noviembre 06, 2016

La trampa de la inclusión y el camino de la alianza

Lejos de establecer conclusiones y argumentos elaborados, este texto es únicamente un intento para reflexionar sobre posibles estrategias feministas, poniendo el enfoque principal en los conceptos de ‘interseccionalidad’, ‘identidad’ e ‘inclusión’.


El análisis de cómo diferentes formas de represión y opresión pueden entrelazarse y respaldarse entre sí sobre un mismo cuerpo, y cómo el mismo cuerpo puede ser oprimido por una estructura de poder y a la vez privilegiado por otra ha sido un paso clave en proceso de desarrollo del pensamiento feminista. Ahí radica lo llamado análisis interseccional. Originario del afrofeminismo en Estados Unidos, atacó vehemente a la segunda ola de feminismo por estar centrada en la mujer blanca de clase media. Pero, ¿qué implica realmente una perspectiva interseccional? Un pensamiento feminista que parta de la interseccionalidad debe observar cómo diferentes formas de opresión afectan a diferentes cuerpos. Y debe, además, ir más allá de reconocer la opresión de una estructura y el privilegio de otra. Debería ser una base desde la cual podamos crear y fortalecer alianzas con otras personas y repensar nuestra propia identidad.

Un estudio interseccional del poder propone que veamos la opresión patriarcal como inseparable de, por ejemplo, la opresión racista. Aceptar esto significa que la creación y discriminación de la identidad ‘mujer’ es inseparable de la creación y discriminación de la identidad ‘negra’ -así como la creación y privilegio de las identidades ‘hombre’ o ‘blanca’-. Si el poder estructural es un conjunto de mecanismos de opresión, discriminación y privilegios, el sujeto, sobre todo aquél que resiste al poder, es un conjunto de identidades conectadas y relativas.

Una perspectiva interseccional implica entonces ver la identidad como un proceso fluido y fragmentado. Pocas veces tendrá sentido referirse a identidades tan generales como mujer y hombre; más significativas serían identidades como lesbiana, transexual, indígena, queer, heterosexual, etc. Y más significativa aún sería la manera en que estas identidades pueden entrecruzarse y manifestarse en diferentes cuerpos en diferentes momentos, y las maneras en que cada persona puede elegir afirmarlas. Así, un feminismo interseccional permite que sujetos (reprimidos) puedan afirmar no una sola identidad sino un amplio espectro de identidades, marginadas o no.

Se trata, por tanto, de ver la identidad de cada una no como una unidad estática y eterna que habita un cuerpo sino de ver identidades como flujos no personales -o más bien interpersonales- que atraviesan diferentes cuerpos en diferentes momentos, de manera que un cuerpo puede manifestar hetero y bisexualidad, masculinidad y feminidad, blancura y negrura en diferentes intensidades y en diferentes momentos, dependiendo del propio cuerpo/sujeto y del contexto social en que se encuentra.

El feminismo interseccional nos puede ayudar a llevar a la luz identidades multifacéticas y transformativas que ya están atravesando nuestros cuerpos

Desde un punto de vista más amplio y social, esta ‘licuación’ de la identidad es una estrategia antipatriarcal. El discurso patriarcal (así como el discursos racista, fascista, etc.) es altamente ‘uniseccional’, es decir, generaliza y moldea identidades estáticas hasta llegar a conclusiones del tipo ‘la mujer es cuidadosa’, ‘ningún hombre llora’, ‘todos los inmigrantes bla’ o ‘todos los heterosexuales bla bla’. El feminismo interseccional nos puede ayudar a deconstruir y disolver tales discursos y llevar a la luz identidades multifacéticas y transformativas que ya están atravesando nuestros cuerpos. Esto a su vez es fundamental para la creación de alianzas feministas. Porque una persona que siente y afirma que, en diferentes situaciones, diferentes identidades se expresen en ella, probablemente estará más inclinada a sentir solidaridad y una conexión emocional con estas identidades. Esa solidaridad y empatía es el comienzo de cualqiuer alianza.

Hoy, gran parte del discurso popular feminista habla de la ‘inclusión’ bajo una sola bandera, la de un feminismo para todas las identidades y no solamente para mujeres privilegiadas. Cada sujeto reprimido o marginalizado debería ser incluido en la gran ‘comunidad feminista’. Pero, ¿qué implica esto?, ¿a quién queremos incluir en los grupos marginalizados? Cada tipo de inclusión es una acción que legitima la estructura a la que se incluye. Un feminismo que pretende realmente criticar el sistema patriacal no puede optar por ‘igualar’ las mujeres a los hombres sino por desmontar la estructura de pensamiento que nos define como hombres y mujeres. No puede intentar ‘incluir’ personas de color en espacios de poder fundamentalmente blancos, sino que se debe intentar redistribuir esos mismos espacios de poder. Asismismo, un feminismo interseccional tampoco debe luchar por el matrimonio igualitario, sino más bien por acabar con el propio matrimonio como institución discriminatoria y patriarcal. Tampoco puede celebrar la elección de una presidenta sólo por ser mujer, ni sostener que ella como portadora de ovarios representara a todas las mujeres.

La misma lente feminista que ve un conjunto de dinámicas de opresión y privilegios cuando mira hacia arriba verá identidades fluidas, intercambiables y contextuales cuando mira hacia abajo. Esta perspectiva posibilita la creación de alianzas con personas que hacen recorridos similares en el espectro de identidades, aunque en diferentes momentos y diferentes situaciones. El feminismo interseccional no trata de incluir e igualar, sino de reconocer singularidades y crear alianzas entre ellas. En primer lugar busca alianzas entre identidades femeninas (y trans) y en segundo término entre todas las identidades marginalizadas y, finalmente, entre cada sujeto que se oponga a las estructuras de poder opresoras y quiera luchar contra ellas.

Hay una diferencia fundamental entre la persona que dice “soy heterosexual y quiero que las personas homo, bi y transexuales puedan vivir bajo las mismas condiciones que yo”, y la persona que dice “soy hetero, soy homo, soy bi, soy trans”. La primera frase indica la inclusión y sobre todo la ‘adaptación’ a un orden de poder ya existente. La segunda abre el camino para crear alianzas que ‘resisten’ ese mismo orden. Y es más, en el momento en que digamos, pensemos, sentamos o deseemos la segunda frase, las identidades rígidas y eternas de género y sexualidad se empezarán a disolver.

Por Alexander Ceciliasson
Fuente: Pikara