mayo 17, 2015

Ellas toman los versos.

Las poetas ya no tienen que escribir bajo seudónimo, pero siguen percibiendo desigualdades de género. La palabra ‘poetisa’ y la publicación de antologías femeninas persisten, como si las mujeres que escriben fueran en un vagón aparte. A pesar de esto, las nuevas generaciones de autoras participan cada vez más en los recitales de poesía y abren nuevos caminos creativos apoyándose en las redes sociales y los formatos audiovisuales.

Mónica Caldeiro./ Foto de Asun GM

Fernán Caballero era una mujer. Como muchas otras poetas, tuvo que escribir bajo un nombre masculino. Las acompañantes, las sombras, fueron ellas. Tildadas de libertinas y prostitutas. Ellas no tuvieron Generación del 27 ni existieron en la Generación del 36. Tampoco pertenecieron a la Generación Beat. No se incluyeron en antologías que no fueran designadas como antologías femeninas. Ellos fueron los poetas. Ellas las poetisas.

Y ya lo dijo Virginia Woolf: “Anónimo fue a menudo una mujer”.

Se dice poeta

Siguen existiendo clichés, como la imagen del poeta fumando en pipa, y gran parte de las lecturas poéticas en los colegios sólo incluyen a poetas hombres

En 1924 se celebró por primera vez en España el Premio Nacional de Poesía; desde entonces hasta el 2015, solo han sido premiadas cinco mujeres. Tardaron 27 años en dar el premio a una mujer. En el premio de la Crítica de Poesía Castellana iniciado en 1957, han sido honradas cuatro mujeres. La uruguaya Cristina Peri Rossi ha sido la única galardonada por los premios Loewe de Poesía en el año 2008.

A pesar de que los avances sociales, en la poesía, al igual que en otros ámbitos. siguen perviviendo desigualdades de género. Las librerías reservan secciones específicas de poesía femenina y las editorales publican antologías de mujeres poetas; iniciativas que aparentemente buscan visibilizar a las mujeres pero que confirman una realidad androcéntrica. El documental Se dice poeta señala asimetrías sexistas como que en las antologías de mujeres suelen aparecer fotos de cada autora, algo menos habitual cuando los autores son hombres.


La voz de Gloria Fuertes marcada por el tabaco pronuncia: “Nací para poeta o para muerta”. El documental Se dice poeta cuenta con la participación de 21 mujeres y ha sido proyectado en más de 20 ciudades españolas. La poeta y filóloga Sofía Castañón decidió realizar este proyecto para canalizar sus inquietudes y compartirlas con otras poetas de su generación; le parecía necesario en la medida en la que ella necesitaba un material así: “Me puse a buscar otro tipo de documentales sobre creación poética en España y más allá de los biográficos, no encontré ningún trabajo que aportara un análisis transversal”. Tras dos años de documentación, rodaje y edición, Sofía ya no es la misma. Ya no se siente tan sola. Ni ella, ni las poetas del documental. Castañón añade que también hay hombres poetas que identifican y reprueban las discriminaciones: “Estamos hablando de una situación de desigualdad que transciende el género y afecta a la poesía”.

Porque siguen existiendo clichés, como la imagen del poeta fumando en pipa y porque gran parte de las lecturas poéticas en los colegios sólo incluyen a poetas hombres. En el mercado editorial a las mujeres se les exige más calidad en sus obras y se hacen antologías específicas de poesía femenina. Están aparte. Poeta, recalcan las participantes en el documental, es quien hace poesía, sea mujer u hombre. La palabra poetisa es un obstáculo.

— ¿Te ha servido para darte cuenta de cosas de las que antes no eras consciente?

— Sí. El documental me ha aportado certezas pero también incertidumbres. Todas las entrevistas se hicieron de manera individual pero se generó un diálogo interesante.

Las mujeres están participando más en las Jam Sessions que en el Poetry Slam, modalidad que se plantea como una competición en la que el público puntúa, percibe Patty de Frutos

Una de las participantes en este proyecto audivisual, Martha Asunción Alonso, es la ganadora del VII Premio de Poesía Joven RNE. Reconocimientos como el suyo muestran que quizás estén cambiando un poco las cosas. Para ellas. Para ellos. Para la poesía, que permite expresar lo que nadie ha sido nunca capaz de decir. Como opina la poeta Carmen Camacho en el final del documental: “No hay otra, no hay más. No sé estar sin escribir, no sé estar sin decir, no sería mi vida igual”. La poesía toma nuevos caminos, cada vez existen más formas de manifestaciones poéticas. La poesía es libre y es por eso que cada poeta o artista la invoca como quiere. A través de performances, vídeos o música.

Patty de Frutos: la llamada al futuro

Es 9 de abril y en Madrid llueve. Efímeras gotas de agua caen sobre paraguas que parecen recién comprados. A media tarde, en el barrio de Malasaña, las aceras están muy vacías; las cafeterías que un día cambiaron magdalenas por muffins están muy llenas. En un piso abuhardillado de este distrito madrileño vive Patty de Frutos. Abre la puerta de su casa, junto a su gato Cosmos.

El techo del ático es rústico y tiene listones de madera. La cocina, comedor y salón están en un mismo espacio. Una chimenea a la izquierda. Paredes recubiertas de fotografías. Baldas llenas de discos. Guitarras acústicas y eléctricas. Para ella, Patti Smith es su efigie. Su referente poético. En ella encontró el grunge y su alma de collage.

De Frutos es poeta, productora de cine, bailarina, cantante, guitarrista y performer, aunque su libro LovEvolution carece de ficha biográfica porque ella así lo quiso. Tiene más de 200 vídeos en Youtube, de sus videopoemas y de sus creaciones como artista. Se enciende el primer cigarrillo. Cosmos escala por las alturas del sofá. Se hizo la cuenta de Youtube cuando estaba en la universidad y fue grabando cosas hasta que llegó ‘Co-razones’, el vídeo que grabó junto al poeta Escandar Algeet. Con esta colaboración, las visitas empezaron a subir, y finalmente dio voz propia a sus vísceras. Así nació ‘Llamé al futuro y no lo cogió nadie’.



Por Aurora Díaz Obregón
Fuente: Pikara