agosto 17, 2015

Continúa la lucha de las mujeres kurdas defensoras de los derechos humanos en Irak, Turquía y Siria.

El 20 de julio de 2015 la comunidad internacional se conmovió con la noticia del asesinato de 31 activistas de la sociedad civil, muchas de las cuales eran mujeres defensoras de los derechos humanos, en la ciudad de Suruç, Turquía, de población mayoritariamente kurda. Esas activistas iban en camino a reconstruir la ciudad kurda de Kobane, al norte de Siria, arrasada por la guerra, y llevaban juguetes y libros para entregar a niñas/os huérfanas/os.


© Heval Cem

Aunque el ataque le fue atribuido al autoproclamado "Estado Islámico de Irak y el Levante" (ISIS), hay muchas voces que señalan la complicidad del gobierno de Turquía en el bombardeo de activistas para ponerle freno al activismo pacífico en solidaridad con las minorías kurdas de la región.[1]

El asesinato de las defensoras en Suruç tuvo lugar casi un año después de la conmovedora intervención de la diputada iraquí y ezidí (yazidí) Vian Dakhil sobre los abusos cometidos por ISIS contra las mujeres y niñas ezidíes. Es preocupante observar cómo ha escalado la violencia hacia las mujeres en la región en el período transcurrido desde la intervención de Vian Dakhil. Pese a los permanentes desafíos y a la violencia organizada, las defensoras kurdas continúan desarrollando nuevas estrategias para hacer frente a la opresión de los gobiernos y los actores no estatales violentos.

AWID habló con cinco mujeres kurdas que son activistas para conocer mejor sus experiencias en la defensa de los derechos de las mujeres kurdas y para analizar con ellas los desafíos y oportunidades para esta lucha en Irak, Turquía y Siria.

En estos últimos años la lucha kurda en Turquía y Siria ha cobrado una considerable visibilidad, pero el interés de los medios en las mujeres kurdas se ha centrado sobre todo en su participación en combates armados contra ISIS[2]. Lamentablemente, esto ha invisibilizado las múltiples dimensiones del activismo de las mujeres kurdas, limitando el conocimiento acerca de su participación sustantiva en distintos aspectos de la lucha, desde la resolución de conflictos hasta el impulso a los derechos humanos y la seguridad. Las defensoras kurdas han hecho aportes significativos a la lucha por los derechos del pueblo kurdo como minoría y por la igualdad de género en Kurdistán[3], en un ambiente marcado por una gran cantidad de desafíos pero, por encima de todo, por oportunidades nuevas.

La resistencia de las mujeres frente a las distintas formas de opresión.

La lucha del movimiento kurdo en Turquía y Siria es una historia de resistencias: la de las mujeres kurdas por su identidad étnica y también por su emancipación, dice Nursel Kilic, representante y vocera de la Representación Internacional del Movimiento de Mujeres Kurdas. «Mucho antes de haberse organizado como movimiento, estas mujeres hicieron una revolución en su propia comunidad. Lo primero que hicieron estas activistas y defensoras fue concientizar a mujeres de todas las clases sociales acerca de sus derechos sociales y de la historia de la lucha mundial por la liberación de las mujeres. A comienzos de los años ochenta y debido al clima político de la época, las mujeres que estaban luchando por el reconocimiento del pueblo kurdo centraron su activismo en movilizar a sus congéneres obligadas a migrar, mujeres de los poblados que habían sido evacuadas por el ejército turco por la fuerza o después de incendios provocados. En ese clima de inseguridad, lucharon con cautela y en la clandestinidad, pagando el precio con sus vidas».

Esas mujeres kurdas tuvieron que enfrentar una doble opresión: la del Estado y la de sus comunidades. Oyku Sezer, activista trans* que integra la organización Hebun LGBT en la ciudad de Diyarbakır sostiene que «Tanto los gobiernos nacionales que niegan nuestra identidad como algunas personas de nuestro movimiento que carecen de sensibilidad de género y más todavía de sensibilidad frente a los derechos trans*, nos han oprimido. Por eso, las mujeres kurdas luchamos por emanciparnos dentro de nuestro propio movimiento, ya que muchas veces nuestros aliados nos han traicionado.»

Según Kilic, las mujeres kurdas no solo se movilizaron en espacios sociales y a través de la sociedad civil organizada sino también en el Frente Armado que luchó por la liberación del Kurdistán, y rápidamente pasaron a criticar los modelos en base a los cuales se estructuran las organizaciones militares. En el movimiento de liberación, las militantes kurdas lucharon contra el sistema patriarcal y se propusieron garantizar la igualdad entre mujeres y hombres en todos los niveles de toma de decisiones. «Fue una lucha permanente contra la jerarquía masculina y patriarcal en la comunidad y en el terreno político. Las activistas kurdas también cuestionaron el lugar que ocupaban los fundamentalismos religiosos, que impregnaron la sociedad como producto de la manipulación de las creencias por parte de fuerzas del Estado. El sistema democrático autónomo que ellas están promoviendo critica a todas las estructuras monopólicas existentes, y constituye una antítesis de ellas», agrega Kilic. 

Las mujeres kudas que no están involucradas en la política partidaria ni en la lucha armada, y que intentan preservar una mirada más independiente, también se enfrentan a numerosos desafíos. Zozan Ozgokce, de Van Women’s Association [Asociación de Mujeres de Van, VAKAD], una organización por los derechos de las mujeres con sede en la ciudad de Van, al sudeste de Turquía y de mayoría kurda, dice: «Lamentablemente, observo que está disminuyendo el número de organizaciones de la sociedad civil independientes que promueven los derechos humanos en nuestra comunidad y en el contexto nacional en general. Debido a la fuerte presión que ejerce el gobierno, al auge del conservadurismo y al clima de guerra, resulta extremadamente difícil seguir adelante con nuestro trabajo por el reconocimiento de nuestros derechos más fundamentales».

Ozgokce agrega: «Nuestra organización fue objeto de una solicitud de clausura. Registraron nuestras oficinas sin exhibir las autorizaciones necesarias. No contamos con recursos financieros para trabajar. Pero en circunstancias tan hostiles como estas, lo que mantiene vivo al movimiento es nuestro espíritu activista».

En el Kurdistán iraquí, las mujeres se enfrentan a distintas formas de opresión que les dificultan construir un movimiento bien organizado de mujeres kurdas, aunque hay activistas que se están levantando contra la situación económica, social y política que viven las mujeres del Kurdistán Meridional. Ala Ali, investigadora independiente especializada en conflictos y activista kurda-iraquí por la paz,[4] señala que en el Kurdistán iraquí son muchas las mujeres afectadas por la crisis política entre el Gobierno Regional del Kurdistán y el gobierno central de Irak, así como por la crisis financiera que afecta al país. Además de las mujeres ezidíes y cristianas que fueron el blanco principal de ISIS, muchas de ellas desplazadas y que han perdido sus hogares y sus familias, las mujeres del Kurdistán Meridional en general carecen de acceso a la educación, al empleo y a una vida en condiciones de igualdad no solo con los hombres sino también con sus congéneres en el resto del país. En una situación económica extremadamente difícil, las mujeres a menudo son sometidas a la violencia doméstica ejercida por sus maridos contra ellas, cada vez con mayor agresividad. «Por eso, la situación de las mujeres en el Kurdistán Meridional es crítica y existe una violencia estructural. También tenemos un problema con los niveles educativos, que son muy bajos en el Kurdistán. Por eso hay pocas expertas que trabajen en estos temas delicados y si no estás afiliada a ningún partido político es muy difícil que puedas ocupar un cargo desde el que puedas influir sobre quienes diseñan políticas para generar cambios», enfatiza Ala Alí. Ella también subraya la corrupción como problema serio en Irak — considerado uno de los seis países más corruptos del mundo[5] — que muchas veces hace los fondos originalmente destinados a las mujeres se desvíen para beneficiar a determinados individuos. «Por dar solo un ejemplo: hay quienes han utilizado la crisis ezidí para ganar dinero y beneficiar a particulares o a grupos minúsculos».

Un modelo alternativo kurdo de buen gobierno.

Pese a los desafíos permanentes, la lucha kurda ha producido modelos alternativos ejemplares de buen gobierno en los que la democracia y los derechos humanos ocupan un lugar central en la formulación de políticas. En estos últimos tres años, el movimiento de liberación kurdo ha venido desarrollando un modelo político de control y autodefensa en la región de Rojava, Siria[6], basado en la democracia directa, la organización comunitaria, la igualdad de género y el respeto a la diversidad de identidades como principios.[7] En ese sistema, las mujeres están representadas en un plano de igualdad con los hombres, tanto en los municipios como en las asambleas ciudadanas y en las fuerzas de autodefensa populares. «Las mujeres de Rojava son las portadoras de un nuevo contrato social con valores innovadores», afirma Kilic. Este contrato social, que fue promulgado en enero de 2014 cuando Rojava proclamó su autonomía, hace referencia a valores como la igualdad de género, el acceso obligatorio y gratuito a la educación primaria para todas las personas, los derechos colectivos (que incluyen las licencias por maternidad), el respeto a las diversas identidades, el laicismo, la representación compartida en los órganos de gobierno (con por lo menos un 40 % de hombres o de mujeres en todas las instituciones) y el autogobierno local para los tres cantones que forman el Kurdistán sirio.

Deniz Zenan Sapka, voluntarix que trabaja con el grupo LGBT SPoD en Estambul, señala que la lucha kurda se propone objetivos que van más allá de sus propios derechos como minoría: «Cuando se piensa en el movimiento por los derechos de las mujeres en Turquía y en la región en general, incluyendo la labor de las defensoras kurdas, hay que verlo como algo que va más allá de la lucha por los derechos de una minoría. En esta geografía, a las feministas se nos considera mujeres promiscuas que odiamos a los hombres, por eso la nuestra es una lucha por la emancipación de todas las mujeres».

Superando desafíos en una coyuntura crítica: Las defensoras kurdas y los obstáculos que enfrentan.

El ataque contra las defensoras en Suruç causa una seria preocupación entre quienes trabajan por la construcción de la paz y la resolución de conflictos en Medio Oriente. La respuesta de Turquía, que consistió en operaciones militares contra grupos armados kurdos en el norte de Siria, incrementó aún más el grado de intimidación que sufren las activistas kurdas. Tanto el ataque en sí como la respuesta militarizada que se le dio han tenido, sin duda alguna, efectos negativos para la creación de un ambiente que facilite el activismo por los derechos humanos y la construcción de la paz en la región.

El contexto político represivo para el activismo por los derechos humanos en la región se ve exacerbado por la falta de apoyo financiero y técnico para que las organizaciones de la sociedad civil y las defensoras kurdas puedan desarrollar sus capacidades. «Necesitamos destacar problemas y errores para que la realidad pueda cambiar», dice Ali. Esta activista kurda-iraquí explica que los fondos aportados por agencias donantes para las mujeres y la juventud del Kurdistán se deben coordinar y canalizar en la búsqueda de soluciones locales sostenibles, implementadas por organizaciones comunitarias con estructuras transparentes y procesos internos. «Para mí, enviar a las mujeres y niñas ezidíes al exterior, a países europeos, como parte de su proceso de sanación no es una solución eficaz. Cuando llegan al exterior, sufren un choque cultural por su situación económica y social, ya que han sido criadas en comunidades agrícolas muy conservadoras, en poblados en los que nunca asistieron a la escuela. Las soluciones que se proponen no tienen en cuenta las realidades y el contexto de estas mujeres y niñas, y lamentablemente quienes las proponen no solo están 'afuera' sino que también son personas de Irak que tal vez tengan intereses ocultos, lo que agrava el problema. Si queremos sostenibilidad y paz, necesitamos soluciones propias».

Ozgokce también pide un financiamiento efectivo para las organizaciones de la sociedad civil independientes: «También se debe reconocer a las activistas independientes, que funcionan por fuera de los partidos o de la lucha armada. Sus voces deben ser escuchadas. Ellas necesitan apoyo financiero y emocional, pero aún más importantes son la solidaridad y la sororidad».

Según Kilic, en el Kurdistán septentrional se ha alcanzado una representación igualitaria para las mujeres gracias al sistema copresidencial (una mujer-un hombre) implementado en los órganos políticos y administrativos.[8] Ella pone énfasis en el hecho de que este sistema copresidencial está presente en todos los municipios turcos en los que gobierna el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), partido kurdo que en las elecciones legislativas de junio de 2015 recibió el 13 % de los votos, y en que el Parlamento de Turquía tiene en este momento el número de representantes mujeres más elevado de toda su historia. “Las mujeres también se están organizando dentro del Movimiento Libre Democrático de Mujeres que reúne a personas de todas las etnias e identidades de género, feministas, artistas, ecologistas, anarquistas y ONG humanitarias, y cuya representación política se basa en los valores de la liberación de las mujeres. Se están movilizando en los vecindarios, poblados y municipios organizando reuniones en las que deciden prioridades para la acción según la situación local de las mujeres y con una visión política basada en el consenso. El objetivo actual del movimiento de mujeres kurdas es llevar su ideología al mundo, porque esta ideología contiene todos los elementos necesarios para un nuevo modelo de sociedad. No solo promueve el pensamiento sino que también se basa en realidades. El movimiento de mujeres también trae un proyecto nuevo que es desarrollar una ciencia de las mujeres o 'jinología'. En kurdo, gyn significa tanto 'vida' como 'mujer'. Esta nueva ciencia defiende un proyecto innovador de sociedad que cuestiona y analiza todas las ciencias basadas en una mirada masculina. La jinología redefine las artes y las humanidades, las ciencias sociales, la economía, la historia y la política, para permitir un retorno a las raíces históricas que le dieron valor a la humanidad y al universo».

Con este fin se han promovido algunos vínculos entre las defensoras kurdas de la región, para fortalecer la cohesión y el intercambio de experiencias y estrategias entre ellas. Alí cuenta que en mayo pasado, la asociación iraquí Al-Amal organizó una importante conferencia regional sobre el rol de las mujeres haciéndole frente al extremismo y el militarismo.

El activismo por el reconocimiento de los derechos humanos en la región ha estado en las manos valientes de las mujeres kurdas. Pero ahora ellas viven una coyuntura crítica, enfrentándose a amenazas trascendentales tanto por parte de los gobiernos como de actores no estatales violentos. En semejante ambiente, ellas no han perdido la esperanza de que su lucha comprometida abra nuevos caminos hacia la paz y los derechos humanos no solo para sus propias comunidades sino para todo el Medio Oriente.

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[1] Lectura adicional: Selin Girit, “Suruc massacre highlights Turkey's Islamic State dilemma”, BBC News, 21 de julio de 2015 (en inglés)
[2] Para conocer mejor la situación de conflicto en Irak y Siria, así como sus repercusiones en Turquía, leer: http://www.awid.org/es/noticias-y-analisis/16dias-el-conflicto-en-iraq-y-siria-se-manifiesta-en-los-cuerpos-de-las-mujeres
[3] Excepto el Kurdistán iraní.
[4] Ala Ali también integra el Consejo Directivo de la Asociación iraquí Al Amal.
[5] Para más información, ver el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional: http://www.transparency.org/news/pressrelease/indice_de_percepcion_de_la_corrupcion_2014_el_crecimiento_transparente_en_r
[7] Además de la población kurda, Rojava también cuenta con población árabe, asiria, caldea, aramea, turca, armenia y chechena.




Por Semanur Karaman y Mégane Ghorbani
Fuente: Awid