septiembre 15, 2013

Rugby. Mujeres que rompen tópicos a fuerza de placaje


El rugby femenino ha duplicado el número de deportistas que lo practican en España. Las jugadoras del Gotics, un modesto club de Barcelona, cosechan éxitos deportivos pese a la precariedad y las barreras sociales.

Laura Canal Soria. Foto de Rafael Arocha

Martes, 19:45 h. Comienzan a llegar las chicas del Gotics al punto de encuentro, la Plaza de España de Barcelona. Hay que subir al parque de Montjuïc donde está el campo de entrenamiento de La Fuixarda. Sólo se puede acceder a él con vehículo propio, tras atravesar la zona boscosa del parque. “No hay trasporte público que llegue hasta el club; por eso nos organizamos entre nosotras con los coches que tenemos y compartimos costes”, comenta una de las jugadoras.

“Lo de estas chicas tiene mérito”, dice Eva Serra, la entrenadora. El equipo de la ciudad condal no cuenta con ningún tipo de apoyo institucional y es uno de los pocos clubes de rugby femenino de España que vive exclusivamente de las cuotas de sus asociados. Para poder jugar en la liga, las chicas tienen que pagar sus propias fichas federativas; unos 200 € anuales. “Somos un equipo pobre. Nos tenemos que organizar para lavar y tener listas las equipaciones que compartimos con los alevines del club, pero no nos importa. Hay que reducir gastos y maximizar los recursos, porque, además, tenemos también que abonar el uso de las instalaciones”, apunta Serra.

Para poder jugar en la liga, las chicas tienen que pagar sus propias fichas federativas; unos 200 € anuales

“Para la poca ayuda que tenemos las mujeres deportistas españolas, el nivel es muy alto” afirma la instructora. Por primera vez en su historia, las chicas del Gotics consiguieron en 2012 ascender a la División de Honor del rugby. “No resultó fácil; la temporada fue dura y tuvimos que hacer todo cuanto pudimos, exigiendo a las chicas una mayor implicación y dedicación en los entrenamientos. Les pedíamos que no faltaran ni un día, aun sabiendo que la mayoría de ellas trabajan. Pero lo hicieron. Fueron todo un ejemplo de dedicación y deportividad”, explica.

“Vistas las circunstancias, demasiado bien está el rugby femenino en España para lo amateur que es”, comenta. Este año 2013, la selección española femenina alcanzó un cuarto puesto en el mundial de Moscú tras un partido muy reñido ante EE.UU. “La selección española compite con jugadoras que cobran por entrenar todo el día, y esto tiene aún más valor”, explica la coach, quien se lamenta de la escasa atención que el deporte femenino recibe en España.
Annamar del Cerro Portas. Foto de Rafael Arocha

Un martes más, las chicas de la Fuixarda han concluido su jornada bajo las instrucciones de la entrenadora. “Hoy ha ido muy bien. No siempre es tan sencillo… Somos muchas mujeres juntas. En ocasiones coincidimos todas con la regla al mismo tiempo. Algunas se ponen más sensibles que otras y gestionarlo no siempre es fácil”, lanza la líder, bromeando mientras se dirige al vestuario.


Rompiendo tópicos


“Hay gente que se extraña al ver a mujeres jugadoras de rugby. Todo el mundo espera encontrar a chicas 4 x 4, muy masculinas, corpulentas y bestias, por esa impresión tan generalizada de que este es un deporte agresivo y de contacto físico. Pero algunas son así y otras, no”, dice Elena Perez Perez, miembro de la plantilla del Gotics desde hace tres años. Esta cántabra rubia, con cara delicada y ojos intensamente azules, se caracteriza por su firmeza y serenidad. De aire nórdico, frío y distante, habla calmada y sosegadamente. Tiene las mejillas hinchadas a consecuencia del duro entrenamiento. “El cuerpo no dice todo de ti como persona”, sentencia: “Podemos ser dulces y cariñosas, pero también guerreras y luchadoras, y esto va en tu interior”.

Las mujeres han dejado de ceñirse a deportes denominados “amables” para el género femenino y se adentran también en actividades, como el rugby, que implican violencia, fuerza, dureza y agresividad

Otras de las jugadoras es Ana María García González, una chica grande y corpulenta. Siempre le han dicho que es “la típica jugadora de rugby”, por ese estereotipo social de una actividad en la que hay que ser ruda y fuerte, para soportar el contacto físico y los golpes. Ella se enorgullece de que la vean así. “El rugby es como la vida misma”, dice con una sonrisa en los labios, “te da golpes, pero tienes que afrontarlos y seguir adelante. Yo me siento luchadora y valiente.”. A sus 25 años, es risueña y dulce, de trato tierno y desenfadado, casi naíf; lo que contrasta con su físico voluminoso. “Yo siempre he practicado deportes de contacto, como el boxeo o el kick boxing, y cuando empecé a jugar al rugby mi madre se alegró; por lo menos había una pelota de por medio y ya no era sólo una cuestión de repartir mamporros”, comenta riéndose.


Elena Perez Perez. Foto de Rafael Arocha

Azafatas de vuelo, profesoras, periodistas, masajistas, vigilantes del metro, o amas de casa, entre otras profesiones, una amalgama de perfiles que se dan cita en el campo de la Fuixarda.

“Tu físico determina qué posición vas a jugar en el campo; grande y fuerte para hacer placajes o ligera y ágil, para correr y escapar con el balón”, explica la entrenadora. De ahí que la tipología de jugadoras sea tan variada. Como el caso de Laura Canal Soria, una joven periodista, delgada y esbelta de un discreto metro cincuenta y cinco de altura. “Entre nosotras hay de todo, súper femeninas y machorras, lesbianas y heterosexuales, gordas y delgadas, universitarias y amas de casa; como en la vida misma. Cuando juegas al rugby vas más allá de cualquier prejuicio o tópico social. Yo soy mujer y jugadora de rugby; punto. Lo importante para mí es que jugar a este deporte me sienta bien. Me gusta”, comenta.

“El rugby es el deporte más familiar que he conocido. Entre nosotras nos protegemos, nos arropamos. Por tus compañeras haces cualquier cosa”

Carmina lleva más de veinte años jugando el rugby. Un largo periodo de tiempo que se ha visto interrumpido solo en tres ocasiones: los nacimientos de su tres hijos. “Recuerdo una vez, cuando el más pequeño de mis hijos tenía solo tres meses. Se lo había dejado a mi madre mientras me iba a un partido. Al terminar tuve que salir pitando; mi madre me había llamado pidiéndome que volviera cuanto antes porque el niño estaba desesperado por comer. Es que era un niño muy tragón”, relata la jugadora. Carmina es una mujer tan corpulenta como apacible. A sus 36 años transmite esa paciencia y tranquilidad que una madre de tres hijos ha aprendido a tener. Cada semana sube a la Fuixarda a entrenar. Entre placaje y placaje, entra y sale del campo para dar la cena a los niños, mirar si se han hecho daño en una de sus numerosas caídas. “Alguna vez hemos tenido que parar el entrenamiento porque uno de mis hijos ha entrado corriendo al campo a buscarme para decirme algo”, dice sin parar de reír.

Mujeres unidas

¿Pero qué es lo que hace tan atractivo al rugby entre las mujeres y, sobre todo, qué es lo que genera una afición tan fiel y duradera en ellas? Citan valores como el compañerismo, la nobleza y la lealtad entre los atractivos de este deporte en el que no cabe el individualismo. “Sola no vas a ningún sitio, porque te machacan. Lo importante es el equipo”, dice Elena Perez Perez. “El rugby es el deporte más familiar que he conocido. Entre nosotras nos protegemos, nos arropamos. Por tus compañeras haces cualquier cosa; a pesar del dolor y del cansancio sigues adelante hasta el final, y lo mejor es que lo haces con una sonrisa en los labios”, explica.

Elisabeth Andreu Vidal./ Foto: Rafael Arocha

Si algo define al rugby, es la fidelidad al grupo y la colaboración incondicional por el bien de las compañeras. “Yo juego en primera línea”, comenta una de las chicas, “mi función es correr detrás de las compañeras que tienen el balón para que no les pase nada. Yo confío plenamente en lo que ellas están haciendo y mi función, por encima de todo, es defenderlas”. En efecto, no es solo una cuestión de contacto físico y golpes. Es, sobre todo, una cuestión de protección. “Tienes que poner en práctica tácticas para salvaguardar y cuidar a tus compañeras. Nos organizamos rápidamente y buscamos soluciones a los momentos de peligro para el equipo”, asiente una de las jugadoras. “Cuando juegas al rugby tienes que tener mucho cuidado por ti y por la persona con la que colisionas, procurando no hacerte daño tú, pero tampoco hacérselo a ella”, asegura.

Al gusto por el contacto físico, la fuerza y la resistencia se suman los valores de la camaradería y la valentía. Quizá aquí resida una de las claves del éxito del rugby entre las mujeres. Más allá del ejercicio, de los placajes o de los choques, está el defender al colectivo, aquél que te hace fuerte y que te respeta tal cual eres, donde la diferencia se convierte en un virtud.



Por Susana Oñoro Barba
Fuente: Pikara Magazine