diciembre 07, 2014

Manual para la vida doméstica de la pareja



A estas alturas del partido, usted habrá oído hablar hasta la saciedad de '50 sombras de Grey', de E.L. James. Sí, esa exitosa trilogía que poca gente confiesa haber leído pero que ha vendido (y vende) millones de ejemplares. La relación entre la joven e inexperta Anastasia Steele y el misterioso multimillonario Christian Grey, que la introduce en elsadomasoquismo y en los placeres del sexo, han encontrado un público ávido por devorar sus encuentros eróticos. Un público compuesto en su gran mayoría por mujeres, que ha convertido este híbrido de pornografía y novela rosa en un fenómeno literario.

¿A qué debe su éxito 50 sombras de Grey? ¿Por qué ha provocado la fascinación de tantas lectoras? Éstas fueron las preguntas que llevaron a la socióloga Eva Illouz (Marruecos, 1961) a escribir el ensayo 'Erotismo de autoayuda'. “Impresionada por tan decididos elogios, recorrí algunas páginas del libro y lo hice a un lado: contienemuestras de la peor escritura que he visto nunca y una trama que hizo que se me erizaran las uñas de los pies”, confiesa en el libro. Sin embargo, tras este rechazo inicial pronto quedó atrapada por una historia en la que resonaban muchas de las preocupaciones contemporáneas relacionadas con el amor y el sexo.

50 sombras de Grey "gira en torno a varias preguntas: ¿son el sexo y el romanticismo incompatibles? ¿Es la igualdad compatible con el placer sexual? Y finalmente, ¿puede el amor ser doloroso y placentero al mismo tiempo? Estas preguntas y ansiedades se entrecruzan constantemente en la narración y resuenan en general con nuestra cultura popular y psicológica”, explica Illouz a Diagonal.

Autoayuda sexual

Vayamos con la primera de las preocupaciones que menciona Illouz: ¿son sexo y estabilidad conyugal compatibles? ¿Apos­tar por uno implica renunciar a lo otro?¿Tiene sentido escoger sólo un amante ante la enorme oferta y variedad del mercado amoroso? Sí, si nos aplicamos lo suficiente, parece decir la novela. En la trama, Anastasia y Christian acaban contrayendo matrimonio, pero sus encuentros sexuales no disminuyen ni un ápice en intensidad. La pasión sigue viva gracias a un sofisticado repertorio de prácticas sexuales, juguetes eróticos y técnicas amatorias que se describen profusamente en el libro.

¿Estamos hablando, entonces, de pornografía? A pesar de que el libro se ha comercializado como “porno para mamás”, Eva Illouz cree que 50 sombras se debería adscribir más bien al género de la autoayuda. “En él la sexualidad se presenta de forma didáctica, no pornográfica o erótica. No creo que trate de provocar la mirada o la fantasía de un lector solitario; más bien, pretende ser leído como un manual para la vida doméstica de la pareja. Y desde luego así es como ha sido leído por la mayoría de las mujeres, que han comprado el libro para sus maridos para que ‘comprendan las fantasías femeninas’”.

Efectivamente: las escenas sexuales están descritas con un nivel de detalle que invita claramente al 'do it yourself' erótico. Así lo han entendido también numerosas sex shops, que han encontrado una lucrativa línea de negocio comercializando packs de 50 sombras de Grey con los juguetes eróticos y complementos (esposas, fustas…) que se mencionan en el libro.
El mercado libre del amor

El mercado amoroso se ha desregulado en las últimas décadas, según Illouz. La sexualidad ha roto sus lazos obligatorios con la reproducción y el matrimonio, pero esta separación no la ha convertido en una práctica libre de condicionantes sociales: ahoraestá organizada bajo la égida del mercado. La libertad sexual ha venido acompañada de la penetración de la economía en la maquinaria del deseo. Mujeres y hombres competimos en un mercado del amor regulado por las leyes de la oferta y la demanda, “en una batalla plagada de ambivalencia e incertidumbre” en la que las primeras se encuentran en una situación de desventaja, apunta Illouz.

¿Por qué es la sexualidad un terreno tan complicado para las mujeres? “Porque para las mujeres, la sexualidad permanece profundamente conectada a los sentimientos, a los afectos, mientras que para los hombres el sexo es más recreativo, se hace por diversión, para demostrar su masculinidad. La feminidad está relacionada con los afectos, la masculinidad con el control de los demás. Por lo tanto, hombres y mujeres han transitado por caminos distintos, a pesar de que creían que la sexualidad era un punto de encuentro”.

Precisamente por esto, “la principal pregunta que atrae al lector hacia esta historia es, pues, la misma que aparece firmemente planteada en el comienzo de muchas relaciones contemporáneas: ¿es esto ‘solamente’ sexo? ¿Será que quiere ‘más’?”, señala Illouz en el ensayo.
50 sombras recoge estas ansiedades e incertidumbres y las resuelve de manera simbólica. Por un lado, nos muestra “que las antiguas fantasías sobre la protección y el poder masculino todavía están muy presentes”, apunta Illouz. Ahí tenemos a Christian Grey, que intenta que Anastasia firme un contrato en el que pretende controlar todos los aspectos de su vida y que hasta llega a comprar la empresa en la que ella trabaja. Sin embargo, esta fantasía “trata de ser compatible con una fantasía opuesta, la de la autonomía femenina y la posibilidad de ser adorada por ella”.

Así, estos intentos de control son combatidos constantemente a lo largo del libro por Anastasia, que lucha por mantener y afirmar su autonomía. Un combate en el que, por cierto, ella resulta victoriosa: el distante y desconfiado Grey acaba rendido a sus encantos y atrapado por amor. No sólo eso: Christian es a la vez un atleta sexual “que conoce y cultiva todos los vericuetos y recovecos del cuerpo de la mujer y la sexualidad femenina” y que se aplica duramente para provocar un orgasmo tras otro a su amante. En definitiva, la trilogía hace compatibles y conciliables las fantasías románticas tradicionales con algunas de las conquistas del feminismo, como son la afirmación del placer sexual y de la autonomía femeninas.

Mientras tanto, y más allá de la ficción, ¿se le ocurre a Eva Illouz alguna estrategia contra la desigualdad emocional entre géneros? “No creo que imitar el estilo masculino de sexualidad sea una respuesta válida. Soy una feminista clásica: todo comienza con el poder económico, con distribuir los roles de forma más justa en la familia y con crear modelos sociales y culturales válidos de hombres afectivos”.

Fuente: Diagonal