febrero 23, 2014

Cine. Dónde está la zorra


Directora de cine y publicidad, guionista y militante lesbiana, la chilena Marialy Rivas gira por el mundo disfrutando del éxito de su última película, Joven y alocada, donde una niña despierta al placer sexual en el medio de la presión de una familia evangelista.

El cine no estaba en su familia pero ella siempre lo sintió como su vocación. A los 7 años decidió que iba a hacer películas y en la adolescencia se cruzaba a lo de sus vecinos, unos niños de derecha que tenían la primera cámara de video con la que filmó en su vida. Los Rivas eran de izquierda, y esa frontera tan marcada hacía mella también en una relación contradictoria, de día filmaban juntos y de noche los vecinitos le hacían bullying por las ideas políticas de sus padres. Pero a ella le importaba poco porque el norte estaba claro: películas, a como dé lugar.

A los 9 años empezó a ir a un colegio de educación Waldorf y le sacaron la tele, con lo cual iba al cine tres veces a la semana. Veía El sacrificio, de Tarkovski, y no entendía nada de nada pero sabía que ahí estaba la verdad del asunto. “En Chile cerraron todas las escuelas de cine durante la dictadura; a los que hacían cine los exiliaron o los mataron y los que quedaron vivos se escaparon donde pudieron, de manera que el panorama no estaba claro”, dice Marialy. Un año antes de terminar la secundaria conoció al hoy director Sebastián Lelio, que ya estaba estudiando cine y él le marcó un camino, no sólo creativo sino práctico: dónde estudiar en un país donde no se filmaban películas. Ya en la escuela de cine de Chile, en 1995 Marialy filmó Desde siempre, un corto que tuvo relativa fama. “Era un docuficción sobre la homosexualidad y explotó porque yo era una mujer, tenía 19 años y estaba hablando de este tema del que nadie hablaba, era como ‘guau ¿alguien dijo gay?’ Así como siempre supe que quería hacer cine, siempre supe que era gay, pero una cosa es saberlo y otra es llevarlo a cabo”, dice. Desde siempre eran 14 entrevistas de un minuto en torno de las sexualidades diversas. Había alguien que tenía sida, un transformista, un prostituto y así. “Y después de las entrevistas hice que se interpretaran a sí mismos en determinadas situaciones. Había un homofóbico, por ejemplo, que decía cosas como “Los maricones son unos hijos de puta” y yo lo puse corriendo y gritando por una calle con una pistola, entonces el relato se hace mucho más violento. La última escena junta los relatos donde todos cuentan su primera relación homosexual”, cuenta. Ganó premios el corto. Nunca pudo ganar la plata para terminarlo en cine, entonces quedó ahí, pero marcó un antes y un después en la vida de Marialy.

En ese momento, pensar en que el Estado financiara un largo era imposible. Estaban tramando de dónde sacar plata con Lelio cuando Marialy salió a la calle y se encontró una revista Paula (una tradicional revista femenina chilena) tirada en la calle. Estaba intacta. Marialy la hojeó y se encontró con una convocatoria que le torcería el destino de nuevo. Se ofrecían becas de dirección de cine para estudiar en Nueva York. “Mandé mi CV porque no podía creer que estuviera eso ahí tirado para mí. Efectivamente gané la beca. Llevábamos dos años y medio en un proyecto con Sebas y no conseguíamos el dinero, así que me fui. Justo mi novia me había dejado, así que dije me voy (las chilenas son terribles, yo ya no salgo con chilenas. He tenido de todas las nacionalidades pero nunca me han hecho sufrir así).”

En Nueva York, Marialy filmó un corto, Over, que hoy dice que es horrible. “El peor de mi vida”, jura. Casi se muere un eléctrico durante el rodaje, hubo que llamar al 911 y hacerle un torniquete, porque se desangraba tras caerse en una ventanita de vidrio con todo el peso de su cuerpo sobre su brazo. “El corto quedó pésimo. Yo tenía el guión hecho para Chile y nunca lo traspasé a los personajes yanquis, entonces quedó completamente extraño: ¿quiénes son esas personas? No tenían un contexto”, cuenta.

Para colmo, la escuela no era muy buena y en el medio las Torres Gemelas se convierten en la gran persecuta nacional, con ántrax e híper vigilancia incluida. Marialy se dedicó a desplegar su ser gay pero en el clima post 9-11 prefirió volver.
SIMPLE MICHELLE

De vuelta en su tierra, le ofreció a un amigo que trabajaba en publicidad ser su asistente. Pronto la empezaron a pedir a ella en la dirección de los comerciales y ganó algunos premios. Hasta que la convocaron para dirigir la campaña de Michelle Bachelet por la presidencia, en 2002. “Fue súper interesante y un orgullo aportar mi granito de arena para la primera mujer presidenta de Chile, fue muy emocionante. Michelle es una persona tan real. Uno de los spots consistía en seguirla en su vida cotidiana, con su hija. Siendo candidata, la estaba esperando en la casa y veo que llega, se pone a preparar una comida, la sirve en una bandejita y se la lleva al guardia de afuera. Alguien nos cuenta que le hace el almuerzo todos los días. Eso habla de ella. Sin ninguna demagogia, ¿eh?”, dice y cuenta que seguirla fue como acompañar a una estrella de rock en su camino al estrellato. “Llegó a la presidencia porque la gente la empezó a pedir, mucho más que porque ella tuviera un deseo profundo. Y era divertido porque éramos las únicas dos mujeres de la campaña. Años después, cuando ella estaba en ONU Mujer le escribí tímidamente, a ver si se acordaba de mí, y me contestó a los cinco minutos: “Claro mujer, ¿cómo no me voy a acordar?”. Así que tengo un gran recuerdo de ella, una sensación de admiración, es una persona súper normal pero extraordinaria”.

En ese momento, Marialy trabajaba en un proyecto de una película que se llama Todas íbamos a ser reinas, basado en un poema de Gabriela Mistral. Eran historias de mujeres reales que pasaban el día del golpe militar, el día del plebiscito y el día en que se elegía a Michelle Bachelet. Historias personales con trasfondo político de peso. Pero postulaba y perdía. Al mismo tiempo surgió la posibilidad de filmar un cuento de Pedro Lemebel, sobre un niño que durante la dictadura se obsesionaba con su vecino y se masturbaba mirándolo. “Me enamoré del cuento mal. Lo empecé a llamar a Lemebel y él me cortaba, me dejaba hablando sola, me decía ‘déjame tranquilo imbécil’ (risas). Pasaron dos años tratando de convencerlo y mientras yo desarrollaba la película. Pero me harté y bajé los brazos. Un día voy a una heladería con mi novia de ese momento y me dice ‘Mira, ahí está Pedro. Hablale’. Me senté y le dije: ‘Hola Pedro, yo soy la mujer que te ha perseguido dos años’ ‘Ahhh tú, conchetumadre, ya cuéntame qué querés.’ Y logré sacarle la firma. Gané el fondo audiovisual y filmé el corto. Lo mandé a Cannes y quedó en la selección oficial (2010) entre nueve mil cortos. Nunca había quedado una peli chilena en la selección oficial y Blokes ahí estuvo.” Ganó otros premios, fue por todos lados. Cuando llegaba a los festivales me decían: “Pensábamos que eras un hombre, porque claro, es de un niñito de 13 años, y gay por supuesto”, dice.

DE TODO MENOS REINA

Pero el proyecto de filmar el largo seguía en carpeta y las reinas parecían estancadas. Volvió a postular al fondo audiovisual y postuló también Pablo Larrain (director de No, nominada al Oscar en 2012). Les querían dar el premio a los dos pero por ley no podían, de manera que se lo dieron a Pablo. Sin embargo, le aclararon a Marialy que se presentara el año siguiente porque lo ganaría. Era 2010. “Pero a mí al año siguiente me entró la desesperación de que me lo quisieran dar por compromiso y se me da por hacer otro proyecto y mandar los dos.” Ahí nace Joven y alocada.

Según Marialy, Chile llegó a ser el país con más fotologs del mundo, en la época en que ese formato hacía furor: imágenes y un mínimo de texto. Seguidores y listo, simple. “Yo seguía uno, anónimo, que era Soy evangélica, donde el o la narradora contaba la historia religiosa de su infancia y de su presente. Y además de las fotos ponía textos muy largos, que no era nada común. Yo pensaba ¿quién es esta persona? No ponía fotos de ella sino de cualquier cosa, y forzaba el lenguaje como un adolescente pero mucho mejor que un adolescente. Me empezó a intrigar mucho. Pronto me enteré de que era Camila (Gutiérrez Berner) y ella abrió un blog más sexual, que era Gemir de los gemires, donde contaba sus aventuras sexuales. Yo estaba viviendo en España y tenía que venir a Chile, le escribí y le dije: ‘Quiero hacer algo contigo’.” Las chicas no se conocían pero se hicieron amigas enseguida. Marialy le dijo que quería hacer una peli con ella y Camila se sube enseguida. En ese momento tenía 23 años.

“Camila tiene cara de ángel, unos ojos grandes azules y con esa carita te dice: ‘Me metieron el pene en la boca’ y te quedás así”, cuenta Marialy, quien eligió a una actriz con la misma candidez que su musa, Alicia Rodríguez. Joven y alocada ganó el fondo con sólo un mes de desarrollo y en 2011 se filmó. Narra la vida de Daniela, una chica que crece en una familia evangelista y cuenta sus aventuras sexuales con hombres y mujeres en un blog como el que cautivó a Marialy, en un lenguaje crudo y forzado pero lleno de dobles sentidos y mucha ironía. Uno de los aciertos de Joven y alocada es cómo muestra la relación de la protagonista con la computadora y sus relaciones virtuales.

Se intentó hacer muchas veces fallidamente y en esta peli fluye. “Creo que forma y fondo no pueden estar desconectados, pensamos mucho con un diseñador amigo cómo mostrar esto, porque no quería hacer corte a una cara y corte a una pantalla. Cuando estamos en Internet experimentamos otra cosa, nos sumergimos en un mundo, con miles de estéticas pero con una lógica propia, y estás adentro de eso; entonces empezamos a desarrollar distintas cosas”, cuenta. La película está dividida en capítulos, así como un blog tiene entradas, y hay elipsis temporales propias del caos internético. “Una imagen que nos ayudó a cerrar lo que queríamos fue un pene morado aislado en la mitad de la pantalla. Es como una abstracción de lo sexual. Internet es súper barroco, entonces fuimos por lo clásico porque la web va a seguir cambiando”, dice Marialy. Joven y alocada muestra un nuevo capítulo en la vida de Chile, uno que Marialy no vivió como adolescente pero sí revive con la historia que tan bien condensa Camila, que acaba de publicar Joven y alocada por Random House y ya es un éxito de ventas. “Es raro porque yo inventé cosas en el guión que después le sucedieron a Camila. Nosotras hicimos que la mamá sea la antagonista pura, pero en la realidad es la mamá, el papá, la tía, entonces hay decisiones que tomamos por economía narrativa pero además porque son inverosímiles. Cuando la conocí le pregunté a Camila “¿dónde vives?” y su calle se llamaba El buen camino. ¡No me jodas! ¡No podés vivir en una calle que se llama el buen camino!”. Camila además inventa términos que pronto se viralizan por su efectividad para nombrar: por ejemplo en Chile les dicen lais a los chetos, entonces ella le dice evangelais a la tribu de evangelistas a la que pertenece. “En Chile está el pueblo y están las cúpulas conservadoras. Es un país fracturado, y en la generación de Camila hay más libertades sexuales, y está presente siempre ese choque entre los viejos y los jóvenes que se ve en la película y que tanta identificación provocó. Los evangélicos son el 17 por ciento de la población y cada vez son más con este discurso de la represión sexual y la castidad. Y a la vez crecen los espacios donde una chica como Camila, bisexual, que está experimentando, se mueve.”

Joven y alocada ganó como mejor guión en Sundance y sigue su camino por festivales del mundo. Se puede bajar de Internet fácilmente e incluso ver online en YouTube. Diseñaron un afiche, con la zorra como protagonista (en Chile la zorra es la concha, pero también tiene una connotación negativa, como una maldición) envuelta en llamas que arenga a ver la peli y seguir haciendo crecer el fenómeno.