febrero 28, 2017

En tiempos de pos verdad no hay patriarcado y el feminismo es la próxima amenaza totalitaria

Si bien podríamos considerar loable el objetivo declarado del autor de la columna de opinión del 17 de febrero pasado (titulada Tetazo, Miss Reff y feminismo radical; qué hay detrás de ellos) de “argumentar con conocimiento” sobre cómo el feminismo entiende la realidad y no caer en una “caricaturización”, los planteamientos vertidos por el autor terminan justamente en eso, en una caricaturización. Por cierto, en esto contribuyen las impresiones del autor, que no son pocas y que van en la dirección opuesta a una discusión informada, y su intención de dar cuenta sólo en pocas palabras de una problemática compleja como es la dominación masculina, tema que ha generado gran cantidad de pensamiento crítico no sólo del feminismo durante más de tres siglos, sino que de varias autoras y autores contemporáneos fuera de este.

En virtud de lo anterior se hacen necesarias algunas aclaraciones sobre los conceptos empleados por el autor para describir el pensamiento feminista pues es lamentable que en nombre deargumentar con conocimientos se termine por deformar el conocimiento.

Es importante precisar que el individualismo liberal, desde donde el autor plantea que la sociedad libre enfrenta a la vuelta de la esquina una amenaza totalitaria si permitimos que siga ganando adeptos el feminismo, recuerda otros episodios de rechazo a las reivindicaciones feministas como fue el caso, por ejemplo, del voto de las mujeres. Por cierto, varios caballeros liberales de la época consideraban como una idea radical y absurda el sufragio verdaderamente universal. Pero el voto femenino fue conquistado por la sociedad occidental gracias justamente al movimiento feminista aun cuando, vale insistir, en su tiempo esta reivindicación, que hoy todos reconocemos como justa, era vista por muchos hombres como una homogenización aberrante.

No hay duda que este tipo de discurso comienza a extenderse en el contexto reciente de violencia simbólica generada desde altas esferas del poder político en la mayor de las democracias occidentales. Por cierto, es un discurso que encuentra eco también entre los varones criollos. No hay que sorprenderse que algunos varones muestren hostilidad hacia el feminismo pues las transformaciones que este ha generado en pos de un mundo más equitativito entre hombres y mujeres asustan a quienes no abrigan una verdadera convicción democrática y libertaria para con las relaciones de género.

El autor defiende la diversidad (siempre desde el individualismo liberal) y nos advierte del peligro que significa que todos pensemos igual. Pero en su defensa de la diversidad, el autor no advierte que los certámenes como Miss Reef homogenizan (justamente!) el cuerpo de las mujeres dentro de un estándar de belleza, que hace a las participantes casi indistinguibles.

Las mujeres de la marcha del Tetazo al contario, pretenden expresar la diversidad de los cuerpos femeninos. Pero el texto de Moisés Juáregui busca deformar la reivindicación de esta diversidad en un totalitarismo feminista. Hay que precisar que el Tetazo en lo principal no tiene que ver con “sacar a la mujer de la comercialización sexual”, aún cuando esa podría ser una aspiración legítima. Y tampoco en “no buscar la aprobación masculina”, “dejar de reducir a la mujer a la excitación de una de sus partes” o “romper la diferenciación entre pechos masculinos y femeninos”, el Tetazo se trató, según las propias participantes, de la afirmación de la autonomía de las mujeres, de la promoción de su agencia, cuestión que el sujeto del individualismo liberal no contempla. De hecho, las pancartas de la marcha decían entre otras cosas "No vinimos a mostrar las tetas, vinimos a mostrar que somos libres".

Por cierto, extraña que el autor señale como el mejor ejemplo que: no existe una sociedad patriarcal que las mujeres que desarrollaron la marcha no fueran encarceladas, omitiendo que esta marcha tiene su origen en una situación previa en que tres mujeres fueron conminadas por veinte policías a taparse el cuerpo so pena de ser detenidas. Cabe preguntarse si esto también es prueba que no existe una cultura que hostiga a las mujeres. ¿Es concebible que veinte policías le pidan a un hombre que se tape el cuerpo?

En realidad, resulta bastante insultante la liviandad con que el autor sostiene que las mujeres no viven ningún tipo de violencia de género en la sociedad occidental ahora que pueden ser asalariadas, reduciendo el problema de la discriminación y violencia hacia las mujeres a una sola dimensión, la del trabajo (otra más de las impresiones del autor). A todas luces la cuestión de lo que el autor llama el patriarcado, es de mayor envergadura y va desde la sexualidad y reproducción, hasta la exclusión de la política, pasando por el acoso callejero, y un sin número de expresiones de una violencia que el autor niega que existe.

Por último, no hay duda que este tipo de discurso comienza a extenderse en el contexto reciente de violencia simbólica generada desde altas esferas del poder político en la mayor de las democracias occidentales. Por cierto, es un discurso que encuentra eco también entre los varones criollos. No hay que sorprenderse que algunos varones muestren hostilidad hacia el feminismo pues las transformaciones que este ha generado en pos de un mundo más equitativito entre hombres y mujeres asustan a quienes no abrigan una verdadera convicción democrática y libertaria para con las relaciones de género.


Fuente: El Mostrador