enero 11, 2015

Alta gracia



Un grupo de estudiantes universitarias británicas inauguró “El club de las chicas feas”, un proyecto viral que promueve sacarse selfies poco favorecedoras para acabar con la tiranía de la belleza estereotipada y dominante.

Mientras en todas las direcciones, coordenadas y geografías, millones de ellas y ellos perfeccionan el ángulo, luz y pose adecuados para tomarse la selfie soñada, un grupo de pebetas británicas ha dicho “basta” y comenzó una cruzada prorretrato horrible. Pero, ¿por qué el chau, chau, adiós a las tomas favorecedoras? ¿Por qué incitar vía redes a que muchachas a lo largo y ancho hagan morisquetas y aspavientos, saquen los dientes, unan las cejas, frunzan el encanto? ¿Por qué una campaña mundial para que se tomen autofotos “horripilantes” y las compartan? ¿Por qué miles y miles de respuestas positivas a una iniciativa que se ríe de los estándares de belleza? “El objetivo no es otro que cuestionar la importancia del físico en las sociedades occidentales”, resume el diario El País acerca de este proyecto virtual llamado Ugly Girls Club (en criollo, “El club de las chicas feas”), creado por estudiantes de la Universidad Royal Holloway, en Londres, que pretenden adoptar el epíteto negativo, apropiárselo, transformarlo y reírse de quienes las llaman “feas” por ser feministas, o por no dar con el asfixiante y totalitario patrón de hermosura.

“El mes pasado organizamos un encuentro sobre consentimiento sexual y, mientras charlábamos, escuchamos a varios chicos referirse a nosotras como ‘El club de las chicas feas’. Nos causó gracia. Entonces decidimos bautizar a nuestro grupo de esa manera, sacarnos las selfies más horrendas que pudiéramos para devolverles el ‘elogio’ y etiquetarlas con el calificativo (#uglygirlsclub). A partir del gesto, algo ocurrió”, relata –sobre el origen– Natasha Barrett, de 20 años, presidenta de la organización. Lo que ocurrió fue el contagio: en pocos días, cientos y cientos de chicas de otras ciudades de Gran Bretaña, de Australia, de Canadá, de Estados Unidos, se sumaba espontáneamente a la causa, y organizaciones estudiantiles feministas de universidades como Oxford, Cambridge o Exeter, entre otras, adoptaban la propuesta como propia. Ojo, también hubo eco latinoamericano con retratos “no agraciados” de Colombia, Chile, Guatemala, y hasta links compartidos con canciones de... ¡Tita Merello! y su consabido “Podrán decir, podrán hablar y murmurar y rebuznar, más la fealdad que Dios me dio, mucha mujer me la envidió”. La globalización, la viralización...

Cuestión que, con el correr de los días, ya son miles las que se “afearon” por la causa, amén de multiplicar el mensaje en Facebook, Twitter, entre redes varias y forums ídem. Asimismo, medios anglos y latinos se han hecho eco del asunto, incluyendo la campaña de las “autofotos deslucidas” entre los gestos feministas universitarios más relevantes del 2014. “El último fenómeno viral”, definen unos; mientras otros optan por “respuesta inteligente a ataques sexistas”. Ya por la tangente, no faltan quienes se alegren con palabras como “Por fin alguien ha triturado el espíritu narcisista de las selfies”. “Ok, no van a cambiar el mundo, pero al menos es una réplica divertida y alegre a las agresiones misóginas y ridículas. Es increíble que el mismo género que basa su privilegio y su debate intelectual en decirles a mujeres ‘son feas’ haya mantenido el control sobre la mayor parte de las instituciones durante tanto tiempo”, reflexiona la periodista del Daily Life Clementine Ford, y luego: “Este es el feminismo que intenta liberar a las mujeres de un patriarcado que basa su dominio en nuestra opresión física y simbólica. El uso de nuestro aspecto estético para perpetuar ese control puede parecer tonto, pero es eficaz y tiene como resultado un sinnúmero de mujeres autocensurándose por miedo a la violencia verbal”.

En paralelo, las mentoras brit del Ugly Girls Club han aprovechado la oportunidad para profundizar la intentona que –parafraseando a Susan Sontag– bien podría resumirse de la siguiente manera: “No está mal ser bella; lo que está mal es la obligación de serlo”. A saber, y en palabras de Barrett: “A través de esta hermandad digital, queremos que todos aquellos que participen sepan lo que significa que otros te juzguen por tu aspecto”. Barrett, que habla de “una pequeña revolución”, reconoce que “si bien existen problemas más graves (diferencias salariales escandalosas entre hombres y mujeres, falta de representación femenina en determinadas industrias, acoso sexual, etcétera), hay que comenzar incidiendo incluso en temas a priori menores como la apariencia”. “Estamos desafiando los roles convencionales, las tradiciones y el lenguaje sexista que juzga a la gente a partir de la apariencia en lugar de evaluar su sustancia, sus ideas o sus logros”, resume la pequeñuela de 20, tremendamente despierta y ciertamente activa, lúcida al momento de ofrecer definiciones como: “En la cultura occidental, el sexismo campa a sus anchas”. O también: “El estereotipo de feminista enojada, ese cliché es el verdadero problema”. Entonces, marchen risas y muecas, guiños y selfies, confianza personal, confianza en las redes, confianza en una juventud más y más despierta. Porque revelar esta clase de imágenes también es rebelarse. Un pasito más hacia...

Por Guadalupe Treibel
Fuente: Pagina/12