octubre 15, 2016

Natalia, la comedia y el feminismo



Natalia Valdebenito. 
La actriz y comediante chilena Natalia Valdebenito (Santiago, 1979) se ha convertido, sin proponérselo, en la punta de lanza de una buena parte de las mujeres de su país. En febrero pasado actuó por primera vez en el escenario más importante de Chile, el Festival de Viña del Mar.

De repente, cuando la gente lloraba de la risa con su stand up,se autodefinió como feminista y lanzó su mensaje: “Lo que queremos es que nos dejen de pegar, agredir, faltar el respeto en la calle, subestimar, acosar, matar y violar, porque no está bien visto”, señaló Valdebenito ante el público del anfiteatro Quinta Vergara y los millones de telespectadores de toda América que miran todos los años el festival. “A nosotras nos enseñaron a ser señoritas, pero a ustedes no les enseñaron a no violarnos. Es una huevada muy rara”.

La violencia machista nunca había sido tratada en Chile en un escenario tan masivo y destinado al entretenimiento. En un país en que el aborto es penalizado en todas sus causales, recién discute una ley de acoso callejero y se han producido más de 30 feminicidios en 2016, Natalia Valdebenito se convirtió desde entonces en el rostro más visible y popular del feminismo local. Con mucho humor, irreverencia y agallas.

“Soy de la idea de que uno tiene que utilizar el escenario. Que el escenario tiene que servir para algo, para transformar”, reflexiona en una cafetería del municipio de Providencia de Santiago, a metros de un teatro que llenará en los próximos días. Las entradas para su espectáculo Gritona se agotan en apenas algunas horas y en 2016 ha comenzado a internacionalizar su carrera con giras al extranjero. Tiene miles de seguidores en distintas plataformas, como en Twitter y el programa de radio que realiza a diario a través de la web, en Subela.cl.

Es una estupenda comediante que escribe sus propios guiones y se atrevió a hablar de feminismo en un país como Chile, lleno de prejuicios y que todavía se vanagloria de su aparente conservadurismo. Pero probablemente su mayor mérito ha sido visibilizar, desde la comedia, a las chilenas del siglo XXI: “Llevábamos 57 ediciones de festivales de Viña del Mar escuchando los mismos chistes. La suegra, la infidelidad del marido, el tipo que llega a la casa borracho y le pega a su mujer. Y nosotras siempre desde la posición pasiva”.


Llevábamos 57 ediciones de festivales de Viña del Mar escuchando los mismos chistes. La suegra, la infidelidad del marido, el tipo que llega a la casa borracho...

Propuso, entonces, la imagen de mujeres reales: astutas para poner los cuernos, sin problemas para decir groserías, desenfadadas en la cama, gozadoras en la soltería y que no necesariamente viven en torno al amor de un hombre. “Una mujer que nosotras ya sabíamos que éramos. Para ellos fue mucho más sorpresivo y fuerte. Para nosotras, muy sano”, señala Valdebenito.

Un ejemplo

La artista recibe con mucha frecuencia insultos por parte de algunos a través de las redes, que la llaman feminazi. “A muchos hombres les dio rabia ver reírse a las mujeres con tanto escándalo”.

Antes de su actuación en el festival ya le ocurría con cierta frecuencia, porque Natalia Valdebenito hace mucho había incorporado el feminismo a su trabajo. Mujeres de todas las edades y condiciones sociales se le acercaban, simplemente, para darle las gracias. Alguna vez una señora mayor que le tomó la mano en la calle para sugerirle: “Hable de las mujeres golpeadas”.

Pero luego de Viña del Mar, el efecto se ha multiplicado. Chilenas le comentaron que a la mañana siguiente salieron a trabajar contentas o que su actuación les dio el impulso final para tomar decisiones importantes, como abandonar finalmente a su pareja maltratadora. Desde entonces, en Chile, parece haber menos miedo a definirse como feminista.

La camiseta que usó en el festival se convirtió en un objeto de culto, que incluso se vende en las ferias populares. Decía Y vo’ creí que soy weona? (algo como ¿Y tú crees que soy gilipollas?).La actriz, sin embargo, no pretende ni hacerse rica ni firmar contratos millonarios de publicidad con grandes firmas. Rechaza todas las ofertas que perjudican su independencia: “Es precioso decir que no, me doy un gusto cada vez que lo hago. Solo quiero llenar los teatros el resto de mi vida, no quiero más”.

Por Rocío Montes
Fuente: El País