febrero 02, 2014

El despacho de Teodora




Fue la mujer más poderosa de la historia romana y la primera feminista que pudo gobernar. Sus orígenes humildes y su anterior trabajo como meretriz y artista no le impidieron contraer matrimonio con el emperador Justiniano I a pesar de que había una ley que lo prohibía. Su intervención en el Corpus Iulis Civilis (Cuerpo de Derecho Civil) garantizó innumerables derechos a las mujeres. Suya fue la primera ley en defensa del aborto que se conoce y suya la instauración de la pena de muerte para los violadores. Se adelantó siglos a su época y fue nombrada santa por la iglesia ortodoxa. Teodora fue emperatriz del Imperio Bizantino.


Leda and the Swan | Pintura erótica atribuida a Francois Boucher | 1703 – 1770.

Teodora santa, Teodora puta, Teodora emperatriz, Teodora pobre, Teodora rica, Teodora sin hache, Theodora con ella… La emperatriz del Imperio Bizantino tiene en su leyenda muchas facetas distintas, a cada cual más difusa. La fuente oficial de su historia proviene de las obras escritas por Procopio de Cesarea, contratado para contar las glorias de la corona. En su trabajo para el emperador y esposo de Teodora, Justiniano I, Procopio no tuvo más que formar una imagen grande de ella. La describió como una emperatriz ejemplar, llena de coraje y tremendamente influyente. Sin embargo, en su ‘Historia secreta’, el escriba decidió dar rienda suelta a su pluma y plasmar los escándalos no autorizados de su época. 

La mayoría de las fuentes advierten del rechazo absoluto que sentía Procopio hacia Teodora y también hacia Justiniano. La razón –según estas voces- es que Procopio nunca recibió el reconocimiento que esperaba en su carrera profesional.

La ‘Historia Secreta’ está llena de referencias misóginas y de un odio no disimulado hacia Teodora y otras mujeres importantes en su vida, como Antonina. Algunos puntos de la sinopsis de esta obra tienen los siguientes títulos: ‘Que muestra el peligro de encontrarse con las intrigas de las mujeres’, ‘Cómo Teodora engañó al conquistador de África e Italia’, ‘Cómo Teodora engañó a la hija del general’, ‘Cómo Teodora, la más depravada de todas las cortesanas, se ganó su amor’, ‘Cómo Justiniano promulgó una nueva ley que le permitía casarse con una cortesana’.

A pesar de los ataques, incluso la propia historia se ha rendido ante lo que resultaba evidente: el protagonismo de la emperatriz a la hora de dictar leyes y hacer política.

Unanimidad histórica | Teodora gobernó

Debido a sus orígenes humildes, no se saben el año ni el lugar exacto de su nacimiento (en torno al 500 d. C.), pero parece existir una total unanimidad a la hora de describir a Teodora como una impresionante política que no se limitó a acompañar al gobierno de su esposo. Teodora, mujer que había sido emprendedora en el campo del trabajo sexual, tuvo claro desde el comienzo que si iba a ser emperatriz, lo sería para gobernar. Formó así un equipo eficaz con Justiniano y algunas fuentes incluso la consideran corregente. Dejó su huella sobre todo en lograr una mayor justicia para las mujeres en general, y para las de origen más humilde en particular. Éstas sólo tenían dos salidas: el teatro y la prostitución (a menudo, ligados). Así, la situación de las mujeres en el Imperio Bizantino, marcado por una férrea moral cristiana, se convirtió en la más avanzada en derechos de la Europa de entonces gracias a la influencia de la Emperatriz.

De esta forma, explicaba el escriba el hecho de que un emperador decidiera casarse con una cortesana:

“[...] prefirió hacer su mujer a la que había sido mujer común de todos los hombres, asimismo, indiferente a toda su historia revelada, tomó en matrimonio a una mujer no sólo culpable de cualquier contaminación sino que, además, se jactaba de sus muchos abortos

Sin embargo, ni un solo miembro del Senado, viendo esta desgracia cayendo sobre el Estado, osó quejarse o censurar el hecho; sino que todos ellos se inclinaron ante ella como si fuera una diosa […] Ni soldado alguno se quejó al serle ordenado que afrontara los peligros de la guerra en beneficio de Teodora ni hubo hombre alguno en la tierra que se aventurara a oponérsele […].

Lo que ella y su esposo hicieron juntos debe ahora ser brevemente descrito: pues nada se hizo por uno sin el consentimiento del otro”.

El contexto suplicante de las mujeres bizancio 

Los orígenes humildes de Teodora y el hecho de haber nacido mujer en aquella época marcó, sin duda, el devenir de su existencia ya desde sus primeros años. También la muerte de su padre colocó especialmente a su familia, compuesta toda por mujeres, en situaciones bastante humillantes.

Debido a este contexto, los emprendimientos legislativos de Teodora bien podrían tomarse como una forma de conseguir una mayor independencia tanto para las mujeres como para sí misma. Teodora parecía mostrarse así cuidadosa con todos los posibles futuros que podía prever en el caso de dejar de ser emperatriz.



Emperatriz Teodora y sus siervos | Mosaico de la Iglesia de San Vital de Rávena | Siglo VI.

También existe unanimidad a la hora de presentar a Teodora como ambiciosa, enemiga sin piedad, sobre todo hacia los hombres, y aferrada a su posición social de emperatriz hasta el punto de afirmar que prefería la muerte antes que volver a la pobreza. Sin embargo, nunca se colocan estas afirmaciones bajo el contexto de violencia social, institucional y machista que gobernó en los tiempos del Imperio.

A pesar de su multiculturalidad, el Imperio Bizantino era de moral cristiana. Las mujeres sólo eran consideradas en su relación con los hombres: no existía independencia moral ni económica ni legislativa para ellas y, como ya se ha apuntado, el teatro y la prostitución se presentaban como sus dos únicas salidas.

El adulterio era castigado de manera muy severa: las adúlteras eran asesinadas y los maridos se quedaban con su dote. La prostitución forzosa era legal. Aunque el trabajo sexual era a veces la única salida, los abortos eran severamente perseguidos en el Imperio. Así, “el feticidio se consideró igual a asesinato e infanticidio y el resultado fue castigos severos para todas las personas que participaron en una técnica abortiva dependiente de drogas u otros métodos. Los castigos podrían llegar hasta el exilio, la confiscación de bienes y la muerte” (del texto “Abortions in Byzantine times”, 1996).

Bajo este panorama se fraguó la temprana vida de Teodora, cuya familia emigró a Constantinopla, la capital, en busca de un futuro mejor. Su madre era bailarina y actriz. Su padre consiguió un empleo de domador de osos en la fracción de los verdes*, que representaban a los comerciantes, frente a los azules, afectos a la aristocracia y el poder. Todo parecía ir bien en este tiempo para Teodora, pero la suerte cambió y su padre –único hombre de la familia – falleció.

Teodora instaló un gabinete en palacio para recibir denuncias de mujeres contra la violencia que sobre ellas ejercían los hombres

Su madre se amparó en una costumbre: si la viuda se casaba de inmediato, su esposo heredaba el trabajo del anterior. Sin embargo, hicieron caso omiso de su situación. La madre optó, entonces, por adornar a sus hijas con guirnaldas y flores y presentarlas en el hipódromo como suplicantes** para que obtuvieran protección. Los verdes desestimaron la súplica, que atendieron los azules. No obstante, ni Teodora ni su familia pudieron librarse del yugo de la pobreza.

”Leda y el cisne”, su gran actuacióm

Con apenas diez años, Teodora comenzó en el teatro como ayudante de su hermana Komito. A pesar de que era esmirriada y no tenía grandes dotes, se movía como nadie y era muy atractiva. Sabía gustar a los hombres por su desparpajo, sus chistes verdes y su sentido del humor. 

Desafiaba los límites de la moralidad sexual de la época y solía presentarse con poca ropa, llevando las actuaciones siempre un poco más allá. Con 16 años se convirtió en la prostituta más célebre de Constantinopla, según cuentas algunas fuentes, por una actuación concreta en la que con poca ropa se tumbó en el escenario con las piernas abiertas hacia los espectadores. Mientras, un grupo de esclavos colocaban por su sexo granos de cebada que fueron devorados por seis gansos. Se trataba de una interpretación transgresora de la obra ‘Leda y el Cisne’. Con gemidos que excitaban a su público, Teodora fingía que los gansos la violaban.


Envuelta en el éxito, abrió su propia casa de meretrices junto a su compañera Antonina, cuya amistad la acompañó toda la vida. Algunas voces aseguran que eran ellas quienes marcaban y planteaban los pasos que tenía que seguir el emperador. La casa, por su parte, se convirtió en una de las más aclamadas de Constantinopla. A pesar de todo, Teodora se cansó de esa vida y se unió a Hecebolo como amante oficial. La relación –de la que nació una hija- duró cuatro años y estuvo marcada por la violencia contra Teodora.

Ante esta situación, regresó a Constantinopla donde su amiga Antonina la ayudó a establecerse, esta vez, como hilandera. Y conoció a Justiniano.


Mosaico de Justiniano en la Iglesia de San Vital en Rávena.

Teodora y Justiniano, un buen equipo

Justiniano se enamoró de Teodora hasta el punto de querer casarse con ella a toda costa. Dos cuestiones se lo impedían. Estaba casado con Eufemia quien, según la describe la obra ‘Mujeres perversas de la historia’, era una “virtuosa mujer que aborrecía el vicio”. El otro impedimento era la ley que prohibía a los patricios o nobles casarse con trabajadoras sexuales. Tras la muerte de Eufemia, Justiniano I interrumpió la ley el tiempo suficiente para casarse. Teodora accedió al poder con 27 años, cuando Justiniano se convirtió en emperador.

Teodora se convirtió con sólo 16 años en la prostituta más célebre de Constantinopla

Algunos historiadores lo narran como una “verdadera historia de amor”. El emperador acogió a la hija de Teodora y Hecebolo como legítima. La pareja compartía además una vocación humanista que les llevó a la recuperación del ‘Corpus Juris Civilis’, la más importante de la Historia. Se realizó entre el año 529 y 534 y el sello de Teodora quedó más que plasmado en numerosas leyes destinadas a proteger derechos básicos de las mujeres.

El propio Procopio escribió en uno de sus textos que Teodora estaba “naturalmente inclinada a ayudar a las mujeres desafortunadas” (Garland,1999).

La emperatriz feminista

¿Y cuáles fueron esas leyes?
Aborto legal en caso de violación.
Derecho a propiedad privada a las mujeres.
Derogación de la ley que impedía la unión entre artistas y prostitutas con cualquier hombre independientemente de su posición social.
Persecución de la prostitución forzoso (protegida entonces por ley).
Derechos iguales ante la herencia, independientemente de ser legítimos.
Apoyo al matrimonio de las prostitutas. Se les concedía dotes en caso de que no tuvieran y alternativas a quienes dejaban la profesión.
Castigos a los hombres que usaban violencia contra las mujeres .
Duras penas para los violadores, incluyendo la pena de muerte.
Derecho de las mujeres a ser propietarias y recibir herencias.
Mejora de la situación de la salud de las mujeres.
Prohibición del castigo por adulterio e instauración del derecho al divorcio en caso de que se produjera.

Existen divergencias a la hora de entender cuál era la posición de Teodora ante la prostitución. La declaró “agravio a la dignidad de la mujer”, pero hay quien apunta que solo estaba en contra de la prostitución forzada o de ésta como la única salida de las mujeres. De hecho, hay fuentes que defienden que prohibió a los hombres regentar burdeles.

También creó un convento, bajo el nombre de “Metanoia” (arrepentimiento), donde las extrabajadoras sexuales podían tener cierta independencia.

Estas medidas, sobre todo las relacionas con derechos de herencia, no gustaron a una sociedad profundamente patriarcal. De ahí también la fama de Teodora a quien no le faltó la mala prensa durante el tiempo que gobernó. Sus leyes fueron borradas del mapa con el paso de los años por quienes ostentaban los poderes patriarcales, políticos y religiosos.


Cartel de la película italiana ‘Theodora, Emperatriz de Bizancio’.

El despacho de Teodora estuvo en funcionamiento durante su mandato. Instaló un gabinete en palacio únicamente para recibir denuncias de mujeres contra la violencia que sobre ellas ejercían los hombres. El engaño, los golpes y el repudio eran prácticas violentas habituales en aquella época. Las mujeres iban con la certeza de que estos delitos no quedarían impunes. La propia Teodora se encargaba de que así fuera.

La gloria del color púrpura

“No tengo tiempo de averiguar si es conveniente que una mujer hable delante de los hombres y dé a unas gentes tímidas consejos audaces. Quien ha recibido la vida, no la ha recibido sino para perderla. Pero quien ha sido investido del poder soberano no debe vivir si se lo deja quitar. Tú, César, si quieres huir, nada es más fácil; tienes dinero, el mar es libre y los barcos están prestos. En cuanto a mí, Dios no permita que abandone la púrpura y que aparezca jamás en público sin ser saludada como emperatriz. Aprecio mucho esta antigua sentencia: la púrpura es un glorioso sudario***”.

Con estas palabras las emperatriz irrumpió en el salón donde Justiniano y sus consejeros debatían qué hacer ante los llamados ‘Disturbios de Niká’ (Victoria) contra el Emperador. Teodora evitó la ya decidida huida de Justiniano. Éste afrontó la sublevación que acabó cobrándose la vida de 30.000 personas. La historia se ha puesto de acuerdo en el hecho de que fue Teodora la que impidió que el gobierno de Justiniano acabara en ese preciso instante.

Teodora murió en el año 548 – con casi 50 años de edad- a causa de un cáncer de mama. Su muerte supuso el declive del gobierno de Justiniano. La emperatriz fue enterrada en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla y hoy es considerada santa por la iglesia ortodoxa.

Actualmente, resulta curioso que el violeta feminista se pueda llamar también “azul púrpura”, un color, este último, con el que Teodora quiso morir : “La púrpura es un glorioso sudario”.

Por Mar Gallego
Fuente: Pikara Magazine

* En el Hipódromo competían dos grupos distintos (los verdes y los azules). Éstos además estaban enfrentados políticamente. La facción verde representaba los valores de comerciantes y de la religión monofisita. El monofisismo negaba la naturaleza humana de Jesucristo defendiendo que únicamente tenía una: la divina. Teodora se convirtió a esta religión y la protegió durante su mandato. Por tanto, su posición en asuntos teológicos era separatista. Por su parte, la facción azul representaba a la aristocracia y el poder. Teodora, a pesar de sus inclinaciones teológicas, seguía a los azules por haberle otorgado trabajo a su padrastro cuando su madre las presentó como suplicantes ante el Hipródromo.

** La súplica, en este contexto, formaba parte de los rituales griegos. Cualquier persona podía presentarse como suplicante ante otras con mayor poder para solicitar protección. Las y los suplicantes solía formalizar la súplica llevando unas ramas de olivo o laurel. El favor de Zeus se depositaba en cada suplicante según las creencias por lo que, quienes se mostraban “indiferentes” ante su dolor, mostraban también indiferencia ante el padre de los dioses. Recurrir a esta fórmula, por tanto, era potente para conseguir resultados.

De otro lado, no hay que extrañarse por la irrupción de rituales griegos en un Imperio Bizantino cristiano ya que la identidad de éste fue multiétnica. Así, la gente de Bizancio se consideraba a sí misma romana pero su idioma oficial fue el griego y la población y la cultura mayoritaria también lo era. Empezó como un Estado cristiano y acabó como un Estado griego ortodoxo.

*** Según la RAE, 1. m. Lienzo que se pone sobre el rostro de lxs difuntxs o en que se envuelve el cadáver.