diciembre 20, 2015

Antropóloga que investigó La Teta Asustada: “Aparte de la violación, no conozco ningún crimen donde le echamos toda la culpa a la víctima”

La antropóloga que inspiró la aclamada película La teta asustada conversó con eldesconcierto.cl de machismo, violación y aborto libre.



Fausta le tiene terror a los hombres y no se ve obligada a enfrentarse a ellos hasta que su madre, que fue violada en grupo mientras estaba embarazada, muere. El miedo de Fausta se conoce en aquellas comunidades quechuas arrasadas por la guerra interna de Perú como la “teta asustada”, el mismo nombre que lleva la película de la cual es protagonista.



El argumento del film de Claudia Llosa, que ganó el Oso de oro en el Festival de Berlín y fue nominada al Oscar, se basa en las investigaciones que hizo la antropóloga Kimberly Theidon, donde habla del miedo de la madre de traspasar su dolor al hijo durante la lactancia. Theidon pasó años en el departamento peruano de Ayacucho, a partir de lo que vio escribió sobre las violaciones que sufrieron mujeres indígenas durante el conflicto armado entre el gobierno de Alberto Fujimori y la guerrilla Sendero Luminoso en la década de los 80. De paso en Chile invitada por el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas para participar en el seminario “Memoria, Conflicto y Coexistencia”, la investigadora conversó con eldesconcierto.cl.

– ¿Existe la teta asustada?

– Sí, absolutamente. Las quechua hablantes hablaron mucho de su temor de contaminar a sus bebés con lo que ellas habían sufrido a través de su leche. Tuve que pensar en cómo traducir la expresión y casi literal es la palabra teta asustada.

– ¿Hay estudios que lo demuestren?

– Es innegable. Hay un estudio hecho en Chile que muestra que mujeres que gestan o dan a luz en barrios con alto nivel de violencia y temor tienen cinco veces más problemas durante su embarazo, en el parto y probabilidades de que sus bebés estén bajo peso. También hay estudios en sobrevivientes del holocausto que ven el trauma intergeneracional. Tanto por la medicina más cosmopolita como desde las biologías locales hay una idea, que me parece de sentido común, de que si una mujer está sufriendo tanto va a tener un impacto en su bebé.

– Las violaciones de las que fueron víctimas estas mujeres eran, por un lado, violaciones masivas de las fuerzas armadas en el gobierno de Fujimori y, por otro, también violaciones perpetuadas por Sendero Luminoso. ¿Qué hay detrás de estas violaciones?, ¿cuál es el objetivo que tienen?

– Hay patrones muy distintos entre las Fuerzas Armadas peruanas y Sendero Luminoso. El Sendero usó violencia sexual, pero más esclavitud sexual, abortos forzados, anticonceptivos forzados y de vez en cuando violación. Cuando se habla de violación grupal es más probable que sea de un ejército estatal, casi el 65% de las mujeres dicen que las violan soldados. ¿A qué se debe?, ¿a la formación castrense? No sabemos, pero siguiendo ese patrón, casi generalizable, en Perú las fuerzas armadas utilizaron la violación para someter a la población civil, para inspirar temor.

La violencia sexual puede ser un arma de guerra, que es un uso estratégico para dominar un pueblo, para inspirar un temor terrible y también puede fragmentar una comunidad. Hay casos en que oficiales en las bases toleraron el uso de violencia sexual contra la población civil o que lo incentivaron.

– Responde a la dominación

– Responde a varias cosas. La violencia sexual puede ser un arma de guerra, que es un uso estratégico para dominar un pueblo, para inspirar un temor terrible y también puede fragmentar una comunidad. Hay casos en que oficiales en las bases toleraron el uso de violencia sexual contra la población civil o que lo incentivaron. También puede ser una violación oportunista; que haya un soldado que ve a una jovencita paseando su oveja… Masculinidad, armas y uso de violencia puede ser una mezcla muy fuerte, a menudo hombres me dijeron “me sentí prepotente con un arma, los demás tenían que hacer lo que yo quería”. Otra de las explicaciones es que “el hombre tiene sus necesidades”. Bueno, podría pagar una prostituta, no tiene que estar con veinte hombres más forzando a una niña de 14 años; hay una diferencia, por favor.

– ¿Qué es lo que más te impresionó de lo que viste en Ayacucho?

– Hay mucha tragedia, dolor en abundancia. Fueron pueblos arrasados, comunidades diezmadas, no hubo comida, animales, huertos. Todos perdieron familiares, a veces en frente a sus ojos, cadáveres que les prohibían enterrar, lo que significó para la gente ver a los perros comiendo los cuerpos de sus seres queridos. Pero cuando cierro mis ojos lo que más recuerdo es que la gente seguía adelante por los sueños de sus niños. Siempre me impactó que muchas madres salían en defensa de sus hijos.

Theidon cuenta que una noche entraron cinco soldados a la casa de una mujer buscando a sus dos hijas. La madre, que sabía perfectamente las pretensiones de los hombres, les dijo que antes de tocarles un pelo a sus niñas tendrían que matarla. A cambio de las hijas, se ofreció ella. Cinco soldados la violaron mientras las hijas miraban todo desde la otra esquina de la habitación. “Cuando cuenta su historia lo hace con odio, pero también con orgullo porque protegió a sus niñas, no lograron tocarlas ni esa noche ni las demás”, dice la antropóloga.

En varias comunidades se asentaron bases militares y de vez en cuando los soldados raptaban personas. Para recuperar a sus familiares o incluso para conseguir algo de comida para sus hijos, muchas mujeres ofrecían sexo a cambio. “Habían llevado a mi hijo, no me importa si eran 20 soldados, yo iba a hacer lo necesario. Y volví con mi hijo con vida. ¿No haría lo mismo usted señora?”, recuerda Kimberly Theidon que le preguntó una de las víctimas.

– Hay heroísmo

– Eso es lo que me impactó. Hay que ver lo que haría alguien para preservar su vida, no solo de ellas mismas, sino de sus comunidades. No reconocemos esos sacrificios como formas de heroísmo, en vez de eso son mujeres estigmatizadas, avergonzadas. Siempre en cualquier plaza latinoamericana hay un hombre encima de su caballo, mi sueño es ver un monumento en la plaza de Huayabamba en Ayacucho a todas esas heroínas cotidianas que salvaron tantas vidas que no podemos cuantificar. Esa podría ser una reparación simbólica.


“No conozco ningún otro crimen donde le echemos toda la culpa a la víctima: “andabas con minifalda”, “andabas provocando”, “andabas borracha”. No brindar acceso a abortos a esas mujeres, a todas, pero enfatizamos en esas, es una injusticia a la mujer y a sus bebés. Es una triple victimización: violación, embarazo y negar acceso a un aborto seguro y factible económicamente”

– ¿Ha habido reparaciones en términos de hacer justicia?

– Nada. A 2015 ningún hombre ha sido ajusticiado, encarcelado. Hay como 600 juicios contra soldados miembros fuerzas seguridad, pero, con excepciòn de un caso, la violencia sexual no figura dentro de los cargos. Se sigue el concepto de que la violación es un crimen común, no cabe dentro de la idea que es –y debe ser- ajusticiado como un crimen contra la humanidad. Hay varias lógicas que van invisibilizando el acto de violencia sexual y construyendo una impunidad total.

– La mayoría de las víctimas son mujeres indígenas, ¿hay una relación con la violación como arma de guerra durante la colonización en América Latina?

– Violar a mujeres indígenas por supuesto que fue parte de la conquista. Pero, ¿hasta qué punto vamos a decir que es la misma lógica de ahora? No me convence. Sí voy a decir que algunas mujeres decían “me violaron como Tupaq Amaru”, (rebelde inca) al que le cortaron la lengua, mataron a su familia enfrente de él. Es una imagen muy fuerte, hay algo de esa historia colonial brutal.

– También hubo una política de esterilizaciones forzadas en el Perú de Fujimori, que según tus investigaciones pretendían disminuir la reproducción indígena, lo que tiene una lógica colonizadora.

– Es la colonización pero también es una lógica contra insurgente: tres de cada cuatro víctimas era quechua hablantes. Y estaban esterilizando al mismo sector; esas campañas de esterilización forzada fueron una forma casi de etnocidio, fue una guerra quirúrgica contra las mujeres. Fue muy coercitivo este proyecto, hicieron estas cirugías sin anestesia, en condiciones poco higiénicas, las amarraron a las camas bajo promesas de comida para los niños. No quiero decir que es la misma lógica colonial, pero sí la idea de que los pobres son pobres porque tienen demasiados niños. Hay un plan de las fuerzas armadas que habla de sectores no deseables que se están reproduciendo incontrolablemente. Es una lógica muy racista y también contra insurgente.


– Este tema de la reproducción también se ve en las violaciones; muchas tienen como fruto hijos de soldados con mujeres indígenas.

– Estuvimos rodeados de esos niños, los soldados dejaron tras de ellos una generación. La gente habla de “los regalos de los soldados”. Es un tema poco estudiado y sumamente importante ¿qué pasa con esos bebés? Hay mucho infanticidio, intentos de aborto con yerbas, palos, tirarse de los techos. Imagina como este acto violento podría marcar el momento de la concepción, durante la gestación y la vida de una mujer, con odio, ambivalencia. Yo respeto si una mujer no quiere prestar su cuerpo por nueve meses bajo ese contexto.

– En Chile se está discutiendo la despenalización del aborto en tres causales. La que genera más polémica es el caso de violación, se argumenta que es difícil demostrar que hubo violación solo con el testimonio de la mujer.

– Si alguien dice que han robado su auto o su casa, no pensamos que está mintiendo, pero cuando hablamos de violación entra la sospecha. ¿Por qué tanta preocupación con que se invente una violación? Es en parte porque echamos toda la culpa a la sobreviviente: “tú andabas con minifalda”, “andabas provocando”, “andabas borracha”. No conozco ningún otro crimen donde le echamos toda la culpa a la sobreviviente, a la víctima. No brindar acceso a abortos a esas mujeres, a todas, pero enfatizamos en esas, es una injusticia a la mujer y a sus bebés.

– En la discusión de esta ley, ¿se le resta importancia a lo que implica para una mujer ser violada?

– ¡Sí! Están opacando el trauma, la rabia, el odio que va a sentir esa mujer. Es un crimen, aun si no resulta en un embarazo, que tiene sus huellas en la vida de cualquier ser humano. La idea de enfocarse tanto en el feto es borrar que este feto está dentro de una mujer. Es una triple victimización: violación, embarazo y negar acceso a un aborto seguro y factible económicamente.

– Dijiste que cuando las mujeres andan con minifalda se considera que andan provocando un abuso. Acá se está discutiendo una iniciativa para regular el acoso callejero, ¿estás de acuerdo con regularlo?

Los piropos… es un acoso sexual, sí. No vamos a poder controlar este problema con una ley, pero es un comienzo porque se está tomando en serio. Hay que pensar por qué los hombres sienten que pueden andar tocando a una mujer en el metro, tener una conversación de cómo estamos criando a los niños que creen que tienen derecho de invadir el cuerpo y el espacio personal de otros, especialmente de las mujeres. Hay que criar a niños que entiendan que eso es inaceptable. Algunas madres son bien machistas: “los niños no lloran”, “tienen que ser hombres”, “está coqueteando ya con las mujeres”. Esos patrones comienzan de muy joven en la casa.

Fuente: El Desconcierto