abril 26, 2016

El otro “Vamos Mujer”: Emma de Ramón habla de las organizaciones feministas en dictadura

A propósito de la exposición “Nos/otras: en la calle, en la casa y en la cama”, que trata sobre la lucha de organizaciones feministas durante la dictadura, la directora del Archivo Nacional, Emma de Ramón, conversó con eldesconcierto.cl sobre las lecciones que se toman de esos movimientos, el estado de avance de los derechos de la mujer en la actualidad y cómo éste se compara al precario avance de una legislación efectiva para los grupos LGBTI.


El discurso de una pobladora a Juan Pablo II en su visita a La Bandera, decenas de revistas y boletines con consignas como “No solo queremos dar vida, queremos cambiarla”, escritos de educación sexual y viñetas donde las mujeres pueden dibujar su rutina laboral, desde el momento en que despiertan hasta que se duermen. Son algunas de las cosas que se pueden encontrar en la exposición “Nos/otras: en la calle, en la casa y en la cama”, que se encuentra en exhibición en el salón Los Conservadores del Archivo Nacional Histórico hasta el 14 de mayo.

Entre las publicaciones se encuentran boletines de La Morada, La Boletina, La Voz de la Mujer. Un reportaje sobre violación sexual y un afiche que aglomera distintos titulares sensacionalistas en torno al género femenino son parte de las publicaciones de la revista “Vamos Mujer”, llamada igual que la canción de la Cantata Santa María de Luis Advis. Igual, también, que el nombre que escogió el conglomerado de derecha Chile Vamos para su referente femenino, liderado por la esposa de Sebastián Piñera, Cecilia Morel.

Emma de Ramón, directora del Archivo Nacional–que organiza la instancia junto a la Dibam- habló con eldesconcierto.cl sobre esta iniciativa y otras temáticas. Admite que le encanta la estética de estas publicaciones y se declara una seguidora de la feminista Julieta Kirkwood, que está citada a lo largo de toda la exposición e incluso hay una foto de ella siendo detenida por carabineros. Asegura que el análisis que Kirkwood hace en su libro “Ser política en Chile”, de la historia de la mujer y su devenir desde el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (Memch) en adelante, no ha sido superado hasta ahora.

¿Cómo se puede analizar hoy la importancia de los movimientos feministas en dictadura y la rotura de silencio que significaron?

-La importancia de esta exposición es que muestra un plano poco difundido de la resistencia a la dictadura y que son los movimientos de mujeres, muchos de ellos absolutamente autónomos que después de muchos daños de silencio pusieron una voz desde las reivindicaciones de las mujeres en Chile. Un lema que se repite tantas veces, pero a la vez es tan asertivo, es el de: “Democracia en el país y en la casa”.

¿Qué rol jugaba la izquierda en esto?

-De alguna manera los movimientos de izquierda habían puesto su énfasis en que una vez que se terminaran las diferencias de clases y triunfara la revolución, todas las diferencias entre las personas iban a terminar. Las mujeres nos insertamos dentro de ese universal masculino de la superación de las diferencias sin darnos cuenta de que en realidad iban a terminar para los hombres pero no necesariamente para las mujeres, que seguiríamos con una serie de vulneraciones prácticamente estructurales dentro de la sociedad: trabajos de menor responsabilidad, con menores sueldos, con la doble jornada del trabajo y de la casa. Íbamos a seguir siendo, como decía Belén de Sárraga, “las esclavas del esclavo”.

¿Cree que hay cierta hipocresía de parte de estos movimientos?

-Es que el machismo y el patriarcado son una forma de alienación. Hay roles tan naturalizados que a veces los hombres no se dan cuenta. Muchos compañeros creyeron que éramos dadas para labores como el bordado, cuando no es así, tal como no a todos ellos les gusta ser unos tigres devorando y agrediendo a todo el mundo. En esa época estábamos tan imbuidos con temas como la revolución que no éramos capaces de ver el problema de género que estaba detrás de todo esto.

¿Cómo se combate el tema de la doble jornada laboral?

-Las labores domésticas son cosas que todos tenemos que hacer. Muchas veces en parejas de amigos veo que el hombre dice “pero si yo te ayudo siempre”. Justamente esa concepción de “ayudar” en labores de la casa no es así, sino ser coprotagonista y entender que los hijos son tanto de ellos como de ellas y que hay que repartirse las labores. Todos deberíamos tener una doble jornada, ahí no está bien pelado el choclo.

En la jornada laboral no doméstica tampoco lo está.

-Tampoco. Hay una tendencia a considerar que las mujeres tenemos menos capacidades que los hombres y que por lo tanto merecemos trabajos más modestos, en los que se gana menos. A las niñas desde pequeñas les dicen “usted no se preocupe por esto”, las acostumbran a “ser más tontas”, cuando no lo son. Y a los niños al contrario los hacen ser más inteligentes, más agresivos, más competitivos. Y por eso se enfrentan al mundo de diferentes maneras. La desigualdad está también en las formas de crianza.

En la exposición se habla mucho de la unidad de las mujeres, ¿cómo se genera? Por ejemplo, recientemente en Ovalle la madre de una víctima de un femicidio frustrado prefirió solidarizar con el victimario.

-Pero también se han escandalizado con el tema medios de comunicación, organizaciones de mujeres. Sobre todo con la justificación. La mamá de esta mujer anda a saber por qué considera que su hija es una suelta o lo que sea, y que merece ser castigada. Antiguamente se naturalizaba una pulsión sexual más aumentada en hombres que en las mujeres, que eran unas putas si acaso deseaban a otro hombre. Hoy la legislación sobre femicidio entiende la violencia como un problema global, y el deseo es algo que también existe en nosotras. Si algún día estabas en un mal día -o un buen día, no sé cómo se podrá definir- y engañaste a tu pareja, eso es una responsabilidad personal.

En el parlamento también se cuestiona el tema de la unidad de las mujeres al discutir sobre aborto.

-Bueno las mujeres no tenemos por qué todas pensar igual. El punto es que el Estado no tiene que meterse en el aborto, sobre todo antes de ciertas semanas de gestación. Es una decisión absolutamente personal que en todos los casos te va a marcar, tú debes decidir. Ahora, lo peor era tener el debate escondido, donde nadie opinaba y se hacían abortos igual. No era algo difícil, pero sí muy caro. Por lo tanto significaba que una mujer pobre no podía costearlo. Había mujeres con más derechos que otras.

Ese componente de clase también se ve en las marchas sobre el tema.

-Ah bueno es que la clase alta chilena es muy conservadora. Obviamente iba a protestar contra la despenalización, algo que no comparto. Sobre todo por las causales, a mí me parece una crueldad obligar a una mujer que tiene un feto inviable tenerlo durante nueve meses. Lo mismo una mujer que ha sido violada, que por lo general se da por parte de gente cercana. Son situaciones insostenibles para una sociedad civilizada. No es posible dejar a las mujeres con esa carga.

Comparando los avances de este debate con el de los derechos de la diversidad sexual, ¿cómo va la cosa?

-Desde el retorno a la democracia ha habido solamente tres iniciativas legales que se pueden entender dentro de los derechos de la diversidad sexual; la abolición de la sodomía, en los años 90; la famosa ley Zamudio, que salió lamentablemente debido a la muerte de una persona en circunstancias horrorosas; y el Acuerdo de Unión Civil que en realidad no nos favorece estrictamente a los gay y lesbianas sino que a cualquier pareja que conviva y no quiera casarse. No podría decir que en casi treinta años de democracia eso sea un gran cambio: Un proyecto cada diez años, y tampoco son grandes proyectos que pongan de patas para arriba a la sociedad chilena, ¿no?

¿Cuáles son las principales deudas que tienen estos gobiernos?

-En primer lugar la ley de identidad de género. Si un hombre se siente una mujer, que pueda decidir un cambio de sexo. Es un poco el mismo derecho a la administración del poco cuerpo. Siempre pienso que hay una contradicción tremenda: Tú puedes ir hoy a un médico y que te transforme completamente, pero anda a querer cambiar tu sexo. Queda la escoba y se ríen de ti. De ese proyecto no hay nada de nada, básicamente porque la senadora Van Rysselberghe cuando asumió la comisión de Derechos Humanos se opuso absolutamente a verlo. Una sola persona, prejuiciosa, tuvo la capacidad de atajar una legislación sin que nadie le dijera nada.

¿Qué otros temas pendientes hay?

-Otra deuda es el matrimonio igualitario, que con Iguales estamos tratando de tirar adelante ese proyecto este año. Además está el tema de la adopción de los hijos. Una cosa es casarse, pero hay muchas parejas que tienen un hijo biológico de uno solo de los miembros, mientras el otro es copadre o comadre. A la hora de que ellos se separan los niños quedan sin derecho a mantención y tampoco a visita, por lo que son los propios niños los que están en una desventaja enorme frente a los hijos de padres heterosexuales. Basta tener un hijo y cualquier hombre puede ir y reconocer ese hijo, sin siquiera ser el padre biológico, solo con el hecho de ser el compañero de esa mujer.

Luego de su experiencia personal con el caso de la jueza Karen Atala, ¿cómo ves los juicios que se hacen desde el parlamento y otros sectores al tema de la crianza?

-Cuando esta lucha empezó hace más de diez años la sociedad chilena era incluso más pacata de lo que es hoy día. Hoy ya parlamentarios y la sociedad están más a favor del tema. La gente se ha dado cuenta de que no somos ningunos monstruos, que estamos por todos lados y que probablemente somos sus vecinos. No hay nada diferente con esos niños, y los maltratadores son más bien heterosexuales que homosexuales.

¿Los archivos y la memoria cómo aportan a esta lucha?

-Poco aportan porque el mundo gay está tan oculto siempre. Toda la gente tiene mucho miedo. No me ha sido posible sacar mucha documentación, hay alguna aquí pero es muy menor con respecto a los grandes silencios que hay al respecto. Te puedo decir que desde la época más antigua existían gays y lesbianas, disfrazados de ignorancia, o también de depravación y de ahí seguidito hasta acá, esto es una realidad que existe de siempre y seguirá existiendo. Como dice Lemebel tan lindo: “Siempre van a nacer niños con una alita rota”.

Fuente: El Desconcierto