enero 09, 2017

Jueza Karen Atala: “Ser mujer significa estar en desventaja en esta sociedad machista. Ser lesbiana es doblemente discriminatorio”.


Además de tener que ganar un espacio por ser mujer, tienes que ganártelo por ser lesbiana. Entonces si ya es pesado luchar contra el machismo como mujer heterosexual, imaginate cómo lo es siendo lesbiana. No es fácil”

El nombre de Karen Atala no es extraño en Chile, menos en Latinoamérica. Con más de 20 años en el Poder Judicial, ha sido la única mujer jueza en el país en asumirse públicamente lesbiana, es ejemplo en la región tras demandar al Estado de Chile ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos por discriminación basada en la orientación sexual.

Fue en el 2003 cuando su ex marido, Jaime López, la demandó ante la justicia nacional por la tuición de sus 3 hijas, argumentando que el desarrollo de éstas se estaba siendo afectado por el hecho de que la abogada conviviera con su nueva pareja mujer, la historiadora Emma de Ramón. La demanda quedó en manos de la Corte Suprema, instancia que le otorgó al padre el cuidado de las hijas en común, basándose en que las niñas estaban en un estado de vulnerabilidad por vivir en un “entorno familiar excepcional”, exponiéndose a ser objeto de aislamiento y discriminación frente a sus pares. Entendiendo que se ponía fin a cualquier instancia de justicia a nivel nacional, Karen Atala acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por atentados graves a sus derechos fundamentales.

Hoy en día, transcurridos algunos años de la sentencia del Caso “Atala Riffo y niñas v/s Chile”, la abogada se siente fortalecida y más preparada para luchar día a día contra una sociedad chilena que define de plano machista y patriarcal. Además de su labor como jueza de Garantía, es parte del directorio de la Fundación Iguales y también integra el Consejo Asesor de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio. Desde todos estos escenarios, se permite analizar al país.

Homosexualidad; Gays y lesbianas en Chile.

Si bien admite que en el último tiempo ha existido en el país una mayor apertura ciudadana hacia la homosexualidad en términos generales, es enfática en remarcar que se debe seguir trabajando hasta lograr el pleno reconocimiento en dignidad de las personas de la diversidad sexual o LGBTI.

Para encaminar este objetivo, Atala plantea hacer cumplir lo mandatado por la Sentencia de la Corte Interamericana, que pone el acento en la educación y capacitación; educar a la población partiendo desde la etapa preescolar, con clases de cultura en educación sexual donde se trate como temas la prevención del embarazo no deseado, el uso de los métodos anticonceptivos, la paternidad responsable, la prevención de ETS (teniendo en cuenta que la explosión alarmante de adolescentes y jóvenes contagiados con VIH en este último período), las orientaciones sexuales y la transexualidad, con inclusión, entre otros temas.

“La educación debería ser sostenida después en la enseñanza escolar y media. Y para la gente que ya se encuentra trabajando en el Servicio Público, se debiesen realizar capacitaciones en temas de derechos humanos y diversidad sexual en sus lugares de trabajo. Además, por qué no decirlo, en campañas informativas que pueda llevar a cabo el Ejecutivo, todo ello según lo establece la Condena Internacional de la Corte Interamericana”, detalla la abogada.

Pero un tema al que también se refiere Karen Atala es a la doble discriminación que deben enfrentar las mujeres lesbianas y el trato desigual que viven frente a los hombres gay. Lo anterior, claro, fundamentado en el machismo general que rodea a la sociedad chilena. Visibilizar esto es una disputa diaria, que se podrá solucionar cuando se avance en pos de la igualdad.

En este contexto argumenta que “es complejo lidiar con esto. Además de tener que ganar un espacio por ser mujer, tienes que ganártelo por ser lesbiana. Entonces si ya es pesado luchar contra el machismo como mujer heterosexual, imaginate cómo lo es siendo lesbiana. No es fácil”, advierte. Añade que “a mí me ha tocado ver cómo a las mujeres lesbianas les cuesta visibilizarse públicamente. Ya se les ha hecho difícil ganarse un espacio laboral, mantenerse y ascender en sus lugares de trabajo, entonces mostrarse como lesbianas les significa un menoscabo que no lo ven ni sufren los hombres gays”.

La jueza Atala describe esta doble discriminación como una mochila aún más pesada, pero que también la motiva a trabajar por un cambio mayor en la sociedad. Uno que busca dejar atrás y eliminar el machismo intrínseco en nuestras instituciones y que también está inserto en la mentalidad de la población en el país.

Diversidad como política de Estado

Su caso, sin duda, marcó un precedente importante en Chile y Latinoamérica. La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) determinó que el Estado había discriminado a Atala por su orientación sexual, sancionándolo por violar el derecho a la igualdad y exigiendo reparar a la jueza y a sus hijas.

Las drásticas recomendaciones de la CIDH mandataron al Estado de Chile a “adoptar legislación, políticas públicas, programas y directivas para prohibir y erradicar la discriminación con base en la orientación sexual en todas las esferas del ejercicio del poder público, incluyendo la administración de justicia”.

¿Se cumplió esto último? La respuesta de Karen Atala es negativa. “El estándar es que sean campañas y cursos permanentes en el tiempo, con miras a superar los estereotipos y los prejuicios negativos que afectan a la comunidad de lesbianas, gay, transexuales, bisexuales e intersexuales en Chile”, enfatiza la Directora de Fundación Iguales. Detalla que lo realizado por el Estado ha sido enviar informes periódicos a la Corte Interamericana dando cuenta sobre cómo va el cumplimiento de lo propuesto, sin embargo, hasta ahora se citan a cursos de carácter muy generales, que se realizan esporádicamente y que no responden concretamente al tema de fondo.

Para Atala, lo sancionado por la Corte apunta a un cambio cultural, por lo tanto, mientras este no se produzca, los instancias de formación deben ser sostenidas por el Ejecutivo. “Eso equivale a una política de Estado que debe coordinarse con diferentes ministerios. Y esta debe abarcar en la práctica a todos los servicios, es decir a modo de ejemplo, Gendarmería, las policías, Registro Civil y hospitales, entre otras entidades públicas”.

Iniciar este cambio es el desafío. De lo contrario, Chile seguirá mostrándose como un país que no es respetuoso de sus compromisos internacionales en materia Derechos Humanos. Entonces, según dice Karen Atala, “si como Estado figuras en un ranking de incumplimiento, ello puede afectar de muchas formas. A la larga, se transforman principalmente en prejuicios económicos”, ejemplifica.

La influencia de las religiones en Chile

Preocupante. Karen Atala advierte sobre la injerencia que están teniendo las religiones en el país, principalmente, la Evangélica en los sectores que viven en situación de vulnerabilidad. “Me tiene muy preocupada su avance. El fanatismo que se vive, sobre todo en las clases de niveles socioeconómicos más bajos, donde tienen una fuerte presencia; es de un machismo y una homofobia que realmente alarma”, expresa.

Sobre la Iglesia Católica, desde su imaginario Mariano, siendo modelo la mujer sumisa, postergada, sin sexualidad. Describe a Chile como un país confesional y que no fomenta un Estado laico desde la educación y la institucionalidad pública. Por lo mismo, agrega que “mientras se sigan tomando en cuenta las opiniones de las jerarquías religiosas, se seguirá postergando las demandas de igualdad jurídica de la Comunidad LGTBI y se seguirá manteniendo la marginación y discriminación histórica”.

Karen Atala explica que un Estado laico no tiene por qué escuchar a las iglesias en temas que tienen que ver con la gestión de dictar leyes y políticas públicas. “Estamos al nivel de un Estado fanático. No se entiende que se les dé pie a comentarios de las iglesias cuando se discuten temas que tiene que ver con derechos humanos y civiles”, sentencia.

Su estadía en Fundación Iguales

Karen Atala ingresó el 2012 como parte del Consejo Consultivo y desde el 2014 al directorio de la Fundación Iguales, institución que trabaja por la igualdad de derechos y la no discriminación de la diversidad sexual. Aquí, según asegura, esta satisfecha y se siente orgullosa por aportar desde su visión.

Su ingreso a Iguales lo explica, principalmente, por haber surgido en la escena LGTBI sin conflictos históricos heredados. “Eso para mí fue muy importante. Si tú entras a un colectivo o agrupación, ya por estar ahí, te ganas enemigos que tienen conflictos desde antes que llegaras a colaborar. Esta era una fundación nueva, que está escribiendo parte de la historia del Movimiento LGTBI. Eso me gusta”, explica.

Karen Atala recuerda que decidió hacerse activista por los derechos de la diversidad sexual en el 2004, a raíz de su caso. Se encontraba ante un escenario donde el movimiento LGTBI contaba con grupos fraccionados y “peleados a muerte entre sí”, además de existir colectivos lésbicos feministas que duraban poco tiempo.

“No había un movimiento sostenido con una profesionalización del activismo en el sentido de tener clara la misión, visión, objetivos, fuentes de financiamiento y planes de trabajo a largo plazo”, expresa, dando cuenta de los factores que la motivaban a adherirse a algún movimiento. Fundó junto a su pareja de entonces, Emma de Ramón, la Agrupación Las Otras Familias (ALOF), primera organización que su foco eran las madres lesbianas, constándose un vacío enorme y falta de preocupación por las organizaciones LGTBI sobre el tema, es más se ganaron muchas críticas de los colectivos de lesbianas radicales por perpetuar el rol mujer y madre. Eso las desalentó a la larga.

Por eso, transcurridos ya varios años, Atala se sumó a Iguales y durante su estadía, menciona con satisfacción que se han realizado varios avances, entre los que destaca principalmente la Ley de Acuerdo de Unión Civil. Se refiere además el actual trabajo de la fundación en proyectos como la Ley de Identidad de Género, de reforma a la Ley Antidiscriminación, en lograr el derecho al matrimonio igualitario, por supuesto, la filiación y la adopción para parejas del mismo sexo.

“Estoy orgullosa de pertenecer a la Fundación porque se trabaja con mucho profesionalismo. La dedicación de los voluntarios y del staff es valiosa y con mucha mística. Hay comprometido un interés real por sacar adelante la agenda LGTBI.”, finaliza Karen Atala, agregando que a pesar de la mala historia legislativa en la lentitud de aprobarse las leyes en Chile, espera estar viva el día que se apruebe el matrimonio igualitario.

Por Nicolás Fajardo
Fuente: Observatorio Género y Equidad