agosto 02, 2015

Munición gruesa

Dentro de las militancias que activan contra el heteropatriarcado, quienes desprecian los modelos de belleza hegemónicos vienen ganando fuerza, celebrando la diversidad corporal. En tono disidente y con el telón de fondo del punk es que Laura Contrera y Nicolás Cuello se encontraron en el flujo internético para darles forma a sus reflexiones como gordxs, poniendo en marcha un dispositivo afectivo que hoy confluye en un taller de corporalidades impropias, un libro de pronta publicación y una serie de debates que, desde la web, marcan el pulso de una deconstrucción de los estereotipos de lo deseante, lo gozoso, lo bello. El sujeto político del activismo gordo, su lugar en el mundo desde la geografía latinoamericana, las alianzas con el feminismo y la diversidad funcional, la industria de la dieta y la representación desde el arte, algunos de sus tópicos más relevantes.


NICO CUELLO Y LAURA CONTRERA
Foto: Sebastian Freire

Nicolás Cuello y Laura Contrera se encontraron en esa marea burbujeante que hace de las redes sociales un boliche que no se apaga nunca. Allá por 2011, Laura escribía entre otros blogs Pido Perdón, un espacio sobre infancias vulnerables. Nicolás ponía en palabras lo que le pasaba con la gordura desde su muro, más allá de una primera persona que fluía lastimada pero con todas las ventajas de la primera persona, cruzando sus experiencias con su trayectoria política, con los transfeminismos, con la diversidad sexual y demás frentes del arco queer. Así empezaron a leerse, a debatir, a “megustearse” y a querer traspasar la pantalla. Hoy son “amigues” y están compilando el libro Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne, con prólogo de Mauro Cabral para editorial Madreselva, una compilación de escritos sobre la militancia de la gordura local, traducciones de activistas ingleses y norteamericanxs y la selección de trabajos de otrxs activistas gordxs de Argentina, como Lux Moreno, Canela Gravila o Cecilia Weller. “Fuimos muy criticados por el hecho de traducir, hay cierta parte del activismo gordo que tiene la bandera del latinoamericanismo. Pero pensamos que no hay que empezar de cero cada vez, este activismo tiene una genealogía, lo que hacemos acá es otra cosa porque nuestras condiciones geopoliticas son diferentes pero no salimos de la nada: algo leímos, algo nos gustó, algo nos enojó, no comemos lo mismo que los yanquis así que no nos van sus preceptos entonces trabajamos sobre esa reapropiación desviada y perversa que vienen haciendo los feminismos, los movimientos lgtbiq, etc.”, dice Contrera y aclara que la idea es disponer de herramientas para pensar, consignas que atraviesan tanto con el libro como el taller que crearon a partir del trabajo conjunto: “Hacer la vista gorda. Taller de lectura y reflexión sobre políticas gordas y corporalidades impropias”.

Puntualmente, Contrera traduce a Charlotte Cooper, ya desde su fanzine Gorda! viene aclarando conceptos de esta activista británica que denuncia el etnocentrismo del activismo yanqui. Cooper se planta y dice “soy queer, soy de clase baja, soy gorda y soy punk” e insiste en que no todxs engordamos igual. “La alimentación es un hecho no solo social sino también político. ¿Cómo se come? Acá los modelos de la obesidad replican al norteamericano: que comemos mal, que comemos azucares, harina blanca, que somos sedentarios. Y eso no se corresponde exactamente con lo que nos pasa. Hay encuestas, sabemos qué se come en el conurbano, qué se come en la Capital, y no comemos lo mismo que en Ohio. Lo que comen los pobres (por que hoy por hoy la gordura está muy ligada a la pobreza ya que los ricos tienen acceso a un montón de tecnologías de normalización de los cuerpos que las personas que trabajan todo el día no tienen) no es lo mismo que lo que come el resto. Además tenemos que ver las culturas propias de cada región; el consumo de alimento rendidor, híper calórico que se necesita para estar en pie un montón de horas, bajo fríos extremos o jornadas extenuantes no es lo mismo que comer comida chatarra todo el día, que es esa idea del gordito yanqui comiendo chizitos.”

O sea que el modelo de gordura que tenemos es importado...

L: –Totalmente. Hace agua por todos lados pero se propone la misma solución a nivel global.

N: –También las normativas con las cuales están medidos los cuerpos son instrumentos de regulación universalizados. El índice de masa corporal es una proporción que no se acomoda a ninguna de estas circunstancias a partir de las cuales empezamos a pensar cuáles son las diferencias del cuerpo gordo sudaka. No podemos hablar de gordos por ingesta de alimentos megaindustrializados o saturados cuando ni siquiera el país cuenta con esos procesos, hay ciertos contenidos de grasas trans que acá no existen.

L: –Uno de los textos que escribimos en conjunto para el libro es sobre la Ley de trastornos alimentarios que tenemos en Argentina, que habla de obesidad, anorexia y bulimia, obviamente nosotros hablamos desde la obesidad, y del imperio Cormillot (su espíritu está dando vueltas todo el tiempo por el libro) para volver a situarnos en nuestras realidades. A raíz de todo este trabajo pensamos muchas cosas de nuestras experiencias, las reacciones que teníamos haciendo el libro nos inspiraron a armar el taller, incluso la apuesta política de tener un titulo donde no dice “activismo gordo”.
¿Y eso por qué?

N: –Porque somos pendencieras (risas).

L: –No necesitamos que aparezca el gancho. Renunciamos a la franquicia del activismo gordo.
La antifranquicia

La idea de la dupla es que haya tantos activismos como gordxs, y esa idea se fue gestando en otro espacio explosivo que marcó un antes y un después en sus trayectorias. En diciembre del año pasado, motivadxs por los encuentros online, hubo uno real con otrxs activistas de la gordura: Missogina, autora chilena de La cerda punk, autodefinida como gorda y lesbiana, que si bien se enuncia desde su lesbofeminismo y veganismo tiene una concepción muy trabajada sobre su activismo gordo, Lucrecia Masson, que milita desde Barcelona y que también participa del libro, y otrxs activistas de la gordura. “Nos juntamos en MU, cual rumiantes que somos (risas), y tuvimos una especie de asamblea que fue increíble”, dice Laura.

N: –Le pusimos Asamblea trans fronteriza de Gordxs Sudakas y fue un encuentro de cuatro horas con peleas, intercambios, discusiones. Primero hablamos sobre el lugar desde el cual nos paramos como activistas, qué significa ser un gordo sudaka, con qué dialogamos, cómo comemos, cómo engordamos. La insistencia por una perspectiva de clase, la insistencia por reconocer que no podemos pensar el activismo gordo si no pensamos una distribución desigual del alimento, un acceso diferenciado y marcado por una distinción de clase, por una distinción geográfica incluso dentro del país, por una distinción étnica. Nosotros siempre decimos que no engorda de la misma manera una comunidad mapuche que las personas que vivimos en la Capital o en el conurbano.

L: –En ese punto hubo bastante acuerdo pero había dos personas veganas y la de Missogina es una postura mas dura dentro del veganismo. Eso disparó aquello de las alianzas, ¿con quién queremos construirlas? ¿Una gorda chilena vegana no puede hacer alianza con otra porque no es vegana? Yo no soy vegetariana pero lo fui mucho tiempo y Nico es vegetariano. Y hay quien era vegano pero no le molestaba que alguien comiera queso, o sea se planteó el tema y Missogina finalmente se quedó.

N: –Mas allá de lo anecdótico fue un momento lindo porque quedó en evidencia que les activistes gordos no tenemos las mismas prácticas de ingesta o no pensamos lo mismo en relación al alimento. También que no necesariamente la gente vegetariana es delgada. Yo soy vegetariano desde los 14 años y ya ves.

L: –Bueno, PETA te echaría, porque en una campaña mostraba a un niño obeso con la hamburguesa chorreando y después un cuerpo esbelto que era vegetariano.

N: –Y bueno, ya estoy resignado, a mí me echan de todos lados (risas).

L: –Otro punto que fue interesante debatir fue la relación con las personas flacas.

N: –Discutimos la alimentación pero también la corporalidad del sujeto político del activismo gordo: ¿cuál es el cuerpo, si es que hay uno, del activista? Ahí empezaron las discusiones sobre si les gordes tenemos alianzas con las personas delgadas, qué lugar tienen las personas flacas dentro del activismo gordo, y ahí había posturas de tolerancia y de intolerancia.
¿Al taller fueron personas flacas? ¿Qué piensan de eso?

L: –Siempre digo una frase hermosa que es “Si me van a pesar no es mi revolución”, parafraseando a Emma Goldman. Yo no peso a nadie, no hay una balanza en el taller, yo no creo en eso. Lo que no nos gusta es que hablen por nosotres.
Hay quienes dicen que una persona flaca no puede ser activista de la gordura...

N: –Sí, claro. Para nosotros lo fundamental son las alianzas. Alianzas que reconozcan la diferencia material, la distribución desigual de los privilegios, y la organización también diferenciada. Cuando las cosas están claras, cualquier alianza es posible.

L: –Y cualquier diálogo es posible. El ejemplo que ponemos es: si viene un chico preocupado porque se comió un muffin demás diciendo “tengo panza y me siento gordo” probablemente no le sirva el taller y no nos sirva a nosotres.

N: –Dentro de la corriente de positividad sobre el cuerpo hay muchas líneas: hay quienes militan por la imagen corporal, quienes están involucrados con críticas hacia la forma de representación de los cuerpos mayormente en campañas publicitarias, el activismo gordo, las personas sobrevivientes de trastornos alimenticios, etc. Y también nos interesa hablar sobre la relación que tenemos con los trastornos alimentarios: trastornos hormonales, bulimia, anorexia, la relación con los abusos...

L: –A veces necesitás encontrarte con quienes, aun con diferencias, transitan experiencias comunes, entonces había una experiencia de la corporalidad común, que hacía que la discusión sea súper ágil.

N: –De esa experiencia fue que nosotros dijimos “esto tiene que seguir pasando”, porque muchas de las cosas que hablamos en ese lugar entre nosotres no las habíamos hablado.
¿Por ejemplo?

N: –De nuestros cuerpos y nuestras prácticas sexuales. Fue un momento difícil. A mí me gustan mucho ese tipo de conversaciones, fue una cosa muy íntima en la cual todos compartimos nuestros fantasmas, los lugares en los que siempre caemos las personas gordas en el sexo...

L: –Incluso para quienes les gusta lo más radical, los cuerpos gordos no somos deseables. Entonces las experiencias redundan en el rechazo. Están muy estereotipados los lugares, incluso donde hay mas radicalidad terminás siendo la gordita gauchita. Aun donde nadie se autoenuncia misógino. La lógica jerarquizada de los cuerpos opera en lugares aun donde no se autoenuncia.

N: –Yo no me voy a olvidar nunca de una vez que Lohana Berkins fue a Neuquén a un encuentro de formación, yo tenia 14 años y en un momento habló sobre el activismo trans de los años 90. Habló del lugar periférico y pulverizado que ocupaban los cuerpos travestis en la mercadotecnia del deseo. Y otra vez que la escuché ella volvió a decir “a mí me invitan de todo el arco político a hablar en paneles, pero ¿quién se acuesta con una travesti? ¿Quién me desea?”. Todavía la mercadotecnia del deseo sigue estructurada por unas lógicas que ciertos cuerpos, los diversos funcionales, los cuerpos trans y los cuerpos gordos, seguimos transitando experiencias de desigualdad, experiencias de exclusión y de jerarquización y de mucho silencio, enclosetadas muchas, donde hay quienes te desean pero no pueden bancarse que otres vean ese deseo.

L: –Esa fue la parte mas difícil porque si bien había acuerdo todes habíamos atravesado en distintos momentos de nuestras vidas esas experiencias, y lo mas loco, en ambientes que se suponen de activismo. No había nadie ahí improvisado ni era su primera vez. En ese costado hay un territorio arrasado de subjetividad, muy lindo todo pero hubo años de desierto en las militancias de todes: podemos expresarnos muy bien dentro del feminismo, del transfeminismo, etc, pero no siempre pudimos poner en palabras aquello que nos pasaba porque era señalizado, considerado nimio.
¿Eso ahora sigue pasando?

L: –No, pero a la hora del deseo, a la hora de la afectividad pública, a la hora de vincularse, la gordura importa, los cuerpos importan, y hay cuerpos que importan mas que otros.

N: –Son discusiones troncales que siguieron vía digital, hay audios que tengo sobre el encuentro que hay que desgrabarlos. Y ese encuentro marcó la necesidad de que siga pasando y derivó también en el taller. El primer encuentro del taller, que fue a principios de este año, fue mas de marcar discusiones centrales pero mucho de contar experiencias y allanar discusiones, y el segundo encuentro fue mucha menos gente y éramos todos gordos. Creo que logramos generar una sensación de empoderamiento, no empoderamiento igual orgullo que es una analogía que yo clausuro por completo. De empoderamiento de decir “ésta es mi vida, éstas son mis heridas, éstas son mis trayectorias, ésta es mi voz y éstas es la experiencia política que a partir de ahora construyo”.
La carne también es política

Laura y Nicolás no quieren que el taller sea un espacio terapéutico. Es un espacio de reflexión crítica, de situar los cuerpos en relaciones de poder, en representaciones macro estructurales: y para eso es necesario sobrepasar la experiencia personal para entender que esa experiencia dialoga con otras cosas. Salir de la culpa y de la responsabilidad, acceder a otro nivel de debate. “La experiencia de la gordura en las coordenadas en las que vivimos, capitalista, heteropatriarcal, etc, siempre está ligada a un problema individual. Sos gordo porque te falta voluntad, porque no hacés dieta, porque tenés malos genes, pero nunca va más alla. Hay quienes dicen que es el mercado que no le conviene hacer talles mas grandes, que la sociedad es complicada con el cuerpo de las mujeres pero todas son facetas y hay un montón. Nosotros queremos tener una mirada más critica y abarcadora que lea a los cuerpos gordos. Sí es verdad que el mercado saca provecho de determinadas características, sí es verdad que hay un problema de género, pero hay opresiones cruzadas, múltiples que nos atraviesan en nuestros cuerpos gordos, entonces cuando hablamos de una mirada política es una mirada amplia porque mira todo un entrecruzamiento, una intersección de variables y opresiones que nos constituyen como personas gordas hoy en Argentina, y porque así como tenemos una mirada amplia, hacemos un zoom a lo micropolitico: ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nuestra experiencia individual se traduce de determinadas maneras? ¿Por qué nuestras trayectorias se encuentran con experiencias similares? Ese zoom llega al padre negándole el segundo plato a la hija, la maestra permitiendo la burla del niño gordo, y todas esas experiencias dolorosas y traumáticas de la vida se pueden leer en otra clave.

N: –La mirada política permite volver social una experiencia reducida a la propia voluntad y a la propia responsabilidad. La gordura siempre aparece codificada como culpa, castigo, trastorno, mala consecuencia, porque comés mal, porque no te querés a vos mismo etc. y en realidad hay un dispositivo que atraviesa los cuerpos actuales.

L: –Los cuerpos ansiosos de esta modernidad tardía que transitamos no son casuales, los cuerpos endeudados, los cuerpos gordos son síntomas.

N: –Hay una suerte de paranoia social que hace que nuestros cuerpos despierten miedo, porque es un futuro posible. De la manera que funcionan las tecnologías de normalización de los cuerpos es aceitando y volviendo mercado maneras y servicios de alejar ese futuro. ¿Quienes somos gordos? Los que somos representados por esa razón universalizada de índice de masa corporal que dictamina quienes son gordos y quienes no, y por otro lado somos gordos quienes no respondemos a esos patrones consensuados de corporalidades en situaciones determinadas. Ahora ¿cómo hacer que esa experiencia que aparentemente siempre se construye subjetivamente como emanación de la responsabilidad individual tome estatuto social, se vuelva parte de una reflexión política que está pensando cómo funciona el mundo, la economía, el mercado?

L: –¿Por qué identificamos cuerpos delgados a cuerpos sanos? ¿Sabemos si las personas tienen diabetes, presión alta, si son sedentarias? Una persona delgada pasa todos los tests y eso invita a discutir las nociones de salud y enfermedad.

N: –Se patologiza de una manera unidireccional cualquier experiencia que esté fuera de la norma corporal, eso oblitera la diversidad corporal, horizontaliza los metabolismos.
Lo insoportable es lo diverso.

L: –El taller se plantea pensando la potencialidad política que tiene una experiencia empoderada de la corporalidad gorda mas que caer en este mero “nos encontramos a autoayudarnos”, porque esto es un poco peligroso. A mucha gente le puede hacer bien pero eso también le saca el filo político en cuanto a transformación. Si solo nos juntamos a contarnos lo malo que es el mundo o lo triste que es ir de compras y no encontrar talles, mas allá de que lo podamos hablar y lo feas que son algunas experiencias, le quitamos esa posibilidad de incidir, molestar y meter pequeñas interrupciones en el flujo capitalista de los deseos, de los dineros que van a la industria de la dieta, la industria farmacológica y la industria de la estética. Si todes decimos “lo gordo es hermoso” puede ser importante, terapéutico pero no es la idea. Y si quisiéramos que nuestro saber gordo sea el primero o el único hubiéramos hecho un seminario pero lo que queremos es facilitar herramientas, no hablamos en bloque, intervenimos a nivel individual.

N: –También el lugar donde lo hacemos y cómo lo hacemos habla de la iniciativa. El taller es gratuito, se hace en un espacio ocupado, La sala de Caballito, y nosotros siempre pasamos la gorra y la plata queda para el espacio, que es abierto: la gente puede ir y dejar de ir, no hay una continuidad, los textos están online. Queremos dar paso a que se produzca la diferencia. Organizamos el espacio no para estar en el lugar del saber, si quisiéramos eso hubiéramos organizado una agrupación o un curso de posgrado. Queremos saber qué pensar, cómo pensar, qué responder y cómo funciona la injuria en cada cuerpo. Queremos alimentar la resistencia. l


Por Flor Monfort
Fuente: Página/12