marzo 01, 2015

La rebelión de los guantes rojos.

Unos guantes rojos envuelven las recias manos que simbolizan la lucha constante de 595 mujeres afincadas en la puerta del Ministerio de Economía y Finanzas en el centro de Atenas. Son empleadas de la limpieza que reclaman noche y día su puesto de trabajo tras ser despedidas sin explicación en 2013, cuando la crisis tocaba su punto más álgido en Grecia.

Los guantes rojos se han convertido en el símbolo de lucha y dignidad de estas mujeres./ L.M.

No es un protesta más. Es la lucha continuada de casi 600 mujeres con una media de edad de 50 años. Mujeres que son la cabeza de familia y se han convertido en un símbolo de dignidad no solo para el pueblo heleno, sino para toda una comunidad europea, que se ve reflejada en los recortes económicos de una crisis que nadie ha elegido, víctimas de un gobierno que antepuso sus intereses económicos al bienestar social.

El despido de 595 limpiadoras es parte del paquete de recorte de más de 11.000 funcionarios que llevó a cabo el gobierno conservador de Samarás tras el pacto con la “troika”

Patricia, chilena de nacimiento y residente en Grecia desde hace 25 años, llevaba trabajando más de doce en este Ministerio con un sueldo que oscilaba entre los 400 y 500 euros mensuales. “Nuestra lucha empezó el 18 de septiembre de 2013 cuando fuimos despedidas sin explicación. Teníamos un contrato de cuatro horas, pero a veces duplicábamos la jornada sin cobrar esas horas extras”, relata esta limpiadora.

Estas mujeres no se esconden en sus casas esperando una solución a esta situación que no hallarán si ellas no la pelean. Con el calor de un mínimo radiador, una tienda de campaña como cobijo para las noches, la sintonía de una radio portátil y las infinitas hileras de lana, hacen guardia desde hace ocho meses en la puerta de lo que un día fue su único sustento y el de sus familias.

“Decidimos venir aquí para que nos escuchen, para que vean que no tenemos miedo y poder volver a nuestro trabajo. Esto es una injusticia para las 595 mujeres que fueron despedidas en toda Grecia”, afirma Desna con firmeza ante la puerta del Ministerio.

Resistencia de mujeres que acampan en el Ministerio de Economía en Atenas./ L.M.

Pero no solo se han manifestado ante esta institución pública, sino que también han recorrido las calles en numerosas marchas apoyadas por el pueblo heleno, donde se tuvieron que encarar con una policía antidisturbios que no escatimó en utilizar la violencia contra quienes podrían ser sus madres o sus abuelas, lo que conllevó la necesidad de asistencia sanitaria para muchas de ellas. “No tenemos miedo. Al principio mis hijos no estaban muy de acuerdo con mi protesta porque temían por mi seguridad y que la policía nos hiciera daño, pero en estos momentos son mi mayor apoyo, vienen a visitarme y están muy orgullosos”, cuenta con una tierna sonrisa Nomiku. Esta luchadora tampoco lo tiene fácil. Vive sola, es madre de dos hijos desempleados y también tiene a su cargo a su pequeño nieto.

El despido de estas 595 limpiadoras forma parte del paquete de recorte de más de 11.000 funcionarios que llevó a cabo el gobierno conservador de Andonis Samarás el año pasado, tras el pacto que acordó con la “troika” de acreedores a cambio de la asistencia financiera a Griega. “Nos despidieron a nosotras para contratar a una empresa privada. Los culpables son los políticos que se preocupan más de sus bolsillos que de buscar una solución para conseguir el bienestar social”, resalta Desna indignada mientras saborea una taza de café.

Desna, limpiadora despedida injustamente, ha perdido el miedo a los que le dejaron sin trabajo./ L.M.

“Syriza es nuestra esperanza”

Mujeres sin trayectoria política, pero con un gran recorrido en la universidad de la vida se han rebelado ante las políticas de austeridad que azotan a Grecia desde que llegó el reste de la troika. De ahí, mantienen la esperanza de volver a sus puestos de trabajo y se vuelcan en el gobierno de Alexis Sypras, líder de Syriza que se convirtió el pasado 25 de enero en el primer ministro heleno de izquierdas. “Todas somos mujeres mayores y es difícil encontrar trabajo en otro lado. Syriza es nuestra única esperanza y él nos prometió devolvernos a nuestro puesto de trabajo”, recalcó Nomiku.

Ahora esperan a que el nuevo gobierno heleno cumpla su promesa más pronto que tarde y que los guantes rojos vuelvan a ser la herramienta de trabajo de estas 595 mujeres tras una batalla que simboliza la dignidad de un pueblo que lucha por sus derechos.

Texto y fotos: Lucía Muñoz
Fuente: Pikara Magazine