diciembre 04, 2016

Halt and Catch Fire: las mujeres también programan

La serie de televisión Halt and Catch Fire rompe la realidad al mostrarnos mujeres como CEO de sus propias compañías de tecnología. Los datos demuestran que son escasas las que trabajan el sector y menos aún las que ocupan altos cargos. La ficción estadounidense ofrece algunos porqués a través de la vida de las protagonistas, Donna y Cameron.


En Halt and Catch Fire las mujeres programan. Y también son CEO en empresas tecnológicas; sus propias empresas. La serie de televisión se sitúa en los años 80 en unos Estados Unidos en los que empieza a despegar el sector tecnológico. No se trata de Silicon Valley sino de su hermana pequeña en Texas, Silicon Prairie. Mujeres teniendo ideas, mujeres construyendo hardware, mujeres generando software. Pareciera hasta normal que las mujeres se dediquen a los ordenadores, a escribir código, e incluso normal para la época que se representa. Pero para nada lo es. Sólo hay que ver las cifras al respecto, eso sí, de nuestro tiempo.

En 2015 las mujeres suponían un 57 por ciento en el total de todas las ocupaciones profesionales y sólo un 25 por ciento de los puestos relacionados con la informática y computación. Según el estudio ‘Women in tech: the facts’, hay incluso menos mujeres en ámbitos como el de desarrollo de software, o en el liderazgo tecnológico, así como en otros tantos campos que tienen un papel clave en la innovación futura. Podemos ahondar un poco más y ver también que un 88 por ciento de las patentes en tecnologías de la información (de entre los años 1980 y 2010) han sido inventadas por equipos compuestos sólo por hombres; mientras que un dos por ciento corre a cargo de equipos formados sólo por mujeres. Cabe pensar que la tecnología que usamos hoy en día está desarrollada por grupos bastante homogéneos de personas.

Si hemos visto que el porcentaje de mujeres presentes es irrisorio, el compuesto por minorías étnicas obviamente lo es aún más. Las mujeres negras y latinas, por ejemplo, suponen un tres y un uno por ciento, respectivamente, en las empresas informáticas.


Porcentaje de mujeres que ocupan puestos en computación, 2015.

La presencia femenina en la industria está debilitándose con unas cifras que son dolorosas. Desde el año 1985 se observa una caída en picado: un 41 por ciento de mujeres abandona su carrera frente al 17 por ciento de los hombres. Y la mayoría de los motivos no se deben a responsabilidades familiares -de las que se siguen encargando ellas a costa de sus trayectorias profesionales-. La dificultad de acceso a puestos creativos y de liderazgo, las pocas oportunidades de progreso y la desigualdad salarial que persiste hoy provoca una insatisfacción laboral que estimula a las mujeres a abandonar. En muchos casos para probar en otros campos.


El porcentaje de mujeres que abandonan sus puestos en computación cae desde 1991.

En Halt and Catch Fire sus protagonistas femeninas tampoco lo tienen fácil. El reparto principal lo forman cuatro personas, mitad de cada sexo: un ingeniero en hardware (Gordon Clark), un aspirante a Steve Jobs (Joe MacMillan), una ingeniera con buenas habilidades matemáticas (Donna Clark) y una brillante ingeniera especializada en picar código (Cameron Howe). Fue en la primera temporada, predominada por los hombres, cuando decidieron darle alas a ellas. Probablemente la cosa hubiera quedado en nada, pero en la ficción las agarraron bien y las usaron para ser las principales conductoras de las dos temporadas siguientes de la serie.

Así que sobre la base que se inició con una invitación y colaboración en el proyecto de Gordon y Joe, la carrera hacia el ordenador personal tras la salida del modelo de IBM, se construyó el imperio de Munity: la empresa de videojuegos de Cameron y Donna. Pero que dos mujeres sean las dueñas y directoras de una empresa tecnológica genera una serie de contradicciones en los 80 y en la actualidad.

Cameron es el ejemplo de mujer a la que representan fuera de una feminidad hegemónica, solitaria, punk y algo macarra. Donna, en cambio, personifica el esquema femenino por antonomasia: delicada, dulce, madre de dos hijas en una familia nuclear de clase media norteamericana. Ambos son casos interesantes para analizar, como mujeres que salen del tipo de identidad ligada al ámbito privado y doméstico, que suelen atribuírseles, y su incorporación a un ámbito dominado por hombres, asumiendo una identidad individual que es habitualmente masculina.


Los actores y actrices protagonistas.

Donna suele estresarse. Y es normal siendo una de las CEO de Munity, pero también lo es porque ve que no llega a todo. A pesar de tener un acuerdo con su marido, Gordon, sus hijas siguen requiriendo de ella unas atenciones que ella no puede corresponder en estos momentos en la misma medida que antes. Ahora es a él a quien le toca ocuparse de las labores de cuidados porque es su turno para llevar a cabo sus metas profesionales. Ya les tocaba cambiar posiciones en la retaguardia. Durante mucho tiempo ha sido ella quien ha sostenido las relaciones, emociones y la seguridad de su familia. Y a pesar de que ella sea ahora la que trabaje fuera de casa, el orden patriarcal sigue considerándola la responsable emocional de su familia y su marido. Esta cuestión le acarreará no pocos conflictos de pareja.

Esta misma responsabilidad se manifiesta en Cameron, pero con otros matices. Ella podría definirse como independiente, solitaria; sin pareja y alejada de su familia de origen. Una mujer bastante individualizada a la que la responsabilidad emocional le hace sentir una carencia social (la sensación de sentirse incompleta) que sólo finalmente creerá solucionada al casarse tras un par de relaciones románticas fallidas.


Estas contracciones suelen vivirlas las mujeres que se incorporan al mundo laboral fuera del hogar. Y sencillamente se debe a la doble identidad que deben aceptar para ello. Las mujeres han asumido tradicionalmente una identidad vinculada al cuidado del grupo (la familia), y a la generación y mantenimiento de sus relaciones. Apoyados en este trabajo, los hombres han creído lograr una mayor independencia e individualidad, y avanzar en sus carreras profesionales gracias al cuidado de las mujeres. Porque sin ellas no sería posible. Cuando en pro de una mal llamada igualdad, las mujeres salieron al mercado laboral, tuvieron que asumir la identidad que ya venían desarrollando junto con una nueva asociada a la masculina.

El problema aquí es que nadie cuida a las mujeres; nadie sostiene sus relaciones, sus emociones cuando salen del ámbito privado y doméstico. Y cuando nadie las sostiene, al contrario de lo que pasa con los hombres, el desasosiego es tal, que la inseguridad y la sensación de sentirse incompletas sólo creen solucionarla a través de una relación de pareja (heterosexual).

Fotograma de la serie.

Son esas contradicciones las principales causas de que las mujeres ocupen pocos puestos en empresas tecnológicas. Las carreras científicas, en cualquiera de sus vertientes, cuanto más verdad le otorguen al discurso de la razón (ese en el que no tienen cabida las emociones), más dominadas por hombres estarán. Y cuánto más alto el puesto en la jerarquía, menos mujeres habrá. La respuesta a esto es sencilla: ellos pueden permitirse ese tiempo, ese cultivo de sí mismos porque tienen mujeres que sostienen, tejen y cuidan sus relaciones. Y es éste el origen de la desigualdad, y por lo que la verdadera igualdad no se consigue sólo cuando una mujer consigue ascender a un puesto de CEO: se logra cuando son ambos sexos los que comparten esas contradicciones, cuando los hombres también cuiden y se hagan cargo de esa identidad vinculada al ámbito privado y atribuida socialmente a lo femenino.

¿Y qué impacto tiene la ausencia de diversidad de género en la tecnología? El precio que se paga desde luego es alto. La consecuencia evidente es la poca representación de la diversidad en la tecnología al ser ideada por grupos de personas tan homogéneos, como decíamos al principio. La segunda es que se siguen reproduciendo roles de género, ya que se reproduce la visión de quienes la desarrollan. De ahí que tengamos, por ejemplo, voces femeninas en todos los asistentes personales (Siri, Cortana, Alexa, Google Now…).

Si algo tenemos que tener claro llegado a este punto es que la tecnología no es neutral. El ejemplo de Halt and Catch Fire es de hecho bastante significativo: lo que comenzó como un videojuego bajo la batuta de Cameron y Donna se tornó con el tiempo en una comunidad donde chatear y hablar con otros jugadores, augurando lo que años después sería una red social. No es que sin ellas no hubiesen visto la luz estas plataformas, pero sí es cierto que las mujeres pueden ayudar a visibilizar la importancia de las relaciones, las emociones y toda una serie de dispositivos sin los cuales los seres humanos estaríamos perdidos. Y tampoco es que sea responsabilidad de ellas esta tarea, pero son las únicas que las ponen en marcha hoy.

Fuente: Pikara