enero 13, 2015

En Corea del Sur logré mi sueño de llegar a ser médico de medicina tradicional

[En la actualidad unos 27,000 desertores norcoreanos viven no solo en Corea del Sur, sino también en Estados Unidos, Canadá y Europa, lugares en los que se han establecido con éxito, se han convertido en un modelo a seguir para los norcoreanos, además de dar una imagen positiva de la sociedad surcoreana.

Sin embargo, no son pocos los casos de desertores que no se han podido adaptar satisfactoriamente a la vida en otros países, y que desean regresar a su lugar de origen. Mientras más aumenta el número de dichos casos, más aumentan los estereotipos e ideas erróneas en torno a este grupo. Para disipar estas creencias erradas y presentar historias de éxito, Daily NK se ha asociado con Korea Hana Foundation, una organización que provee alojamiento y apoyo a desertores norcoreanos, con el fin de arrojar luz sobre este tema.] 

“A mediados de los años noventa trabajaba en pediatría, época en la que mi labor como doctora se hizo más difícil de soportar. No me refiero solo a las enfermedades graves, sino al hecho de que no había absolutamente nada que yo pudiese hacer por los niños, ya que morían de desnutrición. No podía soportar ver las miradas indefensas de estos niños, así que abandoné mi trabajo en el área”.

La doctora Kim Ji Eun (en la fotografía) se desempeña como médico de medicina tradicional coreana y directora de la clínica Jin, en Corea del Sur. La doctora Kim es graduada de Chongjin Medical University, ubicada en la ciudad de Chongjin, provincia Hamkyung del Norte, en Corea del Norte. En esta casa de estudios completó siete años de formación académica, tras los cuales trató a pacientes de medicina interna y pediatría, y también a pacientes de un centro de investigación de medicina clínica, por un período de nueve años. No obstante, la razón por la cual tomó la decisión de desertar el norte está relacionada con su trabajo como médico: era muy grande el problema de ganarse el sustento y tratar a sus pacientes y hacer investigación a la vez.

“Mi curiosidad se despertó en la época en que yo necesitaba una salida, cuando vi a personas que iban y regresaban de China”, dijo la doctora Kim. “¿Tendré menos problemas para ganarme el pan si voy a ese lugar? ¿Cómo vivirán las personas en el mundo exterior? Me gustaría vivir esas cosas alguna vez”, narró.

Una vez estando en China, si bien solo pudo realizar algunos trabajos temporales (ya que era una migrante ilegal), al principio sintió que su vida era pasable. Esto se debió a que, por lo menos, sus preocupaciones de morir de hambre se habían reducido.

Sin embargo, poco a poco su situación incierta comenzó a hacer que vivir se tornase más difícil. Daba la impresión de que bastaba solo un poco de comida para vivir en Corea del Norte, pero luego se dio cuenta que no todo en la vida era comer hasta saciarse. Quiso vivir como doctora otra vez, pero no le agradó la idea de renunciar a la libertad que había experiementado, y regresar a su antigua vida en el Norte.



La esperanza de demostrar que una doctora graduada en Corea del Norte podía tener éxito en Corea del Sur



Cuando la doctora Kim fue a China, ni siquiera podía soñar con la idea de ir a Corea del Sur. “Tal como aprendí en el Norte, pensaba que Corea del Sur era un país lejano. Pero comencé a tener una imagen totalmente diferente del Sur una vez que empecé a conocer a surcoreanos, durante mis labores como trabajadora doméstica o repartidora de comida a domicilio”, afirmó.



Así es como surgió el deseo de saber más sobre Corea del Sur, por lo que buscó novelas, periódicos, revistas y otros medios de comunicación relacionados con este país, sin hacer distinciones. Tras pensar muy bien, decidió que probaría a vivir no en Corea del Norte o en China, sino en Corea del Sur. No obstante, las cosas no fueron como las imaginó, ya que tampoco su nueva vida en el Sur sería fácil.

“Al principio no podía concebir la idea de ser doctora, solo pensaba en trabajos que pudiese realizar allí, siguiendo las normas de la sociedad surcoreana. Aun así, encontrar trabajo fue difícil”. Con estas palabras narró las dificultades que vivió en esa época.

“Cuando las personas respondían mis llamadas telefónicas, escuchaban mi acento y me preguntaban si acaso era joseonjok (personas de nacionalidad china, pero de etnia coreana, cuyos antepasados emigraron a China hace unos cien años) o norcoreana. Me decían que me llamarían otra vez. Yo pensaba que verdaderamente me volverían a llamar, y esperaba sin cesar. Obviamente, nunca me contactaron”.

“Yo no sabía que la frase ‘la llamaremos otra vez’ era un eufemismo para rechazar a una persona, así que pensé que los surcoreanos no eran más que unos mentirosos. Esto me hirió e hizo enojar mucho. En esta época de cansancio y agobio, vio un reportaje sobre los problemas que los desertores norcoreanos tienen para adaptarse a la vida en Corea del Sur”. Este reportaje fue la señal que la hizo “despertar”.

Tras esto, se propuso demostrar que también los desertores norcoreanos pueden adaptarse y desempeñar un rol en la sociedad. Para esto, el ser doctora (que era la labor que mejor sabía hacer) se transformó en un asunto urgente. Como había traído consigo su licencia profesional de médico, se dirigió al Ministerio de Unificación, en donde recibió una garantía para el reconocimiento de su diploma”.

Pero el problema real comenzó en ese momento.

“Como mis estudios cursados habían sido reconocidos, fui a rendir el examen para los médicos de medicina tradicional coreana, pero allí me respondieron que no tenía calificaciones”. Al principio esto pareció ridículo, pero luego alguien le sugirió anotarse como “estudiante transferida” a una universidad surcoreana. Sin embargo, le dijeron que este tipo de estudiantes no podían estudiar la misma carrera en la universidad. “No podía asistir a la universidad con mi diploma obtenido en Corea del Norte, pero tampoco podía tomar el examen de medicina coreana sin haberme graduado de una universidad surcoreana”, narró la doctora Kim, expresando su exasperación ante los hechos que le tocó vivir.

Esta época fue muy dura, al punto que quería morir. Sentía que la sociedad surcoreana la trataba como a una estúpida, y pensó cómo sería reencontrarse con sus colegas norcoreanos tras la reunificación de ambas Coreas. “¿Fuiste al Chosun del Sur (i.e. Corea del Sur) para ser tratada así?, preguntarían”, y sentí una vergüenza insoportable.

Sin embargo, una duda asaltó su mente, en aquel momento en que no tenía ningún sentido seguir viviendo. “Este instante, en el que incluso he resuelto morir, ¿es verdaderamente el instante más duro de mi vida? ¿Habré tenido momentos más difíciles que este?

“En verdad yo había vivido tiempos más duros, varias veces. Si en aquellos momentos no había tomado la decisión de no vivir más, ¿por qué ahora tenía esa idea?, y pensé cuidadosamente. Me di cuenta que la ambición era la razón detrás de estos pensamientos: o ser doctora, o nada”.

“Recordé los rostros de aquellos norcoreanos que conocí en China. Muchos de ellos querían venir a Corea del Sur, pero no podían. Si ellos me hubiesen visto quejándome de las dificultades en mi vida, habrían pensado que soy una caprichosa, por lo que decidí sacar fuerzas de flaqueza y bajar mis ambiciones”, confesó.

Abrir por completo la puerta del corazón y en el medio del mundo... transmitir paz y felicidad como doctora


Image: Daily NK

Una vez que dejó de lado su ambición para aceptar las circunstancias, el camino para llegar a ser doctora comenzó a abrirse gradualmente. Consiguió su primer trabajo, en el que pudo mostrar sus conocimientos de medicina. Se trataba de una empresa que ofrece consejos sobre salud online a la comunidad de personas desplazadas por la guerra de Corea. En esta empresa pudo demostrar su experiencia y experticia. Durante el tiempo que trabajó en este lugar, no abandonó su objetivo de llegar a ser doctora de medicina tradicional coreana.

Abandonó su impaciencia y decidió actuar. Con la ayuda de personas que había conocido en la empresa, quienes habían escuchado su lamentable situación, llenó una petición a la Asamblea Nacional, para defender su caso.

Finalmente, la Asamblea Nacional concluyó que se trataba de un asunto ilógico, y decretó que podía ingresar a la universidad como estudiante transferida. Durante el cuarto año de estudios, escuchó la noticia de que la ley había sido reformada con el fin de permitir que los médicos norcoreanos que no pudieron traer su diploma, pudiesen pasar un procedimiento para verificar sus calificaciones y rendir el examen. Sin embargo, si bien pudo haber tomado el examen inmediatamente, decidió completar sus estudios y rendir el examen con sus compañeros de clase.

“Como la medicina coreana es un conocimiento tradicional, no había muchas cosas nuevas que aprender en el Sur. Sin embargo, gracias a mi época en la universidad, pude conocer a colegas que, de lo contrario, nunca habría podido conocer, incluso si hubiera sido médico durante toda mi vida. En ese sentido, fue una experiencia valiosa”, dijo.

En el año 2011, la doctora Kim comenzó un doctorado en medicina humanística, con el fin de comprender mejor las circunstancias y el corazón de los pacientes, y ofrecerles un tratamiento más adecuado a sus necesidades. Si los pacientes pudiesen volver a casa sintiéndose más tranquilos, ella no tendría nada más que pedir, es todo lo que desearía. Asimismo, señaló que quisiera poder comunicar la paz y la felicidad que encontró en su interior a otros desertores norcoreanos.

“Al abandonar la ambición negativa que tenía, pude sentirme más tranquila, lo que se notó en mi semblante. Me sentí rodeada de gente, así que naturalmente pude recorrer mi camino con mucha más facilidad. Es bueno cuando la otra persona te abre primero su corazón, pero si no, somos nosotros quienes debemos dar el primer paso. Usted no debe pensar que pedir ayuda será una molestia. A veces necesitamos la ayuda de otros, y en otras ocasiones esas personas necesitarán de nuestra ayuda. Es bueno vivir así, ¿no?”, es el mensaje de la doctora Kim a los otros desertores norcoreanos que viven en Corea del Sur.

Fuente: Dailynk