febrero 03, 2014

Economistas feministas responden al Documento de Análisis del FMI "Las mujeres, el trabajo y la economía: Beneficios macroeconómicos de la equidad de género" (Parte 2)

Foto: Finding my Frame: Theoretical 
Perspectives in Gender and Development


En este segundo de dos artículos sobre el Documento de Análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) denominado "Las mujeres, el trabajo y la economía: Beneficios macroeconómicos de la equidad de género", las economistas feministas Prof. Stephanie Seguino con la Prof. Auxiliar Elissa Braunstein y el Dr. Anit N. Mukherjee analizan algunas insuficiencias del Documento relacionadas con la desigualdad salarial entre mujeres y hombres, las maneras en que las políticas macroeconómicas perpetúan la desigualdad de género, la tasa de participación femenina en la fuerza laboral y el trabajo de cuidados no remunerado.

La Prof. Stephanie Seguino[i] y la Prof. Auxiliar Elissa Braunstein[ii] aseveran que el Documento de Análisis promueve la afirmación de que "ofrecer a las mujeres las mismas oportunidades económicas y aprovechar a pleno el potencial de la fuerza laboral femenina [tiene] importantes repercusiones en el crecimiento y el bienestar futuros" (pág. 14). El argumento implícito subyacente en el Documento es que las economías que limitan la participación de las mujeres en la fuerza laboral sacrifican la eficiencia.

El Documento reconoce que los salarios de las mujeres son más bajos que los de los hombres y lo son de manera discriminatoria. La inferencia es que esto se debe a un comportamiento idiosincrático de empleadores que refleja estereotipos desfasados. Se arguye que los remedios legales pueden solucionar este problema. Este argumento no considera que la desigualdad salarial entre hombres y mujeres es propiciada por la segregación laboral, que concentra a las mujeres en ocupaciones y empleos de baja remuneración. Cuando combinamos los logros educativos más altos de las mujeres con su mayor participación en la fuerza laboral y menores salarios, el resultado son mayores ganancias para las empresas. Existen evidencias de que en algunos países la desigualdad salarial entre los sexos ha sido de hecho un estímulo para el crecimiento a través de su efecto en la inversión y las exportaciones. Una abundancia de estudios publicados por economistas feministas en revistas académicas proporciona pruebas provenientes de algunas naciones de que la discriminación salarial en función del género ha estimulado el crecimiento mediante su efecto en la inversión y las exportaciones. Ninguno de esos estudios es citado en el Documento del FMI.

Economistas feministas también han identificado el rol que las políticas macroeconómicas tipo FMI han jugado en perpetuar la desigualdad de género en todo el mundo. Entre los ejemplos están: la política fiscal de contracción que reduce los servicios públicos, incrementando así la carga de cuidados para las mujeres y dificultando aun más que ellas participen en el trabajo remunerado; las metas de inflación que aumentan las tasas de desempleo, empeorando la competencia entre mujeres y hombres por empleos escasos—una situación donde las mujeres salen perdiendo o enfrentan violencia doméstica cuando los hombres pierden sus roles de proveedores; la desregulación financiera que ha conducido a inestabilidad económica mundial, lo cual a menudo hace que recaiga sobre las mujeres la mayor carga de ayudar a la familia a superar crisis trabajando jornadas más largas y actuando como amortiguadoras de impactos emocionales para sus familias.

Por el lado de las políticas, las y los autores del Documento plantean un estrecho conjunto de políticas estándar orientadas al mercado que enfatizan incentivos individuales para participar en el trabajo remunerado, pero no abordan los impedimentos estructurales más grandes para el empoderamiento económico de las mujeres. Por ejemplo, proponen que los gobiernos pasen de los impuestos sobre ingresos familiares a la tributación individual para alentar a las mujeres a incorporarse al mercado laboral. Además abogan por créditos fiscales para empleadores con el propósito de motivarles a contratar mujeres, sin evaluar el impacto sobre los presupuestos del sector público necesarios para gastos en infraestructura y gastos sociales a fin de reducir la carga de cuidados de las mujeres. Finalmente, y en efecto de manera sorprendente, abogan por que se disminuyan las prestaciones relacionadas con la manutención infantil porque éstas pueden 'reducir los incentivos para que las mujeres se incorporen al mercado laboral'. En el Documento hay poca consideración del impacto de la incorporación de las mujeres a empleos de baja remuneración sobre el bienestar infantil, en comparación con apoyos sociales para familias que cuidan a niñas y niños. Es improbable que su incorporación a empleos mal remunerados e inseguros logre esa meta.

El Documento recomienda las políticas del FMI en vez de cambios a aspectos estructurales de las economías que son en gran medida los principales inhibidores de la igualdad de género o de legislación proactiva que beneficiaría a las mujeres, como lo es el salario mínimo/digno. Estos aspectos incluyen el aumento de empleos de baja remuneración, redes de seguridad social fragmentadas, una movilidad firme que mantiene bajos los salarios y una desregulación financiera que contribuye a la inestabilidad. Las y los autores no mencionan ni critican un amplio conjunto de recomendaciones sobre políticas que han sido propuestas en los últimos quince años para mejores políticas a nivel macro a fin de promover la igualdad de género que abordan estos problemas. Por ejemplo, el Documento no dice nada de la utilidad de las políticas de reconciliación europeas dirigidas a promover el equilibrio entre el trabajo y la familia tanto para mujeres como para hombres. El hecho de no abordar la profunda y extensa literatura sobre género y macroeconomía es una gran insuficiencia en este Documento y termina socavando su análisis.

Un vacío particularmente marcado en el Documento del FMI es cualquier mención de las implicaciones de género de la crisis financiera que inició en 2008. Los programas de austeridad en Europa han representado un paso atrás en la búsqueda de la igualdad de género al diluir, por ejemplo, lo que se había logrado a través de las leyes sobre reconciliación durante la década de 1990, antes de que la crisis empezara. Es más, la austeridad ha conducido a recortes que afectan desproporcionadamente a las madres, sobre todo a las madres solas, como lo ha demostrado el Grupo de Mujeres del Reino Unido para los Presupuestos (Women's Budget Group).[iii]

En contraste con el análisis del FMI sobre la igualdad de género, la economía feminista deja en claro que el poder importa. La desigualdad de género es producida y reproducida cada día, no sólo por medio de dinámicas a nivel familiar sino también por instituciones y el entorno de la política macroeconómica. La incorporación de las mujeres a la fuerza laboral remunerada puede muy bien estimular el crecimiento, pero probablemente lo haga como resultado del desproporcionado poder que tienen las empresas en comparación con las mujeres, conduciendo a una mayor—no menor—discriminación salarial.

Dicho de otra manera, la desigualdad salarial entre mujeres y hombres suele ser una fuente principal de estímulo para el crecimiento a medida que más mujeres se incorporan al trabajo remunerado. La presión a la baja sobre los presupuestos del sector público incrementa la presión sobre las mujeres para que "escojan" el trabajo remunerado en vez del no remunerado, pero a un alto costo, especialmente para el crecimiento de la productividad a largo plazo. En contraste, el FMI no aborda asuntos de la desigualdad de poder, el rol de las instituciones y su propio marco de políticas, como tampoco la función que juega el trabajo de cuidados en promover el desarrollo y el crecimiento.

Se debería exhortar al FMI a que conozca toda la literatura sobre género y crecimiento—en revistas académicas de arbitraje independiente como Feminist Economics, World Development,Cambridge Journal of Economics y otras—en vez de escoger selectivamente la investigación que desea resaltar e ignorar el resto. Tratándose de una organización que enfatiza los mercados libres, no parece estar dispuesta a involucrarse en el mercado libre de las ideas.

En otra respuesta, el Dr. Anit Mukherjee[iv] dice que el interés en la equidad de género se ha reavivado tras la crisis fiscal y financiera mundial. El reciente informe del FMI, "Las mujeres, el trabajo y la economía: Beneficios macroeconómicos de la equidad de género", es un intento por recabar las pruebas existentes a favor de una justificación económica para incrementar la 'participación' de las mujeres en la fuerza laboral y abogar por políticas que eliminarían las supuestas 'barreras' que les impiden contribuir plenamente a actividades productivas en la economía.

La hipótesis subyacente en el Documento es que la tasa de participación femenina en la fuerza laboral (TPFFL) es baja y debería incrementarse. Este aumento en la TPFFL generaría un estímulo adicional para el crecimiento en el ingreso per cápita. Aun en países avanzados de laOrganización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), esta TPFFL más alta incrementaría el producto interno bruto (PIB) en un 5 por ciento en Estados Unidos y un 9 por ciento en Japón, mientras que los beneficios en países en desarrollo son sustancialmente más altos—34 por ciento en Egipto, por ejemplo. Por lo tanto, se argumenta que las economías reportarían beneficios de eficiencia si se alcanzara la equidad de género en la fuerza laboral en todo el mundo.

Este marco estándar de contabilidad del crecimiento es engañoso en muchos aspectos. En primer lugar, la TPFFL no se sustenta en un análisis de género del 'trabajo' en diferentes contextos conceptuales y prácticos. La omisión más significativa para la contabilidad tanto del crecimiento como del ingreso nacional es el trabajo no remunerado (ver Waring, Si las mujeres contaran[v]). Aunque el informe reconoce que las mujeres contribuyen de manera sustancial al trabajo sin remuneración, no exhorta a un cambio en las normas de información [financiera], lo cual incorporaría indicadores desagregados por sexo sobre el trabajo (de cuidados) no remunerado. Se calcula que el valor económico del trabajo realizado por personas que brindan cuidados en Australia fue de 21.4 mil millones de horas en el periodo de 2009-2010, con un promedio de casi mil horas por persona. El equivalente de 11.1 millones de trabajadoras/es a tiempo completo en la economía del cuidado no remunerado fue 20 por ciento más que el total de la fuerza laboral australiana empleada a tiempo completo. Se calcula que en 2009-2010 la economía del cuidado no remunerado equivalió a $112.4 mil millones, 8.8 por ciento del PIB, aportando casi el 20 por ciento de todo el empleo remunerado. También se calcula que el trabajo de cuidados no remunerado ascendió a $650.1 mil millones, equivalentes al 50.6 por ciento del PIB y seis veces el tamaño del sector del trabajo de cuidados remunerado. Las mujeres contribuyeron el 77 por ciento del trabajo de cuidados remunerado y el 66 por ciento del trabajo de cuidados no remunerado.[vi]

En segundo lugar, no es una opción económica cambiar entre el trabajo de subsistencia, doméstico y de cuidados no remunerado por un lado y el sector del empleo 'productivo' remunerado por otra parte. Ello hace que el indicador de la TPFFL sea discontinuo y una medida inadecuada para emprender un análisis de contabilidad del crecimiento sobre el impacto macroeconómico de la equidad de género en el mercado laboral. Esto es particularmente cierto en economías donde aún predominan los modos tradicionales de producción y propiedad comunitaria de bienes, lo cual se aplica a la mayoría de países en este trabajo, excepto algunas economías de la OCDE. Partir de la hipótesis de que las decisiones respecto al suministro de trabajo femenino basadas en un salario de mercado son superiores a los sistemas tradicionales donde las mujeres predominan en las actividades tanto productivas como no remuneradas hace cuestionar la metodología empleada en el informe.

La contribución de las mujeres al 'trabajo' y a la 'producción' requiere un enfoque mucho más matizado que ver sólo indicadores parciales como la TPFFL. Aunque es alentador que el FMI ha reconocido el rol de la equidad de género como un objetivo importante al cual aspirar, el análisis económico de los mercados laborales tendría que ir más allá de la usual hipótesis neoclásica. Es necesario que las cuestiones del trabajo no remunerado, la producción de subsistencia y la participación comunitaria que determinan las decisiones relacionadas con el mercado laboral para la gran mayoría de las mujeres en este mundo estén en primer plano del análisis económico.

Por la Prof. Stephanie Seguino con la Prof. Auxiliar Elissa Braunstein y el Dr. Anit N. Mukherjee
Editada por Rochelle Jones
Fuente: Notas de los Viernes de AWID, 31 de enero de 2014. Título original: Feminist economists respond to the recent IMF Discussion Note Women, Work, and the Economy: Macroeconomic gains from Gender Equity (Part 2). Traducción: Laura E. Asturias

[i]Stephanie Seguino es Profesora de Economía de la Universidad de Vermont, Estados Unidos. Su actual investigación examina la relación entre la desigualdad, el crecimiento y el desarrollo. Un enfoque principal de ese trabajo analiza el efecto de la igualdad de género en los resultados macroeconómicos y un documento reciente investiga el rol macroeconómico que el género juega en países con restricción de la balanza de pagos al crecimiento. Ella también ha examinado los efectos de la política monetaria de contracción sobre el género y la raza. Es Investigadora Asociada de la Facultad de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de la Universidad de Londres, Investigadora Académica del Instituto de Investigación en Economía Política (PERI) de la Universidad de Massachusetts en Amherst, Editora Asociada de la revistaFeminist Economics y ex Presidenta de la Asociación Internacional para la Economía Feminista (IAFFE).
[ii]Elissa Braunstein es Profesora Auxiliar en el Departamento de Economía de la Universidad Estatal de Colorado. En su trabajo utiliza un lente feminista para comprender mejor la macroeconomía y los procesos y resultados económicos internacionales, con énfasis particular en asuntos relacionados con el desarrollo económico y la igualdad de género. Publica extensamente en medios tanto académicos como de políticas. Su investigación actual se centra en los cuidados con enfoque de modelización macroeconómica, estimando econométricamente los costos del patriarcado para el crecimiento económico y evaluando el impacto de los recientes cambios económicos en la región de América Latina sobre la desigualdad de género en el empleo. Hace consultorías regulares para varias instituciones internacionales de desarrollo, incluyendo la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD) y ONU Mujeres.
[iv]Anit N. Mukherjee, Consultor de la Iniciativa Mundial de Género y Gestión de la Política Económica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es experto en finanzas públicas y políticas con especialización en educación, salud, pobreza y género en los países en desarrollo.
[v] Waring, M., 1994, Si las mujeres contaran. Una nueva economía feminista. Madrid: Vindicación feminista.
[vi] Waring, M., Reid, E., Mukherjee, A. y Shivdas, M., 2013, Anticipatory Social Protection: Claiming Dignity and Rights [Protección social preventiva: Exigiendo dignidad y derechos], Londres: Secretaría de la Mancomunidad. Ver también: Hoenig, S.A., y Page. A.R.E., 2012,Counting on Care Work in Australia [Contabilizando el trabajo del cuidado en Australia], informe preparado por AECgroup Limited para Economic Security4Women, Australia.