agosto 20, 2016

Las ideologías de la voz

La voz masculina se ha considerado en la cultura occidental como la de la autoridad y la razón; la femenina, en cambio, se ha tratado de controlar desde la antigüedad hasta hoy, relacionándola con los trastornos. El artista Jaume Ferrete Vazquez estudia la relación entre voz, género y poder. Invita a reflexionar sobre lo que la voz dice y sobre lo que también hace.

La famosa escena en la que Ariel pierde su voz

Lia es una sirena a la que la gente que atiende y contempla. Como Ariel, Lia no habla, pero necesita cuidados. Necesita que le viertan agua por encima de vez en cuando, o que la carguen para transportarla, porque no tiene piernas. Ella no puede hablar pero se hace entender con una sonrisa, con gestos para atraer a quienes la observan. Si el canto de las sirenas hipnotizaba a los marineros hasta llevarlos a la muerte, Lia logra comunicarse por medio del cuerpo para atraerlos igualmente. Pero, aunque permanece muda, en algún momento decide hablar y recuperar su voz dulce y grave.

La artivista mejicana transexual Lia La Novia Sirena ha decidido mantener su voz masculina a pesar de que podría trabajarla. Quiere utilizarla, sin embargo, como ejemplo activo y artístico de las jerarquías de género que se dan también en el tono y el timbre. Así lo explica el catalán Jaume Ferrete Vazquez, artista que estudia precisamente eso, la relación entre voz, género y poder es decir, las ideologías de la voz. Lo que la voz no sólo dice sino que también hace.

“La sirena es un animal trans, mitad mujer mitad pez. Hay que destacar que la sirenita, para convertirse en mujer completa y ganarse a su hombre, tenga que perder la voz”, señala Ferrete mientras, de fondo, un vídeo repasa la escena clave en que Ariel pierde su voz, en las versiones en distintos idiomas. Esa voz que es perfecta, dulce y cálida, femenina, no es exactamente igual en todas las lenguas, lo cual es un reflejo de que el tipo de voz que consideramos adecuada tiene influencias culturales.

La voz tiene formas de hacer que se corresponden con distintas ideologías. “Entiendo que voz y género están relacionados. Desde la teoría y los activismos feministas se ha trabajado mucho sobre las voces de las mujeres. Sobre los discursos que desde el patriarcado se producen sobre las voces de las mujeres. Discursos que leen esas voces desde lo animal, lo excesivo. Como voces con un potencial subversivo que ha de ser contenido”, afirma el artista. Su obra se enmarca en lecturas como la de El género del sonidode Anne Carson y pretende jugar con la voz como constructo cultural. En uno de sus últimos trabajos realizado con el Museo Reina Sofía, Ecolalias, ya se adivina algo de esta teoría: “El timbre vocal no es el resultado de un cuerpo esencial, es el resultado de una performance habitual que ha moldeado el cuerpo físico” (cita extraída de este texto de Nina Eidsheim).

Se espera que la voz lo diga todo de una persona: género, orientación sexual, clase. Durante la Matanza de Perejil en República Dominicana, en la que el dictador Trujillo quería limpiar la frontera de haitianos, las tropas obligaban a los habitantes decir la palabra perejil. Si el sonido no era el correcto y denotaba un acento haitiano, eran matados en el acto. Frente a esta violencia de las ideologías de la voz, Ferrete explora la voz como un proceso, un sonido que no está ligado necesariamente a un determinado cuerpo, sino que es una construcción cultural. El artista propone un ejemplo para mostrar esta construcción: ciertos cantantes latinos (como Romeo Santos) tienen la voz aflautada y dulce, aniñada, pese a lo cual se entienden como símbolos de masculinidad heterosexual. Es decir, la aceptación de un timbre y su asignación en el imaginario dependen mucho del discurso y de que éste se haga habitual, y no de una relación necesaria entre voz, sexo y género. Sin embargo, la cultura occidental dominante, desde los griegos, ha tratado de controlar el tono de voz de las mujeres. “Poner una puerta en la boca femenina ha sido un proyecto importante de la cultura patriarcal desde la antigüedad hasta la actualidad. Su táctica esencial es una asociación ideológica del sonido femenino con la monstruosidad, los trastornos y la muerte”, escribe Carson. La autora salpica su texto de ejemplos literarios donde la voz de la mujer es acallada porque molesta.

“Aristóteles nos dice que la voz aguda de la mujer es una evidencia de su inclinación malvada, porque aquellas criaturas que son valientes o justas (como leones, toros, gallos y hombres) tienen voces profundas y amplias”, señala Ferrete siguiendo a Carson. La misma Margaret Thatcher trabajó su timbre para hacerlo más grave cuando se preparaba para ser primera ministra, logrando estar entre la media masculina y la femenina. La filósofa y socióloga Marina Subirats explicaba, así mismo, cómo hablaba de forma más grave para mostrar más autoridad. De hecho, el estigma vocal no sólo se da en la voz femenina, sino en todas aquellas voces de quienes no se ajustan al modelo o en torno a las cuales se realiza un discurso de desprestigio.

Reivindicar la voz que se considera como enferma es lo que Jaume Ferrete pretende poner en relieve con este ejemplo de Entorno a la silla, proyecto de auto-construcción desde la diversidad funcional. Como se ve en los siguientes vídeos, el poema Cualquier Sistema de Leonard Cohen cambia según quién lo lea. Constantino Romero, la voz de Dios, la autoridad, frente a Oriol Roqueta, abogado con parálisis cerebral parcial y participante del Taller de Vida Independiente y en el documental Yes, we fuck! En la voz de Roqueta las palabras de Cohen trascienden sus propios versos, llenando de significado la idea de que cualquier sistema que sea creado sin nosotros –aquellos que tenemos diversidad funcional–, será derribado. Todo sistema que se piense para nosotros sin nuestra participación, será demolido. “Nada sobre nosotrxs sin nosotrxs”.

La metáfora del cuerpo

Mabel Gardiner Hubbard, mujer de Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono, era sorda y pidió a su marido que le enseñara la lengua de signos, que él conocía. Pero el inventor se negó alegando que el uso de ese lenguaje era pernicioso y que la única forma adecuada de comunicación era transmitir el pensamiento sin traducirlo a ningún otro lenguaje. “¿Qué es eso tan pernicioso de la lengua de signos?”, se plantea Anne Carson. Para alguien como Graham Bell, “según el orden patriarcal heredero del modelo griego clásico”, lo extraño es exteriorizar lo que está en el interior cuerpo a través de una lengua que no corresponde al logos. Es decir, transmitir sin haber filtrado previamente lo que el cuerpo guarda en su interior a través de la razón. “Es curioso que la mayoría de sordos no son mudos, pero se les llama sordomudos, se les quiere sin voz”, señala Ferrete, que ahora está trabajando, precisamente, en el proyecto Voz Sorda con Tabakalera de Donostia para la capitalidad cultural.

La filosofía occidental, siguiendo la teoría platónica, entiende que la realidad sensible, la que percibimos por los sentidos, tiende a esconder la verdad. El ejemplo clásico para ilustrar esta confusión es el de un palo que está introducido en el agua hasta la mitad. La vista percibe un palo doblado, pero la razón nos dice que es una ilusión óptica, que realmente el palo es recto. Frente a esta idea, ciertas filosofías que han tratado de dar cabida a otras formas de conocer, han reivindicado lo corporal frente a la razón pura. “Entiendo el cuerpo como una metáfora. La voz, que siempre se ha considerado como inmaterial, es en realidad cuerpo, materia, te golpea la oreja, es física. Pero se ha relacionado con el alma, con el logos, uniendo voz a pensamiento. Pero la voz es carne en movimiento”, señala Ferrete. Y añade “La voz oral es cuerpo, no es inmaterial. Igual que la de signos, pero no se reconoce así”. La voz de la mujer también ha sido considerada como carnal, corporal. Según explica Carson, Freud entendía que, siguiendo el paradigma griego clásico, las mujeres no tenían la medida de la ética en sí mismas, por lo que actuaban bien cuando seguían lo que la sociedad consideraba como adecuado. Y eso estaba relacionado con la moralidad, es decir, en gran parte, con la castidad. Es más, en las teorías médicas y anatómicas de griegos y romanos se entendía que la mujer tenía dos bocas, el orificio vocal y el sexual, ambos conectados al cuerpo mediante un cuello. Basándose en este axioma consideraban poder entender lo que ocurría con una mujer sólo por su voz. Por ejemplo, la pérdida de voz temporal se relacionaba con un exceso de sangrado menstrual o con su bloqueo, y la pérdida de la virginidad se consideraba que ensanchaba el cuello o cérvix conector, provocando un tono más profundo.

En esta visión logocentrista del mundo, el pensamiento se da en la oralidad masculina, pero no sólo eso, se da en la oralidad como lo presente. La mujer es así lo no presente, lo que es representado por otro –el hombre–, que tiene no sólo voz, sino también voto.

La escucha como acción política

Esquema de la ponencia sobre las ideologías de la voz de Jaume Ferrete./ Txelu Balboa

La comandanta zapatista Esther se expresó así en su discurso en el Congreso mexicano: “La palabra que traemos es verdadera. No venimos a humillar a nadie. No venimos a vencer a nadie. No venimos a suplantar a nadie. No venimos a legislar. Venimos a que nos escuchen y a escucharlos”. En una sociedad donde la comunicación es un valor, lo importante no es sólo tener voz, sino que ésta sea escuchada. “La escucha puede ser pensada como una práctica políticamente instituyente. Me gusta la idea de escuchar como ‘entregar la oreja’, ‘poner el cuerpo’, pasar a la otra por el propio cuerpo. La escucha como la capacidad de ser afectada por la otra”, dice Ferrete siguiendo al artista y escritor Brandon Labelle.

Cuando la comandanta es capaz de hacerse oír desde el Congreso se da una acción política. No es una escucha como cualquier otra. Ser escuchada en ese momento es agencia, en el sentido de que es la capacidad de un sujeto (agente) de actuar en un mundo, y además, supone una agencia política, es una acción política. Es decir, la escucha no es espontánea, sino que está mediada por estructuras de poder. “Cualquier dispositivo de escucha que queramos armar”, dice Ferrete, “debe tener eso en cuenta. No es lo mismo que tú escuches a un policía a que un policía te escuche a ti”. Para invertir esta jerarquía, la artista Fiona Whelan reunió a policías y adolescentes de Dublín obligando a los primeros a escuchar las historias de los segundos sobre discriminación, el acoso o las sospechas que recibían por parte del cuerpo policial. Los agentes se mostraron muy receptivos y reconocieron en aquellos testimonios temas que tenían que trabajar. La idea del proyecto era dar un espacio de poder a los adolescentes desde el que pudieran hacerse escuchar.

Esta estructura de la escucha jerarquizada también debe ser cuestionada, dado que también es una construcción cultural. Los tojolabales, que forman parte del movimiento zapatista, tienen una lengua no jerarquizada en cuanto a la escucha, en el sentido de que las acciones no se expresan mediante un sujeto que las hace y un objeto que las recibe, sino que ambas prácticas se encuentran al mismo nivel. Como explica Carlos Lenkersdorf en el libro Aprender a escuchar, en tojolabal hay dos conceptos para hablar de lengua. ‘Ab’al es la palabra escuchada y el k’umal la palabra hablada. Estos dos elementos, el hablar y el escuchar, son indispensables para que haya lenguaje. En español, sin embargo, cuando un sujeto le habla a alguien, el receptor se encuentra subordinado al emisor en la misma estructura de la frase y no le corresponde ningún verbo. El receptor es pasivo. En tojolabal, en cambio, hay dos sujetos agenciales: yo y el que escucha. Este idioma maya utiliza dos verbos, correspondientes a dos acciones, y elimina así la estructura de subordinación y jerarquía. La estructura lingüística organiza nuestra manera de nombrar el mundo y las relaciones que vivimos en él. Es decir, la lengua manifiesta nuestra cosmovisión y ser conscientes de esa jerarquía puede ser la manera de generar dispositivos de escucha nuevos, de resistencia o de ataque frente a la jerarquía establecida.

Esa intención de ser escuchadas sin traducción, sin ser representadas a través de otros, ha servido así mismo como estrategia feminista. Ferrete pone un ejemplo al respecto: “Hubo una manifestación donde la mayoría de las asistentes eran mujeres y estaban gritando. Un policía les dijo que eran unas histéricas, que gritaban como unas histéricas. Fue interesante porque era la propia policía quien lanzaba el insulto y, cuando me contaba esta anécdota un amigo nos pareció que se le podía dar la vuelta a esta situación”. Es decir, el grito de la mujer puede ser reapropiado, creando un dispositivo de escucha en el que esa voz vaginal incontrolada tome un significado nuevo, sea un arma, como quien se reapropia de la palabra puta o del adjetivo queer. Hablar, como la diosa Baubo, desde la entrepierna, es un agenciamiento de nuestra propia voz. Provoca que seamos escuchadas mediante un gran grito que viene de nuestro cuerpo, no mediado por otros. Un rugido que trate de invertir el orden de la escucha al tiempo que asume su propio tono de voz. Así que ya sabéis, ¡gritad, gritad! ¡Histéricas!

Participantes del curso ‘Tecnologías Blandas’ conversan en grupos pequeños./ Txelu Balboa


La entrevista y conferencia de Jaume Ferrete que han permitido este artículo se dieron en el curso de Tecnologías Blandas de la Universidad del País Vasco, organizado por Colaborabora y la artista Saioa Olmo. Las tecnologías blandas se entienden como aquellos dispositivos y técnicas a través de los cuales nos organizamos.

Amador Fernández-Savater también realizó una jornada sobre ‘Organizarnos’, proponiendo dos paradigmas de organización política: el del gobierno –relacionado con la visión logocéntrica–, y el del habitar, atravesado por la energía de lo femenino. Puedes leer un resumen aquí y más textos suyos publicados en eldiario.es, en Interferencias.

Saioa Olmo expuso sus obras artísticas en la jornadas sobre ‘Comportarnos’, haciendo un recorrido artístico y una propuesta de arte de contexto. Además de su presentación, puedes ver sus proyectos en Ideatomics y en concreto su serie de performance, Eromecánica, en la que está trabajando en la actualidad para tratar los flujos libidinosos de la maquinaria social.


Por Teresa Villaverde
Fuente: Pikara