junio 09, 2015

La rebelión de los cuerpos


“Unos cuantos piquetitos (Apasionadamente)”, óleo de la mexicana frida Kahlo de 1935. - Archivo Periodista Invitado

Este trabajo desarrollará una mirada crítica sobre la situación femenina desde el presente. A través de la lectura de muchos testimonios personales y de publicaciones científicas, pretendo ganar una perspectiva analítica sobre los movimientos feministas en el ámbito de la situación actual de la mujer boliviana. Es necesaria una confrontación entre las leyes y la realidad, entre la teoría y la práctica, tratando de ir más allá de la morbosa violencia contra las mujeres que es difundida todos los días en los titulares por los medios de comunicación, más allá de conferencias, debates y estudios que se manifiestan finalmente como espectáculos sadomasoquistas.

Tal vez deberíamos empezar a plantearnos cuáles serían las preguntas fundamentales para pensar el presente de la mujer boliviana. Para liberarse efectivamente del machismo, se habla de una estrategia basada en la superación económica de la mujer. Pero si ellas son el sostén de la economía boliviana, ¿por qué entonces se sigue atestiguando una brutal violencia a través de las estadísticas y de las noticias diarias de los medios? ¿Habrán influencias que vayan más allá del factor económico? Para poder plantearnos algunas preguntas es indispensable recorrer contextos históricos como procesos de lucha y construcción del feminismo.

Ya en 1800 una pensadora como Madame de Staël (1766-1817), la gran representante del primer romanticismo, inspirada en principios de la Ilustración francesa, indagaba sobre la felicidad de las mujeres. Hoy (2015), sin embargo, en nuestro contexto aparentemente tan esclarecido, no hemos logrado algo así como la felicidad del mayor número posible de mujeres. Entonces es pertinente reflexionar: ¿por qué no lo hemos conseguido? ¿Será un problema local, del Tercer Mundo o planetario? Ella dijo: “Yo creo que llegará una época en la cual legisladores y filósofos prestarán seria atención a la educación que deben recibir las mujeres, a las leyes civiles que las protejan, a los deberes que deben imponérseles, a la felicidad que puede serles garantizada; pero en el estado actual, no están, para la mayoría, ni el orden de la naturaleza, ni en el orden de la sociedad”. De esto no podemos dudar.

Alguna vez me pregunté si valía la pena indagar sobre la temática de género, porque parecen discusiones de siglos pasados. Sin embargo, nuestro contexto nos obliga a pensar nuevamente sobre preguntas que ya surgieron hace un par de siglos, como cuando Mme. de Staël se preguntaba acerca de la felicidad de las mujeres. Entonces ¿hoy las mujeres hemos alcanzado la felicidad? Las estadísticas de la violencia contra la mujer y el feminicidio nos obligan a indagar nuevamente por las preguntas clásicas. Por lo expuesto vale la pena un pequeño recorrido sobre el panorama del feminismo.

Panorama del feminismo

En primer lugar, como bien lo explica la socióloga e investigadora Karin Monasterios, el movimiento feminista contemporáneo tiene vertientes que se derivan del feminismo clásico, como el feminismo liberal, el feminismo marxista, el feminismo socialista, etc. El feminismo liberal se refiere a un asunto de orden legal.

La subordinación de las mujeres puede ser cambiada por medio de la legislación y las garantías del Estado. Forma parte del debate de los años setenta y continúa siendo la corriente más difundida. Su origen se encuentra en la filosofía liberal del siglo XVIII. Encontramos sus manifestaciones en la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (por su sigla en inglés: CEDAW) y la llamada Plataforma Mundial de Beijing. Para mejorar la situación de desventaja de las mujeres, estas instituciones proponen un acceso irrestricto a la educación. Postulan la libertad de competir en el mercado en igual condición que los varones. Cuestionan el rol de la mujer subordinado básicamente a tareas familiares y promueven su participación igualitaria en todos los asuntos de la sociedad. Y favorecen la regulación de la esfera de lo privado-doméstico para una mejor distribución de las tareas del hogar entre los cónyuges.

El feminismo marxista identifica el origen histórico de la opresión de las mujeres y lo ha encontrado en la propiedad privada basada en la acumulación del excedente. La introducción del salario en la vida social crea una dependencia vital de las mujeres en relación a sus maridos. El sistema no reconoce el valor de las labores domésticas. Ello desvaloriza el trabajo y las capacidades múltiples de las mujeres. Por otro lado, las mujeres cumplen una triple jornada de trabajo agregando al trabajo productivo cuantiosas horas de trabajo doméstico y la energía que demanda el cuidado y la educación de los hijos. Por lo expuesto, la propuesta feminista marxista se resume en la crítica al capitalismo, la abolición de la sociedad de clases y la eliminación. de la propiedad privada. Implica la supresión del sistema capitalista de apropiación del excedente producido por los trabajadores y la reorganización de la sociedad en base a una forma socialista de producción y distribución.

El feminismo radical explica que la opresión de las mujeres está en la apropiación originaria del cuerpo y la sexualidad femenina bajo el control de los varones. No es solamente una opresión de clase sino que precede a todas las otras formas de opresión presente en todas las culturas y en todos los tiempos y por tanto es universal. El cuerpo de las mujeres ha sido apropiado por los hombres en su dimensión reproductiva, al ser las mujeres quienes dan a luz, cuidan y nutren a las nuevas generaciones. En su dimensión estética: la mujer se ha convertido en un mero objeto de placer para el varón. En conclusión: las mujeres no viven para sí mismas sino para servir a los demás. Entonces la propuesta feminista radical plantea la reapropiación del cuerpo femenino como forma de liberación de las mujeres a partir del uso de anticonceptivos, el bebé probeta y otras tecnologías reproductivas que permiten una mayor autonomía de la mujer sobre su cuerpo. También propone el lesbianismo como emancipación ya que destruiría la dependencia afectiva-sexual y con ello todas las otras formas de dependencia de las mujeres en relación a los hombres. Finalmente la propuesta para elevar la condición social, moral y existencial es lograr la politización de los problemas privados que contribuyen a legitimar y reproducir las desigualdades de género, asimismo conseguir la reapropiación del cuerpo y la sexualidad femenina por parte de las propias mujeres y la eliminación del patriarcado.

El feminismo socialista ha tomado los postulados del feminismo marxista, pero a la vez ha integrado los postulados del feminismo radical vinculando los problemas estructurales que se refieren a la condición de subordinación de las mujeres (antagonismo de clases y posición en el sistema productivo) con las cuestiones de naturaleza subjetiva. Estas últimas se hallan en el ámbito de la legitimación y reproducción de la subordinación secular de las mujeres (factores estos últimos que se originan en las relaciones interpersonales). Las feministas socialistas han reconocido que no todas las mujeres sufren los mismos problemas, sino que su subordinación varía de acuerdo a su pertenencia de clase, etnia y nación. Existen cuatro estructuras donde se inserta la condición femenina: estas son la producción económico-social, la reproducción de la especie, la sexualidad y la socialización de los hijos. Estas estructuras están atravesadas por las instituciones de la familia, la división sexual del trabajo y la separación entre el ámbito público y privado. Estos factores consolidan dichas estructuras, generando la condición subordinada de las mujeres.


Por Erika J. Rivera, Abogada
Fuente: los Tiempos
“Yo creo que llegará una época en la cual legisladores y filósofos prestarán seria atención a la educación que deben recibir las mujeres, a las leyes civiles que las protejan, a los deberes que deben imponérseles, a la felicidad que puede serles garantizada...”