diciembre 26, 2014

Cambiemos el cuento


Ilustración de portada de 'El círculo de Casiopea', de Núria Aparicio

Érase una vez una princesa que ya había salido del lío por sí misma y se había marchado cuando el príncipe acudió a su rescate. Y si en vez de una princesa, ponemos dos, hermanas, niñas (nada de adolescentes en busca de marido), que, además, se llevan estupendamente (nada de envidias), tenemos como resultado la trama de los libros de Carlota Echevarría (27 años), que escribió —sin buscar un mensaje feminista, dice— una saga infantil de cuatro entregas en la que ellas son guerreras, ingeniosas, inquietas e independientes. Son Princesas al ataque(LaGalera): Mira y Denébola.

Así, frente a la típica trama de chica en apuros que espera que un príncipe guapo, rico y valiente la salve, se enamore de ella y, colorín colorado, este cuento se ha acabado... surgen nuevas narrativas en la literatura, incluso en el cine y la televisión -grandes transmisores de valores-, que proponen un relato mucho más acorde a la realidad del siglo XXI o, al menos, a la que debería ser: igualitaria y cada vez más lejos de los estereotipos que perpetúan la discriminación de la mujer. 

"El título ya indica que, aunque sean princesas, no son pasivas. Quería que las protagonistas tuvieran iniciativa y salieran por sí mismas de los líos", explica la novel autora, experta correctora y crítica de literatura juvenil. "Me hacía gracia que existiera un plan para rescatarlas y que, cuando llegasen a salvarlas, ellas ya se hubieran ido", añade. 

La idea de romper con la lógica sexista de los cuentos para niños y, sobre todo, para niñas —en los que ellas son débiles, guapas (eso sí) y están en apuros, bien sea por una madrastra malvada o una bruja (mujeres, claro)— surgió de manera natural. "No fue intencionado. Creo que son ideas que ya tienes y las transmites sin darte cuenta". ¿Qué opina de que sus libros puedan ser calificados de feministas? "Me parece estupendo que sean un ejemplo de igualdad", responde. 

Carlota Echevarría

Mira y Denébola nacieron el día en que la hermana pequeña de Echevarría, a la que ve poco y que entonces tenía 10 años, le pidió que se inventase una historia para ella. "Pensé: 'este es mi momento'. Y me inventé un cuento de dos hermanas que hacían las cosas que nos gustaban a nosotras", reconoce entre risas mientras comparte un café en Madrid.

Su hermana fue, de hecho, la primera persona a la que Echevarría le leyó la entrega número uno de la saga. Sin desvelar mucho, en la historia hay un cofre mágico que ofrece cualquier cosa que se le pida. Durante un viaje de los padres de las princesas, unos ladrones les roban el fantástico objeto; y ellas, sintiéndose responsables, se meten en líos para recuperarlo. "Para mi hermana era divertido que los padres no se enteraran de nada porque le transmitía la idea de independencia", recuerda la autora.

Y, ¿cuál es el papel de los varones? "Tienen un mejor amigo chico. Es el príncipe que organiza el plan para rescatarlas, pero llega tarde. Después, se hacen amigos. Me parecía importante porque a esta edad es justo cuando los críos están más separados por sexo". No solo deseaba plasmar la idea de que unos y otras son iguales (y lamentablemente todavía hay que enseñarlo) sino que, además, pueden jugar y divertirse juntos. ¿Tiene lectores niños? "Sí, tengo", afirma. Aunque recuerda que en la Feria del Libro de Madrid había chicos que se acercaban a los ejemplares expuestos atraídos por las ilustraciones de las cubiertas y, cuando veían la palabra "princesas", se apartaban. "Pero están las tías, madres, familiares... que se los compran a sus sobrinos o hijos porque hay que leer de todo", señala. "Sean chicos o chicas, les fascina que haya objetos mágicos. Al menos, eso me dicen en los talleresque organizo en escuelas y librerías". 

Más allá del mensaje igualitario de sus aventuras, lo que Echevarría considera importante conseguir con la literatura infantil en general, y con estas princesas traviesas y resolutivas en particular, es enganchar a los niños a la lectura: "Cuando eres demasiado moralista, los niños lo notan y no les gusta. Pero cada vez hay más autores que escriben cuentos infantiles muy divertidos y transmitiendo valores de amistad e igualdad". 

Princesas al ataque. Edad recomendada: 8 años. PVPR. 9,95 euros.

Pero, claro, no es lo mismo atraer a los pequeños a las letras con unas historias u otras. Nada tiene que ver un cuento de princesas aventureras con otro de una plebeya que, por el amor de un hombre, se convierte en reina. Porque las niñas del siglo XXI no deberían esperar a que un caballero las rescate de su torre. ¿Por qué no empezar por regalar un libro distinto estas Navidades? Si este mensaje no le llega a tiempo a Papá Noel, que lo traigan los Reyes Magos. O las Reinas Magas, puestos a darle la vuelta al cuento...

Con esa idea de que hoy las niñas pueden (y deben) conocer otro relato, alejado de los clásicos más casposos, la cooperativa Pandora Mirabilia ha editado un audiolibrocon siete relatos infantiles. En ellos, las protagonistas no son princesas, tampoco sabemos si son guapas, pero lo que sí es seguro es que son aventureras, interesantes, activas y activistas. "No queríamos criticar las representaciones femeninas que ya hay, sino crear otros referentes, para las niñas y los niños, que rompan con los esterotipos de género", explica Marta Monasteiro, una de las tres autoras de los cuentos. Ella, madre de dos hijos, reconoce que a su niña le encantan las princesas tradicionales, con su vestido rosa y su príncipe azul. "Pero intento ofrecerles otras cosas. Cada vez hay más libros que rompen con esa imagen y en los que hay princesas que se tiran pedos. Hay oferta y ganas de otros relatos", señala.


¿Quiénes son las protagonistas? Estas:

  • Alice Guy (Francia, 1873-1968), pionera del cine.
  • Miriam Makeba (Sudáfrica, 1932-2008), cantante y activista anti apartheid.
  • Valentina Tereshkova (Rusia, 1937), la primera mujer astronauta.
  • Gaura Devi (India, 1925-1991), activista del movimiento ecologista Chipko.
  • María Elena Caso (México, 1915-1991), científica dedicada a la biología marina.
  • Maestras de la II República española (1931-1936).
  • Trótula de Salerno (Italia, siglo XI), médica pionera en ginecología y obstetricia.

A muchos les puede parecer raro que estas mujeres reales hayan sido llevadas a la ficción para niños. Pero las integrantes del grupo de trabajo vieron muy claro que tenían que ser mujeres activas; aunque la elección no fue fácil. Monasteiro detalla que inicialmente elaboraron una lista de 100 candidatas que, finalmente, se han quedado en siete. En el fondo y, pese al trabajo que la búsqueda les pudiera dar, tener tanto donde elegir significa que hay muchas mujeres cuya historia de vida es muy interesante más allá de cómo es su aspecto o de quién se enamora. Por otra parte, son mayoría las que, lamentablemente, han pasado desapercibidas para la Historia, señala la autora periodista. Así, todavía les quedan 93 posibles relatos infantiles que contar.

Monasteiro no oculta su entusiasmo al hablar de algunas de esas protagonistas que han convertido en niñas. O en una elefanta. "Makeba es una cantante activista, pero en el cuento es una elefanta que se moviliza para luchar cuando los machos le prohíben beber agua de su charca", detalla. "Tampoco queríamos que fueran superheroínas, sino seres normales, con sus fortalezas y sus debilidades, ellas y ellos", apostilla. 


Todo aderezado de magia y fantasía, con música y dibujos. Irene Cuesta es quien ha ilustrado los cuentos. La que ha puesto cara, ropa y peinado a estas chicas ya sean centíficas, astronautas o ginecólogas. "Todas teníamos claro que era necesario plasmar algo distinto a lo habitual. Y conseguir que los niños no se guíen por el aspecto sino por el interior del personaje", explica. Reconoce que cuestiones relativas al físico de sus personajes, como el peinado o si llevan falda o pantalón, le dieron algún quebradero de cabeza. El criterio que se impuso fue que, siempre que quedara claro que ellas pueden elegir, daba igual. "Nos centramos en los que les gusta hacer. Por ejemplo, a Valentina le chifla volar y por eso la dibujé con unas gafas de piloto. Y pantalón, claro. Porque para saltar en paracaídas es más cómodo", detalla. La lógica manda. Como debería hacerlo en la vida real, por encima del sinsentido de la discriminación. Para que eso pase en el plano terrenal cuando los pequeños de hoy sean los mayores, empecemos ya hoy por cambiar el cuento.

Por Alejandra Agudo
Fuente: El País