marzo 02, 2015

Las acusaciones de hechicería perpetúan la opresión de las mujeres en África Subsahariana.

Luego del reciente anuncio por parte de ONGs locales sobre la muerte de más de 700 mujeres en un año acusadas de hechicería en Tanzania, AWID se entrevistó con Yvette Valérie Banlog, Presidenta fundadora de la ONG Mujer Acción y Desarrollo en la zona CEMAC (FADEC por su sigla en francés) con el fin de volver a tratar las violencias perpetuadas contra las mujeres acusadas de hechicería, y la falta de respuestas eficaces y apropiadas.

La creencia en la hechicería está ampliamente extendida en el África Subsahariana. Según una encuesta de Gallup, un promedio del 55% de la población cree en la hechicería, esa tasa varía de un 15% en Uganda a un 95% en Costa de Marfil, mientras que Ghana con el 77%, la República Democrática del Congo con el 76% y Tanzania con el 64% forman parte de los diez países donde las creencias en la hechicería son más fuertes. Esta creencia, por lo general asociada a la “magia” o la “charlatanería”, forma parte de la vida cotidiana de estos pueblos, tanto a nivel social como jurídico puesto que la “hechicería” está reconocida oficialmente y sancionada como un crimen en esos países. Aunque por lo general, justificada por la “desgracia” a nivel comunitario o familiar, la acusación de hechicería vehicula y engendra violencias basadas en el género que justifican la exclusión social e incluso la muerte.

Una violencia interseccional tolerada por el Estado

Aunque otros grupos, entre ellos el de las personas albinas[1], las/los niñas/os, y a veces los hombres, sean también víctimas. Las mujeres conforman la mayoría de las personas que son objeto de acusaciones de hechicería y ellas son víctimas de las nefastas prácticas que de estas acusaciones se derivan. En su análisis sobre la exclusión social por alegación a hechicería en Burkina Faso, la profesora Denis Sidonie Nebie/Zoma explica que “Raramente los hombres son acusados de hechicería, de devoradores de almas y excluidos de su comunidad luego de haber sufrido violencias. Los hombres sospechosos son más temidos y la población desconfía de ellos”

Yvette Valérie Banlog explica a AWID que las mujeres acusadas de “practicar la charlatanería y la hechicería” en la República Centroafricana (RCA) generalmente son personas de la tercera edad. El ochenta por ciento de ellas son viudas y no tienen hijas/os, por estar muertas/os o viviendo lejos de la comunidad. La mayoría, el 90%, de las acusaciones se efectúa en los pueblos y en menor medida en las zonas urbanas. El motivo de la acusación se refiere principalmente a factores subjetivos de la percepción sobre la mujer y a supersticiones que estarían asociadas a la misma. Según Yvette Valérie Banlog son particularmente las mujeres con una “apariencia no muy afable”, relacionada por ejemplo con el hambre, las enfermedades, las preocupaciones, una malformación o también con una minusvalía, las que se constituirían como los principales blancos de las acusaciones. “Esas mujeres son categorizadas sobre la base de elementos sin ningún fundamento jurídico”. Las personas que viven solas son también objeto de este tipo de acusaciones por otras/os miembras/os de la comunidad, especialmente en los entornos de pobreza, y “una persona que perdió a todos quienes conformaban a su familia es acusada de oficio de habérselos comido/a.”

La familia de la víctima es a veces la causante de esas imputaciones y particularmente se observa una tendencia creciente hacia las mujeres jóvenes luego de la muerte de sus esposos, ya que de ese modo la familia política recupera los bienes del difunto. Denise Sidonie Nebie/Zoma explica que estas mujeres más jóvenes son acusadas de hechiceríapuesto que se salen de la norma social que les es impuesta. “En esta categoría de acusada de hechicería, entran las mujeres insumisas, económicamente independientes, que quieren gozar de su derecho al uso de la palabra, elegir su esposo, planificar su embarazo, ejercer una actividad, ir y venir sin autorización previa, etc. En suma, las mujeres excluidas socialmente por alegación a la hechicería son por lo general mujeres sin apoyo, que constituyen una carga para la familia, o mujeres que se reúsan a ajustarse a su rol y estatus previamente definidos por la sociedad”

Las acusaciones de hechicería son generalmente confirmadas por una persona que pretende consultar “los espíritus”. Mujeres al Teléfono, una organización de apoyo a las mujeres víctimas de violencias en la República Democrática del Congo (RDC), informa haber recibido varios mensajes que dan cuenta de esa práctica de la “prueba de hechicería” a mujeres sospechadas de hechicería en la provincia de Kivu del Sur al este de la RDC. Yvette Valérie Banlog ha observado el mismo procedimiento en RCA donde “las violencias ocurren por lo general luego de un drama familiar – la muerte de un miembro de la familia o de una persona vecina. En los casos de muerte, a menudo se recurre a un “ganga”, un oráculo que consulta a los espíritus y es este quien da el veredicto de los espíritus. Su palabra es como la biblia. Por lo general, éste es incluso consultado para hacer las declaraciones frente a los tribunales, donde a menudo el caso es presentado puesto que el Código Penal Centroafricano condena “las prácticas de charlatanería y hechicería” y prevé el encarcelamiento a tal efecto. “En las prisiones centroafricanas donde he trabajado antes de la crisis del 2003[2], el 70% de las detenidas eran personas de más de 60 años y esencialmente acusadas de prácticas de charlatanería y hechicería”.

Paradójicamente, estas mujeres se sienten más seguras en prisión porque cuando las acusaciones no son llevadas ante la ley, las mismas son víctimas de la “justicia popular”, es decir de violencias perpetradas por la comunidad que varían desde la exclusión del poblado al asesinato por lapidación, la inmolación por el fuego, los cortes con machetes pasando por las humillaciones públicas y los secuestros. Mujeres al teléfono ejemplifica esta violencia por medio del testimonio de una treintañera de RDC “Era un sábado a la tarde, mis cuñados y cuñadas llegaron con el cadáver de una de sus hermanas que estaba enferma y que acababa de morir. Me dijeron: ‘tú, la hechicera, tú nos las vas a pagar, tú vas a resucitar a nuestra hermana a la que has hechizado o bien vas a comer su cadáver crudo’. Dos de ellos saltaron sobre mí y comenzaron a pelearme. Mi marido incluso no reaccionó, por el contrario, me abofeteó y me caí al suelo con mi bebé sobre mi espalda. Me encerraron en la cocina con el cadáver de mi cuñada durante toda la noche. Fue tan horribe… Recién al día siguiente me sacaron de allí con todas las injurias que se puedan imaginar”. Yvette Valérie Banlog agrega que aquellas que no son lapidadas, golpeadas hasta la muerte o quemadas vivas en la plaza pública son expulsadas del poblado y obligadas al exilio en las grandes ciudades. Por lo general, la policía es cómplice dado que no interviene para prevenir esta violencia.

Una vulnerabilidad reforzada por respuestas inapropiadas 

Cuando sobreviven, estas mujeres, a veces niñas, son obligadas al exilio en condiciones de pobreza absoluta. Algunas, en el Norte de Ghana por ejemplo, se instalan en los campos, donde se supone que son “exorcizadas”. Entonces, para poder vivir en esos campos sin agua ni electricidad, ellas deben realizar trabajos en los mismos, lo que se traduce en la explotación de mano de obra gratuita por parte de los gerentes de dichos campos. Según uninforme de la organización ActionAid sobre las condiciones de vida en el interior de los campos, los servicios públicos son casi inexistentes allí y las necesidades básicas en materia de salud y educación permanecen insatisfechas. Además, estas mujeres, no tienen ningún poder de decisión y un acceso a la justicia muy escaso e incluso inexistente. Su vulnerabilidad es exacerbada por una falta de apoyo familiar lo que lleva a estas mujeres a la perdida de la autoestima y a vivir su trauma de manera aislada.

En Burkina Faso, el Ministerio de Acción Social y Solidaridad Nacional adoptó un plan de acción que abarca el período 2012-2016, motivado por la movilización de las organizaciones de la sociedad civil para poner fin a la exclusión de las mujeres acusadas de hechicería. Dicho plan prevé la cobertura financiera, jurídica y psicológica de las víctimas de exclusión. En el mismo sentido, el Fondo Común Género, iniciado por personal técnico y financiadoras asociadas del Marco de Concertación de Género de Burkina Faso, aportó cerca de 170 millones de francos CFA al proyecto de la Comisión Justicia y Paz que lucha contra la exclusión de esas mujeres. Tal proyecto comprende la sensibilización de las poblaciones y de líderes comunitaria/os, la cobertura de las mujeres en los centros de acogida, su reinserción familiar y el reforzamiento del dispositivo de prevención de violencias. En RCA, las ONGs y las hermandades religiosas, principalmente las pertenecientes a la Iglesia Católica, acogieron también a algunas de esas mujeres. 

Sin embargo, ninguna acción parece apuntar al origen del problema que es la vulnerabilidad y la exclusión de las mujeres que desafían las normas sociales, y de lo cual se sigue su persecución. De acuerdo con el estudio realizado por ActionAid, el 40 % de las mujeres reinsertadas son finalmente devueltas a los “campos de hechiceras” del Norte de Ghana al año siguiente, puesto que ellas nuevamente han sido víctimas de acusaciones.

En los países donde la pobreza es multidimensional, particularmente con más del 40 % de la población en una situación de pobreza extrema[3], según algunas ONGs esas acusaciones son mayoritariamente motivadas por razones financieras con la finalidad de apoderarse de los bienes de la persona acusada. Además y puesto que el acceso a la educación sigue siendo limitado en algunas regiones, con una tasa de escolarización en la enseñanza primaria del 78 % en África Subsahariana, “las creencias tienen la piel dura” nos dice Yvette Valérie Banlog. La actriz congolesa Rachel Mwanza, acusada de hechicería por su familia durante su infancia, en un discurso en octubre de 2014, recordaba sobre la importancia del acceso a la educación en la lucha contra esas creencias.


Por Mégane Ghorbani
Imagen Crédit: Jacques Gosselin. CC BY-NC-SA 2.0
Fuente: Awid


[1] El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, condenó firmemente el último ataque contra las personas albinas en Tanzania. Ver la declaración aquí: http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=31694&Kw1=Yohana+Bahati#.VO6dYY5qmVM
[2] Una guerra civil intercomunitaria estalló en RCA en el curso del año 2013, el país permanece desde entonces en estado de crisis política y de seguridad.
[3] Excepto para Ghana que exhibe una tasa de pobreza del 24.2%