septiembre 13, 2016

Otro turismo con ojos de mujer

Un grupo de mujeres en Irán en una imagen tomada por la viajera Corina Yllera.


Sepideh se pinta a sí misma desnuda en Irán, un país en el que se considera que enseñar un tobillo es provocar a un hombre. Sandra Wanduragala ha revitalizado la industria textil tradicional de Sri Lanka, donde el destino de la mayoría de la población femenina era trabajar como sirvientas. Hind Asselman, artista y diseñadora, triunfa en Marruecos con sus modelos y exhibiciones. Son mujeres cuya historia merece ser contada y escuchada. Focus on women es el proyecto de una mujer que lucha por el empoderamiento femenino a través de viajes en los que se conoce a estas pioneras y muchas otras. La empresa que fundó en 2008 organiza trayectos diferentes en los que se explora un país a través de los ojos de una mujer. Como los de Sandra, Sepideh y Hind.

Alice Fauveau creó esta compañía tras una experiencia de esas que se bautizan como reveladoras. Trabajaba en el mundo de las finanzas y se marchó a Perú unos meses para realizar un voluntariado. Allí se fraguó su idea: “Si hay tantas mujeres viajeras en el mundo, y otras tantas tan interesantes por conocer, ¿por qué no establecer una red entre todas ellas en torno al empoderamiento?”. Abandonó su trabajo y lanzó su proyecto: viajes en los que el grupo está liderado por una cicerone experta en la cultura local y que incluyen recorridos en los que se conoce a mujeres de la zona, las llamadas anfitrionas. “A las mujeres nos gusta conocernos y comunicarnos. Lo que cuentan ellas siempre será diferente de lo que pueda contar un hombre, es normal. En muchos de los países que visitamos hay tal desigualdad que las versiones entre sexos varía mucho”, apunta Fauveau. Los precios de los viajes, todo sea dicho, son algo elevados y sí, pueden participar los hombres. Aunque la presencia mayoritaria es la de ellas.


La empresa ofrece viajes y experiencias en una veintena de países. De Cuba a Vietnam, pasando por Italia o Perú. Virginia Nieto-Sandoval es la cicerone de India, donde vivió tres años mientras se especializaba en arte indio, y Sri Lanka. “Son lugares en los que los hombres controlan la industria del turismo y rara vez encuentras una guía”. Durante este viaje el grupo conoce el trabajo que la fundación Vicente Ferrer realiza por la igualdad y el acceso de todas a la sanidad. “Noto que las mujeres con las que hablamos son muy poco conscientes del valor que tiene su testimonio personal. Están poco acostumbradas a tener voz propia. Pero cuando de repente se dan cuenta de que lo que cuentan interesa, y mucho, conectan enseguida con las visitantes”, señala. En la imagen superior se puede ver una de las fábricas creadas por Sandra Wanduragala, una empresaria que ha creado una red manufacturera en Sri Lanka que da trabajo principalmente a mujeres y que se rige por unos códigos éticos incuestionables.

Marruecos es un mundo de contrastes constantes. Las visitantes pueden conocer allí, por ejemplo, a Nabila, que regenta un rihad; Christine, una suiza que compró un terreno para cultivar azafrán y dar empleo a mujeres de la zona; Maite, una española que dirige un centro de yoga y fabricación de jabones; y a Leonor, directora y fotógrafa que ha realizado varios documentales sobre la situación femenina en ese país. “Se caen muchos prejuicios”, asegura Emma Lira, la encargada de estos viajes. “Desde Occidente tendemos a pensar en las marroquíes como unas sumisas con el velo y tal… Y no. Cuando llegan aquí se dan cuenta de que son mujeres fuertes, innovadoras, en muchos casos cabezas de familia y con mucha capacidad para opinar”, continúa. Lira relata que en la intimidad del espacio privado emergen conversaciones universales: “Los problemas de las locales y las extranjeras son muchas veces los mismos, ambas partes se entienden dentro de un mismo universo femenino”.

En Cuba se conoce a las mujeres revolucionarias a través de la fotografía. / Nuria López Torres
La prudencia a la hora de hablar en determinados países es fundamental. “A veces es complicado acceder a las mujeres. Como una vez en la que teníamos planeado ir a una oración con unas religiosas en Sri Lanka y fue un monje que estaba en la puerta el que nos impidió entrar”, explica Fauveau. Esto ocurre también en Irán. Patricia Almarcegui, escritora y profesora de Literatura Comparada, guía los viajes en ese país. “Nos encontramos con las anfitrionas en espacios privados a los que la gente no puede acceder normalmente. Ahí es donde ellas pueden hablar tranquilamente con las visitantes y se generan un tipo de conversaciones más profundas. ¡Una vez acabamos metidas en un espacio tan social para ellas como una peluquería!”. En otra ocasión, cuenta Fauveau, llegaron a invitarlas a una boda. Nunca se sabe cómo se acaba. “Cuando se juntan las mujeres puede pasar cualquier cosa. Es una energía muy positiva”.

Fuente: El País