abril 12, 2015

Baja por menstruación, sí; activismo feminista, no

Diez mujeres fueron arrestadas en Pekín durante una campaña previa a la celebración del Día de la Mujer./ Zigor Aldama

“Es un gran avance para las mujeres, porque no es lógico que quienes tienen que sufrir cada mes graves dolores por la regla tengan que desempeñar su labor en las mismas condiciones que el resto. Espero que los dirigentes la aprueben”, comentaba el pasado jueves una usuaria de Weibo, la principal red social china. Otros, sin embargo, no lo ven tan claro. “Ahora más de un empresario se planteará si contratar a mujeres, eso por no mencionar la vulneración de la intimidad que puede suponer”, le respondió uno de sus seguidores.

El 25% de las mujeres casadas sufren malos tratos. El problema de la nueva ley es que se limita al matrimonio, dejando fuera a víctimas de violencia machista en otros contextos

En cualquier caso, la iniciativa certifica que China comienza a preocuparse por la situación de la mujer, ya que llega poco antes de que el Gobierno vaya a aprobar la primera ley de violencia conyugal. El nuevo texto define lo que es ese tipo de violencia, algo vital para poder denunciarla ante los tribunales, y prevé la aplicación de medidas muy extendidas en el mundo más desarrollado pero nuevas en el gigante asiático, como las órdenes de alejamiento y la intervención de la Policía en casos que antes se consideraban propios del ‘ámbito privado’. De hecho, cuando alguien marcaba el 110 para avisar de graves palizas en el piso de al lado los agentes se limitaban a pedirles que dejasen de gritar para no molestar al resto del vecindario. Ahora tendrán que investigar el caso y las Autoridades se tienen que comprometer a proporcionar asistencia médica, psicológica, y jurídica a las víctimas.

Y no son pocas: un estudio realizado en 2011 alertó de que el 25% de las mujeres casadas sufren malos tratos. “El problema es que esta nueva ley sólo ampara a quienes hayan contraído matrimonio, no a quienes sufran abusos sexuales o violencia de género fuera de él. Y todavía hay grandes agujeros negros en la legislación redactada para proteger a la mujer”, critica la abogada de Shanghái Man Weixin, que, sin embargo, aplaude la retirada de la pena de muerte para las mujeres que maten a sus maridos cuando hayan sufrido malos tratos.

Es el castigo que se le impuso a Li Yan, de 44 años, después de que matase a su cónyuge golpeándolo en la cabeza con la culata de una pistola. Había aguantado 20 meses de todo tipo de abusos y cuando acudió a la Policía y al consejo vecinal nadie la ayudó. “Me golpeaba contra la pared y me quemaba la cara y la vagina con cigarrillos. Cuando le dije que me iba a divorciar él me amenazó con matar a mis padres y a mi hija. Además, me arrancó la uña del dedo gordo. Me dolía tanto que no supe lo que hacía”, escribió Li en su confesión. Si la ley se aprueba, se librará de la inyección letal.

Según un reciente estudio, siete de cada diez trabajadoras han sufrido acoso verbal y un 30% ha sido víctima de ‘tocamientos inadecuados’./ Z.A.

Al margen de casos tan extremos como el de Li, que han conmovido a la población china, el Gobierno reconoce que “la violencia contra las mujeres es un grave problema socioeconómico” y que “es necesaria la introducción de iniciativas más efectivas para eliminarla”. De hecho, en el informe sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, Pekín detalla que “es necesario un mayor esfuerzo para prohibir el abuso sexual en el entorno de trabajo”.

Menos de un 1% de los hombres aceptaría que su pareja gane más. El 57% de las mujeres cree que encontrar al marido adecuado es más importante que tener una carrera profesional propia

Las estadísticas hablan por sí solas: un reciente estudio realizado por la ONG Sunflower Women Workers Center en la ciudad fabril de Guangzhou concluyó que siete de cada diez trabajadoras han sufrido acoso verbal, mientras que un 30% ha sido víctima de ‘tocamientos inadecuados’ y un 10% ha tenido que zafarse de proposiciones para mantener relaciones sexuales. Y lo peor es que, según contó al diario The New York Times la directora del centro, Hong Mei, “las empresas no toman medidas para evitar el acoso, la comunidad no ofrece ayuda a las víctimas, y la sociedad en su conjunto no está concienciada sobre el problema y evita hablar de él. Hay muchas mujeres que sufren esta violencia y nadie las ayuda”.

Por si fuese poco, las víctimas ni siquiera pueden protestar. Porque puede que Pekín reconozca la discriminación de la mujer y su vulnerabilidad ante la violencia machista, pero ha dejado claro que no tolera el activismo feminista. Se demostró el pasado día 6 cuando diez mujeres fueron arrestadas en Pekín mientras llevaban a cabo una campaña previa a la celebración del Día de la Mujer para concienciar al público sobre el acoso sexual que sufren en el transporte público chino. Cinco fueron puestas en libertad al cabo de pocas horas, pero otras cinco continúan en un centro de detención.

La mentalidad patriarcal sigue grabada a fuego en hombres y mujeres./ Z.A.

Y, según la ONG pro derechos humanos Human Rights Watch, el tratamiento que están recibiendo es lamentable: los abogados tienen dificultades para acceder a ellas, están sometidas a largos interrogatorios de madrugada, y dos han tenido que ser ingresadas en un hospital policial porque se han agravado un problema cardíaco y una enfermedad hepática crónica respectivamente después de que se les negara acceso a medicamentos y se les obligase a dormir en el suelo. Se ha creado el hashtag #freethefive para exigir en las redes sociales que las pongan en libertad.

Mao Tsetung aseguró que a la mujer le corresponde la mitad del cielo, pero es evidente que en la tierra no es así. Porque, a pesar de notables logros como la extensión de la baja por maternidad a 98 días, o el hecho de que según la consultora Grant Thornton China sea el país con mayor número de directivas del mundo -un 51%-, lo cierto es que la situación de la mujer deja mucho que desear: su presencia es todavía testimonial en los principales órganos de decisión política, como la Asamblea Nacional Popular -23,4%- o la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino -17,8%-, la brecha salarial supera el 30%, y más de un 60% depende de los ingresos del marido para sobrevivir.

Desafortunadamente, no parece que eso vaya a cambiar a medio plazo, porque el patriarcado está grabado a fuego tanto en la mentalidad de los hombres como en la de las mujeres. No en vano, según el Informe Anual de la Mentalidad China 2012-13, el último realizado, menos de un 1% de los hombres aceptaría que su pareja gane más, y solo un 25,7% estaría dispuesto a que ambos tuviesen el mismo sueldo. Por su parte, otro estudio realizado a finales de 2011 por la agencia Baihe en colaboración con la Asociación de Trabajadores Sociales de China concluyó que el 57% de las mujeres encuestadas cree que encontrar al marido adecuado es más importante que tener una carrera profesional propia. El 70% asegura que los hombres sólo deberían casarse cuando ya tengan propiedades, y un 80% exige que su futuro cónyuge gane 4.000 yuanes (615 euros) o más al mes, lo que supone un incremento del 10% en el listón que se fijaba el año anterior. “Cada vez somos más exigentes en lo material, pero menos independientes. Hemos abrazado la modernidad en lo tecnológico, pero seguimos ancladas en la prehistoria ideológica”, sentencia Ke’er, una joven roquera de Nanjing.


Zigor Aldama
Fuente: Pikara