mayo 29, 2016

Bella, recatada y del hogar: el machismo político y mediático en Brasil

En medio del huracán político que sacude a Brasil, los medios brasileños conservadores alaban a la esposa del nuevo vicepresidente como el prototipo deseable de la mujer en política: la consorte discreta y elegante, en contraste con el modelo que encarnaba la presidenta destituida Dilma Rousseff.

Manifestación contra la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y donde se reclamaba también la destitución de Eduardo Cunha, presidente de la Camara de los Disputados, quién abrió el proceso a principios de diciembre./ Antonello Veneri.

Marcela Temer es considerada una mujer afortunada porque su marido reserva todo un restaurante para que ellos dos cenen en intimidad, bajo la única mirada de sus guardaespaldas. Se la considera además bella, elegantísima y recatada, con preferencia por los colores claros y las faldas por debajo de la rodilla. Madre de un hijo y en búsqueda del segundo, tiene 32 años y se la describe como una mujer del hogar que aparece poco en público. Se dedica a cuidar de la casa, del hijo y de ella misma. Según su peluquero, Marcela “tiene todo para convertirse en nuestra Grace Kelly” (famosa actriz que abandonó su carrera cuando estaba en la cresta de la ola para casarse con el Príncipe Raniero de Mónaco, pasando a ser un mito del cine a una imagen de princesa y esposa ejemplar). Mientras tanto, Michel Temer, 43 años mayor que ella, trabaja en Brasilia hasta la extenuación y al final del día suele fumarse un puro mientras se bebe un vino para “sumergirse en otro mundo” viendo los videos de su hijo, que vive con Marcela en São Paulo.

Aunque estas líneas bien podrían encajar en una pieza de prensa rosa donde los lectores buscan informaciones de la vida de gente famosa, no es el caso. Estas afirmaciones sobre la vida de Marcela Temer son obra de la conservadora y popular revista brasileña Veja, que el 18 de abril publicó un artículo titulado ‘Marcela Temer: bella, recatada y del hogar’ y que está dando mucho que hablar en un país que presenta una de las coyunturas social y política más complicadas de su historia (Leer el artículo original completo).

No sabemos si la Marcela que la revista presenta es real y si lo fuera no es el objetivo en ningún momento juzgar su estilo de vida. Sin embargo, sí considero de interés público la imagen que uno de los medios de comunicación más difundidos del país dibuja sobre cómo deberían ser las mujeres en la política justo en el momento previo a que la presidenta del país, Dilma Rousseff, fuese destituida.

Dilma, con 68 años, no encaja exactamente en los cánones de belleza establecidos. Fue activista y guerrillera contra la dictadura militar brasileña que comenzó en 1964 y a sus 23 años fue presa y torturada por el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el mismo al que Jair Bolsonaro, militar de reserva y actual diputado por el Partido Progresista, rindió homenaje y dedicó su voto el pasado 17 de abril, cuando la Cámara de los Diputados acabó aprobando la primera fase de destitución de la presidenta tras obtener mayoría de votos a favor. Dilma, que no destaca por su belleza ni por su recato, tampoco es especialmente “del hogar” sino más bien una mujer de la lucha, hecho que incomoda a muchos de los políticos brasileños, casi todos hombres. “Las mujeres que están allí fuera, que no son feministas como muchas de aquí, las mujeres de verdad que se esfuerzan por sobrevivir, no quieren empoderamiento. Ellas quieren ser amadas. Ellas quieren ser cuidadas”, afirmó el pasado 28 de abril Flávio Augusto da Silva, diputado por el Partido Socialista Brasileiro (PSB), durante la votación para la creación de una Comisión de Defensa de los Derechos de la Mujer, a la que obviamente él se oponía.

En este contexto político, generalmente machista, Veja retrata un perfil de mujeres políticas más recatadas que empoderadas y habla de Marcela como “la casi primera dama”, previendo la destitución de Dilma a través del impeachment aprobado definitivamente el 12 de mayo en el Senado y que aparta de su cargo a la presidenta provisionalmente durante los seis meses en los que el Tribunal Superior de Justicia evaluará las acusaciones por un supuesto maquillaje de cuentas públicas. Aunque esta maniobra fiscal ha sido comúnmente usada en otros gobiernos, nunca había sido investigada. Al no haber crimen para proceder al impeachment, el proceso es considerado por una gran parte de la opinión pública como un golpe institucional hacia Dilma, quien además está libre de corrupción por el momento (a diferencia de los 352 diputados que votaron su destitución y que están acusados de implicación en el caso Lava Jato, el mayor esquema de corrupción de la historia de Brasil). Temer, quien ha tomado la batuta del gobierno, plantea rigurosos recortes fiscales junto con la abolición del Ministerio de la Mujer, el de Derechos Humanos y el de Igualdad Racial, todos ahora integrados en el de Justicia.

Días después de que Lula fuese acusado de supuesta implicación en el caso de corrupción Lava Jato, unas 100.000 personas ocuparon la céntrica Avenida Paulista contra el ‘golpe institucional’ y en apoyo al Partido de los Trabajadores y al gobierno de Dilma Rousseff./ A.V.

No es casualidad que Veja -que ya ha sido previamente cuestionada por su sesgado posicionamiento político y económico de corte conservador (además de por anteriores tratos machistas)- publicase este artículo sobre Marcela Temer en pleno periodo de votación de la destitución. Según la opinión crítica de la izquierda brasileña, Veja forma parte del denominado “partido da prensa golpista” (Partido da Imprensa Golpista, PIG) junto con otros grandes medios como O Globo, acusado de haber apoyado el golpe de Estado militar de 1964 cuando consideró que era la mejor opción para el país y que, a día de hoy, repite estrategia animando la campaña mediática para la destitución. Sin embargo, lo último que la revista Veja esperaba es que su artículo fortaleciese una gran ola de protestas feministas.

La contestación comenzó en las redes, donde se han difundido diversas campañas mediáticas tanto en Brasil como en el extranjero con imágenes de mujeres y hombres cuestionando, e incluso resignificando, los conceptos “bella, recatada y del hogar”. Posteriormente la indignación se trasladó a los espacios públicos. “Ni recatada, ni del hogar, yo voy a la calle a protestar” fue uno de los eslóganes que atrajeron a miles de mujeres a organizarse en varias ciudades del país. Se pidió también la dimisión de algunas figuras emblemáticas del machismo en la política brasileña, entre ellos, Eduardo Cunha, expresidente de la Cámara de los Diputados desde que el pasado 5 de mayo el Tribunal Superior Federal lo destituyese por acusaciones de corrupción. Aferrado a sus creencias evangelistas, Cunha afirmó anteriormente que el derecho a aborto no se aprobaría “ni por encima de su cadáver” y propuso vetarlo incluso en caso de violación, propuesta que afortunadamente se estancó. También se reclamó la dimisión de Jair Bolsonaro por homenajear a un coronel responsable de violar, matar y torturar a miles de personas durante la dictadura, entre ellas a Dilma.

De cierta forma, y sin quererlo, Veja ha contribuido a la reflexión feminista brasileña que cuestiona la forma en la que los medios de comunicación representan a las mujeres: contra la apología mediática al recatamiento y en reivindicación a la libertad de ocupar los lugares políticos que les apetezca. “Las mujeres son del hogar, de la calle, de la lucha y de donde quieran” coreaban las feministas que fueron a protestar frente al Congreso Nacional de Brasilia contra el golpe mediático y judicial contra Dilma (consulta el video y las fotos de la acción).

La camada política machista de Brasil parece haberle ganado un primer pulso a la democracia brasileña: Dilma ha sido apartada de su cargo hasta nuevo aviso de la justicia que investiga el proceso y Temer reconfigura el gobierno con ninguna mujer en los ministerios (un hecho que no se daba en Brasil desde 1974). Sin embargo el movimiento feminista no parece rendirse y sigue ocupando las calles para manifestarse. Para las feministas, el espacio político es la calle, las armas las palabras, la motivación, el empoderamiento y el resultado una larga primavera feminista. Muchas voces ya no quieren callar más contra las opresiones de un patriarcado político que nunca aceptó tener una mujer como presidenta.


Por Luna Gámez
Fuente:Pikara