octubre 24, 2015

Sexualidad: aguanta un poco más...

Eyaculacion precoz, impotencia o evitación del encuentro erótico son algunas de las expresiones más patentes de una sexualidad que se vive desde la ansiedad.


ÁLVARO MINGUITO

Se denomina ansiedad a la alarma oexpresiones de tensión que una persona pone en marcha ante situaciones que considera amenazantes y para las cuales no encuentra solución.

Si, además, identificamos que la naturaleza de esa ansiedad es una sexualidad entendida como genitalidad y el escenario donde se desencadena es el coito, nos vamos a encontrar que hay un amplio porcentaje de la población, hombres y mujeres, que tienen dificultades en la cama.

O como se ha venido llamando hasta la fecha, trastornos, patologías, malestares o disfunciones que acaban incorporándose en sus procesos de sexuación y en sus identidades.

Nos guste o no, el esquema erección, penetración y eyaculación sigue jugando un importante papel en las relaciones entre los sexos, en sus prácticas y en la vivencia que tienen de sus encuentros eróticos.

No tener habilidades para el arte de amar, no contar con un tamaño de pene adecuado, una erección consistente y un tiempo eyaculatorio que permita la satisfacción siguen siendo preocupaciones recurrentes que responden a un patrón heteronormativo difícil de desmontar.

De esta manera, las relaciones sexuales se acaban convirtiendo en una carrera de fondo repleta de obstáculos en pos de la eficacia pero cuyo resultado final son unos elevados niveles de ansiedad que, desde un punto de vista fisiológico, tampoco ayudan a la esperada respuesta eréctil.

Las relaciones sexuales se acaban convirtiendo en una carrera de fondo repleta de obstáculos en pos de la eficacia pero cuyo resultado final son unos elevados niveles de ansiedad

Aunque el feminismo y otros marcos teóricos aportan elementos para atravesar el discurso del consumo, de la capacidad y la resistencia, nunca se puede perder de vista que los procesos de sexuación a los que estamos sometidos de forma continuada se inscriben profundamente sobre nuestros cuerpos, tal y como apunta el sexólogo Silberio Sáez en su libro Cuando la terapia sexual fracasa, colocando a los hombres (y también a muchas mujeres) en una situación delicada con claras consecuencias negativas en el terreno erótico. Y, concretamente, en la vivencia y expresión de su erección.

Asumir la responsabilidad de la satisfacción sin haber desmontado el locus genitalis conlleva en muchos hombres, jóvenes y adultos,dos tipos de ansiedad muy características. Una es de carácter anticipatorio, que tiene que ver con pensamientos, ideas, emociones que se presentan antes de un encuentro erótico y en las que se anticipa un fracaso o mal funcionamiento en el mismo. Y otra, de desempeño o ejecución, ante la percepción de que no se está respondiendo (con el orgasmo o erección) de manera adecuada (correrse demasiado rápido o que no esté lo suficientemente dura).

Como decíamos, no sólo les pasa a ellos, pero el binarismo de género inscribe en el sexo masculino unos factores desencadenantes de estas ansiedades anticipatorias y de ejecución. Autores como Abraham y Porto señalan algunos, como el temor al fracaso, la obligación de resultados y el altruismo excesivo. Pero también están la competitividad, la necesidad de rendir-cumplir, la resistencia y la preferencia por la iniciativa.
“Ya no me pongo como antes”

Una de las consecuencias menos percibidas en el corto plazo es el "rol de espectador" o autoobservación, que consiste en estar permanentemente observando el penepara ver cómo responde. Y de las más percibidas a medio plazo, encontramos la sensación de frustración, insatisfacción, inseguridad y los encuentros eróticos deteriorados.

Además, a esto hay que sumar los esquemas de acción que se suelen poner en marcha porque no se encuentra una solución. Es frecuente recurrir a penetraciones rápidaso repentinas, disminuyendo el tiempo de estimulación por miedo a perder la firmeza.

Se llega a convertir el encuentro erótico en un espacio exclusivo para el cuidado del problema o donde sólo se piensa en hallar soluciones

También se llega a evitar el encuentro eróticopara no caer en la frustración o no dejar al otro o a la otra insatisfecha. A convertir el encuentro erótico en un espacio exclusivo para el cuidado del problema o donde sólo se piensa en hallar soluciones. En definitiva, establecer diálogos basados en la culpabilidad, las prisas o las luchas por el protagonismo. Casi nada.
Medicar la cuestión

Desde hace tiempo, las empresas farmacéuticas están ofreciendo una de lassoluciones más eficaces para no preocuparse: pastillas facilitadoras de erecciones normales para la penetración.

Y es que, como señala la sexóloga Beatriz Galiana, "para muchos hombres, el modelo médico se ha convertido en el paradigma dominante para el tratamiento de las llamadas disfunciones sexuales masculinas. Y aunque puedan, en ocasiones, ser una ayuda puntual con la que reducir progresivamente la ansiedad, es importante incorporar otros escena­rios eróticos no coitales".

La terapia sexológica se plantea como otra opción. Dentro de la variedad de modelos existentes (Mas­ters y Johnson, H. G. Kaplan o el de Keith Hawton), se comparte un acompañamiento terapéutico basado en la focalización sensorial, la diversificación de la erótica y la elaboración de fantasías para rescatar a los sexos de la ansiedad, descentralizar el placer, la satisfacción y la relación sexual del genital y ampliar los mapas amatorios.

En la actualidad, es una de las soluciones más frecuentes que se plantean tanto de manera aislada como combinada con el tratamiento farmacológico porque consigue empezar a sacar fuera del encuentro erótico la erección y la cópula.

Y como última solución está no olvidar que la ansiedad en la cama es algo que no forma parte de la biografía de cada persona individualmente, sino que se mueve en un plano sociológico que busca reforzar positivamente a un hombre eróticamente capaz y a una mujer eróticamente atractiva. Entender esto permite darse cuenta de que gran parte de las fantasías y deseos que acabaremos incorporando en nuestra práctica final siguen conteniendo elementos normativos de la sexualidad socializada.

Tener en cuenta las construcciones oníricas desde otras formas, profundidades e intereses puede contribuir a reforzar más allá del tanto o cuánto (duro, penetro), o del cómo veo y cómo me ven, creando narraciones y referentes eróticos para cada uno de los encuentros y no para todos por igual.

Construir fanta­sías y deseos no basados en patrones heteronormativos reduce la ansiedad de la cama, provoca la búsqueda de nuevas fuentes de refuerzo o satisfacción y abre el diálogo entre los sexos. Hablamos, en definitiva, de poner por delante las fantasías sexuales y no los fantasmas sexuales.

Convertir nuestro cuerpo en una nueva superficie donde escribir y reescribir otros discursos, historias, posiciones, políticas...para recuperarlo y arrebatárselo al paradigma heteronormativo dominante es un tema que se abordará en el tallerDescolonizar los deseos grabados en nuestros cuerpos que se realizará este viernes 23 de octubre dentro del Octubre Trans.

Por Catalina Martín psicóloga, sexóloga y miembro del grupo Tensiones Colectivas.
Fuente: Periodico Diagonal

Viagra: erótica en pastillas

Investigado como medicamento para la angina de pecho por su función vasodilatadora, en 1998 empieza a comercializarse la Viagra como facilitador de la erección, restringido a hombres mayores de 60 con diabetes o problemas de próstata. Pronto las compañías farmacéuticas amplían su público a casi cualquier hombre que haya tenido alguna vez dificultades de erección, convirtiéndolo implícitamente en una droga recreativa.

La publicidad ha convertido la Viagra en infalible potenciador de la armonía e intimidad de la pareja, dejando fuera de foco algunas de sus consecuencias: mujeres insatisfechas que parecen necesitar algo más que una erección para disfrutar y hombres que no repiten –la mitad de los que la prueban, según datos de la empresa que la comercializa–.