestra de saliva, un frotis bucal o una muestra de sangre y suele llevarse a cabo una sola vez en la vida.

La nueva norma comenzará a aplicarse en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, sin carácter retroactivo.

Pero Alsalem opina que “eso no impide que el COI ofrezca reparaciones adecuadas por las injusticias del pasado, como presentar una disculpa a las atletas a las que se les negó una competición justa, y considerar la concesión de medallas paralelas con carácter retroactivo”.

“Tales medidas demostrarían un reconocimiento del daño sufrido por las atletas, y señalarían un compromiso genuino con la rendición de cuentas y el restablecimiento de sus derechos, incluidas garantías de que no volverá a suceder”, afirmó la especialista jordana en derechos humanos.

No está claro si alguna mujer trans compite a nivel olímpico. Ninguna mujer que haya realizado la transición tras nacer como hombre compitió en los Juegos, los de París en 2024.

La relatora de la ONU señaló que “la presencia del gen SRY es fija a lo largo de toda la vida y constituye un indicador de gran precisión del desarrollo sexual masculino”.

Dijo que “acojo con satisfacción esta política como una medida necesaria, proporcionada y legítima para garantizar la protección de las mujeres y las niñas, en consonancia con el derecho y las normas internacionales de derechos humanos”.

“Los enfoques basados en la evidencia, incluido el reconocimiento de la realidad material del sexo, deben guiar el desarrollo, el seguimiento y la revisión de las políticas deportivas a todos los niveles”, abundó.

Alsalem anteriormente había criticado el antiguo «Marco sobre equidad, inclusión y no discriminación por motivos de identidad de género y variaciones de sexo» del COI, porque consideraba que “sustituir las categorías de competición femeninas por categorías mixtas hace que las atletas pierdan oportunidades, incluidas medallas”.

Hasta ahora, el COI dejaba las normas sobre elegibilidad por sexo en manos de las federaciones de cada deporte, en lugar de aplicar un criterio universal.

El atletismo, la natación, el ciclismo y el remo ya habían impuesto restricciones, pero otras disciplinas permitían que mujeres trans y DSD (diferencias o desórdenes del desarrollo sexual) compitieran en la categoría femenina si no superaban un cierto umbral de testosterona.

El veto del COI afectará a casi todas las atletas con DSD. Esa condición, poco frecuente, hace que las hormonas, los genes o los órganos reproductivos de una persona combinen características masculinas y femeninas.

Hasta ahora, las atletas con DSD que no habían pasado por la pubertad masculina podían competir en el deporte femenino siempre que mantuvieran la testosterona dentro de ciertos límites.

El cambio de política ha sido criticado por activistas de los derechos trans, algunos médicos y por el Gobierno de Francia.

La relatora de la ONU replica que “contrariamente a lo que se ha informado, la política no descalifica a nadie para participar en deportes o competir profesionalmente en categorías correspondientes a su sexo biológico”.

“Más bien, garantiza que las mujeres y las niñas no se vean en desventaja ni excluidas de una competición significativa y justa en su propia categoría”, expresó.

Finalmente, Alsalem instó, tanto a las asociaciones deportivas de competición como a las de carácter no competitivo, a armonizar sus políticas con las normas del COI para la protección de la categoría femenina en el deporte.

Fuente: IPS

abril 06, 2026

La ayuda a domicilio no es suficiente: necesitamos centros dignos para los cuidados

La ayuda a domicilio no es suficiente: necesitamos centros dignos para los  cuidados - Tribuna Feminista
La ayuda a domicilio es necesaria, pero no suficiente. Lo he vivido en carne propia.

Con mi hijo, que tiene autismo severo y un 95 % de discapacidad, necesitaba que hasta cuatro personas distintas entraran en mi casa. Eso convierte los cuidados en un segundo trabajo, además del empleo remunerado que muchas veces ya tenemos. Las mujeres que realizan estas tareas deberían cotizar y ser remuneradas dignamente. Sí, los hombres también cuidan, pero la infraestructura sigue siendo profundamente opresiva para las mujeres: son ellas quienes mayoritariamente se quedan en casa y sostienen la vida. Aunque la situación cambia, ese sigue siendo el patrón dominante.

Nancy Fraser, en Capitalismo caníbal, 2023, lo expresa claramente:

“Nuestro sistema social drena las energías requeridas para atender a las familias, mantener los hogares, sostener las comunidades, alimentar amistades, construir redes políticas y forjar solidaridad. Estos trabajos de cuidado son indispensables para la sociedad: recobran a los seres humanos diariamente y generacionalmente, y preservan los lazos sociales”.

Los cuidados son esenciales para la vida, y sin embargo son un trabajo mal pagado, feminizado y precarizado. La ayuda a domicilio forma parte de la solución, pero no basta.

Amaia Pérez Orozco, en Subversión feminista de la economía, 2014, recuerda que:

“La economía feminista saca a la luz todo el trabajo no remunerado. Aparece una esfera económica enorme donde las mujeres han estado históricamente presentes. La pregunta central es cómo lograr una redistribución equitativa tanto de los trabajos remunerados como de los no remunerados”.

El buen vivir, según Pérez Orozco, requiere redistribuir y valorar los trabajos de cuidados, evitando su feminización. La vida incluye vulnerabilidad —vejez, enfermedad, tristeza, muerte— y su gestión debe ser colectiva, no desigual ni explotadora.
La infraestructura del cuidado también son los centros: residencias, centros de día, espacios comunitarios

Necesitamos hablar de algo fundamental: la infraestructura del cuidado.
Residencias, centros de día específicos, centros para menores, recursos para personas con discapacidad… Todos ellos son esenciales. No siempre hay familia, y cuando la hay, no siempre puede cuidar.

Sin embargo, no se está dando suficiente importancia a estos recursos. Aquí se cruza también el problema de la vivienda. Algo ocurre cuando construimos casas y cuando construimos centros: parece que requieren demasiado dinero público, y eso asusta. Me preocupa que el proceso de privatización al que estamos siendo empujados provoque que cada vez se construyan menos centros públicos, justo cuando más los necesitamos.

Y, mientras tanto, tenemos casas vacías. En Asturias, por ejemplo, existen zonas con viviendas antiguas que podrían convertirse en micro-residencias, espacios comunitarios y adaptados para personas que no pueden o les cuesta integrarse socialmente. Muchos de estos hogares podrían ser autosuficientes: energía solar, proximidad al agua, cultivos, animales… Actividades terapéuticas que fortalecen la vida sin generar conflicto social.

Tenemos esas casas: podríamos usarlas, reutilizarlas y ponerlas al servicio de quienes más lo necesitan.
Centros, hogares colectivos y construcción pública: una apuesta por la vida

No creo solo en la ayuda a domicilio. Creo en centros, casas colectivas, construcciones públicas adecuadas, donde se trabaje con dignidad y donde el cuidado sea una labor humana, no una cadena de montaje.

Esto no solo genera empleo: genera vida vivible.

Ya hemos visto lo que ocurrió con casos como el de Noelia Castillo y otras situaciones denunciadas en centros de menores. Quienes cuidamos y quienes sostenemos la vida somos esenciales. No podemos permitir que la deshumanización ocupe nuestro lugar. Nuestro trabajo es fundamental para la vida, y el avance de la privatización —que pone el ánimo de lucro por encima del bienestar— no ayuda a construir las infraestructuras que necesitamos.

Los cuidados son esenciales, sostienen la vida.

Profesora de secundaria de Filosofía especializada en lengua y literatura.
Fuente: Tribuna Feminista

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in