marzo 03, 2016

Marina Subirats Martori en el Cercle Feminista de Valencia


Dentro del ciclo de conferencias, como espacios de encuentro y debate, que el Cercle Feminista de València viene desarrollando periódicamente en la Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset, se ha contado en esta ocasión con la presencia de la socióloga feminista Marina Subirats i Martori, quien nos ha hablado de la necesidad de educar en igualdad como herramienta y apuesta de futuro por una vida libre de violencia. 

De la mano de Concha Gisbert y Geno Morell, Marina Subirats comenzó su exposición apuntando la necesidad de avanzar en la práctica de la coeducación, una pragmática y unas necesidades que han ido cambiando a lo largo de los años. A finales del siglo XIX, el nivel educativo de las mujeres en España era tan bajo que la gran mayoría no sabían leer ni escribir, y las que acudían a la escuela lo hacían para asistir a lo que se dio en llamar “Costura”, clases para aprender a rezar y a coser. Las mujeres entramos en el siglo XX con un umbral educativo muy bajo y con grandes dificultades para el acceso a la educación y a la titulación universitaria, es decir totalmente marginadas para acceder a la cultura salvo muy raras excepciones.

Por este motivo el primer objetivo de la coeducación fue que las niñas pudiesen ir a la escuela al igual que lo hacían los niños, y además que las escuelas fueran mixtas. Durante la 2ª República se logró un 30% de este tipo de escuelas, que durante el franquismo volvieron a segregarse por sexos.

En la década de los años 70 y durante la transición el objetivo de la escuela mixta se consiguió mayoritariamente y durante los años 80, producto de ese avance, más mujeres que hombres cursaron estudios universitarios, tendencia que se ha mantenido hasta la actualidad, pudiéndose afirmar que se ha conseguido la paridad en la formación.

Cabe preguntarse si habiéndose alcanzado esta paridad, la coeducación ha alcanzado igualmente todos sus objetivos. Profundizando en el estudio de los hábitos y la cultura, nos damos cuenta que vivimos en una sociedad androcéntrica, cuyo eje central es la figura masculina. En la familia, las tradiciones y en los medios de comunicación, se siguen transmitiendo mensajes diferenciados para hombres y mujeres; en esos roles establecidos, el hombre es el personaje principal y la mujer ostenta un papel secundario, y esa separación es la que interiorizan nuestros hijos e hijas desde pequeños. El objetivo de la coeducación pasa por cambiar esas tipificaciones que conocemos con el nombre de géneros, o lo que es lo mismo cambiar los modelos culturales que nos dicen como nos tenemos que comportar en cada momento en función de si somos mujeres u hombres. Estos géneros son perniciosos, como cita Subirats, hasta el punto de que como modelos de comportamiento pueden llegar a matar, y de hecho así sucede cotidianamente.

La coeducación aborda esta tarea planteando en primer lugar la distinción entre el sexo, que biológicamente se da de modo natural en la naturaleza, y esa otra parte que es una construcción cultural y por tanto susceptible de ser modificada y que llamamos género. Una parte, esta última, que si no nos satisface podemos ir cambiando paulatinamente a través de la educación.

En la actualidad un modo de analizar y descodificar estos estereotipos de género, se lleva a cabo a través del estudio de los usos y representación del juguete como icono, a través también del estudio de la hipersexualización de las niñas y a través de la publicidad, que en la edad madura, muestra a las mujeres en no pocas ocasiones como esclavas dependientes y en un papel secundario frente a hombres guerreros, fuertes e invulnerables de los cuales depende la felicidad y el bienestar de las primeras.

Para conseguir acabar tanto con la violencia machista como con la violencia que acusan los hombres y que cada año termina con un elevado número de suicidios, es preciso cambiar determinados modelos. Experiencias educativas, en las que Marina Subirats ha participado, demuestran que niñas y niños tienen interiorizado a los tres años no solo el concepto de género sino también la jerarquía de género; por tanto es necesario si se quieren modificar estos patrones, comenzar a trabajar desde el nacimiento, desde que se adquiere el habla y la capacidad de relación –temas constitutivos de nuestra personalidad- evitando mensajes diferenciadores. Poner en valor lo positivo de la masculinidad y rescatar también los valores de la feminidad para ponerlos a disposición de todas las personas indistintamente de su sexo; que el género no sea una imposición, sino una opción libre y sin condicionamientos, a la que ni tan siquiera tengamos la necesidad de nombrar como género, eso sería lo deseable, y posiblemente la herramienta para acabar con la discriminación.

Esta charla/debate se ha dedicado a la memoria de la profesora Empar Sarabia Fosati, defensora de la lengua valenciana y de la igualdad entre hombres y mujeres, recientemente fallecida.

Febrero 2016 / Crónica y fotografías C.Martínez
La Ciudad de las Diosas