abril 08, 2017

ANA FERNÁNDEZ E IRATI MOGOLLÓN, INVESTIGADORAS: “LA PRINCIPAL MOTIVACIÓN DE LAS PERSONAS MAYORES QUE SE INVOLUCRAN EN PROYECTOS DE ‘COHOUSING’ ESTÁ RELACIONADA CON QUE VIVEN LA CRISIS DE CUIDADOS EN PRIMERA PERSONA”

Entrevista a las Babayagas de París. Fotografía: Arquitecturas del cuidado.
“Arquitecturas del cuidado” es el resultado de la investigación acerca de las viviendas colaborativas llevada a cabo por Ana Fernández Cubero e Irati Mogollón García. Como ellas mismas la definen, “un recorrido de dos andenes”, en el que abordan, por un lado, el contexto vasco, el envejecimiento, el modelo de atención a la vejez y las personas interesadas en las viviendas colaborativas para personas mayores que se están generando en este territorio; y, por otro, diversas experiencias europeas de ‘cohousing’ (de personas mayores, sólo de mujeres, intergeneracionales o mixtos) en países como Dinamarca, Suecia, Alemania o Francia.

– Desde sus inicios, mujeres feministas han participado y contribuido a los proyectos decohousing o viviendas colaborativas, ¿Cuáles creéis que son los principales aportes que ha realizado el movimiento feminista a estos proyectos?

– Irati: Podemos distinguir dos momentos históricos. El primero, el movimiento de la llamada “New everyday life”, que analizaba cómo generar infraestructuras para la vida cotidiana y pensar los espacios y las ciudades desde ahí. El segundo momento se corresponde con una hornada de mujeres que estaban liderando este tipo de proyectos, que bebieron de todo lo que supuso Mayo del 68. Muchas de ellas, con experiencias en procesos revolucionarios latinoamericanos, después tuvieron familia y se insertaron en el sistema dejando los movimientos sociales y revolucionarios, pero en su proceso de envejecimiento volvieron a reflexionar y soñar con otra realidad, consiguiendo además que la teoría se plasmase en una práctica real.

– Ana: Esta acción supuso además retomar el lema de “lo personal es político”, un lema histórico del feminismo y que sigue vigente a día de hoy. Supieron, en la práctica de su vida cotidiana y por su manera de organizarse en su vejez, convertirlo en un acto político y desestabilizador. En Suecia hubo un grupo de investigación feminista denominado Vida en comunidad (Bo in Gemeinshaft)que tenía como objetivo analizar de qué manera la vida en comunidad puede facilitar la conciliación. Por ejemplo, vieron que la crianza, al poder colectivizarla en el marco de una vivienda colaborativa, permitía liberar tiempo de las mujeres y facilitar así la conciliación de la vida personal con la laboral.

Cuando hablamos de senior cohousing la parte de género está más ausente, ya que los cuidados de las personas mayores están todavía más invisibilizados y precarizados, y por lo tanto también más sostenidos por las mujeres. Sin embargo, los aportes feministas sacan a la luz es la enorme dimensión de la crisis de cuidados, que a día de hoy se sostiene a través de la precarización y feminización de los cuidados. Además, visibilizan también nuevas dimensiones de lo doméstico, que otorgan un papel de mayor relevancia al papel de las mujeres, ya que estos proyectos se enmarcan en comunidades más grandes que las habituales, y más complejas de organizar.


– La crisis económica que vivimos desde hace varios años ha agudizado todavía más esa crisis de cuidados que mencionabais y que afecta principalmente a las mujeres y a las personas mayores. ¿Cómo analizáis este proceso?

– Irati: La crisis de cuidados es una realidad innegable. Desde el feminismo es un tema ampliamente abordado y que visibiliza claramente los impactos en las mujeres. En nuestro caso lo que hemos hecho es introducir nuevos elementos en el análisis, como la clase social y la edad, lo que nos permite abordar la cuestión desde un enfoque más integral. Por ejemplo, ¿qué papel tienen las personas mayores en esta crisis de cuidados? Es muy importante analizar esto, ya que se trata de uno de los colectivos más encasillados en sus roles, como personas dependientes o con poca autonomía, pero juegan un papel determinante, junto con las mujeres, en la economía informal de los cuidados, por así llamarla. En el caso de las abuelas obreras nos encontramos ante una triple opresión: por ser mujer, obrera y mayor se presupone que vas a poner tu vida al servicio del cuidado de los otros, ya que tus deseos y tu tiempo están a disponibilidad del resto. Abordar desde este enfoque la crisis de cuidados nos da una mayor amplitud a la hora analizar la propia crisis, pero también las viviendas colaborativas.

– Ana: La principal motivación de las personas mayores que se involucran en proyectos decohousing está directamente relacionada con que están viviendo la crisis de cuidados en primera persona. Su principal miedo es quién les va a cuidar y al mismo tiempo dar autonomía y capacidad de decisión cuando sea necesario, ya que lo más habitual es que una persona reciba cuidados renunciando a derechos y autonomía. Por ejemplo, una persona mayor que se va a vivir con un hijo o hija para ser cuidada pierde control sobre sus horarios, su alimentación, su cuerpo, etc., cuestiones mucho más evidentes y graves si son ingresadas en un geriátrico. Se trata de cuestiones que viven en primera persona, relacionadas con su dignidad como personas. Al mismo tiempo no quieren perder su autonomía ni ser una “carga” para nadie, porque también son muy conscientes de la precariedad en la que vivimos las generaciones más jóvenes. Estas son las motivaciones para buscarse una alternativa a la hora de gestionar sus propios cuidados, es decir, de evitar la crisis de cuidados. Puede parecer un concepto teórico, pero cuando alguien te cuenta su historia en primera persona es sobrecogedor.

A esto hay que añadir además que el sector profesionalizado de los cuidados, que está en claro crecimiento debido al envejecimiento de la población, es un ámbito feminizado y completamente precarizado, con unas condiciones laborales durísimas.

Todas estas cuestiones lo que indican es que como sociedad no tenemos una respuesta digna sobre cómo cuidar a nuestros mayores.

– ¿Qué papel juegan o deberían jugar las políticas públicas en lo referente al cuidado de las personas mayores? ¿Hay experiencias de viviendas colaborativas apoyadas desde las administraciones públicas?

– Ana: En la investigación hemos intentado abordar el tema, pero cuando nos hemos acercado a las administraciones la principal respuesta que nos hemos encontrado es que se encuentran desbordadas, así que se centran en las situaciones emergencia. No son capaces de trabajar en lo que se refiere a prevención, aunque debería ser prioritario este ámbito, ya que a la larga supondría un importante ahorro de recursos, por ejemplo poniendo en marcha programas de visitas domiciliarias o acompañamiento para realizar las compras, etc.

En términos generales hay varios ejemplos de políticas públicas dirigidas a personas con necesidades extremas y un alto grado de dependencia. Sin embargo, cuando hablamos de personas mayores que están bien no hay gran cosa, salvo las experiencias de pisos tutelados, pero es más una solución residencial que de cuidados.

– Irati: Además hay que tener en cuenta que en caso de que las instituciones públicas decidiesen apoyar este tipo de programas de prevención o más integrales en la gestión de los cuidados deberían poner en marcha un cambio de mentalidad, de manera que las personas usuarias fuesen las protagonistas de esos programas y tuviesen el control de los mismos, como sucede en los países del norte de Europa. Se trata de apoyar pero no dirigir estos proyectos.

Un perfil específico que está en aumento y que la administración está comenzando a atender es el de personas mayores que, por diferentes razones, residen solas y que en su mayoría son mujeres. Y es importante sacar estos casos a la luz porque tienen problemáticas específicas y están completamente invisibilizadas.

– Ana: Efectivamente, la vejez en soledad, que supone una cuarta parte en el Estado español, es un fenómeno que nos ha llamado profundamente la atención y cuya tendencia es al alza. Y esto es muy importante porque un reciente estudio médico ha analizado por primera vez la relación entre la salud de las personas y el número de relaciones afectivas o de amistad, concluyendo que la probabilidad de sufrir enfermedades como alzhéimer o demencia senil disminuye sensiblemente cuantas más relaciones humanas tienes. La soledad hoy en día debería comenzar a verse como una pandemia, pero estas cuestiones psicosociales hasta ahora no han estado prácticamente integradas en el enfoque sanitario.

– Centrándonos de nuevo en el tema de las viviendas colaborativas, ¿cuáles son las principales diferencias entre los proyectos que habéis conocido en los países del norte y los de nuestro entorno?

– Ana: En general hay muchas menos iniciativas en el Estado español. En Euskal Herria, por ejemplo, aunque hay varios proyectos e iniciativas que se enmarcan en esta línea, no hemos encontrado ninguna iniciativa que se autodenomine “vivienda colaborativa”.

– Irati: Hay un elemento importante a tener en cuenta, y es que las familias del norte de Europa y las de aquí son muy diferentes a nivel comunitario, de relaciones, etc., con sus aspectos positivos y negativos. Las unidades familiares de nuestro entorno tienen relaciones o lazos mucho más cercanos, pero el lado negativo es el rol de las personas mayores en esas unidades, normalmente centrado en el sustento económico y en actividades informales o no reconocidas: recadista, taxista, cuidadora o tuperrera, y cuando dejan de hacer esas tareas quitándole ese privilegio al resto de la familia se genera una lucha con unos códigos muy emocionales en los que se utiliza por ejemplo el chantaje emocional con expresiones como “me estás dejando sola con tus nietos” o “no los quieres ver”. Esto no ocurre (o tiene un peso mucho menor) en los países del norte, donde en todas esas tareas que hemos mencionado entra el Estado de bienestar, mientras que aquí las asumen las familias y más específicamente las personas mayores.

– Ana: Otro factor diferenciador es el peso que tiene la propiedad de vivienda en el Estado español. En los países del norte mucha gente vive de alquiler y está acostumbrada a cambiar de casa cuando esta ya no cubre sus necesidades. Aquí no tenemos esa cultura de cambiar de vivienda con tanta facilidad y esa rigidez se traslada también a la hora de involucrarte en este tipo de experiencias alternativas.

– En la investigación defendéis el concepto “arquitecturas del cuidado”, ¿qué supone esta reconceptualización sobre las viviendas colaborativas?

– Ana: Para nosotras era crucial que el cuidado estuviera en el centro de nuestra investigación, sacarlo de debajo de la mesa, de la periferia. De manera que en el propio concepto se visibilizará que estamos hablando de organizaciones sociales y espaciales que están diseñadas para el cuidado. Nos parecía que esto era lo interesante y novedoso de este tipo de proyectos. Por otro lado, el concepto de vivienda colaborativa o cohousing suena a novedoso e innovador, mientras que cuidar en colectivo o la vida en comunidad se lleva haciendo toda la vida. El concepto “arquitecturas del cuidado” nos parecía cercano en este sentido, y además visibiliza que hay un montón de iniciativas que ya van orientadas en esa dirección, como las corralas, los txokos, las vecindades o las barriadas. Son cosas que ya se hacen, y queríamos un término que colocara en el mismo lugar lo novedoso con lo de toda la vida, siendo integrador.

– Irati: Después de haber investigado más de una docena de proyectos hemos encontrado ciertas características comunes que consideramos indispensables para lo que nosotras definimos “arquitecturas del cuidado” o “arquitecturas que cuidan”. Resumidamente serían: las necesidades como punto de partida; la exteriorización de lo doméstico; un enfoque mixto basado en la infraestructura blanda y dura; universal y particular; evolutivo y escalado; participativo, distributivo y horizontal.

– Ana: Hay también una cuestión más personal, finalmente, y es que es una investigación interdisciplinar, centrada en la sociología y la arquitectura. El concepto busca el equilibrio entre lo físico y lo social; lo simbólico y lo material, que han estado presentes desde el origen de la investigación.

– Tras la investigación, ¿cuáles creéis que son las claves para poner los cuidados en el centro en un proyecto de vivienda colaborativa?

– Irati: Si hay que elegir una yo destacaría el empoderamiento de los sujetos, y luego las otras seis mencionadas. Además, hay que tener en cuenta otras cuestiones, como tener en cuenta las diferencias entre los diversos sujetos (sexo, edad, diversidad cultural, etc.) en el grupo que se vaya a generar, y buscar un equilibrio en las tareas y roles de cada cual.

– Ana: Muchas veces en este tipo de proyectos se parte de la idea teórica o el sueño que quieres conseguir. Pero es muy importante partir siempre de las necesidades de las personas que forman parte de la iniciativa, y pasarlas de lo particular a lo común buscando los nexos entre las mismas. Esta cuestión es vital para que este tipo de proyectos respondan a las necesidades de las personas y pongan los cuidados en el centro.

Por Javier González Álvarez 
Fuente: Revista Pueblos-Revista de Información y Debate.