abril 05, 2016

Roles y brechas de género: De la percepción a la (no) remuneración

Foto: Ruprecht Von Kaufmann

El sexo está determinado por las características biológicas con las que el ser humano nace. El género es una construcción social de lo masculino y lo femenino en una cultura, época y sociedad determinada. Humanum Colombia les trae un análisis de cómo estas construcciones derivan en un sistema sexo-género, el cual se compone de un conjunto de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores que las sociedades elaboran a partir de las diferencias sexuales. Todo esto tiene un impacto inminente en los roles de cada uno en la sociedad y finalmente en situaciones de discriminación y desventaja en el mercado laboral, entre otros.

Las reglas del juego que determinan las formas de trabajo deben proveer una respuesta dinámica a los retos que imponen los hitos laborales. La idea del trabajo en los nuevos tiempos implica necesariamente incorporar un enfoque género, por medio del cual se mire la realidad desde otro lugar y se promueva el cuestionamiento de lo aprendido a través del tiempo y asumido como “natural”.

La identificación de estereotipos de género en roles y tareas cotidianas y por consiguiente el entendimiento de sus consecuencias, contribuye a la formulación de mecanismos para superar estas brechas.

Roles de Género

Los roles de hombres y mujeres son instaurados desde la niñez como un deber ser según su sexo. Esto querría decir que hay ciertas actividades y hábitos que son socialmente adquiridos a través de la educación

Disparidades en la participación de mujeres y hombres en el Mercado Laboral

Las brechas de género se materializan en rupturas y distancias ocasionadas por el tratamiento desigual que viven diariamente las mujeres y los hombres debido a la diferencia en la valoración de lo que supone “masculino”. Estas brechas son bastante visibles en el mundo educativo y el ámbito laboral. 

Las mujeres tienen mayor desempleo, mayor informalidad, menor proporción entre la población económicamente activa y la brecha salarial las desfavorece de modo general. El tipo de ocupación y rama en la que se emplean, explica en cierta medida la situación de pobreza diferencial.

Aun cuando las mujeres son más en cantidad de personas en edad de trabajar, participan menos en el mercado de trabajo. En 2002, la tasa de desempleo desagregada por sexo era 12,4% para los hombres mientras que para las mujeres era 20,1%, con una brecha de 7.7 puntos porcentuales; la tasa nacional era del 15,5%. Doce años después, en 2014, la tasa de desempleo masculino disminuyó llegando a 7%, mientras la de las mujeres fue de 11,9%, evidenciando una brecha de 5 puntos porcentuales. 

La informalidad no presenta avances en el último año, afectando especialmente a las mujeres, donde se mantiene la brecha de casi 7 puntos porcentuales; el porcentaje de hombres con empleo informal se aproxima a la estadística nacional (47% en hombres versus 45% total nacional), pero la informalidad en las mujeres se encuentra en el 52%.

Trabajo remunerado versus trabajo no remunerado

El trabajo remunerado, o productivo, es aquel al que se le adjudica valor y capacidad de transformar los recursos en bienes y valores transados en el mercado; usualmente los hombres son quienes ocupan este tipo de trabajos. El trabajo no remunerado es aquel donde las tareas están orientadas a garantizar la supervivencia de la fuerza de trabajo; sus aportes a la económica han sido invisibles y usualmente es visto como una obligación inherente a la mujer.

Aunque las mujeres son en proporción mayoría entre la población en edad de trabajar, su participación en el mercado laboral sigue siendo menor. Esta diferencia bien puede atribuirse a la mayor carga de trabajo (medida en tiempo y días) que tienen las mujeres con el trabajo no remunerado que termina limitando su presencia en el mercado de trabajo o disminuyendo sus posibilidades para buscar empleos que se ajusten a sus condiciones.

De acuerdo con la encuesta nacional del uso del tiempo realizada por el Departamento Administrativo de Estadística (DANE), en el 2013 una mujer trabajaba en promedio 50.61 horas a la semana en tareas no remuneradas, los hombres 21,7 horas. La diferencia promedio son 29 horas más para la mujer. Tener personas a cargo reduce la oferta laboral de las mujeres en un 17,5% la de los hombres tan sólo en un 2%. La casi totalidad de las mujeres en Colombia, realizan actividades de cuidado: 57,7% de los hombres versus 87,7% de las mujeres.

Cuando miramos este fenómeno, no solo se trata de la brecha como tal si no la intensidad de la misma; en los segmentos de la población donde el cuidado en el hogar es más necesario, el porcentaje de hombres cuidadores es de 4,4% versus 29,8% de mujeres. Al hacerse más intenso el cuidado, la participación de las mujeres es casi 7 veces más baja que la de los hombres. Esta situación exacerba la limitación para las oportunidades que tienen las mujeres de empleos formales, fijos y mejor remunerados.

Esta distribución por sexo entre las personas económicamente inactivas es de 34% en promedio más alto para mujeres que para hombres. De las mujeres consideradas como inactivas, el 57% realizan oficios del hogar, un 30% estudian y el 10% restante se dedican a otras actividades o son incapacitadas permanentemente (2%). De los hombres inactivos, el 60% estudian, un 28% se dedican a otra actividad, y el resto se dedica a oficios del hogar (7%) o es incapacitado permanentemente (5%).

La existencia de un cónyuge en los hogares masculinos brinda la posibilidad de tener un mejor trabajo o estar más tiempo en su ocupación, aumentando la posibilidad de mejorar sus ingresos. Por su parte, las mujeres jefes de hogar deben asumir el doble rol que dificulta aumentar sus horas de trabajo y por ende sus ingresos, especialmente porque son trabajos informales.

Brecha en Ingresos

La brecha de ingresos salariales se mantiene constante; las mujeres reciben solo un 82% de los ingresos laborales percibidos por los hombres, cifra que se mantiene entre 2014 y 2015.

Los años promedio de educación de la población entre 15 y 24 años siguen siendo favorables para las mujeres, sin embargo no permiten una mejor absorción en el mercado de trabajo. Con respecto al salario promedio mensual de la población ocupada según nivel educativo, se observa de modo general que la brecha – en cuanto a su dinámica y magnitud – se mantiene como una constante y que en ningún año y para ningún nivel educativo las mujeres ganaron más que los hombres.

Existe una brecha salarial entre hombres y mujeres en detrimento de estas últimas en todas las ocupaciones, siendo más severa en comercio y servicios (70% de lo que ganan los hombres). Aún entre funcionarios públicos en cargos directivos en promedio las mujeres ganan solo un 80% de lo que ganan los hombres. En el sector de trabajo doméstico, el salario promedio mensual de las mujeres empleadas es en promedio el 63% que el de los hombres pese a que estas representan un 90% de los trabajadores de este oficio.

En las ocupaciones que son tradicionalmente femeninas aunque los hombres perciben más ingresos en la misma ocupación, reafirmando la existencia de brechas de género que se asientan en el supuesto que por igual trabajo al de los hombres, las mujeres perciben menos salario y los trabajos decodificados como femeninos cuando son desempeñados por hombres son valorados más positivamente.

¿Cómo se relaciona la igualdad con la productividad y la competitividad?

En las empresas, la desigualdad de género afecta la eficiencia de las mismas. En teoría, los puestos de trabajo deben ser ocupados por los individuos más competentes y capacitados. Sin embargo, en razón de la desigualdad de género este supuesto se incumple, con el consecuente detrimento en la productividad. Estudios evidencian una correlación positiva entre la participación femenina en cargos directivos y el desempeño de la empresa. Estimaciones señalan que compañías con representación femenina en los comités ejecutivos tienen retornos 47% más altos que aquellas que no la tienen[1].

La empresa que implementa un sistema de igualdad de género, mejora su productividad, el clima laboral, la imagen de la organización y se posiciona como una empresa innovadora.

Por otra parte, cerrar la brecha de empleo entre hombres y mujeres mejoraría la economía mundial, incrementando el PIB Norteamericano en alrededor de 9%, el de la Eurozona en 13 % y el de Japón en 16% pues las mujeres son más propensas a invertir en educación y salud que los hombres[3]

Requisitos para promover la equidad laboral con enfoque de género

  1. Prevenir la discriminación e inequidades en el ámbito laboral por razones de género
  2. Reducir las brechas de desempleo por razones de sexo y la segregación laboral de género
  3. Reducir la informalidad concentrada en las mujeres
  4. Promover y fortalecer el dialogo social y generar mecanismos de vigilancia, control y seguimiento a indicadores de brechas de género en lo laboral.

Notas:

[1] (McKinsey and company, 2013) en “Woman Matters”
[2] (Daly, 2007) en “Gender Inequality, Growth and Global Ageing”
[3] “The Global Gender Gap Index 2014: The case for gender inequality”

La información estadística utilizada para la elaboración de este artículo proviene del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE)

Para mayor información contactar a Mónica Cortés del Proyecto de Equipares del PNUD a monica.cortes@undp.org Carlos Acosta del equipo de Objetivos de Desarrollo Sostenible del PNUD a carlos.acosta@undp.org

Fuente: América Latina Genera