abril 17, 2014

Mujeres, justicia y ciudadanía


En la actual coyuntura se ha situado el tema de la justicia en la agenda mediática. Diversas instancias que rigen la vida institucional, política y jurídica de la sociedad guatemalteca han tomado decisiones que han precipitado acontecimientos y provocado diversas reacciones en torno a cuestiones que nos atañen como ciudadanas; por ejemplo, la polémica por la limitación del período del mandato de la actual Fiscal General,Dra. Claudia Paz y Paz, o la resolución que el Tribunal de Honor del Colegio de Abogados emitió y que incluye la suspensión temporal de la Jueza Yassmin Barrios, en el ejercicio de su profesión.

Estos casos emblemáticos por la notoriedad y el actuar de las funcionarias, permiten preguntarnos por conceptos como la justicia y cómo afecta nuestras vidas. Entre columnas de opinión, expresiones en las redes sociales y foros públicos se nos plantea que la justicia va más allá de la aplicación de normas y del seguimiento de procesos formales, que es un valor construido social e históricamente que, como la democracia por ejemplo, deja fuera a muchas personas por su origen, sexo, identidad, opción o compromiso político, ocupación, ubicación social o geográfica. Es decir, no es un concepto neutro ni exento de sesgos como se pretende mostrar desde quienes ejercen diversos poderes.

La justicia, desde una mirada amplia, no se refiere sólo a resolver las denuncias por delitos tipificados legalmente, aspecto que por supuesto es sustantivo porque implica el resarcimiento de daños a quienes han sido víctimas de abusos y/o agravios a su dignidad e integridad. La justicia va más allá, se vincula con la noción de ciudadanía, con el conjunto de derechos que esta conlleva y con las posibilidades reales de ejercerla.

Basta una observación rápida de la situación y condición de las mujeres en nuestro país para concluir que existen graves rezagos en la garantía de sus derechos más básicos: a la vida, por la enorme cantidad de muertes violentas de mujeres; a la integridad, porque es abrumador el número de casos –denunciados o no- de abuso y violaciones, embarazos no deseados como resultado de esa violencia sexual; a la salud, como lo muestran los altos índices de desnutrición, de embarazos en adolescentes o de mortalidad materna; a la educación, porque si bien más niñas y mujeres tienen acceso a la escuela y a la universidad, muchas no gozan de este derecho debido a la pobreza y a los roles de cuidado que les son reservados socialmente; al trabajo porque ellas están ubicadas mayoritariamente en trabajos precarios y poco valorados; a la participación cívico-política y a la expresión, ámbitos en los que es evidente la disparidad y la desventaja de las mujeres.

Con estos datos no es difícil deducir que el acceso de las mujeres a la justicia enfrenta numerosos obstáculos, y que aun siendo el cincuenta y uno por ciento de la población no son consideradas ciudadanas plenas. En el imaginario social el lugar de las mujeres sigue siendo la casa y su ocupación principal, el cuidado de otros y otras.

La justicia no es abstracta ni es ciega como idealmente desearíamos, se expresa en diversos ámbitos y situaciones marcadas por relaciones de poder. Con esa mirada es que podremos explicarnos por qué dos mujeres como Claudia Paz y Paz y Yassmin Barrios, que se suman a otras que han reivindicado el derecho a la justicia social, política, penal, económica, ambiental –entre otras Rigoberta Menchú, RosalinaTuyuc, Helen Mack, Nineth Montenegro, Rosario Cuevas+, Aura Farfán, Yolanda Oquelí, Lolita Chávez- están en el ojo del huracán, recibiendo un trato patriarcal que los medios recogen y difunden. Frases descalificadoras que banalizan el accionar de las mujeres al fijarse en su apariencia, en lugar de focalizar el análisis en el desempeño de sus cargos, posturas que expresan la renuencia de muchas personas a aceptar las capacidades, aportes y la autoridad de las mujeres. ¿Es esto justo?


Por Ana Silvia Monzón, Socióloga y comunicadora feminista. Cofundadora de Voces de Mujeres
Lolita Chávez, lideresa indígena. 
Imagen tomada de librerialavoragine.com

En el centenario del nacimiento de Alaíde Foppa 
celebramos su palabra.
(3 de diciembre 1914-3 de diciembre 2014)

Los pies
Ya que no tengo alas, 
me bastan 
mis pies que danzan 
y que no acaban 
de recorrer el mundo.